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Thin Lizzy - Cesar Martin

Un reciente estudio indica que la juventud irlandesa es menos racista que generaciones anteriores, en parte gracias a la influencia de Phil Lynott, el icónico líder de Thin Lizzy. Su legado musical y su identidad irlandesa han ayudado a derribar prejuicios raciales, aunque la banda sigue siendo subestimada por la crítica musical contemporánea. A pesar de su estilo de vida descontrolado y su fama de excesos, Thin Lizzy dejó un repertorio de canciones memorables que reflejan la autenticidad de Lynott como artista.
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Thin Lizzy - Cesar Martin

Un reciente estudio indica que la juventud irlandesa es menos racista que generaciones anteriores, en parte gracias a la influencia de Phil Lynott, el icónico líder de Thin Lizzy. Su legado musical y su identidad irlandesa han ayudado a derribar prejuicios raciales, aunque la banda sigue siendo subestimada por la crítica musical contemporánea. A pesar de su estilo de vida descontrolado y su fama de excesos, Thin Lizzy dejó un repertorio de canciones memorables que reflejan la autenticidad de Lynott como artista.
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Hace pocas semanas la prensa extranjera publicaba una noticia bastante

chocante. En la escueta nota se decía que a raíz de una serie de encuestas se


ha podido comprobar que la juventud irlandesa actual es menos racista que
sus padres y abuelos, y acepta con más naturalidad a las personas de color
gracias a… ¿un programa de concienciación social?, ¿el esfuerzo del gobierno
por integrar a las diferentes razas en la sociedad “irish”? ¿una huida en masa
de los negros hacia otras tierras? Nada de eso, la respuesta al enigma tiene
nombre y apellido: Philip Lynott. Curioso ¿no? ¿desde cuándo las estrellas
del Rock’n’Roll influyen positivamente en la sociedad? Al parecer, la
admiración que sienten miles de irlandeses por Phil Lynott ha acabado con
muchas actitudes racistas. Y en el fondo es algo que tiene su lógica. Si eres
irlandés y amas el R’N’R inevitablemente tienes que sentir un enorme orgullo
por pisar cada día la tierra que vio nacer a este hombre, y sería un poco
estúpido mirar a los negros con recelo cuando uno de tus mayores héroes es
de color. Tal vez si Phil se hubiese empeñado en profundizar en sus raíces
negras, sus conciudadanos no se habrían identificado tanto con él, pero se dio
la paradoja de que a pesar de ser hijo de un negro sudamericano, Phil se
consideraba un irlandés de la cabeza a los pies, un verdadero patriota
obsesionado por las leyendas y los mitos de su país, y su ejemplo ha ayudado
a la larga a terminar con muchos prejuicios. Es un dato interesante, uno más
dentro de la trayectoria (todavía bastante infravalorada) de este gran
compositor e incansable rockero. Pero si estoy hablando ahora de Phil Lynott
no es por ese motivo. Yo no soy irlandés y su amor por Irlanda no me toca tan
de cerca. Si hablo de Phil es porque él y su banda de toda la vida, Thin
Lizzy, consiguieron hacer llegar su música hasta los rincones más oscuros y
cutrones de la esfera terrestre (Spain, maravillosa Spain), y en su día viví
inolvidables momentos escuchando aquellos grandiosos discos. No fueron
exactamente los precursores del Grunge, ni son citados por los Chili Peppers
como una influencia básica, tampoco representan una referencia existencial
para los grupos poperillos británicos que triunfan ahora, y el jodido
Morrissey seguramente no le reserva un papel estelar a Phil Lynott en sus
sueños húmedos. No, supongo que no están de moda, pero sólo hay que
arañar un poco la superficie para encontrar verdaderas sectas de fans
enfermizos de Lizzy, y admiradores secretos tan sorprendentes como el
mismísimo Bob Dylan.

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César Martín

Thin Lizzy
NO ME JUDAS SATANAS!! - 256

ePub r1.0
Titivillus 06.12.2021

Página 3
Título original: NO ME JUDAS SATANAS!!, publicado en Popular1 #256, febrero de 1994
César Martín, 1994
Retoque de cubierta: Titivillus

Editor digital: Titivillus


ePub base r2.1

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Thin Lizzy

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Poca gente lo sabe, y Dylan obviamente no ha hecho ningún esfuerzo por
difundirlo, pero lo cierto es que consideraba a Phil como “un genio” (eso le
comentó en una ocasión a Huey Lewis, y desde entonces Lewis, que fue un
buen amigo de Phil, anda contándole la anécdota a media humanidad). Más
evidente es la admiración que siente Axl Rose por Lizzy: desde mediados de
los 80 lleva tatuada en su brazo derecho la rosa que ilustraba la portada del
álbum clásico de Thin Lizzy “Black Rose”. Y tampoco hay que olvidar a la
comunidad irlandesa: Rory Gallagher, Van Morrison, Geldof, U2, etc…
todos ellos han rendido tributo a la obra de Lynott a menudo interviniendo en
festivales benéficos u organizando jams multitudinarias. La influencia de
Thin Lizzy sin duda está ahí, en la calle, en las mentes de los fans de a pie y
de todas esas estrellas que homenajean de vez en cuando a Phil. Una cosa
muy distinta es la prensa. Si de los críticos dependiese, de Lizzy no habría
quedado ni rastro. Es casi imposible encontrar referencias relacionadas con la
vieja banda en la prensa británica y americana. Thin Lizzy no entran en el
circuito de grupos “a reivindicar”: ¿por qué?, es fácil imaginarlo. Su
característico sonido de guitarras (calificado en su momento como “Twin
Guitar Sound”, ya que los dos guitarristas tocaban al unisono en muchos
temas) se considera anticuado y pasado de moda por los críticos, las etiquetas
“hard rock” y “heavy metal” con las que se les ha relacionado siempre
tampoco han ayudado a que fuesen aceptados por ciertos sectores de la
prensa, por no hablar de su legendaria fama de camorreros estrellones
borrachos, amantes del glamour rockero y de la buena vida, que les enfrenta a
las posturas de muchos grupos actuales, o el triste declive de alguno de sus
antiguos miembros, como es el caso de Gary Moore, un músico interesante

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en otros tiempos, y un verdadero reptil rastrero desde hace varios años, capaz
de darle la espalda al Rock e intentar triunfar como bluesman de baratillo. No
sé, me imagino que deben existir otros muchos motivos: el detalle de que su
música siempre sea versioneada por bandas hards y heavies (recientemente
Phantom Blue grabaron “Bad Reputation”, y Anthrax hicieron lo propio
con “Cowboy Song”) o su conexión con grupos de los 70’s como Deep
Purple, Journey, Bachman Turner Overdrive o Rush, cuya simple
mención horroriza a un buen puñado de comentaristas musicales. De
cualquier forma, lo importante es que quienes siempre hemos amado la
música de Lizzy sigamos conservando sus discos bien a mano. Incluso es
mejor que permanezcan en la oscuridad, yo por lo menos no desearía que
terminasen siendo un “producto” de dominio público, y que hasta el último
mono de la ciudad conociese su existencia, como pasa ahora con Aerosmith.

Lo gracioso de este asunto es que algunos de esos detalles relacionados


con Thin Lizzy que repelen a los críticos, son precisamente los que me atraen
a mí (y a muchos de vosotros también, apuesto a que sí). Empezando por sus
guitarristas. Dios, ¿quién puede hacerle ascos a esa prodigiosa cantera de
virtuosos de las seis cuerdas? El pausado pero efectivo Eric Bell, el rabioso
Brian Robertson, el Gary Moore de la buena época, ese omnipresente e
imprescindible Scott Gorham y el espectacular John Sykes (lo siento por los
fans de Snowy White, si es que los tiene, pero no creo que esté al nivel ni de

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sus predecesores ni de su sustituto: su paso por la banda fue más que nada un
accidente). Y siguiendo por la actitud del grupo, que ahora parece tan
desfasada a los ojos de algunos, y que yo encuentro ¡insuperable! Estos tipos
eran únicos. Imaginad la peli “El clan de los irlandeses” en versión rockera,
con cuatro tíos haciendo el papel de Gary Oldman; así eran Thin Lizzy.
Alcohólicos, sucios, salvajes, acostumbrados a dar por finalizadas sus fiestas
en las tabernas a puñetazo limpio, famosos por defender siempre la ley del
más fuerte, individuos en los que no se podía confiar. Su historia es divertida:
bebían juntos, se pegaban sus buenas juergas, eran colegas inseparables, pero
a la que uno bajaba la guardia, el otro se le comía el hígado. Un par de
ejemplos: ¡se robaban los créditos de las canciones entre ellos! (el que
cuidaba más los reflejos era quien acababa firmando el tema de turno; por lo
general Phil, claro), ¡y se castigaban entre sí eliminando de las carpetas de los
discos al miembro que tenía menos poder de decisión sin ni siquiera decírselo,
como un regalito de última hora! (Brian Robertson no fue incluido en la
portada de “Bad Reputation” porque “se había portado mal”, y el teclista
Darren Wharton no salió en la contraportada de “Renegade” por algún
oscuro motivo que jamás ha sido desvelado; la explicación oficial es
demasiado penosa como para ser tomada en serio: se limitaron a alegar que el
pobre diablo no cabía).
Por decirlo de alguna forma, Thin Lizzy fue como el hermano pequeño de
las superbandas que reinaron en los 70’s: Zeppelin, Who y demás. Lynott y
su pandilla intentaban vivir el glamour del Rock’n’Roll, pero sus cuentas
bancarias no estaban tan saneadas como las de Jimmy Page y Pete
Townshend. Se cuenta la anécdota de que en un tour inglés decidieron
trasladarse en limousines, y mandar a tomar por culo el habitual bus de gira,
pero cuando llegó el momento de distribuir el dinero se dieron cuenta de que
podían acceder a una sola limousine, por lo cual, el grupo al completo debía
viajar en el mismo coche. Hasta aquí, bien, no había nada que objetar. Era un
poco cutre, pero daba el pego. El problema surgió cuando cargaron las
maletas y descubrieron que ¡no cabían en el maletero! El único método de
viajar con todo el equipaje en el automóvil era llevar el maletero abierto y
atado con una cuerda, un detalle que arruinaba cualquier fantasía de glamour;
y así viajaron por todo el país, con la ridícula cuerda sosteniendo las maletas.
Esa anécdota refleja mejor que ninguna otra el estilo de vida del grupo,
siempre a un paso entre el “way of life” de las estrellas rockeras y la chapuza
más garrula. Ganaban dinero, de habérselo montado de otra forma podrían
haber disfrutado de muchas más comodidades, pero siempre prefirieron tirarlo

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todo en drogas y juergas. Y ese descontrol continuo se vio plasmado también
en su trabajo. No siempre daban todo lo que podían en directo, por culpa de as
peleas entre ellos y de sus pasadas con las drogas (aunque no se puede decir
tampoco que llegasen a tomarle el pelo a los fans; sabían mantener un nivel
digno en los malos momentos), ni conseguían que sus obras se materializasen
como tenían en mente (la mitad de las carpetas de Thin Lizzy salieron justo
al revés de como habían sido diseñadas, por distintos motivos: desfases
económicos, plazos de tiempo imposibles y todo tipo de malentendidos). Pero
estas flaquezas los hace aún más queridos, más humanos. Eran carne de
taberna, no miembros de Pink Floyd. No en vano, cuando los punkies se
alzaron en armas en el 77, Thin Lizzy se salvaron de la quema, porque eran
un grupo de la calle, no unos dinosaurio. Phil vio venir la tormenta que se
avecinaba, y en lugar se apuntarse al club de golf que frecuentaba Roger
Waters, se juntó a la peor calaña del punk, y pronto se hizo amigo íntimo de
Steve Jones y Paul Cook de los Sex Pistols, y abrió las puertas de su casa a
todos los colgados con crestas de Londres (entre sus invitados más asiduos
hay que citar a Sid Vicious y Nancy Spungen, que se pinchaban en uno de
los wáteres de la mansión).
Sin embargo, todo eso (el
virtuosismo de sus guitarristas y la
actitud del grupo) se quedaría en nada
sin una buena base de canciones, cosa
que nunca faltó en Thin Lizzy. El
repertorio de temas que reunieron a lo
largo de su carrera fue extraordinario,
como puede apreciarse sobre todo en
los álbumes recopilatorios y en los
discos en directo. Riffs históricos, baladas memorables y textos con el sello
de “storyteller” de Phil, el hombre de las mil y una historias, cronista de
relatos sobre pandilleros, jugadores, asesinos, mujeres guapas y leyendas
irlandesas. Una trayectoria emocionante que empezó, como tantas otras,
tímidamente, como un hobby de colegiales.
Phil Lynott ha sido la estrella rockera más genuina y auténtica que ha
salido de Irlanda, eso pocos lo dudan. Rory Gallagher y Van Morrison
siempre han vendido la imagen de tipos normales. Geldof no tiene ni carisma
ni talento, y Bono es el que más se acerca a Phil, pero todo en él es bastante
postizo. Que nadie me malinterprete, no niego que sea un excelente cantante y
compositor, pero está claro que se ha construido un personaje, no nació con

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mentalidad de estrella, su evolución la hemos podido contemplar paso a paso:
es como un Madelman al que le vas añadiendo complementos con los años:
perilla, gafas de hombre-mosca, cuero negro, etc. Phil por el contrario era ya
un rockstar desde sus inicios, lo llevaba dentro. En sus primeros años le
faltaba empuje en directo, no sabía moverse sobre un escenario, pero ya vestía
y se comportaba como una mini-estrella; parecía el hermanastro de Hendrix.
Era como un Tony Manero rocker con peinado afro y ropas hippies: playboy,
chulo, mujeriego y horterón. Su primera banda, The Black Eagles, la formó
con su compañero de escuela Brian Downey, futuro batería de Thin Lizzy.
Un grupito en la línea Yardbirds que no duró demasiado. De ahí pasó a Skid
Row, la primera banda de Gary Moore (nada que ver con los Skid Row de
Sebastian Bach), de la que fue expulsado a causa de un problema de garganta
(Phil tuvo que operarse y cuando intentó volver, le dijeron que ya no había
sitio para él en el grupo). Orphanage fue el siguiente proyecto, de nuevo con
Downey a la batería, que les condujo a la banda de su vida, Thin Lizzy. La
cosa surgió tras un encuentro con el guitarrista Eric Bell, que había estado en
grupos muy populacheros, como The Dreams, famosos por un par de hits que
es preferible no recordar. El nombre lo tomaron de Tin Lizzie, un personaje
de un cómic titulado “Dandy”. Thin Lizzy sonaba más irlandés, y así se
quedó.
En aquellos primeros días, Bell era el líder de la banda, a pesar de su poca
movilidad sobre el escenario. Phil cantaba y tocaba el bajo, pero prefería
dejarle los momentos de gloria escénica al guitarrista. “Thin Lizzy”, el
primer Lp, se grabó en cinco días, y no hizo temblar los cimientos de la
industria musical. Un disco correctito, con temas bonitos como “Honesty is
No Excuse” o “Eire”, pero nada destinado a pasar a la historia. La banda no
tenía un estilo definido, su sonido era un híbrido extraño. Bell odia el álbum
porque dice que la compañía lo saboteó a sus espaldas y utilizó sus peores
fragmentos de guitarra. Lo mejor de aquel disco para mi gusto es la
personalidad que imprimía Phil en cada tema. No tenían grandes
composiciones, pero se puede apreciar que como mínimo había algo; una voz
diferente, personal.

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A los pocos meses se publicó un Ep titulado
“New Day” con cuatro nuevos temas. También
bastante prescindible. No hay nada demasiado
excitante que contar de esa época: muchas
actuaciones, grandes borracheras y una rivalidad
permanente con Skid Row, la banda en la que
había militado Phil, y que tenía más éxito que
Lizzy. Era, eso sí, una competencia sana. Gary
Moore y Phil seguían siendo amigos, pese a
formar parte de bandas aparentemente rivales. El segundo Lp de Thin Lizzy,
“Shades of a Blue Orphanage”, también se grabó mal y con prisas. Nadie
respetaba a esta banda, los de su compañía discográfica les obligaban a pasar
por el aro cuando les daba la gana, y ellos no tenían más remedio que tragar.
“Shades…” no se diferencia demasiado del primero. De nuevo,
composiciones aceptables pero destinadas a quedar arrinconadas en el túnel
del tiempo como “Brought Down” o “The Rise and Dear Demise of the
Funky Nomadic Tribes”, y la voz de Phil destacando de forma especial. Fue
en esa época cuando los caminos de Thin Lizzy y Deep Purple se cruzaron
por primera vez. El maquiavélico Ritchie Blackmore se interesó
personalmente por el grupo, hizo alguna jam con ellos, y al poco de
conocerles ya intentó robarles a Phil para un posible supergrupo. El
guitarrista quería dejar a los Purple y formar una banda con Paul Rodgers,
Ian Paice y Lynott. Estuvo a un paso de hundir la carrera de Thin Lizzy
antes incluso de que la banda hubiese tenido tiempo de crear un álbum sólido,
pero por suerte para nosotros, Phil no aceptó el caramelo.
Desde el principio, Lizzy se hicieron con una audiencia fiel en Irlanda.
Sus giras por aquellas tierras eran siempre exitosas, a diferencia de los
decepcionantes intentos por captar un público en Londres. La primera
oportunidad de darse a conocer en Inglaterra llegó con la oferta de telonear a
Slade por el país. Eran los tiempos de la locura Glam, y Slade vivían su etapa
de máximo esplendor. Ese tour marcó mucho a Thin Lizzy, no tanto en el
aspecto externo como en el plano personal. La banda no consiguió
impresionar a los fans de Slade, la mayoría de los shows fueron un fracaso,
pero gracias a esta experiencia, Phil, Bell y Downey se tomaron su carrera de
una forma muy distinta. Por primera vez se dieron cuenta de que lo que la
gente esperaba de un grupo de Rock, ante todo, era espectáculo, y empezaron
a darle importancia a la imagen y la puesta en escena. Slade eran tan
aparatosos en escena que casi no podían ni actuar, hacía falta mucha habilidad

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para moverse sobre un escenario con ropas tan pomposas y con aquellos
célebres zapatos con monster-plataformas. De hecho, Dave Hill tuvo un
percance en ese tour digno de ser inmortalizado en cine: mientras subía la
escalera para salir a escena en un concierto, quedó atrapado con la plataforma
de un zapato entre dos escalones y se rompió la pierna: una víctima del Glam.
Cuando acabó la gira, Phil Lynott era ya otra persona. Pasaba horas
delante del espejo maquillándose, intentaba idear movimientos escénicos, y
hasta copió un truco del líder de Slade, Noddy Holder. El glamuroso Holder
tenía por costumbre lucir un sombrero forrado de pequeños espejos, un poco
como el legendario chaleco de Little Richard, y Phil adaptó la idea a su
manera, colocando un espejo en la superficie de su bajo. Claro que las
intenciones de Phil eran más perversas que las de Holder. El objetivo de
nuestro Tony Manero irlandés iba más allá de lo puramente decorativo. Phil
pensó en utilizar el invento para conseguir mujeres, así de claro. Del mismo
modo que en los shows de Van Halen, David Lee Roth les comunicaba a sus
roadies a través de Walkie-talkies quienes eran las chicas de la audiencia que
deseaba cepillarse después del show, Phil hacía algo parecido con su bajo:
cuando una nena le interesaba, proyectaba sobre ella el reflejo de luz que
despedía su espejo, y al terminar iba en busca de la elegida; era un ritual que
el bajista mantendría a lo largo de toda su carrera, un truco simple pero
efectivo.
La primera vez que el grupo acarició el éxito fue gracias
a su versión del tema tradicional “Whiskey in the Jar”.
Grabaron la canción casi de broma, para ocupar la cara B de
su single “Black Boys on the Corner”, y tan pronto como
la compañía escuchó la versión, le dieron la vuelta al asunto
y la colocaron en la cara A. Resultado: 17 semanas en las
listas. Su compañía se apresuró a editar otra canción (
“Randolph’s Tango”) para intentar aprovechar la buena
racha, pero no hubo suerte, no gustó. Tuvieron que esperar al
tercer single, el duro “The Rocker”, para volver a colarse en las listas. Ese
tema era toda una declaración de principios y mostraba la faceta más hard
rockera de Thin Lizzy. La despedida de Eric Bell se produjo tras la
publicación del tercer Lp. “Vagabonds of the Western World”. Todo fue
bien durante la grabación. Pese al incomprensible detalle de dejar fuera un
tema tan importante como “Whiskey in the Jar”, el disco era más potente
que los anteriores y Bell hizo un buen trabajo; ¿qué ocurrió entonces?, lo
habitual en Thin Lizzy, el guitarrista no soportó el ritmo de vida del grupo.

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La norma en Lizzy era dinamitar el cuerpo cada noche a base de alcohol y
juergas interminables. Nadie dormía en esta banda, enlazaban la fiesta post-
concierto con el viaje de la mañana siguiente hacia otra ciudad, y así una y
otra vez hasta perder el sentido. Bell hizo lo que pudo por mantenerse en la
brecha, hasta que en la actuación más importante de la nueva gira, en Belfast,
perdió el control, se puso en evidencia frente a todos los familiares y amigos
que habían acudido a verle, y tomó la decisión de abandonar la nave. Y
empieza la sucesión de cambios de guitarristas. El sustituto ideal para Bell era
obviamente Gary Moore, el amigo de Phil, así que le dieron la bienvenida al
circo. Muy poco tenía que ver el Gary Moore de aquella época con el actual.
Tenía 19 añitos, llevaba ya una temporada en la carretera como miembro de
Skid Row, bebía y tomaba drogas como un loco, casi nunca se cambiaba de
ropa y solía mearse en la cama por culpa del alcohol. Parecía estar hecho a
medida para tocar la guitarra en un grupo de Rock, porque en directo era un
ciclón, sabía donde debía poner los dedos, jamás decepcionaba subiendo al
escenario en baja forma, y cuando los focos se apagaban, empezaba la
montaña rusa para él: cuatro o cinco horas sin control hasta que alguien tenía
que cargar con el tipo al hombro, como si fuese un fardo, y depositarlo
inconsciente en la furgoneta del grupo. Viendo lo aburguesado que está ahora
nadie diría que este tío fue un salvaje en el pasado, y sin embargo es cierto,
existen formaciones en directo de la época que lo demuestran. Precisamente
debido a esa actitud tan kamikaze, su primera etapa con Lizzy no pasó de los
cuatro meses. A Phil le gustaba tener a alguien como Moore a su lado, pero
cuando descubrió que además de beber como un condenado, el guitarrista
tenía más energía que él en directo, se lo quitó de encima rápidamente. Nadie
tenía permiso para eclipsar a Phil Lynott.

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Un nefasto tour alemán con músicos de
alquiler dio paso a otra metamorfosis del grupo.
Era hora de que Brian “Robbo” Robertson
entrase a puntapiés en la historia de Thin Lizzy.
Se habían quitado de encima a un alcohólico
suicida, pero el nuevo fichaje poco tenía que
envidiar de su predecesor. Robertson fue sin
lugar a dudas el miembro más problemático y
camorrero que pasó por la banda. Borracho, igual
que Moore, pero además muy violento. Robbo
estaba acostumbrado a poner a prueba a la gente;
el rollo de tocar la guitarra estaba bien pero la
verdadera fiesta para él empezaba cuando
alguien le daba pie para demostrar quién era el
más fuerte. Sólo he podido ver a Robbo una vez
en vivo, en el 83, cuando vino a Barcelona con Motorhead, y en aquella
ocasión hizo honor a la leyenda tirándose al foso de fotógrafos a pegar a un
tío de la primera fila. Curiosamente no parece un sujeto demasiado fuerte,
pero es tan histérico que acojona a cualquiera.
Junto a Robbo, Lizzy reclutaron también a un guitarra rítmica que ya se
quedaría en el grupo hasta el final: el californiano Scott Gorham, un
“yonqui” que había huido de Estados Unidos para tratar de alejarse de la
heroína, y que pronto volvería a caer de lleno en la adicción, arrastrando con
él a Phil. Los nuevos Lizzy grabaron un cuarto Lp que, al igual que los
anteriores, tampoco terminó de cuajar. Algún clásico más para el repertorio,
como “Still in Love With You”, probablemente la canción más emotiva que
grabaría el grupo a lo largo de su carrera, y una sene de temas aceptables pero
poco impactantes. Robbo y Gorham contemplaron con impotencia cómo el
productor Ron Nevison rebajaba la potencia de sus guitarras en las mezclas
finales, y juraron no volver a permitir jamás que sucediese algo así. Como
curiosidad hay que decir que “Still…” se grabó cuando Moore estaba todavía
en el grupo, y respetaron sus partes de guitarra.
Con cuatro Lp’s en la calle, Thin Lizzy ya podían preparar la ofensiva en
América, y se lanzaron a la aventura con dos pesos pesados yanquis: Bob
Seger y la alianza de mormones rockeros, Bachman Turner Overdrive, un
fantástico grupo que fue bastante grande en su momento y que poca gente
recuerda hoy en día. Lizzy, y en especial Phil, quedaron fascinados con USA,
les sorprendió descubrir que las locuras que se contaban de aquel país eran

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ciertas. La experiencia de girar con gente tan pintoresca como Bachman
Turner Overdrive también enriqueció su anecdotario. Imaginad a unos
borrachos irlandeses tan básicos como ellos intentando comprender el estilo
de vida de esos aberrados santurrones. B. T. O. no bebían alcohol, no
fumaban, se sometían a una disciplina horaria absolutamente inquebrantable y
estaban acostumbrados a defender su peculiar filosofía con los puños. Un tour
como ese debería haber servido de revulsivo para Thin Lizzy, no se me
ocurre mejor fuente de inspiración que acompañar de gira a los cavernícolas
B. T. O. por América, y tal vez sí que les ayudó a largo plazo, pero la
influencia americana todavía no pudo apreciarse en el siguiente álbum
“Fighting”, que grabaron al volver a Europa. Una vez más se echaban en
falta temas con gancho y un estilo mas definido. Thin Lizzy estaban entre dos
aguas, no hacían hard rock ni rock convencional, claro que en sus conciertos
la cosa había empezado a cambiar, y en cada show Robbo forzaba más la
máquina. Los Lizzy pseudo hippies de la primera etapa no eran mas que un
recuerdo lejano del pasado, ahora tenían un directo mucho más fuerte, con
Phil, Gorham y Robbo en primera línea abusando del público, y Downey
cubriéndoles las espaldas. Sólo necesitaban un álbum realmente sólido que
hiciese de ellos unas estrellas internacionales, y lo consiguieron: en pocos
meses tenían ya en las tiendas “Jailbreak”, que se convertiría en una de sus
obras básicas. De ahí salieron los famosos “The Boys Are Back in Town”,
“Jailbreak”, “Cowboy Song” y “Emerald”, considerados en la actualidad
“oldies but goldies”, como dicen en América. Las guitarras sonaban con más
contundencia que antes, Robbo y Gorham se compenetraban bien, y en
alguna canción como “Emerald” o “Cowboy Song” experimentaron con el
citado “Twin Guitar Sound”, regalándonos unos preciosos pasajes guitarreros.
Por otra parte, empezaban a aflorar las secuelas de su viaje americano: “The
Boys Are Back in Town” estaba inspirado en el cómic “Gi-Joe” y en la
canción de Springsteen “Kitty’s Back” (según declaró el propio Phil), y
“Cowboy Song” tenía que ver con las experiencias vividas por Phil en
Estados Unidos. Muchos críticos americanos conocieron a Lizzy por primera
vez a través de este disco, y la primera referencia que les vino a la cabeza fue
Springsteen. Veían a Phil como un primo lejano irlandés del Boss, y dieron
tanto el coñazo con el tema que el propio Springsteen le pidió una copia del
álbum al sello Vertigo, para comprobar si lo que se decía era cierto.
Los planes de la compañía, ahora que el grupo había logrado triunfar
después de cinco discos fallidos, se resumían en una frase: coger el dinero y
correr. Los colocaron de teloneros de Reo Speedwagon, Styx, Journey y

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Rush por América, y cuando se disponían a arreglarlo todo para que
acompañasen a Rainbow, también por Estados Unidos, Phil contrajo hepatitis
y no tuvieron más remedio que anular los compromisos y regresar a Irlanda.
De la enfermedad de Phil saldría otro Lp. “Johnny the Fox”. Aprovechando
la temporada de convalecencia, Lynott compuso diez nuevas canciones y se
juntó con el grupo para grabarlas lo más rápido posible. El disco fue lanzado
siete meses después de la aparición de “Jailbreak”. Sin ser tan efectista como
aquél, tenía también muy buenos temas. Thin Lizzy habían creado un sello
personal, algo que les distinguía de los demás grupos, una química especial
entre la voz de Phil y las guitarras de Gorham y Robbo. No importaba que
no encajasen exactamente dentro de un estilo, la gente reconocía su sonido, y
eso tenía más valor. Una canción resaltaba por encima del resto: "Don't
Believe a Word”, que a partir de entonces ya no se movería del repertorio de
sus conciertos. Lizzy comenzaban a hacerse con una reputación de banda
fiable en directo y en estudio. Nadie salía indiferente de sus conciertos,
habían alcanzado un buen balance entre música y espectáculo, una extraña
combinación entre los poderosos riffs de Gorham, los solos del egomaníaco
Robbo, el feeling de Phil y efectos escénicos que divertían a la gente, como
una sirena de policía que se accionaba cuando llegaba el momento de tocar
“Jailbreak”. Nadie habría imaginado que la situación dentro de la banda
seguía siendo tan volátil como siempre, y que la formación podía romperse en
cualquier momento. Pero ningún músico tenía un futuro asegurado en Thin
Lizzy, y Robbo no tardó en saltar
Días antes de iniciar un tour americano como teloneros de Queen,
Robertson tuvo una de sus habituales peleas en un club, de la que salió muy
malherido, con un tendón de una mano rasgado. Thin Lizzy se había acabado
para él (por el momento). Phil contactó otra vez con Gary Moore y su viejo
amigo aceptó el ofrecimiento; les esperaba un alucinante tour con unos
encumbradísimos Queen por recintos enormes. Dicen las malas lenguas que
Lynott copió muchos malos vicios de rockstar en esta gira, siguiendo a
distancia los movimientos del astro Mercury. Es el riesgo de telonear a una
superbanda. Cuando alguien que aspira a llegar muy alto encuentra un buen
modelo en el que fijarse, los resultados pueden ser desagradables. Estoy
convencido de que al jodido Axl le afectó negativamente conocer a Mick
Jagger en el tour de “Steel Wheels””, de él aprendió unas cuantas clases de
megalomanía que han hundido a los Guns (control absoluto y total sobre
todo, tics de divo inaguantable, etc.), y algo parecido le pasó a Lynott con
Freddie Mercury. El cantante de Queen se veía a sí mismo como una Gloria

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Swanson del Rock, y exigía el trato más exquisito y todos los lujos
disponibles; quienes estuvieron en esa gira piensan que Phil se moldeó a sí
mismo a imagen y semejanza de Mercury en algunos aspectos. Freddie en
cambio no quería tener ni el más leve contacto con Lizzy, les odiaba porque
eran unos duros rivales en el escenario, y llegó a tomar la ridícula
determinación de reducirles de 45 min. a 30 la duración del set para que
excitasen menos a la audiencia.
El inestable Moore aguantó poco con ellos. Tenía entre manos el proyecto
sinfónico Colosseum II, y al finalizar la gira abandonó otra vez Thin Lizzy.
La ruptura con Robbo no había sido demasiado dramática, no existían
rencores, de modo que Phil le pidió que se reincorporase, sin embargo el
guitarrista se hizo el difícil, y Lizzy grabaron gran parte del nuevo disco,
“Bad Reputation”, como trío. Robbo terminaría cediendo, pero como
castigo le dejaron fuera de la foto de la portada. Ese álbum sería otro futuro
clásico. Lo produjo Tony Visconti, el habitual de Bolan y Bowie, y para la
historia quedaron “Soldier of Fortune”, la sorprendentemente comercial
“Dancing in the Moonlight” y el balazo que daba título al Lp, en donde
Brian Downey trabajó más duro de lo normal, hasta el punto de destacar con
su batería por encima del entrelazado de guitarras.
La nueva gira les condujo a Reading, en donde demostraron su categoría
de estrellas junto nada menos que a Aerosmith. Los fans españoles que no
habían tenido oportunidad de verles jamás en vivo pudieron disfrutar de un
amplio reportaje sobre ese show en el especial Reading ’77 que publicó el
Popu (algunas de las fotos que ilustraron aquel número, aparecen ahora en
este No Me judas, tras haber vegetado 18 años en nuestro archivo).
1977 fue el año del punk. La mayor parte de las estrellas rockeras
consagradas tardaron en enterarse de qué iba la movida y recibieron un buen
golpe en sus partes bajas. No fue el caso de Thin Lizzy, que enseguida se
hicieron con los servicios de los Boomtown Rats como teloneros de su tour
inglés. Tal vez los Rats no fuesen los representantes más peligrosos del
levantamiento punk, pero pertenecían a esa generación de grupos, y a Phil le
sirvieron de puente para entablar conexión con el movimiento. Su actitud, sin
embargo, era un poco hipócrita, porque en U. K. trataba de acercarse a los
nuevos héroes punkies, intentando que nadie le relacionase con la vieja
guardia del Rock, pero en cambio en Estados Unidos, a donde todavía no
había llegado todavía la influencia punk, se comportaba como un divo
fachoso. Dicen que en la gira americana del 77 Phil adoptó las costumbres de

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“prima doma” de Mercury, rindiendo culto a su ego, tomando coca y
pastillas a todas horas y pisoteando a los propios músicos de su grupo.
La consagración definitiva de Thin Lizzy se produjo con la publicación
del doble Lp en directo “Live and Dangerous”, uno de los álbumes en vivo
más exitosos que han visto la luz hasta el día de hoy. Es difícil saber hasta qué
punto lo que se escucha en ese disco es real o no, “Live and Dangerous”
arrastra la típica leyenda negra de ciertos “live albums” que no son tan “live”
como parece. Si hemos de hacer caso de las habladurías, el puto Tony
Visconti nos estafó metiendo aplausos de un show de Bowie (!!) y añadiendo
demasiadas voces y guitarras en el estudio. Me imagino que no es un caso tan
escandaloso como el del “Frampton Comes Alive” de Peter Frampton
(regrabado casi por completo en estudio, según cuentan algunos) o el
“Unleashed in the East” de Judas Priest (que la prensa propuso retitular
como “Unleashed in the Studio”), pero es probable que hubiese
manipulación, un detalle que a mí no me estropea la leyenda en absoluto; sé
que el grupo no necesitaba ninguna “ayuda extra”, puesto que siempre
hicieron honor a su reputación de sólida banda de directo, y ese álbum me
permite imaginar cómo eran sus conciertos. También publicaron una versión
en video (sin trucos raros, por suerte) que quedaría para la posteridad como la
única filmación oficial de Thin Lizzy. “Live and Dangerous” sirvió de
despedida para Robbo, que al poco tiempo fue echado de la banda, por culpa
de sus arrebatos violentos y de su incontrolable ego. Una vez más, Gary
Moore recibió una llamada de socorro, y dejó a un lado sus aburridos
experimentos progresivos para reunirse con sus colegas de correrías
alcohólicas.

En el 78, Lizzy consiguieron convertirse casi en hermanos de sangre de


los punks. Phil se hizo amigo de Steve Jones y Paul Cook de los Pistols, y

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formó con ellos una banda paralela pseudo punkie llamada The Greedy
Bastards, a la que también se sumaron Scott Gorham, Jimmy Bain y Bob
Geldof, entre otros. La idea era divertirse tocando en pequeños clubs para las
audiencias que seguían a los Pistols, los Clash y los Damned. Un grupo
como Zeppelin no podría haber hecho eso (a pesar de que respetaban el
movimiento punk y sabían lo que ocurría), pero Lizzy eran aceptados en los
ambientes más underground. La gente sabía que Phil dejaba entrar en su casa
a toda la chusma de la ciudad, habían visto fotos en la prensa de Sid y Nancy
posando en uno de los lavabos del líder de Lizzy, y le veían como a uno de
los suyos. Además, Steve Jones llegó a cantar una versión del “My Way”, al
estilo Vicious, en uno de los conciertos más importantes del tour británico de
Thin Lizzy, y el propio Phil colaboró en el disco de Johnny Thunders “So
Alone”. Eran detallitos que los punkies tenían muy en cuenta.
La relación con Gary Moore dio como resultado una serie de sesiones de
grabación que teóricamente debían formar parte del siguiente álbum de Lizzy,
pero que acabaron en el primer Lp en solitario de Moore. “Back on the
Streets”, un álbum que no debería faltar en la colección discográfica de
ningún fanático de Lizzy. Los principales reclamos del disco eran una nueva
versión de “Don’t Believe a Word”, el himno hard rockero “Back on the
Streets” y la mejor balada que ha grabado Moore, “Parisienne Walkways”,
con un texto muy bonito de Phil dedicado a su padre (la frase “I remember
Paris in 49”, con la voz susurrante de Lynott, es uno de los inicios más
bellos que he escuchado en una canción). Paralelamente el grupo grabó
también su nuevo álbum, el magistral “Black Rose”, que nos brindaría
futuros standards como “Waiting For An Alibi” y “Sarah”. Una de las
grandes virtudes de ese disco, aparte de la cuestión estrictamente musical y de
la estupenda labor de Moore, es que parece una colección de viñetas, no se
trata de simples canciones, sino de pequeñas historias relatadas por el
“storyteller” Lynott. Nos habla de pandilleros en “Toughest Street in
Town”, sadomasoquismo en “S&M”, las desventuras del jugador Valentino
en “Waiting For An Alibi”, su recién nacida hija Sarah en la canción que
lleva su nombre, las leyendas de Irlanda en “Róisín Dubh (Black Rose) A
Rock Legend”, etc. Si en algo tuvieron razón los críticos al relacionar a Phil
Lynott con Springsteen fue en su capacidad para contar historias; ambos
tenían ese don.
La gira americana de “Black Rose” marcó el final de una era para Thin
Lizzy. La actitud de mega-estrella de Phil hartó a Moore, y les dejó colgados
en medio del tour. Lo que vino después fue una larga etapa en la que el grupo

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navegó a la deriva. Ficharon a un sujeto tan poco recomendable como Midge
Ure (Ultravox), que influyó negativamente en la actitud de Phil y Gorham
(el primero empezó a vestir con ropas de diseño y se interesó por la música de
sintetizadores, y el segundo cometió el error de cortarse su emblemática
cabellera). Y entraron en los 80 a medio gas, ofreciendo mucha mediocridad y
alguna que otra sorpresa agradable: discos en solitario de Phil muy endebles
(“Solo in Soho” y “The Philip Lynott Album”), la sustitución de Midge
Ure por el muerto de Snowy White, el potente álbum “Chinatown”, en
donde figuraba el tema “Killer on the Loose”, y el último Lp del grupo con
Snowy White, aquel soso “Renegade”, que más que nada tenía un gran
single: “Hollywood”. En ese álbum, por cierto, debutó el jovencísimo teclista
Darren Wharton, que parecía un miembro “secreto” del grupo (como os
decía antes, ni siquiera le dejaron salir en las fotos de la contraportada). Fue
una etapa de confusión y desencanto que les condujo a su última gran hazaña:
“Thunder and Lightning”, el álbum más metálico de su carrera. La entrada
del espectacular John Sykes borró de nuestro recuerdo el triste paso de Ure y
del androide White por la historia de la banda. Con Sykes, Lizzy recuperaron
la fuerza perdida, y dejaron satisfechos por igual a sus antiguos fans y a una
nueva audiencia que les confundió casi por un grupo nuevo.
El capítulo final de la trayectoria de Thin Lizzy se cerró de la forma más
lamentable que uno pueda imaginar. No se separaron por problemas de
comunicación entre los miembros del grupo, ni de salud, ni siquiera por deseo
de sus lideres, la culpa de todo fue de una operación de marketing, ¡nos
quedamos sin Thin Lizzy por una apestosa jugada de marketing! Phil, como
buen bocazas, llevaba años diciendo que iba a dejar la banda, y de pronto un
buen día la compañía le tomó la palabra. ¿Quieres dejar a Lizzy?, OK, pues
hagamos el negocio del siglo. Y planificaron un tour de despedida para atraer
a los fans. “Thunder and Lightning” era un disco tan explosivo que habrían
triunfado de todas formas, pero el apocalíptico anuncio sirvió de aliciente
extra, y agotaron las entradas en todas las fechas. El problema surgió cuando
Phil cambió de idea. La nueva formación le había ayudado a recuperar la
pasión por el Rock, pero ahora ya no podía echarse atrás porque en la prensa
se había explotado hasta la saciedad el truco de la despedida. Y así, como
quien no quiere la cosa, sin ni siquiera desearlo, tuvieron que separarse.
Algunos incrédulos, como yo, pensamos que se trataría de un numerito
efectista y que volverían al cabo de un año. Pero cumplieron lo anunciado, y
nos quedamos sin ver a esta inolvidable banda encima de un escenario. Un
álbum en directo póstumo (“Life”) dio por finalizada su historia.

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Del posterior declive personal de Phil prefiero no hablar. Me gusta la
carroña, hay algunos personajes en el Rock, como Phil Ochs, que han caído
con estilo, y es divertido seguir el proceso de putrefacción en vida, pero en el
caso de Phil creo que es más bonito recordarle como la voz y el alma de Thin
Lizzy. Tan sólo decir que desarrolló una mortífera dependencia de la heroína
en la época de “Black Rose”, y falleció siete años después, en el 86, con el
cuerpo destrozado por las drogas. El detalle positivo de su última etapa fue
que se reconcilió con Gary Moore, tras muchos años sin dirigirse la palabra,
e intervino en un buen disco del guitarrista: “Run For Cover”, y en el video
en directo “Emerald Aisles: Live in Ireland”.
Thin Lizzy, una banda que siempre debería permanecer en nuestro
recuerdo. Para mi gusto, el tesoro nacional más importante de Irlanda. La
próxima vez que algún panoli os diga que la herencia musical de ese país se
reduce a U2 y Van Morrison, recordadle quiénes crearon “Jailbreak”,
“Waiting For An Alibi”, “Emerald” y todas aquellas maravillosas
canciones.

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