Pen, at 5
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25 m ¿Cuál es la altura
total del edificio?
a) 62 m
b) 61.75 m
c) 61.57 m
d) 62.75 m
a)
b)
c)
d)
3. Una cámara fotográfica cuenta con 2 lentes para tener un mejor alcance. La primer lente hace una
ampliación de 3.5 mega pixeles por cada centímetro que mida el objeto. La segunda lente hace una
ampliación de 4.3 mega pixeles por cada centímetro que mida el objeto. Si toma las siguientes
fotografías, calcula el tamaño en pixeles.
Ampliación en el lente 1 Ampliación en el lente 2
Foto 1: 3.5 cm
Foto 2: 4.2 cm
Foto 3: 6.4 cm
Foto 4: 2.5 cm
4. ¿Cuál es el factor de proporcionalidad que se tiene que aplicar a cualquier objeto ya con los dos
lentes? _________________________ ¿Cómo lo obtuviste?
Adriana pintó una pared de 3m2 con una mezcla de un litro de pintura azul y
litro de pintura rosa.
Si ahora quiere pintar una pared de 1m 2 ¿Cuánta pintura azul y cuanta pintura rosa necesita para
que le queden ambas paredes del mismo color?
De un pedazo de tela de 25 metros, doña Beatriz la costurera utilizó 4.5 m para una blusa, 8.75 m
para un pantalón y 6.25 m para una falda. ¿Cuánta tela le queda?
El impacto previsible de las nuevas tecnologías en la enseñanza y la organización
escolar1
Debemos ser conscientes de que estas tecnologías son demasiado nuevas y de que su
potencial de cambio es tan grande que aún no se puede predecir cómo alterarárá nuestra
educación. En tal caso, usadas adecuadamente, dichas tecnologías parecen poseer la
capacidad de enriquecer significativamente la enseñanza, el aprendizaje y la gestión escolar.
Sin embargo, aún no sabemos exactamente cómo hacerlo y debemos generar las
experiencias de pequeña escala que nos aproximen a respuestas satisfactorias.
(*) León Trahtemberg Siederer es docente y director general del colegio privado «León
Pinelo», y fundador y profesor de la Escuela de Directores y Gestión Educativa del Instituto
Peruano de Administración de Empresas (IPAE).
1. Introducción
Los grandes avances de la tecnología de la información que están alterando la naturaleza del
trabajo y el ejercicio ciudadano, también lo harán con las habilidades requeridas para que los
niños y jóvenes lleguen a ser adultos exitosos, presionando a la educación, transformando el
qué y el cómo aprenderemos y cómo funcionarán las instituciones educativas. Debemos ser
conscientes de que la radio, la televisión, los juguetes virtuales y la computadora con acceso
a Internet han venido para quedarse. Más allá de las discusiones sobre sus virtudes y
limitaciones, inevitablemente entrarán a la escuela. Pero no lo harán como una vitamina
mágica cuya sola presencia reemplazará el currículo y mejorará los resultados
educacionales. Para que se conviertan en un soporte educacional efectivo se requerirán
complejos procesos de innovación en cada uno de los aspectos de la escolaridad, incluyendo
el sentido de la escolaridad, el currículo, la pedagogía, la evaluación, la administración, la
organización y el desarrollo profesional de profesores y directores.
2.1. Existen ambientes de estudio enriquecidos con estilos de aprendizaje que han
abandonado la centralidad del profesor, el programa, la disciplina y el pasado, para centrarse
más en el estudiante, en la información integrada y multidisciplinaria, a la que los estudiantes
pueden acceder según su propio interés y motivación, en el marco de un modelo distributivo
de aprendizaje que vincula las aulas con los centros de trabajo, con los negocios, los
hogares, los espacios comunitarios y la «aldea global». Aquí el estudio autónomo y el
autoaprendizaje ocupan un papel primordial.
2.2. Existen aulas colaborativas e interactivas según el espíritu de altas tecnologías, que
combinan el trabajo individualizado con el trabajo en equipo, en las cuales los profesores
estimulan el desarrollo de aprendizajes investigativos y explorativos que permiten ubicar,
seleccionar y procesar los infinitos conocimientos, de modo que los alumnos puedan pasar
de lo factual al pensamiento crítico y a la toma de decisiones.
2.3. Se diluye la barrera entre el colegio y la sociedad real, procesando los conocimientos de
modo que el alumno pueda entender su realidad y tratar de perfeccionarla para facilitar su
bienestar y el de la colectividad. Se inserta al alumno en la «clase global», que le permite
conectarse con redes de información que abarcan a todo el mundo, todas las épocas y todos
los temas, y que permiten juntar a padres, maestros y alumnos para que aprendan unos de
otros y resolver juntos los múltiples problemas sociales, políticos, económicos y ecológicos
del mundo. Con ello se crean, además, situaciones educativas en las cuales el alumno puede
construir los valores nacionales y sociales que serán parte de su identidad.
2.4. El nuevo estilo de enseñanza permite a cada alumno desarrollar y obtener los logros
acordes con su propio potencial, aprovechando las facilidades diferenciadoras de la
tecnología de la enseñanza. Se permite a la vez que cada alumno profundice los estudios en
el campo que a él más le interese. Se evita la segregación y desvalorización de alumnos
débiles y discapacitados que anteriormente incorporaban el estigma de inútiles, cuando se
usaba un sistema rígido y unidimensional de enseñanza y de evaluación de aprendizajes.
2.5. Existe una integración entre el nuevo currículo y los nuevos estilos de enseñanza, en la
cual el currículo queda centrado en los auténticos problemas del mundo real, incluyendo el
desarrollo de proyectos de largo aliento que vinculan la experiencia real con la abstracción.
Para ello el currículo se diseña de forma modular e interdisciplinaria, con diversos niveles de
dificultad, con pocos temas pero tratados con profundidad y diversidad, de modo que cada
alumno pueda aprender de acuerdo con sus capacidades e intereses, sin prescindir del
denominador común para todos. Junto con ello tenemos nuevos estándares de logro
curricular y nuevas coordenadas de espacio y tiempo en las cuales los profesores y los
alumnos tienen que estar juntos para enseñar y aprender.
2.6. Se busca que cada alumno logre los objetivos mínimos del currículo básico común válido
para todo el conjunto, cuyos ejes son la educación en valores humanos, el cultivo de la
tradición y la cultura del pueblo, el equilibrio ecológico, la educación social y cívica y otros
aspectos afines que están en la base educativa de toda persona. La ciencia y la tecnología
no sustituyen a la filosofía, porque por sí solas no nos dicen qué significa la vida. Si no hay
una orientación valorativa, la educación es ciega (no se puede educar sin una filosofía de
vida y una concepción del mundo). Por ello el currículo se inscribe en una cultura
humanística y democrática como marco ideológico y valorativo hacia el cual educar,
ofreciendo oportunidades para aproximarse al arte, a la filosofía y a la literatura, que son
canales para explorar la propia espiritualidad y moralidad. Después de todo, las personas
deben tener valores y una visión moral del mundo cuando se enfrentan a la manipulación
genética, a la contaminación ambiental o a la destrucción masiva a través de las nuevas
armas. Los estudios humanísticos se amplían en función de las tendencias tecnológicas.
Sólo así se puede equipar a los alumnos con una cultura y unos conocimientos que les
permitan dominar las poderosas fuerzas de la tecnología y de la ciencia, usándolas para
beneficio de la humanidad.
2.8. Se enfatiza la ejercitación e integración sensorial, así como la integración entre teoría y
práctica. En un mundo en el que más y más actividades humanas se están reduciendo a la
computación, se desarrollan estrategias que van más allá de la exposición abstracta a las
computadoras y que conectan a los estudiantes con la vida misma. No se puede amar a la
humanidad en abstracto. Sólo se puede amar a los individuos particulares que nos rodean.
Los niños no pueden amar a la naturaleza en abstracto. No pueden aspirar a la reforestación
de los bosques si previamente no han tenido contacto con plantas y hojas en sus propios
jardines.
2.9. A la par que los alumnos adquieren fluidez en el manejo técnico de las computadoras,
las usan como soporte para el estudio de todos los temas escolares, porque conocer las
técnicas de resolución de problemas no equivale a conocer cuáles son los problemas. Las
computadoras son excelentes para manipular datos referidos a problemas ya definidos y, por
lo tanto, mayoritariamente resueltos. Sin embargo, revisar un verdadero problema viéndolo
como algo diferente de lo que el programador puede haber tenido en mente, sólo es posible
a través del desarrollo de nuestra imaginación.
3.2. En el colegio «moderno» conceptos como horario diario (dividido en horas de clase de
igual duración), jornada escolar diaria o semanal, al igual que el año académico de nueve
meses, son muy flexibles, ya que el tiempo debe disponerse en función de las necesidades
de los aprendizajes. Por su parte, la evaluación está diseñada para reconocer el valor
interdisciplinario y variable del trabajo de los alumnos en cada tema o módulo, que no se
sujeta a los ciclos mensuales, trimestrales o semestrales habituales.
3.3. Los colegios del futuro serán sumamente flexibles y versátiles para facilitar la
conformación de grupos diversificados y multiedades que puedan trabajar en los temas de su
interés, lo que constituirá un reto administrativo muy complejo. Los laboratorios y talleres
estarán orientados al desarrollo de proyectos y a la simulación de fenómenos
interdisciplinarios, lo que en esencia equivale a los «colaboratorios» ideados por Wolfy
Rosenberg (palabra que resulta de componer las palabras colaboración con laboratorio, en
«Towards a National Collaboratory», 1990). Es el lugar donde los estudiantes interactúan con
instrumentos, datos, revistas y libros en forma análoga a la del laboratorio del científico. Es
un «aula global» en la que se llevan a cabo actividades como conferencias por multimedia,
se comparten bases de datos y se accede a fuentes remotas. En este colaboratorio los
estudiantes y profesores desarrollan una colaboración interdisciplinaria, incluyendo a
estudiantes, profesores y especialistas de otras instituciones y empresas.
3.4. El colegio moderno está diseñado como «colegio expandido», cuyas fronteras no están
dadas por las paredes del local sino que se articula con los hogares de los alumnos, las
oficinas de los padres, las empresas, los centros de información e investigación de todo el
mundo, etc. En dicho escenario, parte del tiempo que pasarían los alumnos y profesores en
los colegios convencionales lo pasan trabajando con las computadoras en sus casas,
conectados por teléfono para enviarse información e intercambiar recursos.
Este colegio presta atención preferente a los encuentros sociales y a las actividades
culturales, artísticas, deportivas y recreativas. Además, ofrece espacios de catarsis para
profesores y para alumnos. Cuenta con nuevos agentes educativos además de los
profesores, como los psicólogos, los consejeros escolares y los guías espirituales.
3.5. Para manejar este colegio «moderno» se dispone no sólo de profesores capacitados que
tienen oportunidades de actualización permanente, sino especialmente de un director
imaginativo y creativo, capaz de conducir una institución con tantos grados de libertad y
complejidad. El director es el principal agente de cambio y desarrollo institucional, que ejerce
un liderazgo sólido, sacando provecho de los amplios márgenes de autonomía de los que
goza. Esto se debe a que en su capacitación aprendió no sólo aspectos del diseño curricular
y de la administración financiera, sino que desarrolló especialmente habilidades para las
tareas de liderazgo y de relaciones públicas.
Al parecer eso está aún muy lejos de lograrse. Por un lado, porque quienes han de llevar a
cabo la revolución educacional son personas nacidas y educadas en la era más
convencional, por lo que llevan consigo la carga propia de esta experiencia, con todas las
dificultades, resistencias, prejuicios y mitos que eso conlleva. Por otro lado, porque aún no se
conocen del todo los aspectos novedosos de la pedagogía y la psicología del aprendizaje y
del lenguaje virtual, así como las posibilidades y limitaciones que acarrea el uso de las
nuevas tecnologías cuando se colocan al servicio de la educación, por lo que los profesores
aún no saben bien cómo actuar al respecto.
Esto nos lleva al problema de la formación de los profesores. Enseñar un curso en red es
muy diferente a hacerlo en la forma tradicional. Precisa que los profesores trabajen más duro
para alentar interacciones sustantivas entre los participantes. Deben guiar y modelar las
discusiones cuando están conectados, y animar a los alumnos a que respondan uno al otro
en su trabajo. Eso requiere de los profesores pasarse el día contestando preguntas,
monitoreando discusiones, realimentando. Todo el tiempo deben ser facilitadores, de otro
modo los alumnos pueden distraerse fácilmente o volverse apáticos. Esto les exige
conectarse varias veces al día, leer las anotaciones de sus alumnos y contestarlas, sin contar
la corrección de tareas y la revisión de los trabajos individuales o grupales que también
requieren dedicación.
Eso significa invertir cuatro veces más tiempo del que dedicarían en las clases
convencionales, con independencia del período de capacitación que tienen que destinar para
lograr la suficiente aptitud que les permita manejar estos cursos. Además, los profesores
deben trabajar con las dimensiones afectivas de la enseñanza, que se suelen pasar por alto
en el momento en que se sobrestima el valor de la informática en la educación.
Cuando en América Latina hablamos de profesores o maestros nos referimos a personas
que proceden de los estratos sociales menos favorecidos, y usualmente con escasa
experiencia previa en el uso de la computadora. No sólo muestran las naturales resistencias
al cambio tecnológico, sino que a priori están en desventaja frente a sus alumnos, que en
igualdad de condiciones aprenden más rápido que sus profesores y se compenetran mejor
con el mundo de la informática, en el que por otra parte nacieron.
A tales profesores se les exige que asuman el rol de aprendices, tanto o más que sus propios
alumnos, y que cambien su actitud en relación con los contenidos y la dinámica del aula.
Deben verse a sí mismos como docentes y a la vez como facilitadores del aprendizaje, y
renunciar a su figura tradicional de autoridad totalitaria y no dialogante en el aula. Es decir,
profesores capaces de lidiar con los desafíos del cambio, de aceptar someterse a un
entrenamiento sobre algo novedoso para ellos, y a la vez aceptar la utilización de una
herramienta con la que estarán en desventaja frente a sus alumnos, lo cual desestabilizará
su autoestima, seguridad y temores.
Por último, no puede dejar de considerarse que un profesor experto, entrenado para el uso y
la enseñanza de la computación, no durará mucho como docente ante las alternativas
ocupacionales, ya que los bajos sueldos lo desanimarán; en cambio, encontrará fácilmente
un lugar en el nuevo mercado laboral de la informática. ¿Cómo lidiar con el problema de que
toda capacitación de profesores puede llevar el peligro intrínseco de perderlos para la tarea
educacional?
Por otro lado, ¿tiene sentido, en esta generación, que cada colegio intente convertirse en un
centro de aprendizaje de computación, o es preferible empezar con opciones extraescolares
comunitarias que tengan garantizados el mantenimiento, el servicio técnico y la instrucción
apropiada, cosa que los colegios no podrían garantizar? Tampoco debemos dejar de lado el
hecho de que sólo si un docente incorpora la computación a su actividad privada habitual, en
casa y en la escuela, tendrá la experiencia y la seguridad necesarias para manejarse
solventemente con sus alumnos en clase. Para ello los maestros deben tener acceso fluido a
las computadoras en sus casas y en el colegio, y entrar a un régimen de capacitación y
aprendizaje permanente.
También hay que tomar nota de que muchas facultades de educación que se han abocado a
la formación de directores lo que han hecho es formar planificadores o administradores de la
educación, con el natural sesgo académico que ese ambiente suscita. Pero el rol ejecutivo
del director no se puede cultivar y entrenar solamente con más formación académica o
administrativa. Se necesita un nuevo modelo de carrera profesional de director de colegio,
con un fuerte componente práctico y con contenidos específicos para tal función, que en
muchos países aún no existe.
Hace siglos, cuando los brazos y las manos empezaron a usarse para agarrar, trepar, tirar y
manipular objetos como piedras y flechas, se produjeron cambios en la estructura del cerebro
y del sistema nervioso de los hombres, quienes desarrollaron nuevos y más complejos
patrones de pensamiento. Sin embargo, la evidencia de los cambios o daños al desarrollo
cerebral que pueden producir las nuevas tecnologías sólo se están haciendo patentes años o
décadas después de su uso intensivo. Es el caso de los teléfonos celulares, cuyos posibles
daños están siendo documentados una década después de haberse iniciado su uso masivo.
Por eso los psicólogos educacionales y los educadores deben tener la capacidad de
adelantarse aunque sea intuitivamente a estos efectos para aprovechar sus beneficios, y a la
par prevenir sus posibles perjuicios.
Algunos ejemplos concretos pueden ser ilustrativos. El uso en los zapatos y en la vestimenta
de los «pega pega» o cierres en lugar de cordones o botones, reduce las capacidades de
coordinación manual. La falta de juego infantil en los jardines o parques, corriendo, trepando
árboles y módulos en altura, disminuye el desarrollo de los músculos superiores del tórax y
retrasa el desarrollo motor. El uso de calculadora ha ido atrofiando la capacidad de cálculo
mental. El consumo intensivo de audiovisuales ha ido reduciendo el interés por el texto
escrito y la capacidad de comprensión lectora.
El intercambio a distancia por computadora entre alumnos tiene la virtud de eliminar algunos
estigmas clásicos al independizarse de la edad, del sexo, del aspecto físico, de la religión y
de la nacionalidad del interlocutor. También permite superar la rigidez de los 45 minutos
convencionales de clase, porque rompe las barreras del horario simultáneo formal, y
proporciona los intercambios asincrónicos entre gente que vive en distintos lugares y usos
horarios. Esa independencia respecto al lugar y al tiempo permite llegar a estudiantes que
difícilmente podrían atender juntos las mismas clases regulares.
Pero no todas son virtudes. La distancia «seca» al profesor al quitarle la voz, la imagen, las
expresiones faciales, el humor y las ironías. Se dificulta el diálogo a fondo entre quienes no
se conocen realmente, y más si no preexiste una confianza básica entre ellos.
Además, por lo general los alumnos que tienen éxito en los cursos a través de Internet son
automotivados, independientes, autodirigidos y se sienten cómodos para expresarse por
escrito. Pero hay muchos que no están en las mismas condiciones.
Los administradores de estas formas de enseñanza dicen que para que los cursos tengan
éxito se necesita que el profesor aliente todo el tiempo a sus alumnos, con los que debe
tener constante interacción para aconsejar, modelar su pensamiento y promover una
atmósfera en la que estos se animen a trabajar. Eso requiere más tiempo, energía y
compromiso por parte de los profesores. Por eso es que los mayores éxitos en la educación
a distancia se producen en adultos, mientras que para el caso de menores hay resultados
muy ambiguos.
Sin embargo, muchas de las ventajas atribuidas a la educación a distancia pueden hallarse
también en la buena educación presencial. A la inversa, la educación a distancia puede
reproducir los mismos vicios que la educación normal criticada. Además, dado que el estilo
de enseñanza aún se mantiene muy convencional, para modificarlo los profesores necesitan
de frecuentes y diversos contactos interpersonales en distintos momentos del día, lo que no
se satisface con los habituales talleres concentrados de unos cuantos días al año.
La administración y los directores que acceden a tanta información por alumno y por profesor
a través de las pantallas, corren el riesgo de distanciarse de ellos y de sacrificar lo educativo
por lo administrativo. Mientras más tiempo pase el tutor entrando, leyendo, administrando y
analizando toda la información de sus alumnos, menos tiempo tendrá para escuchar y
aprender directamente de ellos.
Por otro lado, hay que considerar que el trabajo escolar usando computadoras con acceso a
Internet requiere diseños de horarios, conformación de grupos, elección abierta de temas
para los proyectos escolares, interacción escuela/comunidad/padres, y formación de
profesores que demandan una creciente autonomía en asuntos pedagógicos y
administrativos que los sistemas centralistas no permiten. Si no se aumenta la autonomía
escolar, estas modificaciones organizativas que soportan los cambios educacionales no
serán posibles, quedando la computadora restringida a su rol de herramienta, desperdiciando
las posibilidades que ofrece para modificar la organización y los procesos de aprendizaje.
4.8. Equidad
En unos colegios los alumnos usan la computadora simplemente para ejercicios de repetición
y aplicación. En otros le sacan provecho a todo su potencial de aprendizaje,
experimentación, construcción de proyectos y trabajo cooperativo.
Unos tienen acceso a Internet para fines muy concretos o para jugar, y otros sacan las
mayores ventajas para aprender. La diferencia sustancial, además de contar con equipos y
accesorios, estará en la calidad de los profesores con la que contarán en uno y otro caso.
Unas escuelas producirán a los procesadores de datos y a los oficinistas, mientras que otras
prepararán a los ingenieros de sistemas que podrán automatizar las labores de los
oficinistas.
¿Cómo se elige un software adecuado? ¿Cuál es el margen de manipulación que tienen las
empresas comerciales para imponer su software, aunque no sea el óptimo, tomando en
cuenta las necesidades y realidades culturales y educacionales de cada caso? ¿Asumirá el
Estado una responsabilidad para facilitar a los usuarios la información necesaria para que
puedan acceder al software educativo más adecuado a sus objetivos educacionales? Todas
estas preguntas requieren respuestas para evitar derroches o adquisiciones inadecuadas e
incluso estafas educacionales.
4.10. Valores
Las máquinas se convierten en una amenaza cuando encarnan nuestras limitaciones sin que
seamos suficientemente conscientes de esas limitaciones. Fallamos al vernos a nosotros
mismos en ellas porque abdicamos de nuestra conciencia. Si no estamos alertas, no nos
preocupamos de los efectos que tienen en nosotros y no hacemos nada al respecto, ni
ofrecemos la menor resistencia a su avance en nuestras vidas. Adoptamos una actitud
pasiva respecto de esta tecnología de la que somos crecientemente dependientes.
Mientras más poderosa sea la tecnología más nos invitará a olvidarnos de nosotros mismos.
Sea cuando manejamos velozmente un automóvil, navegamos por Internet, jugamos un
videojuego o dejamos que las computadoras resuelvan los problemas que les presentamos,
nos sentimos en un paraíso si quisiéramos limitarnos a actuar como autómatas.
Vivimos una tensión entre actuar y ser objeto sobre el cual se actúa. Las tecnologías están
empujando fuertemente a convertirnos en autómatas, perdiendo nuestra libertad de elegir. En
ese sentido la televisión o la computadora serán nuestra esperanza si podemos reconocerlas
como nuestras amenazas. Como aliadas, nos destruirán.
Pero, ¿qué incentivos tiene nuestra cultura para ejercitar esa cautela? ¿Podemos elevarnos
por encima del nivel en el que nos comportamos solamente como computadoras?
Tendremos que resolver eso a través de la educación en valores que corresponde a la era de
la informática. Por su naturaleza, la computadora privilegia la rapidez, la precisión, la
eficiencia, la comunicación individual entre el hombre y la máquina. A su vez, se convierte en
una autoridad indiscutida que trae la omnipotente voz de la verdad, que tiene todas las
respuestas a las preguntas de los niños, y que suele acostumbrarlos a gratificaciones
inmediatas. El mundo creado por el software es estructurado y predecible, en contraposición
con el mundo real que es inestructurado e impredecible. Los juegos de video llevan a tomar
una distancia electrónica en relación con los juicios de valor que involucran las guerras, los
exterminios y los costos sociales de las decisiones que se toman.
El mito de que la información es libre de valores, lo que presupone que las computadoras se
limitan simplemente a dar información, desconoce que quienes diseñan y seleccionan los
programas lo hacen con determinados valores, criterios y prioridades. ¿Cómo se evitará que
las computadoras propicien en los niños la pasividad social y la apatía, la aceptación no
crítica de la realidad?
Hay que estar alerta acerca de todos estos peligros para evitar que los jóvenes se vuelvan
conformistas, alienados, tecnocráticos, dogmáticos, consumistas compulsivos de software,
en desmedro del desarrollo de su capacidad de controlar sus impulsos y de postergar
placeres y gratificaciones, que es fundamental para aprender a esperar, a tener paciencia, a
ser tolerantes, a trazarse metas e ideales de futuro y a luchar por alcanzarlas poco a poco.
4.11. Democratización
No se deben despreciar los riesgos de esa presión por «tecnologizar» las escuelas, uno de
los cuales es el creciente olvido de los propósitos democratizadores de la escuela pública,
constructora de ciudadanos más que de alumnos alfabetizados en uno u otro tema. Cuando
los políticos convierten a la escuela en un activo estratégico para ganar la supremacía en la
guerra económica o tecnológica, la preocupación educacional se centra en elevar los
estándares de logros académicos de los alumnos y en habilitarlos para que sean eficientes
trabajadores en el mundo informatizado, dejando de lado el objetivo de construir una
democracia justa y de socializar a los alumnos en torno a valores, actitudes y tradiciones que
apuntalen su identidad. Inclusive hay quienes sugieren eliminar la escuela pública y acogerse
a los modelos privados para asegurar una mejor gestión administrativa y económica. Queda
siempre la pregunta de si ser un buen ciudadano equivale a ser un buen trabajador y un
informado consumidor, que es capaz de elegir el mejor producto para su consumo.
Actualmente uno de los mayores problemas de los colegios es el de los niños que «no andan
bien», no tanto por falta de habilidades intelectuales sino por carencia de motivación, de
afecto y de sentido de pertenencia. Los problemas de la juventud son cada vez más
desatendidos por la creciente falta de vínculos fluidos y constructivos entre los jóvenes, los
padres y los profesores. Las necesidades de los alumnos pasan hoy más por asuntos de
orden familiar, personal o social, que los propiamente intelectuales o académicos. Eso hace
que el estímulo requerido para interesarlos y motivarlos no solamente sea mayor sino que
vaya acompañado de trabajo psicológico y de consejería.
No hay nada más interactivo en la relación del niño con el mundo real que el vínculo con su
profesor. Los niños necesitan vivir en el tiempo y en el espacio real con personas reales. Así
como los niños necesitan un padre para sentirse seguros y protegidos, también precisan de
un contexto social real dentro del cual aprender. Los niños pueden tener relaciones
electrónicas con sus pares a través de muchos hemisferios, pero eso aún no los hace
capaces de cultivar amistades; sólo los lleva a tener un limitado y esterilizado entendimiento
de las relaciones humanas. Los niños de hoy necesitan más interacciones con padres y
maestros, estar en clases más pequeñas, tener acceso a buenas bibliotecas, que se les
ponga es un currículo rico en música, artes visuales y drama, y que se les ofrezca una buena
educación física así como actividades científicas en las que «se ensucien las manos».
Frente al argumento de que las computadoras dejan más tiempo libre a los profesores para
personalizar su atención en los alumnos, vale la pena señalar que hay quienes aseguran que
se obtienen mejores resultados reduciendo el tamaño de las clases, y que si más escuelas lo
logran habría menos razones para gastar tanto dinero en tecnología, abriendo mayores
posibilidades para enfocar mejor las relaciones entre profesores y alumnos.
La otra, una débil (o escasa) formación de profesores para ser usuarios de computadoras y
de Internet, y mucho menos formación de educadores especializados en pedagogía
informática. Esto hace que el conocimiento y eventual uso de tal herramienta quede muy
desfasado respecto a los avances que registran los alumnos y frente a las posibilidades
docentes de educadores especializados, con los que solo cuentan algunos colegios
privilegiados.
Es posible que esa tendencia continúe y que el resultado sea que la distancia entre los que
acceden y los que no acceden a la computadora se transforme en la brecha entre los pobres
que tendrán acceso a la computadora como herramienta y los ricos que tendrán acceso a
profesores especializados capaces de permitir sacarle el máximo provecho real a dicha
herramienta.
Otro serio problema que tiene que encarar la educación es el hecho de que las empresas del
ramo le sacan gran ventaja a las investigaciones educacionales que se ocupan de evaluar el
impacto real del hardware y del software educativo que se difunden en los medios, lo que
deja a los profesores a merced de las campañas de marketing de los fabricantes y autores de
software, que muchas veces no ha sido diseñado por pedagogos y no pocas carece del
soporte científico-pedagógico adecuado. Los profesores no están en condiciones de
deslindar entre el software y los cursos conectados en línea que sirven y los que no sirven a
los propósitos de cada institución. Aquí el Estado puede jugar un importante rol orientador,
así como las universidades, con publicaciones que actualicen a los profesores y padres
sobre las virtudes pedagógicas de los materiales que vayan surgiendo en el mercado.
5.3. Los costos de la tecnología se incrementarán
Para estar al día no sólo se requiere contar con las computadoras, con software actualizado
y veloz y con conexiones telefónicas con adecuadas bandas de transmisión, sino también
con accesorios que permitan sacarle todo el provecho a las nuevas tecnologías, como, por
ejemplo, las cámaras digitales, los scanners, los modems, las webcam, los sensores, etc.
Estos equipos son caros y marcan la diferencia entre los tenedores y los no tenedores. Si
bien la tecnología masificada tiende a abaratarse, aquella que representa avances
significativos es siempre costosa y está al alcance de muy pocos. La promesa del
abaratamiento de la tecnología puede convertirse más bien en lo contrario, distrayendo
recursos de otros aspectos educativos básicos que requieren igual atención.
La ya débil capacidad de comprensión lectora se debilitará cada vez más no sólo porque los
alumnos leerán cada vez menos libros, sino porque aumentarán su lectura de mensajes
breves y fraccionados como los que produce la navegación por Internet y los intercambios
vía chat o correo electrónico. Así la alfabetización informática podría venir de la mano de un
creciente analfabetismo verbal convencional, con todas las implicaciones que ello trae al
desarrollo de las habilidades verbales de los niños y jóvenes.
6.1. Debe haber una cuidadosa selección de las tecnologías que conviene introducir en la
educación, evitando aprehender lo primero que nos ofrece la nueva tecnología. Resultará
muy importante que cada país haga sus experiencias piloto y que estas sean compartidas
con todos los países de la región, para así ahorrar costos y tiempo de prueba y usufructuar
directamente los resultados de las experiencias exitosas.
Es muy posible, además, que se abra una segunda brecha entre el discurso político
educacional y las realizaciones concretas. Habrá promesas e iniciativas aisladas para
aparentar que se moderniza la educación, pero en condiciones tan difíciles y precarias que
quizás den como resultado que los alumnos, en lugar de avanzar, tengan calidades de
aprendizaje similares a las actuales. También existe el riesgo de que se invierta mucho
dinero en algunas tecnologías de vanguardia con fines efectistas, pero con una baja
cobertura y productividad. Dicho sea de paso, dado que en el mundo desarrollado todavía no
existen evidencias contundentes respecto al aprovechamiento de la tecnología de la
información en aspectos como software, currículo y enfoques metodológicos óptimos para
garantizar el mejoramiento universal de los niveles de aprendizaje de los alumnos a nivel
escolar, no hay prisa por gastar los escasos recursos en las tecnologías más costosas que
aún no han demostrado su efectividad.
Parece entonces preferible empezar con las tecnologías de menor costo por alumno y más
cercanas a las formas convencionales de enseñanza (radio y televisión educativa), hasta que
esté lista la generación de docentes capaces de sacarle el mayor provecho a las nuevas
tecnologías. Paralelamente, ensayar proyectos piloto de pequeña escala pero con recursos
humanos calificados y tecnologías más sofisticadas, para ir creando las experiencias que
luego de validadas puedan tener efecto demostrativo y expansivo sobre los demás. Mientras
tanto, se podría universalizar el acceso a las cabinas públicas para que profesores y alumnos
tuvieran aunque fuera un acceso mínimo a las computadoras y a Internet y pudieran usar las
herramientas básicas de comunicación virtual. De paso, esto abriría la oportunidad a
profesores y alumnos altamente motivados y capaces para autoaprender para tener la
oportunidad de avanzar por su cuenta.
Bibliografía
Gordon, David T.: «The Digital Classroom», Harvard Education Letter, 2000.
Greenfield, Patricia Marks: «Video Screens Are Changing the Way Children Learn», Focus
Series # 3, del boletín The Harvard Education Letter, 1997.
Monke, Lowell: «Las computadoras administran nuestra escuela». Letter from Des Moines,
Iowa State University, 20/2/1997.
Talbott, Stephen L.: «Computers, Internet and the abdication of Consciousness» entrevista
de Dolores Brien en la webpage de NetFuture 2000.