Resumen BASUALDO – 2do Parcial
La evolución de la crisis de 1989
El último intento de la política económica ensayado por el gobierno radical para controlar el proceso económico y
conservar alguna expectativa de triunfo en las futuras elecciones presidenciales fue el “plan primavera”.
El control de las tarifas de los servicios públicos, el acuerdo con las grandes empresas formadoras de precios para
desindexar la economía y el incremento de los salarios de la administración pública en el 25% constituyeron las
primeras medidas para equilibrar los precios relativos. En términos del sector externo y la finanza del sector público,
se descartó la posibilidad de aplicar retenciones para no agravar el enfrentamiento con la oligarquía agropecuaria,
Pero se instrumentó una de evaluación de la tasa de cambio diferencial mediante una reforma del mercado
cambiario basada en un tipo de cambio comercial y otro libre, más elevado y flotante. Las exportaciones se
liquidaron al tipo de cambio comercial, mientras que las transferencias financieras y la importación de bienes y
servicios por el denominado libre. Finalmente, se plantearon las condiciones para una exacerbación de la
valorización financiera mediante una liberación de la tasa interés interna impulsada por el endeudamiento del sector
público a corto plazo. Hubo una notoria estabilización de las variables macroeconómicas y el tipo de cambio libre.
No menos significativa fue la entrada de capitales con el objetivo de valorizar esos recursos. Aunque dentro de estos
flujos de capital estaban presentes los capitales externos que buscaban beneficios de corto plazo, la repatriación del
capital local parece haber cumplido un papel protagónico en este proceso. En efecto, el signo negativo de las
transferencias de fondos locales al exterior indica que, por primera vez durante ese mandato constitucional, regresó
una parte minoritaria del capital local fugado.
Presuntamente, este comportamiento de la fracción dominante local fue resultado de la conjunción de diferentes
estrategias de valorización financiera por parte de sus integrantes. Mientras que los que controlaban empresas que
abastecían exclusivamente el mercado interno traían una parte minoritaria de sus recursos, los que tenían una
inserción exportadora retaceaban al máximo la liquidación de estas divisas en el mercado comercial y traían una
parte de sus divisas en el exterior a través del Mercado Libre para valorizarlo internamente.
A fines de enero de 1989, se definió la actitud ambivalente del Banco Mundial, al trascender que atrasaría el
desembolso de los créditos otorgados. Pocos días después, ante la inagotable demanda de dólares, el Banco Central
se retiró del mercado cambiario, instaurándose una política por la cual la autoridad monetaria solamente liquidaba
divisas para garantizar las importaciones. Se produjo un acelerado crecimiento del tipo de cambio, cuyo punto
culminante En el mes de mayo superó el 180% mensual que fue seguida por una elevación equivalente del nivel de
precios, lo cual constituyó la prueba inequívoca de una acelerada y masiva Dolarización de la economía interna y de
una formidable puja distributiva.
Tanto la evolución de los acontecimientos como las condiciones estructurales de la economía argentina en esa
época indican la existencia de algunos rasgos peculiares. El primero es la vigencia de una formidable crisis
Hiperinflacionaria que les impidió a todas las fracciones dominantes del capital la consecución de su proceso de
acumulación y las enfrento con el riesgo de severísimas pérdidas de ingresos y patrimonio. Esta situación dificultó las
posibilidades de establecer acuerdos entre las distintas fracciones y entre los integrantes de cada fracción. El
segundo aspecto radica en el papel definitorio que asumieron los bancos extranjeros acreedores en el comienzo y el
desarrollo de la crisis Hiperinflacionaria. El tercero consiste en la participación activa de bancos locales
pertenecientes a integrantes del sistema político en la generación y el desarrollo de la corrida cambiaria.
Todos los rasgos, estructurales y coyunturales, que exhibió el proceso que desembocó en la crisis Hiperinflacionaria
de 1989 indican la existencia de un conflicto entre las fracciones del capital del bloque dominante. El predominio de
la oligarquía diversificada Sobre los acreedores externos en la apropiación del excedente generado socialmente y en
la redistribución del ingreso llegó a su punto culminante al instaurarse, en mayo de 1988, una moratoria de hecho de
la deuda externa.
Después de casi cinco años de lanzado el plan Baker, los bancos acreedores no sólo no lograban avanzar en la
privatización de las empresas estatales Para resarcirse del capital adeudado, sino que además dejaron de percibir los
intereses y las amortizaciones. La corrida cambiaria respondió a la pugna entre los organismos internacionales de
crédito por conducir el proceso de negociación priorizando las políticas de ajuste o de reformas estructurales.
Estas pugnas fueron la manera específica en que la valorización financiera profundizó el predominio del capital sobre
el trabajo, porque los sectores dominantes avanzaron en la distribución del excedente y de la riqueza acumulada
socialmente.
La otra condición que determinó que la valorización financiera se profundizará a través de grandes crisis estuvo
relacionada con la diferente posición que ocupaban en ellas las fracciones dominantes. Aunque, en relación con la
deuda externa, la fracción dominante local era la deudora y los bancos transnacionales los acreedores, esa fracción
local detentaba el control sobre el sistema político, mediante el régimen del transformismo argentino. De allí que los
acreedores externos, al tener bloqueada la posibilidad de moldear un sistema político a su imagen y semejanza,
hayan recurrido a su poderío económico, provocando conmociones económicas y sociales para modificar una
situación que les era adversa.
En cuanto a la clase trabajadora, la vigencia del transformismo tuvo profundas y negativas repercusiones, ya que fue
otro de los factores que le oscurecía a la clase trabajadora las causas y los factores de su creciente postergación. El
proceso que se desplegó fue complejo, el sistema político de las organizaciones sociales dejó de ser un espacio
donde los sectores populares pudieran disputar la defensa de sus intereses, Adoptando una estructura y una
dinámica que expulsó a los sectores contestatarios, homogeneizándose ideológica y políticamente. En esta situación
de indefensión, el efecto disciplinador de la crisis sobre los sectores populares fue devastador Y contribuyó a que la
salida de la crisis haya consolidado el desplazamiento de la frontera social en favor del capital.
El fracaso del plan Bunge y Born, Los planes posteriores y la aplicación
de las reformas estructurales
El triunfo electoral del peronismo del 14 de mayo de 1989 en las elecciones presidenciales acotó un gobierno
exánime. El ministerio de economía recayó en un funcionario de grupo económico, Bunge y Born.
Esta etapa constituyó el intento de superar la crisis unificando a la oligarquía diversificada sobre la base de
incrementar su apropiación de los ingresos de los sectores populares, pero a la vez postergando las exigencias de los
acreedores externos.
Su programa buscó conciliar una salida exportadora sustentada en un ajuste ortodoxo que aplicó una devaluación de
la moneda nacional, un desmesurado incremento de las tarifas de los servicios públicos, un acuerdo de precios y un
congelamiento salarial. El ajuste estabilizó inmediatamente el ritmo inflacionario y la evolución del tipo de cambio,
pero, al mismo tiempo, recrudeció el enfrentamiento entre las fracciones de los sectores dominantes.
Esta política económica intento encolumnar Detrás de sí a la oligarquía diversificada, Pagando puntualmente la
deuda interna, porque era una parte sustancial de sus ingresos. Al mismo tiempo, no contempló una reanudación
inmediata del pago de las obligaciones derivadas de la deuda externa, pese al creciente superávit de la balanza
comercial y la expansión de las reservas del Banco Central, debido al acento a la devaluación del peso. Tampoco se
preveía privatizar en lo inmediato las empresas estatales para pagar el capital adeudado.
En el tercer trimestre de 1989 los acreedores externos obligaron a esa misma conducción económica poner en
marcha las políticas más trascendentes de esta época, que se plasmaron en la ley de Reforma del Estado y la ley de
emergencia económica. La primera institucionalizó el cambio estructural más relevante de las últimas décadas: la
privatización de las empresas estatales. Esta norma le transfirió al poder ejecutivo todo tipo de facultades para llevar
a cabo, tamaña modificación en la estructura económica argentina. Por su parte, la ley de emergencia económica se
propuso acotar drásticamente las ingentes transferencias de recursos del sector público a la fracción dominante
local mediante los regímenes de promoción industrial y la compraventa de bienes y servicios por parte del Estado.
Además, avanzó hacia una reforma del Banco Central de la República Argentina y profundizó la flexibilización de
régimen de inversiones extranjeras.
Mediante la sanción de ambas leyes, los acreedores externos lograron institucionalizar las normas legales para
concretar el pago de capital adeudados mediante la venta de los activos públicos, así como recortar las
transferencias estatales que impedían el pago de intereses de la deuda externa por parte del Estado. Sin embargo,
en lo inmediato, el tratamiento de esos proyectos de ley abrió una intensa pugna entre las fracciones de bloque
dominante para determinar qué transferencia se acotaban y de qué manera.
Con posterioridad a la sanción de las leyes mencionadas, la condición económica logró, en noviembre de 1989, un
crédito del FMI, pero el proceso se vuelve definitivamente inmanejable porque se agregaron los conflictos sindicales
ante el deterioro del salario generado por la hiperinflación.
Así como la gestión de Bunge y Born en la conducción económica intento superar la crisis, unificando la oligarquía
diversifica y postergando las exigencias de los acreedores externos, la de Erman González intento doblegar la
hiperinflación sentando las bases para compatibilizar los intereses de ambas fracciones del capital, pero respetando
los lineamientos centrales exigidos por los acreedores externos.
Las primeras medidas de la nueva conducción económica establecieron la eliminación del control en el mercado
cambiario y de los precios internos, Irrumpiendo el segundo período hiperinflacionario. Por lo tanto, el instrumento
central utilizado para intentar estabilizar el descontrolado proceso económico fue una política fiscal, una reducción
drástica del gasto estatal, orientada retomar a el pago a los acreedores externos.
Sin embargo, la reducción del gasto que se podía realizar en los rubros de personal y otros gastos corrientes e
inversiones del Estado era insuficiente, porque la deuda interna estatal tenía elevadísimos rendimientos y porque se
pagaba puntualmente.
En enero de 1990 la conducción económica lanzó el nominado “plan Bonex”, Qué consistía en cambiar
compulsivamente los depósitos a plazo fijo por bonos de la deuda externa a 10 años, lo cual implicaba un desagio
para los inversores equivalente al 40%, aproximadamente. Como el grado de monetización de la economía antes de
ese plan era bajo, Se profundizó la recesión económica y el sector público quedó prácticamente como el único
agente económico con capacidad para adquirir el excedente de divisas provenientes del comercio exterior.
Posteriormente, comenzó una política para incrementar las tarifas de los servicios públicos. Uno de los propósitos
para recuperar su atraso respecto de la evolución de la inflación, reconstituyendo de esa manera la situación
financiera del sector público. Otro se vincula con la privatización de las empresas estatales, ya que también se trata
de concretar incrementos tarifarios que aseguraron altas tasas de rentabilidad para los futuros concesionarios
privados como el caso de ENTEL.
En el contexto del segundo brote hiperinflacionario, la conducción económica profundizó el ajuste mediante una
política monetaria de corto plazo Que combino absorción y expansión monetaria. Por un lado, restringió la oferta
monetaria, endureciendo las condiciones de los préstamos del Banco Central de la República Argentina a los bancos
comerciales y exigió la cancelación de redescuentos otorgados anteriormente, lo cual contribuyó a detener la
continua depreciación de la moneda. De acuerdo con las evidencias disponibles, los bancos comerciales, vendieron
al menos una parte de sus tenencias de divisas en el mercado, deteniendo el explosivo crecimiento del tipo de
cambio. Por otro lado, se expandió la base monetaria con el objetivo de adquirir las divisas provenientes del
comercio exterior Y de las ventas realizadas por los bancos y los particulares. De esta manera, se elevaron las
reservas en manos del Banco Central de la República Argentina.
Una vez pasado el segundo pico hiperinflacionario, la conducción económica retomó los pagos de la deuda externa,
redobló el ajuste del gasto público mediante una reducción drástica del empleo estatal y las transferencias de los
proveedores estatales.
Comenzaron a desplegarse acuerdos entre las dos fracciones dominantes enfrentadas. Éstos acuerdos posibilitaron
la celeridad con que avanzó este proceso, pese la arbitrariedad y venalidad con la que se implementó y los prejuicios
que le ocasionó el Estado y a los sectores populares.
La reducción de personal que se sustento en la reforma de la administración pública se materializó mediante el
régimen de retiros voluntarios, traslado de personal, etc., y acentuó la reducción de la participación de los
asalariados en el ingreso.
Por otra parte, se profundizó el ajuste sobre las transferencias estatales a la oligarquía diversificada. Por cierto, el
recorte resultó de una intensa puja entre las fracciones dominantes enfrentadas, Y por esa misma razón fue parcial,
no sólo en porcentajes sino en sus alcances. Luego de la segunda hiperinflación se puso en marcha una política
destinada a cortar la transferencia de recursos a los proveedores estatales. Se le suspendieron los pagos y todos los
reconocimientos por mayores costos, se congelaron los llamados a licitación o nuevos contratos y, finalmente, se
entregó una serie de bonos por las deudas pendientes que, en conjunto, comprometían alrededor de 8000 millones
de dólares.
Esta profundización de la política de ajuste y la consecuente disolución de los instrumentos con lo que estaba
construido el predominio de la oligarquía diversificada en la apropiación del excedente económico acentuaron la
ruptura dentro del bloque de poder. Pero la evolución de las otras reformas, después de la segunda hiperinflación,
indica la apertura de coincidencias y acuerdos, que fueron decisivos para superar la crisis y recuperar la
homogeneidad del bloque de poder.
Ambas fracciones estaban de acuerdo en que, para superar la crisis económica, era imprescindible consolidar la
nueva situación en relación con la concentración del ingreso. De esta manera, los sectores populares debían pagar
sus costos.
A lo largo de este proceso ambos integrantes de los sectores dominantes acordaron implementar dos
modificaciones estructurales: la transferencia de los activos públicos al sector privado y la apertura comercial.
Si bien, la privatización de las empresas estatales era una condición sine quanon de los acreedores, Como forma de
recuperar buena parte del capital adeudado por el Estado, El desarrollo de los acontecimientos hizo que la fracción
dominante local coincidiera con ellos, porqué percibió que de esa manera accedería a la propiedad de activos de
enorme magnitud con elevada rentabilidad potencial. Por otra parte, acordó con la apertura comercial. En
consecuencia, el principal impacto de dicha apertura se verificó con la burguesía nacional.
Este cambio en la percepción de la fracción interna, junto con las exigencias de los acreedores externos, generó
cambios fundamentales en la política gubernamental. De allí en adelante, el conjunto del sistema político impulsó la
privatización de empresas públicas y, en noviembre de ese año, se transfirieron la aerolínea estatal (aerolíneas
argentinas) y la empresa nacional de telecomunicaciones (ENTEL) Al sector privado.
Con posterioridad al segundo episodio hiperinflacionario, hubo una modificación de los precios relativos de la
economía. Al tiempo que se estabilizaba el tipo de cambio, los precios internos evolucionaban. La respuesta oficial
para reducir el ritmo de la inflación se sustentó en instrumentar una apertura a las importaciones mediante la
imposición de un arancel máximo del 22%, lo cual tendió a deprimir aún más la economía interna. Pese a ello, la
convergencia entre la evolución de los precios internos y el tipo de cambio no se concretó por el nivel de recesión
interna que desalentó la importación de bienes. A ello se le suma el deterioro en el superávit fiscal debido a que los
ingresos públicos crecían lentamente, por la profundidad de la recesión y, en particular, porque en buena medida
provenían de los salarios.
Ante estas circunstancias, la posibilidad de que la política económica impulsada por los acreedores externos lograra
una base cierta de sustentación implicaba modificar la estructura de los ingresos fiscales. Dicha restructuración
podía sustentarse sobre los sectores de altos ingresos, entre lo que se encontraba la oligarquía diversificada. La otra
alternativa posible, Socialmente más conflictiva, consistía en avanzar con nuevos recorte de gastos, pero ahora
ligados únicamente a los asalariados estatales y a las economías regionales, mediante la contracción de los gastos de
las diferentes jurisdicciones provinciales.
Si bien en principio la reestructuración de los ingresos fue la mayor viabilidad y coherencia con el contenido de la
política económica adoptada, lo que predominó en la práctica fue una reducción del gasto. Fue un giro a la
orientación de la política económica que expresó el comienzo de un restablecimiento de los acuerdos orgánicos
entre las dos fracciones dominantes que estaban en pugna. Éste fue el papel que cumplieron las coincidencias entre
las fracciones dominantes alrededor de las privatizaciones en el corto plazo porque, a partir de allí, se detuvo el
avance de los acreedores externos sobre las prebendas de la fracción dominante local y la política económica se
orientó exclusivamente a la concreción de una nueva apropiación de los ingresos percibidos por los asalariados.
La posibilidad de llevar a cabo esta reducción del gasto provincial y del personal estatal por el conflicto social que se
desencadenaría determinó que en enero de 1991 se haya registrado un alza en el tipo de cambio preanunciando Un
nuevo episodio hiperinflacionario, lo que dio por terminada la gestión del ministro de economía, asumiendo
Domingo Cavallo. A poco de asumir puso en marcha el plan de convertibilidad que, al converger con las
privatizaciones, la profundización de la desregulación y el Plan Brady, dio lugar a una etapa de expansión sobre la
base de un acelerado endeudamiento externo y una notable homogenización de los sectores dominantes.
El impacto de la crisis hiperinflacionarios de los integrantes de la
oligarquía diversificada
Durante su transcurso se registró una notable consolidación económica de la oligarquía diversificada. Esta expansión
estuvo basada en la continuidad del proceso de redistribución del ingreso en contra de los asalariados que había
puesto en marcha la dictadura militar. Esta transferencia de ingresos no sólo dio lugar a una nueva distribución
directa entre el capital y el trabajo en el ámbito de la producción, sino que también se concretó a través de los cada
vez más elevados subsidios estatales, Directos e indirectos, así como mediante la obtención de una ingente renta
financiera. Se trató de fenómenos de un proceso estructural y permanente que, como tal, se expresó en términos
macro y micro económicos.
En el contexto de una creciente desindustrialización, Se registró un incremento considerable en la concentración de
la producción industrial que expresaba la consolidación de esta fracción del capital en la actividad sectorial, al
controlar una parte determinante de los nuevos emprendimientos productivos. Sin embargo, estos nuevos
establecimientos fabriles se instalaron como recursos transferidos por el Estado mediante la promoción industrial y
no con recursos propios de las empresas. Así, los subsidios derivados de la promoción industrial no alimentaron la
fuga de capitales al exterior, sino que, al mismo tiempo que definir el nuevo perfil industrial, acrecentaron el control
de los grandes grupos económicos sobre la producción industrial.
Los nuevos emprendimientos estaban dedicados a la producción de bienes intermedios (siderurgia, papel, cemento,
petroquímica, etc.) en los cuales, generalmente, los grupos económicos propietarios ya controlaban diversas
empresas líderes. De allí que puede afirmarse que la estrategia empresarial estuvo basada en consolidar sus
posiciones oligopólicas en una amplia gama de bienes industriales. Algunas de las nuevas plantas industriales les
permitieron a sus grupos propietarios ubicarse en actividades que eran proveedores o demandantes de un
establecimiento propio ya existente, es decir avanzar En la integración vertical de sus empresas o implementar una
estrategia de diversificación al introducirse en nuevas actividades que no eran ni proveedoras ni demandantes de las
empresas del grupo económico en cuestión.
De esta manera, el excedente apropiado por la fracción dominante local se concentró en la valorización financiera.
En tanto fue un periodo de una notoria ausencia de financiamiento externo para la región, las posibilidades de fugar
capital local se restringieron severamente.
Ante estas circunstancias, las crisis hiperinflacionarias le acarrearon a la oligarquía diversificada severas pérdidas
patrimoniales debido a que el excedente apropiado y valorizado financieramente en el país redujo drásticamente su
valor en dólares. Más todavía, estas Cuantiosas pérdidas patrimoniales fueron aún más acentuadas porque durante
el plan primavera se registró una repatriación del capital local, debido a las tasas de interés y al apoyo del Banco
Mundial a ese intento de política económica. Obviamente, a estas severas pérdidas se le sumaron los resultados de
la política económica que impulsaron los acreedores externos, quienes recortaron buena parte de las transferencias
de recursos estatales a los integrantes de la oligarquía diversificada.
Las repercusiones de estos factores determinaron una acentuada heterogeneidad entre los integrantes de esta
fracción, específicamente, se constata cuatro situaciones diferentes:
1. Los grupos económicos que a partir de su participación en el proceso de privatización de las empresas
públicas se consolidaron como los integrantes más poderosos de la cúpula empresarial, se integraron a la
oligarquía diversificada.
2. Los grupos económicos que se consolidaron a partir de su inserción en el mercado interno y/o Externo pero
que no participaban en las privatizaciones O no lo hacía de esa manera acostada y en función de su
esquema productivo.
3. Los grupos económicos que desaparecieron por quiebra o venta de conjunto económico o que, a raíz de
una severa Restructuración, perdieron buena parte de su gravitación económica.
4. Por otra parte, hay un conjunto de grandes grupos económicos que perdieron posiciones.