La perseverancia: Un camino de fe y enfoque
Introducción
¿Alguna vez has sentido que estás al límite, como un corredor en un
maratón enfrentando su kilómetro más difícil? En esos momentos, la
tentación de rendirse parece abrumadora. Pero también es ahí donde
descubrimos de qué estamos hechos. En la vida, esos “kilómetros 29”
son inevitables, pero Dios nos da herramientas para seguir adelante.
Desarrollo
En la Biblia, encontramos múltiples ejemplos de perseverancia
alimentada por la fe:
1. El ejemplo de Pablo:
El apóstol Pablo enfrentó múltiples desafíos en su ministerio:
cárceles, azotes, naufragios y rechazo. Sin embargo, declaró:
"No que ya lo haya alcanzado, ni que ya sea perfecto; sino que
prosigo, por ver si logro asir aquello para lo cual fui también
asido por Cristo Jesús" (Filipenses 3:12, RVR1960).
Pablo nos recuerda la importancia de seguir adelante,
enfocándonos en Cristo y no en nuestras circunstancias.
2. El consejo en Hebreos:
La carta a los Hebreos nos exhorta:
"Corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante,
puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe"
(Hebreos 12:1-2, RVR1960).
Este texto nos invita a despojarnos de todo lo que nos distraiga y
a mantener la mirada fija en Jesús, nuestra fuente de fortaleza y
esperanza.
3. La promesa en Gálatas:
Pablo también escribió:
"No nos cansemos de hacer el bien, porque a su debido tiempo
cosecharemos, si no nos damos por vencidos" (Gálatas 6:9,
NVI).
La perseverancia no solo tiene recompensas eternas, sino
también frutos visibles en el momento oportuno.
Aplicación
Para perseverar en medio de los desafíos:
1. Confía en que Dios tiene un propósito: Aunque no siempre
veas resultados inmediatos, Él trabaja para tu bien (Romanos
8:28).
2. Mantén tu enfoque en Cristo: Él es tu guía y fortaleza. Dedica
tiempo a la oración y la meditación en la Palabra.
3. Rodéate de apoyo: Busca comunidad en la fe, como dice
Proverbios 27:17: "El hierro con hierro se afila, y el hombre con
el rostro de su amigo."
Conclusión
La perseverancia no es solo un esfuerzo humano, sino una
colaboración con Dios. Cuando nos sentimos débiles, podemos
recordar Su promesa:
"Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad" (2
Corintios 12:9, RVR1960).
Así que no te rindas. Sigue adelante con fe, porque al final del camino
encontrarás no solo tu meta, sino también el gozo de saber que Dios
estuvo contigo en cada paso. ¡Corre con paciencia y termina fuerte!