Carolina.
Posted originally on the Archive of Our Own at [Link]
Rating: Explicit
Archive Warning: Creator Chose Not To Use Archive Warnings
Category: M/M
Fandoms: 呪術廻戦 | Jujutsu Kaisen (Manga), 呪術廻戦 | Jujutsu Kaisen (Anime)
Relationship: Fushiguro Toji/Gojo Satoru
Characters: Fushiguro Toji, Gojo Satoru
Additional Tags: Plot What Plot/Porn Without Plot, Idiots in Love, Anal Sex, Anal
Fingering, Oral Sex, Marking, Biting, Scratching, Nipple Licking,
Tattoos, The Author Regrets Nothing, Author Is Sleep Deprived, Top
Fushiguro Toji, Fushiguro Toji Has a Big Dick, Bottom Gojo Satoru,
Drugs, Marijuana, Smoking, Come Eating, Ass to Mouth, Kitchen Sex,
Gay Sex, Implied/Referenced Drug Use, Implied/Referenced Alcohol
Abuse/Alcoholism, Clothed Sex, Masturbation, Blow Jobs in a Car, Not
Beta Read, How Do I Tag, I'm Bad At Summaries, Rough Oral Sex,
Possessive Behavior, Possessive Gojo Satoru, Jealous Fushiguro Toji,
Multiple Orgasms, Falling In Love, Implied/Referenced Drug Addiction,
Ambiguous/Open Ending, Happy Ending, it's only implied/referenced
the bj in car tag, I'm Sorry, Morning Sex
Language: Español
Stats: Published: 2024-01-20 Words: 3,691 Chapters: 1/1
Carolina.
by renntwar
Summary
Sabía que no era el primero en su vida ni en su cama, después de todo, Toji no era su primero
tampoco. Sin embargo y sin miedo a equivocarse, sería el primero que no podría borrar de su
piel y de su recuerdo por más que quisiera.
Notes
See the end of the work for notes
Sus hermosos ojos color cielo se abrieron poco a poco al sentir los rayos del sol detrás de la
blanca cortina que había en su ventana. Se incorporó de manera lenta, varias hebras de
cabello blanco como nieve acariciaron su hombro al caer y una pequeña sonrisa se asomó en
su boquita al recordar quién le había acariciado de una manera mucho más suave hace tan
solo unas horas.
Como si fuera de porcelana, como si un mal movimiento fuera a quebrarlo en mil pedazos,
como si aquél lunar bajo su clavícula fuera maquillaje y pudiera borrarlo con sus labios o sus
manos que tantas veces había pasado por allí, adorándole. Como si fuera tan frágil que hasta
una ventisca fuera a llevárselo en pedacitos, imitando los retazos de un pintor sobre un
amplio lienzo blanco esperando pacientemente que alguien plasmara un sentimiento.
Él era el lienzo, y Fushiguro Toji era el pintor.
Abandonó la cama luego de unos minutos y se posó de inmediato frente al amplio espejo de
cuerpo completo que encontró en aquella habitación que no era suya, adorando lo que pudo
observar casi de inmediato. Su cuello lleno de besos mojados, uno seguido de otro hasta
culminar entre sus pectorales, sus pezones maltratados aún y ligeras marcas en sus caderas y
muslos. Se dió la vuelta y se sintió fallecer. Quizás no estaba en posición de ponerse tímido
ahora, pero no pudo evitar que su corazón se acelerara al hallar unas marcas de dientes sobre
su hombro, su cintura y uno de sus glúteos. Recordaba todavía ese escalofrío que le había
recorrido al sentir cómo el lunar que se posaba en uno de sus hoyuelos en su espalda baja era
besado con devoción, y cómo el más alto le dibujaba constelaciones en los lunares que se
hallaban en sus omóplatos.
Se sentía deseado, y también amado.
Buscó entre las prendas que había en el suelo la camiseta del más grande y se emocionó al
tenerla encima, "Aún huele a él", pensó, y no perdió tiempo en ponérsela. Salió de la
habitación casi de inmediato y bajó las escaleras casi corriendo, no podía esperar para verlo
aún sabiendo lo que había ocurrido la noche anterior.
Le visualizó en la cocina, dándole una deliciosa vista. Estaba de espaldas, al parecer
terminando de preparar algo de comer. Su espalda ancha desnuda, relamió su labio inferior al
ver en aquella piel espolvoreada con un poquito de canela la marca de sus uñas casi fresca.
Sabía que dolía, pero también que le encantaba cuando lo hacía. También pudo divisar
aquella marca que le había hecho con los dientes cuando en medio del acto su hombre recibió
una llamada y ni así fue capaz de dejarlo reposar, teniendo que callarse de alguna manera. Su
cabello azabache suelto y un poco ondulado debido a que se había dormido con él un poco
húmedo, sus dedos cosquillearon al fijarse casi de inmediato que fue él el culpable, que entre
besos llenos de anhelo y deseo sus dedos treparon poquito a poco, deshaciendo con gemidos
un poco más tímidos la poca cordura que le quedaba, que les quedaba a ambos, enredando
sus finos dedos entre su cabello para tener algo a lo que aferrarse. Solo un bóxer cubriendo su
apolínea figura, aquella cintura que le encantaba acariciar por debajo de la ropa llamó su
atención, nunca le había mirado con detenimiento.
Se hubiera enamorado desde antes si así fuera.
Se acercó y le abrazó con posesividad, no importa si no había nadie allí que se lo pudiera
quitar, era suyo. Quería que fuera solo suyo. Pequeños besos fueron depositados en aquél
inmenso tatuaje que cubría la mayor parte de su espalda, besitos dejados aquí y allá, en ese
lunar blanco sobre su hombro derecho, en aquél triunvirato un poquito más abajo, justo en
medio de su espalda; como si Dios hubiera pintado su figura personalmente y con detalle,
también en aquél raspón que había hecho sin querer y queriendo a la vez con sus uñas hace
solo unas horas. Sus manos se deslizaron por su abdomen notando que el mayor estaba
exageradamente marcado, y un rastro de vello que sabía perfectamente dónde terminaba.
Lo había besado mil veces, era de sus cosas favoritas.
El mayor de ambos se dió la vuelta con cuidado y conectó sus ojos casi de inmediato. Tomó
entre sus dedos el porro que lo acompañaba esa mañana mientras su verdadera adicción
dormía plácidamente entre aquellas finas telas, su mano libre viajando hasta el mentón del
más bajo y haciendo que abra su boca un poco para luego soplar allí, justo en su boca,
embelesado con la manera en la que el de cabellos color fantasía se dejaba hacer e inhalaba el
humo sin quejarse.
Una vez el humo salió por los orificios de la nariz de su chico, le regaló una sonrisa más
antes de colisionar de lleno sus labios con los ajenos, siendo correspondido al instante. Como
si sus bocas estuvieran hechas la una para la otra, encajando tan bien desde el segundo uno.
Era dominante y demandante, perfecto para alguien amante de la sumisión y el control, sin
rozar lo enfermizo, tocando todos los botones correctos en su ser. Sonrió un poco entre el
beso y mordió su labio inferior, el menor se dejó hacer una vez más antes de replicarlo.
Satoru se había levantado con ganas de comérselo a besos y quién sabe si repetir lo de
anoche, o aquello que pasó hace una semana saliendo de un restaurante. Tal vez con ganas de
replicar lo que había pasado hace un mes en el auto del Fushiguro porque no pudieron
esperar, porque ambos eran una bomba de tiempo y se necesitaban el uno al otro de todas las
maneras posibles; en el menor tiempo posible.
No sabe en qué momento se perdió, pero aquél pequeño aperitivo había sido apagado hace
unos minutos y lo único que podía sentir eran aquellas manos grandes sobre su cintura,
apretando con fuerza en ocasiones, como queriendo adiestrar la misma a que solo esas manos
eran capaces de tocarlo de esa manera, a apretarlo así, a delinear su figura con tanta
veneración. Sus manos bajaron un poquito más y el de ojos de cristal mordió su labio inferior
esperando una reacción que no tardó en llegar.
Sorpresa surcó en el rostro de Toji cuando descubrió que debajo de aquella prenda suya no
había nada más. Las manos que ahora se encontraban sobre sus glúteos apretaron y el
peliblanco emitió un pequeño ruido. Toji sabía que no era una queja, sabía que le estaba
pidiendo más.
Y era capaz de darle el mundo si se lo pedía.
Lo cierto era que todo había comenzado como un juego, un nos vemos hoy y en dos semanas
no. No supo en qué momento dejó de invitarlo solo a pasear y quemar algo por ahí para
después fundirse sobre la piel del otro a invitarlo a su casa, dormir abrazados luego de solo
un par de besos y en la mañana antes de dejarlo ir prepararle el desayuno. Fushiguro Toji
pertenecía a las calles, pero ahora era propiedad de Gojo Satoru. Era oficial, nunca se había
sentido tan completo con alguien hasta que aquél chico entró y causó estragos en su ser.
Sus manos sujetaron sus muslos y lo subieron a la amplia encimera, al carajo el desayuno,
definitivamente iba a comer algo mejor. Levantó la camisa del menor hasta la altura de su
pecho dejando al descubierto aquél precioso abdomen que portaba. Le encantaba verlo, le
encantaba besarlo, son incontables las veces que en el día su diestra viaja hasta su vientre por
debajo de la camisa solo para acariciar aquella amplia porción de piel que estaba seguro que
en algún momento le iba a convencer de tatuar. En varias ocasiones el chico le había
insinuado la idea de hacerlo, aunque de manera muy sutil.
Pero era Toji, y lo había captado todo.
Sus labios se posaron sobre aquél huesito que sobresalía en su cadera y le besó despacio,
bajando de a poquito hasta posarse sobre su miembro a propósito. Observó como una
pequeña gota de líquido preseminal brillaba en la punta y con su pulgar la presionó, luego
frotando su uretra con pequeñas mociones circulares como sabía que le gustaba. No tardó en
hacerle abrir las piernas y su corazón esquivó un latido al notar que no debía tomarse todo el
tiempo del mundo para dilatarlo. Aún estaba abierto para él, solo dos dedos serían suficientes
para hacerse espacio dentro suyo.
Llevó dos dedos a la boca del más delgado y esperó que los lubricara bien, sin perderse
aquella vista creada por el mismísimo Hímero. El chico lamía sus dedos y entre ellos, como
varias veces había hecho con su longitud. Debía admitir que esas habían sido, seguramente,
las mejores mamadas que le habían hecho en su vida. Sintió una punzada en su estómago,
celoso, ¿quién mierda le había enseñado todos esos detallitos que lo hacían aferrarse a su
cabello y gruñir como si de una bestia se tratara?
Dejó todo en el momento en que recordó cómo se veía de rodillas en medio de sus piernas,
mirándole por debajo de sus pestañas llenas de escarcha, haciendo lo posible para tomar todo
lo que pudiera, abandonando gustoso la capacidad de respirar con facilidad. También la
manera en la que sujetaba sus muslos con fuerza, indicándole que no se detuviera y siguiera
forzándolo a bajar más porque él podía. Podría correrse solo con la imágen, y no le importó
en absoluto sonar como su yo virgen de hace años.
Volviendo al momento que estaban compartiendo, sacó los dedos de la húmeda cavidad del
chico y los dirigió directo al agujero que había maltratado hace un par de horas y que
planeaba volver a maltratar.
Eso era lo que les gustaba a ambos, como era capaz de acariciarle y besarle como si pudiera
quebrarse ante el más mínimo roce, pero en la cama lo combinaban con saciar esas ganas de
solo tener más y más. Dejarse marcas y luego besarlas como si no fuera culpa suya, lo había
atrapado esa manera de besarlo despacito solo segundos después de haberlo devorado
completamente como una fiera. Mientras se sumergía en sus ideas, sus dedos se abrían y
cerraban dentro del de tez blanca manchada, sus gemidos y jadeos solo como un plus, pues la
sola imagen de joder al chico vistiendo una prenda suya era suficiente para tener uno de los
mejores orgasmos.
Cuando notó lo fácil que era entrar y salir, supo que era momento. Sujetó aquella cintura con
la que se había obsesionado, alineó su miembro con la entrada del chico y le embistió,
metiendo todo de una sola estocada, soltando una carcajada ronca cuando escuchó al de ojos
mágicos maldecir por lo alto y halar su pelo. Subió hasta tenerlo cara a cara, aquellas
lágrimas le indicaban que algo había hecho bien.
Mientras comenzaba con sus embestidas luego de unos segundos, se perdió entre sus pestañas
y la manera en la que luchaba por mantener el contacto visual, en la manera en la que su boca
se abría dejando escapar gemidos altos y agudos cada vez que daba con ese punto en su
interior que le hacía ver estrellas. También el modo en que sus dientes se apretaban cuando
siseaba, intentando grabar cada expresión. Su cabello aquí y allá, le encantaba verlo así.
Claro que le encantaba cuando el chico arreglaba su cabello y lo acomodaba hacia atrás con
su diestra, o cuando imitó su peinado y con una sonrisa de oreja a oreja le dijo que ahora eran
iguales, pero era algo más.
Había algo allí, había algo en la manera en la que su cabello estaba por todos lados sin querer,
o la manera en la que cubría sus ojos con su antebrazo para evadir el contacto visual que tan
nervioso le ponía. Quizás era su tatuaje, un pez beta plasmado en el mismo antebrazo que
ahora estaba sobre su cabeza porque consiguió las agallas para enfrentar su dura mirada, ese
que no dudó en besar con dedicación. Algo en la manera en la que sus piernas luchaban por
mantenerse abiertas para que el chico le llegara hasta los sesos, pero también querían ceñirse
sobre sus caderas para mantenerlo dentro hasta que su cuerpo entendiera que solo él era
dueño y señor de su ser.
El Fushiguro estaba fascinado con lo que veía debajo suyo, y atacó ese pequeño lunar debajo
de su labio inferior que lo volvía loco. Sonrió para sus adentros ante la imagen del universo
celoso de su Satoru, pues tenía más constelaciones en su piel que el universo estrellas en su
magnitud. Le encantaba.
También le encantaba cuando el chico se sentaba a horcajadas sobre su regazo y le usaba
como mesa para colocar el grinder, la hierba y los papelitos para armar un par de porros que
luego quemarían entre besos e insinuaciones. Estaba enamorado de la forma en la que sus
ojitos brillaban cuando llevaba uno armado a su boca y lo encendía para él, y cómo parecía
un cachorrito esperando que el contrario le pasara el humo boca a boca.
Era algo tan suyo, como él.
Quizás se perdió en el instante en que luego de un par de mimosas, le cantó bajito y sobre los
labios una canción suave, ¿o fue cuando lo vió de cerquita y descubrió esa pequeña cicatriz
en su frente luego de besarlo?
O aquél perfume con olor a coco que no pudo dejar de olfatear tras morder uno de sus
lóbulos.
No tenía idea, pero de lo que estaba seguro era que el chico bajo suyo no parecía durar mucho
más. Maravillado con la manera en la que el abdomen del chico parecía contraerse al sentirse
cada vez más al borde y sus gemidos parecían ir en aumento, se detuvo y salió de él. Satoru
no se quejó, hijo de puta el que lo hiciera, bajó de la mesada casi de manera inmediata y se
dió la vuelta quedando contra ella. Débil, optando por dejarse caer contra la superficie y
levantando la camisa hasta la mitad de su espalda antes de usar sus brazos como almohada,
notando entonces lo mucho que estaba salivando.
A Toji no le daba asco ver aquél hilo de saliva en la comisura de su labio, si lo tuviera frente
a frente lo tomaría con la lengua y le besaría hasta que sus pulmones le gritaran que era
suficiente, que tomara aire. Tampoco le dió asco arrodillarse y abrir con sus manos los
glúteos del chico antes de lamer aquél lugar que anteriormente había ultrajado. Su lengua
llenando entonces el vacío que había dejado su miembro. Sus dedos hundiéndose en los
glúteos del chico y disfrutando de tenerlo temblando, tan cerca.
Ya no podía más, Satoru no podía más. Estaba sensible y no sabía qué hacer para poder llegar
al orgasmo lo más rápido posible, por lo que solo atinó a tomar varias hebras de cabello del
pelinegro y obligarlo a mantenerse allí, comiéndolo sin oportunidad de escapar o dejarlo al
borde una vez más. Sus labios a punto de sangrar luego de morderlos tanto para acallar
gemidos que eran imposibles de ocultar porque si algo es cierto, es que el tatuado sabía
perfectamente lo que hacía y cómo hacerlo.
Sabía que no era el primero en su vida ni en su cama, después de todo, Toji no era su primero
tampoco. Sin embargo y sin miedo a equivocarse, sería el primero que no podría borrar de su
piel y de su recuerdo por más que quisiera.
Aunque no estaba seguro de querer borrar la manera en la que lo devoraba con la mirada
cuando tomaba la iniciativa y se desnudaba frente a él, o la manera en la que su lengua y
labios recorrían su cuerpo entero como si fuera una obra de arte. Tampoco estaba seguro de
querer borrar esas salidas en la madrugada donde se detenían en cualquier lugar para volver a
sentirse porque no podían mantener sus manos lejos. Mucho menos que fue el mismo hombre
que le devoraba como si fuera el platillo más rico del mundo, quien controló las cantidades de
sustancias ilícitas que consumía.
Algo que sí olvidó fue ese impulso de drogarse y emborracharse hasta no ser consciente de lo
que hacía, para luego llamar a alguno de sus contactos con los que frecuentaba y tener
relaciones intentando llenar algún vacío. Y no el que Fushiguro Toji estaba llenando
precisamente.
Un grito fue lo que lo sacó de su ensoñación y la sensación de frialdad que le inundó de
repente, tan sumido en sus pensamientos que ni siquiera notó que su voz ya estaba ronca de
tanto gritar y que se había corrido contra la mesa de mármol que adornaba la cocina.
Una vez más sintió cómo era manipulado, y ya no quiso pensar en nada más que en la lengua
que ahora se hallaba en su boca, recorriéndola una vez más como si fuera la primera vez,
cuando ya habían perdido la cuenta. Sus manos se aferraron al cuello del chico y disfrutó lo
más que pudo, tan hostil, tan sucio, tan agresivo e imponente, tan Toji que lo abrumaba de
una manera amena.
Si fuera mujer, está seguro de que estaría completamente húmeda al ver como el chico, aún
agitado, encendía el mismo porro que había dejado a un lado para darle toda su atención a él.
Si fuera mujer, se hubiera venido a chorros cuando el de ojos cazadores le miró con
arrogancia mientras inhalaba y a su vez tomaba su cabello para ponerlo de rodillas. Si le
seguía mirando con esa sonrisa de hijo de puta, definitivamente tendría otro orgasmo pronto y
sin necesidad de tocarse.
Su diestra viajó al miembro del más alto y su zurda se aferró a aquél muslo tatuado que había
tenido la oportunidad de besar cada vez que tuvo ganas, su boca yendo directo a su longitud
como si tuviera memoria muscular, pequeñas mociones circulares en la punta antes de
tomarlo de lleno. No era fanático de las felaciones hasta que conoció al chico, y se encontró a
sí mismo haciéndole una mientras manejaba. Aún sentía las caricias tras su oreja cuando
apenas empezaba, y cómo luego lo empujaba sin piedad y sin importarle si respiraba bien o
no.
Miró por debajo de sus pestañas y Toji mantuvo el humo dentro mientras guardaba la imagen
tan erótica que el chico le brindaba. Sus mejillas y naricita rojizas, un caminito de lágrimas
que luego besaría porque era consciente de que era demasiado. Pero para el Fushiguro, Gojo
Satoru siempre era demasiado. Su cabello hecho un desastre como él, su cuello lleno de
chupetones que había hecho totalmente a propósito en un momento de debilidad y
demostrarle al mundo que aquella obra de arte era suya. Imaginaba sus rodillas pálidas con
moretones por su culpa, pero les fascinaba a ambos.
Su estabilidad y cordura yéndose a la mierda en cada succión o los bombeos que hacía el
chico mientras bajaba hacia sus testículos y succionaba, antes de volver a meter todo hasta el
fondo de su garganta.
No se conocía, no supo que era capaz de llegar a comportarse como un primate hasta que el
de sonrisa coqueta se le cruzó en el camino y supo que aquél hombre sería suyo, aunque no
contaba con que sus sentimientos se verían envueltos. No había vuelta atrás, si mañana lo
separaban del chico sabría que no podría soltar ni olvidar nada.
Ningún detalle obvio, y tampoco las cositas que sacó tras mirarlo durante horas haciendo
nada.
No se iba a olvidar de Gojo.
Y tampoco de la mirada de perrito mojado que le dió el menor cuando siseó en señal de que
estaba por llegar a su éxtasis también. El de ojitos de ensoñación le miró desde abajo una vez
más mientras abría la boca y sacaba su lengua, el mayor tomó su mentón de igual manera y
luego de dejar el porro sobre el cenicero, se masturbó a sí mismo hasta finalmente correrse en
la boca de su pareja. Un par de tiritas de aquella viscosa sustancia mancharon sus mejillas y
hasta que el mayor no las limpió con su dedo índice y acercó este a su boca para que lo
limpiara hasta dejar sus dedos limpios, no tragó.
Ambos quedaron en un silencio más que nada cómodo, siendo el mismo Sanzu quien rompió
con él, riéndose.
“Buenos días para ti también, Toji.”, saludó con una amplia sonrisa en su rostro, y notable
alegría en su voz, la viva imagen del invierno.
“Ni siquiera me dejaste terminar de prepararte el desayuno, tú y yo tenemos una
conversación. No puedes hacer esto cada vez que te quedas, muñeco.”, respondió el de ojos
esmeralda tras sonreír de manera cálida, extendió su mano y una vez el menor estuvo de pie
le atrajo hasta sus brazos, escondiendo su rostro en aquél sitio que no se cansaba de besar en
momentos aleatorios, y también con la diestra jugando con aquella línea de vello que lo traía
mal.
“Yo soy el plato fuerte, pensé que ya estabas al tanto.”
Toji no sabía qué haría con él.
Se volvió personal en el momento en que no pudo dormir de tanto pensar en el de cabello
blanco, esa noche en la que se conectaron y recibió una invitación a la cama del chico que no
dudó en aceptar.
Había perdido el rumbo de su vida en el momento en que cayó tan fuerte por el chico, y
también su camino a la mesa para servir el desayuno cuando la mano bajó un poquito más e
inició un nuevo vaivén. Gruñó en su oído antes de morder su mentón y subir poquito a poco
por su mandíbula hasta llegar al cartílago de su oreja, jugando con él, mordiéndole de manera
suave. Sus manos viajando una vez más hasta sus glúteos para cargarlo como un koala e ir a
la habitación.
Tenía ganas de comérselo hasta saciarse, y no estaban prontos a eso.
End Notes
Gracias por tomarse el tiempo de leer. Hace un tiempo lo había escrito con otra pareja, pero
estos dos me pueden 🫂, si hay algún error, háganmelo saber. Ojalá haya sido de su agrado.
💗
Please drop by the Archive and comment to let the creator know if you enjoyed their work!