MONOCULTIVO
El monocultivo es referido única y exclusivamente a la plantación o siembra de un único cultivo
o especie vegetal en una extensión de tierra determinada. El tiempo de duración y la
repetición de la siembra son Independiente. El avance científico y tecnológico en el ámbito
agrícola, ayuda a que actualmente se realice el monocultivo con gran eficiencia y efectividad,
reduciendo al mínimo el empobrecimiento del suelo mediante rotaciones y fertilizaciones
periódicas de los suelos. No hacerlo bajo esta premisa es lo que ocasiona erosión, esterilidad
del suelo y la desertificación. En Uruguay el monocultivo agudiza el desequilibrio de la
biodiversidad porque aparecen especies que utilizan estos monocultivos como abrigo y
refugio, y depredan los cultivos de los campos vecinos (hortícolas, cereales, praderas) de los
cuales se alimentan: loros, palomas, zorros, víboras, entre otras, perjudicando a los pequeños
productores. La pradera natural tiene unas 2000 especies vegetales que incluyen 370 especies
de gramíneas. Estas especies en las zonas de monocultivo, desaparecen. Esto lleva a que los
individuos de la fauna autóctona que se alimentan de la pradera natural, desaparezcan de
manera que estos monocultivos forestales se comporten como verdaderos desiertos verdes.
Con la pérdida de la pradera natural desaparece la posibilidad de criar animales para carne,
leche y lana cercenando ingresos fundamentales para la economía del país. Debajo de estos
monocultivos forestales cambia la micro flora y micro fauna que integran el suelo y que son su
vida. Estos seres vivos no tienen ni las condiciones de vida, ni los nutrientes que tenían en el
campo natural y desaparecen, afectando la calidad del suelo para la producción de los
alimentos, cuando termine el ciclo productivo. Estudios recientes indican que los suelos que se
encuentran debajo de estos monocultivos se acidifican y en mayor grado debajo de los
eucaliptos que de los pinos. También estos suelos aumentan su contenido en aluminio, que en
concentraciones elevadas son tóxicos para las plantas. A esto se le agrega los problemas
ocasionados por el laboreo que provoca erosión, y que genera la compactación del suelo.
Cualquier monocultivo forestal extensivo afecta a las napas freáticas por su consumo
permanente de agua. Estas napas freáticas lentamente se retiran y agotan, sufriendo las
consecuencias los productores agropecuarios y con mayor intensidad los pequeños
productores. Un estudio realizado por un equipo de investigadores de la Facultad de Ciencias
de la Universidad de la República establece que luego de 25 años de forestación con eucaliptos
los resultados son graves. Los suelos se han vuelto más ácidos: mientras las praderas
uruguayas tienen un pH de 6,5 a 6,8, los predios que tienen plantaciones forestales mostraron
valores de 3,8 a 4. El eucalipto extrae grandes cantidades de calcio del suelo, contribuyendo a
que el pH descienda, lo que provoca que el suelo sea menos permeable por la proliferación de
hongos y micelios, que impiden que el agua penetre en la tierra aumentando así la erosión.
Otros resultados, según el estudio, son la disminución de la fertilidad, del contenido de
materia orgánica, y cambios irreversibles en la textura y estructura de los suelos.