Qué es el principio de precaución?
El principio de “precaución” o también llamado “de cautela” exige la adopción de medidas de protección antes de
que se produzca realmente el deterioro del medio ambiente, operando ante la amenaza a la salud o al medio
ambiente y la falta de certeza científica sobre sus causas y efectos. Es un concepto que respalda la adopción de
medidas protectoras ante las sospechas fundadas de que ciertos productos o tecnologías crean un riesgo grave para
la salud pública o el medio ambiente, pero sin que se cuente todavía con una prueba científica definitiva de tal
riesgo.
El principio de precaución en materia ambiental se distingue del principio de prevención porque el primero exige
tomar medidas que reduzcan la posibilidad de sufrir un daño ambiental grave a pesar de que se ignore la
probabilidad precisa de que éste ocurra, mientras que el principio de prevención obliga a tomar medidas dado que
se conoce el daño ambiental que puede producirse.
¿Se trata de un principio ético?
El principio de precaución ha sido cuestionado como principio ético en gran medida porque no es considerado un
principio sino un conjunto de principios. El principio de “precaución” o también llamado “de cautela” exige la
adopción de medidas de protección antes de que se produzca realmente el deterioro del medio ambiente, operando
ante la amenaza a la salud o al medio ambiente y la falta de certeza científica sobre sus causas y efectos.
Según el principio de precaución, cuando haya peligro de considerable reducción o pérdida de diversidad biológica,
la falta de certeza científica absoluta no deberá utilizarse como razón para postergar la adopción de medidas que
impidan o minimicen dicho peligro. Señala que en caso de presentarse una falta de certeza científica absoluta frente
a la exploración o explotación minera de una zona determinada, la decisión debe inclinarse necesariamente hacia la
protección de medio ambiente, pues si se adelanta la actividad minera y luego se demuestra que ocasionaba una
grave daño ambiental, sería imposible revertir sus consecuencias.
El principio de precaución es actualmente una herramienta hermenéutica de gran valor para determinar la
necesidad de intervención por parte de las autoridades públicas ante daños potenciales al medio ambiente y la salud
pública. La utilización de esta herramienta no se opone a ningún principio constitucional. Sin embargo, debe tenerse
presente que se trata de un enfoque excepcional y alternativo frente al principio de certeza científica.
Se aplica este principio en los casos en que ese previo conocimiento no está presente, pues tratándose de éste, el
riesgo o la magnitud del daño producido o que puede sobrevenir no son conocidos con anticipación, porque no hay
manera de establecer, a mediano o largo plazo, los efectos de una acción, lo cual tiene su causa en los límites del
conocimiento científico que no permiten adquirir la certeza acerca de las precisas consecuencias de alguna situación
o actividad, aunque se sepa que los efectos son nocivos.
El principio de precaución supone que existen evidencias científicas de que un fenómeno, un producto o un proceso
presentan riesgos potenciales a la salud o al medio ambiente, pero esas evaluaciones científicas no son suficientes
para establecer con precisión ese riesgo. Y es que si no hay evidencias básicas de un riesgo potencial, no puede
arbitrariamente invocarse el principio de precaución para inhibir el desarrollo de ciertas prácticas comerciales o
investigativas. Por el contrario, en los casos de que haya sido detectado un riesgo potencial, el principio de
precaución obliga a las autoridades a evaluar si dicho riesgo es admisible o no, y con base en esa evaluación deben
determinar el curso de acción.
Las autoridades ambientales y los particulares darán aplicación al principio de precaución conforme al cual, cuando
exista peligro de daño grave e irreversible, la falta de certeza científica absoluta no deberá utilizarse como razón para
postergar la adopción de medidas eficaces para impedir la degradación del medio ambiente.
El principio de precaución se aplica cuando el riesgo o la magnitud del daño producido o que puede sobrevenir no
son conocidos con anticipación, porque no hay manera de establecer, a mediano o largo plazo, los efectos de una
acción, lo cual generalmente ocurre porque no existe conocimiento científico cierto acerca de las precisas
consecuencias de alguna situación o actividad, aunque se sepa que los efectos son nocivos.
El principio de precaución se erige como una herramienta jurídica de gran importancia, en tanto responde a la
incertidumbre técnica y científica que muchas veces se cierne sobre las cuestiones ambientales, por la
inconmensurabilidad de algunos factores contaminantes, por la falta de sistemas adecuados de medición o por el
desvanecimiento del daño en el tiempo. El principio de precaución no responde exclusivamente al peligro, noción
que se refiere exclusivamente a una posibilidad de daño. Este responde más bien al riesgo, es decir, a un cierto
grado de probabilidad de un daño, en las situaciones en que la magnitud de dicha probabilidad no se ha podido
establecer con certeza. En ese orden de ideas, se destaca que uno de los elementos esenciales del principio de
precaución es la existencia de un mínimo de certeza que, aunque insuficiente e incompleto, permite partir de un
punto cierto y no de una ignorancia absoluta. Esto, además, sirve para diferenciar el principio de precaución del de
prevención, los cuales son muchas veces utilizados indistintamente. Como se indicó, el principio de precaución parte
de que exista un mínimo de seguridad sobre los efectos de la actividad, mientras que el de prevención parte de que
se produzca certidumbre en ellos.
¿Qué es el principio de precaución o cautela? El principio de precaución es un enfoque de la gestión del riesgo,
según el cual, en caso de que una determinada política o acción pudiera causar daños a las personas o al medio
ambiente y no existiera consenso científico al respecto, la política o acción en cuestión debería abandonarse.
¿Cuáles son los 3 principios precautorios? El principio precautorio contiene tres elementos o presupuestos
necesarios para su configuración:
a) la ausencia de información o certeza científica;
b) la evaluación del riesgo de producción de un daño y
c) el nivel de gravedad del daño.
¿Qué diferencia hay entre el principio de prevención y el principio precautorio? El principio de prevención busca
evitar daños seguros y mensurables, mientras el principio de precaución busca impedir riesgos cuando existe la duda
sobre los mismos.
¿Qué es el principio precautorio Argentina? Principio precautorio: Cuando haya peligro de daño grave o irreversible
la ausencia de información o certeza científica no deberá utilizarse como razón para postergar la adopción de
medidas eficaces, en función de los costos, para impedir la degradación del medio ambiente.
¿Cómo se aplica el principio de prevención? El principio de prevención es aquel por el cual, ante una situación de
riesgo cierto, deben adoptarse las medidas de vigilancia y previsión necesarias para evitar las posibles consecuencias
negativas. Este principio se basa en la primera de las virtudes cardinales mencionada por Aristóteles: la prudencia.
¿Qué es el principio precautorio y ejemplos? El principio de precaución es un concepto que respalda la adopción de
medidas protectoras ante las sospechas fundadas de que ciertos productos o tecnologías crean un riesgo grave para
la salud pública o el medio ambiente, pero sin que se cuente todavía con una prueba científica definitiva de tal riesgo.
¿Quién inventó el principio precautorio? El principio de precaución es un concepto que respalda la adopción de
medidas protectoras antes de contar con una prueba científica completa de un riesgo. Mediante resolución tomada
por el Consejo Europeo en diciembre del 2000 en Niza, los estados miembro de la Unión Europea precisaron el
principio precautorio.
¿Qué actividades podemos desarrollar para ayudar en el principio precautorio?
Los pasos son simples:
1) caracterizar y entender el problema o amenaza potencial;
2) determinar lo que se sabe y lo que no se sabe;
3) identificar alternativas para la actividad o el producto;
4) evaluar las alternativas;
5) establecer una línea de acción, y
6) realizar un seguimiento.
¿Cómo lo definiría al principio de acción precautoria en el derecho ambiental? La acción precautoria: La esencia
del principio precautorio es que entrega una razón para tomar medidas preventivas en contra de una actividad en
ausencia de certeza científica, antes de continuar la práctica sospechosa, mientras está bajo estudio o sin estudio
¿Que permite la prevención? Medidas orientadas a evitar la aparición de una enfermedad o problema de salud,
mediante el control de los agentes causales y factores de riesgo. Medidas orientadas a detener o retardar el
progreso de una enfermedad o problema de salud, ya presente en un individuo en cualquier punto de su aparición.
¿Cuál es el concepto de principio? Los principios son el conjunto de valores, creencias, normas, que orientan y
regulan la vida de la organización. Son el soporte de la visión, la misión, la estrategia y los objetivos estratégicos.
Estos principios se manifiestan y se hacen realidad en nuestra cultura, en nuestra forma de ser, pensar y
conducirnos.
¿Cuáles son las ventajas del principio precautorio? El Principio Precautorio prescribe implementar acciones que
impidan la materialización de un riesgo -en particular de desarrollo o tecnológico- de daño grave e irreparable al
entorno, la vida o salud humana, cuyas causas, consecuencias e intensidad son científicamente inciertas e
imprevisibles.
Además encontré este trabajo sobre principio precautorio
El principio precautorio en el Derecho Ambiental
Por Nicolás Ferla (Quevedo Abogados)
El link para poder verlo es https://abogados.com.ar/el-principio-precautorio-en-el-derecho-ambiental/17761
“No hay mejor reparación de un perjuicio que su propia evitación” (1)
Mucho se ha discutido en el último tiempo sobre el principio precautorio o de precaución en el derecho ambiental.
Existen voces encontradas sobre el rol de este principio, que tiene como primeros antecedentes al derecho
ambiental alemán de 1970 con la Vorsorgeprinzip y en el ámbito internacional con la Conferencia de Estocolmo del
Medio Ambiente de 1972, germen de lo que a la postre fue el primer gran encuentro internacional de derecho
ambiental celebrado en la ciudad de Rio de Janeiro en el año 1992.
Si bien no reviste gran antigüedad tampoco podría decirse que el principio precautorio es una gran novedad en el
campo del derecho internacional ambiental, dado que lleva más de cuarenta años instalado en el marco de las
decisiones regulatorias de esta rama del derecho. A nivel continental, el Tratado de Maastricht de 1992 en su artículo
130 R incluye al principio precautorio como una de sus bases en la regulación ambiental comunitaria, así como
también se encuentra previsto en la Convención sobre el Derecho del Mar y en la Convención Marco de las Naciones
Unidas sobre el Cambio Climático, la cual en su artículo 3.3 dice: “Las partes deberían tomar medidas de precaución
para reducir al mínimo las causas del cambio climático y mitigar los efectos adversos. Cuando haya amenaza de daño
grave e irreversible, no deberían utilizarse la falta de total certidumbre científica como razón para postergar tales
medidas, tomando en cuenta que las políticas y medidas para hacer frente al cambio climático deberían ser eficaces
en función de los costos a fin de asegurar beneficios mundiales al menor costo posible.”
Sin perjuicio de la existencia prolongada de este instituto en diversos cuerpos normativos, sea internacionales o
nacionales, el principio de precaución ha sido desde sus primeros orígenes motivo de diversas discusiones y no ha
quedado exento de ciertas polémicas.
El avance de la industria en pos del desarrollo y el bienestar, entendido como el acceso a mayores y mejores bienes y
servicios para la mejora en nuestra calidad de vida, ha provocado y continúa provocando contextos y situaciones
inciertas hacia el futuro. Tal situación nos coloca frente a contextos desconocidos de los cuales muchas veces no
tenemos certeza de sus futuras consecuencias. El propio avance de la ciencia y la tecnología, si bien nos permite un
progreso (inmediato) en nuestra calidad de vida, en muchas ocasiones nos posiciona ante riesgos inesperados que no
podemos visualizar o prever y mucho menos prevenir.
Es en este sentido que considero al principio precautorio como uno de los pilares fundamentales del derecho
ambiental y una herramienta de vital importancia para dirimir aquellas circunstancias en que el regulador se
enfrenta a un posible daño ambiental (grave o irreversible) y que en virtud de la incertidumbre o la falta de
información se torna dificultosa una decisión.
Antecedentes
La República Argentina recepta en el artículo cuarto de la Ley General de Ambiente (L. 25.675 sancionada el
06/11/2002) el principio precautorio, el cual reza de la siguiente manera: “Principio precautorio: Cuando haya peligro
de daño grave o irreversible la ausencia de información o certeza científica no deberá utilizarse como razón para
postergar la adopción de medidas eficaces, en función de los costos para impedir la degradación del medio
ambiente.”
Podemos decir que nuestros legisladores tomaron como modelo de principio precautorio, aquél que fuera incluido
como el principio 15 adoptado en la Conferencia de Rio sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo de 1992
(Declaración de Río) cuyo texto reza de la siguiente manera: Con el fin de proteger el medio ambiente, los Estados
deberán aplicar ampliamente, el criterio de precaución conforme sus capacidades. Cuando haya peligro de daño
grave e irreversible, la falta de certeza científica absoluta no deberá utilizarse como razón para postergar la adopción
de medidas eficaces en función de los costos para impedir la degradación del medio ambiente.
Sin perjuicio de ciertos matices jurídicos en su redacción, es más que evidente la semejanza entre ambas
definiciones. El principio precautorio contiene tres elementos o presupuestos necesarios para su configuración: a) la
ausencia de información o certeza científica; b) la evaluación del riesgo de producción de un daño (2) y c) el nivel de
gravedad del daño.
La ausencia de información o certeza científica
Conforme a lo descripto previamente, el elemento de incertidumbre científica es una particularidad muy
característica en la política regulatoria ambiental y el derecho ambiental en general. Es indiscutible que la gran
mayoría de los problemas o conflictos ambientales trae aparejado cuestiones de índole científica y económica de
muy compleja resolución, y es justamente el tratamiento y el análisis del elemento de la incertidumbre científica un
aspecto central en el esquema de la regulación ambiental.
Es normal que los reguladores o las autoridades se encuentren en situaciones de desconocimiento o incertidumbre
frente a actividades antrópicas que puedan provocar posibles reacciones adversas en el ambiente. Por supuesto que
se pueden prever ciertas reacciones o consecuencias frente a determinadas actividades pero no siempre tales
previsiones son factibles, sea por falta de información, desconocimiento o simplemente imposibilidad científica.
También es muy cierto que en muchas ocasiones la “certeza” puede llegar muy tarde cuando el daño ambiental ha
ocurrido y su recomposición o restablecimiento es de difícil o imposible cumplimiento.
Dicha incertidumbre científica no solamente se hace patente frente a actividades humanas que puedan implicar un
impacto en el ambiente sino también frente a aquellas actividades que impliquen la conservación de los recursos
naturales. Es decir, qué certeza tendremos sobre la efectividad de determinadas medidas que la autoridad pueda
tomar a efectos de proteger un determinado recurso natural. No se trata de una formula exacta que frente a una
determinada acción sabremos el resulta de la misma.
Frente a esta circunstancia no queda más remedio que priorizar el desarrollo de mayor y mejor información. Es
imperioso, de parte del legislador y del regulador la exigencia de que frente a una determinada actividad se le exija al
promotor de dicha actividad un estudio profundo de las acciones a desarrollar, un análisis en base a pruebas
científicas, modelos de predicción y toda otra medida adecuada de acuerdo a la actividad que se pretenda
desarrollar, a efectos de proveer un base cierta sobre la cual diseñar políticas regulatorias.
Ahora bien y sin perjuicio de lo expuesto, en muchas ocasiones ni el mayor estudio o análisis científico puede
brindarnos certidumbre sobre una determinada actividad. Ante tal circunstancia es cuando interviene el principio
precautorio como estrategia reguladora. Según Demetrio Loperena Rota, (3) “el principio de precaución exige que
cuando una duda razonable surja en relación con la peligrosidad de cualquier actividad de repercusiones
ambientales, se evite la misma, o se tomen las medidas para que ese eventual daño-científicamente no comprobado
todavía- no llegue a producirse.” Es en dicho contexto que podemos argüir que el principio precautorio pretende
tener carácter proactivo a diferencia de las tradicionales estrategias regulatorias reactivas (recomposición) aplicadas
a riesgos individuales o particulares.
La evaluación del riesgo de producción de un daño
La evaluación científica del riesgo de producción del daño es un elemento central en la configuración del principio
precautorio. Es en esta instancia en que se encuentra (el legislador o el regulador) frente a un contexto de muy difícil
análisis ya que no existe una elemento cierto o concreto para anticipar la existencia de un riesgo. El agente
encargado de efectuar dicha evaluación no cuenta con elementos concretos que pueda sopesar a efectos de
mensurar un posible daño. A diferencia del principio preventivo (artículo 4º de la Ley 25.675), el cual también tiende
a evitar un daño futuro pero cierto y mensurable, en el caso del principio precautorio, la evaluación del riesgo del
daño es mucho más compleja dada la falta de certeza de su producción. Roberto Andorno afirma que “en el caso de
la “prevención”, la peligrosidad de la cosa o de la actividad es bien conocida, y lo único que se ignora es si el daño va
a producirse en un caso concreto. En cambio, en el caso de de la “precaución”, la incertidumbre recae sobre la
peligrosidad misma de la cosa, dado que los conocimientos científicos son todavía insuficientes para dar respuesta
acabada al respecto” (4). Es decir que pese a la existencia de un peligro o amenaza de ocurrencia de un daño, es de
extrema dificultad prever que ocurra y qué daños ocasionará. Frente a este panorama, se proponen metodologías
para la evaluación del riesgo, a las cuales me limito a su simple mención dada la extensión de este artículo, entre las
cuales se puede incluir (5) : 1) Identificar la posible amenaza y caracterizar el problema; 2) Identificar lo que se sabe y
lo que no se sabe sobre la amenaza; 3) Reformular el problema para obtener una descripción de lo que debe
hacerse; 4) Evaluar las alternativas; 5) Determinar el curso de acción; 6) Realizar un monitoreo y seguimiento.
Amenaza de daño grave o irreversible
El principio precautorio adoptado por la Ley General de Ambiente establece la necesidad de que exista una amenaza
de daño grave o irreversible, lo cual genera, a criterio de Ricardo Lorenzetti dos objeciones: a) No se especifica cuan
grave debe ser el daño para comenzar a actuar y b) Es contradictorio exigir un hecho comprobable (amenaza de daño
grave) que al mismo tiempo debe ser incierto para que se aplicable la precaución. (6)
Como primer medida debemos decir que la necesidad a la cual apunta el principio precautorio de que el daño sea
grave o irreversible, implica imponer un marco de razonabilidad en la aplicación del principio precautorio, lo cual
significa que no pueda ser aplicado a cualquier tipo de situación sino que más bien sea aplicable a casos de daños de
extrema gravedad y que a priori sean irreversibles.
En virtud de que el principio de precaución obedece a un criterio de cautela y prudencia en el que los posibles riesgos
deben ser analizados minuciosamente, aplicar el principio precautorio ante todo tipo de situación dañosa generaría
un sinnúmero de complicaciones para el regulador. Considerado en ciertas ocasiones como un principio
“intolerante” frente a determinadas actividades y en ocasiones muy restrictivo, establecer un criterio valorativo del
daño (grave e irreversible) deviene imprescindible para el regulador a fin de evitar la “excesiva” aplicación del
principio precautorio. Entendemos que la gravedad del daño o el hecho de que sea reversible o no, determinará el
risk managment necesario para cada circunstancia. De ser un daño reversible, será susceptible, en principio, de una
recomposición, mientras que en caso de que el daño sea grave e irreversible, el standard de rigurosidad será mayor y
es en esta circunstancia en que será aplicable el principio precautorio restringiendo o impidiendo la realización de la
actividad cuestionada.
La inversión de la carga probatoria
Sin entrar en mayores profundidades respecto al proceso ambiental, es importante aclarar que a raíz de la
incorporación de los principios de prevención y precaución al esquema regulatorio ambiental nacional, y
puntualmente con la adopción de este último, existe una inversión de la carga probatoria dado que no estamos
frente al principio de quien alega un hecho (en este caso un potencial daño) debe probarlo, sino que es el promotor
de la actividad potencialmente dañosa quien debe probar la inexistencia de esa amenaza o peligro de daño.
En palabras del Dr. Antonio Benjamin, “...ya no cabe a los titulares de los derechos ambientales probar los efectos
negativos (ofensividad) de emprendimientos llevados a la apreciación del bien público, como es el caso de los
instrumentos afiliados al régimen de simple prevención, por ejemplo, el estudio de impacto ambiental, (sino que) se
impone a los degradadores potenciales la carga de probar la inofensividad de la actividad propuesta.” (7)
Conclusión
A modo de conclusión, considero que la incorporación de la tutela preventiva al marco regulatorio ambiental
argentino, con la adopción de los principios preventivo y precautorio es un gran avance en pos de la protección del
medio ambiente. Ahora bien, es sumamente delicado restringir actividades que propendan al desarrollo del hombre
en su bienestar y calidad de vida. Nos encontramos frente a un difícil dilema que podría implicar coartar el desarrollo
industrial, y en consecuencia el bienestar del hombre, en pos de mantener la incolumidad del medio ambiente.
Asimismo, corremos riesgo de adoptar posturas extremas que impliquen restringir cualquier actividad humana que
pueda significar un riesgo potencial para el medio ambiente. Es importante aclarar que toda actividad implica un
riesgo y saber lidiar con dichos riesgos es un elemento inevitable de la propia condición humana. Considero que es
imprescindible no caer en el simplismo de las reacciones emocionales sobre la potencialidad de un determinado
riesgo que exponga a la demonización del promotor de una determinada actividad, provocando la falsa dicotomía
entre “ambientalistas” y “explotadores” del ambiente. Dicha lógica binaria de desarrollo o medio ambiente debe ser
superada por un proyecto más ambicioso de desarrollo sustentable que favorezca al hombre y proteja al medio
ambiente.
A mi juicio, la prohibición debería ser una medida de carácter excepcional. Las posibilidades estratégicas de afrontar
un peligro de daño grave para el medio ambiente deberían discurrir a través de un abanico de medidas que incluya
obligaciones de estudio, monitoreo, obligación de recabar información e investigación adecuada a efectos de salir de
la incertidumbre y tomar la medida precautoria más óptima para la protección del medio ambiente.
(1) Roberto A. VAZQUEZ FERREIRA, Responsabilidad por daños (elementos), Buenos Aires, Depalma, 1993, pag. 235.
(2) Facciano (2001: 247ss)
(3) Demetrio Loperena Rota, Lecciones, Master Universidad del País Vasco, España, 1998, págs. 2006-2.
(4) Roberto Andorno (2002: 1236ss)
(5) Joel Tickner, Carolyn Raffensperger, Nancy Myers, Science and Environmental Healt Network, 1999
(6) Ricardo Luis Lorenzetti, Teoría del Derecho Ambiental, Buenos Aires, La Ley, 2009, pags. 65-96 (7) Antonio E.
Benjamín, “Derechos de la Naturaleza”, en Obligaciones y contratos en los albores del siglo XXI, Buenos Aires,
Abeledo-Perrot, 2001, pág. 32