Fluidos y Vasopresores
Fluidos y Vasopresores
Arnaldo Dubin. Jefe Terapia Intensiva, Sanatorio Otamendi y Miroli, Buenos Aires. Profesor
Titular de Terapia Intensiva y Profesor Adjunto de Farmacología Aplicada, Facultad de Ciencias
Médicas, Universidad Nacional de La Plata.
I. Introducción
II. Fluidos
a. Soluciones de ClNa
3. Soluciones coloides
a. Albúmina
b. Hidroxietialmidones (HEA)
c. Gelatinas
d. Dextranos
b. Receptores adrenérgicos
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c. Acciones farmacológicas
a. Adrenalina
b. Noradrenalina
c. Dopamina
d. Fenilefrina
a. Vasopresina
b. Terlipresina
c. Angiotensina II
5. Drogas inotrópicas
b. Dobutamina
c. Milrinona
d. Levosimendan
I. Introducción
El shock es un complejo síndrome resultante del fallo del sistema cardiovascular para
mantener la perfusión y la oxigenación tisular. Los diferentes tipos de shock (hipovolémico,
cardiogénico, distributivo y obstructivo) tienen características fisiopatológicas propias (1). Las
mismas establecen modalidades y objetivos de resucitación particulares. No obstante, la necesidad
de optimizar la precarga ventricular, lograr una adecuada presión arterial (PA) y restaurar el
volumen minuto cardíaco (VMC) y la perfusión tisular determinan que tanto fluidos, vasopresores
e inotrópicos puedan ser requeridos en ciertos momentos evolutivos de cada clase etiológica de
shock. La reposición de fluidos es el componente más relevante del tratamiento del shock
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hipovolémico. En ciertas situaciones, los cambios hemodinámicos provocados
por la respuesta inflamatoria secundaria pueden requerir la administración de drogas
vasoconstrictoras y, eventualmente de fármacos que predominantemente incrementen la
contractilidad. El manejo del shock cardiogénico demanda primariamente el aumento del
inotropismo, pero frecuentemente deben emplearse drogas vasopresoras para mantener la PA y
soluciones para corregir ocasionales reducciones en la precarga ventricular. En el shock séptico en
particular, las alteraciones de la perfusión periférica resultan de la interacción de complejos
mecanismos fisiopatológicos. Estos comprenden alteraciones del volumen intravascular, trastornos
de la función miocárdica y anormalidades en el tono vascular que pueden asociarse con fallo
microcirculatorio. Por lo tanto, fluidos, vasoconstrictores e inotrópicos pueden ser necesarios.
II. Fluidos
Los pacientes en estados de shock tienen severos déficits del volumen intravascular
efectivo. Los mismos son debidos a variados factores relacionados con la causa del shock
(sangrado, tercer espacio, vómitos, diarrea), pérdidas insensibles (hiperventilación, sudoración,
fiebre), falta de ingesta, pérdidas extravasculares por aumento de la permeabilidad y vasodilatación
venosa. Consecuentemente, la optimización del volumen intravascular con fluidos es uno de los
aspectos más relevantes del tratamiento del shock. La administración insuficiente de fluidos puede
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exacerbar la hipoperfusión tisular y empeorar el pronóstico. Por el contrario, el
aporte excesivo puede provocar edema tisular con aumento de las distancias difusionales del
oxígeno, compromiso de la oxigenación tisular, edema pulmonar y síndrome compartimental
abdominal. Por lo tanto, la identificación de pacientes con hipoperfusión tisular que mejorarán el
VMC en respuesta a la expansión con fluidos es también otra tarea fundamental en la evaluación
y el tratamiento del shock. Para este objetivo, evidencias contundentes demuestran la superioridad
de los índices dinámicos (variación respiratoria de la presión del pulso, elevación pasiva de los
miembros inferiores, etc.) sobre las valoraciones estáticas de la precarga (presión de aurícula
derecha, presión pulmonar acuñada) (2-4). Para la resucitación con fluidos existen múltiples
alternativas. Cada fluido tiene características propias, comenzando por su capacidad para la
expansión del volumen intravascular. Adicionalmente, las soluciones pueden tener efectos
farmacológicos potencialmente beneficiosos tales como mejorías en la función microvascular o
disminución de la inflamación, pero también efectos adversos potencialmente graves. Durante
muchos años, la elección del fluido más apropiado ha sido motivo de encendidos debates, en parte
alimentados por la falta de datos concluyentes sobre la eficacia y seguridad de las diferentes
alternativas. Recientemente, distintos estudios observacionales y controlados han generado
evidencia científica que permite orientar más certeramente esta selección y realizar
recomendaciones más definidas.
a. Soluciones de ClNa. La solución de ClNa 0.9% era probablemente la solución más empleada
en la resucitación con fluidos. Actualmente, su uso disminuyó del 65.5% en 2007 a 26.4% en 2014
(6). Aunque es denominada solución fisiológica, contiene concentraciones suprafisiológicas de Na+
y Cl- (154 mEq/L) y tanto su base buffer como su diferencia de iones fuertes es de 0 mEq/L. Por
ende, es predecible que la infusión de grandes volúmenes provoque hipernatremia y, especialmente
acidosis metabólica hiperclorémica (7).
Solución de Ringer lactato. Es la más usada de las soluciones electrolíticas balanceadas. Dado que
es hipoosmolar en relación con el plasma (276 mOsm/l), su gran desventaja es que puede favorecer
el desarrollo de hiponatremia. No debería administrarse junto a productos sanguíneos o circuitos
con citrato de calcio, ya que puede inducir la formación de coágulos. Se ha planteado que podría
exacerbar la hiperlactacidemia y la acidosis en estados de shock. Sin embargo, esto nunca ha sido
demostrado. Por el contrario, el lactato podría ser un excelente combustible energético en estados
de shock.
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Solución de Ringer acetato. Hay distintas formulaciones. Lamentablemente,
esta solución es hiperclorémica. Además, con el uso de acetato se han descripto alteraciones de la
oxigenación pulmonar, vasodilatación e hipotensión arterial.
Plasmalyte®.Tiene osmolaridad normal y carece de calcio, pero no está disponible en nuestro país.
De todas maneras, en la Argentina se encuentra disponible una solución de características similares,
la solución polielectrolítica isotónica Rivero®.
Un estudio prospectivo y secuencial comparó dos períodos de 6 meses en los que pacientes
críticos recibieron soluciones ricas en Cl (n = 760) (ClNa 0.9%, gelatina succinilada 4% o albúmina
4%) o pobres en Cl (n = 773) (lactato–solución de Hartmann, solución balanceada de acetato y
gluconato–Plasmalyte 148®, y albúmina 20%) (7). Las soluciones restringidas en Cl causaron
menos acidosis metabólica y se asociaron con reducciones significativas de la creatinina sérica, del
fallo renal agudo y de la terapia de reemplazo renal, junto a una manifiesta reducción de los costos.
Los efectos nocivos de las soluciones ricas en Cl pueden deberse a vasoconstricción renal
provocada por la reabsorción tubular de Cl. Asimismo, la mayor entrega de Cl a la mácula densa
puede activar la retroalimentación tubuloglomerular, provocando vasoconstricción arteriolar
aferente, contracción mesangial y reducción del filtrado glomerular. También la infusión de Cl
puede inducir liberación de tromboxano y subsecuente vasoconstricción.
Pese a que toda esta información no establece conceptos definidos, es altamente sugestivo
de que el uso de solución fisiológica (un concepto más adecuado sería altas dosis de solución
fisiológica) puede estar relacionado con incremento de la mortalidad y efectos adversos graves y,
por lo tanto, debería evitarse. También debe enfatizarse que las soluciones balanceadas en el trauma
se asocian a mayor mortalidad.
a. Albúmina. La albúmina humana es un coloide natural, con un peso molecular (PM) de 69 kDa.
Explica alrededor del 80% de la presión oncótica del plasma. Tiene funciones fisiológicas
antioxidantes y de transporte de moléculas y drogas. Experimentalmente, ejerce acciones
antiinflamatorias. Puede administrarse al 5% en solución fisiológica o al 20% en soluciones con
bajo contenido de Cl. Puede provocar reacciones alérgicas e inmunológicas. Aunque siendo un
derivado de sangre humana tendría riesgo potencial de transmisión de enfermedades virales o
priones, las mismas no han sido halladas en estudios de farmacovigilancia.
El estudio SAFE evaluó casi 7.000 pacientes críticos que recibieron albúmina 4% o ClNa
0.9% (15). La mortalidad fue similar en ambos grupos pero en pacientes con traumatismo de
cráneo, el uso de albúmina incrementó la mortalidad. Por el contrario, en enfermos con sepsis , la
mortalidad se redujo un 5%, diferencia, sin alcanzar significación estadística. La relación entre los
volúmenes administrados de albúmina y ClNa 0.9% fue 1:1.4. La PAM fue semejante, aunque con
albúmina la presión venosa central fue mayor y la frecuencia cardíaca (FC) menor.
Algunos metaanálisis sugieren que la albúmina es el coloide más seguro y que reduce la
incidencia de complicaciones, incluyendo muerte (16). En contraste a la albúmina isooncótica,
soluciones hiperoncóticas (20-25%) podrían ser nefrotóxica y aumentar la mortalidad (17). El
ALBIOS fue un estudio, multicéntrico, abierto, aleatorizado que incluyó pacientes con sepsis o
shock séptico (18). Los pacientes se asignaron a recibir solución salina sola o solución salina más
albumina 20% con el objetivo de mantener niveles plasmáticos de albumina sérica de ≥30 g/l. No
se encontraron diferencias significativas en la evolución de ambos grupos.
Un metaanálisis (19), que incluyó más de 27000 pacientes críticos, encontró que en los
pacientes que requieren grandes cantidades de cristaloides para la estabilización hemodinámica, la
PAM es mayor y los balances de fluidos son menores con el uso de albumina. Aunque las
soluciones albúmina son seguras, la evidencia disponible es insuficiente para generar
recomendaciones definidas sobre su utilización. Además, el mayor impedimento para su uso es el
elevado costo.
Los almidones de mayores PMs y grados de sustitución (HEA 200/0.5 y HEA 200/0.6) han
sido abandonados por su definida nefrotoxicidad y por un probable aumento de la mortalidad (21,
22). Por el contrario, los HEA de bajo PM (HEA 130/0.4 y 130/05) han sido las soluciones más
ampliamente empleadas para la resucitación hasta hace pocos años (5). Esta práctica es cuestionada
por evidencia reciente.
De acuerdo con la evidencia disponible es posible concluir que los nuevos HEA de PM
130 no tienen mayor eficacia que las soluciones cristaloides. Sus exiguas ventajas para lograr la
estabilidad cardiovascular y reducir el volumen infundido y el balance hídrico positivo, no
impactan en la evolución de los pacientes. Su perfil de seguridad incluye nefrotoxicidad,
alteraciones de la coagulación, mayores requerimientos transfusionales y alteraciones de la función
hepática. Además, sus costos son más elevados. En conclusión, el estado actual del conocimiento
sugiere que las soluciones de HEA no deben usarse en pacientes críticos.
d. Dextranos. Son mezclas de polímeros de glucosa de diferente PM. El dextrán 40 (40 kDa) se
ha usado esencialmente por sus efectos reológicos y antitrombóticos y el dextrán 70 (70 kDa) para
fluidoterapia. Son degradadas en moléculas más pequeñas y eliminadas por riñón o metabolizadas
a dióxido de carbono y agua. Pueden provocar efectos anafilácticos, antihemostáticos, alterar la
determinación del grupo sanguíneo y provocar insuficiencia renal por precipitación de la molécula
o por hiperviscosidad. Por estas razones, su uso está casi abandonado.
II. 4. Recomendaciones sobre la selección del fluido para el tratamiento del shock.
Las drogas no adrenérgicas actúan sobre receptores diferentes a los adrenérgicos. Tanto las
drogas adrenérgicas como las no adrenérgicas pueden tener efectos predominantemente
vasoconstrictores, inotrópicos positivos o ambas acciones.
Un ensayo clínico controlado comparó los efectos de noradrenalina y dobutamina con los
de la adrenalina en 330 pacientes con shock séptico (32). La diferencia en mortalidad no fue
estadísticamente significativa, pero existió una tendencia a ser mayor con adrenalina (40 vs. 34
%). Asimismo, este grupo presentó mayor grado de acidosis láctica. Otro estudio que comparó
adrenalina y noradrenalina tampoco pudo demostrar diferencias en la mortalidad (34). Sin
embargo, un mayor número de pacientes que recibían adrenalina (12.9% vs 2.8%) necesitaron
discontinuar su uso debido a acidosis metabólica, taquicardia o incapacidad para alcanzar los
objetivos hemodinámicos propuestos.
La noradrenalina es más potente que la dopamina y puede ser más efectiva para revertir
la hipotensión arterial. En un ensayo controlado, los objetivos hemodinámicos se alcanzaron en
el 93% de los pacientes con noradrenalina y en sólo el 31% con dopamina (33). Además, los
pacientes que no respondieron a la infusión de dopamina, lo hicieron a la noradrenalina. Aunque
tres ensayos clínicos controlados, dos en comparación con adrenalina (32,34) y otro con dopamina
(3737), no evidenciaron disminución de la mortalidad, un metaanálisis sugiere que la
noradrenalina disminuye la mortalidad del shock séptico (38). El shock cardiogénico parece ser
el más favorecido con el uso de noradrenalina (377). De todos modos, la noradrenalina claramente
posee un mejor perfil de seguridad.
Por sus efectos renales, la dopamina se ha empleado en dosis bajas para prevenir o
mejorar la insuficiencia renal en pacientes críticos. Sin embargo, estudios controlados y
metaanálisis han demostrado que este enfoque terapéutico es completamente inefectivo (39, 40).
El estudio observacional SOAP que incluyó 198 unidades de terapia intensiva en Europa,
encontró una asociación entre uso de dopamina e incremento de la mortalidad (41). Un ensayo
controlado que comparó dopamina y noradrenalina no demostró diferencias significativas en la
mortalidad a los 28 días, aunque hubo una tendencia favorable a la noradrenalina (50 vs. 45%).
Además, la dopamina provocó mayores efectos adversos, principalmente taquiarritmias (24% vs.
12%), y obligó más frecuentemente a la suspensión del tratamiento (6.1 vs. 1.6% (37).
Finalmente, un reciente metaanálisis muestra que el uso de dopamina se relaciona con mayor
riesgo de muerte y arritmias (38).
La fenilefrina requiere mayores dosis que la noradrenalina para alcanzar los mismos
objetivos pero ambas drogas producen efectos hemodinámicas sistémicos muy similares (43). En
un ensayo controlado, la fenilefrina redujo la FC y aumentó el índice sistólico en comparación
con la noradrenalina (44).
Como conclusión, las drogas vasoconstrictoras en el shock séptico deben emplearse para
lograr PAMs de 60 a 70 mm Hg. La elevación de la PAM >70 mm Hg a través de
vasoconstrictores puede asociarse a mayor mortalidad y complicaciones. En pacientes con
hipertensión abdominal y síndrome compartimental abdominal, pueden requerirse mayores PAMs
para lograr presiones de perfusión adecuadas (presión de perfusión = PAM – presión
intraabdominal). Asimismo, el monitoreo de variables microcirculatorias y de variables perfusión
como el tiempo de relleno capilar podría contribuir a la definición de la presión óptima en cada
paciente en particular, identificando alteraciones que eventualmente mejoren con elevaciones de
la PAM. Dada la falta de estudios, consideraciones similares pueden extrapolarse a otros tipos de
shock.
a. Dobutamina. se emplea como una mezcla racémica de dos enantiómeros (62) Su actividad
farmacodinámica resulta de la interacción de las propiedades individuales de los estereoisómeros.
La (-)-dobutamina es un potente agonista adrenérgico 1 y vasoconstrictor con débil actividad 1
y 2, tanto en receptores vasculares como cardíacos. (+)-dobutamina es un antagonista
adrenérgico 1. Además, muestra cierto agonismo 2 en los receptores vasculares y es un potente
agonista de los adrenoreceptores 1 y 2 en el músculo cardíaco. Como agonista adrenérgico
cardíaco 1, su efecto sobre la contractilidad cardíaca es comparable al del isoproterenol y la
norepinefrina. Por lo tanto, la (+)-dobutamina se comporta principalmente como vasodilatador e
inotrópico. Dado que una parte significativa del efecto inotrópico está relacionada con el aumento
de la actividad cardíaca 1, la dobutamina produce menos taquicardia que otros fármacos
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adrenérgicos. Considerando que la (-)-dobutamina es un vasoconstrictor y la
(+)-dobutamina es un vasodilatador, los efectos opuestos de cada estereoisómero explican la falta
de efecto directo del racemato sobre el tono vascular. En consecuencia, la reducción del tono
vascular y la resistencia periférica sistémica son ajustes reflejos al aumento simultáneo del gasto
cardíaco. En resumen, la dobutamina fundamentalmente aumenta el VMC y la PAM, e induce
una disminución refleja de la RPS. Sin embargo, en los pacientes con shock, los efectos pueden
ser muy distintos (63). En el shock séptico, la dobutamina frecuentemente se comporta como una
droga vasodilatadora y taquicardizante, sin evidencias de efectos inotrópicos. Hipotensión
arterial, taquicardia y arritmias son comúnmente las acciones más prominentes. El diagnóstico de
disfunción sistólica miocárdica podría ayudar a seleccionar pacientes en los que la dobutamina
puede producir efectos beneficiosos. Dado que los efectos adversos son muy comunes y los
beneficios terapéuticos son ocasionales, antes de tomar una decisión terapéutica definitiva, la
eficacia y la tolerancia deben evaluarse durante un breve período con un seguimiento estrecho de
sus efectos deseados y adversos.
• La rápida corrección de la hipoperfusión tisular es esencial para la sobrevida del shock séptico.
• La administración de fluidos para optimizar el volumen intravascular es el paso inicial en la
mayoría de los cuadros de shock.
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• La evidencia actual sugiere que las soluciones electrolíticas balanceadas como
el Ringer lactato son la mejor opción.
• Los vasopresores deben iniciarse para lograr una presión de perfusión de por lo menos 60-65
mm Hg, incluso antes de completada la corrección de los déficits del volumen intravascular.
• La noradrenalina es la droga más adecuada para este propósito.
• Déficits persistentes de la perfusión tisular podrían guiar mayores incrementos en la PAM.
• Logradas la reposición de la volemia y presiones arteriales apropiadas, y frente a evidencias de
hipoperfusión tisular, dobutamina o adrenalina pueden intentarse con el fin de aumentar el gasto
cardíaco y corregir esas alteraciones.
• Dado su bajo perfil de seguridad y la variabilidad de los efectos inducidos por la dobutamina,
un monitoreo cuidadoso es imprescindible.
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Actualización 2024
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Actualización 2024
Tabla 1 Composición de las soluciones electrolíticas
Soluciones electrolíticas
ClNa 0.9% Plasmalyte® Ringer lactato Isofundin®
Sodio (mEq/l) 154 140 131 145
Cloro (mEq/l) 154 98 110 127
Potasio (mEq/l) 5 4 4,0
Calcio (mEq/l) 3 2,5
Magnesio (mEq/l) 3 1
L-lactato (mEq/l) 28
Acetato (mEq/l) 27 24
Gluconato (mEq/l) 23
Malato (mEq/l) 5
SID in vivo (mEq/l) 0 50 28 29
Osmolaridad (mOsm/l) 308 296 276 309
Actualización 2024
Figura 1. Cadena biosintética de las catecolaminas.
TIROSINA
tirosina hidroxilasa
DOPA
DOPA decarboxilasa
DOPAMINA
dopamina-β-hidroxilasa
NORADRENALINA
N-metil transferlasa
ADRENALINA
Actualización 2024
Figura 2. Efectos cardiovasculares de infusiones intravenosas de
noradrenalina, adrenalina e isoproterenol en sujetos normales.
Actualización 2024
Figura 3. Efectos del aumento de la PA media desde 65 a 85 mm Hg por
noradrenalina sobre la microcirculación sublingual (reproducido con permiso de la referencia
30).
50
30
20
10
0
65 mm Hg 75 mm Hg 85 mm Hg
Mean arterial blood pressure
15
10
Change in perfused capillary density
y = -0.9432x + 13.038
5 2
R = 0.9472
0 p < 0.0001
(vessels/mm 2)
-5
-10
-15
-20
-25
-30
0 10 20 30 40 50
2
Basal perfused capillary density (vessels/mm )
Actualización 2024
Figura 4. Los niveles de presión arterial media >70 mm Hg no se relacionan
con la mortalidad a 28 días ni con las complicaciones relacionadas a la enfermedad en
pacientes con shock séptico. Por el contrario, valores de presión arterial media >70 mm Hg
alcanzados por drogas vasopresoras, se asocian con la mortalidad a 28 días y con las
complicaciones relacionadas a la enfermedad.