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Leccion 4

La jurisprudencia clásica en Roma se desarrolló inicialmente bajo la influencia de preceptos teológicos, donde el Derecho era considerado un secreto divino. Con el tiempo, la figura del jurisconsulto emergió, permitiendo la secularización del Derecho y la creación de un sistema jurídico más accesible, culminando en el apogeo de la jurisprudencia entre el 31 A.C. y el 117 D.C. Durante este período, surgieron dos escuelas de pensamiento jurídico, la Proculeyana y la Sabiniana, que debatieron diversas cuestiones del Derecho Privado, reflejando así la evolución y complejidad del sistema legal romano.
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Leccion 4

La jurisprudencia clásica en Roma se desarrolló inicialmente bajo la influencia de preceptos teológicos, donde el Derecho era considerado un secreto divino. Con el tiempo, la figura del jurisconsulto emergió, permitiendo la secularización del Derecho y la creación de un sistema jurídico más accesible, culminando en el apogeo de la jurisprudencia entre el 31 A.C. y el 117 D.C. Durante este período, surgieron dos escuelas de pensamiento jurídico, la Proculeyana y la Sabiniana, que debatieron diversas cuestiones del Derecho Privado, reflejando así la evolución y complejidad del sistema legal romano.
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Lección 4

1) La Jurisprudencia Clásica.
Los comienzos de Roma, en el dominio del Derecho, no
CONCEPTO MODERNO
fueron diferentes de aquellos de las civilizaciones que la
Se entiende por
habían precedido; pero el resultado fue diferente. En las
jurisprudencia las
reiteradas épocas remotas que la historia incorpora poco a poco, las
interpretaciones que sociedades humanas aparecían de ordinario ajustadas al
hacen los tribunales en
modelo del mundo divino, concebida por ellas. El derecho
sus resoluciones de las
normas jurídicas, y se informa sobre los preceptos teológicos, cuyas reglas
puede constituir una de viejas conducen a satisfacer las necesidades inmediatas de
las Fuentes del Derecho, la vida cotidiana. Imitar a los dioses para parecer a ellos
según el país. También
haciéndose los favorables, y asegurar al grupo la
puede decirse que es el
conjunto de fallos continuidad de la existencia, son las dos ideas directrices de
firmes y uniformes las legislaciones primitivas. Es a lo que tendían las viejas
dictados por los órganos
constituciones del Egipto teocrático y feudal, y con una
jurisdiccionales del
Estado. Esto significa acentuación más rápida hacia el individualismo aquellas
que para conocer el poblaciones industriosas, atraídas por el provecho y
contenido cabal de las
evidentemente muy mezcladas, de la llanuras del aluvión
normas vigentes hay
que considerar cómo se del Tigris y el Eúfrates. Las costumbres de Israel y de los
vienen aplicando en pueblos circundantes estaban estrechamente identificadas
cada momento.
con prescripciones rituales y ordenadas por las
concepciones religiosas. De todos podría decirse, como los romanos, que entre ellos el
Derecho Civil permaneció largo tiempo secreto entre los misterios y las liturgias de los
dioses inmortales, y conocido solo por los pontífices.

Sin maleabilidad ni flexibilidad, sus prescripciones eran breves, netas, tajantes, a la


manera de una revelación o de varias enunciaciones de hechos, que constituían, en estos
ambientes, el rudimento de otras ramas del conocimiento. El Derecho no tenía entonces
autonomía ni órganos especializados. Toda laguna u obscuridad exigía que se remontase
hasta la fuente u origen, es decir, hasta Dios o su representante, al menos hasta algún
privilegio favorecido por sus confidencias o hábiles para constituirse en su intérprete.

Tal vez las obras doctrinales, "Interpretatio", contribuyeron en Roma a la formación del
Derecho, del que la antigüedad no ofrece tampoco otro ejemplo. A la ciencia jurídica de
los Prudentes del Derecho Romano debió, por encima de todo, su originalidad y grandeza.
El mismo Derecho consuetudinario no podía prescindir del práctico. Los sacerdotes fueron
los primeros en dar a las creaciones de la costumbre una forma y un sentido fijo, en
regular sus movimientos y dirigir a los interesados a través de sus incertidumbres y
sorpresas. Los pontífices de Roma tuvieron este cuidado mientras la Religión y el Derecho
no fueron separados. Es verosímil que se les atribuyese frecuentemente el papel de
árbitros y que su técnica rudimentaria ejerciese una influencia reguladora en el
procedimiento. Como sólo ellos conocían el conjunto del Derecho y sabían adaptarlo a los
litigios, se confiaba a su dirección, y el colegio designaba cada año a uno de sus miembros
para esta clase de consultas. Pero, desde la Ley de las XII Tablas, después de la divulgación
de las fórmulas por Gneo Flavio, secretario del jurisconsulto Appio Claudio, el Derecho se
seculariza, y la ciencia jurídica ya no fue exclusiva de ellos.

Los nuevos prácticos parecen haber seguido desde el primer momento los mismos
procedimientos: RESPONDERE, evacuar consultas; CAVERE, redactar fórmulas de actas, y
AGERE, dirigir los procedimientos y componer fórmulas judiciales.

A mediados del 31 A.C. y 117 D.C., la jurisprudencia llega a su apogeo y los escritos de los
jurisconsultos se hacen un manantial de derecho más importante cada vez, que las
mismas constituciones Imperiales.

Los trabajos que hicieron los sabios en


este período acerca del derecho
contribuyeron también a las alteraciones
Jurisconsulto
equivale al de jurisprudente, que sufrió el civil; y su estudio, auxiliado
pues ambos denotan con la filosofía y la literatura griega, no
sabiduría del derecho o
tardó en llegar al apogeo de, su gloria. Los
jurisprudencia. "Prudente" y
"consulto" son sinónimos de más profundos jurisconsultos de Roma en
sabio docto, entendido o aquella época, guiados de ideas
maestro en la ciencia luminosas e investigadoras, avanzaron
jurídica. Al jurisconsulto le
rápidamente en la carrera de esta ciencia,
incumbe la importante tarea
no sólo de opinar sobre conduciéndola al mayor grado de
proyecto de leyes, sino de perfección, por cuya causa se acostumbra
elaborarlos.
a designarlos con el nombre de
JURISCONSULTOS CLÁSICOS. Sus escritos
contenían aclaraciones y nuevas ideas que nada dejaban que desear respecto de las
fuentes del derecho, llegando a gozar de tanta consideración que se atenían a su dictamen
los tribunales en sus decisiones, tanto porque frecuentemente ocupaban los
jurisconsultos los cargos más honrosos, como porque en la aplicación que se hacía de las
XII Tablas y del Edicto no podían prescindirse de sus sabias explicaciones. De sus escritos
se formaron con el tiempo las Pandectas por orden del Emperador Justiniano.
2) Ius Respondendi et Auctoritate Principis. El Concilium
Principis.
A la primera generación de juristas, que se extiende a los tiempos de Cicerón, siguió otra
que marca el auge de la jurisprudencia romana hasta mediados del siglo III en que
comienza a periclitar esta época clásica, la ciencia del derecho. La creciente influencia de
los jurisconsultos no pudo ser detenida por Augusto, aparte de que a ella estaba destinada
la transformación del Derecho inspirándose en el Ius Naturale, cuyos principios absolutos
impulsaron a las instituciones jurídicas por rutas ascendentes. Al no existir organismos del
Estado aptos para cumplir la urgente labor que se planteaba de crear un Derecho de tono
esencialmente universalista, como correspondía a esta fase histórica, debió dejarse a esta
pléyade de insignes juristas que libremente elaboraban un sistema jurídico, que aun hoy
admiramos en las compilaciones de Justiniano, por su correcta y justa formulación.

Las exigencias políticas de la época hicieron que el príncipe interviniera en esta empresa
legislativa encomendada a los jurisconsultos mediante la concesión del Ius Respondendi
ex Auctoritate Principis. La autorización y garantía otorgada desde Augusto a ciertos
jurisconsultos para emitir respuesta sobre asuntos jurídicos, los eleva indudablemente a
un plano oficial, que no tuvieron antes, y que le permitió al Príncipe intervenir
directamente en este proceso de creación de un nuevo Derecho Privado..

La palabra DIGESTO deriva del


En un fragmento del Digesto Pomponio refiere
latín digestum, derivado a su que del divino Augusto, es el primero que para
vez de digerere, que significa
distribuir, ordenar. que fuera mayor la autoridad del Derecho,
Su origen se remonta al 530 determinó que se respondiese en virtud de la
d.C., época en que el
emperador bizantino Justiniano autorización suya —EXAUCTORITATE EIUS -. Al
I ordenara la compilación y
codificación de las obras principio sólo se concedió el Ius Publice
jurídicas de los jurisconsultos
romanos. El primer Digesto,
Respondendi a los juristas de rango senatorio,
codificado por Triboniano entre siendo Masurio Sabino el primero a quien se le
el 530 y 533 d.C. se conoce con
el nombre de Digesta sive otorgó este privilegio, como también parece
Pandecta iuris, y es
considerado como la que se concedió este beneficio atendiendo a los
recopilación jurídica más
importante del mundo. méritos del jurisconsulto, pues Adriano

El objetivo histórico de esta significa, que el Ius Respondendi no se pide sino


compilación, estaba orientado,
según la ambición de se concede a los que realmente estima el
Justiniano, a la restauración del
Príncipe que lo merecen. Debido al carácter
antiguo Imperio Romano,
permitiendo rescatar su oficial que tienen ahora las respuestas de los
tradición jurídica y, al mismo
tiempo, imponiendo un jurisconsultos se exigió que se redactaran por
conjunto de leyes uniforme
sobre todo el vasto territorio escrito con el sello de quien los daba.
de su imperio.
Esta situación creada por Augusto y mantenida
Actualmente, el término
DIGESTO, no solo se aplica a la
por sus sucesores, que distinguía entre los
codificación del Derecho juristas autorizados, y los que no gozaban de
Romano, sino también, y por
extensión a la compilación esta distinción oficial, así como la influencia que
ordenada de toda norma
jurídica.
debían tener en la resolución de los asuntos judiciales, ha sido objeto de diversas
interpretaciones debido principalmente a un texto de Gayo, bastante oscuro. Dice así:
"Las respuestas de los jurisconsultos -RESPONSA PRUDENTIUM- son las decisiones y
pareceres de aquellos a quienes se ha concedido la facultad de decidir el Derecho. Si son
unánimes sus opiniones, lo que ellas deciden obtiene fuerza de ley; pero si disienten
entonces el juez puede elegir parecer que quisiere".

Algunos romanistas afirman tomando este texto como fundamento, que las respuestas de
los jurisconsutos que disfrutaban del IUS PUBLICE RESPONDENDI, tenían fuerza de ley.
Otros consideran que sólo eran obligatorias en el caso concreto objeto de litigio, pero que
no tenían la generalidad de la ley. Se estima que se comprendía no sólo las respuestas,
sino también las doctrinas consignadas en las obras de los jurisconsultos.

La realidad parece haber sido, ateniéndonos principalmente para hacer esta reflexión a la
naturaleza del régimen político imperante, que los juristas a quienes se les permite
responder bajo la garantía del Príncipe, sus opiniones debieron tener una influencia
decisiva en el ánimo de los jueces y magistrados al fallar un asunto, siempre que el hecho
alegado concordara exactamente con la consulta formulada. Puede suceder que existan
contradicciones en las opiniones de los jurisconsultos respecto al mismo caso, y entonces
es lógico disponer, como lo hizo Adriano, que el juez resolviera libremente. También se
puede admitir que los juristas de gran fama, como Labeón, que no gozó del Ius Publice
Respondendi, influyeran en las decisiones judiciales, por su autoridad personal. Era más
bien una valoración que se hacía en cada caso, de la reputación del jurista, de la
autorización del príncipe, así como del criterio doctrinal alegado.

Otras pruebas de la intervención del poder imperial en la jurisdicción, está en la


costumbre establecida desde Augusto de reunir a su alrededor a los magistrados de más
categoría, y a los senadores para que informaran sobre las consultas que se hacían,
proyectos de Senado consultos y resoluciones que dictaba el Emperador. Adriano reguló el
CONCILIUM PRINCIPIS que adquirió con él gran importancia, por las personas que lo inte-
graban, generalmente los juristas más distinguidos de la época. De este modo, con la
creación de este organismo supremo se tendía también a la unificación legislativa, y a la
creación de una máxima jurisdicción sobre todo el imperio romano.

3) Las dos Escuelas de Jurisconsultos. Proculeyana y Sabiniana.


La intensa actividad de los jurisconsuItos durante este período clásico de la ciencia
jurídica, dio lugar la formación de dos bandos o escuelas, que recibieron los nombres de
Proculeyana y Sabiniana, las cuales adoptaron diversos criterios sobre los problemas
jurídicos que se sometieron a su consideración. Los grandes cambio en la política o en el
Derecho, han llevado aparejado siempre profundas controversias, originándose la forma-
ción de partidos doctrinales o escuelas, que luchan por la victoria de sus ideales.
Se integraron estas escuelas en torno a los juristas LABEON y CAPITON, que fueron rivales
por sus caracteres opuestos, y por sus tendencias políticas, pero con sus discípulos es
cuando realmente surgen oposiciones profundas de orden doctrinal, quedando entonces
definitivamente constituidas estas sectas que tomaron el nombre de PROCULO, de
SABINO y de CASIO, pues se llamaron también Casianos.

Su verdadera naturaleza ha sido muy discutida, algunos autores consideran que estas
sectas fueron dos (Stationes), destimadas a la enseñanza, una la Statio Sabiniana, de la
cual fueron profesores Sabino, Casio y Javoleno, y la otra la Statio Proculeyana, con
Labeon y sus discípulos. El profesor Arangio-Ruiz, prestigioso romanista italiano, defiende
esta tesis basándose principalmente en los términos SUCCESSIT que emplea
constantemente Pomponio donde se refiere precisamente a estas escuelas. Considera
este autor y otros romanistas que fueron dos instituciones o establecimientos de
enseñanza, organizados en forma corporativa, como las escuelas filosóficas griegas, según
AULO GELIO. La enumeración que hace Pomponio se refiere, según este autor a los
jurisconsultos que figuraron como profesores en estas escuelas. Aunque es verosímil esta
hipótesis, se puede argumentar en contra de ella que resulta raro que hubiera un sólo
profesor a la vez en cada Statio, a no ser que Pomponio mencionara únicamente al más
notable de ellos.

SUS CARACTERES DISTINTIVOS. HIPÓTESIS. CRÍTICA

Las controversias que dividieron a estas escuelas fueron las más variadas. Discutieron
sobre la fijación de la edad para ser púber; sobre la Especificación; la validez de los
legados bajo condición imposible, ilícita o inmoral, fue objeto de controversia entre ellas;
las consecuencias de la omisión de un hijo en el testamento de su padre; sobre la fijación
del precio en la compra-venta, la Datio in Solutum; y sobre la sanción en los Contratos
Innominados.

En una palabra, sus pugnas giraron sobre las diversas materias que integran el Derecho
Privado. Sin embargo, hay que pensar que a veces disentían los jurisconsultos de una
misma escuela, o, estaban de acuerdo los que pertenecían a escuelas contrarias. Aparte
de estas cuestiones que se discutieron dentro de las escuelas, muchas otras fueron
tratadas por la jurisprudencia clásica en su afán de crear una nueva legislación.

Los escritores más antiguos que han meditado sobre este tema mantienen que las ideas
políticas separaron a estas escuelas. Los Proculeyanos, ha dicho un escritor, eran
republicanos, y como tales, innovadores; por el contrario, los Sabinianos eran amigos del
emperador, partidarios del régimen político vigente, y conservadores en sus decisiones.
Tácito ha señalado las opiniones políticas divergentes de Labeon y Capitón, pero sobre
este hecho cierto no se puede construir una hipótesis que se extienda a todos los juristas
que pertenecían a ambas escuelas. Además, nos consta que Nerva, sucesor de Labeon en
la escuela, estuvo vinculado a Tiberio, mientras que Casio, que fue Sabiniano, se distinguió
por la independencia de sus ideas políticas, lo cual fue causa de su destierro.

Tomando como base a Pomponio se afirma que los Proculeyanos realizaron una labor de
constante renovación jurídica, y que los Sabinianos eran rutinarios y amantes decididos de
la tradición. Lahuón y Uapiton se distinguen claramente por estos caracteres.

Otros autores concretamente mantienen que la escuela de los Sabinianos representa el


Derecho Estricto, mientras que los Proculeyanos se orientan en los principios más amplios
de la equidad. Resulta tan débil este argumento que se puede mantener perfectamente
también el contrario, apoyándonos en controversias que siguen uno u otro criterio.

¿Cuál fue en definitiva la orientación de estos juristas? ¿La razón o la historia?

Este ha sido un tema perenne en la filosofía general, pero de repercusión indudable en el


mundo de lo jurídico. La razón significa la inmutable, lo abstracto, en contraposición a lo
histórico, que es esencialmente mutable y contingente. Los juristas romanos se sintieron
influidos por la filosofía estoica, que aspiraba al cosmopolitismo, lo cual encajaba
perfectamente en los ideales de dominación universal del mundo romano. Labeon,
fundador de la escuela Proculeyana se había educado conforme a los principios
filosóficos de los estoicos, los cuales influyeron en los demás juristas que le
siguieron. Los razonamientos empleados generalmente por los Proculeyanos son
esencialmente deductivos, emanan de la razón, y se caracterizan por su lógica estricta.
Son a la vez, dogmáticos, como corresponde al racionalismo puro. El espíritu dogmático
que prevalece en las soluciones dadas a los problemas jurídicos por los Proculeyanos nos
lleva a la firme convicción de que todas las consecuencias emanadas de los principios
resultan adecuadas y ciertas. En ellos no se suscitan dudas ni vacilaciones, por esto sus
conclusiones resultan en muchos casos temerarias. Es una escuela libre de jurisprudencia.

Los Sabinianos se apoyan mi el firme terreno de la historia, son escépticos por naturaleza.
Antes de decidirse examinan y confrontan sus criterios con los que se encuentran datos en
la tradición jurídica, aunque consideran los factores actuales para subsumirse en la
medula de la época histórica. Podríamos decir que su criterio es histórico-evolutivo. Estos
caracteres opuestos de ambas escuelas fueron los que determinaron el progreso del
Derecho Romano, abriéndose después con los otros jurisconsultos de la edad clásica, que
no pertenecieron a ninguna de estas escuelas.

La división se prolongó todavía mucho más, porque Gayo, que escribía en tiempo de
Marco Aurelio, se refiere expresamente a los Sabinianos en estas palabras, repetidas con
frecuencia: "NOSTRI PRAECEPTORES". Pero concluyó por desaparecer, y probablemente la
aparición de un jurisconsulto como Papiniano, que se creó una importantísima
personalidad, y que fue apellidado el Príncipe de los Jurisconsultos, debió, absorbiendo en
sí todo el crédito, romper definitivamente aquella cadena de lo pasado. Pomponio, que
escribía en tiempo de Antonino el Piadoso, nos da por lo respectivo a su época, y
distinguiéndolos por sectas, la sucesión de los principales jurisconsultos, que pueden
clasificarse con arreglo al cuadro siguiente:

Sabinianos o Casianos Proculeyanos o


Pegasianos

Ateio Capitón M. Antistio Labeon

Masurius Sabinos Nerva (padre)

Gaius Cassius Longinus Proculus

Caelius Sabinus Nerva (hijo)

Priscus Javolenus Pegasus

Valente, Juliano Celso (padre)

Pomponio y Gayo Celso (hijo)

Neratius Priscus

4) Principales Juristas de esta época.


M. Antistio Labeon: Se distinguió en el orden político por seguir las tradiciones de su
familia, defendiendo las instituciones republicanas frente a Augusto, que le ofreció el
Consulado, siendo rechazado por Labeon. Fue discípulo, especialmente de Trebacio, pero
superó a su maestro en conocimientos jurídicos, así como por su cultura general, que
aplicó en provecho de la ciencia jurídica.

Sus principales obras son: Comentarri ad Legem XII Tabularum; de lure Pontificio;
Posteriorum Libri, así llamados porque se redactaron después de su muerte; Libri ad
Edictum Praetoris Urbani et Peregrini. Labeon ejerció gran influencia sobre los
jurisconsultos posteriores y murió en el año 22 D.C.

Contrasta con Antistio Labeon por el servilismo político, su contemporáneo Ateio Capitón,
que recibió altos honores de Augusto y de Tiberio. No tuvo el talento y la erudición de su
contrincante. Fue discípulo de Aulo Ofilio, atribuyéndosele como obras suyas: las
coniectanea en 9 libros; de lure Pontificio en 7 libros; y el Liber de Officio senatorio. En el
Digesto, no se encuentran fragmentos de sus obras, siendo muy poco citado por los
demás jurisconsultos, debiéndose esto, quizás a que no fue tan innovador como Labeon.
Masurius Sabinus: Ya sabemos que le dio su nombre a la escuela de los Sabinianos, y que
le fue concedido por Tiberio el lus respondendi ex autoritate principis. Vivió de lo que
producían sus enseñanzas, siendo inscripto a los cincuenta años en la Orden de los
Caballeros. Escribió aún, como se desprende de un pasaje de Gayo, en tiempos de Nerón.
La obra fundamental de sabino fue Libri Tres luris Civilis, comentada por Pomponio,
Ulpiano y Paulo. Estos trabajos posteriores sobre el Derecho Civil recibieron el nombre de
Ad Sabinum, por la influencia que ejercieron las concepciones sistemáticas de este
jurisconsulto.

Estableció un orden y creó un sistema tan fundamental en el Derecho Civil que los
comentarios a su obra se multiplicaron, formándose con ellos más tarde al redactarse el
Digesto la denominada Masa Sabiniana, y con la cual se formó una parte de esta
trascendente compilación.

Entre las obras principales se encuentran Comentarii de Indigenis, Libri Memorialiurn, Libri
Ad Edictum Praetoris Urbani, Libri ad Vitelium y el Liber Assessorium.

Gaius Casius Longinus: Le dio su nombre a los Sabinianos que también se llamaron
Casianos. Estuvo ligado por el parentesco con Tuberón y Servio Sulpicio. Ocupó los cargos
de Pretor, de Cónsul en el año 30, y Pro Cónsul de Asia en los años 40 y 41, siendo
destituido por Nerva en el año 65. Los juristas posteriores citan frecuentemente su obra
fundamental, LIBRI IURIS CIVILIS. Javoleno hizo un trabajo sobre ella en quince libros, de
cuya obra se tomaron algunos fragmentos para el Digesto.

Priscus Javolenus: Fue el que sucedió a Celius Sabinus en la escuela Sabiniana.


Desempeñó una serie de cargos de importancia y fue consejero de Antonino Pió. Sus
obras fueron: Libri XV exCassio; Epistularum Libri XIV; sus trabajos sobre las Posterioris de
Labeon.

M. Cocceius Nerva: Fue muy estimado por Tiberio sucediendo a Labeon en la escuela de
los Proculeyanos. Tácito lo considera Omnis divini humanique iuris scien. Sus opiniones
fueron citadas frecuentemente por los juristas que le siguieron. Su hijo M. Nerva fue el
padre del emperador Nerva, dando desde muy joven respuestas sobre cuestiones
jurídicas. Se le atribuye a este jurisconsulto un Liber de Usucapionis.

Sempronius Proculus: Parece que dedicó sus mejores actividades a la docencia, dando su
nombre a la escuela Proculeyana. Escribió Epistularum Libri, y algunas notas sobre Labeon.
PEGAUSUS sucedió a Próculo, fue Praefectus Urbis en tiempos de Vespasiano, siendo
célebre principalmente por el Senatus Consultum Pegasianum.

Caelius Sabinus: Perteneció a la escuela de los Sabinianos, siendo muy considerado por
Vespasiano en cuya época desenvolvió sus actividades como jurisconsulto. Fue cónsul en
el año 69; escribió sobre el edicto de los ediles, Libri ad Edictum Aedilium Curulium.

Durante el siglo II de nuestra era aparecen juristas tan brillantes como P. Juvencio Celso y
Salvio Juliano, adscripto el primero a la escuela Proculeyana, y el segundo a la Sabiniana.
P. Juvencio Celsus fue hijo de Juventius Celsus. Este jurisconsulto probablemente fue el
maestro de su hijo, desenvolviendo sus actividades científicas en tiempos de Vespasiano y
Domiciano, pero se conocen sus escritos, por haber sido citado por su hijo Celso y por
Neracio Priscus.

Juventius Celsus (hijo). Fue conocido, tanto por los cargos que ocupó como por sus
medulares conocimientos jurídicos. Para distinguirlo de su padre, es llamado en los textos
Celsus filius, Celso adolecens. Fue Pretor, Cónsul y consejero de Adriano. Sus obras
principales son: Commentariorum libri epistularum libri; Quaestionum Libro. Pero su obra
fundamental es, Digesta. Se cita de él una respuesta descortés (Responsorum Celsium) a la
pregunta que le hizo Domitius Labeo (Consultatio domitiana). En el Digesto, se encuentra
esta cuestión expresada en la forma siguiente: "Domicio Labeo saluda a Celso. Pregunto;
¿deberá ser contado en el número de los testigos el que habiendo sido rogado para
escribir el testamento también lo hubiere sellado cuando hubiere escrito las tablas?
Juvencio Celso saluda a Labeo. O no entiendo qué es sobre lo que me consultas o es muy
necia tu consulta; porque es más que ridículo dudar si alguno ya ha sido presentado en
derecho como testigo, porque él mismo haya escrito también las tablas del testamento".

Salvius Juliano: Nació en Hadrumentum, y por una inscripción descubierta en Africa


conocemos su nombre completo: Lucio Octavio Cornelio. Salvio Juliano Emiliano.
Desempeñó los cargos de Cónsul, Pretor, Praefectus Urbis e ingresó en el Concisilium
Principis en la época de Adriano. Redactó por mandato del príncipe el Edictum
Perpetuum, como sabemos. Su obra magna fue su noventa Libri Difestorum, de los que se
tomaron por los compiladores en el siglo de Justiniano 376 fragmentos. Salvio Juliano fue
un jurista de gran fama y autoridad por su ingenio y elevada cultura. En las obras de
Juliano recibió el Derecho Romano un gran impulso. Pomponio cita de Juliano la frase
siguiente: "Aunque tenga un pie en la sepultura todavía, sin embargo, querría aprender
alguna cosa".

L. Neratius Priscus: Fue muy estimado por Trajano, perteneció a la escuela Proculeyana, y
ocupó el cargo de cónsul. En el Digesto se utilizaron las obras suyas siguientes:
Nembranarum Libri VII; Regularum Libri XV; Epistularum Libri IV.

Sextus Pomponius: Aunque no fue original en sus conceptos, sin embargo, es digno de
citarse con encomio por su fecundidad. Sus escritos revelan que se dedicó
preferentemente a la enseñanza, siendo su estilo claro y elegante. Se incluye entre los
Sabinianos, perteneciendo a la época de Adriano y de los Divi Frates. Se discute entre los
autores si en realidad existieron dos Pomponios, pero esta controversia no tiene
importancia. Para la historia del pensamiento jurídico es importante su Liber Singularii
Enchiridii, del cual tomó el Digesto un extenso Fragmento. Escribió tam¬bién
Fideicomissorum Libri Senatus Consultorum Libri V.
Gaius o Gayo: Vivió bajo el gobierno de Antonio el Piadoso y Marco Aurelio, y pertenecía a
la Escuela de los Sabinianos. Es célebre, sobre todo, por sus instituciones que sirvieron de
modelo a las de Justiniano, Institutionum Commentarii Quatuor. Descubierta en Verona
en 1816 por Niebuhr, la verdadera Instituta en un palimpsesto de la biblioteca del capítulo
de Verona. Este Codex Veronensis fue impreso por una copia sacada de él en 1820. El
texto, que presenta aún numerosas lagunas, está enriquecido con notas de diferentes
sabios, sobre todo de Hugo, Savigny, llumbold, Goeschen.

Gayo, aunque no fue un escritor profundo, y de un espíritu crítico avanzado, se distinguió


por su saber histórico. Fue Sabiniano, según él, y sus obras principales que encontramos
en el Digesto aparte de las Instituciones, son: Ad Edictum Provinciales libri XXXII; el Liber
Singularis; Ad Legem XII Tabularum Libri VI; Ad Legem Juliam et Papiam Libri XV.

Institutionum Comentarii Quator es indudablemente el trabajo jurídico de más relieve de


Gayo, tanto por su contenido como por su forma. En esta obra metódica se destacan
claramente las dotes pedagógicas de este gran maestro del Derecho. Por esto se utilizó
tanto antes de Justiniano hasta que este Emperador lo tomó de modelo para confeccionar
sus Instituciones, redactadas con idéntico fin que las de Gayo.

Las Instituciones de Gayo se dividen en cuatro libros, éstos en títulos, y después en las
ediciones modernas se subdividieron en párrafos, para su mejor comprensión. Esta
distribución en cuatro comentarios se debe a que los romanos dividían el año en dos
semestres para la enseñanza del derecho, estudiándose en cada uno un libro, y por
consiguiente se empleaban dos años en explicar el texto completo. En los cuatro libros se
repartían fundamentalmente las Personas, las Cosas y las Acciones (Ad Personas, Ad Res,
Ad Actiones), precedida de una introducción donde se divide el Derecho, en Civil y de
Gentes y se estudian sus fuentes; Leges, Plebiscita, Senatus Consulta, Constitutiones
Principum, Edicta, Responsa Prudentium.

Anteriormente no se conocía sino el Epitome o elemento de las instituciones de Gaius


inserto en la colección de las leyes romanas hechas por orden de Mario II, rey de los
Visigodos, a principio del siglo VI de la era cristiana. El descubrimiento de la obra original
ha sido de gran utilidad, especialmente para hacer conocer la organización del
procedimiento romano y disipar gran número de errores muy extendidos anteriormente.

Con Gayo desaparece la diferencia entre las escuelas Sabinianas o Casianas de cuya
escuela se declara él mismo partidario, a quienes llama NOSTRIPRAECEPTORES; al
contrario que a Próculo y sus discípulos, a quienes denomina DIVERSOA SCHOLAE
AUCTORES, y comienza después la fase más importante de la Jurisprudencia clásica con
Papiniano, Paulo y Ulpiano.

Aemilius Papinianus o Papiniano: Según algunos autores lo identifican como pariente del
Emperador Severo, por ser la segunda esposa del Emperador pariente de este gran
jurisconsulto. Estuvo íntimamente vinculado a Septimio Severo, del cual fue condiscípulo.
Ocupó diferentes cargos tales como Advocatio Fisci, Asesor del Prefecto del Pretorio,
Magister Libellorum, y el alto cargo de Praefectus Praetorium. Parece que Papiniano fue
depuesto de este cargo por haber intentado convencer a Caracalla de que no asesinara a
Geta, su hermano. El delito se cometió impunemente, y Papiniano fue condenado a
muerte en el año 212 por no haber querido justificar este fratricidio.

Sus pensamientos jurídicos son nítidos y de gran precisión. Su criterio absoluto sobre la
justicia lo aplicó invariablemente en todas sus decisiones jurídicas. Estas cualidades que
resaltan en sus obras lo elevaron sobre sus contemporáneos, mereciendo los calificativos
de Subliniissimus, y otros que evidencian su fama y distinción.

Entre sus diversos escritos se destacan sus Responsa, Quaestionum, Responsorum,


Definitionum, De adulteriis, y un libro escrito en griego sobre la policía urbana. En el
Digesto se encuentran 601 fragmentos de sus obras, y 43 en la Vaticana Fragmenta.

Julius Paulus o Paulo: Parece haber sido discípulo de Scaevola, desenvolviendo sus
actividades entre Cómodo y Alejandro Severo. Durante la época de este Emperador ocupó
el cargo de Praefectus Praetorium. En general, se vale de los trabajos de los jurisconsultos
anteriores, reelaborándolos hábilmente, y mostrando en muchos casos su espíritu crítico.

Sus principales obras fueron: Ad Edictum; Ad Neratium; Ad Sabinum; su obra Pauli


Receptae Sententiae, o Julii Paulii Receptarum Sententiarum ad filium Libri Quinqué, es de
carácter elemental, y fue muy estimada en el período posclásico, siendo conservada en
parte en la Lex Romano Visigothorum, y en otras obras que han llegado hasta nosotros.

Domitius Ulpianus o Ulpiano: Oriundo de Tiro (Fenicia), contemporáneo de Paulo, aunque


estuvo en pugna con él, pues no lo cita una sola vez. Desempeñó una serie de cargos hasta
que llegó a ser Praefectus Praetoris en el reinado de Alejandro Severo, con el cual estuvo
íntimamente vinculado, pues lo llama, PARENS MEUS ET AMICUS.

Los intentos de reformas llevaron a Ulpiano a la muerte, pues a pesar de la protección que
le dio el Emperador fue asesinado en el año 228, por los pretorianos, descontentos de su
actuación al querer someter el poder militar al civil.

Su labor es extraordinaria, pero se nota que más bien lo que hizo fue compilar las obras de
sus predecesores. El estilo de sus trabajos es claro, comprendiéndose fácilmente sus
conceptos jurídicos. Sus obras principales son: Ad Edictum; Ad Sabinum Libri; Regularum
Libri; Pandectarum Libri; Fideicomisorum Libre y Ad Legem Julian et papiam Libri.

Los juristas clásicos terminan con Herennius Modestinus, el cual escribió numerosas
obras, siendo las principales: Pandectarum Libri y Responsorum Libre. En el Digesto se
encuentran 345 fragmentos de su obra. Después de este jurisconsulto se inicia la
decadencia de las ciencias jurídicas por falta de juristas y verdaderamente creadores. La
etapa siguiente es de franca compilación hasta llegar a la época de Justiniano.
Los jurisconsultos son llamados clásicos porque entonces fue cuando la jurisprudencia
romana brilló en todo su apogeo. Considerando sus obras de un modo general, puede
decirse que son notables:

- Por la pureza y elegancia del lenguaje con que están escritas, sobre todo las de
Papiniano.

- Por la concesión de su redacción y el vigor de sus razonamientos.

- Por la conformidad que guardan con la razón, la mayor parte de las doctrinas
que contienen, lo que ha hecho que se llame al Derecho Romano, razón escrita.

- Finalmente, por la íntima alianza que los jurisconsultos romanos han sabido
establecer entre el derecho, la filosofía y las bellas letras. La filosofía estoica, es
la que parece haber ejercido más influencia en el desarrollo del Derecho
Romano.

En la tercera época de la historia del Derecho Romano (31 A.C.; 218 D.C.), es cuando los
jurisconsultos, especialmente Papiniano, empiezan a hablar de un Ius Extraordinarium por
antítesis a Ius Ordinarium. Este último término comprende el antiguo derecho civil y el
Honorario, mientras que el Ius Extraordinarium designa un derecho creado bajo el Imperio
por las Constituciones Imperiales, los Senatus y la autoridad de los Jurisconsultos. Los
términos: extraordinariae Actiones, Cognitiones o Persecutiones, que igualmente se
encuentran desde esta época, no son empleados siempre en el mismo sentido.

Designan:

1. Las acciones que podían buscarse fuera del tiempo de las cesiones consagradas
regularmente a la administración de justicia;

2. A un género de procedimiento por el cual el magistrado decidía por si mismo


todo el proceso, sin remitir las partes ante los jueces propiamente dichos para
la decisión de las cuestiones de hechos; en otros términos, las acciones en las
que no se distinguía entre el Ius Iudicium. En materia penal, Crimina
Extraordinaria designa los crímenes o delitos penados por un castigo arbitrario,
creada bajo el Imperio y proseguida ante los funcionarios Imperiales, en
oposición al Crimina Legitima, Publica aut Privata del tiempo de la República,
que se seguía ante los comicios o ante comisiones permanentes (QUAESTIONES
PERPETUAE), o ante los magistrados extraordinarios.

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