Narrativa:
Comenzar a narrar esta narrativa, me genera muchas cosas de las cuales, me
encuentro y desencuentro a la misma vez. Recuerdo el encuentro en el inicio de las
practicas, sentía que hasta la misma chaquetilla me pesaba, y que el encuentro con
otros docentes ya formados, me daría una perspectiva de esa incertidumbre que
muchas veces en este trayecto me ha afectado.
Confieso que voy a extrañar cada grupo, la calidad humana de los chicos, de cada
co - formadora que me ha guiado. Aun me resulta raro y lindo el que los alumnos me
reconozcan en la calle, y que me pidan volver a darle sus clases de artes visuales.
Voy a comenzar contando mi experiencia desde las observaciones, donde los
alumnos de primer grado, con la seño Mara, aun sin saber qué materia les iba a dar
o que íbamos hacer, y sin haberme presentado, todo ese grupo hermoso de niños
me invadieron con un enorme abrazo. Mientras realizaba la observación, mi co-
formadora Mara me contaba de la realidad de cada estudiante, de la escuela, de las
familias, y de todos los problemas que uno como docente debía afrontar.
Una vez que finalizada mi observación, salí de la escuela con un nudo en la
garganta, la tristeza, los recuerdos de mi infancia y mis padres incluidos en ellos, me
fue inevitable llorar. Y comprendí la labor del docente y lo que genera ese gran
título, y ahí en ese mismo instante, donde entendí que toda esa incertidumbre se
disipo, y supe que la duda de querer entender si el camino que tome era el correcto,
se fue en esa charla, en ese llanto caminando a casa, recordando mi paso por la
escuela, soñando con ser docente.
Las clases con el grupo, fueron llena de aprendizaje, tantos para ellos como para
mí. Uno como docente nunca termina de aprender, más allá de la teoría, la didáctica
y la pedagogía, hay cosas que traspasan el corazón. Como me ha pasado con
Dominic, un alumno con Autismo, donde en cada clase más allá de su condición
logro dibujar en las actividades, donde se adaptó muy bien a cada propuesta que
brinde en las secuencias, en este sentido fue un desafío al menos para mí, por el
hecho de no haber tenido una situación de esta magnitud, y sobre todo la idea que
se hace uno mismo sobre la condición del autismo.
Es increíble, todo lo que se puede rescatar desde las observaciones, como eso nos
permite conocer no solo lo áulico, sino también el acercamiento hacia el alumno,
desde las preguntas, que hacemos en el aula, que materia les voy a dar, que
almorzaron, hasta que hicieron el fin de semana, y hasta se animan hablar sobre su
entorno familiar. En las clases dadas en jornada, el grupo fue muy variado, en
cuanto a gustos y maneras de realizar la propuesta. En ellos vi el entusiasmo y el
cómo utilizan el arte para salir de su realidad, gracias a este gran grupo, supe que la
docencia es lo mío, llegar a los viernes y proponer el tema con entusiasmo,
mostrarle no solo la actividad a realizar, sino también exponérsela de manera
ejemplificadora, de llevar mis trabajos, como ser mi libro de bocetos con dibujos, y
hasta llevarles pinturas que realizaba en casa, a modo explicativo, se hacia la clase
más dinámica y hasta más divertida. En las clases de autorretrato, uno de los
alumnos, Román; se puso a llorar de la frustración de exigirse en la perfección por
dibujar bien, y ahí es donde entendí que no solo es la frustración de un dibujo, sino
lo que carga el alumno desde su hogar, y su escape que era ese dibujo al ver que
no le salía se convirtió en tristeza, solo le dije me miré a los ojos, que quería
contarle algo, ahí le cuento que uno tiene que pasar muchas dificultades e insistir
para poder llegar a lo que realmente le va a gustar, insistir y perfeccionarse es el
secreto, romper varios dibujos para alcanzar los que creíamos inalcanzable. Una
vez que lo logro, y finalizó su obra, se dio cuenta que quedó aún más linda de lo que
el quería, desde las tristezas también se prende y se persevera. Aplica para
grandes, chicos, en situaciones cotidianas o dificultades que creemos graves, por el
solo hecho de no pararnos a ver más puntos de vistas. Como me paso en salita de
3, alumnos muy pequeños, donde su atención era variada, algunos más dispersos,
otros solo querían jugar, a veces entre la explicación te respondían que habían
almorzado, o describían la cara del artista y ni recordaban el nombre, y ahí entendí
que uno tiene que dejar de ser grande, y sumergirte en el mundo de los pequeño
para así lograr una clase, obviamente sin perder la pedagógia, la didáctica y sobre
todo la autoridad.
Este año más allá de lo cansador, en lo personal por todo lo que con lleva trabajar,
ser mamá, y afrontar mi casa sola, entre las idas y venidas, y todo el proceso de la
práctica y residencia, siempre hace un balance positivo, terminar la clase y pensar
que cosas mejorar para brindar lo mejor. Termino mis prácticas con el corazón lleno
de recuerdo, de experiencias que me ayudaron a crecer, y sobre todo feliz de haber
conocido personas como las que tuve de co - formadoras y de alumnos.