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Mitos escatológicos: Anuncian el futuro, el fin del mundo. Siguen teniendo amplia audiencia.

Estos
mitos comprenden dos clases principales, según el elemento que provoque la destrucción del
mundo: el agua o el fuego. A menudo están vinculados a la astrología. La inminencia del fin se
anuncia por una mayor frecuencia de eclipses, terremotos, y toda clase de catástrofes naturales
que aterrorizan a los humanos. El clásico ejemplo es el 'Apocalipsis', considerado como tal por
Bertrand Russell.2

Lectura: literal, alegórica, simbólica

Aunque los mitos parecen haber sido planteados originalmente como historias literalmente
ciertas, la dialéctica entre la explicación mítica del mundo y la filosófica y científica ha favorecido el
desarrollo de lecturas no literales de los mitos, según las cuales estos no deberían ser objeto de
creencia e interpretación.

Así, la lectura alegórica de los mitos, nacida en Grecia alrededor del siglo VI a. C. y continuada en la
época helenística, propone interpretar a los dioses como personificaciones de elementos
naturales. Dicha incipiente racionalización del mito, desarrollada a partir de la física presocrática,
es llevada a cabo por intérpretes como Metrodoro de Lámpsaco y Teágenes de Regio (ambos
alegoristas de los poemas y dioses homéricos).3 Este empeño encuentra su continuación en
teorías posteriores, como la difundida en el siglo XIX por Max Müller, según la cual los mitos tienen
su origen en historias mal comprendidas sobre el sol, que ha sido objeto de personificación,
convirtiéndose en un personaje antropomorfo (el héroe o dios solar).

Por su parte, la lectura simbólica considera que el mito contiene un contenido veraz, pero no
sobre aquello que aparentemente trata, sino sobre los contenidos mentales de sus creadores y
usuarios. Así, el mito sobre cómo un dios instituyó la semana al crear el mundo en siete días
contiene información veraz sobre cómo dividía el tiempo la sociedad que lo creó y qué divisiones
hacía entre lo inanimado y lo animado, los distintos tipos de animales y el hombre, etc. Los mitos
contienen también pautas útiles de comportamiento: modelos a seguir o evitar, historias
conocidas por todos con las que poner en relación las experiencias individuales.

Los estudios modernos sobre el mito se sitúan en tres posiciones fundamentales:

la funcionalista, desarrollada por el antropólogo Malinowski, examina para qué se utilizan los
mitos en la vida cotidiana (refuerzo de conductas, argumento de autoridad, etc.);

la estructuralista, iniciada por Lévi-Strauss, examina la construcción de los mitos localizando los
elementos contrarios o complementarios que aparecen en él y la manera en que aparecen
relacionados;

la simbolista, que tiene referentes clásicos en Jung, Bachelard y Gilbert Durand, considera que el
elemento fundamental del mito es el símbolo, un elemento tangible pero cargado de una
resonancia o significación que remite a contenidos arquetípicos de la psique humana. Un ejemplo
de arquetipo es el Niño Anciano, figura contradictoria que se manifiesta como un personaje
longevo de apariencia o conducta infantil como Merlín o un bebé o niño capaz de hablar y dotado
de enormes conocimientos, propios de un anciano —el niño Jesús dando clase a los doctores—.

Diferencia entre el mito y otro tipo de narraciones

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