Diario Reflexivo: Semana 1
Día 1: El inicio del proceso de reflexión
Hoy comencé este ejercicio de reflexión con la intención de comprender mejor mis
emociones y cómo estas afectan mi desempeño como docente. Al repasar mi jornada, me
di cuenta de que un patrón emocional recurrente en mí es la ansiedad por el futuro. A
menudo me siento abrumado al pensar en lo que vendrá en el semestre, los exámenes, las
actividades, o el comportamiento de los estudiantes. Esta ansiedad parece estar
relacionada con una creencia limitante que tengo: “Si no tengo todo bajo control, algo
saldrá mal”. Al reflexionar sobre esto, me di cuenta de que mi necesidad de control está
generando estrés innecesario. Decidí hoy tomar un momento para respirar
profundamente y practicar la atención plena, centrando mi atención en el presente y
recordando que, aunque es importante planificar, no puedo controlar todo.
Día 2: Identificando patrones emocionales en el aula
Hoy, mientras impartía una clase, observé que cuando los estudiantes no me prestaban
atención, me sentía frustrado y con una sensación de fracaso. Al final del día, al reflexionar
sobre la situación, me di cuenta de que esta frustración estaba relacionada con una
creencia limitante: “Si los estudiantes no aprenden como espero, estoy fallando como
maestro”. Este pensamiento me hace sentir inseguro sobre mi desempeño. Pero, al darme
cuenta de esto, entendí que mi labor no se limita solo a que ellos comprendan todo
perfectamente, sino también a guiarlos, apoyarlos en su proceso y ser flexible. Este
aprendizaje me permitió liberar esa presión y enfocarme en la enseñanza con más calma.
Día 3: Desafiando mis creencias limitantes como docente
Hoy, en una reunión con mis compañeros, me sentí inseguro al compartir mis ideas. Me di
cuenta de que siempre tengo la creencia de que “mis opiniones no son tan valiosas como
las de los demás”. Este patrón de pensar me ha limitado en varias ocasiones, tanto en el
aula como en mis relaciones profesionales. Reflexionando sobre esto, comprendí que esta
creencia viene de la inseguridad de no sentirme tan competente o experimentado como
otros docentes con más años de trayectoria. Sin embargo, al final de la jornada, me animé
a compartir una propuesta de actividad que había preparado para mis estudiantes.
Aunque sentí un poco de nerviosismo, al hacerlo me di cuenta de que mi voz y mis ideas
también son importantes. Fue un pequeño triunfo personal.
Día 4: La importancia de la autoaceptación en mi rol docente
Hoy me di cuenta de que suelo buscar la aprobación de los demás, especialmente de mis
estudiantes, para sentir que estoy haciendo un buen trabajo. Si un estudiante no muestra
interés o me da feedback negativo, tiendo a tomarlo de manera personal. Al reflexionar
sobre esto, me di cuenta de que debo enfocarme en la autoaceptación y en el valor
intrínseco de mi trabajo. Mi labor como docente no depende únicamente de la respuesta
inmediata de los estudiantes, sino de los esfuerzos constantes por brindarles herramientas
para su crecimiento. Hoy, al final de la clase, decidí tomarme un momento para reconocer
los avances que he tenido, tanto con los estudiantes como conmigo mismo, sin necesidad
de validación externa.
Día 5: Reconociendo la conexión entre mis emociones y mi cuerpo
Hoy noté que cuando me siento estresado o ansioso durante la jornada escolar, mi cuerpo
también lo refleja: mi espalda se tensa y mi respiración se vuelve superficial. Reflexioné
sobre cómo mis emociones afectan mi bienestar físico, y comprendí que no solo debo
observar mis pensamientos, sino también escuchar las señales de mi cuerpo. Durante los
recesos, comencé a realizar ejercicios de respiración y estiramientos breves para liberar la
tensión. Esta práctica me ayudó a sentirme más centrado y menos abrumado por las
emociones que surgen a lo largo del día.
Día 6: El desafío de soltar el control en el aula
Hoy, al enfrentarme a algunas situaciones inesperadas con los estudiantes, me di cuenta
de cuánto me esfuerzo por tener control total sobre la clase. Si alguna cosa se sale de lo
planeado, me genera ansiedad y frustración. Sin embargo, reflexionando sobre ello,
entendí que, como docente, no todo está bajo mi control. Los estudiantes tienen sus
propios ritmos de aprendizaje, y a veces las cosas no salen como uno espera. Hoy decidí
practicar la flexibilidad, adaptando mi clase a las necesidades del momento, sin tratar de
forzar un resultado perfecto. Al final, me sentí mucho más tranquilo y en paz.
Día 7: Reflexión final sobre la semana
Al finalizar la semana, me doy cuenta de que este ejercicio de reflexión me ha permitido
identificar varios patrones emocionales que afectan mi trabajo como docente. La ansiedad
por el futuro, la frustración por no tener control sobre todo, y la inseguridad frente a la
evaluación externa son temas recurrentes en mi vida profesional. Sin embargo, durante
estos días he logrado cuestionar algunas de las creencias que me limitaban, como la
necesidad de aprobación constante o el miedo al fracaso.
Además, he aprendido que el autoconocimiento no solo implica reconocer mis
pensamientos, sino también escuchar las señales de mi cuerpo y emocionar mi bienestar
físico. Practicar la respiración, la aceptación y la flexibilidad ha sido clave para mantenerme
equilibrado.
El camino hacia el crecimiento personal y profesional es continuo. Me doy cuenta de que
cada día es una oportunidad para aprender y mejorar, tanto en mi rol de docente como en
mi vida personal. Estoy comprometido con seguir trabajando en mi autoconocimiento y
con aplicar lo aprendido para ser una mejor versión de mí mismo.