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Doctorado En Educación

Asignatura: Taller de Psicología Constructivista

Investigación e infografía sobre tema:


Teorías psicoanalíticas.

25 de Mayo del 2023


El psicoanalisis
Surge coma un movimiento notablemente distinto de la psicología de la gestalt y del
conductismo, que emergieron en una atmósfera de bibliotecas y laboratorios, de seminarios
y salas de conferencias. Durante muchos siglos, las concepciones demonológicas de la
enfermedad mental lentamente dieron paso al conocimiento de que las personas con
trastomos mentales estaban enfermas, y necesitaban cuidado y tratamiento especiales. En la
historia de los enfoques para el tratamiento de las enfermedades mentales, el desarrollo del
psicoanalisis ha sido el enfoque más revolucionario, ya que profundizó en las implicaciones
del aparato psíquico más que cualquier otro sistema de psicología. Constituyó una
psicología que condujo al otro lado de la conciencia, a una metapsicología (Hothersall,
1997; Brennan, 1999; Tortosa, 1998).
El psicoanalisis se desarrolló en Viena, Austria, fuera de los círculos académicos, es decir,
en el terreno de la práctica clínica, gracias al interés de Sigmund Freud (1856-1939), su
fundador, por el tratamiento de los desórdenes neuróticos. Freud fue un innovador que se
sigue proyectando hasta la fecha. Predomina en él, ante todo, el descubrimiento del
inconsciente y con este el descubrimiento del psicoanalisis.
Al principio, Freud utilizó los términos análisis, análisis psíquico, análisis psicológico y
análisis hipnótico y, más tarde, introdujo el termino psicoaná1isis en un artículo sobre la
etiología de las neurosis. El empleo del término psicoanálisis culminó con el abandono de
la catarsis, practicada bajo la hipnosis y la sugestión, y con el hecho de recurrir a la única
regla de la asociación libre para obtener el material del tratamiento.
Freud ofreció varias definiciones del psicoanalisis. Una de las más explicitas, según
Laplanche y Pontalis (1996, p. 317), se encuentra en el artículo de la Encyclopedie
publicado en 1923:
Psicoanalisis es el nombre:
1. de un método para la investigación de procesos mentales prácticamente inaccesibles de
otro modo;
2 de un método, basado en esta investigación, para el tratamiento de los trastomos
neuróticos;
3. de una serie de concepciones psicológicas adquiridas por este medio y que en conjunto
van en aumento para formar progresivamente una nueva disciplina científica (Freud, 1923,
p. 235).
Además, Freud (1918, p. 159) agregaba lo siguiente: "Llamamos psicoanálisis al trabajo
mediante el cual traemos a la conciencia del enfermo lo psíquico reprimido en el." En su
trato con estos pacientes, en observaciones descritas que abarcaron años de experiencia,
concibió la personalidad humana y elaboró gradualmente la práctica y la teoría del
psicoanalisis. Como practico y profesional de la medicina, Freud se interesó por curar a sus
pacientes; para ello elaboró métodos que le permitieran descubrir los hechos olvidados de
la vida infantil del individuo; también se plantó hipótesis que le ayudaron a explicar la
génesis de distintas formas de enfermedad mental. Como teórico mezcló en sus postulados
fundamentales la metapsicología con las hipótesis que admitían pruebas empíricas, con la
finalidad de comprender las fuerzas profundas de la naturaleza humana.
Las tradiciones de investigación que antecedieron al surgimiento del psicoanálisis
provienen de la medicina, en sus ramas biológica, neurológica y psiquiátrica, así como de la
vertiente filosófica.
A través del interés de Freud por la teoría evolucionista de Darwin se nota la influencia de
la biología. La neurología influyo con su concepto de la psicología como el estudio del
sistema nervioso central y que caracteriza a la energía psíquica como energía física
proporcionada por las células del cerebro. Los antecedentes más conspicuos provienen de la
tradición psiquiátrica y psicopatológica francesa, desde Pinel y Mesmer hasta Charcot y
Bernheim, quienes esquematizaron los orígenes de la psicología de la motivación. El
concepto primitivo de la enfermedad mental suponía que era causada por perversión,
maldad, posesión mágica o diabólica. En el Renacimiento se identificaba brujería con
herejía y con enfermedad mental, lo cual hizo resurgir la doctrina de la demonología y la
cacería de brujas con la Inquisición. Para el siglo XVIII Pinel cambio la forma de
conceptualizar y tratar la enfermedad mental al presentar un enfoque más humanitario.
Finalmente, la magia y la religión cedieron paso a la ciencia. Se evoluciono en la línea del
magnetismo (Belmont), mesmerismo (Mesmer), hipnotismo (Braid), histeria y sugestión
(Charcot y Bernheim).
La tradición filosófica del psicoanalisis proviene del desarrollo sobre la psicología de la
actividad, desde Leibnitz y Herbart, hasta Brentano y Ward. De aquí surgió la noción de las
ideas activas, fundamentada en conceptos dinámicos tales como: fuerza y actividad; presión
que genera tensión; tensión que se libera en acción; la existencia de todo organismo se
centró en la lucha por la supervivencia; el organismo consciente tiende hacia la aprehensión
del mundo externo con la atención, y del futuro con la intención; la lucha y la frustración
como la esencia que motiva la acción. De Herbart se derivó el concepto de conflicto entre
las ideas y su inhibición. Brentano influyó con su descripción sobre la intencionalidad de
los actos.
El hedonismo fue otra tradición que el psicoanalisis heredo de la filosofía. Esta es una
doctrina motivacional asociacionista del siglo XIX que viene en la línea de Hobbes, Lock,
Hartley, los Mill y Spencer. Así, del hedonismo utilitarista (termino adjudicado a Jeremy
Bentham, 1784-1832), Freud derivo el principio del placer, según el cual los hombres
soportan el dolor presente con el objetivo de lograr el placer futuro.
En su técnica terapéutica, Freud paso de la hipnosis y la sugestión al método de la
asociación libre. Freud utilizo la catarsis como forma de tratamiento. Consistía en estimular
a los pacientes a que hablaran de cualquier asunto que les viniera a la mente, sin importar
que tan desagradable o incomodo fuera. Esta "asociación libre" se debía dar en una
atmosfera relajada y, por lo regular, con el paciente recostado sobre un diván. Freud
consideraba que la asociación libre, al igual que la hipnosis, permitiría que pensamientos y
recuerdos ocultos se manifestaran en la conciencia; aunque con ella, a diferencia de la
hipnosis, los pacientes continuaban el flujo de sus recuerdos.
En 1900, publicó su primera obra decisiva: La interpretación de los sueños. Freud
conceptualizo los sueños como la vía regia al inconsciente; postulo que los sueños eran la
expresión dinámica de deseos, de fuerzas instintivas, sobre todo sexuales y agresivas que,
aunque reprimidas, emergen a la conciencia. Distinguió entre el sueño manifiesto y el
sueño latente: lo manifiesto es una representación deformada del contenido latente del
sueño, es decir, de los deseos reprimidos. De aquí se fueron desprendiendo los postulados
básicos sobre los que Freud elaboro la teoría del psicoanalisis.
Mientras escribía La interpretación de los sueños, Freud descubrió otro "camino al in
consciente" en los eventos de la vida cotidiana: lapsus del habla y la escritura, es decir,
fracasos temporales de la memoria y errores triviales. Estas psicopatologías de la vida
cotidiana las describió en otro libro clásico publicado en 1901.
Las ideas de Freud evolucionaron hacia un elaborado concepto del desarrollo de la
personalidad, que describió en términos de un sistema energético que busca un equilibrio de
fuerzas. Este modelo homeostático de la personalidad estaba determinado par el intento
constante de identificar las medias apropiados para descargar las energías instintivas
originadas en las profundidades del inconsciente.
Según el proceso histórico, más que descubridor del inconsciente como tal, Freud tuvo el
genio de determinar el papel del psiquismo inconsciente. Una de las piedras angulares del
sistema conceptual freudiano es la división de la psique en diversos estratos: la conciencia,
como la percepción de estimulación externa o reanimación de experiencias internas; lo
preconsciente, como las recuerdos latentes que pueden ser traídos a la conciencia
deliberadamente o por asociación; el inconsciente, coma el sistema constituido por
contenidos "representantes" de las pulsiones, reprimidos, a los que ha sido rehusado el
acceso al sistema preconsciente -consciente- par la acción de la represión. Según Freud, la
prueba de la existencia del inconsciente lo constituían los síntomas observados en las
trastomos de la personalidad, pues estos son manifestaciones de contenidos reprimidos.
Otro aspecto medular del sistema psicoanalítico apuntado par Freud es el de los
mecanismos de defensa. La represión es el proceso inconsciente mediante el cual el
contenido del inconsciente es excluido del campo de la conciencia. Existen otros
mecanismos que se desarrollan para defenderse de actos, tendencias, intereses y
pensamientos generadores de ansiedad y sentimientos de culpa, tales como la proyección, la
introyección, la racionalización, el desplazamiento, la formación reactiva y la sublimación.
Freud concibió que la personalidad está estructurada por tres sistemas: el ello, el Yo y el
superyó. El ello es la parte primitiva de la psique, constituida por las necesidades
psicobiológicas; se rige por el principio del placer y el proceso primario de pensamiento. El
Yo representa el agente consciente y administrador de la personalidad; satisface las
necesidades de acuerdo con el principio de realidad y el pensamiento de proceso
secundario. El superyó consta de la conciencia moral, prohibiciones culturales y del ideal
del Yo o de prescripciones positivas para la estructuración del aparato psíquico.
Freud concibió el desarrollo de la personalidad en función de tendencias infantiles que se
convertían en rasgos permanentes de carácter en la edad adulta. Postuló su teoría de la
libido o energía erótica con base en zonas determinadas del cuerpo. Freud concibió cuatro
etapas psicosexuales de desarrollo: oral, anal, fálica y genital.
Los rasgos específicos de cada etapa se forman según la manera en que las necesidades se
satisfacen o se frustran. De lo anterior derivó el concepto de inhibición del desarrollo, o
fijación de la libido, atribuido a la frustración o satisfacción excesivas de las necesidades de
la infancia, aspecto que a su vez determina la personalidad adulta. Señaló que el individuo
tiende a retomar a formas primitivas de su desarrollo; a modos de expresión y de
comportamiento de un nivel inferior, fenómeno que llamó "regresión”.
Para Freud la motivación inconsciente, que se origina en los años formativos de la infancia,
tiene un papel predominante en la estructuración del psiquismo. Para el logro de una
personalidad madura se requiere, según Freud, que las etapas precedentes hayan tenido un
desarrollo sano, es decir, se deberán poseer rasgos de cada etapa en cantidades moderadas
para llegar a una realización plena mediante el trabajo y el amor.
El desarrollo patológico de la personalidad, concluyó Freud, se debe a que el individuo
psicológicamente trastornado revive continuamente conflictos y respuestas emocionales
inapropiadas de su historia temprana, convirtiéndose en víctima de una enfermedad: la
psiconeurosis. Desarrolló entonces el método y la técnica psicoanalíticas para curar los
trastomos de la personalidad a través, primordialmente, de la asociación libre y la
transferencia; mediante esta el paciente transfiere al médico el amor u odio que generó
durante la infancia hacia los padres (complejos de Edipo y Electra). Sirviéndose de la
transferencia, Freud hacía que el paciente tuviera una mayor comprensión de si mismo, de
tal forma que lograra liberarse de la transferencia y recuperar sus objetos naturales de
afecto. El objetivo de su terapéutica era ayudar a sus pacientes a elaborar sus conflictos y
comportamientos infantiles, para remplazarlos por modelos más adaptativos y útiles que les
procuraran mayor satisfacción individual y social, así como a asumir la responsabilidad de
sus éxitos y fracasos, a confrontar la realidad del si mismo, pues deformarla conduce a la
locura y al sufrimiento; por último, pretendía que sus pacientes fueran capaces de manejar
sus ansiedades y lograr un equilibrio homeostático de las energías inconscientes de su
personalidad (Di Caprio, 1976; Laplanche y Pontalis, 1996; Hothersall, 1997; Brennan,
1999).
El psicoanalisis de Freud contribuyó al estudio y tratamiento de la psiconeurosis, ya la
investigación sobre motivación y personalidad aplicadas a los campos de la psicología
clínica, educativa y social, cuyos derivados se abordarán más adelante. (Harrsch,
2005,p.58-61 )
Teorías psicoanalíticas.

Estas teorías se centran en los cambios evolutivos del yo y en la personalidad. Los teóricos
como Sigmund Freud (1856-1939) Erik Erikson (1902-1994) vieron en el desarrollo un
proceso discontinuo que sigue una serie de etapas discretas. En cada etapa de maduración
surgen algunos impulsos, necesidades o conflictos que influyen en la forma en que el niño
se relaciona con el ambiente. Las etapas se resumen en la tabla 1.1. Cada una se basa en la
anterior refleja cambios cualitativos en las estructuras de la personalidad del niño en su
sentido del yo.
Conforme las teorías psicoanalíticas, las formas en que el niño satisface sus necesidades en
diversas edades marcan la pauta del desarrollo de su personalidad. Por ejemplo, si los niños
que empiezan caminar son castigados duramente por accidentes ocurridos durante el
entrenamiento en el control de esfínteres, pueden experimentar un sentido de culpabilidad y
de autoduda que incidirá en su desarrollo posterior. Más que Freud, Erikson reconoció que
la sociedad ha establecido formas de atender las necesidades del niño, pero la maduración
sigue determinando cuándo surgirán ciertas dimensiones de la personalidad. Además,
Erikson estaba convencido de que el desarrollo es un proceso de toda la vida, mientras que
para Freud las estructuras básicas de la personalidad infantil se colocan en los primeros
cinco años de vida. En otras palabras, el desarrollo de la personalidad tiene un periodo
crítico.

(L. Meece, 1997,p.20-21)


Bibliografía
Harrsch, C. (2005). Identidad del Psicólogo. México: PEARSON.

L. Meece, J. (1997). Desarrollo del niño y del adolecente. México: Mc Graw Hill.

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