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Anclaje de Recurso Positivo (o “Anclaje de Confianza”)
Se trata de asociar un estado emocional positivo (ej. seguridad, orgullo, tranquilidad) con un
gesto o palabra específica, para poder “activarlo” cuando más lo necesites.
Cómo hacerlo:
1. Identifica un recuerdo de éxito o seguridad. Puede ser un momento en que te
sentiste supercapaz, orgulloso o con absoluta confianza (por ejemplo, cuando lograste
algo importante).
2. Revive el recuerdo de forma vívida. Cierra los ojos, métete de lleno en esa escena:
observa lo que veías, escucha lo que oías, y sobre todo, siente esas emociones
positivas que experimentabas.
3. Escoge un ancla física y hazla en el punto álgido de la emoción. Elige algo sencillo
(p.e. presionar el pulgar contra el dedo índice, tocarte la muñeca, o pronunciar una
palabra corta que no uses mucho en el día a día).
4. Repite hasta que sea fuerte. Cada vez que repitas el proceso de revivir el recuerdo y
llegues al pico emocional, utiliza el mismo ancla. Así se va “cableando” en tu cerebro.
Cómo usarlo en la vida real:
Cuando te sientas inseguro, activa la ancla (repitiendo el gesto o la palabra) y deja que esa
sensación de confianza emerja. Con la práctica, tu cerebro conectará automáticamente ese
gesto con la emoción positiva.
2. La Técnica del “Swish” (Cambio Rápido de Submodalidades)
Esta técnica es muy popular en PNL para transformar imágenes o sensaciones internas
negativas en unas que te empoderen. Funciona genial para cuando te imaginas a ti mismo
“metiendo la pata” o pasando vergüenza, y quieres romper ese patrón de pensamiento.
Cómo hacerlo:
1. Identifica la imagen que te causa inseguridad. Por ejemplo, puede ser una
visualización de ti mismo haciendo el ridículo frente a los demás. Date cuenta de los
detalles: colores, tamaño de la imagen, movimiento o estática, etc.
2. Crea la imagen de tu “yo seguro”. Ahora, imagina una versión tuya con total
confianza, postura segura, voz clara, sintiéndote en control. Ponle muchos detalles a
esa imagen: color, nitidez, luz, etc.
3. El “Swish”:
○ Visualiza la imagen negativa a gran tamaño, cerca de ti (como si fuera una
pantalla de cine).
○ En una esquina pequeña (imagina, por ejemplo, abajo a la derecha), coloca la
imagen de tu “yo seguro” en versión chiquitita y un poco borrosa.
○ De repente, haz que la imagen de tu “yo seguro” crezca rápidamente y llene toda
la pantalla, brillante y poderosa, mientras la imagen negativa se hace chiquitita,
se aleja y desaparece. Acompáñalo con un sonido mental (algo tipo “¡Fsssssh!”
o “¡Swish!”).
4. Repite el proceso varias veces. Cada repetición debe ser rápida, en cuestión de un
par de segundos. Queremos que tu cerebro aprenda esa transición de la imagen
negativa a la positiva.
5. Comprueba cómo te sientes luego. Normalmente, la imagen negativa pierde fuerza, y
tu cerebro empieza a evocar la versión segura de ti cada vez que te imaginas en esa
situación.
Técnica de Reencuadre de Creencias
1. Identifica la creencia limitante
○ Pregúntate: “¿Cuál es la frase exacta que me digo y que me bloquea?”.
○ Ejemplo: “No soy lo suficientemente bueno para lograr X”.
2. Detecta el origen o la intención positiva
○ En PNL se considera que todo comportamiento o creencia surge con alguna
intención positiva (aunque el resultado sea negativo o limitante).
○ Explora cuándo o cómo nació esa creencia. Por ejemplo, tal vez aprendiste a
dudar de tus capacidades por protegerte del fracaso o del rechazo.
3. Crea una nueva creencia fortalecedora
○ Piensa: “¿Cómo me gustaría cambiar esa frase?”.
○ Ejemplo: “Estoy preparado para aprender y mejorar; merezco alcanzar mi
objetivo”.
4. Reencuadra la antigua creencia (cuestiónala con lógica)
○ Pregúntate:
■ “¿Cómo sé que esta creencia es 100% real?”
■ “¿Hay momentos en mi vida en los que demostré lo contrario?”
■ “¿Qué pasaría si adoptara la nueva creencia en lugar de la vieja?”
○ La idea es encontrar evidencia de que tu creencia limitante no es tan sólida
como pensabas y que la nueva creencia tiene más sentido.
5. Ancla la nueva creencia
○ Haz un ejercicio de “visualización futura”: imagina que ya crees firmemente en tu
nueva convicción. Visualiza situaciones, escucha lo que te dirías y siente la
diferencia a nivel corporal.
○ Conecta ese sentimiento positivo con un ancla físico (por ejemplo, apretar
suavemente tu muñeca o juntar el pulgar y el índice) en el pico de la emoción.
De esta forma, te será más fácil rescatar esa sensación en tu día a día.
6. Asocia la vieja creencia con algo “ridículo” o que te cause rechazo (opcional pero
potente)
○ Cuando notes que la creencia limitante vuelve a aparecer en tu mente, imagínala
con una voz de caricatura o visualízala como si fuera un garabato feo e
inofensivo.
○ La idea es quitarle poder. Cada vez que aparezca, rehúsala con algo así como
“Gracias, pero ya no te necesito” y activa tu ancla de la nueva creencia.
7. Practica y refuerza
○ Como en todo, la práctica hace la diferencia. Repite el proceso cada vez que
sientas que la vieja creencia asoma la cabeza. Refuerza tu nueva creencia con
acciones concretas: busca retos, haz cosas que antes creías imposibles, rodéate
de gente que te apoye.
Técnica: “New Behavior Generator”
1. Define el hábito específico que quieres crear
○ Ejemplo: “Voy a meditar 10 minutos cada día después de levantarme” o “Quiero
leer 20 minutos antes de dormir”.
○ Sé concreto sobre cuándo, dónde y cómo lo harás. (La claridad es clave).
2. Busca un modelo de referencia
○ Puede ser alguien que ya tenga ese hábito muy arraigado y que lo disfrute (un
amigo, un mentor, o incluso un personaje ficticio que imagines con esa rutina).
○ No importa si no lo conoces en persona, lo crucial es que tengas una imagen
mental clara de alguien que represente el comportamiento deseado.
3. Visualiza a tu “modelo ideal” realizando la conducta
○ Tómate un momento para cerrar los ojos y observar cómo esa persona (real o
imaginaria) lleva a cabo el hábito de forma exitosa.
○ Fíjate en la postura, la actitud, la fluidez con la que lo hace, y, sobre todo, en su
expresión de satisfacción o calma.
4. Crea una película mental de ti mismo haciendo lo mismo
○ Ahora, imagínate a ti mismo, como si te vieras desde afuera (en tercera
persona), haciendo la misma rutina con la misma soltura.
○ Observa cómo te mueves, tu lenguaje corporal, la concentración o la tranquilidad
que proyectas. Añade detalles sensoriales para que sea lo más real posible
(luces, colores, sonidos, sensaciones).
5. Sumérgete en la experiencia (pasar de “tercera persona” a “primera persona”)
○ Después de observarte “desde afuera”, entra en la escena. Pasa a primera
persona y siente todo en carne propia:
■ ¿Qué sensaciones corporales tienes mientras meditas o lees?
■ ¿Qué te dices internamente?
■ ¿Qué emociones experimentas al saber que estás cumpliendo con el
hábito?
○ Este paso es súper importante, porque refuerza la asociación emocional con el
nuevo hábito.
6. Ancla la sensación positiva
○ Cuando estés en el punto álgido de esa visualización (sintiendo motivación,
satisfacción, orgullo, etc.), crea un ancla física.
○ Por ejemplo, presiona tu pulgar e índice juntos, o toca ligeramente un punto
específico de tu muñeca. La idea es “grabar” ese estado positivo en tu sistema
nervioso.
7. Repite y refuerza
○ Repite esta “película mental” varias veces al día, especialmente antes de ir a
dormir o justo al levantarte, para ayudar a tu mente a asociar la rutina con
sensaciones agradables y de logro.
○ Usa el ancla (el gesto físico) antes de iniciar la actividad, para evocar
rápidamente ese estado de motivación.
8. Ponte metas alcanzables y celebralas
○ Comienza con algo realista, que puedas mantener en el tiempo. Por ejemplo,
meditar 5 minutos, leer 10 páginas o hacer un journaling de 5 minutos, e ir
aumentando progresivamente.
○ Cada vez que cumplas tu mini-objetivo, date un micro-premio (mental o real).
Reconoce tu avance, aunque sea pequeñito, para reforzar la motivación.