Introducción al Pentateuco y su Significado
Introducción al Pentateuco y su Significado
APUNTES
Miguel Angel Vega León
PRESENTACION
Nos ha tocado la gracia de estudiar juntos la parte más importante del AT, el
documento principal de la Biblia hebrea.
Ustedes saben que la Biblia hebrea esta dividida en tres grandes partes: Torá,
Nebiim y Ketubim (Ley, Profetas y Escritos). Los libros proféticos se presentan en
gran medida como comentarios de la Torá, y «los Escritos» son meditaciones sobre
la Torá. El mismo hecho de que el salterio esté dividido en cinco libros, quizás esté
así por referencia a la Torá.
1
Una biblioteca nacional es aquella institución en la cual se deposita, acopia, preserva y difunde el patrimonio bibliográfico
(libros, diarios, revistas, folletos, grabaciones, etc.) de un país. Tiene colecciones únicas e históricas de acceso restringido al
público en general (diferente pues, a una biblioteca pública). También contiene, por ejemplo, primeras ediciones de obras
históricas. Y, a diferencia también de un archivo nacional, no guarda los documentos administrativos, legales o colecciones
de instituciones públicas o particulares.
2
Gn 3,15; Gn 49,10; Núm 24,17; Dt 18,15-19
GENERALIDADES
Torá:
Entre los judíos se usa el sustantivo hebreo Torá, que significa básicamente
«instrucción», pero tiene además otras acepciones. En la Biblia hebrea se refiere
con frecuencia a una ley o colección de leyes (cf. Lev 11,46;26,46; Ez 43,11.12) y
también a uno o más libros (Cf. Deut 31,26; Jos 8,34; 2 Re 22,8.11; Neh 8,1; 2 Cro
34,14).
La versión griega de los LXX traduce torá por nomos (= «ley»).
El Nuevo Testamento distingue «la ley de Moisés, los profetas y los salmos» (Lc
24,44) o «la ley y los profetas» (cf. Mt 5,17; 7,12; Lc 16,16; Hch 13,15; 24,14; Rom
3,21).
Pentateuco:
Entre los cristianos se usa el término «Pentateuco» y también la expresión «Ley
de Moisés». La palabra «Pentateuco» aparece por primera vez en el s. II d. C., y
el primero en usarla fue el gnóstico Ptolomeo, muerto el 180 d. C.
Viene del griego penta (cinco) y de teujos, (caja o recipiente, utensilio,
instrumento). Puede hablarse del estuche o recipiente cilíndrico que contenía los
rollos… significaría entonces: cinco estuches; después, por metonimia, al
contenido, es decir, los cinco rollos. Por ello, para nosotros ahora, la palabra
Pentateuco significa «cinco libros».
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Un rollo con todo el Pentateuco mediría alrededor de 33 metros. Pero además de esta razón material, pudo haber razones
teológicas para dividirlo, véalo en: SKA J.L., en Introducción a la lectura del Pentateuco: Claves para la interpretación de los
cinco primeros libros de la Biblia, EVD, Estella 2001, pp. 13-16.
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El Talmud es el comentario judío a la Misná, y la Misná es el texto de sus «tradiciones orales» (distinto a la Miqrá
—Sagrada Escritura—).
Nombres: Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio. Estos cinco
nombres provienen de la versión latina de la Vulgata, y la Vulgata los tomó de la
traducción griega de los LXX. Sin embargo, en hebreo los títulos de los libros se
corresponden con la primera palabra importante del comienzo de cada obra:
HEBREO GRIEGO LATIN ESPAÑOL
תורה ΠΕΝΤΑΤΕΥΧΟΣ PENTATEUCHUS PENTATEUCO
a) ANACRONISMOS
El Pentateuco alude a hechos que son posteriores a Moisés: por ejemplo, su
muerte, narrada en Dt 34. En Gen 14,14 dice que Abraham persiguió a los
enemigos de Lot hasta Dan; pero esta ciudad en tiempo de Moisés se llamaba Lais
(Jue 18,29). Se hace referencia en distintas ocasiones a los filisteos, los cuales se
establecieron en Palestina después de la muerte de Moisés (Gen 21,34). También
Gen 36,31… el escritor conoce reyes en Israel, cosa que ocurrió dos siglos después
de la muerte de Moisés.
b) NARRACIONES REPETIDAS
Encontramos en el Pentateuco hechos repetidos dos o más veces, ¿cómo pensar
que los haya escrito una sola persona y de una sola vez? Así, por ejemplo: Sara se
finge hermana de Abraham para que no maten a este, en dos ocasiones (Gen
12,10ss y 20,1ss). Agar es expulsada dos veces (Gen 16,6ss y 21,9ss); Jacob recibe
el nombre de Israel también en dos ocasiones (Gen 32,28 y 35,10).
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Eso porque el mismo Pentateuco dice que Moisés escribió: Ex 17,14; 24,4; Núm 33,1-2; Dt 31,9.22.24.
c) FALTA DE ARMONIA
Además de la repetición de relatos, resulta que entre ellos hay diferencias y
pequeñas contradicciones, lo cual no se explica en la hipótesis de un solo autor.
Así por ejemplo, hay dos relatos de la creación (Gen 1 y 2), pero según el primero,
hombre y mujer fueron creados a la vez, como culminación de toda la obra de la
creación, después de las plantas y de los animales; según el segundo, la creación
del hombre precede a la creación de las plantas y de los animales, y la mujer es
posterior. Hay también dos relatos del diluvio (Gen 6-9), según uno, Noé tiene
orden de tomar un solo par de animales de cada especie para meter en el arca (6,19-
20); según 7,2 sin embargo, debe tomar siete pares de animales puros y uno de
animales impuros. Gen 7,8ss acentúa esta contradicción diciendo que tanto de
animales puros como impuros fueron metidos en el arca solo un par. Existe
también desacuerdo entre la duración del diluvio: según 7,12 la lluvia duró 40 días,
después de los cuales (8,6ss) Noé esperó un cierto número de períodos de siete
días hasta que las aguas descendieron; según 7,24 las aguas estuvieron creciendo
durante 145 días y no desaparecieron hasta pasado un año y diez días (8,14). Otro
ejemplo, el relato de la venta de José: según Gen 37,27 fue vendido por iniciativa
de Judá, a los ismaelitas, los cuales lo vendieron a su vez a un egipcio (39,1); según
Gen 37,21ss fue Rubén quien tomo la iniciativa para defender a José, el cual fue
vendido a los madianitas (37,28), que lo recogieron del pozo y lo vendieron a
Putifar (37,36).
d) NOMBRES DIVINOS
Unas narraciones utilizan uniformemente «Elohim», mientras otras emplean
«Yahveh» (Cfr. Los dos relatos de la creación). Según Ex 6,2-3 Dios no se ha
manifestado con el nombre de Yahveh hasta su revelación en el Sinaí; ahora bien,
el nombre de Yahveh aparece ya en muchos relatos patriarcales; aparece incluso
antes del diluvio (Gen 4,26). Y hay algo más, junto a los distintos nombres divinos,
aparecen también unas formas distintas de concebir la divinidad; así, en el primer
relato de la creación se habla de Dios en un lenguaje técnico y trascendente, pero
los capítulos 2-3 están llenos de antropomorfismos. Veámoslo…
En Gen 20,1 el autor empieza diciendo «partió de allí Abraham», pero en los
versículos anteriores no se habla de él.
En Ex 19,25 se dice que Moisés bajo hacia el pueblo y le dijo; pero en el versículo
siguiente en vez de narrar las palabras de Moisés, el relato empieza bruscamente
«Y pronunció Dios todas estas palabras».
Con todo lo que hemos dicho, poco a poco se fue dilucidando que eran cuatro los
documentos o tradiciones, las cuales al ser unidas y revueltas formaron finalmente
el pentateuco que ahora tenemos:
YAHVISTA. Características:
➢ Llama a Dios «Yahveh»
➢ Relato muy vivos, concretos y llenos de imágenes
➢ Antropomorfismos de Dios
➢ Dios convive familiarmente con el hombre (visita a Adán y Eva en medio de
la brisa del día, les hace túnicas de pieles, cierra El mismo la puerta del
arca…).
➢ Recurre a etimologías populares para explicar usos, costumbres, nombres de
personas y lugares.
➢ Talento real para la narración, dejando en suspenso el interés del lector hasta
el final.
➢ No se preocupa de ajustar sus materiales a un molde uniforme.
➢ Tampoco se preocupa por cronología rigurosa, hace transiciones no muy
lógicas.
➢ Ingenuidad en la narración.
➢ Buen psicólogo: presenta con habilidad el fondo de los corazones: la astucia
de Jacob, la avaricia de Labán. Especialmente en la psicología femenina: los
diálogos entre Eva y la serpiente; entre Rebeca y Eliecer; entre José y la
esposa de Putifar.
➢ Se revela profundo teólogo: Dios usa de las causas segundas, tanto físicas (el
viento, en el paso del mar Rojo) como psicológicas (la envidia a José). Su
Dios es trascendente, pero también cercano (dispersa a los de la torre de
Babel y come con Abraham).
➢ El Yahvista es el que contiene, en el Pentateuco, las profecías mesiánicas: el
protoevangelio de Gen 3,15; la profecía del cetro de Judá (Gen 49,10); la
profecía de Balaán (Núm 24,7) y el astro salido de Jacob (Núm 24,17).
➢ Usa el termino Sinaí en vez de Horeb; el de «cananeo» en vez de amorreo; el
de «Israel» en vez de Jacob.
ELOHISTA.6 Características:
o Llama a Dios «Elohim»
o Más sobrio y monótono, menos vivo que el Yahvista.
o Moral más exigente. Profundo sentido de la obediencia a Dios.
o Distancia entre el hombre y Dios. Dios se comunica por sueños y evita los
antropomorfismos.
o Ocupa lugar preeminente el profeta; mientras que en el Yahvista es al rey a
quien se le da un lugar especial. Recoge tesis teológicas que se relacionan
con los profetas del norte (Amós, Oseas).
SACERDOTAL. Características:
❖ Estilo abstracto, redundante
❖ Leyes, sobre todo
❖ Preciso y seco.
❖ Gusta de cómputos y genealogías
❖ Propensión al esquema
❖ Usa tecnicismos (v.gr. Minhah: ofrenda vegetal a la divinidad)
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Actualmente son pocos los que defiende la existencia de la fuente elohista.
❖ Usa términos cultuales: tienda, santuario, ofrenda
❖ Sentencias breves («Y vio Dios que estaba bien», «hubo tarde y mañana).
❖ Los meses los nombra con número
❖ Le gusta nombra a Dios con el extraño término «Shaday»
DEUTERONOMIO. Características:
▪ Estilo oratorio. Quiere convencer no solo enseñar.
▪ Repite a menudo formulas rotundas: allegarse a Dios, hacer lo que está bien,
guardar los mandamientos
▪ Doctrina afirmada constantemente: Dios es el único Señor, Dios ha elegido
a su pueblo, nos ha dado la tierra para que cumplamos su alianza
▪ Mezcla de «tú» y «vosotros»
Después de largos tanteos, a fines del siglo XIX se impuso entre los críticos una
teoría, sobre todo bajo la influencia de los trabajos de Graf y Wellhausen: el
Pentateuco sería la recopilación de cuatro documentos, distintos por la fecha y el
ambiente de origen, pero muy posteriores todos ellos a Moisés. Habrían existido
primero dos obras narrativas: el Yahvista (J), que en el relato de la creación usa el
nombre de Yahvéh, y el Elohista (E), que designa a Dios con el nombre común de
Elohim; el Yahvista habría sido puesto por escrito en el siglo X en Judá, a
comienzos de la época monárquica, el Elohista algo más tarde en Israel; a raíz de
la ruina del Reino del norte (Samaria), ambos documentos habrían sido refundidos
en uno solo (JE); después de Josías, se le habría añadido el Deuteronomio (D)
(JED); a la vuelta del destierro, el documento Sacerdotal (P), que contenía sobre
todo leyes y unos pocos relatos, habría sido unido a aquella recopilación, a la que
sirve de marco y armazón (JEDP).
Aunque rechazada por algunos y, criticada o aceptada a medias por otros, ésta vino
a ser por muchos años la teoría documentaria clásica.7
7
En este esquema puede verse que P es dividida en Pg y Ps: Pg (de Priester grundschicht) significa «escrito de base sacerdotal»
y Ps (de Priestershcrift) trata de suplementos legislativos. También a veces el J es subdividido en J 1 también llamado N o L: J1
(=Yahvista primitivo) o L (fuente «Laica»), o N (fuente «Nómada»).
«Pero, si la teoría documentaria podía aparecer como frágil hace treinta años, de
entonces acá parece haber recibido el golpe de gracia: la «nueva crítica» la
cuestiona sistemáticamente. Hace treinta años las diferencias de un autor a otro
podían ser considerables, pero la hipótesis de fondo era la misma; hoy ya no existe
una hipótesis generalmente admitida, sino una serie de modelos para explicar el
origen del Pentateuco. Se llega incluso a un rechazo global de toda crítica literaria,
considerada inoperante para la comprensión de los textos. No sabemos qué
quedará de tantas investigaciones actuales, tan divergentes y que a veces se
excluyen mutuamente»... (continúe leyendo la introducción al Pentateuco de la Biblia de Jerusalén).
(El alumno podría hacer una investigación sobre las hipótesis que se han hecho).
TEMA 2:
EL ARTE LITERARIO ANTIGUO
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El texto más antiguo de la Biblia descubierto hasta ahora, es precisamente del Pentateuco, y son dos rollitos de plata que
contienen la bendición sacerdotal de Nm 6,24-26 y fueron hallados en 1979 en el valle de la Gehenna en Jerusalén. Se
remontan a finales del s. VII o principios del s. VI a.C.
2.2 TIPOS DE LITERATURA
Otra función del mito es mostrar modelos divinos de las realidades que tienen que
ver con las prácticas del grupo social: «los hombres hacen lo que los dioses
hicieron». El modelo sugiere; no es obedecido sino seguido. Así, Gen 1,1-2,3 crea
el modelo divino de la práctica del sábado; de hecho, no existe información
«historiográfica» sobre el origen del sábado.
El mito no se opone a la historia, ofrece siempre una interpretación de la
historia y de las realidades significativas, por eso no hay mitos de cosas banales.
Las leyendas, por su parte, son relatos ligados a un lugar sagrado (santuarios y
fiestas) para explicar el origen de su santidad, o pueden estar centrados en un
personaje religioso (sacerdotes y profetas). En este caso, el asunto es personal,
aparecen dos o tres personajes, no se esbozan rasgos de su personalidad, pero son
personajes tipo; lo decisivo se resume en el discurso verbal y tienen un principio y
un fin claros. Son leyendas los relatos de la serpiente de bronce (Nm 21,4-9), las
prácticas relacionadas con la tienda del encuentro (Lv 9,22-24), la pascua con
todos sus ritos (Ex 12,2-13,16), las explicaciones sobre la circuncisión (Gen 17; Ex
4,24-26), el origen del santuario de Betel (Gen 28,10-22). También son leyendas
el cambio del agua amarga en dulce, el maná y las codornices, la fuente que brota
de la roca (Ex 15,22-17,7). Existen leyendas sobre Moisés, sobre los sacerdotes (Nm
16,1-17,15); la leyenda del sacerdote Fineés, nieto de Aarón (Nm 25) y la vara de
Leví que florece (Nm 17,11-26).
Comparadas con las sagas, a las leyendas les falta colorido y humor; la saga se
concentra en la acción, mientras la leyenda lo hace en la actitud interior de
hombres religiosos o antirreligiosos, cuyas posibilidades opuestas son la fe o la
incredulidad, la virtud o el vicio. La leyenda comparte con la saga el hablar de la
acción de Dios dentro de la historia. Esto no puede hacerlo la historiografía, que
solo puede hablar de los planos humanos, de sus fracasos y éxitos. Sagas y leyendas
hablan también del «como» de la acción divina, la saga fijándose más en lo externo
y objetivo, la leyenda en lo interno y subjetivo. Por tanto, ambas tareas son
imprescindibles dentro de la Biblia; no van en contra de la vinculación de la fe
bíblica con la historia, sino que la subrayan.
Las novelas son narraciones poéticas, no historiográficas, que pretenden divertir
y entretener; presentan a los hombres y a las cosas tal como son, y cuando hablan
de personajes del pasado lo hacen conforme a lo que sucede en la actualidad. La
novela describe un acontecimiento y sus consecuencias para los hombres, que
aparecen relativamente pasivos y se limitan a reaccionar ante el destino (la novela
de José en Gn 37-50 ).
Aclaración:
Para una persona no embuida en los estudios bíblicos, el término «leyenda» le
resulta cargado de connotaciones negativas. Evoca la idea de algo lejano, fabuloso
y falso. Es difícil que consigamos imponer una visión positiva de este término. Y
lo mismo habría que decir sobre la palabra «mito». Pero en la ciencia bíblica
ambas palabras son usadas con mucho respeto.
2. Leyes
Israel y otros pueblos no sólo recurren al pasado para explicar el presente, sino que
lo hacen también para afirmar el presente orden social y político. La idea básica
era que sólo el pasado posee valor normativo; y cuanto más remoto, mejor.
Todo lo que la sociedad necesita, incluidas las instituciones políticas y religiosas,
el orden social, incluso las tecnologías básicas, estaba presente desde el comienzo.
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La tierra centro del universo o la tierra desplazada en una galaxia perdida entre millones de galaxias; creación directa del
hombre por Dios o evolución; diluvio universal o millares de catástrofes distribuidas por todo el mundo, etc. También mucha
gente que no es cristiana considera estos textos como los culpables de la situación de inferioridad de la mujer respecto al
hombre, de la destrucción y contaminación de la naturaleza y, de difundir entre la gente patrañas sin fundamento histórico
ni científico que solo sirven para mantener a la humanidad en las sombras de la ignorancia.
Por consiguiente, la tarea de cada una de las generaciones posteriores era
mantener y, cuando era preciso, restaurar el primitivo orden de cosas. En
Mesopotamia, por ejemplo, se contaba que en los tiempos primitivos descendió del
cielo la monarquía, justificando con ello la existencia de esa institución.
Ante este capítulo de la Biblia se dan dos posturas extremas: se le desprecia como
si fuera un cuento infantil, o se cree en el de tal modo que se le interpreta
literalmente, de forma casi ridícula… Especialmente la creación en seis días, que
algunos para salir del paso, interpretan como seis largos períodos de tiempo; la
creación del hombre a partir del barro, que se usa como arma contra el
evolucionismo11, etc.
Para comprender a fondo los dos primeros capítulos del Génesis veamos los
relatos de la creación en el Antiguo Oriente. El hombre antiguo intentó
explicar de varias formas la aparición de todo lo existente, y sus relatos influyeron,
en mayor o menor medida, en los narradores bíblicos.
11
Bueno, esto está en el segundo relato de la creación (2,4bss), pero quede dicho de una vez.
12
«Tú dominas la soberbia del mar y amansas la hinchazón del oleaje; tú traspasaste y destrozaste a Rahab, tu brazo potente
desbarató al enemigo» y «¿No eres tú quien destrozó al monstruo y traspasó al dragón? ¿No eres tu quien secó el mar y las
aguas del Gran Océano?», respectivamente.
otra la tierra. La creación por la acción de “separación” está en Génesis 1, vea los
vv. 4.6.7.9.14.18.
Cuando se trata de crear al hombre, la acción más socorrida es formarlo de barro
(hasta nuestros indígenas Cucapás decían lo mismo). En Egipto se comparaba al
dios creador con un alfarero, que crea al hombre en el torno. Es también frecuente
que la creación del hombre vaya precedida de una “decisión” por parte del dios o
de los dioses. Otro rasgo frecuente es la creación del hombre a imagen de los
dioses.
--Creación por la palabra. Se encuentra en culturas primitivas de Egipto y
Mesopotamia. En la Biblia, además de en Gen 1, el tema aparece en otros textos:
«la palabra del Señor hizo el cielo… el lo dijo y existió; el lo mandó y surgió» (Sal
33,6.9; vea también 148,5; Is 48,13).
13
Los científicos creen que el sistema solar se conformó hace unos 6,000 millones de años, y la tierra, segmento de aquel,
hace unos 4,500 millones… La tierra después del sol.
• El estribillo «y vio Dios que era bueno», tiene una función de cláusula
responsorial. De hecho, pareciendo que el medio germinal de este relato
parece ser el litúrgico14, varios exégetas piensan que este relato es un himno
a la creación.
De esto que hemos observado, se sigue que no quieren ser objetivos ni los días, ni
su número; ni las ocho obras creadas; ni el orden de la creación; ni su distribución
en seis días; ni el esquema estereotipado de los cinco o siete puntos (en cada obra
creada); ni las expresiones «dijo Dios», «alabó», «bendijo», que son puros
antropomorfismos. Por lo tanto, no hemos de hablar ni pensar que Dios «hizo el
mundo como está»; ni que lo puso ahí en «seis días»; ni mantener la concepción
del universo reflejada en esa página.
a) Sobre Dios:
-Único (ni dualismo antitético, ni diosa consorte)
-Eternidad (preexiste a todo lo que existe)
14
En el relato hay un orden religioso: está impregnado de la palabra de Dios y lo que sucede es calificado moralmente como
bueno; además las lumbreras del día 4º (día central entre los siete), no solo sirven para señalar los días y años, sino también
para señalar las solemnidades, haciendo alusión muy probablemente a las fiestas cultuales.
15
Uno de los iniciadores de esta teoría fue el astrónomo y sacerdote belga Georges Lemaitre (1894-1966).
16
Vea en YouTube la explicación de Manuel Carreira astrofísico y sacerdote (murió el 03 febrero 2020).
-Absoluta trascendencia (diferente a lo creado y superior a ello)
-Es causa de todo lo que existe (omnicausalidad)
-Su intervención por «creación», señaló el comienzo del tiempo.
b) Sobre el mundo:
-Ni el universo ni la materia son eternos. Insisto: para salvaguardar el dato
de la creación es preciso, y basta, aceptar que la primerísima materia aparecida –
diminuta o extensa— en el cosmos, se presencializó en el momento que fuera, por
voluntad de Dios. No se requiere más. Para el resto, «Dios no hizo, ni hace las
cosas, sino que hace que las cosas se hagan a sí mismas» (Teilhard de Chardin).
Aceptamos la evolución, pero no la autoevolución («self-evolution») o evolución
creadora.
-Los astros, al igual que todos los demás seres existentes, son meras
criaturas y no potencias cósmicas objeto de adoración, como hacían en los demás
pueblos. Al sol y la luna no los menciona por su nombre, sino como «lumbreras»,
señalando que tienen una función de servicio al hombre.
c) Sobre el hombre:
-El hombre es la corona del universo, el ser soberano entre todo lo
«creado».
-Además de la vida, tiene en sí algo divino, siendo imagen de Dios.
-La existencia de los dos sexos es obra de Dios, y su consecuencia, el
matrimonio, va ordenado a la continuación de la humanidad.17
-Todos los seres humanos (varón -ish y varona -ishá) tienen la misma
dignidad.
-Tiene por tarea transformar el mundo, y, por lo tanto, el trabajo sobre la
naturaleza es su ley de vida.
-Confiándose al hombre el dominio del mundo, se legitiman las ciencias
naturales, la técnica y la organización humana. Dominar no es lo mismo que
destruir o abusar.
-El hombre ha de tomar ejemplo y enseñanza de la actividad y descanso de
Dios, según el ritmo de seis días de trabajo y uno de descanso.
17
Por ello, nadie puede querer casarse cristianamente y la vez tener proyectado no tener hijos. No se puede separar la
sexualidad de la fecundidad.
SEGUNDO RELATO DE LA CREACIÓN (GEN 2,4b-25)
Más que un segundo relato de la creación, se trata más bien de la creación del
hombre y la mujer; el primer relato es una cosmogonía, mientras que este es una
antropogonía.
Se trata de un relato simbólic0-didáctico, en el que se han de distinguir la
envoltura literaria de símbolos y las enseñanzas de estos:
a) En la formación del varón. La expresión «Yahvéh formó» indica la
dependencia total del hombre en relación a Dios; «polvo de la tierra»
significa su fragilidad; el «soplo de Dios» que hace al hombre «ser viviente»
nos dice que el ser humano tiene una vida que viene de Dios; el parque en
«Edén» simboliza la felicidad inicial del hombre en su situación de shalom
(paz) con Dios. Dicho de otro modo: el Yahvista no pretende decirnos cómo
ha tenido origen el hombre, sino qué cosa es el hombre: materia caduca
vivificada con un hálito vital de Dios.
b) Formación de la mujer. El relato procede, igualmente, por símbolos,
que vienen a decir que la mujer es un ser igual –en naturaleza y dignidad—
al varón, de idéntica materia y que lo complementa a él. Lo entendemos así
porque:
▪ La mujer es formada de un elemento –que es puro símbolo— tomado del
varón (ish), por eso ella es ishá (=varona).
▪ La expresión ‘ezer kenegdó («ayuda similar a él»). Kenegdó dice a la letra
«como frente a él» y se traduce ordinariamente como «similar a él», y
también podría decirse «en conformidad con él» o «proporcionada a él».
Entonces, la palabra «ayuda» no significa «servicio», sino integración vital,
complemento.
▪ La mujer es respecto del hombre «hueso de sus huesos», y llega a formar
con el hombre «una sola carne». Si hubiera sido hecha de barro no se
expresaría esa profunda compenetración.
▪ Ningún animal complementa fisiológicamente, psicológicamente y
socialmente al hombre. En cambio, la mujer sí. El varón encuentra en ella
la compañera gracias a la cual puede realizarse en plenitud.
En orden a esa autorrealización y complementariedad, el varón se sentirá
impulsado irresistiblemente a abandonar padre y madre, para unirse a su mujer, y
constituir así, con ella, un único principio existencial (v. 24). Tenemos aquí la
institución del matrimonio como sociedad natural. Se ve acentuada su
unidad institucional, por cuanto el hagiógrafo escribe: «se unirá –el varón— a su
(singular) mujer». Y Cristo vio en ello (Mc 10,9) no sólo la unidad, sino la
indisolubilidad del matrimonio como estructura querida por Dios; como si el
texto dijera «se unirá para siempre a su mujer», constituyendo ambos una sola
carne, e.d. un único ser, sin posibilidad de separación, so pena de destrucción.18
18
Así, Eclo describe el repudio como «cortar la carne propia» (25,26).
EL DILUVIO (GEN 6-9)
I. CRITICA LITERARIA
Ya hemos dicho que en el relato del diluvio hay claros duplicados. Se cuentan dos
veces la corrupción del hombre (6,5 y 6,11-12); decisión divina de aniquilarlo (6,7
y 6,13); mandato de entrar en el arca (6,18-21 y 7,1-3); edad de Noé (7,6 y 7,11);
entrada en el arca (7,7 y 7,13); comienzo del diluvio (7,10 y 7,11); muerte de los
seres vivos (7,20 y 7,22s); promesa de no destruir la tierra (8,21b-22 y 9,11).
Además, hay una clara diferencia entre el número de animales que deben entrar
en el arca: al principio Dios ordena salvar una pareja de animales de cada especie
(6,19s; 7,15s); más adelante (7,2s) distingue entre animales puros (siete parejas) e
impuros (una sola). También parece haber dos cronologías distintas, una reflejada
en 7,4.10.12.17; 8,6-12 y otra en 7,6.11.24; 8,3-5.13.14. Estos datos llevaron a
aceptar dos tradiciones básicas Yahvista (J) y Sacerdotal (P).
Hoy día existe una reacción bastante fuerte contra esta división en dos fuentes,
dada la escasez de elementos que pueden atribuirse a J. Hay tres tendencias,
ninguna plenamente convincente:
a) La tradicional, que distingue dos fuentes principales y otros añadidos.
b) En el extremo opuesto, algunos piensan que el relato tiene profunda unidad,
procede de un solo autor, y las aparentes contradicciones y repeticiones no
deben extrañarnos en una obra antigua.
c) Se va abriendo camino la idea de que un antiguo relato fue completado y
matizado por un autor posterior.
Nos persuaden que el relato del diluvio no es del todo histórico, estos datos:
➢ El volumen de agua necesario para cubrir todo el globo de la tierra hasta más
de siete metros («quince codos») sobre el Himalaya (8,888 m.), es superior al de
todos los océanos juntos; de darse, hubiera desviado al planeta de su órbita.
➢ El número de animales frente a las dimensiones del arca, aun contando
con tres plantas: son 135 metros de longitud, por 22.5 de ancho, por 13.5 de altura
(tomando en cuenta el codo vulgar que medía 45 cm; si fuera el codo regio que
medía 52,5 cm., las medidas serían: 157.5 x 26.25 x 15.75) no podía dar cabida a
todos los animales de la tierra, de los que existen más de un millón ciento veinte
mil especies, además de la imposibilidad de reunirlos a todos.
➢ A estos considerandos se une el estudio de las expresiones literarias
como «toda la tierra», «toda carne», etc., que es fraseología característica de la
Biblia, pero que no designa al planeta entero, sino una región en vista.
III. ENSEÑANZAS
--La soberanía absoluta de Dios y su omnipotencia incontrastable.
--Su justicia en castigar el pecado, y su misericordia, que no destruye del todo, sino
que salva a sus fieles.
--Dios rechaza a quien primero lo ha rechazado a El: no se puede rechazar el amor
de Dios sin ser rechazado por El.
TEMA 4: EXODO
De las cuatro explicaciones mostradas, la última (a partir del verbo «ser») es la que
ofrece las mayores posibilidades. Y esto, porque el contexto inmediato la apoya,
ya que Ex 3,14, nos da la explicación de YHVH, haciendo derivar el Nombre del
verbo hyh (‘ehyeh) que significa «ser». Lo cual puede como ratificarse con el
estudio de F. M. Cross, Jr.19, quien encontró en nombres propios amorreos del
segundo milenio antes de Cristo, la expresión Yahwi. Nombres tales como
YAHWI-IL y YAHWIH-HADDU; en estos casos yahwi es una forma verbal que
19
«Jahweh and the God of the Patriarchs», Harvard Theological Review, citado por Jorge V. Pixley en «Éxodo, una lectura
evangélica y popular», Casa unida de publicaciones, México 1983, p. 49.
acompaña el nombre de un dios (Il o Haddu), y la vocalización indica un
significado causativo: Il hace existir o Haddu hace existir. 20
20
«IL» que da origen a los términos «EL» y «ALÁ».
6. Ulceras (hombres 6.Peste (hombres) 6.Langosta
y animales)
7. Granizo (hombres 7.Muerte primogénitos 7.Muerte primogénitos
y animales) (animales) (animales)
8. Langostas
9. Tinieblas
10.Muerte de los
primogénitos de Faltan: mosquitos, Faltan: tábanos, peste
hombres y animales úlceras y tinieblas y úlceras
Algunos autores opinan que esta última plaga, no debe clasificarse como la décima
plaga, porque es muy diferente. 21 Las primeras nueve plagas tienen forma y
contenido comunes: en cada una de ellas se ve, primero, el discurso de Dios que
anuncia la calamidad, luego, la realización de la amenaza y, finalmente, el estribillo
de la obstinación del faraón; en cambio, la décima está envuelta en el contexto del
sacrificio de un cordero, la cena familiar, la noche de la muerte de los primogénitos
y la inmediata liberación de los israelitas.
También vemos diferencia en que las nueve primeras plagas se reúnen en bloques
de tres, con una misma estructura: Dos veces avisa Moisés al faraón, la tercera no
lo hace, y así ocurre a lo largo de la serie; en cada grupo de tres, la tercera no
contiene aviso. En las plagas de la sangre y ranas lo avisa, en la plaga de mosquitos,
no; en las plagas de tábanos y peste le avisa, en la plaga de úlceras, no; en las plagas
de granizo y langostas le avisa, en la plaga de tinieblas, no. La décima plaga, la de
los primogénitos, queda sola, aparte.
21
Curiosamente, la décima plaga es la única que el texto llama plaga (11,1).
2.1.3 ¿En qué consistieron las plagas?
Se han gastado ríos de tinta buscando una explicación. La más sencilla era pensar
que Dios produjo milagrosamente aquellos portentos tal y como los narra la Biblia.
A fin de cuentas: ¿No es Dios todopoderoso? ¿Por qué no pudo hacerlo? Y si así
nos lo cuenta la Biblia, pues así sería.
Pero resulta que, del hecho de que Dios pueda hacerlo, y de que así nos lo cuente
la Biblia, no podemos deducir que históricamente así fuera y así Dios lo quisiera.
Hablamos, para empezar, de 10 milagros sucesivos… como si Dios necesitara hacer
muchos juegos de circo para llamar la atención.
Algunos pseudocientíficos han llegado a decir que se trató de un cometa que habría
rozado dos veces la tierra, provocando una nube de polvo rojo, que habría
convertido las aguas del Nilo en sangre, con todas las consecuencias de infección,
peste y muerte de animales y hombres. Lo del granizo, las tinieblas, etc., habrían
sido efecto de pequeños meteoritos. Demasiado ingenuo, ¿no te parece?
Pues no termina todo ahí. Puestos a imaginar, hubo quien pensó en un volcán,
llamado Santorín 22 , que habría provocado un maremoto capaz de aniquilar el
ejército egipcio. Las plagas no habrían sido otra cosa que secuelas de las
erupciones volcánicas y de los trastornos ocasionados por el susodicho fenómeno
hidrográfico.
Dice que las aguas se convierten en sangre. ¿Qué aguas? Porque en los vv. 17-18
dice que las aguas que están en el Nilo, pero el verso 19 dice que «todas las aguas
22
Archipiélago griego
de Egipto: ríos, canales, estanques y aljibes… hasta en las vasijas de madera y de
piedra». Y lo más extraño es que, el v. 22 dice que «los magos hicieron lo mismo
con sus encantamientos». ¿Cómo es posible? Si ya todas las aguas estaban
convertidas en sangre.
Entonces ya podemos ver que al autor no le importa la realidad histórica sino su
significado. Al decir que «hicieron lo mismo» quizás se está diciendo no que
hicieron magia los magos, sino del sentido que dieron al fenómeno natural
conocido como «Nilo rojo». 23 Pues los egipcios y magos dirían: «Eso es algo
natural». En contraste, se pone a Moisés leyendo el suceso como un signo de la
providencia de Dios con su pueblo.
Allá por el mes de agosto las descomunales tormentas en las montañas de Abisinia
producen las grandes crecidas del Nilo, acompañadas de microorganismos y tierra
rojiza, que dan a este un color rojo similar a la sangre.
Esto era beneficioso para las tierras que inundaba. Excepto cuando eran tan
persistentes que, debido a aquellos microorganismos, producían la muerte de los
peces con las consiguientes epidemias.
Este pudo ser el punto de partida de esta “plaga”. Moisés lo interpreta como
castigo de Dios por no dejarles salir. Los magos como algo natural.
Y también aquí nos volvemos a encontrar con la anomalía de que «lo mismo
hicieron los magos con sus encantamientos», como si se tratara de la flauta de
Hamelín. ¿Cómo podía ser esto verdad si las ranas ya se encontraban en todas
partes? No importa. Lo que cuenta es que ahora se señala que los magos son
23
El 13 de noviembre de 2023 se hizo viral que el Nilo se había pintado de rojo. Pero luego se dijo que era fake news y otros
decían que en verdad sí sucedió, pero en otro país… No quedó claro el punto. Los científicos dijeron que ese fenómeno
sucede por una plaga de algas rojas, las cuales producen ese color en el agua.
importantes para hacerlas desaparecer. El faraón se presenta como obligado a
pedir a Moisés y a Aaron que «recen» para que desaparezcan, prometiéndoles
dejarlos marchar a celebrar su fiesta.
Moisés se lo suplicó al Señor, y «el Señor cumplió lo que pedía Moisés». Las ranas
mueren –interpretación religiosa del hecho–. Pero el Faraón vuelve a ponerse
terco, y no los deja salir.
Como puedes ver, la hipérbole usada por el autor no es menor que las anteriores.
Es que los orientales, a la hora de exagerar, no se quedan cortos. ¿Por qué se le
ocurrió al autor decir que el polvo se convirtió en mosquitos? Porque ellos creían,
en su ignorancia científica, que estos animalillos nacían por generación
espontánea. Y lo mismo que el viento hace nubes de polvo, así se formaron nubes
de mosquitos.
Ahora vemos que el faraón da un paso más en sus concesiones: «también los niños
pueden ir con ustedes, pero dejen las ovejas y las vacas». Necesita la garantía de
que no se van a escapar. Moisés le dice que todo o nada. Entonces el faraón no
aguanta más y le amenaza con la muerte si vuelve a presentarse ante él. Tú lo has
querido, le responde Moisés, y se fue… para volver.
CONCLUSION. Como dijimos al comienzo de este tema de las plagas, las nueve
primeras plagas tienen un esquema bien definido y un lenguaje propio, formando
un relato con unidad; mientras la última plaga, no entra en el esquema ni tiene el
mismo vocabulario (Cfr. nota a 7,8). Las primeras 9 plagas entran en una tradición
donde el éxodo se presenta como huida, mientras en la plaga de los primogénitos
se presenta el éxodo como una expulsión (Cfr, nota a 11,1). Se trata de dos relatos
distintos que después un redactor unió. El texto sobre las plagas no es historia
como «memoria del pasado», aunque tome como referencia o tenga un trasfondo
histórico (baste ver que el ganado es matado cuatro veces: 9,6.9.19; 11,5). De todas
las plagas de la que no se duda su historicidad es de la última, pero también con
un acotamiento: probablemente sólo moriría el primogénito del faraón.
2.2 La Pascua
La pascua se llama en hebreo pesah. El origen y significado del nombre «Pascua»
no es claro. Al parecer, el término deriva del verbo pasaj, que significaría «cojear»,
«saltar» o «danzar» como una danza ritual. Sin embargo, la acepción que le
atribuye el libro del Éxodo es «pasar de largo», pues Yahvé pasa (omite) o se salta
las casas que están marcadas con la sangre del cordero, protegiendo y librando así
de la muerte a los primogénitos de los hebreos (12,13.23.27).
Los textos sacerdotales y Ez 45,21 son los únicos que precisan la fecha de la Pascua,
que es el 14/15 del primer mes, es decir, en el plenilunio25. Esta fecha debió de ser
la de la Pascua desde los principios: siendo una fiesta nocturna y una fiesta del
desierto, se celebra en el plenilunio, sencillamente porque es la noche del mes en
que hay más claridad. La Pascua es una fiesta muy antigua, que se remonta a la
época en que los israelitas eran todavía seminómadas, e incluso anterior al éxodo,
en caso de que la fiesta del desierto que se proponen celebrar los israelitas, Ex 5,1
24
García López prefiere esa hipótesis: ese momento coincidía con la preñez o fecundidad de sus ganados; además solían
aprovechar la luna llena para buscar los nuevos pastos. Y como en esas trashumancias, pastores y ganados corrían múltiples
peligros, hacían ese rito para protegerse y pedir la fecundidad… Suena muy lógica también ¿no?
25
El mes es llamado «Nisán» o «Abib». Nisán es el nombre babilónico, mientras Abib es el nombre antiguo hebreo.
fuera ya una pascua 26 . Pero esa fiesta de la primavera común a los semitas
nómadas adoptará entre los israelitas un significado especial.
3. La ruta y el mar
3.1 La ruta (13,17ss)
26
El comienzo del relato antiguo sobre la pascua, en Ex 12,21 (Yahvista) menciona la pascua sin explicación, y esto supone
que era ya conocida, probablemente es «la fiesta de Yahveh» para cuya celebración pedía Moisés permiso al faraón. Cfr.
Comentarios en la Biblia de Jerusalén a Ex 5,1 y 12, 1.
el Sinaí e invadido el país de Canaán desde el este (cruzando el río Jordán).
Además, este grupo estaría conectado con la tradición del éxodo-huida (Ex 14,5).
En primer lugar, hay que decir que lo que ahora leemos como un relato seguido,
parece que originariamente fueron dos o tres relatos. Veamos:
►1º Moisés alza su cayado sobre el mar, que se divide formando dos murallas de
agua entre las cuales pasan los israelitas a pie enjuto (seco). Luego los egipcios
entran tras ellos, las aguas refluyen y los engullen. Este relato es atribuido a la
tradición sacerdotal o a la Elohista.
►2º Moisés tranquiliza a los israelitas perseguidos, asegurándoles que nada
tendrán que hacer ellos. Luego Yahveh hace soplar un viento que seca el «mar»,
entran en él los egipcios y son engullidos por su reflujo. En este relato atribuido al
Yahvista, solo interviene Yahveh; no hay aquí paso del mar por los israelitas, sino
solo la destrucción milagrosa de los egipcios. Este relato representa la tradición
primitiva. El antiquísimo canto de Ex 15,21, desarrollado en el poema de Ex 15,1-
18, únicamente recoge la destrucción de los egipcios.
La masa de agua conectada con el éxodo en 13,18 es «el mar de los juncos», o «mar
de las cañas» (hebreo: yâm sûf). La denominación aquí de «mar Rojo» se debe a
los traductores griegos de las Escrituras hebreas 27 que la tradujeron como
; después la Vulgata también dirá mare Rubrum. Y ese mar,
mencionado como «mar de Suf», lo testimonia también el antiquísimo canto
triunfal en 15,4.
El junco es una planta de papiro que crece, como es sabido, en las marismas al
norte del Nilo. El nombre «mar de los juncos o de las cañas» supone una masa de
agua relativamente pequeña, y aunque su localización precisa es dudosa, se piensa
27
Cfr. Nota a Ex 13,18 en Biblia de Jerusalén. Aquí en esta nota, aunque se reconoce la antigüedad del cántico donde se
menciona el «mar de Suf» (15,1-21) se menosprecia esa mención, argumentado que es un relato poético. No estoy de
acuerdo. Si se tratara de una frase donde se pudiera sospechar engrandecimiento, estaría de acuerdo, pero la mención del
mar llamándolo «mar de Suf» (mar de las cañas) es lo contrario, se mencionan unas aguas o un mar menor. Y si lo hace así,
es simplemente porque así fue: la realidad histórica forzó al poeta.
Según los estudiosos, este cántico (Ex 15,1-21) y el de Débora (Jue 5) son quizá los textos más antiguos de todo el AT.
que al sur de los Lagos Amargos, en lo que hoy es el canal de Suez, allí había aguas
del mar Rojo que no eran profundas. Moisés gritó al Señor pidiéndole auxilio, y el
Señor hizo retirarse el mar con un fuerte viento de levante que sopló toda la noche;
el mar quedó seco y las aguas se dividieron en dos (Ex 14,21).
4. La alianza y el decálogo
4.1 Preparación para la alianza
El pueblo acampa frente al monte Sinaí, y Dios le propone una alianza (19,5-6).
Después de la propuesta de la alianza vienen los preparativos (purificación del
pueblo y delimitación del espacio sagrado); luego se da la manifestación de Dios
por medio de fenómenos naturales (tormenta y volcán en erupción). Entre esta
teofanía se inserta el conocido Decálogo (20,1-17), pero la realización del ritual de
la alianza (24,3-8) se hará hasta después de que se promulgue una serie de leyes
conocidas como el Código de la alianza.
LA ALIANZA
El término hebreo utilizado para hablar de la alianza es berit. En el libro del Éxodo
se habla de ella abundantemente. Las alianzas entre hombres y naciones pueden
darse entre iguales en poder o entre uno más fuerte y otro más débil: Abimélec-
Abraham (Gn 21,27.32), Abimélec-Isaac (Gn 26,28), Labán-Jacob (Gn 31,44),
David-Abner (2 Sm 3,13; 5), Israel-gabaonitas (Jos 9,3-18). Por otro lado, la alianza
entre Dios y el hombre aparece en dos formas:
1) unilateral e incondicional. En ella, Dios se compromete a cumplir lo que promete
sin condicionarlo. Ésta se da sobre todo en la alianza de Dios con el mundo, Noé y
su familia (Gn 9), y entre Dios y Abraham (Gn 15; 17). Esta alianza fundamenta la fe
de Israel en la fidelidad absoluta de Dios.
2)La alianza del Sinaí, es bilateral. El compromiso a cumplir lo pactado es
obligación de las dos partes (Ex 19,3-6). El Decalogo señala al pueblo las
obligaciones de la alianza.
4.2 El Decálogo
Como puede verse, en el texto bíblico, la inserción del Decálogo parece extraña en
medio de la teofanía de fuego, humo, terremotos, rayos y nubes porque
interrumpe el relato de la teofanía y vuelve a retomarse a partir del versículo 18.
El libro tiene la intención de unir estos mandamientos a la gran manifestación de
Dios en el Sinaí para señalar que provienen de Dios, razón por demás importante
para cumplirlos.
Del Decálogo o «las diez palabras» (Ex 34,28) existen dos versiones en el
Pentateuco: Ex 20,1-17 y Dt 5,6-21. Los mandamientos son los mismos y están
en idéntico orden, solo presentan ligeras variantes en los mandamientos 4º, 5º
y 10º.
Contexto socio-histórico: las leyes del Decálogo surgieron en una época
primitiva de Israel, y presuponen tradiciones morales y jurídicas de los clanes
seminómadas; algunos de los mandamientos pueden remontarse a la época
mosaica, pero la serie tal como está en su forma actual, no. En las tradiciones
de los pueblos vecinos y contemporáneos de Israel se pueden encontrar casi
todos los mandamientos del decálogo, pero jamás se ha descubierto una
«colección» de reglas morales que se parezca al Decálogo bíblico. Vea
comentario a Ex 20 en Biblia Jerusalén.
Esta tradición de una tienda coincide con usos reconocidos de los árabes
antiguos y modernos. Por consiguiente, es razonable admitir que los
antepasados de los israelitas, en tiempos de su existencia nómada, tenían un
santuario portátil y que este consistía en una tienda parecida a las que usaban
para habitar.
5.2 El arca
Es una caja de madera de acacia de 1.25 m de largo, por 0.75 de alto y ancho,
chapeada de oro y provista con anillas por donde pasan las barras destinadas a
su transporte. Sobre el arca se halla situada una placa de oro, el kapporet. En
los extremos del kapporet hay dos figuras de querubines que lo protegen con
sus alas extendidas.
PRESENTACION
El libro del Levítico aparece a primera vista como algo enteramente contrario
a nuestra sensibilidad. Los temas que desarrolla no nos resultan atractivos. Las
detalladas regulaciones sobre la matanza de animales y las aspersiones con
sangre se nos presentan irrelevantes y hasta repulsivas. La práctica de los
sacrificios sangrientos y los ritos litúrgicos que los acompañan, como asimismo
el conjunto de reglas de higiene y de normas dietéticas, suscitan
espontáneamente algunas interrogantes: ¿Puede pensarse seriamente que este
libro contiene la palabra inspirada de Dios? ¿Hay en él algo más que un ritual
que ha perdido su sentido? De hecho, muchas de las reglas morales y cultuales
que rigieron por un tiempo la vida israelítica son hoy obsoletas. Muchas de las
leyes levíticas son ahora inaplicables porque la forma de vida del antiguo Israel
difiere considerablemente de la nuestra. Otros mandamientos han perdido
relevancia para los cristianos debido a la institución de la nueva alianza. Así,
por ejemplo, en el caso de los animales impuros… Jesús declaró puros todos
los alimentos (Mc 7, 9). Por otra parte, la oblación del cuerpo de Jesucristo,
hecha de una vez para siempre (Hb 10, 10) ha puesto fin a todo el sistema
sacrificial, porque la sangre de los animales carece de eficacia para borrar los
pecados (Hb 10, 4).
Sin embargo, hay en el Levítico mucho más de lo que puede apreciarse a simple
vista. La doctrina que subyace en él tiene mucho que decir al tiempo presente,
y el lector atento encontrará no pocas enseñanzas que mantienen plena
vigencia. Para descubrir esta riqueza doctrinal, es necesario ir más allá de lo
que aparece a primera vista e indagar por debajo de la superficie.
1. NOCIONES GENERALES
1.4 Estructura
La mayoría de los exégetas están de acuerdo en dividirlo en cuatro secciones y
un apéndice. Así lo divide la Biblia de Jerusalén:
1. Ritual de los sacrificios (cc. 1-7)
2. La investidura de los sacerdotes (8-10)
3. Reglas sobre la pureza y la impureza (11-16)
4. La ley de santidad (17-26)
Apéndice: Aranceles y tasaciones (27)
La sección del ritual de los sacrificios, contiene las leyes sobre el holocausto,
sobre la oblación, del sacrificio por el pecado, del sacrificio de reparación, del
sacrificio de investidura y del sacrificio de comunión (Lv 7,37).
La sección de la investidura de los sacerdotes, trata de los ritos de la ordenación
sacerdotal de Aarón y sus hijos, y la inauguración del culto.
Las leyes de la pureza e impureza establecen qué animales son puros y cuales
impuros, las enfermedades de la piel que provocan impureza, la «lepra» de
vestimentas y casas, e impurezas del hombre y la mujer por flujos sexuales (11–
15). El «día de la Expiación» (16) no es propiamente un tratado de leyes de
pureza e impureza, sino la gran fiesta de la purificación con que culmina toda
esta sección.
El «Código de santidad» (17–26) recibe su nombre por insistir en la idea de la
santificación: «Sean santos porque yo, Yahvé, su Dios, soy santo» (19,2; cf.
20,7; 21,7; 22,16). Contiene leyes casuísticas y apodícticas sobre el uso de la
sangre de los animales, las relaciones sexuales prohibidas, fiestas de culto,
lugares sagrados, el año jubilar, la preocupación social por los pobres,
inmigrantes y esclavos.
Para algunos especialistas, la Ley o Código de santidad inicia en el capítulo 19,
donde comienza a insistir en este tema (19,2). Sin embargo, la mayoría se
inclina por su inicio en el capítulo 17, donde se habla de la sangre de los
animales sacrificados, elemento muy usado para la consagración.
Por último, aunque el libro terminaba en 26,46 con una conclusión,
posteriormente se añadió el capítulo 27, un apéndice que enumera las reglas
para el cumplimiento de los votos. Es un reglamento del Templo postexílico,
que pudo existir aparte y que fue atribuido a la legislación dada en el Sinaí,
formando así parte canónica del libro.29
29
Cfr. Comentario en la Biblia Jerusalén a 27,1.
30
El Levitico, enseñándonos que para estar delante de Dios era necesario estar santo, puro y, proponiendo actos
purificatorios para lograrlo, nos da pie para entender la necesidad de la purificación posterrenal (el purgatorio).
aspectos fundamentales de su teología se mantuvieron vigentes y han sido
fuente de inspiración para los escritores del NT. Temas como el sacerdocio, el
pecado, la expiación de los pecados, el sacrificio, desarrollados en la carta a los
Hebreos encuentran su origen en el libro del Levítico 31 . La correcta
comprensión de estos temas neotestamentarios supone un atento examen del
Levítico.
2. TEOLOGIA
¿Cuál es el espíritu del libro? ¿Cuál es la idea que subyace detrás de tantos ritos
y leyes? Respuesta: la santidad. Veamos tres frases esclarecedoras:
Yo soy el Señor que os saqué de Egipto para ser vuestro Dios: sed
santos, porque yo soy santo.
Porque a mí es a quien pertenecen como siervos los israelitas; siervos
míos son, a quienes yo he sacado del país de Egipto. Yo, YHWH,
vuestro Dios.
Yo soy Yahveh que os santifica, que os ha sacado de Egipto para ser
vuestro Dios.
Vemos una clara correspondencia entre dos acciones divinas: la santificación
de Israel y la salida de Egipto. De hecho, la salida de Egipto es la santificación
de Israel: ahora pertenecen a Dios. El pueblo ha entrado dentro de la esfera de
lo divino. De acuerdo al Levítico, Dios no saca al pueblo porque escucha el
clamor de los oprimidos, ni para llevarlo a la libertad, sino «para que seáis
míos». Esta es la nueva interpretación del éxodo que hace Lv.
¿Cómo estar separado del mundo mientras se vive dentro del mundo? Aquí es
donde cumplen su papel la ética y el ritual. Los profetas pusieron el énfasis en
la ética: el comportamiento con el prójimo es lo que decide la pertenencia al
pueblo de Dios. En cambio, el Levítico, sin olvidar la ética, subraya la
importancia de lo cultual y ritual.
Entonces, si Israel ha sido separado y santificado, no puede vivir según
costumbres y leyes de los demás pueblos mundanos, como los egipcios y los
cananeos. Por eso, aunque Israel compartiese muchas prácticas cultuales y
rituales con los pueblos vecinos, era fundamental dejar claro cuáles eran
ilícitas. De ahí la minuciosa descripción del ritual de los sacrificios, de la lista
31
En el Levítico el papel mediador del sacerdote está muy subrayado: Solo el sacerdote sube al altar, ahí ofrece la sangre
y la víctima despedazada... Así hizo Cristo en la cruz, y así hace el presbítero hoy… En los capítulos 4-5 aparece 10 veces
la expresión: el sacerdote hará expiación por el/ellos y se le perdonará; la confesión se hacía ante el sacerdote (Lev 5,5)
y, en el Iom Kipur el sacerdote mismo confesaba todos los pecados del pueblo sobre el chivo expiatorio (Lev 16,21ss).
de los animales puros e impuros32, de las afecciones de la piel, de las relaciones
sexuales prohibidas, etc. En todo ello se jugaba Israel su participación en el
ámbito de la santidad divina.
Ahora, después de muchos siglos sin templo ni sacrificios, sus leyes dietéticas
(kosher), el shabat y la circuncisión han contribuido a preservarlos de su
desintegración como pueblo.
32
Los criterios o reglas que tenían los sacerdotes para decidir los animales puros e impuros se han discutido mucho.
Son al menos seis las razones que se han argumentado a lo largo de los siglos:
1)Por reglas arbitrarias destinadas simplemente a disciplinar al pueblo judío (cf. Sifrá, Qedoshim 11. 22).
2)La carta de Aristeas (siglo III d.C.) explicó que los animales puros e impuros eran símbolos de la conducta humana:
se prohibía comerlos con el fin de inculcar enseñanzas morales: no hay que ser como el sucio cerdo, sino imitar al
manso cordero, que es limpio y obedece al pastor.
3)Higiene, ya sea porque eran animales carroñeros, podían transmitir enfermedades o se descomponían con facilidad
en clima caliente (peces).
4)Usados en cultos paganos, ya sea como víctimas que se ofrecían a sus divinidades o, como símbolos de ellas (Isaías
habla del culto cananeo mencionando el cerdo y las ratas).
5)Anormales o desordenados: el avestruz tiene alas, pero no vuela; el murciélago no tiene plumas en las alas; los
reptiles se mueven con movimientos erráticos.
6)Aversión natural por su cultura (nosotros no comemos perros ni gatos, aunque pueden darnos las mismas proteínas
que la muuuu; otros pueblos comen hasta ratas y murciélagos).
33
Sintiéndose privilegiados delante de Dios, llegaron a llamar “perros” a los demás pueblos. Y hasta dentro de ellos
mismos: los fariseos llamaban al pueblo ignorante la “chusma maldita” que no conoce la Ley (Jn 7,49).
TEMA 6: N U M E R O S
1. Nombre
Nombrado como «Números» debido principalmente a los censos que presenta.
Pero solamente los capítulos del 1 al 4, y el 26 contienen eso.
b)ESTRUCTURA RETÓRICA
Otro criterio es una estructura retórica que alterna secciones narrativas y
legales. La primera columna del siguiente cuadro es propuesta por Mary
Douglas y la segunda por Jacob Milgrom.
M. Douglas: J. Milgrom:
E L C A M P A M E N T O D E I S R A E L34
TIENDA
Efraín Guersón DEL Sacerdotes Judá
(Levitas) ENCUENTRO
59
Los cambios de lugar desde el Sinaí a la tierra prometida están señalados por el libro
de Números (Sinaí-desierto-Moab), como puede verse en el esquema siguiente:
4. Rasgos teológicos
Las principales cuestiones teológicas giran en torno a Yahveh e Israel, los dos
grandes protagonistas del libro. Israel es ante todo, un pueblo en marcha hacia la
tierra prometida, bajo la guía de Yahveh a través de Moisés.
En la primera y en la última parte del libro (cc. 1-10 y 22-36) se enfatizan los
aspectos positivos de la comunidad en sus relaciones con Yahveh. Se trata ahí de
una comunidad perfectamente organizada, en sintonía con la voluntad de Dios. Por
el contrario, la segunda parte (cc. 11-21) presenta la imagen de una comunidad
desorientada y rebelde a Yahveh y a sus representantes.
La serie de conflictos expuestos a partir del cap. 11 suscita la ira y el castigo
divino, con sus consecuencias a menudo letales. La tergiversación que el pueblo
hace de la salida de Egipto (14,1-10) mueve a Yahveh a aniquilar a todo el pueblo y
a comenzar una nueva era con Moisés (14, 11-12), como ya hiciera con Noé (Gn 6-
9). Pero la intercesión de Moisés aplaca la ira divina y atenúa el castigo: sólo la
generación de los que salieron de Egipto –los que contemplaron la gloria y los signos
de Dios en Egipto y en el desierto— morirá en el desierto, sin poder entrar en la
tierra (14,13-35).
Esos sucesos hablan por sí solos: cuando el pueblo camina según la voluntad de
Yahveh, consigue lo que se propone; en cambio, cuando se aparta de la voluntad
divina y peca, fracasa en su intento. Los relatos de la marcha por el desierto poseen
valor paradigmático. Después de que Yahveh se revelara en el Sinaí y concertara
una alianza con su pueblo, las faltas de Israel con inexcusables y merecen un castigo
ejemplar. En este sentido, existe una diferencia significativa entre las quejas del
pueblo antes de llegar al Sinaí (Ex 15-18) y después de partir de allí (Nm 11-21).
Por su carácter modélico, estos relatos no sólo sirven para la generación del
éxodo, sino también para las generaciones sucesivas. La lección que se debe extraer de ellos
60
es clara: los creyentes tienen que conformar su conducta a la voluntad de Dios, a la ley
divina. En esta perspectiva, los relatos y las leyes se complementan mutuamente.35
35
El texto bíblico más antiguo descubierto hasta ahora son dos pequeños rollos de plata que tienen escrita la bendición
sacerdotal de Numero 6,24-26.
61
TEMA 7: DEUTERONOMIO
1. GENERALIDADES
1.1 Nombre
Se llama en hebreo Debarim (=palabras). El nombre «deuteronomio», que usamos
nosotros, se deriva de una equivocada traducción griega de los LXX en Dt 17,18,
donde se habla de una «copia» de la ley que el rey debía tener siempre a mano, pero
que se tradujo como «Deuteronomion» (literalmente «segunda ley», de
«déuteros» y «nómos»). Pero aún así, la palabra griega no deja de ser apropiado
para designar este libro de la Biblia, ya que en él se presenta la ley dada por Moisés
en la llanura de Moab, inmediatamente antes de que los israelitas cruzaran el río
Jordán para entrar en la tierra prometida. Y puede decirse que se trata de una
«segunda ley» o, mejor, de una segunda entrega de la ley que ya anteriormente
había sido dada, con la mediación de Moisés, en el monte Sinaí.
62
personas y los acontecimientos presentados a lo largo de la historia narrada en los
cuatro libros siguientes (Jos, Jue, Sm y Re).
63
conduzca conforme a la voluntad de Dios; y al mismo tiempo es un profeta, el
primero de la serie de profetas (Dt 18, 15; 34, 10-12) que revela a Israel el sentido de
su historia, de sus victorias y de sus derrotas (Dt 32). De hecho, el libro termina
hablando de él como profeta.
64
textos religiosos que habían tenido su origen en el Norte, incluidos los textos
«protodeuteronómicos» de que estamos hablando. Ezequías, rey de Judá (716-687
a.C.), logró efectivamente rechazar el asedio de los asirios. En su tiempo se
emprendieron profundas reformas religiosas, incluida una cierta centralización del
culto en Jerusalén (cf. 2 Re 18–22). Hay también testimonios de que durante su
reinado se llevó a cabo una actividad literaria importante. Es muy probable que las
tradiciones y textos llevados por los prófugos que llegaban del reino del Norte hayan
sido aceptados en Judá y adaptados a las nuevas circunstancias. De hecho, algunas
leyes del código deuteronómico, sobre todo las que se refieren a la centralización
del culto, hacen pensar en un contexto jerosolimitano. Después de la muerte de
Ezequías, en los años en que reinaron en Jerusalén Manasés (687-642) y Amón
(642-640 a.C.), hubo también en Judá una grave decadencia moral y religiosa; por
eso se puede suponer que aquel escrito, desarrollado sobre la base de los textos
llegados a Jerusalén desde Samaría, haya sido guardado en el templo, en espera de
tiempos mejores. Éstos llegaron bajo el reinado de Josías, como ya hemos dicho
antes. Pero el proceso de composición del Deuteronomio no terminó con el
descubrimiento del «libro de la ley» en Jerusalén y con su utilización para
implementar las reformas religiosas del rey Josías. Durante los últimos decenios
del reino de Judá y los primeros decenios del destierro en Babilonia (cf. 2 Re 25,27)
se escribió la «historia deuteronomista», y sus autores le adjuntaron como prólogo
el «deuteronomio primitivo», al que añadieron los capítulos 1–5 y 29–34, y otros
pasajes más, intercalados en diversos sitios. Todavía más tarde, probablemente en
tiempos de Esdras (s. V a.C.), el Deuteronomio fue separado de la historia
deuteronomista para unirlo más bien a los cuatro primeros libros de la Biblia y
formar el Pentateuco tal como existe hoy. Llegaba así el Deuteronomio a la
situación en que lo encontramos en nuestras Biblias. Con eso se intentaba
probablemente recoger en un solo bloque los grandes códigos legales del Antiguo
Testamento, para que sirvieran de guía, como enseñanza o Torá divina, a la
renacida comunidad de los judíos, que intentaban reconstruirse como nación y
como pueblo de Dios, en la tierra a la que por gracia divina habían podido volver.
65
5. El año 622, aparece el Código o Libro de la Ley (2 Re 22,8). El rey Josías lo
usa para su reforma religiosa y para formular un nuevo pacto entre Dios y su
pueblo.
6. Años más tarde (exilio y postexilio) al Deuteronomio primitivo se le añadirán
los restantes capítulos: 1-4 y 29-34. Añadidos que proceden de distintas
manos (prólogo histórico, cántico, bendiciones, muerte).
7. Durante el siglo V, el Deuteronomio es separado de la Historia
deuteronomista y se agrega al conjunto Gn-Ex-Lv-Nm.
1.4 Estructura
Al Deuteronomio, además de llamársele «el libro de la ley» también se le llama
«libro de la alianza» (2 Re 23,2). El nombre primero está bien justificado, por el
gran contenido de leyes que tiene, pero el segundo, ¿queda también justificado?
El término alianza (berit en hebreo) se encuentra 27 veces en el Deuteronomio. En
Dt 5, 2-3 dice: El Señor tu Dios ha sellado con nosotros una alianza en el Horeb;
el Señor no selló esta alianza con nuestros padres, sino con nosotros. Notemos la
fórmula «con nosotros», lo cual nos dice que aunque se refiera a la alianza del
Horeb, el Deuteronomio se presenta como «la alianza en el país de Moab» (28,69):
se trataría de una re-actualización de la alianza del Horeb.
38
Cf. 2Re 16,7 donde Acaz habla de esta forma al rey de Asiria.
66
tomarse para con los fugitivos (cf. 1 Re 2, 39-40), relaciones entre los vasallos,
problemas referentes a las fronteras, tributo anual, visita a la corte del
soberano…
4. Cláusulas específicas. Se refieren a la conservación de los documentos, así
como a su lectura pública cada cierto tiempo.
5. Testigos. Los testigos son los dioses de los soberanos que se comprometen
en el pacto, así como las fuerzas de la naturaleza divinizadas (montañas, ríos,
mares, cielo, tierra). Estas divinidades al ser invocadas al momento de sellar
el pacto, son las que garantizan el mismo. Si el vasallo es infiel,
desencadenarán contra él, los peores castigos y catástrofes.
6. Maldiciones y bendiciones condicionales. Las primeras son mucho
más amplias que las segundas, que en muchos casos no existen. Tanto unas
como otras dependen del comportamiento del vasallo y son los dioses los que
los envían.
67
alianza del Señor». El mismo motivo aparece en los anales de Asurbanipal: «El
pueblo de Arabia preguntó: ¿por qué ha caído tal desgracia sobre Arabia? Y
respondieron: porque no observaron las obligaciones que juraron al dios de Asiria».
La estructura actual del Dt responde a la de los antiguos pactos de vasallaje hititas
(los asirios no presentan prólogo histórico ni bendiciones). Sin embargo en
determinados puntos, el Dt coincide más con los pactos asirios.
Se reconoce generalmente que la sección central del Deuteronomio (Dt 4,44–28,68)
y, en parte, también otras secciones del libro (como cc. 29-30) se acomodan al
esquema fundamental de los tratados de vasallaje. Y es admirable que la teología
deuterónomica haya sido capaz de usar un formulario típicamente asirio (pueblo
opresor despótico) para reafirmar la fe de Israel.
Hemos de reconocer que no todos los autores están de acuerdo con esta visión de la
estructura del Dt. Preuss, por ejemplo, piensa que ningún pacto de vasallaje tendría
una cantidad tan enorme de leyes. Bovati, por su parte, sugiere una estructura
concéntrica:
1-3
4
5-11: Sección parenética
5-28 12-26: NUCLEO
27-28: Bendiciones y maldiciones
29-30
31-34
El centro lo constituiría la parte más antigua (5-28), la amplia sección legal, que, a
su vez estaría organizada de forma concéntrica: el núcleo legislativo (12-16) está
encuadrado por una sección parenética (5-11) y por las bendiciones y maldiciones
(27-28). En torno a este centro encontramos los cc. 4 y 29-30, que tienen en común
el presentarse como una exhortación y el ser testimonio expreso de la teología del
exilio, con claras referencias al destierro en 4,27-31; 29,21-30,10. Finalmente,
englobando todo el conjunto están los cc. 1-3 y 31-34, en los que abundan los
elementos narrativos, aunque al final son muy importantes los elementos poéticos
(canto y bendiciones de Moisés).
Debemos reconocer que también esta teoría no deja satisfechos a todos, porque
simplifica ciertas cuestiones y no tiene en cuenta todos los datos.
Tomando en cuenta las características más estrictamente literarias del texto mismo.
En concreto, se señala la presencia de cuatro títulos redaccionales, que serían como
68
indicadores estructurales puestos por los autores mismos de la obra: 1,1: ‘elleh
haddebarim; 4,44: wezo’t hattorah, 28,69: elleh dibbre habberit; 33,1: wezo’t
habberakah.
Estos títulos, por sus características singulares se distinguen de otras
introducciones o subtítulos del libro de características similares: se trata de cuatro
sentencias nominales (sin verbo), que comienzan con un pronombre demostrativo
(‘elleh / zot = «estas» - «esta») y van seguidas por un sustantivo en el que se
especifica y sintetiza el contenido fundamental de la sección que sigue: «palabras»,
«torá», «palabras de alianza» y «bendición». Las cuatro sentencias se ponen en
boca del narrador. (Las demás introducciones o subtítulos del Dt se ponen
directamente en boca de Moisés –4,1; 5,1; 12,1--, pero no en la del narrador).
– El primero de esos títulos está, como era de esperarse, en 1,1: «Éstas son las
palabras que dirigió Moisés a todo Israel al otro lado del Jordán», e introduce el
primer discurso mosaico, que presenta un resumen de la historia del pueblo de la
alianza, hasta el momento en que se prepara a entrar en la tierra prometida. – Viene
después, en 4,44, la inscripción: «Ésta es la ley que expuso Moisés a los israelitas»,
que encabeza la larga sección que va de 4,44 a 28,68, introduciendo así el discurso
en que Moisés instruye al pueblo sobre el modo como han de vivir en la tierra que
Dios les otorga.
– Un tercer discurso de Moisés es introducido en 28,69 con las palabras: «Éstas son
las palabras de la alianza que el Señor mandó a Moisés concluir con los israelitas
en el país de Moab». En este título, la palabra clave es «alianza». Lo que viene en
los cuatro capítulos siguientes formaliza la relación de alianza que existe entre el
pueblo de Israel y su Dios.
– El último discurso de Moisés es introducido en 33,1 con las palabras: «Ésta es la
bendición con la que Moisés, hombre de Dios, bendijo a los israelitas antes de
morir». Se trata, como el título indica, de la bendición final y del testamento que
Moisés deja a su pueblo.
Como es fácil notar, en estos títulos alternan armoniosamente el plural y el singular:
Éstas... Ésta... Éstas... Ésta.
En conclusión: no tenemos una sola respuesta al problema de la formación y
estructura del Dt, aunque todas las indicadas tienen aspectos interesantes y
enriquecen nuestra lectura del libro.
1.5 Importancia
El Deuteronomio es un libro fundamental en el Antiguo Testamento. Su misma
posición al final del Pentateuco, de la Torá hebrea, lo hacen ver como el compendio
y culmen de la Ley. Es el libro que da sentido a la llamada «historia
69
deuteronomista» (formada por los libros Josué, Jueces, Samuel y Reyes), de la que
se supone fue originariamente el prólogo. Es uno de los libros que más han
inspirado el pensamiento y la espiritualidad del judaísmo tradicional y del
moderno.
También en el Nuevo Testamento el Deuteronomio –su espíritu y sus enseñanzas–
ocupa un lugar especial. Después de los Salmos, el Deuteronomio es el libro del
Antiguo Testamento al que más se hace referencia en el Nuevo. De ahí toma Jesús
sus respuestas al tentador, cuando éste se le acerca, al final del período de ayuno en
el desierto (cf. Lc 4,4.8.12 y Dt 6,3.13.16), y más tarde, cuando se le pregunta por el
mandamiento mayor de la Ley (cf. Mt 22,36), Jesús remite al «Escucha, Israel» de
Dt 6,5. Esto para mencionar solamente un par de ejemplos de especial significado.
El NT tiene 50 citas textuales del Deuteronomio y más de 140 alusiones y paralelos
verbales con ese libro. Se puede señalar, más en particular, a san Lucas, a san Pablo
y al autor de la Carta a los Hebreos. Ejemplos: Hch 3,22-23 «Moisés efectivamente
dijo: “El Señor Dios les suscitará un profeta como yo de entre sus hermanos;
escuchen todo cuanto les diga. Todo el que no escuche a ese profeta será excluido
del pueblo”.» En Rom 10,6-8, san Pablo, hablando de la justicia que viene de la fe
y no de la ley, recurre a la enseñanza del Deuteronomio: «la palabra está bien cerca
de ti, en tu boca y en tu corazón, para que la pongas en práctica». Gal 3,10:
“maldito todo el que no se mantenga en la práctica de todos los preceptos escritos
en el libro de la Ley” . 1 Cor 9,9; 1 Tim 5,18: «No pondrás bozal al buey que trilla».
Heb 13,5: cita la frase con que Moisés anima a Josué y a los israelitas a ser fuertes y
valerosos cuando pasen el Jordán y vayan a tomar posesión de la tierra que Dios les
promete: «El Señor marchará delante de ti, él estará contigo; no te dejará ni te
abandonará».
70
el hombre para el sábado» (Mc 2,27). Recordemos también las expresiones de gran
aprecio de la Ley, que encontramos en el Salmo 119: «Es más valiosa la ley de tu
boca que mil monedas de oro y plata» (v. 72). «Tu palabra es antorcha para mis
pasos, luz para mi sendero» (v. 105). «Tus dictámenes son mi herencia perpetua,
ellos son la alegría de mi corazón» (v. 111). «Anhelo tu salvación, Señor; tu ley hace
mis delicias» (v. 174).
¿Cómo razonar para mirar la ley tan positivamente como lo hace la Biblia? Porque
ante la ley puede tenerse una actitud «legalista» o, la actitud contraria: considerar
que las leyes «son sólo pautas, no mandatos», privilegiando así una libertad mal
entendida.
El problema surge cuando se ponen como contrarios la libertad y la ley, y se
considera a uno u otro como valor absoluto. Cuando es así, se convierten en dos
potencias hostiles, en lucha constante una con la otra. Pero nosotros sabemos que
ni la libertad ni la ley son finalidad en sí, sino que ambas están al servicio de algo
superior, están al servicio de la verdad y de lo bueno, para finalmente llevar al
hombre a Dios. Si en una empresa se quitaran las normas, vendría el caos y su
destrucción (los empleados no tienen hora de entrada, ni de salida, ni exigencias de
calidad en el producto terminado, etc). La ley orienta y enmarca a la libertad para
que el hombre construya y haga mucho bien. Tener leyes es realmente algo valioso
y necesario. Dios en su misericordia nos ha ayudado en eso, dándonos leyes. En la
Iglesia, la ley de la verdad es el dogma, la ley del bien es el mandamiento.
Cuando alguien dice que libertad es «poder hacer lo que uno quiere», declara que
no está al servicio de un ser superior, no reconoce la sujeción a la verdad y a lo
bueno, y, por tanto, acaba necesariamente en la anarquía, en el caos del pensar y del
querer. Semejante libertad sirve de pretexto y legitimación para dudar de todo y
llevar a la absoluta falta de responsabilidad. Esta es la libertad que desintegra y
destruye.
¿Cómo puede ser una limitación de mi libertad, tener por verdadero que Dios es
trino, que Cristo es el Hijo de Dios, que María es su madre, si esto corresponde a la
realidad? ¿Es una limitación de mi libertad aceptar que Zurich es la mayor ciudad
de Suiza? En ambos casos, en la fe y en el saber, se trata de lo mismo: de la verdad,
de la realidad auténtica, que se me da a conocer por caminos distintos: en el primer
caso por conocimiento propio, y en el segundo, por la autoridad de la Iglesia. ¿Y
limito mi libertad si soy puro, honrado, digo la verdad, en resumen, si obro el bien?
¿Quién es más libre: el hombre bueno que se domina a sí mismo o el hombre
dominado por sus instintos o por los placeres?
El cristiano auténtico, está situado entre la ley y la libertad, en una tensión fecunda
de obligación y liberación avanzando hacia Dios.39
39
Comentario copiado de: Bommer Josef, Ley y libertad, Ed. Herder, Barcelona 1967, pp. 119-138.
71
2.3 El Shemá
El shema’ (se da este nombre al texto de Dt 6,4-9, que comienza precisamente con
esta palabra hebrea). Los versículos 4-5 contienen la profesión de fe más
fundamental de todo el Antiguo Testamento y la formulación más impactante de su
mandamiento principal:
«Escucha, Israel: el Señor nuestro Dios es el único Señor. Amarás
al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas
tus fuerzas».
El Shemá forma parte de la oración que los judíos piadosos recitan cada día.
Aparece como parte especialmente importante en la oración comunitaria judía de
la mañana y de la tarde. Para esas ocasiones, el shema’ incorpora tres párrafos del
Pentateuco: Dt 6,4-9, que expresa la aceptación de Dios como el Dios del pueblo
judío; Dt 11,13-21, que añade la idea del premio y del castigo, y Nm 15,37-41, que
contiene la norma sobre los flecos que se deben poner en los vestidos, como un
recordatorio de los mandamientos del Señor.
A todos los varones adultos se les pide recitar el shema’ dos veces al día, al acostarse
y al levantarse, como indica el final de Dt 6,7, tomado al pie de la letra. En cuanto
a la oración de la noche, algunos escritos rabínicos indican que, si a una persona le
cuesta trabajo dormirse, debería repetir el shema’ hasta que se duerma.
La oración que se recita junto al lecho de una persona que está a punto de morir
incluye el shema’, y los judíos piadosos quieren morir con esta oración en los labios.
A lo largo de los siglos y hasta los campos de exterminio del «Holocausto», cada vez
que los judíos han sido condenados a muerte, han rezado el shema’ en sus últimos
momentos de vida, como expresión de su fe en el único Dios.
72
Relaciones del hombre con Dios: 12,1–16,17
Las normas contenidas en el capítulo 12 se refieren fundamentalmente a dos cosas:
la destrucción de los lugares de culto cananeos y la restricción del culto público del
Señor a un único santuario. Esta restricción parece responder al propósito de evitar
lo más posible la contaminación con la religión cananea, lo cual no se había podido
lograr mientras se mantuvo la pluralidad de santuarios y lugares de culto. La
historia deuteronomista da frecuente testimonio de cómo el pueblo continuaba
ofreciendo sacrificios en los santuarios locales durante la época de los reyes, aun
después de la construcción del templo por Salomón (cf. 1 Re 14,23; 15,14; 22,44; 2
Re 12,4), y los profetas de la época denuncian con vehemencia los abusos y
desviaciones a que eso conducía. Véase, por ejemplo, Os 4,13-14:
«Sacrifican en las cimas de los montes, queman incienso en las colinas,
bajo la encina, el chopo o el terebinto, ¡porque es buena su sombra! Por
eso, si se prostituyen las hijas de ustedes y sus nueras cometen
adulterio, no castigaré yo a sus hijas porque se prostituyen ni a sus
nueras porque cometen adulterio, porque ellos se van con esas
prostitutas y sacrifican con las consagradas a la prostitución; ¡y el
pueblo, ignorante, se pierde!».
En el Deuteronomio nunca se especifica cuál es ese único santuario en que se debe
dar culto al Señor. Y no se podía esperar que se hiciera aquí referencia al santuario
de Jerusalén, si el discurso de la ley se pone en boca de Moisés, varios siglos antes
de que Jerusalén se convirtiera en ciudad israelita y Salomón construyera ahí el
templo. La historia deuteronomista, en cambio, señala con toda claridad que el
templo de Jerusalén es el lugar elegido por el Señor (ver 1 Re 11,36; 14,21).
El capítulo 14 (vv. 3-21), trata de los animales que está permitido consumir como
alimento y los que no. Nos parece hoy extraño que el tipo de alimento que se ingiere
pueda tener algo que ver con la «santidad» de un ser humano, y, de hecho, el
evangelio nos dice que Jesús declaró puros todos los alimentos (Mc 7,19; cf. Hch
10,15); pero es común encontrar en los pueblos de la Antigüedad esta clase de
tabúes, relacionados con el área de lo religioso. El origen de esos tabúes es muy
antiguo y sus fundamentos son muchas veces oscuros. Pueden haber influido
motivos higiénicos o de aversión natural. Pero, en el caso de la religión de Israel,
influyó también el motivo de reacción contra usos y prácticas cananeos, ante los
cuales Israel quería subrayar su vocación especial de alianza con el Señor. Un
ejemplo de esto parece ser la última frase de 14,21: «no cocerás el cabrito en la leche
de su madre», cuyo trasfondo cananeo es confirmado por un texto encontrado en
Ugarit.
73
2.5 Preocúpate por tu hermano
Decíamos que el espíritu de este libro son dos cosas: Ama a Dios y preocúpate por
tu hermano. En el punto anterior (2.3) hemos tratado la primera parte, ahora
vamos por la segunda.
Dice el Evangelio de Marcos:
«Se acercó uno de los escribas que los había oído y, viendo que
[Jesús] les había respondido muy bien, le preguntó: “¿Cuál es el
primero de todos los mandamientos?” Jesús le contestó: “El primero
es: Escucha, Israel: El Señor, nuestro Dios, es el único Señor, y
amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma,
con toda tu mente y con todas tus fuerzas. El segundo es: Amarás a
tu prójimo como a ti mismo. No existe otro mandamiento mayor
que éstos”» (Mc 12,28-31).
El escriba había preguntado sólo por el «primer» mandamiento; pero Cristo de su
propia iniciativa añade el «segundo», y lo vincula estrechamente con el primero, al
decir que ningún otro mandamiento es mayor que «éstos». Así, la respuesta de
Jesús es muy deuteronómica, como veremos.
74
«Debes abrir tu mano a tu hermano, a aquel de los tuyos que es indigente y pobre
en tu tierra» (15,11).
Es revelador comparar el texto del código de alianza (Ex 23,4-5) con su paralelo del
código deuteronómico (22,1-4): donde Ex llama enemigo, en Dt dice hermano.
Cuando se habla de que al hermano israelita pobre debe protegérsele su salario, ahí
mismo se incluye al forastero: «No explotarás al jornalero humilde y pobre, ya sea
uno de tus hermanos o un forastero que reside en … (Dt 24,14-15).
Hay que decir que este ideal de fraternidad, propuesto por el Deuteronomio, distó
mucho de ser una realidad en la vida concreta de los israelitas. Ya Oseas se
quejaba de la falta de amor fraterno entre sus conciudadanos del reino de Israel:
«El Señor pone pleito a los habitantes de esta tierra, pues no hay
fidelidad ni amor...; sino perjurio y mentira, asesinato y robo, adulterio
y violencia, sangre y más sangre» (Os 4,1-2). Cfr. También Is 9; Jer 9; etc.
No basta una legislación, por más importante que sea, para construir un mundo
fraterno. Por eso los profetas se vuelven a Dios, puesto que sólo Él podrá restaurar
plenamente la fraternidad humana, cuando realice plenamente su proyecto de
salvación. Entonces sí, «Efraím no envidiará a Judá y Judá no oprimirá a Efraím»
(Is 11,13); «En aquellos días, andará la casa de Judá al par de Israel, y vendrán
juntos desde tierras del norte a la tierra que di en herencia a sus padres» (Jr 3,18).
Y una tal fraternidad se extenderá a todas las naciones, reconciliadas entre sí:
40
¿No se da, también en nuestros días, una «esclavitud» de tipo económico, más dura y terrible que la que aparece en este
capítulo del Deuteronomio? Trabajando la pareja en maquiladoras viven a duras penas, y a veces en un descuido, no tienen
que comer… lo vemos en las periferias de Mexicali. Y si trabaja solo uno debe ser taumaturgo. Los esclavos del Dt sí tenían
asegurado su sustento.
75
«Sucederá en días futuros que el monte de la Casa del Señor será
asentado en la cima de los montes y se alzará por encima de las colinas.
Confluirán a él todas las naciones, y acudirán pueblos numerosos.
Dirán: “Vengan, subamos al monte del Señor, a la Casa del Dios
de Jacob, para que él nos enseñe sus caminos y nosotros sigamos sus
senderos”. Pues de Sión saldrá la Ley, y de Jerusalén la palabra del
Señor... No levantará espada nación contra nación, ni se ejercitarán
más en la guerra» (Is 2,2-4).
Para el Nuevo Testamento, el ideal profético de fraternidad universal se hace realidad en
Cristo: «a los que de antemano conoció, también los predestinó a reproducir la imagen
de su Hijo, para que fuera él el primogénito entre muchos hermanos» (Rom 8,29).
Los seres humanos llegan a ser hermanos de Cristo, porque son «nacidos de Dios» como
él (cf. Jn 1,13); por eso él «no se avergüenza de llamarlos hermanos» (Heb 2,11), más aún,
quiso «asemejarse en todo a sus hermanos (Heb 2,17). Y llega a identificarse con sus
«hermanos más pequeños» que se ven en alguna necesidad, y supone que cada uno de
nosotros debe mostrarles el mismo amor y la misma generosidad que quisiéramos tener
para con él mismo (Mt 25,31-45).
Esto aparece con especial relieve en las listas de quienes participan en los sacrificios
y fiestas. Cuando los israelitas celebran sus fiestas y comen juntos alegremente
delante del Señor, no pueden existir divisiones. Como hace notar Georg Braulik, las
determinaciones que se dan en el Deuteronomio sobre las fiestas que hay que
celebrar en honor del Señor no se ocupan de prescripciones de tipo cultual, como
sucede por ejemplo en el capítulo 23 del Levítico; pero si describen detalladamente
quiénes deben participar en ellas:
«Te regocijarás en presencia del Señor tu Dios, tú, tu hijo y tu hija,
tu siervo y tu sierva, el levita que vive en tus ciudades, y el
forastero, el huérfano y la viuda que viven en medio de ti» (16,11;
cf. también 16,14).
Una lista prácticamente idéntica, que expresa la igualdad de todos los israelitas, la
encontramos ya desde el Decálogo, cuando se da el precepto de observar el sábado:
«El día séptimo es día de descanso consagrado al Señor tu Dios. No harás ningún
trabajo, ni tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu sierva, ni tu buey, ni tu burro, ni
ninguna de tus bestias, ni el forastero que vive en tus ciudades; de modo que puedan
descansar, como tú, tu siervo, y tu sierva» (5,14).
Ese séptimo día, tu siervo y tu sierva deben poder descansar igual que tú. Asi que,
el trabajo y el descanso no se distribuyen según las categorías sociales: para unos el
descanso y para otros el trabajo.
76
Se dan también listas como las anteriores al determinar quiénes han de participar
en los banquetes sacrificiales (12,18); quiénes han de poder aprovecharse del
diezmo trienal que cada israelita colectará y depositará en su propia ciudad (14,28-
29); con quién se ha de festejar la alegría de los primeros frutos que el Señor dará a
los miembros de su pueblo en la generosa tierra a donde los conduce (26,11-13).
77
esta mala acción, y los apedrearás, al hombre o a la mujer, hasta que mueran»
(17,2.5).
El padre y la madre son explícitamente presentados en plano de absoluta igualdad,
cuando se trata de castigar a un hijo «rebelde y díscolo», «libertino y borracho»
(21,18-21).
Así como la mujer no deberá llevar ropa de hombre, tampoco el hombre se pondrá
vestidos de mujer (22,5). En el caso en que un hombre y una mujer casada sean
sorprendidos en adulterio, los dos morirán igualmente (22,22), y lo mismo se
ordena en el caso en que un hombre encuentre en la ciudad a una joven virgen,
prometida ya a otro, y se acueste con ella: ambos serán castigados con la pena de
muerte (22,23-24). Como la prostitución sagrada era una tara de los cultos
cananeos, que podía contaminar a Israel, se prohíbe que la practiquen tanto el
hombre como la mujer (23,18-19).
Cuando, en el país de Moab, Moisés convoca a Israel para entrar en alianza con el
Señor su Dios, forman parte de la solemne asamblea, además de los jefes de tribu,
de los ancianos y de los escribas, todos los hombres de Israel, junto con sus mujeres
y sus hijos (29,10).
Hay que decir también, que la palabra «igualdad» propiamente dicha no la
encontramos en el Deuteronomio; aunque sí encontramos –como hemos visto– la
realidad que la palabra expresa. Por eso, al preguntarnos sobre la continuidad de
este tema jurídico-teológico más allá del Deuteronomio, será difícil encontrarla bajo
este término. Los profetas hablarán más bien de la «unidad» del pueblo de la
alianza; unidad instaurada y restaurada por el Señor, en la que todos y todas
gozarán de los mismos privilegios y tendrán la misma misión, como pueblo de
sacerdotes (cf. Ex 19,6) y como pueblo de testigos (cf. Is 43,10), que deben dar
testimonio de la grandeza y de la misericordia divinas ante todos los pueblos.
Cuando el Señor restaure a su pueblo, desaparecerá toda desigualdad, los eunucos
y aun los extranjeros gozarán de los mismos privilegios que los demás rescatados de
Israel:
«Así dice el Señor: Respecto a los eunucos que guardan mis sábados y eligen aquello
que me agrada y se mantienen firmes en mi alianza, yo he de darles en mi Casa y en
mis muros monumento y nombre mejor que hijos e hijas; nombre eterno les daré que
no será borrado. En cuanto a los extranjeros adheridos al Señor para servirlo y para
amar su nombre..., yo los traeré a mi monte santo y los alegraré en mi Casa de
oración. Sus holocaustos y sacrificios serán gratos sobre mi altar. Porque mi Casa
será llamada Casa de oración para todos los pueblos» (Is 56,4-7).
78
«Él es nuestra paz: el que de los dos pueblos hizo uno, derribando el muro que los
separaba, la enemistad, anulando en su carne la Ley de los mandamientos con sus
preceptos, para crear en sí mismo, de los dos, un solo Hombre Nuevo, haciendo la
paz, y reconciliar con Dios a ambos en un solo Cuerpo, por medio de la cruz» (Ef 2,14-
16).
Esa unidad viene del Espíritu de Jesús, en que todos han sido bautizados y por el
que forman un solo cuerpo:
«Del mismo modo que el cuerpo es uno, aunque tiene muchos miembros, y todos los
miembros del cuerpo, no obstante su pluralidad, no forman más que un solo cuerpo,
así también Cristo. Porque en un solo Espíritu hemos sido todos bautizados, para no
formar más que un cuerpo, judíos y griegos, esclavos y libres. Y todos hemos bebido
de un solo Espíritu» (1 Cor 12,12-13). «Los que se han bautizado en Cristo se han
revestido de Cristo: ya no hay judío ni griego; ni esclavo ni libre; ni hombre ni mujer;
ya que todos ustedes son uno en Cristo Jesús». (Gal 3,27-28).
Esa unidad tiene también su origen y se ve fortalecida por el único pan con el que
todos y todas se alimentan, que es el cuerpo del Señor:
«El pan que partimos ¿no es comunión con el cuerpo de Cristo? Porque aun siendo
muchos, somos un solo pan y un solo cuerpo, pues todos participamos de un mismo
pan» (1 Cor 10,16-17).
Esta unidad e igualdad fundamental de todos los seres humanos ante Dios y ante
Jesús la subraya él mismo, cuando ordena, por ejemplo, a los apóstoles que no
impidan que se acerquen a él aun los más pequeños (Mc 10,13-16), o cuando enseña
que lo que se hace a uno de sus hermanos más pequeños a él mismo se lo hace (Mt
25,40.45).
79
Señor pide de los israelitas y la inquebrantable decisión con que deben rechazar
todo lo que pueda apartarlos de esa fidelidad.
►En primer lugar, hay que tener en cuenta que la orden de exterminio no sólo se
aplica, en el Deuteronomio, a las ciudades cananeas, sino también a las ciudades
israelitas apóstatas (cap. 13,13ss). Entonces, esa descripción del jérem indica la
obediencia radical que el Señor espera de Israel, y describe una devoción al Señor
que va más allá de las lealtades familiares más íntimas (13,7ss). Entendida como
una metáfora, la legislación del jérem en Dt 13 encontraría quizá su analogía más
cercana en la enseñanza del Nuevo Testamento, de que no se puede ser discípulo de
Jesús si no se «odia al padre y a la madre, a esposa e hijos, a hermanos y hermanas,
y aun la propia vida» (Lc 14,26).
►El mandamiento de no entrar en contratos matrimoniales con los pueblos
autóctonos (Dt 7,3) es una indicación más de que el mandato del jérem no debe
entenderse al pie de la letra, como una orden de exterminar realmente a todos los
cananeos. La prohibición de esos matrimonios carecería de sentido, si los cananeos
hubieran sido ya totalmente eliminados.
►Se confirma aún más la congruencia de una interpretación metafórica de esta ley,
si consideramos el momento en que se supone fue publicada en la realidad.
Estaríamos en la época del rey Josías (622 a. C.) y los «cananeos» ya no existen
como tales. ¿Qué sentido podía tener el mandato, puesto en labios de Moisés, de
«exterminar» a los habitantes del país, en una situación sociopolítica totalmente
diversa de aquella que se supone existió en el tiempo de la conquista?
►Hay que tener en cuenta que el Deuteronomio enseña más bien a amar al
extranjero (cf. 10,19) y a tener para con ellos las atenciones que se deben a los pobres
(5,14; 14,21.29; 16,11.14; 24,17; etc.).
►Ademas, el mismo c. 20 nos presenta la forma verdadera de asedio de las ciudades
“lejanas”, donde si no se rendían en paz, se mataba solo a los varones.41
Hagamos una aplicación espiritual: La situación difícil que los israelitas
encontraron al entrar en la tierra prometida, y las consecuencias de esa dificultad,
tal como las presenta el texto actual del Deuteronomio, nos enseña un principio
espiritual importante: nos recuerda que el elemento de conflicto no puede ser
eliminado de nuestra espiritualidad. En el Nuevo Testamento, la vida cristiana es
presentada como una lucha o certamen; como la ardua actividad de un soldado (Ef
6,10-13) o de un atleta que compite en los juegos (1 Cor 9,24-25). Jesús no minimizó
41
En la toma de Jericó (Jos 6), que también es un anatema, sucede algo semejante: no estamos en el mundo de lo «real» ya
que la conquista es realizada con una celebración litúrgica (sacerdotes sonando las trompetas). Con ello se está diciendo que
la conquista de la tierra no se debe tanto a las proezas militares sino a la fe en Dios y a su culto. Los mismos arqueólogos han
concluido que Jericó no estaba habitada en tiempo de la entrada de Israel a la tierra prometida. Así que, la masacre de los
habitantes de Jericó es la narración de una acción simbólica que nos dice algo sobre el culto al Dios de Israel, pero no sobre el
modo de proceder con las naciones extranjeras. Cfr. Jean-Luis Ska Introduccion al Antiguo Testamento, Ed. Sal Terrae,
Santander 2012, pp. 11-15.
80
el costo de ser su discípulo; dijo que si alguien quiere seguirlo debe negarse a sí
mismo y tomar su cruz (Mc 8,34).
2.7 La Alianza
Este tema lo profundizaremos un poquito más porque es muy importante, ya que
los temas anteriores (el significado de la ley, el Shemá, preocupación por el otro, un
pueblo de iguales y la ley del Jerem), están todos enraizados y amasados con la
00idea de la alianza.
El término «alianza» puede designar sea una situación entre dos partes (dos
individuos, dos grupos humanos), en la que se ha superado un estado de hostilidad
y división mediante un acto de pacificación y de reconciliación, o el acto mismo por
el que se llega a esa situación. Al superar ese estado de hostilidad y división, se crea
en cambio una situación de comunión, que puede tener diversos grados y matices.
Ya hemos dicho que el Deuteronomio presenta mucha semejanza con ese género
literario: los «tratados de alianza», y que de alguna manera depende de dicho
género, desde un punto de vista formal redaccional. La sección central del
Deuteronomio (Dt 4,44–28,68) y, en parte, también otras secciones del libro se
acomodan a este esquema. No se puede negar, pues, que existe un parentesco
formal entre esos tratados del Antiguo Oriente no israelita y el Deuteronomio; pero
la alianza entre el Señor y el pueblo de Israel es absolutamente única. Veamos:
En primer lugar, la alianza tiene su origen en la elección que el Señor hace de Israel,
y, a su vez, la elección se explica por el amor que el Señor ha tenido y tiene para con
los antepasados de Israel y para con el mismo Israel:
«... A ti te ha elegido [el Señor] para que seas, de entre todos los
pueblos que hay sobre la faz de la tierra, el pueblo de su propiedad.
No porque sean el más numeroso de todos los pueblos se ha prendado
el Señor de ustedes y los ha elegido, pues son el menos numeroso
de todos los pueblos; sino por el amor que les tiene y por guardar el
juramento hecho a sus padres...» (7,6-8).
Se excluye explícitamente cualquier otra motivación para la elección divina, fuera
del amor. Además del verbo hebreo ahab, que se traduce ordinariamente por
«amar», el Deuteronomio usa también el verbo jashaq, que parece tener mayor
intensidad emotiva («enamorarse», «prendarse» de alguien), como paso previo al
amor. Ese libre y generoso amor divino se había expresado ya antes, en favor de los
antepasados de Israel, y fue el que movió a Dios a escoger a sus descendientes:
«Del Señor tu Dios son los cielos y los cielos de los cielos, la tierra
y cuanto hay en ella. Pero sólo de tus padres se prendó el Señor,
amándolos, y eligió a su descendencia después de ellos, a ustedes, de
entre todos los pueblos, como sucede hoy» (10,14-15).
81
Ese amor lo movió a liberarlos de la esclavitud de Egipto: «Porque amó a tus padres
y eligió a su descendencia después de ellos, te sacó de Egipto personalmente con
su gran fuerza» (4,37).
Una consecuencia de la elección que Dios hace de Israel fue el constituirlo como
«pueblo santo» y «propiedad personal» del Señor:
«Tú eres un pueblo consagrado al Señor tu Dios; a ti te ha elegido
para que seas, de entre todos los pueblos que hay sobre la faz de la
tierra, el pueblo de su propiedad» (7,6; cf. 14,2).
Un pueblo «santo» es un pueblo consagrado al Señor, reservado a Él y, por eso
mismo, separado de los demás pueblos. La santidad es una nota constitutiva del ser
mismo de Dios, que lo distingue y lo separa con una distancia infinita de cualquier
otra realidad. Si se aplica aquí a Israel, eso quiere decir que el pueblo ha entrado
de algún modo en la esfera de lo divino, y esa unión especial con Dios lo separa de
las demás naciones.
La relación tan especial que Israel tiene con el Señor por haber sido elegido por Él
se confirma con una segunda expresión que usa el Deuteronomio en los pasajes ya
citados: «pueblo de su propiedad personal (o exclusiva)». Estas cinco palabras
traducen la expresión hebrea (‘am segulá). La palabra «segulá» es muy poco usada
en el Antiguo Testamento (ocho veces en total, tres de ellas en el Deuteronomio).
En dos textos tardíos (1 Cr 28,3 y Ecl 2,8) se usa esta palabra para hablar de tesoros
personales de los reyes. Parece, pues, que también en el Deuteronomio el término
tiene el sentido de «posesión preciosa, especial tesoro», subrayando la especial
relación de Israel con el Señor.42
Inmediatamente antes de que el Deuteronomio repita, en 14,2, la frase arriba citada
de 7,6, leemos otra frase que completa y profundiza la anterior: «Ustedes son hijos
del Señor su Dios» (14,1). En ninguna otra parte del Antiguo Testamento se expresa
de manera tan clara y explícita la relación filial que une a los israelitas con el Señor.
82
por su parte, deberá observar los preceptos, mandamientos y normas del Señor, y
escuchar su voz.
1. EL COMPROMISO DE DIOS
El primero es el don de la tierra. Desde el principio del libro, aparece la voluntad
divina y el mandato divino a Israel de ir «a tomar posesión de la tierra que el Señor
juró dar a los padres de ustedes, Abraham, Isaac y Jacob, y a su descendencia
después de ellos» (1,8).
«Aquel día hizo el Señor una alianza con Abrán en estos términos:
“Voy a dar a tu descendencia esta tierra, desde el río de Egipto
hasta el río Grande, el río Éufrates”» (Gn 15,18).43
El don de la tierra está presente a todo lo largo del Deuteronomio. Las citas sobre
esto serían innumerables. Se puede ver, como ejemplo, Dt 4,1 y 8,10. Pero la
posesión de la tierra es un don gratuito, pero no incondicional:
«Guardarán todos los mandamientos que yo les prescribo hoy,
para que se hagan fuertes y lleguen a poseer la tierra a la que van a
pasar para tomarla en posesión, y para que prolonguen sus días en la
tierra que el Señor juró dar a sus padres y a su descendencia, tierra
que mana leche y miel» (11,8-9).
Mas la fidelidad del Señor a su alianza es siempre mayor que la infidelidad de los
hombres. Sí; el pueblo de Israel puede perder la posesión de la tierra, si no
permanece fiel en el amor y servicio de su Dios, y las «maldiciones» del capítulo 28
del Deuteronomio expresan esa triste posibilidad (28,52.64); pero, aunque así
fuera, Moisés anuncia al pueblo en nombre de Dios:
«Si vuelves al Señor tu Dios, ... aunque tus desterrados estén en
el extremo de los cielos, de allí mismo te recogerá el Señor tu Dios y
vendrá a buscarte; y te llevará otra vez a la tierra que poseyeron tus
padres, y tú la poseerás, y te hará feliz y te multiplicará más que a tus
padres» (30,2.4-5). {¡que alegría…Dios se luce perdonando!}
43
En el texto hebreo de este versículo, el verbo «dar» está en pasado (como se tradujo en la primera edición española de la
Biblia de Jerusalén: «A tu descendencia he dado esta tierra»), para expresar la certeza de lo que el Señor promete a Abraham:
lo que le promete es tan cierto como si ya se hubiera cumplido. El texto griego de los LXX y la Vulgata latina expresan más el
sentido de «promesa», poniendo el verbo en futuro.
83
15 maneras de referirse a las actitudes y acciones que Israel debe tomar como
respuesta al mandato divino. Miremos algunos:
a) Hacer, poner en práctica
Una palabra muy obvia para expresar ese compromiso es el verbo «hacer», «poner
en práctica», referido a los mandamientos que el Señor da a Israel. Veamos algún
ejemplo:
«Porque, si de verdad ustedes guardan todos estos mandamientos
que yo les mando practicar, amando al Señor su Dios, siguiendo todos
sus caminos y apegándose a él, el Señor desalojará delante de ustedes
a todas esas naciones...» (11,22-23).
Aquí se indica el modo y la actitud con que los «mandamientos» deben ser puestos
en práctica. No se trata de la ley por la ley, el mandamiento por el mandamiento.
Será una manera de expresar en lo concreto de la vida el amor al Señor; será el
modo de seguir sus caminos y de vivir unidos a Él.
b) Oír, escuchar
Otro término importante con el que se expresa el compromiso que Israel tiene para
con el Señor en virtud de la alianza es el verbo «oír», «escuchar» (en hebreo
shama‘), que por lo general no indica simplemente el hecho físico-biológico de
percibir sonidos, sino más plenamente el «escuchar y actuar en consecuencia». En
realidad, shama‘ es uno de los verbos específicos del campo semántico de la alianza.
En los caps. 4–5 del Deuteronomio, este verbo aparece ocho veces en el contexto de
la revelación divina en el Horeb. La última vez en que esto sucede, las palabras que
el pueblo dirige a Moisés unen claramente los dos aspectos de «escuchar» y
«cumplir»: «Acércate tú a oír todo lo que diga el Señor nuestro Dios, y luego nos
dirás todo lo que el Señor nuestro Dios te haya dicho; nosotros lo escucharemos y
lo pondremos en práctica» (5,27). El «Escucha, Israel,» de 6,4-9 aparece como el
clímax de ese desarrollo: «Escucha, Israel: el Señor nuestro Dios es el único Señor.
Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus
fuerzas».
El objeto del verbo «escuchar» es para amar a Dios con todo el corazón, por eso y,
como para subrayar doblemente su importancia, continúa diciendo:
«Queden en tu corazón estas palabras que yo te dicto hoy. Se las
repetirás a tus hijos, les hablarás de ellas tanto si estás en casa como
si vas de viaje, así acostado como levantado; las atarás a tu mano
como una señal, y serán como una insignia entre tus ojos; las escribirás
en los postes de tu casa y en tus puertas» (6,6-9).
c) Servir
El verbo «servir» (‘abad, en hebreo) es otro término bastante obvio para indicar el
compromiso de un vasallo (Israel) para con su Señor, como resultado de un tratado
de alianza entre desiguales. Este verbo tiene a veces un sentido muy material y
84
negativo, como cuando se usa para hablar del «servicio» o esclavitud a que
estuvieron sometidos los israelitas en Egipto.
Otras veces, tiene un sentido netamente religioso y aun litúrgico: «adorar», «dar
culto a». Parece ser usado en este sentido cuando se le recuerda a Israel que no
puede ni debe «servir» a dioses extraños, a los dioses de aquellos pueblos a los que
va a desposeer al entrar en Canaán: «Destruirás, pues, todos esos pueblos que el
Señor tu Dios te entrega; tu ojo no se apiadará de ellos; y así no darás culto a sus
dioses, porque eso sería un lazo para ti» (7,16).
La versión griega de los LXX traduce en estos casos el verbo «servir» con el verbo
griego «latreuein», y la Biblia de Jerusalén traduce «no darás culto a sus dioses».
Este significado está también incluido, cuando el autor del Deuteronomio habla del
compromiso de Israel de «servir» a su Señor. Pero el verbo se emplea también con
un sentido más amplio, para indicar una relación compleja, de fidelidad y de
obediencia, como muestran otros verbos que con frecuencia lo acompañan:
«Ahora, Israel, ¿qué te pide el Señor tu Dios, sino que temas al
Señor tu Dios, siguiendo todos sus caminos, amándolo, sirviendo
al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma» (10,12).
«Al Señor tu Dios temerás, a él servirás, te apegarás a él y en
su nombre jurarás. Él es tu alabanza y él es tu Dios, que ha hecho
por ti esas cosas grandes y terribles que han visto tus ojos»
(10,20-21).
d) Recordar–no olvidar
Otros dos conceptos, opuestos y complementarios, «recordar» (en hebreo, zakar) y
«olvidar» (en hebreo, shakaj):
85
esta riqueza”; sino acuérdate del Señor tu Dios, que es el que te
da la fuerza para crear la riqueza, cumpliendo así la alianza que bajo
juramento prometió a tus padres, como lo hace hoy» (8,11-18).
«Haz de saber que no es por tu justicia por lo que el Señor tu Dios
te da en posesión esa tierra buena; ya que eres un pueblo de dura cerviz.
¡Acuérdate! No olvides que irritaste al Señor tu Dios en el desierto.
Desde el día en que saliste del país de Egipto hasta tu llegada a
este lugar, han sido ustedes rebeldes al Señor» (9,6-7).
Un objeto central de ese «recordar» es, como hemos visto, el amor de predilección
con que el Señor trató a Israel en la lamentable situación que vivieron en Egipto,
liberándolos de aquella esclavitud. La necesidad de recordar aquella situación es
indicada también como motivo para la conducta de generosa misericordia que se
manda al israelita tener para con las personas más necesitadas que viven a su
alrededor.
«Te acordarás de que fuiste esclavo en el país de Egipto y que el Señor tu Dios
te rescató de allí. Por eso te mando hacer esto» (24,18).
e) Temer
Para hablar del compromiso que Israel tiene para con Dios en virtud de la alianza,
se emplea también en el Deuteronomio el verbo «temer» (ya’re, en hebreo). Este
verbo tiene en hebreo, y en el Deuteronomio, el sentido obvio de «sentir miedo o
temor ante algo o ante alguien», y es lo que Israel no debe sentir al dirigirse a la
tierra que Dios le ha prometido:
«Mira, el Señor tu Dios te ha puesto delante ese país; sube a tomar
posesión de él, como te ha dicho el Señor, el Dios de tus padres.
No tengas miedo ni te acobardes» (1,21).
Tampoco debe temer a los enemigos que encuentre en su camino, o a los pueblos
que habitan en Canaán, por poderosos que parezcan: «No los temas; acuérdate bien
de lo que el Señor tu Dios ha hecho con el faraón y con todo Egipto» (7,18).
Cuando se pide a Israel que «tema» al Señor, no se trata de que sienta miedo o temor
ante él, como se teme a un enemigo, como se teme un peligro o una desgracia. El
verbo yare’ tiene también el significado de «respetar», «venerar», «reverenciar», y,
de hecho, en el Deuteronomio se emplea en conjunción con los demás verbos (unas
veces con unos y otras con otros) que expresan la relación compleja que Israel debe
tener con su Dios, en virtud de la alianza. Menciono dos ejemplos, que creo son
suficientes para ilustrar el sentido de este «temor» de Dios:
86
f) Amar
En aparente contraste con el verbo «temer» tenemos el uso frecuente del verbo
«amar» (’ahab, en hebreo), para designar el compromiso fundamental de Israel
para con su Dios, en virtud de la alianza. El Deuteronomio recuerda desde el
principio el amor que el Señor le ha mostrado a Israel: «Porque amó a tus padres y
eligió a su descendencia después de ellos, te sacó de Egipto personalmente con su
gran fuerza» (4,37). E indica que se trata de un amor absolutamente gratuito por
parte de Dios:
«No porque sean el más numeroso de todos los pueblos se ha prendado
el Señor de ustedes y los ha elegido, pues son el menos numeroso
de todos los pueblos; sino por el amor que les tiene y por guardar
el juramento hecho a sus padres, por eso los ha sacado el Señor con
mano fuerte y los ha liberado de la casa de servidumbre, del poder del
faraón, rey de Egipto» (7,7-8).
A la luz de ese amor que Dios le ha mostrado, se le manda a Israel corresponderlo:
«Ahora, Israel, ¿qué te pide el Señor tu Dios, sino que temas al
Señor tu Dios, siguiendo todos sus caminos, amándolo, sirviendo al
Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma?» (10,12).
«Amarás al Señor tu Dios y guardarás sus consignas, sus preceptos,
normas y mandamientos» (11,1).
Como vemos, este compromiso de «amar» al Señor está matizado por otros verbos
que casi siempre lo acompañan. No se trata de un amor puramente afectivo o
sentimental, sino de un «amor de alianza», que necesariamente debe expresarse en
fidelidad, obediencia y servicio.
El realismo de los autores del Deuteronomio les hace pensar que el cumplimiento
de este compromiso de alianza, de amar al Señor con todo el corazón y con toda el
alma, es algo que está por encima de las posibilidades de Israel, dejado a sus solas
fuerzas. Por eso hará falta que, después de todas las vicisitudes de la historia, el
mismo Dios «circuncide» el corazón de Israel y lo haga capaz de realizar y vivir ese
amor:
«Cuando te sucedan todas estas cosas..., si vuelves al Señor tu
Dios, si escuchas su voz en todo lo que yo te mando hoy, tú y tus hijos,
con todo tu corazón y con toda tu alma, el Señor tu Dios cambiará
tu suerte, tendrá piedad de ti, y te reunirá de nuevo de en medio
87
de todos los pueblos por los que te haya dispersado... el Señor tu
Dios circuncidará tu corazón y el corazón de tu descendencia, a fin
de que lo ames con todo tu corazón y con toda tu alma, para que vivas
» (30,1-3.6).
88
ha escuchado mi voz, tampoco yo arrojaré en adelante de su presencia
a ninguno de los pueblos que dejó Josué cuando murió”» (Jue
2,20-21).
Comentarios de este tenor son igualmente frecuentes en los libros de los Reyes.
Los Profetas –sobre todo Jeremías, que presenció la ruina del reino de Judá y la
destrucción de Jerusalén– se hacen eco también de esta preocupación y de este
lenguaje:
«Han reincidido en las culpas de sus mayores, que rehusaron escuchar
mis palabras: se han ido tras otros dioses para servirles; han violado
la casa de Israel y la casa de Judá mi alianza, que pacté con sus padres.
Por ende, así dice el Señor: Voy a traerles una desgracia a la que
no podrán hurtarse; y aunque se me quejen, no los oiré» (Jr 11,10).
Pero los profetas llevan adelante de manera especial el tema de la «alianza» cuando,
al referirse al futuro que espera a Israel, prometen el establecimiento de una alianza
nueva entre Dios y su pueblo:
«Van a llegar días –oráculo del Señor– en que yo pactaré con la
casa de Israel (y con la casa de Judá) una nueva alianza; no como la
alianza que pacté con sus padres, cuando los tomé de la mano para
sacarlos de Egipto; que ellos rompieron mi alianza, y yo hice estrago
en ellos –oráculo del Señor–. Sino que ésta será la alianza que yo
pacte con la casa de Israel, después de aquellos días –oráculo del Señor–:
pondré mi Ley en su interior y sobre sus corazones la escribiré,
y yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo» (Jr 31,31-33).
89
que el acto sacrificial de Cristo, sacrificio pascual y sacrificio de alianza al mismo
tiempo, será hecho presente en una acción ritual que Jesús manda «hacer en
memoria» suya. Por esa participación en la Eucaristía, el cristiano podrá unirse
estrechamente al misterio de la nueva alianza y gozar de sus bendiciones.
90
TEMA 8: EL PENTATEUCO Y LA HISTORIA
Quien hoy se pregunta ¿qué sucedió realmente? debe constatar que esta pregunta
es moderna y resultaba casi extraña para los transmisores y escritores de las
tradiciones del Pentateuco. Las narraciones del Pentateuco están ciertamente
arraigadas en la historia, pero no son documentos directos sobre los hechos que
narran. Es literatura confesante, es un testimonio de fe destinado a la enseñanza
religiosa. Es mensaje de salvación proclamado históricamente.
En la Biblia hay una vasta obra narrativa que cuenta la historia del antiguo Israel,
desde la creación del mundo hasta la caída de Jerusalen y el destierro a Babilonia
(Torah + Jos, Jc, Sm y Re). El Pentateuco comprende la primera parte de esta
narración: desde la creación del mundo hasta la muerte de Moisés.
91
neohistoricistas de la literatura bíblica en general y del Pentateuco en particular,
han contribuido a un nuevo reajuste de las dimensiones históricas de los textos y a
una nueva consideración de la literatura como reflejo de los tiempos en que fue
escrita, más que como prueba de los hechos supuestamente acaecidos.
44
No importa si hablando del diezmo, las primicias, los sacrificios, etc., dice que se trata de «ley eterna». Es una manera de
expresarse para decir que hay que obedecer. Con la misma venida de Cristo se acabaron muchas leyes y preceptos.
92
según las circunstancias, se fue dando una legislación siempre más adecuada,
atribuyéndola a Moisés y viendo en ella la voluntad de Dios.
►La forma definitiva del Pentateuco se forjó a finales del siglo V a.C. Sus
componentes principales, la tradicion sacerdotal y la deuteronomista, no pueden
ser fechados mas atrás del siglo VI a.C., aunque incluyen material de gran
antigüedad. Se han incorporado tambien narraciones mas antiguas, llamadas
yahvista y elohista, que se resisten a ser fechadas, y no parecen tan antiguas ni tan
numerosas ni tan continuas como antes se pensaba.
►El testimonio extrabíblico más antiguo que ofrece información directa sobre la
historia de Israel, es la estela de Mernepta que es aproximádamente del 1207 a.C.45
45
Manfred Görg descubrió un pedestal de estatua roto que contenía anillos con nombres jeroglíficos en el Museo Egipcio de
Berlín y, después de estudiarlo con sus colegas Peter van der Veen y Christoffer Theis, sugiere que uno de los anillos con
nombres debería leerse como "Israel". No todos los estudiosos están de acuerdo con su lectura debido a ligeras diferencias en
la ortografía, pero Görg, van der Veen y Theis ofrecen argumentos sólidos, incluidos paralelos de apoyo en la propia Estela de
Merneptah. Esta inscripción recientemente redescubierta data de alrededor del 1400 a. C., unos 200 años antes que la estela
de Merneptah.
93
Entonces, ¿cuál es la «verdad» de los relatos del Pentateuco?
94
pero lo que importa no es tanto qué ocurrió exactamente, sino qué significa eso para
el lector, ya que se trata de una verdad de salvación.
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BIBLIOGRAFIA BASICA
usada para estos apuntes:
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