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Culturamunic

El documento aborda la necesidad de una política cultural municipal en Caracas, enfatizando la importancia de preservar el patrimonio histórico y cultural en un contexto de desigualdad social. Se argumenta que la ciudad es un espacio socialmente construido que refleja las relaciones de poder y la injusticia, y se propone un enfoque basado en la educación y la participación comunitaria para fomentar la identidad cultural y la autoestima de los ciudadanos. Además, se destaca la urgencia de implementar una gestión adecuada de los recursos culturales para asegurar su conservación y promover la conciencia histórica entre las generaciones futuras.
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El documento aborda la necesidad de una política cultural municipal en Caracas, enfatizando la importancia de preservar el patrimonio histórico y cultural en un contexto de desigualdad social. Se argumenta que la ciudad es un espacio socialmente construido que refleja las relaciones de poder y la injusticia, y se propone un enfoque basado en la educación y la participación comunitaria para fomentar la identidad cultural y la autoestima de los ciudadanos. Además, se destaca la urgencia de implementar una gestión adecuada de los recursos culturales para asegurar su conservación y promover la conciencia histórica entre las generaciones futuras.
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BASES PARA UNA POLÍTICA CULTURAL MUNICIPAL

“...el problema urbano es un problema revolucionario, que pone en cuestion las etructuras
de la sociedad actual...”(1)

Mario Sanoja* Iraida Vargas-Arenas**.

1
Teoría sobre la producción del espacio social caraqueño

La ciudad no es solamente una estuctura material que se crea o se implanta en un territorio


determinado, sino un espacio socialmente construido que se produce y reproduce según la
contingencia de los procesos históricos que le dieron orígen, que han determinado y
siguen determinando la materialidad de las relaciones sociales que la caracterizan.

Cada sociedad produce su propio espacio social segun su modo de vida, el nivel y calidad
del desarrollo de sus fuerzas productivas, y el carácter discontinuo de las relaciones de
poder existentes entre la clase social dominante y las clases sociales subordinadas. Las
clases sociales, según la definición clásica de Lénin, estan integradas por grupos hombres y
mujeres que se disinguen entre sí por el lugar que ocupan en un sistema de producción
social e historicamenre determinado, por las relaciones en que se encuentran con
respecto a los medios de producción, al papel que desempeñan en la organización social
del trabajo, a la parte que reciben de la riqueza social producida por la sociedad en su
conjunto. En tal sentido, en una sociedad de clases donde la injusticia social ha llegado a
alcanzar niveles patológicos como la venezolana, la clase dominantes no sólo se ha
apropiado secularmente del trabajo y la riqueza producida para ella por los otros, sino que
ha ido produciendo y modelando el espacio social urbano para que sirva a su propia
hegemonía.

Las relaciones entre la clase social hegemónica y las subordinadas a ella, estan mediadas
por la existencia de mecanismos de coerción física e ideológica que aquella posée e utiliza
para quebrar y someter a las clases subordinadas o dominadas. Dichos mecanismos estan
contenidos y enmascarados, particularmente, dentro de las instituciones municipales que
regulan la vida cotidiana de la población urbana, sobre todo la de menos recursos. En
nuestro caso, ello alude principalmente a las alcaldías, los concejos municipales y a las
policias que habian tenido hasta ahora el monopolio legal de la violencia contra los pobres
para defender el orden social impuesto por la clase hegemónica.
La ciudad es un espacio que ha sido creado para propositos sociales. Su carácter es
relacional, está determinado por la calidad del sistema de relaciones sociales que se
establecen dentro de su materialidad que es a la vez física y también social. Dicho
carácter es el resultado de la accíon de generaciones de hombres y mujeres integrados en
colectivos sociales, en agentes sociales que conceptualizan subjetivamente el espacio
donde se constituyen sus representaciones y expresiones culturales (2).

Cada formación social produce un orden espacial urbano que le es característico, donde se
asientan particulamente las formas espaciales expresadas como edificaciones y obras
civiles. Dichas formas espaciales lleva la impronta de la relaciones sociales de producción
que las hicieron posibles, las cuales regulan y determinan la forma de producción, de
circulación, cambio y el consumo de los bienes materiales.

Las formas espaciales se transforman así en productos que son distribuidos y consumidos
de manera diferencial por una sociedad urbana determinada, segun al régiimen de
propiedad existente, particularmente el régimen de propiedad de la tierra urbana. Las
edificaciones, los conjuntos residenciales de clase alta y media, los barrios populares y el
uso social que se hace de ellos conforman los simbolos visuales de dicha sociedad, los
cuales son percibidos diferencialmente dentro de un sistema de significados determinado
por el sistema de relaciones sociales existentes.

El crecimiento y desarrollo de una ciudad como Caracas se ha producido como parte de un


sistema centro periferia, donde existe un todo más desarrollado, con baja densidad
demográfica, que concentra y absorbe la mayor cantidad de bienestar físico recursos
materiales que produce la sociedad urbana y una periferia que, hasta el presente aporta
fuerza de trabajo, produce servicios y añade particular sustancia a la plusvalía que generan
los trabajadores de la diferentes clases sociales subordinadas.

El modo de vida inducido por la conquista y la colonización castellana generó una


sociedad desigual e injusta, cuyo referente material era la ciudad de Caracas, sede del
estado colonial de la antigua Provncia de Caracas, posteriormente la sede del poder
republicano hasta el presente. La destrucción –a partir de 1568-de los antiguos poblados
indigenas y7 su sustitución por la ciudad y los pueblos coloniales que devienen su
periferia, implicó necesariamente la gestación de nuevos procesos de identificación con el
entorno físico, natural y cultural que se estaba produciendo, lo cuales se convirtieron en
claves históricas para los habitantes de la ciudad.

El advenimiento en fuerza de la sociedad y la cultura petrolera venezolana entre 1937 y


1950, significó para Venezuela y para Caracas en particular, una nueva ruptura con las
claves históricas establecidas desde la colonia. A partir de 1950 la ciudad se fué
transformando mediante un proceso urbanístico intencional, pero carente de una
planificación ordenada, que culminó en una producción de espacios sociales caóticos
donde predomina la agresión constante entre los ciudadano(a)s y entre ello(a)s y la ciudad.
Negada la posibilidad de “leer” racionalmente la ciudad, negada la estabilidad temporal y
física de las formas espaciales y sus significados simbólicos, los ciudadanos no se
identifican con, sino que abusan del espacio vital citadino. La victima principal de tal
urbanicidio es la calidad de la vida cotidiana tanto privada como pública.(3).

2
Práxis de la producción del espacio social caraqueño

La protección de los monumentos históricos y de los bienes culturales muebles asociados


con los mismos, los cuales permiten documentar su relación con la vida cotidiana,
doméstica y pública de la comunidad, caraqueña está expresamente contenida, hasta ahora,
en la Ley vigente sobre Patrimonio Cultural. De cierta manera, dicha ley, al igual de la de
Protección al Ambiente, acoge también disposiciones relativas a la protección del paisaje
cultural o humanizado y los paisajes naturales que serán impactados por los proyectos de
desarrollo socioeconómico de diversa magnitud y naturaleza.

La normativa de la ley de Patrimonio Cultural ha debido ser aplicada urgentemente al de


Caracas, una de las áreas urbanas del país que ha sufrido -y sufre- uno de los peores y más
devastadores impactos sobre su patrimonio histórico monumental, producto de los
proyectos de intervención urbana que, desde la década del 50 hasta la actualidad, han
destruido buena parte del paisaje histórico de la ciudad, reemplazando la trama urbana de
las parroquias históricas caraqueñas por una caótica red de vias de comunicación y bloques
de estructuras residenciales o de negocios que es -por lo general- de muy dudosa calidad
estética y funcional.

Frente a la brutal arremetida de los planificadores y constructores urbanos, ninguna de


las autoridades municipales de la ciudad de Caracas ha tenido, hasta el presente, una
política definida en relación ni para la protección de los espacios públicos, ni la
conservación y adecuada puesta en funcionamiento de los bienes culturales
monumentales, referente de la vida cotidiana pública de la ciudad, y mucho menos de
los bienes culturales muebles que testimonian de la historia de la vida cotidiana
doméstica de los caraqueños. Con la creación de la Fundación para la Conservación del
Patrimonio Cultural Municipal (Fundapatrimonio) y el Instituto del Patrimonio Culural,,
se dió en su momento un paso importante para conservar y promover el patrimonio
histórico de la ciudad de Caracas, expresado en la planificación y ejecución de diversos
proyectos de restauración integral patrimonial urbana(4). Para asegurar el éxito de la
Fundación, hubiese sido necesario que la Alcaldía y el Consejo Municipal de entonces
hubiesen reflexionado sobre la elaboración de un proyecto de estructuras municipales
que podría tener dos objetivos fundamentales: el primero, que abarcaría la totalidad del
municipio, orientado a la definición de su estructura patrimonial cultural en relación a la
trama urbana de la ciudad ; el segundo, relativo a la definición de las iniciativas y tipos
de intervenciones que serían permitidas dentro de la planificación urbana local, cuando
ellas afectasen alguno de los recursos patrimoniales culturales que forman parte de la
herencia histórica del municipio.

La definición de una política cultural municipal coherente con el Socialismo Venezolano


del Siglo XXI, debe estar basada en el conociiento científico de la historia de la ciudad,
expresada en sus bienes patrimoniales monumentales, en los bienes muebles asociados con
los mismos y en las diversas tradiciones socioculturales parroquiales; todo ello constituye
una expresión tangible de la herencia histórica, de la identidad cultural que explica la
existencia, la pervivencia de la colectividad humana que es el municipio y su vinculación
con la nación venezolana.

En razón de lo anterior, los objetivos materiales y espirituales de una política cultural


basada en la salvaguarda de los bienes patrimoniales de la herencia histórica nunicipal, lo
cual incluye también los Municipios de Chacao, Sucre y Baruta, confluyen hacia una meta:
el desarrollo en la población de la ciudad de una conciencia reflexiva sobre su pertenencia
al colectivo del municipio, de la autoestima y -en consecuencia- de la voluntad de
participar democráticamente en el logro compartido de solucionar los problemas sociales
de la comunidad.

Para tales fines, los recursos patrimoniales culturales que integran la herencia histórica
municipal, deben ser gerenciados para hacerlos accesibles a toda la población de la ciudad
mediante un adecuado programa de selección, restauración y promoción de los mismos, y
de programas de educación e interpretación que los integren al disfrute del ocio creador y
el tiempo libre de las distintas comunidades parroquiales. El respeto por el derecho que
tiene el pasado a existir, es filosóficamente continuo con el respeto de los derechos del
futuro. Toda generación presente debe ser custodia del pasado para el beneficio y la
edificación de las generaciones por venir, puesto que este proceso constituye el
fundamento de la autoestima, de la identidad histórica y cultural de la comunidad
municipal.

El fundamento de una política racional para la selección de los recursos culturales que
deben ser preservados y gerenciados para uso de la comunidad municipal, reside en la
identificación de la naturaleza y magnitud de dichos recursos a través de la prospección y
el inventario. Sólo cuando esta base de datos haya sido bien establecida por el municipio,
será posible formular una estrategia realista para el futuro. Parecería ser, pues, axiomático,
que para escoger los recursos culturales que deberán ser conservados, con excepción de los
más grandiosos y aparentes, es necesario poner en marcha un programa continuo de
investigación a los fines de organizar, en lo posible, un registro de la totalidad de los
mismos. En ausencia de dicha base de datos se corre el riesgo, como ya suele ocurrir, que
los sitios, monumentos y tradiciones sociales más importantes sólo puedan llegar a ser
conocidos y resgistrados cuando su estudio y preservación sea prácticamente imposible.

El progreso económico y social inevitablemente amenaza la integridad de los recursos


culturales, por lo cual habrá que tomar, en ocasiones, la decisión de sacrificar sitios y
monumentos. Sería utópico, por otra parte, pretender que todos los recursos culturales sean
conservados a perpetuidad, por lo cual es imperativo que se haga una selección de los más
representativos de los diversos períodos de la historia municipal y nacional, mediante una
adecuada metodología de prospección, catalogación e inventario de los mismos.

La importancia de conservar los recursos culturales que integran la herencia histórica de


los municipios, radica en su carácter estratégico para mantener la identidad cultural del
colectivo, cuando se les gerencia como parte de un programa orgánico y estructurado de
educación. Por esta razón, la historia ha sido tradicionalmente un importante sujeto de
estudio de los programas educativos de todos los países desarrollados. Descuidar este
importante y estratégico recurso educativo puede tener graves implicaciones, como lo
demuestra la historia reciente de la educación venezolana: los escolares de ayer son los
votantes de hoy y los administradores del presente, de la misma manera que los
escolares de hoy seran los votantes y los gobernantes del mañana.
Si como ha venido ocuriendo en Venezuela, no se le crea a los niños desde la escuela
una conciencia de su pasado basada en una apreciación profunda de la totalidad de las
tradiciones materiales y espirituales que lo integran, difícilmente, podrán ellos, cuando
sea adultos, adoptar una actitud conservacionista hacia las tradiciones materiales y
espirituales, hacia los recursos culturales que forman el presente de su ciudad, de su
parroquia, de su barrio, cuando no de su propia patria. Es por esta razón que la
autoestima del caraqueño, y del venezolano en general, es todavía tan baja, lo cual se
traduce en una actitud indolente y negativa hacia la calidad de su vida cotidiana
doméstica o colectiva, a la persistencia de los valores sociales negativos tales como el
individualismo y el egoismo, antagónicos a la calidad de vida socialista.(5)

La escuela, sin embargo, es solamente uno de los factores del proceso de educación
continua. Los medios de comunicación -la prensa, la radio y la televisión- juegan también
un papel crucial en este proceso, aunque hasta el presente su participación en la vida social
sólo ha servido para deformar los valores éticos y disociar la mente de los ciudadan(a)os e
la realidad concreta. Salvo honrosas excepciones como Vive TV, VTV y ahora Telesur,
así como las televisoras y radios comunitarias, el tratamiento que hasta ahora han dado los
medios a la gestion y promoción de los recursos culturales que integran nuestra herencia
histórica ha sido, en general, insuficiente o nula. Se puede observar una alarmante
tendencia en los medios privados a difundir preferencialmente lo relacionado con los
eventos artísticos, a tratar de manera sensacionalista los graves problemas de la vida
cotidiana de la comunidad del municipio, pero sin profundizar críticamente en sus raíces
culturales, a trivializar aquello relacionado con la arqueología yla antropología en general,
la herencia histórica y la conservación de los recursos culturales patrimoniales. En los
últimos meses, en relación particularmente con la aprobación y puesta en ejecución de la
Ley de Responsabilidad Social en Radio y Televisión, se ha podido observar , en algunos
medio privados un lígero interés por reportar con seriedad y profundidad los eventos
relacionados con la conservación y promoción de los recursos culturales de la herencia
histórica venezolana. Ello muestra, de manera fehaciente, que al menos una parte de
nuestros comunicadores sociales puede comprender, analizar e informar con seriedad
profesional sobre un tema como nuestra cultura, nustro modo de vida, que es tan
estratégico para el desarrollo social, cultural y político de nuestro pueblo.

Creemos que es necesario insistir hasta el cansancio, en la necesidad de educar a la


población -y en particular a los administradores de los gobiernos municipales –las
Alcaldías- para lograr una buena gestión de nuestros recursos culturales, de nuestra
herencia histórica. La ética de la conservación de los recursos culturales y naturales aunque
no se puede imponer por decreto, puede estimularse a través de programa diseñados a tal
fin, para que fluya orgánicamente de la comunidad de habitantes de los municipios.

Obviamente, los objetivos anteriores no podrían logarse de la noche a la mañana. La


organización de la gestión de recursos culturales de la herencia histórica, hasta ahora
inexistente, debe convertirse en una tradición administrativa del municipio. El primer paso,
como ya dijimos, fué la creación de Fundapatrimonio y del Institituto del Patrimonio
Cultural, pero ello no es suficiente. Es preciso agrupar y movilizar un valioso grupo de
especialistas en la coordinación de proyectos de restauración y conservación, arqueólogos,
historiadores, arquitectos, ingenieros, conservadores de bienes muebles e inmuebles, etc.,
en una política de acción coherente, sin duplicacion de esfuerzos ni de inversiones, para
acometer la gran tarea de rescatar a Caracas, rescatar los teatros y auditorios parroquiales,
crear los museos comunitarios que pueden servir como espacio de reunión a los habitantes
de Caracas.

De lo anterior, comienzan a perfilarse ciertos principios organizativos que inciden en la


necesidad de definir claramente las áreas de competencia en el campo de la gerencia de
recursos culturales. Debe existir un ente responsable del catastro de los recursos culturales
de la herencia histórica municipal, del estudio arqueológico, histórico documental y
arquitectónico, así como de la restauración y conservación tanto de los monumentos como
de los bienes muebles que se encuentren asociados con los mismos. De la misma manera,
debería ser el custodio de las colecciones de objetos arqueológicos, de los bienes muebles
de distinta naturaleza y de los datos textuales, visuales y audiovisuales que se generen en el
curso de los proyectos de restauración [Link] tener, igualmente, la responsabilidad
de organizar la presentación de todas estas evidencias en un museo que presente al
visitante, de manera orgánica, la historia cultural de la ciudad. Un museo que no investiga
su objeto de estudio es un museo muerto. Por ello, no es conveniente separar la institución
responsable por la investigación de los recursos culturales de la herencia histórica, de los
medios para comunicar y educar a la comunidad sobre las bases históricas de su cultura y
de su autoestima.

Para que la política cultural de la Alcaldía de Caracas y las distintas alcaldías que
administran el territorio municipal funcione de manera efectiva, debe existir la más amplia
colaboración, sin duplicaciones, entre los diferentes organismos que gerencian la cultura
municipal y nacional, así como la necesaria vinculación con los programas pertinentes que
adelantan otras fundaciones culturales privadas cuyos insumos pueden contribuir también a
ampliar el ámbito de la cultura venezolana.

La creación y operación de los circuitos urbanos de turismo educativo cultural, el


apropiado mantenimiento del entorno ambiental cultural y natural de dichos circuitos, la
promoción, tanto de espectáculos, como de programas para el estímulo de la creatividad en
las áreas del teatro, la literatura, la música, la pintura, la escultura, los museos de
comunidad, etc., formarían la contraparte de la actividad de dicha institución dentro una
política cultural municipal orientadora del proceso formativo de valores históricos,
culturales y sociales en los cuales se fundamenta la autoestima de los ciudadanos,
fundamento de nuestra identidad cultural e histórica, de la futura sociedad socialista del
siglo XXI.

Un factor que debe ser tomado en cuenta por la acción política municipal es la lealtad del
público general, actitud que está anclada en la relación especial que tienen los individuos
de una comunidad con la tierra en la cual tanto ellos como sus antepasados han vivido. La
estimulación de las lealtades locales constituye un importante recurso para el
mantenimiento de los sistemas de preservación de recursos culturales, lealtades que en
nuestro país no han sido propiamente utilizadas o movilizadas para la promoción de la
calidad de la vida y del bienestar colectivo.

La necesidad que tienen los ciudadan(a)os de pertenecer a una comunidad y de tener un


lugar asegurado en la vida cotidiana pública, de participar en las actividades de su
colectivo, es un sentimiento fuertemente enraizado en lo más profundo de todo ser
humano. Dicha necesidad se manifiesta de manera acumulativa de la casa a la aldea o el
barrio, del barrio a la parroquia y la ciudad, de la ciudad a la región, de la región a la
nación. Es más intensa en los niveles más primarios de tiempo y espacio y decrece en la
medida en que se amplían los horizontes. Para ser realmente efectiva y asimilada
profundamente en la conciencia del público general, una gestión de los recursos culturales
como la expuesta debe proporcionar a los individuos de la comunidad una dimensión
temporal progresiva que vaya del hogar, de la vida cotidiana doméstica, hasta la nación, el
polo más complejo de la vida cotidiana colectiva, teniendo siempre en cuenta que la
gestión de los recursos culturales es un proceso educativo en el más amplio sentido de la
palabra.

Septiembre 2005
*Doctor en Antropología.

RFERENCIAS CITADAS:

1) Henry Lefebvre. 1978. De lo rural a lo urbano.


2) Mario Sanoja-Iraida Vargas-Arenas. 2002. El agua y el poder.
3) Iraida Vargas-Arenas. 1999. La Historia como Futuro.
4) Mario Sanoja-Iraida Vargas Arenas

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