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Fulghum

El autor reflexiona sobre la simplicidad de las lecciones de vida aprendidas en el jardín de infantes, destacando que la sabiduría esencial no proviene de la educación formal, sino de principios básicos como compartir, jugar limpio y cuidar de los demás. A través de su credo, enfatiza la importancia de la imaginación, el amor y la esperanza, sugiriendo que estos valores son fundamentales para vivir una vida plena y significativa. El texto invita a aplicar estas enseñanzas simples a la vida cotidiana y a las interacciones humanas.

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El autor reflexiona sobre la simplicidad de las lecciones de vida aprendidas en el jardín de infantes, destacando que la sabiduría esencial no proviene de la educación formal, sino de principios básicos como compartir, jugar limpio y cuidar de los demás. A través de su credo, enfatiza la importancia de la imaginación, el amor y la esperanza, sugiriendo que estos valores son fundamentales para vivir una vida plena y significativa. El texto invita a aplicar estas enseñanzas simples a la vida cotidiana y a las interacciones humanas.

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TODO LO QUE HAY QUE SABER LO APRENDÍ EN EL JARDÍN DE INFANTES 

Cada primavera, durante muchos años, me he impuesto la tarea de escribir una


declaración personal de mis creencias: un credo. Cuando era más joven, la declaración
ocupaba muchas páginas, en las que trataba de cubrir cada tema sin dejar cabos sueltos.
Sonaba como una sentencia de la Corte Suprema, como si las palabras pudiesen resolver
todos los conflictos sobre el sentido de la existencia.
El credo se ha abreviado en los últimos años – a veces resulta cínico, a veces cómico,
a veces benévolo –, pero sigo trabajando en él. Recientemente me he empeñado en reducir la
declaración de mis creencias personales a una sola página, en palabras simples, con plena
conciencia del idealismo ingenuo que eso supone.
La inspiración de la brevedad me llegó en una estación de servicio. Llené el tanque de
mi viejo auto con cierto jugo líquido especial – super – extra de alto octanaje. Mi añeja batata
no pudo soportarlo y se volvió loca: no paró de petardear en cada esquina y de eructar cuando
iba cuesta abajo. La comprendí. A mi mente y a mi espíritu les ocurre lo mismo de vez en
cuando. Demasiada información de alto contenido, y me llevo un susto existencial, no paro de
petardear en los cruces donde hay que tomar decisiones vitales y resulta que sé demasiado o
no sé lo suficiente. Preguntarle a la vida no es un picnic.
Entonces me di cuenta de que ya sé la mayor parte de lo que hace falta para vivir una
vida plena, que no es tan complicado. Lo sé. Y lo he sabido desde hace mucho, muchísimo
tiempo. Vivirlo..., bueno, eso es otro tema, ¿verdad? Aquí está mi credo:
TODO LO QUE HAY QUE SABER sobre cómo vivir y qué hacer y cómo debo ser lo
aprendí en el jardín de infantes. La sabiduría no estaba en la cima de la montaña de la
universidad, sino allí, en el arenero. Éstas son las cosas que aprendí:

Compártelo todo.
Juega limpio.
No le pegues a la gente.
Vuelve a poner las cosas donde las encontraste.
Limpia siempre lo que ensucies.
No te lleves lo que no es tuyo.
Pide perdón cuando lastimes a alguien.
Lávate las manos antes de comer.
Sonrójate.
Las galletitas calientes y la leche fría son buenas.
Vive una vida equilibrada; aprende algo y piensa en algo y dibuja y pinta y canta y baila
y juega y trabaja cada día un poco.
Duerme la siesta todas las tardes.
Cuando salgas al mundo, ten cuidado con el tránsito, tómate de las manos y no te
alejes.
Permanece atento a lo maravilloso. Recuerda la pequeña semilla en el vaso. Las raíces
bajan, la planta sube y nadie sabe realmente cómo ni porqué, pero todos somos así.
Los peces de colores, los hámsters y los ratones blancos e incluso la pequeña semilla
del vaso, todos mueren. Y nosotros también.
Y entonces recuerda una de las primeras palabras que aprendiste, la más grande de
todas: MIRA.

Todo lo que necesitas saber está allí en alguna parte. La Regla de Oro, el amor y la
higiene básica. La ecología y la política, la igualdad y la vida sana.
Toma cualquiera de estos ítem, tradúcelo en términos adultos sofisticados y aplícalo a
tu vida familiar o a tu trabajo, a tu gobierno o a tu mundo, y se mantendrá verdadero, claro y
firme. Piensa cuánto mejor sería el mundo si todos – todo el mundo – tomásemos galletitas con
leche cada tarde a las tres y después nos acurrucáramos en nuestras mantas para dormir la
siesta. O si todos los gobiernos tuviesen como política básica volver siempre a poner las cosas
donde las encontraron y limpiar lo que ensuciaron.
Y aún es verdad, no importa cuán viejo seas, que al salir al mundo es mejor tomarse de
las manos y no alejarse.


Roberto Fulghum, “Todo lo que hay que saber lo aprendí en el jardín de infantes”, Emecé Editores, 1996.
CREDO DEL CUENTISTA

Creo que la imaginación es más fuerte que el conocimiento.


Que el mito tiene más poder que la Historia.
Que los sueños son más poderosos que los hechos.
Que la esperanza triunfa sobre la experiencia.
Que la risa es el único remedio contra el dolor.
Y creo que el amor es más fuerte que la muerte.

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