Importancia de la Apologética en la Fe
Importancia de la Apologética en la Fe
La apologética es la rama de la Teología que trata con las defensas racionales, lógicas e intelectuales de la fe y la
Biblia.
Esto significa que la importancia de la apologética es ayudar al creyente a entender su fe para que pueda ponerle
fundamentos firmes. Porque si la fe está anclada al conocimiento, se vuelve más fuerte. También significa que da
razones para que las personas que piensan que Dios no existe reconsideren su postura, dados los argumentos
lógicos que apuntan a la realidad de un Creador.
¿Por qué es importante? ¿Para qué sirve? ¿Por qué debemos aprender qué es y cómo hacerlo?
Como se ha discutido antes, la apologética es la defensa racional, lógica e intelectual de la fe. En un mundo donde
la información, correcta o no, se difunde a la velocidad de un “click”, es importante tener las herramientas para
poder discernir la verdad de la mentira, lo importante de lo insignificante.
Un Fundamento Firme
Tener argumentos razonables para nuestra creencia no niega nuestra fe, sino que la solidifica. Platón dijo: “El
conocimiento es más que creer en lo correcto.”
Imagina una persona que se tropieza y se golpea la cabeza. Esa persona despierta y dice: “Yo creo en:
Ahora, imagina un matemático, quién lleva estudiando la ecuación anterior por muchos años. El matemático y esa
persona tienen la misma creencia: creen en la veracidad de la ecuación anterior. Sin embargo, el matemático
tiene conocimiento de eso que él cree, por lo cual lo puede probar como cierto.
La primera persona sólo tiene una fe ciega, que resultó ser cierta (porque la persona no tiene el conocimiento
para saber si es cierto o no).
Por lo tanto, no es lo mismo creer en Dios que conocer a Dios. Si sólo creemos en Dios, estamos en el mismo nivel
que los demonios (Santiago 2:19)
Si alguien le dice al matemático: “Tu ecuación está mal. No es +1, es -1”, él podría demostrarle si se equivoca,
porque sabe que piensa y porqué. Su conocimiento solidifica su fe.
La apologética provee la dirección y las herramientas necesarias para que la fe tenga un fundamento firme.
¿Dios existe?
C.S. Lewis escribió que Dios no es el tipo de cosa sobre la cual uno puede estar moderadamente interesado. Si no
existe, no hay razón para que nos interese. Sin embargo, si Dios existe, no hay nada más interesante. No sólo eso,
sino que, la preocupación máxima de nuestra propia existencia sería cómo relacionarnos correctamente con este
Ser sobre el cual depende todo aspecto de ella.
Los filósofos ateos Jean-Paul Sartre y Albert Camus, admiten que la existencia de Dios hace una diferencia enorme
en la vida de los seres humanos.
Si tu vida está condenada a terminar en muerte, entonces no importa cómo vives. No hay diferencia alguna en si
existes o no. Tu vida pueda tener algún significado relativo, haber influido en otros o hecho algo que cambió la
historia. Pero, la humanidad está condenada a perecer, todo cambio provocado será para nada.
Por lo tanto, todas las contribuciones para el conocimiento humano, las investigaciones para aliviar el dolor y el
sufrimiento, los esfuerzos para traer paz al mundo o los sacrificios de personas alrededor de mundo para
mejorarlo terminan en nada. Si el ateísmo es verdad, nuestras vidas son sin sentido.
Si Dios no existe no hay esperanza para la liberación de las deficiencias de nuestra existencia. No hay esperanza
de liberación del mal. Aunque muchos preguntan por qué Dios pudo crear un mundo con tanto mal, es evidente
que la mayor parte del sufrimiento en el mundo se debe a las mismas personas que crean ese sufrimiento entre
ellos. Si Dios no existe, estamos encerrados sin esperanza en un mundo lleno de sufrimiento.
No hay esperanza de eliminar enfermedades o la muerte. Finalmente, morirás. No hay nada después de la tumba.
Si somos intelectualmente honestos, podemos ver que el ateísmo es una filosofía que no tiene esperanza.
Nuestra existencia termina con la muerte, haciendo la vida inconsecuente.
Si Dios existe, no sólo haría una impresionante diferencia para la humanidad, sino que sería algo que cambia la
vida personal de cada cual. En el libro “The Real Face of Atheism,” Ravi Zacharias menciona un aspecto
importantísimo en el cual conocer a Dios de forma personal hace una diferencia:
“Nada – absolutamente nada – tiene un impacto más directo en las decisiones morales hechas por cada individuo
o los propósitos perseguidos por la sociedad que la creencia o la incredulidad en Dios.”
Cuando no conocemos a Dios de una forma personal, nuestra identidad dependerá de cosas y opiniones efímeras
que, en última instancia dejarán de ser en algún momento. Como dijo A.W. Tozer:
“El hecho de Dios es necesario para el hecho del hombre. Si sacamos a Dios con nuestros pensamientos, el hombre
no tiene base para existir.”
Nada de esto prueba que Dios existe, pero marca una diferencia muy importante entre si existe o no. Aún si las
evidencias a favor y en contra de Su existencia son equivalentes, lo racional es creer en Él. En otras palabras, es
irracional preferir muerte, inutilidad, y desesperación por encima del gozo, sentido y esperanza. Nuestra meta es
buscarle el sentido a las cosas, intentar de entender cómo es el mundo. La hipótesis de que Dios existe le da
sentido a una amplia gama de hechos.
ARGUMENTOS
¿De dónde salió el universo? ¿Por qué todo existe en vez de que exista nada? ¿El universo es eterno?, esto no es
una postura razonable. ¿Por qué no es razonable?
Si el universo no tuvo un principio, eso significa que la cantidad de eventos pasados en la historia del universo es
infinita. Sin embargo, los matemáticos reconocen que la existencia de cosas infinitas en la realidad lleva a
contradicciones. Por ejemplo, ¿cuánto es infinito menos infinito? Matemáticamente, hay contestaciones
contradictorias.
En uno de los desarrollos más importantes de la ciencia moderna, tenemos evidencia de que el universo no es
infinito, sino que tuvo un principio hace casi 14 billones de años atrás en un evento cataclísmico conocido como
“Big Bang.”. Representa el origen del universo desde literalmente nada. Toda la materia y energía, hasta el
espacio físico y el tiempo, llegaron a la existencia desde el “Big Bang.”
Hay teorías alternas que han sido creadas para evitar este principio absoluto. Sin embargo, ninguna se ha
establecido como más verosímil que la teoría del “Big Bang.” De hecho, en el 2003, Arvind Borde, Alan Guth y
Alexander Vilenkin efectivamente probaron que cualquier universo que esté en estado de expansión cósmica no
puede ser infinito hacia el pasado, sino que tiene un principio absoluto. Viledkin lo pone de la siguiente manera:
“Se ha dicho que el argumento es lo que convence al hombre razonable y la prueba es lo que convence hasta el
hombre irrazonable. Con las pruebas ya en su lugar, cosmólogos ya no pueden esconderse detrás de la posibilidad
de un universo infinito. No hay escapatoria, tienen que enfrentarse al problema de un principio cósmico.”
“Un defensor del ‘Big Bang,’ por lo menos si es ateo, tiene que creer que el universo salió de la nada y por nada.”
De seguro, esto no tiene sentido alguno. De nada, sale nada, así que, ¿por qué hay algo, en vez de nada? ¿De
dónde salió? Tuvo que haber una causa que trajo el universo a la existencia.
Esta causa que creó el universo tiene que ser no-causado, incambiante, eterno e inmaterial. Tiene que ser no-
causado porque, como vimos, no puede haber una regresión infinita de causas. Tiene que ser eterno y, por
consiguiente, incambiante – por lo menos sin el universo – porque creó el Tiempo. Como también creó el espacio,
debe trascender el espació también, haciéndolo inmaterial.
Además, debe ser personal. ¿De qué otra manera podría una causa eterna dar lugar a un efecto temporal como el
universo? Si la causa fuese sólo un conjunto de condiciones necesarias y suficientes que operan mecánicamente,
entonces la causa nunca pudiese existir sin el efecto. Por ejemplo, el agua se congela a 0ºC (32ºF). Si la
temperatura hubiese sido de 0ºC desde la eternidad pasada, entonces cualquier agua disponible sería congelada
por la eternidad. Sería imposible que el agua comenzare a congelarse hace un tiempo finito atrás. Por lo cual, si la
causa es permanentemente presente, el efecto lo sería también. La única forma de que la causa sea eterna y que
su efecto sea temporal es que la causa sea un agente personal que libremente decidió crear un efecto en el
tiempo sin condiciones previamente determinadas. Por lo tanto, somos llevados a, no sólo una causa
trascendental del Universo, sino a su Creador personal.
La teoría del “Big Bang” confirma lo que los cristianos han creído, que, en el principio, Dios creó el universo.
#2: Dios da sentido de la perfección y el orden para apoyar vida inteligente (Argumento
Teleológico)
A través de los últimos años, científicos han descubierto que la existencia de la vida inteligente depende de un
balance de condiciones iniciales dados por el “big Bang”. Esta existencia depende de una conspiración de
condiciones iniciales que tuvieron que ser precisadas a un grado que es incalculable.
Esta precisión es de dos tipos. Primero, cuando las leyes de la naturaleza son expresadas en ecuaciones
matemáticas, hay constantes que aparecen en ellas (como la constante de la gravedad). Estas no son
determinadas por leyes de la naturaleza. Las leyes naturales son consistentes con una amplia gama de valores
para estas constantes.
Segundo hay ciertas cantidades arbitrarias que son puestas como condiciones iniciales sobre las cuales las leyes
de la naturaleza operan. Por ejemplo, la cantidad de entropía o el balance entre materia y antimateria en el
universo. Todas estas constantes y cantidades caen un margen extraordinariamente pequeño para poder hacer
que la vida sea posible. Si fueran alteradas en lo mínimo, el balance que permite la vida sería destruido y la vida
no pudiese existir.
El físico P.C.W. Davies calculó que un cambio en la fuerza gravitacional atómica débil por sólo una parte en 10100
hubiese prevenido un universo que permitiera la vida. La constante cosmológica que dirige la inflación del
universo y es responsable por el reciente descubrimiento de la aceleración de la expansión del mismo está
inexplicablemente precisada a una parte en 10^120. Roger Penrose de la universidad de Oxford calculó que la
probabilidad de que las condiciones de baja entropía del “Big Bang” fuesen por “suerte” son 1 x 10^10(123). Esto
es un número con más de 1,200 ceros.
Interesantemente, aparte de que cada constante esté precisada, para poder tener un universo que permita la
existencia de la vida, la razón entre ellos tiene que ser precisada también. Por lo tanto, tenemos que multiplicar
improbabilidades por más improbabilidades.
¿Qué alternativas tenemos para explicar este fenómeno matemático de improbabilidades extremas?
Algunos piensan que fue puro accidente. Un evento aleatorio del cual somos beneficiados. Pero, como vimos, las
probabilidades de que el universo permita la vida son tan insignificantes que uno no se puede enfrentar a esta
alternativa razonablemente. Aunque puede haber una gran cantidad de mundos en los cuales pueda existir vida
dentro del marco cósmico, la cantidad de universos que permiten vida es impresionantemente más pequeña, por
lo cual la existencia de un universo que permita la vida es fantásticamente improbable. Las personas que declaran
que todo surgió por accidente, simplemente no tienen un concepto de la precisión necesaria para que el universo
contenga vida.
Nuevamente, la cosmovisión que el cristianismo siempre ha tenido se mantiene: hay un Diseñador inteligente del
universo. Esto tiene más sentido que una visión atea de que el universo casualmente y por accidente resultó ser
precisado a unos niveles incomprensibles para sustentar la existencia de la vida inteligente.
Decir que hay valores morales objetivos es decir que algo es correcto o incorrecto independientemente de la
cantidad de personas que lo crean como tal. Por ejemplo, podemos decir que el antisemitismo Nazi estuvo
moralmente mal, aunque los Nazis que llevaron a cabo el Holocausto pensaban que era el bien. Seguiría siendo
malo, aunque hubieran ganado la Segunda Guerra Mundial y logrado eliminar a todos los que se oponían. En la
ausencia de Dios, no hay fundamento para poder decir que algo está mal o está bien.
Friedrich Nietzsche, el ateo que afirmó que “Dios ha muerto,” entendió que esto significa la destrucción de todo
sentido y valor de la vida. La muerte de Dios conducirá, dice Nietzsche, no sólo al rechazo de la creencia en un
orden cósmico o físico, sino también al rechazo de los valores absolutos, al rechazo de la creencia en una
objetividad y una ley moral universal, que se ejerce sobre todos los individuos. (La Gaya Ciencia, sección 125).
Pienso que tenía razón.
No digo que es necesario creer en Dios para poder vivir vidas moralmente buenas y tampoco que no se pueden
reconocer estos valores fuera de Él. Pero si Dios no existe, entonces estos valores morales objetivos no existen
tampoco. En Su ausencia, no hay por qué pensar que la moralidad es objetiva. Si Dios no existe, seríamos
productos accidentales que han evolucionado de una partícula diminuta en algún rincón de un universo hostil y
sin sentido, dentro del cual estamos condenados a perecer individual y colectivamente en poco tiempo.
Algunas conductas – como violar sexualmente a otro – no son socialmente ventajosos, por lo cual en el transcurso
de la evolución ha sido tabú; En esta visión atea, aparte de las consecuencias sociales, no hay nada
verdaderamente malo con violar a otra persona. Por lo tanto, sin Dios, no hay un bien o mal absoluto que se
impone en nuestras conciencias.
El problema es que sabemos cuándo algo es malo, que los valores morales objetivos existen. No hay más
necesidad de negar la realidad de la objetividad de los valores morales en la realidad objetiva del mundo físico.
Acciones como la violación, la tortura y el abuso infantil no son sólo conductas inaceptables a la sociedad, son
abominaciones morales. Hay cosas que son verdaderamente malas. De igual forma, el amor, la igualdad y el
autosacrificio son verdaderamente buenas. Si los valores morales objetivos no pueden existir sin Dios, pero
existen los valores morales objetivos, entonces es lógico pensar que Dios existe.
La persona histórica de Jesús de Nazaret es impresionante. Los críticos del Nuevo Testamento han llegado a un
consenso que el Jesús histórico llegó al mundo con una inigualable autoridad espiritual, la autoridad de hablar y
tomar el lugar de Dios. Por esta razón, los líderes judíos lo crucificaron con el cargo de blasfemia. Declaró que el
Reino de los Cielos había llegado en Él y, a través de los hechos milagrosos y exorcismos, lo demostró a lo largo de
su ministerio. Sin embargo, la confirmación más importante de este hecho fue su resurrección. Si Jesús resucitó,
entonces tendríamos un milagro en nuestras manos y excelente evidencia de la existencia de Dios.
Algunos piensan que la resurrección de Jesús es algo que se acepta por fe, pero hay varios hechos establecidos
que son aceptados hasta por críticos del cristianismo. Los tres principales son: La tumba vacía, hay personas que
vieron a Jesús después de Su muerte y el origen de la creencia de los discípulos en la resurrección.
La tumba de Jesús fue encontrada vacía por un grupo de sus seguidoras un domingo en la mañana. Según Jacob
Kremer, erudito especializado en los estudios de la resurrección, “el recuento bíblico sobre la tumba vacía es
considerado como uno de los más confiables por la gran mayoría de los expertos.” (Die Osterevangelien–
Geschichten um Geschichte, pp. 49-50). Según D.H. Van Daalen, es sumamente difícil oponerse a la tumba vacía
por medios históricos, los que niegan esta realidad lo hacen a base de supuestos filosóficos o teológicos.
#2: Hubo personas y grupos de personas que testifican de que vieron a Jesús vivo después de Su muerte.
Según el Crítico Neotestamentario Alemán Gerd L¸demann, “Se puede considerar como un hecho histórico que
Pedro y los discípulos tuvieron experiencias después de la muerte de Jesús, en las cuales Jesús se les apareció
como el Cristo resucitado. Estas apariciones no sólo fueron experimentadas por Sus seguidores, sino por
escépticos y enemigos de Jesús.”
Los discípulos de pronto creyeron en la resurrección a pesar de tener la predisposición de lo contrario. Pensemos
la situación que los discípulos enfrentaron luego de la crucifixión de Jesús: Su líder estaba muerto y las
expectativas del Mesías de los Judíos era que éste triunfaría sobre los enemigos de Israel, no que iba a ser
condenado y vergonzosamente ejecutado como un criminal. Además, lo que los judíos entendían sobre la vida
eterna era que habría una resurrección general al final del mundo, no que alguien pasase de muerte a gloria e
inmortalidad antes de ese hecho. Sin embargo, los discípulos creyeron que Dios resucitó a Jesús con tanta
vehemencia, que estaban dispuestos a morir por esa creencia. El Neotestamentario de la Universidad Emory dice:
“Algún tipo de experiencia súbita y poderosa es requerida para generar el tipo de movimiento que fue el
cristianismo temprano.” (de su libro The Real Jesús, p. 136). N.T. Wright, historiador británico, concluye: “Es por
esta razón que yo, como historiador, no puedo explicar cómo se levantó el cristianismo en sus principios a menos
que Jesús haya resucitado, dejando atrás una tumba vacía.” (de su artículo “The New Unimproved Jesus” en la
revista Christianity Today, p. 26).
Los intentos tratando de explicar estos hechos (por ejemplo, que los discípulos se robaron el cuerpo o que Jesús
no estaba muerto) han sido universalmente rechazado por la erudición contemporánea. El simple hecho es que
no hay ninguna explicación naturalista de estos eventos. Por lo cual el cristiano está ampliamente justificado en
creer que Jesús resucitó y era quién decía que era. Y eso implica que Dios existe, porque Jesús existió.
¿Sabes qué es lo mejor? Puedes saber que Dios existe aparte de cualquier argumento. ¿Cómo? Sencillamente
experimentándolo. Así es cómo personas de la Biblia conocían a Dios. El profesor John Hick explica:
“Dios era conocido a ellos como una voluntad dinámica que interactuaba con sus propias voluntades – una
realidad dada y absoluta, tan inescapable como una tormenta violenta o el sol que ilumina. No pensaban de Dios
como una entidad inferida, sino como una realidad experimentada. Para ellos, Dios no era una idea adoptada por
la mente, sino una realidad experimental que le daba significado a sus vidas.” (introducción escrita para el libro
“Existence of God”).
Los filósofos conocen creencias, así como “creencias propiamente básicas.” No son creencias a base de otras
creencias, sino que son una parte fundamental del sistema de creencias de un individuo. Otras creencias
propiamente básicas serían cosas como: creencia en la existencia del pasado, creencia en la existencia de un
mundo exterior y creencia en la existencia de otras mentes a parte de la tuya. Si le damos un poco de
pensamiento, ninguna de estas creencias puede ser probadas. ¿Cómo se prueba que el universo no fue creado
hace 5 minutos atrás, incluyendo apariencias como comida en nuestros estómagos que, en realidad, no comimos
o memorias que, en realidad, nunca experimentamos? ¿Cómo pruebas que no eres un cerebro sumergido en
químicos que lo estimulan a creer, que estás ahí leyendo esto? ¿Cómo tú puedes probar que otras personas no
son robots que tienen todas las propiedades externas de personas con mentes, siendo, en realidad, entidades sin
alma ni voluntad?
Son creencias básicas, pero no significa que son arbitrarias. La realidad es que tienen fundamento en el sentido
que formadas en el contexto de ciertas experiencias. Por ejemplo, a través del contexto de las experiencias de mis
sentidos y emociones, tengo la creencia de que hay ciertos objetos físicos que detecto. Por lo tanto, mis creencias
básicas no son arbitrarias, sino a base de experiencias. Tal vez no hay forma de probar estas creencias, pero es
racional que yo las tenga. La persona que piensa que el mundo fue creado hace cinco minutos o que es un
cerebro en una piscina de químicos, sencillamente no es racional. Creencias como estas no son sólo básicas, sino
propiamente básicas.
De la misma forma, la creencia en Dios, para aquellos que lo buscan, es propiamente básica, fundamentada en
nuestra experiencia de Dios.
Ahora bien, hay cierto peligro de que los argumentos a favor de la existencia de Dios puedan distraer de Dios
mismo. Si sinceramente lo buscamos, Él hará su existencia evidente. La Biblia nos dice que nos acerquemos a Dios
y Él se acercará a nosotros (Santiago 4:6). Por lo tanto, no nos debemos concentrar tanto en las evidencias que
perdamos la capacidad de escuchar la voz de Dios hablando a nuestros corazones.
El ateo Bertrand Russell decía que, si se encontrara con Dios cuando muriese, demandaría una explicación de por
qué Dios hizo la evidencia de Su existencia tan insuficiente. Es tentador pensar que esto es razonable. Pero, es
probable que esa evidencia esté relacionada con lo que pensamos de sus propósitos. Esconderse no tiene sentido
si Su objetivo es simplemente relacionarse con nosotros como un objeto de conocimiento y no con una amistad
genuina ni amor paternal.
Si Dios hiciera que Su existencia fuese innegable, entonces seríamos incapaces de amarlo por las razones
correctas, si es que llegásemos a amarlo. Los grandes milagros y muestras de poder terminarían siendo actos
intimidantes de Su parte; y sólo buscaríamos agradarle por temor, no para tener una relación con Él. En el amor,
no hay temor (1 Juan 4:18). Dios nos ama y, para que nosotros podamos glorificarle, tenemos que amarlo
también. Las personas que argumentan que los cristianos creen en Dios por temor al infierno tienen un concepto
errado. Los que “creen” por miedo al infierno se pierden de la plenitud encontrada en un Dios que los ama.
Además, dado el caso de que Dios muestre todo Su poder, sólo un necio rechazaría la existencia de Dios, ¿cierto?
El problema es que, la incapacidad de negar la existencia de Dios nos haría marionetas. ¿Se puede amar de verdad
cuando eres obligado a decir “te amo”?
“Supongamos que hubo un rey que amó a una humilde sirvienta. El rey era único; todos temblaban ante su poder.
Nadie se atrevía a susurrar una palabra en su contra, pues tenía las fuerzas para destruir a todos los que oponían.
Sin embargo, este poderoso rey amaba a esta sirvienta. ¿Cómo él podría declarar su amor por ella? De una forma
extraña, su realeza lo limitaba. Si la traía al palacio y la coronaba con joyas y vestidos reales, de seguro no
resistiría – nadie lo resistía. Pero ¿ella lo amaría? Ella diría que lo amaba, por supuesto, pero ¿lo haría de verdad?
Si él cabalgase en su carroza real a la casucha en el bosque donde ella vive – eso también la abrumaría. El rey no
quería un sujeto servil. Él quería una amante, un igual […] porque es sólo en el amor que lo desigual se hace
igual.”
Claro, no es decir que Dios necesita nuestro amor, Dios sigue siendo Dios, aunque nadie en el mundo lo amase.
Pero, Él ha decidido amarnos, despojarse de Su gloria para acercarse a nosotros.
Esto significa que Dios no se mantiene escondido, sino que Él se ha revelado de una forma contundente, real,
explícita. ¿Cómo?
La Creación: Romanos 1:20 nos dice que “[…] las cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen
claramente visibles desde la creación del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas […]”
Jesús: “Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del
Padre), lleno de gracia y de verdad.” (Juan 1:14)
En fin, Dios no se esconde. Hace Su presencia conocida para que podamos enamorarnos más de Él. Anhela que le
glorifiquemos, adoremos y amemos, no por miedo, sino por amor, porque Él nos amó primero.
“Porque los ojos de Jehová contemplan toda la tierra, para mostrar su poder a favor de los que tienen corazón
perfecto para con él.” (2 Crónicas 16:9)
Pero ¿por qué existe esta necesidad? Desde las culturas más desarrolladas hasta las que se encuentran en lo más
remoto del mundo, todas una necesidad de un Ser más grande que ellos. ¿Cómo se explica esto?
“Las criaturas no nacen con deseos a menos que una satisfacción a esos deseos exista. Un bebé siente hambre;
pues hay tal cosa como comida. Un patito quiere nadar; pues hay tal cosa como agua. Los hombres sienten deseo
sexual; pues hay tal cosa como sexo. Si encuentro en mí una necesidad que ninguna cosa en este mundo puede
satisfacer, la explicación más razonable es que fui hecho para otro mundo. Probablemente los deseos del mundo
nunca tuvieron el propósito de satisfacerlos, sino sólo despertarlos – sugiriendo lo verdadero.”
La necesidad de Dios está porque existe una satisfacción a esa necesidad. La buscamos más allá de este mundo,
porque no hay nada en este mundo que satisfaga esa necesidad. Los humanos tienen todo tipo de deseos que nos
satisfacen momentáneamente. Sin embargo, por más agradable que sean, anhelamos algo más. Algo
permanente. Algo perfecto.
Nuestros gozos terrenales no son fines en sí mismos. Nuestros deseos incumplidos nos apuntan a Alguien que sí
puede satisfacer. Si Dios nunca hubiese existido, nosotros no lo sabríamos. Como la luz, por ejemplo. Si nunca
hubiese existido la luz, no hubiésemos tenido necesidad de ojos, por lo cual nunca nos preguntaríamos cosas
como: “¿Existe la luz?”; “¿Qué es la luz?”; “¿Qué es ‘ver’?”; “¿Por qué no puedo ver?”
Por lo tanto, el mero hecho de que nos cuestionemos la existencia de Dios apunta a que existe. Si no, no hubiese
necesidad de cuestionarlo, porque no sabríamos que Dios nunca existió.
Decir que algo/alguien creó a Dios, necesariamente implica que otra cosa creó a eso que, a su vez, creó a Dios.
Entonces, podemos preguntar: “¿qué creó esa otra cosa?” y así infinitamente.
Es como tener una línea infinita de dominós cayendo uno tras el otro. Si tratas de regresar hacia atrás
infinitamente para lograr localizar el primer domino que cayó y lo comenzó todo, nunca lo encontrarás. La razón
es que habría que atravesar una cantidad infinita de tiempo para encontrarlo, y eso es ilógico.
Sin embargo, como los dominós se están cayendo, tiene que haber uno que cayó primero, por lo cual hubo algo
que causó que ese primer domino cayera. Esto se le conoce como causalidad. La cadena de causas o explicaciones
necesita llegar a un punto en donde se detenga. El cristianismo dice: “Donde sea que se detiene, eso es Dios.”
“Todo aquello que comienza a existir requiere una causa” Esto implica que lo que comenzó a existir no existía
previamente y necesita una causa inicial. Entonces, ¿qué o quién creó a Dios?
La postura cristiana es que Dios es un Ser autosuficiente en absolutamente todos los aspectos. Los argumentos a
favor de la existencia de Dios lo que buscan es demostrar que Dios es un ser NECESARIO. En otras palabras, que el
universo necesariamente tuvo una causa, no probablemente. Sin ese Ser, nada más existiría, por eso es necesario.
Por definición (Salmo 90:2), Dios no fue creado; es eterno. Si no, no sería Dios. Por esta razón no es ninguna
“defensa especial” de parte de los cristianos. Nunca hubo un momento que Dios no existiese, ni llegará el
momento en el cual Él terminará. Como Dios siempre ha existido, no necesita una causa que explique Su
existencia. Recuerda que la definición dice que “todo lo que comienza a existir requiere una causa,” no dice “todo
lo que ya existe requiere una causa. En este punto, la pregunta de “¿Quién/Qué creó a Dios?” es sin sentido. En
pocas palabras: nadie creó a Dios.
De lo abstracto a lo menos abstracto. Todo lo que conocemos tiene un principio, un comienzo de su existencia…
¿verdad? No. Piensa en esto: si el mundo no fuese creado, ¿2+2 seguiría siendo 4? Claro que sí. Las leyes
matemáticas y de la lógica siempre han existido, por lo cual no requieren una causa.
O
Otro ejemplo es un círculo.
Dios tiene propiedades que lo definen de la misma manera que el círculo tiene propiedades que lo definen. Un
círculo no puede tener puntos de partida o de final, si no, deja de ser un círculo. De la misma forma, Dios no tiene
principio ni fin, si lo tuviese, no sería Dios. Creer que Dios no comenzó a existir no es más ilógico que creer que un
círculo no tiene un principio ni un fin.
Como se ha demostró, la única explicación viable para la existencia del universo es que es producto de una mente
sumamente inteligente y esta mente, al identificarse como de Dios, no necesita explicación. En este aspecto, Dios
es único, es autosostenido en sí mismo. Es necesariamente así.
El ateo Michael Scriven dice: “no necesitamos prueba de que Dios no existe para justificar el ateísmo. El ateísmo
es obligatorio en la ausencia de la evidencia para la existencia de Dios.”
La responsabilidad de prueba es el deber que tiene una persona de justificar las declaraciones que hace. Si alguien
dice que tiene un perro que habla, es responsabilidad de esa persona presentar argumentos que justifiquen esa
declaración.
El ateo piensa que toda la responsabilidad de prueba sobre la existencia de Dios cae sobre el cristiano, todo el
tiempo, cuando no es así. El Ateo también tiene responsabilidad de probar la declaración: “Dios no existe.”
Es importante entender que el ateo está haciendo un reclamo de conocimiento, tal como el cristiano. Es decir, así
como el cristiano dice que tiene conocimiento de que Dios existe, el ateo está diciendo que tiene conocimiento de
que Dios NO existe. Por lo tanto, antes de rechazar la responsabilidad de prueba, el ateo necesita entender que
ambas posturas requieren justificación.
El que reclame que Dios no existe, no puede escapar de la responsabilidad de la prueba. El cristiano puede (y
debe) preguntar: “¿Por qué crees esto?” “¿Cómo lo sabes?” “¿Qué argumentos tienes que apoyen tu postura?”
Hasta hoy no hay buenos argumentos para estas preguntas. Tal vez digan: “Porque no hay buenos argumentos
para la existencia de Dios.” Pero, esto no es suficiente, se necesita explicar POR QUÉ no existe. Además, está
haciendo otra declaración que necesita justificación, a la cual podemos preguntar: “¿Por qué piensas que no son
suficientes o buenos?” “¿Qué tipo de evidencia haría que cambiaras de opinión?”
Son más las personas que terminan siendo verdaderamente agnósticas que verdaderamente ateas.
Agnóstico vs Ateo
Los agnósticos son quienes afirman que no saben si Dios existe o no. Por otro lado, el ateísmo es un fuerte
reclamo de un conocimiento de que Dios NO existe y es una postura difícil de defender. Muchas personas que
dicen ser ateas, en realidad no tienden a serlo. La diferencia es que el agnóstico rechaza la creencia en Dios por
falta de evidencia. Por otro lado, el ateo rechaza la creencia en Dios porque niega la existencia de Dios. Sin
embargo, para negar la existencia de Dios, es necesario evidencia de ello.
No es suficiente decir que los argumentos a favor de la existencia de Dios son errados para llegar a ser ateo. Es
necesario probar que Dios NO PUEDE existir en ningún escenario posible.
Agnóstico Militante
Un agnóstico común tiene la actitud de búsqueda. Piensa: “No estoy convencido de que Dios existe,” pero no
rechaza la oportunidad para aprender y obtener más conocimiento sobre el asunto. Interesantemente, las
personas que son verdaderamente agnósticas defienden el cristianismo ante ateos y el ateísmo ante el
cristianismo. Cuestionan ambas posturas extremas porque piensan que es algo que no se puede saber.
Hay un tipo de agnóstico militante cuya actitud es: “Yo no sé y tú tampoco puedes saber.” Esta no es la posición
común agnóstica, la cual tiene dudas sinceras, sino que está confiadamente haciendo una declaración de
conocimiento: nadie puede saber si Dios existe.
Esta postura también tiene responsabilidad de prueba ¿cómo se puede saber que nadie puede saber si Dios existe
o no? Una cosa es hablar personalmente, otra es decir que se está seguro de que nadie puede saber. Esto
requiere justificación y evidencia.
Cuando una turista visita Camboya por primera vez, tal vez no esté consciente de que enseñar la planta del pie o
la suela de su zapato es insultante y ofensivo. La turista puede que ofenda a alguien por su ignorancia y falta de
conocimiento de este tabú cultural. Ella es inocente por ignorancia.
Ahora, imagina que hay una persona conduciendo y no presta atención a los letreros que informan el límite de
velocidad. Si un policía lo detiene, no puede decir que no sabía cuál era el límite de velocidad para evitar la multa.
Es su el deber prestar atención. La ignorancia no es una excusa. Es culpable por ignorar.
De la misma forma, decir: “No sé si Dios existe” puede revelar una falla en la responsabilidad de buscar a Dios si
ésta se convierte en un: “No quiero saber si Dios existe.”
La existencia de Dios es un tema inmensamente importante, no podemos darnos el lujo de no prestar atención.
Luego, cuando llega la crisis (muerte, hospitalización, desastres naturales, etc.) no estamos en la mejor condición
de enfrentar, procesar y emitir juicio sobre las preguntas profundas y difíciles. La persona que dice: “No sé si Dios
existe” corre peligro de vivir distrayéndose e ignorar la pregunta de Dios. Y esto no lo hace inocente por
ignorancia, lo hace culpable por ignorar su deber.
En otras palabras, aún el agnóstico común tiene responsabilidad, no puede mantenerse neutral toda su vida; es su
deber buscar y encontrar la Verdad. Muchas veces ese “No sé” se traduce a un “No me importa”.
Por lo tanto, el cristiano, el ateo y el agnóstico tienen responsabilidad de probar y justificar sus reclamos al
conocimiento de que Dios existe, NO existe o de que no se puede saber si existe o no, respectivamente.
El Problema del Mal: ¿Por qué pasan cosas malas si un Dios bueno existe?
Un filósofo llamado Epicuro hizo el siguiente argumento:
¿No está dispuesto y tampoco quiere? Entonces, ¿por qué llamarlo ‘Dios’?”
Los postulados de Epicuro suenan como: “Si Dios es bueno y todopoderoso, ¿por qué hay mal en el mundo?”
A esta pregunta y/o premisas se le conoce en la Teología como “El Problema del Mal.” Es una de las principales
preguntas que tienen los escépticos y ateos.
El problema intelectual del mal – trata con dar explicaciones razonables de la coexistencia de Dios y el mal.
El problema emocional del mal – trata con consolar a aquellos que están en sufrimiento y disolver la apatía
emocional que la gente le tiene a un Dios que permite tal mal.
La distinción es importante porque la solución al Problema Intelectual del Mal sería desconsolante e indiferente a
quien está atravesando por un sufrimiento. De la misma manera, la solución al Problema Emocional del Mal sería
considerada superficial y carente para alguien que cuestiona el problema de forma abstracta.
El Problema Intelectual del Mal tiene más que ver con filosofía, el Emocional tiende más hacia la consejería. Nos
concentraremos solo en el primero.
El propósito de este argumento es demostrar que es lógicamente imposible que ambos – Dios y el mal –
coexistan. Son lógicamente incompatibles. Si uno existe, el otro no puede existir.
1) El Mal Existe.
2) Dios, que es todopoderoso y omnibenevolente, existe.
3) Pero, un Dios todopoderoso podría crear un mundo sin mal
4) Y un Dios omnibenevolente (enteramente bueno) quisiera un mundo sin mal.
5) Por lo tanto, Dios no existe.
Aquí las premisas que son aparentemente contradictorias son la (1) y la (2).
Interesantemente, tal y como está, las premisas (1) y (2) no son lógicamente consistentes. ¿Por qué
necesariamente son contradictorias? En este punto, el objetor al cristianismo debe proveer razonamiento y
prueba demostrando que si (1) es cierto, (2) no puede ser cierto o viceversa.
La respuesta a esta responsabilidad de prueba que tiene el objetor del cristianismo es la premisa (3), que dice que
Dios puede “crear un mundo sin mal,” donde todos solamente pudiésemos escoger hacer el bien. La realidad es
que no.
La respuesta presume que la omnipotencia de Dios puede aquello que es lógicamente imposible. ¿Cuál es esta
imposibilidad? Crear un mundo donde personas sean libres para escoger solamente el bien. Si sólo hay una
opción, ¿cómo es que somos “libres para escoger”? Esta “solución” es contradictoria, porque elimina la libertad
de escoger. Así que, si Dios permite la libertad de escoger (libre albedrío), es imposible que obligue a escoger solo
el bien.
En pocas palabras, Dios es responsable por la libertad de escoger, pero el ser humano es responsable por sus
elecciones. Dios hizo la maldad posible, el ser humano la hizo real.
¿Por qué hizo la maldad posible? Porque si no, no seriamos libres: sin voluntad propia, sin emociones y sin amor.
Por ejemplo, una niña tiene una muñeca que cuando se aprieta, dice “¡Te amo!” Si no la aprieta dice y hace nada.
Esa muñeca, ¿La ama? ¡Claro que no! ¿Por qué? Como la muñeca no es libre, está limitada a lo que se haga con
ella.
En un mundo donde no fuésemos libres para escoger entre el mal y el bien libremente, la vida perdería su
sentido, porque, para destruir el mal, habría que destruir la libertad. Por lo tanto, destruir el mal sería “malo”.
Por supuesto, es lógicamente posible ser libre, pero siempre escoger el bien. Esto le pasó a Adán, antes de la
caída. Jesús vivió su vida así. Sin embargo, el hecho de que sea posible no lo convierte en una realidad.
La débil capacidad de escoger el bien está vinculada con nuestro pecado. Cuando escoge egoístamente hay
quienes son afectados. Hacer el bien cuesta a veces más de lo que estamos dispuestos a dar.
Por lo tanto, no es lógicamente inconcebible que personas que escogen hacer el mal generen consecuencias de
sufrimiento y dolor a otras personas que, tal vez, no tuvieron nada que ver. ¿Dios es el culpable? No somos
nosotros.
¿Por qué Dios lo permite? Por algo que Él mismo estableció: libre albedrío. Él no puede negarse a sí mismo. Por
esta razón que Dios no puso la esperanza para enfrentar las consecuencias del mal en seres imperfectos como
nosotros. Puso esta esperanza en Su Hijo. Por la victoria de Jesús sobre la muerte y el sufrimiento, sabemos que el
mal no durará para siempre; por más que uno sienta que no tiene fin.
El problema planteado por Epicuro desaparece cuando contestamos la pregunta: ¿De dónde viene el mal?
De nosotros mismos.
Lo que sucede con el tema de la evolución es que la pregunta no es “¿Es cierta la teoría de la evolución?”. Decir
“si es una teoría, no ha sido probada cierta” demuestra una falta de conocimiento del proceso científico.
La hipótesis es lo que no se ha probado. La teoría científica es algo que ha sido probado para explicar y predecir
eventos, fenómenos naturales, etc. Decir que la evolución es una teoría científica, significa que es cierta para
explicar y predecir ciertas ocurrencias Así que ¿Es cierta la evolución? Si, es cierta.
La razón por la cual la evolución no se categoriza como ley científica, es precisamente porque no puede explicarlo
todo ni se puede aplicar absolutamente. La evolución explica cómo los organismos se adaptan a sus entornos,
cómo un renacuajo termina como rana o una oruga en una mariposa. Explica porque hay diferentes especies del
mismo animal. La “selección natural” explica cómo se mantienen y propagan las especies. La evolución explica las
mutaciones en algunos organismos. Explica muchas cosas interesantes y necesarias.
Sin embargo, la evolución no explica cómo ni de dónde surgió la vida, o el proceso que tuvo una molécula hasta
ser humano. No explica cómo algo viviente surgió de algo no viviente, o el origen de la información genética. No
explica el origen de la conducta de ciertos tipos de relaciones mutualistas observadas en la naturaleza, entre otras
cosas.
Los cristianos creemos en la teoría del Diseño Inteligente. Entendemos que un Diseñador creó la vida y le dio la
capacidad biológica de adaptarse a sus entornos. ¿Se esperaría menos de una mente infinita?
Richard Dawkins cree en el Diseño Inteligente también, pero en un diferente diseñador. En el documental titulado
“Expelled: No Intelligence Allowed” admitió que existe una posibilidad que extraterrestres sembraran la vida en la
tierra.
La realidad es que la evolución, aunque explica muchas cosas, no lo explica todo. Aún si la evolución llegara a
explicar todo, no significa que Dios no existe. La evolución pudo haber sido un mecanismo hecho por Dios.
Aunque haya una explicación naturalista para todo lo que existe en el universo observable, comoquiera no
significa que Él no lo diseñó para que funcionara así.
Muchos ateos y escépticos perciben a Dios de esta manera, como una explicación a fenómenos naturales que
compiten con explicaciones científicas, llenando así agujeros del entendimiento científico. Pero esta percepción es
defectuosa y equivocada.
El ateo Dan Barker (Director de Relaciones Públicas de “La Fundación para la Libertad de la Religión”) y el filósofo
Cristiano Richard Howe hicieron un debate público sobre la existencia de Dios en la Universidad de Florida, en
1997. Dan Barker comentó:
“A través de la historia de la humanidad, hemos tenido […] preguntas [como estas:] ¿Qué causa los truenos? ¿Qué
provocan los relámpagos? No sé; debe haber un gran ‘Thor‘ allá arriba que lo hace.” [risa de la audiencia] Pero
ahora, ahora hemos aprendido sobre la electricidad. Y ahora, no necesitamos a Thor. Hemos borrado a ese dios,
¿verdad? Y la línea se sigue moviendo hacia arriba; mientras contestamos más y más preguntas, los dioses
desaparecen. Todavía nos quedan muchas preguntas y ya no necesitamos poner a un Dios acá abajo. Él vive en los
agujeros y cada vez esos agujeros se vuelven más pequeños…”
Según este punto de vista, Dios sólo se necesita para rellenar “agujeros” en el entendimiento científico actual.
Eventualmente, la ciencia encontrará las explicaciones para llenar estos agujeros y eliminar la necesidad de Dios.
Existe la idea de que podemos concluir con certeza que no existe un Dios, sólo porque podemos explicar los
mecanismos del universo sin la necesidad de Dios. Sin embargo, esto es un error categórico.
El matemático de la Universidad de Oxford, John Lennox (en su libro: “God’s Undertaker: Has Science Buried
God?”), provee un excelente comentario sobre esta falacia lógica en relación al pensamiento del “Dios de los
Agujeros.” Podré su ilustración en un ejemplo:
Imaginemos un auto de motor de Ford. Alguien, en un lugar del mundo está viendo este auto por primera vez y
no conoce sobre tecnología moderna. Es posible que piense que hay un dios (el Sr. Ford) dentro del motor. Claro,
si desarma el motor se dará cuenta de que adentro no está el Sr. Ford. Si después estudia ingeniería, podrá
explicar cómo funciona el motor, sin la necesidad de que el Sr. Ford esté dentro de él.
El problema estaría si decide que, porque entiende cómo funciona el motor del auto, es imposible pensar que
existe un Sr. Ford que lo diseñó desde un principio. Esto es falso. Si no hubiese existido un Sr. Ford para diseñar el
motor, no existiría un motor para que la persona lo pudiera entender.
De la misma forma, es un error pensar que nuestro entendimiento de los principios impersonales sobre los cuales
se rige el universo hace que sea improbable o imposible la existencia de un Creador personal que lo diseñó y creó.
No debemos confundir los mecanismos por los cuales funciona el universo con su Causa o Creador.
Lennox continúa:
“El problema básico es que aquellos con una inclinación ‘cientísta’ (a no ser confundida con ‘científica’) – como
[los ateos] Atkins y Dawkins – no logran distinguir entre mecanismos y agencias. En términos filosóficos, ellos
hacen un error categórico elemental cuando argumentan que, porque hemos entendido los mecanismos que
explican un fenómeno natural, no hay un Agente que lo diseñó. Cuando Sir Isaac Newton descubrió la ley de la
gravedad, no dijo: ‘He encontrado el mecanismo que explica el movimiento de los planetas, por lo tanto, no existe
un Dios que lo diseñó.’ Todo lo contrario: precisamente porque entendió cómo funcionaba, fue movido a mayor
admiración por el Dios que lo diseñó de esa manera.”
Los comentarios de Lennox señalan a una falta del razonamiento ateísta. Entender el mecanismo natural detrás
de un fenómeno NO es lo mismo que explicar la fuente del fenómeno.
En resumen, las personas que argumentan que las explicaciones científicas son una alternativa a creer en Dios,
confunden la ciencia con la ontología, deliberadamente poniendo estas dos en conflicto. Preguntas científicas
demandan contestaciones científicas. Preguntas ontológicas demandan contestaciones ontológicas. Por lo tanto,
preguntar: “¿por qué hay tanto orden en el mundo?” o “¿por qué el mundo es entendible en vez de caótico?” y
contestar: “no sé, pero la ciencia lo descubrirá algún día” no tiene valor.
Enmarcar un debate entre religión y ciencia no tiene sentido considerando que no se contradicen.
Defensa bíblica
No sólo eso, sino que el A.T. se expone a sí mismo para ser probado históricamente. Y eso es algo que no todas las
religiones tienen el derecho a decir. Este sencillo hecho nos deja evaluar si estos escritos pueden ser confiados o
no.
Los escritos del A.T. fueron completados en la primera mitad del Siglo V, antes de Cristo. Los manuscritos
originales, por supuesto, cayeron víctima a la decadencia. Por lo tanto – así como todos los escritos de la
antigüedad – dependemos de las copias de las copias para entender lo que los escritos originales contenían. De
ninguna manera esto garantiza que la transmisión del texto llega a nosotros (a través de miles y miles de años)
ileso y completamente consistente. Es realístico y justo pensar que aquellos a quienes se les otorgó la tarea de
copiar estos escritos (a mano) han cometido errores, sin intención o intencionalmente cambiado algo por alguna
razón.
De hecho, se ha visto a través de la historia.
Por ejemplo, los manuscritos del libro egipcio “El Libro de los Muertos” (“Book of the Dead”). Estos difieren desde
la Dinastía 18va (1550-1290 A.C.) hasta la Dinastía 26ta (660-550 A.C.). Bloques enteros de escritos han sido
añadidos o eliminados, logrando que el significado original de ciertas secciones correspondientes fuera diferente.
Esto pudiese suceder con otros escritos antiguos, a menos que haya una impecable organización y cuidado en el
momento de copiar un manuscrito, de modo que sea copiado con exactitud y sin motivaciones alternas. Este es el
caso del Antiguo Testamento.
Es más descriptivo llamarle “obsesiva diligencia” que “copiar”. La tradición judía era asignar a una sucesión de
académicos la tarea de estandarizar y preservar el texto bíblico para proteger en contra de los errores.
A través de cientos de años, éstos pudieron preservar con exactitud el texto del Antiguo Testamento. Las
directrices de los métodos que utilizaban eran increíblemente efectivas. En el arduo proceso de copiar los textos a
mano, se aseguraron de que su trabajo fuera estandarizado y preciso. Por ejemplo, los Talmudistas tenían reglas
sumamente estrictas. Cualquier copia que no cumpliera con los requisitos era enterrada, quemada o regalada a
las escuelas para leer. Nunca eran oficialmente catalogados ni guardados. Algunas reglas eran:
¿Cuán bueno era este proceso en preservar los escritos antiguos? Para entender la eficiencia del proceso,
tenemos que comparar copias recientes con copias más antiguas.
Hasta hace poco, los más recientes manuscritos hebreos del A.T. eran de 895 después de Cristo (los llamados
“Cairo Codex”). Escepticismo sobre su consistencia con los originales era entendible, ya que tanto tiempo había
pasado entre la copia y los originales. Sin embargo, un descubrimiento en 1947 cambió todo. Un niño pastor
buscando su cabra perdida en Qumran, cerca del Mar Muerto, descubrió una cueva que contenía jarras selladas
con rollos de piel envueltos en tela. Luego, en cuevas cercanas, otros bien-preservados manuscritos y fragmentos
fueron descubiertos. En total, había unos 40,000 fragmentos, de los cuales 800 eran del A.T. Lo demás era textos
significativos, comentarios bíblicos, textos sectarios, y otros de naturaleza apocalíptica y ritualista.
Los Rollos del Mar Muerto (como se conocen) incluían dos copias del libro entero de Isaías (con fecha de 125-100,
antes de Cristo). Éstos probaron ser idénticos – palabra por palabra – a las copias modernas del 895 d.C., salvo por
un 5% de diferencias que consistían de errores obvios de deslices de la pluma y errores ortográficos que no
comprometían ni cambiaban el significado. Los Rollos del Mar Muerto resultaron ser importantes porque
confirman la precisión de los otros manuscritos. Además de los libros de Isaías, Los Rollos del Mar Muerto incluían
miles de fragmentos representando todos los libros del A.T., excepto por el libro de Ester. El texto del A.T. es
también verificado por la Septuaginta, la traducción griega de las escrituras hebreas (escritas en 285-246 a.C.,
conocidas como LXX) y por el Pentateuco Samaritano, del Siglo V antes de Cristo.
El Antiguo Testamento es además confirmado en partes por otros escritos antiguos como los Tárgumes Arameos
(parafrases, 500 d.C.), MIshnah (200 d.C), Gemara (Palestina en 200 a.C; Babilonia 500 d.C) y Midrash (100 a.C –
300 d.C), estudios doctrinales de los escritos del Antiguo Testamento.
¿Cómo respondemos al reclamo de que la Biblia ha sido cambiada tanto a través de su existencia?
Aparte de que no hay evidencia que apoye ese reclamo, lo que se ha probado es lo contrario. Para aquellos que
no ignoran voluntariamente la verdad de que no ha habido cambios significantes en el texto del Antiguo
Testamento (ni del Nuevo Testamento, de hecho), es perfectamente claro: Se puede confiar en el Antiguo
Testamento.
Se suele pensar que es como el juego en el que susurro algo a una persona y ella, a su vez, a otra y así
sucesivamente hasta que la última persona anuncia cuál era el secreto original. Muchas veces, el mensaje cambia.
Sin embargo, no es el caso del Nuevo Testamento.
Hay dos cosas claves erradas que se piensan acerca de esto: “El mensaje ha sido transmitido oralmente” o “El
mensaje se transmitió de forma lineal (de una primera persona a una segunda, luego a una tercera, etc.).”
En cuanto a lo primero, sabemos que el mensaje fue escrito, por lo cual puede ser probado de maneras que un
mensaje hablado no.
En cuanto al segundo punto, la transmisión de este mensaje escrito no fue lineal, fue geométrica (es decir que se
multiplica: del original salen 15 copias, de las 15 salen 1,500, etc.).
Doña Rosa, una señora de 75 años vive en un asilo de ancianos. Le gusta hacer diferentes comidas y un día hace
un guiso. Le gusta tanto que escribe la receta.
Al día siguiente, Doña Rosa reúne a sus amigas más cercanas y les da la receta para que la copien en papeles para
ellas mismas. Sus amigas divulgaron la receta, cada cual a otras amigas propias. Así sucesivamente hasta que
había unas 100 copias de la receta divulgada entre amigas y amigas de amigas.
Tres semanas después, el asilo llevó a todos sus residentes a pasar el día en el parque. Al regresar, encuentran el
asilo en llamas. ¡Perdieron la receta!
Doña Rosa y sus amigas llamaron a sus amigas, quienes también tenían la receta. Recopilaron 91 de las 100 copias
escritas y comenzaron a compararlas. Inmediatamente, se dan cuenta de unas diferencias en las recetas. De las
91, 83 son exactamente idénticas las unas con las otras. De las ocho sobrantes, 6 tienen errores ortográficos
(“zanahoria” con “s,” o “mantequilla” con “y”). Otra receta tiene algunas direcciones invertidas (“mezcla y corta”
en vez de “corta y mezcla”) y la última tiene un ingrediente añadido de más.
¿Se puede recrear la receta origina con estas 91 copias? Claro que sí. Los errores ortográficos son fácilmente
arreglados. Las direcciones invertidas se invierten de vuelta a su estado original. El ingrediente añadido se tacha,
sabiendo que es más probable que una persona se equivocará, a que 90 personas obviaran un ingrediente
importante.
Todavía se podría reconstruir la receta original con bastante exactitud, si se consigue suficientes copias.
Esto es lo que los académicos llaman “crítica textual.” Es un método utilizado para probar los documentos
antiguos. No es un esfuerzo al azar, a base de esperanza y adivinanzas. Es un proceso lingüístico que alerta a los
académicos y críticos para identificar posibles corrupciones a cualquier escrito antiguo.
Los Evangelios: A tan sólo 25 años de la publicación del documento original, existían alrededor de 24,000 copias
en 15 idiomas distintos. Más de 5,600 de esas copias eran en griego, el idioma original del Nuevo Testamento, y
contenían sólo 40 líneas de corrupción textual en todo su escrito. ¿Su confiabilidad? 99.5%
La desconfianza en la veracidad de los Evangelios finalmente se traduce en desconfianza en los textos históricos
que hayan existido antes de la primera imprenta industrial de Johannes Gutenberg. Es un doble estándar confiar
en escritos antiguos y no en los Evangelios.
Por lo tanto, dada su confiabilidad, las pruebas arqueológicas y fuentes extrabíblicas que afirman lo que en ella
está escrito, Los Evangelios son considerados escritos históricos, adicional a ser teológicos.
Se han encontrado miles fragmentos de las diversas epístolas entre 50 a 65 años de su escrito original y copias
enteras del Nuevo Testamento a menos de 230 años desde que se completó. Esto sigue siendo más de la mitad
del tiempo que La Ilíada de Homero y su confiabilidad se ha mantenido intacta.
No hay otro libro antiguo en la historia que tenga tanta confiabilidad como la Biblia.
¿Se puede confiar en La Biblia, aunque fue escrita por humanos?
Hay personas que desacreditan la Biblia porque no fue escrita por el puño y la letra de Dios mismo. Y que no se
puede confiar porque, como fue escrita por humanos, tiene errores. Pero ¿es eso cierto?
El hecho de que Dios no haya utilizado su propia mano para escribir la Biblia no significa de no es de su autoría.
Pablo fue el autor de Romanos, pero no fue quién la escribió, fue Tercio (Romanos 16:22).
¿Cómo sabemos que es de autoría Divina? No sólo nunca se contradice, sino que Jesús – es decir Dios, autor de la
Biblia – confirmó que lo que en ella había escrito era certero y correcto. Los Evangelios han sido confirmados
como ciertos y las Epístolas complementan perfectamente la vida de Jesús. Ningún otro libro que haya sido
escrito en un espacio de 1,600 años – en tres continentes y en tres lenguajes distintos – es tan perfecto y exacto
como lo es la Biblia. Por supuesto, sin contar los cientos de profecías y predicciones que se han cumplido.
El que utiliza este argumento no se percata que decir que la Biblia tiene que tener errores porque lo escribió un
ser humano es un argumento auto-refutante. ¿Por qué? Porque el error humano es posible, no necesario. Decir
esto, implica que TODO lo que el ser humano hace, incluyendo todo lo que escribe y dice, también tiene errores. Y
si fuera así, entonces el argumento de “La Biblia tiene errores” también tiene errores.
El Cálculo fue escrito por un hombre, al igual que las Leyes de Termodinámica y la matemática. Eso no significa
que contienen errores. De hecho, estas cosas han sido probadas que no tienen errores, y fueron escritas por seres
humanos.
Podemos tener la plena confianza de que el Autor Divino protegió al escritor humano de cada libro de la Biblia (y
sus copiadores) de errores mientras escribía.
Traducción Literal
La traducción literal es la traducción de la Biblia desde el lenguaje original al español (o al inglés, alemán, etc.) –
manteniendo una traducción exacta, palabra por palabra. Lo bueno es que tienes el texto exacto, con
simbolismos y todo. No obstante, algunas analogías y ciertas frases en los escritos originales sencillamente no
tendrían ningún sentido si se tradujese literalmente. En estos pocos casos, se utilizan algunas frases sinónimas o
analogías equivalentes.
Traducciones Ideológicas
Las traducciones ideológicas traducen la Biblia poniendo el énfasis en las ideas presentadas en ella y no tanto en
una reproducción de palabra por palabra. Son hechas en un lenguaje coloquial que es fácil de entender sin mucho
simbolismo, dejando poco espacio para interpretaciones fuera de contexto.
Lo ideal es tener ambas traducciones. Si nunca has leído la Biblia, se recomienda una traducción ideológica
primero. Así, puedes entender los conceptos básicos y la idea general de lo que se está leyendo.
La Biblia se lee literalmente. Es decir, en su sensis literalis, que significa “interpretar según fue escrito.”
No nos podemos olvidar que fue escrita utilizando varios géneros literarios (como la narrativa histórica, poesía,
parábolas, cartas, proverbios, narrativo simbólico, etc.) Por lo tanto, es necesario discernir qué tipo de género
estamos leyendo para saber cómo estudiarlo.
Hay diferentes reglas para interpretar los diferentes géneros literarios. Estudiar la Biblia significa interpretarla de
acuerdo con la manera en la cual se escribió y con el sentido que el escritor le dio a lo que se escribió.
Por ejemplo, si abro un periódico y leo el titular “Los Tigres despedazaron a los Vaqueros.” Dependiendo bajo qué
sección lea ese titular, tomará un significado diferente. Si lo leo en deportes, va a significar algo muy diferente a si
lo leo en la sección de crímenes. No es suficiente conocer el significado de las palabras, hay que saber el contexto
bajo las cuales fueron escritas. Rechazar enseñanzas de Las Escrituras es una cosa, distorsionarlas es muy
diferente
Ahora bien, hay 7 cosas que debemos considerar en el momento de interpretar la Biblia.
La Biblia se explica a sí misma y no se contradice. Si piensas que hay una contradicción, no entendiste lo que leíste
o algo está siendo tomado fuera del contexto intencionado. Los pasajes que discuten el mismo tema lo que hacen
es cualificar el tema, es decir, lo explican y expanden su entendimiento.
¿Sabes cuántas posibles interpretaciones tiene la Biblia? UNA. Solo tiene UNA interpretación correcta, pero
múltiples aplicaciones. Por lo tanto, es posible interpretarla de forma incorrecta.
En el “relativismo cristiano,” se categorizan diversas interpretaciones de la Biblia bajo: “Esa es TU interpretación.”
Peor aún, están lo que dicen: “Tienes tu interpretación, yo la mía, y ambas son correctas.” Esto es hacer que la
Biblia signifique cualquier cosa que les convenga que signifique, y no funciona así. La Biblia no está para ser
acomodada a nuestra forma de vivir y pensar. No influimos en la Biblia, ella nos influye a nosotros.
No es decir que no es única, ni que no es inspirada por Dios. Pero los verbos son verbos, los adjetivos son
adjetivos, etc. El hecho de que sea un libro espiritual no significa que no sigue las reglas de gramática, sintaxis,
etc. Por supuesto, no hay nada espiritual que cambie el sentido de la gramática.
No lo veas como una historia de hace miles de años, de la cual estás desconectado. Imagínate que lo presenciaste.
Envuélvete dentro de sus páginas. Haz preguntas: ¿Cómo reaccionaron los grandes de la fe antes diversas
situaciones? ¿Cómo reaccionarías tú?
Cuando leemos la Biblia existiendo dentro de ella, nos ponemos a nosotros mismos bajo el microscopio y no a
Dios. No buscamos la manera de cambiar la Biblia, ni que se conforme a nuestro punto de vista, sino que nos
sometemos a lo que Dios dice a través de ella. La Biblia te critica, no es al revés.
En los versículos podemos ver en qué cosas nosotros diferimos de Dios. Dejamos que la Palabra nos transforme,
para que busquemos ser cambiados nosotros, sin cambiar las palabras de Dios.
La Biblia siempre expone algo por medio de la narración, luego lo explica a través de la literatura didáctica
(epístolas, etc.). Es decir, los textos históricos describen hechos y se utiliza lo didáctico para entender/interpretar
lo histórico.
Ejemplo: Los Evangelios nos dicen de un hombre tenía unas lecciones de vida interesantes y, por más bueno que
parecía, lo mataron en una cruz y, tres días después resucitó. Esto sería lo único que pudiésemos extraer de Los
Evangelios si no tuviésemos las epístolas que nos enseñan el significado expiatorio de la muerte de Jesús, por qué
funciona y cómo aplicarlo.
6. ¡Atención al Contexto!
Este punto es el más importante de todos. Hay tres tipos de contexto: Local, Histórico y Global. Para encontrar el
contexto, haz las siguientes preguntas relacionadas con cada contexto mientras lees:
7. No sólo dependas de ti
Hay personas que estudian la Biblia y su correcta interpretación, para mejorar nuestro entendimiento.
¡Usémoslos!
La Biblia es de los libros más escrutados en la historia de la literatura y ha perdurado. Los “errores” que algunas
personas piensan que tiene la Biblia son fácilmente contestados y han sido contestados por muchos años. Aquí
una ayuda para manejar esas “contradicciones”.
Muchas personas piensan que una contradicción es cuando hay dos versiones sobre el mismo tema que no
concuerdan. Sin embargo, una contradicción va más allá en el campo de la lógica. Una contradicción es algo
específico que tiene que suceder para que una declaración sea considerada como una contradicción a otra.
En la Filosofía y en la Lógica, esto se conoce como “Ley de la No Contradicción.” Ésta establece que algo no puede
“ser” y “no ser” al mismo tiempo y en el mismo sentido.
Es como decir que alguien es “Soltero Casado.” No puede ser las dos cosas a la vez: una persona casada no puede
ser soltera y viceversa. Esa frase es una contradicción.
Sin embargo, si una declaración tiene la capacidad de ser cierta dada información adicional, entonces no es una
contradicción, es una diferencia.
Imagina que una persona te enseña una foto de un niño y dice que es su hijo. Luego, escuchas a la misma
persona, con la misma foto del niño decirle a alguien que ese no es su hijo. Hace sentido pensar que es una
contradicción porque no tiene lógica que el niño “sea” y “no sea” su hijo a la misma vez, en el mismo sentido.
Pero, si buscamos información adicional y encontramos que el niño de la foto fue adoptado por la persona. Ya
deja de ser una contradicción y se convierte en una diferencia. Porque ese niño puede ser hijo biológico de otra
persona (no es su hijo), pero fue adoptado por esa persona (es su hijo)
En la Biblia, muchas de las supuestas contradicciones son, en realidad, diferencias que son fácilmente entendidas.
Tres Errores Básicos
Aquellos que dicen que la Biblia tiene contradicciones tienen que probar que eses declaraciones son
verdaderamente contradictorias al mismo tiempo y en el mismo sentido.
Generalmente, los pasajes Bíblicos tienen diferentes sentidos y significados, dependiendo de su contexto. Muchas
veces, los que denuncian alguna contradicción en la Biblia tienen prejuicios escondidos que influyen en su
entendimiento del texto. Los errores más comunes al enfrentarse al texto Bíblico caen en uno de tres grupos:
Un error común es cuando se espera que los autores capturen cada detalle, por más mínimo, insignificante e
irrelevante que fuese. Como si la Biblia fuera un transcrito de una corte, esperando que sea absolutamente
precisa en todas sus descripciones. No obstante, la Biblia puede ser totalmente certera sin tener que describir
todos los detalles de lo que menciona.
Además, aunque los escritores de la antigüedad querían ser precisos al describir lo que presenciaban, sólo
describían los detalles pertinentes a la audiencia a la cual se dirigían. El escritor era cuidadoso sobre qué incluir en
su escrito y por lo general lo hacía con un propósito específico. Los detalles que no cumplían este propósito eran
ignorados. Observemos este ejemplo:
Una Mujer – “El primer día de la semana, María Magdalena fue de mañana, siendo aún oscuro, al sepulcro; y vio
quitada la piedra del sepulcro.” (Juan 20:1)
Dos Mujeres – “Pasado el día de reposo, al amanecer del primer día de la semana, vinieron María Magdalena y la
otra María, a ver el sepulcro.“ (Mateo 28:1)
Tres Mujeres – “Cuando pasó el día de reposo, María Magdalena, María la madre de Jacobo, y Salomé,
compraron especias aromáticas para ir a ungirle.” (Marcos 16:1)
Más de tres – “Eran María Magdalena, y Juana, y María madre de Jacobo, y las demás con ellas, quienes dijeron
estas cosas a los apóstoles.” (Lucas 24:10)
¿Es esto una contradicción? La información que fue divulgada tenía que ver con la audiencia a la cual fue dirigida.
En el ejemplo anterior, no hay una contradicción, sólo una diferencia de cuánta información fue divulgada.
Como escribir era limitado a unos pocos, mucho narrativo de la antigüedad fue recibido y dado por repetición
verbal. Las personas contrarrestaban el hecho de que no podían leer con su habilidad memorizando grandes
cantidades de texto con impresionante exactitud. Esto tuvo un rol importante en mantener las historias correctas
y claras. Cuando enumeraban, utilizaban listas abreviadas o números redondeados para mantenerlos más
sencillos y más fáciles de recordar. Esto no sólo era una práctica aceptada, sino que la audiencia entendía que el
escritor no estaba intentado dar un conteo exacto de todas las relaciones paternales desde la persona A hasta la
persona Z.
Este es un error común que se comete cuando se dice que la Biblia se contradice. Todo lenguaje utiliza algún
estilo para llevar el mensaje, algunos son a propósito del autor y otros reflejan la forma del habla común de la
época y cultura. Es importante entender que el lenguaje, la época y la cultura tienen un efecto enorme sobre lo
escrito y lo que el autor quiso decir. Al ignorar estas cosas, se malinterpreta el texto, entonces lo que el autor
quiso decir y lo que entendemos se vuelven dos cosas distintas.
Un buen ejemplo es el uso del lenguaje fenomenológico (la descripción de fenómenos naturales). Decimos que el
sol “sale” por las mañanas y se “pone” por las tardes. Sabemos que el sol no “sale” ni se “pone,” sino que es la
Tierra la que está dando vueltas. Sin embargo, desde nuestra perspectiva sí: el sol sale y se pone, y lo describimos
como tal.
De la misma forma, la Biblia utiliza este tipo de lenguaje todo el tiempo. Dios se describe como teniendo
características humanas, como manos y ojos (se le llama “lenguaje antropomórfico”), a pesar de que Jesús nos
dice que Dios es espíritu. Otros pasajes hablan de que “Dios se acordó de Noé”, o que “recordaría a Su pueblo.”
Esto son ejemplos lingüísticos de establecer que Dios haría algo especial, no es que Él se olvide y necesite ser
recordado.
Por último, es de suma importancia entender el estilo y el contexto en el cual fueron escritos los diferentes libros
de la Biblia. No basta con sólo entender las palabras. Por esto es importante estudiar el estilo y contexto del texto
Bíblico antes de tomar dos frases y decir que son contradictorias.
Mi manera es la única
Como la Biblia reporta eventos históricos, hay personas que se dedican a demostrar que reporta la historia de
forma infiel. Los historiadores de la antigüedad no siempre escribían los eventos de la vida de una persona en el
orden cronológico que sucedieron. Muchas veces se enfatizaba algún aspecto del carácter de la persona o algún
atributo, por lo cual se ponían diferentes eventos alrededor de una enseñanza central o punto importante para
darle peso. Por eso en Mateo las tentaciones de Jesús fueron en un orden diferente al que presentó Lucas.
Otro error común es asumir que eventos similares deben ser el mismo evento. Otra gran cantidad de
contradicciones que se levantan tienen que ver con los detalles de un evento en particular que (supuestamente)
están en conflicto. El famoso “Sermón del Monte” comienza con Jesús subiendo una montaña, seguido de Sus
discípulos (Mateo 5:1). Sin embargo, Lucas escribe que Jesús estaba en un lugar llano (Lucas 6:17). Se puede
argumentar que había un lugar llano en la montaña, pero es posible que Jesús diera el sermón más de una vez. Si
los principios de una enseñanza eran importantes, sería razonable pensar que hubiera querido que personas en
diferentes lugares escucharan el mensaje.
No había periódicos o grabadoras, de modo que la repetición era la mejor manera de diseminar la enseñanza. Hoy
día, oradores reciclan mensajes para poder repetirlos a varias audiencias. De cualquier forma, cosas como éstas
no pueden ser denominadas como contradicción porque hay explicaciones alternas razonables.
Leyes Sacerdotales
Leyes Cívicas (o Civiles)
Leyes Morales
Leyes Sacerdotales
Las Leyes Sacerdotales tenían que ver con los sacerdocios Levíticos y Aarónicos, representando el futuro y más
alto Sacerdote, conocido como Jesús, quien se sacrificó en la cruz. Como Jesús cumplió las Leyes Sacerdotales
(Mateo 5:17), ya no son necesarias para poder acercarnos a Dios y agradar a Dios. ¿Cómo se sabe? El velo se
rasgó cuando murió Jesús (Mateo 27:51) y tenemos acceso directo al Padre, sin necesidad de un sacerdote que
cumpliese TODAS las leyes requeridas para ir al Padre por nosotros. En pocas palabras el que Jesús haya cumplido
las leyes Sacerdotales significa que ya no tenemos que sacrificar un animal por nuestros pecados, como decía la
ley.
Leyes Cívicas
Las Leyes Cívicas eran las que dominaban el día a día de los judíos y deben ser entendidas bajo el contexto de una
teocracia. Aunque casi siempre la nación judía era encabezada por un rey, utilizaban un sistema teocrático, con
las Escrituras como guía. Leyes que caen bajo esta categoría no se aplican por varias razones, una de las cuales es
que ya no estamos bajo una teocracia.
Además, estas leyes fueron escritas para una nación nómada que vivía en el desierto hace miles de años. Ya
sabemos la historia: Moisés, el Faraón, las plagas, el Éxodo, etc. Pero, a diferencia de las naciones que le rodeaban
– que tenían leyes injustas y practicaban sacrificios humanos – los Israelitas tenían leyes justas. Establecieron
prácticas legales (como tener testigos) y otras cosas que se utilizan aún hoy día.
En estas circunstancias, ciertas prácticas y comidas eran prohibidas, para mantener el pueblo de Israel unido
culturalmente. Prácticas paganas, como tatuarse, eran prohibidas, ya que Dios quería separar Su pueblo de los
demás. Es por eso que había leyes sobre como afeitarse, recortarse y qué telas utilizar para vestirse, y cómo
vestirse. Además, Dios protegía a Su pueblo de enfermedades prohibiendo ciertas comidas (carnes, etc.), ya que
las prácticas de esterilización y limpieza de alimentos no era tan seguras como hoy día.
Por último, los primeros cristianos eran todos judíos, y seguían las leyes judías, incluyendo la comida, guardar el
sábado, etcétera. Cuando más y más gentiles (personas no judías) empezaron a convertirse a la Fe, se decidió por
propósitos prácticos, dejar que sólo guardasen las Leyes Morales. Esta fue la razón de la discusión entre Pablo y
Pedro. Pedro quería que los gentiles siguieran las costumbres judías, pero Pablo lo convenció de que no fuese así
(Hechos 15 y Gálatas 2:11-21).
Nota: Dios no cambió de parecer ni se contradice. Sólo dejó que los gentiles llegasen a una mayor verdad sin
tener que cambiar su dieta o peinado.
Leyes Morales
Las Leyes Morales no han cambiado. Son a base del carácter de Dios y, como Dios no cambia, estas no cambian
tampoco. Por lo tanto, todavía están en vigor.
En el Nuevo Testamento vemos un restablecimiento de las Leyes Morales, no de las Sacerdotales o Cívicas. Por
esto vemos en el Nuevo Testamento la condenación de la homosexualidad y la fornicación como pecado, pero sin
las penas de muerte (como el apedreamiento) asociadas con esos pecados.
Cosas como: “Ama a tu prójimo como a ti mismo”, “no tengas relaciones sexuales hasta que te cases”, los Diez
Mandamientos, etcétera, están en efecto hoy. Se espera que obedezcamos estas Leyes, pues aplican a todos.
NOTA: Es incorrecto argumentar comparando dos tipos diferentes de leyes. Por ejemplo: “si ignoramos que la
Biblia diga que no nos podemos afeitar, ¿por qué no podemos ignorar lo que dice en contra de la
homosexualidad?” La razón es sencilla: las Leyes Cívicas (que tienen que ver con afeitarse) no nos aplican; las
Leyes Morales (como las que prohíben la homosexualidad) sí aplican. No podemos confundir los diferentes tipos
de leyes. Esto es una práctica intelectualmente deshonesta y una violación al contexto y significado de la Palabra.
Defendiendo el Cristianismo:
Con tantas religiones, ¿Cuál es la correcta?
Uno de los retos más comunes tiene que ver con la enorme cantidad de religiones en el mundo. Muchos
argumentan que es arrogante pensar que solo una es correcta. Otros piensan que el hecho de que hay tantas
significa que ninguna es correcta. Entonces ¿Cómo puedo saber que el cristianismo es la verdad?
No hay duda de que la cantidad religiones presenta un desafío. Consideremos algunas opiniones sobre todo el
tema y luego veamos cómo podemos abordar el tópico de manera para que podamos llegar a la correcta
conclusión.
El reto de diferentes respuestas para un tema no es exclusivo del campo de la religión. Por ejemplo, pueden
sentar a 100 estudiantes de matemática, darles a resolver un problema y que muchos obtengan la respuesta
equivocada. Pero ¿Esto significa que no existe la respuesta correcta? Para nada. Aquellos que obtienen una
respuesta equivocada necesitan que se les muestre su error y se les enseñen técnicas para llegar al resultado
correcto.
Existe una gran variedad de sistemas políticos. En cada uno mucha gente cree que su forma de gobierno es la
mejor manera de llevar a cabo el orden social. Aunque muchos de ellos hayan crecido bajo esos regímenes
políticos y hayan sido adoctrinados en las creencias de dichos sistemas, aún pueden reconocer fallas de ciertas
formas de gobierno y ver que otros sistemas son ‘mejores’. Ellos lo hacen al examinar los hechos y considerar las
diferencias importantes. La capacidad para discernir se vuelve muy importante en todas las facetas de la vida.
Tomás de Aquino, un hábil teólogo que vivió en los años 1200 d.C., remarcó una vez: “La tarea del filósofo es
hacer distinciones.”
Llegamos a las deducciones apropiadas acerca de Dios de la misma manera que lo hacemos acerca de cualquier
otra cosa: usamos la metodología sistemática que está designada para separar la verdad del error mediante la
aplicación de varias pruebas. Así obtenemos como resultado un conjunto de conclusiones correctas. Tal enfoque
sólo tiene sentido si se aplica de la manera en que es usado diariamente en otras disciplinas. Se utilizan métodos
sistemáticos que son metódicos, lógicos, probatorios, y comprobables para producir el resultado final correcto.
Siendo éste el caso, ¿por qué pensar que la teología deba ser diferente? ¿Por qué creer que puede ser enfocado
de forma indisciplinada y aun así llegar a conclusiones correctas? Desafortunadamente, esta es la ruta que
muchos toman y una de las razones por las que existen tantas religiones.
¿Qué método debemos usar? Necesitamos establecer un sistema para poner a prueba varias afirmaciones. Luego,
necesitamos seguir una ruta crítica para llegar a una conclusión correcta. Un buen sistema para usar es el
siguiente:
1. Consistencia lógica
Prueba si un sistema de creencia que ha asegurado ser lógicamente coherente entre sí, y que no se contradice,
realmente lo es o no. Por ejemplo, la meta final del budismo es desprenderse uno mismo de todos los deseos.
Pero, uno debe desear desprenderse de todos los deseos, lo cual es un principio contradictorio.
2. Suficiencia empírica
Plantea la pregunta: ¿existe evidencia que respalde ese sistema de creencia? Es correcto comprobarlo cuando se
trata de afirmaciones importantes, siendo realizado para que puedan ser verificadas. Por ejemplo, Los mormones
enseñan que Jesús vivió en Norte América y que las grandes ciudades existieron antes que la nación fuera
colonizada. Sin embargo, no existe prueba alguna o evidencia que apoye tal aseveración.
3. Relevancia existencial
Establece si el sistema de creencia concuerda con la realidad como la conocemos y si hace una diferencia
significativa en la vida de aquel que se adhiere a él. Por ejemplo, el Deísmo, asegura que Dios solo echó a girar al
mundo dentro del universo y no interactúa o cuida de aquellos que viven en él. ¿De qué manera impacta tal
creencia en la vida cotidiana? Concretamente, no lo hace. [Nótese la manera en que el ‘cuidar’ debe ser tomado
aquí, sólo porque algo no le importe a un individuo no significa que sea falso.]
Cuando es aplicado al tópico de la religión, los resultados producidos ayudarán a llevarnos a una correcta
perspectiva de Dios y responderá a los cuatro grandes cuestionamientos de la vida:
Pero ¿de qué manera práctica aplica uno este sistema en la búsqueda de Dios? Hay una variedad de formas para
hacerlo, pero una de las mejores tácticas a emplear, es el método paso a paso de pregunta/respuesta.
Reduciendo la lista de posibles preguntas en la búsqueda de la pregunta clave, uno encuentra las siguientes:
¿Existe la verdad absoluta? ¿Se mezclan la razón y la religión? ¿Existe Dios? ¿Puede Dios ser conocido? ¿Jesús
es Dios? ¿Le importo a Dios?
En un artículo tan corto como este, es imposible profundizar lo suficiente en cualquiera de los puntos anteriores,
pero puede hacerse un análisis superficial para mostrar cómo cada pregunta paso a paso invalida algunos
sistemas de creencia para que la verdad acerca de Dios pueda ser comprendida.
La Verdad Absoluta
Primero, necesitamos saber si existe la verdad absoluta. Si no existe, entonces realmente no podemos estar
seguros de nada (ya sea espiritual o no) y terminamos como agnósticos, o como pluralistas (aceptando cada
postura porque no estamos seguros de cuál, si es que la hay, sea la correcta).
La verdad absoluta suele definirse como la conformidad existente entre lo que se expresa y la situación real de
algo o el concepto real que se tiene acerca de un tema. Algunos dicen que no hay tal cosa como la verdad
absoluta, pero el tomar esa postura resulta contraproducente. El postmodernismo afirma que no hay verdad, sin
embargo, afirma al menos una verdad absoluta: el postmodernismo es la verdad. Podemos ver como todos ellos
traicionan su propia postura. Al final, la verdad absoluta se vuelve innegable.
Más aún, la verdad absoluta es rígida por naturaleza y excluye a sus opuestos. Dos más dos es igual a cuatro y sólo
cuatro. Ninguna otra respuesta es posible. Esto se vuelve crítico al comparar las diferentes religiones. Si un
sistema de creencias tiene componentes que están comprobados como verdaderos, entonces cualquiera que
compita con afirmaciones contrarias debe ser falso. Debemos tener en mente que la verdad absoluta no es
impactada por la sinceridad y el deseo. Sin importar cuán sinceramente alguien adopte una mentira, aun así,
sigue siendo mentira. Y ningún deseo hacer algo verdadero de algo falso. Alguien puede revelar en la adoración
de una deidad que ellos pueden llamar ‘la diosa del pétalo de rosa’ y creer sinceramente que tal ser existe, pero
cuando la existencia de esa deidad es probada como falsa, sería tonto continuar adorando tal cosa.
La respuesta a la pregunta es que la verdad absoluta sí existe. Siendo este el caso, el agnosticismo, el
postmodernismo, el relativismo, y el escepticismo todas ellas sostienen falsas posturas y se pueden descartar.
Razón y Religión
¿La razón/lógica puede ser usada en asuntos de religión? Algunos dicen que esto es imposible, pero ¿por qué no?
La lógica es vital al examinar declaraciones espirituales, ayuda a entender por qué algunas afirmaciones deben ser
excluidas y otras aceptadas. La lógica es absolutamente crítica para desmantelar el pluralismo (el cual dice que
toda verdad declarada, aún aquellas que se oponen entre sí, son iguales y válidas).
Por ejemplo, el islam y el judaísmo aseguran que Jesús no es Dios, mientras que el cristianismo asegura que Él sí
lo es. Una de las leyes centrales de la lógica es la Ley de la No-Contradicción. Ésta dice que algo no puede “ser” y
“no ser” algo al mismo tiempo y en el mismo sentido. Así que, aplicando esta ley a las declaraciones del judaísmo,
el islam y el cristianismo significa solo una de estas es cierta. Jesús no puede ser al mismo tiempo Dios y no Dios.
La lógica demuestra que verdades contrarias no pueden ser ambas verdad. Esto derriba toda la mentalidad de “es
la verdad para ti, pero no para mí.”
La lógica también disipa toda la analogía del “todos los caminos llevan a Dios”. Cada sistema de creencia tiene su
propio conjunto de señales que apuntan a sitios radicalmente diferentes. La búsqueda de la verdad es bien
ilustrada con un laberinto: un camino termina en la verdad, mientras que todos los demás llegan a callejones sin
salida. Todas las creencias pueden tener algunas similitudes, pero la importancia está en las diferencias.
La conclusión es que se puede y debe usar la razón en asuntos de religión. Que, siendo el caso, el pluralismo es
descartado porque es ilógico y contradictorio creer que dos afirmaciones opuestas puedan ser ambas válidas.
¿Dios Existe?
¿Existe Dios o no? Dadas las pruebas anteriores, el hecho de que exista UN Dios automáticamente descarta las
posturas Panteístas, que dicen que TODO es Dios. Las creencias tales como el hinduismo, el budismo, el jainismo
son todas descartadas como sistemas de creencia válidos, dado a que existe un Dios aparte de lo natural.
Más aún, aprendemos cosas interesantes acerca de este Dios quien creó el universo. Aprendemos que Él es:
Moral (ninguna ley moral como la que tiene el mundo puede obtenerse sin un dador)
Este Dios descrito exhibe características muy similares al del judaísmo, islamismo, y cristianismo.
Un Dios Conocido
Esto nos lleva a la pregunta: ¿Podemos conocer a Dios? En este punto, necesitamos que la religión sea
reemplazada por algo más importante, la necesidad de revelación. Si la humanidad debe conocer bien a este Dios,
depende de Él revelarse a Su creación. El judaísmo, islamismo, y el cristianismo aseguran tener un libro que es la
revelación de Dios al hombre. Pero ¿cuál (si es que alguna) es realmente verdadera?
Poniendo de lado las pequeñas diferencias, las dos áreas centrales en disputa son: el Nuevo Testamento de la
Biblia y la persona de Jesucristo. El islam y el judaísmo aseguran que el Nuevo Testamento de la Biblia es falso en
lo que asegura, y ambos niegan que Jesús es Dios, mientras que el cristianismo afirma que ambas son verdad.
Sin embargo, el Nuevo Testamento ha sido probado como verdadero. No es una vana jactancia el decir que no
hay fe en el planeta que pueda igualarse a las impresionantes cantidades de evidencia que existen para el
cristianismo. Desde el voluminoso número de antiguos manuscritos (5,000+), hasta los documentos históricos que
datan de fechas tempranas y que fueron escritos durante la época en que vivieron los testigos oculares (algunos
de sólo 15 años después de la muerte de Cristo), a la multiplicidad de relatos que fueron registrados (nueve
autores en 27 libros del Nuevo Testamento), a la evidencia arqueológica que ha sido encontrada – que jamás ha
contradicho una sola de las afirmaciones del Nuevo Testamento – hasta el hecho de que los apóstoles llegaron
hasta su muerte asegurando haber visto actuar a Jesús, y que Él regresó de la muerte.
El cristianismo expone los hechos en términos de proporcionar la evidencia y prueba que respaldan sus
afirmaciones. La autenticidad histórica del Nuevo Testamento, la afirmación que transmite un relato real de los
eventos, tal como ocurrieron, es la única conclusión una vez que todas las evidencias han sido examinadas.
En cuanto a Jesús, uno encuentra algo muy curioso, Él aseguró ser Dios encarnado. En las propias palabras de
Jesús (“Antes que Abraham fuese, YO SOY”), Sus hechos (perdonando pecados, aceptando nueve veces la
adoración), Su vida milagrosa y sin pecado (la cual el usó para probar que Su verdad se sostenía sobre las
afirmaciones contrarias), y Su resurrección. Todo esto respalda su afirmación de ser Dios. Los escritores del Nuevo
Testamento también afirman este hecho una y otra vez en sus escritos.
Como ya vimos, dos verdades que compiten asegurando ser verdaderas, no pueden ser ambas correctas. Así que
cualquier cosa en el Corán islámico o escritos del judaísmo que contradicen la Biblia no pueden ser la verdad. De
hecho, tanto el islam como el judaísmo se derrumban al negar el Nuevo Testamento porque la evidencia dice lo
contrario. Y porque podemos realmente conocer a Dios (Él se ha revelado a Sí Mismo al hombre, tanto en Su
Palabra escrita como en Cristo), todas las formas de agnosticismo son refutadas.
Por último, otra gran pregunta de la vida es respondida, la de la ética, porque la Biblia contiene claras
instrucciones sobre cómo debe vivir la humanidad.
Finalmente, esta misma Biblia, proclama que Dios se preocupa profundamente por la humanidad y desea que
todos lo conozcan. De hecho, le importa tanto, que se hizo hombre para mostrarle a Su creación exactamente
cómo es Dios. Hay muchos hombres que han anhelado ser Dios, pero solo un Dios que anheló ser hombre, para
poder salvar a aquellos que ama. Noten también que esta conclusión (y el punto en que Dios se hace hombre),
refuta el Deísmo, el cual dice que Dios no está interesado en los asuntos de la humanidad.
Conclusión
Al final, vemos que la verdad última acerca de Dios puede ser encontrada cuando uno se adhiere a un sistema
para probar las diferentes afirmaciones y trabajar a través de un método de eliminación de las falsedades.
El uso de la consistencia lógica, junto al cuestionamiento de las preguntas correctas, produce verdaderas y
razonables conclusiones sobre la religión. Al final, todos deben concordar en que la única razón para creer algo, es
porque es verdadero.
Pero tristemente, la creencia es una cuestión de la voluntad y sin importar la cantidad de evidencia que sea
presentada, algunos aún elegirán negar a Dios.
Adán y Eva
El Genesis no es un libro científico, puede narrar hechos históricos (que sucedieron), pero no de forma literal. La
historia de Adán y Eva explica la creación humana en el sentido que Dios le dio. No explica biológicamente como
fuimos creados, sino el propósito de esa creación. Fuimos creados como parte del universo, pero Dios nos dio Su
espíritu. Esto nos diferencia de los animales, y nos permite amar, crear, conocernos y acercarnos más a Él.
A través de análisis científicos, sabemos que evolutivamente habrían existido un antepasado común masculino y
uno femenino. Así a la Eva científica se denomina Eva mitocondrial. Se sabe de la existencia posible de esta Eva
mitocondrial a causa de las mitocondrias (un orgánulo celular) que solo se pasan de la madre a la prole. Cada
mitocondria contiene ADN mitocondrial y la comparación de las secuencias de este ADN revela una filogenia
molecular. Así este análisis estaría indicando que todas las líneas maternas convergen en un punto en que todas
las hijas que tuvieron descendientes actuales comparten la misma madre ya humana; sucediendo esto entre hace
150.000 o 200.000 años, cuando ya existía la especie Homo sapiens. En el caso del ancestro común más cercano
por vía paterna, este ha sido apodado Adán cromosómico. Así como las mitocondrias se heredan por vía materna,
los cromosomas Y se heredan por vía paterna. El análisis de estos cromosomas igualmente indicaría que todas las
líneas paternas convergen en un punto en que todos los hijos que tuvieron descendientes actuales comparten el
mismo padre ya humano.
Por lo tanto, Jesús oraba al Planificador para saber cómo ejecutar “el plan”, no porque el Padre tiene más
autoridad, sino porque Jesús, como Dios, quiere hacer Su voluntad.
El Infierno
Cuando se habla del infierno, surgen preguntas como: ¿Cuál es el fin de torturar a alguien eternamente? Si el
infierno no es un castigo correctivo, entonces ¿es una simple venganza?
La Biblia usa una gran cantidad de metáforas para describir el infierno. Estas metáforas podrían contradecirse
unas a otras si uno las toma de forma literal y sin contexto.
Por ejemplo, el infierno es descrito como un lugar de total oscuridad, pero también de fuego; como un “abismo”
pero también como un “lago ardiendo con azufre.” Se le describe como un lugar de castigo, pero también de
destrucción total. A veces a sus habitantes se les describe como “lanzados” a un abismo; a veces azotados por un
sirviente. A veces parecen rebeldes (“crujiendo los dientes”), a veces angustiados (Lucas 16).
El propósito de estas metáforas es comunicar que el infierno es un lugar terrible y lo opuesto a lo que Dios quiere
para la humanidad.
Dios no quiere la muerte del que muere (Ezequiel 18:32), sino que todos procedan al arrepentimiento (2 Pedro
3:9).
Por lo tanto, si alguien va al infierno, es porque así lo decide para sí. No es correcto decir que Dios se deleita en el
dolor de las personas. Estas personas prefirieron las tinieblas a la luz (Jn 3:19). El infierno es donde ellos
decidieron estar (Rom 1:20-32), no donde Dios desea que estén.
“¿Por qué se le llama ‘libre albedrío’ si, cuando decides no creer en Dios, Él te envía al infierno?”
Sin embargo, esto no es un reto a la libre elección del infierno. ¿Por qué? Porque si se decide no creer en Dios, se
está escogiendo no ir al Cielo. ¿Por qué Dios obligaría a alguien que NO QUIERE estar con Él a estar con Él? Por lo
tanto, este reclamo parece más un intento de recibir los beneficios de la vida eterna sin ninguna de las
responsabilidades que conlleva. Al decidir no querer a Dios (ni ir al Cielo) automáticamente se escoge lo opuesto.
Una interrogante que surge es: “¿por qué el castigo es eterno?” Sin embargo, las consecuencias del pecado no
tienen que ver con el que peca, sino con el pecado en sí. Aunque el siguiente ejemplo no es el mejor para
describir la situación, puede darnos una idea de
Si alguien asesina una hormiga, ¿cuáles son las consecuencias? Ninguna. Las hormigas no tienen un valor
intrínseco suficiente como para penalizar a quién la mató. Bien, ¿Qué pasa si se asesina un perro? Probablemente
el dueño del perro demande o multen a la persona responsable. ¿Por qué? Porque el perro vale más que la
hormiga.
¿Qué pasaría entonces si se asesina a otra persona? Ya las consecuencias son más graves: cárcel de por vida y, en
algunos países, la pena de muerte. Nota que la acción era la misma lo que cambió fue contra quién se cometió la
acción.
Ahora, ¿Si se comete un “crimen” en contra un Ser eterno e infinito, cuyo valor es incalculable? Las consecuencias
tienen que ser eternas. Pecar contra Dios no sólo es quebrar la ley de un Ser eterno, sino despreciarlo. No es algo
que sucede “accidentalmente”
Muchos considerarían, que Dios podría automáticamente perdonarnos los pecados y así nadie iría al infierno. Sin
embargo, esta visión descarta una de las características de Dios: Él es perfectamente justo. Siendo así, las
transgresiones no pueden pasar por desapercibidas. Si no existiera el castigo eterno, todos tendríamos la
oportunidad de vivir sin preocuparnos por las consecuencias de nuestras acciones. Si al final, no hay consecuencia
por nuestras acciones, de nada vale obrar moralmente.
Conclusión
Lo más importante acerca del infierno no necesariamente es entenderlo o explicarlo: es evitarlo. Cualquiera que
sea la teoría que uno suscriba al respecto, el infierno es una pesadilla de la cual Dios nunca quiere que
experimentemos.
Primera vía: El movimiento como actuación del móvil: Es cierto y consta por el sentido que en este mundo
algunas cosas son movidas. Pero todo lo que es movido es movido por otro. Por tanto, si lo que mueve es movido
a su vez, ha de ser movido por otro, y este por otro. Mas así no se puede proceder hasta el infinito… Luego es
necesario llegar a un primer motor que no es movido por nada; y este todos entienden que es Dios.
Segunda vía: Experiencia de un orden de causas eficientes: Vemos que en este mundo sensible existe un orden de
causas eficientes; pero no vemos ni es posible que algo sea causa eficiente de sí mismo, porque de lo contrario
sería anterior a sí mismo, lo cual es imposible. Ahora bien, no es posible que en el orden de causas eficientes se
proceda hasta el infinito… Luego es necesario suponer una causa eficiente primera, que todos llaman Dios.
Tercera vía: La contingencia o limitación en el existir: Nos encontramos con cosas que tienen posibilidad de existir
y de dejar de existir, pues algunas se engendran y se corrompen. Ahora bien, lo que tiene posibilidad de no existir
alguna vez no existe. De ahí que, si todas las cosas tuviesen esa posibilidad de no existir, alguna vez no habría
existido nada, y por consiguiente ahora tampoco, pues de la nada no procede nada. Pero dado que ahora existe
algo, es que no todas las cosas tienen posibilidad de existir y de no existir, que algo ha de ser necesario, y esto, en
última instancia, es Dios.
Cuarta vía: Diversos grados de perfección en las cosas: Encontramos en este mundo cosas más o menos buenas,
más o menos verdaderas, más o menos nobles, y otras cualidades así. Ahora bien, el más y el menos se dicen de
cosas diversas según la diversa aproximación a lo que es máximo en ese orden. Por eso ha de haber algo que sea
óptimo, nobilísimo, máximamente verdadero y, por consiguiente, máximo ser. Y como lo que es máximo en un
género es causa de todo lo que se contiene bajo ese género, ha de haber un máximo ser causa de la bondad, de la
verdad, de la nobleza y de las demás cualidades por el estilo; y este es Dios.
Quinta vía: El gobierno de las cosas: Vemos que algunas cosas que carecen de conocimiento, esto es, los cuerpos
naturales, obran con intención de fin… Ahora bien, las cosas que no tienen conocimiento no tienden a un fin si no
son dirigidas por algún cognoscente e inteligente. Luego existe algún ser inteligente que dirige todas las cosas
naturales a un fin; que es lo que llamamos Dios.