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T4 Historia Javi

El Bloque 4 aborda la crisis del Antiguo Régimen en España entre 1788 y 1833, destacando la Guerra de la Independencia (1808-1814) como resultado de la inestabilidad política y social bajo Carlos IV y la intervención de Napoleón. Se analizan las Cortes de Cádiz y la Constitución de 1812, que intentaron establecer un régimen liberal, así como el reinado de Fernando VII, marcado por la lucha entre absolutistas y liberales, que culminó en la Primera Guerra Carlista tras su muerte. Este periodo significó un cambio profundo en la estructura política y social de España, con consecuencias duraderas en su historia.

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El Bloque 4 aborda la crisis del Antiguo Régimen en España entre 1788 y 1833, destacando la Guerra de la Independencia (1808-1814) como resultado de la inestabilidad política y social bajo Carlos IV y la intervención de Napoleón. Se analizan las Cortes de Cádiz y la Constitución de 1812, que intentaron establecer un régimen liberal, así como el reinado de Fernando VII, marcado por la lucha entre absolutistas y liberales, que culminó en la Primera Guerra Carlista tras su muerte. Este periodo significó un cambio profundo en la estructura política y social de España, con consecuencias duraderas en su historia.

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Resumen del Bloque 4: La crisis del Antiguo Régimen (1788-1833)

Javier Rodríguez 2BB

4.1. La Guerra de la Independencia: antecedentes, causas, bandos y fases de


la guerra

La Guerra de la Independencia (1808-1814) fue el resultado de una profunda crisis en


España durante el reinado de Carlos IV, marcada por tensiones internas, conflictos sociales
y la intervención de Napoleón Bonaparte. Carlos IV, sucesor de Carlos III en 1788, enfrentó
las consecuencias de la Revolución Francesa, lo que llevó a un control político fluctuante
bajo Manuel Godoy, quien adoptó primero una postura hostil hacia Francia (1793-1795) y
luego estableció una alianza en 1796. La firma del Tratado de Fontainebleau (1807) permitió
la entrada de tropas napoleónicas bajo el pretexto de invadir Portugal, lo que derivó en una
ocupación encubierta del territorio español.

Esta situación culminó con el Motín de Aranjuez (1808), que supuso el cese de Godoy y la
abdicación de Carlos IV en favor de su hijo Fernando VII. Sin embargo, Napoleón
aprovechó la inestabilidad para forzar las Abdicaciones de Bayona, mediante las cuales
Fernando VII cedió el trono a Carlos IV y este, a su vez, a Napoleón, permitiendo colocar a
su hermano José Bonaparte como rey de España. El Estatuto de Bayona, promulgado por
José Bonaparte, supuso un intento de modernizar España eliminando privilegios feudales y
reconociendo ciertos derechos individuales, pero careció de legitimidad y aceptación social.

El conflicto comenzó con el levantamiento del 2 de mayo de 1808 en Madrid, que se


produjo tras la partida de la familia real hacia Bayona. Este levantamiento, liderado por el
pueblo, fue brutalmente reprimido por el general Murat, quien proclamó su autoridad
absoluta y ejecutó sumariamente a los insurgentes. A pesar de la represión, el
levantamiento inspiró una serie de insurrecciones por toda España, marcando el inicio de la
guerra.

La guerra fue tanto una lucha de liberación nacional como un conflicto civil, dado que dividió
a la sociedad en diferentes bandos:

●​ Patriotas: Defensores de Fernando VII, divididos entre absolutistas, que apoyaban


el Antiguo Régimen, y liberales, que buscaban cambios políticos y sociales.
●​ Afrancesados: Minoría formada por ilustrados y funcionarios que apoyaron a José
Bonaparte, viendo en su régimen una vía para modernizar el país.
●​ Indiferentes: Funcionarios públicos que optaron por no posicionarse debido a las
complejidades del conflicto y las incertidumbres de la guerra.

La guerra se dividió en tres fases principales:

1.​ Primera fase (1808): La resistencia inicial, marcada por levantamientos populares y
victorias patriotas como la Batalla de Bailén, obligó a los franceses a abandonar
Madrid temporalmente. Figuras como el general Castaños y líderes locales como
Palafox en Zaragoza jugaron un papel crucial.
2.​ Segunda fase (1808-1811): Napoleón intervino personalmente, liderando un ejército
de 250,000 hombres que tomó la mayoría de las ciudades españolas excepto Cádiz.
Durante este periodo, las guerrillas se convirtieron en una forma de resistencia
clave, utilizando el conocimiento del terreno para realizar sabotajes y emboscadas.
Los guerrilleros, como Espoz y Mina, Juan Martín "El Empecinado" y el cura Merino,
se erigieron en héroes populares.
3.​ Tercera fase (1812-1814): La campaña de Napoleón en Rusia debilitó a Francia,
permitiendo una alianza entre tropas británicas, portuguesas y españolas, lideradas
por el duque de Wellington, que lograron victorias decisivas como Arapiles (1812) y
Vitoria (1813). Finalmente, el Tratado de Valençay (1813) restauró a Fernando VII en
el trono.

Las consecuencias fueron devastadoras: cerca de 800,000 muertos, destrucción de


ciudades como Zaragoza y Gerona, pérdidas económicas irreparables y el inicio de un
declive que marcó el fin del poderío español en el ámbito internacional.
4.2. Las Cortes de Cádiz y la Constitución de 1812

La ausencia de una autoridad monárquica legítima durante la Guerra de la Independencia


permitió la creación de Juntas locales, que asumieron el poder en nombre de Fernando VII.
Estas Juntas se coordinaron en la Junta Suprema Central, presidida por Floridablanca, que
convocó a Cortes Generales en Cádiz en 1810. La disolución de la Junta Suprema Central
debido a la invasión francesa de Andalucía llevó al establecimiento del Consejo de
Regencia, que gestionó el poder ejecutivo mientras las Cortes se organizaban.

Estas Cortes, de carácter unicameral, reunieron a representantes de diversos sectores


sociales, aunque excluyeron a campesinos y mujeres. Los diputados se dividieron
ideológicamente en tres grupos:

●​ Absolutistas: Defensores del Antiguo Régimen y opuestos a cualquier reforma.


●​ Liberales moderados: Partidarios de una monarquía limitada con soberanía
compartida.
●​ Liberales exaltados: Inspirados en el modelo revolucionario francés, buscaban una
soberanía nacional plena y la abolición del absolutismo.

Bajo la influencia de los liberales, las Cortes aprobaron reformas fundamentales que
iniciaron el desmantelamiento del Antiguo Régimen:

●​ Libertad de imprenta y supresión de la censura (1810).


●​ Abolición del régimen señorial y los derechos feudales (1811).
●​ Supresión definitiva de la Inquisición (1813).
●​ Introducción de la libertad económica, eliminación de privilegios gremiales y
desamortización de bienes eclesiásticos.
●​ Creación de un sistema electoral que fomentaba la representación indirecta basada
en el sufragio masculino universal.

La Constitución de 1812, conocida como "La Pepa", fue el primer intento de establecer un
régimen liberal en España. Establecía los siguientes principios fundamentales:

●​ Soberanía nacional: El poder emanaba de la nación, ejercido por representantes


elegidos mediante sufragio universal masculino indirecto.
●​ División de poderes: Se estableció una monarquía limitada en la que el poder
legislativo recaía en las Cortes, el ejecutivo en el rey y el judicial en jueces
independientes.
●​ Sistema parlamentario y representativo: Las Cortes, unicamerales, tenían
potestad sobre el rey, quien sólo podía ejercer un veto suspensivo.
●​ Derechos individuales: Libertad de expresión, igualdad jurídica y fiscal, aunque
con limitaciones religiosas, ya que el catolicismo se mantenía como única religión
oficial.
●​ Milicia Nacional: Creación de una milicia ciudadana para la defensa de la
Constitución y el orden público.
Además, la Constitución consolidó medidas de reestructuración territorial y administrativa
que buscaban centralizar el poder estatal. Aunque su aplicación fue breve (1812-1814), la
Constitución de 1812 fue un referente del liberalismo español y sirvió de modelo para otros
países, como Portugal y varias repúblicas iberoamericanas. Inspiró futuros intentos de
establecer regímenes constitucionales en España durante el Trienio Liberal (1820-1823) y la
regencia de María Cristina (1836-1837).
4.3. El reinado de Fernando VII: liberalismo frente a absolutismo

El regreso de Fernando VII a España tras el Tratado de Valençay (1813) coincidió con el
contexto de la Restauración absolutista en Europa, promovida por el Congreso de Viena
(1814-1815). Este evento buscaba restaurar el equilibrio político y la legitimidad monárquica
tras las guerras napoleónicas. En España, Fernando VII fue recibido con entusiasmo por un
pueblo que lo veía como símbolo de la patria y la religión. Sin embargo, el monarca
rápidamente mostró su inclinación hacia el absolutismo, ignorando las expectativas de
quienes esperaban un compromiso con las reformas de Cádiz.

El reinado de Fernando VII (1814-1833) estuvo marcado por la constante pugna entre
absolutistas y liberales. Su periodo de gobierno puede dividirse en tres etapas claramente
diferenciadas:

1.​ Sexenio Absolutista (1814-1820): Tras su regreso a España en 1814, Fernando VII
anuló la Constitución de 1812 y restauró el Antiguo Régimen mediante el Decreto de
4 de mayo de 1814. Este retorno al absolutismo fue apoyado por el Manifiesto de
los Persas, documento firmado por diputados absolutistas que justificaba la vuelta al
orden tradicional. Se reinstauraron instituciones como la Inquisición, la Mesta y los
privilegios nobiliarios. Además, se desató una intensa represión contra los liberales y
afrancesados, llevando a muchos al exilio o a la clandestinidad. Este periodo estuvo
marcado por el deterioro económico y una fuerte oposición entre liberales y
absolutistas.

2.​ Trienio Liberal (1820-1823): Un pronunciamiento liderado por Rafael Riego obligó al
rey a aceptar la Constitución de 1812. Durante este periodo, se llevaron a cabo
importantes reformas como la abolición del régimen señorial, la supresión definitiva
de la Inquisición, la desamortización de bienes eclesiásticos y la creación de una
Milicia Nacional. Sin embargo, el régimen liberal enfrentó divisiones internas entre
moderados y exaltados, y la oposición absolutista encabezada por el propio
Fernando VII. Finalmente, la intervención de la Santa Alianza, a través del ejército
de los Cien Mil Hijos de San Luis, restauró el absolutismo en 1823.

3.​ Década Ominosa (1823-1833): Durante este periodo, Fernando VII reinstauró el
absolutismo y emprendió una represión sangrienta contra los liberales (ejecución de
Riego y el Empecinado muchos liberales exiliados).Sin embargo, para la
supervivencia del régimen monárquico, Fernando VII acabó aceptando un
reformismo administrativo. En sus últimos años, surgieron los malcontents,
absolutistas radicales descontentos con las tímidas reformas administrativas del rey
(insurrección en campos catalanes en 1827). Estos sectores apoyaron a Carlos
María Isidro, hermano de Fernando VII, como legítimo sucesor al trono. La
promulgación de la Pragmática Sanción en 1830, que anula la Ley Sálica, permitió
que Isabel, hija de Fernando VII, heredara el [Link] VII se apoya en
absolutistas moderados respaldados por liberales con tal de contrarrestar el
descontento [Link] pragmática sanción enfrentó a los partidarios de don
Carlos, quien fue exiliado a Portugal después de los fallidos sucesos de la granja (
Fernando es forzado a suprimir la pragamática sanción pero consigue zafarse), y los
isabelinos, desencadenando la Primera Guerra Carlista (1833-1840) tras la muerte
del monarca.

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