Mi padre enfermo de sueños
en el asfalto incandescente de cien mil mediodías caminados
bajo el sol en vertical
perdió sus pies
y apoyado en sus rodillas sigue buscando
el camino de vuelta a casa.
Mi padre sueña
rendido por el cansancio
que vuelve a su tierra y planta sus piernas y le crecen pies jóvenes
y la savia de su tierra negra le alivia el dolor de las arrugas
y resucita sus cabellos muertos.
Luego despierta en un piso alquilado
a la ciudad de los huracanes de la miseria
y blasfema y maldice y no tiene amigos.
Escondido en la noche
papá llora por las certezas que lo defraudaron.
Del otro lado de su piel
mamá llora por mamá
mamá llora por su casa que ya no habita
y por paz y reposo y risa.
Papá y mamá lloran
cada uno a espaldas del otro en la cama
en el más crudo estruendoso hermoso silencio
que modula en frecuencias infrahumanas
sonidos que se articulan como palabras:
«si aquí no están mis sueños
cómo puedo dormir aquí».
Y que solo yo escucho
con la cabeza enterrada en la almohada.
Concebida de la nostalgia
nací con lágrimas en el sexo con tierra en los ojos con sangre en la cabeza.
No soy lo que soñaron
como tampoco lo son sus vidas.
1
No tengo casa a la que volver
ni esperanza de la que colgarme
por eso camino.
Las casas se derrumban a mi paso
la tierra es una alfombra de escombros.
Me detengo a admirar la belleza de las palas mecánicas
los movimientos de las excavadoras me erizan de deseo.
De noche las contemplo:
los perfiles inmóviles de las palas
descansando contra el cielo azul cobalto y la luna de luz nacarada
son aún más hermosos que los brazos de los hombres que las manipulan
y las excavadoras
con sus bocas abiertas y llenas todavía
de tierra y escombros
parecen enormes animales muertos.
Mis padres me enseñaron a no tener nunca nada.
Ellos me enseñaron a no volver nunca a casa
a no decir nunca esta casa es mía
aquí me quedo yo
en este lugar que amo.
Cierro la puerta y no necesito mirar atrás para saber
que la casa ya no existe más.
2
El huracán que me dejó sin casa se llamaba Caracas.
Los paquetes de ayuda humanitaria eran made in Caracas.
Cada una de las piezas de mi cuerpo fue ensamblada en Caracas.
Oleadas de odio con todo mi cariño
todos los recuerdos caen presos de Caracas
carnaval de huevos podridos y confeti sobre mi falda.
No volveré a amar como amé en Caracas.
Amor por el asfalto roto por las raíces de los árboles
enterrados en las avenidas de Caracas.
Amor por las raíces palpitantes de tu sexo
explotando furioso por mí enterrándote en Caracas.
3
No soy dueña de nada
mucho menos podría serlo de alguien.
No deberías temer
cuando estrangulo tu sexo
no pienso darte hijos ni anillos ni promesas.
Toda la tierra que tengo la llevo en los zapatos.
Mi casa es este cuerpo que parece una mujer
no necesito más paredes y adentro tengo
mucho espacio:
ese desierto negro que tanto te asusta.
4
Con tu cuerpo se fueron también las paredes el techo
el suelo de la casa que nunca poseíste.
Una casa no es un mérito ni un don
una casa es una propiedad.
En agosto tus hijos consumirán sus vacaciones vaciándola
discutiendo quién necesita más uno u otro recuerdo
llenando cajas
oliéndote todavía una vez más por los rincones
huyendo de los niños que esperan acostados en sus camas
el beso de mamá que no llega
en las viejas habitaciones que comienzan a desmontar.
Después de mucho trabajo
entregarán las llaves de la última inquilina.
(Tampoco tus hijos por haber nacido en ella
tienen algún derecho.)
La casa no será más que un espacio en su memoria
para aquel largo corredor donde tus pasos
seguirán haciendo crujir la madera.
5
No te necesito
te dije.
Yo soy mi casa
mi sangre sólo la llevan
un puñado de palabras
y en mis brazos
la única criatura soy yo.
Entonces me plantaste arbolitos alrededor
plagados de nidos en sus copas
y estas enredaderas que me suben por las paredes.
6
Guarda silencio la noche cuando no estás
se encierra conmigo tras hacer la ronda
por la casa y aguarda.
Los armarios las sábanas mi cuerpo
tu chaqueta colgada del pomo de la puerta
y el pomo de la puerta muchísimo más quieto.
Toda la noche la noche te aguarda
con los ojos abiertos.
7
Lo que no nos hacemos oxida
las articulaciones hasta dejarnos
inmóviles
como las columnas maestras
de esta casa.
8
Vuelve el calor a madurarlo todo
y nos pilla por sorpresa
el olor ácido del cuerpo sin lavar
el agua turbia olvidada en el vaso
donde el moho va cubriendo las espigas
y la rosa ennegrece
girando sobre la mesa las moscas
dibujan elipses de electrones en el aire
donde no existe núcleo
en el centro vacío de la casa.
9
Con la misma cinta mido
mis palabras y tu espalda
el ancho de la cama para comprar las sábanas
las paredes de una casa vacía y las piedras de la calle.
10
El río es un dios pardo dicen
de su divinidad yo solo veo
agua y tierra arrastrada por el agua
bajo mi cama el dios pardo insinúa
que mi casa no sea un barco de papel
es una cuestión de pliegues
aparcada junto al río mi cama
no es a prueba de lobos ni de crecidas
no proyectó ningún arquitecto mi casa
sin paredes que me quiten la luz
con vistas al dios pardo cartón y artritis reumatoide
podría ser tu cama de repente
de repente un día desperté y allí estaba el río
con ese color de lodo de cloaca de dios pardo
y las articulaciones y los huesos aullándole
mi antigua casa era a prueba de lobos
toda de ladrillos hasta el tejado
hermosa de nada me protegió
antes estaba en otro sitio y ahora estoy aquí
con el río que me susurra por las noches
sus siluros sus simas sus ahogados
–los lobos no se interesan–.
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