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Modulo 1

El documento aborda el proceso de escritura científica, dividiéndolo en tres etapas: planificación, producción y revisión. Se enfatiza la importancia de la planificación para definir el tiempo, las características del escrito y la generación de ideas, mientras que la producción se centra en la cohesión, coherencia y adecuación del texto. Finalmente, la revisión implica una crítica detallada en varios niveles para mejorar la calidad del texto final.
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Modulo 1

El documento aborda el proceso de escritura científica, dividiéndolo en tres etapas: planificación, producción y revisión. Se enfatiza la importancia de la planificación para definir el tiempo, las características del escrito y la generación de ideas, mientras que la producción se centra en la cohesión, coherencia y adecuación del texto. Finalmente, la revisión implica una crítica detallada en varios niveles para mejorar la calidad del texto final.
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CAICyT

Taller de escritura científica Silvia Ramírez Gelbes

Módulo 1
EL PROCESO DE ESCRITURA Y LA CONSTRUCCIÓN DEL TEXTO ESCRITO

El proceso de escritura

La verdad es que hay muchas maneras de escribir. Uno puede sentarse frente a la
computadora a escribir y dejar que los dedos hablen –y que digan lo que les va
saliendo, en libertad– para después corregir y reformular. Uno puede escribir algunas
ideas en papel, de puño y letra, para después ponerse a producir el texto que
terminará siendo definitivo. Uno puede grabar en un grabador lo que quiere escribir y
después desgrabarlo. Sí, hay muchas maneras de escribir. Incluso, hay muchas
maneras de escribir para la misma persona, que a veces puede escribir de corrido y
otras veces anda buscando el modo de inspirarse.
Quienes han teorizado sobre el proceso de escritura sostienen distintas hipótesis,
desde luego. Con Cassany (2006), de todos modos, diremos que hay una hipótesis que
resulta bastante sensata y que nos permite trabajar con bastante comodidad: la que
llamaremos “proceso de las etapas”. Este proceso de las etapas concibe la escritura
como un desarrollo de tres momentos: la planificación o preescritura, la escritura
propiamente dicha y la corrección o reescritura. Debe entenderse, eso sí, que el
proceso no se da de manera lineal, es decir, de una vez y listo. Por el contrario, parece
más lógico pensar que, mientras escribe, el escribiente toma decisiones (es decir,
planifica) sobre qué palabra va a poner, la escribe y tal vez la relee y la cambia. Y eso
lo hace con la sintaxis, con la estructura del párrafo, con todo, en fin.
Aunque en algunos casos vamos a plantear el asunto de manera teórica, también
consideraremos la cuestión desde la práctica concreta, los pasos que tenemos que
seguir –sin permitir que nos gane el deseo de seguir una receta a rajatabla– para
llegar a un cierto resultado.
Y, además, tenemos que tener en cuenta que la escritura es el producto de un
momento y que, como con todo, el producto saldrá mejor elaborado en la medida en
que la máquina se vaya perfeccionando; o sea, con la práctica.
Por eso, ánimo con los temas, entusiasmo en la tarea y ¡a ser tercos! Si no sale de
primera intención, habrá que seguir probando. Nadie ha muerto por intentarlo.

Planificación o preescritura

Aunque esta suele ser la etapa más descuidada, conviene que el escribiente la tenga
en cuenta para producir su escrito. En la planificación se considerarán:

• La distribución del tiempo disponible


• La determinación de las características del escrito
• La producción de las ideas

En cuanto a la distribución del tiempo disponible, suele ser conveniente establecerse


metas de trabajo para un momento determinado, de modo que se pueda llegar a
entregar el escrito cómodamente (ya se sabe, “No dejes para mañana lo que puedas
hacer hoy”).
En relación con la determinación de las características del escrito, es necesario pensar
claramente en la finalidad del texto y en quien lo recibirá (para tener en claro qué
conocimientos se comparten con el destinatario y cuáles hay que explicitar
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claramente), cómo se determinará tanto al emisor como al destinatario dentro del


texto (si se usará yo o nosotros, si se usará usted o ustedes), qué formato exige
nuestra comunicación.
Finalmente, en lo referido a la producción de ideas, es necesario leer mucho sobre el
tema y después empezar a volcar lo que a uno se le ocurre sobre lo que quiere
escribir.

Producción o escritura

En alguna medida, esta es la etapa que constituye el eje de nuestro trabajo como
escribientes. Pero es bueno pensarla como el término de una actividad de planificación,
es decir, como la consecuencia de una tarea de reflexión. En esta etapa se podrán en
juego las variables que permiten que un texto sea efectivamente eso, un texto: la
cohesión, la coherencia y la adecuación.
Como veremos más adelante en el curso, la cohesión es el tipo de relaciones “visibles”
o de superficie que se establecen en el texto. La coherencia es un fenómeno de
profundidad que permite que el texto se sienta como un todo sin hilos sueltos ni
lagunas o agujeros. La adecuación es el fenómeno que permite establecer que el texto
usa el lenguaje que debe usar en ese contexto.
Todas estas variables, entrelazadas simultáneamente, construyen el tejido que es el
texto. Porque textus, en latín, es precisamente eso: un tejido.

Revisión o reescritura

La última etapa del proceso es el momento de la crítica, de tomar distancia y ver qué
no concuerda con el resto, qué sobra y qué falta, qué está en el lugar inapropiado y de
qué modo podemos solucionar esos problemas.
Por ello, es bueno entender que la revisión se lleva a cabo en distintos niveles:

• El nivel ortotipográfico me permite remediar las dificultades ortográficas, de


mayúsculas y de puntuación, para que el texto tenga una presentación correcta
(en este nivel tendríamos que ocuparnos, por ejemplo, de los parónimos, como
“basta” y “vasta”)
• El nivel morfológico determina que se pongan en juego los conocimientos sobre
el género de un sustantivo o la conjugación correcta de un verbo, por ejemplo
(en este nivel tendríamos que ocuparnos de las formas correctas, como “el
rema” en lugar de “la rema”, por ejemplo)
• El nivel sintáctico me permite considerar los fenómenos de concordancia entre
el sujeto y el predicado o el uso apropiado de los pronombres (en este nivel
tendríamos que ocuparnos de decir “les dieron esa respuesta a los enfermos” en
lugar de “le dieron esa respuesta a los enfermos”, por ejemplo)
• El nivel léxico exige que se usen los términos más apropiados en cada caso
particular, que no haya repeticiones innecesarias y que todos los términos
pertenezcan al mismo registro (en este nivel tendríamos que ocuparnos de
escribir “instrumento” y no “herramienta”, por ejemplo, según sea lo que
queremos decir)
• El nivel pragmático estipula que las relaciones entre las ideas deben estar
expresadas tal como quiere el escribiente, además de que siempre se debe
tener en claro en qué contexto se está produciendo el escrito y a quién está
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dirigido (en este nivel tendríamos que ocuparnos de hablar de “enfermedad” en


un texto de divulgación y de “patología” en uno científico, por ejemplo).

La construcción del texto

La primera etapa del proceso de escritura consiste, como hemos dicho, en la


planificación. Así, es necesario tomarse un tiempo para poder escribir algo.
Desde luego, lo primero que debe hacer quien quiere escribir sobre un tema es recoger
información sobre ese tema y leerla. Cuando se ha leído, es necesario definir con qué
textos de los leídos se está de acuerdo y de qué textos se disentirá, es decir, qué
punto de vista se tomará. Ese punto de vista permitirá que establezcamos nuestra
posición y nuestra argumentación.
Una vez que se ha estudiado el tema, que se ha decidido el punto de vista, que se
tiene en la cabeza una especie de nebulosa de lo que se quiere decir, es necesario
empezar a estructurar el texto concreto.
Siempre debe tenerse en cuenta que todo segmento de texto debe ser funcional al
texto completo para cumplir con las exigencias de la macroestructura (el tema
general) que le otorga coherencia. Desde ese punto de vista, puede decirse que hay
párrafos de introducción, párrafos de ejemplificación, párrafos de desarrollo, párrafos
de conclusión, entre muchas otras posibilidades.
Por ello y reformulando el planteo de Cassany (2006), podemos organizar el esquema
del texto a partir de un mapa como el que sigue:

B
C

TEMA

El mapa debe constar de una palabra clave, que será el tema del texto, y todos
aquellos datos que aparezcan como relacionados y cuya aparición en el texto sea
entendida como necesaria. Imaginemos que tenemos que escribir sobre los
antecedentes de la Revolución Francesa; dado este tema central, encontramos que los
datos que aparecen relacionados con él son, por ejemplo, la crisis en las finanzas, la
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oposición a los privilegios, el crecimiento de la burguesía, el desarrollo de las ciudades,


la crisis del Antiguo Régimen, el crecimiento de la deuda pública:1

Crecimiento de la
burguesía
Oposición a los
privilegios
Crisis en las finanzas

Antecedentes de la
Revolución Francesa Desarrollo de las
ciudades
Crisis del
Antiguo Régimen

Crecimiento de la
deuda pública

Una vez que fue construido este mapa, se puede empezar a delinear el texto
determinando qué subtemas van con qué subtemas, es decir, cuáles de estos
contenidos que están diseñados en forma de satélites se pueden subagrupar en un
mapa como el siguiente:

Crecimiento de la
burguesía
Oposición a los
privilegios
Crisis en las finanzas

Antecedentes de la
Revolución Francesa Desarrollo de las
ciudades
Crisis del
Antiguo Régimen

Crecimiento de la
deuda pública

1
No deberán tener en cuenta, estimados lectores, la propiedad de los datos que incluimos en el mapa. Si
ustedes no están de acuerdo con que estos son los antecedentes de la Revolución Francesa, es probable que
tengan razón: no imaginen, de ningún modo, que tenemos conocimientos de Historia. Este tema específico
debe ser tomado simplemente como una excusa para desarrollar el contenido del módulo. Y lo mismo
ocurrirá con los módulos que siguen.
¡Ah! Gracias por comprendernos.
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Puede pasar que, al establecer esas relaciones, descubramos que alguno(s) de los
datos no están a la misma altura de los otros o no resulta(n) tan pertinente(s): en ese
caso, lo borraremos:

Crecimiento de la
burguesía
Oposición a los
privilegios
Crisis en las finanzas

Antecedentes de la
Revolución Francesa Desarrollo de las
ciudades
Crisis del
Antiguo Régimen

Crecimiento de la
deuda pública

Cuando se han determinado los datos pertinentes y las relaciones internas, se puede
decidir el ordenamiento de los contenidos:

Crecimiento de la
burguesía
2 Oposición a los
privilegios
Crisis en las finanzas

1
Antecedentes de la
Revolución Francesa

Crisis del
Antiguo Régimen

Crecimiento de la
3 deuda pública
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Dado este, que es solo uno de los ordenamientos posibles, podríamos tener, entonces,
el siguiente esquema que representa los tres párrafos constitutivos de este texto:

Antecedentes de la Revolución Francesa

1. crisis en las finanzas y crecimiento de la deuda pública


2. crecimiento de la burguesía que se opone a los privilegios de los nobles
3. crisis del Antiguo Régimen en toda Europa Occidental

Una vez que se ha preparado este esquema, es necesario volver a revisarlo para
considerar:

a. si el orden es correcto, jerárquicamente hablando (es decir, si los temas van en


un orden decreciente de importancia, por ejemplo)
b. si un tema lleva al otro de manera lineal o hay algún dato que falta en el medio
c. si todos los temas son verdaderamente pertinentes

Muchas veces, al hacer este mapa, tomamos conciencia de que hay un dato que no
hemos incluido o, por el contrario, de que algún dato no tiene nada que ver con los
otros. En ese caso, siempre conviene tener la elasticidad y la amplitud de mente
necesarias para cambiar nuestro esquema inicial.
En suma, nunca es bueno enamorarse del propio proyecto porque, como dice el dicho,
“el amor es ciego” y no nos permitirá ver los defectos. Para expresarlo de otro modo,
una vez armado el esquema, es bueno mirarlo con perspectiva, tomar distancia y
determinar su calidad (es decir, su adecuación).
Cuando estemos conformes, entonces sí, podemos empezar a pensar en el momento
siguiente: la toma de decisiones.

La toma de decisiones

La planificación, como hemos dicho, es el momento de la toma de decisiones. Aunque


profundizaremos en los detalles de esas decisiones a lo largo del curso, podemos decir
aquí que esas decisiones tienen que ver con:

a. nuestra intención, lo que se plasmará en el tipo de secuencia (o tipo textual)


que seleccionaremos
b. el formato (o género) que mejor responde a esa intención
c. el modo en que nos inscribiremos en nuestro discurso y en que inscribiremos a
nuestro receptor (las estrategias de agentivación y desagentivación)
d. el modo en que nos ubicaremos frente a lo que decimos (la modalidad)
e. la imagen que daremos de nosotros en nuestro discurso (el ethos)
f. el tiempo con que contamos y la exhaustividad con que trataremos el tema
g. el medio en el que aparecerá nuestro producto escrito

Como se ve, la planificación es el tiempo de la reflexión. Y la reflexión merece un


espacio importante porque, aunque parezca paradójico, suele ahorrar mucho tiempo.
Es probable que el tiempo que uno no haya querido emplear en la reflexión previa
tenga que usarlo en la corrección posterior. Y da la impresión de que el tiempo
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empleado en la corrección resulta, a la larga, un poco más frustrante que el tiempo


empleado en la planificación. ¿O no?
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PARA SEGUIR INFORMÁNDOSE:

CASSANY, D., [1995] 2006, “Teorías sobre el proceso de composición” en Describir el


escribir. Cómo se aprende a escribir. Buenos Aires, Paidós.
CASSANY, D., 1997, La cocina de la escritura. Barcelona, Paidós, caps. 6, 7 y 8.
RAMÍREZ GELBES, S. Taller de escritura 2. Buenos Aires, OPFyL, 2001.

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