Meditaciones del devocional
«Dios es nuestro
amparo y fortaleza»
E
stamos a mitad de marzo de 2020, y el coronavirus está empe-
zando a golpear al planeta con fuerza. Nunca en mi vida vi algo
igual. Como seguidores de Jesucristo, sabemos que nuestra
esperanza no depende de este mundo; en especial, cuando las
pruebas nos atacan por sorpresa. Sin embargo, necesitamos que nos lo
recuerden y nos reconforten. Necesitamos escuchar al Señor. En tiempos
como este, a menudo nos volvemos al libro de los Salmos. Nuestro pastor
predicó sobre el Salmo 46 cuando esta crisis estaba en ciernes, y nos
animó a memorizarlo. Yo aprendo mejor al leer y escribir. Espero que mis
reflexiones los animen a ti y a tus seres queridos. Gracia y paz.
J. SCOTT DUVALL
Excepto cuando se indique lo contrario, las citas bíblicas están tomadas de la
versión Reina-Valera © 1960, por las Sociedades Bíblicas en América Latina. (En
todos los casos, el nombre «Jehová» ha sido sustituido por su sinónimo «Señor»).
© 2020 Ministerios Nuestro Pan Diario. Todos los derechos reservados.
S A L M O 46:1-2a
1Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio
en las tribulaciones. 2 Por tanto, no temeremos…
D
ios es nuestro refugio, nuestro lugar seguro, nuestro amparo, el lugar
donde acudimos cuando tenemos miedo. Y hay mucho miedo dando vuel-
tas. Dios también es nuestra fortaleza o nuestro «poder». Es la misma pala-
bra que Jesús usa en Hechos 1:8, cuando promete darnos «poder» con la venida del
Espíritu Santo que ahora vive dentro de nosotros. Sin embargo, un lugar de refugio
y una fuente de fortaleza no sirven de nada si no están a nuestro alcance. Es fácil
pensar en cosas que podrían ser útiles pero que a menudo están sumamente lejos.
Necesitamos una seguridad y una fortaleza cercanas. Gracias a Dios, Él es nuestro
Ayudador siempre presente, quien se interesa lo suficiente como para compartir sus
recursos ilimitados con nosotros. Siempre está cerca; incluso más cerca de lo que
nosotros podemos estar.
Cuando todo va bien en la vida, no solemos pensar demasiado en nuestra vul-
nerabilidad. Damos muchas cosas por sentado, aun la oportunidad de estar juntos.
Entonces, una crisis nos golpea y todo cambia. Las «tribulaciones» de las que habla
el salmista son los «problemas» o «angustias» que enfrentamos. Sin duda, estamos
atravesando una tribulación. «Tribulación» nos habla de una prueba extrema y terri-
ble, como si nos persiguieran. En el resto del versículo 2, el salmista explica la gra-
vedad de las tribulaciones. Eso es lo que estamos enfrentando hoy: una catástrofe
natural caótica y de gran magnitud. Exactamente en esta clase de situación, encon-
tramos a nuestro Ayudador que es aún más grande; a nuestro Dios, que es nuestro
amparo y fortaleza. Él siempre está presente.
Señor, permite que podamos percibir ahora tu presencia
consoladora y tu poder que nos sostiene. Muéstranos que estás
cerca y que eres fuerte para sostenernos de cientos de maneras
distintas, grandes y pequeñas. Gracias por prometernos tu
presencia y tu poder cuando enfrentamos pruebas que nos
afectan de cerca, tanto a los que nos rodean como a cada uno
de nosotros. Nunca nos dejarás ni nos abandonarás. Estás con
nosotros y a nuestro favor. ¡Gracias! Amén.
S A L M O 46:2b-3
2Por tanto, no temeremos, aunque la tierra sea removida,
y se traspasen los montes al corazón del mar; 3 aunque
bramen y se turben sus aguas, y tiemblen los montes a
causa de su braveza.
M
e gusta tener el control. Debo admitirlo. Sin embargo, hay ciertas cosas
que sencillamente no puedo controlar, por más que lo intente. No
puedo controlar el clima. No puedo controlar lo que hacen los demás.
No puedo controlar las cosas malas que a veces les suceden a mis seres queridos. No
puedo controlar las pandemias virales. Cuando caemos en la cuenta de que no pode-
mos controlar cada situación, a veces empezamos a experimentar temor. Un dicciona-
rio del griego define el «temor» de esta manera: «un estado de severa aflicción,
provocado por una inquietud intensa respecto a un dolor o peligro inminentes» (LN).
El temor incluso puede atacarnos cuando pensamos en cosas malas, aunque no
hayan sucedido ni lleguen a pasar.
El salmista afirma que no temeremos «aunque» el mundo se caiga a pedazos. Se
imagina terremotos, inundaciones y desastres naturales catastróficos. Cosas que no
podemos controlar. Cuando estas cosas sucedan —y podemos estar seguros de que
sucederán en este mundo caído—, no tenemos por qué temer o entrar en un estado
de angustia severa. En otras palabras, cuando el cielo se viene abajo y parece que
todo se desmorona, ¡no tenemos que ceder al pánico!
¿Cómo podemos evitarlo? Una vez más, regresamos a la expresión «por tanto», en
el versículo 2, que nos vuelve a señalar a nuestro Dios, quien nos defiende. Él es
nuestro lugar de refugio y nuestra fuente de fortaleza.
Arkansas, donde vivo, tiene su cuota de tornados. Después de que un tornado
devastador golpeó nuestra ciudad en 1997, construimos un búnker en nuestra casa,
un lugar seguro rodeado de cemento y acero. El salmista está diciendo que Dios es
nuestro búnker, nuestra fortaleza, nuestra fuerza y nuestro poder, nuestro Ayudador
siempre presente. No se va a ningún lado y siempre está con nosotros. Por tanto, no
debemos permitir que el temor nos abrume y nos paralice.
Martín Lutero, uno de los líderes de la Reforma protestante, escribió un himno a
principios del siglo XVI, basado en estos versículos del Salmo 46: «Castillo fuerte es
nuestro Dios». Aquí está la letra:
Castillo fuerte es nuestro Dios, defensa y buen escudo;
Con su poder nos librará, en este trance agudo.
Con furia y con afán, acósanos Satán.
Por armas deja ver astucia y gran poder; cual él no hay en la tierra.
Luchar aquí sin el Señor, cuán vano hubiera sido.
Mas por nosotros pugnará de Dios el Escogido.
¿Sabéis quién es? Jesús, el que venció en la cruz;
Señor de Sabaoth, omnipotente Dios, Él triunfa en la batalla.
Aun cuando estén demonios mil prontos a devorarnos,
no temeremos, porque Dios vendrá a defendernos.
Que muestre su vigor Satán, y su furor;
dañarnos no podrá, pues condenado está por la Palabra santa.
Sin destruir la dejará, aunque mal de su grado:
es la Palabra del Señor que lucha a nuestro lado.
Que lleven con furor los bienes, vida, honor, los hijos, la mujer,
todo ha de perecer; de Dios el reino queda.
Cuando parece que el mundo se cae a pedazos como en este momento, la pode-
rosa presencia de Dios permanece como una «roca inconmovible» (F. F. Bruce). Él es
nuestro refugio fuerte. Él es quien nos ayudará a atravesar las dificultades.
Señor, gracias porque este coronavirus no puede dañarte. Sigues
sentado en el trono. Sigues teniendo el control. Y siempre estás
con nosotros, independientemente de lo que suceda. Gracias
porque escuchas cada una de nuestras preocupaciones e
inquietudes. No tenemos por qué ceder ante el temor. ¡Gracias por
ser nuestro castillo fuerte! Amén.
S A L M O 46:4-5
4Del río sus corrientes alegran la ciudad de Dios, el santuario
de las moradas del Altísimo. 5 Dios está en medio de ella; no
será conmovida. Dios la ayudará al clarear la mañana.
Y
a hablamos sobre cómo el famoso himno de Martín Lutero, «Castillo fuerte»,
se apoya en el Salmo 46. ¿Sabías, además, que cuando la peste bubónica
golpeó la ciudad de Lutero (Wittenberg, Alemania), en 1527, él y su esposa
Katharina (que estaba embarazada) decidieron quedarse y ayudar a los enfermos y
moribundos? Lutero intento combinar el realismo (la medicina y el distanciamiento
social) con la fe (el amor por el prójimo enfermo). Incluso escribió un folleto sobre
el tema: Si uno puede huir de una plaga mortal. Según entiendo, el himno de
Lutero se escribió apenas un par de años después de esa plaga, y quizá en respuesta
a ella. Mi oración es que Dios haga grandes cosas en respuesta a nuestra crisis.
Los versículos del Salmo 46 nos animan. Hablan de un río. Parecería como si
nunca fuese a dejar de llover esta primavera en esta región. Sin duda, Arkansas tiene
la bendición del agua. Pero Jerusalén es distinta. En todo Israel, el agua es como un
tesoro precioso, como el oro. Aquí nunca nos preocupa morir de sed, pero tener
suficiente agua siempre es algo importante en Medio Oriente. Tener suficiente agua
es una cuestión de vida o muerte. Por eso, cuando leemos que en la ciudad de Dios
hay un río, una fuente interminable de vida, esto nos reconforta. Hoy, en medio de
todo este desastre, Dios nunca dejará de darnos vida.
La vida de Dios que llega hasta nosotros como un río no es un arroyito magro y
escaso, sino un río fuerte y caudaloso. En el libro de Apocalipsis, el río corre desde el
mismo trono de Dios, desde su presencia (APOCALIPSIS 22:1-2; VER TAMBIÉN EZEQUIEL 47:1-12). El
río de vida, en Apocalipsis, representa la presencia vivificante de Dios. El Señor
jamás nos deja; siempre está con nosotros. El resto del Salmo 46:4-5 dice algo
similar. Dios, el Altísimo, santifica su morada (a su pueblo). Dios está con su pueblo.
La ciudad (el pueblo de Dios) nunca será sacudida, perturbada ni confundida, por-
que Dios «la ayudará con su rostro». Dios la ayudará con su presencia personal.
Padre, parecería que intentas decirnos algo. Sabemos que sí. Todo
señala en esa dirección. Independientemente de lo que suceda
en este mundo caído, siempre podemos contar contigo, y siempre
estarás con nosotros. Nunca nos dejarás ni nos abandonarás.
¡Siempre estás cerca! Y siempre podremos beber de ese río, de
tu presencia vivificante que nos inunda. ¡Te alabamos y te damos
gracias por amarnos tanto! Amén.
S A L M O 46:6-7
6Bramaron las naciones, titubearon los reinos; dio él su
voz, se derritió la tierra. 7 El Señor de los ejércitos está
con nosotros; nuestro refugio es el Dios de Jacob.
E
n esta parte del salmo, vemos un marcado contraste entre la locura de la
tierra y la constancia de nuestro Señor. Digamos que es nuestra experiencia
cotidiana, ¿no? Una cosa es lo que sucede con «las naciones, […] los reinos;
[… y] la tierra», y otra muy diferente y mucho mejor es la que ocurre con «el Señor
de los ejércitos […] el Dios de Jacob». Esto significa que no podemos confiar en que
nuestro mundo nos dé seguridad, consuelo o esperanza que permanezcan. Esto solo
viene del Señor. Así que, lo primero que tenemos que hacer es dejar de buscar
tranquilidad en las noticias. Tal vez obtengamos alguna buena noticia, pero nada
consistente, profundo ni duradero como para sustentarnos.
Las naciones braman. En el Antiguo Testamento, la idea es que las naciones esta-
ban alteradas, sacudidas o inquietas. Seamos sinceros, nuestro mundo está aterrado y
confundido. Tan solo mira a tu alrededor. Los reinos se derrumban. Incluso los gobier-
nos o los reinos más estables pueden ser arrojados rápidamente a una espiral descen-
dente. Dios deja oír su voz, y la tierra se sacude y se derrite. El salmista no nos dice
cómo las acciones de Dios aterran a las naciones, pero de alguna manera, lo hacen.
¿Hace acaso el Señor algo directamente o tan solo permite que este mundo pecami-
noso siga su curso? No lo sabemos. Pero el resultado final para nuestro mundo es el
mismo: un miedo perturbador. El pánico en estos días es casi palpable.
Pero, como pueblo de Dios, no quedamos sin esperanza. El «Señor de los ejérci-
tos» está con nosotros. Una vez más, esto podría traducirse: «el Señor de los pode-
res», o «el Señor que es el más fuerte de todos» está con nosotros. Es un término
militar que sugiere que Dios está con nosotros como nuestro Dios guerrero. Lucha a
nuestro favor. El «Dios de Jacob» (o Israel) es nuestro ayudador. Nuestro Dios ha sido
el Dios de su pueblo desde el principio. El Dios de nuestro ancestro Jacob —cuyo
nombre se le cambió a Israel— es nuestro ayudador, protector y torre fuerte.
¿Cómo está exactamente Dios con nosotros? En primer lugar, cuando la sensa-
ción de miedo nos ataque (y lo hará), tenemos el privilegio de hablar con el Señor
al respecto. Podemos hablar con Él en cualquier momento y lugar, y decirle: «Señor,
estoy asustado… tengo mucho miedo, pero confío en ti», o «Señor, todo esto es muy
perturbador e inquietante; te pido que reemplaces mis preocupaciones con una
confianza sólida en ti». En segundo lugar, el Espíritu Santo dentro de nosotros nos
traerá consuelo y paz, a veces de maneras inesperadas y en el momento justo.
Tercero, nos tenemos unos a otros. Tal vez estemos guardando una distancia social,
pero somos parte de una familia que se preocupa por sus miembros. Y gracias a
Dios, hoy en día estamos a una comunicación electrónica de distancia de la voz
humana reconfortante de otro seguidor de Cristo. Dios está con nosotros: la oración,
el Espíritu y la Iglesia.
Padre, nos conoces mejor de lo que nos conocemos a nosotros
mismos. Nos amas y nos cuidas mejor que nadie. Puedes
protegernos mejor de lo que nosotros podríamos hacerlo.
Confesamos nuestros temores y preocupaciones, pero, más
aun, confesamos nuestra confianza en ti, Aquel que pelea por
nosotros, que siempre ha sido el Dios de su pueblo. Gracias por
darnos el privilegio de la oración para poder derramar nuestros
pensamientos ante ti, por darnos tu Espíritu consolador que
nos tranquiliza constantemente, y por darnos unos a otros para
amarnos y recibir amor. Amén.
S A L M O 46:8-9
8 Venid, ved las obras del Señor, que ha puesto asolamientos
en la tierra. 9 Que hace cesar las guerras hasta los fines de la
tierra. Que quiebra el arco, corta la lanza, y quema los carros
en el fuego.
E
stamos invitados a venir y ver las obras del Señor. Mira lo que el Señor ha
hecho y está haciendo. Nunca está de más hacerlo. A veces, vemos las obras
del Señor de manera visible en nuestro mundo, y otras veces, vemos con los
ojos de la fe su obra profunda en el corazón de las personas. Este pasaje nos invita
a ver la devastación o el juicio del Señor sobre la tierra; cómo Dios ha derribado a los
poderosos y a los reinos para que pueda haber paz: «serenidad al otro lado del jui-
cio» (Kidner). Dios es un Dios de paz, y un día, establecerá «en la tierra paz, buena
voluntad para con los hombres» (LUCAS 2:14).
A medida que esta pandemia empeore, veremos lo mejor y lo peor de la huma-
nidad. Lo peor probablemente incluirá caos, anarquía y conflictos violentos. Las per-
sonas egoístas y temerosas cometerán actos de violencia contra otros. El versículo 8
nos recuerda que el Señor hará grandes obras; obras que traerán paz. Esto es lo que
Dios desea. El Señor está en guerra con la agitación y la violencia que transforman a
los seres humanos valiosos en obstáculos y enemigos. El versículo 9 lo explica.
Un día, Dios vencerá a todos sus enemigos y destruirá sus armas: arcos, lanzas
y carros (otra posibilidad sería «escudos»). Él hará que las personas dejen de
pelear. Todo padre sabe lo doloroso que es que sus hijos se peleen. Es una daga
al corazón. Un día, Dios traerá paz universal a la tierra. Cuando el reino de Dios
haya llegado de forma plena y final, un reino inaugurado por Jesús, las guerras
cesarán (LEE ISAÍAS 11 O APOCALIPSIS 21–22).
Para aquellos que tienen una relación personal con Jesús el Mesías, Dios
comienza su obra profunda de paz ahora. Tenemos una comunidad de miembros
del reino. Los amamos y nos aman. Ahora vemos cuánto damos por sentado juntar-
nos como pueblo de Dios, poder estar y servir juntos y servir. Pronto, volveremos a
estar juntos. Mientras tanto, estos versículos nos animan a ser ahora, tanto como
podamos, ejemplos de la paz de Dios. En cada interacción que tengamos con otros,
podemos ser ejemplos de sumisión al Dios de paz y amar a los demás
profundamente.
Padre, a medida que la situación empeore, aquellos que no te
conocen ni han experimentado el consuelo y la paz que nos das
se volverán cada vez más desesperados, egoístas y violentos. Que
esto no nos tome por sorpresa, Señor. Recuérdanos que oremos
por todo, que llevemos todo delante de tu trono. Recuérdanos
que seamos agentes de paz siempre que podamos. Más que
nada, recuérdanos que, un día, destruirás las armas de guerra,
físicas y espirituales, y darás lugar a tu nueva creación, donde el
Príncipe de paz reina sobre todo. Amén.
S A L M O 46:10-11
10Estad quietos, y conoced que yo soy Dios; seré exaltado
entre las naciones; enaltecido seré en la tierra. 11 El Señor de
los ejércitos está con nosotros; nuestro refugio es el Dios de
Jacob.
P
ara terminar el Salmo, Dios mismo habla. ¿Está hablando a las naciones o a
su pueblo? Es difícil de interpretar con exactitud, pero parece aplicarse
a ambos. En realidad, Dios puede estar hablando a toda la creación, ¡recor-
dándonos a nosotros y a todo el mundo que solo Él es Dios! Esto me recuerda al
momento en que Jesús le gritó al viento y las olas en Marcos 4:39: «Calla, enmu-
dece». Jesús podría haber estado reprendiendo a los poderes demoníacos que agi-
taban el mar, así como al corazón y la mente de los discípulos, diciéndoles: «¡Yo soy
Dios! ¡Yo tengo el poder sobre todo!».
Creo que a veces se malinterpreta lo que Dios dice en el Salmo 46:10. La traduc-
ción de la RVR1960 dice: «Estad quietos, y conoced que yo soy Dios». No es una mala
traducción, pero solemos interpretar que Dios nos llama a estar quietos y en silen-
cio para que podamos escuchar su voz, o que nos pide que acallemos nuestra mente
para que pueda revelarse a nosotros, o algo similar. Pero hay mucho más aquí que
sencillamente instalarse a pasar un buen tiempo tranquilo o empezar a meditar.
Aquí encontramos dos mandamientos que van juntos. El primero nos dice qué
no hacer; y el segundo, qué hacer. El primero es el que suele traducirse: «estad
quietos». Otras traducciones incluyen: «Ríndanse» (DHH), «¡Alto!» (RVC) y «ya no se
peleen» (TLA). Mi diccionario favorito del griego dice que significa: «estar desocu-
pado» o «quedar vacío» (BDAG). Dios parece estar diciéndonos que dejemos de
desesperar o de intentar arreglar todo, porque igualmente no podemos controlar
nada. Me imagino parado ante Dios con la cabeza inclinada y los brazos colgando a
los costados, los hombros encorvados hacia delante, mientras susurro: «No logré
nada»; y el Señor responde: «Ya era hora». ¡El Señor nos está diciendo que dejemos
de afanarnos! Demasiadas de nuestras preocupaciones y ansiedades surgen de la
raíz profunda de pensar que tenemos que arreglar todo, que es nuestro deber
aplacar cualquier caos que haya en nuestra vida. No es así. No es verdad. Dios está
reprendiendo nuestro desasosiego, nuestra impaciencia, nuestra hiperactividad
egoísta. Hay algunas cosas (muchas, en realidad) —como las pandemias globales—
que no podemos controlar. No sabemos qué va a pasar. Sin embargo, sabemos algo
más profundo y sólido como una roca: ¡Conocemos a Dios!
Me recuerda el momento en El león, la bruja y el armario, de C. S. Lewis, donde
Aslan les explica a los niños cómo su muerte no fue el final, y cómo era que ahora
podía estar ante ellos bien vivo:
Significa —dijo Aslan— que aunque la bruja conocía la magia insondable, hay
una magia más profunda aún que no conocía. Su conocimiento solo llega al
principio de los tiempos. Pero si ella hubiese podido mirar un poco más atrás, a
la quietud y la oscuridad de antes de que el tiempo amaneciera, habría leído allí
un encantamiento distinto. Habría sabido que, cuando una víctima dispuesta
que no cometió traición alguna muere en lugar de un traidor, la mesa se que-
braría y la muerte misma empezaría a obrar al revés. Y ahora…
Estamos vacíos, no dependemos más de nuestros propios recursos, intelecto,
carisma personal, dinero ni ninguna otra cosa nuestra. Ahora estamos listos para el
segundo mandamiento en el versículo 10: «conoced que yo soy Dios». Hay algo más
profundo que el caos y el temor que proliferan en nuestro mundo: ¡lo conocemos a
Él! James Sire lo expresa de la siguiente manera: «Dejen de agitarse y de preocu-
parse por el resultado. ¡Yo estoy a cargo!». Eugene Peterson dice: «¡Sal del tráfico!
Mírame detenidamente a mí, tu Dios Altísimo, por encima de la política, por encima
de todo» (MSG, traducción libre). ¡«Conocer» a Dios significa reconocer y admitir que
Él es verdaderamente Dios sobre todas las cosas! Nosotros no somos Dios. Nuestros
líderes religiosos y políticos no son Dios. La naturaleza no es Dios. El virus no es
Dios. ¡Solo Dios es Dios, y lo conocemos personalmente!
Nuestro Dios, que es exaltado y adorado entre las naciones, también es el
«Señor de los ejércitos» y el «Dios de Jacob». Nunca hubo un momento en el cual
Dios no existiera. Jamás habrá un momento en el cual Dios no vaya a existir. Él es
Señor incluso sobre el tiempo. Y es poderoso; está al frente de los ejércitos angeli-
cales. Lo mejor de todo es que nuestro Dios poderoso y suficiente está con nosotros.
Está a nuestro favor. Él es nuestra fortaleza y refugio.
Cuando tengo miedo de algo, me ayuda pensar en lo peor que podría pasar; en
este caso, la muerte. Entonces, me doy cuenta de que Dios tiene un plan incluso
para eso: la resurrección de los muertos, con Jesús como nuestro pionero y ejemplo.
Así, el miedo empieza a perder su poder sobre mí. Esto no quiere decir que desee
morir. Pero si muero, Dios sigue teniendo el control. Él es el Dios de la vida, y si lo
conocemos, ¡viviremos aunque muramos (JUAN 11:25)!
Padre, perdónanos por intentar controlar cada aspecto de nuestras
vidas. Perdónanos por no confiar en ti, por jugar a ser Dios. Danos
la gracia y la fortaleza para «vaciarnos» delante de ti, para confiar
en ti y echar toda nuestra ansiedad y temores sobre ti, confiando.
Gracias por ser nuestro Padre amoroso y por cuidarnos. Nos
conoces y nos amas mucho más de lo que nosotros podríamos
conocernos y amarnos. Amas y cuidas a nuestros seres queridos.
Toma nuestros temores y preocupaciones, y reemplázalos con fe
y confianza. ¡Estás con nosotros! ¡Eres nuestro refugio, nuestra
fortaleza y nuestra torre fuerte! Independientemente de lo que
suceda, ¡jamás nos dejarás! Padre nuestro, ¡ponemos nuestras
vidas en tus manos y te alabamos! Amén.
Reflexiones finales
H
abrá tiempos difíciles; podemos estar seguros de esto.
Vivimos en un mundo caído y pecaminoso. Ahora estamos
en medio de una prueba difícil con esta pandemia del
coronavirus. Sin embargo, Dios no nos ha dejado solos. Nos
está hablando profundamente en el Salmo 46. Nos recuerda lo que es
real y verdadero.
N U E S T RA S C I RC U N S TA N C I A S
Tendremos pruebas (1-3)
N U E S T RO D I O S
Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro refugio (1, 7, 11)
Dios es nuestro ayudador (1, 5)
Dios está con nosotros (4-5, 7, 11)
N U E S T RA F E
No tendremos temor (2)
Si dependemos de nuestros recursos, no tenemos nada;
pero en el Señor, somos fuertes (5, 10)
Sabemos que Dios es Dios (8-10)
S A L M O 46
1 Dios es nuestro amparo y fortaleza,
Nuestro pronto auxilio en las tribulaciones.
2 Por tanto, no temeremos, aunque la tierra sea removida,
Y se traspasen los montes al corazón del mar;
3 Aunque bramen y se turben sus aguas,
Y tiemblen los montes a causa de su braveza. Selah
4 Del río sus corrientes alegran la ciudad de Dios,
El santuario de las moradas del Altísimo.
5 Dios está en medio de ella; no será conmovida.
Dios la ayudará al clarear la mañana.
6 Bramaron las naciones, titubearon los reinos;
Dio él su voz, se derritió la tierra.
7 El Señor de los ejércitos está con nosotros;
Nuestro refugio es el Dios de Jacob. Selah
8 Venid, ved las obras del Señor,
Que ha puesto asolamientos en la tierra.
9 Que hace cesar las guerras hasta los fines de la tierra.
Que quiebra el arco, corta la lanza,
Y quema los carros en el fuego.
10 Estad quietos, y conoced que yo soy Dios;
Seré exaltado entre las naciones; enaltecido seré en la tierra.
11 El Señor de los ejércitos está con nosotros;
Nuestro refugio es el Dios de Jacob. Selah
A
demás, observarás que en la mayoría de las Biblias, la palabra
«Selah» aparece varias veces en este Salmo. Es un término
musical hebreo que se encuentra unas 70 veces en los Salmos.
No estamos completamente seguros de lo que significa, aun-
que parece ser alguna clase de señal musical o litúrgica que indica una
pausa. Hablando de pausas, a pesar de todos los males que trae, este virus
también nos ofrece la oportunidad de bajar la velocidad, de pensar en lo
que es verdaderamente importante en la vida, y de crear algunos hábitos
saludables para caminar con Dios y amar a nuestros familiares y amigos.
¡Que el Señor utilice esta pausa en tu vida para acercarte más a Él! No la
desperdicies. Invierte este tiempo inesperado con sabiduría. Dale a Dios
tiempo y espacio para obrar profundamente en tu corazón.
Al parecer, este salmo se escribió para cantarse, y hay diversas versio-
nes de melodías que lo acompañan. Busca alguna versión en YouTube, ¡y
canta la que más te guste!
No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes,
porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre
te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra
de mi justicia. (ISAÍAS 41:10)