0% encontró este documento útil (0 votos)
21 vistas69 páginas

Tesina Teológica - Francisco Barahona

La tesina de Francisco Antonio Barahona Duarte explora la Justificación por la fe según el capítulo tres de la carta a los romanos, destacando que la salvación es un don de Dios accesible a todos a través de la fe en Jesucristo, y no por el cumplimiento de la ley. Se analiza la justicia de Dios, la universalidad del pecado y la redención a través de Cristo, enfatizando que la fe y la misericordia divina son fundamentales para la salvación. El trabajo busca contribuir a la enseñanza pastoral sobre la importancia de la fe en la vida cristiana.
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
21 vistas69 páginas

Tesina Teológica - Francisco Barahona

La tesina de Francisco Antonio Barahona Duarte explora la Justificación por la fe según el capítulo tres de la carta a los romanos, destacando que la salvación es un don de Dios accesible a todos a través de la fe en Jesucristo, y no por el cumplimiento de la ley. Se analiza la justicia de Dios, la universalidad del pecado y la redención a través de Cristo, enfatizando que la fe y la misericordia divina son fundamentales para la salvación. El trabajo busca contribuir a la enseñanza pastoral sobre la importancia de la fe en la vida cristiana.
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

1

SEMINARIO MAYOR NUESTRA SEÑORA DE


SUYAPA

EL DON DE DIOS MANIFESTADO EN LA


JUSTIFICACIÓN POR LA FE EN EL CAPÍTULO TRES
DE LA CARTA A LOS ROMANOS

Francisco Antonio Barahona Duarte


IV año de Teología

Tesina previa a la obtención del título de Licenciado en


Teología

P. José Antonio Chavarría


Tutor

Tegucigalpa 2024
2

ÍNDICE
PÁGS.
Dedicatoria………………………….………………………………………………….. 3
Objetivo General y objetivos Específicos……………….…………….………………….4
Introducción……………………………………….……………………………………...5

1. DIOS SIEMPRE JUSTO (Rom 3, 1-8)

1.1 La Justicia de Dios, justificar y Justificación…………………………………………7


1.2 La fidelidad de Dios, infidelidad del hombre………………………………………..15
1.3 Nuestra mentira, la verdad de Dios para gloria suya………………………………...21

2. POR TANTO, TODOS PECARON (Rom 3, 9-20)

2.1 El pecado como privación de Dios…………………………………………………..28


2.2 La universalidad del pecado………………………………………………………...34
2.3 El reconocimiento del pecado por la ley…………………………………………….39

3. POR TANTO, FUIMOS JUSTIFICADOS


POR LA REDENCIÓN DE CRISTO (Rom 3, 21-31)

3.1 Nuestra fe está en Jesucristo y no en el cumplimiento de la ley…………………….47


3.2 La Justificación no está en las obras sino, en la ley de la fe………………………....51
3.3 El amor y la misericordia de Dios nos abraza a todos……………………………….55
3.4 Declaración Conjunta sobre la Justificación por la fe
entre la Iglesia Luterana y la Iglesia Católica Romana……………………………...60
3

DEDICATORIA
Este trabajo, está dedicado como acción de gracias a Dios por la oportunidad que me brinda
de vivir mi vocación y servirle para honra y gloria suya.
También a los sacerdotes amigos P. Eduardo Mancía, P. José Antonio Salinas y José
Antonio Chavarría que han colaborado con mi formación integral, y que, gracias a su apoyo
incondicional, a sus conocimientos y experiencia, han forjado en mí actitudes necesarias en el
caminar vocacional.
A mi madre, Linda Duarte, a quien admiro con mucha devoción por su trabajo, entrega y
sacrificio por sacar adelante nuestra pequeña familia.
A mi amigo, Raúl Fernando López, quien ha sido un ejemplo de entrega y amor por mi
vocación, Dios le de salud.
4

OBJETIVO GENERAL:
Profundizar sobre la Justificación por la fe en el capítulo tercero de la carta a los romanos,
analizando cada uno de los puntos señalados por el Apóstol en la carta y así contribuir en la
enseñanza pastoral de ver el don de Dios manifestado en Cristo Jesús y en su misericordia por
medio del Misterio Pascual de Cristo.

OBJETIVOS ESPECÍFICOS:
1. Explicar en qué consiste la justicia, justificar y lo que es la Justificación para un mayor
conocimiento, manifestando el amor de Dios y la importancia de la fidelidad del hombre,
dando a conocer que la salvación es universal y no exclusiva al pueblo escogido por Dios
Israel.

2. Definir el concepto de universalidad del pecado y la misericordia de Dios y su aplicación


en la historia de salvación del hombre, demostrando que la salvación nos viene por la fe en
Jesucristo y no en las obras según la enseñanza de la doctrina de la Justificación por la fe.

3. Conocer que el don manifestado por Dios se cumple en la acción salvadora de Jesucristo
en su Misterio Pascual.
5

INTRODUCCIÓN
Pablo afirma que él no anuncia algo sino, “alguien” a Jesús, Hijo de Dios y mesías en su
condición humana, descendiente de David, por medio del cual Dios justifica al hombre, es decir,
lo hace justo. Ya no se vive más en el régimen de la ley, sino en el de la gracia y la salvación,
puesto que anteriormente se vivía según la ley de Moisés, pero que con Jesucristo han sido
redimidos en la cruz y que ahora se vive en la gracia otorgada por Dios de su misma iniciativa en
salvar al hombre, por eso, basta la fe y creer para salvarse y así, quien tiene fe se justifica, y también
cumple las obras de la ley.
La fe de la Iglesia en Roma ya es conocida por muchos y Pablo reconoce esta condición y
es ahí donde nace el deseo de querer visitarles pues admira a esa Iglesia que no conoce ni tampoco
el fundó. Desea además compartir el mensaje que ha recibido por medio de su Evangelio y así
ellos responder por medio de la adhesión a Jesucristo. Aquí se encuentra con un Pablo adulto y
maduro en la fe, por eso, esta carta que es de las ultimas que él escribe se le llama su testamento
espiritual. Pablo desea comunicarles los dones espirituales que se obtienen en la vivencia de la fe
y la vida en Cristo, porque quien conoce a Jesús tiene una vida nueva, una esperanza nueva, dones
que fortalezcan la fe. Por experiencia, sabe que Cristo no lo ha defraudado jamás, por eso, no se
avergüenza del Evangelio (Jesucristo) y que además no es un Dios de un solo pueblo, sino, que
después de la salvación por Cristo, todos participan de esa Justificación ya sea judíos o no, la gracia
abarca al mundo entero, y en su misericordia, el justo vivirá por la fe. Hay que tener en cuenta que
“justificar” no es para Pablo una acción jurídica, ni tampoco es inocencia, sino, una acción de Dios,
don que se convierte en gracia que se dio por medio del sacrificio en cruz por Jesucristo para que
de esta manera podamos vivir en comunión con él.
La ley fue dada para recordarle al hombre la consciencia de sus delitos, que se dé cuenta
que algunas de sus acciones no son correctas y que debe enmendarse, corregirse, más ésta no lo
convierte en justo; quien hace justo al hombre es Dios por medio de su acción salvífica, es decir
quien cree en Jesucristo y a la Iglesia como dispensadora de la gracia (los sacramentos) entonces
Dios le justifica y convierte a todos los que creen en justos. Lo contrario al pecado no es la buena
conducta frente a la ley sino, la obediencia filial al Padre por la adhesión a Cristo y la acción del
Espíritu Santo que cada persona recibe por medio de la vida sacramental. Pablo también señala
que no hay nadie justo, por culpa del hombre, el nombre de Dios ha sido difamado, pisoteado y
puesto en mal por crímenes, desórdenes y por infidelidades. Dios seguirá siendo Dios, fiel, bueno
6

y justo. Aquí el cristiano debe de plantearse el testimonio. ¿Somos lo que predicamos?, ¿somos lo
que aparentamos ser?, ¿vivimos en un mundo en donde solo señalamos los pecados de los demás
y no nos preocupamos por los nuestros? La coherencia y el testimonio de vida debe interpelar en
todas las cosas que se hacen en la cotidianidad, es un peligro inminente que siendo cristianos estos
no reflejen el paso de Jesús por nuestras vidas y ese es el error que muchos cometen, pues seguir
y vivir según Cristo Jesús no es fácil y San Pablo siempre lo ha resaltado, convertirse en fariseos
de la fe.
Una de las partes más importantes de todo este testamento espiritual que San Pablo ha
regalado; el fruto del pecado quiere decir, que es también el pecado es un proceso que tiene como
final la muerte. Aquí viene entonces el don maravilloso de Dios, así como quiere que todos los
hombres sean salvados, ha enviado a su único Hijo para que redimidos por su sangre sean
colmados de gracia, de perdón, es decir, mediante el sacrificio de Cristo en la cruz se ha redimido
de una vez y para siempre de las cadenas que no ataban al hombre y que estaban dejando sucumbir
el Espíritu llevándonos a una caída precipitosa hacia el abismo de la condenación, pero es por
medio de la salvación por Cristo que hemos sido justificados por Dios mismo, que nos invita a
creer en Jesús, y haciendo de él nuestro salvador y redentor, vivamos con él siendo hijos de Dios
también que por su iniciativa, quiere que vivamos y tengamos vida en abundancia. Pablo también
nos enseña que quien cree en esta salvación realizada por Cristo cumple la ley, es decir, la
Justificación por la fe no anula la ley, más bien se confirma dirá Pablo, pues quien cree en
Jesucristo y su redención por los pecados cumple a cabalidad la ley, hay que recordar que la ley
ayuda a reconocer las obras y así discernir que es lo correcto o no lo es, pero no nos redime, sino,
el cumplimiento de la ley se garantiza en la fe, se coodeterminan. Es por eso que, este don de Dios
es la Justificación, ha sido manifestado independientemente de la ley en la persona de Jesucristo.
7

CAPÍTULO I

DIOS SIEMPRE JUSTO

1.1. ¿Quién es Pablo? Y su encuentro personal con Jesús (Rom. 3, 1-8)

Pablo el apóstol de los gentiles, desde el cristianismo primitivo, ha sido y sigue siendo,
hasta el día de hoy uno de los pilares fundamentales de la fe y de la predicación. Apóstol por la
gracia de Jesucristo como él mismo se llama, se dedicó a evangelizar en lugares donde no había
llegado el evangelio aún, o al menos donde nadie se había preocupado por llegar, es decir a los
gentiles; los llamados paganos, que aún no conocían a Jesús y su mensaje.

De nombre Saulo, nacido en Tarso, Fariseo, era un conocedor de la Ley y fiel cumplidor
de la misma, encomendado a perseguir a los que profesaban su fe en Jesús, que amenazaba con
destruir las costumbres transgrediendo el culto y la manera de pensar judía de aquel entonces. En
el camino hacia Damasco se encuentra con Jesús y éste le hace una pregunta: ¿Saulo, por qué me
persigues? Acontecimiento que le cambió radicalmente la vida y que marcaría el inicio de su
conversión y a la predicación después de un tiempo de preparación.

Un cambio de misión, en la biblia, incurre en un cambio de nombre, pues al convertirse en


apóstol cambia su nombre a Pablo, conocido así por todos y llegando a escribir muchas cartas a
las iglesias instruyéndoles cómo deben de llevar la vida cristiana y ganarse la prenda de la vida
eterna. Uno de estos claros ejemplos es la carta a los Romanos que es el corazón y testamento del
mensaje de Pablo, estudiaremos especialmente en el capítulo tercero donde explica cómo se debe
de entender la Justificación por la fe en este trabajo

1.2. La Justicia de Dios, justificar y la Justificación.


Al iniciar este estudio, hay que entender el contexto de la carta y como San Pablo habla a
esta comunidad que está viviendo un tiempo en el cual se habían desviado, pensando en que
descubrirían la verdad y la Justificación por el cumplimiento únicamente de la Ley; es por eso, que
Pablo, judío y fariseo, quiere explicarles que no es esa la manera, sino, que la fe en Jesucristo y en
su muerte y resurrección Dios nos justifica
8

En el capítulo tres de la carta a los romanos se pueden encontrar algunas formas de cómo
explicar los versículos de Rom 3, 1-8. Esta forma sería: los versículos 1, 3, 5 y 7 son preguntas
(objeciones) que el pueblo judío le hace a Pablo y en los versículos 2, 4, 5, 6 y 8, San Pablo
responde a todas las preguntas. En este capítulo tres de la carta a los romanos, el apóstol de los
gentiles quiere que se comprenda que, aunque los hombres sean injustos, pecadores, rebeldes y
hasta traicioneros, Dios siempre cumple con sus promesas en dar su perdón y su gracia, por lo
tanto, permanece y hace justo al hombre.
Entre algunos de la comunidad judía, el ritualismo los había llevado a perder el verdadero
sentido de su fe en YHVH. Para un judío ortodoxo son importantes la pureza ritual, la circuncisión
y el cumplimiento de la ley. Pablo los increpa de esta manera ¿será ventaja ser judío? He aquí la
primera objeción, ¿cómo Pablo siendo fariseo, judío de sepa, viene a hacerles esta pregunta si él
mismo conoce la ley?
Para Pablo, ya no hay otra cosa más importante que la fe en Jesucristo, por eso, la
circuncisión pasa a un segundo plano, ¿es irrelevante si se es circunciso o no?, puesto que eso
pertenece nada más a un aspecto ritual de pertenencia al pueblo judío; Jesús hace nuevas las cosas,
con lo cual, el antiguo rito ha sido sustituido por el Bautismo, razón por la cual Pablo hizo esa
pregunta a sus coterráneos. Hay una circuncisión del cuerpo, pero no del alma que es la más
importante, ¿de qué le sirve al hombre cumplir las leyes y preceptos si no tiene amor en su corazón
y no ha entrado en un verdadero camino de conversión que es el resultado de haber conocido,
aceptado y amado al Señor con hechos y no con palabras.

Pablo se ha dado cuenta que la observancia de las normas ni las obras de la ley, haber
estudiado con los mejores maestros y letrados, teniendo bienes, etc., con los que se obtiene la
Justificación, nada de eso, basta con tener fe. No son las obras de la fe, como la circuncisión las
que dan por hecho la salvación por eso él dice: ¿Qué ventaja hay en ser judío? Siendo fariseo, que
sabía y practicaba las leyes. Es por eso que comenzaban las diatribas.

Dios es Justo, del griego   «justicia de Dios» un atributo a Dios que se le
atribuye también en el libro de los salmos (89): «Si sus hijos abandonan mi ley, si no viven mis
normas, si profanan mis preceptos y no observan mis mandatos, castigaré su rebelión con vara, sus
culpas a latigazos, pero no retiraré mi amor, no fallaré en mi lealtad» (31-34). Dios en el actuar de
los tiempos, se ha manifestado justo en todo momento, por eso, no tolera que sus hijos se
9

perviertan, convirtiéndose en injustos y pecadores, pues él nunca ha fallado, no se retracta y tiene


en sus manos las decisiones de la tierra y nunca se equivoca, pues siempre ha sido fiel a sus
promesas. San Pablo hace una llamada a todos, acusándolos de pecadores, pues llama al hombre
mentiroso, cuya mentira hace triunfar la verdad de Dios, es decir, se gloría en la mentira del
hombre.
Justicia en la perspectiva bíblica significa: del griego  (dikaios) justo, justicia,
justificar y Justificación. Según esta visión, Dios se muestra justo en cuanto a que él es modelo de
integridad como el juez que conduce al pueblo, que castiga o recompensa según las obras. En esta
justicia de Dios, es alcanzada por el hombre por la fe gracias a la misericordia divina que otorga,
dones concretos de la salvación y que a su vez regala por su generosidad el fruto de la fidelidad.
En cuanto a una virtud cristiana, el Catecismo de la Iglesia Católica define la Justicia como:
«La virtud de la religión». Para con los hombres, la justicia dispone a respetar los derechos
de cada uno y a establecer en las relaciones humanas la armonía que promueve la equidad
respecto a las personas y al bien común. El hombre justo evocado con frecuencia en las
Sagradas Escrituras, se distingue por la rectitud habitual de sus pensamientos y de su
conducta con el prójimo. (Catecismo de la Iglesia Católica #1807).
La Justicia de Dios no puede ni debe reducirse únicamente a un juicio, sino a la voluntad
y misericordia amorosa de Dios que desea que todos se salven y así poder justificarlos; Dios es
Padre, y desea siempre lo mejor para sus hijos, nunca defraudará ni condenará a nadie salvo que
por su infidelidad y renegando de Dios mismo busque su condenación y no se deje abrazar por la
gracia santificante que Dios le ofrece por medio de la justicia que él mismo le hará. Esta justicia
divina se manifestará al momento de la segunda venida (parusía), una esperanza escatológica
donde cada uno que ha sido fiel y que espera en el Señor podrá salvarse porque así lo ha deseado
el Señor Dios justo y fiel.
Se ha dicho anteriormente que Dios es justo y que nunca se olvida de sus promesas y su
fidelidad, pues bien, ¿De qué manera entonces el hombre es justificado? Ser justificados según
León Duffour (1965) dice:
Hallar la actitud que todo ser necesita convenir adoptar; no tanto para demostrar su
inocencia si no, hacer que resplandezca su justicia, entonces, el que es justificado es aquel
que no busca tanto liberarse por ser inocente, sino, aquel que ha sido visto por la
10

misericordia de Dios y que, por iniciativa del mismo, éste ha merecido pues salir libre de
sus culpas. (P. 467).
Esto es cuestionable puesto que se sabe que con Dios no se puede debatir ni tampoco
desmentir ya que él es toda verdad y que nunca le falta la razón, por eso, el que Dios justifica es
considerado justo, aunque sus obras según la ley sean otras, pues Dios cuida el camino de sus
fieles. Justificar es lo que hace sentir al hombre libre de la esclavitud que le oprime por el pecado.
La iniciativa de Justificación de Dios se ha manifestado desde la creación del hombre, pues
Dios tuvo un proyecto en el cual todos los hombres serían justificados por medio de la fe en
Jesucristo, es decir, los que crean en la muerte y resurrección de Jesús, serán justificados por la fe
sin importar las obras de la ley, a esto se le llama Justificación.
Para una mayor comprensión de las Obras de la ley, el P. Jhon Whiteford (2021), afirma
que Pablo explica esto en la carta a los Gálatas 2, 16 dice lo siguiente:
«Sabiendo que el hombre no es justificado por las obras de la ley si no, por la fe en
Jesucristo, nosotros también hemos creído en Cristo Jesús, para ser justificados por la fe en
Cristo y no por las obras de la ley, por cuanto, por las obras de la ley nadie será justificado.»
Se podría decir que no es lo mismo cumplir la Ley que las Obras de la Ley, puesto que las
Obras de la ley son solo los medios para cumplir la ley, por eso Pablo dice, no son las obras,
si no, la fe en Jesucristo mencionado únicamente una vez en la carta a los Romanos.

San Jerónimo, en su comentario a este mismo pasaje de Gálatas 2, 16 anota:

«Debemos decirles a esas personas que quienes se dice que no han obtenido la justicia son
aquellos que creen que pueden ser justificados sólo por las obras. Sin embargo, los Santos
que vivieron hace mucho tiempo fueron justificados por la fe en Cristo ya que Abraham
vio de antemano el día de Cristo.» (Vol. VIII P. 30).

Teodoreto también comentó el texto:

«Pero los mandamientos acerca del sábado y la circuncisión y los leprosos y la


menstruación y el sacrificio eran peculiares de la ley judía ya que la naturaleza no enseñaba
nada sobre estos asuntos estos son los que ahora llaman obras de la ley. La transgresión de
estos es pecado, sin embargo, el mero cumplimiento de ellos no es la manera de mantener
la justicia perfecta. ¿Por qué estos eran símbolo de otras cosas? Sin embargo, eran
11

apropiados para los judíos en su debido tiempo. «(Comentario sobre los Gálatas VIII, P.
31).
En conclusión, las obras de la ley son solo un intento para para ser justificados por las
obras, particularmente las que norman el Antiguo Testamento y que no son aplicables a las normas
del Nuevo Testamento.
Dios será siempre fiel, desde un inicio y como señala san Pablo en los vv.2 y 3, ¿tienen
ventaja los judíos sobre los demás solo por ser el pueblo escogido? ¿Su infidelidad quita de alguna
manera la fidelidad de Dios? claro que no.
Romano Penna (2013) dice lo siguiente:
De modo que ni la posesión de la Ley ni el hecho de la circuncisión le sirven de nada al
judío si no observa la ley como tal…el judío más allá de sus infidelidades, puede contar
siempre con la inmutable fidelidad de Dios, el cual no es mentiroso o desleal como el
hombre (P. 267).
Aquí ya no se trata de una justicia individual, acomodada, sino, de una justicia universal,
puesto que ya no se presenta a un Dios salvador únicamente del pueblo judío, sino, de toda la
humanidad, incluyendo a los paganos, por tanto, ya no cabe decir un “yo” sino un “nosotros”, así
la misericordia y la justicia abarca a todos aquellos que aun siendo infieles confían en el don
inmerecido de la gracia que los judíos despreciaron, por eso, ya no solo es para ellos sino para
todos. De esto que, San Pablo les hace la pregunta: ¿pero acaso puede frustrar su infidelidad la
fidelidad de Dios? por supuesto que no (vv. 3) se sabe que aun con las infidelidades de todos, Dios
permanecerá siempre fiel a su Palabra, no porque sean algunos infieles Dios dejará de serlo.
Carlos Mesters (1993) afirma que:
Pablo no admite que nadie pretenda medir con nuestra lógica rastrera y corta a Dios. Tiene
otro punto que recuerda una idea que aparece muy fuerte en los profetas: nuestro Dios es
muy dueño de sí mismo muy celoso de su honra soberana, no tolera nunca someterse al
juicio de nadie. Él siempre exige nuestra respuesta, pero no se deja cuestionar nunca porque
él es fiel y nunca falló (P. 28).
Con la segunda objeción Pablo recuerda que es un plan Abrahámico, alianza que Dios desde
el inicio de la historia de salvación, nacerá de él un pueblo numeroso y una gran nación, lo que
convierte a este pueblo al primero entre los otros pueblos del mundo, por ser el escogido por Dios.
Promete que son muchos los que se salvarán según la promesa de Dios, recordando que sacó a
12

Abrahán del paganismo y lo convirtió en padre de la fe de muchos pueblos. La intención de YHVH


era que el este pueblo escogido pudiese encontrar en él a un Dios y él a su vez su pueblo (Jer 32,
38-40), pero Israel no siempre fue fiel e incluso incrédulo a las promesas de YHVH y por ese
corazón endurecido no pudo lograr lo que Dios les tenía preparado, y a pesar de esa incredulidad,
infidelidad y duro corazón, YHVH siempre ha permanecido fiel con él, a lo largo de su historia,
jamás ha dejado solo a este pueblo, incluso, les mandó a los profetas para que ellos les anunciaran
con anterioridad los acontecimientos futuros, pero no los quisieron escuchar.
Dios no es un juez que solamente está observando las acciones de los hombres, cuida sus
pasos para que obre siempre el bien, él está para todos, buenos y malos, como un padre que vela
por el bien de sus hijos, educa, enseña e indica los pasos que deben seguir, anuncia su Palabra a
los que le siguen, escucha a los que le invocan y a los malos de corazón aun con sus malas obras
él sabe cómo tratarnos, con ojos de misericordia, no es un juez que dicta sentencias ni vengador
de pecados, sino, un Dios que abraza con amor, acoge con misericordia a los que le buscan con un
corazón sincero, siempre es fiel a sus promesas y no defrauda a los que se acogen a él.
Muchas veces al cristiano se le olvida cuanto amor nos tiene Dios, y vuelve a caer en las
mismas situaciones que Israel, reniega de él, no cumple sus mandamientos, le es infiel, idolatra a
otros dioses como el dinero, la avaricia, etc., prostituyendo así el templo consagrado que es su
mismo cuerpo, sin embargo, Dios siempre le espera con brazos abiertos, y esa llamada es a todos.
El Papa Francisco ha sido enfático en sus predicaciones hechas a laicos, sacerdotes,
obispos, exhortando a que la misericordia y el llamado a la santidad es siempre para todos, no para
unos pocos, puesto que Cristo murió por todos, y dirá Pablo, todos por tanto han sido justificados
por ese sacrificio de Cristo en la cruz y en el milagro de la Resurrección.
Es inevitable pensar que Dios dé la espalda, o que quiera ver destruidos a los hombres a
causa de sus pecados, sino que a pesar del hombre sigue siendo justo, hay leyes que hay que seguir,
sin embargo, a aquellos que no las cumplen Dios les da una segunda oportunidad, para reivindicar
su vida, pues él quiere verlos felices, alabándole y dándole gracias por ser un Dios que no
solamente aplica la justicia, sino, que es un Dios de amor que protege a todos y que seguirá
perdonando todas las infidelidades de los hombres, ya sean judíos o no; ciertamente ser judío les
ha dado ventaja, pero serán juzgados de la misma manera que los demás, al no cumplir las normas
y leyes que han sido dadas por él, también cosecharán lo que han sembrado.
13

Se trata de no ver a un Dios como justiciero o un vengador, sino, un Dios universal que
vela, perdona y juzga con amor, pues ahí demuestra el cumplimiento de sus promesas para con
todos, además que es un Dios que escucha, que permanece siempre fiel y que por años sin termino
ha venido aplicando la Ley del amor, la cual todos están invitados a seguir, Dios justifica a aquellos
que le temen y le aman de sincero corazón, necesita del hombre que se humille y reconozca su
condición, es por eso que aplica la Ley del amor, es decir que justifica por aquel que ha derramado
su sangre completa y entregó su cuerpo para la redención de los pecados del mundo entero.
Karl Kertelge (1979) sobre esto dice:
La infidelidad del judío queda de manifiesto en un pleito con Dios. El resultado de este
proceso no sólo es la demostración de la culpabilidad del judío y de la inocencia de Dios,
de su veracidad, sino la prueba asímismo de la justicia de Dios en el sentido de una acción
salvadora y redentora (P. 64).
San Pablo es un poco controversial en este apartado y existen algunas objeciones judías,
que luego tratará de una vez y para siempre hasta el capítulo nueve de la carta. Haciendo una
hermenéutica del texto, se podría interpretar que Pablo está hablando para él mismo, hay que
recordar que él fue formado como fariseo y lo contrapone con el Pablo cristiano.
No es fácil tampoco que un pueblo como el judío al ser comparado con los gentiles tenga
ciertas objeciones pues ellos se han creído el pueblo escogido, el de la antigua alianza y Pablo,
poniendo a Jesucristo como referencia hace ver que no existe una ventaja en ser judío pues en la
nueva ley todos conformamos una sola fe, y si el pueblo judío expresa infidelidad será juzgado
como los demás. John Stott (2008) dice al respecto:
Tenemos ante nosotros la enseñanza de Pablo que provoca las objeciones a saber que no
había ninguna diferencia fundamental entre judíos y gentiles y que la ley y la circuncisión
no garantizaban ni la inmunidad judía ante el juicio de Dios, ni la identidad judía como
pueblo de Dios. Esto parecía pone en tela de juicio, el pacto las promesas y el carácter de
Dios, promovía cuatro interrogantes diferentes, pero relacionadas entre sí (P. 99).

San Pablo en estos primeros ocho versículos pone de manifiesto una ruptura con los de su
raza, los judíos, enseña con claridad una serie de preguntas, que luego más adelante en el desarrollo
del capítulo trata de responder que no es una ventaja el ser judíos puesto que a pesar de ser el
pueblo escogido por Dios, también han pecado por lo tanto, infieles a Dios puesto que perdieron
el norte imponiéndose más leyes que las que Dios les impuso, dando como resultado una mal sana
14

convivencia, creyendo que por ser judíos tenían ventaja ante la Justificación de sus pecados por
Dios, todo esto, le lleva a San Pablo una serie de mal interpretaciones que luego volverá a ellas
hasta el capítulo noveno. Las preguntas las formula dos veces respondiéndolas una por una.

En primer lugar, San Pablo comienza con las acusaciones que su mismo pueblo ha hecho
en contra suya, llamándolo anti judío, sin embargo, él los interpela diciéndoles que su
comportamiento como tal no los llevaría a Dios de ninguna manera; ser judío no es sinónimo de
salvación, ni la circuncisión garantiza que serán justificados.

Aquí también vendría a interpelar a los cristianos: ¿de qué le sirve a un católico saber de la
Biblia, doctrina y de Tradición sino da testimonio de lo que sabe? Aquí entra el juego del
conocimiento, ¿de qué sirve tenerlo sino se reconoce la Gracia que lo ha salvado? Aunque alguien
se sepa el Evangelio de memoria no le garantiza la salvación. San Pablo no se avergüenza de lo
que es (judío) más aún aclara que es un pecador y que no basta solamente en ser judío, sino, trabajar
por ganarse el reino de los cielos.

En el v.4 en el original en griego  , que es el ¡No! Mas fuerte y directo, Pablo
dice ¡de ninguna manera! Al referirse que Dios es un Dios de verdad irrefutable y que el hombre
es mentiroso, puesto que la fe debe estar puesta en Dios y no en los hombres. En el v.5 Pablo ataca
a aquellos que discuten contra la verdad de Dios, creyendo en un Dios que juzgará injustamente,
oponiéndose así a la voluntad de Dios.

No pretende pues, San Pablo que los judíos se crean más que los demás, sino, que, por
medio de la fe en la redención de Cristo, y no solo por las obras de la ley, puedan alcanzar la
Justificación. ¿De qué sirve seguir la ley al pie de la letra sino se sigue lo mandado por Jesús y no
se tiene la convicción de la redención por él en el sacrificio hecho en cruz? No basta conocer las
leyes de memoria y hacer que otros las cumplan, sino, estar completamente convencidos del
Misterio de Cristo y así como de manera automática cumplir lo que manda la ley.

Algunas veces se ve que en los tiempos del Nuevo testamento era muy importante cumplir
las leyes (sobre todo, las rituales contenidas en la Torah), como aquellas en donde se menciona la
pureza, ofrecimiento de holocaustos y ofrendas, fertilidad, cosechas, el precepto del sábado (día
de reposo), la circuncisión, etc., todo lo que tiene que ver con la observancia, la lapidación, la
condenación de las personas impuras contagiadas con lepra eran sumamente discriminadas, no se
le daba la dignidad a las personas como los ancianos, el lugar de las mujeres, todo esto, era visto
15

con desprecio y era condenado aquel que no contemplara estos aspectos rituales, se consideraba
como pagano, era desterrado y a veces hasta condenado.

El mismo Jesús quien a pesar de todo esto, no vino a abolir la ley ni lo enseñado por los
profetas, sino a darles cumplimiento y plenitud queda claro cuando él recuerda que hay que hacer
lo que piden las autoridades, pero no ser como ellos, una sumisión a las leyes, pero sin dejar atrás
lo más importante, no son las obras de la ley las que salvan sino, la ley del amor que ofrece Jesús
y que San Pablo lo recuerda en este capítulo, que cumpliendo la ley del amor, se cumplen las obras
de la ley, y no por el simple hecho de ser judío, sino, creyente.

No hay ninguna ventaja en ser judío, la justicia de Dios que ha prometido la fidelidad a
aquellos que por la esperanza en Cristo y la redención no debe de confundirse como un contrato
de compra venta, no es que Dios se esté cobrando la Sangre de Cristo, sino, que hay que vivir
confiados en que Dios nos justifica por medio del sacrificio en Cruz y la Resurrección del que vino
a entregarse por amor, enseñando a todos que hay un Dios que solamente quiere el bien de sus
hijos y ese amor lo motivó a entregar a su único Hijo para que todos tengamos vida y en
abundancia, creada por iniciativa suya.

Esta es la ley del amor, la que vale, la que importa, por la que todo cristiano debe luchar a
diario, independientemente, sea laico, sacerdote u Obispo, todos están llamados a gloriarse en la
cruz de Jesús y no vanagloriarse por tener un puesto, una dirección, coordinación, sino, esa gracia
y don inmerecido ofrecido por él debe también ganarse en una carrera, como los atletas, y ese
camino es Cristo, que es Camino, Verdad y Vida, que muestra cómo debe de vivirse la vida, con
amor, sin desprecios, sin ningún tipo de prejuicios, sino, vivir esperanzado en el amor de Dios
confirmando así y con la convicción en Jesús es como todos y cada uno han sido justificados por
Dios en el amor.

1.2 La fidelidad de Dios, infidelidad del hombre

Dios es justo, y ofrece al hombre alcanzar su Justificación por medio de la fe en Jesucristo,


otorgada por el don inmerecido de la gracia, la certeza que se tiene de haber sido salvados, al ser
justificados por Dios en el amor. Sin embargo, Dios quiere algo a cambio, y desde el Antiguo
Testamento se puede ver que Dios es justo también es fiel a sus promesas, a su alianza, al pacto
16

hecho por el primer pueblo escogido por él mismo y así manifestar su gloria por todas las
generaciones. Dios quiere que al ser justificados se pueda ser fieles también como correspondencia
de ese amor indiscutible que nos tiene al ser sus hijos, hay que mencionar que el amor que Dios
nos tiene, la fidelidad que nos da y los dones inmerecidos a manos llenas, son prueba de que su
fidelidad llega a todas las edades.

No obstante, de muchas maneras, en el pasado, Israel fue desobediente, infiel, idólatra y a


veces olvidadizo de las promesas de Dios llegando al punto inclusive de la idolatría. Y como se
pudo apreciar en el apartado anterior, Dios se mantiene fiel aun cuando su pueblo no lo sea, pues
no se agota la fidelidad de Dios aun cuando no es correspondido muchas veces.

¿Qué es pues entonces la fidelidad?, ¿Qué espera Dios de sus fieles a cambio de la
Justificación? Pues bien, hay que decir que fidelidad viene del latín «fidelitas» que significa
lealtad, honestidad, nobleza, confianza, franqueza, fe, etc., y esa es la finalidad, todo aquel que se
siente amado por Dios, por consiguiente, es reconciliado con Dios, lo menos que puede hacer es
ser leal, honesto, sincero con él, noble en el comportamiento con los demás, ser franco, decir
siempre la verdad, y tener bien cimentadas las convicciones de un Dios que es clemente y rico en
misericordia.

En la carta de Santiago 2, 17-19, se encuentra un pasaje que sido estudiado por muchos,
que en primer momento pareciera una antítesis de lo que Pablo enseña, «Así también la fe, si no
tiene obras es muerta en sí misma, pero alguno dirá: tú tienes fe, yo tengo obras. Muéstrame tu fe
sin tus obras y yo te mostraré mi fe por mis obras».

Para poder entender lo que Santiago quiere decir, hay que estudiar el contexto en el que lo
dice, si no, estaría contradiciendo lo que Pablo dice sobre la doctrina de la Justificación. En primer
lugar, Santiago apunta a una fe que no tiene obras, aquí la pregunta: ¿cómo se puede un cristiano
decir que tiene fe si no da testimonio de la misma?, aquí se comprende que la fe de la que habla
Santiago es una fe falsa, la que no viene de Dios, por eso la fe la llama muerta, porque no se
fundamenta en la misma fe de la que habla Pablo. Esta ha sido siempre la controversia entre la
Iglesia protestante y la católica.

Este contexto de la carta de Santiago, contraponiéndolo con el de Pablo a los romanos tiene
puntos similares para entender que no son contradictorios, si no, complementarios: el primero,
ponen de ejemplo a Abrahán que primero creyó para luego ser contado como justo, Abrahán creyó
17

por la fe, pero antes tuvo que actuar por sus obras. Segundo, Santiago habla que el resultado de la
fe deben ser las buenas obras, las que Pablo ya entiende al tener una verdadera fe.

Cabe mencionar que el creyente que ha sido justificado, debe tener una convicción de fe
grande, puesto que no solo se es fiel diciéndolo con palabras, debe acompañarse, además, de un
testimonio que habla solo, Carlos Mesters (1993) dice esta afirmación:

Tener fe en Jesucristo no es algo que quede solamente en la cabeza, no. Es mucho más serio
que aprender de memoria el Catecismo, creer en Jesucristo es ponerlo en el centro de la
vida y seguir fielmente sus pasos de redención. La fe en Jesús debe correr por nuestras
venas, palpitar en el corazón, mover brazos y piernas (P. 30).

La conducta desleal del hombre ciertamente entristece el corazón de Dios que todo lo ha
dado por los hombres. Desde la antigüedad se ha manifestado la infidelidad del hombre, pero, Dios
muestra a los suyos que siempre está con ellos, que no los deja solos, que cumple lo que promete,
que arremete contra aquellos que desean la perdición de su pueblo escogido, sin embargo, esta
alegría del pueblo con su Dios se acaba pronto, pues pareciera que se le olvida al pueblo las cosas
que ha hecho Dios por ellos, sin embargo, Dios se mantiene fiel y aquí lo más importante como
diría Karl Kertelge (1979):

La conducta de los judíos desleal al pacto y contraria a Dios se expone aquí por lo mismo
como un pleito forense. No puede caber duda del sentido que tiene la victoria lograda al
respecto. El triunfo de Dios consiste precisamente en la revelación de la justicia (P. 64).

El hombre se ha convertido en un mentiroso, en injusto con Dios, y esa misma mentira,


injusticia e infidelidad ha hecho que Dios se mantenga siempre fiel a sus promesas, dirá Pablo en
el v. 7 que la verdad de Dios sale ganando para enaltecer aún más su gloria.

Es necesario también que algunos que son infieles participen de la gloria de Dios, el
ejemplo es Israel, con quien hizo un pacto, una promesa de libertad y no creyeron el él, vino al
mundo y no le reconocieron, esa misma infidelidad desleal, ha hecho más grande la gloria de Dios
pues ahora en estos tiempos con un nuevo Pacto, una Nueva Alianza sellada en el sacrificio de
Cristo en la cruz para la redención de los pecados, constituye a un nuevo pueblo llamado Iglesia,
Pueblo Santo, y con ese mismo amor quiere dar la salvación a todos, la antigua alianza pasa a ser
la Nueva Alianza, justificados por amor.
18

Delante de la justicia de Dios no queda otra opción que humillarse y aceptar la condición
de infidelidad, una vez hecho, se muestra la justicia y la fidelidad de Dios; no se desea tampoco la
culpabilidad del pueblo judío, sino la inocencia de Dios, pues aquí quien obra mal es el hombre,
que ha recibido todo de él y que no ha sido fiel.

El padre Benjamín Martínez Sánchez (1960) argumentando sobre estos versículos nos dice
lo siguiente:

Dios es el juez del mundo y, juzgará lo mismo a los judíos que a los gentiles, y si se dice
que la infidelidad de los judíos hace resaltar la justicia de Dios, otro tanto se podría decir
de los gentiles pues al pecar contra le ley natural harían resaltar la autoridad de Dios al
sancionar su pecado, lo cual es un absurdo, Dios castigará siempre el pecado por cuanto
siempre es pecado, y como tal es malo (P. 134)

Se puede afirmar que, Dios es justo, bueno y fiel, pero depende de cada uno según su
conducta, sin importar su procedencia, judío o no judío, alcance la salvación y de ninguna manera
afirma que Dios castigará como un juez que dicta la sentencia, y no, no es así; más bien, es un
Dios de perdón, misericordia, compasivo, lento a la cólera y rico en piedad y leal, sabe esperar que
sus hijos vuelvan, se arrepientan de sus malas obras y mal testimonio. Por esa insistencia de
misericordia, bondad y lealtad es que Dios se gloría más por las infidelidades.

El texto interpela toda la vida del ser cristiano, ya se hablaba que serlo es una realidad
difícil pero no imposible, se entiende que Dios es fiel siempre y nunca ha fallado, basta con ver
también en la historia de salvación del pueblo de Israel que ha sido fiel, justo y cumplidor de
promesas.

El cristiano debe ser testimonio de la fe que ha recibido, debe estar siempre agradecido con
Dios por todas las concesiones que recibe simplemente poque Dios es fiel, justo y compasivo.
Cada uno debe defender y hacer una verdadera apologética de la fe, aquello que ha recibido gratis,
darlo gratis, muchos como Pablo recibirán también las objeciones de su Pueblo, porque si han
recibido el Evangelio transmitido por Jesús y siguen los mandamientos de la fe y el amor seguirán
siendo perseguidos por aquellos que son necios y ejercen el pecado contra el Espíritu Santo, no
dejar que la gracia de Dios y la Palabra entren en su corazón.
19

Pablo afirma que hay que estar preparados ante esta situación que se viene, lo importante
es mantenerse fieles, constantes, perseverantes para que la fe sea auténtica, así como lo pide Dios
y aquí se quiere resaltar una de las virtudes que brotan del corazón de Dios: la misericordia,

¿Por qué Dios no ha querido destruir nuevamente al hombre puesto que es infiel? Simple,
porque nos ama y desea que todos sean salvos, él nos perdona siempre, inagotablemente, un amor
que sobrepasa todo amor, su entrega amorosa que se puede probar por medio del sacrificio Pascual
de Jesús, quien por amor dio su vida para que los demás sean salvos, una muerte en cruz, a quien
Pablo predica con ardor, para la salvación de muchos y por quienes Dios da ese don inmerecido
que es la gracia, la misericordia, el perdón, la oportunidad de volver a vivir, un regenerarse, en fin,
la oportunidad de vivir nuevamente en la gracia que un día se perdió por medio del primer pecado,
el original.

En tal caso, se contrapone una injusticia de parte del hombre al ser injusto por no querer
dejarse amar ni hacer lo que Dios le manda contra su bondad y fidelidad.

Romano Penna (2013) sobre el vv. 3 y 7 de la carta comenta lo siguiente:

La infidelidad del hombre demuestra la fidelidad de Dios en el segundo la mentira del


hombre demuestra la verdad de Dios con lo cual se indica que la fidelidad y la verdad
divinas se afirman precisamente contra la infidelidad y la mentira humanas (P. 276).

La respuesta de Dios no es la ira, ni la venganza, tampoco querer castigar al hombre por la


infidelidad o la mentira, sino, que su respuesta es divina: responde con amor para todos, haciendo
valer su Palabra, manteniéndose fiel a sus promesas y, por lo tanto, fiel al hombre a pesar de sus
infidelidades e idolatrías, por eso, la infidelidad del hombre reafirma la fidelidad de Dios; la
 del hombre reafirma la  de Dios. Pablo había dedicado en el capítulo primero sobre
la ira de Dios, sin embargo, pareciera que aquí él dijera ¿Qué estoy diciendo aquí? Por eso, dice:
“hablo aquí con palabras humanas” sin pretender decir que Dios es injusto 

Ciertamente existe un juicio, pero está reservado para el “juicio final” Dios no condena,
simplemente es justo, misericordioso, clemente y compasivo, misericordioso y esto logrado por
medio del Evangelio que Cristo mismo predicó y que Pablo desea que sea entendido, con una
intención teológica, por los demás, poniendo siempre la Justificación del hombre por el misterio
pascual de Cristo, su Pasión, Muerte y comprendido a la luz de la Resurrección.
20

San Pablo, que ha sido fiel hasta el final, menospreciaba toda sabiduría que no fuera la del
Evangelio de su Señor, defensor acérrimo a la enseñanza de la observancia, siguiendo el ejemplo
que él mismo recibió: El Evangelio de Cristo (Rom 1). Decidido a darlo todo y pasar por cualquier
circunstancia con tal de defender la Buena Noticia, dando la pauta a los cristianos vivir en la
fidelidad con los mismos sentimientos de Jesús. Pablo estaba tan seguro de la vida que llevó, que
cuando le escribe a Timoteo ya cerca del final de su vida, le dice: “Estoy listo para recibir la corona
de la gloria que Dios me ha prometido” (2Tim 4, 6-8).

El carácter efervescente con el cual escribe este capítulo de la carta a los Romanos,
convencido de su fe y portador de la Buena Noticia, habla a esta porción de la Iglesia por su
experiencia como judío, sabe que se debe vivir en la gracia de Dios, no solamente en la observancia
de la ley, en el cumplimiento de las normas y preceptos, sino, estar convencidos que, Dios es fiel,
bondadoso y misericordioso y que aun siendo infieles Dios no es vengativo, sanguinario ni mucho
menos traidor, que no castiga con ira, ni quiere la perdición de los hombres, sino, todo lo contrario,
esforzarse cada día por mantenerse en gracia cumpliendo la ley por medio de la fe en Jesucristo y
su sacrificio en cruz que da la vida, transforma y guía en la vida y asi ser como Dios: justos,
misericordiosos y, sobre todo, reconocerse como hijos de Dios que quiere el bien para todos en
completa libertad.

Es necesario comprender desde un punto más profundo cómo es la fidelidad de Dios, que,
desde el Antiguo Testamento, al inicio hace un pacto con Abrahán en Gn 12 quien a su vez le
corresponde con fidelidad, invitándolo a dejar su tierra e ir al lugar que él le mostrará, Dios le
visita y le promete una descendencia como la arena del mar y las estrellas del cielo, un tierra y
larga vida. Sin embargo, cuando esa promesa se cumple, éste le pide que lo ofrezca en sacrificio
Gn 22, Abrahán confió en Dios, al momento de hacer el sacrificio un ángel lo detiene y le dice que
su fe ha sido probada y que confió hasta el último momento.

Mas adelante a esta descendencia le toca recoger esos frutos. Moisés quien en sus inicios
también Dios le pidió que guiara a su pueblo, diciéndole “Yo estaré contigo” Ex 3, 12, Moisés
quien, aunque al principio incapaz de la misión, la llevó a cabo y poniendo su fe en Dios condujo
a este pueblo por el desierto rumbo a la tierra que le había prometido a los Patriarcas, sacándolo
de la esclavitud a la que estaban sometidos en Egipto. Este pueblo que, además, no siempre fue
21

fiel, Dios nunca dejó de estar con ellos y les ayudó a poder instalarse en la tierra prometida dejando
en claro que él nunca olvida sus promesas y que permanece fiel siempre.

El Santo Padre Papa Francisco sobre la fidelidad de Dios nos dice lo siguiente:

La fidelidad de Dios es una fidelidad paciente: tiene paciencia con su pueblo, lo escucha,
lo guía, le explica lentamente y calienta su corazón, como lo hizo con estos dos discípulos
que se alejaban de Jerusalén: conforta sus corazones para que vuelvan a casa […] La
fidelidad de Dios siempre nos precede y nuestra fidelidad es siempre la respuesta a esa
fidelidad que nos precede. Es el Dios que siempre nos precede. Y la flor del almendro, en
primavera: florece primero. Ser fiel es alabar esta fidelidad, ser fiel a esta fidelidad. Es una
respuesta a esta fidelidad. (Homilía del miércoles 15 de abril de 2020).

Es él quien nunca se cansa de esperar, con amor entrañable, con un amor de Padre que
espera siempre en sus hijos, pero en toda libertad, porque él creó al hombre libre, la salvación, la
Justificación y la gracia llegarán si y solo si él se deja «misericordear», neologismo que el Papa
Francisco insertó en el vocabulario católico para decir: dejarse amar, perdonar, vivir en constancia
y perseverancia. El amor que Dios le tiene a los hombres, va a manifestarse si se arrepienten de
corazón de sus pecados, y, en completa libertad lo busca, para así, concretar su fidelidad e imitar
las enseñanzas del Evangelio que san Pablo quiere transmitir en esta carta.

La fidelidad es la confianza puesta en Dios, es la misma fe y certeza de que hay un amor


más grande que nos une y que él espera de toda una respuesta amorosa. Dicha fidelidad tiene sus
frutos que provienen de la certeza y la madurez del hombre, que lo conduce por la vida, que le da
el valor de enfrentarse a las contrariedades.

La fidelidad es armonía entre Dios y sus hijos, la paz que debe sentir cada uno para vivir y
darse por completo en la misión que el mismo Dios le encomienda, la fidelidad es un tesoro
incalculable, pues quien se deja a la voluntad de Dios confiando en su bondad y misericordia,
puede cumplirse el pasaje de Lucas 2 “Para Dios no hay nada imposible”.

1.3 Nuestra mentira, la verdad de Dios para su gloria

Muchas veces se suele pensar que los términos contrarios no pueden mezclarse, por
ejemplo, luz-oscuridad, bueno-malo, etc. Surgiría a partir de aquí una lista enorme de antónimos
22

y dicotomías. Pablo en el versículo 7 pone de manifiesto lo siguiente: «Nuestra mentira, la verdad


de Dios» ¿Cómo puede justificar Pablo esto? Pues bien, se expone en primer lugar una paradoja
entre los polos humano-divino, contraponiéndose, además, verdad-mentira, según ésta podría
decirse que Divino es igual a verdad y lo humano es igual a mentira., pues bien, partiendo de esto,
la verdad de Dios abundó en mi mentira; Pablo desea darse a entender de manera teológica.

Romano Penna (2013) explica esta teología de Pablo en cuanto a la mentira del hombre y
en cuanto a la verdad de Dios:

Lo que está en juego no es tanto la iniquidad del hombre que aquí se reafirma en forma de
«mentira» . Esta es sobradamente conocida. Se trata por el contrario de aclarar que
en este género de condición humana demasiado humana se afirma otro principio que no es
sólo la condena, sino la fidelidad de Dios asimismo y al hombre. La equivalencia de verdad/
fidelidad es propia de los LXX, donde  traduce en más de dos tercios de sus
apariciones el hebreo «emet» o bien «emunah» en una cuya raíz verbal «amán» quiere
decir: Ser estable, fiel, seguro, de modo que los dos sustantivos resultan sinónimos y
significan solidez, fiabilidad de dónde «felicidad» en referencia a personas «credibilidad»
en cuanto a validez duradera en referencia a palabras o mandamientos (P. 276)

Es aquí donde se puede entender esta teología, Dios se ha valido del mismo pecado, la infidelidad
del hombre, que siempre ha buscado que Dios le demuestre su amor y su lealtad, el hombre por
terquedad, orgullo y soberbia aleja a Dios y se corrompe, por eso «mentira» viene a ser solamente
la prefiguración de la infidelidad y vida de pecado que desde generaciones se viene practicando.

Ahora bien, Dios en su misericordia representando en la «verdad» la fidelidad, amor,


entrega, donación, justicia etc., tiene para todos los hombres de manera inagotable e insondable la
gracia inmerecida de la que nos habla Pablo. El salmo 130 conocido como «de profundis» también
incita a creer en un Dios que no quiere venganza, sino, la salvación al decir «Si llevaras cuenta de
los pecados señor, ¿quién se salvará? Pablo quiere dar a entender que a pesar que somos infieles
siempre tendrá a Dios de su parte y que nunca se cansará de ofrecerle su amor y la oportunidad de
salvarse y encontrarse con aquel que todo le ha dado y asi glorificar el nombre de Dios.

Aquí no solamente lo divino le gana a lo humano, sino, que de una manera impresionante
(debe ser de Dios) ese mal del hombre sirve para que Dios sea glorificado en verdad, justicia, amor
y fidelidad. Pero hay que recordar que solo en las cosas buenas podemos hacer que la glorificación
23

de Dios surja efecto, no en las malas, porque entonces se estaría justificando un mal
comportamiento para aquellos que son malos y que su intención no es darle la gloria a Dios, sino,
que, con las malas obras, no son testimonio de la luz.

Existe una objeción que vale la pena reflexionar: si nosotros (dirán algunos) con nuestra
maldad y pecado le estamos dando gloria a Dios, ¿por qué se nos sigue llamando pecadores? ¿acaso
no le estaríamos haciendo un favor a él? Con mi maldad la verdad de Dios se aclara y resplandece;
entonces, es razonable pensar que si ya se entiende que nuestra «mentira» es la «verdad» de Dios
deberíamos de recibir una recompensa de su parte y no seguir siendo llamados pecadores,
ciertamente.

Jhon Stott (2008) haciéndose estas mismas interrogantes y argumentando lo que San Pablo
decía que «cuando seamos peores cuanto mejor más será sobresaliente será la misericordia» dice:

Esta vez Pablo no contesta las preguntas que supuestamente plantea su enseñanza. Porque
no merecen una refutación seria; su perversidad es, francamente evidente, basta con decir
en cuanto a estos que objetan, ¡qué bien merecida se tienen la condenación! porque no hay
resultados buenos que puedan justificar la estimulación del mal el mal jamás promueve la
gloria de Dios (P. 102).

Pablo, al escribir este capítulo, y sobre todo estos versículos 7 y 8, hace notar su empeño
en defender el criterio y el carácter de Dios hacia los demás, reafirmando asi que existe un pacto
permanente entre Dios y los hombres, la fidelidad a las promesas, la justicia de Dios y
evidentemente la glorificación de Dios que se promueve únicamente con las buenas obras y no con
las malas. En esto se puede notar entonces cual maldad sí glorifica a Dios, y es aquella que se hace
aun reconociendo al Señor como su señor y salvador.

Dios, glorifica su nombre, porque entonces le ha quedado claro que aun siendo pecadores
y haciendo el debido proceso de conversión, Dios da la libertad al hombre de ser testigo y
testimonio de la verdad y la justicia manifestadas en el amor inefable de Dios por medio de
Jesucristo, es ahí donde Dios es glorificado. En cambio, aquellos que obran el mal y no quieren
hacer uso de la libertad del hombre y la oportunidad de que Dios los ame y les perdone, decidan
poner en riesgo su salvación, se dedican a hacer el mal y no el bien, y es por eso, que, estas obras
malas no glorifican a Dios en lo absoluto.
24

Según Stott (2008), se debe actuar de la misma manera que Pablo, defendiendo a Dios
contra aquellos que pretenden condenar todo y que se quieren justificar en sus malas obras, si no,
diciendo que aquellos que, aunque obren mal se arrepienten y creen en Jesús que murió y resucitó
pueden justificarse y ese modelo de conversión sirva para poder glorificarle y asi poder decir que
por mi mentira Dios se glorifica, abre las puertas de la verdad.

También aconseja que hay que estar preparados, en todos los tiempos, la Sagrada Escritura
siempre está atenta a la crítica y a las interrogantes del Pueblo de Dios, llama a fortalecer la
formación y que se pueda dedicar cada vez más a las cosas que importan, los cristianos y los no
cristianos tienen siempre interrogantes y es necesario estar preparados y este pasaje de Pablo ofrece
una enseñanza rica con un precedente apostólico.

Dicho de otro modo, según Karl Kertelge (1979) dice que:

En todo este contexto Pablo trata de la perdición del hombre en el pecado. Aquel, en
cambio, que ha sido liberado del pecado puede practicar la nueva obediencia de cara a Dios
(El nuevo testamento y su mensaje, Carta a los romanos P. 66).

Durante todo este apartado que en los versículos 1, 3, 5 y 7 se encuentran las objeciones
que tienen los judíos acerca de esta problemática, en especial este versículo 7 que habla sobre la
condición humana de la mentira contra la verdad de Dios que ya se ha venido fundamentando,
viene a ser nada más y nada menos que una manera de contraponer lo humano con lo divino y que
a la luz de muchos que no conocen la fe, se puede decir que no es posible sacar una verdad dentro
de la mentira y mucho menos que esa mentira reproduzca gloria para Dios que en primer lugar se
sabe que él no necesita de nuestra alabanza.

Sin embargo, según Ulrich Wikens (1989) quiere dar una perspectiva sobre esto y que
parece coherente a manera de explicación a estas interrogantes:

Bajo la premisa del juicio según las obras. También para Pablo teólogo cristiano. Pero con
mentalidad judía tiene que suponer un contrasentido profundo hablar todavía de la justicia
de Dios como de su poder Salvador. Y si permaneciera esta situación entre Dios y hombre.
De hecho, seria desoladora para ambos. La justicia de ambos se tocaría en un solo polo
opuesto de. En lugar de la correspondencia entre la fidelidad de Dios y del hombre a la
alianza, Justicia y salvación tendría lugar una correspondencia entre justicia de Dios, vacía
25

de todo tipo de realidad salvífica. Retirada a sí misma y una actuación humana que se
oriente al mal que en cuanto tal sería bueno, sólo para Dios (La Carta a los Romanos, Rom
1-5 vol. I P. 211).

Todo esto, resultado de las objeciones que los judíos hacen a Pablo acerca del cómo es
posible que la maldad o infidelidad del hombre pueda gloriar el nombre de Dios, pero, hay que
recordar lo siguiente: aquí se trata de entender qué se está hablando de la fidelidad de Dios con la
infidelidad, la justicia de Dios contra la injusticia del hombre, de la cual Dios se vale de ella con
el testimonio de los cristianos que han sido malos pero que han retomado el camino de la verdad,
se convierten en testimonio veraz de Dios.

Es ahí cuando la gloria de Dios se enaltece por el testimonio de coherencia de los que
practican la verdad aun siendo pecadores, la gracia de Dios se derrama en aquellos que siendo
malos han reivindicado su camino, han buscado de Dios, le han constituido como su Señor y
Mesías y por lo tanto, al final, el beneficio más grande que hay es el amor manifestado en la gracia
de parte de Dios ofrecido a aquellos que lo buscan de sincero corazón, no de manera mediocre
sino, con resultados palpables y testimonios fehacientes.

Ya para finalizar, en el versículo 8 de este capítulo, Pablo desea poner fin a esta diatriba
como dirá Romano Penna (2008):

El versículo 8 representa el punto culminante de esta breve sección tipo diatriba, aunque
sea “insólitamente poco elegante y enmarañado”. La versión que de él le hemos dado toma
decisiones acerca de la cuestión de la construcción sintáctica y también sobre la de la
puntuación como tal. En este momento Pablo Mezcla la cuestión objetiva de poder pecar
impunemente ya enunciada aquí y retomada con. Personal ante una calumnia de la cual él
mismo ha sido víctima. El gozne de la frase es el eslogan que algunos le atribuyen según
el cual el apóstol defendería el principio de que debemos hacer el mal para que de ahí venga
el bien. (P. 279).

Ciertamente, pareciera que la injusticia, el pecado, la insensatez, el orgullo, la blasfemia y


todo aquello que nos hace renegar de Dios inclusive, son cuestiones que el mismo San Pablo pasó
por experiencia propia cuando perseguía a la Iglesia debido a su incesante búsqueda de dar muerte
a aquellos que no practicaran la fe judía como lo manda la Torah. Siendo él un fariseo, naturalmente
esperaba juzgar a todos y dar muerte al que hiciera todo lo contrario. Esta misma posición contraria
26

al cristianismo, es la misma conducta, que Pablo (llamado Saulo) quiso justificar. Todo esto
contrario al Pablo que conocemos, quien antes veía esto como correcto, busca que los demás se
den cuenta que lo que están haciendo no tiene razón; según los fariseos es dar gloria a Dios, pero
no se puede en las acciones negativas, puesto que son las positivas, las buenas, y las que dan gloria.

Es por eso que ser cristiano no es un eslogan, una campaña publicitaria, una ley que cumplir
o normas a seguir. Ser cristiano implica mucho más que eso e identificar las cosas que realmente
son importantes y San Pablo se creía el Evangelio, hizo que el mensaje de Jesús se metiera en sus
venas y luchara hasta con sus coterráneos en las partes más profundas y delicadas; no es una simple
norma, sino, que por medio de la fe en aquel que vino al mundo a dar vida en abundancia, quien
derramó su sangre para redimir al mundo y que resucitó al tercer día, pudieran los hombres
participar de esa gracia que Dios ofrece a todos; solo así, después de haber recibido la redención
y el perdón de los pecados es como se va a iniciar una transformación de vida, mismo que exige
el seguimiento como discípulo, la llamada a la conversión y a la santidad.

No se puede ser cristiano y seguir en la contaminación del cuerpo y el alma; San Pablo lo
sabía y es por eso que, defiende la fe en Jesús asi como cuando era fariseo. Amar con un solo
corazón y con una sola alma como narra Dt 6, 4.

San Pablo, viéndose difamado tiene una respuesta para ello, Romano Penna (2013)
argumenta sobre esto:

En todo caso, el Apóstol considera que esa máxima es difamatoria, bien con respecto a él,
bien, indirectamente, con respecto a Dios. Por esta razón, termina con una sentencia de
reprobación y de condena inapelable de tal doctrina y de quienes la sostienen (P. 280).

Hay que entender que Pablo es una persona que sabe que ir en contra corriente de su pueblo
nativo es contraproducente, que esto le acarrearía muchos problemas y objeciones, y en esta
primera parte del estudio del capítulo tres, se ha visto que no siempre se puede quedar bien aun
queriendo hacer el bien. Muchos de los judíos que habían conocido a Pablo como fariseo, no
podían entender como cambió radicalmente al punto de ponerse hasta en contra de aquellos que le
habían recibido en le fe judía y ser sentenciado a la muerte por pregonar dicha fe. Se seguirá este
estudio pensando en que no es fácil ser cristiano, y en aquellos tiempos mucho menos, ser
perseguido, calumniado y hasta asesinado implicaba tener un coraje tan fuerte como el de Pablo.
27

Una fe que enmarca el camino trazado por el Resucitado no es fácil, hay que ver todo a la
luz de la fe, y muchos que no lo están, no pueden darse cuenta que todo se hace por la fe en aquel
que nos ha precedido en el amor y la entrega mutua por los hermanos. No cabe duda que san Pablo
deja una gran enseñanza: Vale la pena seguir a Cristo, entregarse, desgastarse y hasta morir por el
Evangelio proclamado, incansablemente, y exhortando a todos, aunque no sea bien recibido, llevar
la Palabra de Dios hasta el final.

Además, la fe no se obtiene automáticamente, tampoco por arte de magia, sino, creyendo,


transformando, evangelizando y decir las palabras correctas en el momento correcto, aunque esto
conlleve problemas, persecución y muerte, pues la salvación ha llegado y esta se llama Jesús de
Nazareth donde cada día es un reto, una oportunidad de ganarse la salvación, la gracia que Dios
ofrece por medio de su Pasión y Muerte en cruz.
28

CAPÍTULO II
POR TANTO, TODOS PECARON (Rom 3, 9-20)

2.1 Pecado como privación de Dios


¿Qué es el pecado? Dios tiene un plan de amor con todos y quiere que se viva en amor,
armonía, el respeto y participar de un reino que no tiene final. Sin embargo, hay otro plan que
quiere el maligno, que es el alejarse del amor y los valores para que no se tenga la vida en Dios
sino en la desolación, la tristeza y el desencanto por la vida y el plan hecho por Dios para cada
uno. Todos pueden ser tentados pero el pecado no tiene la última palabra.
El pecado es todo lo que destruye el plan de Dios y se descuida la salud espiritual con él,
los hermanos y consigo mismo. Cuando se tiene bien formada la consciencia, se puede reconocer
lo que es pecado; un discernimiento entre lo que es bueno y lo que es malo ante los ojos de Dios.
El pecado es toda transgresión de los diez mandamientos y lo que se desprende de ellos,
sin embargo, Jesús no solo llama a seguir los mandamientos, además, da la opción practicar las
obras de misericordia, es decir, las cosas buenas que se puede hacer por los demás, aquí surge
entonces los pecados de omisión, en otras palabras, Jesús enseña que no hacer cosas buenas,
omitidas deliberadamente, son pecado. Hay pecados sociales como la contaminación, la injustica
social, la discriminación, etc. En conclusión, todo aquello que destruye a Dios, a la sociedad y al
hombre mismo son pecado.
¿Qué poder tiene el pecado para arrastrar hacia la tristeza y la desolación? ¿Qué hace que
sea tan sencillo pecar? El hombre es tan vulnerable ante esta realidad pecaminosa que desde el
principio de los tiempos ha venido rompiendo relaciones con Dios, perdiendo asi la comunión, con
sus semejantes y con él mismo.
En primer lugar, se ofrece como una tentación, puesto que el maligno conoce de donde
flaquea cada quien, hasta el punto que no se tiene capacidad de resistencia, así se repite cada vez
con más frecuencia, y aquí viene el problema que es aún más grave, que, ante esa constante
repetición, el cristiano pierda la consciencia y ya no se le haga difícil pecar, puesto que puede
llegar a relajarse y asi no sentir culpa alguna ante la realidad pecaminosa y esto lo lleve a perderse,
incluso a morir. En el estado natural se sabe que al pecar separamos nuestra condición de hijos, se
ha perdido de vista a Dios, como cuando Dios buscó al hombre cuando se escondió por sentirse
desnudo, es decir pecador, con miedo.
29

El pecado despierta una sensación de pudor y de vergüenza, Adán al sentirse desnudo


delante de Dios, antes no se sentía asi, no le tenía miedo a Dios, pero se dio cuenta que al hacer lo
que no estaba permitido, le embargó la tristeza, el dolor y el miedo (Gn 3). La enemistad con Dios
conduce a la vergüenza, pues ese es el objetivo del maligno, la primera vez le seduce, la segunda
vez, quiere que se esconda, que oculte el pecado, por eso nace el sentimiento de la vergüenza y la
tristeza en el hombre, se siente mal porque ahora tiene la consciencia de que lo que hizo no estaba
bien. A medida en que el cristiano va pecando y pecando, se pierden los valores, lo esencial de su
vida y se convierte en esclavo del maligno, deja de ser feliz, y eso lo llevará a desesperarse hasta
que acabe con él mismo.
Es fácil condenarse para alguien que no tiene consciencia de pecado, pues piensa que Dios
es misericordia infinita y que no importa cuánto peque pues Dios le perdonará, y utilizaría el
sacramento de la Reconciliación como un lavadero de pecados y que cada vez que quiera puede ir
a lavar su pecado y volver a hacerlo.
Debe entenderse que cuando se peca hay un rompimiento con la gracia santificadora con
Dios, por ende, un distanciamiento de las cosas del cielo, por eso, el cristiano debe preocuparse
siempre por estar en gracia, no perder la consciencia de pecado, porque si bien es cierto, la
fragilidad o debilidad ante esto es una lucha diaria y continua, y a pesar de ello, San Pablo enseña
que todos son pecadores pero que no se puede vivir pensando de una manera trágica y definitiva,
sino, el hombre tiene la oportunidad de tomar la iniciativa de Dios y asi, recomenzar una nueva
vida, partiendo del hecho que Dios le ama y que siempre quiere su salvación y no su condenación,
Dios como Padre amoroso, quiere que sus hijos se salven.
El hombre cristiano tiene la capacidad moral de reaccionar ante esta situación, pues al ver
que son grandes cadenas que le constriñen, al menos para salir y buscar la ayuda, ahí entonces
surge la capacidad moral de reconocer su situación.
Una de las cosas que hay que tener presente es que todos los creyentes son pecadores,
consciencia que, desde un principio, el hombre ha venido arrastrando desde la creación, en el
primer capítulo del génesis nos encontramos con la aparición del pecado, Adán y Eva quienes por
su desobediencia comieron del fruto prohibido, perdieron la gracia otorgada, privándose asi de las
bondades de su creador con y por amor.
30

John Stott (2008) define el pecado de la siguiente manera:


El pecado es la rebelión del yo contra Dios. Del destronamiento de Dios con el propósito
de dentro de entronizarnos a nosotros mismos. Finalmente, el pecado es la propia
deificación, la irresponsable decisión de ocupar el trono que sólo le pertenece a Dios (P.
107).
El Catecismo de la Iglesia Católica (CEC) define en su numeral uno sobre cómo Dios ha tenido la
iniciativa de salvar al hombre y que ha querido que éste se salve:
Dios infinitamente perfecto y bienaventurado en sí mismo en un designio de pura bondad
ha creado libremente al hombre para que tenga parte en su vida bienaventurada. Por eso en
todo tiempo y en todo lugar está cerca del hombre. Ama y ayuda a buscarlo a conocerle y
a amarle con toda su fuerza. Convoca todos los hombres que el pecado dispersó a la unidad
de su familia la iglesia. Lo hace mediante su hijo que envió como redentor y Salvador al
llegar la plenitud de los tiempos. Y por él llama a los hombres a hacer en el Espíritu Santo
sus hijos de adopción y, por tanto, los herederos de su vida bienaventurada (Catecismo de
la Iglesia Católica #1).
Uno de los propósitos de cada cristiano es el conocimiento de Dios, llegar a amarle,
obedecerle y saber que en la plenitud de los tiempos, aun sabiendo que el mundo estaba en el
pecado y en el desorden, mandó a su Hijo Jesús para que se cumpliera la promesa de liberación
del pecado y que se llevará a cabo por medio de ese fabuloso intercambio del que nos habla Santo
Tomás; una obra de amor que se llama Jesucristo y que por medio de su entrega amorosa, nos ha
dado la vida y una vida en abundancia, no por méritos propios o acciones si no, porque esa ha sido
la voluntad de Dios, su amor infinito a sus hijos que estaban dispersos, pero que sabía que existían
hombres que aun eran fieles, fervorosos que esperan que esos tiempos anunciados por los profetas
llegarán y que todas las naciones conocerán que Jesús borró todo pecado y que ya nadie es parte
del mundo, si no, coherederos del Reino ganado por la victoria de él en la cruz, venciendo la muerte
y el pecado, la mundanidad ya no perpetuará en aquellos que abren su corazón a la bondad y la
misericordia de Dios, sin embargo, algunos se niegan a este propósito divino de salvación.
El concepto de libertad completamente enajenado al proyecto de Dios, hace que algunos
tomen caminos equivocados y que eso definitivamente hace una ruptura de la voluntad de Dios
para con sus hijos, es decir, el pecado, lo que mancha, ensordece, abruma y niebla toda acción
salvadora, porque el pecador nubla su vista ante la luz irradiante de su salvador.
31

El pecador es aquel que se aleja no solamente de Dios sino de todo lo que le ha dado, nunca
está conforme porque el pecado no lo deja dormir, como dice el salmo, “Dia y noche medita el
crimen” pasa pensando y obrando el mal, por tanto, negando a Dios y renegando de su voluntad;
pecado que tuvo consecuencias para todas las generaciones, y que han vivido una privación de
Dios, sin embargo, Dios no lo ha dejado solo a pesar de ser injusto, infiel, obstinado y en
consecuencia seducido por la maldad de algunos.
Los cristianos están llamados a buscar de Dios, teniendo tantos testimonios que impulsan
a tener y vivir una vida santa en Dios. El CEC también haciendo referencia a la Carta a los hebreos
en el N. 165 nos recuerda este pasaje:
También nosotros teniendo entorno nuestro tan gran nube de testigos sacudamos todo lastre
y el pecado que nos asedia y corramos con fortaleza la prueba que se nos propone fijos los
ojos en Jesús el que inicia y consuma la fe (Catecismo de la Iglesia Católica #165).
Aquellos que han abrazado la fe están llamados a la santidad y a dar testimonio de lo que
han aprendido, es decir, la experiencia del acontecimiento Cristo y su Misterio Pascual pasa a ser
hombre nuevo, camina por un proceso de transformación; nadie que ha tenido la experiencia con
el Resucitado puede decir sea la misma persona, siempre hay una metanoia, es decir, una
transformación de vida, una luz que le indica que debe dar testimonio no sólo a aquellos que han
hecho el bien si no, a todas las personas, que aún no han conocido al Señor.
Jesús lo dijo en el Evangelio de Juan: “He venido para que tengan vida y la tengan en
abundancia” Jn 10, 10. En cambio, aquel que después de conocer a Jesús y recibido el Evangelio
y no coincide su estilo de vida con el de Jesús, ese se convierte en un hipócrita que se engaña a sí
mismo y, por tanto, demuestra que no ha dejado que Jesús tome las riendas de su vida y que la
transforme. San Pablo pide coherencia, que se pueda hacer lo que se predica y predicar de lo que
se hace, poniendo siempre delante a Jesús que por su entrega amorosa da a todos la gracia
santificadora del Padre.
San Pablo, quien hace esta referencia y es importante resaltar que, vuelve a hacer una
interrogante: ¿Entonces qué? ¿llevamos ventaja? Pregunta que hacía por el simple hecho de ser
judío, porque hay que decir que, este pueblo por dicha condición se sienten justificados por ser el
pueblo elegido, y se sabe que no solo por el cumplimiento de la ley se llega a dicha Justificación
y es de lo que se trata principalmente esta tesina, justificar que Dios siempre perdona y que ama
por el hecho de creer en aquél que nos ha salvado por su muerte y resurrección gloriosa, esa fe en
32

Jesucristo es la que nos justifica y no el cumplimiento solo de las obras de la Ley, por eso, Pablo
nos dice: ¡No del todo!
¿Qué es lo que le falta a este pueblo para salvarse? Le falta creer en el Mesías, salvador
que por medio de la entrega amorosa que hizo, han quedado justificados los pecados del mundo.
Pablo había aclarado esta situación desde el capítulo dos de esta Epístola (2, 12-29) quien decía
que por el mismo orgullo y arrogancia del pueblo judío ellos mismos creyéndose superiores a los
gentiles, demostrando (Pablo) que ni la Ley ni la circuncisión sirven de nada si no existe la fe. Sin
embargo, al decir ¡ciertamente no! crea un impase entre lo que se había dicho anteriormente con
lo de ahora, ante esto, también Romano Penna (2013) argumenta:
En un primer momento se había polemizado contra la pretensión del judío de ser superior
al gentil. (Demostrando que ni la ley ni la circuncisión sirven para nada ante el juicio
imparcial de Dios si no se observan en concreto los preceptos de la ley como tal: Cosa que,
sin embargo, en la privación también hace el gentil). En un segundo momento, Se ha
suavizado el tono y ha reconocido que existe una ventaja del judío bien porque a él le han
sido confiadas las palabras de Dios bien porque sus infidelidades no debilitan la solidez de
la fidelidad de Dios a las promesas de la alianza. (P.285).
También hay que reconocer esto como un impase y que la respuesta en el v. 9b es ambigua
al decir: ¡No del todo! Esta ambigüedad se resuelve afirmando lo siguiente: Es verdad que el judío
tiene cierta ventaja ante los demás, pero ante el acontecimiento Jesús, si hay desventaja porque
ellos no le creyeron al Mesías que tanto esperaban. Es por eso que se resume un final,
argumentando que los judíos son pecadores también.
Entonces, los gentiles también estaban en esta condición de pecado, y cabe mencionar que
la palabra pecado apareció en Roma como  “hamartía”; los gentiles al igual que los
judíos pecaron, por lo tanto, (Pablo dice: los que pecaron en la ley como los que pecaron sin la
ley) es aquí donde los judíos no pueden sacar ventaja porque también el gentil la cumple. Esto lo
decía anteriormente en el capítulo 2, [Link].
Después de que Pablo ha manifestado una evidente injusticia por parte del mundo antiguo
de los gentiles, la hipocresía de los moralistas y la confiada Justificación por parte de los judíos
quienes se jactan de ser los escogidos, y que, a su vez, quebrantan la ley, de esta manera pues se
condena a todos por igual.
33

Según John Stoot (2008), habría que ver de qué tipo de ventaja está hablando Pablo acerca
de la primera pregunta hecha en el v.9 ¿Acaso los judíos somos mejores? Y se autocontesta: ¡de
ninguna manera!:
Si quiere decir tanto privilegio como responsabilidad, entonces los judíos tienen mucho de
ambas cosas porque Dios les ha confiado su revelación. En cambio, si quiere decir
favoritismo, entonces los judíos no lo tienen, porque no está dispuesto a exceptuarlo del
juicio. Dice esto porque en otro pasaje ya se ha demostrado que tanto judíos como gentiles
están bajo la influencia del pecado (P. 108).
Bajo este contexto, se puede ver que el pecado corrompe, hunde, supera y que por lo tanto
hace destruir todo enlace con Dios, quien en su infinito amor quiere lo mejor para sus hijos y que
a cambio solo pide fidelidad, amor y compromiso por parte de sus fieles, pero a veces, ellos
mismos, dejándose seducir por las insidias del maligno, rompen relaciones con Dios y se comienza
una vida de oscuridad, desaliento, desánimo y un camino hacia la muerte, porque la consecuencia
del pecado es la muerte.
Es interesante ver como los hombres se desgastan por las cosas de la tierra, simplemente
buscando la subsistencia misma y la de los suyos, sin embargo, se puede reflexionar que muchas
de esas cosas son efímeras, el vestido, el dinero, los puestos, incluso, el mismo hombre se desgasta
con los años y llega a la vejez, y a veces solo, sin familia, dejando atrás tantos años de sacrificio y
en cambio, al final de su vida se da cuenta que pudo haber disfrutado de la única vida que tiene,
pero pensando siempre en la mundanidad y en las cosas perecederas, pasaron los años y nunca
supo aprovechar aquellas que eran las más importantes, desgastándose por unas que no valen la
pena.
Si al final de la vida se pedirá cuentas de las cosas hechas en la tierra y que finalmente
todos y volveremos a él, entonces: ¿Por qué no preocuparse por las cosas de arriba? Es importante
destacar que Dios a pesar de eso siempre tiene los brazos abiertos para todos, nunca desprecia a
aquel que se acerca con un sincero corazón y le ofrece siempre del banquete de su Reino, por eso
y como lección de vida, todos deben de darse cuenta que no importa la condición de pecado que
se tenga, sin no, la capacidad de poder acercarse a Dios dándose la oportunidad de comenzar de
nuevo, levantando la cabeza y dejarse amar por el que le ha creado y salvado, e invitado a comenzar
aun en los momentos en que se crean más difíciles.
34

El Papa Francisco hacía una pregunta a los jóvenes en la Jornada Mundial de la Juventud
en Panamá (2019): ¿Ustedes creen que el hombre que aparentemente fracasado no puede mejorar
su vida? Los jóvenes responden: ¡Claro que sí! Y el Papa dice: ciertamente, porque no importa por
qué o cómo te caíste, si no, como te levantas.
Importante lección deja el Santo Padre demostrando que nunca es tarde para acercarse a
Dios, aun en el final de la vida, pues cada minuto es importante y San Pablo siempre da el ejemplo
a saber, que Dios los ha amado primero y que, por lo tanto, asi como el Padre del hijo pródigo,
siempre está con los brazos abiertos esperando a que sus hijos que se han visto dispersados puedan
volver a él dejando atrás el pecado que en su momento les alejó y los dejó casi moribundos; sin
embargo, él pone su casa de fiesta, el anillo en el dedo y el mejor vestido y pidiendo perdón de
manera sincera pueda ofrecer su vida y reivindicar todos aquellos errores que le hicieron ofender
al Padre, pero que él, al verlo arrepentido, le perdona, acoge y vuelve a recibir como su hijo que
es; ése es Dios, aquel que Jesús reveló y que quiere la conversión de todos y que se levanten, sin
importar las circunstancias.

2.2 La universalidad del pecado


Pablo concluye con la afirmación: “Todos por tanto pecaron” llegando asi a la Tesis de la
“Universalidad del Pecado”. Ulrich Wilkens (1989), aporta lo siguiente sobre la universalidad del
pecado:
Por otra parte, la comprensión del pecado como poder se desprende de la tesis
específicamente Paulina de la universalidad del pecado. Si todos los hombres han pecado,
el cosmos en su totalidad está dominado por el pecado como fenómeno colectivo que deja
su impronta en todas las acciones del pecado concreto, pero alcanza a toda actuación
individual y se convierte en una magnitud de dimensiones cósmicas. (P. 216).
Fray Nelson, sacerdote dominico y predicador católico, argumenta que al hablar de la
Universalidad del pecado no se puede hablar por separado de la Universalidad de la salvación
puesto que al aislarse una de la otra, se crea una falsa angustia por el pecado y una consideración
pesimista del mundo y de la vida, puesto que no hay que vivir pensando en la condición de
pecadores solamente, sino que hay que luchar constantemente para no caer de nuevo en él y asi
lograr la Justificación por él mismo, único mediador entre Dios y los hombres.
35

La existencia del pecado es porque el hombre asi lo ha querido, y la voluntad de Dios es la


salvación de todos los hombres, judíos y gentiles, pero esto va a depender de la libertad y el
discernimiento de creer en Jesucristo y su entrega amorosa sin medida por cada uno. Es por eso,
que el mismo pecado ha servido para que Dios se manifieste en la vida del creyente y del no
creyente.
Al hablar de la universalidad del pecado, se está involucrando a todos los hombres,
manifestando asi su infidelidad hacia Dios, que ha querido por muchos medios y circunstancias
que el hombre salga de esta situación de pecado y vuelva hacia Jesucristo, que, además, desea que
todos tengan un encuentro con él, reconociendo su justicia, fidelidad, amor, entrega, sacrificio en
cruz y su santa resurrección.
Dios permite que existan problemas, vicisitudes, malos proyectos y personas para que todos
aquellos que desean volverse a Dios lo hagan de una manera sincera, honesta, y asi, poder alcanzar
también la Universalidad de la Salvación que es otorgada por Jesucristo y su misterio pascual.
El pecado es una ofensa, un golpe bajo a la gracia de Dios, significa alejarse del amor
misericordioso ofrecido por Dios; quien lo ofende con el pecado rompe relaciones con él,
naturalmente, asi como cuando se ofende a otro, éste se molesta y la relación ya no es la misma,
por eso, al pecar, se rompe el vínculo filial, la fraternidad, comunión y la comunicación,
traicionando su corazón de Padre amoroso porque él es fiel y nunca se olvida del sacrificio de su
Hijo en la cruz y por medio de esa acción se han justificado todos los pecadores.
Cuando se peca, Dios se acuerda del pacto hecho con la Sangre de Cristo y es ahí donde es
otorgada la gracia, pues los pecados han sido perdonados de una vez y para siempre, pero cada
pecador sabe que debe doblar rodillas y pedir perdón, asi, entonces serán justificadas las almas que
aun sabiendo que todos hemos pecado, asi también por medio del perdón serán justificados por
Cristo en el amor y la conversión.
Todos absolutamente son pecadores desde los primeros padres, por eso, esta herencia
otorgada del pecado por el primer hombre y la primera mujer. El pecado aparece luego de la
creación, dando así al origen de la ruptura de la comunión, por eso, Dios ha querido reconciliar al
mundo para que, por medio del pecado capital, de donde nacen todos los demás, se pueda volver
a él y como reza el cántico de Tobías: “Si volvéis a él de todo corazón y con toda el alma, siendo
sinceros con él, él volverá a vosotros y no os ocultará su rostro” (Tb 13, 6).
36

Aquél que aun pecando retorna a Dios arrepentido de corazón, sinceramente, y Dios le ve
con misericordia, no estará enojado más con él, sino, le recogerá en sus brazos como Padre
amoroso que es y no negará nunca su favor, asi también lo recuerda el Salmo 50 “Un corazón
quebrantado y humillado tú no lo desprecias”.
Esta universalidad del pecado según John Stott (2008):
Pablo luego apoya con las escrituras el hecho de la esclavitud universal al pecado y a la
culpa. Ofrece una serie de siete citas del Antiguo Testamento, la primera probablemente de
Eclesiastés luego cinco de salmos y una de Isaías (P. 106).
Todas dan testimonio de la injusticia humana de dos maneras: la primera; «No hay nadie
tan honrado en la tierra que haga el bien sin nunca pecar» (Eclesiastés 7, 20) aquí se podría decir
que no hay nadie que haga algo sin estar esperando algo a cambio o que ha hecho las cosas con
algún tipo de interés, no habría recompensa en cosas que se hacen teniendo como objetivo el
egoísmo y las ganas de sobresalir incluso renegar.
Un ejemplo de ello sería el justo Job quien todo lo tubo y a quien Dios permitió que fuera
castigado severamente para probar la fe que tenía y demostrar que a era justo y fiel, al no renegar
de todos los males que el mismo demonio le imponía. Job 14, 4s: «Quien puede hacer puro lo
impuro? ¡nadie! Solamente la gracia de Dios, la fortaleza y la perseverancia puede hacer que las
cosas que parecen imposibles sean posibles por medio de la fe.»
La segunda «Todos se han descarriado, a una se han corrompido, no hay nadie que haga lo
bueno ¡no hay ni uno solo!» (Salmo 14, 1-3 y Salmo 53, 1-3) De un tono fatalista, es evidente que
el salmista aquí lo que plasma es un dolor en su corazón por la transgresión de la ley, y nadie es
justo ni fiel sino la cumple, solo el necio e insensato se queda ante esta declaración, pues no se
puede hablar de una totalidad, más bien, siempre existe alguien que sí cumple la ley del Señor a
pesar de que los demás sean infieles y pecadores, se puede constatar en la historia de Noe (Gn 6,
13-22), que vivía en un mundo donde la mayoría no creía en Dios, el mismo Abrahán le tocó
interceder por Sodoma y Gomorra (Gn 18, 16-33) para que no fueran destruidas si al menos
existiera un solo justo, también el caso de Jonás, quien es mandado a predicar a una ciudad para
que se convierta (Jo 3, 4-9).
Jesús mismo que fue enviado al mundo para salvar a los pecadores, salvó a todos los que,
si eran justos y los que no, él dejó su sangre derramada en la cruz para la Justificación de las almas,
37

y asi tantos personajes que también fueron salvados por haber sido la excepción y que gracias a
ellos llegó la salvación.
La tercera, “Su garganta es un sepulcro abierto; con su lengua profieren engaños” (Salmo
5, 10). Muchas veces se cae en el pecado de la lengua, personas que difaman a los demás, que
hablan mal de otros y peor aún, algunas veces sin fundamento.
También aquí se encuentran los que tienen doblez, que delante de los demás muestran una
cara y por detrás dan una estocada en contra de los demás; también están los que se aprovechan de
las desdichas de los demás para crecer, aquellos que utilizan a los demás y son desechados luego
de haberles servido, personas altaneras y orgullosas que su único fin es el egoísmo y que son
capaces de atentar contra la buena fama de algunos hermanos solo para sobresalir.
La cuarta “Veneno de víboras hay en sus labios” (Salmo 140, 4) y la quinta “Llena está su
boca de maldiciones y de amargura” (Salmo 10, 8), palabras que no edifican, sino que destruyen,
hay que recordar que con la lengua se puede bendecir y maldecir, hay que tener presente que los
pecados como el chisme, dirá el Papa Francisco son una bomba como el terrorismo que solamente
destruye y divide. 1
La sexta “Veloces son sus pies para ir a derramar sangre; dejan ruina y miseria en sus
caminos y no conocen la senda de la paz” (Isaías 59, 7s y Proverbios 1, 16). El hombre pervierte
su corazón cuando pierde el horizonte, personas que se convierten en mezquinas y voraces por
alcanzar el éxito, la fama, el dinero, la autoridad sabiendo que en este mundo todas estas cosas son
pasajeras y que nada se compara con aquello imperecedero, lo que no se vence, lo que sí es un
tesoro en cielo. Dice el Señor Jesús: «si habéis resucitado con Cristo, aspirad a las cosas de arriba»
(Colosenses 3, 1-4).
La séptima y última y la más peligrosa es la siguiente “No hay temor de Dios delante de
sus ojos” (Salmo 36, 1). Perder el temor de Dios es ya lo último, porque sería como pensar que lo
que se haga el bien o el mal , es relativo, si se hace el mal para lograr objetivos propios,
maquiavélicamente se piensa asi «El fin justifica los medios», aquí el hombre le ha perdido el
miedo es a Dios y como dirá el salmista No tiene miedo a Dios ni en su presencia; este mal que ha
sido llamado desde el primer siglo como la herejía del semi-pelagianismo y que el Papa Francisco
nos la recuerda en la exhortación apostólica: Gaudete et exultate que consiste en pensar que no se
necesita de Dios, de su providencia para poder vivir, que basta solo creer en las propias fuerzas y

1
Audiencia General del 14 de noviembre 2018.
38

capacidades; sin embargo, el Santo Padre pide a cada cristiano releer el Discurso Evangélico de
Jesús en el Evangelio de Mateo capítulo cinco «Las Bienaventuranzas» para que se puedan
contrarrestar todas estas cosas del mundo moderno y asi alejar el pensamiento equívoco que
solamente basta con las fuerzas terrenas y humanas, la autosuficiencia haciendo un llamado a la
santidad (GE N. 65-66)
Ante estas referencias bíblicas se destaca un sombrío cuadro bíblico, John Stott (2008), nos
dice lo siguiente:
Se destacan tres rasgos de este sombrío cuadro bíblico:
Primero, declara la impiedad del pecado. Cerca del comienzo encontramos la afirmación
de que no hay… nadie que busque a Dios (11), Y al final no hay temor de Dios delante de
sus ojos (18). La queja de Dios, es que en realidad no lo buscamos en absoluto para hacer
de su gloria nuestro supremo interés. Segundo, esta cadena de versículo del Antiguo
Testamento enseña la capacidad de influencia o de abarcamiento del pecado. Tercero, Las
citas del Antiguo Testamento enseñan la universalidad del pecado tanto de manera negativa
como positiva; negativa porque dice que no hay un solo justo ni siquiera uno, no hay quien
entienda a nadie que busque a Dios y no hay nadie que haga lo bueno, no hay uno solo, y,
positivamente, todos se han descarriado, a una se han corrompido (P. 107-108).
Se puede concluir que la universalidad del pecado negativamente ha hecho que los
cristianos tomen consciencia del mismo, porque ¿Cómo darse cuenta de los errores si no hay quien
los señale?, ¿Cómo saber que alguien está en el pecado si nadie se lo aclara concretamente y sin
ninguna reserva? Pues Pablo lo que quiere dar a entender citando estas referencias de la Palabra,
es que el cristiano debe conocer lo que es el pecado y a qué se refiere todos han pecado y, por lo
tanto, todos también pueden, en libertad, buscar de Dios al que han ofendido, por medio de los
instrumentos que él mismo le ha dado para buscarle.
Hoy en día, existe uno de los medios más importantes de la gracia para reconciliarse con
Dios, y para eso, Jesús instituyó el Sacramento de la Reconciliación o de la Penitencia, que hace
que cada uno pueda volver a él, confiar en él y asi por medio de su propia fe, que debe de estar
encarnada en el Misterio Pascual de Jesucristo, puede reivindicarse y asi llegar a Dios su Padre,
empezando de nuevo, pero ya renovado con la gracia que Dios le otorga por medio de los
sacramentos, que abren las puertas a todos a una nueva vida en Jesús que lo ha dado todo por amor
39

a los hombres. Mas adelante se concluirá este apartado con estas palabras: La ley (mandamientos)
sirven para que el cristiano pueda conocer de la ley, más nadie se salva por eso, si no, por la fe.
La Universalidad del pecado, según Pablo, es la condición que todos por medio de la
desobediencia y de la fragilidad humana, se atenta ante Dios que ha dado todo y que siempre ha
confiado y esperado que el hombre va a buscarle, a tener un encuentro personal con él, por eso,
Dios nunca se cansa, pues él sabe que no ha creado al ser humano para el mal, ni tampoco el
hombre puede definirse como infiel, sino, como aquél que necesita de él, para asi transformar su
vida, vivir en armonía con Dios, la creación y con él mismo, pues al ser su imagen y semejanza,
se es tan divino como él.
También Dios como Padre, ha creado al hombre para que sea feliz, no para el sufrimiento,
siempre desea que en el camino de su vida encuentre las maneras de vivir plenamente y en armonía
con todo lo que Dios le da. Es innegable que no todos tienen las mismas condiciones o la
oportunidad de formarse plenamente en las cosas divinas, pero es importante reconocer a Dios no
solo sabiendo que lo creó sino, que sabe que hay un Dios amoroso esperándolo y que nunca se
cansa como el Padre del hijo Pródigo que corre hacia el encuentro del pecador arrepentido, pues
no hay que seguir creyendo de que él es un vengador justiciero saldador de cuentas, porque de ser
asi, si llevara cuentas de los pecados nadie se salvaría, en cambio, ve con ojos de misericordia, de
compasión y es asi como se obtiene la gracia aun sin merecerla.
Caminando siempre de la mano con la Iglesia que es la dispensadora de la Gracia, se puede
pasar de la condición de pecador a la condición de conversión, que no es más que la oportunidad
que Dios ofrece al hombre para transformar su vida, iniciando un itinerario de salvación y una vez
puesto en camino, el hombre descubrirá su error, con la práctica de los sacramentos y las obras de
caridad que ayudan a configurarse con Dios y dejarse moldear por él y hacer la voluntad que él
quiere para la vida de todos.

2.3 El reconocimiento del pecado por la ley


Hay que plantear en primer lugar que es para Pablo la Ley, y de qué manera es vista en el
Nuevo testamento la concepción de la Ley, se ha hablado sobre la transgresión de la misma, las
obras a realizar o los métodos para cumplirla, inclusive, la Sagrada Escritura, de diversas maneras
nos habla de ella, pero es necesario tener presente el contexto en el cual se utilizó esta palabra. En
40

Rom 2, 12-29 se encuentra el vocablo en griego  que significa «Ley» utilizada únicamente
aquí y en 3, 19-20.
Según Juan Miguel Díaz Rodelas (2000), en el libro de Pablo y la Ley, argumenta la
siguiente explicación sobre el contexto de la Ley en Rom 3, 19-20:
En este contexto, el sintagma    de 3, 20 significa que las obras realizadas
de acuerdo con las exigencias que impone la Ley a quienes viven en su ámbito. La
proposición de la que forma parte el mencionado sintagma se presenta, en efecto, en íntima
relación con 3, 19 y el fundamento de 3, 19b: la Ley afirma la condición pecadora de los
que viven en su ámbito; resulta asi evidente, que «por obras de Ley nadie se justifica» (P.
92-93).
Se puede notar entonces, que la Ley aquí enmarcada es las Obras de la Ley antes
mencionadas, que son los medios para alcanzar el cumplimiento de la Torah, las que además están
en la Sagrada Escritura, aquí se pueden enumerar, por ejemplo, las que no son la Torah dichas en
el Pentateuco, sino, aquellas que son para poder llegar a el cumplimiento de la Ley, mismas que
no sirven para la Justificación, por mencionar algunas: la circuncisión y la pureza ritual; por eso,
las obras de la Ley, carecen de valor para la Justificación, pues no basta cumplirlas, pues son solo
métodos, costumbres y tradiciones que ayudan al cumplimiento de las mismas pero que no son la
Tora, eso explica entonces el contexto del significado de  del que Pablo nos habla en estos
versículos. Se vuelve encontrar una doctrina bastante clara, una proposición afirmativa que
consiste en que el hombre se justifica por fe, en el acontecimiento salvífico Jesucristo, sin obras
de Ley.
John Stott (2008), explica también lo que se entiende por Obras de la Ley:
Lo que se entiende tradicional mente en cuanto a «obras de la ley» algo que promovieron
particularmente estudiosos luteranos es que Pablo se refiere a las buenas obras de Justicia
y de filantropía cumplidas en obediencia a la ley, y consideradas por los judíos como base
meritoria para ser aceptados por Dios (P 109).
Una vez comprendido el contexto de la Ley, San Pablo habla del contexto «Escritura» para
el cumplimiento de la Ley Mosaica, como una norma de vida y principio de Justificación.
Entonces, surge la interrogante ¿Cómo reconocer el pecado por medio de esta Ley? Hay que
recordar que la Ley recuerda la condición de pecador, de que se está obrando mal y que por lo
tanto son un medio de reconocimiento de los errores cometidos o faltas hechas a Dios por medio
41

del pecado. ¿De dónde radica entonces la consciencia del pecado? Se tienen por ejemplo las
normas de vida, la manera de tener el encuentro personal con Dios y reconocer la debilidad y
manifestar el arrepentimiento ante esta realidad que atañe a todo creyente.
Este plural de «todos» incluye no solamente a judíos sino, a paganos que también desean
aceptar este estilo de vida después de su experiencia con Cristo y su Misterio Pascual. Una vez
que se ha aceptado y reconocido por medio de la Ley que se es pecador, el neófito también debe
iniciar un camino de conversión a lo que también está llamado a ser como Jesús, un llamado a la
santidad, puesto que no se pretende crear en el corazón de las personas que el pecado va a ser para
siempre, sino, darle a entender que Dios es un Dios de misericordia y que quiere que todos se
salven, por la fe en Jesucristo que murió y resucitó según las Escrituras.
Tomando como base el tema de este apartado de la frase de Pablo: «Por tanto, todos
pecaron», entendiéndola como la universalidad del pecado, John Stott (2008), aduce lo siguiente:
La posición privilegiada de los judíos no los libera. De hecho, todos los habitantes de toda
la Tierra (3, 19), sin excepción alguna son inexcusables delante de Dios, es decir, están bajo
la acusación sin posibilidad alguna de defensa. Y a esta altura, la razón está clara. Se debe
a que todos han conocido algo acerca de Dios y la moralidad (por medio de las escrituras
en el caso de los judíos por medio de la naturaleza en el caso de los gentiles), pero todos
han desoído o incluso sofocado, su conocimiento con el fin de seguir su propio camino. De
modo que todos son culpables y quedan condenados delante de Dios (P. 108-109).
San Pablo, está en total desacuerdo con los privilegios que se obtenían por el cumplimiento
de las obras de la ley, por eso, las cuestiona y las ve siempre de una manera negativa, puesto que
para Pablo se oponía más concretamente a esto y no a los méritos, se debe tener presente que los
judíos por el simple hecho de ser judíos, ellos ya pensaban que formaban parte del reino por
cumplir las normas de pureza ritual y que eso les garantizaba la Justificación, sino que más bien,
lo que se lograba eran privilegios y no los méritos alcanzados con el sacrificio y la entrega
generosa, como la de Jesús a la que todos están llamados también a seguir como norma de vida.
Ahora se entienden también las palabras de Jesús en Mt 5, 17 «No crean que he venido a
abolir la ley, sino a perfeccionarla» y es eso precisamente lo que Pablo dice, está bien que se
cumplan las obras de la Ley, pero hay que manifestar fe para salvarse, por eso, Jesús que vino a
perfeccionar la Ley de Moisés y de los profetas, invita además a tener confianza en él e iniciar un
42

nuevo camino que está basado en el amor a Dios y a sus obras y a los demás como reflejo del amor
que se ha recibido por la gracia santificante de Jesús inmolado en la cruz.
Conociendo lo anterior, en 20b John Stott (2008), dice que:
Porque sigue diciendo Pablo, mediante la ley cobramos conciencia de pecado, es decir, lo
que aporta la Ley es el conocimiento del pecado, no el perdón de los pecados. A pesar de
la moda contemporánea, que consiste en decir que Lutero lo entendió mal, yo pienso por
el contrario que lo entendió bien: El punto principal de la ley no consiste en hacer mejores
a los hombres, sino peores, vale decir, les muestra su pecado de modo que por el
conocimiento de él se sientan humillados, atemorizados, heridos y quebrantados y por este
medio, sean llevados a buscar la gracia; y de este modo acudan a la bendita Simiente «Es
decir, a Cristo» (P. 111).
Aquí entonces se entiende el propósito de la Ley que va más allá del cumplimiento de
simples normas, que dan únicamente las pautas y que, si son mal ejecutadas, se convierten en una
camisa de fuerza que muchos después no quieren seguir, puesto que lo más importante es hacer
consciencia de lo que es bueno y de lo que es malo ante los ojos de Dios y ver la manera posible
de enmendarse. A cada cristiano se le recuerda que esta condición pecaminosa no es permanente,
puede revertirse, y que, por tanto, puede volver a la comunion con Dios, con los demás y consigo
mismo para su propia salvación y asi de testimonio, como resultado de su conversión.
Dios le ofrece la gracia transformadora, una vez arrepintiéndose de sus pecados, le acoge
como el Padre amoroso, que siempre espera que sus hijos le busquen. Debe de ser en completa
libertad y de una manera sincera, puesto que él conoce las verdaderas intenciones de los hombres
y no se le puede engañar pues conoce, además, el corazón de todos.
Hay que darse cuenta que solamente volviéndose a Dios es que se pueden resolver muchas
cosas que le aquejan al hombre, porque si se obstina en el mal camino, puede fracasar, no puede
cumplir las metas de su vida, por lo tanto, solamente teniendo consciencia de los errores, del
pecado, aquello que lo aleja de Dios, que rompe relaciones y que corta la comunion y la armonía
con todo lo que le rodea es que se puede vivir en la libertad, porque el pecado esclaviza, entristece
y mata, por eso, es importante que la consciencia del hombre sea correcta, entrando en un camino
que le conduzca a Dios y le lleve a encontrarse con él y como dice John Stott acuda a la bendita
Simiente que es Cristo Jesús que lo invita a que viva un mundo de santidad.
43

Todo cristiano debe conocer sobre la Misericordia de Dios que sirve como el método para
acercarse a Dios, muchas veces desconocido porque se vive en un mundo a veces demasiado
escrupuloso, pensando que todo es pecado creando en el cristiano un pensamiento fatalista de que
Dios solo juzga y castiga y no es asi, si no que, si el cristiano se arrepiente y busca de Dios obtendrá
misericordia, siendo así eficaz para llegar al llamado de santidad que Cristo hace a todos sin
excepción, asi como se reconoce por medio de la Ley el pecado, asi también hay que conocer la
bondad y la misericordia de Dios.
El término Misericordia se ha utilizado en la Sagrada Escritura, y el Papa Francisco desde
el inicio de su pontificado ha querido de manera entrañable acercar a los hombres a Dios poniendo
en sus mentes que es todo amor y Misericordia.
En el año 2015, mientras convocaba al Jubileo. año extraordinario de la Misericordia, el
Santo Padre Francisco, iniciando con la Bula Misericordiae Vultus en su Numeral uno dice:
Jesucristo es el rostro de la misericordia del Padre. El misterio de la fe cristiana parece
encontrar su síntesis en esta palabra. Ella se ha vuelto viva, visible y ha alcanzado su
culmen en Jesús de Nazaret. El Padre, «rico en misericordia» (Ef 2,4), después de haber
revelado su nombre a Moisés como «Dios compasivo y misericordioso, lento a la ira, y
pródigo en amor y fidelidad» (Ex 34,6) no ha cesado de dar a conocer en varios modos y
en tantos momentos de la historia su naturaleza divina. En la «plenitud del tiempo» (Gal
4,4), cuando todo estaba dispuesto según su plan de salvación, Él envió a su Hijo nacido
de la Virgen María para revelarnos de manera definitiva su amor. Quien lo ve a Él ve al
Padre (cfr. Jn 14,9). Jesús de Nazaret con su palabra, con sus gestos y con toda su persona
revela la misericordia de Dios (Misericordie Vultus #1).
El regalo que Dios ha hecho al mundo, después de haber creado al hombre a imagen y
semejanza suya, ha sido, el haberse hecho hombre en la Persona de Jesucristo, quien, a su vez, ha
mostrado el rostro del amor de Dios, prueba de ello, su entrega en la cruz, pudiendo haber
condenado al mundo por su pecado, dejándolo a la merced de todos los vicios y pecados que este
ofrece, él se entrega por amor, perdonando todo desde el pecado de la desobediencia de los
primeros padres, justificando así la gracia y el perdón a todos, y el Santo Padre en muchas
ocasiones y sobre todo en las audiencias generales de los miércoles, recuerda que dicha
misericordia y gracia es para todos, haciendo un llamado comenzando desde los sacerdotes,
Obispos y religiosos que sean misericordiosos como el Padre (lema del Jubileo extraordinario de
44

la Misericordia) y perdonando a todos, sin excepción alguna, evitando convertir el confesionario


en un cuarto de tortura, sino que éste sea visto como el Trono de la Gracia.
Por eso, la Iglesia no está en la necesidad de condenar a nadie porque Dios querido desde
el inicio que el hombre se salve, y por eso, concede por medio de la Iglesia muchas maneras de
obtener el perdón por sus pecados. Si el hombre llega a condenarse es porque él mismo asi lo ha
querido, por su necedad, terquedad u obstinación.
Dios le concede también que en completa libertad él pueda escoger el camino por medio
de un verdadero discernimiento, para que pueda volver a él, convertirse, reconocer que sin Dios
nada puede y que de testimonio de su fe como bautizado que sabe que solo en el camino correcto
y haciendo el bien a los demás podrá dar parte de las cosas en esta tierra, no asi aquel que ciega su
mente y su corazón a las cosas de Dios, que son las que merecen más atención, no podrá alcanzar
la salvación y vivirá condenado por el mismo pecado, al no tener el Espíritu Santo y el don del
Temor de Dios nunca podrá reconocer a Dios, siempre se justificará por cualquier excusa que
únicamente lo llevara al llanto y a la muerte como la consecuencia del que vive en el pecado.
Mas adelante, el Santo Padre explica:
Con la mirada fija en Jesús y en su rostro misericordioso podemos percibir el amor de la
Santísima Trinidad. La misión que Jesús ha recibido del Padre ha sido la de revelar el
misterio del amor divino en plenitud. «Dios es amor» (1 Jn 4,8.16), afirma por la primera
y única vez en toda la Sagrada Escritura el evangelista Juan. Este amor se ha hecho ahora
visible y tangible en toda la vida de Jesús. Su persona no es otra cosa sino amor. Un amor
que se dona gratuitamente. Sus relaciones con las personas que se le acercan dejan ver algo
único e irrepetible. Los signos que realiza, sobre todo hacia los pecadores, hacia las
personas pobres, excluidas, enfermas y sufrientes llevan consigo el distintivo de la
misericordia. En Él todo habla de misericordia. Nada en Él es falto de compasión
(Misericordiae Vultus #8).
Dios siempre está dispuesto a perdonar, no ve en el corazón del hombre la maldad porque
él no lo creó asi, sino, con amor, para que hiciera el bien, por eso, como Padre amoroso está
dispuesto a perdonar siempre, sin importar que ha hecho, insistiendo en la misericordia, la
compasión y la ternura entrañable que él tiene por cada uno de sus hijos que valen la Sangre de
Cristo, precio que él mismo pagó por la desobediencia de todos, asi ofrece el perdón a todos.
45

San Pablo, es lo que quiere presentar en este apartado, la idea de que por tanto todos
pecaron, también todos merecen la gracia, el perdón y la paz que solamente Jesús ha podido
brindarle al mundo. Consciente de estas Palabras, Pablo lo afirma de una manera categórica que
la salvación si bien es personal está abierta para todos porque se ha justificado al hombre por la
Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo por el amor entrañable que le tiene a los hombres, que
hace de manera voluntaria y generosa.
Comprendida asi la Misericordia como un regalo divino otorgado por Dios en su Hijo Jesús
y que ha sido para la salvación de todos, este término universal también está abierto a todos
aquellos que sin ver han creído y que han puesto la confianza en Jesús para que, a pesar de su
condición de pecado, puedan alcanzar la gracia y el perdón. La alegría de sentirse perdonado por
Dios es experimentar el amor ofrecido por Jesús en la cruz, se presenta como sinónimo de sentirse
amado.
Esta misma experiencia se puede sentir también en el mismo Evangelio, en la parábola del
Hijo pródigo, también en la del Rey que perdonó la deuda (Mt 18, 21) donde el deudor acudió al
perdón y a misericordia del rey y éste fue perdonado a pesar de que deuda era muy grande, también
en la mujer adúltera (Jn 8, 1-11) que Jesús sabiendo que ella iba a ser lapidada por su pecado, Jesús
le salva y le dice: «Tampoco yo te condeno, vete y no peques más», en un acto de completa
Misericordia y finalmente, en el último momento, el ladrón arrepentido pide perdón por sus
pecados y le pide que se acuerde él cuando este en su reino, y Jesús misericordioso como el Padre,
no le condena, porque ciertamente era un hombre muy pecador, sino, le dice: «Hoy estarás
conmigo en el Paraíso».
Es por eso que Jesús, en su misterio Pascual anunciado por sus discípulos en el primer siglo
de esta era, fue novedoso y esperanzador para muchos porque la Buena Noticia proclamada era y
sigue siendo: «El Reino de Dios y su justicia», pero no un Dios como el del Antiguo Testamento
o como el pueblo, sino, un Dios que escucha, se hace presente y que además, perdona a todos, sin
importar su pecado, ofrece las medidas necesarias para alcanzar la misericordia, ya se sabe que
todos han pecado, por eso las deja a la mano para que los que se arrepientan de sincero corazón y
le busquen con sinceridad, alcancen la Misericordia y asi, como se compartió en su momento la
universalidad del pecado, asi también compartan la Universalidad del perdón, que solamente se
alcanza con Jesucristo y su Misterio Pascual, ofrecido de una vez y para siempre para el perdón de
los Pecados de manera definitiva, con la Resurrección se vino a romper las ataduras que el pecado
46

y el maligno habían hecho en los hombres, ofreciendo también la libertad al hombre así como fue
creado desde los inicios del mundo para que viviera y estuviera en comunion con Dios, los
hermanos y con él mismo.
Recapitulando, se es pecador desde que se nace, y se sabe que esta condición de pecado
sigue arrastrando consecuencias para todos en el transcurso de la vida, termina acabando con la
vida y dignidad del hombre llevándolo a que se pierda, se aleje de Dios, es por eso que, en la
historia, Dios manda a su Hijo por propia iniciativa a que salve al mundo por todo el grande amor
que le tiene a sus hijos.
Luego, después de esta demostración de amor, queda en manifiesto que él ama a sus hijos
de manera entrañable como un Padre, asi lo mostró Jesús, asi lo dio a conocer ofreciendo a Jesús
víctima en remisión a los pecados del mundo entero. Se sella asi el pacto de amor con el hombre
invitándole a tener un encuentro con él y asi poder salvarse por medio de la fe en Jesucristo,
invitándolo a la conversión y a ser su discípulo, haciéndolo también constructor del Reino de Dios
y propagando la Buena noticia.
La Misericordia de Dios, inagotable para los que le buscan con sincero corazón y que la
Palabra de Dios es recta y clara en este asunto, aun en estos tiempos, esta Palabra sigue siendo
vigente, y el Papa Francisco, en su Pontificado, ha remarcado esta gracia ofrecida por Dios gratis,
por eso hay que ser siempre agradecidos por todo cuanto se ha recibido del Señor.
47

CAPÍTULO III
POR TANTO, FUIMOS JUSTIFICADOS POR LA REDENCIÓN DE CRISTO (Rom 3, 21-31)

3.1 Nuestra fe está en Jesucristo y no en el cumplimiento de la Ley

San Pablo, en este apartado, quiere recordar algunos aspectos de los capítulos anteriores,
elementos esenciales que no hay que olvidar de Dios en los versículos 21-22 que son la fidelidad
y la justicia. Como se decía antes, Él no se puede contradecir de ninguna manera, siempre ha sido
fiel al hombre y a las promesas que le ha hecho a éste en las distintas etapas de su historia de
salvación. Es gracias a esa fidelidad, que el hombre ha obtenido la gracia y el perdón de sus
pecados por la redención hecha por Jesucristo; por justicia salvífica se entiende que no hace
distinción, él es bueno con todos sus hijos y espera que se acerquen, que tengan un encuentro
personal y puedan reconocerle como su Señor y salvador; pero añade un elemento nuevo, la
imparcialidad, ya no es únicamente el pueblo escogido el que va a obtener su Justificación, sino
que ésta también abarcará a los gentiles. San Pablo es bien incisivo en esto, también los gentiles
obtendrán misericordia divina, aquellos que, abrazando la fe, creyendo en Jesús, podrán ser
redimidos. Esto lo explica el mismo Jesús cuando encuentra una mujer pagana que le pide la
curación de su hija y Jesús le dice en Mt 15, 26-27: «No está bien tomar el pan de los hijos para
echárselo a los perritos» casi con una idea que solamente al pueblo de judío, le está dada la
Justificación, sin embargo, la mujer le responde sabiamente y con mucha fe desde su corazón
diciéndole: Sí, Señor, repuso ella, pero también los perritos comen de las migajas de los niños».
Aquí la mujer le demuestra al Señor cuanta fe tiene en él que no duda en ayudarle en lo que le
pide, aquí se nota cuán grande es el amor y la misericordia de Dios cuando se tiene fe, dejando
claro cómo se argumentaba en el primer capítulo la pregunta de los primeros versículos: ¿Hay
ventaja en ser judío? ¡No del todo! y aquí se puede ver el ejemplo, es la fe que justifica a las
personas, no las obras, aunque estas se sepan de memoria como los fariseos y maestros de la Ley
que se preocupaban por el aspecto ritual y los preceptos y no lo que realmente importaba, lo que
estaba adentro y las buenas obras que se practican en el día a día y todo el bien que se puede hacer
por los demás.
Se encuentra entonces otra modalidad acerca de la justicia, ya no se ve de manera
retributiva sino, vista a través de la fe, Romano Penna (2013) explica esto:
48

La nueva exposición por su parte se caracteriza por un par de afirmaciones fundamentales


y muy originales. La primera versa sobre la revelación de una justicia de Dios muy distinta
(En su naturaleza y su modalidad) De la retributiva considerada anterior mente
precisamente porque ya no guarda relación con las obras del hombre, sino con la muerte
de Cristo. La segunda atañe a la única actitud posible por parte del hombre mismo
entendida no como condicionamiento previo de esa justicia (como serían las obras) Si no
sólo como respuesta consecuente a ella, la fe desnuda presentada de tal modo, que conduce
al hombre totalmente fuera tanto de la lógica comercial, como de los derechos madurados
a partir de las obras, como sobre todo de su sojuzgamiento esclavizante a la soberanía del
pecado (P. 329).
Entendido pues el tema de que la fe es la que justifica, hay que definir de manera correcta
que es la fe. En la carta por cuaresma en 2013, el Papa Benedicto XVI definía la fe cristiana como:
«La fe cristiana no es un sistema. No puede presentarse como una construcción intelectual
completa, terminada. Es un camino, y es característico de un camino que solo se le reconoce
si entras en él y comienzas a seguirlo» 2
Tener fe es aceptar la palabra de otro, entendiéndola y confiando que es honesto y por lo
tanto que su palabra es veraz. El motivo básico de toda fe es la autoridad (el derecho de ser creído)
de aquel a quien se cree. Este reconocimiento de autoridad ocurre cuando se acepta que él o ella
tiene conocimiento sobre lo que dice y posee integridad de manera que no engaña.
El Santo Padre quiso que se comprendiera que la fe cristiana no es un mecanismo por el
cual puede encenderse como un «Switch» de manera automática, sino que poco a poco va
creciendo y fortaleciéndose por medio del ejercicio de la experiencia con Jesús, la vida sacramental
y el encuentro con la Palabra de Dios. Solo así se tiene la certeza que hay un Dios que salva y vive
en la historia de todos, teniendo esta experiencia salvífica, reconociendo que solo por el
acontecimiento del Misterio de Cristo se llega a la redención. Esta fe es la que adhiere al cristiano
a fortalecerse cada día, a tener confianza en él, en los demás y sobre todo en su Creador que le ama
incondicionalmente y que lo que quiere es que esté con él, que le busque y le ame.
La fe cristiana profesada en Jesús, teniendo puesta la confianza y esperanza en él, hace de
un cristiano un hombre fiel, por tanto, el que tiene fe logra muchas cosas, especialmente obtiene

2
Mensaje para la Cuaresma 2013 #4.
49

la paz en su corazón, porque sabe que ha sido justificado por la fe, por tanto, es más feliz y leal
cumpliendo lo que el Señor le manda a pesar de los retos que diariamente debe enfrentarse y que
son una lucha constante. Al tener fe, se justifican todos, porque, siendo fieles se cumplen no solo
las obras de la Ley, sino, la Ley misma, por lo tanto, se cumple la tesis de Pablo al afirmar que
teniendo fe vendrá la Justificación y que las obras quedarán cumplidas sin darse cuenta, porque el
que le es fiel a Dios, también cumple con los preceptos del hombre y con las normas terrenales.
Esta misma enseñanza hace que se llegue a hablar concretamente de lo que es la justicia de
Dios, para ello, Karl Kertelge (1979) en su comentario a la carta los Romanos coincide con lo
siguiente:
El acontecimiento cristiano se realizó como revelación de la justicia de Dios. la muerte y
la resurrección de Jesús adquieren su auténtica dimensión en profundidad como
acontecimiento salvífico. En la entrega que Jesús hace de su vida por los hombres, se revela
la justicia de Dios. (P. 73).
Aquí resalta que es por parte de Dios la iniciativa de salvar al hombre por medio del
acontecimiento Cristo, que por medio de su Misterio Pascual todos han sido justificados, porque
él mismo pagó por todos la deuda y destruyó las cadenas que ataban al hombre, la que se llama
pecado, del cual todos, además, por tanto pecaron, universalmente culpables ante los ojos de Dios.
Sin embargo, Él mismo ha querido colaborar en la salvación de todos iniciando él una historia de
salvación para todos enviando a su Hijo unigénito para romper la esclavitud que ata al hombre y
darle asi la vida en abundancia. La justicia de Dios no puede verse como alguien que condena en
un juicio por los crímenes cometidos. Después del misterio salvífico de Jesús ya no puede verse
de esa manera, si no, como el actuar de Dios en la historia de salvación de los hombres, su estar
en razón frente a los demás
La justicia de Dios es de este modo, la adecuación del hombre frente a Dios, el
reconocimiento del derecho que él tiene sobre él, todo esto por medio de la revelación definitiva
que es Jesucristo, por el Evangelio. Dios mismo patentiza su justicia y renacen los frutos de la
pasión salvadora de su hijo. Aquí se podría entonces afirmar que el hombre por sí solo no es nada,
no es capaz de salvarse por sí solo, es decir, que sea autosuficiente, por eso, necesariamente tiene
que tener el elemento fe que le ayudará a encontrarse con su Dios, es por eso que, nacieron las
obras de la ley antes mencionadas, que son los elementos humanos que colaboran para que se
cumpla ley, sin embargo, ya esto queda en el pasado, ya no es necesario porque el pecado que lo
50

esclavizaba ha sido vencido con la victoria de Cristo en la cruz, pues Dios mismo actúa para la
redención de los hombres, es por eso que las obras de la ley no son las que salvan, si no, la misma
fe en Jesucristo es necesaria para que los hombres puedan justificarse; pero hay que tener cuidado
con la ley, pues esta sigue vigente, pues no queda obsoleta, porque sería negar los profetas e ignorar
el mensaje de salvación, donde si eran necesarias las obras de la ley y que son las que ya «pasan
de moda» después del misterio pascual de Cristo.
Karl Kertelge (1979), lo aclara también de esta manera:
Frente a la eficacia salvadora, revelada ahora en Jesucristo, necesariamente tiene que
aparecer toda acción de la ley, es decir, todos los esfuerzos del hombre por operar su
salvación personal como una «obra» de autosuficiencia, y, por lo mismo, contraria de Dios.
la salvación llega ahora independientemente de la ley, solo por Jesús, solo por la gracia; lo
cual pone definitivamente en claro que la ley pertenece a las cosas pasadas […] el que la
salvación «independientemente de la ley», no excluye que la justicia venga atestiguada por
«La ley y los profetas». (P. 74).
Aquí también se puede recordar lo que Jesús dijo en el Evangelio de Mateo 5, 17 «no he
venido a abolir la ley y los profetas, sino, a darles cumplimiento» y Karl Kertelge quiere dejar en
claro es que no es la ley la que desaparece sino, que viene a ser renovada con la muerte y
resurrección de Jesús y que por la fe en él se pueden justificar las almas, de lo contrario, aunque
se hagan todas las obras de la ley existentes, si no hay fe, no hay Justificación, sin perder además,
el valor de la Ley que siempre está vigente.
La justicia de Dios, es universal, antes se comprendía que la justicia de Dios se aplicaba
únicamente a aquellos que habían obrado bien y a los paganos se les hablaba sobre la ira de Dios.
La ira alcanzó a todos los hombres (Rom 1, 18) al afirmar que todos están en pecado, donde ya se
ha hablado sobre la universalidad del pecado, y las razones de cómo el hombre ha llegado a esas
consecuencias. La premisa, que la ira de Dios alcanzó a todos los hombres, después del
acontecimiento Jesucristo y su Misterio Pascual, todos los hombres han sido justificados y por lo
tanto, merecedores de la justicia de Dios, ya sean judíos o paganos. A todos por igual la salvación
los alcanza, es por medio del pecado donde actúa la justicia de Dios, para todos los que se
abandonan en la fe en Jesucristo, y es el pecado el que rompe con esa «diferencia» ()
entre judíos y paganos o gentiles puesto que todos han pecado. Sin embargo, aunque ya no exista
51

esta diferencia y se haya justificado a aquellos que han puesto su fe en Jesucristo, la Justificación
es una prenda por la que hay que luchar para alcanzarla.
John Stott (2008), habla de dos verdades adicionales sobre la expresión de la Justicia de
Dios:
La primera es que llega mediante la fe en Jesucristo, a todos los que creen. Además, se
ofrece a todos porque todos la necesitan. No hay distinción entre judíos y gentiles, en este
sentido, como Pablo comenzó sosteniendo en 1.18-3.20 ni con ningún otro grupo humano,
pues todos han pecado […] la segunda novedad en estos versículos es que ahora, por
primera vez, «La Justicia de Dios» se identifica con la Justificación: por su gracia son
justificados gratuitamente (v.24) (P. 116-117).
Recapitulando en este apartado, se condensan muchas cosas, en primer lugar, no existe
ninguna ventaja en ser judío. Ha quedado claro que, así como el pecado es universal, abarca a
todos, judíos y gentiles, han perdido la comunión con Dios, por tanto, quedan apartados de su
gratitud. También ha otorgado la Justificación para aquellos que ponen su confianza en Jesucristo,
que creen en él poniendo todas sus esperanzas en el Misterio salvífico. Jesús los ha amado hasta
el extremo de hacerse hombre por todos, conociendo su realidad, desde los más pobres, a quienes
les ha sido revelada la Buena Noticia.
A diario, los hombres deben de luchar por ganarse las cosas del cielo, porque las que
ofrecen las de este mundo sólo conducen a vicios y pecados, y es ahí cuando se conoce la
vulnerabilidad del hombre que se siente tentado a cometer el delito del pecado. El mismo delito,
le ayuda a obtener la gracia santificante; dicho reconocimiento también asume un camino de
conversión, que inicia desde el momento en que ha recibido al Señor en su corazón y lo ha hecho
parte de su forma de vivir.
Esta conversión exige un cambio permanente y del cual, se debe de dar testimonio ante los
demás, debe de ganarse la prenda de la salvación, luchar por ella todo el tiempo y demostrar que
sólo no puede, sino que necesariamente debe demostrar con su fe que ha sido justificado por la
misma.
Se ha hablado mucho acerca de la Justificación, sin embargo ¿cómo podría definirse o
entenderse en este contexto? Bien, algunos autores han definido la Justificación como un sinónimo
de perdón y hay quienes afirman que no son lo mismo, por ejemplo, Sanday y Headlam afirman
que la Justificación es simplemente Perdón, Perdón gratuito, explicándolo así John Stott (2008):
52

El perdón es algo negativo, la remisión de una pena o una deuda; la Justificación es algo
positivo, el otorgamiento de una posición de justicia, la reinstalación del pecado al favor y
a la comunion con Dios… condenar no es simplemente castigar, sino declarar que el
acusado es culpable o merecedor del castigo, y la Justificación no es simplemente eximir
de ese castigo, sino declarar que el castigo no puede aplicarse con justicia. El perdón y la
Justificación, por consiguiente, son esencialmente distintos. El primero consiste en la
remisión del castigo, la segunda es una declaración de que no existe ningún motivo para
aplicar el castigo (P. 117).
El perdón entonces, es aquel que se da después de un juicio y que a pesar de ser culpable
del delito es perdonado, en cambio en la Justificación está la justicia, que, aun siendo culpable, no
merece la condena según el tribunal justo de Dios. Por medio de Justificación de la fe en Jesucristo
también se concede la santificación, es una gracia otorgada por el Espíritu Santo, por eso, de
manera teológica, la Justificación de Dios significa: hacernos justos como él, gracia concedida por
la muerte y resurrección de Jesucristo.
Romano Penna (2013), también explica sobre justicia de Dios:
La Justicia de Dios ( ) es el verdadero y único sujeto de la oración, y por
lo tanto sustenta su peso semántico principal. Representa la cara positiva de la tesis, de la
cual la ley no es más que el lado negativo: una es afirmada; la otra excluida; es más,
solamente la ley excluida permite a la Justicia de Dios manifestarse como lo que
verdaderamente es: el distintivo de una inesperada, libre y gratuita intervención de gracia
(P. 311).
Es asi como se puede entonces comprender que la Justificación se ha recibido a manera de
gracia, porque Dios asi lo ha querido. Porque por su voluntad y amor hacia los hombres vuelve la
vista ante aquellos que por medio del pecado han perdido la comunion con él, a eso Pablo le
llamará Justificación, cuando el hombre acepta el plan de salvación, conoce la fe y la práctica,
entra en un camino de conversión que ya esta supuesta después de creer en Jesucristo y su misterio
pascual, es allí donde se puede afirmar con certeza que Dios ha vuelto su rostro hacia él
otorgándole la gracia de la Justificación, simplemente porque como Padre amoroso no quiere que
sus hijos se pierdan y asi, de esa manera, hacer valer la entrega oblativa de cristo en la cruz del
Calvario.
53

Es tan importante pues, para Pablo, y teológicamente se sabe que en el Nuevo Testamento
y con el Proyecto de Jesús, el hombre primero tiene que creer, convertirse, dar testimonio y trabajar
por el Reino de los cielos para alcanzar la Justificación por esa fe que recibió.

3.2 La Justificación no está en las obras, si no, en la ley de la fe

Se ha llegado a este momento importante del estudio se ha venido explicando desde el


inicio las palabras clave para comprenderlas, tomando en cuenta el texto original para llegar a una
conclusión donde se podrá ver como Pablo llega a explicarle, sobre todo a sus coterráneos, que no
son precisamente las obras las que justifican al hombre, sino le ley de la fe, porque para este pueblo
que no quiso reconocer en primer lugar a Jesús como su salvador, le va a ser más difícil poder
contemplar la grandeza salvífica que él representa, vino al mundo para ofrecer vida a aquellos que
no la tienen, para que este pueblo al escuchar el mensaje que venía de parte de Dios fuera
escuchado y asi pudieran por medio de los testimonios vivos y verdaderos de Jesús, tener la certeza
de que no son las armas ni la guerra las que hacen que un reino o ejercito triunfe así como se
pensaba que sería la venida del Mesías, con caballos y ejércitos a liberarlos de la opresión que en
ese momento estaban atravesando.
Esta forma de ver la salvación se reconoce que no es la adecuada, y que los planes de Dios
eran otros. Dios en ningún momento quiso que se derramara la sangre de personas, solamente de
Jesús de una vez y para siempre. La tierra y el nuevo Reino que se iba a instaurar es el de Jesucristo
y la esclavitud que se quería destruir era la esclavitud del pecado al cual vivían sometidos. Todos
estos factores hicieron que, hasta la figura farisaica, maestros de la ley y demás intelectuales y
estudiosos de la Escritura no pudieran interpretar lo que los profetas habían anunciado desde
antiguo, esta promesa mesiánica se cumplió en Cristo Jesús dirá Pablo, quien murió y resucito para
que todos los que creyeran en él pudieran justificarse.
En el apartado anterior se estudió cómo la Justicia de Dios era aplicada para hacer justo al
injusto y que la pena por amor de Dios no fuera aplicada al hombre que había perdido la gracia de
Dios por medio del pecado que lo ataba y el que lo iba a llevar a la muerte, pero que Dios ahora
demuestra que puede «pasar por alto» los pecados e injusticias cometidas a los hombres por medio
de la fe. Es importante recordar el contexto en el que se está haciendo la argumentación sobre el
Misterio Pascual de Cristo.
54

Los judíos que acostumbraban hacer ofrendas al templo para expiar sus pecados, sabían
que esa ofrenda ofrecida a Dios, derramando la sangre del animal y que su carne era quemada para
que fuera un olor agradable a YHVH, de la misma manera fue ofrecido Cristo en la cruz que
derramó su sangre de una vez y para siempre, y que su carne como ofrenda agradable a Dios, se
pudieran expiar los pecados de todos los hombres. Sacrificio que fue ofrecido para la Justificación
y que sígnica la victoria del amor de Dios derrotando para siempre a la muerte, por eso Cristo les
dice a sus discípulos, Yo ya he vencido a la muerte. Es por eso que Karl Kertelge (1979), argumenta
lo siguiente:
Dios opera la «Redención» en Jesucristo y por Jesucristo. «Dios lo ha puesto como
propiciación» se piensa aquí en la propiciación que Jesús ha cumplido con la entrega de su
vida; por ella se opera la propiciación para los pecados de los hombres. (P. 76).
Una vez entendido que Cristo hace nuevas todas las cosas, ya no es necesario que se hagan
sacrificios expiatorios derramando sangre y trayendo ofrendas pues ya se ha hecho el pacto de la
Nueva Alianza hecha por Cristo con su muerte en cruz. Así que cada vez que se realiza la Fracción
del Pan o la Eucaristía, se hace el memorial incruento del este sacrificio en cruz hecho por Cristo
y el que hace posible la propiciación de los pecados, ya no en animales, si no, el mismo Dios se
ofrece como sacrificio por amor a los hombres.
Es el mismo Dios quien quiere que los hombres se salven, él interviene en la vida de todos
para que se ofrezcan ellos mismos como Cristo se ofreció, dándose por completo, una vida recta,
justa, que aunque pecadora sea como una ofrenda agradable a Dios y que por medio de la expiación
de esos pecados se pueda servir de testimonio ante los demás y asi también busquen de él, pues
todas las culpas Dios las ha pasado por alto, y ha hecho que la Alianza hecha por Dios a los judíos
se recupere y reestablezca.
Sin embargo, esta tiene acción solamente por medio de la fe, san Pablo busca que se
comprenda que la Justicia de Dios se hace eficaz solo por medio de la fe en Jesucristo como una
acción salvadora gratuita. En los contextos judeocristianos, la fidelidad a esa Alianza, es por eso
que Pablo afirma que la propiciación de los pecados será realidad y efectiva si y solo si hay fe de
por medio.
Pero ¿cómo es que se le ocurre la idea de una Justificación a San Pablo?, el mismo Karl
Kertelge (1979), dice:
55

La idea de la Justificación se despliega, por tanto, sobre el horizonte de las experiencias


del propio Pablo. Solo que el Apóstol no piensa aquí únicamente desde su pasado personal
judío, sino que habla teniendo en cuenta el punto de vista judío ya superado en su momento,
y desde luego superado por lo judeocristianos de Roma. (P. 78).
La experiencia de la fe es la que lleva a Pablo a poder hacer ajustes a su estilo de vida, que
trata en la medida de lo posible que sea llevada a la práctica no solo por aquellos que han abrazado
la fe, si no, por aquellos de su misma tierra para que se vuelvan a Dios con la Nueva Alianza que
es la Sangre de Cristo derramada en la cruz y que por medio de la misma, teniendo fe en él, han
sido justificados los pecados , poniéndose él mismo como testimonio, pues la experiencia de su
propia fe le ha dado las herramientas para poder hablarles a ellos y también a los paganos.
¿Qué es la fe?, en general se puede decir como definición que la fe es la certeza que se
tiene de algo que no se ve o la esperanza de algo por cumplir, sin embargo, corresponde hablar
sobre la fe cristiana. (Heb. 11, 1).
El Catecismo de la Iglesia Católica habla sobre la fe de la siguiente manera:
Cuando profesamos nuestra fe, comenzamos diciendo: "Creo" o "Creemos". Antes de
exponer la fe de la Iglesia tal como es confesada en el Credo, celebrada en la Liturgia,
vivida en la práctica de los Mandamientos y en la oración, nos preguntamos qué significa
"creer". La fe es la respuesta del hombre a Dios que se revela y se entrega a él, dando al
mismo tiempo una luz sobreabundante al hombre que busca el sentido último de su vida.
(Catecismo de la Iglesia Católica #26).
Como se aprecia en el Catecismo, la fe es la respuesta que se le da a Dios después de haber
aceptado su Revelación última, que es Jesucristo, que ha venido al mundo y se ha hecho hombre
para la salvación de todos, y es lo que él espera, una fe que supone, además la conversión, a una
vida de testimonio, al amor más sincero; es dar un sí a la voluntad de Dios que ha tenido la
iniciativa de amarnos primero y que nos ha justificado por esa misma fe que se profesa. Por eso,
cada cristiano, debe responder de manera positiva, a la que llamamos fe cristiana, para que éste
pueda manifestar públicamente y delante de Dios para llegar a ser digno de la gracia que le ha
ofrecido por medio de Jesucristo.
La fe también es la virtud teologal que nos abre paso a la confianza en Dios, y que como
se ha dicho ya, justifica al hombre del pecado que contradice el amor de Dios, además, como cita
el catecismo de la Constitución Dei Verbum del Concilio Vaticano II:
56

La fe es la virtud teologal por la creemos en Dios y en todo lo que él nos ha dicho y


revelado, y que la santa Iglesia nos propone, porque Él es la verdad misma. Por la fe «El
hombre se entrega entera y libremente a Dios» (Dei Verbum #5). Por eso el creyente se
esfuerza por conocer y hacer la voluntad de Dios. (Catecismo de la Iglesia Católica #1814).
El cristiano no sólo debe tener fe, sino sentirla, vivirla, testimoniar de ella y realizar por
medio de ella actos de verdaderos hijos de Dios que, por medio de recepción de los sacramentos y
la lectura asidua de la Palabra de Dios, pueda seguir trabajando por conservar la gracia otorgada y
llegar justificado al cielo como Dios asi lo ha manifestado desde el Antiguo Testamento.
Esta fe se debe alimentar, hacerla crecer y fortalecer, pues en el camino, se sabe, que hay
problemas, y algunos son criticados por la misma. El Señor Jesús les dijo a sus discípulos que por
causa de la fe iban a ser perseguidos, porque lo ha perseguido primero a él, y para ello, basta con
los testimonios martiriales de los mismos discípulos y de todos los mártires del siglo I que murieron
a causa de la defensa de su fe, personas que prefirieron antes morir que pecar.
No se puede entonces pensar en una Justificación sin antes la práctica de la fe, así como
San Pablo, por medio del testimonio y experiencia de la misma, dio testimonio ante los
judeocristianos y los paganos, diciendo que quien practica esta respuesta positiva alcanzará la
salvación por medio de la fe en Jesucristo.
Ulrich Wilkens (1989), hace un comentario resumen en cuanto a la fe que profesan los
cristianos:
La fe a la que anima el Evangelio, no es, en modo alguno, aquella «obra» del hombre que
en el cristianismo ocupa el puesto de las obras de la ley. La fe como acto del hombre
consiste precisamente en que el hombre, a la vista de lo que ha hecho con su pecado mismo,
confía a Dios de manera total y concreta la salvación como superación del pecado. (P. 248).
Naturalmente, la actitud que el cristiano debe de tener al sentirse perdonado, es el de
agradecimiento. La alegría del perdón consiste en reconocer que ha cometido el pecado, levantarse,
sentirse perdonado por Dios y que quiere que sea feliz y que no vuelva atrás, y la manera de
lograrlo es viendo hacia adelante, no vanagloriarse de sentirse más que los demás porque se siente
elegido por Dios, sino, un acto que requiere de mucha humildad, que sabe que si vuelve a caer, de
lo cual debe ser consciente, tiene que hacer un acto importante, y es por eso que Dios crea el
sacramento de la reconciliación. Dios quiere que con el acto de humildad de confesar los pecados
57

al sacerdote pueda sentir vergüenza aborrecerlo y nunca más ofender a Dios y continue con la
actitud de siervo teniendo presente su condición de pecador, pero amado por Dios primero.
La fe que siente el hombre, o mejor dicho, la respuesta que el hombre le da a Dios debe ser
siempre para reconocer la impiedad, la infidelidad que ha venido haciendo, pero que Dios le
concede la gracia de justificar sus pecados, debe siempre ser agradecido y dispuesto a confiar en
él que tanto le ha dado y que hombre poco le ha ofrecido; no hay que sentir miedo, Dios no señala,
y perdona al pecador siempre, pero necesita que se ponga la fe como el estandarte de la verdad, la
fe es la llave hacia Dios y es la que identifica, mueve y promueve para que la misma Justicia de
Dios pueda lograr la regeneración total del hombre por medio de la fe.

3.3 El amor y la misericordia de Dios nos abraza a todos

El amor de Dios se ha manifestado en la Muerte y Resurrección de Jesucristo, un amor que


sobrepasa todos los límites de la comprensión humana. Para que esto se pude entender, en primer
lugar, Dios ha tenido la iniciativa de la salvación por medio de la Encarnación de su Unigénito
quien ha ofrecido de manera libre y voluntaria su vida a cambio de librar al hombre de la esclavitud
del pecado que, desde tiempos inmemoriales, había perdido por la falta de fe y confianza en Dios
a esta entrega voluntaria, y que, además, no era él quien debía morir sino, los pecadores, los que
se habían alejado de Dios. Muere en la cruz por todos, a esto se le llama muerte vicaria, es decir,
muere por otros.
Esta acción que solamente Dios pudo dar, ha justificado a muchos, porque Jesucristo viene
a convertirse en le Cordero inmolado de la Pascua, pero esta vez, de una vez y para siempre se
ofreció la Sangre de Jesús para que nunca más tuviese que hacerse un sacrificio, pues la de Cristo
ha abarcado al mundo y la misericordia de Dios ha sido derramada, pues la antigua deuda del
pecado ha sido borrada por la muerte de Cristo en la cruz.
La justicia de Dios se entiende como el amor que él mismo ha tenido por los hombres y
que ha sido manifestado por medio del sacrificio de Cristo, por eso, todo lo que el Antiguo
Testamento trata de presentar por medio de la ley y de los profetas, viene a realizarse en Cristo
Jesús, por eso no se puede desentender el Antiguo del Nuevo Testamento, es de suma importancia
tomar en cuenta que ya desde esos tiempos se venía hablando sobre la salvación, el día del Señor,
la liberación del ser humano y que ha contribuido en toda la historia del hombre.
58

Ulrich Wilkens (1989), lo dice asi:


La revelación de la justicia de Dios como su amor ha sucedido en el contexto de toda
actuación de la justicia de Dios en la historia de la elección de Israel. Éste es precisamente
el sentido que tiene el hablar de la Cruz de Cristo como demostración de la justicia de Dios,
concepto que desde la más temprana tradición de Israel da nombre a la fuerza de la
actuación salvadora de Yahvé. Por eso la predicación cristiana de la Justificación necesita
del Antiguo Testamento como de su «testigo» es decir, como de su horizonte hermenéutico.
Sin la referencia a la historia de las acciones salvadoras de Yahvé testimoniada en el
Antiguo Testamento no se puede entender la Justificación cristiana como la última la más
amplia y la mayor de estas acciones salvadoras del Dios único. (P. 250-251).
Jesucristo es la plenitud de la revelación del Padre hacia los hombres, no ha habido ni habrá
otra manifestación porque ya se cumplió todo lo que el Antiguo Testamento habla sobre la
salvación de los hombres en la persona de Jesucristo. Por eso, el Nuevo testamento es la nueva
luz, el nuevo pacto que hace Dios con su pueblo para la Justificación de sus pecados que, durante
el tiempo de infidelidad, ahora puedan acercarse sin temor a la fe verdadera, a la que invita al amor
y a la entrega hacia los demás a ejemplo de Jesucristo.
En el v.27, se puede leer como el Apóstol Pablo vuelve a hacerles la pregunta a los judíos
¿dónde queda pues su jactancia? Y él mismo les responde: eliminada. Lo más importante no es el
haber sido escogido, sino, haber mantenido la fe y confianza en la ley, se sabe que los judíos
conocían de las leyes y demás aspectos rituales, pero ¿había algo de sinceridad en sus prácticas
religiosas?
Karl Kertelge (1979), argumenta sobre este versículo:
Ahora presenta de nuevo al judío su motivo de jactancia: ¿Qué ocurre ahora frente al acto
escatológico de Dios con ese gloriarte tuyo en la ley? ¿Qué pasa con tus privilegios si todo
deriva de Jesús? ¿Cualquier pretensión? Delante de Dios ha quedado excluida por el
acontecimiento cristiano. Esa es «la ley» que sólo puede entenderse como una paradoja por
la que queda excluido cualquier motivo de jactancia. El judío fundamenta en la ley mosaica
y en las «obras de la ley» su afirmación contraria a Dios (P. 79).
Por eso, es que en el Evangelio Jesús siempre les interpela y los pone entre la espada y la
pared pues conoce que son solo apariencia, ritualismo, pero que por dentro están vacíos, llenos de
arrogancia olvidando aquello que si es importante para Dios y que desde un primer momento ha
59

sido lo más importante: la fidelidad. Ésta es la verdadera razón y el problema central de los judíos,
se fiaron en el cumplimiento de la ley y no en la observancia de las virtudes que debieron practicar.
Añade John Stoot (2008), sobre la jactancia:
Sin embargo, la jactancia no estaba limitada a los judíos. En El Mundo gentil también había
insolentes, soberbios y arrogantes. De hecho, todos los seres humanos somos jactanciosos
tenaces. La jactancia es el lenguaje de nuestro egocentrismo caído. Pero en los que hemos
sido justificados por la fe, lactancia queda excluida totalmente. Y esto no por el principio
de la observancia de la ley. Lo cual podría dar lugar a la jactancia, sino por la fe. Lo cual
atribuye la salvación íntegramente a Cristo y, por lo tanto, elimina toda jactancia. Porque
nuestra convicción cristiana es la de que los pecadores son justificados por la fe más todavía
solamente por la fe y no por las obras que la ley exige (P. 128).
Por eso, san Pablo les recuerda que esas actitudes de jactancia por ser el pueblo escogido
no les sirve de nada, pues ya ha sido realizada una Nueva Alianza con un Nuevo pueblo que es la
Iglesia y que ha sido sellada no con sangre de corderos ni sacrificios expiatorios, sino, con la
Sangre bendita de Jesús de una vez y para siempre, dejando así saldada la antigua pena que los
hombres venían arrastrando desde los inicios de la historia.
San Pablo después les dice ¿mediante qué ley? La ley de la fe; que es la que debe siempre
imperar ante todo, porque, no es el cumplimiento de las obras las que salvan si no, la fe de que han
sido redimidos los pecados de todos en la cruz del Señor Jesús y que ha convertido a todos en
hombres nuevos, dándoles la vida eterna, justificando sus pecados, por eso, ser hombre nuevo
implica pues que de manera automática haga las obras necesarias para agradar al Señor, pero tiene
que tener claro, que no son solo las obras, debe tener confianza y permanecer fiel a las enseñanzas
del Evangelio.
En el v.28 se encuentra el principio básico que San Pablo expone, como la conclusión de
su tesis sobre este tema: «Porque sostenemos que el hombre es Justificado por la fe,
independientemente de las obras de la ley» (Rom 3, 28). Y no es que San Pablo quiera contraponer
la ley con las obras, si no, la propia exclusión de las obras de la ley, para su correcto cumplimiento,
mediante un verdadero comportamiento cristiano, es necesario creer, confiar, valorar y atesorar
para luego cumplir lo que se pide en el Evangelio.
No se puede vivir haciendo las cosas por hacerlas, si no, creer en ellas, llevarlas en el
corazón y el testimonio que se pueda dar de esa fe recibida es el cumplimiento de la ley que por fe
60

se ha cumplido. Solamente creyendo se puede llegar a cumplir la ley, no al contrario. Aquí es donde
radica el error judío, se sacrifica por el cumplimiento y no por la fidelidad, y esto ha sido eliminado
gracias al acontecimiento Cristo y su muerte y su resurrección.
En el v.29, desea recordar la Universalidad de la Justificación; todos aquellos, sean
circuncidados o no, serán justificados por la fe en Jesucristo, esta salvación es universal y ya no es
exclusiva de los judíos, ahora todos pueden participar y sentirse salvados por medio de la
Justificación por la fe. Es por eso que aunque en el Antiguo Testamento se habla de que Yahvé es
el Dios aliado de Israel, no quiere decir que no lo sea de los demás pueblos, y es lo que viene a
decir el Apóstol, que ya no es asi, pues solamente hay un solo Dios como dirá el v.30 por lo tanto,
es Dios de judíos y gentiles, teniendo claro entonces que la salvación es para todo aquel que
aceptando su condición de pecador y que por medio del bautismo se incorpore a la Iglesia, acepta
incondicionalmente a Cristo se sienta justificado por su muerte y resurrección entonces también
podrá justificarse como los demás, todos serán juzgados por la misma fe a un mismo Dios.
Karl Kertelge (1978), concluye este apartado haciendo una declaración importante:
El monoteísmo era la idea misionera de los judíos. Más por el capítulo tres, es evidente que
Pablo lo emplea en el sentido opuesto. No son los gentiles, quienes deben convertirse al
Dios de los judíos. Si no que son estos los que deben convertirse al Dios de los gentiles, al
Dios que justifica a los incircuncisos. Este es precisamente el problema que Pablo considera
decisivo a lo largo de la carta a los Romanos y que luego no sólo porque se refiere a los
judíos y su salvación, sino porque se refiere, sobre todo la unidad de la Iglesia. La única
realidad salvífica instituida por Dios en la que están unidos judíos y gentiles, se presenta
históricamente justo en la Iglesia que Pablo describe como un solo cuerpo (P. 79).
Es por eso que la Justificación por la fe no debe entenderse como un conocimiento
abstracto, o como algo opcional en la vida cristiana universal, si no, que cada cristiano que se ha
comprometido con la misma debe saber que lo más importante no es realizar obras para poder
decir: ¡ya cumplí!, si no, que se convierta en un estilo de vida que se debe seguir como norma
universal, claro, de manera libre y consciente, pues se sabe que Dios es un Dios de orden y que lo
ha creado en toda libertad.
En el v.30-31 San Pablo concluye que, no es que se anulen las obras de la ley, más bien, se
afirman, se le da su propio valor, y es por eso que debe ser para todos como dice Karl Kertelge:
una fundamentación teológica del proceder cristiano y eclesial.
61

John Stoot (2008), concluye sobre esto diciendo:


Al pie de la Cruz de Cristo y por la fe en él nos encontramos todos en exactamente el mismo
nivel, más aún, somos hermanos y hermanas en Cristo el mensaje es simple, todos los que
creen en Jesús pertenecen a la misma familia y deberían comer a la misma mesa de eso se
trata la doctrina Paulina de la Justificación (P. 130).
En su esquema de salvación la función de la ley es desenmascarar y condenar el pecado y
de esta manera mantener a los pecadores encerrados en su culpa hasta que Cristo venga a liberarlos
mediante la fe. De esta manera, el Evangelio y la ley se enlazan entre sí, puesto que el Evangelio
justifica a los que la ley condena (P. 131).
Sin embargo, aunque esta misma doctrina ha sido clara, sobre todo para los primeros
cristianos, en el transcurrir de los siglos, sobre todo en los de la Reforma protestante del siglo XVI
hizo poner en duda la sola fidei del v.28 del capítulo tercero de la carta a los Romanos, donde San
Pablo afirma que hemos sido Justificados por la fe, que marcó una frontera en las relaciones de la
Iglesia y que han llevados a condenas sobre ambas, especialmente cuando años después, el
Concilio de Trento se establece la doctrina dogmática sobre la Justificación de manera infalible.
Es por eso que después del Concilio Vaticano II en pleno siglo XX se diera el paso para poder
establecer algunas declaraciones que, en conjunto, la Iglesia Luterana y la Iglesia Católica pudieran
establecer las cosas de las cuales están de acuerdo con esta doctrina y que se presentará un análisis
del mismo en el siguiente apartado.

3.4 Declaración Conjunta sobre la Justificación por la fe entre la Iglesia Católica y


Luterana.
En el devenir de la historia de la Iglesia, y durante los primeros siglos, no se había tenido
ningún problema acerca de este tema, pareciera que en esos tiempos no era necesario dar
aclaraciones puesto que ya se tenían claro los temas sobre la inerrancia de la Sagrada Escritura y
sobre la verdad revelada. No fue hasta tiempos en que la Reforma Protestante puso en duda muchos
temas en los que su fundador Martín Lutero, con sus noventa y seis tesis presentadas y en las cuales
también estaba el tema sobre la Justificación por la fe y que, a su vez, pone en riesgo no solo la
praxis sino, la salvación de las personas.
62

Dada la Reforma Protestante, surge el Concilio de Trento en el siglo XVI definiendo de


una vez y para siempre temas sobre los sacramentos, canon bíblico y la condena de muchas
doctrinas que hasta hoy siguen vigentes y que generan divisiones de ambas Iglesias, es por eso,
que existe un tratado, una declaración que ayuda a entender cuál es la verdadera doctrina sobre
todo el de la Justificación por la fe, que es la que ha estado en la cumbre de la problemática desde
entonces.
En el numeral cinco de esta Declaración Conjunta sobre la Doctrina de la Justificación en
1997, hecha por la Federación Luterana Mundial y el Pontificio Consejo para la unidad de los
cristianos dice el objetivo principal:
Una de las finalidades de la presente Declaración conjunta es demostrar que, a partir de
este diálogo, las Iglesias Luterana y Católica Romana se encuentran en posición de articular
una interpretación común de nuestra Justificación por la gracia de Dios mediante la fe en
Cristo. Cabe señalar que no engloba todo lo que una y otra Iglesia enseña acerca de la
Justificación, limitándose a recoger el consenso de las verdades básicas de dicha doctrina
y demostrando que las diferencias subsistentes en cuanto a su explicación, ya no dan lugar
a condenas doctrinales (Declaración Conjunta sobre la Doctrina de la Justificación P. 3).
En cuanto al mensaje bíblico, se está de acuerdo con que por medio de la desobediencia y
la propia injusticia de los hombres para con Dios nace el pecado y que por lo tanto, los hombres
rompen relación con Dios que siempre ha sido justo y fiel con todos desde el primer momento, por
eso se puede hablar de la Justicia de Dios y de la Justificación que es únicamente otorgada por su
propia iniciativa por medio de Jesucristo, y que la gracia, otorgada a todos por el Misterio Pascual,
ha hecho del hombre libre y por lo tanto, capaz de entender que solamente por la fe se alcanza la
redención. Todo esto, cobró una singular relevancia en el periodo de la Reforma Protestante; cabe
recordar que para Martín Lutero solamente con la Escritura bastaba para que el hombre pudiese
salvarse, negando asi las otras fuentes de la gracia como la Tradición y el Magisterio.
Se está de acuerdo muchas veces con la interpretación de la Palabra sobre todo, en las citas
de Rom 1, 16-17 donde se habla de la caída del pecado por medio de la justicia de Dios, que no es
más que volver al hombre su condición de justo y por lo cual se le concede la Justificación en Rom
3, 21-31, por medio del único mediador Jesucristo resucitado; la Justificación es el perdón de los
pecados, libera al hombre de la dominación del pecado, y la aceptación de la comunion con Dios,
la Justificación une al hombre con Cristo y su Misterio pascual, se recibe el Espíritu Santo por
63

medio del Bautismo, todo esto proveniente de Dios y su Justicia y por gracia mediante la fe en el
Evangelio del Hijo de Dios.
En cuanto al problema ecuménico se puede decir que uno de los grandes avances que han
podido reconciliar un poco el concepto de la Justificación por la fe en ambas Iglesias ha sido el
don maravilloso llamado Concilio Vaticano II que ha permitido llegar a una convergencia, del cual
es fruto la Declaración Conjunta para llegar a un consenso sobre los planteamientos básicos de la
doctrina de la Justificación, es por eso que gracias al Concilio Vaticano II, ya no se aplican las
sanciones que se venían arrastrando desde el siglo XVI, es decir, ambas Iglesias han querido ser
puentes y no muros, porque hay más cosas que unen a estas Iglesias que las que las separan,
hablando de la Luterana que es una Iglesia histórica.
Ahora bien, ¿cuáles han sido entonces las interpretaciones comunes entre ambas Iglesias?,
según la Declaración conjunta son las siguientes:
En la fe, juntos tenemos la convicción de la Justificación es obra del Dios Trino. El Padre
envió a su Hijo al mundo para salvar a los pecadores. Fundamento y postulado de la
Justificación es la Encarnación, Muerte y Resurrección de Cristo. Por lo tanto, la
Justificación significa que Cristo es justicia nuestra, en la cual compartimos mediante el
Espíritu Santo conforme a la voluntad del Padre. (Declaración Conjunta sobre la Doctrina
de la Justificación N. 15, P. 6).
Todos los seres humanos somos llamados por Dios a la salvación en Cristo. Solo a través
de él somos justificados, cuando recibimos esta salvación en la fe. La fe es en sí un don de
Dios mediante el Espíritu Santo que opera en Palabra y sacramento de la comunidad de
creyentes, y que, a la vez, les conduce a la renovación de su vida que Dios habrá de
consumar en la vida eterna (Declaración Conjunta sobre la Doctrina de la Justificación N.
16, P. 6).
Se puede observar que ambas iglesias han hecho un esfuerzo por mantener integra la
doctrina de la Justificación quedando claro que solamente por la fe, el hombre es justificado y que,
al haber recibido el Espíritu Santo, adquiere para sí dones y carismas que le ayudan a comprender
las palabras del Evangelio que lo invita al amor y a la comunión con Dios. ambas Iglesias, luteranos
y católicos, comparten el mismo objetivo de confesar en Cristo, que fue enviado por el Padre para
la salvación de todos por medio de su sacrificio en la cruz.
64

Hablando acerca de una explicación, los católicos afirman que la Justificación viene por la
gracia cooperando con su aceptación personal, si no, por la gracia otorgada por Dios. Los luteranos
opinan que el hombre es incapaz de cooperar son su salvación debido a las palabras que San Pablo
decía: por tanto, todos pecaron. Aquí puede decirse que ambas Iglesias están de acuerdo con que
el hombre innatamente no puede salvarse, sino, tiene que tener necesariamente un acto de fe, en
completa libertad, buscar de Dios, puesto que la condición de pecado le hace caer en la muerte, y
que, por medio de la fe en Cristo, esa situación puede cambiar si él está dispuesto a aceptar el don
inmerecido de la gracia por pura iniciativa de Dios.
Siendo fieles siempre a la doctrina de la Justificación, ambas Iglesias también tienen claro
y en común lo siguiente en el numeral veintiocho:
Juntos confesamos que, en el Bautismo, el Espíritu Santo nos hace uno en Cristo, justifica
y renueva verdaderamente al ser humano, pero el justificado a lo largo de toda su vida,
debe acudir constantemente a la gracia incondicional y justificadora de Dios, por estar
expuesto también constantemente, al poder del pecado y a sus ataques apremiantes […] asi
mismo, el justificado debe pedir perdón a Dios todos los días, como en el Padre Nuestro, y
es llamado incesantemente a la conversión y a la penitencia, y perdonado una y otra vez.
(Declaración Conjunta sobre la Doctrina de la Justificación P. 8).
Es necesario pues, acudir siempre al sacramento de la reconciliación, pues hay que renovar
constantemente la Justificación ya que, el cristiano aunque ya ha sido justificado por amor e
iniciativa de Dios, no está exento a las insidias del pecado y a todas las seducciones que el mundo
ofrece, y al ser carne, cae nuevamente en la ruptura de la comunion y es por eso, que, se debe pedir
perdón siempre, asi como el mismo Jesús lo enseña en el modelo de toda oración el Padrenuestro
(Mt 6, 12; Jn 1, 9).
Como cristianos, ambas Iglesias concluyen que el ser cristiano implica una vida llena de
sacrificio para ganarse el Reino de Dios, puesto que no solo basta en conocer de Dios, sino, creer
que por medio de Jesucristo y su Misterio Pascual, el hombre ha sido justificado y que además,
debe luchar incansablemente, todos los días contra las tentaciones del mal, las agresiones y
consecuencias del pecado que lo único que hace es llevar a la muerte, pero que con la gracia de
Dios, que ama al hombre de manera entrañable, como un Padre amoroso que no busca la
condenación de sus hijos, sino, ayudarles y dándoles los medios necesarios para que puedan en
65

total libertad, acercarse, creer y ser redimidos con la Sangre preciosa del Hijo de Dios quien vino
al mundo a ofrecerla por amor.
Se tiene la certeza de que siempre y cuando por medio de la penitencia pueda tener un acto
de humildad, asi pueda retornar a la gracia que ha perdido, es ahí la importancia del sacramento
de la reconciliación que enseña al hombre que Dios es amor y misericordia y que durante el
caminar de su vida jamás estará solo, basta solo la fe.
También la Declaración Conjunta invita al cristiano a ser testimonio de la fe que confiesa,
a dar fruto de sus buenas obras, actuar en la gracia que le ha sido concedida por medio de Cristo,
crecer cada día en la escucha de la Palabra, el cumplimiento de la misma, mediante la acción del
Espíritu Santo pueda mantenerse la justicia de Dios que como ya se había dicho antes, es hacer
que el hombre a pesar de su condición de pecador pueda volverse justo por medio de su fe en acto
de agradecimiento por tanto amor y bondad de Dios.
En conclusión, la Declaración Conjunta termina en su numeral cuarenta y tres diciendo:
Nuestro consenso respecto a los postulados fundamentales de la doctrina de la Justificación
ha de influir en la vida y el magisterio de nuestras iglesias. Allí se comprobará. Al respecto
subsiste en cuestiones de mayor o menor importancia que requieren ulterior aclaración
entre ellas temas tales como: La relación entre la palabra de Dios y la doctrina de la Iglesia,
eclesiología, autoridad en la iglesia, ministerio los sacramentos y la relación entre
Justificación y ética social. Estamos convencidos de que el consenso que hemos alcanzado
sienta sólidas bases para esta aclaración. Las iglesias luteranas y la Iglesia Católica
Romana, seguirán bregando juntas por profundizar esta interpretación común de la
Justificación y hacerla fructificar en la vida y el magisterio de las iglesias. (Declaración
Conjunta sobre la Doctrina de la Justificación P. 28).
Es importante reconocer que ambas Iglesias han hecho este consenso de poner en claro la
doctrina de la Justificación, puesto que Lutero, al haber interpretado erróneamente el texto de sola
fidei, (Rom 3, 28), hizo una brecha entre ambas iglesias y que, desde entonces, han existido algunas
discrepancias en la doctrina de Pablo. Mucho ha sido el trabajo, pero se ha llegado a algunos
consensos entre ambos y es un avance para la unión doctrinal de estas Iglesias que son más las
cosas que les une que aquellas que les divide. Falta camino por recorrer, sin embargo, ya se está
trabajando poco a poco en la comunión.
66

CONCLUSIONES

1. La Justificación manifiesta el amor de Dios para con los hombres mostrando la importancia
de la fidelidad, dando a conocer que la salvación es universal y no exclusiva al pueblo
judío.

2. La salvación nos viene por la fe en Jesucristo y no en las obras según la enseñanza de la


Ley. Aun siendo pecadores, Dios por su propia iniciativa ofrece la salvación a los hombres
haciéndolos justos por la Justificación.

3. El don manifestado por Dios se cumple en la acción salvadora de Jesucristo, en su Misterio


Pascual haciendo viva y eficaz su Palabra, por la cual ofrece vida en abundancia para el
creyente.
67

BIBLIOGRAFÍA

LIBROS FÍSICOS

Penna, Romano (2013). Carta a los Romanos, introducción, versión y comentario. Editorial Verbo
Divino.

Wilckens, Ulrich (1989). La Carta a los Romanos Rom 1-5 Tomo I. Ediciones Sígueme.

Díaz Juan Miguel (2000). Pablo y la Ley. Editorial Verbo Divino.

Stoot, John (2008). El mensaje de Romanos. Ediciones Certeza.

Kertelge, Karl (1979) Carta a los Romanos. Vol. 6. Editorial Herder.

Sánchez Bosh, Jordi (1998) Escritos Paulinos. Vol. 7, 8va. Reimpresión. Editorial Verbo Divino.

Dufour, Xavier León (1965). Vocabulario de Teología Bíblica. Vol. 66. Editorial Herder.

LIBROS DIGITALES

Cothenet, Edouard (4ta. Edición). (1985). San Pablo en su tiempo. Editorial Verbo Divino.

Martín Sánchez, Benjamín (13va. Edición). (1999). Nuevo Testamento. Editorial Apostolado
Mariano.

Debergé, Pierre. (1ra. Edición), (2012). Pablo, el Pastor. Editorial Verbo Divino.

Penna, Romano (1ra. Edición), (2003). El ADN cristiano. Editorial Verbo Divino

Senén, Vidal (1ra. Edición). (2007). Pablo de Tarso a Roma. Editorial Sal Terrae.

Piñero, Antonio (1ra. Edición). (2015) Guía para entender a San Pablo. Editorial Trotta.
68

DOCUMENTOS DE LA IGLESIA

Biblia de Jerusalén. (2009). Desclée de Browser.

Biblia de la Iglesia en América. (2019). PPC Editorial.

Biblia de Nuestro Pueblo. (2012). Editorial Mensajero.

Catecismo de la Iglesia Católica. (1992). Editorial San Pablo.

Benedicto XVI. (2013). Mensaje de Cuaresma 2013.

Francisco. (2016). Motu Proprio Misericordie Vultus.

Francisco. (2019). Gaudete et exultate.

Declaración Conjunta sobre la Doctrina de la Justificación. (1997)

PÁGINAS WEB

[Link]

[Link]

[Link]

[Link]

[Link]

Youtube

Fray Nelson. Para entender: Justificación, Redención y Reconciliación


[Link]

Monseñor Barron. La Fe Sin Obras Está Muerta - Sermón del Domingo del obispo Robert Barron.
[Link]

Monseñor Barron. ¿Qué Es el Pecado? - Sermón del Domingo del obispo Robert Barron
[Link]
69

También podría gustarte