Tesina Teológica - Francisco Barahona
Tesina Teológica - Francisco Barahona
Tegucigalpa 2024
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ÍNDICE
PÁGS.
Dedicatoria………………………….………………………………………………….. 3
Objetivo General y objetivos Específicos……………….…………….………………….4
Introducción……………………………………….……………………………………...5
DEDICATORIA
Este trabajo, está dedicado como acción de gracias a Dios por la oportunidad que me brinda
de vivir mi vocación y servirle para honra y gloria suya.
También a los sacerdotes amigos P. Eduardo Mancía, P. José Antonio Salinas y José
Antonio Chavarría que han colaborado con mi formación integral, y que, gracias a su apoyo
incondicional, a sus conocimientos y experiencia, han forjado en mí actitudes necesarias en el
caminar vocacional.
A mi madre, Linda Duarte, a quien admiro con mucha devoción por su trabajo, entrega y
sacrificio por sacar adelante nuestra pequeña familia.
A mi amigo, Raúl Fernando López, quien ha sido un ejemplo de entrega y amor por mi
vocación, Dios le de salud.
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OBJETIVO GENERAL:
Profundizar sobre la Justificación por la fe en el capítulo tercero de la carta a los romanos,
analizando cada uno de los puntos señalados por el Apóstol en la carta y así contribuir en la
enseñanza pastoral de ver el don de Dios manifestado en Cristo Jesús y en su misericordia por
medio del Misterio Pascual de Cristo.
OBJETIVOS ESPECÍFICOS:
1. Explicar en qué consiste la justicia, justificar y lo que es la Justificación para un mayor
conocimiento, manifestando el amor de Dios y la importancia de la fidelidad del hombre,
dando a conocer que la salvación es universal y no exclusiva al pueblo escogido por Dios
Israel.
3. Conocer que el don manifestado por Dios se cumple en la acción salvadora de Jesucristo
en su Misterio Pascual.
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INTRODUCCIÓN
Pablo afirma que él no anuncia algo sino, “alguien” a Jesús, Hijo de Dios y mesías en su
condición humana, descendiente de David, por medio del cual Dios justifica al hombre, es decir,
lo hace justo. Ya no se vive más en el régimen de la ley, sino en el de la gracia y la salvación,
puesto que anteriormente se vivía según la ley de Moisés, pero que con Jesucristo han sido
redimidos en la cruz y que ahora se vive en la gracia otorgada por Dios de su misma iniciativa en
salvar al hombre, por eso, basta la fe y creer para salvarse y así, quien tiene fe se justifica, y también
cumple las obras de la ley.
La fe de la Iglesia en Roma ya es conocida por muchos y Pablo reconoce esta condición y
es ahí donde nace el deseo de querer visitarles pues admira a esa Iglesia que no conoce ni tampoco
el fundó. Desea además compartir el mensaje que ha recibido por medio de su Evangelio y así
ellos responder por medio de la adhesión a Jesucristo. Aquí se encuentra con un Pablo adulto y
maduro en la fe, por eso, esta carta que es de las ultimas que él escribe se le llama su testamento
espiritual. Pablo desea comunicarles los dones espirituales que se obtienen en la vivencia de la fe
y la vida en Cristo, porque quien conoce a Jesús tiene una vida nueva, una esperanza nueva, dones
que fortalezcan la fe. Por experiencia, sabe que Cristo no lo ha defraudado jamás, por eso, no se
avergüenza del Evangelio (Jesucristo) y que además no es un Dios de un solo pueblo, sino, que
después de la salvación por Cristo, todos participan de esa Justificación ya sea judíos o no, la gracia
abarca al mundo entero, y en su misericordia, el justo vivirá por la fe. Hay que tener en cuenta que
“justificar” no es para Pablo una acción jurídica, ni tampoco es inocencia, sino, una acción de Dios,
don que se convierte en gracia que se dio por medio del sacrificio en cruz por Jesucristo para que
de esta manera podamos vivir en comunión con él.
La ley fue dada para recordarle al hombre la consciencia de sus delitos, que se dé cuenta
que algunas de sus acciones no son correctas y que debe enmendarse, corregirse, más ésta no lo
convierte en justo; quien hace justo al hombre es Dios por medio de su acción salvífica, es decir
quien cree en Jesucristo y a la Iglesia como dispensadora de la gracia (los sacramentos) entonces
Dios le justifica y convierte a todos los que creen en justos. Lo contrario al pecado no es la buena
conducta frente a la ley sino, la obediencia filial al Padre por la adhesión a Cristo y la acción del
Espíritu Santo que cada persona recibe por medio de la vida sacramental. Pablo también señala
que no hay nadie justo, por culpa del hombre, el nombre de Dios ha sido difamado, pisoteado y
puesto en mal por crímenes, desórdenes y por infidelidades. Dios seguirá siendo Dios, fiel, bueno
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y justo. Aquí el cristiano debe de plantearse el testimonio. ¿Somos lo que predicamos?, ¿somos lo
que aparentamos ser?, ¿vivimos en un mundo en donde solo señalamos los pecados de los demás
y no nos preocupamos por los nuestros? La coherencia y el testimonio de vida debe interpelar en
todas las cosas que se hacen en la cotidianidad, es un peligro inminente que siendo cristianos estos
no reflejen el paso de Jesús por nuestras vidas y ese es el error que muchos cometen, pues seguir
y vivir según Cristo Jesús no es fácil y San Pablo siempre lo ha resaltado, convertirse en fariseos
de la fe.
Una de las partes más importantes de todo este testamento espiritual que San Pablo ha
regalado; el fruto del pecado quiere decir, que es también el pecado es un proceso que tiene como
final la muerte. Aquí viene entonces el don maravilloso de Dios, así como quiere que todos los
hombres sean salvados, ha enviado a su único Hijo para que redimidos por su sangre sean
colmados de gracia, de perdón, es decir, mediante el sacrificio de Cristo en la cruz se ha redimido
de una vez y para siempre de las cadenas que no ataban al hombre y que estaban dejando sucumbir
el Espíritu llevándonos a una caída precipitosa hacia el abismo de la condenación, pero es por
medio de la salvación por Cristo que hemos sido justificados por Dios mismo, que nos invita a
creer en Jesús, y haciendo de él nuestro salvador y redentor, vivamos con él siendo hijos de Dios
también que por su iniciativa, quiere que vivamos y tengamos vida en abundancia. Pablo también
nos enseña que quien cree en esta salvación realizada por Cristo cumple la ley, es decir, la
Justificación por la fe no anula la ley, más bien se confirma dirá Pablo, pues quien cree en
Jesucristo y su redención por los pecados cumple a cabalidad la ley, hay que recordar que la ley
ayuda a reconocer las obras y así discernir que es lo correcto o no lo es, pero no nos redime, sino,
el cumplimiento de la ley se garantiza en la fe, se coodeterminan. Es por eso que, este don de Dios
es la Justificación, ha sido manifestado independientemente de la ley en la persona de Jesucristo.
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CAPÍTULO I
Pablo el apóstol de los gentiles, desde el cristianismo primitivo, ha sido y sigue siendo,
hasta el día de hoy uno de los pilares fundamentales de la fe y de la predicación. Apóstol por la
gracia de Jesucristo como él mismo se llama, se dedicó a evangelizar en lugares donde no había
llegado el evangelio aún, o al menos donde nadie se había preocupado por llegar, es decir a los
gentiles; los llamados paganos, que aún no conocían a Jesús y su mensaje.
De nombre Saulo, nacido en Tarso, Fariseo, era un conocedor de la Ley y fiel cumplidor
de la misma, encomendado a perseguir a los que profesaban su fe en Jesús, que amenazaba con
destruir las costumbres transgrediendo el culto y la manera de pensar judía de aquel entonces. En
el camino hacia Damasco se encuentra con Jesús y éste le hace una pregunta: ¿Saulo, por qué me
persigues? Acontecimiento que le cambió radicalmente la vida y que marcaría el inicio de su
conversión y a la predicación después de un tiempo de preparación.
En el capítulo tres de la carta a los romanos se pueden encontrar algunas formas de cómo
explicar los versículos de Rom 3, 1-8. Esta forma sería: los versículos 1, 3, 5 y 7 son preguntas
(objeciones) que el pueblo judío le hace a Pablo y en los versículos 2, 4, 5, 6 y 8, San Pablo
responde a todas las preguntas. En este capítulo tres de la carta a los romanos, el apóstol de los
gentiles quiere que se comprenda que, aunque los hombres sean injustos, pecadores, rebeldes y
hasta traicioneros, Dios siempre cumple con sus promesas en dar su perdón y su gracia, por lo
tanto, permanece y hace justo al hombre.
Entre algunos de la comunidad judía, el ritualismo los había llevado a perder el verdadero
sentido de su fe en YHVH. Para un judío ortodoxo son importantes la pureza ritual, la circuncisión
y el cumplimiento de la ley. Pablo los increpa de esta manera ¿será ventaja ser judío? He aquí la
primera objeción, ¿cómo Pablo siendo fariseo, judío de sepa, viene a hacerles esta pregunta si él
mismo conoce la ley?
Para Pablo, ya no hay otra cosa más importante que la fe en Jesucristo, por eso, la
circuncisión pasa a un segundo plano, ¿es irrelevante si se es circunciso o no?, puesto que eso
pertenece nada más a un aspecto ritual de pertenencia al pueblo judío; Jesús hace nuevas las cosas,
con lo cual, el antiguo rito ha sido sustituido por el Bautismo, razón por la cual Pablo hizo esa
pregunta a sus coterráneos. Hay una circuncisión del cuerpo, pero no del alma que es la más
importante, ¿de qué le sirve al hombre cumplir las leyes y preceptos si no tiene amor en su corazón
y no ha entrado en un verdadero camino de conversión que es el resultado de haber conocido,
aceptado y amado al Señor con hechos y no con palabras.
Pablo se ha dado cuenta que la observancia de las normas ni las obras de la ley, haber
estudiado con los mejores maestros y letrados, teniendo bienes, etc., con los que se obtiene la
Justificación, nada de eso, basta con tener fe. No son las obras de la fe, como la circuncisión las
que dan por hecho la salvación por eso él dice: ¿Qué ventaja hay en ser judío? Siendo fariseo, que
sabía y practicaba las leyes. Es por eso que comenzaban las diatribas.
Dios es Justo, del griego «justicia de Dios» un atributo a Dios que se le
atribuye también en el libro de los salmos (89): «Si sus hijos abandonan mi ley, si no viven mis
normas, si profanan mis preceptos y no observan mis mandatos, castigaré su rebelión con vara, sus
culpas a latigazos, pero no retiraré mi amor, no fallaré en mi lealtad» (31-34). Dios en el actuar de
los tiempos, se ha manifestado justo en todo momento, por eso, no tolera que sus hijos se
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misericordia de Dios y que, por iniciativa del mismo, éste ha merecido pues salir libre de
sus culpas. (P. 467).
Esto es cuestionable puesto que se sabe que con Dios no se puede debatir ni tampoco
desmentir ya que él es toda verdad y que nunca le falta la razón, por eso, el que Dios justifica es
considerado justo, aunque sus obras según la ley sean otras, pues Dios cuida el camino de sus
fieles. Justificar es lo que hace sentir al hombre libre de la esclavitud que le oprime por el pecado.
La iniciativa de Justificación de Dios se ha manifestado desde la creación del hombre, pues
Dios tuvo un proyecto en el cual todos los hombres serían justificados por medio de la fe en
Jesucristo, es decir, los que crean en la muerte y resurrección de Jesús, serán justificados por la fe
sin importar las obras de la ley, a esto se le llama Justificación.
Para una mayor comprensión de las Obras de la ley, el P. Jhon Whiteford (2021), afirma
que Pablo explica esto en la carta a los Gálatas 2, 16 dice lo siguiente:
«Sabiendo que el hombre no es justificado por las obras de la ley si no, por la fe en
Jesucristo, nosotros también hemos creído en Cristo Jesús, para ser justificados por la fe en
Cristo y no por las obras de la ley, por cuanto, por las obras de la ley nadie será justificado.»
Se podría decir que no es lo mismo cumplir la Ley que las Obras de la Ley, puesto que las
Obras de la ley son solo los medios para cumplir la ley, por eso Pablo dice, no son las obras,
si no, la fe en Jesucristo mencionado únicamente una vez en la carta a los Romanos.
«Debemos decirles a esas personas que quienes se dice que no han obtenido la justicia son
aquellos que creen que pueden ser justificados sólo por las obras. Sin embargo, los Santos
que vivieron hace mucho tiempo fueron justificados por la fe en Cristo ya que Abraham
vio de antemano el día de Cristo.» (Vol. VIII P. 30).
apropiados para los judíos en su debido tiempo. «(Comentario sobre los Gálatas VIII, P.
31).
En conclusión, las obras de la ley son solo un intento para para ser justificados por las
obras, particularmente las que norman el Antiguo Testamento y que no son aplicables a las normas
del Nuevo Testamento.
Dios será siempre fiel, desde un inicio y como señala san Pablo en los vv.2 y 3, ¿tienen
ventaja los judíos sobre los demás solo por ser el pueblo escogido? ¿Su infidelidad quita de alguna
manera la fidelidad de Dios? claro que no.
Romano Penna (2013) dice lo siguiente:
De modo que ni la posesión de la Ley ni el hecho de la circuncisión le sirven de nada al
judío si no observa la ley como tal…el judío más allá de sus infidelidades, puede contar
siempre con la inmutable fidelidad de Dios, el cual no es mentiroso o desleal como el
hombre (P. 267).
Aquí ya no se trata de una justicia individual, acomodada, sino, de una justicia universal,
puesto que ya no se presenta a un Dios salvador únicamente del pueblo judío, sino, de toda la
humanidad, incluyendo a los paganos, por tanto, ya no cabe decir un “yo” sino un “nosotros”, así
la misericordia y la justicia abarca a todos aquellos que aun siendo infieles confían en el don
inmerecido de la gracia que los judíos despreciaron, por eso, ya no solo es para ellos sino para
todos. De esto que, San Pablo les hace la pregunta: ¿pero acaso puede frustrar su infidelidad la
fidelidad de Dios? por supuesto que no (vv. 3) se sabe que aun con las infidelidades de todos, Dios
permanecerá siempre fiel a su Palabra, no porque sean algunos infieles Dios dejará de serlo.
Carlos Mesters (1993) afirma que:
Pablo no admite que nadie pretenda medir con nuestra lógica rastrera y corta a Dios. Tiene
otro punto que recuerda una idea que aparece muy fuerte en los profetas: nuestro Dios es
muy dueño de sí mismo muy celoso de su honra soberana, no tolera nunca someterse al
juicio de nadie. Él siempre exige nuestra respuesta, pero no se deja cuestionar nunca porque
él es fiel y nunca falló (P. 28).
Con la segunda objeción Pablo recuerda que es un plan Abrahámico, alianza que Dios desde
el inicio de la historia de salvación, nacerá de él un pueblo numeroso y una gran nación, lo que
convierte a este pueblo al primero entre los otros pueblos del mundo, por ser el escogido por Dios.
Promete que son muchos los que se salvarán según la promesa de Dios, recordando que sacó a
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Se trata de no ver a un Dios como justiciero o un vengador, sino, un Dios universal que
vela, perdona y juzga con amor, pues ahí demuestra el cumplimiento de sus promesas para con
todos, además que es un Dios que escucha, que permanece siempre fiel y que por años sin termino
ha venido aplicando la Ley del amor, la cual todos están invitados a seguir, Dios justifica a aquellos
que le temen y le aman de sincero corazón, necesita del hombre que se humille y reconozca su
condición, es por eso que aplica la Ley del amor, es decir que justifica por aquel que ha derramado
su sangre completa y entregó su cuerpo para la redención de los pecados del mundo entero.
Karl Kertelge (1979) sobre esto dice:
La infidelidad del judío queda de manifiesto en un pleito con Dios. El resultado de este
proceso no sólo es la demostración de la culpabilidad del judío y de la inocencia de Dios,
de su veracidad, sino la prueba asímismo de la justicia de Dios en el sentido de una acción
salvadora y redentora (P. 64).
San Pablo es un poco controversial en este apartado y existen algunas objeciones judías,
que luego tratará de una vez y para siempre hasta el capítulo nueve de la carta. Haciendo una
hermenéutica del texto, se podría interpretar que Pablo está hablando para él mismo, hay que
recordar que él fue formado como fariseo y lo contrapone con el Pablo cristiano.
No es fácil tampoco que un pueblo como el judío al ser comparado con los gentiles tenga
ciertas objeciones pues ellos se han creído el pueblo escogido, el de la antigua alianza y Pablo,
poniendo a Jesucristo como referencia hace ver que no existe una ventaja en ser judío pues en la
nueva ley todos conformamos una sola fe, y si el pueblo judío expresa infidelidad será juzgado
como los demás. John Stott (2008) dice al respecto:
Tenemos ante nosotros la enseñanza de Pablo que provoca las objeciones a saber que no
había ninguna diferencia fundamental entre judíos y gentiles y que la ley y la circuncisión
no garantizaban ni la inmunidad judía ante el juicio de Dios, ni la identidad judía como
pueblo de Dios. Esto parecía pone en tela de juicio, el pacto las promesas y el carácter de
Dios, promovía cuatro interrogantes diferentes, pero relacionadas entre sí (P. 99).
San Pablo en estos primeros ocho versículos pone de manifiesto una ruptura con los de su
raza, los judíos, enseña con claridad una serie de preguntas, que luego más adelante en el desarrollo
del capítulo trata de responder que no es una ventaja el ser judíos puesto que a pesar de ser el
pueblo escogido por Dios, también han pecado por lo tanto, infieles a Dios puesto que perdieron
el norte imponiéndose más leyes que las que Dios les impuso, dando como resultado una mal sana
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convivencia, creyendo que por ser judíos tenían ventaja ante la Justificación de sus pecados por
Dios, todo esto, le lleva a San Pablo una serie de mal interpretaciones que luego volverá a ellas
hasta el capítulo noveno. Las preguntas las formula dos veces respondiéndolas una por una.
En primer lugar, San Pablo comienza con las acusaciones que su mismo pueblo ha hecho
en contra suya, llamándolo anti judío, sin embargo, él los interpela diciéndoles que su
comportamiento como tal no los llevaría a Dios de ninguna manera; ser judío no es sinónimo de
salvación, ni la circuncisión garantiza que serán justificados.
Aquí también vendría a interpelar a los cristianos: ¿de qué le sirve a un católico saber de la
Biblia, doctrina y de Tradición sino da testimonio de lo que sabe? Aquí entra el juego del
conocimiento, ¿de qué sirve tenerlo sino se reconoce la Gracia que lo ha salvado? Aunque alguien
se sepa el Evangelio de memoria no le garantiza la salvación. San Pablo no se avergüenza de lo
que es (judío) más aún aclara que es un pecador y que no basta solamente en ser judío, sino, trabajar
por ganarse el reino de los cielos.
En el v.4 en el original en griego , que es el ¡No! Mas fuerte y directo, Pablo
dice ¡de ninguna manera! Al referirse que Dios es un Dios de verdad irrefutable y que el hombre
es mentiroso, puesto que la fe debe estar puesta en Dios y no en los hombres. En el v.5 Pablo ataca
a aquellos que discuten contra la verdad de Dios, creyendo en un Dios que juzgará injustamente,
oponiéndose así a la voluntad de Dios.
No pretende pues, San Pablo que los judíos se crean más que los demás, sino, que, por
medio de la fe en la redención de Cristo, y no solo por las obras de la ley, puedan alcanzar la
Justificación. ¿De qué sirve seguir la ley al pie de la letra sino se sigue lo mandado por Jesús y no
se tiene la convicción de la redención por él en el sacrificio hecho en cruz? No basta conocer las
leyes de memoria y hacer que otros las cumplan, sino, estar completamente convencidos del
Misterio de Cristo y así como de manera automática cumplir lo que manda la ley.
Algunas veces se ve que en los tiempos del Nuevo testamento era muy importante cumplir
las leyes (sobre todo, las rituales contenidas en la Torah), como aquellas en donde se menciona la
pureza, ofrecimiento de holocaustos y ofrendas, fertilidad, cosechas, el precepto del sábado (día
de reposo), la circuncisión, etc., todo lo que tiene que ver con la observancia, la lapidación, la
condenación de las personas impuras contagiadas con lepra eran sumamente discriminadas, no se
le daba la dignidad a las personas como los ancianos, el lugar de las mujeres, todo esto, era visto
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con desprecio y era condenado aquel que no contemplara estos aspectos rituales, se consideraba
como pagano, era desterrado y a veces hasta condenado.
El mismo Jesús quien a pesar de todo esto, no vino a abolir la ley ni lo enseñado por los
profetas, sino a darles cumplimiento y plenitud queda claro cuando él recuerda que hay que hacer
lo que piden las autoridades, pero no ser como ellos, una sumisión a las leyes, pero sin dejar atrás
lo más importante, no son las obras de la ley las que salvan sino, la ley del amor que ofrece Jesús
y que San Pablo lo recuerda en este capítulo, que cumpliendo la ley del amor, se cumplen las obras
de la ley, y no por el simple hecho de ser judío, sino, creyente.
No hay ninguna ventaja en ser judío, la justicia de Dios que ha prometido la fidelidad a
aquellos que por la esperanza en Cristo y la redención no debe de confundirse como un contrato
de compra venta, no es que Dios se esté cobrando la Sangre de Cristo, sino, que hay que vivir
confiados en que Dios nos justifica por medio del sacrificio en Cruz y la Resurrección del que vino
a entregarse por amor, enseñando a todos que hay un Dios que solamente quiere el bien de sus
hijos y ese amor lo motivó a entregar a su único Hijo para que todos tengamos vida y en
abundancia, creada por iniciativa suya.
Esta es la ley del amor, la que vale, la que importa, por la que todo cristiano debe luchar a
diario, independientemente, sea laico, sacerdote u Obispo, todos están llamados a gloriarse en la
cruz de Jesús y no vanagloriarse por tener un puesto, una dirección, coordinación, sino, esa gracia
y don inmerecido ofrecido por él debe también ganarse en una carrera, como los atletas, y ese
camino es Cristo, que es Camino, Verdad y Vida, que muestra cómo debe de vivirse la vida, con
amor, sin desprecios, sin ningún tipo de prejuicios, sino, vivir esperanzado en el amor de Dios
confirmando así y con la convicción en Jesús es como todos y cada uno han sido justificados por
Dios en el amor.
hecho por el primer pueblo escogido por él mismo y así manifestar su gloria por todas las
generaciones. Dios quiere que al ser justificados se pueda ser fieles también como correspondencia
de ese amor indiscutible que nos tiene al ser sus hijos, hay que mencionar que el amor que Dios
nos tiene, la fidelidad que nos da y los dones inmerecidos a manos llenas, son prueba de que su
fidelidad llega a todas las edades.
¿Qué es pues entonces la fidelidad?, ¿Qué espera Dios de sus fieles a cambio de la
Justificación? Pues bien, hay que decir que fidelidad viene del latín «fidelitas» que significa
lealtad, honestidad, nobleza, confianza, franqueza, fe, etc., y esa es la finalidad, todo aquel que se
siente amado por Dios, por consiguiente, es reconciliado con Dios, lo menos que puede hacer es
ser leal, honesto, sincero con él, noble en el comportamiento con los demás, ser franco, decir
siempre la verdad, y tener bien cimentadas las convicciones de un Dios que es clemente y rico en
misericordia.
En la carta de Santiago 2, 17-19, se encuentra un pasaje que sido estudiado por muchos,
que en primer momento pareciera una antítesis de lo que Pablo enseña, «Así también la fe, si no
tiene obras es muerta en sí misma, pero alguno dirá: tú tienes fe, yo tengo obras. Muéstrame tu fe
sin tus obras y yo te mostraré mi fe por mis obras».
Para poder entender lo que Santiago quiere decir, hay que estudiar el contexto en el que lo
dice, si no, estaría contradiciendo lo que Pablo dice sobre la doctrina de la Justificación. En primer
lugar, Santiago apunta a una fe que no tiene obras, aquí la pregunta: ¿cómo se puede un cristiano
decir que tiene fe si no da testimonio de la misma?, aquí se comprende que la fe de la que habla
Santiago es una fe falsa, la que no viene de Dios, por eso la fe la llama muerta, porque no se
fundamenta en la misma fe de la que habla Pablo. Esta ha sido siempre la controversia entre la
Iglesia protestante y la católica.
Este contexto de la carta de Santiago, contraponiéndolo con el de Pablo a los romanos tiene
puntos similares para entender que no son contradictorios, si no, complementarios: el primero,
ponen de ejemplo a Abrahán que primero creyó para luego ser contado como justo, Abrahán creyó
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por la fe, pero antes tuvo que actuar por sus obras. Segundo, Santiago habla que el resultado de la
fe deben ser las buenas obras, las que Pablo ya entiende al tener una verdadera fe.
Cabe mencionar que el creyente que ha sido justificado, debe tener una convicción de fe
grande, puesto que no solo se es fiel diciéndolo con palabras, debe acompañarse, además, de un
testimonio que habla solo, Carlos Mesters (1993) dice esta afirmación:
Tener fe en Jesucristo no es algo que quede solamente en la cabeza, no. Es mucho más serio
que aprender de memoria el Catecismo, creer en Jesucristo es ponerlo en el centro de la
vida y seguir fielmente sus pasos de redención. La fe en Jesús debe correr por nuestras
venas, palpitar en el corazón, mover brazos y piernas (P. 30).
La conducta desleal del hombre ciertamente entristece el corazón de Dios que todo lo ha
dado por los hombres. Desde la antigüedad se ha manifestado la infidelidad del hombre, pero, Dios
muestra a los suyos que siempre está con ellos, que no los deja solos, que cumple lo que promete,
que arremete contra aquellos que desean la perdición de su pueblo escogido, sin embargo, esta
alegría del pueblo con su Dios se acaba pronto, pues pareciera que se le olvida al pueblo las cosas
que ha hecho Dios por ellos, sin embargo, Dios se mantiene fiel y aquí lo más importante como
diría Karl Kertelge (1979):
La conducta de los judíos desleal al pacto y contraria a Dios se expone aquí por lo mismo
como un pleito forense. No puede caber duda del sentido que tiene la victoria lograda al
respecto. El triunfo de Dios consiste precisamente en la revelación de la justicia (P. 64).
Es necesario también que algunos que son infieles participen de la gloria de Dios, el
ejemplo es Israel, con quien hizo un pacto, una promesa de libertad y no creyeron el él, vino al
mundo y no le reconocieron, esa misma infidelidad desleal, ha hecho más grande la gloria de Dios
pues ahora en estos tiempos con un nuevo Pacto, una Nueva Alianza sellada en el sacrificio de
Cristo en la cruz para la redención de los pecados, constituye a un nuevo pueblo llamado Iglesia,
Pueblo Santo, y con ese mismo amor quiere dar la salvación a todos, la antigua alianza pasa a ser
la Nueva Alianza, justificados por amor.
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Delante de la justicia de Dios no queda otra opción que humillarse y aceptar la condición
de infidelidad, una vez hecho, se muestra la justicia y la fidelidad de Dios; no se desea tampoco la
culpabilidad del pueblo judío, sino la inocencia de Dios, pues aquí quien obra mal es el hombre,
que ha recibido todo de él y que no ha sido fiel.
El padre Benjamín Martínez Sánchez (1960) argumentando sobre estos versículos nos dice
lo siguiente:
Dios es el juez del mundo y, juzgará lo mismo a los judíos que a los gentiles, y si se dice
que la infidelidad de los judíos hace resaltar la justicia de Dios, otro tanto se podría decir
de los gentiles pues al pecar contra le ley natural harían resaltar la autoridad de Dios al
sancionar su pecado, lo cual es un absurdo, Dios castigará siempre el pecado por cuanto
siempre es pecado, y como tal es malo (P. 134)
Se puede afirmar que, Dios es justo, bueno y fiel, pero depende de cada uno según su
conducta, sin importar su procedencia, judío o no judío, alcance la salvación y de ninguna manera
afirma que Dios castigará como un juez que dicta la sentencia, y no, no es así; más bien, es un
Dios de perdón, misericordia, compasivo, lento a la cólera y rico en piedad y leal, sabe esperar que
sus hijos vuelvan, se arrepientan de sus malas obras y mal testimonio. Por esa insistencia de
misericordia, bondad y lealtad es que Dios se gloría más por las infidelidades.
El texto interpela toda la vida del ser cristiano, ya se hablaba que serlo es una realidad
difícil pero no imposible, se entiende que Dios es fiel siempre y nunca ha fallado, basta con ver
también en la historia de salvación del pueblo de Israel que ha sido fiel, justo y cumplidor de
promesas.
El cristiano debe ser testimonio de la fe que ha recibido, debe estar siempre agradecido con
Dios por todas las concesiones que recibe simplemente poque Dios es fiel, justo y compasivo.
Cada uno debe defender y hacer una verdadera apologética de la fe, aquello que ha recibido gratis,
darlo gratis, muchos como Pablo recibirán también las objeciones de su Pueblo, porque si han
recibido el Evangelio transmitido por Jesús y siguen los mandamientos de la fe y el amor seguirán
siendo perseguidos por aquellos que son necios y ejercen el pecado contra el Espíritu Santo, no
dejar que la gracia de Dios y la Palabra entren en su corazón.
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Pablo afirma que hay que estar preparados ante esta situación que se viene, lo importante
es mantenerse fieles, constantes, perseverantes para que la fe sea auténtica, así como lo pide Dios
y aquí se quiere resaltar una de las virtudes que brotan del corazón de Dios: la misericordia,
¿Por qué Dios no ha querido destruir nuevamente al hombre puesto que es infiel? Simple,
porque nos ama y desea que todos sean salvos, él nos perdona siempre, inagotablemente, un amor
que sobrepasa todo amor, su entrega amorosa que se puede probar por medio del sacrificio Pascual
de Jesús, quien por amor dio su vida para que los demás sean salvos, una muerte en cruz, a quien
Pablo predica con ardor, para la salvación de muchos y por quienes Dios da ese don inmerecido
que es la gracia, la misericordia, el perdón, la oportunidad de volver a vivir, un regenerarse, en fin,
la oportunidad de vivir nuevamente en la gracia que un día se perdió por medio del primer pecado,
el original.
En tal caso, se contrapone una injusticia de parte del hombre al ser injusto por no querer
dejarse amar ni hacer lo que Dios le manda contra su bondad y fidelidad.
Ciertamente existe un juicio, pero está reservado para el “juicio final” Dios no condena,
simplemente es justo, misericordioso, clemente y compasivo, misericordioso y esto logrado por
medio del Evangelio que Cristo mismo predicó y que Pablo desea que sea entendido, con una
intención teológica, por los demás, poniendo siempre la Justificación del hombre por el misterio
pascual de Cristo, su Pasión, Muerte y comprendido a la luz de la Resurrección.
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San Pablo, que ha sido fiel hasta el final, menospreciaba toda sabiduría que no fuera la del
Evangelio de su Señor, defensor acérrimo a la enseñanza de la observancia, siguiendo el ejemplo
que él mismo recibió: El Evangelio de Cristo (Rom 1). Decidido a darlo todo y pasar por cualquier
circunstancia con tal de defender la Buena Noticia, dando la pauta a los cristianos vivir en la
fidelidad con los mismos sentimientos de Jesús. Pablo estaba tan seguro de la vida que llevó, que
cuando le escribe a Timoteo ya cerca del final de su vida, le dice: “Estoy listo para recibir la corona
de la gloria que Dios me ha prometido” (2Tim 4, 6-8).
El carácter efervescente con el cual escribe este capítulo de la carta a los Romanos,
convencido de su fe y portador de la Buena Noticia, habla a esta porción de la Iglesia por su
experiencia como judío, sabe que se debe vivir en la gracia de Dios, no solamente en la observancia
de la ley, en el cumplimiento de las normas y preceptos, sino, estar convencidos que, Dios es fiel,
bondadoso y misericordioso y que aun siendo infieles Dios no es vengativo, sanguinario ni mucho
menos traidor, que no castiga con ira, ni quiere la perdición de los hombres, sino, todo lo contrario,
esforzarse cada día por mantenerse en gracia cumpliendo la ley por medio de la fe en Jesucristo y
su sacrificio en cruz que da la vida, transforma y guía en la vida y asi ser como Dios: justos,
misericordiosos y, sobre todo, reconocerse como hijos de Dios que quiere el bien para todos en
completa libertad.
Es necesario comprender desde un punto más profundo cómo es la fidelidad de Dios, que,
desde el Antiguo Testamento, al inicio hace un pacto con Abrahán en Gn 12 quien a su vez le
corresponde con fidelidad, invitándolo a dejar su tierra e ir al lugar que él le mostrará, Dios le
visita y le promete una descendencia como la arena del mar y las estrellas del cielo, un tierra y
larga vida. Sin embargo, cuando esa promesa se cumple, éste le pide que lo ofrezca en sacrificio
Gn 22, Abrahán confió en Dios, al momento de hacer el sacrificio un ángel lo detiene y le dice que
su fe ha sido probada y que confió hasta el último momento.
Mas adelante a esta descendencia le toca recoger esos frutos. Moisés quien en sus inicios
también Dios le pidió que guiara a su pueblo, diciéndole “Yo estaré contigo” Ex 3, 12, Moisés
quien, aunque al principio incapaz de la misión, la llevó a cabo y poniendo su fe en Dios condujo
a este pueblo por el desierto rumbo a la tierra que le había prometido a los Patriarcas, sacándolo
de la esclavitud a la que estaban sometidos en Egipto. Este pueblo que, además, no siempre fue
21
fiel, Dios nunca dejó de estar con ellos y les ayudó a poder instalarse en la tierra prometida dejando
en claro que él nunca olvida sus promesas y que permanece fiel siempre.
El Santo Padre Papa Francisco sobre la fidelidad de Dios nos dice lo siguiente:
La fidelidad de Dios es una fidelidad paciente: tiene paciencia con su pueblo, lo escucha,
lo guía, le explica lentamente y calienta su corazón, como lo hizo con estos dos discípulos
que se alejaban de Jerusalén: conforta sus corazones para que vuelvan a casa […] La
fidelidad de Dios siempre nos precede y nuestra fidelidad es siempre la respuesta a esa
fidelidad que nos precede. Es el Dios que siempre nos precede. Y la flor del almendro, en
primavera: florece primero. Ser fiel es alabar esta fidelidad, ser fiel a esta fidelidad. Es una
respuesta a esta fidelidad. (Homilía del miércoles 15 de abril de 2020).
Es él quien nunca se cansa de esperar, con amor entrañable, con un amor de Padre que
espera siempre en sus hijos, pero en toda libertad, porque él creó al hombre libre, la salvación, la
Justificación y la gracia llegarán si y solo si él se deja «misericordear», neologismo que el Papa
Francisco insertó en el vocabulario católico para decir: dejarse amar, perdonar, vivir en constancia
y perseverancia. El amor que Dios le tiene a los hombres, va a manifestarse si se arrepienten de
corazón de sus pecados, y, en completa libertad lo busca, para así, concretar su fidelidad e imitar
las enseñanzas del Evangelio que san Pablo quiere transmitir en esta carta.
La fidelidad es armonía entre Dios y sus hijos, la paz que debe sentir cada uno para vivir y
darse por completo en la misión que el mismo Dios le encomienda, la fidelidad es un tesoro
incalculable, pues quien se deja a la voluntad de Dios confiando en su bondad y misericordia,
puede cumplirse el pasaje de Lucas 2 “Para Dios no hay nada imposible”.
Muchas veces se suele pensar que los términos contrarios no pueden mezclarse, por
ejemplo, luz-oscuridad, bueno-malo, etc. Surgiría a partir de aquí una lista enorme de antónimos
22
Romano Penna (2013) explica esta teología de Pablo en cuanto a la mentira del hombre y
en cuanto a la verdad de Dios:
Lo que está en juego no es tanto la iniquidad del hombre que aquí se reafirma en forma de
«mentira» . Esta es sobradamente conocida. Se trata por el contrario de aclarar que
en este género de condición humana demasiado humana se afirma otro principio que no es
sólo la condena, sino la fidelidad de Dios asimismo y al hombre. La equivalencia de verdad/
fidelidad es propia de los LXX, donde traduce en más de dos tercios de sus
apariciones el hebreo «emet» o bien «emunah» en una cuya raíz verbal «amán» quiere
decir: Ser estable, fiel, seguro, de modo que los dos sustantivos resultan sinónimos y
significan solidez, fiabilidad de dónde «felicidad» en referencia a personas «credibilidad»
en cuanto a validez duradera en referencia a palabras o mandamientos (P. 276)
Es aquí donde se puede entender esta teología, Dios se ha valido del mismo pecado, la infidelidad
del hombre, que siempre ha buscado que Dios le demuestre su amor y su lealtad, el hombre por
terquedad, orgullo y soberbia aleja a Dios y se corrompe, por eso «mentira» viene a ser solamente
la prefiguración de la infidelidad y vida de pecado que desde generaciones se viene practicando.
Aquí no solamente lo divino le gana a lo humano, sino, que de una manera impresionante
(debe ser de Dios) ese mal del hombre sirve para que Dios sea glorificado en verdad, justicia, amor
y fidelidad. Pero hay que recordar que solo en las cosas buenas podemos hacer que la glorificación
23
de Dios surja efecto, no en las malas, porque entonces se estaría justificando un mal
comportamiento para aquellos que son malos y que su intención no es darle la gloria a Dios, sino,
que, con las malas obras, no son testimonio de la luz.
Existe una objeción que vale la pena reflexionar: si nosotros (dirán algunos) con nuestra
maldad y pecado le estamos dando gloria a Dios, ¿por qué se nos sigue llamando pecadores? ¿acaso
no le estaríamos haciendo un favor a él? Con mi maldad la verdad de Dios se aclara y resplandece;
entonces, es razonable pensar que si ya se entiende que nuestra «mentira» es la «verdad» de Dios
deberíamos de recibir una recompensa de su parte y no seguir siendo llamados pecadores,
ciertamente.
Jhon Stott (2008) haciéndose estas mismas interrogantes y argumentando lo que San Pablo
decía que «cuando seamos peores cuanto mejor más será sobresaliente será la misericordia» dice:
Esta vez Pablo no contesta las preguntas que supuestamente plantea su enseñanza. Porque
no merecen una refutación seria; su perversidad es, francamente evidente, basta con decir
en cuanto a estos que objetan, ¡qué bien merecida se tienen la condenación! porque no hay
resultados buenos que puedan justificar la estimulación del mal el mal jamás promueve la
gloria de Dios (P. 102).
Pablo, al escribir este capítulo, y sobre todo estos versículos 7 y 8, hace notar su empeño
en defender el criterio y el carácter de Dios hacia los demás, reafirmando asi que existe un pacto
permanente entre Dios y los hombres, la fidelidad a las promesas, la justicia de Dios y
evidentemente la glorificación de Dios que se promueve únicamente con las buenas obras y no con
las malas. En esto se puede notar entonces cual maldad sí glorifica a Dios, y es aquella que se hace
aun reconociendo al Señor como su señor y salvador.
Dios, glorifica su nombre, porque entonces le ha quedado claro que aun siendo pecadores
y haciendo el debido proceso de conversión, Dios da la libertad al hombre de ser testigo y
testimonio de la verdad y la justicia manifestadas en el amor inefable de Dios por medio de
Jesucristo, es ahí donde Dios es glorificado. En cambio, aquellos que obran el mal y no quieren
hacer uso de la libertad del hombre y la oportunidad de que Dios los ame y les perdone, decidan
poner en riesgo su salvación, se dedican a hacer el mal y no el bien, y es por eso, que, estas obras
malas no glorifican a Dios en lo absoluto.
24
Según Stott (2008), se debe actuar de la misma manera que Pablo, defendiendo a Dios
contra aquellos que pretenden condenar todo y que se quieren justificar en sus malas obras, si no,
diciendo que aquellos que, aunque obren mal se arrepienten y creen en Jesús que murió y resucitó
pueden justificarse y ese modelo de conversión sirva para poder glorificarle y asi poder decir que
por mi mentira Dios se glorifica, abre las puertas de la verdad.
También aconseja que hay que estar preparados, en todos los tiempos, la Sagrada Escritura
siempre está atenta a la crítica y a las interrogantes del Pueblo de Dios, llama a fortalecer la
formación y que se pueda dedicar cada vez más a las cosas que importan, los cristianos y los no
cristianos tienen siempre interrogantes y es necesario estar preparados y este pasaje de Pablo ofrece
una enseñanza rica con un precedente apostólico.
En todo este contexto Pablo trata de la perdición del hombre en el pecado. Aquel, en
cambio, que ha sido liberado del pecado puede practicar la nueva obediencia de cara a Dios
(El nuevo testamento y su mensaje, Carta a los romanos P. 66).
Durante todo este apartado que en los versículos 1, 3, 5 y 7 se encuentran las objeciones
que tienen los judíos acerca de esta problemática, en especial este versículo 7 que habla sobre la
condición humana de la mentira contra la verdad de Dios que ya se ha venido fundamentando,
viene a ser nada más y nada menos que una manera de contraponer lo humano con lo divino y que
a la luz de muchos que no conocen la fe, se puede decir que no es posible sacar una verdad dentro
de la mentira y mucho menos que esa mentira reproduzca gloria para Dios que en primer lugar se
sabe que él no necesita de nuestra alabanza.
Sin embargo, según Ulrich Wikens (1989) quiere dar una perspectiva sobre esto y que
parece coherente a manera de explicación a estas interrogantes:
Bajo la premisa del juicio según las obras. También para Pablo teólogo cristiano. Pero con
mentalidad judía tiene que suponer un contrasentido profundo hablar todavía de la justicia
de Dios como de su poder Salvador. Y si permaneciera esta situación entre Dios y hombre.
De hecho, seria desoladora para ambos. La justicia de ambos se tocaría en un solo polo
opuesto de. En lugar de la correspondencia entre la fidelidad de Dios y del hombre a la
alianza, Justicia y salvación tendría lugar una correspondencia entre justicia de Dios, vacía
25
de todo tipo de realidad salvífica. Retirada a sí misma y una actuación humana que se
oriente al mal que en cuanto tal sería bueno, sólo para Dios (La Carta a los Romanos, Rom
1-5 vol. I P. 211).
Todo esto, resultado de las objeciones que los judíos hacen a Pablo acerca del cómo es
posible que la maldad o infidelidad del hombre pueda gloriar el nombre de Dios, pero, hay que
recordar lo siguiente: aquí se trata de entender qué se está hablando de la fidelidad de Dios con la
infidelidad, la justicia de Dios contra la injusticia del hombre, de la cual Dios se vale de ella con
el testimonio de los cristianos que han sido malos pero que han retomado el camino de la verdad,
se convierten en testimonio veraz de Dios.
Es ahí cuando la gloria de Dios se enaltece por el testimonio de coherencia de los que
practican la verdad aun siendo pecadores, la gracia de Dios se derrama en aquellos que siendo
malos han reivindicado su camino, han buscado de Dios, le han constituido como su Señor y
Mesías y por lo tanto, al final, el beneficio más grande que hay es el amor manifestado en la gracia
de parte de Dios ofrecido a aquellos que lo buscan de sincero corazón, no de manera mediocre
sino, con resultados palpables y testimonios fehacientes.
Ya para finalizar, en el versículo 8 de este capítulo, Pablo desea poner fin a esta diatriba
como dirá Romano Penna (2008):
El versículo 8 representa el punto culminante de esta breve sección tipo diatriba, aunque
sea “insólitamente poco elegante y enmarañado”. La versión que de él le hemos dado toma
decisiones acerca de la cuestión de la construcción sintáctica y también sobre la de la
puntuación como tal. En este momento Pablo Mezcla la cuestión objetiva de poder pecar
impunemente ya enunciada aquí y retomada con. Personal ante una calumnia de la cual él
mismo ha sido víctima. El gozne de la frase es el eslogan que algunos le atribuyen según
el cual el apóstol defendería el principio de que debemos hacer el mal para que de ahí venga
el bien. (P. 279).
al cristianismo, es la misma conducta, que Pablo (llamado Saulo) quiso justificar. Todo esto
contrario al Pablo que conocemos, quien antes veía esto como correcto, busca que los demás se
den cuenta que lo que están haciendo no tiene razón; según los fariseos es dar gloria a Dios, pero
no se puede en las acciones negativas, puesto que son las positivas, las buenas, y las que dan gloria.
Es por eso que ser cristiano no es un eslogan, una campaña publicitaria, una ley que cumplir
o normas a seguir. Ser cristiano implica mucho más que eso e identificar las cosas que realmente
son importantes y San Pablo se creía el Evangelio, hizo que el mensaje de Jesús se metiera en sus
venas y luchara hasta con sus coterráneos en las partes más profundas y delicadas; no es una simple
norma, sino, que por medio de la fe en aquel que vino al mundo a dar vida en abundancia, quien
derramó su sangre para redimir al mundo y que resucitó al tercer día, pudieran los hombres
participar de esa gracia que Dios ofrece a todos; solo así, después de haber recibido la redención
y el perdón de los pecados es como se va a iniciar una transformación de vida, mismo que exige
el seguimiento como discípulo, la llamada a la conversión y a la santidad.
No se puede ser cristiano y seguir en la contaminación del cuerpo y el alma; San Pablo lo
sabía y es por eso que, defiende la fe en Jesús asi como cuando era fariseo. Amar con un solo
corazón y con una sola alma como narra Dt 6, 4.
San Pablo, viéndose difamado tiene una respuesta para ello, Romano Penna (2013)
argumenta sobre esto:
En todo caso, el Apóstol considera que esa máxima es difamatoria, bien con respecto a él,
bien, indirectamente, con respecto a Dios. Por esta razón, termina con una sentencia de
reprobación y de condena inapelable de tal doctrina y de quienes la sostienen (P. 280).
Hay que entender que Pablo es una persona que sabe que ir en contra corriente de su pueblo
nativo es contraproducente, que esto le acarrearía muchos problemas y objeciones, y en esta
primera parte del estudio del capítulo tres, se ha visto que no siempre se puede quedar bien aun
queriendo hacer el bien. Muchos de los judíos que habían conocido a Pablo como fariseo, no
podían entender como cambió radicalmente al punto de ponerse hasta en contra de aquellos que le
habían recibido en le fe judía y ser sentenciado a la muerte por pregonar dicha fe. Se seguirá este
estudio pensando en que no es fácil ser cristiano, y en aquellos tiempos mucho menos, ser
perseguido, calumniado y hasta asesinado implicaba tener un coraje tan fuerte como el de Pablo.
27
Una fe que enmarca el camino trazado por el Resucitado no es fácil, hay que ver todo a la
luz de la fe, y muchos que no lo están, no pueden darse cuenta que todo se hace por la fe en aquel
que nos ha precedido en el amor y la entrega mutua por los hermanos. No cabe duda que san Pablo
deja una gran enseñanza: Vale la pena seguir a Cristo, entregarse, desgastarse y hasta morir por el
Evangelio proclamado, incansablemente, y exhortando a todos, aunque no sea bien recibido, llevar
la Palabra de Dios hasta el final.
CAPÍTULO II
POR TANTO, TODOS PECARON (Rom 3, 9-20)
El pecador es aquel que se aleja no solamente de Dios sino de todo lo que le ha dado, nunca
está conforme porque el pecado no lo deja dormir, como dice el salmo, “Dia y noche medita el
crimen” pasa pensando y obrando el mal, por tanto, negando a Dios y renegando de su voluntad;
pecado que tuvo consecuencias para todas las generaciones, y que han vivido una privación de
Dios, sin embargo, Dios no lo ha dejado solo a pesar de ser injusto, infiel, obstinado y en
consecuencia seducido por la maldad de algunos.
Los cristianos están llamados a buscar de Dios, teniendo tantos testimonios que impulsan
a tener y vivir una vida santa en Dios. El CEC también haciendo referencia a la Carta a los hebreos
en el N. 165 nos recuerda este pasaje:
También nosotros teniendo entorno nuestro tan gran nube de testigos sacudamos todo lastre
y el pecado que nos asedia y corramos con fortaleza la prueba que se nos propone fijos los
ojos en Jesús el que inicia y consuma la fe (Catecismo de la Iglesia Católica #165).
Aquellos que han abrazado la fe están llamados a la santidad y a dar testimonio de lo que
han aprendido, es decir, la experiencia del acontecimiento Cristo y su Misterio Pascual pasa a ser
hombre nuevo, camina por un proceso de transformación; nadie que ha tenido la experiencia con
el Resucitado puede decir sea la misma persona, siempre hay una metanoia, es decir, una
transformación de vida, una luz que le indica que debe dar testimonio no sólo a aquellos que han
hecho el bien si no, a todas las personas, que aún no han conocido al Señor.
Jesús lo dijo en el Evangelio de Juan: “He venido para que tengan vida y la tengan en
abundancia” Jn 10, 10. En cambio, aquel que después de conocer a Jesús y recibido el Evangelio
y no coincide su estilo de vida con el de Jesús, ese se convierte en un hipócrita que se engaña a sí
mismo y, por tanto, demuestra que no ha dejado que Jesús tome las riendas de su vida y que la
transforme. San Pablo pide coherencia, que se pueda hacer lo que se predica y predicar de lo que
se hace, poniendo siempre delante a Jesús que por su entrega amorosa da a todos la gracia
santificadora del Padre.
San Pablo, quien hace esta referencia y es importante resaltar que, vuelve a hacer una
interrogante: ¿Entonces qué? ¿llevamos ventaja? Pregunta que hacía por el simple hecho de ser
judío, porque hay que decir que, este pueblo por dicha condición se sienten justificados por ser el
pueblo elegido, y se sabe que no solo por el cumplimiento de la ley se llega a dicha Justificación
y es de lo que se trata principalmente esta tesina, justificar que Dios siempre perdona y que ama
por el hecho de creer en aquél que nos ha salvado por su muerte y resurrección gloriosa, esa fe en
32
Jesucristo es la que nos justifica y no el cumplimiento solo de las obras de la Ley, por eso, Pablo
nos dice: ¡No del todo!
¿Qué es lo que le falta a este pueblo para salvarse? Le falta creer en el Mesías, salvador
que por medio de la entrega amorosa que hizo, han quedado justificados los pecados del mundo.
Pablo había aclarado esta situación desde el capítulo dos de esta Epístola (2, 12-29) quien decía
que por el mismo orgullo y arrogancia del pueblo judío ellos mismos creyéndose superiores a los
gentiles, demostrando (Pablo) que ni la Ley ni la circuncisión sirven de nada si no existe la fe. Sin
embargo, al decir ¡ciertamente no! crea un impase entre lo que se había dicho anteriormente con
lo de ahora, ante esto, también Romano Penna (2013) argumenta:
En un primer momento se había polemizado contra la pretensión del judío de ser superior
al gentil. (Demostrando que ni la ley ni la circuncisión sirven para nada ante el juicio
imparcial de Dios si no se observan en concreto los preceptos de la ley como tal: Cosa que,
sin embargo, en la privación también hace el gentil). En un segundo momento, Se ha
suavizado el tono y ha reconocido que existe una ventaja del judío bien porque a él le han
sido confiadas las palabras de Dios bien porque sus infidelidades no debilitan la solidez de
la fidelidad de Dios a las promesas de la alianza. (P.285).
También hay que reconocer esto como un impase y que la respuesta en el v. 9b es ambigua
al decir: ¡No del todo! Esta ambigüedad se resuelve afirmando lo siguiente: Es verdad que el judío
tiene cierta ventaja ante los demás, pero ante el acontecimiento Jesús, si hay desventaja porque
ellos no le creyeron al Mesías que tanto esperaban. Es por eso que se resume un final,
argumentando que los judíos son pecadores también.
Entonces, los gentiles también estaban en esta condición de pecado, y cabe mencionar que
la palabra pecado apareció en Roma como “hamartía”; los gentiles al igual que los
judíos pecaron, por lo tanto, (Pablo dice: los que pecaron en la ley como los que pecaron sin la
ley) es aquí donde los judíos no pueden sacar ventaja porque también el gentil la cumple. Esto lo
decía anteriormente en el capítulo 2, [Link].
Después de que Pablo ha manifestado una evidente injusticia por parte del mundo antiguo
de los gentiles, la hipocresía de los moralistas y la confiada Justificación por parte de los judíos
quienes se jactan de ser los escogidos, y que, a su vez, quebrantan la ley, de esta manera pues se
condena a todos por igual.
33
Según John Stoot (2008), habría que ver de qué tipo de ventaja está hablando Pablo acerca
de la primera pregunta hecha en el v.9 ¿Acaso los judíos somos mejores? Y se autocontesta: ¡de
ninguna manera!:
Si quiere decir tanto privilegio como responsabilidad, entonces los judíos tienen mucho de
ambas cosas porque Dios les ha confiado su revelación. En cambio, si quiere decir
favoritismo, entonces los judíos no lo tienen, porque no está dispuesto a exceptuarlo del
juicio. Dice esto porque en otro pasaje ya se ha demostrado que tanto judíos como gentiles
están bajo la influencia del pecado (P. 108).
Bajo este contexto, se puede ver que el pecado corrompe, hunde, supera y que por lo tanto
hace destruir todo enlace con Dios, quien en su infinito amor quiere lo mejor para sus hijos y que
a cambio solo pide fidelidad, amor y compromiso por parte de sus fieles, pero a veces, ellos
mismos, dejándose seducir por las insidias del maligno, rompen relaciones con Dios y se comienza
una vida de oscuridad, desaliento, desánimo y un camino hacia la muerte, porque la consecuencia
del pecado es la muerte.
Es interesante ver como los hombres se desgastan por las cosas de la tierra, simplemente
buscando la subsistencia misma y la de los suyos, sin embargo, se puede reflexionar que muchas
de esas cosas son efímeras, el vestido, el dinero, los puestos, incluso, el mismo hombre se desgasta
con los años y llega a la vejez, y a veces solo, sin familia, dejando atrás tantos años de sacrificio y
en cambio, al final de su vida se da cuenta que pudo haber disfrutado de la única vida que tiene,
pero pensando siempre en la mundanidad y en las cosas perecederas, pasaron los años y nunca
supo aprovechar aquellas que eran las más importantes, desgastándose por unas que no valen la
pena.
Si al final de la vida se pedirá cuentas de las cosas hechas en la tierra y que finalmente
todos y volveremos a él, entonces: ¿Por qué no preocuparse por las cosas de arriba? Es importante
destacar que Dios a pesar de eso siempre tiene los brazos abiertos para todos, nunca desprecia a
aquel que se acerca con un sincero corazón y le ofrece siempre del banquete de su Reino, por eso
y como lección de vida, todos deben de darse cuenta que no importa la condición de pecado que
se tenga, sin no, la capacidad de poder acercarse a Dios dándose la oportunidad de comenzar de
nuevo, levantando la cabeza y dejarse amar por el que le ha creado y salvado, e invitado a comenzar
aun en los momentos en que se crean más difíciles.
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El Papa Francisco hacía una pregunta a los jóvenes en la Jornada Mundial de la Juventud
en Panamá (2019): ¿Ustedes creen que el hombre que aparentemente fracasado no puede mejorar
su vida? Los jóvenes responden: ¡Claro que sí! Y el Papa dice: ciertamente, porque no importa por
qué o cómo te caíste, si no, como te levantas.
Importante lección deja el Santo Padre demostrando que nunca es tarde para acercarse a
Dios, aun en el final de la vida, pues cada minuto es importante y San Pablo siempre da el ejemplo
a saber, que Dios los ha amado primero y que, por lo tanto, asi como el Padre del hijo pródigo,
siempre está con los brazos abiertos esperando a que sus hijos que se han visto dispersados puedan
volver a él dejando atrás el pecado que en su momento les alejó y los dejó casi moribundos; sin
embargo, él pone su casa de fiesta, el anillo en el dedo y el mejor vestido y pidiendo perdón de
manera sincera pueda ofrecer su vida y reivindicar todos aquellos errores que le hicieron ofender
al Padre, pero que él, al verlo arrepentido, le perdona, acoge y vuelve a recibir como su hijo que
es; ése es Dios, aquel que Jesús reveló y que quiere la conversión de todos y que se levanten, sin
importar las circunstancias.
Aquél que aun pecando retorna a Dios arrepentido de corazón, sinceramente, y Dios le ve
con misericordia, no estará enojado más con él, sino, le recogerá en sus brazos como Padre
amoroso que es y no negará nunca su favor, asi también lo recuerda el Salmo 50 “Un corazón
quebrantado y humillado tú no lo desprecias”.
Esta universalidad del pecado según John Stott (2008):
Pablo luego apoya con las escrituras el hecho de la esclavitud universal al pecado y a la
culpa. Ofrece una serie de siete citas del Antiguo Testamento, la primera probablemente de
Eclesiastés luego cinco de salmos y una de Isaías (P. 106).
Todas dan testimonio de la injusticia humana de dos maneras: la primera; «No hay nadie
tan honrado en la tierra que haga el bien sin nunca pecar» (Eclesiastés 7, 20) aquí se podría decir
que no hay nadie que haga algo sin estar esperando algo a cambio o que ha hecho las cosas con
algún tipo de interés, no habría recompensa en cosas que se hacen teniendo como objetivo el
egoísmo y las ganas de sobresalir incluso renegar.
Un ejemplo de ello sería el justo Job quien todo lo tubo y a quien Dios permitió que fuera
castigado severamente para probar la fe que tenía y demostrar que a era justo y fiel, al no renegar
de todos los males que el mismo demonio le imponía. Job 14, 4s: «Quien puede hacer puro lo
impuro? ¡nadie! Solamente la gracia de Dios, la fortaleza y la perseverancia puede hacer que las
cosas que parecen imposibles sean posibles por medio de la fe.»
La segunda «Todos se han descarriado, a una se han corrompido, no hay nadie que haga lo
bueno ¡no hay ni uno solo!» (Salmo 14, 1-3 y Salmo 53, 1-3) De un tono fatalista, es evidente que
el salmista aquí lo que plasma es un dolor en su corazón por la transgresión de la ley, y nadie es
justo ni fiel sino la cumple, solo el necio e insensato se queda ante esta declaración, pues no se
puede hablar de una totalidad, más bien, siempre existe alguien que sí cumple la ley del Señor a
pesar de que los demás sean infieles y pecadores, se puede constatar en la historia de Noe (Gn 6,
13-22), que vivía en un mundo donde la mayoría no creía en Dios, el mismo Abrahán le tocó
interceder por Sodoma y Gomorra (Gn 18, 16-33) para que no fueran destruidas si al menos
existiera un solo justo, también el caso de Jonás, quien es mandado a predicar a una ciudad para
que se convierta (Jo 3, 4-9).
Jesús mismo que fue enviado al mundo para salvar a los pecadores, salvó a todos los que,
si eran justos y los que no, él dejó su sangre derramada en la cruz para la Justificación de las almas,
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y asi tantos personajes que también fueron salvados por haber sido la excepción y que gracias a
ellos llegó la salvación.
La tercera, “Su garganta es un sepulcro abierto; con su lengua profieren engaños” (Salmo
5, 10). Muchas veces se cae en el pecado de la lengua, personas que difaman a los demás, que
hablan mal de otros y peor aún, algunas veces sin fundamento.
También aquí se encuentran los que tienen doblez, que delante de los demás muestran una
cara y por detrás dan una estocada en contra de los demás; también están los que se aprovechan de
las desdichas de los demás para crecer, aquellos que utilizan a los demás y son desechados luego
de haberles servido, personas altaneras y orgullosas que su único fin es el egoísmo y que son
capaces de atentar contra la buena fama de algunos hermanos solo para sobresalir.
La cuarta “Veneno de víboras hay en sus labios” (Salmo 140, 4) y la quinta “Llena está su
boca de maldiciones y de amargura” (Salmo 10, 8), palabras que no edifican, sino que destruyen,
hay que recordar que con la lengua se puede bendecir y maldecir, hay que tener presente que los
pecados como el chisme, dirá el Papa Francisco son una bomba como el terrorismo que solamente
destruye y divide. 1
La sexta “Veloces son sus pies para ir a derramar sangre; dejan ruina y miseria en sus
caminos y no conocen la senda de la paz” (Isaías 59, 7s y Proverbios 1, 16). El hombre pervierte
su corazón cuando pierde el horizonte, personas que se convierten en mezquinas y voraces por
alcanzar el éxito, la fama, el dinero, la autoridad sabiendo que en este mundo todas estas cosas son
pasajeras y que nada se compara con aquello imperecedero, lo que no se vence, lo que sí es un
tesoro en cielo. Dice el Señor Jesús: «si habéis resucitado con Cristo, aspirad a las cosas de arriba»
(Colosenses 3, 1-4).
La séptima y última y la más peligrosa es la siguiente “No hay temor de Dios delante de
sus ojos” (Salmo 36, 1). Perder el temor de Dios es ya lo último, porque sería como pensar que lo
que se haga el bien o el mal , es relativo, si se hace el mal para lograr objetivos propios,
maquiavélicamente se piensa asi «El fin justifica los medios», aquí el hombre le ha perdido el
miedo es a Dios y como dirá el salmista No tiene miedo a Dios ni en su presencia; este mal que ha
sido llamado desde el primer siglo como la herejía del semi-pelagianismo y que el Papa Francisco
nos la recuerda en la exhortación apostólica: Gaudete et exultate que consiste en pensar que no se
necesita de Dios, de su providencia para poder vivir, que basta solo creer en las propias fuerzas y
1
Audiencia General del 14 de noviembre 2018.
38
capacidades; sin embargo, el Santo Padre pide a cada cristiano releer el Discurso Evangélico de
Jesús en el Evangelio de Mateo capítulo cinco «Las Bienaventuranzas» para que se puedan
contrarrestar todas estas cosas del mundo moderno y asi alejar el pensamiento equívoco que
solamente basta con las fuerzas terrenas y humanas, la autosuficiencia haciendo un llamado a la
santidad (GE N. 65-66)
Ante estas referencias bíblicas se destaca un sombrío cuadro bíblico, John Stott (2008), nos
dice lo siguiente:
Se destacan tres rasgos de este sombrío cuadro bíblico:
Primero, declara la impiedad del pecado. Cerca del comienzo encontramos la afirmación
de que no hay… nadie que busque a Dios (11), Y al final no hay temor de Dios delante de
sus ojos (18). La queja de Dios, es que en realidad no lo buscamos en absoluto para hacer
de su gloria nuestro supremo interés. Segundo, esta cadena de versículo del Antiguo
Testamento enseña la capacidad de influencia o de abarcamiento del pecado. Tercero, Las
citas del Antiguo Testamento enseñan la universalidad del pecado tanto de manera negativa
como positiva; negativa porque dice que no hay un solo justo ni siquiera uno, no hay quien
entienda a nadie que busque a Dios y no hay nadie que haga lo bueno, no hay uno solo, y,
positivamente, todos se han descarriado, a una se han corrompido (P. 107-108).
Se puede concluir que la universalidad del pecado negativamente ha hecho que los
cristianos tomen consciencia del mismo, porque ¿Cómo darse cuenta de los errores si no hay quien
los señale?, ¿Cómo saber que alguien está en el pecado si nadie se lo aclara concretamente y sin
ninguna reserva? Pues Pablo lo que quiere dar a entender citando estas referencias de la Palabra,
es que el cristiano debe conocer lo que es el pecado y a qué se refiere todos han pecado y, por lo
tanto, todos también pueden, en libertad, buscar de Dios al que han ofendido, por medio de los
instrumentos que él mismo le ha dado para buscarle.
Hoy en día, existe uno de los medios más importantes de la gracia para reconciliarse con
Dios, y para eso, Jesús instituyó el Sacramento de la Reconciliación o de la Penitencia, que hace
que cada uno pueda volver a él, confiar en él y asi por medio de su propia fe, que debe de estar
encarnada en el Misterio Pascual de Jesucristo, puede reivindicarse y asi llegar a Dios su Padre,
empezando de nuevo, pero ya renovado con la gracia que Dios le otorga por medio de los
sacramentos, que abren las puertas a todos a una nueva vida en Jesús que lo ha dado todo por amor
39
a los hombres. Mas adelante se concluirá este apartado con estas palabras: La ley (mandamientos)
sirven para que el cristiano pueda conocer de la ley, más nadie se salva por eso, si no, por la fe.
La Universalidad del pecado, según Pablo, es la condición que todos por medio de la
desobediencia y de la fragilidad humana, se atenta ante Dios que ha dado todo y que siempre ha
confiado y esperado que el hombre va a buscarle, a tener un encuentro personal con él, por eso,
Dios nunca se cansa, pues él sabe que no ha creado al ser humano para el mal, ni tampoco el
hombre puede definirse como infiel, sino, como aquél que necesita de él, para asi transformar su
vida, vivir en armonía con Dios, la creación y con él mismo, pues al ser su imagen y semejanza,
se es tan divino como él.
También Dios como Padre, ha creado al hombre para que sea feliz, no para el sufrimiento,
siempre desea que en el camino de su vida encuentre las maneras de vivir plenamente y en armonía
con todo lo que Dios le da. Es innegable que no todos tienen las mismas condiciones o la
oportunidad de formarse plenamente en las cosas divinas, pero es importante reconocer a Dios no
solo sabiendo que lo creó sino, que sabe que hay un Dios amoroso esperándolo y que nunca se
cansa como el Padre del hijo Pródigo que corre hacia el encuentro del pecador arrepentido, pues
no hay que seguir creyendo de que él es un vengador justiciero saldador de cuentas, porque de ser
asi, si llevara cuentas de los pecados nadie se salvaría, en cambio, ve con ojos de misericordia, de
compasión y es asi como se obtiene la gracia aun sin merecerla.
Caminando siempre de la mano con la Iglesia que es la dispensadora de la Gracia, se puede
pasar de la condición de pecador a la condición de conversión, que no es más que la oportunidad
que Dios ofrece al hombre para transformar su vida, iniciando un itinerario de salvación y una vez
puesto en camino, el hombre descubrirá su error, con la práctica de los sacramentos y las obras de
caridad que ayudan a configurarse con Dios y dejarse moldear por él y hacer la voluntad que él
quiere para la vida de todos.
Rom 2, 12-29 se encuentra el vocablo en griego que significa «Ley» utilizada únicamente
aquí y en 3, 19-20.
Según Juan Miguel Díaz Rodelas (2000), en el libro de Pablo y la Ley, argumenta la
siguiente explicación sobre el contexto de la Ley en Rom 3, 19-20:
En este contexto, el sintagma de 3, 20 significa que las obras realizadas
de acuerdo con las exigencias que impone la Ley a quienes viven en su ámbito. La
proposición de la que forma parte el mencionado sintagma se presenta, en efecto, en íntima
relación con 3, 19 y el fundamento de 3, 19b: la Ley afirma la condición pecadora de los
que viven en su ámbito; resulta asi evidente, que «por obras de Ley nadie se justifica» (P.
92-93).
Se puede notar entonces, que la Ley aquí enmarcada es las Obras de la Ley antes
mencionadas, que son los medios para alcanzar el cumplimiento de la Torah, las que además están
en la Sagrada Escritura, aquí se pueden enumerar, por ejemplo, las que no son la Torah dichas en
el Pentateuco, sino, aquellas que son para poder llegar a el cumplimiento de la Ley, mismas que
no sirven para la Justificación, por mencionar algunas: la circuncisión y la pureza ritual; por eso,
las obras de la Ley, carecen de valor para la Justificación, pues no basta cumplirlas, pues son solo
métodos, costumbres y tradiciones que ayudan al cumplimiento de las mismas pero que no son la
Tora, eso explica entonces el contexto del significado de del que Pablo nos habla en estos
versículos. Se vuelve encontrar una doctrina bastante clara, una proposición afirmativa que
consiste en que el hombre se justifica por fe, en el acontecimiento salvífico Jesucristo, sin obras
de Ley.
John Stott (2008), explica también lo que se entiende por Obras de la Ley:
Lo que se entiende tradicional mente en cuanto a «obras de la ley» algo que promovieron
particularmente estudiosos luteranos es que Pablo se refiere a las buenas obras de Justicia
y de filantropía cumplidas en obediencia a la ley, y consideradas por los judíos como base
meritoria para ser aceptados por Dios (P 109).
Una vez comprendido el contexto de la Ley, San Pablo habla del contexto «Escritura» para
el cumplimiento de la Ley Mosaica, como una norma de vida y principio de Justificación.
Entonces, surge la interrogante ¿Cómo reconocer el pecado por medio de esta Ley? Hay que
recordar que la Ley recuerda la condición de pecador, de que se está obrando mal y que por lo
tanto son un medio de reconocimiento de los errores cometidos o faltas hechas a Dios por medio
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del pecado. ¿De dónde radica entonces la consciencia del pecado? Se tienen por ejemplo las
normas de vida, la manera de tener el encuentro personal con Dios y reconocer la debilidad y
manifestar el arrepentimiento ante esta realidad que atañe a todo creyente.
Este plural de «todos» incluye no solamente a judíos sino, a paganos que también desean
aceptar este estilo de vida después de su experiencia con Cristo y su Misterio Pascual. Una vez
que se ha aceptado y reconocido por medio de la Ley que se es pecador, el neófito también debe
iniciar un camino de conversión a lo que también está llamado a ser como Jesús, un llamado a la
santidad, puesto que no se pretende crear en el corazón de las personas que el pecado va a ser para
siempre, sino, darle a entender que Dios es un Dios de misericordia y que quiere que todos se
salven, por la fe en Jesucristo que murió y resucitó según las Escrituras.
Tomando como base el tema de este apartado de la frase de Pablo: «Por tanto, todos
pecaron», entendiéndola como la universalidad del pecado, John Stott (2008), aduce lo siguiente:
La posición privilegiada de los judíos no los libera. De hecho, todos los habitantes de toda
la Tierra (3, 19), sin excepción alguna son inexcusables delante de Dios, es decir, están bajo
la acusación sin posibilidad alguna de defensa. Y a esta altura, la razón está clara. Se debe
a que todos han conocido algo acerca de Dios y la moralidad (por medio de las escrituras
en el caso de los judíos por medio de la naturaleza en el caso de los gentiles), pero todos
han desoído o incluso sofocado, su conocimiento con el fin de seguir su propio camino. De
modo que todos son culpables y quedan condenados delante de Dios (P. 108-109).
San Pablo, está en total desacuerdo con los privilegios que se obtenían por el cumplimiento
de las obras de la ley, por eso, las cuestiona y las ve siempre de una manera negativa, puesto que
para Pablo se oponía más concretamente a esto y no a los méritos, se debe tener presente que los
judíos por el simple hecho de ser judíos, ellos ya pensaban que formaban parte del reino por
cumplir las normas de pureza ritual y que eso les garantizaba la Justificación, sino que más bien,
lo que se lograba eran privilegios y no los méritos alcanzados con el sacrificio y la entrega
generosa, como la de Jesús a la que todos están llamados también a seguir como norma de vida.
Ahora se entienden también las palabras de Jesús en Mt 5, 17 «No crean que he venido a
abolir la ley, sino a perfeccionarla» y es eso precisamente lo que Pablo dice, está bien que se
cumplan las obras de la Ley, pero hay que manifestar fe para salvarse, por eso, Jesús que vino a
perfeccionar la Ley de Moisés y de los profetas, invita además a tener confianza en él e iniciar un
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nuevo camino que está basado en el amor a Dios y a sus obras y a los demás como reflejo del amor
que se ha recibido por la gracia santificante de Jesús inmolado en la cruz.
Conociendo lo anterior, en 20b John Stott (2008), dice que:
Porque sigue diciendo Pablo, mediante la ley cobramos conciencia de pecado, es decir, lo
que aporta la Ley es el conocimiento del pecado, no el perdón de los pecados. A pesar de
la moda contemporánea, que consiste en decir que Lutero lo entendió mal, yo pienso por
el contrario que lo entendió bien: El punto principal de la ley no consiste en hacer mejores
a los hombres, sino peores, vale decir, les muestra su pecado de modo que por el
conocimiento de él se sientan humillados, atemorizados, heridos y quebrantados y por este
medio, sean llevados a buscar la gracia; y de este modo acudan a la bendita Simiente «Es
decir, a Cristo» (P. 111).
Aquí entonces se entiende el propósito de la Ley que va más allá del cumplimiento de
simples normas, que dan únicamente las pautas y que, si son mal ejecutadas, se convierten en una
camisa de fuerza que muchos después no quieren seguir, puesto que lo más importante es hacer
consciencia de lo que es bueno y de lo que es malo ante los ojos de Dios y ver la manera posible
de enmendarse. A cada cristiano se le recuerda que esta condición pecaminosa no es permanente,
puede revertirse, y que, por tanto, puede volver a la comunion con Dios, con los demás y consigo
mismo para su propia salvación y asi de testimonio, como resultado de su conversión.
Dios le ofrece la gracia transformadora, una vez arrepintiéndose de sus pecados, le acoge
como el Padre amoroso, que siempre espera que sus hijos le busquen. Debe de ser en completa
libertad y de una manera sincera, puesto que él conoce las verdaderas intenciones de los hombres
y no se le puede engañar pues conoce, además, el corazón de todos.
Hay que darse cuenta que solamente volviéndose a Dios es que se pueden resolver muchas
cosas que le aquejan al hombre, porque si se obstina en el mal camino, puede fracasar, no puede
cumplir las metas de su vida, por lo tanto, solamente teniendo consciencia de los errores, del
pecado, aquello que lo aleja de Dios, que rompe relaciones y que corta la comunion y la armonía
con todo lo que le rodea es que se puede vivir en la libertad, porque el pecado esclaviza, entristece
y mata, por eso, es importante que la consciencia del hombre sea correcta, entrando en un camino
que le conduzca a Dios y le lleve a encontrarse con él y como dice John Stott acuda a la bendita
Simiente que es Cristo Jesús que lo invita a que viva un mundo de santidad.
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Todo cristiano debe conocer sobre la Misericordia de Dios que sirve como el método para
acercarse a Dios, muchas veces desconocido porque se vive en un mundo a veces demasiado
escrupuloso, pensando que todo es pecado creando en el cristiano un pensamiento fatalista de que
Dios solo juzga y castiga y no es asi, si no que, si el cristiano se arrepiente y busca de Dios obtendrá
misericordia, siendo así eficaz para llegar al llamado de santidad que Cristo hace a todos sin
excepción, asi como se reconoce por medio de la Ley el pecado, asi también hay que conocer la
bondad y la misericordia de Dios.
El término Misericordia se ha utilizado en la Sagrada Escritura, y el Papa Francisco desde
el inicio de su pontificado ha querido de manera entrañable acercar a los hombres a Dios poniendo
en sus mentes que es todo amor y Misericordia.
En el año 2015, mientras convocaba al Jubileo. año extraordinario de la Misericordia, el
Santo Padre Francisco, iniciando con la Bula Misericordiae Vultus en su Numeral uno dice:
Jesucristo es el rostro de la misericordia del Padre. El misterio de la fe cristiana parece
encontrar su síntesis en esta palabra. Ella se ha vuelto viva, visible y ha alcanzado su
culmen en Jesús de Nazaret. El Padre, «rico en misericordia» (Ef 2,4), después de haber
revelado su nombre a Moisés como «Dios compasivo y misericordioso, lento a la ira, y
pródigo en amor y fidelidad» (Ex 34,6) no ha cesado de dar a conocer en varios modos y
en tantos momentos de la historia su naturaleza divina. En la «plenitud del tiempo» (Gal
4,4), cuando todo estaba dispuesto según su plan de salvación, Él envió a su Hijo nacido
de la Virgen María para revelarnos de manera definitiva su amor. Quien lo ve a Él ve al
Padre (cfr. Jn 14,9). Jesús de Nazaret con su palabra, con sus gestos y con toda su persona
revela la misericordia de Dios (Misericordie Vultus #1).
El regalo que Dios ha hecho al mundo, después de haber creado al hombre a imagen y
semejanza suya, ha sido, el haberse hecho hombre en la Persona de Jesucristo, quien, a su vez, ha
mostrado el rostro del amor de Dios, prueba de ello, su entrega en la cruz, pudiendo haber
condenado al mundo por su pecado, dejándolo a la merced de todos los vicios y pecados que este
ofrece, él se entrega por amor, perdonando todo desde el pecado de la desobediencia de los
primeros padres, justificando así la gracia y el perdón a todos, y el Santo Padre en muchas
ocasiones y sobre todo en las audiencias generales de los miércoles, recuerda que dicha
misericordia y gracia es para todos, haciendo un llamado comenzando desde los sacerdotes,
Obispos y religiosos que sean misericordiosos como el Padre (lema del Jubileo extraordinario de
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San Pablo, es lo que quiere presentar en este apartado, la idea de que por tanto todos
pecaron, también todos merecen la gracia, el perdón y la paz que solamente Jesús ha podido
brindarle al mundo. Consciente de estas Palabras, Pablo lo afirma de una manera categórica que
la salvación si bien es personal está abierta para todos porque se ha justificado al hombre por la
Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo por el amor entrañable que le tiene a los hombres, que
hace de manera voluntaria y generosa.
Comprendida asi la Misericordia como un regalo divino otorgado por Dios en su Hijo Jesús
y que ha sido para la salvación de todos, este término universal también está abierto a todos
aquellos que sin ver han creído y que han puesto la confianza en Jesús para que, a pesar de su
condición de pecado, puedan alcanzar la gracia y el perdón. La alegría de sentirse perdonado por
Dios es experimentar el amor ofrecido por Jesús en la cruz, se presenta como sinónimo de sentirse
amado.
Esta misma experiencia se puede sentir también en el mismo Evangelio, en la parábola del
Hijo pródigo, también en la del Rey que perdonó la deuda (Mt 18, 21) donde el deudor acudió al
perdón y a misericordia del rey y éste fue perdonado a pesar de que deuda era muy grande, también
en la mujer adúltera (Jn 8, 1-11) que Jesús sabiendo que ella iba a ser lapidada por su pecado, Jesús
le salva y le dice: «Tampoco yo te condeno, vete y no peques más», en un acto de completa
Misericordia y finalmente, en el último momento, el ladrón arrepentido pide perdón por sus
pecados y le pide que se acuerde él cuando este en su reino, y Jesús misericordioso como el Padre,
no le condena, porque ciertamente era un hombre muy pecador, sino, le dice: «Hoy estarás
conmigo en el Paraíso».
Es por eso que Jesús, en su misterio Pascual anunciado por sus discípulos en el primer siglo
de esta era, fue novedoso y esperanzador para muchos porque la Buena Noticia proclamada era y
sigue siendo: «El Reino de Dios y su justicia», pero no un Dios como el del Antiguo Testamento
o como el pueblo, sino, un Dios que escucha, se hace presente y que además, perdona a todos, sin
importar su pecado, ofrece las medidas necesarias para alcanzar la misericordia, ya se sabe que
todos han pecado, por eso las deja a la mano para que los que se arrepientan de sincero corazón y
le busquen con sinceridad, alcancen la Misericordia y asi, como se compartió en su momento la
universalidad del pecado, asi también compartan la Universalidad del perdón, que solamente se
alcanza con Jesucristo y su Misterio Pascual, ofrecido de una vez y para siempre para el perdón de
los Pecados de manera definitiva, con la Resurrección se vino a romper las ataduras que el pecado
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y el maligno habían hecho en los hombres, ofreciendo también la libertad al hombre así como fue
creado desde los inicios del mundo para que viviera y estuviera en comunion con Dios, los
hermanos y con él mismo.
Recapitulando, se es pecador desde que se nace, y se sabe que esta condición de pecado
sigue arrastrando consecuencias para todos en el transcurso de la vida, termina acabando con la
vida y dignidad del hombre llevándolo a que se pierda, se aleje de Dios, es por eso que, en la
historia, Dios manda a su Hijo por propia iniciativa a que salve al mundo por todo el grande amor
que le tiene a sus hijos.
Luego, después de esta demostración de amor, queda en manifiesto que él ama a sus hijos
de manera entrañable como un Padre, asi lo mostró Jesús, asi lo dio a conocer ofreciendo a Jesús
víctima en remisión a los pecados del mundo entero. Se sella asi el pacto de amor con el hombre
invitándole a tener un encuentro con él y asi poder salvarse por medio de la fe en Jesucristo,
invitándolo a la conversión y a ser su discípulo, haciéndolo también constructor del Reino de Dios
y propagando la Buena noticia.
La Misericordia de Dios, inagotable para los que le buscan con sincero corazón y que la
Palabra de Dios es recta y clara en este asunto, aun en estos tiempos, esta Palabra sigue siendo
vigente, y el Papa Francisco, en su Pontificado, ha remarcado esta gracia ofrecida por Dios gratis,
por eso hay que ser siempre agradecidos por todo cuanto se ha recibido del Señor.
47
CAPÍTULO III
POR TANTO, FUIMOS JUSTIFICADOS POR LA REDENCIÓN DE CRISTO (Rom 3, 21-31)
San Pablo, en este apartado, quiere recordar algunos aspectos de los capítulos anteriores,
elementos esenciales que no hay que olvidar de Dios en los versículos 21-22 que son la fidelidad
y la justicia. Como se decía antes, Él no se puede contradecir de ninguna manera, siempre ha sido
fiel al hombre y a las promesas que le ha hecho a éste en las distintas etapas de su historia de
salvación. Es gracias a esa fidelidad, que el hombre ha obtenido la gracia y el perdón de sus
pecados por la redención hecha por Jesucristo; por justicia salvífica se entiende que no hace
distinción, él es bueno con todos sus hijos y espera que se acerquen, que tengan un encuentro
personal y puedan reconocerle como su Señor y salvador; pero añade un elemento nuevo, la
imparcialidad, ya no es únicamente el pueblo escogido el que va a obtener su Justificación, sino
que ésta también abarcará a los gentiles. San Pablo es bien incisivo en esto, también los gentiles
obtendrán misericordia divina, aquellos que, abrazando la fe, creyendo en Jesús, podrán ser
redimidos. Esto lo explica el mismo Jesús cuando encuentra una mujer pagana que le pide la
curación de su hija y Jesús le dice en Mt 15, 26-27: «No está bien tomar el pan de los hijos para
echárselo a los perritos» casi con una idea que solamente al pueblo de judío, le está dada la
Justificación, sin embargo, la mujer le responde sabiamente y con mucha fe desde su corazón
diciéndole: Sí, Señor, repuso ella, pero también los perritos comen de las migajas de los niños».
Aquí la mujer le demuestra al Señor cuanta fe tiene en él que no duda en ayudarle en lo que le
pide, aquí se nota cuán grande es el amor y la misericordia de Dios cuando se tiene fe, dejando
claro cómo se argumentaba en el primer capítulo la pregunta de los primeros versículos: ¿Hay
ventaja en ser judío? ¡No del todo! y aquí se puede ver el ejemplo, es la fe que justifica a las
personas, no las obras, aunque estas se sepan de memoria como los fariseos y maestros de la Ley
que se preocupaban por el aspecto ritual y los preceptos y no lo que realmente importaba, lo que
estaba adentro y las buenas obras que se practican en el día a día y todo el bien que se puede hacer
por los demás.
Se encuentra entonces otra modalidad acerca de la justicia, ya no se ve de manera
retributiva sino, vista a través de la fe, Romano Penna (2013) explica esto:
48
2
Mensaje para la Cuaresma 2013 #4.
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la paz en su corazón, porque sabe que ha sido justificado por la fe, por tanto, es más feliz y leal
cumpliendo lo que el Señor le manda a pesar de los retos que diariamente debe enfrentarse y que
son una lucha constante. Al tener fe, se justifican todos, porque, siendo fieles se cumplen no solo
las obras de la Ley, sino, la Ley misma, por lo tanto, se cumple la tesis de Pablo al afirmar que
teniendo fe vendrá la Justificación y que las obras quedarán cumplidas sin darse cuenta, porque el
que le es fiel a Dios, también cumple con los preceptos del hombre y con las normas terrenales.
Esta misma enseñanza hace que se llegue a hablar concretamente de lo que es la justicia de
Dios, para ello, Karl Kertelge (1979) en su comentario a la carta los Romanos coincide con lo
siguiente:
El acontecimiento cristiano se realizó como revelación de la justicia de Dios. la muerte y
la resurrección de Jesús adquieren su auténtica dimensión en profundidad como
acontecimiento salvífico. En la entrega que Jesús hace de su vida por los hombres, se revela
la justicia de Dios. (P. 73).
Aquí resalta que es por parte de Dios la iniciativa de salvar al hombre por medio del
acontecimiento Cristo, que por medio de su Misterio Pascual todos han sido justificados, porque
él mismo pagó por todos la deuda y destruyó las cadenas que ataban al hombre, la que se llama
pecado, del cual todos, además, por tanto pecaron, universalmente culpables ante los ojos de Dios.
Sin embargo, Él mismo ha querido colaborar en la salvación de todos iniciando él una historia de
salvación para todos enviando a su Hijo unigénito para romper la esclavitud que ata al hombre y
darle asi la vida en abundancia. La justicia de Dios no puede verse como alguien que condena en
un juicio por los crímenes cometidos. Después del misterio salvífico de Jesús ya no puede verse
de esa manera, si no, como el actuar de Dios en la historia de salvación de los hombres, su estar
en razón frente a los demás
La justicia de Dios es de este modo, la adecuación del hombre frente a Dios, el
reconocimiento del derecho que él tiene sobre él, todo esto por medio de la revelación definitiva
que es Jesucristo, por el Evangelio. Dios mismo patentiza su justicia y renacen los frutos de la
pasión salvadora de su hijo. Aquí se podría entonces afirmar que el hombre por sí solo no es nada,
no es capaz de salvarse por sí solo, es decir, que sea autosuficiente, por eso, necesariamente tiene
que tener el elemento fe que le ayudará a encontrarse con su Dios, es por eso que, nacieron las
obras de la ley antes mencionadas, que son los elementos humanos que colaboran para que se
cumpla ley, sin embargo, ya esto queda en el pasado, ya no es necesario porque el pecado que lo
50
esclavizaba ha sido vencido con la victoria de Cristo en la cruz, pues Dios mismo actúa para la
redención de los hombres, es por eso que las obras de la ley no son las que salvan, si no, la misma
fe en Jesucristo es necesaria para que los hombres puedan justificarse; pero hay que tener cuidado
con la ley, pues esta sigue vigente, pues no queda obsoleta, porque sería negar los profetas e ignorar
el mensaje de salvación, donde si eran necesarias las obras de la ley y que son las que ya «pasan
de moda» después del misterio pascual de Cristo.
Karl Kertelge (1979), lo aclara también de esta manera:
Frente a la eficacia salvadora, revelada ahora en Jesucristo, necesariamente tiene que
aparecer toda acción de la ley, es decir, todos los esfuerzos del hombre por operar su
salvación personal como una «obra» de autosuficiencia, y, por lo mismo, contraria de Dios.
la salvación llega ahora independientemente de la ley, solo por Jesús, solo por la gracia; lo
cual pone definitivamente en claro que la ley pertenece a las cosas pasadas […] el que la
salvación «independientemente de la ley», no excluye que la justicia venga atestiguada por
«La ley y los profetas». (P. 74).
Aquí también se puede recordar lo que Jesús dijo en el Evangelio de Mateo 5, 17 «no he
venido a abolir la ley y los profetas, sino, a darles cumplimiento» y Karl Kertelge quiere dejar en
claro es que no es la ley la que desaparece sino, que viene a ser renovada con la muerte y
resurrección de Jesús y que por la fe en él se pueden justificar las almas, de lo contrario, aunque
se hagan todas las obras de la ley existentes, si no hay fe, no hay Justificación, sin perder además,
el valor de la Ley que siempre está vigente.
La justicia de Dios, es universal, antes se comprendía que la justicia de Dios se aplicaba
únicamente a aquellos que habían obrado bien y a los paganos se les hablaba sobre la ira de Dios.
La ira alcanzó a todos los hombres (Rom 1, 18) al afirmar que todos están en pecado, donde ya se
ha hablado sobre la universalidad del pecado, y las razones de cómo el hombre ha llegado a esas
consecuencias. La premisa, que la ira de Dios alcanzó a todos los hombres, después del
acontecimiento Jesucristo y su Misterio Pascual, todos los hombres han sido justificados y por lo
tanto, merecedores de la justicia de Dios, ya sean judíos o paganos. A todos por igual la salvación
los alcanza, es por medio del pecado donde actúa la justicia de Dios, para todos los que se
abandonan en la fe en Jesucristo, y es el pecado el que rompe con esa «diferencia» ()
entre judíos y paganos o gentiles puesto que todos han pecado. Sin embargo, aunque ya no exista
51
esta diferencia y se haya justificado a aquellos que han puesto su fe en Jesucristo, la Justificación
es una prenda por la que hay que luchar para alcanzarla.
John Stott (2008), habla de dos verdades adicionales sobre la expresión de la Justicia de
Dios:
La primera es que llega mediante la fe en Jesucristo, a todos los que creen. Además, se
ofrece a todos porque todos la necesitan. No hay distinción entre judíos y gentiles, en este
sentido, como Pablo comenzó sosteniendo en 1.18-3.20 ni con ningún otro grupo humano,
pues todos han pecado […] la segunda novedad en estos versículos es que ahora, por
primera vez, «La Justicia de Dios» se identifica con la Justificación: por su gracia son
justificados gratuitamente (v.24) (P. 116-117).
Recapitulando en este apartado, se condensan muchas cosas, en primer lugar, no existe
ninguna ventaja en ser judío. Ha quedado claro que, así como el pecado es universal, abarca a
todos, judíos y gentiles, han perdido la comunión con Dios, por tanto, quedan apartados de su
gratitud. También ha otorgado la Justificación para aquellos que ponen su confianza en Jesucristo,
que creen en él poniendo todas sus esperanzas en el Misterio salvífico. Jesús los ha amado hasta
el extremo de hacerse hombre por todos, conociendo su realidad, desde los más pobres, a quienes
les ha sido revelada la Buena Noticia.
A diario, los hombres deben de luchar por ganarse las cosas del cielo, porque las que
ofrecen las de este mundo sólo conducen a vicios y pecados, y es ahí cuando se conoce la
vulnerabilidad del hombre que se siente tentado a cometer el delito del pecado. El mismo delito,
le ayuda a obtener la gracia santificante; dicho reconocimiento también asume un camino de
conversión, que inicia desde el momento en que ha recibido al Señor en su corazón y lo ha hecho
parte de su forma de vivir.
Esta conversión exige un cambio permanente y del cual, se debe de dar testimonio ante los
demás, debe de ganarse la prenda de la salvación, luchar por ella todo el tiempo y demostrar que
sólo no puede, sino que necesariamente debe demostrar con su fe que ha sido justificado por la
misma.
Se ha hablado mucho acerca de la Justificación, sin embargo ¿cómo podría definirse o
entenderse en este contexto? Bien, algunos autores han definido la Justificación como un sinónimo
de perdón y hay quienes afirman que no son lo mismo, por ejemplo, Sanday y Headlam afirman
que la Justificación es simplemente Perdón, Perdón gratuito, explicándolo así John Stott (2008):
52
El perdón es algo negativo, la remisión de una pena o una deuda; la Justificación es algo
positivo, el otorgamiento de una posición de justicia, la reinstalación del pecado al favor y
a la comunion con Dios… condenar no es simplemente castigar, sino declarar que el
acusado es culpable o merecedor del castigo, y la Justificación no es simplemente eximir
de ese castigo, sino declarar que el castigo no puede aplicarse con justicia. El perdón y la
Justificación, por consiguiente, son esencialmente distintos. El primero consiste en la
remisión del castigo, la segunda es una declaración de que no existe ningún motivo para
aplicar el castigo (P. 117).
El perdón entonces, es aquel que se da después de un juicio y que a pesar de ser culpable
del delito es perdonado, en cambio en la Justificación está la justicia, que, aun siendo culpable, no
merece la condena según el tribunal justo de Dios. Por medio de Justificación de la fe en Jesucristo
también se concede la santificación, es una gracia otorgada por el Espíritu Santo, por eso, de
manera teológica, la Justificación de Dios significa: hacernos justos como él, gracia concedida por
la muerte y resurrección de Jesucristo.
Romano Penna (2013), también explica sobre justicia de Dios:
La Justicia de Dios ( ) es el verdadero y único sujeto de la oración, y por
lo tanto sustenta su peso semántico principal. Representa la cara positiva de la tesis, de la
cual la ley no es más que el lado negativo: una es afirmada; la otra excluida; es más,
solamente la ley excluida permite a la Justicia de Dios manifestarse como lo que
verdaderamente es: el distintivo de una inesperada, libre y gratuita intervención de gracia
(P. 311).
Es asi como se puede entonces comprender que la Justificación se ha recibido a manera de
gracia, porque Dios asi lo ha querido. Porque por su voluntad y amor hacia los hombres vuelve la
vista ante aquellos que por medio del pecado han perdido la comunion con él, a eso Pablo le
llamará Justificación, cuando el hombre acepta el plan de salvación, conoce la fe y la práctica,
entra en un camino de conversión que ya esta supuesta después de creer en Jesucristo y su misterio
pascual, es allí donde se puede afirmar con certeza que Dios ha vuelto su rostro hacia él
otorgándole la gracia de la Justificación, simplemente porque como Padre amoroso no quiere que
sus hijos se pierdan y asi, de esa manera, hacer valer la entrega oblativa de cristo en la cruz del
Calvario.
53
Es tan importante pues, para Pablo, y teológicamente se sabe que en el Nuevo Testamento
y con el Proyecto de Jesús, el hombre primero tiene que creer, convertirse, dar testimonio y trabajar
por el Reino de los cielos para alcanzar la Justificación por esa fe que recibió.
Los judíos que acostumbraban hacer ofrendas al templo para expiar sus pecados, sabían
que esa ofrenda ofrecida a Dios, derramando la sangre del animal y que su carne era quemada para
que fuera un olor agradable a YHVH, de la misma manera fue ofrecido Cristo en la cruz que
derramó su sangre de una vez y para siempre, y que su carne como ofrenda agradable a Dios, se
pudieran expiar los pecados de todos los hombres. Sacrificio que fue ofrecido para la Justificación
y que sígnica la victoria del amor de Dios derrotando para siempre a la muerte, por eso Cristo les
dice a sus discípulos, Yo ya he vencido a la muerte. Es por eso que Karl Kertelge (1979), argumenta
lo siguiente:
Dios opera la «Redención» en Jesucristo y por Jesucristo. «Dios lo ha puesto como
propiciación» se piensa aquí en la propiciación que Jesús ha cumplido con la entrega de su
vida; por ella se opera la propiciación para los pecados de los hombres. (P. 76).
Una vez entendido que Cristo hace nuevas todas las cosas, ya no es necesario que se hagan
sacrificios expiatorios derramando sangre y trayendo ofrendas pues ya se ha hecho el pacto de la
Nueva Alianza hecha por Cristo con su muerte en cruz. Así que cada vez que se realiza la Fracción
del Pan o la Eucaristía, se hace el memorial incruento del este sacrificio en cruz hecho por Cristo
y el que hace posible la propiciación de los pecados, ya no en animales, si no, el mismo Dios se
ofrece como sacrificio por amor a los hombres.
Es el mismo Dios quien quiere que los hombres se salven, él interviene en la vida de todos
para que se ofrezcan ellos mismos como Cristo se ofreció, dándose por completo, una vida recta,
justa, que aunque pecadora sea como una ofrenda agradable a Dios y que por medio de la expiación
de esos pecados se pueda servir de testimonio ante los demás y asi también busquen de él, pues
todas las culpas Dios las ha pasado por alto, y ha hecho que la Alianza hecha por Dios a los judíos
se recupere y reestablezca.
Sin embargo, esta tiene acción solamente por medio de la fe, san Pablo busca que se
comprenda que la Justicia de Dios se hace eficaz solo por medio de la fe en Jesucristo como una
acción salvadora gratuita. En los contextos judeocristianos, la fidelidad a esa Alianza, es por eso
que Pablo afirma que la propiciación de los pecados será realidad y efectiva si y solo si hay fe de
por medio.
Pero ¿cómo es que se le ocurre la idea de una Justificación a San Pablo?, el mismo Karl
Kertelge (1979), dice:
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al sacerdote pueda sentir vergüenza aborrecerlo y nunca más ofender a Dios y continue con la
actitud de siervo teniendo presente su condición de pecador, pero amado por Dios primero.
La fe que siente el hombre, o mejor dicho, la respuesta que el hombre le da a Dios debe ser
siempre para reconocer la impiedad, la infidelidad que ha venido haciendo, pero que Dios le
concede la gracia de justificar sus pecados, debe siempre ser agradecido y dispuesto a confiar en
él que tanto le ha dado y que hombre poco le ha ofrecido; no hay que sentir miedo, Dios no señala,
y perdona al pecador siempre, pero necesita que se ponga la fe como el estandarte de la verdad, la
fe es la llave hacia Dios y es la que identifica, mueve y promueve para que la misma Justicia de
Dios pueda lograr la regeneración total del hombre por medio de la fe.
sido lo más importante: la fidelidad. Ésta es la verdadera razón y el problema central de los judíos,
se fiaron en el cumplimiento de la ley y no en la observancia de las virtudes que debieron practicar.
Añade John Stoot (2008), sobre la jactancia:
Sin embargo, la jactancia no estaba limitada a los judíos. En El Mundo gentil también había
insolentes, soberbios y arrogantes. De hecho, todos los seres humanos somos jactanciosos
tenaces. La jactancia es el lenguaje de nuestro egocentrismo caído. Pero en los que hemos
sido justificados por la fe, lactancia queda excluida totalmente. Y esto no por el principio
de la observancia de la ley. Lo cual podría dar lugar a la jactancia, sino por la fe. Lo cual
atribuye la salvación íntegramente a Cristo y, por lo tanto, elimina toda jactancia. Porque
nuestra convicción cristiana es la de que los pecadores son justificados por la fe más todavía
solamente por la fe y no por las obras que la ley exige (P. 128).
Por eso, san Pablo les recuerda que esas actitudes de jactancia por ser el pueblo escogido
no les sirve de nada, pues ya ha sido realizada una Nueva Alianza con un Nuevo pueblo que es la
Iglesia y que ha sido sellada no con sangre de corderos ni sacrificios expiatorios, sino, con la
Sangre bendita de Jesús de una vez y para siempre, dejando así saldada la antigua pena que los
hombres venían arrastrando desde los inicios de la historia.
San Pablo después les dice ¿mediante qué ley? La ley de la fe; que es la que debe siempre
imperar ante todo, porque, no es el cumplimiento de las obras las que salvan si no, la fe de que han
sido redimidos los pecados de todos en la cruz del Señor Jesús y que ha convertido a todos en
hombres nuevos, dándoles la vida eterna, justificando sus pecados, por eso, ser hombre nuevo
implica pues que de manera automática haga las obras necesarias para agradar al Señor, pero tiene
que tener claro, que no son solo las obras, debe tener confianza y permanecer fiel a las enseñanzas
del Evangelio.
En el v.28 se encuentra el principio básico que San Pablo expone, como la conclusión de
su tesis sobre este tema: «Porque sostenemos que el hombre es Justificado por la fe,
independientemente de las obras de la ley» (Rom 3, 28). Y no es que San Pablo quiera contraponer
la ley con las obras, si no, la propia exclusión de las obras de la ley, para su correcto cumplimiento,
mediante un verdadero comportamiento cristiano, es necesario creer, confiar, valorar y atesorar
para luego cumplir lo que se pide en el Evangelio.
No se puede vivir haciendo las cosas por hacerlas, si no, creer en ellas, llevarlas en el
corazón y el testimonio que se pueda dar de esa fe recibida es el cumplimiento de la ley que por fe
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se ha cumplido. Solamente creyendo se puede llegar a cumplir la ley, no al contrario. Aquí es donde
radica el error judío, se sacrifica por el cumplimiento y no por la fidelidad, y esto ha sido eliminado
gracias al acontecimiento Cristo y su muerte y su resurrección.
En el v.29, desea recordar la Universalidad de la Justificación; todos aquellos, sean
circuncidados o no, serán justificados por la fe en Jesucristo, esta salvación es universal y ya no es
exclusiva de los judíos, ahora todos pueden participar y sentirse salvados por medio de la
Justificación por la fe. Es por eso que aunque en el Antiguo Testamento se habla de que Yahvé es
el Dios aliado de Israel, no quiere decir que no lo sea de los demás pueblos, y es lo que viene a
decir el Apóstol, que ya no es asi, pues solamente hay un solo Dios como dirá el v.30 por lo tanto,
es Dios de judíos y gentiles, teniendo claro entonces que la salvación es para todo aquel que
aceptando su condición de pecador y que por medio del bautismo se incorpore a la Iglesia, acepta
incondicionalmente a Cristo se sienta justificado por su muerte y resurrección entonces también
podrá justificarse como los demás, todos serán juzgados por la misma fe a un mismo Dios.
Karl Kertelge (1978), concluye este apartado haciendo una declaración importante:
El monoteísmo era la idea misionera de los judíos. Más por el capítulo tres, es evidente que
Pablo lo emplea en el sentido opuesto. No son los gentiles, quienes deben convertirse al
Dios de los judíos. Si no que son estos los que deben convertirse al Dios de los gentiles, al
Dios que justifica a los incircuncisos. Este es precisamente el problema que Pablo considera
decisivo a lo largo de la carta a los Romanos y que luego no sólo porque se refiere a los
judíos y su salvación, sino porque se refiere, sobre todo la unidad de la Iglesia. La única
realidad salvífica instituida por Dios en la que están unidos judíos y gentiles, se presenta
históricamente justo en la Iglesia que Pablo describe como un solo cuerpo (P. 79).
Es por eso que la Justificación por la fe no debe entenderse como un conocimiento
abstracto, o como algo opcional en la vida cristiana universal, si no, que cada cristiano que se ha
comprometido con la misma debe saber que lo más importante no es realizar obras para poder
decir: ¡ya cumplí!, si no, que se convierta en un estilo de vida que se debe seguir como norma
universal, claro, de manera libre y consciente, pues se sabe que Dios es un Dios de orden y que lo
ha creado en toda libertad.
En el v.30-31 San Pablo concluye que, no es que se anulen las obras de la ley, más bien, se
afirman, se le da su propio valor, y es por eso que debe ser para todos como dice Karl Kertelge:
una fundamentación teológica del proceder cristiano y eclesial.
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medio del Bautismo, todo esto proveniente de Dios y su Justicia y por gracia mediante la fe en el
Evangelio del Hijo de Dios.
En cuanto al problema ecuménico se puede decir que uno de los grandes avances que han
podido reconciliar un poco el concepto de la Justificación por la fe en ambas Iglesias ha sido el
don maravilloso llamado Concilio Vaticano II que ha permitido llegar a una convergencia, del cual
es fruto la Declaración Conjunta para llegar a un consenso sobre los planteamientos básicos de la
doctrina de la Justificación, es por eso que gracias al Concilio Vaticano II, ya no se aplican las
sanciones que se venían arrastrando desde el siglo XVI, es decir, ambas Iglesias han querido ser
puentes y no muros, porque hay más cosas que unen a estas Iglesias que las que las separan,
hablando de la Luterana que es una Iglesia histórica.
Ahora bien, ¿cuáles han sido entonces las interpretaciones comunes entre ambas Iglesias?,
según la Declaración conjunta son las siguientes:
En la fe, juntos tenemos la convicción de la Justificación es obra del Dios Trino. El Padre
envió a su Hijo al mundo para salvar a los pecadores. Fundamento y postulado de la
Justificación es la Encarnación, Muerte y Resurrección de Cristo. Por lo tanto, la
Justificación significa que Cristo es justicia nuestra, en la cual compartimos mediante el
Espíritu Santo conforme a la voluntad del Padre. (Declaración Conjunta sobre la Doctrina
de la Justificación N. 15, P. 6).
Todos los seres humanos somos llamados por Dios a la salvación en Cristo. Solo a través
de él somos justificados, cuando recibimos esta salvación en la fe. La fe es en sí un don de
Dios mediante el Espíritu Santo que opera en Palabra y sacramento de la comunidad de
creyentes, y que, a la vez, les conduce a la renovación de su vida que Dios habrá de
consumar en la vida eterna (Declaración Conjunta sobre la Doctrina de la Justificación N.
16, P. 6).
Se puede observar que ambas iglesias han hecho un esfuerzo por mantener integra la
doctrina de la Justificación quedando claro que solamente por la fe, el hombre es justificado y que,
al haber recibido el Espíritu Santo, adquiere para sí dones y carismas que le ayudan a comprender
las palabras del Evangelio que lo invita al amor y a la comunión con Dios. ambas Iglesias, luteranos
y católicos, comparten el mismo objetivo de confesar en Cristo, que fue enviado por el Padre para
la salvación de todos por medio de su sacrificio en la cruz.
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Hablando acerca de una explicación, los católicos afirman que la Justificación viene por la
gracia cooperando con su aceptación personal, si no, por la gracia otorgada por Dios. Los luteranos
opinan que el hombre es incapaz de cooperar son su salvación debido a las palabras que San Pablo
decía: por tanto, todos pecaron. Aquí puede decirse que ambas Iglesias están de acuerdo con que
el hombre innatamente no puede salvarse, sino, tiene que tener necesariamente un acto de fe, en
completa libertad, buscar de Dios, puesto que la condición de pecado le hace caer en la muerte, y
que, por medio de la fe en Cristo, esa situación puede cambiar si él está dispuesto a aceptar el don
inmerecido de la gracia por pura iniciativa de Dios.
Siendo fieles siempre a la doctrina de la Justificación, ambas Iglesias también tienen claro
y en común lo siguiente en el numeral veintiocho:
Juntos confesamos que, en el Bautismo, el Espíritu Santo nos hace uno en Cristo, justifica
y renueva verdaderamente al ser humano, pero el justificado a lo largo de toda su vida,
debe acudir constantemente a la gracia incondicional y justificadora de Dios, por estar
expuesto también constantemente, al poder del pecado y a sus ataques apremiantes […] asi
mismo, el justificado debe pedir perdón a Dios todos los días, como en el Padre Nuestro, y
es llamado incesantemente a la conversión y a la penitencia, y perdonado una y otra vez.
(Declaración Conjunta sobre la Doctrina de la Justificación P. 8).
Es necesario pues, acudir siempre al sacramento de la reconciliación, pues hay que renovar
constantemente la Justificación ya que, el cristiano aunque ya ha sido justificado por amor e
iniciativa de Dios, no está exento a las insidias del pecado y a todas las seducciones que el mundo
ofrece, y al ser carne, cae nuevamente en la ruptura de la comunion y es por eso, que, se debe pedir
perdón siempre, asi como el mismo Jesús lo enseña en el modelo de toda oración el Padrenuestro
(Mt 6, 12; Jn 1, 9).
Como cristianos, ambas Iglesias concluyen que el ser cristiano implica una vida llena de
sacrificio para ganarse el Reino de Dios, puesto que no solo basta en conocer de Dios, sino, creer
que por medio de Jesucristo y su Misterio Pascual, el hombre ha sido justificado y que además,
debe luchar incansablemente, todos los días contra las tentaciones del mal, las agresiones y
consecuencias del pecado que lo único que hace es llevar a la muerte, pero que con la gracia de
Dios, que ama al hombre de manera entrañable, como un Padre amoroso que no busca la
condenación de sus hijos, sino, ayudarles y dándoles los medios necesarios para que puedan en
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total libertad, acercarse, creer y ser redimidos con la Sangre preciosa del Hijo de Dios quien vino
al mundo a ofrecerla por amor.
Se tiene la certeza de que siempre y cuando por medio de la penitencia pueda tener un acto
de humildad, asi pueda retornar a la gracia que ha perdido, es ahí la importancia del sacramento
de la reconciliación que enseña al hombre que Dios es amor y misericordia y que durante el
caminar de su vida jamás estará solo, basta solo la fe.
También la Declaración Conjunta invita al cristiano a ser testimonio de la fe que confiesa,
a dar fruto de sus buenas obras, actuar en la gracia que le ha sido concedida por medio de Cristo,
crecer cada día en la escucha de la Palabra, el cumplimiento de la misma, mediante la acción del
Espíritu Santo pueda mantenerse la justicia de Dios que como ya se había dicho antes, es hacer
que el hombre a pesar de su condición de pecador pueda volverse justo por medio de su fe en acto
de agradecimiento por tanto amor y bondad de Dios.
En conclusión, la Declaración Conjunta termina en su numeral cuarenta y tres diciendo:
Nuestro consenso respecto a los postulados fundamentales de la doctrina de la Justificación
ha de influir en la vida y el magisterio de nuestras iglesias. Allí se comprobará. Al respecto
subsiste en cuestiones de mayor o menor importancia que requieren ulterior aclaración
entre ellas temas tales como: La relación entre la palabra de Dios y la doctrina de la Iglesia,
eclesiología, autoridad en la iglesia, ministerio los sacramentos y la relación entre
Justificación y ética social. Estamos convencidos de que el consenso que hemos alcanzado
sienta sólidas bases para esta aclaración. Las iglesias luteranas y la Iglesia Católica
Romana, seguirán bregando juntas por profundizar esta interpretación común de la
Justificación y hacerla fructificar en la vida y el magisterio de las iglesias. (Declaración
Conjunta sobre la Doctrina de la Justificación P. 28).
Es importante reconocer que ambas Iglesias han hecho este consenso de poner en claro la
doctrina de la Justificación, puesto que Lutero, al haber interpretado erróneamente el texto de sola
fidei, (Rom 3, 28), hizo una brecha entre ambas iglesias y que, desde entonces, han existido algunas
discrepancias en la doctrina de Pablo. Mucho ha sido el trabajo, pero se ha llegado a algunos
consensos entre ambos y es un avance para la unión doctrinal de estas Iglesias que son más las
cosas que les une que aquellas que les divide. Falta camino por recorrer, sin embargo, ya se está
trabajando poco a poco en la comunión.
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CONCLUSIONES
1. La Justificación manifiesta el amor de Dios para con los hombres mostrando la importancia
de la fidelidad, dando a conocer que la salvación es universal y no exclusiva al pueblo
judío.
BIBLIOGRAFÍA
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DOCUMENTOS DE LA IGLESIA
PÁGINAS WEB
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Youtube
Monseñor Barron. La Fe Sin Obras Está Muerta - Sermón del Domingo del obispo Robert Barron.
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Monseñor Barron. ¿Qué Es el Pecado? - Sermón del Domingo del obispo Robert Barron
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