1.
Introducción
Después del fracaso del Sexenio Democrático, la monarquía borbónica se restauró en 1874 con
el regreso de Alfonso XII al trono, impulsado por Cánovas del Castillo. Este nuevo régimen se
basaba en un sistema liberal censitario, caracterizado por la alternancia entre dos partidos: el
conservador y el liberal.
La Restauración duró más de cincuenta años (1874-1931). Aunque en 1890 se introdujo el
sufragio universal masculino, el régimen siguió dominado por una élite agraria. La incapacidad
de los partidos dinásticos para adaptarse a las nuevas fuerzas políticas debilitó el sistema. En
1898, la pérdida de las últimas colonias españolas provocó una crisis política y moral, conocida
como el "Desastre de 1898", que evidenció la necesidad de reformas profundas.
2. El sistema político de la Restauración: el sistema canovista
Cánovas del Castillo estableció un régimen basado en el bipartidismo y la estabilidad
institucional. Redactó una nueva Constitución (1876), que otorgaba un poder fuerte al monarca
(disolución de las Cortes, nombramiento de ministros). Las Cortes eran bicamerales (Congreso
de los Diputados y Senado), pero el sufragio permaneció censitario hasta 1890.
El régimen buscaba pacificar España tras las guerras carlistas y la guerra de Cuba. La
Constitución proclamaba el catolicismo como religión del Estado, con una tolerancia limitada
hacia otras creencias.
3. El bipartidismo y la alternancia pacífica
El bipartidismo se basaba en la alternancia entre el Partido Conservador (liderado por Cánovas)
y el Partido Liberal (liderado por Sagasta). Estos partidos aceptaban un turno en el poder sin
recurrir a levantamientos militares. A cambio, el ejército recibía un presupuesto elevado y
gozaba de autonomía interna.
Los conservadores defendían el orden social, el sufragio censitario y la Iglesia, mientras que los
liberales defendían reformas progresistas y al sufragio universal masculino. La alternancia era
regulada por el rey: cuando un partido se debilitaba, el monarca nombraba a la oposición en el
gobierno, que organizaba elecciones para obtener una mayoría parlamentaria.
4. El fraude electoral y el caciquismo
El mantenimiento del sistema dependía de la manipulación de las elecciones. El caciquismo,
era una práctica en la que los notables locales (caciques) controlaban los votos a cambio de
favores o mediante la coerción.
Las prácticas fraudulentas incluían la compra de votos, la inclusión de personas fallecidas en las
listas electorales, la falsificación de resultados y la intimidación de los opositores. Este sistema,
conocido como "pucherazo", permitía al gobierno en el poder ganar sistemáticamente las
elecciones.
Entre 1876 y 1898, la alternancia funcionó regularmente gracias a este fraude electoral. Tras la
muerte de Alfonso XII en 1885, los dos partidos firmaron el Pacto del Pardo, que garantizaba la
continuidad de la monarquía bajo la regencia de María Cristina.
5. Reformas y crisis del régimen
Durante el gobierno de Sagasta (1885-1890) se adoptaron importantes reformas:
Ley de Asociaciones (1887), que permitió la participación política de los opositores.
Abolición de la esclavitud (1888).
Introducción de los jurados en los juicios y aprobación de un nuevo Código Civil
(1889).
Sufragio universal masculino (1890), aunque el fraude electoral limitó su impacto
democrático.
El asesinato de Cánovas (1897) y la muerte de Sagasta (1903) provocaron una crisis dentro de
los partidos dinásticos, que comenzaron a fragmentarse. El régimen se debilitó
progresivamente, hasta su colapso en 1931 con la proclamación de la Segunda República.