Esquema para Viernes Santo
Viacrucis
“Si alguien quiere ser mi discípulo tiene que negarse
a su mismo, tomar su cruz y seguirme. Porque el que
quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su
vida por mi causa, la encontrará”
Mt 16,24-25
L: Lector
R: Respuesta
M: Meditación
O: Oración
Monición de entrada:
Vamos a comenzar este rato de oración siguiendo el
camino de Jesús que sube a la cruz para darnos vida.
Recorreremos este camino dejándonos guiar por los
relatos que, con tanta intensidad y emoción, nos han
dejado los evangelistas. Nos muestran, paso a paso,
este camino de Jesús. Ellos nos transmitieron cómo
fueron estos momentos últimos y definitivos en los
que Jesús llevó a término la culminación de su gran
amor hacia Dios y hacia nosotros. Dispongámonos a
seguir el camino de Jesús, el camino de la cruz, con
toda la fe y todo el amor. Oremos en unos momentos
de silencio. (Breve silencio). Disponnos, Señor, a
recorrer paso a paso tu camino hacia la cruz. Te
damos gracias por el inmenso amor que nos has
mostrado entregándote tú a la muerte. Y te pedimos
que nos concedas tu perdón, tu misericordia, tu
fuerza, tu amor, para que aprendamos a seguirte,
cada día, toda nuestra vida.
Oración preparatoria
TODOS: Dios misericordioso, cada uno de nosotros
está llamado a ser discípulo de Tu Hijo Jesús por
medio del sacramento del Bautismo. Somos enviados
a anunciar el Evangelio, para compartir las buenas
nuevas de su amor salvador. Escucha nuestra oración
al Meditar en la vocación redentora de Cristo, que
sigue llamando a Hombres y mujeres a reconciliar a
todos y todo a Ti. Te damos Gracias por el misterio de
toda vocación y oramos por todos los que hha
respondido a Tu llamado.
Envía tu Espíritu Santo sobre todos, los fieles y
enciende en ellos el fuego de Tu amor. Atrae a
muchos, Hombres y mujeres jóvenes a que se
dediquen totalmente de, Corazón al amor de Cristo y
de su Iglesia en la tierra. Amén
Primera Estación: Jesús es condenado a muerte
L: Te adoramos Cristo y te bendecimos. (genuflexión)
R: Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo. (pie)
L: Jesús, ya condenado, es obediencia de hijo hasta el fin. Se
abandona a sí mismo al Padre y cumple así la misión recibida.
Así podemos nosotros realizarnos como personas ante Dios: así
podemos entrar en su muerte y resurrección y ser plenamente
reconciliados con Dios. Solo así nos convertimos en
sembradores de paz y reconciliación.
M: Considera cómo Jesús, después de haber sido azotado y
coronado con Espinas, fue injustamente condenado por Pilato a
morir en la cruz.
O: Jesús, te pedimos que llames a los hombres y mujeres
jóvenes de hoy a aceptar públicamente Tu invitación a seguirte
más de cerca, a pesar de lo que otros puedan pensar o decir.
Dales una pasión por alcanzar a través de tu amor, las
necesidades de sus hermanos y hermanas sin contar calcular el
costo.
Padre nuestro, Avemaría, Gloria.
“Señor, quiero seguirte. Ten piedad y misericordia de mí y del
mundo entero”.
Segunda estación: Jesús carga su cruz
L: Te adoramos Cristo y te bendecimos
R: Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo
L: Sin un camino espiritual no se comprende la Cruz. Porque ésta
no tiene sentido para quienes no dan espacios en su vida a la
profundidad, a la solidaridad, a los problemas de los demás.
Nada se resuelve si no se toca a las personas, su libertad, su
corazón. Envía profetas del amor.
M: Considera a Jesús mientras caminaba por este camino con la
cruz sobre sus hombros, pensando en nosotros y que ofreció a
su Padre la muerte que iba a sufrir por nosotros.
O: Jesús, ayuda a los que Tú llamas a ver la cruz como símbolo
de la unión contigo. Dales la fortaleza y afán de servir a los que
están agobiados por el dolor, la tristeza, la confusión y la
alienación. Que sean fieles testigos y que a través de las cruces
de la vida diaria, alcancemos una nueva vida arraigada en Ti
Padre nuestro, Avemaría, Gloria.
“Y cargando la Cruz, la beso con gran Pasión”
Tercera estación: Jesús cae por primera vez
L: Te adoramos Cristo y te bendecimos
R: Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo
L: Dios elimina el mal asumiéndolo y transformándolo desde
dentro con su único poder: el amor. Nos reveló que ni cruz ni
muerte consiguieron que Dios se cansase de amarnos.
Permanece junto a nosotros, nos acepta y perdona; pero pide
una cosa: unirse a su obediencia de hijo para que nos
convirtamos en hijos. Por eso, sigue llamando a ministros de la
reconciliación.
M: Considera la posibilidad de la primera caída de Jesús. La
pérdida de sangre por la flagelación y la coronación de espinas
que tanto le había debilitado que apenas podía caminar.
Mientras los soldados lo golpeaban cruelmente, cayó bajo el
peso de su cruz.
O: Jesús, permite a aquellos a quienes Tú has llamado a saber
que no tienen que ser perfectos. Que sean abiertos a Tu gracia
transformadora que puede lograr más de lo que nadie puede
imaginar. Dale a los que responden a Tu llamado al sacerdocio y
a la vida consagrada, una profunda confianza de que Tu
completarás lo que has comenzado en ellos.
Padre nuestro, Avemaría, Gloria.
“Por su sudor fuimos perdonados, y por su sangre fuimos
salvados”
Cuarta estación: Jesús se encuentra con su afligida madre
L: Te adoramos Cristo y te bendecimos
R: Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo
L: Tu Cruz, tus espinas, Tu sangre, tus heridas, tu cuerpo lleno,
de llagas. Tu túnica ensangrentada. Tu mirada serene y triste. Tu
cansancio inmenso. Y enfrente, a unos pasos, confundida entre
la gente su madre. Ella te dio ese cuerpo para sufrir y para amar.
Ella muerta de pena sabe que tiene que ser así, qué es bueno
que sea así. Su mirada desgarra de Madre te reconforta y sigues.
M: Considera cómo el Hijo se encontró con Su Madre durante Su
camino al Calvario. Jesús y María se miraron y sus miradas se
volvieron como tantas flechas que hirieron aquellos corazones
que se amaban tanto entre sí.
O: Jesús, inculca en los hombres y mujeres el deseo de llegar a
conocer a tu Madre y encontrar en su reflexión orante de la
Sagrada Escritura a una mujer de fe, esperanza y amor cuya
vocación es un ejemplo para todos los jóvenes. Ayuda a los
padres a promover y apoyar las vocaciones dentro de sus
propias familias y dentro de sus parroquias.
Padre nuestro, Avemaría, Gloria.
“¿Qué hombre no lloraría, viendo a la Madre afligida por la
Sangre derrama del Hijo?”
Quinta estación: El Cirineo ayuda a cargar la cruz con Jesús
L: Te adoramos Cristo y te bendecimos
R: Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo
L: El Cirineo no es judío. El soldado romano le quiere obligar a
cargar la cruz. Quizás sin ganas pero accede. Es tu mirada la que
hace comprender y la que le convence.
M: Considera lo débil y cansado que estaba Jesús. En cada paso
estaba a punto de expirar. Temiendo de que iba a morir en el
camino cuando querían que muriera en la muerte infame de la
cruz, obligaron a Simón, el Cirineo a ayudarle a llevar la cruz de
Nuestro Señor.
O: Jesús, envía tu gracia sobre los que Tú llamas a posiciones de
liderazgo dentro de Tu Iglesia. Ayúdales a aceptar y afirmar los
dones de los demás en la proclamación de Tu verdad y de llegar
en el servicio sacrificial.
Padre nuestro, Avemaría, Gloria.
“Con una mirada, llenaste de amor al Cireneo, Permite que vea
tus ojos para experimentar tu amor”
Sexta estación: La Verónica limpia el rostro de Jesús
L: Te adoramos Cristo y te bendecimos
R: Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo
L: Gracias Verónica, por tu lección de valentía. Te contemplamos
cruzando a la muchedumbre, arriesgaste a la ira y al insulto de
los soldados. Te arrodillaste ante el Maestro y llevarte en tu velo
una parte de tus desprecios, de sus sudores y de su sangre. Te
admiramos mujer
M: Considera la posibilidad de la compasión de la santa mujer,
Verónica. Al ver a Jesús en tal angustia, su rostro bañado en
sudor y sangre, le hizo entrega de su velo. Jesús limpió Su rostro
y dejó sobre el paño la imagen de su rostro sagrado
O: Jesús, llama a numerosos hombres y mujeres a que sean
capaces de ver tu cara en todos aquellos con quienes se
encuentren. Ayuda a Tus siervos a comprender verdaderamente
que el bien que se hace al menor de tus hermanos y hermanas,
se te hace a Ti.
Padre nuestro, Avemaría, Gloria.
“Verónica, mujer valiente y audaz, quiero seguir tus pasos hacia
el Crucificado”
Séptima estación: Jesús cae por segunda vez
L: Te adoramos Cristo y te bendecimos
R: Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo
L: Tu rostro Señor, tiene pegado el polvo del camino, tus labios
sobre las piedras. Tu cruz te aplasta sobre el suelo. Y a pocos
pasos. Tu Cruz te aplasta sobre el suelo. Y a pocos pasos, los
hombres sin compasión y sin entrañas.
M: Considera cómo la segunda caída de Jesús renueva el dolor
de todas las heridas de la cabeza y los miembros de su cuerpo.
O: Jesús, ayuda a los que Tú llamas al sacerdocio y a la vida
consagrada a aceptar sus propias limitaciones y las limitaciones
de los demás siempre confiando en Tu gracia misericordiosa.
Ayúdales, en estos tiempos de oscuridad, para llegar
especialmente a aquellos a quienes el mundo llama personas
“caídas” que son adictas, encarcelados, pobres, ancianos, o de
mala salud.
Padre nuestro, Avemaría, Gloria.
“Vio a su hijo, muriendo desolado, al entregar su Espíritu”
Octava estación: Jesús se encuentra con las mujeres de
Jerusalén
L: Te adoramos Cristo y te bendecimos
R: Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo
L: Te contemplamos camino al Calvario. Solo han salido al
encuentro del Crucificado su Madre, Simón y Verónica. Pero
ahora unas buenas mujeres que sufren contigo. Unas gotas de
amor en medio de un océano de odio. “No lloren por mi” les
dice “lloren más bien por ustedes mismas y por sus hijos”
Tu llamado es claro. Hay algo más que sentimentalismo estéril,
hay que poner tu mano en al arado y no mirar atrás. No hay
tiempo para lamentaciones estériles.
M: Considera como las mujeres lloraban de compasión al ver a
Jesús tan angustiado y chorreando sangre mientras Él caminaba
por el camino. Jesús les dijo: “No lloren tanto por Mí, sino por
sus hijos.’’
O: Jesús, elimina los prejuicios o sesgos de todos los fieles,
sobre todo los que has llamado a caminar Contigo como laicos
comprometidos desde la soltería y la vocación matrimonial. Que
vean que todas las personas son creadas a Tu imagen y
semejanza, tanto hombres como mujeres, sin importar la raza o
el patrimonio cultural. Que sus palabras y ejemplo siempre
hablen de justicia, misericordia y el amor de Cristo.
Padre nuevo, Avemaría, Gloria.
“Es Madre, fuente de amor, hazme sentir tu dolor”
Novena estación: Jesús cae por tercera vez
L: Te adoramos Cristo y te bendecimos
R: Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo
L: Contemplo tu rostro ensangrentado sobre las piedras del
camino. Brilla el sudor y la sangre en tu frente. Escucho la
respiración de tu boca bajo el sol implacable del medio día.
Te falta poco para llegar. La cruz se vuelve más pesada a cada
paso, cada gota de sangre desprende un aroma de redención.
M: Considera cómo Jesús cayó por tercera vez. Él estaba
extremadamente débil y la crueldad de sus verdugos era
excesiva. Trató de apresurar sus pasos aunque apenas tenía
fuerzas para moverse.
O: Jesús, ayuda a los que Tú llamas para saber que todas las
vocaciones son llenas de gracia, que los sacerdotes, hermanas,
hermanos, diáconos, hombres y mujeres consagrados, casados y
solteros son todos favorecidos por Dios. Inculca en ellos el
entendimiento de que nada puede separarlos de Tu amor, y que
Tú estas presente activamente en todo el mundo, en las buenas
y en las malas.
Padre nuestro, Avemaría, Gloria.
“Haz que mi corazón arda, en el amor de mi Dios”
Décima estación: Jesús es despojado de sus vestiduras
L: Te adoramos Cristo y te bendecimos
R: Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo
L: Te veo Señor, en tu infinita Pureza de tu total
desprendimiento ¿Qué misterio este de tu despojo absoluto?
Enséñanos a desprendernos de nuestras costumbres, de
nuestras comodidades, de nuestros puntos de vista, de nuestros
proyectos personales.
M: Considera cómo Jesús fue despojado de sus ropas. La ropa
interior se adhirió a su carne lacerada y los soldados la
arrancaron tan bruscamente que la piel se fue con ella. Ten
piedad de tu Salvador tan cruelmente tratado.
O: Jesús, haz que todos los que todos tus santos sacerdotes se
vistan con sincera compasión, humildad, bondad, mansedumbre
y paciencia, el perdón y el agradecimiento … y sobre todas estas
virtudes, pongan amor. Que entiendan que su discernimiento
vocacional es la respuesta más profunda a Tu amor.
Padre nuestro, Avemaría, Gloria.
“Crucificado traspasa tus llagas en mi”
Décima primera estación: Jesús es clavado en la cruz
L: Te adoramos Cristo y te bendecimos
R: Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo
L: Se escuchan los golpes del martillo. Ve tus manos llenas de
sangre. Las manos que siempre bendicen, que curan, que
consuelan qué parten el pan y siempre dan.
Luego tus pies. Quieren atarlos a la cruz para que ya no caminen
más en busca del alejado, del que sufre y del perdido.
M: Considera cómo Jesús extendió sus brazos y ofreció a su
Padre eterno el sacrificio de toda su vida por nuestra salvación.
Ellos clavaron sus manos y pies, y luego, levantando la cruz, lo
dejaron morir.
O: Jesús, inculca en los jóvenes de hoy especialmente los que
hoy están sirviendo, un profundo deseo de hacer una diferencia
en el mundo, no importa lo que cueste. Que el ejemplo de
coraje de los mártires modernos inspiren a cumplir con los
desafíos de la vida con fe, esperanza y amor. Llénalos con Tu
presencia y la gracia de responder a Tu llamado a “salir a todo el
mundo y proclamar la Buena Nueva.”
Padre nuestro, Avemaría, Gloria.
“Moriste en una cruz para tener los brazos abiertos y así abrazar
al mundo entero”
Décima segunda estación: Jesús muere en la cruz
L: Te adoramos Cristo y te bendecimos
R: Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo
L: Contemplo tu cuerpo con fundido con la misma cruz. Privado
de amor y de consuelo mueres sobre ella. Y en medio del
silencio grande de mi alma, oigo tus últimas palabras y ¡Qué
palabras! “Tengo sed” “Padre perdónales”, Todo esta cumplido y
al escucharte esta última palabra nos entregas el Espíritu, tu
Santo Espíritu solo unos cuantos reciben este regalo del
crucificado.
M: Considera cómo Jesús, después de tres horas de agonía en la
cruz, es finalmente abrumado por el sufrimiento y
abandonándose al peso de su cuerpo, inclina la cabeza y muere.
(minuto de silencio y genuflexión obligatoria)
Padre nuestro, Avemaría, Gloria.
“Junto a ti, mi ser se queda”
Décimo tercera estación: Jesús es bajado de la cruz
L: Te adoramos Cristo y te bendecimos
R: Porque por tu Santa Cruz redimiste.
L: Madre, contempló en tus brazos el cuerpo herido de tu hijo
aquel cuerpo con quien compartiste tu humanidad, que tomo tu
fragilidad. Hoy te entregan el cuerpo de tu niño que nació de ti
en Belén, hoy cayó aquel que tu y José protegieron del rey, hoy
se cumplió la promesa de Simeon “una espada herirá tu alma”.
Hoy pierdes a tu Hijo pero te vuelves Madre de todos los
discípulos.
M: Considera cómo, después que Nuestro Señor fue bajado de
la cruz y puesto en brazos de su Madre afligida, ella lo recibió
con ternura y le presionó cerca de su pecho. Su dolor era tan
grande, era como si una espada le había atravesado el corazón
también.
O: Señor toca los corazones de aquellas madres que han perdido
un hijo, qué vean en su dolor el don que las hacen semejantes a
tu Madre. Llena de entendimiento a las madres que son
obstáculos para sus hijos en su camino de discernimiento
vocacional, que tengan el valor de abandonar a sus hijos en tus
manos para que encuentren su vocación sin importar cual sea
ese camino.
Padre nuestro, Avemaría, Gloria.
“Madre mis brazos están abiertos”
Décima cuarta: El cuerpo de Jesús es sepultado
L: Te adoramos Cristo y te bendecimos
R: Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo
L: Señor mi corazón esta confundido, no sabe si llorar por ti o
alegrarse por tu misión cumplida, hoy el sepulcro solo es un
obstáculo para tu gracia, hoy quedamos en silencio, esperando
aquella hora gloriosa que sales resucitado. Los malvados dicen
que un fracaso la cruz, los verdaderos discípulos saben que tu
gloriosa Resurrección es cuestión de tiempo, los discípulos están
esperando el momento de correr junto a María Magdalena a dar
la buena nueva a los que aún lloran el fracaso.
M: Considera como los discípulos llevaron el cuerpo de Jesús
para su sepultura, mientras que su Santa Madre se fue con ellos,
y lo arregló en el sepulcro con sus propias manos. Después
cerraron la tumba y todos se marcharon.
O: Te damos gracias, Jesús, por el poder infinito que Tu muerte y
Resurrección ha traído para salvar y sanar nuestras almas. Te
damos gracias por los que has llamado en estos últimos 2000
años, los hombres y mujeres que dedican sus vidas formalmente
a la edificación de Tu Iglesia. Oramos por todos los seminaristas,
religiosos y religiosas en formación, también por todos los
novios que encuentren el verdadero significado que tener a
alguien junto a ellos. Que todos los hombres y mujeres jóvenes
reflexionen con sinceridad en la vida de los Santos, y lleguen a
conocer heroicos sacerdotes, religiosos y ministros laicos que
fielmente responden a la invitación de Cristo a “ir y Seguirle!”
Padre nuestro, Avemaría, Gloria.
“Descendiente por Adán y por todos nosotros”
Oración Final
ORACIÓN A JESUCRISTO CRUCIFICADO:
Mi buen y querido Jesús, me arrodillo ante Ti pidiéndote con
todo fervor Que grabes en mi corazón una fe, esperanza y
caridad profunda y viva, Con verdadero arrepentimiento por mis
pecados y un firme propósito de Enmienda. Al reflexionar sobre
Tus cinco heridas y meditando en ellas con Profunda compasión
y tristeza, recuerdo las palabras que el profeta David dijo hace
mucho tiempo en relación a Ti mismo, “traspasaron Mis Manos
y Mis pies, han numerado todos mis huesos.”