POLÍTICA
La concepción política para Hume, como empirista, se aleja de teorías filosóficas abstractas
sobre el "deber ser" de la sociedad, como las propuestas por Platón o San Agustín, y se
enfoca en lo que puede observarse y verificarse. Rechaza hipótesis indemostrables como el
"estado de naturaleza" o el "contrato social" de Hobbes y Locke, ya que considera que no
se pueden verificar ni observar. Según Hume, la sociedad no surge de un pacto previo, sino
que es el resultado de un deseo natural de unión, impulsado por la necesidad de los seres
humanos de formar familias y mantener relaciones sociales.
El Estado y las instituciones políticas derivan su legitimidad de la utilidad que proporcionan
a la sociedad. Las personas obedecen al gobierno y sus leyes no por un contrato social,
sino porque reconocen que hacerlo satisface mejor sus intereses privados. Por lo tanto, la
obediencia al gobierno es condicional a los beneficios que este otorga, y puede cesar
cuando esos beneficios desaparezcan.
Hume también defiende la democracia, ya que en ella los individuos tienen mayor libertad
para decidir sobre sus propias vidas. Además, rechaza las formas de gobierno absolutistas
basadas en hipótesis indemostrables, como el origen divino de los reyes o el bien común
que nadie puede conocer.
ÉTICA
Hume sostiene que nuestras ideas morales, como todas las ideas, provienen de la
experiencia, y no tenemos ideas innatas sobre lo que es el bien y el mal. Rechaza los
enfoques racionalistas de la moralidad, que buscan fundamentar la distinción entre el bien y
el mal en la razón. Según Hume, la moralidad no puede derivar de la razón, ya que esta no
puede mover al ser humano a actuar; en cambio, lo que guía nuestra conducta moral son
las emociones, los sentimientos y los deseos. Esto constituye su enfoque emotivismo moral,
que se opone al intelectualismo moral.
Hume plantea que la moralidad no es una cuestión de hecho, ya que los juicios morales no
se refieren a lo que "es", sino a lo que "debe ser". Por ejemplo, aunque el acto físico de
matar puede ser el mismo en un asesinato, un homicidio involuntario o una ejecución legal,
cada uno tiene una valoración moral distinta. Si la moralidad dependiera de la razón, las
distinciones morales serían universales, pero Hume argumenta que esto no es así, porque
no juzgamos como "buenas" o "malas" las acciones de la naturaleza o de los seres
irracionales.
Para Hume, los juicios morales surgen del sentimiento de aprobación o desaprobación que
sentimos hacia una acción. Así, llamamos virtud a aquello que nos produce un sentimiento
placentero y vicio contrario. No se trata de cualidades inherentes a las acciones, sino de la
reacción moral de un ser sensible. Hume rechaza la posibilidad de que la moralidad
dependa de principios racionales, lo que nos llevaría al relativismo moral. En su lugar,
defiende un utilitarismo moral: consideramos moralmente bueno aquello que beneficia a la
sociedad, ya que al hacerlo protegemos mejor nuestros intereses privados. La benevolencia
y la justicia, como virtudes, tienen su base en la utilidad para el bienestar colectivo, y
aunque nuestros sentimientos morales se originan en un deseo egoísta de nuestra propia
felicidad, este sentimiento de simpatía hacia los demás es una característica natural y
constante de la humanidad.
DIOS
Hume aborda el problema de Dios dentro de su crítica general a la metafísica, que se basa
en su enfoque empirista. Según Hume, las ideas de sustancia, tanto material como
espiritual, no tienen fundamento empírico (no provienen de impresiones) y, por tanto, no son
válidas. De manera similar, la idea de Dios, como sustancia infinita, no tiene una base
empírica y, por lo tanto, la existencia de Dios no puede ser demostrada racionalmente.
Hume refuta las principales pruebas de la existencia de Dios, tanto la prueba a priori
(argumento ontológico) como las pruebas a posteriori (como las cinco vías de Santo
Tomás). En cuanto al argumento ontológico, Hume argumenta que la existencia es una
cuestión empírica (a posteriori) y no una relación de ideas (a priori). Para él, no es
contradictorio imaginar la inexistencia de un ser cuya esencia implique su existencia.
Respecto a los argumentos a posteriori basados en la causalidad, Hume señala que la
relación causal sólo es válida entre impresiones directas y no se puede aplicar más allá de
ellas. Además, que haya causas particulares no implica necesariamente que el mundo
tenga una causa primera. Por tanto, los argumentos para demostrar a Dios mediante la
causalidad son falaces.
A pesar de todo, Hume reconoce que la creencia en Dios es inevitable en los seres
humanos, ya que se basa en temores y ansiedades psicológicas, como el miedo a la muerte
y la incertidumbre sobre la vida futura. La religión tiene un fundamento instintivo y no
racional. Inicialmente, los humanos creen en múltiples divinidades (politeísmo) y luego en
un solo Dios (monoteísmo), lo que conduce a la intolerancia y el fanatismo.
Finalmente, Hume sugiere que la religión es una forma de superstición, y aboga por
refugiarnos en la filosofía como un espacio más tranquilo y racional, alejado de las disputas
religiosas.
CONOCIMIENTO
El texto aborda la filosofía empirista de David Hume y sus críticas al racionalismo. En primer
lugar, se presenta el contraste entre ambas corrientes filosóficas: el racionalismo defiende la
existencia de ideas innatas en la mente, mientras que el empirismo sostiene que todo
conocimiento proviene de la experiencia. Hume, al seguir el empirismo de John Locke, se
opone a la idea de que haya ideas preexistentes en la mente humana. En su lugar, afirma
que antes de la experiencia, la mente es como una "tabula rasa", una pizarra en blanco.
En cuanto a los elementos del conocimiento, Hume clasifica las percepciones en dos tipos:
las impresiones y las ideas. Las impresiones son los datos directos que recibimos de los
sentidos y se dividen en sensaciones (como los colores, sonidos, etc.) y reflexiones (como
las emociones). Las ideas son los recuerdos o representaciones mentales de esas
impresiones. Además, tanto las impresiones como las ideas pueden ser simples o
complejas, y las ideas se agrupan según principios de asociación como semejanza,
contigüidad y relación causa-efecto. Para Hume, el conocimiento no puede ir más allá de las
impresiones que recibimos de la experiencia, y cualquier idea que no se derive de estas
impresiones es ilegítima.
Hume también distingue entre dos tipos de conocimiento: el conocimiento de las relaciones
entre ideas y el conocimiento sobre hechos del mundo. Las relaciones entre ideas, como las
matemáticas y la lógica, son necesarias y universales, no dependen de la experiencia. Por
otro lado, el conocimiento sobre hechos está basado en la experiencia y es contingente, es
decir, su verdad es probable pero no absoluta, ya que los hechos del mundo pueden
cambiar. En este contexto, Hume subraya que las ciencias no pueden ofrecer certezas
absolutas sobre el mundo, sino solo probabilidades.
Una parte fundamental del texto es la crítica de Hume a la metafísica, especialmente a la
noción de causalidad. Según la tradición filosófica, la causalidad se ve como una conexión
necesaria entre causa y efecto, pero Hume cuestiona esto. Para él, no existe una impresión
directa que corresponda a la idea de una "conexión necesaria" entre los fenómenos. Lo que
percibimos es simplemente una sucesión de eventos, y nuestra creencia en una relación
causal se basa en la costumbre de ver estos eventos ocurrir juntos de forma regular, pero
no en una certeza lógica o empírica. Por lo tanto, la causalidad no es más que una
suposición basada en la experiencia pasada, y las leyes científicas son solo probabilísticas.
Hume también lleva su crítica a otras ideas fundamentales del racionalismo, como las de
sustancia, alma y Dios. Al igual que con la causalidad, Hume se pregunta de dónde
provienen estas ideas y concluye que no tienen una base empírica. La noción de
"sustancia" es, según él, una ficción de la mente, ya que no existe ninguna impresión que
corresponda a esta idea. Las ideas de alma, Dios y mundo, fundamentales en la metafísica
tradicional, tampoco pueden ser justificadas empíricamente, por lo que deben considerarse
meras construcciones de la imaginación.
En resumen, la filosofía de Hume es una crítica al conocimiento que pretende ir más allá de
la experiencia sensorial. Según Hume, nuestras ideas no pueden ser más que
representaciones de lo que hemos experimentado directamente a través de los sentidos, y
todo lo que no derive de la experiencia debe ser considerado inválido en términos de
conocimiento. Esto lo lleva a un fenomenismo y escepticismo radical, donde la realidad se
reduce a lo que percibimos y cualquier afirmación sobre el mundo más allá de las
percepciones es solo una suposición.