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Judaísmo: Religión, Cultura y Leyes

El judaísmo es la religión, tradición y cultura del pueblo judío, siendo la más antigua de las religiones abrahámicas y basada en la Torá. Su práctica incluye la tradición oral y la ley judía o Halajá, y se distingue por considerar la religión como parte de una identidad cultural y nacional. La identidad judía puede derivarse de la ascendencia biológica o la conversión, y existen diferentes criterios de reconocimiento según las diversas ramas del judaísmo.

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Judaísmo: Religión, Cultura y Leyes

El judaísmo es la religión, tradición y cultura del pueblo judío, siendo la más antigua de las religiones abrahámicas y basada en la Torá. Su práctica incluye la tradición oral y la ley judía o Halajá, y se distingue por considerar la religión como parte de una identidad cultural y nacional. La identidad judía puede derivarse de la ascendencia biológica o la conversión, y existen diferentes criterios de reconocimiento según las diversas ramas del judaísmo.

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El término judaísmo se refiere a

la religión, tradición y cultura del pueblo judío. Históricamente, es la más


antigua de las tres principales religiones abrahámicas,[5] grupo que tiene
como base e incluye el cristianismo y el islam, originadas en Medio
Oriente y tiene la tradición espiritual identificada con Abraham. Cuenta
con el menor número de fieles entre ellas. Aunque no existe un cuerpo
único que sistematice y fije el contenido dogmático del judaísmo, su
práctica se basa en las enseñanzas de la Torá, también
llamada Pentateuco, compuesto por cinco libros. A su vez, la Torá o el
Pentateuco es uno de los tres libros que conforman el Tanaj (o Antiguo
Testamento), a los que se atribuye inspiración divina.
En la práctica religiosa ortodoxa, la tradición oral también desempeña
un papel importante. Según las creencias, fue entregada a Moisés junto
con la Torá y conservada desde su época y la de los profetas. La
tradición oral rige la interpretación del texto bíblico, la codificación y el
comentario. Esta tradición oral fue transcrita, dando nacimiento a
la Mishná, que posteriormente sería la base del Talmud y de un enorme
cuerpo exegético, desarrollado hasta el día de hoy por los estudiosos. El
compendio de las leyes extraídas de estos textos forma la ley judía
o Halajá.
El rasgo principal de la fe judía es la creencia en un
Dios omnisciente, omnipotente, personal y providente, que
habría creado el universo y elegido al pueblo judío para revelarle la ley
contenida en los Diez Mandamientos y las prescripciones rituales de los
libros tercero y cuarto de la Torá. Consecuentemente, las normas
derivadas de tales textos y de la tradición oral constituyen la guía de
vida de los judíos, aunque su observancia varía mucho de unos grupos a
otros.
Otra de las características del judaísmo que lo diferencia de las otras
religiones monoteístas radica en que se considera no solo como una
religión, sino también como una tradición, una cultura y una nación.[6][7]
Las otras religiones trascienden varias naciones y culturas, mientras que
el judaísmo considera la religión y la cultura concebidas para un pueblo
específico.
El judaísmo no exige de los no judíos unirse al pueblo judío ni adoptar su
religión, aunque los conversos son reconocidos como judíos en todo el
sentido de la palabra. De igual forma, el noajismo es reconocido por
gran parte de las corrientes del judaísmo rabínico, como
los ortodoxos, ultraortodoxos, conservadores (masortíes)
y reformistas como un camino religioso paralelo para los no judíos.
Terminología: hebreos, judíos, israelitas
Según la Tanaj, la tradición se remonta a Abraham, llamado el
primer hebreo (del hebreo ‫ִעְבִרי‬, ivrí: «el que viene del otro lado»), por
haber venido a la tierra de Canaán desde Mesopotamia siguiendo el
llamado de Dios (Génesis), hace unos 4000 años. Abraham es
considerado patriarca por los tres principales credos monoteístas, por lo
que a estos se los conoce también con el nombre de religiones
abrahámicas.
En la Biblia, los judíos son denominados «hijos de Israel» (Éxodo; nótese
la extensión en el significado entre el versículo 1 y el 7); y, más
adelante, fueron llamados «el pueblo de Israel» o «israelitas». El nombre
de Israel le fue otorgado al patriarca Jacob, nieto de Abraham, por el
ángel con el que se trabó en lucha, quien al bendecirlo lo llamó Israel (
‫ִיְׂשָרֵאל‬, del hebreo: «uno que ha luchado con Dios», Génesis). El término
«judío» aparece solo con posterioridad (Ester 2:5), y proviene del reino
de Judá (del hebreo ‫ְיהּוָדה‬, Yehudá, hijo de Jacob); reino que estaba
formado por dos de las doce tribus del pueblo de Israel, las únicas
remanentes luego de la escisión entre este reino y el de Israel y de la
destrucción del último tras el exilio de las diez tribus que lo formaban a
manos de Asiria, en el año 722 a. C.: «Yahveh, por tanto, se airó en gran
manera contra Israel, y los quitó de delante de su rostro; y no quedó
sino solo la tribu de Judá».
¿Quién es judío?
La identidad judía no depende en primer lugar de la aceptación de
creencias o del seguimiento de un modelo de vida determinado. Es tema
de debate entre los religiosos, los filósofos y los sociólogos judíos sobre
quién es considerado judío. Dentro de la religión judía, existen tres
ramas principales que la conforman, y cada una de ellas tiene una
versión propia de quien es reconocido como judío.
En primer lugar, el judaísmo ortodoxo defiende que la ley judía (halajá)
establece que aquel que ha nacido de madre judía o ha realizado un
proceso de conversión (guiur) conducido por un rabino, una comunidad
judía (la sinagoga) y finalizado ante un beit din (tribunal judío) ortodoxo,
es judío por definición.
En segundo lugar, el judaísmo conservador defiende los mismos puntos,
con la particularidad de que los procesos de conversión aceptados son
los realizados por la ortodoxia (proceso anteriormente citado) o por
los beit din propios del judaísmo conservador.
En tercer lugar, los reformistas creen que son judíos aquellas personas
que han nacido de padres judíos o se han convertido ante un beit
din ortodoxo, conservador o ante un rabino reformista (cabe mencionar
que cada rabino reformista tiene libertad para decidir cuando un
prosélito pasa a ser judío). A este punto cabe añadir que los rabinos
reformistas estadounidenses establecieron que los hijos de padre judío
podían ser considerados como tales si recibían algún tipo de educación
judía. Esto se debe a que un 57% de los hombres judíos decidían casarse
con mujeres gentiles.
Los judíos caraítas, citando prácticas del Tanaj, consideran judío a todo
aquel que nazca de padre judío.
Por lo tanto, ser judío es una cuestión de ascendencia biológica o
adopción espiritual, por medio de hacerse prosélito, descendientes
biológicos o espiritualmente de los patriarcas Abraham, Isaac y Jacob.
Según la halajá, una persona judía puede ser cristiana o musulmana sin
perder su condición formal de judío, pero perdiendo los derechos
religiosos y comunitarios como por ejemplo, el derecho a la sepultura en
un cementerio judaico.
A pesar de todo esto, convertirse al judaísmo desde otra confesión (o
ninguna) es posible, pues en el Talmud se menciona lo siguiente: «Los
rabinos dicen: "Si alguien llega y quiere ser un converso, ellos le dicen:
'¿Por qué quieres ser un converso? ¿Acaso no sabes que los judíos están
hostigados, acosados, perseguidos y acorralados, y que numerosos
problemas los aquejan?' Si contesta: 'Lo sé, y no soy digno', entonces lo
reciben sin que sea necesario argumentar nada más"».
Sin embargo, en la práctica será una tarea ardua y compleja, ya que la
Torá debe ser seguida por toda la comunidad. Hubo una época en la que
el cristianismo consideró una grave ofensa la conversión de sus fieles al
judaísmo, y se defendían aludiendo a esta obligación argumentando que
por ello no hay ningún tipo de provecho al convertirse al judaísmo ni
motivo para fomentar la conversión.
Este punto es uno de los que más diferencia al judaísmo
del cristianismo o del islam, pues a estas dos últimas religiones
monoteístas cualquiera puede pertenecer con tan solo que profese y
respete sus creencias.
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