ESTANDAR 79
Para poder entender esta cuestión, debemos tener en cuenta que el pronunciamiento de Martínez Campos en
Sagunto el 29 de diciembre de 1874 aceleró la proclamación de Alfonso XII como nuevo rey de España,
dando lugar a la Restauración borbónica.
Antonio Cánovas del Castillo sentó las bases institucionales y jurídicas del nuevo sistema. Sus principales
objetivos fueron apartar al ejército del poder político (para evitar los pronunciamientos militares que
desestabilizan el sistema) y pacificar al país, por un lado, poniendo fin a la Tercera Guerra Carlista (lo que
supuso la abolición de los fueros vascos y navarros), y por otro lado, firmando en 1878 la Paz de Zanjón que
pondría fin a la Guerra de los Diez Años entre España y Cuba.
Para fundamentar esta nueva etapa, Cánovas ideó un sistema bipartidista entre los partidos dinásticos que
apoyaban a la monarquía (turno dinástico) y una Constitución moderada, la Constitución de 1876, de carácter
conservador, que avaló la estabilidad política y que establecía los siguientes principios:
- Una amplia declaración de derechos y libertades individuales (imprenta, expresión, asociación y reunión).
- La soberanía compartida (entre la Cortes y la Corona), en la que al rey ocupaba un papel moderador por
encima de los partidos políticos. Ejercía la jefatura del ejército, elegía libremente al jefe de gobierno y no era
responsable ante las Cortes. La función legislativa recaía en unas Cortes bicamerales, con un Senado
(formado por miembros en función de su cargo o designados por el rey), y un Congreso de diputados
(elegidos por sufragio directo).
- El reconocimiento del catolicismo como religión oficial del Estado, que asignaba a la Iglesia el control de
la educación.
- El tipo de sufragio se dejó sin definir. En la práctica se aplicó el sufragio censitario hasta que en 1890, el
Partido Liberal de Sagasta implantó el sufragio universal masculino.
- El carácter centralista del sistema, que ponía ayuntamientos y diputaciones bajo el control del gobierno y
garantizaba la vigencia de las mismas leyes en todo el país.
Así Cánovas introdujo un sistema de gobierno basado en el bipartidismo y en la alternancia en el poder de
los dos grandes partidos dinásticos, el Conservador (liderado por el propio Cánovas) y el Liberal
(encabezado por Sagasta), quienes renunciaron a los pronunciamientos como mecanismo para acceder al
gobierno. Así, ambas fuerzas fueron turnándose pacíficamente en el poder para evitar la intervención del
Ejército y la participación del movimiento obrero y de las fuerzas nacionalistas y asegurar la estabilidad
institucional, a esto se le denominó “turno pacífico”. Por esta razón, se produjo la abstención generalizada,
puesto que el voto de la población dejó de tener valor. Por tanto, las elecciones resultaron ser un artificio
político en el que los partidos dinásticos se repartían previamente los escaños, una práctica conocida como
encasillado. En caso de que no funcionara, se recurría al fraude electoral (pucherazo), mediante la compra de
votos, el falseamiento del censo o incluso la violencia. Para garantizar el éxito era necesaria la ayuda de los
caciques (caciquismo), personajes ricos e influyentes de la España rural.
Todo este fraude electoral produjo que ni las clases medias ni las clases populares se sintieron representadas
por el sistema, el cuál duró más de 50 años. Durante este largo período se consolidó un régimen
constitucional y parlamentario, que no llegó a ser plenamente democrático y estuvo dominado por una
burguesía oligárquica