Tema 2: La Edad Media en la
Península: Las Tres Culturas.
El Islam es uno de los grandes imperios de la Edad Media en todo el mundo, y su paso
por la Península duró casi ocho siglos, por lo que, evidentemente, su cultura ha dejado
una gran huella en la Península. Es otro ejemplo más, junto con todos los que vimos en
el tema anterior, de un pueblo atraído por las características de nuestra tierra.
Pero, ¿Por qué hablamos de Tres Culturas? ¿Qué ha pervivido de su paso por aquí?
¿Por qué duró tanto el proceso de reconquista? Es más… ¿Podemos usar el término
“reconquista”? En el tema anterior hablábamos de “raíces históricas” y en éste lo
hacemos de “forja de identidad”, y por tanto, vamos a tener que manejar los
siguientes...
Conceptos clave:
Al-Andalus: Emirato:
Califato: Taifas:
Granada: Judíos:
Pelayo: Reconquista:
Repoblación: Batalla de las Navas de Tolosa: Muladíes, Mozárabes, Moriscos y
Mudéjares:
Los cinco reinos: Trastámaras:
1.- La conquista y la evolución política: Al-Andalus:
Con la invasión musulmana del año 711, gran parte de la Hispania visigoda fue
sometida a la influencia del Islam, una religión oriental que se había expandido a gran
velocidad, aprovechando la debilidad de otros imperios por el Próximo Oriente y el norte
de África, agrupando a un conjunto de pueblos y tribus nómadas bajo una misma
creencia. La conquista fue organizada desde Túnez por el walí (gobernador) Musa.
Aprovechando las disputas internas por la sucesión al trono del reino visigodo,
derrotaron al último rey godo, don Rodrigo, en la batalla de Guadalete (711), tras una
ofensiva dirigida por el militar Tariq.
La conquista fue breve (711-715) porque las tropas islámicas no pretendían ni podían
por número ocupar todo el territorio, sino controlar sólo los puntos clave, estableciendo
guarniciones militares y pactando acuerdos con los habitantes. Tan solo una franja en la
Cornisa Cantábrica quedó fuera del dominio musulmán. Los musulmanes también
intentaron cruzar los Pirineos, pero el reino franco, dirigido por Carlos Martel, logró
frenarlos en la Batalla de Poitiers, por lo que los musulmanes optaron por frenar sus
deseos de expansión y organizar el territorio recién conquistado.
Las causas de esta rápida conquista fueron:
-Debilidad del reino visigodo, dividido por la lucha por el poder entre los partidarios del
rey Rodrigo y los de Agila, hijo del anterior rey, Witiza.
-Además, había una crisis económica y social entre la minoría latifundista
(poseedora de la mayor parte de las tierras) y la mayoría de campesinos.
-Por otro lado, mediante los pactos de capitulaciones se respetaron las posesiones de la
nobleza visigoda y su religión a cambio de aceptar el dominio musulmán y pagar un
tributo, mientras que los territorios que se resistieron eran arrasados y sus habitantes
convertidos en esclavos.
-Finalmente, fue decisiva la influencia de los judíos, quienes estaban siendo despojados
de sus derechos de ciudadanía visigótica y que, en respuesta, iniciaron contactos con
los musulmanes para pedir ayuda.
Durante los casi ocho siglos de presencia musulmana en la Península, lógicamente
existió una evolución política que se suele resumir en cinco fases:
1.1.- EL EMIRATO DEPENDIENTE DE DAMASCO (714-756).
España será denominada por los árabes como Al Andalus, una provincia (emirato) más
del Islam, gobernada por un emir nombrado por el califa Omeya desde Damasco (Siria).
La capital se estableció desde 716 en Córdoba. En el año 722 tuvo lugar una
escaramuza insignificante con los cristianos que se resistían al empuje musulmán en el
norte: la batalla de Covadonga, en Asturias. Este hecho de armas marcaría, aunque
fuera más desde el punto de vista simbólico, el inicio de una posterior expansión de los
cristianos hacia el sur.
1.2.- EL EMIRATO INDEPENDIENTE (756-929).
En el año 750, los Abasidas se hacen con el poder del califato tras pasar a cuchillo a
toda la familia Omeya. Su único superviviente, Abd al-Rahman, conocido como
Abderramán I en las crónicas cristianas, logró huir a la lejana Al-Ándalus y hacerse con
el poder. Proclamado emir, confirmó la independencia política de Bagdad, aunque siguió
fiel a la autoridad religiosa del califa. El nuevo emirato consolidó el poder del Islam en la
península. Así se mejoró la organización administrativa y se reorganizó la recaudación
de impuestos. El aumento de ésta permitió la creación de un ejército de mercenarios y
se realizaron aceifas o razias, campañas militares contra los reinos cristianos del norte
con el objetivo de evitar su desarrollo militar y de lograr un botín de guerra.
1.3.- EL CALIFATO DE CÓRDOBA(929-1031).
A principios del siglo X el emirato sufrió una grave crisis motivada por el refuerzo de los
reinos cristianos, más poderosos y organizados. Después de una grave crisis, en el año
929 Abderramán III se proclamó califa, consolidando así la independencia de Al Ándalus
del califato abasida. Tras pacificar el territorio, se dedicó a someter las marcas
fronterizas: Badajoz (930) y Toledo (932). Su exitosa política le ayudó a fortalecer la
estructura del estado andalusí:
-Se convirtió en califa, líder religioso, político y militar. -Reorganizó los tributos, lo
que le permitió obtener grandes ingresos.
-Detuvo el avance de los reinos cristianos del norte y los convirtió en
tributarios y vasallos (Sancho I rey de León).
Con su hijo y sucesor, Al-Hakam II, la civilización árabe adquiere su cénit político y
cultural. Fue una etapa de esplendor en todos los sentidos, convirtiéndose Córdoba y la
ciudad palacio de Medina Azahara en un importante centro de la cultura occidental. Sin
embargo, tras su muerte, se inició un periodo de decadencia del
poder de los califas. Su sucesor, Hisham II, que se convirtió en califa con apenas 11
años, se convirtió en poco más que una marioneta en manos de Abua Amir Muhammad,
más conocido como Almanzor (el Victorioso), que era su tutor. Almanzor realizó
numerosas operaciones militares contra los reinos cristianos, incluso destruyó Santiago
de Compostela (1002). Sin embargo, tras la muerte de Almanzor, Al Ándalus se
sumergió en una etapa de desórdenes y crisis, con problemas sucesorios, y hasta
varios califas simultáneos, y el estado cordobés acabaría fragmentándose en un sinfín
de pequeños estados denominados taifas.
1.4.- LOS REINOS DE TAIFAS, ALMORÁVIDES Y ALMOHADES (1031-1492).
La desintegración del califato dio lugar a la aparición de veintena de estados
independientes llamados taifas. Estas se hallaban enfrentadas entre sí. Aprovechando
su desunión, los reinos cristianos avanzaron hacia el sur y les obligaron a pagar parias
(impuestos para no ser atacados).
Progresivamente el número de taifas fue disminuyendo ante la expansión cristiana y la
conquista de Toledo (por Alfonso VI de Castilla en 1085), ciudad de gran importancia
simbólica y estratégica, hizo que otros reinos, encabezados por el rey de Isbiliya
(Sevilla), Al-Mutamid, solicitaron ayuda a los almorávides del norte de África. Éstos
formaban un gran imperio y practicaban un rigor religioso extremo. Cruzaron el Estrecho
y derrotaron a los cristianos en la batalla de Sagrajas (1086), cerca de Badajoz. Una
vez que habían frenado a los reinos cristianos, se hicieron con el control de todo
Al-Ándalus. Con todo, el poderío almorávide no pudo evitar la expansión cristiana, y
fracasaron en su intento de recuperar Toledo a los cristianos. Pero los avances de las
conquistas cristianas y la impopularidad de sus medidas, como la implantación de
impuestos extraordinarios, provocaron revueltas. Como consecuencia Al-Ándalus volvió
a fragmentarse en los segundos reinos de taifas.
De la misma forma que habían desaparecido los primeros reinos de taifas, ahora los
segundos reinos caerán ante la llegada de los almohades, a mediados del siglo XII, que
reunificaron Al-Ándalus de nuevo. Su poder se basaba en un poderoso ejército. Pero, su
poder cayó cuando fueron derrotados en la decisiva batalla de las Navas de Tolosa
(1212) por una alianza de reinos cristianos (Castilla, Aragón y Navarra), convocados por
el rey de Castilla, Alfonso VIII, y atendiendo a la llamada del Papa que proclamó la
Cruzada frente a los musulmanes. Tras esta derrota, el avance cristiano fue rápido y
sólo quedó como reino musulmán el Nazarí de Granada.
1.5.- EL REINO NAZARITA DE GRANADA (1236 – 1492).
Este reino logró sobrevivir hasta 1492 frente al reino de Castilla. Para ello los nazaríes
emplearon la diplomacia con enorme habilidad (se reconocían vasallos de Castilla, le
pagaban parias y la apoyaban militarmente contra otros reinos cristianos o musulmanes
sin distinción).
El enclave estratégico de la ciudad de Granada, rodeada de las Cordilleras Béticas, y
destacando por la proximidad de Sierra Nevada, hizo de la ciudad un fortín defensivo,
en la que destacaba la Alhambra.
Fue importante también la gran riqueza de la ciudad, por aquel entonces una de las
principales del mundo, tanto por sus reservas de metales preciosos, como por su
intensa actividad económica tanto por el Mediterráneo como con el norte de África,
como por su población, quizá la ciudad más poblada del mundo en su tiempo.
También aprovecharon la debilidad de los diferentes reinos cristianos en el siglo XIV,
que se enfrentaron entre ellos. En 1482 Castilla inició una campaña militar contra
Granada. Boabdil, el último monarca de Al-Ándalus, entregó la ciudad a Castilla en
enero de 1492.
2.- Sociedad y economía en Al-Andalus:
No se tienen muchos datos sobre la población peninsular en esta etapa. Se piensa que
en ningún momento debió sobrepasar la cifra de 7 millones de habitantes y unos
200.000 musulmanes de ascendencia extra peninsular. La población se concentró en
ciudades, aunque el campo también estaba muy poblado. La zona más habitada era el
valle del Guadalquivir, y la más despoblada el valle del Duero, expuesto a los ataques
cristianos. Existían diferentes grupos sociales:
-Árabes. Proceden de la península Arábiga. Se consideran próximos al Profeta y forman
la élite social de gobernantes y terratenientes. No sobrepasaban el 1 %.
-Bereberes. Son la mayoría y provienen del norte de África. Ocupaban una posición
inferior, eran miembros del ejército, la administración, artesanos, agricultores,
comerciantes. Serán frecuentes sus rebeliones contra los árabes.
-Judíos. Son una pequeña minoría que se dedican al comercio, a la medicina y a la
usura. Viven sobre todo en las ciudades.
-Hispano-visigodos. Son el 98 % de la población, en razón de su actitud ante la
nueva religión se clasifican en: muladíes o conversos al Islam, es la mayoría; y
mozárabes o cristianos que viven bajo el Islam y pagan un tributo a los musulmanes.
Socialmente es la clase más baja.
-En el escalón social más bajo estaban los esclavos. La mayoría eran extranjeros y
fueron importantes en el ejército y en el servicio doméstico.
La economía fue más floreciente en comparación con la de la España cristiana. Se
integró en el marco general del comercio islámico, y gracias a Al Ándalus llegaron a
Europa productos muy preciados.
-Agricultura. Desempeñó en un papel muy destacable por la producción y por la
cantidad de población que se dedicó a ella. En los cultivos de secano se sigue con la
tradicional trilogía mediterránea (cereales, vid y olivo). En cuanto al regadío, tuvo un
desarrollo muy notable gracias a la red de acequias y norias. Predominaban los cultivos
de huertas (frutas y hortalizas), arroz, algodón, azafrán…
-Artesanía y comercio. La artesanía adquirió una importancia excepcional en un mundo
urbano. Destacaron los talleres que fabricaban artículos de lujo ante una población con
un alto poder adquisitivo: marfiles, cordobanes (artículos de cuero), tejidos, brocados,
pergaminos, papel, vidrio… La mayor parte de las actividades artesanales estaban en
manos privadas, pero existieron también manufacturas estatales como el tiraz de
Córdoba, un taller textil donde se elaboraba y tintaba la seda bajo supervisión
califal. Durante gran parte de su existencia Al-Ándalus controló las rutas de oro del
Sudán y este oro sería la base de un sólido sistema monetario basado en el dinar de
oro y el dirhem de plata, equivalente a la décima parte del dinar.
Las rutas comerciales andalusíes iban hasta Bizancio y la India. De la misma manera
también se comerciaba con la Europa cristiana. El comercio alcanzó una notable
influencia gracias a la extensa red urbana y al sistema de comunicaciones marítimas y
terrestres. Se crearon nuevas ciudades (Murcia, Albacete, Madrid...) y crecieron otras
anteriores (Sevilla, Badajoz, Zaragoza...). Eran importantes centros industriales y
comerciales, aquí estaban los talleres artesanales y los zocos (mercados), donde
abundaban los comercios al por menor.
3.- El proceso de “Reconquista” Cristiana:
3.1.- SIGLOS VIII a XII:
La conquista musulmana se frenó en torno a la Cordillera Cantábrica y los Pirineos,
donde se crearon los primeros núcleos de resistencia cristianos, lo que significó el
origen de los llamados “reinos cristianos” que terminarían convirtiéndose en el Reino de
España varios siglos después.
Por la zona cantábrica, tras la invasión musulmana, un grupo de nobles visigodos
dirigidos por Pelayo se refugiaron en las montañas cántabras, una zona que apenas
había sido romanizada. El primer choque contra los musulmanes tuvo lugar en
Covadonga en el 722, este encuentro fue magnificado por los cristianos, aunque no
pasó de ser una simple escaramuza, pero a raíz de esta batalla se niegan a pagar
impuestos a los musulmanes. Los descendientes de Pelayo, entre los que destaca el
futuro rey del Reino de Asturias, Alfonso I, iniciaron una expansión del reino astur hacia
el valle del Duero.
El rey Alfonso II (791–842) estableció la capital del reino astur en Oviedo. Durante su
reinado se descubre o inventa la supuesta tumba del Apóstol Santiago, que se
convertirá en protector de los cristianos y será origen de una de las grandes rutas de
peregrinación del Occidente cristiano.
Alfonso III (866-910) inició la repoblación del valle del Duero mediante un sistema
llamado presura y que se basa en el derecho romano: el que llega y pone en cultivo
una tierra yerma, se convierte en su dueño.
Posteriormente, Ordoño II trasladó la capital del reino a León, con lo que éste pasó a
denominarse Reino de León (Asturias, Galicia, Cantabria, León y parte de Castilla). En
la 2ª mitad del siglo X, el conde de Castilla, Fernán González, aprovechó los problemas
dinásticos del reino asturleonés para convertir sus posesiones en hereditarias, siendo
esto el origen del Reino de Castilla.
Durante los siglos XI y XII, los reinos cristianos comienzan a aprovechar la
descomposición del Califato de Córdoba para comenzar su expansión hacia el sur. Los
musulmanes trataron de evitar ese avance pagando parias, pero con dichas parias los
reinos cristianos se enriquecieron y fortalecieron sus castillos defensivos y sus
ejércitos. El avance alcanzó el valle del Tajo, aunque con dificultades, debido a la
llegada de los pueblos del Norte de África, Almorávides y Almohades.
En 1085, Alfonso VI reconquistó la antigua capital del reino visigodo, Toledo. Este hecho
tuvo una gran trascendencia pues fue la primera gran ciudad que los cristianos
arrebataban a los musulmanes. Muy poco después mostró interés por la expansión
hacia el este peninsular, con campañas militares contra Zaragoza, Valencia y Murcia. La
alarma que suscitó entre los reinos de taifas, sobre todo gracias a la hoy en día
legendaria labor de un caballero llamado Rodrigo Díaz de Vivar, más conocido como “El
Cid Campeador”, llevó a la llamada a los almorávides, tribus del norte de África que
asistieron al auxilio de las menguadas Taifas. Su presencia frenó el avance
reconquistador de Castilla tras una rotunda victoria sobre los cristianos en la batalla de
Sagrajas (1086), cerca de Badajoz.
Por la zona de los Pirineos, los reinos surgidos tienen su origen en la frontera con los
francos. Su emperador, Carlomagno, planteó una serie de marcas en la frontera,
aprovechando el relieve (Pirineos) para defender su territorio. A esta franja se la llamó
“Marca Hispánica”, y dio lugar a los siguientes reinos:
-Pamplona. Reino situado en el Pirineo occidental, en torno a Pamplona. Este reino
llegó a su apogeo con Sancho III el Mayor. Entre los años 1000 y 1035, extendió su
poder a Aragón y Castilla. Fue el monarca más poderoso de los reinos cristianos en el
siglo XI. A su muerte, dividió el reino entre sus cuatro hijos, siguiendo la vieja tradición
feudal: Fernando I gobernó Castilla; Ramiro I se convirtió en rey de Aragón; Gonzalo fue
conde de Sobrarbe y Ribagorza, y García Sánchez III se convirtió en monarca del
territorio de Navarra, formando el Reino de Navarra, que quedó estable y encerrado en
el futuro.
-Aragón. El condado toma su nombre del río Aragón, afluente del Ebro, y nace en torno
a la ciudad de Jaca (Huesca). Este reino se caracterizó por su debilidad demográfica y
por estar habitado por un puñado de rudos montañeses dedicados a la ganadería. Fue
incorporado al reino de Navarra en el siglo XI. Tras la muerte de Sancho III el Mayor el
reino pasaría a su hijo Ramiro I (1035). En 1137 se produjo la unión definitiva del reino
de Aragón y el condado de Barcelona. Tras la muerte sin descendencia del rey de
Aragón (Alfonso I) en 1134, los nobles proclamaron rey a su hermano Ramiro, que era
monje. Ramiro II “El Monje” contrajo matrimonio y tuvo una hija (Petronila), sobre la que
se decidió casarla con dos años de edad con el conde de Barcelona, Ramón Berenguer
IV, a quien se encomendó el gobierno de Aragón.
-Los condados catalanes. Carlomagno encomendó la administración de estos
territorios a condes que rendían vasallaje a los reyes francos (Barcelona, Gerona,
Rosellón, Vic...). Tras la muerte del emperador franco, los condes alcanzaron la
independencia. A finales del siglo IX ya aparecen como condados independientes que
se van uniendo entre sí. En 1137 se unió al reino de Aragón.
3.2.- SIGLOS XIII a XV:
En la 1ª mitad del siglo XIII asistimos al hundimiento definitivo del poder musulmán y
una espectacular expansión cristiana. El espíritu de cruzada y la debilidad de los
almohades favorecieron la alianza de los reinos cristianos. Con ayuda de caballeros
franceses, el rey castellano Alfonso VIII, junto a los de Navarra y Aragón, derrotó a los
musulmanes en la batalla de las Navas de Tolosa (1212), en las proximidades de
Despeñaperros (Jaén). Para Castilla, el hecho tuvo una gran trascendencia, pues abrió a
los castellanos el valle del Guadalquivir. Por su parte, Alfonso IX de León protagonizó
numerosos conflictos y tensiones con su primo Alfonso VIII de Castilla. Estuvo ausente
en la batalla de las Navas de Tolosa, pese a lo cual realizó una gran actividad de
reconquista, recuperando las ciudades de Cáceres, Mérida y Badajoz. Casó con
Berenguela de Castilla, con la que tuvo un hijo, el infante Fernando, conocido más tarde
como Fernando III.
Fernando III “El Santo”, llevará a cabo una expansión extraordinaria reconquistando
Córdoba y Sevilla en 1248. En el este peninsular ocupó el reino musulmán de Murcia
(1243). Como resultado, desde finales del siglo XIII hasta finales del siglo XV, el
único territorio musulmán que pervivirá en la zona de expansión castellana será el
reino nazarita de Granada.
Su hijo, Alfonso X “El Sabio”, no logró ampliar los territorios heredados, pero realizó una
fundamental labor cultural impulsando la creación de la Escuela de Traductores de
Toledo. El reino de Aragón, por su lado, se había interesado desde un principio por
expandirse hacia el levante peninsular. Tras la conquista de Zaragoza (1118) y la unión
con los condados catalanes (1137) nacía la Corona de Aragón. En el siglo XIII, Jaime I
“El Conquistador” ocupó las islas Baleares y el reino de Valencia (1238), llegando hasta
donde los pactos con Castilla le permitían y acabando así su expansión peninsular.
A partir de finales del s. XIII y llegando prácticamente hasta el XV, Aragón comienza a
expandirse por el Mediterráneo, pretendiendo así frenar a su gran rival, el reino franco,
aprovechando la debilidad de los territorios de la zona de la Península Itálica. Se
conquistan Sicilia, Cerdeña, y posteriormente el reino de Nápoles, al sur de la
península.
El reino de Portugal, que también se había frenado en el Tajo, reanuda sus esfuerzos y
completa también durante este periodo su reconquista, alcanzando el Algarve en 1239,
y conformando el mismo territorio que sigue manteniendo en la actualidad.
Durante el siglo XIV, tanto Castilla como Aragón continúan con los procesos que habían
iniciado en el siglo anterior. Castilla se centra en seguir recortando territorio poco a poco
al reino Nazarí de Granada, consiguiendo el control del Estrecho de Gibraltar en 1344,
lo que impedía la llegada de refuerzos del norte de África (Benimerines). La conquista de
Granada tuvo que esperar un tiempo porque comenzaron una serie de dificultades con
las sucesiones al trono, y graves intrigas palaciegas, que frenaron la reconquista.
A finales del siglo XV tiene lugar la conquista de Granada. La guerra de Granada es el
nombre con el que suele conocerse el conjunto de campañas militares que tuvieron
lugar entre 1482 y 1492, durante el reinado de los Reyes Católicos, en el interior del
reino nazarí de Granada. Culminaron con la rendición negociada mediante
capitulaciones del rey Boabdil, que a lo largo de la guerra había oscilado entre la alianza
y el enfrentamiento abierto. Los diez años de guerra no fueron un esfuerzo continuo: las
campañas duraban los meses de primavera y verano y se detenían en invierno. Además,
el conflicto estuvo sujeto a numerosas vicisitudes, sobre todo por los enfrentamientos
dentro del bando musulmán. La protocolaria entrega de las llaves de la ciudad y la
fortaleza-palacio de la Alhambra tuvo lugar el 2 de enero de 1492. El solar peninsular
volvía de nuevo a ser cristiano después de casi ocho siglos de dominio musulmán.
4.- La Repoblación y sus consecuencias económicas, sociales
y políticas:
La repoblación es un proceso estrechamente unido a la Reconquista, mediante la cual,
los reinos cristianos de la península Ibérica asientan a pobladores en las tierras
ganadas a los musulmanes, asegurándose así los territorios conquistados. Los
monarcas podían llevar a cabo esta tarea directamente (tierras de realengo) o delegarla
en otras instituciones, como los monasterios (tierras de abadengo) o aristocracia
(repoblación nobiliar). El proceso varió a lo largo de los siglos, utilizándose distintos
modelos según las características de los repobladores, intenciones de los reyes
cristianos, situación política, etc.
La “presura”. Fue una de las fórmulas más utilizadas entre los siglos VIII y X, al
principio de la reconquista. Consistía en la simple ocupación de una tierra, ya que,
según el derecho romano, quien cultivaba un terreno despoblado se convertía en su
propietario. Se realizó por iniciativa de nobles y monasterios y se dio en
fundamentalmente en el norte peninsular, valle del Duero y zonas próximas a los
Pirineos, siempre casi desérticas.
La Repoblación concejil. Entre los siglos XI y XII se llevó a cabo la llamada repoblación
concejil en las zonas comprendidas entre el Duero y los Montes de Toledo en Castilla y
León, y el valle del Ebro en el este peninsular. Esta forma de repoblación se vio
favorecida por el crecimiento demográfico de los reinos cristianos. Consistía en dividir el
territorio en alfoces (el equivalente a nuestros términos municipales) con una ciudad o
villa en la que se asentaban los pobladores y los representantes del poder real. Estas
ciudades y villas se gobernaban a través del concejo (ayuntamiento), una vez que se
constituía éste, el rey otorgaba a la ciudad un “fuero” (estatuto jurídico con el conjunto
de normas y privilegios locales), o una carta puebla (que venía a ser una serie de
privilegios y exenciones para atraer a pobladores).
Las órdenes militares. A partir del siglo XIII los protagonistas de la repoblación serán
las órdenes militares (Calatrava, Santiago, Alcántara, Montesa…), instituciones de
monjes-guerreros que surgen en Tierra Santa para luchar contra el Islam y que se
instalaron también en España, participando en la reconquista de tierras de Extremadura,
la Mancha, Teruel y norte de Castellón. Por todo ello recibieron extensas zonas, poco
pobladas, con lo que predominará el latifundio que se orientará a la explotación
ganadera. La expansión ganadera se manifiesta en 1273 con la creación del Honrado
Concejo de la Mesta, o asociación de ganaderos (casi siempre nobles y clero) que
reciben privilegios de Alfonso X en detrimento de los campesinos.
El repartimiento: Se llevó a cabo en la 2ª mitad del s. XIII en el valle del Guadalquivir.
Tras la conquista de las ciudades, se hacía inventario y se repartía entre los que habían
participado en la conquista. Esto determinó el predominio del latifundio por parte de la
nobleza.
El objetivo de este esfuerzo repoblador es claramente económico y demográfico:
aumentar la población y el rendimiento de las tierras para aumentar la riqueza del reino y
las posibilidades de seguir emprendiendo la reconquista.
En Castilla, adquirieron gran importancia los cultivos de regadío de los grandes valles
fluviales (árboles frutales y horticultura), destinados a los mercados urbanos cercanos.
La ganadería fue un recurso para los monasterios y algunos concejos castellanos. La
ganadería castellana se basaba en la oveja merina, especie que producía una lana de
excelente calidad destinada a la exportación a través de los puertos cantábricos. Se
trataba de una ganadería trashumante que ocasionaba en sus desplazamientos
frecuentes conflictos con los agricultores. Estos conflictos consiguieron el apoyo real,
por los abundantes ingresos que obtenían de esta actividad. El respaldo se concretó en
1273 cuando Alfonso X permitió la creación del Honrado Concejo de la Mesta, que
defendía los intereses de los ganaderos compensando económicamente a los
campesinos.
En Aragón, la agricultura y la ganadería, al igual que en Castilla, motivaron la
expansión económica ligadas a los procesos de reconquista del territorio. Como
particularidad destacamos el impulso económico de las atarazanas de las villas costeras
(Barcelona, Valencia, Palma de Mallorca…) que florecieron impulsadas por el desarrollo
de la actividad artesanal y comercial de la corona aragonesa. Todo ello propició un
importante despegue del comercio internacional, cuyos destinos eran: Al-Ándalus,
Castilla, norte de Italia y norte de África. Este desarrollo motivó la aparición de ferias.
La consecuencia de estas formas de reparto de tierra, en las que cada vez
predominaban más las concesiones de privilegios a grandes terratenientes, fue la
aparición del feudalismo (más acentuado cuanto más al sur peninsular) que ya se
estaba extendiendo por toda Europa. Se establecieron de esta forma unos lazos entre
clases privilegiadas y clases sin privilegios basadas en dos pactos, la investidura, por la
que un rey podía nombrar caballero a un señor feudal, otorgándole tierras y privilegios a
cambio de la protección de su ejército; y el homenaje, por el que dicho señor feudal
hacía uso de dichos privilegios para poder tener a su servicio a un gran número de
campesinos (así como acceso a su producción) a cambio de vivienda y protección, en
una época marcada por las constantes guerras. Esto sentó las bases de la conocida
sociedad estamental, que perduró hasta bien entrado el s. XIX.
Este modelo, propio de toda Europa, tiene una peculiariedad en la Península, la
presencia de minorías religiosas, los musulmanes (mudéjares) y los judíos. Los
mudéjares eran numerosos al sur del Tajo y en los reinos de Valencia y Murcia. Se
dedicaban al trabajo en el campo y a los oficios artesanales. Constituían una mano de
obra cualificada y barata. Los judíos gozaron de la protección de numerosos monarcas
a cambio de sus servicios administrativos y financieros. Muchos de ellos eran
comerciantes, artesanos, médicos y banqueros. Se asentaron en las ciudades en barrios
propios (juderías o aljamas). Hasta el siglo XIII la relación entre cristianos y judíos fue
buena. La hostilidad popular fue creciendo por la persecución que emprendió la Iglesia, y
por la envidia que suscitaba su enriquecimiento, al ser algunos de ellos los
recaudadores de impuestos al servicio de la nobleza y la corona.
Las diferencias en los métodos de actuación de dos reinos que protagonizaron la
repoblación, Castilla y Aragón, provocaron también diferencias en la organización
política. En general, en ambos reinos, la monarquía se articulaba en torno al rey y su
corte (sin “capital” fija), y a partir del s. XIII aparecen tímidamente las cortes (cuyo origen
eran las curias regias de influencia romana) convocadas a capricho del Rey, y con mero
carácter consultivo, aunque en teoría el monarca se comprometía a “tener en cuenta las
peticiones estamentales”. Las primeras Cortes se celebraron en el Reino de León en
1188. Su evolución fue diferente en ambos reinos. En Castilla, se seguía un modelo más
autoritario y por tanto las cortes apenas gozaron de importancia. Sin embargo, en
Aragón se implantó el modelo pactista o pactismo, por el cual el rey respetaba los
acuerdos alcanzados en las cortes y otorgaba poder a los llamados procuradores,
gobernadores regionales.
En la administración local también aparecen diferencias. En Castilla, el órgano
municipal más importante era el concejo, que incluía a todos los vecinos, aunque el
gobierno recaía en los regidores. A finales del siglo XIV surgió la figura del corregidor,
cuya función era representar a la corona en los municipios, y tenía funciones judiciales y
militares. En Aragón el gobierno de los municipios recaía en un cabildo, presidido por un
justicia o alcalde nombrado por el rey.
5.- La crisis bajomedieval:
Se denomina Baja Edad Media al periodo comprendido entre los siglos XIV y XV, que
coinciden con un periodo de crisis general, una nueva etapa marcada por el hambre, la
peste, la guerra y los conflictos sociales.
A lo largo del siglo XIV se registraron numerosos ciclos de malas cosechas en toda
Europa, debido fundamentalmente a condiciones meteorológicas adversas. Cada vez
que esto ocurría, se rompía el precario equilibrio entre población y recursos y se
desencadenaba una crisis de subsistencia. La escasez de trigo provocaba su
encarecimiento y aparecía la amenaza del hambre. La población, debilitada por el
hambre, era entonces más propensa a contraer enfermedades y a morir (epidemias de
peste).
La peste negra o bubónica era una enfermedad propia de los roedores, trasmitida al
hombre a través de la pulga de la rata. Contagiada una persona, se extendía por
medio de los parásitos humanos (pulgas y piojos) o directamente por vía pulmonar.
Esta terrible epidemia se originó en Asia, desde donde se difundió a toda Europa y a
las riberas del Mediterráneo. A España llegó en 1348 y se extendió rápidamente
desde las islas Baleares y las localidades de la costa levantina hacia el interior
peninsular.
Las explicaciones de los contemporáneos eran muy variadas: un castigo divino por los
pecados humanos, aunque se divulgó el rumor de que eran los judíos quienes
envenenaban las aguas y el aire. En cualquier caso, las consecuencias demográficas
fueron de gran magnitud (hasta un 25% de la población afectada, de todas las clases
sociales ej. Alfonso XI).
La combinación de ambas cosas generó una serie de graves problemas sociales. Ante
las dificultades económicas y la disminución de las rentas, los señores feudales
reaccionaron tratando de recuperar sus pérdidas por diversos medios:
1-A la monarquía le usurparon tierras y tributos, aprovechando momentos de debilidad,
como las guerras civiles o las minorías de edad de los reyes.
2-Respecto a los campesinos, les impusieron nuevos impuestos y obligaciones, los
denominados “malos usos”. En Castilla se extendió la práctica del arrendamiento de
tierras por plazos cortos, para poder revisar al alza las rentas que les cobraban. En
Cataluña, para evitar su huida, los adscribían a la tierra como siervos y sólo se les
permitía abandonarla mediante la compra de su libertad (eran los payeses de remensa
o campesinos de redención). Esta situación generó graves rebeliones antiseñoriales en
Cataluña.
3-Pogromos contra los judíos, a los que el pueblo llano odiaba por la prosperidad
económica de algunos de sus miembros, más el odio alimentado por algunos religiosos
desde los púlpitos. A ello se añadió la acusación de provocar la peste de 1348,
corromper el aire, las aguas… lo que originó el asalto a las juderías castellanas.
Muchos judíos murieron, mientras que otros optaron por al cristianismo. Surgió de este
modo la figura del converso, siempre bajo sospecha por su falta de sinceridad religiosa.
Finalmente, se produjeron graves crisis políticas que amenazaron las relaciones entre
los reinos peninsulares, así como las relaciones entre la monarquía y la nobleza.
En Castilla, el principal conflicto se desencadenó con Pedro I “el Cruel”. Su intento de
someter a la nobleza y a la Iglesia hizo que los dos estamentos apoyaran las
pretensiones al trono de su hermanastro Enrique de Trastámara. Como consecuencia
estalló una guerra civil que finalmente ganó Enrique, que se coronó rey como Enrique
II. Se iniciaba así la dinastía Trastámara en la Corona de Castilla. El reinado de Enrique
II significó un cambio en las relaciones con la nobleza, a la que apoyó con abundantes
concesiones (“Mercedes enriqueñas”). Comenzaba así el proceso de expansión señorial
de la nueva nobleza, se creaba la figura del mayorazgo, institución fundamental que
garantizaba la conservación del patrimonio familiar y su transmisión íntegra a los futuros
herederos.
Con Enrique IV “El impotente”, se llegó a la máxima expresión de irreverencia hacia la
monarquía en la ceremonia burlesca conocida como la farsa de Ávila (1465), en los que
varios miembros de la nobleza representaron públicamente la humillación y el
destronamiento del rey en efigie.
La lucha se cierra con los Reyes Católicos (1479-1516) que logran someter a los nobles
y así, al recuperar el rey toda su autoridad, pondrán las bases para fundar el Estado
moderno.
En Aragón los problemas políticos se centraron en los enfrentamientos entre el
monarca y la nobleza. En esta lucha, el rey acabó imponiéndose con el apoyo de la
burguesía catalana. Al morir sin descendencia el monarca aragonés Martín el Humano
(1410), se produjo una grave crisis política que se resolvió en el llamado Compromiso de
Caspe (1412). Un acuerdo entre los representantes de cada uno de los reinos que
componían la corona, posibilitó que se eligiera rey a Fernando I de Antequera, de la
familia Trastámara, la misma que reinaba en Castilla.
El reino de Navarra continuó siendo un pequeño territorio, amenazado por los dos
reinos mayores peninsulares, por lo que, para perdurar, se vinculó al poderoso reino de
Francia. Sin embargo, esto no evitó que en el siglo XVI acabara absorbido por la
corona de Castilla.