Material instructivo (trámite de la solicitud de
liquidación de costas)
Posted on Septiembre 4, 2014
PROCEDIMIENTO PARA LIQUIDAR LAS COSTAS Y HONORARIOS DE LOS
ABOGADOS
Generalidades:
En virtud de la Ley No. 91, que crea el Colegio de Abogados de la
República Dominicana, es necesario comparecer a los procesos en
materia de derecho privado, mediante el ministerio de abogados, salvo
los casos particulares que la propia ley consagre que no es
menester la representación mediante abogados (materia laboral, de
amparo, etc.).
El contrato que suscribe el abogado con su cliente se
denomina “Cuota Litis”, que significa una parte del litigio, esto es, que
en caso de resultar ganancioso en el proceso, al abogado le
corresponderá una parte de los beneficios adquiridos por el cliente.
Este beneficio, por ley, nunca podrá ser mayor de un 30% de valor del
litigio, ni menor de las tarifas mínimas instituidas en la Ley No. 302,
que regula los Honorarios de los Abogados.
Se ha juzgado que producto de un cuota litis se produce un verdadero
contrato de mandato, en que el cliente es el mandante y el abogado el
mandatario; por tanto, los preceptos instituidos en el Código Civil
respecto del mandato, han de regir al momento de estudiar los efectos
de la contratación suscrita entre el abogado y su cliente, de cara a
posibles procesos judiciales como secuela de diferencias en relación al
pago de los honorarios profesionales. También se ha decidido que no
existe una fórmula sacramental para llevar a cabo el contrato o pacto
de cuota litis; incluso, ha sido reconocida la posibilidad de suscribir
un cuota litis verbal; siendo soberana apreciación de los jueces la
cuestión de saber si en cada caso concreto ha mediado o no un cuota
litis entre un abogado y una persona en particular.
Por mandato expreso del artículo 2004 del Código Civil, sobre el
mandato, el mandante puede revocar el mandato cuando lo estime de
lugar, lo cual aplica extensivamente al cuota litis suscrito entre cliente
y abogados. Pero es obligación del cliente que revoca el mandato a su
abogado, pagar los honorarios que se hayan producido hasta el
momento de la revocación.
Para tramitar con éxito la liquidación de los honorarios profesionales,
los abogados deben detallar cada partida en su escrito de solicitud. En
base a cada partida, el tribunal decidirá atendiendo a los parámetros
generales de la Ley No. 302, y a la realidad monetaria al momento de
producirse la liquidación. Y no debe perderse de vista que por
aplicación del artículo 1 de la citada Ley No. 302, los abogados pueden
acodar con sus clientes los montos que estimen de lugar en relación a
sus honorarios, sin superar el consabido 30%. Las tarifas previstas en
el artículo 8 de la referida ley, que son muy bajas al día de hoy,
solamente representan el mínimo que pueden acordar los abogados
con sus clientes. Esas tarifas pírricas únicamente representan el
máximo frente a la contra parte que resulta perdidosa, ya que la
posibilidad de acordar montos mayores es en virtud del principio de la
la autonomía de la voluntad (Art. 1134 CC), pues entre el abogado y su
cliente se genera un verdadero contrato; no así entre el abogado de la
parte que triunfa y la contraparte: como no hay relación contractual
entre ellos, deben aplicar los montos de ley.
Aunque no de manera constante, pero se ha juzgado que “costas” es
un concepto genérico que abarca también los honorarios de los
abogados. No obstante, vale destacar que en estricto orden procesal,
se ha dicho que costas son los gastos producidos propiamente por el
procedimiento (citaciones, etc.), en tanto que los honorarios son las
remuneraciones hechas propiamente por las diligencias de los
abogados: instancias, consultas, etc.
Aunque no lo precise expresamente la Ley No. 302, se ha juzgado
jurisprudencialmente que el vocablo “vacación” empleado por el
legislador en el artículo 8 de dicha normativa, al detallar las partidas de
los honorarios de los abogados, ha de interpretarse como toda
diligencia hecha por el abogado fuera de su despacho: visitar al
tribunal, realizar trámites ante instituciones, etc.
No obstante la situación de que las tarifas previstas en el artículo 8 de la Ley No. 302 son
irrisorias al día de hoy, existe un precedente en el sentido de considerar que los
tribunales deben, por la razonabilidad constitucional instituida en el artículo 40.15 de la
Constitución, adaptar las partidas en cuestión a la realidad monetaria del día de la
liquidación, cuando sea necesario aplicarlas.
Por ley, ningún abogado debe aceptar un caso sin antes cerciorarse de
que el abogado anteriormente apoderado del mismo proceso ha sido
ya desinteresado. De no proceder de esa forma, existen sanciones
disciplinarias ante el Colegio de Abogados. Sin embargo, dado que el
principio general es que en materia civil el mandato se presume, en
caso de que exista algún contencioso entre dos abogados que se
disputen una representación en un proceso determinado, para los fines
específicos de dicho proceso, será considerado como abogado
apoderado aquel que figure en la última actuación procesal; o bien
aquel que identifique personalmente la parte representada, en caso de
comparecer al tribunal personalmente, sea de manera voluntaria y
espontánea, o sea a pedido de alguno de los abogados en disputa. Ya
la solución del aspecto disciplinario entre el primer abogado
desapoderado frente a su cliente, así como las situaciones entre el
primer abogado desapoderado y el nuevo abogado, son tema de otros
procesos que no deben detener el curso del litigio de que está
apoderado el tribunal al momento de suscitarse las diferencias sobre la
representación de un abogado determinado. Y según la jurisprudencia,
solamente a la parte representada y al abogado cuestionado le
corresponde opinar sobre dicho diferendo, nunca a la barra contraria.
Los tribunales inferiores han tenido ocasión de decidir en el sentido de
que entre el abogado y su cliente, se produce una verdadera relación
de proveedor y usuario, al tenor de la Ley No. 358-05 sobre los
Derechos del Consumidor; por tanto, no han venido siendo
homologadas las cláusulas penales que insertan algunos letrados en
los cuota litis, en el sentido de imponer como pena el pago de montos
monetarios en caso de revocar el mandato antes de culminar el
proceso. Esto así, bajo el entendimiento de que dicha previsión
constituye una cláusula abusiva, a la vista del artículo 83 de la citada
Ley No. 358-05, justamente por supeditar la terminación del contrato al
pago de sumas distintas y adicionales a lo inicialmente acordado entre
las partes. Se ha considerado como contrato de adhesión el cuota litis,
por el hecho notorio, de dominio público, de que los contratos de cuota
litis son entregados a los clientes con el contenido previamente
elaborado, sin que muchas veces sean leídos por dichos clientes.
Lo anterior en modo alguno implica que en caso de revocarse su
mandato, el abogado no tenga derecho a liquidar sus honorarios, con
privilegio de ejecución; pero dicha liquidación en buen derecho ha de
ser solamente por los servicios profesionales prestados hasta el
momento de revocarse su mandato, y nada más.
La jurisprudencia ha diferenciado entre la “homologación” del cuota
litis y la “liquidación” de los honorarios. La primera constituye una acto
de pura administración de justicia, en atribuciones administrativas, lo
cual se impugnaría mediante una acción principal en nulidad, en tanto
que la segunda (liquidación) se atacaría mediante el recurso de
impugnación consagrado en el artículo 11 de la Ley No. 302 sobre
Honorarios de Abogados. Esta ley No. 302, en ninguna parte sostiene
la “homologación” en relación a los contratos de cuota litis; eso es
creación de la práctica cotidiana. El párrafo III del artículo 9 de la
aludida Ley No. 302, lo que sí establece es que no podrán los
tribunales apartarse de lo acordado por las partes al momento de
proceder a liquidar los honorarios. El auto de liquidación, una vez
confirmado en la lazada, representa un verdadero título ejecutorio. La
decisión graciosa de homologación de un cuota litis, no es un título
ejecutorio per se, sino una constancia de lo acordado por las partes, la
cual habrá de servir para justificar medidas conservatorias o para
fundamentar una demanda en cobro de dinero, que finalmente dé
lugar a una sentencia, la que una vez firme sí será un verdadero título
ejecutorio.
Finalmente, ha de reseñarse que es de cardinal importancia que los
abogados documenten bien cada diligencia, sea mediante copia de las
actas de audiencia, de las instancias redactadas, de las consultas
hechas, etc., a fines de que los tribunales cuenten con un aval para
aprobar las tarifas reclamadas mediante el procedimiento gracioso
previsto en la Ley No. 302, cuyo trámite se esquematiza en la parte
siguiente de este materia didáctico.
Pasos que conforman el procedimiento de liquidación de los honorarios de los
abogados:
1.- Redacción de la instancia de solicitud de liquidación: No
existe un formato particular para redactar la instancia mediante la cual
se solicita la liquidación de los honorarios de los abogados. Sin
embargo, es fundamental tener en cuenta que dicha solicitud debe
siempre contener las siguientes informaciones mínimas: a) Fecha de la
solicitud; b) Tribunal al que va dirigida la solicitud, que debe ser el
mismo donde se instrumentó el proceso que generó los honorarios a
liquidar; c) Nombre del abogado solicitante d) Nombre del cliente o
patrocinado; e) Detalle de las partidas a liquidar, indicando el importe
de cada una y el concepto.
2.- Remisión de la instancia al tribunal: Tal como se ha adelantado
en el paso precedente, en jurisprudencia se ha establecido que el
tribunal donde debe tramitarse la solicitud de liquidación de honorarios
es aquel donde se ventiló el proceso en que prestó sus servicios el
abogado peticionario de liquidación. Por consiguiente, cuando se trate
de tribunales divididos en salas, por mandato de la Ley No. 50-00, la
instancia de liquidación debe canalizarse ante la Presidencia, a fines de
que ese órgano remita el asunto para ante la sala que conoció del
caso. Si bien se trata de un mismo tribunal, el precedente ha sido que
entre las salas se declinen los procesos, a fines de que sea la sala
precisa que conoció del asunto la que estatuya en torno a los
honorarios, ya que por lógica elemental estaría en mejor condiciones
para evaluar las partidas sometidas. Incluso, ha venido siendo práctica
de muchos abogados el solicitar –motu proprio- el apoderamiento
directo desde la Presidencia hacia la sala precisa que conoció el caso
generador de las costas a liquidar. Este proceso de sorteo y
apoderamiento directo se verifica de igual manera, tanto en primera
instancia como en las Cortes de Apelación divididas en salas.
En los tribunales que no están divididos en sala, la remisión de la instancia de liquidación
de honorarios debe tramitarse directamente ante la secretaría del tribunal que conoció
del asunto.
3.- Dictado del auto de liquidación: En el estado actual de nuestro
ordenamiento procesal, los autos que liquidan los honorarios de los
abogados, igual que las sentencias de fondo, no tienen una fecha
predeterminada para su lectura; por tanto, la parte interesada al
momento de someter su instancia de liquidación no tiene la certeza del
momento exacto en que el tribunal va a decidir al respecto. Es por eso
que el peticionario de liquidación debe permanecer dando seguimiento
al asunto, sea personalmente o mediante algún paralegal o asistente.
En caso de transcurrir un lapso prudente sin que se produzca la
decisión, es conveniente someter una instancia contentiva de una
solicitud de decisión, hecha directamente en la secretaría de la sala o
tribunal apoderado de la solicitud. También contribuye al seguimiento
efectivo del caso, el gestionar citas con personal calificado del tribunal,
sean ayudantes o los jueces mismos, a fines de inquirir acerca del
estado de su petición.
El auto de liquidación de costas y honorarios se dicta en materia
graciosa; por tanto, puede ser introducido y reintroducido tantas veces
como estime pertinente la parte interesada, puesto el principio
general es que las decisiones graciosas nunca adquieren autoridad de
la cosa juzgada. Así, es útil, en caso de no estar conforme con la
primera decisión de liquidación, estudiar las motivaciones dadas por el
tribunal, a fines de determinar si es posible subsanar alguna situación,
evitando perder tiempo mediante un recurso de impugnación, el cual
supone un trámite particular; tal sería el caso de un rechazo de la
solicitud de liquidación por estar todas las piezas en fotocopias: es
recomendable en ese caso reintroducir la solicitud con los originales,
antes de acudir a la impugnación del artículo 11 de la Ley No. 302.
4.- Recurso de impugnación contra el auto de liquidación de
honorarios: En caso de no estar conforme con la decisión de
liquidación, y de no ser factible rectificar alguna situación ante el
mismo tribunal de primer grado, mediante una instancia
de “reconsideración”, el abogado interesado puede impugnar el auto
de primer grado mediante el recurso de impugnación establecido en el
artículo 11 de la Ley No. 302, ante el tribunal inmediatamente superior
al que dicto la decisión, si el mismo es unipersonal, como los juzgados
de paz y los de primera instancia. En tribunales colegiados, como las
cortes de apelación, la liquidación se conoce en primer grado ante el
Presidente de la sala, y la impugnación ante el pleno de la sala,
compuesto por una matrícula de cinco jueces: perfectamente el pleno
de la sala pudiera revocar la liquidación hecha por el Presidente.
5.- Ejecución del auto de liquidación: Por mandato de la Ley No.
302 sobre Honorarios de Abogados, el crédito contenido en un auto de
liquidación de honorarios de abogados es privilegiado; por tanto, es
exigible con prelación frente a acreedores quirografarios. Pero
jurisprudencialmente se ha establecido que si bien el artículo 11 de la
Ley No. 302 la decisión dictada producto de un recurso de impugnación
no es recurrible mediante ningún recurso, ello no excluye la casación,
bajo el entendimiento de que este último recurso extraordinario, sobre
la correcta aplicación del derecho, debe estar siempre abierto, aunque
no lo establezca expresamente la ley. Por vía de consecuencia, para
que proceda la ejecución de este auto de liquidación, es menester
aportar la certificación de no casación expedida por la secretaría de la
Suprema Corte de Justicia.