N O V E D A D E S
S o c io l o g ia
Tom Bottomore, Political Sociology, Hutchinson, Londres,
1979, 176 pp.
El autor, uno de los principales sociólogos marxistas bri
tánicos, se propone hacer una revisión crítica de las ideas
de los pensadores que más se han dedicado a la discusión
de la sociología política: Althusser, Perry Anderson, D ur
kheim, Engels, Habermas, Mannheim, Michels, Mosca, Pa
reto, Schumpeter, Weber, y Marx. Se echa de menos, sin
embargo, en un libro tan reciente, la ausencia de un análi
sis sobre las nuevas corrientes conservadoras que tanto deba
te están provocando en las universidades europeas y norte
americanas.
O tto Kahn-Freund, Labour Relations: Heritage and AdjusU
ment, Oxford University Press, 1979, 102 pp.
Aunque el libro se dedica exclusivamente a analizar los
sindicatos británicos y su papel en la actual política de su
país, resulta de enorme interés para quienes estén interesa
dos en conocer la organización y evolución del movimiento
obrero en distintas latitudes. El mundo laboral británico es
particularm ente im portante por tratarse de la primera for
mación obrera organizada y por las características peculiares
de su organización: su particular forma de “socialismo” ■—a
diferencia de otros movimientos obreros— debe más a la tra
dición metodista británica que al marxismo. El libro trata,
además, cuestiones relevantes en cualquier estudio del sindi
calismo, independientemente del país, pues se analizan mi
nuciosamente las distinciones entre democracia directa y de
mocracia representativa en los sindicatos; entre democracia
directa y descentralización de las estructuras sindicales; y, so
bre todo, la cuestión de los intereses de los sindicatos y sus
grupos dirigentes por una parte, y, por la otra, los intereses
de las bases sindicales.
Horst Holzer. Sociología de la comunicación, Akal Editor,
M adrid, 1978.
Incluye un detenido análisis de las relaciones entre la
teoría sociológica, la teoría marxista, la influencia de las re
laciones de producción en todos los ámbitos de la conviven
cia social, y la comunicación social considerada como uno de
ellos. El autor se plantea una serie de interrogantes sobre el
sentido de la comunicación social y la influencia de ésta en
el sistema de dominio del capitalismo monopolista de Esta
do. Previamente hace un repaso del método elegido — el
marxista— en relación con otros métodos de análisis, espe
cíficamente el de la sociología neopositivista y la sociología
crítica.
David Halberstram, T he Powers That Be, Chatto and Win-
dus, 1979, 771 pp.
La influencia de los medios de comunicación de masas
norteamericanos sobre la política de su país es el tema cen
tral de este largo y bien documentado volumen. Halbers
tram y reportero de The New York Times, hace una revisión
exhaustiva de los avatares de los mass media de su país des
de los comienzos de la radio, cuando todavía los periodistas
dirigían sus preguntas por escrito al Presidente, hasta llegar
,a los acontecimientos que llevaron a W atergate y a la renun
cia del Presidente Nixon. Para su análisis, el autor escogió
cuatro instituciones periodísticas que, por distintas razones,
se le antojaron claves: la CBS, por tratarse de una de las ca
denas emsioras que han conservado un periodismo de mejor
calidad; la revista T im e, por ser un espejo fiel de “ese algo
especial” del carácter norteamericano; el Washington Post,
por ser uno de los periódicos más serios a nivel nacional y
porque el presente libro se planteó originalmente como un
análisis de los antecedentes que llevaron a W atergate, y, por
último, Los Angeles Times, por las razones anteriores y por
tratarse de un órgano de prensa que jugó un papel bastan
te clave en la carrera política de Nixon.
M enno Vellinga, Industrialización3 burguesía y clase obrera
en México, Siglo X X I Editores, México, 1979, 275 pp.
Se analiza el desarrollo industrial y político de México
en un período de rápido crecimiento económico (los años se
senta y principios de setenta). El autor centra su es
tudio en el área regiomontana, cuya burguesía se ha conver
tido en la más poderosa, cohesionada y organizada del país.
Paralelamente a esta burguesía, ha surgido una numerosa
clase trabajadora que ha experimentado un deasrrollo sui
generis, debido a las condiciones imperantes en el área, que
se traduce en una profunda diferenciación entre ellos —“aris
tocracia obrera”, subempleados, desempleados, población m ar
ginal— que explica, en buena parte, las formas de los mo
vimientos laborales, el tipo de liderazgo sindical, etc.
H is t o r ia d e M é x ic o
Carlos M artínez Assad. El laboratorio de la revolución. El
Tabasco garridista. Siglo X X I Editores, México, 1979,
309 pp.
Estudio del más original de los caciquismos estatales
post-revolucionarios. La obra de Garrido Cánabal en T a
basco, mediante una enorme movilización político-ideológica
que duró de 1922 a 1935, es examinada en dos niveles: a
nivel local, donde se planteó una verdadera alternativa de
poder regional aunque llena de contradicciones, y a nivel de
la sociedad postrevolucionaria global, cuya evolución no fue
asimilada por la m archa sui generis del garridismo, el cual
terminó por convertirse en un estorbo para el poder central
al que sirvió, simplemente, de “experimento”.
Luis González, Los artífices del cardenismo, México; El Co
legio de México, 1979, 271 pp., cuadros, fotografías,
índice analítico (Historia de la Revolución Mexicana,
Vol. 14).
Ni resultado de la voluntad de un homibre o de una ca
marilla, ni transición accidental entre la turbulencia y la es
tabilidad, el cardenismo —se argumenta en este libro— es la
expresión de vastos procesos sociales cuyos actores son gru
pos sociales (“quinto acurrucado” : los indígenas, “m itad
ranchera”, “tercio citadino” ), instituciones (el capital, el tra
bajo, la iglesia, el Estado, la cultura, los imperios), genera
ciones (la “azul”, la revolucionaria, la de 1915) e individuos
de afiliaciones y propósitos heterogéneos, entre quienes va a
destacar “el epónimo del sexenio”, cuyas mocedades se na
rran, “ni de boca tan cerrada ni de conducta tan deslucida
como algunos suponen” .
E s t u d i o s R e g io n a l e s
El conocimiento en profundidad de las regiones y esta
dos del país es algo que todavía nos encontramos muy lejos
de conseguir. Sin embargo, en los últimos tiempos, en que
tanto se ha hablado de descentralización y tan poco se ha
hecho en realidad, han aparecido una serie de monografías,
auspiciadas por el Gobierno del Estado de Michoacán, que
pretenden colmar la laguna informativa existente, aunque no
tienen grandes pretensiones analíticas de la realidad social y
económica del Estado. Eso sería objeto de otros trabajos,
que, esperamos, surjan pronto. Baste, de momento, señalar
que las monografías contienen abundante información •—unas
veces más relevantes que otras— sobre las distintas áreas
geográficas de Michoacán. Hasta la fecha han aparecido:
Zinapécuaro de Ramón López L ara; La Piedad de Isidro
Castillo; Zamora y Sahuayo de Luis González; Jiquilpan de
Alvaro Ochoa; Pátzcuaro de Pablo G. M acías; Yurécuaro y
Uruapan de Francisco M iranda; Morelia de R aúl Arreóla;
Tuxpan de Roberto López M aya; Zitácuaro y Tuzantla. T i-
quicheo, Juárez, Susupuato de Jesús T eja Andrade, y Cuit-
zeo de José Corona Núñez.
En España, donde, tras la m uerte de Franco, el nacio
nalismo de las distintas regiones ha brotado como una vita
lidad sorprendente, se han publicado una serie de estudios
sobre las diferentes entidades que pueden resultar muy su-
gerentes. Merecen especial mención el libro de José Acos-
ta Sánchez, Historia y cultura del pueblo andaluz. (C uader
nos Anagrama, Serie Documentos, 105 pp., No. 161, 1979),
1S6
que recoge una ponencia presentada en el X Congreso Eu
ropeo de Sociología Rural, y el estudio sobre Galicia: reali
dad económica y conflicto social (Servicio de Estudios del
Banco de Bilbao, 1979, 760 pp.)? realizado por un equipo
dirigido por el sociólogo José Antonio Durán, que trata to
dos y cada uno de los problemas sociales de esa zona: el
agrario, el pesquero, el industrial, los servicios, la lengua, la
cultura, la religión y la vida política.
H is t o r ia d e E uro pa
Jean Jaurés, Causas de la Revolución Francesa, Crítica, G ru
po Editorial Grijalbo, No. 45, 192 pp., Barcelona, 1979.
Jaurés, asesinado en 1914 cuando contaba 56 años, fue,
además de político, un pensador importante. Profesor de
filosofía, su tesis doctoral versó sobre La realidad del mundo
sensible. Poco a poco, sin embargo, sus inquietudes intelec
tuales lo llevaron hacia la Historia y la política. En este li
bro se recoge el análisis introductorio que hiciera para la
Historia Socialista de la Revolución Fra?icesa. El estudio
consta de cinco partes: Nobleza y feudalismo; El espíritu
filosófico; La vida económica; París; y El estado llano due
ño de la situación.
Jeremy Bentham, El Panóptico, La Piqueta, M adrid, 1979,
145 pp.
El panóptico (nombre con el que se designaba a un ti
po de prisión, nuevo y funcional) —un trabajo menor den
tro de la obra de Bentham— ofrece una visión de las ideas
jurídicas de fines del siglo XVTM y principios del X IX , fru
to de las preocupaciones libertarias de la Revolución Fran
cesa, que se empezaban a discutir públicamente en su época*
regeneración del delincuente, mediante el empleo útil de su
tiempo, en lugar del simple castigo. Esta edición es parti
cularmente interesante porque se completa con un informe
sobre las cárceles españolas en la época de Fernando V II y
un estudio de la ¡influencia de Bentham en España.
Daniel P. Moyniham, A Dangerous Place, Atlantic-Litle,
Brown, 1978.
Moyniham era ya ampliamente conocido como un “du
ro55 dentro del establishment político norteamericano, antes
de que el Presidente Ford y el Secretario de Estado, Henry
Kissinger, decidieran nombrarlo representante de los E.E.-
U .U . ante la O.N.U., a mediados de 1975, puesto que ocu
pó sólo unos meses. En efecto, en un artículo publicado en
Comentary, M oyniham había atacado la tibieza norteameri
cana frente a lo que él consideraba un bloque hostil de na
ciones comunistas y del Tercer M undo, y abogaba por una
línea dura respecto a países que dependían, a muchos nive
les, de Washington y votaban con frecuencia en contra de
sus políticas. Sus intervenciones en el organismo internacio
nal se hicieron famosas por la virulencia de sus ataques, vi
rulencia que terminó por costarle el puesto, tras que el em
bajador británico, probablemente con la anuencia del De
partamento de Estado, que comenzaba a verlo con malos
ojos, le llamó “buscador de broncas55. En este libro, Moy
niham relata su propia versión de los hechos, bien documen
tados y de fácil lectura, dada la habilidad y sarcasmo —por
no mencionar los chismes— del lenguaje empleado. El au
tor no ahorra improperios ni a comunistas, ni a tercermun-
distas, ni tan siquiera a los jerarcas de Washington, lo que
parece justificar su afirmación de que no le interesa el poder.