J.
W a r r e n La conquista de Michoacán
B e n e d ic t
1521-1530 Colección Estudios Michoacanos VI,
Morelia, Fímax, 1977, XVII, 488 pp., ilust.
Esta obra de Warren es parte de un material abun
dante que el autor ha dedicado al estudio de los temas
michoacanos durante casi veinte años. Es, pues, una obra
madura en la que se ven con más claridad los aciertos que
las deficiencias. El autor, formado a la sombra del re
cientemente desaparecido France V. Scholes, como alum
no de la Universidad de Nuevo México, se nos revela
en este estudio como un investigador de notable acucio
sidad que lo lleva a verdaderas sutilezas paleográficas o in
terpretativas. La seriedad de su investigación no reduce,
sin embargo, la amplitud del marco interpretativo. La
agudeza hermenéutica de Warren se notaba ya en traba
jos anteriores; baste recordar su artículo relativo a la au
toría de La Relación de Michoacán, que él atribuye con
muy buenas razones a Fray Jerónimo de Alcalá.
Warren tiene en su haber abundantes fichas biblio
gráficas sobre Michoacán. En su trabajo de Maestría se
ocupó de la visita de Caravajal a Michoacán y es precisa
mente ése el embrión del estudio que ahora comentamos.
Para su tesis doctoral, continuó el análisis de la temática
michoacana brindándonos su magistral Don Vasco de Q ui-
roga and his PuebloJiospitals of Santa Ve, de reciente pu
blicación en español por la Universidad Michoacana de
San Nicolás de Hidalgo. En ese trabajo, había empezado
a completar el cuadro que ahora nos ofrece en este estu
dio sobre la Conquista de Michoacán; allí se había tenido
que topar con el encomendero michoacano a través del es
tudio de los conflictos de Vasco de Quiroga con Juan In
fante.
Los doce capítulos, además de la introducción, las
conclusiones y los apéndices, en que divide su obra van
dando desarrollo al tema que se ha previamente fijado
—la conquista de Michoacán y sus repercusiones inmedia
tas— y le pone punto final a la muerte del Cazonci, ocu
rrida en febrero de 1530. El primer capítulo lo hace en
trar a los antecedentes prehispánicos de los purépechas cu
yo gentilicio, orígenes y cultura nos pone ante los ojos.
Sentimos, sin embargo, que no haya sido más abundante
en algunos temas debido a la habitual prudencia y la exi
gencia de certeza que para cada uno de los datos que nos
da se impone. Quizá vuelve a caer, en algún momento,
en la trampa de buscar semejanzas entre el ambiente de
los michoaque y el mundo náhuatl, mucho mejor conoci
do. Valga aquí nuestra insistencia en considerar meto
dológicamente como realidad distinta la del reino michoa-
cano, cuyo grupo rector poseía una lengua distinta de sus
vecinos, llevaba un cómputo del tiempo diferente y tenía
formas de culto religioso que ellos mismos consideraban
distinto del adoptado por los mexicanos, como se ve cla
ramente por la lectura de La Relación de Michoacán. Wa-
rren nos hace observar la idéntica organización de los dos
imperios en base a un triunvirato, la presencia del colibrí
en el nombre de la capital de los tarascos, Tzintzuntzan
o Huitzitzilan, y el que el dios tribal de los mexicas sea
Huitzilopochtli. Abre un camino nuevo para avanzar so
bre esos temas, mediante la utilización de los viejos diccio
narios de los lingüistas Gilberti y Lagunas. (U no de sus
proyectos en curso es la reedición crítica del material que
nos legaron, confrontando lo publicado con manuscritos
que ha venido localizando en bibliotecas y archivos de la
Unión Americana).
En los dos capítulos siguientes, Warren estudia la
conquista militar de Michoacán en los años 1521 y 1522,
a partir de los primeros contactos de los españoles con la
zona y su sometimiento por Cristóbal de Olid. Antece
dentes de la misma fueron los augurios que la precedieron
desde varios años antes, la muerte de Zuangua por conta
gio de la viruela aportada por los conquistadores y las par
ticulares ideas que sobre los extranjeros se habían forma
do los indígenas. Establece una buena cronología de la
ocupación militar del territorio, compagina los datos que
ofrecen las fuentes y se ocupa de mostrarnos las debilida
des del gobierno indígena que hicieron posible tan rápida
ocupación de un territorio codiciado de tanto tiempo por
los mexicanos y que tantas pruebas había dado de su or
ganización y valor en recibir los ataques. Podemos asis
tir a la trágica sumisión de un pueblo que durante los dos
siglos anteriores había consolidado un reino temible, que,
inesperadamente, se doblegó al destino que lo condena
ba a la sumisión y a la obediencia a un grupo de audaces
aventureros.
El capítulo IV retoma un tema antiguo de Warren,
la visita de Caravajal que será la base del repartimiento de
Michoacán entre los españoles. Desde hace mucho tiem
po, el autor había localizado tan importante material dis
perso en distintos expedientes del Archivo General de In
dias. Desde un principio, se dio cuenta de que este ma
terial era de capital importancia para darnos un conoci
miento adecuado sobre la demografía prehispánica, las
potencialidades del reino, sus modos de poblamiento y la
estructuración de su gobierno y economía. Admira la
precisión de este primer levantamiento censal, hecho por
un funcionario cuidadoso y responsable, aunque, desgra
ciadamente, no se han podido localizar todas las relacio
nes de que se compuso el informe de Caravajal. El autor
nos lo ofrece en los apéndices y hace un estudio de las
variantes que existen entre las distintas copias insertas en
otros tantos pleitos de encomenderos.
El capítulo V se dedica a recoger los más tempranos
testimonios de la introducción del cristianismo en Michoa
cán. La facilidad de poder seguir la traza de la obra de
los religiosos franciscanos hace que el Dr. Warren se con
centre más en el estudio de su labor que en la de los clé
rigos, escasos y difíciles de seguir en su actividad mixta
espiritual y temporal. Las sobrevivencias de los antiguos
ritos y costumbres hacen difícil y lento el avance de la
nueva religión. Queda todavía mucho que discutir sobre
esas dificultades, por el cambio que sufre la evangeliza-
ción pocos años después bajo la influencia del oidor Qui-
roga, luego primer obispo de Michoacán. Elementos úti
les nos ofrece este capítulo para el estudio de los princi
pios de la iglesia michoacana, los métodos empleados, sus
primeros edificios y el personal primero que vino a pre
dicar el evangelio en estas tierras.
Los capítulos VI y VII, unidos al IX, X y XI, de que
luego nos ocuparemos, constituyen lo medular y más ori
ginal del estudio. El primero de ellos nos habla del M i
choacán de los años 1524-1525, mientras que el siguiente
estudia la zona bajo el gobierno de los gobernadores inte
rinos (1526-1528). Allí se nos dan abundantes noticias
sobre el mestizaje de la Provincia en pleno curso, no só
lo el biológico sino el cultural y económico-social. Lo que
en Michoacán acontece, se enmarca en la problemática ge
neral que vive la Nueva España, con la ausencia de Her
nán Cortés y el gobierno de los tesoreros reales, el efecti
vo repartimiento de encomiendas iniciado por el propio
conquistador, en base a los informes que Caravajal propor
cionó tras su visita. Asistimos al temprano intento de
fundar las primeras ciudades españolas en la Provincia,
congregar a la población indígena dispersa, el ir asistien
do a la sustitución de las autoridades indígenas con los
nuevos esquemas de gobierno hispano, la explotación de
la población nativa en provecho de los recién llegados que
se apoderan de cuanto había servido para darle a Michoa
cán su solidez económica, las minas, que con gran vora
cidad se quieren explotar, quitándolas de sus originarios
propietarios y dándoles un aprovechamiento totalmente di
verso a sus productos: de dedicación al culto religioso pa
san a alimentar la insaciable codicia de los conquistado
res. Se revela aquí el drama de una conquista casi pací
fica que da lugar al trato inhumano y a los abusos de
quienes, dominados por la avaricia, tienen el mejor alia
do en el desgobierno que se apodera de la Nueva España.
La presencia del bachiller Ortega que produce una repre
sión en que se hacen ordinarias las ejecuciones y aperrea-
mientos nos muestra a un Michoacán a punto de rebelar
se contra sus nuevos señores y señala el principio del fin
del gobierno indígena presidido por el Cazonci. El infor
me de Ortega sobre su visita sirve magníficamente al in
vestigador para retratarnos el estado que guardaban las
encomiendas, las listas de encomenderos y los pueblos que
existían en Michoacán al final de la primera década de
dominación.
Tanto el capítulo VIII como el XII nos describen el
final trágico del rey michoacano, víctima no sólo de la
crueldad de Ñ uño de Guzmán sino de la misma situación
que se había creado en Michoacán con los sistemas nuevos
de gobierno, de economía, de religión y de nueva organi
zación social. El Dr. Warren presenta una pormenori
zada relación de la cronología relativa al gobierno de Ñ u
ño de Guzmán y al proceso del Cazonci; sin embargo,
guarda cautela para no caer en las generalizaciones y re
probaciones hechas contra el funcionario Guzmán, satani
zado en forma absoluta e indiscriminada. Sin pretender
justificar sus crueldades y avaricia, trata de esbozar el con
texto que explique algunas de sus acciones y está muy le
jos de ocultar los hallazgos documentales que presentan
ambigua la actuación del Cazonci que venía labrándose su
propia ruina, quizá inconsciente del cambio de circunstan
cias, que la presencia española había causado en su actitud
de vasallo y cristiano.
Volviendo sobre los capítulos IX, X y XI, ya mencio
nados, en ellos se analiza la encomienda en Michoacán,
sus aciertos y sus defectos, y la política que regía ese sis
tema económico-social. Paso a paso, se recorre la histo
ria de un Michoacán que se abre a una nueva dimensión
mestiza en todos los ámbitos, donde encuentran lugar el
saqueo de las tumbas prehispánicas, la contribución de
Michoacán a las guerras de conquista con mantenimien
tos y tropas, la puesta en pie de nuevas formas económi
cas, como es el de las estancias y las porquerizas. El mes
tizaje, en su compleja y variada realidad, va cobrando
fuerza, al igual que los encomenderos en amplia gama de
héroes y villanos, constructores del futuro o simples aven
tureros, en la concreción de los datos antes de que se for
je la leyenda en torno a muchos de ellos que se harán
tronco de importantes familias de la Colonia, como es el
caso de don Juan de Villaseñor. Se insiste en estos ca
pítulos sobre la importancia que tuvieron los tesoros que
Michoacán generaba y con los que contribuyeron los no
bles indígenas a forjar esa imagen de riqueza que Cortés
logró imponer en España y que le valió trato favorable en
las causas pendientes que sus enemigos habían promovido
contra él. Se nos habla también de la dispersión de la
población española, constituida por los propios encomen
deros, sus mayordomos y criados y otro buen número de
gentes aventureras que formarán el grueso de la crecien
te población mestiza. Esta se convertirá en un problema
social en los años subisiguientes pues una buena parte era
vagabunda.
El mundo de los conquistadores y sus sistemas de or
ganización contrasta con el ámbito indígena que lucha por
su sobrevivencia, tratando de sostener su cultura, su reli
gión y todo su mundo. Los conflictos entre una distinta
cosmovisión e intereses encontrados tendrán sangriento
epílogo en la ejecución del Cazonci, víctima de la nueva
situación de preponderancia hispana y ya debilitado, des
de antes de la llegada de los españoles, por las envidias e
intrigas de la clase dominante que hicieron llegar a la eje
cución de los demás hermanos de Tzintzincha Tangaxoan.
Por otro lado Warren nos advierte, con su sentido críti
co, sobre otros ángulos desde los cuales hay que juzgar al
héroe de La Relación, Don Pedro Cuinierángari o Panza,
donde éste, como informante, trasmite su propia historia
y justifica sus acciones como el que llegue a suplantar en
el gobierno de Michoacán a otros nobles, quizá con más
derechos, entre ellos a los dos herederos legítimos del Cá-
zonci, don Francisco y don Antonio Huitziméngari.
El autor nos hace presenciar asimismo la aparición en
el escenario michoacano de los primeros africanos y su im
portancia económica y social. Nos conduce por los cami
nos del Michoacán de esos años: las primeras posadas en
los caminos, los distintos intentos para establecer la Ciu
dad de Michoacán, el beneficio de las minas y el descu
brimiento de nuevas vetas, el afianzamiento de la esclavi
tud, los precios a que se cotizan los distintos productos,
las intrigas y pleitos entre los encomenderos, las influen
cias y cohechos para conseguir beneficios y librarse de cas
tigo y muchos otros temas que dan un profundo sentido
humano a la historia.
Muy a propósito, el autor prescinde de lo que en el
tiempo se salga de su tema y, así, apenas se insinúa la
persona y obra de Don Vasco de Quiroga en Michoacán.
El autor, profundo conocedor del tema, sabe respetar la in
dependencia de uno y otro problema aunque entrelaza y
hace más comprensible lo que en otro lugar ya ha expues
to, al señalar al oidor de la Segunda Audiencia y primer
obispo de Michoacán como el verdadero fundador del Mi
choacán colonial, y reafirmar lo perdurable de su huella
en la posterior historia que vivirá esta Provincia.
Entre muchos otros temas que el Dr. Warren discu
rre a través de su obra, parece importante el de seguir el
paso a los militares indígenas que colaboran con los con*
quistadores en otras regiones de América, tal es el caso del
capitán Huitzitzili, hermano de don Pedro Buioieránga-
ri, quien será fiel auxiliar de Cristóbal de Olid en la con
quista de Pánuco y luego en la expedición a Honduras.
El libro da detalles sobre la fabricación de armas y apo
yo en aprovisionamientos en los que Michoacán era rico;
éste jugó un papel muy importante en la expansión espa
ñola hacia el occidente. Se nos habla en algún momen
to de los reinos vecinos, de los grupos sometidos a la he
gemonía tarasca y su asimilación en el sistema español.
Las artesanías prehispánicas y la economía del grupo se
hacen presentes en mil formas.
Esta obra del Dr. Warren resulta de capital impor
tancia y es imprescindible para quien se quiera asomar, en
forma seria, a esa primera etapa de nuestra historia colo
nial en lo que toca a Michoacán. Así, no resulta exage
rado lo que en la nota editorial a la edición se dice: “Es
uno de los estudios más acabados que se hayan hecho so
bre la historia de Michoacán y el mejor sobre el tema mo
nográfico de que se ocupa. A lo largo de 12 capítulos y
10 apéndices documentales, el autor nos describe porme-
morizadamente la gesta y el drama de la conquista; desfi
lan apretujados los nobles indígenas con el Cazonci a la
cabeza, Cortés, Cristóbal de Olid y los otros conquistado
res, los primeros encomenderos y frailes y detrás de ellos,
la transformación de Michoacán de imperio indígena en
lugar privilegiado de explotación para los recién llegados.
Este estudio no es el clásico divertimiento poético de
quienes nos han hecho creer en Eréndiras y Timas para
salvar la vergüenza de una rendición sin lucha. Objeti
vamente, se analiza y explica el por qué de la actitud de
los michoacanos frente a los españoles y lo que esto trajo
consigo. Se relata al pormenor ese encuentro entre dos
pueblos y dos culturas que será el nacimiento de nuestro
mestizaje étnico y cultural: un imperio, una forma de vi
da, una religión que se hunden para dar paso a otro impe
rio, otra forma de vida y otra religión que recibirán el
aporte de los vencidos para seguir tejiendo la historia.
Warren maneja una mole impresionante de docu
mentos y nos los va presentando en forma comprensible,
enseñándonos de paso cómo se debe escribir la historia
para lo que él no alcanza a estudiar. Quince años de pa
ciente e inteligente labor están detrás de este libro, y resul
tará una obra indispensable para todos los que quieran
saber de los orígenes del Michoacán a partir de la con
quista.
F r a n c is c o M ir a n d a
El Colegio de Michoacán.