OnlyFans: La Uberización de la Pornografía
OnlyFans: La Uberización de la Pornografía
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Tasia Aránguez
University of Granada
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All content following this page was uploaded by Tasia Aránguez on 25 December 2023.
ENSAYOS CIBERFEMINISTAS
_______________
Coords.
2023
ENSAYOS CIBERFEMINISTAS
ISBN: 978-84-1170-357-4
NOTA EDITORIAL: Los puntos de vista, opiniones y contenidos expresados en esta obra son de ex-
clusiva responsabilidad de sus respectivos autores. Dichas posturas y contenidos no reflejan nece-
sariamente los puntos de vista de Dykinson S.L, ni de los editores o coordinadores de la obra.
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tenidos de la obra. En caso de disputas legales que surjan debido a dichas infracciones, los autores
serán los únicos responsables.
INDICE
INTRODUCCIÓN ............................................................................................... 13
TASIA ARÁNGUEZ SÁNCHEZ Y OZANA OLARIU
PRIMERA PARTE
CIBERVIOLENCIA CONTRA LAS MUJERES
SECCIÓN I
CIBERVIOLENCIA EN LA PAREJA
SECCIÓN II
PROXENETISMO Y PORNOGRAFÍA 2.0
SECCIÓN III
ACTIVISMO MACHISTA EN LAS REDES SOCIALES
SEGUNDA PARTE
PARIDAD EN LA SOCIEDAD DIGITAL
SECCIÓN I
SESGOS SEXISTAS EN LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL
TASIA ARÁNGUEZ *5
Departamento de Filosofía del Derecho, Universidad de Granada
1. INTRODUCCIÓN
5* Este trabajo se ubica en el marco del “Microproyecto los derechos de las mujeres en la so-
ciedad digital”. Unidad de Excelencia de la Sociedad Digital de la Universidad de Granada.
2020-2022.
‒ 99 ‒
y los medios de producción (la empresa se ahorra casi todos los costes,
incluyendo las cotizaciones). De igual manera, Onlyfans elimina las ca-
racterísticas clásicas de la pornografía como la productora, los proxene-
tas, los actores y el set de rodaje. Es la chica la que aporta la cámara de
su móvil o su ordenador, la que pone la habitación, el vestuario y la idea.
La joven también aporta el producto, con la característica esencial y dis-
tintiva de que el producto es ella. Onlyfans no es explotación laboral, es
algo aún más atentatorio contra la dignidad: es explotación sexual. Lo
comercializado es la imagen más íntima, que quedará para siempre en
internet. Según las condiciones contractuales a las que las jóvenes se
adhieren con un “click”, su imagen podrá ser difundida dentro de Only-
fans de modo perpetuo (Caballero, 2022), incluso si la joven abandona
la red social e incluso si en el futuro decide dedicarse a la política o ser
jueza. Auto-mercantilizarse puede producir la impresión de tener un ma-
yor control que el que se posee en el trabajo asalariado, donde hay que
cumplir unos horarios bajo las directrices directas de un jefe. El dete-
rioro de las condiciones laborales que sufre la juventud coadyuva para
que las chicas se dirijan a esta forma de pornografía.
La red social se ha vuelto muy popular porque varias “influencer”, como
la cantante Cardy B o la antigua “chica Disney” Bella Thorne tienen
cuentas en ella, desde donde ofrecen imágenes de contenido erótico. Es-
tas famosas presumen de haber obtenido millonarias ganancias por este
medio. También tienen cuentas en Onlyfans numerosas actrices porno,
como Mia Khalifa, de modo que esta plataforma desdibuja los límites
entre la pornografía y la cosificación sexual normalizada en la industria
del entretenimiento. En efecto, como explica Ana de Miguel (2021), en
los vídeos musicales convencionales aparecen chicas amontonadas, con
cuerpos estupendos, indiferenciadas. Son tan abundantes estos videoclip
que ya aburren, llenos de chicas macizas, unas como atletas que se re-
tuercen por el suelo y reptan por las paredes agitando culos macizos,
otras quietas como muertas, entre cansadas y atontadas con la boca en-
treabierta.
La entrada de algunas cantantes y famosas en Onlyfans ha contribuido
a la banalización de la misma entre las chicas jóvenes. Muchas chicas
que nunca habrían pensado en acercarse a la industria de la pornografía
‒ 100 ‒
o la prostitución, acaban atrapadas en el negocio del sexo al ser atraídas
por la irreal fantasía de obtener cuantiosas ganancias con sus imágenes.
La red social Onlyfans es percibida como algo inofensivo, debido a la
generalización de la cosificación sexual femenina, pues muchas de las
imágenes colgadas son similares a las que las chicas suben a Instagram
o a las que envían a sus novios por Whatsapp.
Hay que destacar que, lejos de ser inofensiva, la red Onlyfans es em-
pleada como plataforma de captación por parte de empresas productoras
de pornografía, redes de trata y prostitución. La posibilidad de enviar
mensajes privados permite que los hombres ofrezcan más dinero a las
jóvenes a cambio de imágenes cada vez más explícitas o a cambio de
encuentros sexuales en vídeo o en persona. Los hombres también pue-
den dar propinas a las mujeres e incluso se han dado casos de mujeres
que se han subastado en la red social para prostituirse con el mejor pos-
tor. El deseo de obtener una ganancia más elevada puede llevar a las
mujeres a exceder sus límites iniciales vendiendo contenidos más explí-
citos como exclusivos o premiando a quienes les dan propinas con una
imagen pornográfica más impactante.
Una de las cuestiones más preocupantes de Onlyfans es la utilización de
dicha red social para la captación, prostitución y pornografía de menores
de edad. Una investigación de la cadena BBC (2021) desveló la permi-
sividad de la plataforma con la pornografía de menores, pues esta se
resistió a cerrar cuentas pese a haber sido advertida en varias ocasiones
de que los contenidos de dichas cuentas envolvían a menores de edad.
Aunque la red social exige ser mayor de edad para abrirse una cuenta de
“creador de contenido” (las que permiten monetizar las imágenes), la
policía identificó miles de cuentas de menores de edad, que se habían
creado cuentas normales, puesto que estas no requieren una verificación
estricta. Estas cuentas no tienen habilitado un mecanismo para obtener
dinero por los contenidos, pero sí permiten subir imágenes sugerentes
de modo gratuito, igual que en redes sociales como Instagram. Como
desveló la citada investigación, los hombres pueden seguir estas cuentas
y contactar con estas menores mediante mensajes privados para com-
prarles imágenes explícitas o con intención de prostituirlas o captarlas
para la prostitución o la pornografía. La BBC expuso que varios casos
‒ 101 ‒
de menores desaparecidos estaban relacionados con trata y captación por
Onlyfans. También se halló que algunas menores utilizaban la documen-
tación de personas mayores de edad para crearse una cuenta y monetizar
contenidos sexuales. Otro modo por el que la pornografía de menores
había llegado a Onlyfans fue por medio de los vídeos en coautoría,
donde la persona propietaria de la cuenta era mayor de edad, pero no así
otra de las personas que salía las imágenes sexuales.
‒ 102 ‒
mujeres es generalizada, pues dicho algoritmo se basa en las preferen-
cias reales manifestadas por las interacciones de cada sexo.
El algoritmo de Tinder baja el valor atribuido a una chica cuando esta
cumple 25 años, pues estima que el pico de valor social de una mujer se
produce entre los 18 y los 25 (momento en el que los hombres estiman
que tienen mayor atractivo sexual), mientras que el valor social del hom-
bre aumenta con el nivel de estudios y el nivel de renta. El algoritmo
empareja a mujeres jóvenes con hombres maduros con profesiones es-
pecializadas (Duportail, 2019). El algoritmo compara el físico de la mu-
jer con el intelecto y el dinero del hombre. Sin duda resultará sorpren-
dente que la aplicación (que refleja las preferencias mostradas por hom-
bres y mujeres en sus interacciones) estime que el valor de las mujeres
decrece cuando ellas terminan los estudios y acceden al mundo laboral,
¿cómo es posible que el interés de los hombres decaiga cuando ellas
sienten que están alcanzando su mejor momento intelectual y profesio-
nal?
A juzgar por el algoritmo de Tinder podríamos pensar que estamos en
un centro comercial donde las chicas son el producto y que la mayoría
de los chicos no tienen ninguna prisa por adquirir ninguna, pues hay
muchas jóvenes disponibles para probar. Como señala Ana de Miguel
(2021), eso es lo que se entiende por “disfrutar la juventud”, que puede
prolongarse hasta más allá de los 40. Está muy extendida la idea de que
las mujeres se deprecian con el tiempo (como si se tratase de bienes fun-
gibles). La mujer joven experimenta con angustia los años en los que va
de desengaño en desengaño, enlazando relaciones con chicos inmaduros
que no quieren comprometerse. En su creciente pesimismo, la joven va
normalizando los comportamientos abusivos y los romances sin recipro-
cidad. Como señala Bauman (2015), en un contexto en el que las diná-
micas del amor se parecen a la compraventa de acciones, carece de sen-
tido exigir permanencia o compromiso: sería absurdo exigir lealtad a
unas acciones.
Si la mujer joven encuentra pareja junto a un varón, es frecuente que
este sea mayor que ella, de modo que la mujer tendrá un menor salario
y eso suele emplearse como excusa para que sea ella la que ponga su
trabajo en un segundo plano para cuidar a los hijos. Por otra parte,
‒ 103 ‒
mientras que el estatus y el dinero (cualidades que se valoran de un hom-
bre) suelen ser bienes que aumentan con el tiempo, no ocurre lo mismo
con la belleza (cualidad que se valora en la mujer). Un pacto de inter-
cambio de dinero por belleza deja a la mujer en una posición deficitaria
en apenas una década, pues se considera que la cúspide de la belleza
femenina decae deprisa. La mujer enamorada puede experimentar una
ansiedad creciente al observar que su compañero cada vez parece menos
enamorado y dirige con mayor frecuencia su mirada hacia otras mujeres
o hacia las chicas jóvenes y perfectas de la pornografía. En la nueva
economía del amor, el hombre de éxito puede obtener una ventaja si
sustituye a la mujer por una más joven, mientras que para la mujer las
opciones disminuyen rápidamente sin que pueda hacer nada para evi-
tarlo. La mujer puede invertir mucho tiempo en la peluquería, com-
prando ropa, haciendo gimnasia y realizando dietas, pero no logrará te-
ner nuevamente el aspecto de una joven de veinte años y cuando tenga
hijos el mercado del amor la tratará más como una carga que como un
activo.
Según estas dinámicas de mercantilización del amor, los varones deben
divertirse durante décadas hasta alcanzar su “prime” económico y, solo
en ese momento buscarán a una joven atractiva para establecerse. Im-
pera una filosofía mercantilista del amor donde las mujeres son la oferta
ansiosa por vender y los hombres la demanda sin prisas por comprar.
No debe extrañarnos que muchas chicas manifiesten desesperación,
pues no saben qué hacer para “ser elegidas”. Las redes sociales como
Instagram pueden leerse como una manifestación de esta desesperación
generalizada, pues constituyen una exposición de cuerpos bellos, per-
feccionados por filtros irreales o incluso por cirugías. La belleza es un
rasgo tan sobreabundante en Instagram que la hipersexualización, la in-
sinuación erótica, se torna en el criterio impuesto de diferenciación.
La situación de desigualdad estructural arrastra a las jóvenes a una pro-
gresiva transgresión de sus límites. Las chicas son presionadas por sus
“amigos” para enviarles “nudes” por Whatsapp, en un intercambio de
mensajes que funciona como una escalera de contenidos cada vez más
explícitos: el chico pide de modo repetitivo que la chica le envíe un sel-
fie normal y cuando ella vence su recelo aceptando enviarle una imagen,
‒ 104 ‒
él le pide otra más subida de tono. Como expone Raquel Rosario (2021)
en su estudio sobre los foros cibernéticos de puteros, los varones de hoy
parecen experimentar un placer particular burlando los límites del con-
sentimiento. Una parte importante del placer que los varones obtienen
con el sexo en la sociedad pornificada actual consiste en transgredir los
límites, reduciendo de forma escalonada cada grado de poder de la mu-
jer. Sea cual sea la práctica que ella no quiere hacer: sexo anal, sexo oral,
tragar el semen…esa es precisamente la que más quiere lograr. Las jó-
venes llegan a tener nula capacidad de negociar límites en las relaciones
sexuales y padecen sexo inseguro, prácticas extremas y traumáticas que
los jóvenes imitan de la pornografía.
Muchas chicas sospechan que los chicos comparten con sus colegas esas
imágenes obtenidas mediante “sexting” (pese a que compartir dichas
imágenes sea delito, es muy común que los grupos de amigos compartan
imágenes y vídeos). Es inevitable que la joven que hace “sexting” expe-
rimente una sensación de vulnerabilidad. Normalmente entregan las
imágenes con reticencias, en un esfuerzo por mantener la atención del
chico, pero simultáneamente temen que él difunda las imágenes para
presumir y dichas imágenes acaben circulando, o que el joven emplee
las imágenes para extorsionar a la chica más adelante, o incluso que las
suba a redes sociales o páginas pornográficas como venganza futura. Las
imágenes constituyen un elemento permanente de control en manos del
varón.
En el análisis de opiniones juveniles que expondremos a continuación,
observamos que muchas jóvenes acaban percibiendo Onlyfans como un
paso lógico y ventajoso tras Instagram y el envío habitual de nudes a
distintas parejas. Sienten que han invertido muchos recursos económi-
cos y emocionales en su belleza, que han sufrido muchas relaciones abu-
sivas sin percibir progreso alguno en sus metas afectivas. Perciben que
no existe una gran diferencia entre la prostitución y la situación que ellas
han padecido en sus relaciones carentes de reciprocidad emocional. Se
han sentido prostituidas sin obtener beneficio alguno y eso las conduce
a pensar que sería inteligente aceptar una forma bien vista de compra-
venta sexual. La superviviente de trata Amelia Tiganus (2021) describe
cómo la violencia sexual (abuso sexual infantil, sexo instrumental,
‒ 105 ‒
violación) es un elemento característico en la “fabricación” de la subje-
tividad de una “puta”. Algunas jóvenes buscan a través de redes sociales
un “sugar daddy”, un hombre mayor que les compre ropa y objetos tec-
nológicos a cambio de relaciones sexuales y acompañamiento. Se trata
de relaciones explícitamente mercantilistas pero que adoptan una apa-
riencia similar a un noviazgo.
La pendiente resbaladiza descrita en este epígrafe explica que muchas
jóvenes sin necesidad económica estén entrando en Onlyfans, esta red
social en la que se venden imágenes eróticas a cambio de dinero. En
suma, las jóvenes pueden pensar que no hay escapatoria a la cultura de
la cosificación sexual, que su físico es la única fuente posible de valida-
ción social, y que es preferible asumirlo y poner un precio a su belleza.
‒ 106 ‒
Estamos en un momento en el que la oferta laboral para las personas
jóvenes se ha visto muy reducida. Encontrar un trabajo puede ser muy
difícil y, cuando se encuentra, las condiciones laborales son precarias,
como ejemplifican los horarios abusivos sin pago por las horas extra en
el sector de la hostelería. A la tradicional explotación, se le suman las
nuevas figuras de la precariedad, que se han convertido en una forma
normalizada de trabajo: falsos autónomos, contratos en prácticas, con-
tratos por pedidos o por días, por temporadas...Gran parte de la juventud
tiene un alto nivel de estudios, pero los trabajos disponibles y los salarios
que se les ofrecen son bajos. Esta situación es resultado de las sucesivas
crisis económicas y la desindustrialización de España. A las trabajadoras
y trabajadores se les hace saber que son sustituibles y que, si se van, hay
cien personas esperando su trabajo basura. No suele ser necesario des-
pedir a las personas jóvenes, porque tienen trabajos temporales. Como
es natural, en la veintena las personas desean abandonar el hogar de sus
padres para estudiar una carrera, trabajar, vivir en pareja, tener una fa-
milia o desarrollar una vida autónoma al modo elegido. Pero el excesivo
precio del alquiler y la compra de vivienda vuelve muy difícil alcanzar
estas metas que siempre han sido el camino normal del desarrollo vital
humano. Esta situación se sintetiza en el aserto habitual “vivimos peor
que nuestros padres” (Simón, 2020).
Las jóvenes que no disponen de recursos económicos pueden pensar que
su cuerpo es un capital susceptible de ofrecer beneficios. La cultura del
entretenimiento ofrece hoy falsas ilusiones a las jóvenes de clase traba-
jadora, pues se difunde la falsa idea de que se obtiene dinero fácil y
abundante en la industria del sexo (Lozano, 2020). Pese a que se intenta
normalizar, la mayoría de la población sabe que la prostitución y la por-
nografía son caminos peligrosos y que tienen un alto coste social para
las mujeres. No ocurre lo mismo con colgar fotos y vídeos explícitos en
Onlyfans, pues esta forma de pornografía suave es un fenómeno relati-
vamente desconocido y se percibe como algo afín a conductas tan co-
rrientes como subir fotos insinuantes a las redes sociales. Esta sensación
de que se trata de algo inofensivo llama la atención de las mujeres hartas
de trabajos precarios, que buscan recursos para pagarse la carrera o el
alquiler.
‒ 107 ‒
b) La plataforma actúa como proxeneta.
Las jóvenes que tienen una cuenta en Onlyfans cuelgan fotos y vídeos
eróticos de sí mismas, pero se ha de destacar que, pese al discurso de la
“trabajadora autónoma”, la empresa se lleva un porcentaje y, por tanto,
es una plataforma proxeneta. Además de la propia plataforma, en nues-
tro estudio hemos tenido conocimiento de que hay “chulos” que conven-
cen a una chica joven y con pocos recursos económicos de que se abra
un Onlyfans, para obtener de ella fotos, sexo o dinero. Como ocurre con
otras formas de prostitución, el novio de la joven o un amigo puede ser
el captador, que “se ofrece” a realizarle unas fotos y gestionarle la red
social a cambio de un porcentaje o de sexo. Onlyfans no está exenta de
la acción de redes de trata en busca de nuevas víctimas. La red social
también funciona como medio para concertar prostitución, a través de
los mensajes privados.
Especialmente, destaca en esta plataforma la presencia de chicas de
apenas 18 años que son presionadas desde antes de ser mayores de edad
para colgar sus vídeos. Parece que lo que buscan los consumidores de
esta plataforma son mujeres cercanas a la minoría de edad. Hay que
señalar que hasta ahora la plataforma no ha tenido responsabilidad ju-
rídica por la presencia de menores de edad en algunos vídeos (espere-
mos que eso comience a cambiar con la nueva Ley de Servicios Digi-
tales, de la Unión Europea). Como expone Laura Caballero (2022), la
red social establece unas condiciones contractuales a las que la persona
usuaria se adhiere con un click y sin posibilidad de negociación. En
dichas condiciones, Onlyfans señala que no se responsabiliza de la po-
sible ilegalidad de los contenidos subidos por los usuarios y que la pá-
gina no tiene el deber de supervisar los contenidos antes de que se
suban, pero que sí tiene la potestad de eliminar los contenidos que es-
time.
Una preocupación que manifiestan las chicas que cuelgan sus imágenes
es la pérdida de control sobre dichas imágenes. Aunque la página señala,
en sus condiciones contractuales, que las imágenes son propiedad de sus
“creadores”, establece que Onlyfans tiene derecho a explotar dichas
imágenes a perpetuidad dentro de la plataforma, incluso si la chica
‒ 108 ‒
elimina su cuenta de Onlyfans y si en el futuro desease retirar sus imá-
genes sexuales.
Algunas de opiniones expresadas por jóvenes en Twitter son las siguien-
tes: “¿Cuál es la estadística de mujeres exitosas (considerando el dinero
como éxito) de onlyfans? No pagan a cualquiera que se le ocurre que
quiere desnudarse para no tener que trabajar”. “La plataforma se lleva
buen porcentaje y exponerse en redes no es opción para todas. No tienes
control sobre lo que muestras y a quién lo muestras. Tus fotos de Only-
fans seguramente están publicadas en reddit y otras personas pueden re-
vender tu contenido más barato de lo que tú lo ofreces”. “Esto no es tan
distinto de la mafia de la pornografía, hay chicas en Onlyfans que son
obligadas a hacerlo”. “Algunos intentan vender la ilusión de Onlyfans a
niñas menores de edad, las presionan desde antes de ser legales”.
c) Colgar imágenes en Onlyfans se presenta como una expresión de li-
bertad sexual.
Varios testimonios de jóvenes que hemos recabado reflejan la extendida
idea de que Onlyfans representa la liberación sexual femenina frente al
puritanismo tradicional: “tachan de mojigatas o no empoderadas a quie-
nes no lo quieren hacer”, “las que no están en Onlyfans envían nudes
gratis y luego se las dan de santas”.
Como observamos, quienes defienden Onlyfans sostienen que se trata
de libertad sexual, pero en realidad para las chicas lo que se ofrece es
dinero. En Onlyfans, cualquier hombre, por feo y poco deseado que re-
sulte a las mujeres, puede acceder a imágenes y vídeos exclusivos de
muchas jóvenes guapas. No existe reciprocidad del deseo. El placer se-
xual de las mujeres no existe en la ideología de la cosificación femenina,
donde el sexo se entiende como un servicio que estas proporcionan a los
hombres. Onlyfans permite seguir numerosas cuentas de chicas, fomen-
tando un modelo sexual de hombres que coleccionan mujeres. Antigua-
mente tener un harem era un privilegio para ricos, pero la pornografía y
la prostitución democratizan el patriarcado en el sentido de que todos
los hombres, con independencia de su clase social, pueden permitirse
tener a numerosas mujeres a su servicio por un módico precio (De Mi-
guel, 2021). Onlyfans se promociona como la ruptura del último
‒ 109 ‒
impedimento, pues ya no hay distinción entre prostitutas y mujeres inal-
canzables. Con Onlyfans, cualquier chica corriente, cualquier famosa
puede estar al alcance de todos los hombres. Onlyfans ofrece a los varo-
nes la ilusión de ver desnuda a la vecina, a la chica de al lado, a la hijas-
tra. Recientemente he leído una noticia en Marca (2023) sobre una chica
que descubrió con estupor que el principal comprador de sus imágenes
de Onlyfans era el novio de su madre.
Quienes defienden Onlyfans alegan que es necesario acabar con la repre-
sión sexual y con los tabúes, defienden que el sexo es algo natural y algo
bueno, que el único problema es la estigmatización que pesa sobre las
chicas. Como apunta MacKinnon (1995), estos argumentos son similares
a los que defendieron Foucault y Freud. La jurista hacer notar que no
todo lo que lleva sexo incorporado es bueno, pues hay prácticas que se
basan en la reciprocidad y otras que se basan en la dominación. Como
señala Ana de Miguel (2021), lo que ha predominado en la historia no ha
sido la represión del sexo, sino la “doble moral”. Históricamente se ha
considerado natural que un hombre visite prostitutas y que sea infiel. En
la época victoriana había muchos burdeles y no parece que sus clientes
estuvieran reprimidos. En la revolución sexual estadounidense de los se-
senta, igual que en “el destape” español, se defendió toda práctica sexual
era buena, con independencia de lo violenta o denigrante que pudiera ser
para las mujeres. Las feministas cuestionaron esa romantización del sexo
y señalaron que en la sexualidad patriarcal las mujeres no tenían orgas-
mos, y que las relaciones eran asimétricas, centradas en el coito y en la
eyaculación masculina. Las feministas denunciaron las relaciones entre
señores mayores y chicas jóvenes, y describieron las manipulaciones
ejercidas por compañeros de militancia, profesores de universidad y se-
ñores casados para acceder mediante engaños a los cuerpos de las jóve-
nes. Las mujeres reivindicaron las relaciones basadas en la reciprocidad
y el deseo mutuo.
La idea de una sexualidad con sentimientos y basada en la reciprocidad
está ausente en las quejas actuales vertidas en internet por varones “in-
cel” (célibes involuntarios), hombres jóvenes que se protestan en redes
sociales porque no logran tener relaciones sexuales. Habitualmente estos
grupos de chicos señalan con descarnada sinceridad que ellos tienen que
‒ 110 ‒
pagar las copas para intentar obtener sexo, mientras que las chicas no
tienen que pagar nada para acostarse con los chicos que quieran. No re-
paran en que, lógicamente, las jóvenes no encuentran ningún aliciente
en el tipo de relaciones que están implícitas en los lamentos de estos
jóvenes, pues a ellas se les ofrece un papel subordinado y desechable.
Pese a que hay personas jóvenes que defienden la ideología de la cosifi-
cación sexual, también hay muchas que se oponen a Onlyfans porque no
quieren que las mujeres sean objetos de consumo. Por ejemplo, encon-
tramos estos comentarios críticos: “Estar en contra del discurso del “tra-
bajo sexual” y de Onlyfans es romper con todo lo que nos ha dicho el
sistema patriarcal. No seremos libres hasta que los cuerpos de las muje-
res dejen de ser objeto de compra/venta y dejemos de normalizar la com-
pra de la sexualidad de las mujeres”, “lo triste de Onlyfans y de tener
sugar daddy es que se sigue fomentando la idea de que las mujeres so-
mos objetos de consumo”, “en realidad, ninguna las mujeres que se ex-
hiben (prostitución, bailarinas, Onlyfans) lo hace porque quiera, son víc-
timas”.
d) Onlyfans se presenta como empoderamiento femenino y como un tra-
bajo donde eres tu propia jefa.
Ana de Miguel (2021) expone que las mujeres hemos sido consideradas
cuerpos mientras los hombres se elevaban hacia el mundo de las empre-
sas, las profesiones y el poder. Pero ahora se está dirigiendo de forma
persistente a las chicas el mensaje de que “tu cuerpo es tu mejor recurso”,
especialmente desde los medios de comunicación, las redes sociales, la
televisión, las plataformas como Netflix y revistas de moda y cotilleo.
Esta idea se difunde incluso desde el mundo de la Academia, pues distin-
tas filósofas y sociólogas difunden que las mujeres tienen derecho a auto-
cosificarse y que eso forma parte del derecho a decidir sobre el propio
cuerpo.
De Miguel explica que desde que somos pequeñas nos dicen que invir-
tamos tiempo y dinero en maquillaje, ropa interior, peluquería, que de-
diquemos interés a la belleza y la moda. Nos dicen que “arreglarnos”
nos ayuda a sentirnos guapas, atractivas y empoderadas (aunque cuando
nos preocupamos por la belleza solemos sentir que tenemos un cuerpo
‒ 111 ‒
imperfecto, que necesita ser “arreglado”). De Miguel señala que espe-
cialmente a partir de la adolescencia, a las chicas se las anima a que
comiencen a cobrar por la inversión realizada. Nos presentan como “un
chollo” el dinero que podemos lograr por mostrar o alquilar nuestro
cuerpo. La filósofa apunta que las jóvenes entran gratis en la discoteca
porque son un reclamo, igual que la ginebra y la coca-cola, que tampoco
pagan para entrar.
En el mundo académico, Catherine Hakim (2012) postula la teoría del
capital erótico, que se refiere a la rentabilidad socio-económica del
atractivo. Desde esa perspectiva, las mujeres tienen más capital erótico
que los hombres, porque ellos desean acceder al cuerpo de las mujeres
más que ellas al de los hombres. También tiene más capital rentable una
mujer guapa que una fea, aunque el capital erótico se puede aumentar
mediante trabajo, esfuerzo y dinero. Esta teoría nos conduce a la errónea
conclusión de que las mujeres tenemos poder sobre los hombres. Obvia-
mente, en el mundo real, lo que ocurre es lo opuesto. Los hombres tienen
más poder y más dinero.
Es cierto, como afirma Hakim, que los hombres están dispuestos a gastar
dinero para acostarse con varias mujeres, pero dejando a un lado el caso
excepcional de cuatro famosas multimillonarias, el dinero que obtiene
cualquier mujer por su imagen no alcanza a compensar la inversión eco-
nómica realizada por las mujeres. Entrar gratis en las discotecas y no
tener que pagar las copas y las cenas no compensa el dinero, la preocu-
pación y el tiempo invertidos en belleza. Por su parte, el placer obtenido
en las relaciones sexuales regidas por la cosificación se acompaña de
riesgos y humillaciones.
Lo que obtiene una joven al ser contemplada y deseada es más bien va-
lidación social, pero se trata de una validación social de segunda clase,
por ser fugaz, carente de exclusividad e intrascendente. En cambio, es
de mayor exclusividad y permanencia el tipo de prestigio al que acceden
los hombres (con mayor frecuencia y facilidad que las mujeres) por sus
éxitos deportivos, laborales, por sus estudios, por su sentido del humor
o su éxito económico. El hecho de que las mujeres sean sistemática-
mente cosificadas es un obstáculo para el acceso al verdadero capital.
Como sostiene Catharine MacKinnon (1995), el impacto de la
‒ 112 ‒
cosificación sexual sobre la vida de las mujeres jóvenes llega hasta el
punto de impedir que se las escuche y que sus ideas sean tomadas en
serio. Semejante déficit de credibilidad tiene grandes repercusiones so-
bre la vida profesional y la obtención de recursos de las mujeres.
Celia Amorós (2005) explica que, aunque el atractivo sexual puede au-
par la carrera laboral o política de una joven al ser protegida por un hom-
bre o elevada por el deseo de muchos, ese tipo de “investidura incom-
pleta” siempre resultará deficitaria. Su prestigio estará mermado y su
posición será menos duradera, más dependiente del respaldo externo.
Tampoco para las mujeres casadas resulta rentable el “capital erótico”
en comparación con el capital real. Una mujer que, a causa de su belleza,
contraiga matrimonio con un hombre adinerado, adquirirá un estatus
económico con pies de barro, que correrá peligro si su marido se enca-
pricha de otra. Su poder, como el de los cortesanos reales, dependerá del
mantenimiento del interés por parte de su esposo y, como señala Simone
de Beauvoir, eso requerirá elevar el ego del mismo y proporcionarle co-
modidad hogareña (Beauvoir, 2005). El llamado “empoderamiento” no
es auténtico poder, es tan solo un sucedáneo que consiste en lograr que
la persona que tiene el verdadero poder haga lo que queremos.
Quienes defienden Onlyfans sostienen que es una oportunidad para ges-
tionar de modo eficiente el “capital erótico”. A la posibilidad que tienen
las mujeres de automercantilizarse se le llama “empoderamiento”, “em-
prendimiento” y “libre elección”. Así lo manifiestan algunas opiniones
de jóvenes que hemos recabado en Twitter: “Hay que respetar lo que
cada una quiere hacer con su vida (vive y deja vivir)”, “esta chica está
empoderada”, “algunas se dicen feministas y atacan Onlyfans, pero el
feminismo nos da la libertad de hacer con nuestros cuerpos lo que que-
ramos, siempre que no afectemos a los demás”, “cada quien su culo, uno
es responsable de cómo lo usa y cómo lo explota”, “a mí me sorprende
que haya ilusos que paguen por algo que hay gratis en internet, pero que
cada cual haga lo que quiera con su dinero. Algunos son capaces de pa-
gar por unas deportivas rotas”.
Desde la perspectiva empresarial, aunque este modelo de negocio se pre-
sente como emprendimiento y autonomía de la mujer que muestra sus
imágenes, en realidad es análogo al de las empresas como “uber” o
‒ 113 ‒
“justeat”, que se basan en la mecánica fraudulenta de los “falsos autó-
nomos”. En este modelo, la empresa ofrece una aplicación informática
que pone en contacto a los clientes y los “empresarios” (personas que
reparten paquetes en bici o que conducen taxis). La empresa se lleva un
porcentaje por su labor de intermediaria y no tiene que pagar cotizacio-
nes por los repartidores, ni tiene que poner medios de producción como
locales, vehículos o gasolina. En realidad los repartidores o conductores
de vehículos no son empresarios/as, sino trabajadores asalariados, que
cumplen las reglas de la empresa y trabajan cuando la aplicación/em-
presa les indica, aportando a la empresa el porcentaje correspondiente.
Lejos de aumentar el “empoderamiento” o la “autonomía” de los traba-
jadores, el nuevo modelo de negocio disminuye sus derechos como la
prestación por desempleo, cobertura ante accidentes laborales, indemni-
zación por despido y pensión de jubilación. Además de poner de su bol-
sillo los medios de producción y sus cotizaciones, estos trabajadores y
trabajadoras (falsamente descritos como “empresarios”) están continua-
mente disponibles y pendientes de la aplicación, aunque solo se les pa-
gue por los pedidos o por los desplazamientos efectuados. Los sueldos
recibidos son de miseria y esta situación ha llevado a las legislaciones
de distintos países a poner coto a este modelo empresarial, conocido
como “gig economy” o “uberización de la economía”, reconociendo a
estas personas como trabajadoras por cuenta ajena (Aragüez Valenzuela,
2017).
Onlyfans representa la uberización del negocio de la pornografía porque
se ahorra los costes de producción, mientras se enriquece obteniendo un
porcentaje de los beneficios. Además se apropia a perpetuidad de las
imágenes sexuales (con derecho a difundirlas dentro de la red social).
Laura Caballero (2022) considera que dicha perpetuidad es una cláusula
abusiva en materia de propiedad intelectual, así como en materia de ho-
nor e intimidad de la mujer. En definitiva, esta cláusula arrebata a las
mujeres la esfera más esencial del derecho a la propia imagen. Hay que
resaltar que, a diferencia de la explotación laboral, el problema de On-
lyfans va mucho más allá de ser un asunto de derechos laborales, pues
aquí lo comercializado es algo tan personalísimo como la imagen y la
sexualidad de las mujeres.
‒ 114 ‒
Como ocurre con las páginas pornográficas, Onlyfans se escuda en un
presunto carácter de “mera intermediaria” o alojadora de contenidos, li-
brándose así de toda responsabilidad jurídica por los vídeos delictivos
de cuya explotación se beneficia y exonerándose también del proxene-
tismo que tenga lugar por medio de los mensajes privados enviados a
través de su aplicación. Como explica Caballero (2022), Onlyfans im-
pone sus “Términos & Condiciones”, puesto que las creadoras se ven
obligadas a aceptar con un click (sin posibilidad de negociación). Ade-
más, señala Laura Caballero, la plataforma deposita sobre los usuarios
toda la responsabilidad jurídica por los contenidos o acciones ilegales
llevadas a cabo desde una cuenta. La plataforma se arroga el derecho a
eliminar cualquier contenido ilegal, pero indica en sus “Términos &
Condiciones” que los moderadores no están obligados a supervisar los
contenidos.
Podemos preguntarnos si esa ausencia de responsabilidad jurídica está
amparada por la ley. Pues bien, es cierto que en el derecho europeo,
desde la “Directiva sobre el Comercio Electrónico” existe un trato es-
candalosamente permisivo en materia de contenidos ilegales. Pornhub y
Onlyfans reciben el mismo trato que Youtube y Twitter, pese a las no-
torias diferencias entre el uso social que se hace de las dos primeras y
de las dos segundas. Hasta ahora todas ellas han sido tratadas como lu-
gares donde los usuarios intercambian contenidos y se exime a las pági-
nas de un deber de vigilancia previa, con la justificación de que prestan
servicios de información y entretenimiento (Aránguez, 2022). Sin em-
bargo, quizá esta situación comience a cambiar con la nueva “Ley de
Servicios Digitales” de la Unión Europea, pues esta pretende obligar a
las grandes empresas a detectar velozmente los contenidos de pornogra-
fía de menores, con posibilidad de multas si no los retiran a tiempo.
e) Los hombres deciden cuánto vales en función de lo atractiva que les pa-
reces.
Ana de Miguel (2021) señala que la cultura audiovisual del videoclip
transmite a las mujeres el mensaje de “vales lo que vale tu cuerpo”. Las
cantantes ruedan vídeos como si fueran aspirantes a rodar porno y le
dicen a las niñas que el sexo les va a dar poder sobre los hombres y que
serían tontas si no usasen su cuerpo para obtener ganancias. Así, se
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difunde la creencia de que una mujer tiene poder cuando un hombre está
dispuesto a pagar para verla desnuda o acostarse con ella. Se está trans-
mitiendo la idea de que el poder que una chica tiene depende del dinero
que los hombres le dan.
Pero, como señala la filósofa, en las transacciones comerciales es el
cliente quien elige y manda. Si los hombres dan dinero es porque son
ellos los que lo tienen y, si las mujeres jóvenes mendigan ese dinero, es
porque no lo tienen. No deberíamos reclamar el poder sobre los hombres
sino poder directo, pues de lo contrario solo tendremos dinero mientras
podamos satisfacer los caprichos masculinos. Algunas de las opiniones
que hemos recabado en relación con Onlyfans alcanzan esta misma con-
clusión: “En Onlyfans son los hombres los que deciden qué vale la pena
pagar y qué no, son los hombres como jueces (como siempre)”, afirma
una joven.
A las jóvenes se les dice que la mayor tragedia es no resultar atractivas
a los hombres, de modo que acaban por pensar que no hay mayor des-
gracia que ser mayor, gorda o fea. Es como si el principal destino de una
mujer fuese decorar, lo que llama Amelia Valcárcel, el “deber de
agrado” (2008). Por tanto, una mujer sin belleza sería como un vestido
mal fabricado, un desecho sin posibilidad de proyecto vital. La escritora
Naomi Wolf (2020) ha denunciado la tiranía de la belleza, que lleva a
las mujeres a dejarse la piel en una batalla perdida contra el tiempo, con-
tra los kilos y contra el aspecto normal del cuerpo. Podemos afirmar que
esta tiranía se ha agravado en la época de Tinder e Instagram.
Como exponía Celia Amorós (1987), el patriarcado reserva a los hom-
bres el estatus de “iguales”, mientras que a las mujeres nos condena a
ser “idénticas”. La cultura de Tinder y la cultura de Onlyfans tienen en
común que los hombres consumen muchas mujeres, como si nos com-
praran “al peso”, sin más distinción que la de ser rubias, morenas o pe-
lirrojas (Firestone, 1976). Les gustan todas las que sean jóvenes y “estén
buenas”, sin que apenas importen otros aspectos. En Onlyfans pueden
pagar para obtener exclusivamente lo que les interesa, sin verse obliga-
dos a entablar ningún compromiso y ni siquiera algún contacto. No tie-
nen que esforzarse en hablar con una chica, ni en fingir un interés por su
personalidad o sus sentimientos. Por un módico precio, los hombres más
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anodinos y de cualquier edad, pueden acceder a varias chicas muy jóve-
nes e inalcanzables para ellos en otras circunstancias.
Una objeción que se dirige habitualmente contra las acusaciones de que
Onlyfans se basa en el sexismo es que también hay “creadores”, chicos
jóvenes que cuelgan imágenes eróticas. Sin embargo, como cabe imagi-
nar, las imágenes sexualizadas de varones se dirigen a un público mas-
culino homosexual. Como señaló Kate Millett (2010), algunos homose-
xuales y travestis son situados en la posición de objeto sexual sometido.
Es llamativo que incluso en las relaciones jerárquicas entre hombres ba-
sadas en el esquema “activo-pasivo” se vea reflejado el odio machista
hacia las mujeres, pues un modo de remarcar la jerarquía sobre estos
varones es feminizarlos con términos como “putita” o “zorra”. Esta asi-
milación que realiza el lenguaje machista entre los homosexuales y las
mujeres no significa, empero, que los varones homosexuales sufran una
violencia sexual idéntica a la de las mujeres. Las mujeres son cuantita-
tivamente las víctimas de la cosificación. El alcance de este fenómeno
en todas las esferas de la cultura y el consiguiente impacto sobre la sub-
jetividad femenina amerita un tratamiento diferenciado.
4. CONCLUSIONES.
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En la era digital, la sociedad cibernética ha producido una imagen estan-
darizada y extremadamente reduccionista de las mujeres. La sexualiza-
ción divide a las mujeres en dos grupos básicos: aquellas que son aptas
para el aprovechamiento sexual y aquellas cuya existencia resulta super-
flua porque no despiertan interés sexual. Las redes sociales ofrecen una
fuente de validación a la mayoría de las mujeres jóvenes a cambio de un
peaje sexual en términos de exposición. Sin embargo, el tipo de recono-
cimiento que obtienen no se basa en las características distintivas que
hacen de cada persona un ser humano único, sino que se basa en la adap-
tación a moldes predeterminados y pensados para rápido consumo de
cuerpos intercambiables.
Hemos de recuperar el ideal que elaboraron las feministas ilustradas y
sufragistas: una propuesta de emancipación femenina a través de la for-
mación, la profesión, el trabajo, el acceso a la opinión pública, la libre
expresión de ideas, la creación artística, la práctica deportiva, la militan-
cia, la política y la exploración del mundo. En definitiva, hemos de re-
cuperar una mirada que reconozca a las jóvenes toda dimensión humana.
5. REFERENCIAS
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De Beauvoir, S. (2005). El segundo sexo. Cátedra.
De Miguel, A. (2021). Ética para Celia. Ediciones B.
Duportail, J. (2019). El algoritmo del amor. Un viaje a las entrañas de Tinder.
Editorial contra.
Firestone, S. (1976). La dialéctica del sexo. El defensa de la revolución feminista.
Kairós.
Hakim, C. (2012). Capital erótico: el poder de fascinar a los demás. Editorial
Debate.
Jeffreys, S. (2011). La industria de la vagina. Paidós.
Lozano, M. (2019). Pornoxplotacion. Editorial Alreves.
MacKinnon, C. (1995). Hacia una teoría feminista del Estado. Cátedra.
Marca. (2023). Una chica descubre que su padrastro es su mayor seguidor de
OnlyFans y rompe la boda con su madre.
Millett, K. (2010). Política sexual. Cátedra.
Rosario Sánchez, R. (2021). “¡Después de una gran batalla conseguí que ella se
quitara la ropa! La negociación del consentimiento dentro de los foros en
línea para hombres prostituidores en Inglaterra”. En Feminismo digital:
violencia contra las mujeres y brecha sexista en internet. Editorial
Dykinson.
Simón, A. (2020). Feria. Editorial Círculo de tiza.
Tiganus, A. (2021). La revuelta de las putas. Editorial Sine qua non.
Valcárcel, A. (2008). Feminismo en el mundo global. Cátedra.
Wolf, N. (2020). El mito de la belleza. Editorial Continta Me tienes.
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