Introducción Igualdad de Genero
Introducción Igualdad de Genero
La igualdad de género consiste en el acceso efectivo al ejercicio de los derechos de las mujeres y
los hombres en condiciones equitativas, libre de discriminación y de violencias. Es una condición
indispensable para mejorar la calidad de vida de las personas e impulsar el bienestar y desarrollo
social, cultural, político y económico de las comunidades. En este sentido, es importante resaltar
que los derechos de las mujeres, jóvenes y niñas forman parte inalienable, integral e indivisible de
los derechos humanos universales.
Desde la infancia, las mujeres enfrentan una desigualdad sistemática que tiene su origen en la
desvalorización histórica en relación con los hombres, lo cual les impide o dificulta el acceso al
mismo tipo de oportunidades, recursos, servicios y toma de decisiones en el seno de sus familias,
escuelas, trabajos, instituciones, políticas e incluso en el ciberespacio, es decir, en todos los
ámbitos donde se desarrollan.
El problema es mayor cuando el trato desigual hacia las mujeres se profundiza debido a
características particulares como el origen étnico, el género, la edad, las discapacidades, las
condiciones socia- les y de salud, la religión, las opiniones, el estado civil o cualquier otra
circunstancia. La discriminación por alguna de estas condiciones atenta contra la dignidad humana
y anula o menoscaba los derechos y las libertades de las personas, colocándolas en una situación
de vulnerabilidad, marginación y de mayor riesgo según el contexto. Como resultado, niñas,
adolescentes, jóvenes y mujeres ven limitado el ejercicio pleno de los derechos humanos y
enfrentan, además, una serie de barreras para el desarrollo de sus habilidades, capacidades y
aspiraciones.
Esta estrategia representa una oportunidad para que estudiantes de educación obligatoria
desarrollen aprendizajes que contribuyan a reconocerse como sujetos de derechos, responsables
ante sí mismos y las demás personas, y a establecer relaciones basa- das en la igualdad y el
respeto de los derechos humanos, como sustentos indispensables para la cultura de paz.
Los contenidos de la estrategia se estructuran en tres ejes: la igualdad de género, los derechos
humanos y la cultura de paz. Éstos se vinculan con los siguientes objetivos específicos, los cuales
se concretan en cada nivel educativo:
• Reconocer la igualdad de género como un derecho humano indispensable para promover
sociedades más justas e incluyentes.
• Valorar la dignidad humana, la igualdad y la diversidad como parte del ejercicio de los derechos
humanos.
• Establecer relaciones libres de violencia y discriminación, con base en el diálogo para construir una
cultura de paz.
Los tres ejes curriculares se configuran como un trayecto formativo integral, gradual y secuenciado
que inicia en la educación preescolar, termina con la educación media superior y continúa a lo
largo de la vida.
Contexto
Asimismo, se han identificado retos para alcanzar la igualdad en diversos sectores, por ejemplo, en
el laboral. La Organización Internacional del Trabajo (OIT) advirtió “que las mujeres se han visto
desmesuradamente afectadas en cuanto a pérdidas de empleos: como consecuencia de la
pandemia se destruyó el 4.2 por ciento del empleo de las mujeres, frente al 3 por ciento en el caso
de los hombres” (OIT, 2021, p. 1), con lo cual han sufrido pérdidas desmedidas de ingresos. A esto
debe sumarse el trabajo de cuidados no remunerados, lo que genera dobles o triples jornadas
para muchas mujeres.
En relación con las mujeres en puestos de toma de decisiones, ONU Mujeres (s/f) resalta que tan
sólo en 22 países hay Jefas de Estado o de Gobierno, y 119 países nunca han sido presididos por
mujeres, con lo cual las estimaciones de dicho organismo internacional consideran que, si no se
realizan acciones contundentes, la igualdad de género en las más altas esferas de decisión no se
logrará por otros 130 años.
En el caso específico del ámbito escolar, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación,
la Ciencia y la Cultura (UNESCO, por sus siglas en inglés) reporta que, a escala mundial, “1 de cada
3 estudiantes de 11 a 15 años han experimentado acoso escolar por parte de sus compañeros o
compañeras en al menos una ocasión durante el último mes” (ONU Mujeres, s/f). Los análisis de
dicho organismo internacional demuestran que los niños tienen mayor probabilidad de
experimentar acoso físico, mientras que las niñas tienen mayor riesgo de vivir acoso psicológico y
reportan episodios de violencia con más frecuencia, por lo cual se concluye que la violencia de
género es un obstáculo muy importante para la escolarización universal y el derecho de las niñas a
la educación (ONU Mujeres, s/f).
En el ámbito nacional, de acuerdo con los datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de
Seguridad Pública (SESNSP), durante 2021 se contabilizaron 969 víctimas de feminicidio en México,
lo que representa que 3 mujeres murieron diario por violencia de género, como resultado de la
expresión más extrema del fenómeno de la violencia contra las mujeres. De 2015 a 2021, los re-
portes de feminicidios aumentaron 134%, por lo que actualmente México presenta el mayor
número de feminicidios registrado en los últimos años (SESNSP, 2022).
De acuerdo con los datos más recientes que reportó la Encuesta Nacional sobre la Dinámica de las
Relaciones en los Hogares (Endireh) 2016, del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi,
2017), 66.1% de las mujeres de 15 años y más han sufrido violencia; 29% violencia económica,
patrimonial o discriminación en el trabajo; 34% violencia física y 41.3% violencia sexual, en cual-
quiera de los siguientes contextos: comunitario, familiar, patrimonial, escolar, laboral y de pareja.
En relación con el tema del embarazo adolescente, México ocupa el primer lugar entre los países
de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) con una tasa de
fecundidad de 77 nacimientos por cada mil adolescentes de 15 a 19 años. Teniendo en
consideración que el inicio de la vida sexual en México ronda entre los 12 y los 19 años, con un
bajo porcentaje de uso de métodos anticonceptivos en su primera relación sexual, es apremiante
brindar información adecuada para evitar que siga aumentando la cifra de 340 mil nacimientos en
mujeres menores de 19 años (Inmujeres, 2021).
En el Estado de México, la violencia contra las mujeres registró su máximo histórico en 2021, con
un total de 151 casos de feminicidios; y, de enero a junio de 2022, se reportaron 78 casos (SESNSP,
2022).
Así también, las brechas de género en la entidad se ejemplifican en aspectos como los cargos
públicos. Por ejemplo, en 2022, 86 de las 125 presidencias municipales fueron ocupadas por
hombres y sólo se registraron 39 encabezadas por mujeres. Para el periodo 2022-2024, 38% de las
presidencias municipales son ocupadas por mujeres (48 presidentas) (Gobierno del Estado de
México, 2020).
De acuerdo con los datos del Atlas de Género del Estado de México, en 2018, se contabilizaron 47
mil 921 embarazos de niñas y adolescentes de 10 a 19 años, lo que alerta sobre la necesidad de
poner en marcha políticas y mecanismos de prevención y apoyo a las madres adolescentes
(Gobierno del Estado de México, 2020).
Esta información muestra retos importantes para alcanzar la igual- dad de género en la entidad. En
este contexto, cobra relevancia la Estrategia Curricular en Igualdad de Género como una política
pública que incide en los espacios educativos, con el fin de que se posibiliten prácticas docentes
con base en los marcos jurídicos vigentes. Todo ello con miras a fortalecer la incorporación de la
perspectiva de género en el ámbito escolar, para garantizar el ejercicio de los derechos de niñas,
niños, adolescentes y jóvenes a desarrollarse en espacios de igualdad y libres de violencia.
1. Marco normativo
Los avances que se han producido para el logro de relaciones más igualitarias entre mujeres y
hombres se han institucionalizado en instrumentos normativos que gradualmente se han
concretado en los ámbitos internacional, nacional y estatal.
Por su parte, la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer, efectuada en Beijing en 1995, sentó
las bases para implementar la transversalidad del género en todos los procesos de toma de
decisiones y en la ejecución de políticas para el empoderamiento de las mujeres. A partir de esta
convocatoria mundial, se han llevado a cabo evaluaciones quinquenales para conocer los
progresos y desafíos pendientes.
Por otra parte, en la meta 4.5, del Objetivo de Desarrollo Sostenible (ODS) 4, Educación de calidad,
se insta a los Estados Parte a “eliminar las disparidades de género en la educación y garantizar el
acceso en condiciones de igualdad de las personas, incluidas las personas con discapacidad, los
pueblos indígenas y los niños en situaciones de vulnerabilidad, a todos los niveles de la enseñanza
y la formación profesional” (UNESCO, 2017, p. 13), lo que implica acciones que respondan a las
diferentes desigualdades vividas por las mujeres y niñas.
Finalmente, es imprescindible referir a la Convención sobre los Derechos del Niño que entró en
vigor en 1990, pues asienta la obligatoriedad de los Estados para aplicar los 54 derechos socia- les,
culturales, civiles, económicos y políticos que aseguran a las personas menores de edad su
identidad, un bienestar integral, la responsabilidad de las familias y del Estado para su protección y
cuidados, su libertad de expresión, acceso a la información, salud y educación, así como a vidas
libres de cualquier tipo de explotación y, en caso de presentarse estas violencias, el derecho a una
recuperación y reintegración integral.
El Artículo 3.° constitucional establece que “la educación se basará en el respeto irrestricto de la
dignidad de las personas, con un enfoque de derechos humanos y de igualdad sustantiva”. Este
artículo define que el Estado priorizará el interés superior de niñas, niños, adolescentes y jóvenes
en el acceso, permanencia y participación en los servicios educativos; los planes y programas de
estudio tendrán perspectiva de género y una orientación integral, y se contribuirá a la mejor
convivencia humana.
De igual forma, el Artículo 4.° reconoce que “la mujer y el hombre son iguales ante la Ley. Ésta
protegerá la organización y el desarrollo de la familia” (CPEUM, 2021, art. 4.°), con lo cual se
establecen los pilares constitucionales de las políticas de igualdad de género y no discriminación.
En la Ley General de Educación se establece, en el Artículo 15, que la educación que imparta el
Estado, sus organismos descentralizados y los particulares con autorización o con reconocimiento
de validez oficial de estudios persigue los siguientes fines:
Contribuir al desarrollo integral y permanente de los educandos, para que ejerzan de manera plena
sus capacidades; promover el respeto irrestricto de la dignidad humana […] a partir de una
formación humanista que contribuya a la mejor convivencia social en un marco de respeto por los
derechos de todas las personas y la integridad de las familias, el aprecio por la diversidad y la
corresponsabilidad con el interés general; inculcar el enfoque de derechos humanos y de igual- dad
sustantiva […]; y formar a los educandos en la cultura de la paz, el respeto, la tolerancia, los valores
democráticos.
Aunado a lo anterior, en el Artículo 29 se subraya que los planes y programas de estudio tendrán
perspectiva de género para, desde ello, contribuir a la construcción de una sociedad en donde a
las mujeres y a los hombres se les reconozcan sus derechos y los ejerzan en igualdad de
oportunidades.
En materia de igualdad, la Ley General para la Igualdad entre Mujeres y Hombres (2006) instaura y
genera obligaciones y medidas para prevenir y erradicar la desigualdad de género. Especialmente
en educación, el Artículo 36 es garante de que en todos sus niveles se realice en un marco de
igualdad de género y se cree con- ciencia de la necesidad de eliminar toda forma de
discriminación.
Asimismo, la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia (2007) establece
los lineamientos jurídicos y administrativos con los cuales el Estado mexicano debe intervenir en
todos sus niveles de gobierno para garantizar y proteger el derecho de las mujeres a una vida libre
de violencia. En el Artículo 38 se indica que se deben impulsar programas de educación pública y
privada que busquen concientizar sobre las causas y con- secuencias de la violencia contra las
mujeres.
Por último, en la Ley General de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes (2014) se asientan
los derechos de las personas menores de edad, como el derecho a la vida, la supervivencia y el
desarrollo, el derecho a la identidad, a la prioridad, a vivir en familia, a no enfrentar
discriminación, al bienestar y desarrollo integral, a la salud y seguridad social, a la educación, el
descanso y esparcimiento, a la inclusión de infancias y adolescencias con discapacidad y a quienes
migran, a la libertad, participación, asociación, intimidad, seguridad jurídica y al uso de las
tecnologías de información y comunicación. Esto garantiza el pleno desarrollo de niñas, niños y
adolescentes para alcanzar la igualdad de género.
A partir de ambas leyes se creó el Sistema Estatal para la Igualdad de Trato y Oportunidades entre
Mujeres y Hombres y para Prevenir, Atender, Sancionar y Erradicar la Violencia contra las Mujeres,
cuyo objeto es la planeación, seguimiento, evaluación y monitoreo de las acciones afirmativas y
políticas públicas en materia de igual- dad de trato y oportunidades entre mujeres y hombres,
además de la prevención, atención, sanción y erradicación de la violencia contra las mujeres. Con
base en este marco normativo internacional, nacional y estatal se presenta la Estrategia Curricular
en Igualdad de Género.
Agenda 2030 Plan de Desarrollo del Estado de Programa Sectorial Programa Institucional de
para el Desarrollo México 2017-2023 Pilar Social 2017- la Seduc 2017-2023
Sostenible de la 2023
ONU
las mujeres en relación con los hombres (UNICEF, 2017a) y que promueve la igualdad y el
bienestar integral para niñas, adolescentes y mujeres. Dicha perspectiva puede imaginarse como
unos lentes que nos permiten observar, reconocer, analizar y reflexionar sobre las condiciones de
desigualdad que se han construido social, cultural e históricamente y que se viven en las
situaciones cotidianas, en el ámbito educativo y en todos los sectores de la sociedad.
Sin embargo, las personas no sólo enfrentan desigualdades y discriminación por su género, sino
también por condiciones socioeconómicas, color de piel, identidad, pertenencia a pueblos
originarios, discapacidades, movilidad humana, edad, aspecto físico y más, cuya connotación
negativa se agudiza por el hecho de ser mujer. Cuando algunas o todas estas vulnerabilidades se
encuentran en una misma persona, se dice que estamos frente a la interseccionalidad, la cual
permite revelar y analizar estas múltiples discriminaciones (Crenshaw, 2012).
Es importante reconocer que el género guarda una dimensión cultural que varía en cada contexto
y momento histórico y que, por lo tanto, debe analizarse a partir de las relaciones sociales que
enmarcan a las comunidades educativas.
2. Componentes curriculares
2.1 Objetivo general
Que estudiantes de educación básica y media superior logren aprendizajes significativos para
practicar y promover la igualdad de género con base en la comprensión y el cuestionamiento de
las desigualdades, el ejercicio de los derechos humanos y la convivencia pacífica.
Con base en lo anterior, es esencial reconocer la desigualdad histórica que han vivido niñas y
mujeres. A partir de ello, la igual- dad de género plantea erradicar la disparidad en los diferentes
ámbitos de la vida social para que todas las personas gocen de protección, tengan las mismas
oportunidades y accedan al pleno ejercicio de sus derechos.
Al pensar en cómo ejercer la igualdad de género en los marcos educativos, es importante impulsar
y consolidar acciones que pro- muevan las relaciones saludables basadas en el respeto en las
comunidades educativas. Sobre todo, se debe garantizar la igual- dad desde edades tempranas y
durante la trayectoria formativa del estudiantado, con el propósito de que los aprendizajes logra-
dos permanezcan a lo largo de la vida.
Desde cualquier nivel educativo, campo formativo o asignatura es posible abordar los temas
relacionados con la igualdad de género, aun en áreas en las que no se encuentre explícito su trata-
miento. Con base en ello, es fundamental destacar que la igualdad de género debe incorporarse
de manera transversal, es decir, en comunicación con todos los espacios dentro y fuera de las es-
cuelas para lograr un resultado integral que convoque a todas las personas. En consecuencia, la
transversalidad de la perspectiva de género en la educación obligatoria propicia:
• Atender de manera transversal otros enfoques, entre ellos, el enfoque inclusivo, que
promueve el respeto a las diferencias culturales, sociales, étnicas, religiosas, sexuales, de
discapacidad o de estilos de aprendizaje, y el enfoque intercultural, orientado a la convivencia
basada en el reconocimiento de la diversidad cultural y lingüística, eliminando todas las formas y
manifestaciones racistas, las cuales se presentan frecuentemente relacionadas con prácticas
discriminatorias por razones de género.
Es preciso que la perspectiva de derechos humanos esté presente en la educación. Para ello, es
importante que el alum- nado, el colectivo docente y las demás personas que integran las
comunidades educativas conozcan los derechos de niñas, niños, adolescentes y jóvenes.
Asimismo, debe garantizarse que durante las clases y en los espacios de convivencia se favorezca
la igualdad entre estudiantes y se evite toda forma de discriminación y violencia.
De esta manera, contar con un marco de derechos humanos en el ámbito educativo, favorece un
enfoque holístico orientado no sólo al respeto y ejercicio de éstos, sino también a su disfrute, ya
que logra “que todos los componentes y procesos del aprendizaje, incluidos los planes de estudio,
el material didáctico, los métodos pedagógicos y la capacitación, conduzcan al aprendizaje de los
derechos humanos” (UNESCO, 2006, p. 3).
La cultura de paz necesita ser construida, es decir, requiere de la participación permanente de las
personas que conforman la comunidad educativa, de la reflexión introspectiva, del entendimiento
de la otredad y del entorno, así como del diálogo crítico e inter- cultural que permita la toma de
acuerdos consensuados. Además, supone:
comprender la paz como un estado de convivencia alcanzable, dentro de los marcos y posibilidades
que cada sociedad y cultura ofrecen, y como producto de transformaciones a nivel individual y
colectivo en distintos órdenes, suficientes para desplazar la violencia como forma privilegiada para
la resolución de conflictos humanos, y, por lo tanto, como lógica legítima de gestión de las
desigualdades y las diferencias. (UNESCO, 2011, p. 17)
En el siguiente gráfico, se muestran los componentes del sistema educativo que se ven permeados
por los tres ejes de la estrategia curricular, desde un enfoque integral.
La educación tiene una función esencial en el desarrollo continuo de la persona y las sociedades,
además de “ayudar a comprender el mundo y a comprender al otro para así comprenderse mejor
a sí mismo” (Delors, 1996, p. 31). En consecuencia, el conocimiento debe ser accesible para todas
las personas y la educación debe garantizar el desarrollo de habilidades y aprendizajes que
permanezcan a lo largo de la vida. En este sentido, esta estrategia curricular pretende incorporar
una perspectiva holística del aprendizaje orientada por los cinco pilares de la UNESCO, bajo la
premisa de “no dejar a nadie atrás”.
Aprender a hacer. Consiste en adquirir una competencia tal que permita hacer frente a
numerosas situaciones, tanto de forma individual como colectiva en distintos contextos.
Aprender a vivir juntos. Se refiere a la comprensión de las otras personas y de sus interacciones, a
realizar proyectos comunes, a prepararse para tratar los conflictos, respetando los valores de
pluralismo, la comprensión mutua y la paz.
Aprender a transformarse y a transformar la sociedad. Supone la acción crítica sobre las acciones
individuales y de la comunidad, a partir del desarrollo de conocimientos, habilidades y valores que
favorecen la transformación de actitudes y estilos de vida orientados a la paz y la sostenibilidad.
• Los ejes curriculares se conciben como líneas articuladoras entre los niveles que conforman la
educación obligatoria, mediante los cuales cada estudiante desarrolla conocimientos, habilidades
y valores sobre la igualdad de género, los derechos humanos y la cultura de paz.
• Los temas corresponden con los contenidos que se han de abordar y plantean cuestiones
específicas del marco conceptual, en los que habrá de concentrarse para contribuir a trans- formar
las relaciones asimétricas y de poder que han dado lugar a la discriminación, desigualdad y
violencia de género.
• Los valores son los parámetros percibidos como positivos, que guían el comportamiento y el
actuar de niñas, niños, adolescentes y jóvenes ante determinadas situaciones, a partir de la re-
flexión y la acción ética, el respeto, el ejercicio de los derechos humanos y la legalidad.
• Los aprendizajes para la vida se refieren a aquellos logros deseables en las dimensiones
cognitiva, actitudinal y socioemocional, que se pretende adquiera el alumnado de forma
progresiva, desde educación preescolar hasta media superior. Se conciben como un proceso
continuo y permanente que permitirá a estudiantes participar en la transformación social y
cultural hacia la igualdad de género, como un derecho humano indispensable para establecer
relaciones libres de violencia.
Los temas seleccionados para cada uno de los ejes curriculares complementan lo que alumnas y
alumnos aprenden en otras asignaturas del currículo nacional, sobre todo en formación cívica y
ética y educación socioemocional. No obstante, los temas, las habilidades, los valores y los
aprendizajes para la vida que se pro- ponen en esta estrategia curricular tienen un tratamiento
propio desde la perspectiva de género.
Asimismo, los aprendizajes para la vida son los referentes fundamentales para llevar a cabo la
planificación didáctica en cada grupo y grado escolar, dado que se constituyen como las
finalidades formativas a lograr en cada nivel educativo.
De esta forma, el colectivo docente planeará actividades en relación con la edad, las características
y las necesidades de niñas, niños, adolescentes y jóvenes, a partir de situaciones de aprendizaje
significativas y vinculadas con el contexto de cada comunidad educativa.
Durante los dos primeros semestres de media superior se recomienda reforzar el aprendizaje
cognitivo, conductual y procedimental en torno a la igualdad de género, los derechos humanos de
las juventudes y la construcción de la cultura de paz. A partir de identificar los saberes previos del
estudiantado, la planificación puede centrarse en los aprendizajes fundamentales que se lograrán
durante el primer año del bachillerato.
En el tercer y cuarto semestre es necesario poner en práctica las capacidades adquiridas a lo largo
de su trayecto formativo, para establecer relaciones saludables y libres de violencia a partir de
conocimientos, habilidades, valores y aprendizajes para la vida de cada eje curricular, con mayor
énfasis en los aprendizajes que son relevantes y significativos en el contexto donde se
desenvuelven.
Cabe precisar que se han determinado aprendizajes para la vida por nivel educativo y no por grado
o semestre, dado que lo que se pretende lograr es una trasformación de conductas y valores que
se traduzca en sociedades más igualitarias; ello supone, necesariamente, ir avanzando de manera
progresiva de un grado escolar a otro, hasta alcanzar una consolidación o un avance suficiente
para que dicho aprendizaje permanezca y evolucione a lo largo de la vida de quienes hoy cursan la
educación básica y media superior en el Estado de México.
Proyecto de vida Analizar sus necesidades, Responsabilid Toma decisiones sobre su presente y
con base en la características y anhelos ad su futuro de manera consciente y libre
igualdad de
género Establecer relaciones de Participación Rechaza actos de violencia de
y libre de género libres de violencia género en espacios públicos y
violencia privados o en redes sociales
Identificar factores que Responsabilid Analiza los riesgos y las
influyen en el proyecto de ad oportunidades para el desarrollo de su
vida proyecto de vida
Asumir decisiones que Libertad Ejerce su derecho a elegir
conlleven a una vida libre libremente una carrera,
de violencia y profesión o actividad
discriminación y en favor económica, al elaborar un
de la igualdad de todas las proyecto de vida sin
personas condicionamientos de género y libre
de violencia
3. Orientaciones didácticas
En gran medida, la práctica docente consiste en plantear tareas vinculadas a los contextos del
alumnado que les guíen a través de la reflexión a movilizar aprendizajes, habilidades, actitudes y
poner en marcha acciones en favor de la igualdad entre mujeres y hombres y en contra de
cualquier tipo de violencia. Las tareas que se proponen a cada estudiante deben ser de su interés
para que activen su motivación y pongan en práctica sus conocimientos y habilidades en la
resolución de problemas que tienen una dimensión social a través de estrategias de trabajo
colaborativo. Asimismo, los recursos didácticos cumplen con una función mediadora entre la
intención educativa y los procesos de enseñanza y aprendizaje. Esencialmente, su función varía de
acuerdo con la intención didáctica que el colectivo docente decida y de los contenidos a
desarrollar.
3.1 Estrategias de aprendizaje
3.1.1 Aprendizaje situado, experiencial y vivencial
El contexto es un elemento fundamental para que el aprendizaje sea significativo, por lo que en la
Estrategia Curricular en Igualdad de Género se propone partir de la reflexión, el análisis y el
cuestio- namiento de situaciones cercanas, contextualizadas y reales para niñas, niños,
adolescentes y jóvenes de educación obligatoria, de manera que se favorezcan interacciones
sociales situadas que pro- muevan el diálogo, la reflexión y la colaboración.
Una respuesta efectiva y necesaria para alcanzar a un mayor número de niñas, niños, adolescentes
y jóvenes es tomar en cuenta las particularidades del contexto en el que viven y se desenvuelven.
Esto implica considerar la forma en que los procesos de enseñanza-aprendizaje se dan según los
grupos o las comunidades a las que se pertenece. En consecuencia, es esencial considerar la
cultura, la lengua originaria y las relaciones interpersonales en la organización comunitaria.
El proceso de aprendizaje experiencial orientado al cambio consiste en una ruta que toma como
eje y punto de partida conocimientos y vivencias personales e impulsa procesos de sensibilización
y concientización mediante el desarrollo de actividades sensibilizadoras y el aporte de información
útil y veraz a través de la escucha activa. Esta recuperación, así como el análisis de información,
permite hacer reflexiones más profundas para ampliar el rango de posibilidades que tienen las
personas, desde sus propias circunstancias, para tomar decisiones informadas y conscientes a
partir del reconocimiento de las fortalezas internas y externas que ayudan a desarrollar estrategias
y contar con herramientas que se concreten en un plan de acción.
El uso del diálogo crítico y orientado a la transformación social es una de las estrategias que
contribuyen a la educación democrática e inclusiva, dado que se basa en relaciones de igualdad,
bajo la premisa de que todas las personas tenemos algo que aportar. Al mismo tiempo, favorece la
escucha activa y la participación respetuosa y constructiva, de manera que contribuye a la
autorregulación del alumnado y a fortalecer la autoestima al movilizar habilidades de
comunicación vinculadas a valores como la solidaridad y el respeto. Por otra parte, el aprendizaje
dialógico sostiene que las interacciones entre las personas, así como el contexto donde se
desarrollan, se transforman en oportunidades para generar saberes colectivos, que son la base de
la inteligencia cultural.
El desarrollo del pensamiento crítico, como elemento medular de esta estrategia, coadyuva a la
reflexión sobre las relaciones de poder que se dan como resultado de las construcciones sociales,
culturales e históricas de género. Desde esta perspectiva, se profundiza en la comprensión de los
hechos en contextos reales y cercanos al alumnado de acuerdo con su edad y nivel educativo. Esta
forma de enfrentar la realidad contempla procesos de trans- formación social que permitan
desmantelar las jerarquías y construir formas de relaciones humanas que se caractericen por ser
justas, libres e igualitarias.
Otro rasgo metodológico lo constituye el ejercicio cuestionador, la generación de preguntas y la
búsqueda de explicaciones argumentadas, tanto en la dimensión del aprendizaje autónomo como
en el ambiente colaborativo que posibilita su ejercicio. Con este re- curso, niñas, niños,
adolescentes y jóvenes dispondrán de alternativas para aprender o fortalecer su conocimiento
acerca de cómo preguntar, de la complejidad que implica el cuestionar e identificar que no
siempre existe una sola respuesta a una pregunta, además, de cómo a partir del análisis de casos
modelo, emblemáticos o paradigmáticos se pueden llegar a encontrar explicaciones a situaciones
personales no visibles (Elder y Paul, 2002).
Asimismo, el aprendizaje basado en el juego dentro de las escuelas representa un espacio seguro
para la expresión de emociones y para la posible identificación de rasgos o características propias
de una situación de violencia. La experiencia desde el juego posibilita centrarse en el
estudiantado, y, por lo tanto, le brinda la posibilidad de que cada participante tome el control de
su experiencia de aprendizaje. De esta manera, con el juego todas las personas dispondrán de la
libertad, imaginación, creatividad, libre albedrío y espontaneidad para expresar sus sentimientos,
preocupaciones y opiniones acerca de temáticas, problemáticas y condiciones de vida.
Aunque en algunas ocasiones el aprendizaje mediante el juego puede generar emociones aflictivas
y resultar catártico, la mayoría de las veces las emociones predominantes del juego son el interés y
la alegría, esto hace que se vean optimizadas funciones del cerebro como la atención, memoria,
creatividad y motivación que son indispensables para la adquisición de los aprendizajes. Por todo
lo anterior, es importante reconocer y favorecer la práctica del juego para aprender de otras
personas y a través de ellas.
El colectivo docente debe favorecer en las escuelas espacios de participación del estudiantado
donde se escuchen y tomen en cuenta sus opiniones, necesidades e intereses en la toma de
decisiones en favor de una educación de calidad con pertinencia y equidad para todas y todos. Por
tal razón, se sugiere que el colectivo docente promueva experiencias de aprendizaje intencionadas
y contextualizadas en el entorno del alumnado, con el fin de generar procesos reflexivos
individuales y colectivos, para que, mediante el diálogo respetuoso y la escucha activa, se
posibilite la solución de problemas y la construcción de acuerdos.
Es importante que la intervención del personal directivo y docente en las escuelas de educación
obligatoria del Estado de México se oriente a lograr la transversalidad de la perspectiva de género,
no sólo como un contenido, sino también como un conjunto de aprendizajes para la vida
(conocimientos, habilidades, valores y actitudes). Las directoras, los directores y el colectivo
docente son modelo y ejemplo de conductas y actitudes para el grupo de estudiantes, por lo que
es indispensable que contribuyan a generar un clima de aula y escuela donde todas las personas
involucradas practiquen los valores y desarrollen las habilidades que conlleven a la participación,
igualdad de género, no discriminación, escucha y habla apropiada, trato digno y la construcción de
sociedades democráticas, inclusivas, justas y sostenibles.
La comunicación y colaboración entre las familias y las escuelas resulta indispensable para
establecer una corresponsabilidad en la formación integral de estudiantes y contribuir de manera
conjunta al establecimiento de relaciones igualitarias, libres de discriminación y de violencia. Esto
plantea la necesidad de construir comunidades educativas que, a diferencia de una comunidad
escolar integrada únicamente por las personas que están presentes en la escuela, amplían el rango
de acción a las familias y a las comunidades. Está integrada por:
• Estudiantes,
• Familias,
• Docentes,
• Coordinaciones académicas,
Por ello, a fin de garantizar el cambio en las relaciones de género a lo largo del trayecto de la vida
desde la perspectiva de la igual- dad, es necesario observar el avance logrado en niveles de
desempeño, porque permiten identificar las transformaciones que cada estudiante alcanza a partir
de las situaciones didácticas que se le presenten.
Para la evaluación se proponen categorías de observación de los aprendizajes para la vida, las
cuales el alumnado pone en práctica, a partir de su autonomía progresiva —qué tanto logran
hacer de manera independiente y por su propia acción— y de la ética—en qué medida actúan
conforme a los valores apropiados y que contribuyen a la construcción de sociedades igualitarias y
libres de violencia— en niveles de desempeño concretos y observables.
i) lo hace de forma autónoma y bien; ii) lo hace con errores, pero cuando se le induce a pensar que
existen los reconoce; iii) lo hace con ayuda dirigida, o bien, iv) no lo hace.
Otra sugerencia es diagnosticar los niveles de progreso del alumnado, a partir de las categorías de
observación del desempeño de la autonomía y la ética. De esta forma, los niveles de desempeño
se podrían determinar de la siguiente manera (Frade, 2016):
II. En proceso. Hace la tarea asignada, no obstante, requiere apoyo para identificar el cambio
necesario en acciones concretas.
III. Aceptable. Cumple con la tarea asignada, pero no alcanza a tomar una postura propia e
independiente; si se le cuestiona, modifica su actuar de forma autónoma.
En este sentido, Ravela et al. (2017) plantean que es necesario de- finir “tareas auténticas” para
evaluar el aprendizaje de estudiantes, a partir de lo siguiente:
• Que los procesos desarrollados incluyen oportunidades para ensayar, consultar recursos,
obtener devoluciones y refinar productos desde una intervención colaborativa.
Posteriormente, debe tomarse en cuenta la autoevaluación que hacen niñas, niños, adolescentes y
jóvenes acerca de cómo hacen visible su percepción y posición frente a la igualdad de género,
tomando como bases estas u otras preguntas que podrían servir de autoevaluación de carácter
formativo, cualitativo y reflexivo:
• ¿Qué tengo que modificar y cómo puedo mejorar mi relación con las personas?
• ¿Qué he logrado?
Acciones afirmativas
Son medidas temporales de política pública que buscan disminuir la desigualdad entre mujeres y
hombres, con el fin de que ambas partes tengan las mismas oportunidades para su pleno
desarrollo, lo cual se encuentra asentado en la Ley General para la Igual- dad entre Mujeres y
Hombres. Como ejemplo se encuentran las cuotas en cargos de representación.
Autocuidado
Acciones y prácticas que una persona realiza para su propio bien- estar físico, emocional, mental y
sexual, luego del reconocimiento de sus necesidades, potenciales y recursos.
Consentimiento
Cuidados
Son todas aquellas acciones que procuran el bienestar físico, emocional y mental de las personas
en la vida cotidiana (ONU Mujeres, 2020). Los cuidados los realizan las personas mayores, como
madres, padres, hermanas, hermanos, abuelas, abuelos, tías y tíos; así como las instituciones
privadas y de gobierno, como guarderías, hospitales y casas hogar.
Son un trabajo que va desde procurar el alimento a personas de- pendientes, hasta la atención
que requieran para el desarrollo de sus actividades diarias. El trabajo de cuidados ha sido
históricamente realizado por las mujeres, sin embargo, no es reconocido ni remunerado. Ante ello,
actualmente diferentes organismos e instituciones impulsan planes y proyectos para dignificar
esta labor.
Decisiones asertivas
Son resoluciones que se toman con base en la autonomía personal para elegir aquello que aporte
al bienestar integral. Esto implica que nadie puede obligar a otra persona a aceptar algo que no
desea. De este modo, se prioriza la dignidad de las personas.
Desigualdad de género
Se refiere a todas aquellas acciones u omisiones que generan obstáculos para el acceso a bienes,
servicios y recursos y toma de decisiones en la vida social, económica, política, cultural, familiar y
comunitaria. La desigualdad de género ha sido histórica y tiene su base en una jerarquización
social y cultural que merma la dignidad y los derechos de las mujeres. La desigualdad de género no
es algo inmutable, se puede cambiar con el trabajo de las instituciones del Estado y con la
participación de todas y todos.
Proceso individual y colectivo que busca pasar de una situación de desigualdad a un estado
autónomo y con capacidad de decisión (Inmujeres). Se encuentra establecido en la Ley General de
Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia y tiene su ori- gen en el documento Principios
para el Empoderamiento de las Mujeres, de ONU Mujeres (2010), en el que se establecen las
siguientes acciones para este proceso: promover la igualdad de género, tratar equitativamente a
mujeres y hombres en el trabajo; velar por la salud y bienestar, educación y desarrollo profesional
de las mujeres, realizar prácticas de desarrollo empresarial, difundir iniciativas comunitarias y
evaluar los progresos realizados en igualdad de género.
Estereotipos de género
Son cualidades y expectativas asignadas social y culturalmente a las mujeres y los hombres.
También se les considera como representaciones simbólicas sobre cómo se debe actuar, pensar y
sentir, según el género (Inmujeres).
Género
Conjunto de roles, comportamientos, actividades y atributos que una sociedad determinada en
una época determinada considera apropiados para mujeres y hombres en un contexto específico
(ONU Mujeres, 2017). Todo ello se basa en una construcción social, cultural, económica y política
que se aprende, mantiene y refuerza en los círculos de socialización donde se desarrollan de
manera diferenciada las relaciones entre mujeres y hombres.
Igualdad de género
Tiene como base el reconocimiento de la desigualdad histórica que han vivido las mujeres. A partir
de ello, plantea acciones que eliminen estas barreras para el acceso a bienes, servicios y recursos,
de modo que, por ende, se pueda acortar la disparidad en los diferentes ámbitos de la vida social
para que todas las personas tengan las mismas oportunidades, los mismos derechos y una
protección estatal. Asimismo, involucra la toma de decisiones con libertad de las personas en los
diferentes espacios que se desenvuelvan.
Igualdad sustantiva
Implica garantizar el acceso al mismo trato y las mismas oportunidades para el ejercicio pleno y
universal de los derechos humanos de todas las niñas y mujeres al igual que los hombres,
mediante medidas estructurales, legales o de política pública. Para ello, la CEDAW exige a los
Estados Parte que trabajen en eliminar cualquier obstáculo que impida la igualdad en los hechos a
través de medidas políticas para asegurar el ejercicio de derechos para todas y todos (UNICEF,
2011 y ONU Mujeres, 2015).
Perspectiva de género
Es una categoría analítica y política que devela la posición histórica de desigualdad de las mujeres
en relación con los hombres en todos los ámbitos de la vida, como la salud, la educación, el
empleo y la justicia (UNICEF, 2017a). Ante ello, proporciona insumos científicos y técnicos para el
desarrollo de acciones que lleven a una igualdad de oportunidades, bienestar integral y
empoderamiento para niñas, adolescentes, jóvenes y mujeres.
Relaciones interpersonales
Son aquellas asociaciones establecidas entre dos o más personas de los diferentes grupos de
socialización, como la familia, la escuela, el trabajo, la comunidad, los espacios deportivos y
culturales, entre otros.
Roles de género
Son las tareas y responsabilidades asignadas social y cultural- mente a mujeres y hombres. A las
primeras se le establecen trabajos no remunerados asociados al hogar y a los cuidados, como
lavar, hacer la comida, llevar a las niñas y los niños a la escuela, brindar acompañamiento a
personas enfermas y más; mientras que a los segundos se les asocia con el trabajo remunerado
para proveer de alimentos y vestimenta al hogar.
Sexualidad
Dimensión central de las personas que desarrollan y construyen a lo largo de su vida a partir de
diferentes esferas, como la social, biológica, psicológica, espiritual, religiosa, política, legal,
histórica, ética y cultural. Dicha dimensión incluye “el conocimiento del cuerpo humano y nuestra
relación con este; lazos afectivos y amor; sexo; género; identidad de género; orientación sexual;
intimidad sexual; placer y reproducción” (UNESCO, 2018).
Violencia contra las niñas, adolescentes y mujeres Acciones y omisiones, debido a su género, que
causen un daño a la integridad de las niñas, adolescentes y mujeres en diferentes planos, como el
físico, psicológico, sexual, económico, político, patrimonial y digital, como se establece en la Ley
General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia.
Dichas acciones u omisiones pueden ser realizadas por una persona desconocida o conocida, como
un familiar, amigo, pareja e integrante de la comunidad educativa o laboral. Asimismo, se puede
enfrentar en la escuela, trabajo, hogar o espacio público, como el transporte, las calles, los centros
deportivos y culturales.
Cultura de la legalidad
Se refiere al conjunto de creencias, valores, normas y acciones que promueve la no tolerancia a la
ilegalidad, la defensa y participación de la población en la construcción del Estado de derecho. Al
compartir la responsabilidad de ayudar a mantener una sociedad con un Estado de derecho, se
fomenta que las personas tengan con- fianza en las instituciones porque asegura sus derechos de
forma igualitaria.
Diversidad sexual
Es el reconocimiento de todas las posibilidades que tienen las personas para vivir, expresar y
asumir su sexualidad (Conapred, 2016).
Justicia social
Es un principio que tiene sus bases en los derechos humanos y en la igualdad de oportunidades. Se
rige por la equidad para que cada persona desarrolle todas sus capacidades y resulta
imprescindible para una cultura de paz (UNICEF, 2020).
Perspectiva de juventudes
Visión práctica y metodológica para el desarrollo de marcos jurídicos, políticas públicas y la vida
cotidiana que garantiza que las juventudes sean reconocidas como personas de derecho, con
capacidad de agencia, participativas, diversas, incluyentes y con libertad de decisión en la
construcción de sus proyectos de vida para un desarrollo igualitario. Dicha visión tiene como base
un enfoque de derechos, de género y del curso de la vida (Imjuve, 2019).
Protección
Es un derecho humano que se encuentra en la Declaración Universal de Derechos Humanos que
asegura ante la ley a todas las personas contra cualquier tipo de discriminación. Específicamente,
en la Convención sobre los Derechos del Niño establece que cada Estado tomará medidas para el
bienestar y desarrollo de las personas menores, lo cual incluye el respeto a su identidad y
libertades.
Vulnerabilidad
Se refiere a una situación de desigualdad y discriminación que enfrentan personas y grupos
(CDHDF-Universidad Iberoamericana, 2006) por motivos de clase social, color de piel, género,
pertenencia a grupos originarios, enfermedades físicas y menta- les, lugar de origen y de
residencia, entre otros. Dicha situación no es natural, pues se basa en la histórica cultura del
privilegio.
Diálogo intercultural
De acuerdo con la Declaración Universal sobre la Diversidad Cultural (UNESCO, 2002), es la
“interacción armónica y voluntad de convivir de personas y grupos con identidades culturales a un
tiempo plurales, variadas y dinámicas”. Representa una condición importante en la construcción
de una cultura de paz.
Empatía
Es la capacidad para comprender la situación personal y social que viven y enfrentan las otras
personas. No es innata, sino que se aprende por medio de estrategias como la escucha atenta, el
buen trato y el aprecio a la diversidad, ya que implica el reconocimiento y la valoración de las
diferencias y sus contextos.
Escucha activa
Es una habilidad comunicativa, emocional y social que consiste en oír de forma atenta a una o más
personas durante un encuentro o una conversación. Implica paciencia, respeto y empatía, además
de un trato y tono oportuno ante lo que la otra persona expresa.
Paz
Es un estado social, político, cultural, económico y cultural libre de violencia. Prevalece el
aseguramiento de los derechos humanos, por tanto, hay un bienestar, seguridad y oportunidades
para todas las personas. Según la UNESCO, es una aspiración que motiva a emprender acciones
incluyentes y colaborativas (UNESCO, 2013) en todos los espacios de socialización, como las
familias, comunidades y escuelas para el logro de la igualdad, que tenga como fin el bienestar
social.
Proyecto de vida
Es la planeación, desarrollo y alcance de metas para las diferentes etapas de la vida. Tiene su base
en intereses, motivaciones, aspiraciones personales, capacidades y recursos materiales o la
ausencia de éstos. Todo ello para la esfera laboral, educativa, interpersonal y en la sexualidad.
Dicho proceso cambia con el paso del tiempo y se logra de forma individual y colectiva.
Relaciones pacíficas
Son aquellos vínculos de tipo afectivo o sexual que las personas construyen para el intercambio de
sentimientos, emociones, ideas y experiencias. Se caracterizan por el diálogo, la escucha activa, el
respeto y la empatía. Pueden ser las amistades, el noviazgo o de otro tipo. Según IPAS (2021), este
tipo de vínculos permiten el crecimiento de las personas, ya que no sólo conocen a alguien más,
sino a sí mismas. Además, amplían intereses y prácticas sociales.
Resolución de conflictos
Es un acuerdo entre dos o más partes, ya sean personas o grupos, que alcanzan luego del diálogo y
el intercambio de ideas para llegar a una conclusión que beneficia a cada participante.
Respeto
Es un valor humano que reconoce la dignidad de las otras personas, en consecuencia, valora
cualquier tipo de diferencias y propone el diálogo como respuesta ante las discrepancias que
puedan tenerse en un asunto social.