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Ritual de Ordenación de Diáconos 2021

El documento describe el ritual de ordenación de diáconos en la Iglesia Católica, destacando la importancia del diaconado y las funciones que estos desempeñan en la comunidad. La ceremonia incluye la imposición de manos por parte del obispo, la entrega de los ornamentos diaconales y el libro de los Evangelios, simbolizando la nueva responsabilidad del diácono. Además, se enfatiza la necesidad de que los diáconos actúen como servidores de la comunidad, siguiendo el ejemplo de Cristo.
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Ritual de Ordenación de Diáconos 2021

El documento describe el ritual de ordenación de diáconos en la Iglesia Católica, destacando la importancia del diaconado y las funciones que estos desempeñan en la comunidad. La ceremonia incluye la imposición de manos por parte del obispo, la entrega de los ornamentos diaconales y el libro de los Evangelios, simbolizando la nueva responsabilidad del diácono. Además, se enfatiza la necesidad de que los diáconos actúen como servidores de la comunidad, siguiendo el ejemplo de Cristo.
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RITUAL DE LA ORDENACIÓN DE DIÁCONOS

CARLOS MORALES
Parroquia Nuestra Señora de Luján,
Banfield Oeste.

JOSÉ POSTILLONE
Parroquia La Sagrada Familia,
Banfield Este.

OSCAR INGIULLA
Parroquia Sagrado Corazón de Jesús y
Nuestra Señora de Fátima,
Temperley.

MARCELO LAVANDER
Parroquia Sagrado Corazón de Jesús y
Nuestra Señora de Fátima,
Temperley.

Por su Excelencia Reverendísima


MONS. JORGE RUBÉN LUGONES S.J.
Obispo de la Iglesia de Lomas de Zamora

12 de diciembre de 2021
(F) Bienaventurada Virgen María de Guadalupe

IGLESIA CATEDRAL BASÍLICA NUESTRA SEÑORA DE LA


PAZ
LA ORDENACIÓN DE DIÁCONOS
2
IMPORTANCIA DE LA ORDENACIÓN

Los diáconos se ordenan mediante la imposición


de las manos heredada de los Apóstoles, para
desempeñar eficazmente su ministerio por la
gracia sacramental. Por eso, ya desde la primitiva
época de los Apóstoles, la Iglesia Católica ha
tenido en gran honor el sagrado Orden del
diaconado1.

Es oficio propio del diácono, según le fuere


asignado por la autoridad competente, administrar
solemnemente el Bautismo, reservar y distribuir la
Eucaristía, asistir al Matrimonio y bendecirlo en
nombre de la Iglesia, llevar el Viático a los
moribundos, leer la sagrada Escritura a los fieles,
instruir y exhortar al pueblo, presidir el culto y la
oración de los fieles, administrar los
sacramentales, presidir el rito de los funerales y
de la sepultura. Dedicados a los oficios de la
caridad y de la administración, recuerden los
diáconos el aviso del bienaventurado Policarpo:
“Misericordiosos, diligentes, actuando según la
verdad del Señor, que se hizo servidor de todos” 2.

En la Ordenación se encomienda a los diáconos


la función de la alabanza divina, en la que la
Iglesia pide a Cristo, por Él al Padre, la salvación
de todo el mundo, y así han de celebrar la Liturgia
de las Horas por todo el mundo, más aún, por
todos los hombres.
1
Cf. Pablo VI, Carta apostólica Sacrum diaconatus Ordinem, 18/06/1967: A.A.S. 59
(1967) 697-704.
2
Concilio Vaticano II, Constitución dogmática Lumen Gentium sobre la Iglesia 29.
3
Pontifical Romano I 173-174.178
ORDEN DE LA CELEBRACIÓN

 La celebración comienza con la solemne procesión


de entrada de los ministros, de los Diáconos, del
ordenando y del Obispo entre dos Diáconos o
Presbíteros, precedidos por la cruz y ciriales, y el
Libro de la Palabra de Dios.
 La Misa comienza como de costumbre.
 Después de la proclamación del Evangelio comienza
el rito de la ordenación.
 El que ha de ser ordenado es llamado por el Diácono
y se acerca al Obispo. El Presbítero delegado por el
Obispo solicita en nombre de la Iglesia la
ordenación.
 El Obispo dirige una alocución al pueblo y al elegido.
 Luego interroga al candidato sobre su disposición
para el cumplimiento de su ministerio.
 Se cantan las Letanías de los Santos implorando la
gracia de Dios en favor del candidato (la Oración
Universal se omite, porque las Letanías ocupan su
lugar).
 Momento solemne: el Obispo impone las manos
sobre la cabeza del ordenando y dice la Plegaria de
Ordenación, confiriéndole el don del Espíritu para su
función diaconal.
 El ordenando es revestido con los ornamentos
propios de su orden: la estola diaconal y con la
dalmática para que se manifieste visiblemente el
ministerio que desde ahora va a ejercer en la
liturgia.
 El Obispo entrega al Ordenado el Libro de los
Evangelios, indicando la función diaconal de
proclamar el Evangelio en las celebraciones
litúrgicas y también de predicar la fe de palabra y de
obra.

4
 Luego le da el saludo de paz como signo de acogida
en su ministerio, luego los diáconos también saludan
al Ordenado.
 La Misa continúa como de costumbre según el
ordinario de la concelebración de la Misa.
 El Ordenado ejerce por primera vez su ministerio en
la Liturgia eucarística asistiendo al Obispo,
preparando el altar, distribuyendo la Comunión a los
fieles y principalmente sirviendo el cáliz y
proclamando las moniciones.
ORDENACIÓN DE VARIOS DIÁCONOS

12 de Diciembre
BIENAVENTURADA VIRGEN MARÍA DE GUADALUPE
Patrona de América
Fiesta

RITOS INICIALES

1. Estando todo dispuesto para la celebración, se ordena la


procesión por la iglesia hacia el altar como de costumbre. Los
Ordenandos preceden al diácono que lleva el Evangeliario que se
usará en la Misa y en la Ordenación. Seguirán otros diáconos, si
los hubiere, los presbíteros concelebrantes y finalmente vaya el
Obispo y -un poco más atrás- dos diáconos que lo asistan. Al
llegar al altar y, hecha la debida reverencia, todos vayan a sus
lugares asignados.
Mientras tanto, se canta un canto adecuado.

2. Los Ritos iniciales y la Liturgia de la Palabra se hacen del modo


acostumbrado hasta la proclamación del Evangelio inclusive.

Antífona de entrada
Ap 12, 1
Una gran señal apareció en el cielo:
una mujer, vestida de sol, con la luna bajo sus pies
y una corona de doce estrellas sobre su cabeza.

VEN, ESPÍRITU SANTO, VEN LLÉNANOS SEÑOR.

5
Ven Espíritu Santo, ven llénanos, ven séllanos Señor.
Ven, oh Señor y danos la vida,
Danos tu fuerza, consuélanos,
Infunde tu aliento sobre nosotros.
Ven llénanos Señor.
Ven hoy aquí, amigo del cielo,
Ven con nosotros, ayúdanos.
Sé nuestro guía y sé nuestro dueño.
Ven llénanos Señor.
Sobre nosotros y nuestros hijos,
sobre todo pueblo, raza y nación
ven Señor, renueva la faz de la tierra.
Ven llénanos Señor.
Ven sobre el Papa, sobre los obispos
Sobre sacerdotes y religiosos;
Derrama un nuevo fuego y enciende tu Iglesia.
Ven llénanos Señor.
Padre de los pobres y alivio del hombre,
danos tus dones, danos tu luz.
Penetra a tus fieles, convierte sus vidas.
Ven, llénanos Señor.
Premia la virtud, vive en nuestras almas;
Danos la alegría, corrígenos.
Cura las heridas, sálvanos por siempre.
Ven, llénanos Señor.
Lava nuestras manchas, ora en nosotros.
Confíanos al Padre, Dios de amor.
Hacenos hermanos de Jesucristo. Ven llénanos
Señor.

ACTO PENITENCIAL

Tú que vienes a visitar a tu pueblo Señor, ten


6
con la paz piedad.
Tú que vienes a salvar lo que está Cristo, ten
perdido piedad.
Tú que vienes a crear un mundo Señor, ten
nuevo piedad.

GLORIA (Catena)

Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los


hombres,
y en la tierra paz a los hombres que ama el
Señor.

Por tu inmensa gloria, te alabamos,


te bendecimos, te adoramos,
Te glorificamos, te damos gracias,
Señor Dios, Rey Celestial,
Dios Padre Todopoderoso.
Señor, Hijo único, Jesucristo,
Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre;
Tú que quitas el pecado del mundo,
ten piedad de nosotros;

Tú que quitas el pecado del mundo,


atiende nuestra súplica;
Tú que estás sentado a la derecha del Padre,
ten piedad de nosotros.
Porque sólo Tú eres Santo, sólo Tú Señor.
Sólo Tú Altísimo Jesucristo,
con el Espíritu Santo
en la gloria de Dios Padre.
Gloria a Dios en el cielo, y en la tierra paz a los
hombres,
y en la tierra paz a los hombres que ama el
Señor.
Amén. Amén.
7
Oración colecta
Dios y Padre de misericordia,
que has puesto a tu pueblo bajo la especial protección
de la bienaventurada Madre de tu Hijo,
concede, a cuantos invocan a la Virgen de Guadalupe,
procurar con fe diligente el progreso de los pueblos
por el camino de la justicia y de la paz.

Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo,


que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu
Santo,
y es Dios, por los siglos de los siglos.

LITURGIA DE LA PALABRA
PRIMERA LECTURA
Tengan en cuenta quienes son los llamados
Dios eligió lo que el mundo tiene por débil

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo


a los cristianos de Corinto
1, 26-31

Hermanos: Tengan en cuenta quiénes son los que


han sido llamados: no hay entre ustedes muchos
sabios, hablando humanamente, ni son muchos los
poderosos ni los nobles.
Al contrario, Dios eligió lo que el mundo tiene por
necio, para confundir a los sabios; lo que el mundo
tiene por débil, para confundir a los fuertes; lo que es
vil y despreciable y lo que no vale nada, para aniquilar
a lo que vale. Así, nadie podrá gloriarse delante de
Dios.

8
Por él, ustedes están unidos a Cristo Jesús, que por
disposición de Dios, se convirtió para nosotros en
sabiduría y justicia, en santificación y redención, a fin
de que, como está escrito: "El que se gloría, que se
gloríe en el Señor".

Palabra de Dios.

SALMO RESPONSORIAL
111, 1-9

Ant. Feliz el hombre que teme al Señor.

Feliz el hombre que teme al Señor


y se complace en sus mandamientos.
Su descendencia será fuerte en la tierra:
la posteridad de los justos es bendecida. R.

En su casa habrá abundancia y riqueza,


su generosidad permanecerá para siempre.
Para los buenos brilla una luz en las tinieblas:
es el Bondadoso, el Compasivo y el Justo. R.

Dichoso el que se compadece y da prestado,


y administra sus negocios con rectitud.
El justo no vacilará jamás,
su recuerdo permanecerá para siempre. R.

No tendrá que temer malas noticias:


su corazón está firme, confiado en el Señor.

Su ánimo está seguro, y no temerá,


hasta que vea la derrota de sus enemigos. R.

El da abundantemente a los pobres:


9
su generosidad permanecerá para siempre,
y alzará su frente con dignidad. R.

El malvado, al verlo, se enfurece,


rechinan sus dientes y se consume;
pero la ambición de los malvados se frustrará. R.

EVANGELIO
La cosecha es abundante, pero los trabajadores son pocos

+ Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según


san Mateo 9, 35-38

Jesús recorría todas las ciudades y los pueblos,


enseñando en las sinagogas, proclamando la Buena
Noticia del Reino y curando todas las enfermedades y
dolencias.
Al ver a la multitud, tuvo compasión, porque estaban
fatigados y abatidos, como ovejas que no tienen
pastor.
Entonces dijo a sus discípulos: «La cosecha es
abundante, pero los trabajadores son pocos.
Rueguen al dueño de los sembrados que envíe
trabajadores para la cosecha.

Palabra del Señor.


3. Después de la proclamación del Evangelio, el diácono deposita
reverentemente de nuevo sobre el altar el Evangeliario, donde
permanece hasta que sea entregado a los Ordenados.

ORDENACIÓN
4. Luego comienza la Ordenación diaconal.
El Obispo ocupa la sede preparada para la Ordenación, y se coloca
la mitra. Después se presentan los candidatos.

10
ELECCIÓN DE LOS CANDIDATOS

5. Los Ordenandos son llamados por el diácono del siguiente


modo:
Acérquense los que van a ser ordenados diáconos.

Y llama a cada uno por su nombre, y cada uno de ellos responde:


Aquí estoy.
Y se acerca al Obispo, a quien hace una reverencia.
6. A medida que son llamados se colocan ante el Obispo. El
presbítero designado por el Obispo dice:

Reverendísimo Padre,
la santa Madre Iglesia pide que ordenes diáconos
a estos hermanos nuestros.
El Obispo le pregunta:
¿Sabes si son dignos?

El presbítero responde:
Teniendo en cuenta la consulta hecha al pueblo
cristiano,
y con el voto favorable de las personas
a quienes compete darlo,
doy fe de que son dignos.
El Obispo dice:
Con la ayuda de Dios
y de nuestro Salvador Jesucristo,
elegimos a estos hermanos nuestros
para el Orden diaconal.
Todos responden cantando:
Te damos gracias Señor, por tu inmensa bondad.

HOMILÍA

11
7. Después el Obispo, mientras todos se sientan, hace la homilía
en la cual, tomando como punto de partida el texto de las lecturas
proclamadas en la Liturgia de la Palabra, exhorta al pueblo y a los
elegidos sobre el ministerio diaconal, teniendo en cuenta la
condición matrimonial de los ordenandos.

Queridos hermanos: Estos hijos nuestros, entre los cuales


se encuentran sus familiares y amigos, serán ahora
promovidos al Orden diaconal; por eso, es importante que
consideren atentamente la función que van a desempeñar
en la Iglesia.
El don del Espíritu Santo los fortalecerá para que ayuden
al Obispo y a su presbiterio, anunciando la Palabra de Dios,
actuando como ministros del altar y atendiendo las obras de
caridad, como servidores de todos los hombres. Como
ministros del altar, proclamarán el Evangelio, prepararán el
sacrificio de la Eucaristía, y repartirán el Cuerpo y la Sangre
del Señor a los fieles.
De acuerdo con el mandato recibido del Obispo, les
competirá evangelizar a los que no creen, y catequizar a los
creyentes enseñándoles la sagrada doctrina. También
podrán dirigir las celebraciones litúrgicas, administrar el
bautismo, autorizar y bendecir los matrimonios, llevar el
viático a los moribundos y presidir las exequias.
Consagrados por la imposición de las manos, practicada
desde el tiempo de los Apóstoles, y estrechamente unidos al
altar, cumplirán el ministerio de la caridad en nombre del
Obispo o del párroco.
Con la ayuda de Dios, deberán obrar de tal manera que los
reconozcan como discípulos de Aquél que no vino a ser
servido sino a servir.
En cuanto a ustedes, queridos hijos, que serán ordenados
diáconos, el Señor les dio el ejemplo, para que obren como
Él lo hizo.
En su condición de diáconos, es decir, como ministros de
Jesucristo, que se comportó como servidor de sus discípulos,
cumplan de todo corazón la voluntad de Dios, sirviendo con
amor y con alegría al Señor y a los hombres. Como nadie
puede servir a dos señores, tengan presente que toda

12
impureza y avaricia es como una esclavitud al servicio de
los ídolos.
Es necesario que se comporten como testigos del bien y
de la verdad que provienen del Espíritu Santo, a semejanza
de aquellos hombres que los Apóstoles eligieron para
ejercer el ministerio de la caridad.
Que la fe sea el cimiento en el que se asiente la vida de
ustedes, y que su conducta sea intachable, delante de Dios
y de los hombres, como corresponde a quienes son
ministros de Cristo y dispensadores de los misterios de Dios.
Nunca pierdan la esperanza que proviene del Evangelio,
al cual deben no sólo escuchar sino además servir.
Conserven el misterio de la fe con pureza de alma, y
practiquen en su vida la Palabra de Dios que anunciarán,
para que el pueblo cristiano, vivificado por el Espíritu Santo,
se convierta en una ofrenda pura y agradable a Dios, y
ustedes puedan salir al encuentro del Señor, al fin de los
tiempos, para escuchar de sus labios: "Bien, servidor bueno
y fiel, entra a participar del gozo de tu Señor".
Al acceder libremente al Orden del diaconado, al igual
que aquellos varones elegidos por los Apóstoles para el
ministerio de la caridad, también ustedes deben dar
testimonio del bien, llenos del Espíritu Santo y del gusto por
las cosas de Dios.
Ejercerán su ministerio observando el celibato. Será para
ustedes símbolo y, al mismo tiempo, estímulo del amor
pastoral y fuente peculiar de fecundidad apostólica en el
mundo. Movidos por un amor sincero a Jesucristo, el Señor,
y viviendo este estado con una total entrega, la
consagración a Cristo se renueva de modo más excelente.
Por el celibato, en efecto, les resultará más fácil
consagrarse, sin dividir el corazón, al servicio de Dios y de
los hombres, y con mayor facilidad serán ministros de la
obra de regeneración sobrenatural.
Tendrán por raíz y cimiento la fe. Muéstrense sin mancha
e irreprochables ante Dios y ante los hombres, según
conviene a los ministros de Cristo y a dispensadores de los
santos misterios. No se dejen arrancar la esperanza del
Evangelio, al que no sólo deben escuchar, sino además

13
servir. Viviendo el misterio de la fe con alma limpia,
muestren en sus obras la palabra que proclaman para que
el pueblo cristiano, vivificado por el Espíritu Santo, sea
oblación agradable a Dios, y, en el último día, puedan salir a
encuentro del Señor, y oír de Él estas palabras: “Bien,
servidor bueno y fiel, entra en el banquete de tu Señor”.

PROMESA DE LOS ELEGIDOS

8. Concluida la homilía, sólo los elegidos se ponen de pie y se


colocan frente al Obispo, quien los interroga a todos juntos con
estas palabras:

Queridos hijos:
Antes de acercarse a recibir el Orden del diaconado
manifiesten delante de la comunidad
su propósito de recibir este ministerio:
¿Quieren consagrarse al servicio de la Iglesia
por la imposición de mis manos
y la gracia del Espíritu Santo?
Todos los elegidos responden simultáneamente: Sí, quiero.
El Obispo:
¿Quieren desempeñar con humildad y amor
el ministerio diaconal,
colaborando con el Orden sacerdotal
y sirviendo al pueblo cristiano?
Los elegidos: Sí, quiero.

El Obispo:
¿Quieren vivir el misterio de la fe con alma limpia,
como enseña el Apóstol,
y proclamar esta fe con la palabra y las obras,
según el Evangelio y la tradición de la Iglesia?
Los elegidos: Sí, quiero.
El Obispo:

14
Ustedes, que están preparados para asumir el
celibato:
¿Quieren observar durante toda su vida
el celibato por el Reino de los cielos
como signo de su consagración a Cristo,
y para servicio de Dios y de los hombres?
Los elegidos: Sí, quiero.
El Obispo:
¿Quieren conservar e incrementar
el espíritu de oración, propio de su modo de vida,
y celebrar fielmente y con ese espíritu
la Liturgia de las Horas según la condición de
ustedes
junto con el pueblo de Dios,
por la Iglesia, más aun, por todo el mundo?
Los elegidos: Sí, quiero.
El Obispo:
¿Quieren imitar siempre el ejemplo de Cristo,
cuyo Cuerpo y Sangre administrarán con sus manos?
Los elegidos: Sí, quiero, con la ayuda de Dios.
9. Luego, cada uno de los elegidos se acerca al Obispo y,
arrodillado delante de él, pone sus manos entre las del Obispo,
quien pregunta a cada uno:
¿Prometes respeto y obediencia a mí y a mis
sucesores?
El elegido responde: Sí, prometo.
El Obispo concluye:
Que Dios complete y perfeccione la obra
que Él mismo ha comenzado en ustedes.
SÚPLICA LITÁNICA

10. Todos se ponen de pie. El Obispo, sin mitra y con las manos
juntas, mirando hacia el pueblo, pronuncia la siguiente invitación:
Queridos hermanos:

15
Pidamos a Dios todopoderoso
que derrame abundantemente su bendición
sobre estos hijos suyos a quienes eligió
para el sagrado Orden del diaconado.

11. Los elegidos se postran. Todos se arrodillan, salvo en los


días domingos y en el tiempo pascual. Según el caso, el diácono
dice:
Nos arrodillamos.

Se comienzan a cantar las letanías.

Señor, ten piedad Señor, ten piedad


Cristo, ten piedad Cristo, ten piedad
Señor, ten piedad Señor, ten piedad

Santa María, Madre de Dios ruega por nosotros


San Miguel ruega por nosotros
San Gabriel Arcángel ruega por nosotros
Santos Ángeles de Dios rueguen por
nosotros
San Juan Bautista ruega por nosotros
San José ruega por nosotros
Santos Pedro y Pablo rueguen por
nosotros
San Andrés ruega por nosotros
San Juan ruega por nosotros
Santa María Magdalena ruega por nosotros
San Esteban ruega por nosotros
San Lorenzo ruega por nosotros
San Ignacio de Antioquía ruega por nosotros
San Roque González ruega por nosotros
San Héctor Valdivielso ruega por nosotros
Santa Inés ruega por nosotros
Santas Perpetua y Felicidad rueguen por
nosotros
San Gregorio ruega por nosotros
San Agustín ruega por nosotros
San Atanasio ruega por nosotros
16
San Basilio ruega por nosotros
Santo Tomás de Aquino ruega por nosotros
San Martín de Tours ruega por nosotros
Santo Toribio de Mogrovejo ruega por nosotros
San Felipe Neri ruega por nosotros
San Juan Pablo II ruega por nosotros
San Juan XXIII ruega por nosotros
Santa Teresita del Niño Jesús ruega por nosotros
San Benito ruega por nosotros
Santos Francisco y Domingo rueguen por
nosotros
San Francisco Javier ruega por nosotros
San Juan María Vianney ruega por nosotros
San Antonio de Padua ruega por nosotros
San Martín de Porres ruega por nosotros
San Francisco Solano ruega por nosotros
San Pedro Claver ruega por nosotros
San Francisco de Paula ruega por nosotros
Santa Catalina de Siena ruega por nosotros
Santa Teresa de Ávila ruega por nosotros
Santa Teresa de los Andes ruega por nosotros
Santa Teresa de Calcuta ruega por nosotros
Santa Ana ruega por nosotros
San Juan Diego ruega por nosotros
Santo Domingo Savio ruega por nosotros
Beato Ceferino Namuncurá ruega por nosotros
Todos los Santos y Santas de Dios rueguen por
nosotros

Por tu bondad líbranos, Señor


De todo mal líbranos, Señor
De todo pecado líbranos, Señor
De la muerte eterna líbranos, Señor
Por tu Encarnación líbranos, Señor
Por tu Muerte y Resurrección líbranos, Señor
Por la venida del Espíritu líbranos, Señor

Nosotros que somos pecadores, te escúchanos, Señor


pedimos

17
Para que gobiernes y conserves a tu escúchanos, Señor
Iglesia
Para que bendigas a estos elegidos escúchanos, Señor
tuyos
Para que los bendigas y también los escúchanos, Señor
santifiques
Para que los bendigas, santifiques y escúchanos, Señor
consagres
Para que concedas la paz a todos los escúchanos, Señor
pueblos
Para que nos fortalezcas y conserves en tu escúchanos, Señor
servicio
Jesús, Hijo de Dios vivo, te rogamos nos escúchanos, Señor
escuches

Cristo, óyenos Cristo, óyenos


Cristo, escúchanos Cristo, escúchanos

12. Terminadas las letanías, el Obispo, de pie y con las manos


extendidas, dice:

S eñor Dios, escucha nuestras súplicas


y confirma con tu gracia este ministerio que
realizamos,
santifica con tu bendición
a quienes hemos juzgado aptos para el servicio
diaconal.
Por Jesucristo nuestro Señor.

Todos: Amén.

IMPOSICIÓN DE LAS MANOS Y PLEGARIA DE


ORDENACIÓN

13. Los elegidos se ponen de pie. Cada uno se acerca al Obispo


quien está de pie con mitra delante de la sede, y se arrodilla
delante de él.

18
14. El Obispo impone las manos sobre la cabeza de cada elegido
sin decir nada.
15. Los elegidos se arrodillan ante el Obispo, quien sin mitra y
con las manos extendidas, dice la Plegaria de Ordenación:

A sístenos, Dios Todopoderoso,


de quien procede toda gracia,
que estableces los ministerios
regulando sus órdenes;
inmutable en ti mismo, todo lo renuevas;
por Jesucristo, Hijo tuyo y Señor nuestro
-palabra, sabiduría y fuerza tuya-,
con providencia eterna todo lo proyectas
y concedes en cada momento cuanto conviene.

A tu Iglesia, cuerpo de Cristo,


enriquecida con dones celestes variados,
articulada con miembros distintos
y unificada en admirable estructura,
por la acción del Espíritu Santo,
la haces crecer y dilatarse
como templo nuevo y grandioso.

Como un día elegiste a los levitas


para servir en el primitivo tabernáculo,
así ahora has establecido tres órdenes de ministros
encargados de tu servicio.
Así también, en los comienzos de la Iglesia,
los apóstoles de tu Hijo,
movidos por el Espíritu Santo,
eligieron, como auxiliares suyos en el ministerio
cotidiano,
a siete varones acreditados ante el pueblo
a quienes, orando e imponiéndoles las manos,
les confiaron el cuidado de los pobres,
a fin de poder ellos entregarse con mayor empeño
a la oración y a la predicación de tu palabra.
19
Te suplicamos, Señor, que atiendas propicio
a estos tus siervos,
a quienes consagramos humildemente
para el orden del diaconado y el servicio de tu altar.

ENVÍA SOBRE ELLOS, SEÑOR,


EL ESPÍRITU SANTO,
PARA QUE FORTALECIDOS
CON TU GRACIA DE LOS SIETE DONES,
DESEMPEÑEN CON FIDELIDAD EL MINISTERIO.

Que resplandezca en ellos un estilo de vida


evangélica,
un amor sincero,
solicitud por pobres y enfermos,
una autoridad discreta,
una pureza sin tacha
y una observancia de sus obligaciones espirituales.
Que tus mandamientos, Señor,
se vean reflejados en sus costumbres,
y que el ejemplo de su vida
suscite la imitación del pueblo santo;
que, manifestando el testimonio de su buena
conducta,
perseveren firmes y constantes con Cristo,
de forma que, imitando en la tierra a tu Hijo
que no vino a ser servido sino a servir,
merezcan estar con él en el cielo.
Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo,
que vive y reina contigo
en la unidad del Espíritu Santo
y es Dios, por los siglos de los siglos.

Todos responden: Amén.


20
ENTREGA DEL EVANGELIARIO

16. Terminada la Plegaria de Ordenación, todos se sientan. El


Obispo se pone la mitra. Los Ordenados se ponen de pie. Algunos
diáconos u otros ministros imponen la estola a cada Ordenado
según el modo diaconal y le colocan la dalmática.
Mientras tanto, puede cantarse:

3) AQUÍ ESTOY
Señor, aquí estoy,
otra vez postrado a tus pies.
Para entregarte,
toda mi vida lo que tengo, lo que soy.
Lo pongo en tus manos,
porque no hay lugar mejor para mí. ACÁ TAMBIÉN
VA “MI SEÑOR ME HA DADO?

17. Una vez revestidos con sus ornamentos diaconales, los


Ordenados se acercan al Obispo. Arrodillados delante de él, cada
uno recibe en sus manos el Evangeliario.

El Obispo dice:
Recibe el Evangelio de Cristo
del cual eres mensajero.
Cree lo que lees,
enseña lo que crees,
y practica lo que enseñas.

18. Finalmente, el Obispo da a cada uno de los Ordenados el


saludo, diciendo:
La paz esté contigo.
El Ordenado responde: Y con tu espíritu.

De igual modo hacen todos o al menos algunos de los diáconos


presentes.
Mientras tanto, puede cantarse:

21
MI SEÑOR ME HA DADO

Mi Señor me ha dado
palabras de discípulo... (x2)
Para que pueda decir
una palabra de aliento... (x2)
al que esta desconsolado
para que pueda decir
una palabra de consolación.

Por eso cada mañana


Él me abre el oído...
por eso cada mañana
Él me abre el oído...
para que pueda escuchar
como su discípulo...
para que pueda escuchar
como su discípulo.

Me has abierto el oído


y yo no me resistí,
me has abierto el oído
y yo no me eché atrás...

Mi Señor me ha dado
palabras de discípulo... (x2)
Para que pueda decir
una palabra de aliento... (x2)
al que esta desconsolado
para que pueda decir
una palabra de consolación.
19. La Misa continúa del modo acostumbrado.
Se dice Credo. La Oración Universal se omite.

LITURGIA EUCARÍSTICA

22
20. Al comienzo de la Liturgia eucarística se llevan al altar los
dones (portados por los padres de los ordenados) que se
convertirán en el Cuerpo y la Sangre de Cristo.
Acompaña la procesión el canto:

JUNTOS NOS ACERCAMOS

Juntos nos acercamos a esta mesa para ofrecer,


todo lo que tenemos que es para Ti,
es nuestra vida, nuestra esperanza,
nuestro dolor y amor,
deja que nuestras manos lleguen a Ti.

El pan que es tierra, fruto y trabajo,


tu cuerpo ya será,
dánoslo y nuestra vida renacerá.

El vino convertido en tu sangre,


dánoslo a beber,
y se hará fecundo nuestro dolor.

Como el pan y el vino,


que se transforman en este altar,
transforma nuestras vidas,
en nuestro hogar.

ESTO QUE SOY, ESO TE DOY

A veces me pregunto: "¿por qué yo?"


y sólo me respondes: "porque quiero".
Es un misterio grande que nos llames
así, tal como somos, a Tu encuentro.
Entonces redescubro una verdad:
mi vida, nuestra vida es Tu tesoro.
23
Se trata entonces sólo de ofrecerte
con todo nuestro amor,
esto que somos.

¿Qué te daré?, ¿qué te daremos?,


¡Si todo, todo, es Tu regalo!
Te ofreceré, te ofreceremos
esto que somos...
Esto que soy, ¡eso te doy!

Esto que soy, esto es lo que te doy.


Esto que somos es lo que te damos
Tú no desprecias nuestra vida humilde
se trata de poner todo en tus manos.
Aquí van mis trabajos y mi fe,
mi canto, mis bajones y mis sueños;
y todas las personas que me diste
desde mi corazón te las ofrezco.

Vi tanta gente un domingo de sol.


Me conmovió el latir de tantas vidas...
y adiviné tu brazo gigantesco
y sé que sus historias recibías.

Por eso tu altar luce vino y pan:


Son signo y homenaje de la vida.
Misterio de ofrecerte y recibirnos,
Humanidad que Cristo diviniza.

21. En la Plegaria Eucarística se hace mención de los diáconos


recién ordenados.

ORACIÓN SOBRE LAS OFRENDAS

D ios nuestro, que diste a san Vicente


la gracia de realizar en su vida

24
lo que celebraba en estos santos misterios,
concédenos, por este sacrificio,
ser transformados en una ofrenda agradable a
tus ojos.
Por Jesucristo, nuestro Señor.

Prefacio de Ordenaciones II
CRISTO, ORIGEN DE TODO MINISTERIO ECLESIAL
V. El Señor esté con ustedes.
R. Y con tu espíritu.
V. Levantemos el corazón.
R. Lo tenemos levantado hacia el Señor.
V. Demos gracias al Señor, nuestro Dios.
R. Es justo y necesario.

E n verdad es justo y necesario,


alabarte y darte gracias,
Padre santo, Dios omnipotente y
misericordioso,
de quien proviene toda paternidad
en la comunión del Espíritu.

En tu Hijo Jesucristo, sacerdote eterno,


siervo obediente,
pastor de los pastores,
has puesto el origen y la fuente de todo
ministerio,
según la viva tradición apostólica
conservada en tu pueblo que peregrina en la
historia.

Tú eliges dispensadores de los santos


misterios
con variedad de dones y carismas,
para que en todas las naciones de la tierra

25
se ofrezca el sacrificio perfecto
y, con la Palabra y los sacramentos,
se edifique la Iglesia,
comunidad de la nueva alianza,
templo de tu gloria.

Por este misterio de salvación,


unidos a los ángeles y a los santos,
cantamos con gozo el himno de tu alabanza:

S anto, Santo, Santo es el Señor,


Dios del Universo.
Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria.
Hosanna en el cielo.
Bendito el que viene en nombre del Señor.
Hosanna en el cielo.

PLEGARIA EUCARÍSTICA III

El sacerdote, con las manos extendidas, dice:

CP Santo eres en verdad, Padre,


y con razón te alaban todas tus criaturas,
ya que por Jesucristo, tu Hijo, Señor nuestro,
con la fuerza del Espíritu Santo,
das vida y santificas todo,
y congregas a tu pueblo sin cesar,
para que ofrezca en tu honor un sacrificio sin
mancha
desde donde sale el sol hasta su ocaso.
Junta las manos y, manteniéndolas extendidas sobre las ofrendas,
dice:

CC Por eso, Padre, te suplicamos


que santifiques por el mismo Espíritu
estos dones que hemos separado para ti,
26
Junta las manos y traza el signo de la cruz sobre el pan y el cáliz
conjuntamente, diciendo:

de manera que se conviertan


en el Cuerpo y  la Sangre de Jesucristo,
Hijo tuyo y Señor nuestro,
Junta las manos.

que nos mandó celebrar estos misterios.

En las fórmulas que siguen, las palabras del Señor han de


pronunciarse claramente y con precisión, como lo requiere la
naturaleza de las mismas palabras.
Porque él mismo,
la noche en que iba a ser entregado,
Toma el pan y, sosteniéndolo un poco elevado sobre el altar,
prosigue:

tomó pan,
y dando gracias te bendijo,
lo partió y lo dio a sus discípulos, diciendo:
Se inclina un poco.

Tomen y coman todos de él,


porque esto es mi Cuerpo,
que será entregado por ustedes.
Muestra el pan consagrado al pueblo, lo deposita sobre la patena
y lo adora haciendo genuflexión.
Después prosigue:

Del mismo modo, acabada la cena,


Toma el cáliz, y sosteniéndolo un poco elevado sobre el altar,
prosigue:

tomó el cáliz,
27
dando gracias te bendijo,
y lo pasó a sus discípulos, diciendo:

Se inclina un poco.

Tomen y beban todos de él,


porque éste es el cáliz de mi Sangre,
Sangre de la alianza nueva y eterna,
que será derramada
por ustedes y por muchos
para el perdón de los pecados.
Hagan esto en conmemoración mía.
Muestra el cáliz al pueblo, lo deposita luego sobre el corporal y lo
adora haciendo genuflexión. Luego dice:

CP Éste es el misterio de la fe.


O bien: Éste es el Sacramento de nuestra fe.

Y el pueblo prosigue, aclamando:

Anunciamos tu muerte,
proclamamos tu resurrección.
¡Ven, Señor Jesús!
Después el sacerdote, con las manos extendidas, dice:

CC Así, pues, Padre,


al celebrar ahora el memorial
de la pasión salvadora de tu Hijo,
de su admirable resurrección y ascensión al cielo,
mientras esperamos su venida gloriosa,
te ofrecemos, en esta acción de gracias,
el sacrificio vivo y santo.
28
Dirige tu mirada sobre la ofrenda de tu Iglesia,
y reconoce en ella a la Víctima
por cuya inmolación quisiste devolvernos tu amistad,
para que, fortalecidos con el Cuerpo y la Sangre de
tu Hijo
y llenos de su Espíritu Santo,
formemos en Cristo un solo cuerpo y un solo espíritu.

C1 Que él nos transforme en ofrenda permanente,


para que gocemos de tu heredad junto con tus
elegidos:
con María, la Virgen Madre de Dios,
los apóstoles y los mártires,
(san N.: Santo del día o patrono)
y todos los santos,
por cuya intercesión
confiamos obtener siempre tu ayuda.

C2 Te pedimos, Padre,
que esta Víctima de reconciliación
traiga la paz y la salvación al mundo entero.

Confirma en la fe y en la caridad
a tu Iglesia, peregrina en la tierra,
a tu servidor, el Papa Francisco,
a nuestro Obispo Jorge,
al orden episcopal, a los presbíteros
y a estos hijos tuyos que han sido ordenados hoy
ministros de la Iglesia,
y a todo el pueblo redimido por ti.

Atiende los deseos y súplicas de esta familia


que has congregado en tu presencia.
Reúne en torno a ti, Padre misericordioso,
a todos tus hijos dispersos por el mundo.
† A nuestros hermanos difuntos
29
y a cuantos murieron en tu amistad
recíbelos en tu reino,
donde esperamos gozar todos juntos
de la plenitud eterna de tu gloria,
Junta las manos.

por Cristo, Señor nuestro,


por quien concedes al mundo todos los bienes.

Toma la patena con el pan consagrado y el cáliz y, sosteniéndolos


elevados, dice:

CP Por Cristo, con él y en él,


o a ti, Dios Padre omnipotente,
CC en la unidad del Espíritu Santo,
todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos.

El pueblo aclama: Amén.

RITO DE COMUNIÓN

22. Los diáconos recién ordenados comulgan bajo las dos


especies. Uno de ellos ayuda al Obispo en el ministerio del cáliz.
Los familiares y amigos cercanos de los Ordenados pueden recibir
la comunión bajo las dos especies.

23. Alguno de los diáconos recién ordenados ayuda al Obispo a


distribuir la Comunión a los fieles, principalmente como ministros
del cáliz.

ANTÍFONA DE COMUNIÓN
Sal 106, 8-9
Den gracias al Señor por su misericordia y por sus
maravillas en favor de los hombres, porque Él sació a los
que sufrían sed y colmó de bienes a los hambrientos.

CORAZÓN DE JESÚS
30
Quiero hablar de un amor infinito
que se vuelve niño frágil,
amor de hombre humillado.
Quiero hablar de un amor apasionado.

Con dolor carga nuestros pecados


siendo rey se vuelve esclavo,
fuego de amor poderoso.
Salvador, humilde, fiel, silencioso.

Amor que abre sus brazos de acogida,


quiero hablar del camino hacia la vida,
corazón paciente, amor ardiente,
quiero hablar de aquel que vence a la
muerte.

Quiero hablar de un amor generoso,


que hace y calla, amor a todos
buscándonos todo el tiempo,
esperando la respuesta, el encuentro.

Quiero hablar de un amor diferente,


misterioso, inclaudicable,
amor que vence en la cruz.
quiero hablar del corazón de Jesús.

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PESCADOR DE HOMBRES

Tu has venido a la orilla


no has buscado a sabios, ni a ricos
tan solo quieres que yo te siga.
Señor, me has mirado a las ojos,
sonriendo, has dicho mi nombre
en la arena, he dejado mi barca
junto a ti, buscare otro mar.

Tu necesitas mis manos,


mis cansancios que a otros descansen,
amor que quiero seguir amando.
Señor, me has mirado a las ojos
sonriendo, has dicho mi nombre
en la arena, he dejado mi barca
junto a ti, buscare otro mar.

Tu sabes bien lo que quiero


en mi barca no hay oro ni espadas
tan solo redes y mi trabajo.

Señor, me has mirado a las ojos


sonriendo, has dicho mi nombre
en la arena, he dejado mi barca
junto a ti, buscare otro mar.

ORACIÓN DESPUÉS DE LA COMUNIÓN

R enovados con este sacramento celestial,


te suplicamos, Dios nuestro,
que para imitar a tu Hijo en la evangelización a
los pobres,
siguiendo el ejemplo de San Vicente,
recibamos la ayuda de su intercesión.
Por Jesucristo, nuestro Señor.
32
RITO DE CONCLUSIÓN

24. En lugar de la bendición habitual puede darse la bendición


solemne que sigue. El diácono puede hacer la siguiente invitación:
Nos inclinamos para la bendición.

Seguidamente, el Obispo, con las manos extendidas sobre los


Ordenados y el pueblo, pronuncia la bendición:
D ios Padre, que los ha llamado
para el servicio de los hombres en su Iglesia,
les conceda una gran solicitud hacia todos,
especialmente hacia los pobres y afligidos.
Todos: Amén.

El Obispo:
Él, que les ha confiado
la misión de predicar el Evangelio de Cristo,
les ayude a vivir según su Palabra
para que sean sus testigos entusiastas y sinceros.
Todos: Amén.

El Obispo:
Él, que los hizo dispensadores de sus sacramentos
les conceda ser imitadores de su Hijo Jesucristo
para ser en el mundo ministros de unidad y de paz.
Todos: Amén.

El Obispo:
Y a todos ustedes, que están aquí reunidos,
los bendiga Dios todopoderoso
Padre, † Hijo, † y Espíritu † Santo
Todos responden: Amén.

SALUDO A LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA

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HIMNO A NUESTRA SEÑORA DE LA PAZ

Señora del mundo y Reina de Paz,


abraza a los hombres en la caridad,
aleja los odios de la humanidad
y vuelve a tus hijos al místico hogar.
Tú eres la Madre del Rey de la Paz,
por eso tú puedes del suelo alejar
la sangre y el llanto, la muerte y el mal;
entrega a los hombres el don de la paz.
25. Dada la bendición, y despedido el pueblo por el diácono, se
hace la procesión a la sacristía del modo acostumbrado.

MI ALMA GLORIFICA AL SEÑOR, MI DIOS

Mi alma glorifica al Señor, mi Dios,


gózase mi espíritu en mi salvador.
El es mi alegría, es mi plenitud,
El es todo para mí.

Ha mirado la bajeza de su sierva


muy dichosos le dirán todos
sus siglos,
porque en mí ha hecho grandes maravillas,
el que todo puede cuyo nombre
es santo.
Mi alma glorifica...

Su clemencia se derrama por


los siglos,
sobre aquellos que le temen
y le aman,
desplegó el gran poder de
su derecha,
dispersó a los que piensan que

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son algo.
Mi alma glorifica...

Derribó a los potentados de


sus tronos,
ensalzó a los humildes y a los pobres,
los hambrientos se saciaron con
sus bienes,
y alejó de sí vacíos a los ricos.

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