0% encontró este documento útil (0 votos)
38 vistas17 páginas

Tema 3

El documento aborda las terapias fenomenológicas y humanistas, destacando su enfoque en la vida consciente y la experiencia personal. Se exploran sus orígenes en la filosofía y la psicología, así como sus contribuciones a la psicoterapia, enfatizando la importancia de la comprensión empática y el significado personal en el tratamiento. Se mencionan figuras clave como E. Husserl, K. Jaspers y V. Frankl, y se discuten métodos como la logoterapia y el psicodrama.

Cargado por

lis.g.psicologa
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
38 vistas17 páginas

Tema 3

El documento aborda las terapias fenomenológicas y humanistas, destacando su enfoque en la vida consciente y la experiencia personal. Se exploran sus orígenes en la filosofía y la psicología, así como sus contribuciones a la psicoterapia, enfatizando la importancia de la comprensión empática y el significado personal en el tratamiento. Se mencionan figuras clave como E. Husserl, K. Jaspers y V. Frankl, y se discuten métodos como la logoterapia y el psicodrama.

Cargado por

lis.g.psicologa
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

En M.T. Miró (en prensa), Lecciones de Psicoterapia.

Tema 3

TERAPIAS FENOMENOLÓGICAS Y HUMANISTAS

3.1. Introducción

Mientras el psicoanálisis puso el foco de atención sobre la vida inconsciente, la


fenomenología va a enfatizar la vida consciente. Otra forma de hacer referencia a la
vida consciente es hablar de la experiencia. En sentido amplio, la experiencia es lo que
nos pasa. Pero lo interesante es que para darnos cuenta de lo que nos pasa, hay que
mirar desde dentro. En otras palabras, ser consciente requiere de un sujeto. Como ya
dijera Agustín de Hipona: “no salgas fuera de ti, vuelve a ti; en el interior del hombre
habita la verdad”. Aunque la dimensión interior del hombre tiene una larga tradición en
el ámbito de la teología cristiana, en la modernidad tardía aparece como un tema
filosófico. Durante el siglo XX, como veremos en este tema, se configura también como
un tema clave, mejor dicho, el tema clave de la Psicoterapia.

Dentro del marco de la Filosofía, el término “fenómeno” fue contrapuesto por I.


Kant al término “noumeno”, que hace referencia a las cosas en sí mismas. La distinción
entre el “noumeno” y el “fenoumeno” servía para enfatizar el hecho de que no podíamos
acceder al conocimiento de las cosas en sí mismas, sino que sólo podíamos conocer las
cosas en cuanto fenómenos, es decir, en cuanto cosas conocidas en nuestra consciencia
y, por tanto, ya estructuradas por ella.

En este tema se revisan enfoques terapéuticos que provienen de la tradición


fenomenológica europea, por un lado, y del fenómeno americano de la psicología
humanista, por otro. Estos enfoques abarcan un amplio espectro y no cuentan con un
hilo conductor común, como sucede con las terapias psicodinámicas que tienen un
origen común en la obra de Freud. Al contrario, en este caso las influencias son
diversas: en algunos casos provienen de la tradición de la fenomenología filosófica
como en el caso de K. Jaspers (psiquiatría fenomenológica), en otros provienen de la
tradición religiosa como en el caso de C. Rogers (terapia centrada en el cliente) o del
propio psicoanálisis como en el caso de F. Perls ( terapia gestalt). Así, los enfoques que
se exponen en este tema son heterogéneos. Pero todos ellos han hecho contribuciones
relevantes a la historia de la psicoterapia y todos ellos comparten algunas

1
En M.T. Miró (en prensa), Lecciones de Psicoterapia.

características, entre las que destacan las siguientes: Mantienen una concepción holista e
integradora del ser humano y se oponen, de manera radical, a las concepciones
reduccionistas y mecanicistas. También comparten un énfasis en los valores integrales
del ser humano como la autonomía, la libertad y la dignidad. En el plano terapéutico,
más que cambiar o corregir disfunciones, se centran en el análisis de los significados
personales y el desarrollo del potencial humano.

3.2. Desarrollo histórico

En este apartado se exponen, a grandes rasgos, el origen y el desarrollo de las


principales perspectivas que configuran el espacio de las terapias fenomenológicas y
humanistas. Estas perspectivas tienen sus orígenes en las primeras décadas del s. XX en
Europa, pero a partir de la mitad del siglo los desarrollos más relevantes tuvieron lugar
en EE.UU.

3.2.1. La Fenomenología

El padre de la Fenomenología moderna fue E. Husserl, matemático y filósofo.


Entendió la Fenomenología como una ciencia que serviría de fundamento a todas las
demás ciencias. Etimológicamente, la palabra fenomenología está formada por dos
términos que provienen del griego: fenómeno, que significa lo que aparece, lo que se
muestra o manifiesta y logos, que equivale a estudio. Así, la fenomenología es el
estudio de los fenómenos tal y como aparecen en la conciencia. Para apreciar la
profundidad de la perspectiva fenomenológica, conviene reflexionar sobre el dualismo
cuerpo-mente, objeto-sujeto o mundo externo-mundo interno que todavía permea el
pensamiento occidental. Por lo general, desde el marco dualista, se tiende a pensar en
los objetos como realidades que pertenecen al mundo externo, que están ahí fuera,
mientras que, aquí dentro, en nuestra mente, en nuestro mundo interno, lo que hay son
percepciones, imágenes, contenidos de conciencia, etc. Esta mentalidad dualista tiende a
ver la realidad como una cuestión de correspondencia entre los objetos de mundo
externo y las imágenes del mundo interno, pasando por alto el hecho de que antes de
que pueda haber una correspondencia, el sujeto está ya en una relación con el mundo.

Nuestro acceso al mundo es pre-reflexivo, como indica la fenomenología. Antes


de que podamos reflexionar, nos encontramos ya viviendo en un mundo. La visión
ingenua y dualista del conocimiento está seriamente cuestionada desde hace más de un
siglo, desde los tiempos de E. Husserl. En realidad, a poco que profundicemos en

2
En M.T. Miró (en prensa), Lecciones de Psicoterapia.

nuestra experiencia nos daremos cuenta de que no tenemos acceso a los objetos (o
cosas) como realidades físicas o como realidades externas, sino que sólo tenemos
acceso a los objetos o cosas tal y como se nos muestran en la conciencia. Por esta razón,
para conocer un fenómeno, es necesario tener en cuenta las estructuras básicas de la
conciencia a través de las cuales éste se manifiesta. Estas estructuras son: la auto-
conciencia, la corporalidad, la espacialidad, la temporalidad y la intersubjetividad. En
síntesis, la fenomenología se ocupa del estudio de los fenómenos desde el punto de vista
de la experiencia vivida, es decir, desde la perspectiva de la primera persona.

Siguiendo la noción de intencionalidad de Brentano, que muestra la naturaleza


activa de todo acto psíquico y pone de manifiesto el hecho de que toda conciencia es
conciencia de algo, Husserl estableció un método de investigación para indagar en las
estructuras de la conciencia. Este método se conoce como epoché (epojé) o reducción
fenomenológica. La idea central de este método es que, para poder observar un objeto
en la conciencia, hay que observarlo con una “mente pura” – por decirlo así. En la
práctica, esto significa que la observación tiene que estar libre de cualquier prejuicio,
teoría o explicación sobre el fenómeno. Seguir este método resulta muy difícil y
requiere un minucioso entrenamiento, igual que sucede en la práctica de la Atención
Plena (o mindfulness).

Históricamente, uno de los principales discípulos de Husserl fue M. Heidegger


que imprimió un sello existencialista a la estructura relacional que la conciencia es, por
medio de la noción de Dasein (ser en el mundo). Abordó temas existenciales como el
significado de la vida, la muerte y la ansiedad existencial, entre otros, que despertaron el
interés de los psiquiatras, como por ejemplo de L. Binswanger. También fue maestro de
Hanna Arendt, una de las filósofas más interesantes, prolíficas e influyentes del s. XX.

3.2.2. La psiquiatría fenomenológica

A principios del s. XX, la perspectiva fenomenológica despertó el interés de los


psiquiatras, porque vieron en esta perspectiva la posibilidad de profundizar en la
investigación de los estados psicopatológicos. Por ejemplo, sabemos que una
alucinación es una percepción sin objeto, pero ¿cómo es la vivencia de una
alucinación?, ¿qué es una alucinación desde el punto de vista del sujeto que la vive?

El autor más relevante en la fenomenología psiquiátrica es K. Jaspers que en


1913 publicó un tratado de Psicopatología General que todavía, un siglo después, sigue

3
En M.T. Miró (en prensa), Lecciones de Psicoterapia.

siendo fuente de inspiración. Jaspers entendía la fenomenología como una ciencia


fundacional para la psicopatología. Su método de investigación consistía en llevar a
cabo una minuciosa descripción de las experiencias de los pacientes, indagando sobre
cómo se sentían los pacientes con sus síntomas, con el fin de empatizar lo más
íntimamente posible con esas experiencias. Jaspers pensaba que la psicopatología como
ciencia se centraba en la idea de que incluso las experiencias anormales tienen
significado y, en consecuencia, no pueden ser exhaustivamente explicadas como una
colección de síntomas. En contraste con la neurología, que correlaciona déficits
concretos con lesiones físicas localizadas, la psicopatología comienza donde la
estructura holística o global del mundo experimentado y del sí mismo sufre un
trastorno. Por ejemplo, en el trastorno depresivo tanto la estructura de la corporalidad
como de la temporalidad están alteradas, de modo que el cuerpo se experimenta como
una carga y el presente como un estancamiento.

T. Fuchs (2010) psiquiatra que en la actualidad sustenta la cátedra K. Jaspers en


la Universidad de Heilderger (Alemania), ha planteado las siguientes preguntas para
ilustrar el tipo de dimensiones que interesan a la fenomenología psiquiátrica:

¿Cómo es para el paciente estar en cierto estado mental, por ejemplo, sentirse
deprimido o escuchar voces?, ¿cuál es el significado personal de ese estado? En otras
palabras, qué es lo que el paciente quiere decir cuando dice, por ejemplo, “me siento
deprimido”. Algunos pacientes utilizan este término para implicar que se sienten tristes,
desilusionados o desesperanzados debido a alguna situación adversa, como en el
episodio depresivo o lo que, en términos clásicos, se denomina depresión reactiva. Sin
embargo, otros pacientes pueden utilizar este término para describir estados en los que
se sienten vacíos o aburridos, como en los pacientes con Trastorno Límite de la
Personalidad. También sentirse deprimido puede significar que se siente incapaz de
sentir, como si hubiera perdido la resonancia afectiva, lo que en términos clásicos se
denomina depresión endógena. Por otro lado, en otros casos, con esta expresión algunos
pacientes pueden estar haciendo referencia a la pérdida de su núcleo de identidad, como
si fueran anónimos o como si no existieran, como en algunas fases de la esquizofrenia.

¿Cómo experimenta el paciente su mundo?, ¿cómo se expresa, se mueve y


define el espacio como un sujeto encarnado o corpóreo?

4
En M.T. Miró (en prensa), Lecciones de Psicoterapia.

¿Cómo experimenta el paciente su tiempo existencial?, ¿tiene un sentido de


continuidad en el tiempo o experimenta lagunas en la autoconciencia?

¿Se siente el paciente como un agente eficaz en el mundo o se siente ajeno al


mundo?

¿Muestra el paciente una tendencia a tomar una perspectiva externa sobre su


propio cuerpo, sus acciones y sobre sí mismo?

¿Cómo es la capacidad del paciente para empatizar con los demás o cambiar de
perspectiva? ¿Cómo es su experiencia de sus relaciones con los demás?

Como resulta fácil imaginar, conocer estas dimensiones resulta crucial para
llevar a cabo un diagnóstico correcto y también para conducir una psicoterapia eficaz.
Así mismo, resultan cruciales para abordar la rehabilitación psicosocial de los pacientes
graves. En todos estos casos, para conocer estas dimensiones, se requiere ir más allá de
los síntomas, situándolos en la comprensión empática del contexto vital de la persona
que los padece. Por estas razones, la perspectiva fenomenológica no sólo sigue estando
vigente, sino que en los últimos años ha resurgido con fuerza en el marco de la
psiquiatría y la psicología clínica, especialmente en el tratamiento y rehabilitación de
pacientes graves.

3.2.3. Logoterapia

La Logoterapia es un sistema terapéutico creado por V. Frankl, un psiquiatra


vienés que en los años 30 dirigía el pabellón de suicidas de un hospital psiquiátrico de
Viena. Cuando el nazismo se extendió por Europa, Frankl y su familia fueron
perseguidos (su mujer, sus padres y su hermano fueron asesinados y él mismo
sobrevivió en un campo de concentración). Estas experiencias marcaron su vida y le
ayudaron a construir una poderosa concepción terapéutica. Frankl contó sus
experiencias en un libro que se ha convertido en un texto clásico, muy leído y
recomendable, El hombre en busca de sentido. La idea central de la logoterapia es que
“la vida es potencialmente significativa hasta el último momento, hasta el último
suspiro, debido a que se puede extraer significado hasta del sufrimiento” (Frankl, 1985,
pág. 298). En el campo de concentración, observó que aquellas personas que podían
darle algún sentido a las experiencias que estaban viviendo tenían más probabilidades
de sobrevivir que los que no encontraban sentido y caían en un vacío existencial. Frankl

5
En M.T. Miró (en prensa), Lecciones de Psicoterapia.

acuñó el término de “neurosis noogena” para hacer referencia a la neurosis que se


origina en la pérdida de sentido existencial, en la pérdida de significado. Opina que la
mayor parte de la neurosis que se experimenta en las sociedades industrializadas y
consumistas son de este tipo. La tarea del terapeuta es ayudar al paciente a encontrar
sentido o significado en su vida. Para ello, el terapeuta utiliza un conjunto de recursos
técnicos, tales como dialogar con el paciente al modo socrático para cuestionar sus
interpretaciones, o ayudarle a redirigir su atención de modo que no preste una atención
inadecuada al síntoma (des-reflexión), o la intención paradójica, en la que se anima al
paciente a intensificar su síntoma, de modo que se crea un nuevo contexto para su
aparición, ya que si el paciente puede intensificarlo o hacerlo aparecer, el síntoma queda
bajo su control y no al revés. Muchas de las técnicas terapéuticas descritas por él, fueron
incorporadas en sistemas terapéuticos como las terapias cognitivas o las terapias
sistémicas.

Cuando fue liberado del campo de concentración, Frankl emigró a EE.UU.


donde desarrolló sus teorías, escribió numerosos libros y se convirtió en una figura de
referencia dentro del movimiento humanista. Como indican las palabras que eligió para
nombrar su enfoque, logoterapia o neurosis noogena que derivan de términos griegos,
su enfoque se fundamenta en una concepción clásica de la salud y del sentido de la vida
humana.

3.2.4. El psicodrama

El psicodrama es un sistema terapéutico creado por J. Moreno, psiquiatra vienés


muy aficionado al teatro y a la literatura. Durante la década de los años 30 del siglo
pasado, emigró a EE.UU., donde trabajó en instituciones psiquiátricas y cárceles. Su
enfoque llegó a ser muy popular. Sus aportaciones a la psicoterapia son notables y
abarcan un amplio espectro. Se le considera iniciador de la terapia de grupos. La idea
central del psicodrama es que los conflictos internos que vive el paciente pueden
representarse, como si se estuviera en un teatro, con la ayuda de los miembros del
grupo. Éstos se transforman en actores que pueden representar figuras relevantes de la
vida del paciente o partes en conflicto del propio paciente, que se convierte en el
protagonista. El terapeuta tiene el rol de director de escena. La noción terapéutica clave

6
En M.T. Miró (en prensa), Lecciones de Psicoterapia.

en el psicodrama es la noción de catarsis. Moreno pensaba que toda verdadera


repetición nos libera del episodio original.

Además del psicodrama, se considera que Moreno introdujo la noción de


encuentro en el ámbito terapéutico, que fue recogida y adaptada por la psicología
humanista. También enfatizó la vivencia del presente en el aquí y ahora. Y creó
técnicas o recursos terapéuticos, como la silla vacía (para trabajar un conflicto con una
persona ausente) el diálogo de las dos sillas (para trabajar conflictos con dos partes
diferenciadas de uno/a mismo/a) o el juego de roles, que fueron recogidos y adaptados
por otros enfoques dentro de las terapias humanistas e incluso en la terapia de conducta.

3.2.5. Las terapias corporales y energéticas

W. Reich, que inicialmente fue discípulo de Freud, desarrolló un enfoque que


concebía los conflictos como bloqueos energéticos localizados en el cuerpo. Emigró a
EE.UU. y desarrolló una forma de análisis del carácter a partir del estudio del cuerpo,
que fue ignorada o activamente criticada por los psicoanalistas ortodoxos. Aunque más
tarde evolucionó hacía planteamientos marginales como la “orgonterapia”, su idea
central de que los conflictos se manifiestan en el cuerpo contó con numerosos
seguidores que desarrollaron recursos para “romper” los bloqueos corporales. En este
sentido, uno de los planteamientos más seguidos por el movimiento de la psicología
humanista fue la bioenergética (A. Lowen), que podía practicarse en grupo en talleres de
fin de semana. Consistía en llevar a cabo una serie de ejercicios corporales para liberar
la energía constreñida, limitando el diálogo verbal. La reivindicación del cuerpo como
elemento esencial de la identidad es característica de todas las terapias corporales. Se
postula que el cuerpo tiene su propia dinámica, que expresa el ser del individuo a través
de sus gestos, movimientos, posturas, etc. Así mismo, se sostiene que existe una
memoria corpórea. Por todo ello, conviene analizar los bloqueos y rigideces corporales
como forma de acceder al estado conflictivo de la persona. Durante los años 60 y 70 del
siglo pasado, la bioenergética se hizo muy popular en EE.UU.

En la actualidad, los modelos psicoterapéuticos que enfatizan la conciencia


corpórea han experimentado un resurgimiento, especialmente en el marco del
tratamiento del estrés post-traumático. El cuerpo lleva la cuenta es el expresivo título
del texto de B. van der Kolk, uno de los mayores especialistas en el tratamiento del
trauma hoy por hoy.

7
En M.T. Miró (en prensa), Lecciones de Psicoterapia.

3.2.6. La formación del movimiento humanista

Mientras la fenomenología, incluyendo el existencialismo, son fenómenos


europeos de la primera mitad del s. XX, la psicología humanista se organizó como un
movimiento en EE.UU. durante los años 60. Entre sus antecedentes americanos se suele
citar la visión pragmática de W. James y J. Dewey que enfatizaba una visión del ser
humano como activo, volitivo y social. También hay que tener presente la influencia de
importantes figuras de las terapias psicodinámicas como A. Adler, K. Horney y E.
Fromm, así como los filósofos P. Tillich y M. Buber. Todos ellos de origen europeo,
pero afincados en EE.UU., fueron influencias notables en el pensamiento de A. Maslow,
uno de los autores clave de la psicología humanista. No obstante, el antecedente más
importante de la psicología humanista es la escuela de la Gestalt, con su énfasis en la
concepción del ser humano como una Gestalt, una totalidad. K. Goldstein en su obra El
organismo, publicada en inglés en 1939, expuso la concepción del organismo como una
totalidad que tiende hacia la auto-realización. El ser humano contiene en sí mismo un
potencial inherente que debe ser realizado o actualizado, de un modo similar a una
semilla que contiene en sí misma el potencial de convertirse en árbol. En último
término, estas nociones suponen una actualización del pensamiento aristotélico.

En los años 30 las obras de G. Allport y H. Murray abordan el tema de las


necesidades humanas, en oposición a la mentalidad conductista. Una década más tarde,
aparecen las primeras aportaciones terapéuticas de C. Rogers, así como las primeras
propuestas de A. Maslow sobre la motivación humana. Pero no es hasta los años 50 que
estas propuestas cobran fuerza. En 1951, C. Rogers publica su propuesta de una
Psicoterapia centrada en el cliente, sobre la que volveremos más tarde. En 1954,
Maslow publica su influyente obra Motivación y Personalidad, en la que propone una
concepción jerárquica de las necesidades humanas en cinco categorías, en la base de la
pirámide se encuentran las necesidades fisiológicas, a continuación, las necesidades de
seguridad, de amor y pertenencia, de estima y en la cúspide sitúa la auto-realización.

En 1961 se constituye la American Association of Humanistic Psychology


(AAHP) y se publica la revista Journal of Humanistic Psychology. Un año más tarde J.
Bugental, un psicoterapeuta existencialista, presenta el primer manifiesto humanista en
la American Psychological Association (APA). En las conferencias que organizan y a
las que acuden psicólogos como Allport, Murray, Kelly, Rogers, Maslow o May, se
experimenta un clima de insatisfacción tanto con la psicología académica (conductismo)
8
En M.T. Miró (en prensa), Lecciones de Psicoterapia.

como con la visión psicoanalista. La psicología humanista se presentaba a sí misma


como la tercera vía entre el conductismo y el psicoanálisis, que representaban
concepciones reduccionistas del ser humano. Durante los años 60, la psicología
humanista fue creciendo en popularidad, al abrigo del clima inconformista y de
reivindicación de los valores humanos que se produjo en estos años. Se trata de la época
de la oposición a la guerra del Vietnam, la revolución del movimiento hippy, la lucha
contra la segregación racial, así como contra la desigualdad de las mujeres. También es
la época en la que la TV se introdujo en los hogares y el marketing y la publicidad
adquirieron nuevas dimensiones de manipulación de los deseos y la atención.

En la década de los años 70, la AAHP fue aceptada como una división dentro de
la APA. Se amplió su ámbito de influencia en el plano internacional, extendiéndose por
Europa, India, Japón e Israel con la formación de diversas asociaciones.

3.3. Marco conceptual

En la declaración programática con la que se constituyó la AAHP, se


presentaban cuatro nociones centrales, que sirvieron de elementos de consenso entre
modelos terapéuticos que, en la práctica, resultan heterogéneos entre sí. A continuación,
exponemos estos elementos de consenso, primero, y después centraremos la exposición
en los modelos terapéuticos de Rogers y de Perls.

La concepción del ser humano que se quiso transmitir a través de la psicología


humanista enfatizaba los siguientes aspectos:

El ser humano es autónomo y, a la vez, socialmente responsable. Que es


autónomo significa que tiene la capacidad para dirigir su propio desarrollo, tomando
decisiones y aceptando responsabilidades. Esta autonomía no se concibe de un modo
individualista o egoísta, sino de un modo que resulta complementario a la
responsabilidad ante uno/a mismo/a y ante los demás.

La acción humana es intencional y busca tener sentido, de modo que los valores
tales como la libertad, la justicia, la dignidad, etc. son poderosas fuentes de motivación
humana, más allá de las necesidades fisiológicas o materiales.

El ser humano se concibe como una Gestalt, un conjunto integrado en el que el


pensamiento, el sentimiento y la acción forman un todo orgánico y unitario.

9
En M.T. Miró (en prensa), Lecciones de Psicoterapia.

El ser humano posee un impulso inherente hacia la auto-realización que le lleva


al crecimiento y la diferenciación.

No obstante, cabe pensar que esta noción de auto-realización en el contexto de


los años sesenta, funcionó como lo que se conoce en sociología como una categoría
social negativa, porque el efecto pragmático que tiene el oír hablar de auto-realización y
de personas realizadas –la cúspide de la jerarquía de Maslow- conduce a darse cuenta de
que uno/a no está realizado. A continuación, surge el deseo de auto-realizarse. De este
modo, el “mercado” de la psicoterapia se extendió considerablemente. Gracias a la
psicología humanista, la psicoterapia se democratizó, es decir, se convirtió en algo para
todo el mundo. No hacía falta padecer un trastorno psicológico. Se trataba simplemente
de sentirse algo enredado con uno/a mismo/a y de buscar el desarrollo del propio
potencial para llegar a la auto-realización.

Teniendo presente, la historia de la psicología humanista, resulta fácil ver que la


corriente actual de la psicología positiva ha bebido en las fuentes del humanismo
psicológico. Se ha hecho con la noción de felicidad lo mismo que se hizo en los años
setenta con la noción de auto-realización; esto es, convertirlo en un objetivo concreto,
para vender libros de auto-ayuda con títulos como Ahora te toca ser feliz, disfruta del
presente y haz que llegue todo lo bueno, entre otros miles. En la actualidad, el género
literario de la auto-ayuda es una verdadera industria editorial, por medio de la cual se
trasmiten banalidades que, no obstante, alimentan el imaginario colectivo y contribuyen
poderosamente a que las personas se sientan inadecuadas o incompletas, si carecen de
aquello que el autor de turno les está intentando vender.

3.3.1. La psicoterapia centrada en el cliente de C. Rogers

C.R. Rogers (1902-1987) es una personalidad destacada dentro del campo de la


psicoterapia y su influencia trasciende el ámbito de la psicología humanista. Rogers fue
educado en el ámbito rural en el seno de una familia muy devota de la religión
protestante. Después de estudiar teología, realizó un doctorado en Psicología en la
Universidad de Columbia en Nueva York y comenzó a trabajar como psicólogo en un
centro como orientador infantil. En esta ciudad conoció e hizo un curso con O. Rank,
que había sido secretario de Freud y del que aprendió la respuesta de reflejo empático
que será su principal herramienta terapéutica. Publicó la primera formulación de su
enfoque en el año 1939 y posteriormente en 1942, siendo ya catedrático en la

10
En M.T. Miró (en prensa), Lecciones de Psicoterapia.

Universidad de Ohio, donde llevó a cabo las investigaciones más relevantes sobre el
proceso terapéutico. Fue el primero en introducir las audio-grabaciones de las sesiones
terapéuticas como forma de recoger datos para la investigación.

A lo largo de su obra, fue fundamentando su concepción de la personalidad y del


proceso terapéutico, pero los ingredientes fundamentales se encuentran ya establecidos
desde el inicio. La idea de que el terapeuta debe ser no-directivo se fundamenta en la
confianza radical de Rogers en el cliente como un ser capaz de conocer y desarrollar su
propio camino. Propuso que, si el terapeuta ofrecía en la sesión las condiciones
necesarias y suficientes para el cambio terapéutico, éste sucedería por sí mismo. Tal era
su confianza en estas condiciones que llevó a cabo una investigación en la que proponía
que incluso con pacientes esquizofrénicos graves hospitalizados, estas condiciones
permitirían el desarrollo personal. Los resultados, sin embargo, no confirmaron sus
hipótesis. Hacía el final de su carrera, Rogers escribió para el público en general
afirmando que cualquier persona podría beneficiarse de los conocimientos desarrollados
en el campo de la psicoterapia.

Desde el punto de vista teórico, el sistema terapéutico de Rogers se asienta en la


confianza radical en el paciente, como hemos visto. A su vez, esta confianza radical en
el cliente se asienta sobre la idea de que el mundo personal se construye a partir de los
sentimientos. Éstos proporcionan una evidencia orgánica que define la realidad de la
persona. Los sentimientos siempre son lo que son; en otras palabras, no mienten. Pero, a
partir de la interacción con los demás, la persona se forma una imagen consciente de sí
misma (self) que puede estar distorsionada. Cuando la imagen consciente de sí mismo/a
discrepa del proceso de valoración orgánico y personal, se producen desajustes
psicológicos. En consecuencia, la psicoterapia centrada en el cliente se dirige a facilitar
la emergencia de una imagen de sí mismo/a congruente con la experiencia o evidencia
orgánica personal, la experiencia realmente vivida.

La teoría de la personalidad de Rogers se asienta sobre los conceptos expuestos:


el sí mismo/a y el organismo. Considera que la persona es capaz de dirigirse a sí misma
y tiene la capacidad para manejar de forma constructiva todos los aspectos de su vida
que puede reconocer en la conciencia. El crecimiento o desarrollo de la persona implica
dos procesos: por un lado, la tendencia a la actualización, que supone un sistema de
motivación unificado y, por otro, el proceso de evaluación de la experiencia. El origen
del sufrimiento o la inadaptación psicológica reside en perturbaciones del sistema de
11
En M.T. Miró (en prensa), Lecciones de Psicoterapia.

evaluación de la experiencia, debido a influencias exteriores. Para que pueda cambiar,


es necesario que perciba y evalúe de un modo adecuado su experiencia vivida. La
comprensión empática del terapeuta, le ayuda al cliente a reconocer la realidad de la
experiencia vivida. Así mismo, la consideración positiva incondicional del terapeuta,
ayuda al paciente a reducir las defensas y a aumentar la aceptación de sí mismo/a.

La relación terapéutica es el vehículo imprescindible para el cambio terapéutico.


Hacía el final de su carrera, Rogers afirmó que el ingrediente terapéutico más
importante es la relación de persona a persona que se establece entre cliente y terapeuta.
En esta relación, lo que resulta determinante son las actitudes que toma el terapeuta.
Rogers formuló lo que consideraba las condiciones necesarias y suficientes para el
cambio terapéutico como actitudes del terapeuta. Éstas son las siguientes:

Consideración positiva incondicional: También podría denominarse aceptación


radical, ya que supone una actitud de respeto y aceptación total de las vivencias y
sentimientos del cliente. Éste debe sentir que todo aquello que sienta o exprese será
aceptado por el terapeuta. Esto no significa que el terapeuta deba compartir o estar de
acuerdo con los sentimientos u opiniones del cliente; se trata de que acepte que lo que el
cliente expresa forma parte de su experiencia vivida.

Empatía: Requiere la capacidad de entrar en el mundo del cliente y comprender


como éste lo vive, así como comunicar dicha comprensión. Cuando el terapeuta refleja
o devuelve al cliente la comprensión de sus vivencias, facilita que éste sea capaz de
integrarlas en su experiencia. También facilita que éste se sienta comprendido.

Congruencia: Esta actitud también se denomina autenticidad. Significa que debe


existir congruencia entre lo que el terapeuta dice, hace y siente; de forma que si el
terapeuta siente que no puede empatizar con el cliente por algo que este ha dicho, debe
comunicarlo y compartirlo; de otro modo, estaría siendo incongruente, en el sentido de
que estaría sintiendo una cosa y mostrando otra.

Estas condiciones para el cambio terapéutico han sido aceptadas por casi todos
los enfoques terapéuticos como condiciones necesarias. Pero no todos los enfoques
creen que sean suficientes. La investigación tampoco lo corrobora.

3.3.2. La psicoterapia Gestalt de Fritz y Laura Perls

12
En M.T. Miró (en prensa), Lecciones de Psicoterapia.

La Psicoterapia Gestalt fue creada por Fritz Perls (1893-1970) y su mujer Laura
Perls (1905-1990). Fritz Perls nació en Berlín y se formó como psiquiatra y
psicoanalista. Fue analizado por K. Horney y también por W. Reich. Después trabajó en
el Instituto de Psicología de Frankfurt, donde conoció a la que sería su mujer y co-
autora de sus textos y enfoque terapéutico, Laura Perls. Eran de origen judío y se habían
significado en la lucha antifascista y tuvieron que huir de Alemania, refugiándose en
primer lugar en Johannesburgo (Sudafrica) y más tarde en Nueva York en EE.UU. En
1952, los Perls abrieron el primer instituto de Terapia Gestalt en Nueva York. Más
tarde, Fritz se trasladó a California, pasando a enseñar en el Instituto Esalen, que es uno
de los centros emblemáticos en los que se transmitieron las ideas y terapias humanistas.

Al principio de su carrera, Perls se sitúa en el círculo de influencia del


psicoanálisis. Pero fue incorporando ideas tanto de la noción del organismo como
Gestalt de K. Goldstein, como de sus maestros K. Horney y W. Reich e incluso de J.
Moreno, para crear un enfoque distinto del psicoanálisis. El énfasis principal del trabajo
terapéutico en este enfoque se sitúa en facilitar la toma de conciencia o el darse cuenta
del paciente en el aquí y ahora de la sesión; se presta mucha importancia a la
congruencia entre lo que se expresa verbalmente y lo que se expresa no-verbalmente,
con los gestos y la postura corporal. A partir de los años sesenta, la terapia Gestalt se
hizo muy popular y se extendió a Europa y Canadá, entre otros lugares.

Desde el punto de vista teórico, se concibe la existencia de la persona como una


Gestalt, es decir, impregnada de una tendencia natural a completar su existencia, de
modo análogo a la idea de auto-realización. Este impulso hacia el completamiento, no
obstante, puede malograrse produciendo una Gestalt incompleta o desajustada; esto es,
un proceso de alienación en el que se niegan o distorsionan las necesidades o deseos
legítimos. Una persona insatisfecha continúa elaborando los asuntos inacabados o
inconclusos del pasado en su mente, de modo que no puede estar plenamente presente
en el aquí y ahora de su experiencia. En la terapia, se enfatiza el trabajo en el presente,
en la sesión se evita que la persona se refugie en el pasado. También se prima el trabajo
con la toma de conciencia y la aceptación de la experiencia, trascendiendo los discursos
intelectuales o las interpretaciones.

La persona se entiende como un conjunto de polaridades. Pero algunos polos


pueden despertar temor, de modo que se bloquean o se generan defensas. Para facilitar
el crecimiento y la integración, se considera necesario que la persona pueda establecer
13
En M.T. Miró (en prensa), Lecciones de Psicoterapia.

contacto con las polaridades bloqueadas, viviéndolas plenamente y explorando sus


opuestos. Esta exploración tiene lugar en el espacio de la sesión terapéutica, que puede
ser individual o grupal. Como ya se ha indicado, para facilitar el trabajo con la toma de
conciencia, se propone que las personas se expresen en el tiempo presente. Por ejemplo:
¿de qué tiene conciencia en este momento?, ¿qué está pasando ahora?, ¿qué está
sintiendo en este instante? La terapia Gestalt ha generado muchos otros recursos para
mantener el contacto con el tiempo presente. Algunos de estos recursos pueden resultar
artificiosos, pero cumplen la función de sustraer a la persona del diálogo verbal y de lo
que se consideran las defensas habituales. Entre ellos destacan los siguientes:

Sustituir los “por qué” por “cómo”. Este es un recurso muy útil e interesante. La
pregunta por el “por qué” conduce a la búsqueda de teorías o interpretaciones, mientras
que la pregunta por “cómo” suele conducir a observar procesos concretos. Por ejemplo,
imaginemos que un paciente siente mucha ansiedad y se pregunta por qué la siente. En
función de su orientación y formación, puede generar todo tipo de teorías, desde el
castigo divino, a su constitución física, su disposición genética, incluso pensar que
alguien le hizo vudú no deja de ser una respuesta a la búsqueda de causas a la pregunta
de por qué me pasa lo que me pasa. Aunque relevantes, este tipo de explicaciones tienen
un impacto terapéutico muy limitado. En cambio, si la pregunta es “cómo” siente la
ansiedad, se dirige al paciente a observar, por un lado, las ocasiones concretas en las que
siente ansiedad y, por otro, a observar de qué está hecha la ansiedad que siente, cómo es
su vivencia, siente palpitaciones, sudores, temblores, miedo a morir, etc. Esta
orientación hacia la observación del síntoma a medida que sucede, resulta terapéutica en
la mayoría de los casos.

Otro recurso para permanecer en el presente consiste en pedirle a la persona que


“permanezca en la emoción en la que se encuentra” y que observe qué es lo que sucede
cuando no hace nada por evitarla o transformarla. También se estimula la permanencia
en el presente cuando se pide que un movimiento o un gesto se haga más lentamente o
que se repita. Todos estos recursos son formas de ayudar a la persona a entrar en
contacto y tomar consciencia con la experiencia vivida.

3.4. Otros recursos técnicos

Las terapias humanistas generaron muchos recursos técnicos al incluir la


dramatización, la expresión corporal y el trabajo con la fantasía como formas de acceder

14
En M.T. Miró (en prensa), Lecciones de Psicoterapia.

al material terapéuticamente relevante, en función de la teoría seguida. En casi todos los


casos estos recursos se utilizan para acceder a emociones no aceptadas o no reconocidas
plenamente en la conciencia. No es lo mismo narrar una experiencia que actuarla, como
J. Moreno estableció. En el segundo caso, la probabilidad de acceder a las emociones
bloqueadas es mayor.

Las terapias humanistas, en general, no han contribuido a la evaluación


minuciosa, ni tampoco al diagnóstico del paciente en términos psicopatológicos, aunque
han distinguido entre trastornos neuróticos versus psicóticos, y se han centrado en los
primeros. Este rechazo a mirar al paciente en términos psicopatológicos resulta
comprensible si se piensa, como pensaba Rogers, que el cliente es el único que puede
conocer a fondo la dinámica de sus percepciones y de su conducta. En términos de
criterios de éxito terapéutico, los terapeutas humanistas han tendido a utilizar términos
abstractos, tales como auto-actualización, crecimiento, autenticidad, etc., que resultan
difíciles de medir. No obstante, en la escuela de Rogers se diseñaron medidas para
medir el avance en el proceso terapéutico y también para medir la congruencia entre el
sí mismo real versus el sí mismo ideal. Rogers también definió el ajuste psicológico en
términos de apertura total a la experiencia, con una organización fluida y cambiante,
capaz de adaptarse flexiblemente a las situaciones cambiantes de la vida.

Gran parte de los ejercicios desarrollados por los enfoques humanistas se


llevaban a cabo en grupo, en talleres de fin de semana. En el contexto de la época, esto
dio lugar a una creciente proliferación de enfoques que se extendieron entre la
población como formas de auto-exploración o de desarrollo personal. A mediados de los
años 60, el sociólogo americano P. Rieff llevó a cabo un estudio en el que ilustraba la
expansión de la terapia psicológica. Sostenía la tesis de que el homo religiosus de la
pre-modernidad había dejado paso al homo psicologicus de la post-modernidad.
Recogió estos estudios en un texto que tituló “El triunfo de lo terapéutico”.

Uno de los enfoques actuales que se ha reconocido como heredero de las terapias
humanistas de Rogers y Perls es la terapia focalizada en las emociones desarrollada por
L. Greenberg y L. Beutler, entre otros.

3.5. Valoración crítica

15
En M.T. Miró (en prensa), Lecciones de Psicoterapia.

La psicología y las terapias humanistas han sido fenómenos genuinamente


americanos que surgieron en un contexto socio-histórico concreto. Por un lado, la
economía se hacía cada vez más consumista y el marketing y la publicidad se centraba
en generar nuevas necesidades y nuevos deseos. Por otro lado, existían poderosos
movimientos sociales que pedían la igualdad racial, así como la igualdad de género. A
la vez, hacía la mitad del siglo XX, las ideas psicoanalistas habían penetrado en las
capas populares, especialmente el potencial patológico de la represión. Se había creado
un contexto para la búsqueda de libertad y en especial la liberación de las restricciones
sexuales, como en el movimiento hippy. Pero el psicoanálisis seguía siendo muy elitista
y sólo era accesible a unos pocos. En este marco, las psicoterapias humanistas se
constituyeron como una vía a través de la cual la psicoterapia se popularizó y se
democratizó.

Desde el punto de vista técnico, las terapias humanistas han aportado un


verdadero arsenal de recursos, muchos de los cuales han sido adoptados por otros
enfoques. Desde el punto de vista teórico, sin embargo, estas terapias carecen de una
articulación coherente con la psicología científica. Entre otras razones, porque la
psicología científica hasta hace unos pocos años no ha considerado el tema de la
conciencia como un tema legítimo de estudio científico, en consecuencia, los terapeutas
humanistas del pasado sentían que la psicología científica tenía poco que ofrecerles,
pues se centraba en poco menos que el estudio de la conducta de los zombis.

Por otro lado, la fenomenología y las terapias fenomenológicas, como ya


indicamos, están experimentando un resurgimiento importante en la actualidad,
especialmente en el tratamiento de los pacientes graves. Este punto de vista también ha
despertado el interés de algunas versiones actuales de la Terapia de Conducta, como la
Terapia de Aceptación y Compromiso, que ha incorporado a su planteamiento muchas
de las reivindicaciones de los humanistas, como la importancia de los valores, etc. Con
el desarrollo actual de las neurociencias y el estudio científico de la conciencia, cabe
esperar que las terapias fenomenológicas experimenten una expansión considerable en
el futuro. Las dimensiones clásicas de la auto-conciencia, la corporalidad, el sentido del
tiempo y del espacio, así como la intersubjetividad, se encuentran en el punto de mira de
la investigación actual, a medida que aprendemos a navegar por el mundo virtual que
supone una alteración fundamental de tales dimensiones.

16
En M.T. Miró (en prensa), Lecciones de Psicoterapia.

Recomendaciones:

- Carl Rogers entrevista a Gloria. Video de You Tube


- Fritz Perls entrevista a Gloria. Video de You Tube
- Partes 2 y 3 de The century of the self. Video de You Tube.

17

También podría gustarte