RESISTENCIA Antimicrobiana
y sus afectaciones en la
salud mundial
La resistencia antimicrobiana es la habilidad de ciertos microorganismos para sobrevivir
a los antibióticos, y puede ser natural o adquirida. La ONU advierte que la resistencia
bacteriana es una de las mayores amenazas para la salud mundial, afectando el desarrollo
humano y otros sectores como la economía, turismo y migración. Hay tres tipos de
infecciones relacionadas con esta resistencia: infecciones por Enterobacteriaceae,
infecciones por Acinetobacter spp. , donde los antibióticos recientes no son efectivos contra
las cepas resistentes, y otras infecciones graves como Pseudomonas aeruginosa, que pueden
ser mortales. La OMS alerta que si no se toman acciones hoy, la resistencia a los
antimicrobianos podría causar 10 millones de muertes anuales para 2050 y afectar
negativamente el PIB de algunos países.
En 2015, se lanzó el Plan de Acción Global 2015 y el Sistema Global de Vigilancia para
abordar esta cuestión, aunque México no presentó sus avances en 2019 en la Asamblea
Mundial de la Salud. El Plan incluye cinco objetivos enfocados en mejorar el conocimiento y
la vigilancia. Estados Unidos participa en el Sistema Global de Vigilancia de Resistencia
Antimicrobiana (GLASS) y sus CDC analizan infecciones relacionadas con la atención médica,
asegurando la calidad de los datos recogidos. La OMS también recopila información estándar
sobre la resistencia antimicrobiana y ha promovido planes nacionales y programas de
vigilancia desde 2011.
La investigación sobre resistencia microbiana a los antibióticos se lleva a cabo en redes
de laboratorios y asociaciones en distintos niveles. Estas redes generan información sobre
sujetos afectados, hospitales, antibióticos utilizados, y otros datos. Facilitan mejores
acciones para la prevención y control. La Red Latinoamericana de Vigilancia de la Resistencia
a los Antimicrobianos (ReLAVRA), creada en 1996 con apoyo de la Organización
Panamericana de la Salud, busca obtener datos microbiológicos confiables para mejorar la
atención del paciente. La primera red en México fue de la Asociación Mexicana de
Infectología y Microbiología Clínica, que funcionó de 1997 a 2000. Se han registrado 700 mil
casos de resistencia antimicrobiana, superando a los casos de cáncer, cólera, diabetes y
diarrea. Este problema requiere una inversión de entre el 2 y el 3. 5% del producto interno
bruto. Si no se toman acciones para el 2050, se prevé que las muertes podrían superar los 10
millones al año.
La resistencia antimicrobiana tiene dos orígenes: la selección artificial debido al mal uso
de antibióticos, que favorece la aparición de cepas resistentes, y la selección natural, donde
se produce la transferencia de genes que incrementa las bacterias resistentes. En Estados
Unidos, los CDC indican que es fundamental prevenir y detectar la resistencia bacteriana de
forma temprana. Así, la identificación, control y monitoreo son acciones clave para detener
su propagación. A pesar de los ejemplos de cómo se difundió la resistencia antimicrobiana en
entornos como el hospitalario y comunitario, es esencial profundizar en la investigación en
estas áreas y tener un mejor entendimiento de la situación. Los reportes revelan que hay
resistencia a nuevos antibióticos, como el linezolid, que mostrando resistencia apenas un año
después de su lanzamiento.
La OMS propone un plan de acción que enfatiza hacer conciencia sobre el problema,
reforzar el conocimiento y reducir infecciones a través de prácticas preventivas como
adecuada higiene y uso responsable de antimicrobianos. Este plan incluye mejorar la
comprensión de la resistencia a niveles locales y nacionales, vigilancia de la incidencia,
optimización del uso de antibióticos y desarrollo de medidas de contención. Los
microbiólogos juegan un papel crucial al educar al personal de salud y realizar estudios sobre
mecanismos de resistencia. Los usuarios de la información deben tener claro cómo mejorar el
uso de la información. Esto incluye entender cómo medir tendencias regionales de
resistencia, establecer prioridades y crear estrategias globales, así como asegurar que se
presenten informes y se implementen en hospitales y comunidades.
Algunas medidas ya están reguladas, como las pruebas de sensibilidad de antibióticos. Se
mencionan niveles de vigilancia que pueden ayudar a decidir el tratamiento empírico y el uso
de antibióticos. La ReLAVRA apoya los estándares de la OMS y recomienda higienes efectivas
y medidas de control. Los microbiólogos pueden ayudar en la identificación de muestras
clínicas y la realización de cultivos y pruebas de sensibilidad, así como en la vigilancia y
evaluación de brotes. Se destaca la importancia de un uso adecuado de antimicrobianos y
diagnósticos precisos. Además, es esencial realizar estudios sobre resistencia en poblaciones
animales y asegurar la sostenibilidad de evaluaciones mediante investigación y financiación,
lo que beneficiará a los pacientes.
La resistencia antimicrobiana es un problema global de salud pública que está
relacionado con el uso de antimicrobianos por humanos y animales. Este tema se aborda
desde un enfoque multisectorial llamado Una Salud, que incluye a la OMS y otras
organizaciones. Las infecciones más graves en humanos son causadas por un grupo de
bacterias resistentes a los antibióticos conocido como ESKAPE. Este grupo, que incluye seis
bacterias, causa enfermedades infecciosas serias y tiene mecanismos de resistencia muy
desarrollados. Estas bacterias representan una amenaza crítica para la salud, ya que son
responsables de un alto porcentaje de infecciones adquiridas en hospitales y crean dilemas
en el tratamiento médico.