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Intervención Social en Territorios Rurales

El documento describe un curso de Trabajo Social en línea centrado en la intervención comunitaria en contextos rurales, con un enfoque en la caracterización del territorio como espacio de intervención social. Se enfatiza la importancia de comprender la complejidad del contexto social y la necesidad de adoptar un enfoque integral y multidimensional en la intervención social. Además, se presentan conceptos clave sobre la territorialización y la construcción de territorios, destacando la interacción entre diferentes agentes sociales y la conflictividad inherente a los territorios.
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Intervención Social en Territorios Rurales

El documento describe un curso de Trabajo Social en línea centrado en la intervención comunitaria en contextos rurales, con un enfoque en la caracterización del territorio como espacio de intervención social. Se enfatiza la importancia de comprender la complejidad del contexto social y la necesidad de adoptar un enfoque integral y multidimensional en la intervención social. Además, se presentan conceptos clave sobre la territorialización y la construcción de territorios, destacando la interacción entre diferentes agentes sociales y la conflictividad inherente a los territorios.
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TRABAJO SOCIAL EN LÍNEA

TALLER RURAL
3 créditos

Profesor Autor:

Lcdo. Luis Rúa Sanchez, Mgtr.

Titulaciones Semestre

• TALLER RURAL Quinto

Tutorías: El profesor asignado se publicará en el entorno virtual de aprendizaje


[Link]), y sus horarios de conferencias se indicarán en la sección
Cronograma de Actividades

PERÍODO OCTUBRE 2024 – ENERO / 2025


Índice

Tabla de contenido
Resultado de aprendizaje de la asignatura ...................................................................... 2

Introducción ..................................................................................................................... 2

Unidad 1: Caracterización de territorio como espacio de intervención social: génesis y


características. ................................................................................................................. 4

Ejes temáticos ................................................................................................................. 4

Tema 1. Génesis de taller de intervención ....................................................................... 5

Caracterización del territorio social ............................................................................. 12

Implementación de la propuesta de intervención comunitaria ..................................... 16

Evaluación, validación y/o reformulación del modelo de intervención ......................... 17

Tema 2: Generalidades del territorio .............................................................................. 18

2.1 Territorialización de lo social, cambios de la acción pública en la intervención. .... 22

2.2. La gestión diferenciada de los individuos y el territorio ..................................... 27

2.3. La constitución de un desarrollo social local. .................................................... 33

Bibliografía ..................................................................................................................... 37

1
Resultado de aprendizaje de la asignatura

Potenciar procesos de intervención con la comunidad rural mediante la aplicabilidad de


modelos, métodos y técnicas de Trabajo Social para el conocimiento de la realidad social,
económica, cultural y medioambiental de contextos específicos en el sector rural.

Introducción

En la introducción del manual para el Trabajo Social Comunitario, Nieves Lillo Herranz y
Elena Roselló Nadal (2010) aseguran que, El Trabajo Social Comunitario constituye uno
de los niveles de intervención del Trabajo Social que ofrece un conjunto importante de
excelencias, no sólo desde la perspectiva de la propia disciplina sino también, desde la
perspectiva del profesional que le da vida. Varias son las razones de esta concepción
positiva. En primer lugar, la intervención comunitaria supone necesariamente trabajar
desde los tres niveles de acción: la comunidad engloba a los distintos grupos que, a su
vez, son configurados por distintas personas, sujetos de la intervención en sí. En segundo
lugar, la eficacia del Trabajo Social Comunitario implica, en su esencia, la implementación
de programas integrales de acción, lo que a su vez admite invertir en interdisciplinariedad,
Inter institucionalidad, interáreas... que enriquecen y hacen viable la consecución de los
objetivos de esta intervención colectiva.

Comenzamos por su concepción específica para centrarnos posteriormente en su objeto


(siempre en la doble consideración de objeto-sujeto) para que, desde estos
planteamientos iniciales, proponer el conjunto de modelos metodológicos aplicables a
este ámbito, desarrollando de entrada el proceso básico de procedimiento desde la
especificidad de lo colectivo, para complementarlo con otros modelos metodológicos que
lo enriquecen y complementan, añadiendo, así mismo, un muestrario de técnicas e

2
instrumentos de intervención utilizables en este terreno de lo colectivo o comunitario.
Concepto, objeto, metodología y técnicas de una disciplina que se inserta, fluye y confluye
con una realidad social comunitaria determinada, compleja y global.

Esta afirmación exige, lógicamente, la toma de conciencia de la complejidad del contexto


social, grupal y personal en él y con el que trabajamos, lo que nos lleva a la constatación
de un dato básico de todas las Ciencias Humanas y Sociales de acuerdo con los
planteamientos contemporáneos que han venido haciéndose a propósito del llamado
paradigma de la complejidad. De hecho E. Morín (1994:100) en su Introducción al
pensamiento complejo ha subrayado el carácter multidimensional de toda realidad
precisando que, «toda visión unidimensional, toda visión especializada, parcial es pobre.
Es necesario relegarla a otras dimensiones». Por esto, habiendo expuesto ya el carácter
integral de la intervención, interrelacionamos los conceptos expuestos acerca del Trabajo
Social Comunitario con otros conocimientos, hechos, áreas, sistemas, fenómenos
sociales con los que mantiene una interacción clave para toda intervención comunitaria, y
que se encuentran en ese proceso vivo que actualmente se conoce con el nombre de
«complementariedad».

A través de los cuales introducimos brevemente elementos y ámbitos que deben tenerse
en consideración desde toda intervención comunitaria que se precie de eficaz. Un
conjunto de aspectos teóricos que, apoyados por una breve exposición de su evolución y
desarrollo en nuestro país, conforman el conjunto de conocimientos básicos para la
implementación de un programa de intervención comunitaria integral. A lo largo de estas
líneas también hemos pretendido dejar constancia de que el Trabajo Social implica un
posicionamiento profesional concreto que requiere una actitud apoyada en un paradigma
humanista dialéctico, de comprensión hacia el otro y su entorno, lo que conlleva, entre
otros aspectos, el rol profesional de apoyo en la toma de conciencia del individuo sobre
su persona y su entorno, desde una perspectiva individual, grupal y comunitaria, toma de
conciencia que se genera provocando su participación en todo el proceso de la
intervención.

Este enfoque de intervención recoge y asume la importancia y el auge que en nuestra


coyuntura actual tiene, y debe tener, el término de «comunitario», tanto desde una
perspectiva histórica, económica, política y social: las repercusiones económicas y la

3
correspondiente exclusión económico-social, las nuevas formas de vida comunitaria, las
iniciativas sociales en la participación de nuestra vida social y colectiva, el interés político
y social de las autoridades locales más cercanas al ciudadano, sitúan al Trabajo Social
Comunitario como una de las alternativas importantes de intervención social.

Por lo tanto, este documento no se limita al ámbito del Trabajo Social; los últimos
profesionales incorporados a «lo social», están conformando equipos interprofesionales
que, desde sus diferentes contribuciones personales y laborales, parten de una
concepción metodológica común: la Intervención Comunitaria Integral.

Unidad 1: Caracterización de territorio como espacio de intervención


social: génesis y características.

Resultado de aprendizaje de la unidad: Comprender la génesis y las nociones


conceptuales de territorio como espacio de intervención social.

Ejes temáticos

Gènesis de taller de
intervenciòn
Caracterizaciòn de territorio
como espacio de intervencion
social: Gènesis y caracteristicas
Generalidades del
Territorio

4
Tema 1. Génesis de taller de intervención

En la actualidad, es cada vez más necesario abordar en el ámbito social, temas


territoriales desde una perspectiva renovada, crítica y democrática en pos de la formación
de ciudadanos y ciudadanas con una conciencia espacial plena e integral, conocedores
de su papel como actores activos en la construcción y organización territorial y, sobre
todo, conscientes de su papel como seres geográficos (producto y productores de
territorios, en este caso). Para ello, es ineludible la adopción de una definición de territorio
que responda a esas necesidades. En este artículo se pretende desarrollar una
significación para un abordaje de los contenidos geográficos desde una perspectiva
territorial integral, justa y contrahegemónica.

El término territorio es empleado en diferentes líneas discursivas (académica, escolar,


estadística, periodística, etc.), pero las significaciones atribuidas no siempre son
concordantes. Esa situación deriva de la condición de polisemia y pluriperspectividad que
lo caracteriza (debida a la coexistencia de diferentes líneas epistemológicas). El tema
central es que, como subrayó Mançano, los territorios pueden ser vistos y concebidos de
acuerdo con las tendencias e intencionalidades, de diversas formas, por diferentes
agentes sociales. Por ello:

«Ofrecer significados más amplios o más restringidos depende de la intencionalidad del


sujeto que elabora o que utiliza el concepto» (Mançano, 2008).

¿En qué sentido, el empleo de una definición puede operar como tal? ¿Para distraer a
quiénes y sobre qué? Para dar respuesta a estas interrogantes, comenzaremos por
analizar una primera definición contemporánea del concepto de territorio en el ámbito
geográfico:

«Territorio se refiere (Geiger, 1996) a una extensión terrestre delimitada que incluye una
relación de poder o posesión por parte de un individuo o un grupo social. Contiene límites
de soberanía, propiedad, apropiación, disciplina, vigilancia y jurisdicción, y transmite la
idea de cerramiento. (...) está ligado a la idea de poder público, estatal o privado en todas
las escalas...» (Montañez y Delgado, 1998:pp.123-124)

5
Esta situación (nos) habilita emplear el apelativo territorio(s): propuesta realizada desde
la pluralidad y la justicia territorial. Los territorios, como explicó Raffestin (1980), son
productos espaciales que resultan de algún tipo de relación social. Estas construcciones
no son otra cosa que apropiaciones de recortes de la superficie terrestre por parte de
diferentes agentes sociales (el territorio siempre implica la fragmentación del espacio, el
espacio es anterior al territorio, es decir, pre-existe a la construcción territorial).

Esta situación deja al descubierto una segunda cuestión que se desprende de la definición
analizada: la disputa por el poder, la coexistencia de un poder y un contrapoder por la
soberanía de un territorio. ¿Cómo se construyen los territorios desde esta concepción
alternativa? De acuerdo a Benedetti (2009), la construcción o conformación territorial está
condicionada por tres elementos intervinculados e indisociables:

1. Un agente: que puede implicar individuos, grupos sociales, comunidades,


empresas, el Estado, etc.;
2. Una acción: que refiere a la territorialización, es decir, a la estrategia de
localización, delimitación, control y apropiación;
3. Una porción de superficie terrestre: que representa la base material del territorio.
Lo expresado puede graficarse de la siguiente manera:

Figura 1.

El mismo autor señaló que todos los territorios con construcciones geohistóricas, es decir,
que están en permanente proceso de construcción a través de prácticas materiales y
culturales. Un territorio, entonces, es un espacio «localizado, delimitado, apropiado y
controlado, todo esto, en un tiempo determinado» (Benedetti, 2009:8). Lo que precede
permite presentar una distinción: los territorios pueden tener un carácter permanente o
temporal. Un ejemplo para el primer caso lo podemos encontrar en el territorio de un país

6
o en el de sus divisiones administrativo-políticas (departamentos, provincias, municipios,
etc.). Un ejemplo para el segundo caso lo podemos visualizar en el territorio conformado
por una tribu urbana que domina y gestiona un recorte espacial durante los fines de
semana.

Una situación que profundiza lo expresado, es la consideración de la existencia de


territorios superpuestos (multiterritorialidades) a múltiples escalas geográficas
(multiescalaridad). Montañez y Delgado explicaron que sobre la superficie terrestre
concurren y se sobreponen distintas territorialidades: locales, regionales, nacionales y
globales, las que, a su vez, responden a distintos intereses. En este escenario, los
territorios siempre involucran la idea de disputa (territorial) y conflictividad. Mançano
(2008) explicó que considerar al territorio como (única) unidad, implica reducirlo al del
Estado-nación (el de gobernanza), obligando a ignorar esa conflictividad inherente al
territorio. El inconveniente se instala cuando se ignoran, desde los discursos
hegemónicos, esos múltiples territorios, situación que implica perder de vista la
multiescalaridad.

Según aportes de Mançano (2008) se puede afirmar que existen tres tipos de territorios.
El “primer territorio” es el conformado por el Estado-nación y sus unidades internas
(espacio de gobernanza). Este primer territorio es el que organiza los otros territorios. El
“segundo territorio” (que se produce dentro del primero) es el constituido por las
propiedades particulares, individuales, comunitarias. El “tercer territorio” (que también se
produce dentro del primero) es el integrado por aquellos territorios que experimentan
movilidad en sus límites, de acuerdo a las acciones institucionales y a las conflictividades
(por ejemplo: el “territorio del narcotráfico”). El segundo y el tercer territorio pueden ser
continuos o discontinuos (un territorio discontinuo puede estar organizado en redes, por
ejemplo: el territorio-red de una gran multinacional que presenta ramificaciones en varios
puntos del planeta). La diferencia entre los tres tipos de territorios radica en el ejercicio y
el control del poder. Damonte explicó que el territorio de poder por excelencia es el del
Estado-nación (primer territorio), que busca legitimarse como soberano del territorio
nacional a partir de una narrativa territorial política pública a través de dos principios:
«verticalidad, es decir, el Estado impone los espacios desde arriba a la sociedad y
agrupamiento, es decir, el Estado integra en un todo territorial a las distintas localidades»
(Damonte, 2009:54).

7
A partir de los aportes de Montañez y Delgado (1998) se expresan, a modo de síntesis,
una serie de singularidades que dan cuerpo al concepto de territorio(s):

➢ Las relaciones sociales se producen y concretizan en


múltiples escenarios territoriales, y no solamente en el
marco del espacio de gobernanza.
➢ Los territorios son recortes espaciales de poder, gestión y
dominio de diferentes agentes territorializantes a diferentes
escalas geográficas.

➢ Los territorios son verdaderas construcciones histórico-sociales.


➢ Las actividades espaciales de los agentes territoriales (y
territorializantes) son diferenciales, lo que determina
diferentes formas de creación, recreación, representación,
valoración y apropiación territorial.
➢ En un mismo espacio se superponen múltiples
territorialidades y múltiples lealtades territoriales con
intereses, percepciones, valoraciones y actitudes desiguales,
ocasionando relaciones de complementación, cooperación y
conflicto territorial.

Una última idea tiene que ver con la función del concepto de territorio en el ámbito
geográfico escolar. Existe consenso en entender que el propósito de la geografía escolar
es desarrollar el pensamiento espacial y promover una concepción de espacio geográfico.
Ese concepto de espacio geográfico aparece explicitado, en el caso de la Educación Inicial
y Básica de nuestro país, en la fundamentación del Programa Escolar:

El Espacio geográfico es una construcción social en la que intervienen


acontecimientos del pasado que influyen en los procesos del presente y dan como
resultado diversas organizaciones de ese espacio. Los conocimientos, los avances
tecnológicos, las necesidades y la capacidad económica y productiva de una
sociedad en cada momento histórico generarán una forma particular de apropiarse
de la naturaleza y de organizar su territorio. Es por ello que el espacio geográfico se
reconstruye permanentemente (ANEP. CEP, 2009:94).

8
Debemos tener presente que dicho concepto no debe ser enseñado explícitamente, sino
a través de los conceptos específicos disciplinares, la modalidad de construcción del
conocimiento geográfico, la aplicación de los principios metodológicos de la geografía y
la intervención de las categorías de análisis espacial (instrumentales analíticos).
“Territorio” es una de esas categorías, junto a las de paisaje, región y lugar. Debido al
carácter poco operacional del concepto de espacio geográfico por su amplitud, extrema
abstracción y complejidad, es necesario analizarlo por medio de esas cuatro categorías.

1.1. Nociones básicas de Taller

Las asignaturas prácticas poseen diferentes denominaciones: “talleres”, “pasantías”,


“laboratorios”, “prácticas”, entre otros. Tradicionalmente, comprenden la experiencia de
prácticas intermedias en la formación, que conllevan la inserción de los estudiantes en
alguna institución, una cantidad de horas preestablecidas, y –en paralelo– éstos participan
en la Universidad de una instancia colectiva que posee el carácter de curso práctico: el
Taller.

En una de las primeras reflexiones a nivel latino americano respecto al Taller en la


formación de trabajadores sociales, Natalio Kisnerman (en Aylwin & Gissi, 1980) hace
mención a la tarea docente y al rol de estudiante, usando referentes claramente
freireanos, señala que:

Docente es aquel que teniendo un instrumental de conocimientos amplios y


conciencia crítica que éstos no están acabados, puede transmitirlos a otros,
movilizando a la participación, a la investigación, a la lectura crítica, a la reflexión, a
crear, a trabajar en equipo, a ser sujetos de su proceso formativo (...) la Escuela
debe ubicar al docente en su contexto, para que los contenidos de la enseñanza
respondan al Trabajo Social, para que incorpore contenidos emergentes de la
práctica”(p.63 - 64).

Por su parte, en relación al estudiante plantea “ser estudiante es una forma de vida, que
no termina con el título logrado. Es tener conciencia de hacerse, la humildad de la palabra,
la riqueza de la comprensión, la actitud de no ser espectador. Es asumirse y asumir la
realidad comprometiéndose con la coyuntura que nos toca vivir. Es estar abierto al mundo,
a la búsqueda junto a otros hombres (...)” (p.66).

9
De esta forma, se puede apreciar que el Taller corresponde a una tradición en la formación
de trabajadores sociales, que tomando referentes pedagógicos de la educación liberadora
e incorporando elementos metodológicos del aprendizaje reflexivo - experiencial, hace
posible el desarrollo de habilidades analítico, reflexivas, actitudinales y procedimentales
necesarias para el ejercicio de la profesión.

Los Talleres se acercan a lo que Freire (1970) ha denominado como educación liberadora,
en su forma y en su fondo, es problematizadora, dialógica, facilitada por un educador-
educando, en un proceso de permanente desvelamiento de la realidad, la inserción en
ella y el desarrollo de una transformación creadora.

La metodología de Taller consiste en un modelo pedagógico de aprendizaje reflexivo -


experiencial. “El aprendizaje experiencial tiene lugar cuando los asistentes al taller, a partir
de una experiencia que se genera, observan y comparten la percepción de su experiencia
con los compañeros y reflexionan, y realizan algún tipo de abstracción integrando estas
reflexiones en sus conocimientos previos, utilizados como guías para acciones
posteriores” (Imbernon y Medina, 2008, p. 16). De esta manera, los Talleres en la
formación en Trabajo Social, apuntan a generar un diálogo colectivo entre los estudiantes
más la/el docente a cargo, donde el foco de las reflexiones está puesto en la inserción
práctica de los estudiantes; entendiendo que ésta puede darse en variados contextos
institucionales. En este espacio, se conversa acerca de las experiencias profesionales, y
a veces personales, a propósito de la práctica, se problematiza a cerca de: los cursos de
intervención más pertinentes a seguir, la articulación entre las acciones particulares de
esta experiencia y las políticas públicas y sociales que se cuentan como apoyos (u
obstaculizadores); la relación entre Trabajador Social y Sujetos de Intervención; lógicas
institucionales en que esta práctica se inserta, entre otros aspectos.

El espacio de Taller valora y se construye desde las subjetividades de sus integrantes, sin
embargo, éstas sólo cobran sentido en la medida que se comparten con otros –otros
compañeros, profesores, un tercero lector– es decir, validando el carácter intersubjetivo
del espacio (y más allá de él incluso). Para Filloux (2004) la intersubjetividad siempre está
ligada al diálogo y a todo proceso de la dialéctica del retorno sobre sí mismo, de la lucha
por el reconocimiento” (p.41). El Taller se funda en el diálogo en torno a los temas de

10
procesos de los estudiantes y de contenidos de sus prácticas, “volviendo sobre ellos
mismos” y reconociéndolos como “otros” válidos en esta relación formativa.

El taller lo concebimos como una realidad integradora, compleja, reflexiva, en que se unen
la teoría y la práctica como fuerza motriz del proceso pedagógico, orientado a una
comunicación constante con la realidad social y como un equipo de trabajo altamente
dialógico formado por docentes y estudiantes, en el cual cada uno es un miembro más del
equipo y hace sus aportes específicos (KISNERMAN, 1977).

El taller es una nueva forma pedagógica que pretende lograr la integración de teoría y
práctica a través de una instancia que llegue al alumno con su futuro campo de acción y
lo haga empezar a conocer su realidad objetiva. Es un proceso pedagógico en el cual
alumnos y docentes desafían en conjunto problemas específicos.

El taller está concebido como un equipo de trabajo, formado generalmente por un


facilitador o coordinador y un grupo de personas en el cual cada uno de los integrantes
hace su aporte específico. El coordinador o facilitador dirige a las personas, pero al mismo
tiempo adquiere junto a ellos experiencia de las realidades concretas en las cuales se
desarrollan los talleres, y su tarea en terreno va más allá de la labor académica en función
de las personas, debiendo prestar su aporte profesional en las tareas específicas que se
desarrollan.

1.2. Territorio

Cuando hablamos de territorio, generalmente nos referimos a una porción de la superficie


terrestre que pertenece a algún tipo de jurisdicción o administración, como una nación,
una provincia, etc. El término también se usa para referirse al área que domina una
criatura salvaje, en la cual impone su dominio por encima de otros depredadores o de
otros competidores de su especie.

Los territorios son una noción proveniente de la geografía, especialmente la geografía


política, ya que en general los Estados ejercen la soberanía sobre un territorio específico,
incluidos sus ríos, lagos y mares. Sin embargo, no debe confundirse nunca al territorio
con la nación, ni con el gobierno. Todo esto último puede cambiar, sin que el territorio
cambie en lo más mínimo.

11
De esa forma, el término territorio alude a la parte física de un ordenamiento político-
social, o sea, de una nación o un Estado, y por ello se considera que sus límites son las
fronteras entre un país y otro. Quienes nacen en un territorio generalmente son
ciudadanos del país que lo administra.

El territorio de una nación es el suelo sobre el cual hace vida la población de dicho país.
O sea, que uno es inseparable del otro, ya que las personas nacidas sobre dicho suelo
serán los ciudadanos nacionales del país, adquiriendo generalmente la nacionalidad y
educativamente un sentido de pertenencia con el cual van obligaciones y derechos.

Caracterización del territorio social

Se propone un proceso de investigación acción sistemático, creativo/innovador y


reflexivo/deliberativo que incorpora las diversas perspectivas que configuran la realidad
social, relacional e institucional de una determinada comunidad y proporciona los
elementos suficientes para analizar e interpretar la realidad (diagnóstico), además de
facilitar la toma de decisiones para el posterior diseño de la intervención (líneas posibles
de intervención).

Se diseñan unas líneas estratégicas progresivas y flexibles de acercamiento a la realidad


comunitaria en íntima relación con los actores sociales que interactúan y construyen la
comunidad que deseamos conocer. Es un estudio basado en un conocimiento cuantitativo
y cualitativo de la realidad de la comunidad, sus interrelaciones, tendencias, centros de
interés, recursos existentes y potenciales, potencialidades y dificultades etc. El reto se
centra en el diseño de estrategias que permitan la máxima diversidad en la audición,
incorporando al proceso, la compleja red de actores e interrelaciones que coexisten en la
comunidad.

El proceso de aproximación a las realidades comunitarias conlleva básicamente dos


estrategias simultáneas:

a) exploración y descripción de la comunidad a través de un procedimiento indirecto


de recogida de información e
b) identificación de las necesidades sentidas y de las redes relacionales existentes en
el territorio, articuladas mediante un proceso concreto centrado en las
manifestaciones de sus actores respecto de ésta.

12
En un primer momento, se elaborará un perfil de la comunidad en torno a la información
más externa (procedimiento indirecto), objetiva (haré) cuantificable y cuantificada. Para
ello se utilizarán técnicas de conocimiento como la observación y el análisis documental,
tanto de fuentes internas de los servicios (informes, demandas registradas, evaluación,
programas y proyectos realizados) como externas. Simultáneamente, se desarrollan las
entrevistas informales o contactos, lo que favorecerá la progresiva aproximación a la
información subjetiva (sofá), basada en el discurso de profesionales, personas clave,
Impulsar un trabajo social en perspectiva comunitaria supone organizar el servicio y el
trabajo cotidiano de manera muy diferente al “tradicional”. En muchas ocasiones, nos
encontraremos con obstáculos institucionales y poblaciones para estructurar el servicio y
la actividad profesional con una perspectiva comunitaria. Los responsables institucionales,
los grupos, las organizaciones y las personas han adquirido, de manera general, una
imagen del servicio y de nuestra actividad profesional más cercana a lo individual, a lo
paliativo, a lo asistencial etc. Con el paso del tiempo se ha construido una representación
social de nuestro rol, cometidos y objetivos no acordes, en la mayoría de las ocasiones, a
un trabajo con dimensión comunitaria y, por ello, cuando pretendemos dar un giro a este
estilo profesional debemos de re-construir de “nuevo” esta imagen, estas expectativas
etc., desde la “palabra”, pero también desde la “acción”.

Se persigue identificar los centros de interés, oportunidades y situaciones de dificultad


que puedan convertirse en punto de partida de análisis e intervención comunitaria. Para
ello es necesario que sean percibidas/sentidas como importantes y vitales por los propios
interesados, en un doble sentido:

a) Provocar insatisfacción o malestar en la población (personas, grupos y


organizaciones)
b) Ser capaces de movilizar a personas y grupos a encontrar soluciones colectivas y
provocar cambios en la realidad comunitaria.

La investigación-acción se inicia con un proceso constante de contacto con el territorio y


sus habitantes, en un doble sentido: objetivo e intersubjetivo que conoceremos mediante
la aproximación directa a los espacios públicos y privados. De esta manera podemos
identificar dos objetivos generales, por una parte, los de conocimiento (tarea) y, por otra,
los de proceso. Respecto de los primeros nos interesa conocer: las necesidades sentidas

13
de la población, cómo las prioriza ella misma, las soluciones que considera para resolver
las necesidades, a quienes responsabiliza de las soluciones y a qué se compromete para
resolver esos problemas. En relación a los objetivos de proceso nos referimos a: iniciar la
toma de conciencia individual y colectiva acerca de las necesidades identificadas y
compartidas, incorporar a las personas al proceso de participación, desarrollar
capacidades y habilidades para que definan y prioricen necesidades y, ofrecer nuevos
patrones de interrelación colectiva.

En la estrategia de aproximación, es necesario cuidar el proceso de captación y


acercamiento de/a los informantes, siendo recomendable realizarlo a través de las propias
redes sociales que configuran su contexto natural, dado que favorecerá la interacción
conversacional y la “semilla” para crear el grupo/ red de desarrollo local, que asumirá el
proceso.

Este grupo/red de desarrollo local supone un reconocimiento y un compromiso de todos


aquellos que pueden y desean contribuir eficazmente al proyecto de acción y
transformación de la comunidad. Un grupo/red diversa (incorpora personas, grupos y
entidades dispuestas a colaborar en diferente grado), inclusivo (abierto a la incorporación
de nuevos actores en el proceso), sostenible (autogestionada por la misma red), flexible
y abierto (estructurada en torno a una red vinculada entre sí, utilizando el grupo
representativo y su conexión a las organizaciones y grupos). Este grupo/red motora
(Consejo Ciudadano y Comités de Tarea) se iniciará con su presentación institucional y
pública – que reconozca la labor a desarrollar por las personas y entidades integrantes y
el compromiso de las autoridades locales para su impulso y apoyo. Se constituirá el
Consejo Ciudadano, u otro mecanismo de participación que permita la organización
coordinada de la comunidad para la acción colectiva, sobre la articulación en torno a
comités-comisiones en función de intereses y necesidades. La comunidad debe sentir que
es ella y no los profesionales, quien asume las responsabilidades.

1.3. Intervención social

El objetivo es diseñar y formalizar con el grupo/red motora el Plan, Programas y/o


Proyectos de gestión e intervención comunitaria integrados en clave estratégica. Se trata
de articular y acordar los fines y objetivos a los que se dirige la intervención en un proceso

14
en el cual se “seleccionan, ordenan y diseñan las acciones que deben realizarse para el
logro de determinados propósitos, procurando una utilización racional de los recursos
disponibles” (Suarez y Diéguez, 2002, p.84). El/a trabajador/a social formalizará
conjuntamente con los sujetos sociales la intervención a realizar, a partir de la operatividad
del grupo/red.

Las condiciones para elaborar una adecuada planificación podemos sintetizarlos en:

a) objetivos posibles, medibles, específicos, concretados en acciones, temporalizados


y con responsables de ejecución;
b) medios y recursos disponibles y eficaces;
c) acciones integrales y transversales;
d) precisión en el sistema de evaluación e indicadores que permitan retroalimentar la
investigación-acción y adoptar decisiones;
e) favorecimiento de la participación; y
f) mejoramiento del bienestar y los procesos de desarrollo local.

Es fundamental que el diseño de la planificación sea formalizado por el grupo/red,


mediante compromisos y acuerdos programáticos que establecen mecanismos de
seguimiento y evaluación de responsabilidades compartidas, acciones previstas y
realizadas, así como de los resultados obtenidos. Pero la programación, más allá del
objetivo centrado en la tarea, persigue capacitar a los líderes, grupos y organizaciones
locales para que puedan promover cambios de forma autónoma y resolver por sí mismos
las situaciones que surjan. El grupo motor debe percibir que no se trata de establecer un
“contrato” con el profesional o con una determinada institución, sino con ella misma y la
comunidad a la que pretende servir. Se trata, por tanto, de “compromisos-contratos-
acuerdos” entre los grupos y redes locales, donde el profesional se sitúa en un rol de
asesoramiento técnico cuando este es preciso.

En este sentido, es fundamental que el grupo/red de desarrollo se estructure y organice


en torno a redes centradas en la tarea, siendo liderados por miembros pertenecientes al
propio grupo motor (liderazgo endógeno). El grupo/ red de desarrollo debe liderar la
presentación pública de los proyectos a emprender, con una doble finalidad, legitimar y
protagonizar al propio grupo/red y a los subgrupos, y a la vez comprometer a sus
miembros ante la comunidad. Por su parte, la comunidad, se convierte en sujeto de

15
intervención al conocer de antemano las acciones a emprender y disponer de canales de
participación en las mismas. No se trata de “preparar a la comunidad”, como usualmente
se señala, sino de involucrarla en el proceso.

Implementación de la propuesta de intervención comunitaria

El objetivo es impulsar, fortalecer y consolidar procesos y cauces de participación


ciudadana, organización comunitaria, coordinación interinstitucional y gestión e
intervención colectiva de las situaciones de dificultad. Se trata de poner en marcha las
estrategias, los programas y/o proyectos planteados con sus “gentes”, fortalecer la
identidad y sentido colectivo de la comunidad, consolidar el grupo/red de desarrollo
organizando y consolidando grupos productivos y lideres endógenos mediante procesos
de autocapacitación. La intervención comunitaria debe caracterizarse, a su vez, por influir
en los procesos y en las políticas, de manera a promocionar un modelo de desarrollo
sostenido y duradero, orientado a introducir cambios en los procesos sociales, desde un
punto de vista tanto preventivo como de inserción social, y a la vez influir en decisiones
institucionales y políticas mediante acciones de organización de la comunidad y
coordinación de esfuerzos y recursos.

Es un nivel de “acompañamiento” – supervisión y coordinación de grupos y procesos,


evitando duplicidades, activismos, prácticas puntuales e inconexas etc.

Las actividades a emprender en esta fase serán tan diversas como sean los proyectos
que se vayan a implantar. El profesional social trabajará con los subgrupos y redes, así
como con el grupo/red motora, proporcionándoles el apoyo técnico para asegurar el
componente técnico-científico del trabajo que se realiza respecto a organización,
planificación y evaluación. Desempeñará múltiples actuaciones, entre ellas: entrevistas,
encuentros, asambleas comunitarias – sectoriales o zonales –, talleres comunitarios de
sensibilización, movilización y solidaridad; actuará en la formación de lideres, mediación
comunitaria e intercultural, en la organización y dinamización de las formas organizativas
colectivas (comisiones, comités, redes temáticas etc.) y en la creación de grupos de ayuda
mutua y autoayuda (poner en contacto las personas entre sí, ayudar a los que ayudan,
generar contactos etc.). Además, gestionará la concertación y administración de recursos,
sensibilización y divulgación en medios de comunicación local, seguimiento y supervisión

16
de grupos y redes, evaluación de las formas organizativas y sus resultados, formalización
y consolidación grupos productivos etc.

Evaluación, validación y/o reformulación del modelo de intervención

El objetivo es evaluar la intervención comunitaria y elaborar un modelo de gestión e


intervención comunitaria sostenible y duradero, a partir del escenario inicial y el logrado.
La evaluación de la práctica comunitaria es un proceso continuo que se encuentra
presente en todo el proceso – al finalizarla evaluamos el proceso y resultados obtenidos
con el fin de aprender de la práctica y transferir, nuevamente, ese conocimiento a la
comunidad local y científica.

La evaluación tiene que ser: útil, práctica, realista, participativa, creativa y objetiva. Los
indicadores tienen que presentar constantes tales como:

➢ pertinencia, es decir reflejar la situación o el fenómeno que van a mediar;


➢ adaptabilidad
➢ utilización diversa de datos y fuentes y
➢ sencillez
➢ comprensible para todos los actores con independencia de su cualificación.

Por tanto, el proceso de evaluación debe ser lo más sencillo, flexible y ligero posible,
evitando las operaciones que sólo sirven para medir los procedimientos y los programas
y dejan en segundo plano los objetivos de proceso, ya que la evaluación tiene objetivos
de resultados (tareas) y de proceso.

Es importante realizar una evaluación de las transacciones del grupo/red de desarrollo


entre sí y con el entorno. Se evaluará la evolución y cambios de los objetivos de los grupos
productivos, la naturaleza de los lazos creados por la red entre cada una de las
instituciones entre sí y con otras, las alianzas y las redes de cooperación y solidaridad que
han emergido con la intervención comunitaria etc.

En el proceso de intervención aparecen obstáculos que pueden dificultar el logro de los


cambios previstos en el entorno. Es importante revisar completamente los objetivos y las
actuaciones, una vez que se evaluará por qué las actividades no han alcanzado los

17
propósitos planteados. El cuestionamiento debe contribuir a que el grupo/red valore
fracasos y éxitos y aprenda de ellos.

Podemos distinguir dos tipos de evaluación: interna y externa. En la interna es


imprescindible que participen los actores sociales involucrados en el proceso, dado que
de esta manera atenderemos a objetivos de tarea (evaluar las acciones emprendidas por
cada grupo y red productiva y por el mismo grupo motor) y de proceso (reconocer las
posibilidades de cambio local, liderar nuevos procesos etc.). Es aconsejable, en
ocasiones, realizar una evaluación externa, tanto desde la opinión de expertos ajenos al
proceso como de los ciudadanos locales. La evaluación interna y externa no deben
reflejarse en meros “Informes Evaluadores”, sino en la configuración de un proceso
socioeducativo de retroalimentación de ambas evaluaciones y entre actores, por medio
de reflexión y debate/deliberación grupal sobre lo realizado y las acciones siguientes y la
validación de un modelo de intervención construido a partir de prácticas comunitarias
(autoevaluación).

Es fundamental, de nuevo, reconocer y recompensar los esfuerzos y las actuaciones


emprendidas por las personas y entidades involucradas, fortaleciendo así el sentimiento
de la comunidad e incentivando la emergencia de nuevos proyectos y líderes. El éxito
logrado, por pequeño que sea, proporciona un sentido de realización, una nueva
percepción del problema y una confianza renovada en su capacidad para manejar
problemas futuros. El reconocimiento tiene el propósito de producir sentimientos positivos
de logro. El grupo/red motora de desarrollo local protagonizará, de nuevo, la presentación
del “producto” del proceso: el Informe Final de Resultados.

Tema 2: Generalidades del territorio

De las distintas disciplinas de las ciencias sociales, la geografía ha tenido intrínsecamente


una necesidad de analizar la realidad en términos espaciales, y en sus búsquedas desde
las geografías críticas en sus distintas versiones, intentaban aportar nuevos elementos
para poder comprender también a los procesos sociales desde una perspectiva espacial,
a fin de poder reflejar la relación entre el espacio físico, tanto rural como urbano, sus
actores y sus estrategias de producción y reproducción.

18
En este sentido, la Geografía se ha caracterizado por tener un planteamiento
epistemológico que parte desde un enfoque espacial de las relaciones sociales. No es
ésta desde ya la única ciencia dedicada al estudio del espacio o el territorio, pero esta
particular forma de mirar a la sociedad constituye desde hace más de un siglo un elemento
sustancial del objeto y método de la ciencia geográfica (Perdoni, 2001 p. 1).

Los enfoques geográficos críticos apuntaban a tensionar esa relación entre espacio y
racionalismo, visibilizando el carácter espacial de estos procesos sociales, en el sentido
de hacer evidente que los fenómenos sociales no suceden en el vacío, sino en espacios
particulares que condicionan su desenvolvimiento, a la vez que esas configuraciones
espaciales son fundamentalmente producto de intervenciones sociales de sus actores.

En esta búsqueda conceptual, se refuerza la relación compleja entre el concepto de


territorio y la realidad socioeconómica intrínseca en él: la planificación exige un “cálculo”
complejo en la medida en que el territorio es un sistema complejo. La complejidad del
sistema territorial está dada, no sólo por la heterogeneidad de los sectores (económico,
ambiental, político, cultural, físico, etc.) que lo componen, sino, y fundamentalmente por
las relaciones de interdependencia que existen entre ellos. La cuestión de la
intersectorialidad es central en el análisis estratégico (Reese, 2015).

Impulsados por este enfoque necesario sobre el territorio, nos arriesgamos a realizar una
síntesis constructiva del concepto, a partir de algunos aportes complementarios que
tomamos a la hora de pensar un abordaje integral para la planificación social territorial
(Arancibia, 2018a). Veamos, entonces, algunas dimensiones de este concepto.

El territorio podría entenderse inicialmente como un espacio geográfico, un recorte, o “un


segmento (arbitrario) de la corteza terrestre con sus recursos, sus formas de vida y en
especial su población humana y sus externalizaciones (construcciones duraderas),
instituciones y cultura” (Coraggio, 2009: 12).

Se deriva también de esta forma de entender el territorio, que su población, digamos que,
expresada a través de sus actores, va determinando un espacio vital como parte de la
interacción entre su medio ambiente histórico (natural y construido) y el desarrollo de la
vida humana en sociedad que allí se despliega. En este sentido, “los territorios son (en
principio) regiones socio-económicas e históricas, que pueden ser adyacentes (un

19
territorio nacional que integra territorios culturales diferenciados) o superponerse
dependiendo del tipo y nivel de organización social considerado” (Coraggio, 2009: 13).

Ahora bien, es ineludible acordar hasta aquí que el territorio tiene una fuerte base material
(el medio natural y los recursos que se han configurado en lo que llamaremos
específicamente el “espacio”). Pero es necesario hacer una salvedad para comprender a
los territorios rurales y urbanos: lejos de ser solo una delimitación espacial surgida de
convenciones político-institucionales o geográficas, las características que asumen esos
espacios son parte de un proceso de construcción socioeconómica producto de la
dinámica y la disputa de los actores que lo habitan:

el territorio no sólo como un espacio geográfico, sino principalmente como el resultado de


la intervención de la sociedad sobre ese espacio. Esta noción del territorio como
construcción social se despliega en varios sentidos: implica considerar de manera integral
el abanico de dimensiones que confluyen en la constitución de los fenómenos
socioespaciales, como también atender a los procesos dinámicos que generaron dichos
fenómenos (Rofman y Suárez, 2010: 10).

La construcción territorial es, entonces, producto tanto de las estrategias de producción


(el desarrollo de sistemas productivos locales, regionales y globales) como así también
de las estrategias de los actores para la reproducción de sus condiciones de vida. En sus
primeros estudios espaciales en América Latina, Milton Santos sostenía ya en 1979 que
“es a través del proceso de producción que el hombre transforma la naturaleza a fin de
garantizar su sobrevivencia o de aumentar su riqueza. Por lo tanto, la economía se realiza
en un espacio y no puede ser entendida fuera de ese cuadro de referencia” (Santos, 2011:
20).

En esta misma línea, la necesaria articulación entre territorio y actores para analizar los
conflictos de apropiación del espacio fue reforzada en los escritos de Mançano Fernández,
entendiendo que “frente a los intensos procesos de exclusión social provocados por las
políticas neoliberales, urge pensar los espacios y los territorios como forma de
comprender mejor los conflictos” (Mançano Fernández, 2005). Cada actor imprime
distintas intencionalidades y receptividad a su construcción espacial, creando una
determinada lectura del espacio, conforme al poder del que disponen en el campo de
fuerzas en disputa. Esas intencionalidades pueden ser dominantes o no, creando

20
diferentes lecturas socioespaciales, por medio de las cuales “es producido un espacio
geográfico y/ o social específico: el territorio”.

Un uso frecuente del concepto de territorio es el de asociarlo a lo distrital, al alcance de


las administraciones de gobierno (municipios, provincias, Estados). Sin embargo, es
importante remarcar que esas convenciones políticas y administrativas contienen distintas
territorialidades (es decir, intencionalidades de apropiación del espacio material y
simbólica de los actores) que conviven armoniosa y/o conflictivamente. En otras palabras,
“El territorio, comprendido sólo como un espacio de gobernanza, es utilizado como una
forma de ocultar los diversos territorios y garantizar el mantenimiento de la subordinación
entre relaciones y territorios dominantes y dominados” (Mançano, 2005: p.4).

El territorio es, en definitiva, el espacio apropiado por una determinada relación social que
lo produce y lo mantiene a partir de una forma de poder. Al decir, de este autor, “el territorio
es, al mismo tiempo, una convención y una confrontación. Precisamente porque el
territorio posee límites, posee fronteras, es un espacio de conflictividades” (Mançano
Fernández, 2005: 12).

Sin embargo, esos límites, dijimos, no son físicos ni se reflejan en las cartografías, sino
que son difusos, dinámicos y contradictorios, superpuestos según las estrategias de poder
desplegadas por los actores, reflejados en sus estructuras simbólicas. El territorio, en
tanto construcción social, se presenta [...], tanto en el plano material –resultado de las
intervenciones físicas de las sociedades sobre el espacio–, como en el político –expresión
de las formas de organización del espacio que producen las sociedades– y en la
dimensión simbólica –que expresa las representaciones de los propios actores sobre el
espacio y que permite comprender sus estrategias y acciones, como también la
construcción de las subjetividades que las sostienen (Rofman y Suárez, 2010: 12).

En síntesis, el territorio es un concepto tan complejo como la realidad que intenta definir:
se trata de configuraciones espaciales tanto naturales como socio- históricas, resultantes
de procesos de construcción social que encarnan los actores en su interacción con la
naturaleza y como parte del proceso socioeconómico de producción y reproducción de
sus condiciones materiales y simbólicas de vida. En el marco de procesos de disputa por
su sentido, uso y apropiación, se definen territorialidades subjetivas con límites difusos,
dinámicos y en conflicto permanente con otras, mientras que se construyen identidades y

21
discursos situados en ese territorio, con desiguales grados de poder de las
intencionalidades y receptividades de los actores que en él intervienen, intermediados por
estrategias multiescalares de intervención tanto locales, regionales como globales.

2.1 Territorialización de lo social, cambios de la acción pública en la intervención.

En las sociedades capitalistas, el debate que se ha generado acerca de las políticas


sociales ha involucrado el tema de las llamadas necesidades humanas. Éstas son
históricas y han sido construidas socialmente; sin embargo, su principal característica es
su universalidad (Doyal y Gough, 1994).

Por ejemplo, la supervivencia física y la autonomía individual son necesidades básicas de


todo individuo sin importar su cultura; pero su satisfacción depende más de las
precondiciones sociales formadas por la organización de la producción, reproducción y de
la autoridad. Empero, lo que se debe destacar es que las necesidades humanas básicas
son derechos morales que se han transformado en derechos sociales mediante las
políticas sociales (Doyal y Gough, 1994: p. 15).

Las políticas sociales materializan las condiciones que permiten la satisfacción de las
necesidades humanas universales, como la salud física y la autonomía personal,
mediante la generación de satisfactores particulares, que dependen más de la cultura
que define de manera específica la nutrición y el refugio, así como la libertad personal
(Doyal y Gough, 1994: 200). Pero en un inicio, la política social mostró un perfil más
asistencial porque iba dirigida solamente a los individuos que sufrían algún desamparo de
parte de la colectividad o de la comunidad (Montagut, 2004).

Después de la Segunda Guerra Mundial, la asistencia social se fue convirtiendo en una


obligación casi exclusiva de los gobiernos, porque fue definida como una protección social
ante diversos problemas generados por la ausencia de servicios públicos y de ingresos
(Montagut, 2004: 20). Por lo tanto, a lo largo del siglo XX, el Estado de bienestar
representó una solución al problema planteado en el seno de las sociedades capitalistas:
cómo crear situaciones que pudieran hacer coincidir la igualdad formal derivada de la
democracia con la desigualdad real creada por la dinámica económica (Ordóñez Barba,
2002: 28-29).

22
La anterior tarea fue posible por la existencia de políticas sociales formuladas desde el
Estado social o Estado de bienestar que garantizaron un seguro de enfermedad, invalidez,
vejez y desempleo. Aunque posteriormente abarcó la educación obligatoria desde los
primeros años de la infancia, el cuidado de personas dependientes y el derecho a una
vivienda digna (Sotelo, 2010: 267). La ampliación de los derechos sociales a más
individuos fue resultado de la superación del asistencialismo individual.

De esta manera, los derechos sociales se universalizaron a través de la ampliación


normativa de la ciudadanía a todos los grupos que formaban a la sociedad; lo que se
reflejó en políticas sociales más inclusivas y válidas para todos los individuos sin importar
su condición socioeconómica (Le Grand, 2001: 31). Los Estados benefactores de la
posguerra dejaron de lado el asistencialismo social para asumir como propósito principal
el logro del pleno empleo, utilizando una política presupuestaria de apoyo al consumo de
los trabajadores (Glennerster, 2001: 56). La política social pasó del asistencialismo de tipo
focal a la universalización de las protecciones sociales en una sociedad asalariada donde
los riesgos provenían del mundo del trabajo. Por eso, el bienestar social dependió de la
combinación de los recursos originados por el empleo, las familias y la política social
pública (Esping-Andersen, 2001).

Sin embargo, la crisis del bienestar social estatal se ha explicado por los siguientes
factores: el fin del empleo remunerado y estable, la incorporación paulatina de la mujer a
las actividades asalariadas, lo que aumentó la inestabilidad familiar, la disminución del
gasto social que buscó la liberalización de los mercados mediante la privatización de las
responsabilidades del Estado de bienestar y la desregulación de los mercados de trabajo
y de la mayoría de los servicios públicos (Esping-Andersen, 2001: 89-90).

Por otro lado, la crisis del Estado de bienestar ha favorecido la consolidación de


organizaciones sociales que realizan tareas de asistencia social para algunos grupos
vulnerables, lo que se puede considerar como otra evidencia de la pérdida del carácter
universal de los derechos sociales (Montaño, 2005).

Por tal motivo, algunas de las políticas sociales se transformaron en programas de


asistencia social, definidos a través de la ayuda gubernamental dirigida a individuos que
sufrían una situación particular de vulnerabilidad. En este caso, la pobreza fue definida

23
como una relación de asistencia y de interdependencia entre los pobres y la ayuda
gubernamental recibida (Paugam, 2007: 18-19).

Por ejemplo, en la Inglaterra del siglo XVIII, el trabajo libre se convirtió en la base de una
nueva política de asistencia porque se suponía que la pobreza se superaría cuando los
individuos se convirtieran en obreros. Esto provocó que la llamada cuestión social sufriera
un desplazamiento desde la caridad religiosa hacia las políticas sociales secularizadas,
ligadas con la moral y la sanidad.

Sin embargo, cuando el mercado de trabajo mostró su incapacidad para reabsorber la


pobreza surgió la necesidad de la intervención estatal en el mercado laboral, como un
agente económico, lo cual contradecía el principio del liberalismo económico que negaba
la interferencia estatal en los procesos económicos guiados por la ley de la oferta y la
demanda. Pero en realidad, la estrategia liberal inglesa se dirigió a despolitizar la cuestión
social, es decir, a separarla de los reclamos laborales y de los derechos sociales para no
considerar a la pobreza en términos económicos ni jurídicos.

Desde el punto de vista moral, la pobreza fue vista como un problema de higiene pública,
lo que "liberó" al sistema económico de su responsabilidad sobre ésta. En dicho caso, a
la pobreza se le identificó con el pauperismo, definido por sus hábitos asociales, ligada a
una cultura de la miseria, que debería ser reemplazada por la cultura del trabajo, apoyada
en una pedagogía disciplinaria, mediante la utilización de técnicas como educación,
ahorro, mutualismo e higiene (Procacci, 1994: 207-212).

Pero en las sociedades capitalistas de mediados del siglo XX, la llamada exclusión social
fue identificada con la pobreza, lo que renovó la cuestión social y actualizó las formas
clásicas de su tratamiento, mediante los programas estatales de tipo asistencial,
readaptándolos al derecho social, a través de su focalización en el espacio urbano.

En este caso, la idea de exclusión se consideró como la relegación de amplias capas de


trabajadores hacia la periferia de la sociedad integrada, lo cual fue explicado como
resultado de un proceso de precarización de la condición asalariada (Donzelot, 2003: 132-
133).

24
Por tal motivo, la precarización de la condición asalariada fue considerada como resultado
del debilitamiento de las protecciones sociales, las cuales garantizaban los derechos
sociales de una manera universal; esto provocó que, a mediados del siglo XX, en las
sociedades modernas, el trabajo adquiriera una mayor importancia, no por el monto de
los salarios, sino debido a los derechos que se derivaban del ser asalariado (Castel, 1997).
Entonces, la llamada cuestión social se convirtió en un problema relevante de
investigación, considerando que el Estado social fue una respuesta no socialista a lo que
plantearon los socialistas y sindicalistas en su momento; sin embargo, a fines del siglo
XIX, apareció el embrión del Estado social o de bienestar, el solidarismo, que
posteriormente se transformó en seguridad social, teniendo como base el derecho al
trabajo.

En la etapa solidarista del Estado social, el intervencionismo estatal se orientó al


desarrollo del derecho social, el cual rápidamente se transformó en derecho al trabajo,
creando la base de la lógica de un Estado social mínimo, que pasó a ser una institución
jurídica. Posteriormente, apareció el Estado keynesiano que realizó una intervención
directa en el proceso económico, favorable al desarrollo económico, provocando que el
salario del obrero dejara de ser un salario de la supervivencia, lo cual coincidió con el
ejercicio de sus derechos (Castel, 1997: 42- 47).

Desde esta perspectiva sociológica, el trabajo asalariado fue visto como un medio de
integración social, que se fue desdibujando por la aparición de la precariedad laboral,
basada en la generalización de trabajos temporales y con bajos salarios, sin derechos
sociales, lo que impulsó la aparición de la exclusión social. Ésta se consideró la fase final
de la crisis del modelo de regulación social basado en el empleo asalariado.

Antes existía una situación de vulnerabilidad, caracterizada por la precariedad laboral y la


fragilidad de los vínculos con las protecciones sociales. Pero en la zona de exclusión
surgió la desafiliación, caracterizada por la ruptura de los vínculos sociales con los
colectivos, que son de utilidad para la creación de redes de interdependencia y de apoyo
frente a las contingencias y crisis económicas (Castel, 1995: 27-29).

Desde esta perspectiva de estudio existe una interpretación nueva debido a que el
aumento del desempleo y subempleo se ha considerado como la causa de la nueva

25
desigualdad social (Tilly, 2000: 37), definida por la pérdida de derechos (a la educación,
a la salud, a la pensión, etcétera), que cumplían la función de integración social (Dubet,
2006). Por eso, conceptos como vulnerabilidad y desafiliación se articulan con la idea de
una desigualdad social relacionada con la precariedad laboral, donde los derechos
sociales han sido abolidos o se han debilitado, y, en consecuencia, son para un grupo de
privilegiados que conserva un empleo generador de protecciones sociales.

La debilidad de las protecciones sociales ha provocado que el Estado sustituya su función


social por su función punitiva frente al incremento de la vulnerabilidad, lo cual se ha
visualizado como una de las principales causas del aumento de la delincuencia. Por eso
se ha optado por la penalización de la pobreza y la miseria (Wacquant, 2000: 88).

Al mismo tiempo, la vulnerabilidad social ha creado una situación de inseguridad social,


interpretada como inseguridad pública, cuya solución ha sido criminalizar a una parte de
los desafiliados (Castel, 2003). La inseguridad social tiene sus orígenes en la debilidad de
los derechos sociales provocada por la introducción de la inestabilidad laboral, como parte
del proceso de flexibilización laboral, inscrito en el proyecto de la globalización económica,
y que ha responsabilizado de la pobreza y de la miseria al individuo, quien se encuentra
en una situación vulnerable porque sufre el desempleo y el subempleo (Wacquant, 2004:
21). Por otro lado, la expresión espacial del régimen económico neoliberal, instaurado en
diversos países a fines de la década de 1970, ha favorecido la proliferación de un planeta
de ciudades miseria. En otras palabras, la multiplicación de las áreas urbanas
hiperdegradadas, caracterizadas por la concentración de una población pobre, que realiza
actividades económicas informales de sobrevivencia (Davis, 2007: 13-24). La segregación
urbana es resultado de la expansión de la desigualdad social, que tiene su manifestación
en el espacio residencial, es decir, los más privilegiados han creado muros reales para
"aislarse" de los barrios de los pobres, evitando también el interactuar con ellos,
considerados como "clases peligrosas", porque suponen que sus actividades económicas
informales violan el orden legal (véase Pires do Rio Caldeira, 2007).

Ante el temor surge una arquitectura que refuerza la posición de los privilegiados, la cual
se acompaña de la instalación de mecanismos electrónicos como las videocámaras, junto
con los servicios privados de vigilancia, impulsando el desarrollo de una industria de
servicios privados de protección de la vida y de las posesiones de los beneficiados del

26
modelo económico neoliberal (Davis, 2001). Entonces, la lógica de los intereses
económicos era diferente a la lógica de las instituciones estatales, orientada por la
necesidad de la legitimidad política.

Sin embargo, en la coyuntura de consolidación de la política económica neoliberal, en el


plano internacional, se pueden detectar ciertas coincidencias cuando la intervención
estatal se ha realizado para socializar costos y garantizar, al mismo tiempo, las ganancias
del capital, acelerando el proceso de acumulación por desposesión, caracterizado por una
desvalorización de los activos sociales en periodos de crisis económica, vendidos a bajos
precios a los capitalistas, favoreciendo la reconcentración de la propiedad privada y
ampliando la desigualdad social (Harvey, 2006).

La misión del Estado neoliberal fue la de crear un "clima aceptable" para los negocios,
optimizando las condiciones para la acumulación de capital, sin considerar las
consecuencias negativas que pudiera tener sobre el empleo y el bienestar social. Utiliza
la privatización o mercantilización de los servicios públicos y retira su regulación de las
actividades financieras, telecomunicaciones, transporte, así como de la explotación de
recursos naturales, como, por ejemplo, el petróleo, permitiendo la movilización territorial
del capital para reactivar las altas tasas de ganancia, lo que en algunos casos era
impedido por las barreras establecidas por las regulaciones estatales (Harvey, 2006: 25).

La territorialización de la política social hace referencia al espacio construido, que organiza


la vida en sociedad, donde la intervención del Estado ha sido posible por la
institucionalización de los derechos sociales, convertidos en protecciones sociales ante
los riesgos creados por la economía de mercado, que resulta favorable a la conservación
de la armonía social, legitimando, al mismo tiempo, la acción estatal (De Paula Faleiros,
2004: 64).

2.2. La gestión diferenciada de los individuos y el territorio

Las concepciones del espacio permiten construir una metodología que transforme el
ámbito social, que revitalice y renueve la transculturación del espacio concebido por las
relaciones entre el ambiente y el sujeto social que se moviliza como un producto de la
noción espacial, orientada a espacios de uso público, planteándose la factibilidad de

27
descubrir las significaciones del mismo en las prácticas cotidianas; donde el sujeto social
que construye y reconstruye el significado del espacio, trascienda desde sus vivencias y
demuestre la idea real del espacio.

También es importante señalar que el estrato emocional del individuo impera en la


experiencia situacional que este vive en el espacio público y, además, es el que define
sus desplazamientos. Con esto se aspira a cambiar el modelo que se ha venido
desarrollando en el país, a fin de producir nuevos modelos de desarrollo que cumplan con
las diversidades y multiplicidades de pensamientos que organizan la información espacial,
ya que hoy en día se debe combatir, no solo la práctica del espacio, ni lo funcional, sino
también la transformación con nuevas configuraciones de las relaciones que producen el
tejido territorial. De esta manera, la resignificación del urbanismo rural parte de la
integración de las trialécticas que definen cómo podrían construirse posibles caminos a
partir de la gestión integral, de la visión del espacio social como un tercer espacio, de la
experiencia espacial y de la esfera gnoseológica universal como un espacio cultural vivido,
con perspectivas a la construcción de una posible trialécticas que parte del ambiente
humanizado.

El objeto de estudio trata de establecer la relación que construye el sujeto social con el
espacio público, específicamente dedicado a la subjetividad del individuo en relación con
el espacio que le circunda. Se propone estudiar bajo cuáles premisas se ha conformado
el espacio público, para conocer las diversas maneras de representación a través de las
prácticas que el sujeto social tiene en el mismo, en la formación de los valores que los
sujetos poseen en su imaginario como parte de su interpretación y representación de los
lugares. En la práctica profesional muchos intervienen en el territorio, y lejos de percibir
los lugares como espacio relacional en función del colectivo, las ven solo en la dimensión
material y formal, restringiendo su labor a la producción de pretendidos objetos
estéticamente puros.

Es necesario producir nuevos enfoques para proyectar la intervención de los espacios a


través de un trabajo multidisciplinario. Además de desechar el modelo de comunidad-
territorio que ha asumido el Estado, en contraste con estos nuevos modelos de desarrollo
donde se incorpora al sujeto social en una cotidianidad colectiva, que aporte herramientas

28
al profesional para la justa interpretación de la realidad. Algunos pasos para obtener las
representaciones sociales de los espacios públicos serían:

• Dar mayor importancia a la noción de las “representaciones sociales” y orientar a


los usuarios acerca de su utilidad en la investigación. Además, la construcción de
esta noción y su diferencia con otras nociones afines, permite tener diversas
definiciones y formas de apropiación.
• Estudiar la valoración del espacio público. Revisión de congresos mundiales,
nacionales o locales de las prácticas en los espacios públicos y su valoración a
través de la apropiación que hace el individuo.

La idea de este nuevo sentido es promover que la gente se apropie de los lugares, y fuera
de la identidad que forman en sí mismos, participen en su valoración como espacio cultural
vivido, reivindicando el significado de los espacios públicos vividos a través de sus
prácticas tradicionales para la sostenibilidad de los territorios, a fin de contribuir a la
construcción de ciudadanía participativa.

Figura 2.

29
Esta trialécticas tiene importancia, ya que se centra en producir un ambiente humanizado,
cuyo fin es unir las partes para integrarlo en el todo, pero para que esto exista se deben
producir una serie de procesos que materialicen el producto. Tal como lo presenta
Manzanares (2004):

Los sistemas abiertos y la complejidad creciente se nutren de la energía que les


ingresa, de su disipación y del desorden respectivo [...] ocurriendo en el proceso
“trialectológico pentadimensional” que conduce a la existencia de la “realidad” como
cambio, que hace que el producto de la “investigación-extensiva” produzca su propio
lenguaje (p. 52).

Soja (1996) planteó la idea de producir una “teoría unitaria”, la cual parte de la integración
de la “relación de relaciones” que Manzanares propone con una visión de hacer
evolucionar los “órdenes sociales” existentes en el “ser, como: individuo, familia,
comunidad vecinal, local, regional, nacional y planetaria”. De esta manera, se puede
pensar que la “relación de relaciones” es una condición existencial de la “realidad”, como
lo señala Manzanares. Pero si estas tríadas se unen para establecer una “teoría unitaria”,

30
se presenta la integración de varios significados que establecen el continuo cambio que
plantea la gestión del experimental-ambiental, y que es necesaria para producir la
“sinergia y la sintergia” en los territorios. Por tanto, Manzanares (2004) permite que se
entiendan los sistemas complejos que constituyen la partida que plantea la reconstrucción
de una nueva visión del territorio desde el ambiente, como una “nueva ciencia que estudie
el cómo emergen los comportamientos colectivos del sistema total de las partes y cómo
estos interactúan con su medio ambiente”, ciencia que ayuda a pensar los conceptos a
profundidad.

De esta manera se consideró integrar el conocimiento propio y las representaciones


sociales de las comunidades a la planificación y el diseño de sus territorios, para que estas
se conviertan en autogestoras del replanteamiento del espacio cultural vivido, afianzando
los espacios públicos e impulsando el desarrollo sostenible del territorio en pro de una
sociedad participativa.

Finalmente, de la aplicación de los tres estudios de caso en Mérida, Quito y Barranquilla,


se observó lo siguiente:

1. La ordenación del territorio ha sido planteada sin ninguna visión de gestión integral
y participativa.
2. Los individuos no se toman en cuenta en la toma de decisiones para crear espacios
públicos que se adapten a las querencias y los deseos de las personas.
3. La representación social permite que se encuentren los problemas que se
presentan en el diseño y la gestión, pero hasta el momento son temas
desconocidos que no se han tomado en cuenta para la ordenación del territorio de
manera participativa.

El pensamiento social Entendido como una creación de la mente, mediante la actividad


del intelecto, genera las acciones racionales o las abstracciones de la imaginación (lo
abstracto, racional, creativo, artístico, entre otros), permitiendo de esta manera desarrollar
estrategias que coordinen una perspectiva común para avanzar hacia el futuro. El
pensamiento del individuo se encuentra relacionado con el espacio y su conjunto, es decir,
que el individuo se integra con el espacio, con el comportamiento, con el contexto, con el
ambiente, el paisaje y el entorno.

31
No cabe duda que el desarrollo territorial resulta cada vez más complejo. En el nuevo
paradigma del desarrollo sostenible, la incorporación de la ciudadanía en el control de los
recursos públicos y en las decisiones locales es sin duda un imperativo social que exige
el cumplimiento de nuevos estándares de gobernabilidad en un estado modernizado.

Las apariciones de conflictos comunitarios por uso del territorio aumentan crecientemente
y la institucionalidad tímidamente intenta generar ciertos procedimientos como la
mediación comunitaria para resolver extrajudicialmente este tipo de situaciones. En fin,
estamos en presencia de una serie de situaciones donde se requiere de nuevos
especialistas que puedan abordar desde otras definiciones disciplinares la gestión del
territorio en sus diferentes dimensiones.

Sin duda que, los nuevos paradigmas del desarrollo mundial, tanto el propio desarrollo
humano como los objetivos del PNUD para el desarrollo sostenible, exigen a las
instituciones nuevas adecuaciones para poder alcanzarlos. Esto significa revisión de
procedimientos, marcos teóricos y aspectos formativos de las especializaciones.

De esta manera surge en el área educacional y formativa enfoques pedagógicos para


preparar el capital humano para abordar los nuevos escenarios de la globalización y las
exigencias de un modelo neoliberal. Surge entonces el enfoque por competencias que
incluye como aspectos centrales la diversidad de saberes que debe tener este nuevo
profesional y los saberes interdisciplinarios para abordar la complejidad. El enfoque por
competencias según Castañeda, “emerge como una respuesta educativa a los
cuestionamientos que se generan a la formación profesional en un marco mundial de
procesos de transformaciones estructurales en los ámbitos económicos tecnológicos y
sociales. Estas transformaciones implican nuevos desafíos a la formación profesional
traducidas en dos procesos complementarios: el impulso a la búsqueda de nuevas
resignificaciones en las competencias profesionales que devienen de la tradición y la
integración de los nuevos requerimientos de competencias profesionales que demandan
un desempeño profesional flexibilizado e incierto” (Castañeda, 2003: 110). Para esta
autora, en un mundo sin certezas las instituciones sociales y las prácticas de reproducción
cultural se encuentran en procesos de profundas revisiones y en la búsqueda de
significaciones. El desarrollo conceptual en el ámbito de las competencias profesionales
refleja la evolución de los significados y requerimientos de los contextos socio productivos,

32
las características del mercado laboral y las demandas de profesionales vigentes en una
época histórica y social determinada (Castañeda, 2003)

Una competencia se formula en términos de la capacidad de actuar y se caracteriza por


los siguientes elementos:

1. Un conjunto durable de conocimientos declarativos, procedimentales,


contextuales. Es la estructura de conocimientos.
2. Los conocimientos involucrados se adaptan a la ejecución de las tareas y se
expresan de manera automatizada.
3. Los conocimientos involucrados son necesarios para la resolución de problemas.

De los Ríos y otros, plantean dos tipos de competencias: las especializadas y las
generales. Las primeras se refieren a las competencias propias de cada profesión en que
los aspectos técnicos suelen ser predominantes (De los Ríos et al., 2000). En el caso de
Trabajo Social (Escartín, 1992, AnderEgg, 2000), éstas han sido definidas por su objeto
disciplinar de intervención que ha transitado desde el binomio recurso-necesidades hasta
la conflictividad social, y que se ha traducido en una formación basada en el trabajo de
casos y el bienestar social del individuo fundamentalmente. Las segundas se refieren a
competencias referidas principalmente a la interacción humana. Se asocian a
capacidades para integrar o dirigir equipos interdisciplinarios de trabajos, de comunicar
proyectos o decisiones en el ámbito institucional y de mantener un proceso continuo de
actualización de conocimientos relevantes a su actuación profesional. Estas
competencias han dejado de ser propiedad exclusiva de un área o profesión en particular.
En el caso de Trabajo Social, estamos en presencia de nuevas competencias
profesionales, como es la capacidad para gestionar el buen uso del territorio.

2.3. La constitución de un desarrollo social local.

“La idea del sumak kawsay o suma qamaña: nace en la periferia social de la periferia
mundial y no contiene los elementos engañosos del desarrollo convencional. (…) la idea
proviene del vocabulario de pueblos otrora totalmente marginados, excluidos de la
respetabilidad y cuya lengua era considerada inferior, inculta, incapaz del pensamiento
abstracto, primitiva. Ahora su vocabulario entra en dos constituciones.”

33
José María Tortosa (2009)

Toda Constitución sintetiza un momento histórico. En toda Constitución se cristalizan


procesos sociales acumulados. Y en toda Constitución se plasma una determinada forma
de entender la vida. Una Constitución, sin embargo, no hace a una sociedad. Es la
sociedad la que elabora la Constitución y la adopta casi como una hoja de ruta.

Además, una Constitución no puede ser simplemente el resultado de un ejercicio de


jurisprudencia clásica, visto desde la lógica de los entendidos en materia constitucional.
Tampoco una Constitución es el producto de la inspiración de un gobierno o de un grupo
de individuos iluminados. Una Constitución, más allá de su indudable trascendencia
jurídica, tiene que ser un proyecto político de vida en común, elaborado y puesto en
vigencia con el concurso activo de la sociedad.

Desde esta perspectiva, la Constitución del 2008 -redactada en Montecristi y aprobada


mayoritariamente por el pueblo ecuatoriano-, fiel a las demandas acumuladas en la
sociedad ecuatoriana, consecuente con las expectativas creadas, responsable con los
problemas globales, se proyecta como medio e incluso como un fin para dar paso a
cambios estructurales. En su contenido afloran múltiples propuestas para impulsar
transformaciones de fondo, construidas a lo largo de muchas décadas de resistencias y
de luchas sociales.

De esta manera, en el caso ecuatoriano queda en claro que la conquista del Buen Vivir
está directamente vinculada con el conjunto de derechos, y que éstos para cristalizarse
exigen cambios sustanciales de las tradicionales estrategias de desarrollo, las que, en
realidad, deben ser conceptual y estructuralmente superadas. Esta es, a no dudarlo, una
propuesta de vanguardia que tensiona el concepto de desarrollo en tanto opción post-
desarrollista a ser construida: el Buen Vivir. Los elementos del Buen Vivir se plasmaron
en 99 artículos específicos de la Constitución ecuatoriana que abordan expresamente
dicha cuestión.2 En el resto del texto constitucional aparece en repetidas ocasiones el
Buen Vivir conceptualizando la sociedad que se quiere construir.

Esta concepción del Buen Vivir desnuda los errores y las limitaciones de las diversas
teorías del llamado desarrollo. Y su aceptación en la Constitución de Montecristi consolidó

34
la crítica al concepto mismo de desarrollo transformado en una entelequia que norma y
rige la vida de gran parte de la humanidad, a la que perversamente le es imposible
alcanzar ese tan ansiado desarrollo.

Al reconocer a la Naturaleza como sujeto de derechos, en la búsqueda de ese necesario


equilibrio entre la Naturaleza y las necesidades y derechos de los seres humanos,
enmarcados en el principio del Buen Vivir, se supera la clásica versión constitucional. Y
para lograrlo nada mejor que diferenciar los Derechos Humanos de los Derechos de la
Naturaleza.

En los Derechos Humanos el centro está puesto en la persona. Se trata de una visión
antropocéntrica. En los derechos políticos y sociales, es decir de primera y segunda
generación, el Estado le reconoce a la ciudadanía esos derechos, como parte de una
visión individualista e individualizadora de la ciudadanía. En los derechos económicos,
culturales y ambientales, conocidos como derechos de tercera generación, se incluye el
derecho a que los seres humanos gocen de condiciones sociales equitativas y de un
medioambiente sano y no contaminado. Se procura evitar la pobreza y el deterioro
ambiental que impacta negativamente en la vida de las personas. Lo que está muy bien,
por lo demás.

Los derechos de primera generación se enmarcan en la visión clásica de la justicia:


imparcialidad ante la ley, garantías ciudadanas, etc. Para cristalizar los derechos
económicos y sociales se da paso a la justicia re-distributiva o justicia social, orientada a
resolver la pobreza. Los derechos de tercera generación configuran, además, la justicia
ambiental, que atiende sobre todo demandas de grupos pobres y marginados en defensa
de la calidad de sus condiciones de vida afectada por destrozos ambientales.

En lo social, en la constitución, se priorizaron las inversiones en educación y salud.12 En


tanto derechos humanos, la educación y la salud serán servicios gratuitos; se incluyó
específicamente la gratuidad de la educación en el nivel universitario. La gratuidad en el
acceso a la justicia es otro de los derechos consagrados en la Constitución. Se aprobó la
universalidad de la seguridad social, de ninguna manera su privatización. Todo este
esfuerzo en lo social se complementa con una serie de disposiciones para superar tanto
el machismo como el racismo, así como toda forma de exclusión social.

35
Todas las personas tienen por igual derecho a una vida digna, que asegure la salud,
alimentación y nutrición, agua potable, vivienda, saneamiento ambiental, educación,
trabajo, empleo, descanso y ocio, cultura física, vestido, seguridad social y otros servicios
sociales necesarios. Todos estos derechos, para su cumplimiento, exigirán ajustes en la
distribución de la riqueza y del ingreso, puesto que su vigencia no sólo puede estar
garantizada por la existencia de cuantiosos ingresos obtenidos por la exportación de
recursos naturales, como el petróleo. Los derechos deben ser garantizados por la
sociedad para todos sus miembros, en cualquier tiempo o circunstancia, no sólo cuando
hay excedentes financieros. En concreto, si se requiere, por ejemplo, asegurar la
seguridad social a todas las amas de casa y no se dispone de los recursos suficientes
provenientes de las exportaciones petroleras, se tendrá que dar paso a una reforma
tributaria que permita obtener los recursos suficientes de aquellos segmentos que más
ingresos obtienen. En juego, como es fácil anticipar, asoma la permanente disputa del
poder.

En la Constitución de Montecristi, más allá de las simples interpretaciones que hacen


algunos constitucionalistas conservadores, encontramos borradores de una utopía por
construir. Una utopía que implica la crítica de la realidad desde los principios plasmados
en la Constitución. Una utopía que, al ser un proyecto de vida en común, nos dice lo que
debe ser: una opción alternativa colectivamente imaginada, políticamente conquistada y
construida, a ser ejecutada por acciones democráticas, en todo momento y circunstancia.

Un punto de partida básico radica en aceptar que de ninguna manera es aceptable un


estilo de vida fácil para un grupo reducido de la población, mientras el resto, la mayoría,
tiene que sufrir para sostener los privilegios de aquel segmento privilegiado y opresor.
Esta es la realidad del régimen de desarrollo actual, una realidad propia del sistema
capitalista.

36
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Recuperado de:
[Link]
14352011000300008

38
TRABAJO SOCIAL EN LÍNEA

TALLER RURAL
3 créditos

Profesor Autor:

Lcdo. Luis Rúa Sanchez, Mgtr.

Titulaciones Semestre

• TALLER RURAL Quinto

Tutorías: El profesor asignado se publicará en el entorno virtual de aprendizaje


[Link]), y sus horarios de conferencias se indicarán en la sección
Cronograma de Actividades

PERÍODO OCTUBRE 2024 – ENERO / 2025


Índice

Tabla de contenido
Resultado de aprendizaje de la asignatura ...................................................................... 2

Introducción ..................................................................................................................... 2

Unidad 2: Estudio y aplicación de instrumentos para el análisis de la realidad: Social,


económica, demográfica y medio ambiental de la localidad ............................................. 4

Tema 1. Instrumentos Metodológicos comunitarios ......................................................... 4

1.1 Instrumentos de intervención comunitaria ............................................................... 5

1.2 Cartografía Social ................................................................................................. 10

1.3 Procesos para la implementación de los instrumentos cartográficos en el ámbito


desarrollo y social ....................................................................................................... 16

Tema 2: Análisis de la realidad comunitaria ................................................................... 30

2.1 Valoración social................................................................................................... 33

2.2. Sistema de indicadores económicos y sociales para el conocimiento de la realidad


social 36

2.3. Plan de ordenamiento y desarrollo territorial de las poblaciones rurales objetos de


intervención ................................................................................................................ 47

Bibliografía ..................................................................................................................... 62

1
Resultado de aprendizaje de la asignatura

Potenciar procesos de intervención con la comunidad rural mediante la aplicabilidad de


modelos, métodos y técnicas de Trabajo Social para el conocimiento de la realidad social,
económica, cultural y medioambiental de contextos específicos en el sector rural.

Introducción

En la introducción del manual para el Trabajo Social Comunitario, Nieves Lillo Herranz y
Elena Roselló Nadal (2010) aseguran que, El Trabajo Social Comunitario constituye uno
de los niveles de intervención del Trabajo Social que ofrece un conjunto importante de
excelencias, no sólo desde la perspectiva de la propia disciplina sino también, desde la
perspectiva del profesional que le da vida. Varias son las razones de esta concepción
positiva. En primer lugar, la intervención comunitaria supone necesariamente trabajar
desde los tres niveles de acción: la comunidad engloba a los distintos grupos que, a su
vez, son configurados por distintas personas, sujetos de la intervención en sí. En segundo
lugar, la eficacia del Trabajo Social Comunitario implica, en su esencia, la implementación
de programas integrales de acción, lo que a su vez admite invertir en interdisciplinariedad,
Inter institucionalidad, interáreas... que enriquecen y hacen viable la consecución de los
objetivos de esta intervención colectiva.

Comenzamos por su concepción específica para centrarnos posteriormente en su objeto


(siempre en la doble consideración de objeto-sujeto) para que, desde estos
planteamientos iniciales, proponer el conjunto de modelos metodológicos aplicables a
este ámbito, desarrollando de entrada el proceso básico de procedimiento desde la
especificidad de lo colectivo, para complementarlo con otros modelos metodológicos que
lo enriquecen y complementan, añadiendo, así mismo, un muestrario de técnicas e

2
instrumentos de intervención utilizables en este terreno de lo colectivo o comunitario.
Concepto, objeto, metodología y técnicas de una disciplina que se inserta, fluye y confluye
con una realidad social comunitaria determinada, compleja y global.

Esta afirmación exige, lógicamente, la toma de conciencia de la complejidad del contexto


social, grupal y personal en él y con el que trabajamos, lo que nos lleva a la constatación
de un dato básico de todas las Ciencias Humanas y Sociales de acuerdo con los
planteamientos contemporáneos que han venido haciéndose a propósito del llamado
paradigma de la complejidad. De hecho E. Morín (1994:100) en su Introducción al
pensamiento complejo ha subrayado el carácter multidimensional de toda realidad
precisando que, «toda visión unidimensional, toda visión especializada, parcial es pobre.
Es necesario relegarla a otras dimensiones». Por esto, habiendo expuesto ya el carácter
integral de la intervención, interrelacionamos los conceptos expuestos acerca del Trabajo
Social Comunitario con otros conocimientos, hechos, áreas, sistemas, fenómenos
sociales con los que mantiene una interacción clave para toda intervención comunitaria, y
que se encuentran en ese proceso vivo que actualmente se conoce con el nombre de
«complementariedad».

A través de los cuales introducimos brevemente elementos y ámbitos que deben tenerse
en consideración desde toda intervención comunitaria que se precie de eficaz. Un
conjunto de aspectos teóricos que, apoyados por una breve exposición de su evolución y
desarrollo en nuestro país, conforman el conjunto de conocimientos básicos para la
implementación de un programa de intervención comunitaria integral. A lo largo de estas
líneas también hemos pretendido dejar constancia de que el Trabajo Social implica un
posicionamiento profesional concreto que requiere una actitud apoyada en un paradigma
humanista dialéctico, de comprensión hacia el otro y su entorno, lo que conlleva, entre
otros aspectos, el rol profesional de apoyo en la toma de conciencia del individuo sobre
su persona y su entorno, desde una perspectiva individual, grupal y comunitaria, toma de
conciencia que se genera provocando su participación en todo el proceso de la
intervención.

Este enfoque de intervención recoge y asume la importancia y el auge que en nuestra


coyuntura actual tiene, y debe tener, el término de «comunitario», tanto desde una
perspectiva histórica, económica, política y social: las repercusiones económicas y la

3
correspondiente exclusión económico-social, las nuevas formas de vida comunitaria, las
iniciativas sociales en la participación de nuestra vida social y colectiva, el interés político
y social de las autoridades locales más cercanas al ciudadano, sitúan al Trabajo Social
Comunitario como una de las alternativas importantes de intervención social.

Por lo tanto, este documento no se limita al ámbito del Trabajo Social; los últimos
profesionales incorporados a «lo social», están conformando equipos interprofesionales
que, desde sus diferentes contribuciones personales y laborales, parten de una
concepción metodológica común: la Intervención Comunitaria Integral.

Unidad 2: Estudio y aplicación de instrumentos para el análisis de la


realidad: Social, económica, demográfica y medio ambiental de la
localidad

Resultado de aprendizaje de la unidad: Reconocer los instrumentos metodológicos


para el estudio y análisis de la realidad socioeconómica, cultural, ambiental involucrando
proactivamente a la comunidad rural en el conocimiento de su realidad.

Tema 1. Instrumentos Metodológicos comunitarios

La esencia de un accionar idóneo siempre será un sustento teórico, puesto que éste dará
los fundamentos para intervenir adecuadamente. Y la etapa crucial para el consumo
primordial de estos saberes es el proceso estudiantil. En este sentido, Gordillo nos
menciona lo siguiente con referencia a la importancia de esta conceptualización
incesante:

"Los libros tienen utilidad en el proceso de conocimiento de la profesión; permiten llevar a


cabo una recuperación de aportes sobre la conceptualización (Metodología y Método),
desarrollos operativos (técnicas e instrumentos) y dimensiones implícitas (epistemológica,
ideológica, ética y contextual)” (Gordillo, 2007, p.121).

4
Referente al consumo de saberes mediante los libros, esto debe ser una acción inherente
al Trabajador Social y no sólo el proceso de consumir ideas o aprender procesos
esquematizados sino la inflexión clave que será construir y deconstruir nuevas ideas y,
con esto, un nuevo Trabajo Social acorde al contexto económico, político y social que se
viva.

En consiguiente, el proceso praxeológico del Trabajador Social, el cual es llevado en su


totalidad a nivel institucional y no del todo a un nivel áulico, tiende en algunas ocasiones
a ser un practica mecánica y operativa, perdiendo así su esencia de transformación social
por cumplir estatutos institucionales. La praxis en el Trabajo Social se debe sistematizar
y comunicar para que se cumpla con el ciclo de la creación de nueva teoría y así
enriquecer la profesión y disciplina de las ciencias sociales y humanidades.

En cuanto a lo metodológico Gordillo (2007) menciona su postura:

La Metodología es entendida como un concepto global referido al estudio del


Método (o de los métodos) desde un proceso sistemático en el cual se
adquieren modos y formas de conocimiento; el Método es considerado como
el camino para obtener un fin de manera ordenada, desde un conjunto de
reglas. La sociología y psicología hacen referencia a lo plural; a diferentes
métodos; se infiere que en filosofía se refiere el método al pensar, mientras que
la sociología y la psicología lo diversifican en los métodos para pensar y para
actuar (p. 123)

En esta postura metodológica encontramos la última piedra angular para un


accionar fundamentado, debidamente estipulado y siguiendo un orden y estatutos. Sin
llegar a ser rígida, la metodología en Trabajo Social es esencial desde sus tres esferas
básicas: caso, grupo y comunidad desde donde actuamos y somos co-gestores de
procesos de cambio en los individuos-usuarios.

1.1 Instrumentos de intervención comunitaria

Así como se tiene un corpus teórico y metodológico, también se tiene un apartado


instrumental específico que potencializará y descifrará las tramas sociales a las que nos

5
enfrentemos en la vida cotidiana profesional. Es por ello que hemos recapitulado estos
29 instrumentos claves para los profesionales del Trabajo Social:

6
7
8
9
Elaborado por: Guadalupe Jacqueline Ávila Cedillo

Las herramientas/instrumentos arriba señalados se pueden usar para la intervención con


familias, con comunidades, en instituciones y empresas. Es de suma importancia su
conocimiento y dominio, para optimizar procesos de atención y terminar con procesos
burocráticos.

1.2 Cartografía Social

Según Juan Manuel Diez Tetamanti () En el año 2007, en la Universidad Nacional de La


Plata desde la Cátedra de Trabajo Social I, se comenzó a pensar en la posibilidad de
aplicar una nueva herramienta de trabajo: la Cartografía Social. Esto generó un
intercambio muy dinámico, entre las carreras de Trabajo Social y Geografía y los
conceptos que cada una de ellas moviliza para su obraje diario.

Así, en 2008, se empezó a aplicar Cartografía Social en el espacio de Trabajo Social I, tal
como lo explican Zulma Hallak y Mariano Barberena en este libro. La experiencia inicial
anticipaba lo que luego sucedería: la apertura de un abanico inmenso de trabajo y
aplicabilidades, tanto para intervención, como para la investigación en las ciencias
sociales.

Así fue que entre los años 2008 y 2012 emergieron proyectos de trabajo concretados
en múltiples localidades de Argentina, Uruguay y Brasil. Estas aplicaciones de la
Cartografía Social tanto en terreno de trabajo de campo como en lo académico, generaron
la pauta del nacimiento de la puesta en práctica de la Cartografía Social, fundándose
una modalidad de aplicación mutante y en permanente construcción, con puesta en
marcha en diferentes lugares (rurales y urbanos) y variando en modos de implementación
y pruebas metodológicas.

Si algo quedará claro luego de la lectura de los capítulos que componen este libro,
es que la Cartografía Social es «un método de construcción de mapas -que intenta
ser- colectivo, horizontal y participativo». Esta particularidad, que a primera vista
parece responder a la moda actual en los métodos de intervención e investigación,
rescata los modos más antiguos de construcción de mapas: el colectivo. Este modo
colectivo hace fuerza sobre todo en dos cuestiones: inicialmente considera al
conocimiento del espacio banal (Santos 1996), al territorio como plural de modo que
quienes participan en la «obra» del mapa poseen saberes diversos sobre «el lugar»; y,

10
por otro lado, contempla que el resultado de ese mapeo es colectivo y horizontal; por lo
que para obrar del mapa debe existir un intercambio, un debate y un consenso.

En síntesis, la obra final de un mapa realizado a través de la Cartografía Social, implica


una tarea compartida, con fuerte intercambio de ideas, un debate sobre acciones,
objetos, y conflictos; y finalmente un consenso. En ese momento, el mapa se transforma
en un texto acabado que habla de un espacio compuesto por acciones y objetos en
conflicto, pero escritos mediante un consenso. Esto es esencial, ya que el mapa
tradicional carece de ese pasaje, siendo legitimado según quien lo construya, por un saber
técnico-académico, gubernamental o militar.

En este sentido, es necesario rescatar la importancia del «poder de la cartografía».


Quién sabe dónde están los objetos, dispone de herramientas para comandarlos. En
este derrotero, trabajar con cartografía (incluso en la tradicional); la construcción de
mapas en sí, es una práctica que permite, por un lado, no apartarnos de la asociación de
datos reales representados en un texto dibujado, y por otro; en el sentido de la
organización, ubicar esos datos en el mapa para leerlos en lo que podríamos llamar una
fotografía incompleta del terreno. En el caso de la Cartografía Social, esa fotografía
es un filme colectivizado y al ser dinámica, siempre estará incompleta; aun cuando
ésta haya finalizado. Pues no hay final, el mapa es un relato dinámico. Los mapas no
sólo representan el territorio y lo producen cumpliendo la función de familiarizar al
sujeto con el entorno; el mapa también naturaliza el orden de las relaciones que le son
permitidas con el espacio, cumpliendo una función ideológica (Montoya Arango.
2007:157). En el sentido de lo que postula Montoya Arango, reconocer al mapa como un
mensaje social, implica una labor de descomposición de la retórica y las metáforas
cartográficas, y un alejamiento del pensamiento positivista para adentrarse en la teoría
social, prescindiendo por principio de la neutralidad y la objetividad con que se ha
revestido hasta ahora el saber científico.

En la Cartografía Social se desliga de esa neutralidad y objetividad. El mapa es


subjetivo y comunitario. Es un mapa festivo y aparentemente caótico, porque es dinámico
y vive; en contrapartida al solitario mapa de los Institutos Geográficos. Esto no implica
que uno sea más valioso que el otro; lo que marca el límite es una diferencia de génesis.
Mientras que el mapa tradicional nace normado, el social lo hace consensuado; mientras

11
que el tradicional es obrado de modo vertical, el social es horizontal. Sin embargo,
ambos comparten el poder de la cartografía. En este sentido, John Harley (2001) señala
que el cartógrafo es un sujeto social, inmerso en intereses políticos que configuran la
realidad social de su tiempo, su conocimiento no es neutro ni imparcial, está inserto
en las tramas del poder y su conocimiento es instrumentalizado por aquel. Por esto,
en Cartografía Social el cartógrafo es colectivo. No hay cartografía sin comunidad.
Esta colectivización involucra que los objetos y acciones existentes en el espacio sean
compartidas e intercambiadas. Así, cada integrante del obraje advierte nuevos objetos y
nuevas acciones. Los cartógrafos del mapa social son aprendices de su propio
espacio; espacio que al mismo tiempo se encuentran creando. La propia construcción de
un simple mapa ha demostrado en las experiencias de trabajo sorprender a los integrantes
de la obra: los cartógrafos se admiran del espacio geográfico que encuentran creando
conocen más allá de sus palabras. De este modo, al finalizar la tarea, los participantes
no sólo construyen un texto que habla del espacio geográfico, sino que pasaron por un
debate sobre el territorio que los acercó a él. Al finalizar el mapa, todos conocen más el
territorio. Al conocer más el territorio se amplían las posibilidades de comando
comunitarias, que hasta ese momento estaban en poder de quienes concentraban el
conocimiento.

La distribución del conocimiento territorial se gesta en una obra colectiva, en la hechura


de un objeto: el mapa. Se produce un hecho geográfico: el participante reconoce,
renueva e intercambia su conocimiento territorial y lo manipula en un escenario.
Así, el territorio se ensancha y alarga para el participante que se reconoce en él como un
elemento que puede transformar el espacio.

La Cartografía Social está tenuemente normada en sus elementos iconográficos y


estructura interna de dibujo. La norma es consensuada entre los cartógrafos sociales y
tiene un objetivo general, determinado por el problema a tratar. Ese objetivo puede ser:
un mapa sobre conflictos barriales, sobre ubicación de recursos comunes, sobre
problemas ambientales, sobre la distribución del agua en una comunidad, etc. Atento
a que la norma de construcción del dibujo, del mapa es normada colectivamente, el
resultado final es complejo de sistematizar en modo gráfico. Por ello, la obra final del
mapa es acompañada de una explicación oral y en ocasiones escrita. Esto hace que el
mapa en sí mismo, sea un elemento inacabado. El mapa es acompañado por una

12
explicación oral que lo completa. El mapa y esa explicación, sólo realizable por
quienes construyeron el mapa, constituyen el texto que referencia el problema
tratado inicialmente. Así, el mapa obtenido de la Cartografía Social es un elemento
complejo de sistematizar; en contrapartida a los modernos sistemas digitales de
información geográfica, que intentan sistematizar y ordenar todos los objetos y datos para
luego gestionar.

La sistematización compleja, colabora con la emancipación territorial y con la


construcción de nuevos territorios a partir del debate y el consenso, alejándose -en la
práctica de implementación- de planificaciones rígidas y esquemas técnicos –
académicos tradicionales. La sistematización compleja, la cual se presenta en otro
capítulo, apunta una socialización de datos territoriales más interna, que externa.
Acontece en el lugar y no fuera de él. En este sentido, los datos pertenecen al lugar de
donde emanaron y no son compartidos mediante sistematizaciones sistematizadas
con lo externo. Antes, son compartidos en lo interno para ser debatidos y
consensuados en presencia de un problema «local». La externalización puede
llegar luego, o no; lo que implica una inicial introspección comunitaria del espacio y del
problema, anterior a la externalización, exportación de datos o publicación. Así, la
Cartografía Social hace un recorrido desde adentro hacia afuera, en la generación del
mapeo y no a la inversa, como sucede habitualmente en la cartografía tradicional.

La yuxtaposición de objetos y la complementariedad de acciones que dan como


resultado el lugar -el espacio visible- con huellas palpables o rescatadas del paso del
tiempo, son fieles testigos de la construcción de un espacio derivado. Esa yuxtaposición
de objetos y de acciones de modo sincrónico y diacrónico es la que conforma la
filmografía espacial. Hay un tempo particular en cada «lugar» que traza una sincronía
constante, al compás de las particularidades «locales» y una diacronía señalada en la
existencia o no de objetos, de elementos emplazados o desplazados del espacio
geográfico.

La Cartografía Social rescata ese movimiento sincrónico y diacrónico al igual que


un filme. Un filme en el que los cartógrafos, como habitantes del «lugar», son creadores
participantes de su propio mapa. Mapa desde el que podrán intervenir finalmente, en el
territorio real y concreto.

13
En la construcción del mapa, puede existir una renunciación del pasado, tanto en el mapa
como en el texto final. Allí, los objetos, acciones, recuerdos y prácticas del pasado son
dibujadas y puestas en valor comunitario. Incluso algunos objetos ya desaparecidos,
pueden volver a estar presentes a través del mapa del pasado. Así, el mapa del pasado
se transforma en un elemento de anclaje para lo que se denomina vertebramiento
inercial (Diez Tetamanti: 2012).

El vertebramiento inercial ocurre dentro de la orquesta espacial de racionalidades y


contra-racionalidades, como emergente conflictuado de acción local. Los viejos objetos
que formaron parte de esa totalidad en otro periodo, emplazados hoy como huellas y
elementos obsoletos, persisten latentes en muchas ocasiones. Así, un plato giratorio
de locomotoras que permanece en una estación ferroviaria por casi treinta años
como un objeto más de los tantos obsoletos. En los casi treinta años de desuso, la
estación no tuvo funcionalidad definida. Fue estación, casa, chiquero, lugar de
esparcimiento... Sin embargo, estuvo allí, entre los yuyales de atrás de la estación, como
también estuvo en esas condiciones el edificio de los talleres ferroviarios, o un viejo cine.
Mientras tanto, no se repararon locomotoras ni se proyectaron películas. Pero los lugares
continuaron llamándose «Taller», «Cine» y «Plato giratorio de locomotoras». Allí
estuvieron, latentes, aparentemente inactivos, ocultos y presentes al mismo tiempo.

La memoria de quienes vieron esos objetos en funcionamiento o el conocimiento de que


«eso» servía para tal cosa, mantuvo latente su existencia inicial. Por otro lado, esos
objetos permanecieron en lugares de dominio público y comunitario. Esos en particular,
porque es cierto que existen objetos similares que fueron invadidos por la propiedad
privada o retirados del lugar sin dejar rastro.

A partir de trabajos de campo en diversas pequeñas localidades rurales, en donde no se


aplicó Cartografía Social, se observó que, en los momentos de crisis, de emergencia de
nuevos grupos, de búsqueda de lugares comunes; estos elementos se presentaron
como factibles de ser ocupados por la población local y utilizados con fines comunitarios.
Así, los objetos, la estación del ferrocarril pudo haberse convertido en un museo. Museo
como guardería de los objetos inertes, sólo para exhibirlos detrás de un cristal, pero
muertos. Para exhibir aquello que perteneció a un periodo anterior. Sin embargo, los
objetos existentes y portantes de significado y valor latente, desencadenaron un

14
vertebramiento inercial. «Una recuperación de la fuerza latente en el objeto y la
memoria, que colabora en la aceleración del movimiento y luego intenta innovar y
accionar para el desarrollo del lugar» (Diez Tetamanti: 2012).

En el vertebramiento inercial se recupera desde la acción un objeto que se encuentra


latente, se lo apropia y se prosigue con parte de su fuerza de significación inercial. Allí
está el objeto, ese que es fijo, forma parte del lugar y de la totalidad. Por lo tanto, el
objeto latente, puede ser también un facilitador de inercias y desencadenante de
acción si se encuentran en él aquellas propiedades que lo reaplican activamente como
sistema de objetos activos.

Si hay un vertebramiento inercial también puede haber posibilidades de un desvertebra


miento inercial. Si los objetos con fuerzas latentes son forzados a ejercer funciones sin
poder ejecutar apropiación, de modo casi obstinado los objetos pueden entonces
entorpecer las intencionalidades de desarrollo puestas en él. En este sentido, la
intervención externa (en algunas ocasiones mediante políticas públicas o a partir de
financiamientos a proyectos locales), crean el escenario para forzar acciones en un
espacio que mutó y no posee lugar para el emplazamiento de objetos o acciones
extemporáneas.

En este contexto, la Cartografía Social abre la puerta para pensar en la facilitación


de un vertebramiento inercial desde el mapa, para luego avanzar sobre el territorio.
Esto es sencillamente, mediante la recuperación de objetos y acciones del pasado sólo
existentes en las memorias, como elementos portadores de activación para
nuevas propuestas. Concretamente, cuando se trabajó con la problemática de la basura
en el sur de la provincia de Chubut, algunos pobladores recordaron que hace unos años
se habían colocado cestos de basura en las cuadras. Ese recuerdo fue dibujado y
compartido por otros. Los más jóvenes, desconocían esa existencia pasada. La
recuperación del dato en el mapa permitió imaginar colectivamente, una localidad con
cestos de basura. Si en algún momento ese objeto fue utilizado, podrá ser puesto en
nuevo uso en el futuro. Así, el objeto del pasado como elemento del espacio, es
pensado como elemento del futuro. De este modo, el problema buscó un elemento
del pasado para resolverse. Lo colocó en discusión en el presente y lo planifica en el
futuro como posible nuevo elemento. Lo interno, el objeto interno «cesto de basura»

15
realiza un recorrido diacrónico y se pone a prueba sincrónicamente: ¿por qué no
resultó? ¿qué hizo que los cestos hoy ya no estén? ¿cómo podemos hacer para que los
cestos estén nuevamente, aprendiendo del proceso vivido? El concepto de
vertebramiento inercial se pone así a prueba como un concepto que horizontaliza la acción
interna y local; procura un territorio futuro tomando el pasado interno como propio y crítico.

Finalmente, la Cartografía Social propone la construcción de un espacio conocido


y comandado localmente. Para ello, ensaya en el papel y luego actúa en el barro. En
virtud de la intensa movilidad de objetos y acciones externas e internas que existen
actualmente en los territorios, la Cartografía Social permite crear un mapa local con fuerza
en lo interno y visibilidad de lo externo. En el mapa elaborado mediante cartografía
social lo «local» crea lo «regional» al tiempo que lo caracteriza desde lo interno. Por eso,
hay una cierta emancipación del mapa tradicional, pero sin anularlo. El mapa es así, no
sólo una creación colectiva debatida y consensuada; es la puesta en marcha de un
proceso de intercambio y debate que permitirá el nuevo territorio posible, diseñado
y soñado por sus propios moradores.

A partir de lo expuesto es que se plantea la posibilidad de utilizar esta metodología


como integrante de futuros procesos de investigación e intervención en lo social. La
creación de un texto complejo y dinámico intensifica el alcance de posibles respuestas a
preguntas y demandas. Esta intensificación está propiciada, en definitiva, por la
inclusión del dibujo como elemento del texto, la participación comunitaria sincrónica
y la libertad de creación de todos aquellos involucrados en el proceso.

1.3 Procesos para la implementación de los instrumentos cartográficos en el ámbito


desarrollo y social

Desde la complejidad de los escenarios actuales de intervención en lo social, lo territorial


se presenta como un espacio de mirada y análisis que requiere de lecturas que
trasciendan las descripciones formales o meramente descriptivas o cuantitativas.

El territorio construye subjetividad y es construido desde ella. Lo territorial es memoria,


recuerdos y «previsiones extrañas» poseyendo también diversas posibilidades de
acceso a la multiplicidad de imágenes, representaciones, imaginarios y sentidos que

16
trasciende a la realidad objetiva desde fisonomías que cambian a partir de innumerables
expresiones.

La intervención social actúa sobre el cuerpo y la subjetividad, pero también, en interacción


y diálogo con el territorio. Desde ese encuentro se construyen diferentes formas de
producción de saber y significaciones sobre el mundo de la vida y su
cotidianeidad. Ese saber, también interactúa con el territorio, retorna: se transmite e
inscribe las alteraciones que surgen en sus trazados, fluye sobre él, lo transforma, lo
intensifica, lo desbloquea y expone. El territorio, de esta manera puede ser
entendido como una construcción social que se desarrolla a partir de las
significaciones y usos que los sujetos construyen cotidianamente, a partir de historias
comunes, usos y sentidos. Así como sujetos somos seres con historia, el territorio también
la tiene y esa historicidad es construida en forma colectiva.

Allí, desde la historicidad, el territorio se transforma en un «lugar» delimitado desde


lo real, lo imaginario y lo simbólico. Esa delimitación, marca los bordes que lo encierran
en sí mismo, pero, como tales, esas orillas están en constante movimiento y con una
turbulencia que trasciende los bordes y se entromete en su integridad.

En el territorio es el lugar donde la identidad y la pertenencia son constituidas como


fundamentos de la cohesión social, ya que éste es habitado por la memoria y la
experiencia. Es posible entender a la identidad social como una serie de atributos
reconocibles en un sujeto y que son acompañados por otros miembros de su grupo de
pertenencia, esa construcción social de la identidad se entrelaza con lo cultural donde se
conjugan una serie de pautas y valores también compartidos. Es posible también
definir lo territorial desde estos aspectos ampliando de esta manera las alternativas de
mirada.

El territorio es también el espacio que acoge, cobija y en cuyo seno se desarrolla la vida
social, la actividad económica, la organización política, o sea, el presente y el futuro de
una comunidad social. En él se inscriben las huellas de cada sociedad. El territorio es
en definitiva un espacio construido desde lo social, concentrando en él una larga
serie de interacciones y prácticas sociales. Pero también puede ser entendido desde una

17
perspectiva de movimiento donde se entra y se sale de él, es decir que esa implicancia
con el movimiento significa entrar y salir del territorio.

A esa movilidad G. Deleuze (2002) la denomina «des territorialización» …

Por ejemplo, luego caí en la cuenta de que en Melville se repetía todo el tiempo la
palabra «outlandish», y outlandish –en fin, lo pronuncio mal– significa exactamente
el desterritorializado, palabra por palabra… no hay territorio sin un vector de salida
del territorio, y no hay salida del territorio, desterritorialización, sin que al mismo
tiempo se dé un esfuerzo para reterritorializarse en otro lugar, en otra cosa
(p. 421).

Las Cartografías Sociales nos aproximan a ese juego de entrada y salida, es preciso irse,
para volver a entrar, «re territorializarse» y reconocer más y nuevas singularidades en
cada espacio. De esta manera las Cartografías Sociales facilitan, esa entrada y esa
salida que permite verlo desde diferentes perspectivas y actores.

El acceso a lo territorial, se presenta como una necesidad para conocer e intervenir en


diferentes procesos sociales. Si el territorio es también historia, tiene inscripto en sí mismo
dificultades y posibilidades de resolución. Las cartografías sociales se presentan como
un instrumento, o metodología que construye el acceso a ese conocimiento, tanto
como a sus posibilidades de transformación.

Las cartografías como dispositivos de intervención abren nuevos escenarios aportando


una mirada diversa y compleja de lo territorial. Pero, por otra parte, las cartografías
también facilitan la construcción de conocimiento colectivo y desde allí, posibilitan
generan acciones que tienen la capacidad de transformar escenarios, lugares y
diversos espacios, incluso institucionales. Como forma de poner en imágenes la realidad
facilita el encuentro de diferentes lenguajes, saberes, representaciones y deseos
colectivos. De este modo como modalidad de intervención grupal, también se logra dar
un carácter mancomunado a la acción.

La aplicación de las cartografías sociales conjuga, la palabra, la observación, y la


construcción en conjunto a través de las representaciones de mapas, produciendo
diferentes formas de intercambio y retroalimentación. Dentro de este dispositivo

18
de intervención es posible construir diferentes y múltiples transcripciones,
interpretaciones y miradas que proponen y expresan diferentes maneras de
comprender y explicar a con la posibilidad de generar acuerdos y consensos.

Desde lo metodológico, las cartografías proponen diferentes lenguajes, lo escrito, la


palabra, los gráficos y la posibilidad de expresar el territorio desde diferentes
formas de aproximación, convocan a una polisemia que facilita los procesos de
intervención en la medida que pueda ser expresada. A partir del lenguaje gráfico, se
muestran otras posibilidades de encuentro, que permiten diferentes formas de mirada a
lo territorial, tanto desde la aproximación como desde la toma de distancia. En ese
cambio de perspectivas acompañado por el relato, la interpretación y diferentes
formas de circulación de la palabra se construye una nueva forma de conocimiento
esencialmente dinámica, constituyéndose de alguna manera una nueva modalidad
discursiva donde se plasma lo escrito y los gráficos puestos dentro de una escena
determinada. Así es posible pensar a las Cartografías Sociales como una forma de
lenguaje. La intervención es lenguaje en la medida que transforma, se inscribe y circula,
de allí que las cartografías se presenten como un nuevo instrumento de intervención
social que escenifica situaciones, describe telones de fondo y tiene la capacidad
de aproximarse a la construcción de mundo de los actores sociales.

La realidad «posee un entreverado estilo» que quizás pueda ser dilucidado en su


complejidad a través de formas de conocimiento que no busquen la exactitud
objetiva, sino formas de aproximación subjetiva que puedan dar cuenta de parte de
las imágenes y los sueños que nos rodean, la novela, tal vez, lo resuelve, pero
también es posible pensar formas organizadas de conocimiento de la realidad que
construyan relatos surgidos de la subjetividad de los actores sociales. La confusión
que signa los espacios actuales de intervención requiere de nuevas historias
que dialoguen con las viejas, pero que puedan emerger a través de otras formas de
expresión.

Las Cartografías Sociales desde una perspectiva metodológica se presentan como un


proceso que se lleva adelante a través de diferentes actividades, donde el tiempo que
transcurre está signado por ellas y sus propósitos. Como forma de mirada singular a la
realidad desde diferentes formas de apertura a ésta, las cartografías tienen la

19
posibilidad de expresar confrontaciones, contradicciones, consensos y soluciones. Las
Cartografías Sociales permiten diferentes formas de conocimiento de lo territorial. En
este aspecto sobresale la posibilidad de acceder al territorio incorporando elementos
fácticos, pero también subjetivos. Desde esta perspectiva, lo subjetivo implica la
acción y la representación de los actores sociales atravesados por circunstancias
históricas, culturales, económicas y culturales. En definitiva, las cartografías sociales
se involucran con la posibilidad de conferir visibilidad desde la identidad del
territorio, facilitando el acceso a éste desde un compromiso con su pasado, presente y
futuro de los diferentes devenires que acontecen en una localidad o región.

Las Cartografías Sociales como instrumento de intervención se trabajan partiendo


de la identificación de categorías, variables e indicadores con la finalidad de organizar una
primera etapa de la información. Para tal fin, es relevante definir el sentido de la acción,
la intencionalidad de la misma y la escala de ésta, a nivel barrial, local y regional. Esta
modalidad de intervención es esencialmente grupal. Un grupo, dentro del proceso de
intervención social a través de cartografías puede ser entendido como un determinado
número de personas que tienen como perspectiva alcanzar un objetivo común vinculado
con el conocimiento y la interpretación del territorio, formando parte, durante un período
de tiempo dentro de un proceso de comunicación e interacción. De este modo se presenta
como necesaria la construcción de un sistema de pautas comunes junto con una
distribución de tareas. Pero, por otra parte, la interacción grupal que se produce
a partir de la aplicación de cartografías sociales genera nuevas modalidades y
visiones, tanto desde lo grupal como desde lo territorial.

A su vez esa nueva forma de grupalidad comienza a interactuar con lo territorial. La


posibilidad de entender lo grupal como un proceso que se abre a una serie de
perspectivas imaginarias y reales, teniendo como horizonte la cohesión en el desarrollo
de la tarea y la posibilidad de rever o visualizar lo territorial desde múltiples miradas
que se sintetizan en propuestas de intervención. En otras palabras, la utilización
de dispositivos grupales desde las cartografías sociales tiene dos formas de registro,
por un lado, la propia integración del grupo y por otro la elaboración de estrategias que
permitan re significar lo territorial.

20
Las cartografías pueden ser asociadas a diferentes formas de reconocimiento,
especialmente desde lo visual, pero también desde el relato. Contar la historia de un
barrio y ubicar sus puntos sobresalientes desde lo territorial permite articular las diferentes
formas del relato con lo percibido, donde las imágenes tienen la posibilidad de cobrar
formas más relacionadas con las significaciones que les otorgan los propios actores
sociales.

Las narrativas vinculadas con el territorio se sustentan a partir de diferentes


elementos como la naturaleza, el paisaje, los aspectos medioambientales, lo cultural, las
formas de explicación de las circunstancias que lo rodean, los sueños y deseos y las
fronteras que se demarcan desde una articulación singular entre lo material y lo
simbólico. Desde el lenguaje se construye la identidad territorial, donde es posible
reconocer la integración de las continuidades históricas, el socioculturales.

Los relatos que surgen de estas formas de contar historias dentro del contexto de
un proceso de intervención con cartografías, pero esta manera de describir tiene
diferentes aspectos donde se conjugan la palabra y la imagen, en forma de memoria
visual.

De este modo, la memoria visual también articula lo significativo y lo simbólico con el orden
de lo real. También este proceso se relaciona con las posibilidades de interpretación
que surgen de recoger la memoria visual, lo que permite o, a veces, requiere la
complementación con otros instrumentos y métodos. Así, las cartografías pueden ser
complementadas con representaciones teatrales, murales, fotografías y filmaciones que
van ampliando la disponibilidad de recursos para acceder a lo territorial desde diferentes
lenguajes.

El territorio, como espacio de contención de los escenarios sociales, puede presentarse


en forma heterogénea, con distintas lógicas, diferentes formas de comprensión y
explicación de los problemas sociales desde los propios actores que lo habitan.

Estas territorialidades son vividas por distintos grupos sociales en espacios donde la
fragmentación vincular y la pérdida de lazo social generan e inscriben en las
historias sociales, diferentes formas de padecimiento y elaboración de resistencias
subjetivas e inter subjetivas. Estas diferentes historias amplían desde la práctica

21
la noción de cuestión social, así, la aproximación a lo subjetivo permite conocer con
mayor profundidad los problemas sociales sobre los que se interviene. Incorporando de
esta forma más instrumentos de análisis y conocimiento.

De ahí que la intervención desde lo territorial se acerca a la noción de espacios


macrosociales, y también a la de escenario de intervención. Desde estas, se hace
posible comprender y explicar las diferentes expresiones de la cuestión social abarcando
distintos ángulos, perspectivas y visiones.

Las Cartografías Sociales, se presentan como un instrumento capaz de dar cuenta de


esos procesos, construcciones y significaciones, no solo desde una visión descriptiva,
sino, generando, desde su propia aplicación diferentes formas de integración y
posibilidad de recuperación del lazo social perdido aún desde de la persistencia del
discurso neoliberal.

1.4. Análisis e interpretación de los instrumentos cartográficos aplicado en la


comunidad

La propuesta reconstruye el método de trabajo y lo ajusta a la experiencia de


aplicación. Se propone trabajar con el siguiente dispositivo de análisis, para los
mapas confeccionados grupalmente en terreno. El siguiente dispositivo ha sido
elaborado con un sentido que contempla tres etapas de intervención /
investigación, utilizando la Cartografía Social.

La primera etapa, de «Problema» se propone como metodología de intervención la


Cartografía Social que permite la obtención de datos sobre el trazado del territorio,
para su posterior representación técnica y artística, como parte del proceso donde
es la población la que participa en la definición del o los problemas de la comunidad
en la que vive.

Los «mapas problema» son aquellos realizados a partir de la coordinación del


equipo de investigación junto con la población involucrada en el proyecto. Estos
mapas no pueden ser elaborados por el grupo de intervención / investigación.

22
La segunda etapa de «Sistematización y Análisis» donde el equipo investigador
realiza la tarea de síntesis en un solo mapa que se sintetiza en un mapa global
que incluye tres mapas hacia el interior; donde queda registrado el procesos global
que involucra: un mapa problema, donde se destaca el desarrollo del problema
expresado en pasado, presente y futuro; un segundo mapa de relaciones y prácticas
expresado en pasado, presente y futuro y un tercer mapa de conflictos, donde
también queda registrado el pasado, el presente y el futuro; y como parte de la
tercer etapa que denominamos de «Resolución y Síntesis». Se trata de la instancia
que corresponde al momento de devolución a la comunidad y un nuevo momento
de participación dialógica entre el equipo de intervención-investigación y la población
participante en el proceso, para resignificar los mapas construidos y lograr una
nueva síntesis.

A continuación se explican cada una de las etapas, así como la perspectiva de


análisis adoptada desde el dispositivo de procesamiento de Cartografía Social.

Pasos para el análisis de los mapas: Dimensiones planas

23
El grupo de intervención / investigación se reúne y analiza los mapas
confeccionados en la etapa “problema; para ello, el grupo de investigación
confecciona tres mapas que representen las relaciones, las prácticas y los conflictos
a partir de los elementos constitutivos del espacio expresados en los mapas
elaborados en la etapa “problema”.

La construcción de los mapas elaborados por el grupo de investigación se


operacionaliza atendiendo a tres dimensiones planas. Una advertencia: denominamos
planas en tanto no dan cuenta de lo dinámico de la vida social, sino queda un
registro estático, a modo de fotografía de las relaciones, prácticas y conflictos.
El conjunto de estas tres dimensiones constituyen y configuran lo que
denominamos problema; de este modo es posible dotar a los mapas de un espesor
temporo-espacial.

Sobre la base de esta secuencia avanzamos sobre la definición conceptual que


guía al equipo de investigación en el proceso de elaboración de los mapas
síntesis, a partir del registro de los dibujos realizados por la población participante;
y en paralelo el equipo de investigación, genera otros registro de campo7 donde
se anotan percepciones, dichos, expresiones, anécdotas y la dinámica adoptada
por los grupos en el espacio de taller participativo. De este modo al finalizar los
talleres participativos se cuenta con distintos registros.

Mapa de relaciones: involucra las relaciones sociales expresadas y registradas por


la población en los mapas “problema” (todos sintetizados en un único mapa).
Entendemos que las personas son y se constituyen en relación con otros, y
que estos modos de relacionarse configuran los espacios y las prácticas que se
desarrollan, en cada caso, atendiendo al problema que se aborde. Las relaciones
pueden ser expresadas en pares dialécticos como Público – Privado / Externo
– Interno / Gobierno – Población / Población – Población / Instituciones – Población
/ Instituciones – Instituciones / Nuevo – Viejo. Debe tenerse en cuenta que, de
acuerdo a la problemática abordada, se establecen criterios de relevancia o no de
los pares dialécticos mencionados; o en tal caso pueden adoptarse otras
relaciones sociales no contempladas en esta clasificación.

24
El dispositivo de procesamiento de Cartografía Social adopta la técnica de de
Talleres Participativos coordinados y organizados en forma conjunta entre equipo
investigador y referentes de la población. La dinámica de los talleres depende de la
población participante, es decir, de la cantidad de personas. Según sea cada
caso se dividen en grupos compuestos entre 5 y 7 personas. Cada grupo es
coordinado por un integrante del equipo de investigación quien guía el proceso de
construcción del mapa y realiza registros in situ en su cuaderno de campo.

Como parte del proceso de intervención-investigación entendemos por registros:


los materiales escritos y audiovisuales que incluyen imagen fija (fotografía), imagen
en movimiento (filmación) y grabaciones sonoras y las producidas por los participantes
de los talleres.

Mapa de Prácticas: involucra las prácticas sociales expresadas en los mapa


“problema” (todos sintetizados en uno). Las prácticas sociales refieren a «la relación
práctica con el mundo, esa presencia preocupada y activa en el mundo por la cual
el mundo impone su presencia, con sus urgencias, sus cosas por hacer y por decir,
sus cosas hechas para ser dichas» (Bourdieu, 2007: 85). Por lo tanto entendemos
que involucran los sistemas de acciones ejecutadas en relación con los objetos;
de este modo entendemos el territorio como un espacio territorializado donde se
dan estas prácticas sociales expresadas en los mapas “problema”. En este sentido
entendemos que el espacio se encuentra indisociable de lo que Milton Santos
denomina como sistema de objetos y de acciones. La acción como parte de un
sistema de acciones «no es un comportamiento cualquiera, sino un comportamiento
orientado en el sentido de alcanzar fines y objetivos» (Rogers, E. 1961:302 en
Santos, M. 2000:67). Así, el espacio al plantearse como no permanente, se
encuentra en constante transformación y dinámica. Sintéticamente, para Santos «los
objetos son fabricados por el hombre para ser luego éstos la fábrica de la acción...
...los objetos contemporáneos surgen bajo un comando único y aparecen dotados
de intencionalidad» (Santos, M. 1994:90-91). Las acciones «son movidas por una
racionalidad conforme a los fines o a los medios, obedientes a la razón del
instrumento, a la razón formalizada» (Santos, M. 1994:91). Así objetos y acciones

25
no funcionan aisladamente, sino en sistema que precisa de un discurso que los
avale, los imponga o bien deponga.

Se asume desde esta propuesta metodológica que el territorio es la conjunción


entre lo objetivado y los modos en que las poblaciones producen el territorio a
partir de sus relaciones sociales, prácticas del habitar el territorio. En tal sentido,
la práctica de enunciar, la práctica del habitar el espacio (urbano-rural) forman parte
de este proceso. En la vida cotidiana las personas relatan, leen e imagina
mapas, construye recorridos, encuentra lugares y practica espacios, de este modo
la palabra articulada es un lugar practicado donde definimos a los mapas como el
registro de los espacios como lugares practicados (De Certeau, 2000: 129).Desde
esta perspectiva las prácticas sociales producen y son producidas en la dinámica
social, configurando relaciones sociales entre los grupos e instituciones y-o entre
instituciones, por lo tanto las prácticas sociales refieren a productos objetivados y
a productos incorporados a la práctica histórica. Nos referimos a la relación
existente entre prácticas sociales y habitus entendidas como «sistemas de
disposiciones duraderas y transferibles, estructuras estructurantes (Bourdieu,
2007:86). De este modo lo sincrónico y diacrónico se asumen en relación
dialéctica donde las prácticas sociales se producen en un espacio-tiempo que es
histórico.

Mapa de conflictos: involucra los conflictos expresados en los mapa “problema”


(todos sintetizados en uno). Los conflictos se refieren explícitamente a los suscitados
entre los objetos y las personas en la dinámica de relaciones sociales que
producen prácticas que se pueden identificar en relación con y entre los pares
dialécticos explícitos en el Mapa de Relaciones, en el marco de un espacio
territorializado y expresado en los mapas “problema”.

¿Cómo se hacen los mapas del grupo? La construcción de mapeos


fotogramáticos tempo:

El mapeo fotogramático tempo parte de la idea de una periodización de las variables


expresadas en cada uno de los mapas que denominamos “Sistematización y
momento de análisis». Este mapa constituye un dispositivo que

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metamorfosea la articulación temporal de lugares en una continuidad espacial que
sustituye a una práctica indisociable de momentos particulares y de ocasiones, y
es entonces irreversible el tiempo no se repone, ni se regresa a las oportunidades
perdidas» (De Certeau, 2000).

Pensar la práctica de proyectar un territorio que se habita. Se registra en el-los


mapeos fotogramáticos los actos de la vida cotidiana como lugar practicado (De
Certeau, 2000: 129). Por lo tanto, los mapas se confeccionan en una misma
plantilla / papel (uno por cada momento) con un área central en donde se dibujan
los diferentes tempos en un mismo plano y con diferentes colores. Luego, al
margen, se dibujan los «tempos» desagregados en tres pequeños mapas
diferenciados (Ejemplo: pasado, presente y futuro). Esto nos permite tener una
desagregación de los diferentes tempos de análisis. En la terminología musical,
el tempo, es la velocidad con que debe ejecutarse una pieza de música. Pero
qué sucede con el tiempo en lo social, en el territorio. Para ello, Alfred North
Whitehead en «El concepto de naturaleza» (1994) dedica casi treinta páginas a
discutir sobre el Tiempo, a pensar en eso que dice –en palabras de Whitehead-
que si algo está pasando, hay una ocurrencia, un suceso a ser definido.
Whitehead dice que cada evento se extiende por sobre otros eventos, y por cada
evento se extienden otros eventos. Por lo tanto en el caso de las duraciones cada
duración es parte de otras duraciones; y cada duración contiene a su vez otras
duraciones que son parte de ella.

La metáfora de tempos (como velocidades del movimiento) y los fotogramas


(como placas de observación detenida) resultan marcar una periodización, en la
que finalmente convive un gran tiempo componente de la obra; una sincronía que
conforma la representación colectiva del terreno. Es esto un gran tiempo sincrónico
y diacrónico a la vez, donde lo viejo, lo nuevo, lo ideado, lo actual, conviven.

Así, se obtendrán como resultados, mapas de dimensiones planas con


fotogramas tempo. El resultado podría apreciarse de la siguiente manera.

Estos mapas síntesis de dimensiones planas con fotogranas tempo integrados


se pondrán luego a discusión con los elaboradores de los mapas problema.

27
La puesta en discusión de los mapas síntesis:

Los mapas síntesis se ponen en discusión con la población que produjo los mapas
problema. Hay una «devolución» en esta instancia. El grupo de investigación
coordina un nuevo encuentro entre los productores de los mapas problema y el
equipo de investigación. Esto se realiza en el territorio en el cual habita la población
participante. En esa presentación los creadores de los mapas problema deberán
observar los mapas síntesis para generar una crítica, sugerencias y reflexión
sobre el mismo; y como producto de este intercambio resignificar lo producido,
para volver a elaborar un mapa problema síntesis final.

Aquí es muy relevante que los creadores de los mapas problema puedan
comprender claramente los mapas síntesis y sobre todo que les permita a la
población participante prestar principal atención a los aspectos vinculados al cambio
y transformación del problema en cuestión.

Etapa final de resolución final: la construcción de un nuevo territorio en el


mapa.

Esta etapa implica que el «problema» encontró una solución colectiva en las etapas
anteriores y que esa solución es factible de componerse en un mapa. Hay una
obra final en el diseño de una nueva realidad. Es el mapa del nuevo territorio. Al

28
arribar a esta instancia se ha logrado discutir y problematizar el territorio habitado:
a) «en terreno» con la población; b) en el equipo de investigación; c) entre el
grupo de investigación y la población y d) producción del mapa síntesis final. Como
parte de este recorrido se trabajan las dimensiones planas como fotogramas-tempo;
esta contempla lo sincrónica y diacrónico que hace factible la ejecución de una
obra final nueva, innovadora y en posesión de objetos y sujetos que habitan un
nuevo territorio y que proyectan un espacio-tiempo que tiene la pretensión de
configurar otras prácticas para generar nuevos escenarios del habitar. Lo proyectivo
ocupa un lugar central en el proceso.

El mapa del nuevo territorio se realiza en un único plano con referencias de


convención general. Esto es, lo más comprensible posible para cualquier lector del
mapa. Se hará hincapié en la propuesta generada en las etapas anteriores, con
especial énfasis en las «resoluciones» de los problemas existentes en las
dimensiones planas y en los tempos fotogramáticos. El mapa futuro debe poseer
peso en la confección del nuevo territorio a construir. Así, los nuevos objetos y
acciones encontrarán un sistema negociado previamente en las etapas anteriores
que permitirá avanzar en el nuevo territorio a construir.

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Aquí la herramienta encuentra un cierre. Una devolución donde el equipo de
investigación presenta el nuevo territorio ideado por los creadores del mapa problema
y la colaboración del grupo de cartógrafos sociales.

Tema 2: Análisis de la realidad comunitaria

La realidad social debe ser pensada como una totalidad compleja, que para ser conocida
necesita ser desestructurada. Con razón se ha indicado que "el rasgo más característico
del conocimiento consiste en la descomposición del todo". Esta descomposición, sin
embargo, debe entenderse como un paso, nunca como un punto de llegada, ya que “lo
simple no es más que un momento arbitrario de la abstracción, un medio de manipulación
arrancado a la complejidad”, por lo que al final debe buscarse la integración, la
estructuración, a fin de alcanzar una unidad interpretativa completa, la “síntesis de
múltiples determinaciones", al decir de Marx.

Como unidad de distintos espesores, la realidad social se presenta como una


sedimentación de capas que van de las más visibles, las de superficie, a las más ocultas
y profundas. Si la realidad social se mostrara completa, en lo inmediatamente perceptible,
no habría necesidad de ciencias sociales para descifrarla. Bastaría con buenos fotógrafos
para conocerla. "Si la apariencia fenoménica y la esencia de las cosas coincidieran
totalmente, la ciencia y la filosofía serían superfluas", señala Kosok.

El papel del conocimiento, desde esta perspectiva, es traspasar lo inmediato para alcanzar
lo que no está visible: "No hay otra ciencia —dice Bachelard— que la de lo oculto". Iguales
ideas están presentes en la visión de Popper sobre el conocimiento cuando indica que “en
la ciencia siempre tratamos de explicar lo conocido por lo desconocido, lo observado (y
observable) por lo inobservado (y, quizá inobservable)". Sin embargo, en un sentido más
amplio y, al mismo tiempo, más estricto, la tarea del conocimiento es integrar lo visible y
lo oculto, superficie y estructura.

Existen muchos procesos sociales que en la superficie se presentan de una manera y en


las capas profundas adquieren otras connotaciones, por lo cual es necesario alcanzar
estas últimas a fin de reconstruir y reinterpretar los movimientos que se suceden en la

30
superficie. Más aún, como ocurre con muchos fenómenos físicos, la superficie social
muchas veces nos presenta los procesos al revés de como son.

Las relaciones sociales entre los hombres, ha señalado Marx, se nos presentan en lo
inmediato como relaciones entre cosas.8 En el mercado se intercambian productos por
dinero, cosas por cosas. Pero detrás de esta acción hay relaciones sociales entre hombres
que determinan, entre otros aspectos, quiénes pueden ir al mercado y qué pueden vender
y qué pueden comprar.

Frente a la experiencia inmediata y al conocimiento que ganamos en el espesor de


superficie aparecen dos posiciones extremas. Una, que los concibe como simple engaño:
la superficie siempre trastoca en su presentación lo que realmente acontece en lo
profundo de la realidad social. Aquí se ubicaría el "esencialismo", según Popper, aquella
visión que no sólo busca conocer el "mundo situado ‘detrás’ del mundo de la apariencia",
sino que busca “una explicación última basada en esencias". Otra, que los concibe como
la modalidad fundamental de descubrimiento de la realidad. El empirismo se nutre de esta
posición, caracterizada como “instrumentalista" por Popper, y que afirmaría que “el mundo
físico es [...] superficial. No tiene profundidad", agregando que aquél "es simplemente lo
que parece ser".

Una postura más fructífera indica que, aunque lo que alcancemos en la superficie sea una
visión distorsionada y fragmentada, esto construye realidades, por lo cual no puede
desecharse como basura. Por el contrario, los "engaños" de la superficie generan
relaciones y conductas sociales que es necesario conocer. Al fin y al cabo, "la mistificación
y la falsa conciencia de los hombres respecto a los acontecimientos, sean estos
contemporáneos o pasados, forman parte de la historia".

También se debe indagar por el grado de distorsión de la superficie. Si se pregunta al


propietario de una pequeña papelería, por ejemplo, dónde se ubica en la estructura social,
puede que responda que pertenece a la clase media, para diferenciarse de una clase alta
y de una clase baja.

Es posible que el análisis de la estructura social nos indique que el dueño de la pequeña
papelería pertenece a la pequeña burguesía y, más específicamente, a su fracción
propietaria, distinta a una fracción no propietaria, en la que se agrupan Sectores de la

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burocracia estatal, profesionales por cuenta propia y otros, y que dentro de aquella
fracción su lugar está en el estrato bajo, frente a los estratos medio y alto.

Pero más allá de la precisión o imprecisión en la definición anterior, lo que nos importa
señalar es que la percepción social que tiene de sí mismo el propietario de la pequeña
papelería, sin importar su ubicación social real, genera conductas y comportamientos
sociales, esto es, genera realidades que es necesario conocer.

El conocimiento, tanto de la autopercepción social (supe cie) como de la ubicación real


(capa profunda), nos ofrece información y posibilidades superiores de comprensión del
problema que nos ocupa, a si conocemos uno solo de estos elementos. En pocas
palabras, superficie y espesor profundo conforman una unidad de realidad, por lo cual es
necesario desentrañar uno y otro y las relaciones entre ambos, ya que "la realidad es la
unidad del fenómeno y la esencia".

Pero ésta no es la única particularidad en la relación entre superficie y espesor profundo.


En la superficie la realidad social se nos presenta multifacética, caótica, dispersa y
diversa. O bien, se nos ofrece con un orden que debe ser objeto de crítica.

El conocimiento de la capa profunda de la realidad social es lo que nos permite ordenar


la dispersión que presenta la superficie o cuestionar el orden aparente. Pero este
ordenamiento siempre es limitado, porque la realidad es infinita y se recrea diariamente,
o porque existen procesos que escapan a las explicaciones propuestas o ambas cosas.

La categoría de clases sociales, por ejemplo, permite ordenar muchos fenómenos de la


capa de superficie. Nos puede ayudar a entender las condiciones materiales y sociales
que favorecieron el que Bach y Mozart pudieran desarrollar su talento y dedicarse a la
música en el siglo XVIII en vez de estar en el campo produciendo trigo o papas. Pero
quizá esa categoría no sea tan buena para explicar las diferencias musicales entre ellos,
o las que existen en las narrativas más contemporáneas de escritores como García
Márquez y Cortázar.

Nos puede ayudar a entender también cómo y por qué llegó la música africana a América
Latina (entre otras razones, por la gran cantidad de esclavos trasladados a la región entre
la etapa colonial y hasta fines del siglo XIX), pero quizá no sea suficiente para comprender
las diferencias entre el sol y el reggae.

32
Pero el ordenamiento que nos ofrece el espesor profundo no exenta —sino más bien
reclama— el retorno al espesor de superficie para organizar el paisaje caótico que allí se
presenta, o para desordenar y reorganizar el orden de superficie, lo que nos obliga a hacer
movimientos teóricos para reconstruir o crear las nuevas categorías ordenadoras.

2.1 Valoración social

La evaluación comunitaria se ha constituido como un proceso de adquisición, análisis y


presentación de la realidad socio-histórica de una comunidad que permite evidenciar sus
fortalezas y recursos, brindando un panorama detallado de las necesidades comunitarias
para crear acciones conjuntas que las fortalezcan. Ésta, se ha convertido en fuente de
transformación social, al ser las mismas comunidades quienes lideran y promueven sus
propios cambios (Carroll y Pérez, 2004). En este sentido, la evaluación comunitaria es un
potencial de recuperación de la historia colectiva que implica consecuencias para las
acciones políticas y que por su razón van más allá de las teorías científicas que la
soportan, ya que por medio de este proceso participativo se desarrolla una conciencia
histórica que rescata opiniones personales a favor de una acción colectiva, que se
respalda en la homogeneidad de las comunidades y el análisis de los diferentes contextos
(Laperrière y Zúñiga, 2007), pero sobre todo tiene en cuenta su carácter integral y
dinámico (Mori, 2008).

El conocimiento de la comunidad, es un elemento fundamental constituyente del proceso


de evaluación comunitaria, dado que es el punto de partida en cuanto a la apropiación de
información que presenta cada habitante respecto a su comunidad (Vabi, 1996), y de la
cual se derivan aspectos cruciales que determinan dicho conocimiento, tales como las
necesidades comunitarias comprendidas por un déficit en el equilibrio o el funcionamiento
de los aspectos comunitarios, surgiendo a partir de las problemáticas y los factores de
riesgo con relación al entorno físico, las relaciones psicosociales y las necesidades de
seguridad que son percibidas, las cuales permiten la toma de conciencia sobre los
problemas o elementos que son obstáculo para el desarrollo social (Ibañéz, 2008).

De acuerdo al conocimiento de la comunidad y su conformación, Causse (2009), afirma


que la comunidad necesita un área geográficamente específica, donde los habitantes
suponen relaciones e interacciones de conocer, hacer y sentir, por el hecho de compartir
aspectos comunes, que se dan en un ámbito social en el que se han desarrollado histórica

33
y culturalmente intereses o necesidades, además según Arias (2015), su consolidación
se extiende a un sistema social de raíz local y participativa; la comunidad entonces, está
hecha de relaciones que junto con las acciones compartidas, con los miedos y las alegrías,
sentidos y experiencias vividas otorga un asiento al recuerdo, un nicho a la memoria
colectiva e individual; un ámbito determinado por circunstancias específicas, que
desarrollan una forma de identidad social y construyen un sentido de comunidad (Montero,
2004), o el valor del colectivo (Sánchez y Del Pino, 2008). Estos elementos los diferencian
de un grupo social (Sánchez, 2013), permitiendo la toma de conciencia de sí como
comunidad y fortaleciéndose como unidad y potencialidad social. Es importante dentro de
los procesos de evaluación comunitaria, el reconocimiento de las características propias
de la comunidad, puesto que compartir sucesos o hechos históricos similares entre las
personas ya sea de forma individual o grupal emerge sentimientos de unidad y
pertenencia dentro de las dinámicas de construcción y participación comunitaria (Meza,
2009).

El proceso de evaluación comunitaria, es un elemento crucial que contribuye a identificar


los aspectos positivos y negativos de los procesos en una comunidad, elementos que
contribuyen al logro de los objetivos y puede orientar la mejora de la praxis (Pascual,
2007). De este modo, el proceso investigativo develó la existencia de dos problemáticas,
la primera se relaciona con los prejuicios sociales, vistos como procesos grupales que
reflejan percepciones positivas o negativas e influyen en las actitudes hacia determinados
grupos (Pascale, 2010), es por eso que la comunidad evidencia que en primer lugar su
ubicación geográfica, determina la construcción de un imaginario social negativo puesto
que la comuna donde habitan se encuentra establecida en un sector en el que existen
altos niveles de delincuencia, consumo y expendio de sustancias psicoactivas, deserción
escolar y violencia barrial (Consejo Noruego para Refugiados, 2012), en segundo lugar el
territorio hace parte de una de las comunas de la ciudad, donde se encuentra una
confluencia de poblaciones con diversas problemáticas como pobreza, personas
procedentes de diferentes procesos de reinserción, bajos niveles de empleabilidad y
asesinatos de líderes sociales, factores que afianzan la creencia de marginalidad que se
tiene hacia la comunidad y, en tercer lugar, los estereotipos se han internalizado dentro
del imaginario colectivo de los miembros de la comunidad, lo cual ha provocado el

34
reforzamiento de sentimientos de desesperanza frente a la búsqueda de oportunidades
que les permitan mejorar sus condiciones de vida y bienestar integral, (Narváez, 2013).

Por otro lado, se evidencia la escases de trabajos académicos relacionados con la


evaluación comunitaria como herramienta metodológica empleada en este tipo de
comunidades, considerando que este tipo de estudios realizados con referencia a la
evaluación comunitaria, pero sobre todo al sentido de comunidad, permiten obtener un
panorama informativo acerca de los procesos comunitarios, teniendo en cuenta la
diversidad de marcos contextuales, las particularidades de los procesos, sus
componentes y sobre todo los aspectos metodológicos. Por ejemplo, en la investigación
realizada por Ramos (2014) se hace énfasis en la importancia que los participantes dan a
los sentimientos colectivos, dado que refieren que para sentirse parte de una comunidad
no basta con el estar presente, sino que, el factor anímico juega un rol fundamental en el
establecimiento de conexiones y lazos. De igual manera Gracia y Herrero (2006),
determinaron que la percepción de apoyo social comunitario se encuentra relacionada
positivamente con el ajuste psicológico, las condiciones de la comunidad y la percepción
de apoyo comunitario de sus residentes. Mientras que Olivares y Reyes (2006) lograron
profundizar en dimensiones técnicas, éticas y políticas necesarias para la construcción de
un programa público.

Teniendo en cuenta los anteriores estudios, es importante agregar que últimamente el


sentido de comunidad se ha convertido en un punto de investigación importante a nivel
general, entre la comunidad científica, lo cual ha permitido una comprensión amplia y
cultural del concepto. Sin embargo, los estudios no permiten conocer el proceso de
evaluación comunitaria como una ruta metodológica que permite generar conocimiento a
partir de la reflexión constante de los actores sociales. Este déficit teórico, práctico y social
desde el panorama científico consolida el objeto de estudio de la investigación, ya que
permite visualizar la necesidad de desarrollar el proceso de evaluación comunitaria, el
cual debe ser el punto de partida para comprender fenómenos más complejos como la
resiliencia y el sentido de comunidad. Además, la aproximación cualitativa no solo
fortalece el acercamiento y la comprensión del fenómeno desde la propia comunidad
(Laperrière y Zuñiga, 2007), sino que presenta una perspectiva holística considerando el
fenómeno como un todo y no como un aspecto particular (Paramo, 2015).

35
De acuerdo con Rojas (2008), el proceso de evaluación comunitaria, cobra un significado
y relevancia, cuando se lleva a la práctica, de la cual pueden surgir aspectos, que dan
cuenta del estado de una comunidad y las formas de enfrentar la realidad, así como
también el proceso se constituye como una fuente de reconocimiento e identificación para
las personas, tal es el caso de los habitantes de la comunidad Arcoíris, pertenecientes a
la comuna 10 del municipio de San Juan de Pasto, quienes han sido actores en el
denominado conflicto armado de Colombia (Centro Nacional de Memoria Histórica, 2013),
y que por diferentes razones personales y sociales se enfrentaron a las fuerzas
nacionales, es por eso que la investigación indagó acerca del resultado del proceso de
evaluación comunitaria en los habitantes de la comunidad como una herramienta
metodológica que permite la integración de sus miembros. El objetivo del estudio se
orientó a desarrollar el proceso de evaluación comunitaria en los habitantes de la
comunidad Arcoíris, quienes demuestran por medio de los logros alcanzados como
comunidad, que existe la posibilidad de transformar los prejuicios sociales que se han
construido desde y hacia su comunidad y también identificar por medio de las metas
colectivas y la organización comunitaria, las estrategias de resiliencia efectivas ante las
adversidades de su contexto (García y Domínguez, 2012), y así mejorar la cohesión
personal, familiar y social, constituyéndose esta como una fuente de bienestar (Quintero,
2015).

2.2. Sistema de indicadores económicos y sociales para el conocimiento de la


realidad social

Una sociedad puede desarrollarse económicamente, aunque en sus aspectos sociales no


muestre mejoría alguna. En tal sentido, la interpretación del desarrollo económico
adquiere relevancia en la medida en que se lo compare con el desarrollo social. Y para tal
fin, resulta importante la construcción de un Sistema de Indicadores económico-social con
tres características: completo, pertinente y mínimo, lo que significa que debe contemplar
todos los aspectos importantes que estén directamente vinculados con el tema, en un
conjunto integrado de medidas resumen, con un enfoque acertado y cubriendo esa
realidad con la menor cantidad posible de información.

Los indicadores representan importantes herramientas para la toma de decisiones ya que


transmiten información científica y técnica que permite transformar a la misma en acción.

36
Resultando así fundamentales para evaluar y predecir tendencias de la situación de una
región o una localidad en lo referente a las cuestiones económicas y sociales, así como
para valorar el cumplimiento de las metas y objetivos fijados en las políticas de gobierno.
Por ello cumplen una función activa en el mejoramiento de los procesos de formulación,
rediseño, seguimiento y monitoreo las de políticas públicas.

Por otra parte, su uso permite la comparabilidad entre el desarrollo económico y el social.
Esto se debe a que estarnos inscriptos en una cultura donde el valor asignado a los
objetos, logros o situaciones sólo adquiere sentido respecto a otros contextos, personas
y poblaciones, es decir, es el valor relativo de las cosas lo que les da un significado.

Una de las definiciones más utilizadas por diferentes organismos y autores indica2: "los
indicadores (...) son estadísticas, serie estadística o cualquier forma de pronóstico que
nos facilita estudiar dónde estamos y hacia dónde nos dirigimos con respecto a
determinados objetivos y metas, así como evaluar programas específicos y determinar su
impacto".

Por otra parte, su uso permite la comparabilidad entre el desarrollo económico y el social.
Esto se debe a que estarnos inscriptos en una cultura donde el valor asignado a los
objetos, logros o situaciones sólo adquiere sentido respecto a otros contextos, personas
y poblaciones, es decir, es el valor relativo de las cosas lo que les da un significado. Una
de las definiciones más utilizadas por diferentes organismos y autores indica2: "los
indicadores (...) son estadísticas, serie estadística o cualquier forma de pronóstico que
nos facilita estudiar dónde estamos y hacia dónde nos dirigimos con respecto a
determinados objetivos y metas, así como evaluar programas específicos y determinar su
impacto".

Características de los indicadores

En general hay acuerdo en que un buen indicador debería reunir en principio las siguientes
características:

• Estar inscripto en un marco teórico o conceptual.

• Ser específicos, es decir, estar vinculados con los fenómenos económicos,

37
sociales, culturales o de otra naturaleza sobre los que se pretende actuar.

• Ser explícitos, de tal forma que su nombre sea suficiente para entender si
se trata de un valor absoluto o relativo, de una tasa, una razón, un índice,
etc., así como a qué grupo de población, sector económico o producto se
refieren y si la información es global o está desagregada por sexo, edad,
años o región geográfica.

• Estar disponibles para varios años, con el fin de que se pueda observar el
comportamiento del fenómeno a través del tiempo y espacio y sujeto a una
revisión continua.

• Deben ser relevantes y oportunos para la aplicación de políticas,


describiendo la situación prevaleciente en los diferentes sectores de
gobierno, permitiendo establecer metas y convertirlas en acciones.

• Ser claro, de fácil comprensión para los miembros de la comunidad, de forma


que no haya duda o confusión acerca de su significado, y debe ser aceptado,
por lo general, como expresión del fenómeno a ser medido.

• Adicionalmente, también pueden ser materia de política pública, de modo


que su definición no sea tarea exclusiva de los estadísticos.

En el mismo sentido, también debe ser sólido, es decir, válido, confiable y comparable,
así como factible, en términos de que su medición tenga un costo razonable. Si bien su
selección no debe depender de la disponibilidad de información proveniente de encuestas,
censos y/o registros administrativos, sino de los objetivos fijados en los programas y
proyectos de gobierno (dentro de los cuales se inscriben), es importante considerar el
costo-beneficio del tiempo y los recursos necesarios para su construcción, por lo que, de
preferencia, debe ser medible a partir del acervo de datos disponible.

Los elementos a respetar con el fin de alcanzar la construcción de una serie de buenos
indicadores, o indicadores pertinentes, son los siguientes:

• Relevancia: Capacidad de expresar lo que se pretende medir.

38
• Mensurabilidad: Capacidad de medir o sistematizar lo que se pretende conocer.

• Análisis: Capacidad de captar aspectos cualitativos o cuantitativos de las


realidades que pretende medir o sistematizar.

Usualmente el intento por desarrollar indicadores termina con extensas listas en las que
algunos temas se tratan exhaustivamente mientras que otros son pasados por alto, ya
que la selección se basó en una percepción subjetiva de la importancia de los mismos,
debe recordarse que la existencia de demasiados indicadores con una cantidad
abrumadora de detalles puede generar confusión en las prioridades.

En teoría, existe una "pirámide de la información", que muestra la necesidad de disponer


de un conjunto muy extenso de datos primarios a partir de los cuales se extraigan un
conjunto de indicadores. Los conjuntos de indicadores pueden definirse partiendo de
estos datos y, por agregación, puede obtenerse un número reducido de índices.

Lamentablemente, casi siempre se invierte la pirámide y muchos indicadores e índices se


generan partiendo de una cantidad limitada de datos. Los indicadores no están exentos
de limitaciones para su conformación; una de las problemáticas que se presenta en su
identificación e integración es que para la selección de los que se consideren más
adecuados para cada objetivo, existen diferentes actores, públicos, privado, social o
académico que no comparten las mismas necesidades de información ni persiguen las
mismas metas, lo cual dificulta lograr unanimidad en su definición.

Por otra parte, el carácter cuantitativo hace que se generen indicadores sólo de aquello
que puede ser medido en cantidad. El uso de indicadores presupone que las metas de
instituciones y dependencias públicas, así como sus niveles de logro están disponibles e

39
identificables en planes y programas de gobierno y que no hay contradicciones entre los
mismos. El depender de objetivos que son cambiantes, no sólo modifica el tipo de
indicadores que deben ser empleados, sino también la disponibilidad de datos para
conformarlos, lo que implica un ajuste permanente de las fluentes tradicionales de
información.

2.3 Criterios de clasificación

Se destacan las siguientes clasificaciones de acuerdo a diferentes criterios en relación a


los indicadores:

a) Si se considera la forma como se obtiene la información para construirlos: objetivos


y subjetivos. Los primeros se basan en evidencias externas independientes del
informante (como podría ser el nivel educativo de la población), mientras que los
segundos son juicios y reflejan percepciones y opiniones de la población con
respecto a su situación, a la de la sociedad o al país; un ejemplo es la opinión
respecto al grado de educación alcanzado.

b) Si se pretende destacar los avances u rezagan de algún aspecto de la realidad, se


habla de indicadores positivos o negativos; por ejemplo, para el tema de educación,
se puede hablar de índices de alfabetismo o analfabetismo. También, existen
indicadores indeterminados (como la tasa de matrícula en educación superior, de
la cual, si bien se espera que aumente y alcance 100%, no necesariamente es
positivo pues es imposible que toda la población alcance este nivel de estudios).
En el caso de los positivos, si se incrementa su valor estarían indicando un avance
hacia la equidad, en el otro caso si su valor se incrementa estarían indicando un
retroceso hacia la inequidad.

c) Cuando la evaluación del indicador depende de un valor determinado (como puede


ser un valor máximo o mínimo que se debe cumplir), o de la posición relativa del
país o de las poblaciones con respecto a otras, entonces hablarnos de indicadores
absolutos y relativos. Los primeros dependen de una meta a cubrir (como puede
ser un 100% de alfabetismo, asistencia escolar, población ocupada, etc.), mientras
que los segundos ubican la posición de una unidad geográfica (como un país, con
respecto a otras unidades), un ejemplo es el índice de desarrollo humano.

40
d) Indicadores cuantitativos o cualitativos: los primeros se refieren directamente a
medidas en números o cantidades, mientras que los segundos se refieren a
cualidades o aspectos que no son cuantificados directamente. Se trata de
opiniones, percepciones o juicio de parte de la gente sobre algo.

e) Indicadores directos e indirectos: o permiten medir directamente el fenómeno o se


recurre a indicadores sustitutivos o conjuntos de indicadores relativos al fenómeno
que nos interesa medir o sistematizar ante la imposibilidad de medir de manera
directa la condición económica.

Indicadores a nivel local

En los últimos años nuestro país, ha asistido a una creciente revitalización de los
gobiernos locales. En ese contexto, los Municipios han adquirido un nuevo protagonismo
en cuanto a su capacidad de gestión, y han debido enfrentarse a necesidad cada vez más
creciente, de disponer de datos confiables con diferentes niveles de desagregación, que
les permitieran ampliar la comprensión de los problemas locales desde diferentes ópticas.

Disponer de estos datos, no es un proceso simple, sino más bien complejo. Implica
reconocer las especificidades del ámbito local, a partir de reconocer diferentes
dimensiones de análisis, como la económica o la social, junto a los subdimensiones que
las forman. A su vez requiere la identificación de los actores e Instituciones involucrados
y vinculados a dichas temáticas, por ser usuarios o depositarios de información.
Finalmente, el producto final debe resultar útil para la toma de decisiones de los diferentes
actores locales, y no simplemente responder temáticas, por ser usuarios o depositarios
de información. Finalmente, el producto final debe resultar útil para la toma de decisiones
de los diferentes actores locales, y no simplemente responder a las necesidades de ciertos
organismos gubernamentales o científicos.

En relación a lo anterior, la necesidad de una plena participación de la población en la


temática de desarrollo local, así como el uso y difusión de los conocimientos, la
experiencia y las prácticas de la población local, se traduce en una clara crítica a los
enfoques de carácter cientificistas predominantes. Los enfoques participativos permiten
precisamente que todas las categorías de actores, participen en definir prioridades,
diseñar las acciones, y luego evaluar los efectos de los programas aprobados.

41
El tema clave respecto al diseño y definición de los indicadores, tiene que ver con quién
los identifica y sobre qué base: los expertos con base en el conocimiento científico
(denominados como indicadores "externos") o los distintos actores locales con base en
su experiencia cotidiana y conocimiento práctico ("indicadores internos").

Las visiones en ambos casos son completamente distintas, mientras la visión "externa"
es una observación del desarrollo desde arriba ("from de top"), y está directamente
relacionada con la sostenibilidad del desarrollo, la visión "interna", acorde con el
paradigma de la participación, hace recaer en las comunidades locales la responsabilidad
de definir cuáles son los indicadores más apropiados para medir el mismo.

Aunque los últimos años el énfasis se ha desplazado hacia los sistemas de información
interna, en general existe un amplio consenso en considerar ambas visiones como
complementarias, en la medida que se establezcan vínculos de cooperación entre la base
social, las autoridades y el mundo científico. Se reconoce que los problemas locales son
complejos y para resolverlos se requiere que todos los actores relevantes acepten
enfoques que recojan múltiples perspectivas y utilicen diversas fuentes de información.

Los sistemas de información y los indicadores más eficaces son aquellos capaces de
armonizar la calidad y rigurosidad técnica con la participación de los usuarios en todos los
niveles "a partir de las unidades familiares hacia arriba", y por lo tanto deben ser una
combinación entre "técnicas" y "participativas".

A continuación, se presenta una descripción del contenido, tanto de la dimensión


económica como de la dimensión social, constituyendo ambos aspectos centrales en la
problemática del desarrollo local.

Tipo de indicadores económicos

Existen diferentes tipos de indicadores económicos: lo denominados de coyuntura, de


sentimientos económicos y los asociados a la productividad y la calidad.

Dentro de los indicadores económicos se destacan los indicadores de coyuntura, los


mismos son generalmente utilizados para medir la evolución socioeconómica en el corto
plazo, estos indicadores también denominados de contexto, aunque no reflejan de
forma directa la situación del sector que se quiere evaluar, son parte del ambiente que

42
afecta la situación económica y la social y pueden modificar el comportamiento de los
fenómenos que se encuentran bajo observación.

Cabe aclarar que los sistemas de información necesarios para medir la evolución del nivel
de actividad económica local y/o regional, están poco desarrollados, por lo tanto, los
gobiernos locales no disponen de ninguna herramienta de análisis y seguimiento continuo
y sistematizado que permita la predicción económica de corto plazo. En tal sentido, el
objetivo fundamental de los indicadores económicos es proveer al gobierno, a las
empresas y a las familias de una herramienta de predicción de corto plazo del nivel de
actividad económica.

Por otra parte, también existe otro tipo de indicadores, que son conocidos como
indicadores de sentimientos económicos, se realizan encuestas anuales de confianza
empresarial y de consumidores y con las respuestas obtenidas se construyen indicadores
de confianza: para industria manufacturera, servicios, consumidores, construcción y
comercio minorista.

La relevancia económica de los mismos se basa en que tienen la propiedad de anticipar


los cambios en la actividad económica, por ej.: permiten medir la actividad económica en
un estado temprano del proceso de producción, ej.: permisos de obras o la producción de
bienes intermedios que servirán de insumos en etapas posteriores del proceso productivo.

Las expectativas de los agentes económicos, muestra si el ajuste es de rápida respuesta,


a los cambios en la actividad económica. La utilidad depende de la pronta disponibilidad.
Interesa, por tanto, que sea de pronta publicación y que no esté sujeto a constantes
revisiones en las publicaciones posteriores, es deseable también que el indicador tenga
la mayor cobertura posible, disponga de series de larga longitud y no tenga quiebres en
su serie temporal o datos faltantes.

Las encuestas de confianza a consumidores y ejecutivos de negocios se caracterizan por


su alta frecuencia (mensual) y su carácter cualitativo. Son encuestas ágiles con
cuestionarios breves. El objetivo es también el monitoreo de la situación económica en el
corto plazo y la anticipación de cambios en los ciclos de crecimiento.

43
Asimismo, existen indicadores que permiten evaluar el desempeño de los diferentes
sectores de la economía en su conjunto o por diferentes unidades económicas (ej. Se
evalúa la eficacia o eficiencia de la industria de la construcción, o de una empresa
perteneciente a la misma en términos de gestión empresarial) y son los denominados
indicadores de calidad, productividad y gestión.

Para la construcción de los mismos se utilizan los siguientes criterios.

• Criterio de eficacia se refiere a los "resultados" en relación con las "metas y


cumplimiento de los objetivos”, o a la capacidad de escoger los objetivos
apropiados. Para ser eficaz se deben priorizar las tareas y realizar ordenadamente
aquellas que permiten alcanzarlos mejor y más rápidamente.

• Criterio de la eficiencia, en relación a la capacidad de hacer correctamente las


cosas, es decir, lograr resultados de acuerdo a la inversión o al esfuerzo que se
realice

• Criterio de la efectividad: es la relación entre los resultados logrados y los


resultados propuestos, o sea permite medir el grado de cumplimiento de los
objetivos planificados. Ejemplos: Productividad del trabajo (relación entre volumen
de producción y promedio de trabajadores), Gasto de salario por peso de
producción (relación entre el salario de los trabajadores y el volumen de
producción)

La elevación de la efectividad de la producción (en términos de economía) afecta directa


o indirectamente a todos los integrantes del Partido. Solo aumentando la efectividad
económica pueden garantizarse los recursos y medios suficientes para asegurar
simultáneamente un incremento considerable del bienestar de los trabajadores y el
desarrollo sucesivo de la producción.

Indicadores de coyuntura

En base a la metodología de las cuentas nacionales se analiza el funcionamiento global


de la economía, y se estudian las principales características de los distintos sectores
económicos, los roles que desempeñan y sus vinculaciones con otros sectores, Es así

44
que el principal indicador económico de coyuntura es el Producto Geográfico Bruto, el
mismo permite analizar la estructura económica del ámbito geográfico que se analice,
asimismo ante la falta de la información necesaria para su estimación es posible trabajar
con un conjunto de variables que reaccionan de forma anticipada a las fluctuaciones que
suelen experimentar en su nivel de actividad las economías.

¿Qué es lo que sucede antes que una empresa produzca más? Incrementa su utilización
de insumos. Por otra parte, el aumento generalizado del nivel de bienestar de la población
lleva a una mayor recaudación impositiva por parte del gobierno, aunque -debido a sus
procesos administrativos éste se demora en captar estos impuestos. De esta manera, la
recaudación por concepto de IB puede definirse como un indicador rezagado respecto a
la evolución del PBG, sirviendo como proxy del mismo.

Otras variables significativamente correlacionadas con la evolución futura del PBG son:
créditos del sistema bancario al sector privado; índices de volumen físico -IVF- de bienes
intermedios y/o bienes de consumo; producción y ventas de barras de construcción;
ahorro en cuenta corriente del gobierno; gasto no financiero y gasto en bienes y servicios
del gobierno.

Cabe aclarar en relación a los sistemas de información necesarios para medir la evolución
del nivel de actividad económica local y/o regional, que los mismos están poco
desarrollados, por lo tanto, los gobiernos locales no disponen de ninguna herramienta de
análisis y seguimiento continuo y sistematizado que permita la predicción económica de
corto plazo.

Los indicadores de contexto miden la evolución socioeconómica en el corto plazo, y


aunque no reflejan de forma directa la situación del sector que se quiere evaluar, son parte
del ambiente que afecta la situación económica y la social y pueden modificar el
comportamiento de los fenómenos bajo observación. En tal sentido, el objetivo
fundamental de los indicadores es proveer al Gobierno, a las empresas y a las familias de
una herramienta de predicción de corto plazo del nivel de actividad económica.

En primer lugar, cabe aclarar que toda propuesta de indicadores económicos que se
presente no debe pretender constituirse en una propuesta cerrada, sino ser el punto de

45
partida para que, una vez puesta en práctica, se puedan identificar las adaptaciones
necesarias que mejoren el objetivo que los mismos persiguen.

Indicadores de Expectativas

Se da el nombre de “expectativas” a las previsiones que los agentes realizan sobre la


magnitud en el futuro de las variables económicas. El comportamiento de ellos dependerá
de cuáles sean sus expectativas, es por ello que las mismas afectan directamente a la
producción y al consumo. Por ejemplo, las demandas salariales de los trabajadores, y las
subidas que los empresarios están dispuestos a conceder, dependen de las expectativas
que ambos tengan sobre el comportamiento de la inflación en el próximo año.

En tal sentido, estos indicadores son lo que se conocen como indicadores de sentimientos
económicos de para su diseño se realizan encuestas anuales de confianza empresarial
consumidores y con las respuestas obtenidas se construyen indicadores de confianza:
uno para industria manufacturera, servicios, consumidores, construcción y comercio
minorista, como así también aquellos asociados a la confianza de los consumidores.

La relevancia económica de los mismo se basa en que tienen la propiedad de anticipar


los cambios en la actividad económica, por ej.: permiten medir la actividad económica en
un estado temprano del proceso de producción, ej.: permisos de obras o la producción de
bienes intermedios que servirán de insumos en etapas posteriores del proceso productivo.

Por otra parte, expresan las expectativas de los agentes económicos, y muestran si el
ajuste es de rápida respuesta, a los cambios en la actividad económica, La utilidad
depende de la pronta disponibilidad. Interesa, por tanto, que sean de pronta publicación y
que no estén sujetos a constantes revisiones en las publicaciones posteriores, es
deseable también que tengan la mayor cobertura posible, se disponga de series de larga
longitud y sin quiebres en su serie temporal o datos faltantes.

Las encuestas de confianza a consumidores y ejecutivos de negocios se caracterizan por


su alta frecuencia (mensual) y su carácter cualitativo. Son encuestas ágiles con
cuestionarios breves. El objetivo es también el monitoreo de la situación económica en el
corto plazo y la anticipación de cambios en los ciclos de crecimiento.

46
2.3. Plan de ordenamiento y desarrollo territorial de las poblaciones rurales
objetos de intervención

¿Qué es el ordenamiento territorial?

Es un proceso que permite organizar las actividades y recursos en el territorio de acuerdo


a las estrategias de desarrollo socioeconómico, en armonía con las particularidades
geográficas y culturales. El ordenamiento territorial es obligatorio para todos los niveles
de gobierno.

¿Qué es un Plan de Desarrollo y Ordenamiento Territorial (PDOT)?

El PDOT es un instrumento técnico y normativo para la planificación territorial. Orienta las


intervenciones de las instituciones públicas y privadas para generar el desarrollo local. En
esencia, un PDOT es una propuesta para ordenar la gestión de un territorio, en armonía
con los actores involucrados y de acuerdo a las vocaciones del territorio. Además, es un
instrumento político, pues refleja la visión de desarrollo, estrategias, programas y
proyectos que permiten alcanzar el plan de trabajo de la autoridad electa.

¿Por qué es importante que la planificación local se articule con la Estrategia


Territorial Nacional (ETN)?

• Facilitar la implementación de políticas locales en relación con las nacionales.

• Generar coherencia y sostenibilidad de la inversión pública.

• Utilizar sostenible y responsablemente los recursos territoriales.

• Promover el desarrollo equilibrado y complementario de los asentamientos


humanos.

• Asegurar el desarrollo sostenible con un enfoque de gestión de riesgos y desastres.

Características del PDOT por nivel de gobierno

La construcción de los PDOT debe propiciar un proceso armónico y equilibrado dentro del
sistema territorial, de manera que los esfuerzos entre niveles de gobierno se
complementen y potencien de manera integrada (Lotus, 2019, art. 11):

47
GAD provincial: Integran el componente de ordenamiento territorial de sus cantones en
función del modelo económico productivo, de infraestructura y de conectividad de la
provincia.

GAD municipal o metropolitano: Las decisiones de ordenamiento territorial, de uso y


ocupación de suelo de este nivel racionalizan las intervenciones en el territorio de los otros
niveles de gobierno. Incorporan la gestión del riesgo, fomentan la calidad ambiental, la
seguridad, la cohesión social, la accesibilidad del medio urbano y rural, establecen
garantías para la movilidad y acceso a servicios básicos

GAD parroquial: Énfasis en la articulación con Organizaciones Territoriales de Base. Con


base en el diagnóstico y modelo territorial cantonal y provincial localizan las obras e
intervenciones en su territorio.

Función de un Plan de Desarrollo y Ordenamiento Territorial provincial

Cumple un rol articulador entre el ordenamiento territorial cantonal y parroquial rural, con
el ordenamiento territorial nacional.

¿Cuándo se deben actualizar los Planes de Desarrollo y Ordenamiento Territorial?

El proceso de actualización se da a partir del análisis del PDOT vigente, para decidir si se
conserva o mejora su contenido estratégico de mediano (5 años) y largo plazo (10 a 20
años). Las circunstancias para actualizarlo obligatoriamente son las siguientes:

La actualización del PDOT al inicio de gestión tiene por objeto que el plan de trabajo de
la autoridad electa se refleje en este y su ejecución sea posible en el ámbito territorial.
Por tanto, se convierte en un instrumento técnico político para la gestión en el territorio.

48
El plazo para elaborarlo es de un año, a partir del inicio del mandato de las autoridades
electas.

Contenidos mínimos del PDOT

Los contenidos mínimos del PDOT se establecen en el artículo 42 del Código Orgánico
de Planificación y Finanzas Públicas.

49
Proceso de actualización de un PDOT

Pasos para institucionalizar el proceso de planificación y ordenamiento territorial


del nivel provincial

• Designar personal técnico permanente.

• Alinear la programación y ejecución de sus recursos financieros a la gestión


integral, y consecución de objetivos y metas.

• Implementar, fortalecer y mantener un sistema de seguimiento y evaluación.

• Fortalecer y consolidar los Sistemas de Información Local.

50
Instancias de planificación que deben conformar los GAD provinciales

• Un Equipo Técnico Permanente (ETP), que se hará cargo del proceso de


formulación o actualización del PDOT.

• El Sistema de Participación Ciudadana (SPC), que define instancias para la


participación en el proceso de formulación o actualización y, posteriormente, en el
control social del PDOT.

• El Consejo de Planificación Local.

• El GAD provincial debe considerar las políticas formuladas por los Consejos
Cantonales de Protección de Derechos.

Competencias exclusivas de los GAD provinciales

• Planificación del desarrollo provincial y formulación de Planes de Desarrollo y


Ordenamiento Territorial.

• Sistema vial en el ámbito provincial.

• Cooperación internacional.

• Obras en cuencas y microcuencas.

• Gestión ambiental.

• Sistemas de riego.

• Actividades productivas y agropecuarias.

Otros elementos que se deben considerar para la planificación a nivel local:

Asentamientos humanos

Para la planificación es imprescindible comprender el funcionamiento del sistema


territorial a fin de aprovechar sus potencialidades y reducir sus limitaciones. Para eso es
necesario identificar y analizar la información relevante de la relación sobre el lugar
en donde se establecen las poblaciones con los aspectos de la infraestructura vial, flujos

51
de movilidad y accesibilidad, equipamiento de servicios, entre otros. Objetivos de
Desarrollo Sostenible (ODS) En el marco de la Agenda 2030, los países miembros (193)
de las Naciones Unidas aprobaron diecisiete (17) objetivos, con la intención de poner fin
a la pobreza y al hambre, disminuir brechas de desigualdad entre países, construir
sociedades más justas, pacíficas e incluyentes, que protejan derechos humanos,
promuevan la igualdad entre géneros y se comprometan a la sostenibilidad ambiental.
Ecuador se comprometió con la implementación y cumplimiento de esta Agenda y sus
objetivos.

Para efectivizar esta hoja de ruta se requiere el esfuerzo de todos los niveles de gobierno.
La consideración de los ODS en la planificación y ordenamiento territorial permitirá
reorientar las prioridades y necesidades locales para contribuir con las cinco grandes
áreas que contiene la agenda: protección de recursos naturales para generaciones
futuras (planeta); poner fin a la pobreza y el hambre en todas sus formas (personas);
asegurar vidas prósperas y satisfactorias, en armonía con la naturaleza (prosperidad);
promover la paz, justicia y sociedades inclusivas (paz); e implementar la Agenda a
través de una sólida alianza global (alianzas).

Enfoques de igualdad

Son lineamientos que emiten los Consejos Nacionales para la Igualdad a través de sus
agendas, para incorporarlos de manera obligatoria en la elaboración e implementación de
políticas públicas locales. Tienen la finalidad de superar las desigualdades, eliminar toda
forma de discriminación, así como asegurar la vigencia y el ejercicio de los derechos
consagrados en la Constitución.

Enfoque de género: permite visualizar, reconocer y superar la existencia de relaciones


de poder jerárquicas y desiguales entre hombres y mujeres, que devienen en la
imposibilidad del ejercicio pleno de derechos para las mujeres y personas LGBTI.

Enfoque intergeneracional: reconoce la protección integral, por parte del Estado, de los
derechos humanos en todas las personas, a lo largo de su vida.

52
Enfoque intercultural y plurinacional: acepta y respeta la diversidad identitaria de
comunidades, pueblos y nacionalidades indígenas, afroecuatorianas y montubias para
establecer relaciones interculturales que superen su exclusión y discriminación.

Enfoque de discapacidad: reconoce esta condición desde un enfoque de derechos


humanos y autonomía personal para impulsar un entorno que efectivice su plena
participación en la sociedad y en igualdad de condiciones con los demás.

Movilidad humana: es el derecho de las personas a moverse libremente de un lugar a


otro, garantizando el ejercicio de otros derechos y sin atentar contra su dignidad, la de su
familia o la de la comunidad de acogimiento. Reconoce los principios superiores para la
protección de las personas en situación de movilidad: ninguna persona puede ser
calificada como “ilegal”; existe el derecho a la libre circulación y ciudadanía universal.

Gestión del riesgo de desastres

La incorporación de la gestión del riesgo de desastres en los procesos de desarrollo y


ordenamiento territorial es imprescindible para garantizar el cumplimiento de los objetivos,
en tanto considera posibles niveles o factores de riesgo que puedan afectar no solo su
ejecución sino su sostenibilidad. Por tanto, la gestión del riesgo de desastres se debe
considerar como eje transversal o actividad inherente a la planificación. En los PDOT
debe traducirse en políticas locales, objetivos estratégicos, estrategias de articulación,
gestión de programas y proyectos (inversión pública y privada), el fortalecimiento
institucional y social, y el incremento de la resiliencia en la sociedad.

Cambio climático

Considerar el cambio climático en la planificación territorial permite implementar medidas


de adaptación y mitigación que disminuyan el impacto de las amenazas climáticas sobre
los programas o proyectos planificados, y otras que contribuyan a la reducción de
emisiones de gases de efecto invernadero. Este abordaje procura reducir los efectos
negativos y aprovechar los impactos positivos del cambio climático, en función de las
competencias y capacidades de los GAD.

En términos prácticos, si los GAD consideran los vínculos entre sus competencias y
objetivos estratégicos con la adaptación y la mitigación del cambio climático, podrán

53
alcanzar beneficios locales importantes en temas como: desarrollo sostenible, salud
pública, seguridad alimentaria, biodiversidad, calidad ambiental, medios de vida y
transición hacia sistemas productivos sostenibles.

Prospectiva estratégica

La prospectiva estratégica en la planificación territorial comprende el análisis de cómo


ciertos aspectos (cuantitativos y cualitativos) del pasado y del presente influyen en el
desarrollo territorial, de forma determinante, planteando posibles escenarios. Este
ejercicio contribuye al manejo de la incertidumbre en la planificación y a la visión de largo
plazo. Además, promueve la vinculación de actores y su participación.

2.4. Temáticas representativas para la valoración social: Población, Hogares, Educación,


Salud, Vivienda, Pobreza, Trabajo, Cohesión social, ambiente, Tipo y relaciones
familiares, y Servicios básicos

La dimensión social

Si bien las estadísticas sociales se están convirtiendo en un grupo con mayor importancia
cada vez dentro de la estadística oficial, ya que en la actualidad la mayor parte de la
misma de alguna manera es social o bien tiene una indisoluble relación con lo social, en
el pasado el término "social" se utilizaba para las estadísticas referidas a los aspectos
menos económicos, al punto que parecía una categoría casi "residual".

Las nuevas situaciones sociales -cambio familiar, dificultades de los jóvenes para acceder
a un empleo estable, mayor peso demográfico de las personas mayores, acceso de la
mujer al mercado de trabajo- son retos a los que no se puede responder únicamente con
información económica. Queda ya superada aquella época en la que se identificaba
causalmente el crecimiento económico con el bienestar social.

Organizar las estadísticas sociales de un Partido o de una Región, no es una tarea simple,
se exige que la organización de la misma obedezca a algún tipo de criterio de clasificación
que permita sistematizar en forma adecuada y comprensible, un número importante de
indicadores sociales, para ellos la propuesta debiera organizarse en las siguientes "áreas

54
temáticas": 1. población, 2. hogares, 3. educación, 4. salud, 5. vivienda, 6. trabajo, 7.
pobreza y 8. cohesión social

El motivo de esta elección está directamente asociado a que la mayor parte de las mismas
se corresponden a algunas de las principales divisiones de las funciones de política
asignadas comúnmente a ministerios o secretarías en los diferentes niveles de gobierno:
nacional, provincial y municipal, situación que facilita la recopilación, lectura,
interpretación y análisis de la información.

Por otra parte, dado que la realidad que se intenta capturar con un sistema de indicadores
sociales -así como su percepción por parte de la sociedad- cambia constantemente, la
división antes propuesta, debe complementarse con estadísticas de áreas "emergentes",
entre las que se encuentra la exclusión social, actores y, la sociedad de la información, la
cultura, la violencia intrafamiliar o la situación de los discapacitados, las cuales resultan
de gran importancia para los Municipios y son temáticas en las cuales se necesita
avanzar.

1- Población

Para analistas y responsables del diseño de intervenciones públicas de naturaleza social,


la información sobre la población debe ser un aspecto clave, ya que la misma se refiere
al entorno humano que debe ser el sujeto y el objeto del desarrollo social y económico de
las comunidades. Del mismo modo, el volumen, la composición y el ritmo de crecimiento
de la población son factores interrelacionados, que condicionan los diferentes hechos
sociales de un País, una Región, una Comunidad o un Municipio.

El análisis demográfico tiene en cuenta las características y la composición de la población


a través de aspectos como: la distribución territorial, la estructura por edad o la distribución
según sexo, y contempla también factores de cambio como la natalidad, la mortalidad o
las migraciones.

La distribución relativa de la población por edades junto a los cambios de la mortalidad y


de la fecundidad dan cuenta de diferentes procesos (ej. envejecimiento de la población),
que derivan en un cambio de la estructura de las demandas de la sociedad (ej. creciendo
más aquellas que se relacionan con el adulto mayor y menos las correspondientes a los

55
niños, lo que conlleva por ejemplo a redefinición de intervenciones) y en consecuencia
obligan a modificar la oferta de servicios sociales, y a readecuar políticas y programas
públicos, destinados a cada grupo de edad en particular.

1. Hogares

En muchos lugares la limitada cobertura respecto del trabajo, la salud y la seguridad


social, transforma a la familia en la única institución de protección social frente al
desempleo, la enfermedad y otros eventos traumáticos. Por otra parte, nuevos enfoques
relacionados con las políticas sociales transversales e integrales y los programas de
superación de la pobreza se centran en las familias.

Para realizar diagnósticos y diseñar intervenciones públicas, es imprescindible entonces


conocer las estructuras y la diversidad de situaciones en el ámbito familiar. Esto se puede
hacer a través del análisis de los principales tipos de hogares y del tamaño medio de los
mismos, así como información sobre sexo y edad del jefe de hogar, de manera de
determinar hogares con jefes/as jóvenes o mayores.

2. Educación

La educación es un derecho humano básico cuyo respeto está asociado a la calidad de


vida de todas las personas. Se trata de un mecanismo de formación en valores y es un
ingrediente central para que los individuos puedan desarrollar todo ni potencial, mis
capacidades y habilidades, se espera así que sea el vehículo que facilite la movilidad
social.

En tal sentido, es importante destacar que el impacto social de la educación se manifiesta


en el mercado de trabajo a través de la mejora de los niveles de ingreso, y en diversas
áreas como la salud, la participación social, el desarrollo de instituciones, el bienestar
social e individual. También resulta importante su efecto sobre los cambios en la
estructura de la familia en aspectos vinculados con la fecundidad y la participación en la
actividad económica de sus miembros; así como en la promoción de valores
democráticos, la convivencia civilizada y la actividad autónoma y responsable de las
personas.

En el actual contexto económico, la educación secundaria se vuelve una condición mínima

56
necesaria para el desarrollo de una fuerza laboral competitiva. Una educación secundaria
que asegure aprendizajes relevantes y extendidos a la mayor parte de la sociedad es
crucial para alcanzar mayores niveles de productividad y eficiencia social, así como más
oportunidades y equidad en materia del acceso al bienestar y del pleno ejercicio de la
ciudadanía. De hecho, la conclusión de la secundaria constituye actualmente un umbral
educativo que eleva significativamente la probabilidad de mantenerse fuera de la pobreza
absoluta en la vida activa, toda vez que se traduce en un incremento de los ingresos
laborales.

Asimismo, para permitir una integración adecuada de la comunidad al escenario mundial


en el cual la producción de conocimiento científico y la generación de innovación
tecnológica se han constituido en factores clave para el crecimiento económico y el
desarrollo productivo, se requiere de un sistema de educación terciaria pertinente y
equitativo, que alcance a segmentos cada vez más amplios de la población. No se
pretende que la educación terciaria sea una condición obligatoria, sino una puerta abierta
a los individuos para así superar problemas de desempleo o de subempleo por razones
de baja empleabilidad.

3. Salud

La posibilidad de que gobiernos y organizaciones dispongan de datos actualizados y


accesibles sobre la situación de la salud en sus sociedades permite una optimización de
los recursos y una adecuación de las decisiones que se toman en la materia. Además, un
conocimiento más profundo de ciertas enfermedades ofrece la posibilidad de luchar mejor
contra ellas.

En este sentido se sabe, que la situación sanitaria general en nuestro país ha mejorado
en forma sostenida durante los últimos decenios, sin embargo, estas mejoras no han sido
uniformes para todos los grupos sociales ni para todas las regiones. Así, dado que la
estadística nacional, no responde muchas veces a las particularidades locales, resulta
importante relevar evidencia sobre el estado y tendencias de la situación de salud de la
población local a partir de indicadores.

En ese sentido, los mismos son instrumentos de evaluación que pueden determinar
directa o indirectamente modificaciones de una realidad, dando así una idea del estado

57
de situación de una condición asociada con la salud. Algunos indicadores pueden ser
sensibles a más de una situación o fenómeno. Por ejemplo, la tasa de mortalidad infantil
es indicador del estado de salud de la población sensible también para evaluar el bienestar
global de una población.

Sin embargo, puede no ser específico respecto de ninguna medida sanitaria determinada
porque la reducción de la tasa puede ser consecuencia de numerosos factores
relacionados con el desarrollo social y económico. Los indicadores de salud y
relacionados con la salud, con frecuencia utilizados en diversas combinaciones, se
emplean en particular para evaluar la eficacia y los efectos de diferentes intervenciones.

4. Vivienda y Servicio Básicos

Los indicadores de vivienda presentan un panorama general de las características de las


viviendas y de los servicios básicos con que cuentan sus residentes, información básica
para la planificación del desarrollo habitacional de las regiones. Las estadísticas de
vivienda tienen una gran importancia, por su elevada incidencia social y económica. Pese
a ello los datos disponibles resultan en muchos casos escasos. Además, la metodología
de la estadística de la vivienda reviste una especial dificultad, dado que la heterogeneidad
es una de sus características básicas, hasta el punto de afirmarse que no hay dos
viviendas idénticas.

Asimismo, y de manera complementaria, hay acuerdo en que los gobiernos deberían


promover la sostenibilidad ambiental, a partir de cumplir dos desafíos para las políticas de
asentamientos humanos: la reducción de la proporción de personas que no cuentan con
un acceso sostenible a servicios básicos, y la mejora sustancial de las condiciones de vida
de los habitantes.

5. Trabajo

Desde una perspectiva económica, el mundo del trabajo se refiere a aquellas actividades
humanas que tienen como objetivo la producción de bienes y servicios. A cambio de ese
esfuerzo productivo, los trabajadores perciben remuneraciones, ya sea bajo la forma de
ingresos netos (trabajadores independientes) o sueldos y salarios (trabajadores
dependientes).

58
La legislación laboral norma las relaciones laborales entre empleadores y trabajadores,
por medio de instrumentos tales como el contrato de trabajo, el derecho a la
sindicalización y la negociación colectiva. Es así que se establecen determinados
derechos de los trabajadores, como: jornada laboral, derecho al descanso y vacaciones;
asimismo se establecen ciertas protecciones: salario mínimo, seguridad social, fuero
sindical y fuero maternal. La legislación por otra parte establece que los trabajadores,
además, deben estar asegurados frente a los riesgos en materia de accidentes del trabajo
y enfermedades profesionales.

Estas cuestiones son las que permiten observar que el área del trabajo, finalmente puede
y/o debe considerarse como el eslabón que une los aspectos económicos y sociales del
desarrollo, midiendo el grado de éxito o de fracaso de los logros alcanzados por una
economía en directa relación con el ser humano.

Las variables claves se agrupan en torno a conceptos tan ampliamente estudiados como:
el desempleo abierto, las tasas de participación, la estructura del empleo, los salarios
mínimos y medios y la cobertura de la Seguridad Social.

Asimismo, cabe destacar que, a fin de profundizar el diagnóstico sobre la situación laboral,
se pueden incorporar nuevas dimensiones de naturaleza cualitativa del problema del
empleo que permitan distinguir entre empleos precarios y empleos protegidos o —como
les denomina la 01T—trabajos decentes.

6. Pobreza

Según Amartya Sen (1985) algunos de los aspectos que componen el bienestar son: llevar
una vida larga y saludable, tener educación y disfrutar de un nivel de vida decente, la
libertad política, el respeto de los derechos humanos, la seguridad personal, el acceso al
trabajo productivo y bien remunerado y la participación en la vida comunitaria. No
obstante, dada la dificultad de medir algunos de sus elementos constituyentes, en esta
área temática la propuesta es restringirse solo a los aspectos cuantificables y materiales
del bienestar, que son aquellos relacionados con los conceptos de "nivel —o estándar de
vida" y "carencia de recursos".

En este marco, se entiende que la medición de la pobreza puede hacerse desde dos

59
perspectivas con derivaciones sin dudas diferentes: por una lado se mide como falta de
ingresos lo que deriva en la falta de posibilidades para desarrollar plenamente la
capacidad de las personas, en tal sentido se clasifica como "pobre" a una persona cuando
el ingreso por habitante de su hogar es inferior al valor de una "línea de pobreza" o monto
mínimo necesario que le permitiría satisfacer sus necesidades esenciales.

O bien, se mide la pobreza a través de las necesidades básicas insatisfechas (NBI), lo


que implica considerar un conjunto de necesidades básicas que deben cubrirse,
relacionadas con las condiciones de la vivienda, la asistencia escolar y las posibilidades
económicas de subsistencia. En tal sentido, un hogar, para ser considerado NBI, debe
tener inconvenientes en alguna de esas necesidades.

7. Cohesión Social

La realidad que intenta capturar un sistema de indicadores sociales —así como su


percepción por parte de la sociedad- cambia constantemente, por lo tanto, se hace
deseable ir más allá y avanzar en lo que se denominan problemas sociales emergentes
vinculados con la exclusión social, la gobemabilidad, la sociedad de la información, la
cultura, la violencia intrafamiliar o la situación de los discapacitados.

En tal sentido, surge una temática social de importancia: la cohesión social, concepto que
se refiere a la eficacia de los mecanismos de inclusión, y a la valoración subjetiva de las
personas en cuanto a la pertenencia a un proyecto común y/o sociedad trascendiendo la
mera satisfacción de las necesidades materiales. En este sentido, está directamente
relacionado a otros conceptos, tales como: capital, integración, inclusión y ética social.

La importancia de incluir los indicadores de cohesión social, radica en que estos permiten
observar la existencia de desigualdades y brechas sociales insalvables, midiendo por otra
parte resultados sociales (aunque no aborda los medios por los cuales estos fueron
alcanzados).

La cohesión social debe considerarse como fin y como medio a la vez. ¿Cómo fin en
relación a todo objetivo de política pública, lograr la inclusión de todos los miembros de la
comunidad, y como medio ya que toda sociedad con un mayor nivel de cohesión social
brinda un mejor marco de crecimiento económico?

60
La dimensión económica

La importancia de los indicadores económicos radica no solo en que son elementales para
evaluar, dar seguimiento y predecir tendencias de la situación de la región o el municipio
en lo referente a la cuestión económica, sino que también son necesarios para valorar el
desempeño de cada uno de los programas del gobierno, encaminados a lograr el
cumplimiento de las metas y objetivos fijados en las políticas públicas.

Es así que el análisis comparativo entre un año y otro de los indicadores económicos
refleja claramente cuál es el comportamiento de las principales variables económicas,
financieras y monetarias, que afectan directamente a las actividades productivas que se
desarrollan en la región o partido, las mismas son las que proveen el nivel de ocupación
y de ingresos, determinando finalmente los niveles y medios de vida de los hogares, es
decir la situación social.

La necesidad de información económica local/regional, oportuna y permanente,


fundamenta el diseño e implementación de indicadores de corto plazo, que permitan
mostrar la evolución de las localidades/regiones en materia económica. Dada la
complejidad de la realidad analizada, no basta con construir un solo indicador, sino que
se hace necesario recurrir a una combinación de varios, cada uno de los cuales enfoca
una parcela determinada de la realidad económica. Es por ello que la propuesta no apunta
a un listado de indicadores económicos sino a un sistema general.

Áreas temáticas representativas de la “estructura económica”

Continuando con la metodología propuesta en el caso del sistema de indicadores sociales


con el fin de alcanzar una aproximación a la situación económica local, se seleccionan
sectores económicos con el fin de elaborar una propuesta sistematizada de indicadores.

La delimitación de “sectores” (y subsectores) representativos de la estructura económica


debe realizarse tomando en cuenta las características peculiares del Partido y/o región,
conteniendo cada sector o subsector un grupo de indicadores de coyuntura o contexto,
indicadores de sentimientos económicos o expectativas y aquellos vinculados con el
desempeño de los diferentes sectores de la economía en su conjunto.

El motivo de esta elección está asociado en gran parte a la costumbre de trabajar la

61
información económica considerando el sector de la producción a la que pertenece, y por
otra a la importancia que tienen tanto las expectativas y las evaluaciones en los análisis
macro y microeconómicos.

Bibliografía

Cedillo, G. J. (2017). Los instrumentos y técnicas como cuestiones indisolubles en el


corpus teórico-metodológico del accionar del Trabajador Social.

Díez Tetamanti, J. M., Escudero, H. B., Carballeda, A., Barberena, M., Hallak, Z., Rocha,
E., ... & Romero, N. (2017). Cartografía social: investigación e intervención desde
las ciencias sociales, métodos y experiencias de aplicación.

Díez Tetamanti, J. M., Escudero, H. B., Carballeda, A., Barberena, M., Hallak, Z., Rocha,
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las ciencias sociales, métodos y experiencias de aplicación. Recuperado de:
[Link]

López, M. T., y Gentile, N. (2008). Sistema de indicadores económicos y sociales: la


importancia del análisis integrado. In IX Encuentro Nacional de la Red de
Economías Regionales en el Marco del Plan Fénix y II Jornadas Nacionales de
Investigadores de las Economías Regionales

Melero Aguilar, N. (2012). El paradigma crítico y los aportes de la investigación acción


participativa en la transformación de la realidad: un análisis desde las ciencias
sociales. Cuestiones pedagógicas, 21, 339-355.

Osorio, J. (2001). Fundamentos del análisis social: la realidad social y su conocimiento.


Fondo de Cultura Económica.

Ruano Bermúdez, F., Hernández Caicedo, M.F.,y Dorado Martínez, A. (2019). La


evaluación comunitaria: una herramienta de integración social en los habitantes
de la comunidad “Arcoíris”. Revista Psicoespacios, 13 (22): 40-61, DOI:
[Link] 10.25057/21452776.1197.

Secretaria técnica planifica Ecuador (2019) Plan de Desarrollo y Ordenamiento


Territorial (PDOT): Documento ejecutivo para autoridades provinciales.

62
TRABAJO SOCIAL EN LÍNEA

TALLER RURAL
3 créditos

Profesor Autor:

Lcdo. Luis Rúa Sanchez, Mgtr.

Titulaciones Semestre

• TALLER RURAL Quinto

Tutorías: El profesor asignado se publicará en el entorno virtual de aprendizaje


[Link]), y sus horarios de conferencias se indicarán en la sección
Cronograma de Actividades

PERÍODO OCTUBRE 2024 – ENERO / 2025


Índice

Resultado de aprendizaje de la asignatura ...................................................................... 2

Introducción ..................................................................................................................... 2

Unidad 3: estrategias de intervención en la realidad. apoyo de los trabajos en red y


equipos interdisciplinarios. ............................................................................................... 3

Tema 1. Estrategias de intervención ................................................................................ 3

1.1 Problemática social de la población rural y ciudadanía social. ................................ 5

Problemática rural ........................................................................................................ 5

Ciudadanía social ......................................................................................................... 9

Diagnóstico ................................................................................................................. 15

Tipos de Diagnóstico .................................................................................................. 15

Etapas del proceso de planifi cación estratégica participativa..................................... 30

La implementación en el caso de los servicios sociales ............................................. 35

Tema 2: Apoyo en Red y Equipos interdisciplinarios...................................................... 37

2.1 Proceso de intervención en la comunidad. ........................................................... 45

Esta etapa debe finalizar con la estructura de la matriz de identificación de problemas,


el formato de esta matriz podemos apreciarlo en la tabla 2 ........................................ 52

2.2. Apoyo institucional y social ............................................................................... 62

2.3. Desarrollo local ................................................................................................. 64

Bibliografía ..................................................................................................................... 69

1
Resultado de aprendizaje de la asignatura

Potenciar procesos de intervención con la comunidad rural mediante la aplicabilidad de


modelos, métodos y técnicas de Trabajo Social para el conocimiento de la realidad social,
económica, cultural y medioambiental de contextos específicos en el sector rural.

Introducción

En esta unidad se estudiará las estrategias y el apoyo en red y del equipo interdisciplinario
que tiene el Trabajador social durante el proceso de intervención en la comunidad con el
fin de erradicar, minimizar las necesidades y problemática que carrean el sector
intervenido, según el libro Estrategias de vida y estrategias de intervención: el capital
social y los programas de superación de la pobreza. En: Aprender de la experiencia: el
capital social en la superación de la pobreza en su introducción el autor Bebbington (2005)
señala que:

En el último lustro, en la CEPAL se ha desarrollado una línea de trabajo que relaciona


los programas de superación de la pobreza con los de capital social, constituyéndose
en un referente en el debate internacional sobre el capital social en la región
latinoamericana. Con ese fin se han explorado las formas en que el enfoque de
capital social puede contribuir a mejorar el diseño, la ejecución y la evaluación de los
programas de reducción de la pobreza (p.63).

En la investigación que se realiza, se puede encontrar con diferentes discursos acerca de


la interdisciplinariedad prescripta desde la normativa y los documentos oficiales. así,
algunos de los investigadores, relacionan a la interdisciplinariedad con la diversidad de
perfiles profesionales –representantes de ciertos campos disciplinares– que conforman
los equipos técnicos. señalan que, en la práctica, tal diversidad contribuye a que, frente

2
a la complejidad o gravedad de un “caso”, se puedan seleccionar el perfil o los perfiles
“más adecuados” sin necesidad de que ellos sufran algún cambio o modificación
sustantiva.

Unidad 3: estrategias de intervención en la realidad. apoyo de los


trabajos en red y equipos interdisciplinarios.

Resultado de aprendizaje de la unidad: Interpretar las estrategias de intervención y los


trabajos en red para el conocimiento de la realidad

Tema 1. Estrategias de intervención

El término la intervención comunitaria tiene diferentes acepciones, por ejemplo,


intervención social y está conceptualizado por múltiples definiciones. No obstante, existe
coincidencia en plantear, en un sentido básico, que toda intervención supone un
cuestionamiento de la realidad y un imperativo de actuar para cambiarla.

De manera particular, aquí se le asume como el conjunto de acciones destinadas a


promover el desarrollo de una comunidad a través de la participación activa de esta en la
transformación de su propia realidad. (Buades, 2013).

El proceso de intervención comunitaria debe ser integral (ya que enfrenta causas y
efectos) y dinámico; en la medida que los pasos se dan tanto en forma simultánea como
secuencial e interrelacionada, cuya principal característica o condición es que se da en
un espacio físico-social concreto (sector foco) en el que los sujetos participan activamente
en la transformación de su realidad, a partir de sus problemas concretos. (Asun, 1993).

Por su naturaleza social implica considerar las relaciones de interdependencia y


colaboración de la comunidad con los distintos subsistemas (familia, instituciones y
organizaciones) que en ella están asentadas y de las que constituye su entorno social

3
concreto. Todas ellas de manera integrada deben ser capaces de corresponder a las
expectativas sociales en cuanto a la formación de cada sujeto; considerando que esta
formación transcurre en un contexto social -históricamente determinado, en el que
convergen variadas influencias educativas.

Toda intervención comunitaria presupone un trabajo comunitario, que aquí se le considera


el trabajo comunitario un proceso integrador, sistémico, sistemático y progresivo de
transformación social, el cual conduce, planifica, organiza, ejecuta y evalúa la propia
comunidad.

El mayor incentivo para el desarrollo comunitario es construir un proyecto que engendre


amor, solidaridad y cohesión entre las personas y factores de la comunidad y que sea
dirigido por personas austeras, dedicadas y entusiastas. Que sea portador de principios
éticos que cristalice la labor educativa, junto a las organizaciones, organismos,
instituciones, sin que cada una de ellas pierda su individualidad.

Visto así, el trabajo comunitario no debe resultar de la espontaneidad condicionada por


las necesidades emergentes de los comunitarios, particularmente de las familias que
precisan la búsqueda de respuesta a sus problemáticas. Debe ser una proyección
orgánica y planificada, además de sistemática y coherente, realizada sobre bases
creativas. Al planificar el trabajo comunitario se han de tener presentes las inquietudes de
la comunidad en la que se pretende actuar.

A decir de Caballero Rivacoba (2004), el trabajo comunitario, no es sólo un trabajo para


la comunidad, ni en la comunidad, ni siquiera con la comunidad, es un proceso de
transformación desde la comunidad, soñado, planificado, conducido, ejecutado y
evaluado por la propia comunidad.

El trabajo comunitario debe realizarse desde un enfoque multifactorial y contextualizado,


lo primero está dado en que es un proceso que involucra a todos los factores de la
comunidad donde todos tienen asignada su función y la complejidad de su dirección se
manifiesta en la medida que si alguno no cumple su papel u otro asume el que no le
corresponde, o existe fragmentación en las acciones, no se logrará la coherencia y se
afectará el cumplimiento de los objetivos.

4
Y lo contextual viene dado en que es un proceso que adquiere pertinencia y
significatividad individual y social al considerar los elementos de la cultura del contexto
sociocultural específico en que se desarrolla -dígase las características culturales del
contexto, los sentimientos, intereses y experiencias de los sujetos implicados en él, las
características laborales de la comunidad, sus costumbres, religiones, etnias y
tradiciones, así como, las particularidades de las familias, sus prácticas laborales y su
influencia sobre los niños, adolescentes y jóvenes.

1.1 Problemática social de la población rural y ciudadanía social.

Problemática rural

La problemática de la pobreza constituye un desequilibrio social asociado con factores


estructurales expresados en la insatisfacción de las necesidades y requerimientos básicos
de las personas. Esta compleja situación se relaciona con una variedad de factores y
circunstancias que responden a dinámicas históricamente determinadas por
características sociales, económicas, políticas y culturales.

Un alto porcentaje de la población en situación de pobreza del país habita en el sector


rural y las estrategias para solucionar este problema deben considerar las dinámicas
propias de la población que reside en este espacio, por esto resulta necesario abordar
esta problemática destacando su multidimensionalidad y heterogeneidad, tratando de
igual forma de ubicar las propuestas de solución dentro de enfoques que tiendan al
desarrollo conjunto de toda la población.

En esta perspectiva, el desarrollo social debe llevar como impronta el mejoramiento de las
condiciones de vida para la población de manera integral, sobre todo para aquellos
sectores que por exclusión, inserción precaria o factores coyunturales se encuentran en
condiciones especiales de vulnerabilidad frente a otros grupos.

A lo largo de la historia los sectores campesinos han sido referentes básicos para el
desarrollo, aunque desafortunadamente su inserción en los procesos de construcción
social se presentó sin considerar el desarrollo de sus capacidades como eje central de las
políticas y como un sector potencial en sí mismo.

5
Esta situación de inserción precaria al interior del desarrollo económico y social, hace que
se hable de una deuda social del modelo con el sector campesino, deuda que no va a
poder ser solucionada utilizando criterios como políticas meramente compensatorias que
busquen solo remediar los efectos negativos de las estrategias de desarrollo.

Las políticas de ajuste estructural y de estabilización, así como las reformas internas que
los estados han venido realizando en los últimos años en América Latina y en otras
regiones del mundo, en aras de lograr el crecimiento económico y por esa vía alcanzar el
desarrollo, son objeto de cuestionamiento desde dos puntos de vista. Primero por los altos
costos sociales y políticos que ha implicado poner en marcha tales políticas y en segundo
lugar porque estas medidas no garantizan hacia el futuro una sociedad más justa.

La visión de que el crecimiento económico es sólo un medio para alcanzar los objetivos
últimos del desarrollo está cada vez más generalizada entre los estudiosos/as del tema
de la pobreza, quienes concuerdan en que el logro de los objetivos macroeconómicos
debe contribuir al desarrollo de acciones que permitan el mejoramiento del bienestar de
los individuos que conforman la sociedad. Además, planteamientos como los de Amartya
Sen, quien consideró que el crecimiento económico es un medio más que un fin, y que
para algunos fines importantes no es tampoco un medio suficiente (Sen: 1985, p. 44), ha
permeado las visiones entorno a las posibles soluciones para la pobreza en América
Latina. Ahora se entiende que el objetivo del desarrollo social debe incluir la
potencialización o empoderamiento de las comunidades, definido como un sentido de
apropiación no solo económico sino social y político que permita a la gente alcanzar las
opciones que el dinero por sí solo no puede comprar;2 otro asunto que no pierde
relevancia es el de la eficiencia con que los frutos de la prosperidad económica son
distribuidos.

Las características y propiedades de los recursos naturales del territorio habitado por
algunos sectores rurales son determinantes, pueden dificultar el trabajo agrícola y restar
condiciones necesarias para un progreso en sus actividades. Sumado a esto, el
agotamiento de recursos naturales como el agua y la caída de la fertilidad del suelo, como
consecuencia de modelos de desarrollo asociados a la revolución verde y a prácticas
irracionales de explotación, influyen en la condición marginal de sus actividades. Esta
situación no es igual para todos los sectores de la población rural, ya que como es sabido

6
otros pobladores rurales cuentan con tierras óptimas para su aprovechamiento, resultado
también de dinámicas históricas y de relaciones de poder establecidas. Sumado a lo
anterior vale la pena destacar nuevas aristas de esta problemática analizadas por
investigadores como Luis Alfredo Londoño,3 quien señala la tendencia histórica al
desplazamiento de algunos grupos de población, como indígenas y campesinado de
subsistencia, hacia tierras consideradas como poco productivas, pero que en la actualidad
cobran una particular importancia porque albergan recursos naturales –como el agua,
madera, petróleo– importantes para el desarrollo del resto de la sociedad. Esta situación
ha generado problemas sociales asociados al imperativo que se les presenta a estos
grupos de preservar el medio ambiente como condición para que sigan viviendo allí, sin
presentar alternativas claras para su reubicación o para cambiar sus actividades
productivas tradicionales.

Las características demográficas de la población rural pueden convertirse en un factor


que incida en que existan condiciones de pobreza, si consideramos elementos como la
estructura de los hogares y las migraciones. El número de personas que conforman los
hogares se ha analizado en relación con la dependencia económica, demostrando este
es un factor que incide en que existan niveles de pobreza considerables. Según la
Encuesta Nacional de Demografía y Salud (Profamilia: 2006) la composición del hogar
afecta la distribución de recursos financieros disponibles para los miembros del hogar, la
estructura del gasto y algunos aspectos emocionales de sus integrantes. Además, se
reconoce que el tamaño de la familia, el sexo del jefe del hogar, al igual que su nivel de
educación, son factores que influyen en los diferentes niveles de bienestar y que se
convierten en elementos de atención a la hora de implementar políticas para incidir en el
nivel de vida de la población en general.

En general se ha destacado que los cambios sociales, políticos y económicos afectan a


la agricultura y al medio rural, por lo cual la concepción de este último se puede vincular
con:

a) El aumento de la producción, la productividad y la seguridad alimentaria;


b) La lucha contra la pobreza para buscar equidad;
c) La preservación del territorio y el rescate de los valores culturales para fortalecer
la identidad nacional;

7
d) El desarrollo de una nueva cultura agrícola y rural que permita la preservación de
la biodiversidad y los recursos naturales;
e) El aumento de los niveles de participación para fortalecer el desarrollo democrático
y la ciudadanía rural;
f) El desarrollo de acciones afirmativas para apoyar la participación de las mujeres,
habitantes de los pueblos indígenas y jóvenes, en el desarrollo nacional desde lo
rural. (Ibíd., p. 7)
Estudios realizados por entidades como Fedesarrollo (1994) han destacado la relación
entre pobreza y desempleo señalando que: • El desempleo en las zonas más pobres es
considerablemente más elevado que en las menos pobres y golpea más fuertemente a
los pobres que a los no pobres, siendo las mujeres el grupo más vulnerable. • Los hogares
más pobres participan más en empleo agrícola y los menos pobres más en el comercio y
los servicios. • La pobreza de las regiones está positivamente asociada con la presencia
de trabajadores por cuenta propia y trabajadores familiares sin remuneración y que, en
cambio, la menor incidencia de la misma en los deciles bajos y medios estaba relacionada
con la presencia de patronos y con la mayor posibilidad de emplearse como jornalero.

Para organismos como la CEPAL, la estrategia adecuada para equilibrar las condiciones
laborales y para aumentar la competitividad exigida por el proceso de globalización es la
de generar empleos de creciente productividad, de forma que el modelo no sacrifique aún
más la población en condiciones de inserción desfavorables al sistema, actuando en
aspectos específicos, como la formación de capital, políticas de fomento productivo y
tecnológico, entre otras. Sin embargo esta estrategia sugiere para su efectividad que se
presenten condiciones en el plano económico nacional e internacional, para que los
parámetros de inserción laboral y creación de fuentes de actividades productivas
beneficien a sectores de la población en el medio urbano y rural, teniendo en cuenta sus
especificidades y vinculaciones en un momento en que se hace imposible omitir las
estrechas relaciones entre lo urbano y lo rural, en la medida que –como afirma Rafael
Echeverry– en el campo no están dadas las condiciones para absorber a toda la mano de
obra disponible, por lo menos no en la actividad agrícola y menos ganadera.

En un sentido amplio, la cuestión ambiental es entendida como el conjunto de procesos a


través de los cuales el hombre se relaciona con la naturaleza en la producción y

8
reproducción de sus condiciones de existencia en el marco de una propuesta de calidad
de vida humana y equilibrio natural (Gallego: p. 1). En esta concepción lo ambiental
incluye el conjunto de circunstancias que posibilitan unas relaciones armónicas entre el
hombre, su medio social y su medio natural, involucrando los procesos económicos,
políticos, sociales y culturales que se estructuran en una sociedad.

El que exista relaciones de armonía, equilibrio y respeto de los seres humanos hacia la
naturaleza tiene que ver entonces con la consolidación de posturas éticas y culturales que
tiendan por el mejoramiento de la calidad de vida humana y la búsqueda del bienestar
colectivo. Carlos Medina Gallego define el desarrollo sustentable como aquel que se erige
sobre el conocimiento y respeto de los procesos naturales y la utilización adecuada y
racional de los recursos de vida que nos ofrece el planeta desde una perspectiva ética de
desarrollo humano y natural, armónico y equilibrado que se exprese en el mejoramiento
significativo de la calidad de vida global (Ibíd.).

Esta caracterización de la situación de pobreza rural y las múltiples dimensiones que


abarca permite establecer una serie de interrogantes acerca de la situación del agro en el
contexto de la economía globalizada, y de la posición del país ante la puesta en marcha
del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos. El panorama expuesto constituye el
marco general bajo el cual se articulan los temas analizados en las líneas de
profundización en Sociología Rural y enfatiza la necesidad de concretar temas de
investigación que permitan que la academia contribuya con análisis de actualidad sobre
la ruralidad.

Ciudadanía social

Esta situación del medio rural, extendida a lo largo de la región con la ya señalada
heterogeneidad que la caracteriza, constituye un rasgo fundamental del desarrollo en los
espacios rurales y remite a dos conceptos primordiales en el impulso de las estrategias
de desarrollo territorial rural: la promoción del disfrute de la ciudadanía social por parte de
las familias habitantes en los territorios rurales y de la cohesión social territorial, ambos
conceptos estrechamente relacionados entre sí. Su definición parte del análisis de los
procesos redistributivos en las sociedades actuales y de la forma en que la sociedad
responde a las demandas, necesidades y aspiraciones de la ciudadanía. Estos elementos

9
adquieren gran relevancia ante las desigualdades sociales experimentadas por las
sociedades latinoamericanas y caribeñas y por la presencia de brechas sociales, con cuyo
surgimiento se colocan en desventaja los hogares ubicados en los territorios rurales de la
región.

La persistencia de significativas privaciones sociales en esto países, con especial


significado en sus territorios rurales, colocan la preocupación por la inclusión social
de los hogares excluidos del desarrollo en los diversos territorios en los cuales se
asientan los principales rezagos en materia de salud, saneamiento, educación,
vivienda, infraestructura y acceso a los servicios públicos básicos, en un lugar
prioritario en las agendas del análisis sobre las desigualdades y en las políticas y
acciones institucionales.

Para la CEPAL, “Las diversas instituciones y actores que inciden en el desarrollo territorial,
tanto de abajo hacia arriba como de arriba a abajo, hacen imperativo avanzar en el logro
de acuerdos y pactos para el tipo de políticas planteadas. La cohesión territorial debe ser
el punto de encuentro de la promoción del desarrollo regional y local desde arriba y desde
abajo, y el centro de coordinación y articulación de las políticas sectoriales y las políticas
transversales, tradicionalmente separadas” (CEPAL, 2010:148).

El empleo de los conceptos de ciudadanía social y de cohesión territorial, ambos


adoptados con el propósito de brindar una orientación a las políticas destinadas a
promover la inclusión social y enfrentar los agudos procesos de desigualdad social
vividos en la región, han tomado importancia en las iniciativas de desarrollo rural
territorial, en las cuales la generación de capacidades, la creación de ciudadanía y
la promoción de la cohesión territorial se consideran como elementos constitutivos
de las estrategias seguidas para alcanzar el desarrollo productivo, social y ambiental
en las diversas áreas rurales de la región.

En relación con el concepto de ciudadanía social, Adela Cortina, siguiendo los postulados
de Thomas H. Marshall, apunta lo siguiente: “Desde esta perspectiva es ciudadano aquel
que en una comunidad política goza no sólo de derechos civiles (libertades individuales),
en los que insisten las tradiciones liberales, no sólo de derechos políticos (participación
política), en los que insisten los republicanos, sino también de derechos sociales (trabajo,

10
educación, vivienda, salud, prestaciones sociales en tiempos de especial vulnerabilidad).
La ciudadanía social se refiere entonces también a ese tipo de derechos sociales, cuya
protección vendría garantizada por el Estado nacional, entendido no ya como Estado
liberal, sino como Estado social de derecho” (Cortina, 1998:66).

El sentido de pertenencia a una comunidad, un territorio o una nación está condicionado


por el sentimiento de reconocimiento de una serie de derechos cuyo disfrute los hace
saberse miembros de esa colectividad. Para Cortina, “las personas cobramos nuestra
identidad y autoestima en el seno de una comunidad que nos reconoce derechos o nos
los niega, que nos hace saber que somos miembros suyos o nos hace sentirnos extraños”.
Para la autora, en el marco de la sociedad, “el reconocimiento de la pertenencia
tiene dos lados: la comunidad está dispuesta a proteger la autonomía de sus
miembros, reconociéndoles unos derechos civiles y políticos, porque no les considera
vasallos o súbditos, pero también se propone hacerles partícipes de los bienes
sociales indispensables para llevar adelante una vida digna; de aquellos bienes
básicos para una vida humana que no puede quedar al libre juego del mercado”
(Cortina, 1998:92-93).

De acuerdo con lo señalado por Cortina, la identidad comunal, territorial o social o


la adhesión a esas colectividades no puede ser entendida como una simple
abstracción o como el resultado exclusivo de las relevantes e intensas relaciones
de parentesco o de vecindad, o del compartir una misma cultura, asunto de suyo
difícil en sociedades como las nuestras en las cuales tienden a coexistir en un
mismo espacio social personas que se identifican con culturas diversas
(multiculturalismo). Un aspecto básico en el logro de la identidad lo constituye el tener
acceso a un mínimo de bienes materiales, el acceso a servicios básicos como la salud, la
educación y el saneamiento y la posibilidad de desarrollar sus capacidades para
desenvolverse en su espacio social. La comprensión más amplia del desarrollo rural
implica la generación de las condiciones mínimas requeridas para el aumento de las
capacidades personales y el disfrute del derecho a la ciudadanía social. Esta manera de
entender el desarrollo le da sentido a la participación de los actores territoriales en el
manejo de sus propios procesos de desarrollo y marca pautas para delinear el trabajo de
los promotores del desarrollo territorial.

11
El concepto de cohesión social, compartido como una de los propósitos perseguidos con
el desenvolvimiento de naciones, regiones y territorios, adquiere mucha relevancia en los
procesos de desarrollo rural. En un estudio de la CEPAL sobre el tema de la cohesión
social, se señala lo siguiente en relación con este concepto: “Respecto de la vida en
sociedad, guardando las diferencias, pero rescatando las analogías (en relación con el
concepto de cohesión empleado en las ciencias naturales, p.m.) la cohesión puede
entenderse como el efecto combinado del nivel de brechas de bienestar entre individuos
y entre grupos, los mecanismos que integran a los individuos y grupos a la dinámica social
y el sentido de adhesión y pertenencia a la sociedad por parte de ellos” (CEPAL,2007 :16).
Esta manera de entender la cohesión social muestra la estrecha relación con el concepto
de ciudadanía social, tal como fue expuesto en este texto.

El concepto de ciudadanía republicana subraya acertadamente la tesis de que ser


miembro de una comunidad política viene definido en términos de derechos civiles y sobre
todo en términos de derechos políticos. Efectivamente. Esta perspectiva permite
comprender que el problema del status jurídico y político de los inmigrantes en la unión
europea y en España es sobre todo un problema de inclusión, de inclusión política, (formar
parte, “contar para otros”, en definitiva, de expuesto en).

La categoría de ciudadanía social, por su parte no niega en absoluto esta tesis, sino que
se plantea las condiciones en las que deben estar los sujetos para poder ser ciudadanos
participantes. Por otro lado, el concepto de ciudadanía fue transformó su contenido al ir
insertándose en las formas de articulación de los estados de bienestar y del
reconocimiento de derechos sociales. En este contexto la noción de ciudadanía tendría la
clave, mejor que ningún otro concepto, para comprender la dinámica de una democracia
moderna

Por lo tanto, desde estos presupuestos pensamos en un concepto de ciudadanía en


términos de inclusión. Evidentemente, como acabamos de ver, esto no puede hacerse sin
derechos políticos, tal como indica el concepto de ciudadanía republicana, pero tampoco
es posible sin el reconocimiento y respeto de derechos sociales que serían el contenido
básico del concepto de ciudadanía social. De ahí que se afirme de ellos que son un test
de inclusión (M.J. Añón, 1998).

12
El objetivo de la ciudadanía social consiste en asegurar que cada cual sea tratado como
un miembro pleno de una sociedad de iguales (Marshall). La ciudadanía es entendida
como status conformado por el acceso a los recursos básicos para el ejercicio de derechos
y deberes. La no discriminación en el acceso a esos recursos constituye la condición
necesaria y suficiente de la ciudadanía. De forma que la ciudadanía en su sentido más
pleno precisa un modelo de estado del bienestar democrático.

El concepto originariamente fue acuñado por Marshall en su obra Ciudadanía y Clase


social publicado en 1950.

Los temas que centran el examen del autor son tres: la propuesta de un concepto
normativo de ciudadanía, el desarrollo histórico de ésta y la relación de tensión entre los
derechos de ciudadanía y las desigualdades sociales. El interrogante teórico que plantea
el autor británico me parece enteramente recuperable hoy, esto es, hasta qué punto y en
qué medida el estatus social de las personas debería estar separado y al margen del
mercado, y si existen formas aceptables e inaceptables de reconocer derechos sociales
de ciudadanía.

La ciudadanía se identifica con un status y éste deriva de la atribución de derechos y


deberes que están vinculados a la idea de ser un miembro pleno de una comunidad, es
decir, a la titularidad de una serie de derechos. Marshall (1998; 22 y ss) explica que esto
se ha producido a través de un proceso de que ha pasado por tres fases que corresponden
el reconocimiento de derechos civiles, en un segundo momento a los políticos y finalmente
a los económicos o sociales, es decir, se ha producido un proceso que ha consistido en
una extensión gradual de estos derechos que ha extendido, a su vez, los derechos a
distintos grupos de sujetos que se han ido incorporando a la categoría de ciudadanía.

La ciudadanía comprende, de este modo, derechos civiles, pero no se identifica con ellos,
porque éstos sólo explicitan la idea de una igual capacidad que es insuficiente para
garantizar efectivamente la autonomía individual.

La tesis básica parte de la idea de que para ser ciudadanos y participar plenamente en la
vida pública un sujeto necesita encontrarse en una cierta posición socio-económica. Por
tanto, la noción de ciudadanía no puede ser independiente de la dimensión social y
económica. Puesto que las desigualdades y las situaciones de insatisfacción de

13
necesidades básicas interfieren claramente con la capacidad de deliberación o la
afirmación de la solidaridad como vínculo social de cohesión.

Esta concepción de la ciudadanía considera que ser ciudadano no puede quedar reducido
al ámbito de la titularidad de derechos, sino que exige la satisfacción de derechos sociales.
Incorpora al concepto de ciudadanía las condiciones para el ejercicio de capacidades y la
participación en los resultados o frutos sociales.

Los derechos fundamentales y entre ellos los derechos sociales pueden considerarse
instrumentos dirigidos a proteger necesidades e intereses radicales de las personas frente
a los abusos y la arbitrariedad del poder. Del poder estatal, pero también del poder del
mercado. Esgrimir un derecho supone reivindicar un interés o una necesidad no
susceptibles de convertirse en una mercancía o en simple elemento de regateo entre
partidos (Pisarello; Ferrajoli).

En ese sentido, la propia historia de los tiempos modernos ha sido, en cierto modo, la
historia de una serie de luchas, arduas y dispares, por la conquista de derechos, de
contrapoderes capaces de contener, en ámbitos diferentes, los efectos opresivos de micro
y macro poderes que, desprovistos de límites y controles, representan una amenaza para
la autonomía individual y colectiva de las personas, sobre todo de los miembros más
débiles y vulnerables de la sociedad. Sin embargo, la aportación de los derechos sociales
no es uniforme, sin duda su vinculación con la lógica del mercado, con los principios del
estado de bienestar y con la democracia les han asignado un anverso y un reverso. Allí
donde han sido reconocidos e institucionalizados cuentan con un haber y un debe que
sintéticamente paso a enumerar.

1.2. Diagnostico Social Participativo

Para dar una idea en general, el Diagnóstico Comunitario es una herramienta que utiliza
la profesión de Trabajo Social, específicamente en la atención comunitaria, está
herramienta se fundamenta con investigaciones de campo y brinda un conocimiento
general de las condiciones socioeconómicas de la población. Para tener una mejor

14
percepción de la temática se le presenta la fundamentación teórica dentro del proceso de
investigación.

Diagnóstico

Del griego diagnostikos, formado por el prefijo día, “a través”, y gnosis, “conocimiento” o
“apto para conocer”. En general, el termino indica el análisis que se realiza para
determinar cuál es una situación y cuáles son las tendencias de la misma. Esta
determinación se realiza sobre la base de informaciones, datos y hechos, recogidos y
ordenados sistemáticamente que permiten juzgar mejor que es lo que está pasando.
(Ander-Ogg, 1995, p.94) El diagnóstico es un instrumento de investigación que
permitirá la identificación de los fenómenos que afecten a una situación, persona o
cosa, el cual efectivamente requiere del análisis e interpretación lógica para
establecer cual es este fenómeno y el contexto que influye en él, dicho análisis se
lograra únicamente con la selección de datos debidamente ordenados, este es el
inicio de una serie de pasos para plantear alternativas de salida al fenómeno en
estudio.

Tipos de Diagnóstico

a) Diagnóstico de salud “El diagnóstico de salud es un proceso de evaluación para


medir, comparar y determinar la evolución de las diferentes variables que influyen
en la salud enfermedad de la población.” (Barragán, s.f., s.p.)

El diagnóstico en términos de salud se refiere a un estudio biológico del cuerpo


humano, el cual reflejara la condición del mismo, puede detectar una condición
severa o crónica o algo más leve.

b) Diagnóstico psicológico “Consiste en la identificación y rotulación del problema


comportamental, cognitivo, emocional o social, de la persona, grupo o comunidad
de que se trate. Debe entenderse como “resultado” del proceso de evaluación
psicológica. En el ejercicio de esa función, el psicólogo clínico y de la salud habrá
de tomar decisiones, entre las que hay que destacar las siguientes: • Decisión
sobre si se trata de un problema que cae dentro de su competencia o no. •

15
Decisión sobre el grado de severidad o gravedad de las primeras informaciones
que se ofrecen del problema. • Diagnóstico, si procede. • Especificación del
problema en términos operativos. • Indicación del tratamiento.” (Colegio Oficial
de Psicólogos, s.f., p.36)

El Diagnóstico Psicológico, como bien lo define el Colegio Oficial de Psicólogos es


la identificación de problemas del comportamiento, del conocimiento, de las
emociones del individuo con sus relaciones en la sociedad, al igual establece la
complejidad del problema y sus posibles soluciones.

c) Diagnóstico pedagógico “Proceso Integrado de evaluación-intervención


insertado en el de enseñanza aprendizaje. Introduce los conceptos de estado
deseado, estado real y estado alcanzable, que compartimos y retomamos en esta
investigación.” (Instituto Central de Ciencias Pedagógicas, ICCP 1999, s.p.)

El diagnóstico en el ámbito pedagógico, es el instrumento en el que se estudian e


identifican aspectos de educación de los individuos.

d) Diagnóstico ambiental “Es el instrumento de evaluación ambiental, que se


efectúa en un proyecto, obra, industria o actividad existente y, por ende, los
impactos son determinados mediante sistemas de evaluación basados en
muestreos y mediciones directas o bien por el uso de sistemas analógicos de
comparación con eventos o entidades similares. Su objetivo es determinar las
acciones correctivas necesarias para mitigar impactos adversos.” (Corporación
de Asesores y Consultores. CORPASCO s.f., s.p.)

Este instrumento se utiliza para medir el impacto que tendrá cualquier acción
realizada por hombre en su medio ambiente, al mismo tiempo establecerá las
alternativas más adecuadas para evitar un daño irreparable en el hábitat de
cualquier ser vivo.

e) Diagnóstico administrativo “Es un estudio sistemático, integral y periódico que


tiene como propósito fundamental conocer la organización administrativa y el
funcionamiento del área objeto de estudio, con la finalidad de detectar las causas
y efectos de los problemas administrativos de la empresa, para analizar y proponer

16
alternativas viables de solución que ayuden a la erradicación de los mismos.”
(Herrera, 2007, s.p.)

diagnóstico administrativo, es el instrumento de evaluación que utilizan las


empresas para implementar mejoras en los servicios que prestan e incrementar la
productividad de la misma.

f) Diagnóstico comunitario “Diagnóstico comunitario, es igual que realizar un


diagnóstico social, sin embargo, se debe adaptar y agregar algunas cosas
esenciales como por ejemplo como tiene un alcance comunitario se deberán
considerar la situación de la comunidad y también se deberá incorporar la
participación de la gente, siendo estos los principales en lo que refiere a la acción
comunitaria.” (Ander-Egg, 1998, p.219)

“El diagnóstico social es un proceso de elaboración y sistematización de información


que implica conocer y comprender los problemas y necesidades dentro de un
contexto determinado, sus causas y evolución a lo largo del tiempo, así como los
factores condicionantes y de riesgo y sus tendencias previsibles; permitiendo una
discriminación de los mismos según su importancia, de cara al establecimiento de
prioridades y estrategias de intervención, de manera que pueda determinarse de
antemano su grado de viabilidad y factibilidad, considerando tanto los medios
disponibles como las fuerzas y actores sociales involucrados en las mismas.” (Ander-
Egg & Aguilar, 1995, p.31)

El diagnóstico es un proceso continuo y permanente de análisis de la realidad en la cual


estamos viviendo y se profundiza según del espacio geográfico objeto de estudio, Ander-
Egg expone que el Diagnóstico Comunitario es igual a realizar un diagnóstico social
modificando también el enfoque que se le dé, es decir, dependiendo del contexto social
de dicha comunidad, como anteriormente se expuso.

Ahora bien, un Diagnóstico Social no es más que la recolección de los datos para su
análisis y posteriormente su interpretación de la realidad social en la cual el Investigador
este profundizando, para luego proponer alternativas de solución y buscar el desarrollo a
nivel comunitario, regional y municipal.

17
Elementos del Diagnóstico Comunitario

Elemento social

El elemento social está conformado por todo lo que respecta a las poblaciones humanas
como, por ejemplo: cantidad de población, población etaria, población por sexo,
organización comunitaria, clases sociales, instituciones públicas o privadas que brindan
servicio a la población, etc.

Elemento económico

Según el Centro de Estudios Iberomexicano (2009, p.1) el elemento económico


comprende tres acciones importantes las cuales son: “Hecho económico: Son los que se
relacionan con actividades que los hombres desarrollan no aisladamente, sino como
miembros de grupos humanos, lo cual nos permite caracterizarlos como sociales. (…)
Acto económico: actos consientes del hombre para satisfacer sus necesidades. (…)
Actividad económica es la interacción entre unidades productoras, consumidoras e
intercambio.

En este sentido es posible señalar tres elementos básicos de la actividad económica: los
recursos, las necesidades y los bienes. (…)” Por lo anterior, se puede establecer que el
elemento económico se establece en las actividades productivas de la comunidad como
por ejemplo el comercio dentro de las comunidades, las industrias (fabricas, maquilas,
etc.), la ganadería, la pesca, la agricultura, minería, etc.

Elemento cultural

Según Vargas (2007, p.26) “La cultura está formada por los siguientes componentes:

Las instituciones. Definidas por Talcott Parsons (1949) como “pautas normativas que
definen lo que se considera adecuado, legítimo o como expectativas de acción o de
relación social." Las normas sociales comprenden los usos populares (relación social),
las costumbres (mores) y los conceptos de hábitos y leyes.

Las ideas, creencias y valores. Las cuales pueden ser teleológicas, filosóficas, científicas,
tecnológicas, históricas, sociológicas, etc.

18
La cultura material. Son los instrumentos y artefactos producidos por los humanos, como
las máquinas, productos, casas, automóviles, etc. Para el uso de estos objetos materiales
de la cultura se necesitan métodos, técnicas y sistemas que implican."

Por tanto, se puede decir que el elemento cultural es el que desarrolla las costumbres y
tradiciones de las comunidades, así como también su religión y su idioma, las normativas
de las instituciones que rodean a las comunidades, y otras.

Elemento político

Según Chávez Duran (2013, s.p.) este elemento “Se refieren a la manera en cómo la
sociedad se administra y se organiza mediante leyes y una forma de gobierno. También
se refiere a la delimitación de un territorio para vivir (ya sea un país, entidad o municipio,
entre otros), mediante límites naturales o artificiales.”

En las comunidades, el elemento político se puede ver reflejado por Cocode´s, Comude´s,
lideres comunitario, participación comunitaria, y otras organizaciones sociales
establecidas dentro del marco de la ley.

Características del Diagnóstico Comunitario

Según el documento de FUNLIBRE llamado Diagnóstico y Desarrollo Comunitario indica


que las características de un diagnóstico social deben ser:

a) El diagnóstico es una fase o momento imprescindible de un programa o proyecto


que puede influir en las diferentes etapas del mismo, sea como punto de partida o,
posteriormente, como punto de referencia.

b) El diagnóstico como forma de utilizar resultados de una investigación aplicada de


cara a la acción, en la medida que el objetivo del diagnóstico es tener
conocimientos para producir cambios planeados, para resolver problemas,
satisfacer necesidades, desarrollar potencialidades o para desarrollar acciones en
una comunidad.

c) El diagnóstico como unidad de análisis y síntesis de una situación problema: el


diagnóstico debe hacer una descripción de los elementos y aspectos integrantes
de la realidad, pero a la vez debe establecer la interconexión e interdependencia

19
de los mismos.

d) El diagnóstico no tiene final, es un instrumento abierto en constante


retroalimentación: un diagnóstico debe estar abierto a incorporar nuevos datos e
información y nuevos ajustes establecidos a partir de nuevos datos que se vayan
obteniendo.

e) Un diagnóstico adquiere un real significado cuando se hace una adecuada


contextualización de la situación-problema diagnosticada

Ahora bien, se tiene el planteamiento de Orellana (2012) plantea que el Diagnóstico


Comunitario “No parte de cero, es decir, aprovecha toda la información disponible para
conocer a la comunidad y sus problemas.

a) Posibilita el análisis de los problemas y revaloriza los elementos positivos que


existen en la comunidad.

b) Permite conocer problemas específicos particulares y concretos.

c) Es un proceso sencillo que permite obtener la información necesaria fácilmente,


cuando la comunidad tiene conciencia y organización necesaria para realizarlo.

d) Permite la participación de todas las personas involucradas en la solución de los


problemas que afectan a la comunidad.

e) Las acciones planeadas a partir del sentir comunitario comprometen a sus


miembros y a las instituciones que participan.

f) Es importante la presencia de asesores externos que faciliten procesos de


discusión, reflexión y consenso.

1.3. La intervención y el Diagnostico social participativo

Comprender una experiencia de intervención social significa situarla en un campo


de fuerzas que la hicieron posible y determinaron algunas de sus características
y, simultáneamente, ser capaz de interpretar lo que tiene de singular, de asumirla
como una productividad que nos acerca a las dinámicas lábiles de la vida social
(Hleap, 2005:1).

En este documento asumo la intervención social como un conjunto de acciones y prácticas


organizadas bajo la figura de una oferta de servicios alrededor de lo social (Bermúdez

20
Peña, 2010). Esta oferta es brindada por grupos de individuos organizados―organismos
gubernamentales, organismos no gubernamentales, organizaciones de base, etc.―,
quienes al considerar y calificar algunas situaciones sociales como inaceptables
producen, por un lado, “escándalo social” y, por el otro, acciones que de alguna manera
pretenden remediar tales situaciones. El escándalo social cumple una función al poner en
evidencia, un conjunto de necesidades y problemas. La intervención social, por su parte,
aparece como producto de un escándalo y propone la creación de dispositivos para la
acción, en un intento por buscar soluciones a las necesidades y problemas detectados.
La intervención social, entendida de esta manera, implica una alteración en el curso de la
vida cotidiana, lo que la hace una acción artificialmente constituida, e implica un juicio de
valor que está presente en las acciones realizadas. Como lo expresa Carballeda:
“Reconocer lo artificial de la intervención implica básicamente tender a su
desnaturalización, entenderla como dispositivo que se entromete en un espacio, en tanto
existe una demanda hacia ella” (2002:93).

Corvalán (1996) identifica dos tipos de intervención social: la intervención caritativo-


asistencial y la intervención sociopolítica. La primera tiene que ver con un conjunto de
acciones de beneficencia que no tienen necesariamente como propósito asumir posturas
críticas frente a la dinámica de base de la sociedad, pues “al encontrarse tan fuertemente
ligado a una opción personal y al mundo de la vida privada, no existen desarrollos teóricos
de tipo político que lo respalden, sino alientos ideológicos, a la manera de los manuales
de autoayuda: la solidaridad para estar bien con uno mismo” (De Piero, 2005:53).

La intervención social de carácter sociopolítico, por el contrario, se define o por la


oposición o por el respaldo a las políticas gubernamentales y al modelo de desarrollo que
se impulsa desde ellas: “el carácter sociopolítico de una intervención social está dado por
la concepción de la misma en torno a objetivos societales mayores y relacionados con el
funcionamiento del modelo de desarrollo de una sociedad, especialmente en términos de
situarse explícitamente como un apoyo o como una crítica al mismo” (Corvalán, 1996:4).

En cualquier circunstancia, la intervención social implica el reconocimiento de capacidad


técnica para responder a las demandas sociales y la concreción de acciones en lo
cotidiano. Esta capacidad técnica estaría dada, en el caso de los organismos
gubernamentales, por la política social del Estado, que se expresa en programas y

21
proyectos sociales; y, en el caso de los organismos no gubernamentales, como se ha
señalado, desde la oposición o el respaldo a dicha política, también bajo la figura, hoy, de
proyectos sociales (propia de la planeación y la administración social).

Entendida de esta manera, la intervención social crea un espacio social alrededor del cual
se construyen relaciones fundadas en la ayuda a partir de la búsqueda de respuestas a
demandas sociales. Tales relaciones no se establecen aleatoriamente ni de manera
homogénea. En efecto, como se ha mencionado, en la intervención social convergen
instituciones estatales, no estatales, sociedad civil, organizaciones comunitarias,
escuelas, universidades, medios masivos de comunicación, artistas, la población
identificada como beneficiaria, etc., y el tipo de relaciones que se establecen entre ellas
se ordenan de manera diversa. A esta dinámica presente en este espacio, la identificamos
como la emergencia del campo de la intervención social. Esto significa que, tal como lo
plantea Bourdieu, en cualquier campo encontraremos una lucha, en tanto se encuentran
y coexisten posturas y acciones dispares, maneras de interpretar y narrar diferentes, en
ocasiones contrarias entre sí, relaciones de poder, controversias, alianzas, etc. Es un
universo de antagonismos que, en todo caso, comparten una esfera común: “toda la gente
comprometida con un campo tiene una cantidad de intereses fundamentales comunes, es
decir todo aquello que está vinculado a la existencia misma del campo” (Bourdieu,
1997:138).

El principal objetivo de un diagnóstico es brindar un mejor conocimiento acerca de


las situaciones problemáticas que se pretenden solucionar o aliviar mediante las
intervenciones sociales, dando información confiable acerca de la magnitud o alcance
y características primordiales de esas situaciones en el territorio donde se las
aborda; también interesa conocer los factores que influyen en tales situaciones en
los contextos concretos y las consecuencias que habría en un corto, mediano y
largo plazo si no se interviniera en procura de soluciones.

Por ende, la utilidad más evidente del diagnóstico es la posibilidad de identificar, precisar
y dimensionar la situación problemática, para de ese modo, evaluar distintas estrategias
y líneas de acción a desplegar en torno a la problemática visualizada.

22
Antes de abordar un proyecto, los técnicos y profesionales de las diferentes
disciplinas (ya sean externos o propios del lugar), como los propios pobladores que
viven los problemas cotidianamente, en forma directa o indirecta, tienen hipótesis
descriptivas y explicativas acerca de cómo funciona el contexto en el que viven,
en particular en relación al tema de preocupación dominante; tienen por lo general
una idea aproximada acerca de cuáles son los déficit y requerimientos y cuáles
son las fortalezas u oportunidades. Ese conocimiento puede provenir de diferentes
fuentes, por el simple hecho de vivir en el lugar, por conocer la historia o formar parte de
la situación a diagnosticar, por estar familiarizado con información relacionada, por
experiencias y aprendizajes de otros proyectos similares realizados, entre otras vías de
conocimiento.

El diagnóstico servirá para corregir, precisar mejor y fundamentar ese saber previo, esas
hipótesis de trabajo, y permitirá que las acciones que se propongan sean más apropiadas,
se ajusten más a situación problemática y a las expectativas de la gente.

Suele decirse que todo diagnóstico debe tener:

− un componente descriptivo: cómo son y/o suceden las cosas en un


determinado contexto,

− un componente explicativo: cuáles son las causas o factores condicionantes


para que en esa situación y particular contexto las cosas sean y/o sucedan
de esa forma, y

− un componente predictivo: cuáles serían las consecuencias, qué sucedería


si no se interviene y se deja que las cosas sigan su curso “espontáneo”.

A eso se hace referencia cuando se dice que los diagnósticos permiten fundamentar
las hipótesis de trabajo, puesto que para formular dichas hipótesis debe tenerse,
además de una fotografía acerca de la situación actual (un “corte transversal”),
información acerca de las tendencias históricas (qué cambios o permanencias hubo
a través del tiempo) a la vez que una explicación basada en teorías vigentes
acerca de los factores y mecanismos que producen ese tipo de situaciones, es

23
decir, cómo suceden las cosas o cuáles son los problemas que deben resolverse
para introducir cambios para que las cosas sucedan de otro modo en el futuro.

Es importante retomar aquí el término de situación problemática, o construcción del


problema, ya que de lo que se trata es de efectuar una reconstrucción interpretativa y
comprensiva de un sector delimitado de la realidad. El diagnóstico no equivale a
descripción, sino que constituye una reconstrucción “analítica” sintética e interpretativa de
un recorte de la realidad que se pretende transformar.

No siempre se diagnostica en forma explícita o precisa; hay proyectos que se formulan


sin diagnóstico apropiado y eso no impide desarrollar actividades que pueden beneficiar
a las comunidades respectivas. Sin embargo, por mejores que sean las intenciones de la
acción desplegada, será difícil saber en esos casos en forma certera si las actividades
fueron correctamente formuladas o dimensionadas, si cubrieron a quienes correspondía,
si se aprovecharon plenamente los recursos existentes, si el proyecto fue eficaz o no, en
suma, en qué medida cumplió con sus objetivos y mejoró la situación problemática
visualizada. Esos proyectos parten de las convicciones de los actores involucrados,
aquellos que viven la situación problemática cotidianamente, acerca de que no necesitan
más que su propio conocimiento sobre sus realidades circundantes. Es indudable que
ese conocimiento es útil y necesario, sin embargo, resulta insuficiente. Por otra parte,
no siempre ocurre que todos aquellos que padecen una situación la perciben y en
el caso que la perciban, no siempre la explican de la misma forma, sino al revés:
lo más frecuente es que las percepciones y explicaciones acerca de las situaciones
problemáticas sean muy diversas, lo cual se vincula, por un lado con las distintas
posiciones y roles que los diferentes actores tienen en relación con el problema y
por otro con factores culturales, étnicos, generacionales, de filiaciones, de género u
otros En síntesis, que raramente hay consensos absolutos en las formas de definir
y explicar los problemas.

Así visto, puede decirse que el diagnóstico es el primer momento del proceso de
planificación / programación.

Además de las posibles dificultades mencionadas que acarrea para la programación la


falta de un buen diagnóstico de la situación inicial, también esa carencia plantea

24
dificultades para la evaluación, ya que no se contará con ese parámetro que permite
comparar – evaluar – al cabo de un tiempo, qué cambió, de qué manera y en qué medida,
debido a la intervención o proyecto que está siendo o ha sido llevado a cabo.

Vale decir, que el diagnóstico inicial será importante para la evaluación en sus diferentes
momentos ya que servirá como línea de base o parámetro comparativo con el que se
contrastarán las informaciones que se obtengan en los diferentes momentos evaluativos,
particularmente en la evaluación final.

En la evaluación ex ante permitirá apreciar la pertinencia de las actividades planteadas y


el dimensionamiento de las mismas, así como la adecuación de las estrategias y
modalidades de intervención, en función de las características y magnitud del/los
problemas y su contexto. En la evaluación de procesos, durante la ejecución del proyecto,
servirá para ver en qué y en cuánto se ha modificado la situación inicial, lo que permitirá
rectificar o ratificar los rumbos de acción que se han venido desplegando.

En la evaluación final servirá para contrastar la situación de llegada con la del punto de
partida, para poder sacar conclusiones acerca de la eficacia del proyecto y de la
modalidad de trabajo adoptada para el abordaje de la situación problemática.

El diagnóstico constituye una de las varias intersecciones que existen entre la planificación
y la evaluación; eso es así por la doble utilidad que recién fue comentada: para
fundamentar las hipótesis y las acciones propuestas y por su contribución al parámetro
comparativo requerido para el proceso evaluativo.

En particular, teniendo en cuenta que luego será relevante evaluar la cobertura o el


alcance de un proyecto, es importante contar con información diagnóstica, lo más precisa
posible, sobre la población que vive la situación problemática visualizada en el territorio
bajo consideración. Suele denominarse a esta última población objetivo o beneficiarios
potenciales; en el caso que acá preocupa serán: los niños y niñas, sus familias,
comunidades en donde se desarrollan y las organizaciones que conforman esa
comunidad.

En los programas que abarcan proyectos en diversas localizaciones, si el proceso


de diagnóstico de las distintas comunidades es llevado a cabo bajo lineamientos

25
comunes, además de las utilidades planteadas anteriormente, tiene la potencialidad
de permitir realizar comparaciones y análisis entre diagnósticos, comparando
situaciones problemáticas y estrategias elegidas; por otra parte la consolidación o
síntesis de todos esos diagnósticos contribuye a la construcción de la línea de
base del programa.

En resumen, puede decirse que un diagnóstico debe buscar, recopilar y sistematizar


la información secundaria existente, cuanti y cualitativa, proveniente de diversas
fuentes y recoger información primaria (también de índole cuanti y cualitativa) en
relación a la situación problemática específica; en primer lugar acerca de la población
que es afectada por la situación diagnosticada o está en riesgo de serlo, y también
acerca de los recursos disponibles en forma real o potencial (institucionales,
programáticos, de recursos humanos y financieros, entre los más relevantes)
orientados a dicha situación problemática en el territorio donde la misma ocurre,
así como acerca de los actores estratégicos que influyen real o potencialmente en
la situación problemática.

El diagnóstico permite, entre otras cosas, prever el potencial asociativo de las instituciones
y actores presentes en la comunidad, de modo de poder evaluar las posibilidades de
trabajo conjunto, de la conformación de equipos de concertación, etc.

En tal sentido, los principales productos que se obtendrán, de alta importancia para la
formulación de toda intervención social, son:

− el diagnóstico de la situación poblacional con foco en el tema de interés,

− el mapeo de los recursos disponibles para superar las situaciones


problemáticas identificadas y priorizadas,

− el mapeo de los actores relevantes o estratégicos en relación con el tema


de interés.

Es posible afirmar que una comunidad estaría conformada a partir de las siguientes
características:

− Asentarse en una localidad geográfica (el territorio, la vecindad).

26
− Tener una cierta estabilidad temporal (comunidad de vida) es decir contar
con una cantidad de tiempo (años) de residencia en la comunidad.

− Contar con instalaciones, servicios y recursos materiales que forman


núcleos y ejes de condensación comunicativa y relacional de los individuos.
Por ejemplo: un local o centro de venta, un pozo comunitario en zona rural
para el agua, un gimnasio en el barrio, etc.

− Poseer una estructura y sistemas sociales (de socialización, control y apoyo


social, poder y distribución de servicios y recursos), siendo en el seno de
estos sistemas donde suelen originarse los problemas a superar mediante
las intervenciones comunitarias. Por ejemplo, la institución escolar, la
estructura generadora de fuentes laborales, una empresa, una unidad
policial, una biblioteca, etc.

− Un componente psicológico resultante (sentido psicológico de comunidad)


expresado en dos dimensiones: la vertical, o la identificación o sentido de
pertenencia; y la horizontal, o el conjunto de interrelaciones y lazos entre los
miembros comunitarios.

En otras palabras, se entiende por comunidad un sistema o grupo social de raíz social
local, diferenciable en el seno de la sociedad de que es parte en base a características e
intereses compartidos por sus miembros y subsistemas que incluyen: localidad
geográfica, interdependencia e interacción psicosocial estable y sentido de pertenencia a
la comunidad e identificación con sus símbolos e instituciones. La noción de comunidad
está caracterizada en el componente territorial o por el hecho de que determinadas
personas habitan un determinado territorio.

El diagnóstico comunitario es el primer análisis que se lleva a cabo en forma previa al


diseño de una intervención o proyecto social. Como se anticipó, se trata de la actividad
mediante la cual se interpreta, con el mayor grado de objetividad posible – en el sentido
de disponer de datos e información específica sobre la cual se sustente cualquier
interpretación contextualizada de la realidad en observación –, aquello que interesa
transformar. A través de este análisis se estará en condiciones de definir los problemas
prioritarios, las causas, efectos, las posibles áreas o focos de intervención y las eventuales

27
soluciones a las situaciones problemáticas. La información obtenida del diagnóstico
comunitario permite orientar la acción, clarificar los objetivos y adaptar el proceso de
intervención a las características de los participantes o población involucrada.

En este proceso de realización del diagnóstico deben involucrarse las distintas


organizaciones que se vinculan directa o indirectamente con la temática de interés,
mediante la aplicación de distintas técnicas (especialmente aquellas basadas en
dinámicas grupales).

Los diagnósticos participativos incluyen los saberes y puntos de vista de actores diferentes
que se vinculan con el tema de interés, en particular aquellos que viven – padecen – la
situación problemática. Cuando se realiza bajo esa modalidad participativa el diagnóstico
trasciende los objetivos de fundamentar las acciones de una intervención y de brindar
insumos básicos para los diferentes momentos evaluativos. En efecto, la modalidad
participativa añade un valor agregado sumamente relevante que es la iniciación de
un proceso de construcción de un escenario donde interactúan distintos actores
sociales, un espacio de intercambio de información, de articulación y de negociación,
un ámbito para el aprendizaje social de todos los participantes y un espacio de
oportunidad para el protagonismo de los actores sociales que luego serán
involucrados en los proyectos. Es en sí mismo una práctica democrática de
relacionamiento social.

Dos características relevantes de los diagnósticos participativos locales son:

− La intersubjetividad, entendida como la integración de miradas y


percepciones diversas para la construcción conjunta de la situación
problemática. El proceso implica sucesivas reconstrucciones tentativas de
esa realidad mediante la confrontación y síntesis de informaciones parciales
– objetivas y subjetivas - en un trabajo grupal de elaboración intersubjetiva.

− El aprendizaje colectivo y el empoderamiento institucional y comunitario,


pues como se anticipó, implica aprendizaje para los actores que se
involucran, permite dejar capacidades instaladas y facilita incorporar
modalidades de reflexión – autorreflexión para la transformación.

28
Los beneficios para una comunidad o un grupo al trabajar en la elaboración del diagnóstico
comunitarios locales son principalmente:

− Mayor claridad, precisión, profundidad y comprensión de las situaciones


problemáticas.

− Menor margen de error al formular las acciones correctivas y mayor eficacia


al llevarlas a cabo.

− Aprendizaje de metodologías, técnicas y procesos de generación colectiva


de conocimientos.

− Aprendizaje de una manera más objetiva y democrática de percibir y


comprender el mundo, el entorno, a los demás y a uno mismo.
1.4. Aplicabilidad de las estrategias de intervención participativas y de gestión
estratégica.

Los procesos de planificación en la gestión pública responden a diversas concepciones


en cuanto a la organización democrática, así encontramos procesos que van desde planifi
caciones diseñadas y ejecutadas por técnicos especialistas “de arriba hacia abajo”, hasta
procesos altamente democráticos respondiendo a iniciativas “de abajo hacia arriba”, con
amplia incidencia de la ciudadanía. Esta sistematización recoge una experiencia que
intenta ir en la segunda línea, desarrollando estrategias que promuevan la participación
de todos los actores, rompiendo con las barreras tecnocráticas de la institucionalidad
pública.

El proceso se denominó Planificación Estratégica Participativa (en adelante PEP), en él


participaron alrededor de 2000 personas, entre funcionarios, actores claves del intersector
y representantes de la comunidad, quienes se integraron en las distintas fases del
proceso, desde el diagnóstico hasta el diseño de los planes de acción. La metodología se
basó en el diseño de un proceso participativo que contempló etapas sucesivas, las cuales
combinaron elementos de la Planifi cación Estratégica Situacional (PES) y de la
Investigación Acción Participativa (IAP).

Uno de los elementos centrales que la PEP rescata de la planifi cación estratégica
situacional es su énfasis en la identidad organizacional, en el entendido que el proceso

29
responde a una planifi cación institucional que requiere necesariamente fortalecer
procesos democráticos internos. La PES establece que la diferencia fundamental entre la
planifi cación tradicional y la planifi cación estratégica situacional es que la primera plantea
una creencia en la objetividad del conocimiento y en el positivismo como su metodología
de análisis científi co, en cambio la segunda se contrapone argumentando la existencia
de la subjetividad del conocimiento y la necesidad de recurrir a técnicas metodológicas
participativas en la planifi cación situacional. (Matus, 1972)

Por otra parte, se integró la metodología de la investigación acción participativa,


especialmente en lo que respecta la participación activa de los involucrados en todas las
fases del proceso. La IAP se puede defi nir como un método de estudio y acción que
busca obtener resultados fi ables y útiles para mejorar situaciones colectivas, basando la
investigación en la participación de los propios colectivos a investigar. Que así pasan de
ser “objeto” de estudio a sujeto protagonista de la investigación, controlando e
interactuando a lo largo del proceso investigador (diseño, fases, devolución, acciones,
propuestas...) y necesitando una implicación y convivencia del investigador externo en la
comunidad a estudiar. (Alberich, en Rodríguez - Villasante 2000).

Cabe mencionar, que la sistematización de la experiencia se centra específi camente en


la metodología del proceso, más que en el producto mismo de la PEP, ya que busca
relevar esta imbricación de metodologías y saberes, integrando las lógicas de planifi
cación utilizadas en la institucionalidad pública, pero con el resguardo de la
democratización interna y externa del proceso planifi cador.

Etapas del proceso de planifi cación estratégica participativa

El proceso de PEP contempló cinco grandes etapas; La etapa de Negociación y


planteamiento, en la que se realizó un autodiagnóstico. Posteriormente la etapa de
diagnóstico que abrió la mirada a todos los actores. La tercera etapa normativa -
propositiva defi nió la misión, visión, valores y objetivos estratégicos. Posteriormente la
etapa táctica operacional defi nió los planes operativos. Y finalmente la etapa de
ejecución y seguimiento estableció las estrategias de funcionamiento y acción. Las
etapas fueron entendidas como etapas fl exibles y al fi nalizar cada etapa se contemplaron
devoluciones creativas, donde se devolvió la información a los participantes, generando

30
procesos refl exivos sobre los propios discursos levantados, para refl ejar los sentires más
profundos de los participantes.

En la imagen N°1 se pueden apreciar las etapas del proceso, las cuales se encuentran
articuladas de manera circular, lo que permite graficar la flexibilidad y la permanencia de
aperturas y cierres durante todo el proceso.

1 Etapa de negociación y planteamiento

Producto: Auto diagnostico con comunidad

2 Etapa de diagnóstico

31
Producto: Diagnostico con toda la comunidad

3 Etapa normativa – propositiva

Producto: Mision, Vision, Valores y Mapa estrategico.

4 Etapa táctica operacional

Producto: Planes por area estrategica

5 Etapa de ejecución y seguimiento.

32
A fi n de asegurar la ejecución de los planes de acción, en coherencia con su diseño
participativo y dar respuesta a las problemáticas levantadas colectivamente, se diseñó
una estructura de funcionamiento.

Para argumentar en favor de la consideración de la implementación como parte


sustantiva del proceso estratégico bastaría tal vez con indicar –de manera bastante obvia–
que las estrategias tienen sentido sólo si se ponen en práctica. En otras palabras, es
evidente que las acciones de diseño de estrategia (la elaboración de una visión
estratégica y las labores de planificación programática y de recursos) deben estar
seguidas por acciones que conduzcan a su implementación efectiva.

A diferencia del enfoque de política pública, que entiende la implementación como


parte del proceso sociopolítico de formación de políticas (Pressman y Wildavsky
1998, Lindblom 1991), la mirada gerencial pone énfasis en las funciones que debe
desempeñar el gerente durante la implementación como parte del proceso global
de gerencia. Asumiendo además una perspectiva estratégica, el gráfico 1.1 propone
una forma de entender el proceso de gerencia. Dicho proceso está compuesto por
las actividades que permiten gestionar todo el proceso de política y no sólo algunos
de sus momentos o etapas (Metcalfe y Richards 1993: 36). En él se distinguen
tres funciones fundamentales: el desarrollo de estrategias, su implementación y su
evaluación. Se ha elaborado conceptualmente la implementación acudiendo al modelo
de los procesos productivos, que es central en la literatura gerencial. Así, se la ha
dividido en dos funciones más específicas: la gestión de operaciones (consistente
en la generación y provisión de bienes o servicios) y el control de gestión (que se
ejerce sobre la función anterior). Adicionalmente, la implementación comprende
también la función de desarrollo de capacidades organizacionales, que es una

33
función transversal a todo el proceso de gerencia. En esta sección se reflexionará
primero sobre la gestión de operaciones y el control de gestión para abordar luego
la función de desarrollo de capacidades.

Cabe señalar que esta visión del proceso de gestión, dado su elevado nivel de
abstracción, es aplicable al estudio de los procesos de provisión de bienes y
servicios, tanto en el sector público como en el privado.20 En cambio, no parece
tan útil para comprender la gestión de actividades como la regulación o la
supervisión del cumplimiento de marcos legales (enforcement), pero estas actividades
escapan al foco de interés de estas páginas, que es el de la provisión de servicios
sociales.

Control de gestión: guardando coherencia con la estrategia

Mediante el control los gerentes mantienen o cambian el rumbo de las actividades


operativas, procurando que guarden coherencia con la perspectiva estratégica que
orienta a la organización. No se trata solamente de alinear la actividad operativa
con la perspectiva estratégica existente, sino también de mantenerla abierta a los
cambios que la creación de valor exija. Para Simons, esta función exige que los
gerentes se ocupen de cuatro tipos de acciones: impulsar la búsqueda de nuevas
oportunidades, evitar que dicha búsqueda se disperse en áreas poco prometedoras o
riesgosas, promover la obtención de los objetivos y resultados proyectados y,
finalmente, estimular la emergencia de nuevas estrategias. Como muestra el gráfico
1.3, para cada una de estas acciones, Simons plantea la existencia de distintos
tipos de sistemas de control, es decir: “rutinas formales, basadas en información,
que utilizan los gerentes para mantener o alterar los patrones de actividad
organizacional” (1995: 5). Mediante cada uno de ellos los gerentes pueden actuar

34
sobre los valores centrales de la organización, los riesgos estratégicos a evitar, el
desempeño operativo y la incertidumbre respecto del futuro. Aunque estos sistemas
no limitan su acción al campo del control de la gestión operativa, a continuación
se pasará una breve revista a cada uno de ellos, dado que tienen importantes
implicancias para la gestión de la implementación.

La implementación en el caso de los servicios sociales

La literatura gerencial establece una ya conocida distinción entre la generación de


productos y la de servicios, atendiendo a que su distinta naturaleza implica
diferencias importantes en los procesos operativos y de control de gestión. En esta
sección se pasará una revista rápida a dicha diferenciación, con el fin de hacer
algunas precisiones respecto de la implementación de aquellos programas sociales
centrados en la provisión de servicios.

Sancho Royo ofrece una definición de los servicios que permite apreciar aquellas
características que los diferencian de los productos: “Un servicio es una actividad o

35
serie de actividades de naturaleza más o menos intangible que usualmente, aunque
no necesariamente, tiene lugar en la interacción entre una persona y una organización,
a través de medios físicos y sistemas de prestación, los cuales son ofrecidos como
soluciones a las demandas de aquella persona” (1999: 93-94). De esta definición
el autor deduce varias características específicas de los servicios:

a. Los servicios son intangibles, de manera que la apreciación o valoración


del servicio por parte de quien lo utiliza es fundamentalmente subjetiva.

b. La prestación de servicios es heterogénea, puesto que cada prestación


debe adaptarse a las características concretas y a las demandas
específicas del usuario. Esto exige que el sistema de provisión sea
más flexible que el de producción de bienes.

c. La generación y el uso de servicios son procesos inseparables, pues a


diferencia de los bienes los servicios se crean, ofrecen y utilizan en
un mismo momento y lugar.

d. El usuario participa en la generación de los servicios, pues para que


estos existan son necesarias su presencia y cooperación. El usuario
es entonces coproductor de los servicios, de manera que el valor que
se crea depende tanto del proveedor como del usuario y de su cooperación
efectiva. Así, la provisión de servicios no sólo está influida por los
intereses, visiones y valores de los proveedores –como se ha visto que
sucede en todo proceso de implementación– sino también por los que
corresponden a los usuarios.

e. La satisfacción con los servicios recibidos se aprecia usualmente a


posteriori, dado que su efectividad es materia de confianza y no de
simple inspección como sucede con muchos bienes. Esto hace compleja
la apreciación del valor de los servicios por parte de los usuarios.

f. La provisión de servicios, a diferencia de la de bienes, no transfiere su


propiedad al usuario.

36
La inseparabilidad entre provisión y uso de los servicios, el papel de coproducción
que desempeñan los usuarios y la importancia que tiene su propia subjetividad en
la apreciación del valor de los servicios, conduce a pensar que la interacción entre
los proveedores y los usuarios constituye el nudo gordiano de la generación de
servicios.

Control de gestión: la tensión entre impulsar y restringir

Los sistemas de control de gestión retroalimentan la gestión operativa, generando


por un lado fuerzas que tienden a impulsar y proyectar la acción de los operadores
hacia nuevas oportunidades y, por el otro, fuerzas que buscan restringir y corregir
dicha acción (Simons 1995).

Tema 2: Apoyo en Red y Equipos interdisciplinarios

Los servicios sociales gestionados por las administraciones autonómica y local pueden
considerarse un instrumento del Estado de bienestar destinado a la satisfacción de
necesidades ciudadanas con el fin de aumentar el bienestar social. Para su efectividad,
requieren una protección suficiente y “deben posibilitar, no sólo la subsistencia, sino
también procesos de desarrollo personal” (Casado, 2007: 280). Siguiendo a Gutiérrez
Resa y Uña (2010: 16-17), “hablamos de un sistema público de servicios sociales como
conjunto integrado y coordinado de programas, recursos, actividades y equipamientos
destinados a la atención social de la población y gestionados por la Administración
autonómica y local”. Las leyes de servicios sociales de las comunidades autónomas se
han ocupado de las competencias municipales, e igualmente el Plan Concertado de 1988
entre las tres administraciones (central, autonómica y local) ha desarrollado una red de
servicios sociales en toda España, fruto del acuerdo entre la Administración Central, las
comunidades autónomas y la Federación Española de Municipios y Provincias. Los
avances del Plan Concertado se pueden determinar por su implantación en el territorio, lo
que en una red básica de servicios sociales viene a significar, para Subirats (2007), la
garantía de proximidad a la población y un acceso a los recursos que ha alcanzado el
98% de la población, como promedio, y el 100% en la mayoría de las comunidades y
ciudades autónomas. La ventaja de las políticas de proximidad en los servicios sociales

37
reside en que permiten ‘ajustar’ el sistema a las necesidades de su entorno, detectar estas
necesidades y también identificar y dinamizar los recursos de la propia comunidad: “así
sucede en gran parte de los países europeos, sin haber ocurrido en España por la fuerte
tradición centralizadora y por la escasez de recursos económicos de la Administración
local” (Alemán, 2010: 204). La Ley 11/2003, de 27 de marzo, de Servicios Sociales de la
Comunidad de Madrid recoge, en su artículo 2, la finalidad de tales servicios:

1. Los servicios sociales tendrán por finalidad la promoción del bienestar de las
personas, la prevención de situaciones de riesgo y la compensación de déficits de
apoyo social, centrando su interés en los factores de vulnerabilidad o dependencia
que, por causas naturales o sobrevenidas, se puedan producir en cada etapa de la
vida y traducirse en problemas personales.

2. El objetivo de los servicios sociales es el de asegurar el derecho de las personas a


vivir dignamente durante todas las etapas de su vida, teniendo cubiertas las
necesidades sociales.

3. A los efectos de lo regulado en esta Ley, se entienden como necesidades sociales


las derivadas del derecho de la persona a realizarse como ser social en el ámbito
convivencial, interpersonal y familiar, y en el relacional, entre el individuo y su
entorno social.

En el artículo 24, punto 2, relativo al modelo de intervención, establece que la “intervención


en servicios sociales tendrá carácter interdisciplinar al objeto de ofrecer una atención
integrada. El número y composición concreta de los distintos equipos interprofesionales
de los que podrán formar parte, entre otros, trabajadores sociales, psicólogos, sociólogos
y educadores sociales, se establecerá en función de los objetivos y la naturaleza de cada
centro o servicio”. Finalmente, en el apartado de las funciones que corresponde
desarrollar al nivel de la atención social primaria (artículo 31, j), señala, entre otras, la
“coordinación con el nivel de Atención Social Especializada, así como con otros servicios
para el bienestar que operen en el mismo territorio, de manera especial con los de salud,
educación, cultura y empleo, con el fin de favorecer la atención integral de las personas”.

Por otra parte, el contexto en que se desarrolla la acción social local “constituye una
dimensión intrínseca e histórica del trabajo social y del trabajo con las comunidades, que

38
dio origen a un método específico de intervención: el trabajo social comunitario” (Cardoso,
2012: 107), y éste toma, a su vez, diferentes significados e interpretaciones como uno de
los tres métodos de intervención clásicos, junto al individual y grupal, o más
recientemente, como un proceso dialógico dentro del continuum metodológico individuo-
grupo-comunidad.

Es importante destacar que el trabajo comunitario no debería ser un programa ajeno al


resto, sino “una herramienta de intervención transversal a todos los programas,
complementaria del resto de intervenciones del nivel individual o familiar, y servir a sus
objetivos de manera articulada” (Rodríguez Cabrero, 2011: 267).

No podemos dejar de señalar que, en nuestra sociedad contemporánea, los problemas


“se caracterizan por una diversidad de dimensiones que interactúan, junto a las personas,
las organizaciones y las comunidades locales, de manera trasversal e interdisciplinar
sobre las cuestiones sociales y los saberes disciplinares” (Ferreira, 2009: 58), lo que hace
necesario aprender a trabajar en red y de forma interdisciplinar para dar una respuesta
integral a los problemas sociales actuales, que tienen carácter multidimensional.

De la Red (1997: 544) afirma que, desde el trabajo social, se verifica con frecuencia el
carácter complejo de las necesidades, y ello le plantea nuevas exigencias, como “el paso
de una visión sectorial y particular de los problemas en los que los servicios sociales
intervienen, a una visión interdisciplinar de los mismos”.

De Robertis (2006: 315) considera que los problemas sociales, lejos de disminuir, se
agravan ante la deconstrucción de las políticas sociales y la multiplicación del desempleo
y el aumento de la precariedad: “la capacidad de creación y de llevar adelante nuevas
iniciativas muestra la vitalidad de la profesión, su compromiso en la lucha por la justicia
social y con la democracia”. Igualmente, es necesario destacar que “la elevada
fragmentación de políticas, programas y proyectos en distintas administraciones ha hecho
que la transversalidad y el trabajo en red se impongan como necesidad” (Subirats, 2007:
81).

La acción del trabajador social en las redes sociales de nivel local asume tres
dimensiones, porque se dirige al mismo tiempo a la persona, a la organización de los
servicios y al territorio (Ferrario, 2009: 70):

39
a) Con la persona, el trabajador social trabaja con redes; integra, forma redes; forma
o favorece y sostiene grupos de autoayuda.

b) En la organización de los servicios, favorece las relaciones institucionales, crea una


praxis de colaboración en lo cotidiano en torno a los proyectos, diseña proyectos
de red.

c) En el territorio, genera encuentros en lo cotidiano; construye conexiones en el


marco de los proyectos, entre recursos y con el servicio; estimula su potenciación.

En el territorio, desde una perspectiva ecológica, se desarrollan nexos relacionales entre


personas, y entre éstas y su entorno, y desde este punto de vista, “el concepto de
comunidad se refuerza con la idea de territorialidad, de territorio como lugar de acción
abierto, de par en par, al milagro de lo relacional, de lo comunitario emergiendo” (Navarro,
2004: 312), porque el trabajo en redes está formado por el conjunto de las intervenciones
de conexión de recursos y de estrategias cuyo objetivo es producir nexos en las relaciones
significativas y procesos de crecimiento que se activan dentro de esos mismos recursos,
para conseguir mejorar el nivel de bienestar de las personas y de los colectivos.

La perspectiva de red aplicada a los servicios (Ferrario, 2009) concierne a diferentes


campos: la conexión de los servicios que forman parte de ella, la conexión de diferentes
sectores –sociales, educativos– en una misma área territorial y la conexión entre
profesiones o entre los miembros de una profesión. La Figura 1 muestra los actores a los
que se dirige la intervención del trabajador social en el ámbito local (individuo, familia,
comunidad), entre quienes existen vínculos, lazos o relaciones y se puede contar con un
número de actores diferente, entre quienes existen diferentes tipos de relaciones.

El trabajador social tiene la tarea prioritaria de activar los recursos de las personas
(capacidades) y de los diferentes contextos, ya sea ambientales (redes de apoyo social)
o sociales (servicios, programas y prestaciones) desde las tres dimensiones señaladas:
el desarrollo personal (la relación de ayuda), el desarrollo social (la solidaridad) y el
desarrollo organizacional (políticas públicas). La red social se convierte así en una
perspectiva que nos ofrece claves interpretativas de la complejidad social y estrategias de
intervención para afrontarlas, y su valor es la capacidad de generar cambios y mejoras
sociales, y, por tanto, convertirse en un elemento de construcción de la ciudadanía social.

40
No podemos dejar de señalar que el trabajo en redes pone en relación, de forma circular
y abierta, los recursos naturales de las personas, familias, grupos y organizaciones
comunitarias, y a éstos, a su vez, con los servicios y programas públicos, privados y
concertados que se ofrecen a través de los profesionales. Presentamos seguidamente
algunas consideraciones en torno al trabajo interdisciplinar que consideramos relevantes
en el marco de nuestra investigación:

• Produce cambios en el proceso de toma de decisiones: el trabajo desde las redes


sociales impulsa nuevas formas de comprender la sociedad y supone una nueva
práctica profesional, en la medida en que “ha cambiado su papel como responsable
en la gestión de los problemas de las personas y las familias por el de coordinador
y gestor de los recursos sociales de apoyo y ayuda a la persona y a la familia con
necesidades, dejándoles la responsabilidad individual de su problema” (Ferreira,
2011: 235). La palabra inglesa para ‘equipo’, team, viene del inglés medieval,

41
donde tenía el significado de ‘familia’ (Rygaard, 2008). Construir un equipo significa
“construir un sistema de relaciones interpersonales suficientemente sólidas como
para crear un sentimiento de identidad profesional común y también como para
poder concentrarse en una tarea y trabajar a pesar de las diferencias de actitudes,
de roles y de autoridad en el grupo” (ibídem: 283).

• Hace necesario compartir conocimientos y liderazgo: los problemas sociales son


multidimensionales, lo que implica la necesidad de contar con equipos de trabajo
formados por profesionales especializados para la intervención directa y para la
planificación, diseño y evaluación de los programas sociales. Así, junto a los
trabajadores sociales hoy trabajan profesionales de otras disciplinas, dependiendo
de la especificidad de cada programa o servicio. Como indican Llena, Parcerisa y
Úcar (2009: 93), “únicamente desde la interacción entre los diferentes
profesionales y mediante el diálogo de los diversos saberes disciplinarios –
educación, psicología, sociología, antropología, pedagogía y trabajo social–,
resultará posible dar respuestas que sean a un tiempo integrales, apropiadas y
ajustadas a la realidad de nuestro tiempo”.

• Exige reconocer la capacidad de todos los agentes implicados: la intervención en


redes nos plantea el paso de una metodología de la intervención multidisciplinar a
una metodología interdisciplinar, considerada “un encuentro entre diferentes
disciplinas y diferentes realidades con el objetivo de producir cambios en la
metodología de la intervención (pasar de la multidisciplinariedad a la
interdisciplinariedad)” (Ferreira, 2011: 284). En la intervención en redes, el
profesional se ve como sujeto inserto en las relaciones sociales para fortalecer las
relaciones de dichos sujetos, ya sea para la ampliación de su poder, su saber o de
sus capitales. “Se trata”, dice Faleiros (2003: 24), “de una teoría relacional del
poder, de una teoría relacional de construcción de la trayectoria”.

• Es un proceso de co-construcción (labor conjunta de todos los implicados en el


problema/solución): cuando observamos la atención primaria y, en general, los
servicios sociales (Llobet, 2004), nos damos cuenta de las enormes dificultades
que supone generar un trabajo en red desde una estructura y una cultura
organizativas no pensada para funcionar en red. La intervención en redes sociales

42
supone un cambio de paradigma teórico que conlleva una labor conjunta entre los
profesionales y genera un cambio de roles, la horizontalidad en la acción, cambios
en el proceso de toma de decisiones, compartir conocimientos y liderazgo: en
suma, reconocer las capacidades de todos los demás agentes implicados.
Consideramos fundamental otra implicación, que Vega (1997: 197) define como “la
co-construcción, entendiendo por tal una labor conjunta entre los implicados en el
problema/solución (según el caso, Inter equipo, entre profesionales de un mismo
servicio, o entre servicios, o en toda la red) donde los actores asumen
alternativamente roles iguales y diferentes”.

• Las normas y los valores deben ser compartidos en el proceso de intervención:


para Ferreira (2011: 135), el modelo de intervención en redes “implica un cambio
en la toma de decisiones, en la medida en que implica una horizontalidad en la
acción y en la toma de decisiones”; y para Llobet (2004: 74), aprender a trabajar
en red y de forma interdisciplinaria supone un ejercicio de reconocimiento de las
capacidades de los demás, de poner en práctica la capacidad de escucha y de
dialogo, de trabajar los liderazgos compartidos, al permitir “trabajar la motivación
desde una lógica de sistema, es decir, de retroalimentación y/o apoyo de la
motivación, especialmente en los momentos críticos, duros o difíciles que se
puedan dar”. Ahora bien, es necesario preguntarnos qué supone la
interdisplinariedad: “la interdisciplinariedad supone una ética de confianza, basada
en el principio de la relación humana y en el compartir los valores y las normas que
rigen la intervención profesional” (Ferreira, 2011: 228).

• Permite dar respuestas integrales a la realidad de nuestro tiempo: la intervención


profesional debe plantearse como objetivo ayudar al individuo, al grupo y a la
comunidad a utilizar “los recursos necesarios para resolver su propio estado de
necesidad; recursos que son, en primer lugar, personales (la propia capacidad de
reaccionar y de afrontar los problemas), pero también ambientales (la capacidad
de entrar en contacto y utilizar los sistemas de ayuda natural, las redes de apoyo
social) y sociales (los recursos institucionales organizados en servicios, programas
y prestaciones)” (Del Pino, 2000: 285). Los profesionales trabajan en
organizaciones que tienen ciertas estructuras de funcionamiento, normalmente

43
poco permeables a los cambios y donde, según afirma Kanter (1994), la
colaboración entre diferentes organizaciones es compleja, puede darse de
diferentes formas, pero siempre es difícil de construir. Como señala Kern (2003:
58), “en lo vivencial y en la construcción de relaciones, que tienen como base lo
simbólico y lo imaginario, el poder institucional constituye un elemento básico para
la comprensión de las relaciones interpersonales”. Una organización es un
fenómeno indescriptible si se pretende una descripción exhaustiva y objetiva; una
organización “es, en definitiva, la descripción de un observador, una metáfora, por
tanto, […] contiene reflexivamente el contexto psicosocial del mismo” (Castillo,
1997: 224). La interdisciplinariedad “implica una mayor riqueza respecto a los
resultados del trabajo, aunque supone un mayor esfuerzo, al poner sobre la mesa
distintos lenguajes, modos de hacer y puntos de vista” (Bautista, 2011: 178).

• Fomenta la articulación entre las instituciones públicas y privadas: articular redes


entre sí, formales o informales, para aumentar la participación, la fuerza y la
información colectiva, “crea condiciones para cambiar la visión de los problemas
presentes y las condiciones particulares de su producción” (Faleiros, 2003: 105).
Sin embargo, lo nuevo no es la existencia de redes (Aguilar, 2005), sino las
posibilidades de transformación de las redes sociales individuales en redes de
estructura social. Se trata de un cambio cuantitativo, pero también cualitativo, ya
que cambia la estructura de la sociedad y, a su vez, las formas de exclusión social.
Si la estructura social es un sistema multidimensional, en redes, que opera en un
sistema digital, la mayor exclusión social es la exclusión de las redes. La
organización de la intervención profesional en red “posibilita innovar/crear lo
contrario a una filosofía de trabajo aislado; fomenta la articulación entre las
organizaciones (públicas/privadas) y los diferentes grupos, intentando encontrar
respuestas adecuadas a las necesidades derivadas de las cuestiones sociales
generadas por la estructura socioeconómica” (Ferreira, 2011: 284). Sin embargo,
“lo cierto es que se trata aún de una perspectiva más ligada a lo que creemos que
debería ser que a lo que en realidad es” (Llena, Parcerisa, y Úcar, 2009: 92).

Se presenta una reflexión sobre la necesidad de realizar un trabajo transversal y en red


por parte de los trabajadores sociales y demás profesionales que intervienen en el ámbito

44
local desde los servicios sociales comunitarios, incorporando a dicho análisis los
resultados de entrevistas semiestructuradas a profesionales, y pretende avanzar en la
definición del trabajo interdisciplinar y conocer los niveles de intervención en los que
desarrollan su trabajo y consideran que tendrían que desarrollarlo, según su visión en el
momento actual.

2.1 Proceso de intervención en la comunidad.

El proceso de intervención comunitaria debe ser integral (ya que enfrenta causas y
efectos) y dinámico; en la medida que los pasos se dan tanto en forma simultánea como
secuencial e interrelacionada, cuya principal característica o condición es que se da en
un espacio físico-social concreto (sector foco) en el que los sujetos participan activamente
en la transformación de su realidad, a partir de sus problemas concretos. (Asun, 1993).

El proceso de intervención comunitaria que proponemos, pretende diseñar, desarrollar y


evaluar las acciones desde la propia comunidad con el acompañamiento del facilitador
(en este caso el psicólogo comunitario) promoviendo la movilización de los grupos
miembros de una comunidad. Las acciones serán más eficaces cuanto más se logre
involucrar, desde la primera fase, a todos los actores que forman parte del escenario
social.

La experiencia en el campo bajo estas ocho fases en la Intervención Comunitaria, nos ha


llevado a plantear la utilidad de las mismas:

▪ Permite al profesional que las aplica profundizar en el análisis de las comunidades


y grupos o subsistemas de trabajo, ya que cada fase presenta un objetivo que
orienta el trabajo y facilita el uso de técnicas cualitativas para la recolección y el
análisis de los datos.

▪ Al trabajar estas fases secuenciales conjuntamente con la comunidad y los grupos,


se eleva el nivel de conocimiento de ésta sobre sus recursos, problemas,
necesidades y alternativas de solución.

▪ Cada fase, bajo las características de cada una, promociona el nivel de

45
participación.

▪ Debido a la profundización en el análisis y la coherencia exigida entre fase y fase,


se implementa y desarrolla intervenciones que dan respuesta a las necesidades y
prioridades identificadas por la comunidad y/o los investigadores.

▪ Este proceso secuencial y específico, permite que en cada fase los miembros de
la comunidad puedan comprender la forma de trabajar en su comunidad, con las
técnicas y estrategias necesarias, otorgando la posibilidad de réplica por parte de
ellos mismos.

▪ Al trabajar con los miembros de la comunidad, cada fase de manera secuencial y


detallada, permite paulatinamente transferir la responsabilidad de los programas y
delegar los servicios a los miembros de la comunidad para completar el proceso y
alcanzar los objetivos desarrollo.

▪ El control de la acción desde la comunidad supone además de beneficios derivados


del proceso (colaboración, compromiso, etc.), beneficios a partir de los logros del
grupo.

Debemos enfatizar en la utilidad de las fases del proceso, en cuanto pueden ser aplicadas
de manera secuencial e interrelacionada o trabajar de manera simultánea las primeras
tres fases, para continuar luego con la secuencia hasta el final.

En este proceso se presentan dos características principales de la metodología cualitativa;


recursiva y serendípity (Bisquerra, 1989):

Es recursiva, ya que las propuestas de trabajo se van elaborando a medida que


avanzamos en la recopilación de información problema sobre el cual se pretende
trabajar y puede replantearse en la medida en que los datos recogidos lo refieran.

Serendípity, debido a que se pueden incorporar hallazgos que no se habían previsto.


Con ello contribuimos a reforzar las acciones en beneficio de la comunidad.

Cada una de las fases de nuestro proceso de intervención comunitaria presenta objetivos
(general y específico), y las técnicas que se emplearán para la obtención y análisis de los

46
datos; en la tabla 1 podemos apreciar la propuesta de estas ocho fases y las técnicas
cualitativas de recolección y análisis de datos que pueden emplearse y que permiten
alcanzar la confiabilidad y validez en cada una de ellas. (Mori, 2007)

FASE 1: DIAGNÓSTICO DE LA COMUNIDAD

Para iniciar la descripción de las acciones en esta fase, debemos hacer dos precisiones:
Primero, la palabra diagnóstico en su etimología griega, significa “apto para conocer”, se
trata de un “conocer a través”, de un “conocer por medio de”. Esta breve referencia a la
estructura verbal del término nos proporciona una primera aproximación al contenido y
alcance de esta primera fase, haciendo referencia a la caracterización de una situación
mediante el análisis, el estudio de algunas características y la aplicación de técnicas y
estrategias que nos acercarán al objetivo de conocer esa realidad. (INDES, 2000)

47
Segundo, frecuentemente se suele utilizar de manera indiferenciada y como sinónimos,
términos como “diagnóstico comunitario” y “diagnóstico de la comunidad”; sin embargo el
primero permite identificar y caracterizar un síndrome o condición de salud comunitarios,
mientras que en el segundo, esta identificación y caracterización se hace desde el punto
de vista estructural, es decir se involucra en el estudio todos los elementos que estarían
conformando una comunidad, ya que en ésta influyen procesos sociales y psicológicos,
tanto en su organización como en las acciones de los miembros de ella.

Ambos procesos, aunque asociados y complementarios, no son idénticos: el diagnóstico


comunitario se apoya especialmente en la epidemiología; el diagnóstico de la comunidad
en las ciencias sociales. El primero define, principalmente, un estado de salud o
enfermedad; el segundo, una condición de salud. (Levav, 1992). En rigor las diferencias
son más de carácter operativo que conceptual, pero se hacen necesarias a fin de
esclarecer el nivel del diagnóstico y orientar esta fase de nuestra intervención.

Saldadas las precisiones, en esta primera fase de la intervención comunitaria se busca


contextualizar una comunidad, a la que se debe analizar haciendo una previa
identificación de las características sociodemográficas, socioculturales, niveles
educativos, sistemas de salud, necesidades, problemas, recursos y comportamientos
comunales; ello nos guiará hacia la formulación de propuestas de desarrollo y alternativas
de solución frente a situaciones adversas. Todo ello haciendo uso de una metodología
que permita recolectar y evaluar los datos de manera objetiva y sistemática.

Un diagnóstico no se hace sólo para saber qué pasa. Se elabora con dos propósitos bien
definidos, orientados ambos para servir directamente para la acción: ofrece una
información básica que sirva para programar acciones concretas: proyectos, programas,
prestación del servicio u otros, y proporciona un cuadro de situación que sirva para
formular las estrategias de actuación. (OPCION, 2001)

No debemos olvidar que ante todo este diagnóstico tiene un alcance comunitario; no es
diagnosticar la situación de un individuo, un grupo, una institución, sino de una comunidad
(toda ella en su conjunto) además en la realización del diagnóstico (llamado también
estudio) hay que incorporar la participación de la gente, teniendo en cuenta que se trata
de un principio operativo básico de la acción comunitaria.

48
En esta fase distinguiremos dos etapas; la primera realizada exclusivamente por el equipo
de investigadores o interventores y la segunda realizada de manera participativa,
conjuntamente con la comunidad. Las ventajas de estas dos etapas fortalecen tanto a los
investigadores como a los miembros de la comunidad, ya que la información que se
obtiene es detallada en diversos rubros, que para nuestro caso llamaremos variables,
además de la experiencia obtenida en la selección y aplicación las técnicas, sean estas
las de la metodología cualitativa o participativa.

La primera etapa presenta una secuencia metodológica por lo que los profesionales del
área comunitaria deben seguir cinco pasos para el logro del objetivo. Esta etapa podría
coincidir con lo que algunos autores denominan “examen premilitar de la comunidad” (San
Martín, 1984), el cual se basa en la revisión crítica de la información existente; sin
embargo, en esta etapa además de revisar la información existente, nos apoyamos en la
recolección activa, continua y directa de toda la información relevante.

El primer paso: Revisar información disponible de la comunidad que queremos intervenir,


la información puede estar en registros, archivos o crónicas. El tipo de información que
buscamos generalmente se asocia a los indicadores sociales, como: edad, raza, sexo,
estado civil, escolaridad, educación, ingresos, densidad poblacional, patrones de
organización social, entre otros, para inferir los problemas y necesidades de los miembros
de esa comunidad.

Segundo paso: Realizamos el mapeo y lotización, es lo que en el campo conocemos


como “barrido de información”, consiste en recorrer la comunidad y registrar lo que a modo
de infraestructura encontramos, es decir registrar el número de viviendas (lotes,
manzanas), espacios de recreación, locales de las organizaciones de base y describir el
estado en el que se encuentran; así mismo a medida que avanzamos en el recorrido,
vamos construyendo un mapa de recursos , con los que podremos contar en el proceso.

Este paso debe remitir en un documento gráfico en el que visualicemos la estructura física
de la comunidad. El mapeo y lotización es de mucha utilidad no solo porque permite
precisar la ubicación de la comunidad sino porque los primeros recorridos llevan a entablar
primeros contactos con los actores de la comunidad, en tanto los miembros de la

49
comunidad empiezan a conocer a los interventores, éstos se van haciendo parte de
comunidad. (Aubel, 2000).

Paralelo al mapeo y lotización, podemos ir construyendo el instrumento con el cual


accederemos a los datos, consideraremos a ello el paso tres; la técnica que se hace
factible aplicar, es la entrevista estructurada o semiestructurada con esquema, lo que se
quiere es asegurar que a todos los entrevistados se les hará las mismas preguntas y en
el mismo orden; el contenido de cada pregunta se especifica de antemano. (Hernández,
Fernández y Baptista, 2006).

Esta entrevista debe contener diversas variables que permitan profundizar en el análisis
de la comunidad, estas variables y sus indicadores son:

▪ Ubicación geográfica: límites, estructura en sectores/


asentamientos/urbanizaciones/asociaciones de vivienda/ cooperativas, etc.

▪ Datos sociodemográficos: Edad y sexo, composición del hogar y de la familia;


estado civil, grupo étnico predominante, ingresos económicos, ocupación,
desempleo, religión, migración, tipos de vivienda, condiciones de hacinamiento,
situación de pobreza.

▪ Características socioculturales: Historia de la comunidad, organización de la


comunidad, actividades que realizan las organizaciones, valores y creencias de la
comunidad, actitudes y conductas sociales, costumbres.

▪ Educación: nivel educacional, características de las instituciones educativas,


acceso a la educación, población estudiantil.

▪ Salud: enfermedades frecuentes, centros de salud, acceso al centro de salud,


nutrición infantil.

▪ Recursos: organizaciones de base internas y externas, personajes, instituciones,


grupo de apoyo, flora, fauna, medios disponibles para resolver los problemas y
atender las necesidades detectadas.

▪ Problemas: Los problemas se reconocen comparando la situación actual con la

50
que podría o debería ser. Los problemas vienen a ser la diferencia entre lo que la
comunidad tiene y lo que quisiera tener; no son las carencias ni falta de algo. (Del
Águila, 2006).

▪ Necesidades: Son las carencias que tiene la comunidad, suele estar asociado a
los problemas.

Los conceptos de necesidades sociales y problemas sociales pertenecen al mismo campo


semántico, sin embargo, mientras el primero aparece más en la literatura psicosocial
relacionado con la evaluación y las formas de cubrirlas, el segundo tiene más presencia
en la literatura de carácter sociológico en relación con la dinámica de los mismos (López,
1999).

Las variables presentadas son solo algunas de aquellas que pueden ser evaluadas en un
contexto comunitario, dependerá del grupo de investigadores incorporar otras, esto en
base al objetivo que se desee alcanzar.

El siguiente paso consiste en la aplicación de la entrevista y para ello se debe determinar


“quienes” serán los entrevistados. Si aplicamos a toda la comunidad debemos considerar
el punto de saturación; ese punto de la investigación de campo en el que los datos
comienzan a ser repetitivos y no se logran aprehensiones nuevas importantes, ese es el
momento de dejar el campo. (Taylor, S. y Bodgan, R., 1990).

Para trabajar con un número exacto, podremos hacer uso de un muestreo probabilístico
aleatorio simple o un muestreo dirigido, en el que el investigador determina ciertas
características que debe cumplir la muestra de acuerdo al objetivo de la investigación
(Paz, 2006).

Como quinto y último paso tenemos el análisis de los datos obtenidos, para este caso
aplicaremos el análisis de contenido, utilizando una codificación cuantitativa, que tiene
como objetivo cuantificar los datos, de establecer la frecuencia y las comparaciones de
frecuencia de aparición de los elementos retenidos como unidades de información o de
significación. (Gómez, 2003) además aplicaremos el análisis crítico, en que podremos
hacer inferencias y explicaciones de los fenómenos encontrados en el estudio.

51
Esta primera etapa del diagnóstico de la comunidad, culmina con un informe en el que se
presenta un panorama cuantitativo y cualitativo de la comunidad, se debe entonces
presentar los resultados a la comunidad, a fin de encontrar coincidencias con el estudio y
obtener alternativas de solución propuestas por la misma comunidad.

La segunda etapa de diagnóstico de la comunidad es aquella que se da de manera


participativa con los miembros de la comunidad, para ello debemos seguir algunos pasos;
se inicia con una sensibilización de actores principales, pues se desea involucrar en las
acciones a mayor cantidad de actores sociales, para lo cual organizaremos diversas
reuniones e invitaciones previas al día central, en el transcurso podemos capacitar a los
actores en el uso de técnicas y herramientas que se emplearan en el taller.

El siguiente paso es ejecutar el taller, en el que se presentan los problemas, necesidades


y recursos que se encontró en la etapa anterior. Como primer punto se trabajan los
problemas, empleamos aquí la técnica de análisis “árbol de problemas”; los pobladores
deben referir si los problemas que encontró el equipo de investigadores concuerdan con
la realidad y añadir algún otro, se pasa luego a la Priorización de problemas y
necesidades, además de la identificación de causas y efectos. En este punto, Pinedo
(2007) refiere que los problemas deben analizarse según grupo poblacional y las
alternativas de solución deben ser planteadas por la comunidad, tomando en cuenta los
recursos de la misma.

Esta etapa debe finalizar con la estructura de la matriz de identificación de


problemas, el formato de esta matriz podemos apreciarlo en la tabla 2

52
En la etapa de diagnóstico participativo se puede hacer uso del focus group, en el caso
de que se trabaje solo con líderes comunales o agentes clave; también puede aplicarse
el análisis FODA, el que permite un análisis integral de la comunidad, o puede trabajarse
en un foro comunitario en el que la opinión de la comunidad se combina con la del
investigador. (Bucheli, 2006). Esta primera fase culmina con la matriz de identificación de
problemas, documento que orientará desde ahora el trabajo de intervención.

FASE 2: CARACTERÍSTICAS DEL GRUPO

La segunda fase de la intervención comunitaria se orienta a identificar y analizar las


características de los actores sociales, quienes conformarán los diversos grupos de
trabajo para los programas que surjan a propósito del diagnóstico de comunidad.
Debemos describir el grupo y establecer diferencias o semejanzas entre uno y otro.

Es en esta fase que analizamos actores sociales, que pueden ser personas, grupos u
organizaciones o personas interesadas en conformar el grupo de trabajo y que comparten

53
intereses y formas de reaccionar frente a determinadas propuestas, éstos estarán
afectados directamente por las acciones del programa comunitario.

Ninguna comunidad es una realidad homogénea y cuando se emprende un programa de


acción dentro de la misma, existen diferentes actores sociales, que los conformaremos en
grupos etáreos, los cuales no tendrán, presumiblemente, la misma reacción frente al
programa (Ander-Egg, 2000).

Esto conduce a un análisis de las relaciones, diferencias estructurales, características


propias del grupo y cruzamiento de intereses de los diferentes actores sociales en relación
con el programa de intervención que se desea realizar, ya que es conveniente adaptar el
trabajo en función a características, exigencias e intereses, de ello depende parte del éxito
de un programa, además poder prever posibles conflictos ante las acciones que se van a
emprender. Se trata, pues, de un análisis de viabilidad política, social y cultural.
(Aramburu, 2004).

Los datos que podemos indagar en los grupos son: edad, grado de instrucción, tipo de
participación, experiencia en programas anteriores, identificar y precisar cuál es el tipo de
acciones que tienen en la comunidad; precisar datos en relación a los problemas
priorizados por la comunidad, así como la percepción del trabajo de los interventores.

Los datos obtenidos en esta fase sirven no solo para establecer la línea base del
programa, además permite la justificación del tipo de programa, técnicas y estrategias a
usar durante la implementación. Todo ello haciendo uso de una metodología que permita
recolectar y evaluar los datos de manera objetiva y sistemática.

Las técnicas de recolección y análisis de datos que pueden emplearse son:

▪ Observación directa de los comportamientos del grupo en distintos escenarios y


frente a diversos estímulos sociales.

▪ Entrevista, con la que se puede precisar datos personales, percepciones,


actividades cotidianas, intereses, habilidades. Todo ello a considerarse en el
diseño de actividades y estrategias de intervención.

▪ Análisis de contenido y reflexivo, que permita sustentar las respuestas

54
conductuales bajo teorías o marcos referenciales.

FASE 3: EVALUACIÓN DE LAS NECESIDADES DEL GRUPO

La tercera fase de la intervención comunitaria permitirá realizar un análisis profundo de


las necesidades, problemas y recursos que el grupo etáreo, fuente de la intervención,
presenta y con lo que aporta a la construcción del programa; se trabaja la jerarquización
y priorización de problemas y necesidades identificando en ello los recursos que
presentan como grupo; se establece, además, la relación con los problemas propuestos
por toda la comunidad en la primera fase.

Es aquí donde debemos evitar caer en subjetividad; López (1999), señala que la manera
de evitar estos sesgos es combinar en la evaluación de necesidades información del
mayor número posible de tipos de necesidad y diferentes técnicas para recopilar la
información de las mismas.

En esta fase, donde se constata la jerarquización y priorización de los problemas y


necesidades que se hicieran en la fase 1, se analizan también dos procesos psicosociales:
la problematización y la desnaturalización; que son intrínsecos al proceso y se debió
evaluar también en la primera fase. Los pasos necesarios para hacer esa identificación,
jerarquización y evaluación de necesidades y recursos, al problematizar y revelar el
carácter socialmente construido, así como intereses implicados en esa construcción
naturalizante forman parte de un proceso de concientización. (Montero, 2007)

No entraría dentro de los límites de este artículo extenderse en las múltiples definiciones
de necesidad; para cubrir nuestro objetivo basta con señalar cuatro aspectos relevantes
del concepto necesidad, (López, 1999):

1. Identificar una necesidad implica juicios de valor, personas con valores diferentes
señalarán necesidades distintas.

2. Una necesidad es percibida por un grupo particular en un cierto conjunto de


circunstancias concretas, si varían estas condiciones puede modificarse la
percepción de la misma.

3. Reconocer una necesidad implica que se considera que existe una solución. Un

55
mismo problema puede tener múltiples soluciones potenciales, que diferirán en sus
posibilidades de resolver la situación problemática, y en los costos y factibilidad de
la ejecución, sin embargo, la mayoría de los estudios de análisis de necesidades
se centran más en el reconocimiento de los problemas, que en la identificación de
las soluciones.

Teniendo en cuenta estos tres puntos debemos señalar que al hacer uso de la técnica de
análisis “árbol de problemas”, el grupo determina sus problemas en función a su vivencia
cotidiana, identifica las causas y consecuencias de los mismos, asocia temas de
desarrollo como alternativas posibles de solución, los que pueden identificarse como
recursos que el grupo plantea para operativizar el trabajo. (Aramburu, 2004)

FASE 4: DISEÑO Y PLANIFICACIÓN DE LA INTERVENCIÓN

La estructura de la cuarta fase de la intervención comunitaria es necesaria para plantear


bajo qué criterios se seguirá con la intervención para ello debemos considerar 10
elementos, los mismos que deben ser desarrollados cuidadosamente, para alcanzar los
objetivos y metas propuestas. Estos elementos son:

1. Justificación: Responde a la pregunta ¿Por qué realizamos el programa?, en este


punto hay que realizar una descripción detallada de lo que contiene el programa,
definiendo y caracterizando el problema o tema central y las acciones que se pretenden
realizar, debemos contextualizar de acuerdo a los grupos con los que se vaya a realizar
el programa.

Debe explicar claramente su naturaleza, las principales razones de su priorización y su


contribución al desarrollo del ámbito y particularmente de la población objetivo. En este
elemento se debe hacer uso de los resultados obtenidos en las tres primeras fases, ya
que son las sustentatorias para el curso del programa. Lo que se pretende es que la
persona que desea conocer el programa pueda tener una idea exacta acerca de lo
fundamental de la misma.

2. Objetivos: Explicitar los objetivos es responder a la pregunta ¿para qué se hace?, se


trata de indicar el destino del programa o los efectos que se pretenden alcanzar.
Conforman el elemento fundamental ya que expresan los logros definidos que se busca

56
alcanzar. Debemos diferenciar entre objetivo general y objetivos específicos; el primero
es el propósito central del programa, mientras que los segundos son complementarios y
necesarios para alcanzar o consolidar el objetivo general. (Ander-Egg, 2000). La buena
formulación de los objetivos es garantía de elaborar un buen programa, es en torno a los
objetivos que se da coherencia al conjunto de actividades que componen el programa.

Obedece al impacto, es decir ¿A qué contribuirá el programa?

4. Metas: Son logros cuantificables al final de un proceso usando los criterios de cantidad,
calidad y tiempo, la exigencia de considerar metas se fundamenta en la necesidad de
explicar qué cosas queremos lograr específicamente con los procesos de cambio
enunciados. (Del Águila, 2006)

5. Sistemas de Evaluación: Los diversos medios para comprobar si los programas


alcanzan sus objetivos y ofrecen enseñanzas para el diseño, la planificación y la
administración de programas futuros. (Buchelli, 2006). Debe considerarse como se
estructurará la evaluación y en qué niveles. Generalmente se establece tres niveles:
evaluación inicial (la misma que es parte de esta propuesta de intervención), evaluación
de proceso y evaluación final (parte de la fase siete de nuestra propuesta)

6. Monitoreo: Un proceso de monitoreo produce de manera permanente información que


es valiosa en la medida que se le dé la utilidad adecuada. En este punto debe proponerse
el sistema que se seguirá al realizar el monitoreo y la ficha que se utilizará en el proceso.
En la tabla 3, podemos apreciar un modelo de ficha para el monitoreo (OPCION, 2001).

7. Recursos: Elemento indispensable para realizar el programa, debe incluirse los


recursos humanos, materiales, técnicos (se incluye las estrategias participativas) y
financieros (en el caso de que alguna persona o institución otorgue una bonificación)

8. Presupuesto: Los recursos necesarios para el logro de cada objetivo y metas


específicas, debe presentarse el costo de los materiales, humanos y técnicos.

9. Plan de acción: En este elemento debe presentarse las sesiones de trabajo para las
acciones a realizar durante la ejecución, ya que éstas serán monitoreadas. En la tabla
4 tenemos los criterios a tener en cuenta al estructurar nuestras sesiones de trabajo.

57
10. Cronograma de las actividades: debe calendarizarse cada actividad en periodos
mensuales, bimensuales, trimestrales etc.

58
FASE 5: EVALUACIÓN INICIAL

La quinta fase de la intervención comunitaria se orienta a obtener la línea de base del


programa, esta resume información con la que el grupo de trabajo cuenta al inicio de la
intervención, para ello debe establecerse indicadores en función a los temas que se
trabajaran y el problema que se intentará resolver. Permite conocer la brecha entre la
población objetivo y el resto de la población, así como su distancia con los estándares
vigentes respecto a los tópicos que se abordará. (Del Águila, 2006).

Los indicadores son medidas específicas, explícitas y objetivamente verificables a través


de las cuales nos permite conocer el estado inicial del grupo. (Paz, 2006.).

Si no se cuenta con una línea de base no se podrá ejecutar adecuadamente el programa


y será imposible medir los efectos y su impacto. Para elaborar la línea de base se requiere:

▪ Determinar las técnicas que se emplearán para acceder a la información. En


nuestro caso hacemos uso de la observación participante. En ella se debe elaborar
una matriz para registrar el comportamiento de los miembros del grupo, además
debemos hacer uso de un registro anecdótico en función a las categorías o ejes
temáticos que se desarrollarán a lo largo del programa.

▪ Realizar una descripción de la población objetivo.

▪ Determinar el momento en el que se realizará la evaluación

De esta fase se debe obtener un informe cualitativo y cuantitativo de los indicadores que
determinan el problema central. Se realiza para establecer qué y cuántos
comportamientos, deben ser trabajados para eliminar total o parcialmente el problema
central y alcanzar el objetivo general.

FASE 6: EJECUCIÓN E IMPLEMENTACIÓN

Esta fase operativiza todo el trabajo estructurado en las fases anteriores, se implementan
las sesiones preparadas en la fase cinco, haciendo uso de estrategias participativas.
Durante esta fase debemos aplicar nuestra matriz de monitoreo, estructurada en la fase
cinco, buscando comprobar la efectividad y eficiencia del proceso de ejecución, mediante

59
la identificación de los aspectos limitantes y/o ventajosos, con propósito de detectar de
manera oportuna las fortalezas y deficiencias de los procesos de ejecución, a fin de hacer
ajustes para una óptima gestión de las iniciativas, “para optimizar los resultados
esperados y responder a las expectativas de la ciudadanía”. (INDES, 2000).

El monitoreo hace un acompañamiento que permite juzgar con transparencia la ejecución


del programa, manteniendo el supuesto que el plan de acción preprogramado siga siendo
el camino indicado para lograr los objetivos del programa.

Además del monitoreo, se aplica la evaluación de proceso para medir el avance en el


logro de los resultados y estimar el grado en el que se espera alcanzar los objetivos, así
mismo establecer la utilización de los recursos asignados e identificar las dificultades en
el desarrollo de las actividades, además se verifica si el grupo utiliza las estrategias o
recursos que se trabajaron, ya que ello nos dará luces de la sostenibilidad del programa.

Es preciso señalar que durante la implementación debe aplicarse el registro anecdótico a


fin de tener en detalle las acciones que se desarrollaron, además es una excelente fuente
de verificación para los indicadores logrados; así mismo la aplicación de estrategias
participativas facilitan el mantenimiento de la motivación, factible para el avance del
trabajo y el logro de objetivos.

FASE 7: EVALUACIÓN FINAL

Una vez cubiertos los objetivos de la intervención o agotado el curso planificado y


presupuestado de los programas previstos, aquella se dará por finalizada, en el sentido
de que cesará la actuación externa y formal del personal y la estructura organizativa
puesta en marcha para realizarla siendo estrictos, el esfuerzo interventivo no debería
tener, probablemente, un final en el tiempo, pues es dudoso que los esfuerzos
interventivos externos con recursos y actuación limitados casi siempre , alcancen
plenamente los objetivos planteados. (Sánchez, 1991.)

La evaluación final procura determinar y de manera sistemática y objetiva, la relevancia,


eficacia, eficiencia e impacto del programa, a la luz de sus objetivos. Así, la evaluación se
extiende más allá del monitoreo porque reconoce que el plan de acción constituye una
hipótesis con respecto al camino que nos puede conducir al logro de los objetivos. De

60
hecho, la evaluación consiste en una prueba de esa hipótesis una verificación de que
dicho camino efectivamente esté conduciendo a las mejoras en las condiciones de vida
que se buscaban promover. (Aubel, 2000)

Esta fase nos lleva al resultado del trabajo, para ello aplicamos nuevamente la matriz de
observación participante, la misma que se empleó en la evaluación inicial, bajo los mismos
indicadores; los resultados de esta observación son comparados con la situación inicial, y
para determinar en qué medida fueron dándose los cambios de manera favorable, se
triangula con la evaluación de proceso; así tenemos: evaluación inicial-evaluación de
proceso evaluación final, a ello acompaña el análisis reflexivo de los resultados.

FASE 8: DISEMINACIÓN DE LOS RESULTADOS:

La diseminación de programas interventivos es otra operación relativamente novedosa y


apenas planteada en la práctica habitual, se refiere a la difusión efectiva de programas
ejecutados (con resultados conocidos) a la comunidad donde se implementó el programa
y a otros entornos organizacionales o sociales. (OPCIÓN 2001)

Al presentársele a la comunidad los resultados obtenidos, ésta analiza los mismos y


plantea sus opiniones o sugerencias sobre el modelo que se aplicó, puede obtenerse
además lecciones aprendidas, en las que se muestra a la comunidad los factores que se
fortalecieron y la importancia de la consecución de acciones similares.

Estas ocho fases propuestas como proceso de intervención en psicología comunitaria


buscan realizar un trabajo conjunto con la comunidad y aplicar a la vez una metodología
que pueda ser incorporada por la comunidad, las estrategias y secuencias son claramente
establecidas y detalladas a fin de facilitar la apropiación del recurso por parte de la
comunidad, ya que es ella quien debe implementar programas de desarrollo y evaluar la
pertinencia de las mismas.

En este sentido el profesional de este ámbito asume un compromiso muy especial en la


consecución de una mayor calidad de vida de las personas y del bienestar de las
comunidades y ha de integrarse en la concepción de una ética global que contemple el
respeto estricto por los derechos humanos y libertades de los individuos y de los pueblos,
lo cual podría traducirse en la responsabilidad como interventores sociales de facilitar el

61
cambio y uso de recursos, promoviendo un desarrollo sostenible que se oriente a un
cambio social favorable para las futuras generaciones.

2.2. Apoyo institucional y social

Desde hace varias décadas, las investigaciones dan cuenta de que la confianza en las
instituciones que rigen el funcionamiento social merma con el transcurso del tiempo
(González de la Vega, Quintanilla & Tajonar, 2010). Esto genera un problema fundamental ya que, como
plantea Luhmann (1996), la confianza se convierte en una condición necesaria para la
formación de instituciones, pues su ausencia promueve el conflicto social, ya que las
instituciones tienen la función de reducir el grado de incertidumbre que genera la
complejidad social y otorgarle a los ciudadanos pautas claras que provean de
previsibilidad en las interacciones sociales.

La confianza institucional ha sido abordada desde dos perspectivas que se diferencian


por el tipo de apoyo que subyace: difuso y específico. El apoyo institucional difuso se
conceptualiza como aquel sostén que se mantiene en el tiempo, por actitudes y valores
compartidos con el sistema o la institución en general, que posibilita que, ante
desencuentros circunstanciales, las personas confíen en las instituciones públicas. En
cambio, el apoyo institucional específico es más transitorio y se vincula directamente con
el cumplimiento efectivo de las demandas institucionales

En relación a este último enfoque, diversas investigaciones dan cuenta de que la


confianza institucional se relaciona en mayor medida con el buen desempeño que se
percibe de las instituciones, es decir, con la capacidad que tienen para satisfacer las
demandas de los ciudadanos (Baker, 2008; González de la Vega et al., 2010; Hiskey & Seligson, 2003; Morales
Quiroga, 2008 Price & Romantan, 2004
; ). Por ejemplo, se ha observado que la baja confianza
institucional se asocia con la ineficacia y el malgasto del dinero público (Baker, 2008) y con la
corrupción, que generalmente también está vinculada con una mala gestión institucional
y un mal desempeño (González de la Vega et al., 2010).

A nivel social, la confianza en las instituciones cumple un rol fundamental ya que


condiciona la confianza social de los ciudadanos. Cuando las instituciones propician un

62
marco de legalidad, políticas de equidad social y justicia (e.g., derechos de propiedad, la
independencia judicial, el cumplimiento de contratos, el desarrollo del estado del
bienestar, entre otros) los individuos se sienten seguros en sus intercambios con los
demás. Estas políticas institucionales generan la percepción de que los actores
institucionales son capaces de minimizar el oportunismo y fomentan la creencia y la
expectativa de que otros anónimos son fiables. Por otro lado, cuando los incentivos
institucionales están ausentes se generan expectativas pesimistas sobre la fiabilidad de
los extraños (Robbins, 2012). Por esta razón, se halló que en los países donde hay mayor
confianza institucional hay una mayor confianza en las personas en general (Kaase,
1999; Knack, 2002; Rice & Sumberg, 1997; Schyns & Koop, 2010; Tan & Tambyah, 2011) así como un mayor
desarrollo de la cultura cívica (Baker, 2008; Rice & Sumberg, 1997).

Al mismo tiempo, la confianza social es indispensable para el desarrollo de cualquier


sociedad ya que posibilita la cohesión social, los procesos de interdependencia, la
cooperación, la conexión social, la acción colectiva y la tolerancia entre los ciudadanos
(Bakker & Dekker, 2012; Delhey, Newton & Welzelc, 2011; Reeskens, 2007; Rousseau et al., 1998; You, 2012). Además, se
la concibe como un indicador de desarrollo cívico y se la asocia al crecimiento económico
y a una buena gestión gubernamental del país (Bjørnskov, 2012; Dingemans, 2010; Ferullo, 2004).

Levi
La confianza social ha sido conceptualizada de diversas maneras. Por ejemplo,
(1998) propone que la confianza social supone una palabra de apoyo para una variedad de
fenómenos que les permiten a las personas tomar riesgos al tratar con los demás, resolver
problemas de acción colectiva, o actuar de una manera que parece contraria al propio
interés. Misztal (1996) la define como la creencia de que las consecuencias de las intenciones
Luhmann
de los otros serán apropiadas desde nuestro punto de vista. Por su parte,
(1996) plantea que la confianza social es un mecanismo que posibilita reducir la
incertidumbre y la complejidad de las relaciones sociales.

En las investigaciones sobre esta temática se distinguen dos formas de confianza social:
la primera se denomina confianza particular o específica, ya que contempla la confianza
que emerge de los vínculos conocidos, es decir, familiares, amigos y gente cercana; la
segunda forma de confianza se la denomina general o difusa ya que concierne a un círculo
de relaciones no conocidas, es decir, gente desconocida, gente a la que no se conoce en
profundidad o personas que no sean parecidas, e implica expectativas predeterminadas

63
de confianza en la gente (Delhey et al., 2011; Glanville & Paxton, 2007; Montero, Zmerli & Newton, 2008; Welch et al.,
2005).

Por otro lado, Kong (2013) plantea que la confianza social posee dos dimensiones: la
confianza social basada en la buena voluntad y la basada en la competencia. La primera
supone la percepción de que los demás se comportan de manera benévola y no
oportunista, mientras que la segunda dimensión implica la opinión de las personas sobre
las habilidades, destrezas y desempeño de los demás. Ambas dimensiones tienen lógicas
independientes, pero se ha corroborado empíricamente que correlacionan ( Yamagishi &

Yamagishi, 1994).

Como se mencionará, la confianza general cobra cada vez mayor relevancia porque
responde a las vicisitudes de la sociedad actual (Robbins, 2012), que está conformada por
comunidades grandes y complejas, donde las relaciones cara a cara disminuyen y aflora
un cúmulo de relaciones basadas en el anonimato (Cook, 2005).

En este nuevo escenario, el intercambio social está teñido de incertidumbre, pues las
personas pueden iniciar cualquier transacción, regalo, consejo u otro servicio sin saber en
qué medida este será correspondido o si serán víctimas del oportunismo ajeno. Por lo
tanto, para que se sostengan estos intercambios basados en las normas sociales de
reciprocidad (c.f., Burger, Sanchez, Imberi, & Grande, 2009) es necesario un nivel alto de confianza en
las personas en general, que excede a la confianza depositada en las personas allegadas
o en el grupo de pertenencia (Cook, 2005).

2.3. Desarrollo local

Las iniciativas de desarrollo local toman fuerza en la década de los años ochenta del siglo
pasado, con el agotamiento del modelo fordista de desarrollo que, para esa época, no se
ajustaba a las exigencias del desarrollo alcanzado por las fuerzas productivas.

El progreso tecnológico de esa etapa planteaba la necesidad de buscar formas


productivas mucho más flexibles y eficientes que garantizaran mayor calidad de las
producciones, a tenor de las nuevas exigencias de la demanda mundial. Según la teoría
del desarrollo económico local, resultaba extremadamente difícil lograr lo antes expuesto
en los marcos del modelo de producción fordista.

64
Comienza a tomar fuerza la idea de que esa reestructuración tecnológica y organizativa,
ese ajuste productivo mucho más flexible, es de hecho más factible en el ámbito del
territorio local, el potenciar los recursos de carácter endógeno.

Se produce un cambio importante en la conceptualización del desarrollo — junto a la visión


del desarrollo exógeno— que promueve la atracción de capitales y empresas externas
para impulsar el crecimiento económico de un territorio; toma fuerza, así, la noción del
desarrollo económico local: “Los procesos de desarrollo local se producen gracias a la
utilización eficiente del potencial económico local, que se ve facilitado por el
funcionamiento adecuado de las instituciones y mecanismos de regulación del territorio”.

La noción de desarrollo económico se transforma, evoluciona, y se le da un énfasis


especial al papel del territorio local en las estrategias y políticas de desarrollo.

El desarrollo local comienza a definirse entonces como “un proceso de crecimiento y


cambio estructural de la economía de una ciudad, comarca o región, en el que se pueden
identificar, al menos, tres dimensiones: una económica, caracterizada por un sistema de
producción que permite a las empresas locales usar, eficientemente, los factores
productivos, generar economías de escalas y aumentar la productividad a niveles que
permitan mejorar la competitividad en los mercados; otra sociocultural, en que el sistema
de relaciones económicas y sociales, las instituciones locales y los valores, sirven de base
al proceso de desarrollo, y otra político-administrativa en que las iniciativas locales crean
un entorno local favorable a la producción e impulsan el desarrollo sostenible”.4 Otros
autores, como Romeo Cotorruelo Menta, lo asocia a “un proceso de objetivos múltiples,
que son: eficiencia en la asignación de recursos para la competencia territorial; equidad
en la distribución de la renta y equilibrio del entorno medioambiental para la conservación
del sistema productivo territorial”. Se trata según Francisco Alburquerque, de un:

…desarrollo capaz de extender en la mayor medida posible el progreso técnico y


las innovaciones gerenciales en la totalidad del tejido productivo y empresarial de
los diferentes territorios, a fin de contribuir con ello a una mayor generación de
empleo productivo e ingreso, y a un tipo de crecimiento económico más equitativo
en términos sociales y territoriales, y más sostenible ambientalmente.

65
Siguiendo la idea de este último autor, en esta nueva concepción del desarrollo los
agentes principales ya no son únicamente la administración central del Estado y las
grandes empresas, sino los gobiernos locales, las pequeñas y medianas empresas, y los
actores sociales, entre otros. Estas teorías prestan especial atención al nuevo papel que
deben desempeñar las empresas y el gobierno local como agentes económicos. En el
caso de las empresas, deben adaptarse a las nuevas exigencias de la innovación
tecnológica y organizacional, y a la cualificación de los recursos humanos. En lo que a los
gobiernos respecta, estos deben centrar la atención en los problemas del tejido
empresarial local, y en la elaboración de una estrategia de fomento económico local
concertada y ejecutada con los actores sociales.

El gobierno local no solo debe “adoptar una actitud proactiva, favorecedora de la actividad
empresarial, en cuanto contribuye definitivamente al desarrollo social, al crecimiento
económico y a la creación de empleo,” sino que debe dirigir el proceso de planificación y
gestión sostenible del territorio, para así lograr que la producción y el consumo se
fundamenten en una nueva conducta de los agentes económicos capaz de garantizar a
las presentes y futuras generaciones igualdad de condiciones para el despliegue de todas
sus potencialidades, respetando, como se ha mencionado, las leyes objetivas que rigen
en la naturaleza.

Según las teorías de desarrollo económico local, el territorio deja de ser considerado el
soporte físico sobre el cual se asienta una comunidad para convertirse en un “factor
estratégico de la oportunidad del desarrollo”.

El desarrollo local se caracteriza por su dimensión territorial, no solo debido al efecto


espacial de los procesos organizativos y tecnológicos, sino por el hecho de que cada
localidad, cada territorio, es el resultado de una historia en la que se ha ido configurando
el entorno institucional, económico y organizativo.

2.4 Trabajo en Red y equipos interdisciplinarios como referentes en el proceso de


intervención.

Los acelerados cambios que la sociedad moderna enfrenta de una manera vertiginosa
influenciada por las transformaciones políticas, económicas y sociales han sido el
escenario en los que han ido construyendo los núcleos problémicos de intervención

66
profesional y en los que convergen todas las áreas en las que trabajamos y es hacia estas
donde debe apuntar la intervención de profesional en trabajo social.

En este sentido «La dinámica actual del Trabajo Social aparece como fruto de una
eclosión profesional; hoy perviven, intrincadamente, múltiples formas de ser, de conocer
y de hacer en Trabajo Social, alimentadas por enfoques teóricos y epistemológicos
también diversos y se han gestado desarrollos por áreas específicas de intervención que
han dado lugar a avances en torno a espacios particulares de la praxis profesional»
(CONETS, 2004:24).

Así el trabajo social se ha venido desempeñando tradicionalmente en las áreas en


las que han caracterizado su actuar profesional como son: salud, desarrollo
comunitario, familia, laboral, educación y en las cuales se concentra un gran número
de profesionales; sin embargo no ha sido ajeno frente a los nuevos conflictos que
emergen por las coyunturas políticas o sociales convirtiéndose en problemas
prioritarios de su intervención profesional, entre esta cabe señalar derechos
humanos, atención en situación de desastres, educación y promoción para la
conservación del ambiente.

Es indudable que trabajo social ante la dinámica social ha determinado una pluralización
cada vez más creciente de sus áreas de actuación.

En esta perspectiva es necesario que el trabajador social posea un amplia gama


de conocimientos teóricos, conceptuales y metodológicos, esto significa el conocer
practicas establecidas y normas, el poder identificar y reproducir secuencias de
proceso indispensables para poder hacer su trabajo; además debe traducir ese
conocimiento en acción con el fin de dar respuesta a los diversos contextos, otro
aspecto a tener en cuenta es el que refiere a la actitud que proyecta el profesional
cuando hace su trabajo, lo anterior no es otra cosa más que los elementos constitutivos
de las competencias laborales.

Bajo estas consideraciones el Trabajo social no puede ser ajeno a las exigencias del
mundo laboral cada vez más competitivo, con unas altas exigencias cualitativas en el
mundo de la producción y de los servicios.

67
Mony Elkaïm clasificó a las redes en dos tipos: ·

Red primaria “Habitualmente se define la red primaria a partir de una persona”


(Elkaïm. 1989. Pág. 47). Carlos Sluzki define la red personal como el conjunto
de relaciones “que un individuo percibe como significativas o define como
diferenciadas de la masa anónima de la sociedad” (Sluzki. 1996. Pág.42) Esta red
constituye el nicho interpersonal del sujeto, evoluciona según las edades de la vida,
la posición social, las circunstancias, el contexto socio-histórico. ·

Red secundaria: se define a partir de una tarea, una institución, un conflicto. Es


el conjunto de personas u organizaciones reunidas alrededor de una misma
función, en un marco institucionalizado. (Elkaïm. 1989. Pág. 47)

En la práctica del trabajo comunitario red primaria y secundaria muchas veces confluyen,
se relacionan y confunden y también pueden entrar en conflicto. Podemos distinguir
distintos tipos de redes secundarias:

a) Red comunitaria: como mesosistema (Bronfenbrenner. 1987. Pág. 44) está


constituida por las relaciones que se establecen entre los grupos, las organizaciones, las
personas de un entorno social determinado.

b) Red de servicios: por ejemplo, la que se organiza en atención primaria de la salud,


cuando se diseña la articulación de niveles: prevención primaria, secundaria y terciaria,
en función de problemáticas sanitarias específicas. Se conforman redes que buscan
conectar establecimientos de diferente dependencia y niveles de complejidad; su
funcionamiento excede al de una organización jerárquica formal, requiere flexibilidad y
compromiso para que funcionen en forma eficiente. Este modelo se aplica en otros
campos como el educativo, el de resolución de conflictos, de contención social frente a
diferentes situaciones de vulnerabilidad.

c) Redes intersectoriales: Aunque se relaciona con las dos anteriores implica su


superación ya que puede exceder el ámbito comunitario o la resolución de una
problemática particular, surge al considerar la complejidad de las situaciones que deben
abordarse.

Proceso de construcción en la intervención desde una perspectiva de red: Mario

68
Rover describe un proceso que nos permite reflexionar acerca de la construcción y
funcionamiento de redes comunitarias y de servicios. Detalla diferentes pasos:

a) Reconocimiento, visibilización del otro y del vínculo.

b) Conocimiento. Surge el interés por los otros, personas u organizaciones, unidos


por objetivos, valores, historia, proyectos en común. ¿Qué en lo que el otro es o
hace?

c) Colaboración. En el sentido de trabajar-con. Se pueden empezar a construir


relaciones de reciprocidad.

d) Cooperación - Cooperar permite la elaboración conjunta del problema y las


estrategias de abordaje.

e) Asociación. Compromiso compartido en objetivos y proyectos. Requiere haber


construido un paradigma compartido

Bibliografía

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Cuaderno nº 44. C e a d e l centro de Apoyo al Desarrollo Local

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METODOLOGÍASPARTICIPATIVASREFLEXIONES Y EXPERIENCIAS PARA LA
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TRABAJO SOCIAL

Ussher, M. (2009). Redes sociales e intervención comunitaria. In I Congreso


Internacional de Investigación y Práctica Profesional en Psicología XVI Jornadas
de Investigación Quinto Encuentro de Investigadores en Psicología del
MERCOSUR. Facultad de Psicología-Universidad de Buenos Aires.

70
TRABAJO SOCIAL EN LINEA
TALLER RURAL
3 créditos

Docente:
Lcdo. Luis Efrén Rua Sanchez. Mgtr.
COMPENDIO UNIDAD 4

Titulaciones Nivel

TALLER RURAL Quinto

Tutorías: El profesor asignado se publicará en el entorno virtual de aprendizaje [Link]),


y sus horarios de conferencias se indicarán en la sección Cronograma de Actividades
Índice

Introducción .................................................................................................. 3

Unidad 4 Aplicabilidad del proceso de intervención comunitaria para la


caracterización Demográfica de comunidades rurales. ................................ 6
Tema 1. Proceso Metodológico de Intervención Comunitaria ................................... 6
1.1 Modelos que apoyan a la intervención comunitaria en Trabajo Social. ............ 23
1.2 Investigación Acción Participativa ................................................................. 44
1.3 Tratado especial de la Investigación Acción Participativa ................................. 51
1.4 Ejes metodológicos de la intervención en el desarrollo local para una
ciudadanía con responsabilidad social. ................................................................... 58

Tema 2. Métodos y Técnicas de intervención comunitaria ......................... 66


2.1. Métodos aplicados en el proceso de intervención comunitaria ........................ 68
2.2. Técnicas utilizadas en la intervención comunitaria .......................................... 70
2.3. Mapas, herramientas e instrumentos para el conocimiento de la realidad
social ......................................................................................................................... 80
2.4. Aplicación y Análisis de resultados de la intervención comunitaria ................. 84

Bibliografía ................................................................................................. 88

2
Resultado de aprendizaje de la asignatura

Potenciar procesos de intervención con la comunidad rural mediante la


aplicabilidad de modelos, métodos y técnicas de Trabajo Social para el
conocimiento de la realidad social, económica, cultural y medioambiental de
contextos específicos en el sector rural.

Introducción

La intervención comunitaria, se ha impuesto en nuestros días como una necesidad,


pues el desarrollo comunitario en gran medida implica el desarrollo social. Si
consideramos la comunidad como un grupo humano, donde se entretejen
relaciones interpersonales y donde por supuesto, ocurren procesos en que el
conocimiento de la personalidad y lo que ella implica, es fundamental para lograr
cambios, es necesario partir de los aspectos del desarrollo psicológico y socio –
psicológicos en la intervención comunitaria, para lograr la verdadera participación.

El Trabajo Social es una disciplina que tiene muchas ramas de intervención,


podemos decir que “La intervención comunitaria supone necesariamente trabajar
desde los tres niveles de acción: la comunidad engloba a los distintos grupos que,
a su vez, son configurados por distintas personas, sujetos de la intervención en sí”.
(Rosello, 2010, p.47), que en base a la investigación que se realiza antes de
intervenir, se detecta cuál de los subgrupos presenta la problemática que es el
objeto de intervención con el cual el Trabajador Social desarrollará su trabajo.

Para trabajar en la problemática detectada, el Trabajador Social se sustenta en

3
paradigmas, entre ellos el paradigma humanista ante esto Rosselló (2010), expresa
que “Desde el paradigma humanista propuesto, les pueden resultar útiles estas
aportaciones que deberán ser enriquecidas desde la práctica, a partir de la
sistematización de un trabajo serio y riguroso” (p.56), debido a que se trabaja con
los actores sociales (la comunidad) para con ellos mismos buscar la detección de
las enigmas que les afecten y que ellos los actores que se encarguen de la
resolución de las problemáticas, pero con la guía del Trabajador Social.

En las comunidades donde la población es de bajos recursos económicos el


Trabajador Social debe gestionar los medios y recursos necesarios junto con los
habitantes, intentado hacerlo con un enfoque participativo, en donde los miembros
de la comunidad se sientan actores de sus procesos de cambios. “El Trabajo Social,
con comunidades es una línea de acción orientada hacia la consecución de
determinados objetivos y supone la existencia de un centro de decisión dotado de
los medios de intervención necesarios”. (Gómez, 2016, p.29)

Es de señalar, que la mayoría de los proyectos que se ejecutan en las comunidades


rurales, son realizados por estudiantes universitarios, los cuales no van con un
enfoque de tratar de cambiar la realidad social de esas poblaciones, más bien
acuden con la obligación de aprobar la materia y dejar implementado un trabajo a
medio hacer, con la finalidad de ganarse una nota y pasar el semestre. “El
reconocimiento de la acción necesaria para intervenir en el terreno social y la
consiguiente intervención concreta, del deseo de resolver una dificultad
determinada, resulta de móviles muy variados y no siempre desinteresados”.
(Gómez, 2016, p.44)

Cuando se interviene en comunidades pequeñas el profesional debe conocer todo


el territorio y los patrones culturales de sus habitantes es importante que pueda
adaptarse a ellos y ganar su confianza, para que al momento de recolectar
información las personas le comenten con la mayor veracidad, aprendiendo desde
lo práctico, pero ya con conocimiento teórico. “Desarrollo local es también una
práctica y un saber de fronteras para poner en valor los territorios y sus desarrollos.
Comprende la geodiversidad territorial y social y actúa en las dinámicas espaciales,
justificando intervenciones adaptadas a las características del lugar”. (Jurado,
2016.p.12)

4
Las experiencias prácticas para los estudiantes de Trabajo Social son
determinantes dentro de su formación académica, aquí es donde ellos empezaran
a entender la realidad fuera de los libros, generalmente solo tienen un enfoque
teórico, y al momento de ejercer se les complica porque no tienen ninguna practica
o idea de cómo poder intervenir en el contexto real, al respecto Jurado (2016)
plantea:

Desarrollo local es una praxis vivencial, sin la cual todo ejercicio académico
quedará incompleto. El desconocimiento del entorno hace que la lógica de
las intervenciones se convierta en un caso provocado que puede poner en
peligro la propia existencia del sistema (p.90).

El Trabajador Social es un agente que siempre debe estar vinculado con la


sociedad de una forma más directa con el trabajo de campo y no permanecer
encerrado en una oficina, ya que al están en contacto siempre con la población
estará informado día a día de los diferentes cambios que le pasará a su grupo,
podrá guiarlos y trabajar de una forma rápida y correcta. “Los trabajadores sociales
que se insertan cotidianamente en poseen distintas herramientas de intervención
para transformar la realidad. Pero es el sentido que las orienta lo que merece
transformarse”. (Arancibia, 2014, p.65)

El Trabajador Social cuando realiza una investigación y diagnóstica la problemática


que está afectando a la comunidad, tiene a su disposición varios modelos de
intervención (ecológico, sistémico, resolución de problemas, intervención en crisis)
los cuales se seleccionara el que mejor se ajuste al proceso, utilizando las
diferentes herramientas que corroborara este proceso (visitas domiciliarias,
encuestas, ficha social, observación, entrevistas) y son de vital ayuda para el
profesional.

Es importante siempre contar con actores dinámicos y participativos, para que sean
parte del proceso de intervención de una manera positiva, ya que también siempre
uno se encuentra con actores que negativos que buscan boicotear lo que se está
realizando, y así juntos puedan construir un plan operacional para el cumplimiento
de los objetivos propuestos y llevarlos a cabo en el menor tiempo posible, “Las
capacidades participativas de los actores y de las estructuras mediadoras, permita

5
alcanzar unos objetivos comunes y predeterminados para mejorar las condiciones
económicas, sociales y culturales de las comunidades, y cuyos resultados puedan
ser evaluados de forma continuada”. (Gutiérrez, 2014, p.23)

Unidad 4 Aplicabilidad del proceso de intervención comunitaria


para la caracterización Demográfica de comunidades rurales.

Resultado de aprendizaje de la unidad: Aplicar los modelos, métodos y


técnicas de intervención en la comunidad rural.

Tema 1. Proceso Metodológico de Intervención Comunitaria

La intervención comunitaria se hace efectiva a través de un proceso metodológico


de acción, que pretende responder a la ardua tarea de cómo se va a efectuar
nuestra intervención. Hablar del método en el Trabajo Social Comunitario no
significa, solamente, limitarse a las fases o procedimientos metodológicos
concretos, sino que, de acuerdo con los criterios epistemológicos, conlleva hablar
de una concepción de la realidad, un enfoque teórico, un objeto y unos
procedimientos metodológicos.

En el Trabajo Social Comunitario, en tanto que forma de intervención social, no


existe una única manera de intervenir, sino que sus prácticas concretas están
determinadas por la perspectiva o el enfoque en el que se encuadren las mismas.
Es preciso partir de este planteamiento previo, a la hora de abordar los
procedimientos metodológicos del Trabajo Social Comunitario, ya que éstos están
en función del enfoque teórico en el que se encuadre la intervención.

Por otro lado, también habrá que tener en cuenta unos criterios metodológicos
básicos para poder alcanzar los objetivos deseados con la intervención comunitaria,
independientemente de los aspectos teóricos. La metodología implica,
necesariamente, la aplicación de los siguientes criterios:

• Visión global de la realidad: Situarse desde el principio desde una


perspectiva que nos permita abarcar una visión lo más amplia y completa de
la realidad en la que se interviene, detectando «la interrelación entre los
factores, causas y efectos en una dinámica circular» (De la Red, 1993).

6
• Intermultidimensionalidad: Estamos ante una intervención que requiere
de la integración de acciones, sujetos a intervenir, y ámbitos y áreas de
intervención. Criterio que se deriva de la convicción de que el bienestar de
los ciudadanos es el resultado de múltiples factores en continua
interdependencia.

• Coherencia de la intervención con los fines que se planteen, lo que


exige la adecuación a las exigencias económicas, sociales, culturales...,
desde el contexto específico en el que se desarrolla la intervención.

• Participación de los agentes intervinientes: Administración, técnicos,


colectivos sociales, políticos, líderes locales... Implica una consideración
activa de las personas, grupos e instituciones, y una recuperación de la
sociedad civil a través de sus organizaciones sociales, lo que exige la
negociación para orientar el proceso desde el consenso hacia metas
comunes.

• Visibilidad: Permite el conocimiento, la reflexión y el debate acerca de la


intervención, por qué y cómo se desarrolla, y cuáles son los logros que se
van consiguiendo. Es este uno de los criterios fundamentales en el avance
de los procesos sociales que implica la participación.

UNA PROPUESTA METODOLÓGICA DE INTERVENCIÓN COMUNITARIA

Teniendo en cuenta los criterios epistemológicos y metodológicos anteriores,


planteamos una propuesta metodológica orientativa para la intervención
comunitaria, que parte del esquema básico de procedimiento, pero que incorpora
aspectos específicos en relación con el ámbito comunitario, pues compartimos la
idea de C. de Robertis cuando señala que, más que un método específico y único
de Trabajo Social Comunitario, debemos hablar de la metodología general en
Trabajo Social y la adaptación de este método para el abordaje de la dimensión
comunitaria.

El enfoque comunitario requiere de una metodología que promueva nuevos


escenarios de cooperación y el desarrollo de un diálogo e intercambio fluido y eficaz
entre las instituciones, las organizaciones del tejido social, los ciudadanos y los

7
profesionales del Trabajo Social.

Hay que tener en cuenta que, si queremos realmente actuar con la comunidad, no
es posible plantear este proceso metodológico como si se tratara de un asunto
exclusivamente de carácter técnico. Este proceso debe ser considerado como un
asunto comunitario, de interés general para todos, en el que se vean implicados
todos. De ahí la importancia que en este proceso tienen las acciones de
sensibilización como medio imprescindible para lograr la implicación de la
comunidad.

En este sentido se propone la incorporación de una fase inicial y previa, que


complementa los cinco momentos metodológicos del Trabajo Social y que se
concretan en:

— Fase de toma de contacto.

— Fase de estudio-investigación diagnóstica.

— Fase de planificación.

— Fase de ejecución o intervención propiamente dicha.

— Fase de evaluación.

Estas etapas no deben ser consideradas como un proceso lineal, sino que son
fases que se desarrollan simultánea y complementariamente en el tiempo. Resulta
imprescindible que tengan un desarrollo paralelo, puesto que los resultados de cada
una de ellas repercuten en el resto.

Fase de toma de contacto: Es preciso tener en cuenta, como elemento


fundamental, que el éxito del conjunto de un proceso de intervención comunitaria
sólo llega a concretarse si se da una condición ineludible: que la comunidad asuma
el programa como propio (tanto por los líderes locales como por los colectivos
sociales organizados presentes en la misma) y los retos que toda intervención
comunitaria plantea.

Esta fase inicial de toma de contacto debe ser ya un momento vinculado


directamente al fomento de la implicación de la comunidad desde la sensibilización

8
de todos y cada uno de los actores sociales que intervienen en la comunidad. Sin
promover la implicación de la comunidad no podríamos hablar de intervención
comunitaria. La comunidad tiene que ser y sentirse partícipe en la promoción de su
propia dinámica y los fenómenos que en ella se producen.

Toda iniciativa de intervención comunitaria deberá prever en su estrategia básica


líneas orientadas a promover una especie de sinergia de todos los actores y
agentes sociales en torno a aquellos objetivos comunes definidos por la propia
comunidad. Desde el primer momento se ha de considerar la estimulación de las
personas, grupos y colectividades hacia comportamientos y actitudes participativas
como un elemento vertebrador de todas las demás acciones o intervenciones en la
comunidad. En definitiva, de lo que se trata es de conseguir que la comunidad sea
más competente y esta competencia comunitaria se expresa en tres componentes:

• Capacidad de colaborar eficazmente en la identificación de los problemas e


intereses de una comunidad (autodiagnóstico, es decir, la toma de conciencia
por los propios sujetos de sus problemas).

• Posibilidad de lograr un consenso sobre metas y prioridades de la


intervención social, o sea, del paso de las necesidades individuales a las
soluciones colectivas, de la definición de objetivos específicos a la
elaboración de metas comunitarias.

• Nivel de colaboración efectiva en las acciones sociales que lo requieran.

En esta etapa hay que prestar gran atención a la divulgación o información, es decir,
extender horizontalmente a través de estrategias basadas en el diálogo y debate,
las informaciones relativas a los procesos que se tratan de implementar y que han
de contar con la implicación activa de todos los implicados. La información ha de
orientarse a formar a los grupos para crear procesos de opinión, es decir,
intercambio de opiniones y valoración y consideración de todas ellas. A medida que
se consolidan los procesos de opinión se puede avanzar en la toma de decisiones,
es decir, en la definición de los problemas que afectan a la comunidad.

Fase de estudio-investigación diagnóstica

Tal como señala Marchioni, el conocimiento metódico, preciso y documentado es

9
una de las fases iniciales y continuadas del Trabajo Social Comunitario, en la que
queda garantizada la cientificidad y la participación de la comunidad; y en la que
también se manifiestan las características de toda intervención integral:

• Global: tiene por objeto a toda la comunidad, desde todos los ángulos de la
vida colectiva. Este tipo de investigación se inscribe en los «estudios de
comunidad», dentro de la Sociología (escuela de Chicago) y de la
Antropología.

• Aplicada: a partir de los datos reunidos, trata de desembocar en opciones y


en proyectos.

• Múltiple: combina varias técnicas de recogida de información como la


observación, la entrevista, la documentación, etc.

Para la realización de esta fase es necesaria la creación o fortalecimiento de


estructuras participativas al objeto de que puedan aportar los conocimientos
necesarios, espacios y tiempos dirigidos a la comunicación e interconexión técnica-
política-comunitaria, tan imprescindible en el proceso de estudio de la realidad. En
este sentido, C. Hendriks, experto de la ONU, plantea la realización de los
siguientes pasos:

• Establecimiento de los aspectos a investigar y organización de la búsqueda


de la información entre los profesionales, personas, grupos y organizaciones
interesadas en la comunidad.

• Información a la comunidad en su conjunto de dicho estudio para que pueda


seguir directa y estrechamente el trabajo de investigación.

• Constitución de un comité de estudio con miembros de la propia comunidad


actuando no sólo como fuente de información sino también como puente
entre la población y el equipo de investigación.

• Mantener informada a la comunidad de manera continuada para asegurar


sus intereses y mantener viva su implicación en el proyecto.

• Discusión de los resultados con el comité, con los líderes y con las
autoridades.

10
• Difusión y publicación de los resultados a la comunidad, también puede ser
útil hacer grupos de discusión, entrevistas en grupo sobre los resultados del
estudio para facilitar su comprensión y entendimiento.

Este modelo puede complementarse con la «fase de escucha» propuesta por


Marchioni, momento importante en la medida en que permite, por un lado, la
recogida individualizada de los problemas de la comunidad desde el punto de vista
de cada uno de sus miembros, y por otro, el establecimiento de la relación
profesional trabajador social/comunidad desde una actitud abierta y comunicativa,
a través del cual exponen sus puntos de vista y opiniones que apoyan los datos del
estudio.

A lo largo de todo este proceso, y durante todas y cada una de las fases de la
intervención proponemos sustentarla con un dispositivo denominado por la
profesora Restrero Ramírez (1992), «sistema de información», a través del cual se
obtengan diversas informaciones que interesan a todos los participantes, tanto de
carácter interno como externo, que facilite las respuestas a múltiples preguntas.

Según otro de los autores importantes del ámbito comunitario, R. Rezsohazy, la


investigación trata de conocer a fondo el futuro escenario de la acción y de detectar
la orientación y las condiciones de ésta. Los ejes principales de la investigación
son:

• Problemas que se manifiestan en la comunidad.

• Necesidades y aspiraciones que expresa la población: las necesidades no


expresadas, el contexto que envuelve esa realidad.

• Objetivos deseables y posibles, las oportunidades, las amenazas y las


debilidades y fortalezas, los puntos fuertes y débiles, etc.

• Factores y causas que provocan los problemas, y las interrelaciones entre


ellos.

• Recursos y medios de que disponemos y que precisamos alcanzar.

El trabajador social comunitario debe ser un profesional comprometido con los


miembros de la comunidad desde el inicio, desde el mismo proceso de

11
investigación y estudio, el cual debe, junto con el respeto de los profesionales:

• Conocer la comunidad lo mejor posible, a través de otros estudios sociales


o históricos, entrevistas y observaciones participantes.

• Aportar a los participantes de la comunidad las distintas metodologías,


técnicas, recursos y medios necesarios para la obtención de la información y
análisis de la misma, señalando su lógica, eficacia y limitaciones. El
trabajador social es un recurso técnico «cuya responsabilidad consiste en
explicar en un lenguaje accesible a la comunidad el uso y los problemas de
los diferentes métodos de investigación que sean aplicables a la situación»,
corresponsabilizándose en el desarrollo del mismo.

E. Ander-Egg, define el diagnóstico de una manera muy completa, en la medida


que lo considera el momento en el cual se establece la naturaleza y magnitud de
las necesidades sociales que afectan a la comunidad en la que estamos
desarrollando nuestro Trabajo Social Comunitario. Estableceremos en el
diagnóstico:

• La jerarquización de las necesidades y situaciones problema en función de


ciertos criterios políticos, ideológicos y técnicos que establezcan los
participantes responsables de su elaboración, entre los que se incluyen,
como ya hemos mencionado reiteradamente, a la comunidad y a los políticos
y técnicos.

• Contempla las diferentes fuerzas en conflicto y los factores que actúan de


manera favorable, neutra o desfavorable en la consecución de la finalidad
propuesta.

• Sirve de base y fundamentación para el diseño de la intervención y las


correspondientes estrategias de acción, es decir la planificación de la misma.

M. Colomer denomina a esta fase «Interpretación de los datos», De Robertis la


denomina «Evaluación Preliminar», pero ambas coinciden en que en esta fase se
procede a la elaboración de un juicio interpretativo y causal de la situación en la
que se encuentra la comunidad, conociendo sus problemas para el establecimiento
concreto desde donde partimos.

12
Fase de planificación

El diseño de la intervención hace referencia a la planificación, a la elaboración de


los programas y proyectos que han de implantarse en la zona, desde una dimensión
científico-técnica basados en el diagnóstico previo y de forma especial, dado el
carácter integral y participativo de la intervención, en la necesidad de
autoaprendizaje colectivo de los miembros de la comunidad, y de su sensibilización
respecto a las distintas acciones a emprender.

E. Ander-Egg (1991:7) la define como «la acción consistente en utilizar un conjunto


de procedimientos mediante los cuales se introduce una mayor racionalidad y
organización en un conjunto de actividades y acciones articuladas entre sí que,
previstas anticipadamente, tienen el propósito de influir en el curso de determinados
acontecimientos, con el fin de alcanzar una situación elegida como deseable,
mediante el uso eficiente de medios y recursos escasos o limitados».

La planificación, como señala M. Marchioni, es al mismo tiempo una finalidad de la


acción social y una necesidad implícita en ella, un método y un instrumento de
trabajo. La planificación tiene distintas dimensiones interrelacionadas entre ellas:

• Dimensión temporal: que establece un tiempo determinado.

• Dimensión general: indica las finalidades generales y globales de la


intervención.

• Dimensión sectorial: indica la articulación en programas por sectores y por


áreas de intervención.

El proceso de planificación de la acción, por tanto,

• Da orden y racionalidad a la intervención, buscando de la manera más


satisfactoria y eficaz la consecución de los objetivos establecidos. Articulando
de manera coherente, global y sistemática los objetivos con las acciones y
los recursos.

• Desde el nivel de contenido debe partir de los problemas de la comunidad


y la situación de transformación que se desea.

13
• Fija el tiempo y el ritmo de la realización del programa, teniendo en cuenta,
tanto los ritmos de la comunidad, como el de los profesionales y la autoridad
implicada.

• Describe el plan de acción para cada uno de los sujetos, los niveles, las
áreas y los ámbitos de actuación.

• Diferencia claramente los aspectos educativos de los organizativos o


gestión.

• Establece los objetivos estratégicos, los objetivos y las metas que queremos
alcanzar, teniendo en cuenta las oportunidades de la zona para estimular su
propio desarrollo y transformación, y también las amenazas que determinan
una predominancia de ciertos puntos débiles sobre los fuertes.

• Determina las correspondientes estrategias y metodologías de acción en


relación con la innovación y la operatividad.

• Selecciona los medios y recursos necesarios para la acción, en los que se


incluyen los recursos humanos, sobre los cuales se determinarán las
correspondientes responsabilidades.

• Elabora los instrumentos de control, coordinación y evaluación.

Los principios clave de todo el proceso de planificación de la intervención social


son:

• Previsión: porque la intervención racional debe ser capaz de imaginar y


controlar los efectos de las acciones previamente diseñadas.

• Flexibilidad: porque aun siendo riguroso, la complejidad y dinamicidad de


los hechos sobre los que actúa hacen que el alto margen de incertidumbre
exija planteamientos de la acción lo suficientemente flexibles que permitan
una adaptación a las circunstancias sobre las que opera.

• Integralidad: porque no podemos olvidar el contexto, la comunidad en


general.

Los planes de intervención comunitaria van dirigidos, desde una perspectiva


14
microsocial, a favorecer el desarrollo endógeno de la comunidad, elevando su nivel
de identidad, formando y promocionando a los colectivos en proceso o en riesgo de
exclusión social como medio de estimulación del tejido social amplio, intentando
eliminar el individualismo que actúa como segregador de la construcción social,
teniendo en cuenta las distintas áreas de intervención, aunque haciendo hincapié
en el área económica, en la medida que el desarrollo de iniciativas de empleo
constituyen el pilar básico del desarrollo socioeconómico de una comunidad, a
través del cual conseguiremos un doble rendimiento, el social y económico que
distinguía Berzosky.

Un Trabajo Social Comunitario, a través del diseño de la intervención comunitaria,


pretende la mejora de los niveles de vida de la población, desde un planteamiento
personal, siendo conscientes de su realidad y de su propia historia, a través de su
participación en los grupos sociales, en sus redes sociales y en su comunidad.

En esta fase, el trabajador social ha dejado patente que el esarrollo y


transformación de la realidad social de los individuos, grupos y colectividades de la
comunidad depende exclusivamente de sus esfuerzos, manteniendo el profesional
un papel de asistencia técnica de las acciones propuestas y de la consecución de
los principios de la intervención integral comunitaria.

De los distintos modelos de Planificación existentes, el Normativo y el Estratégico,


optamos por este último dada la configuración y contenidos del Trabajo Social
Comunitario; como señala Ander-Egg, este tipo de planificación es un modo de
actuar que emerge desde la realidad, que considera a los distintos actores sociales
de la comunidad y que se caracteriza por:

• Partir de los problemas de la comunidad desde un enfoque humanista, con


la intervención de los distintos actores sociales, dirigiéndose hacia lo
deseable, pero posible, con voluntad de hacer.

• Implica una integración técnica con las expectativas, intereses, necesidades


y problemas de la comunidad afectada, lo que supone que las decisiones y
la formulación de objetivos se realizan conjuntamente, por un lado, los
miembros de la comunidad con sus propios valores y cosmovisión y los
profesionales con los que se interactúan.

15
• Procura conciliar el conflicto y el consenso como dos factores actuantes en
los procesos sociales y que condicionan la realización del plan.

Fase de ejecución o intervención propiamente dicha

Siguiendo el planteamiento participativo de este documento, es en esta fase de la


implementación donde se hace más patente la consideración de la comunidad
como sujeto, el reconocimiento en una intervención del actor social que, en
palabras de Touraine, (1990) citado por la profesora Navarro en su comunicación
en el VII Congreso de la profesión, es aquel que actúa no conforme al lugar que
ocupa en la organización social, sino aquel que modifica su entorno dejando de ser
espectador pasivo de su realidad.

En este sentido, M. Marchioni distingue entre la «intervención inicial», considerando


ésta como las primeras iniciativas que los trabajadores sociales intentan poner en
marcha en el interior de la comunidad y la «intervención ordinaria». La intervención
inicial debe responder a:

• Los problemas expuestos por la gente; esto dará la garantía de actuar en


un «campo de interés» efectivo, es decir, tocar aspectos de la vida de la
comunidad que interesa a todos o a la mayoría de sus componentes.

• Una fácil realización, para evitar complicaciones y errores en el proceso de


desarrollo.

• La consecución de la participación, la acción del mayor número de personas


en el desarrollo de las actividades.

La intervención ordinaria es aquella fase en la que la comunidad misma y sus


propios grupos son los que empiezan a actuar directamente. Esta fase está
caracterizada por los siguientes aspectos, los cuales hemos ido mencionando en
las fases anteriores

• El cambio de la función de los trabajadores sociales: los profesionales del


Trabajo Social no sustituyen la iniciativa de las personas, simplemente les
ayudan en la tentativa de encaminarlas a las finalidades que se persiguen.
Les queda la función de asesores técnicos para la comunidad, pero cada vez

16
tienen un peso menor en favor de la comunidad. Su función principal es
promover estímulos y eliminar obstáculos.

• Se desarrollan un conjunto de actividades al mismo tiempo: la multiplicidad


de iniciativas requiere un esfuerzo de coordinación para conseguir una
integración real y efectiva de las diversas actividades. En este momento se
puede promover la creación de comités de ciudadanos.

• Búsqueda de un plan global de desarrollo de la comunidad: Se formula un


plan global, integral, que tenga en cuenta todos los elementos intervinientes
en el desarrollo de la comunidad. Se debe hacer un «autoanálisis» de la
propia comunidad (situación actual, causas de la situación y posibilidades de
desarrollo, perspectivas de futuro), en pequeños grupos o comisiones de
trabajo.

Pues la intervención profesional, la implementación de las estrategias de


intervención, como lo denomina M. Colomer, tienen como finalidad «activar todas
las potencialidades humanas y los recursos sociales en orden a conseguir un
cambio positivo, de acuerdo con unos objetivos propuestos; intervención que se
actualiza mediante una constante evaluación» (Colomer, 1974, 33).

En esta fase, el trabajador social tiene que dejar claro que el desarrollo y
transformación de la realidad social de los individuos, grupos y colectividades de la
comunidad depende exclusivamente de sus esfuerzos, él es el elemento catalizador
del grupo, aporta su contribución técnico-científica, pero también es un miembro
más del grupo.

En esta fase hay que resaltar las estrategias de intervención comunitaria o técnicas
específicas, dirigidas al cambio y transformación social de la realidad, presentando
una clasificación de las mismas basadas en la efectuada por el profesor Vidal
(1988:182), en función de los objetivos perseguidos:

• Prestación de servicios humanos o personales: Estrategias como la


intervención en crisis, terapias breves, trabajos grupales educativos, dirigidos
fundamentalmente a colectivos en situación de exclusión social, que desde
una perspectiva comunitaria y descentralizada teniendo en cuenta el contexto

17
en donde se producen los problemas, potencie las capacidades de los
individuos y los grupos, partiendo de un trabajo no directivo sino de
potenciación y autodirección personal y social.

• Desarrollo de recursos humanos: La idea central de este tipo de estrategias


se basa en el convencimiento de que las personas y sus relaciones e
interacciones en comunidad, tienen un potencial por desarrollar que debe ser
rentabilizado a través de la participación en la resolución de sus problemas o
transformación de su realidad. La tarea consistiría en evaluar ese potencial y
encontrar los métodos apropiados para su desarrollo y optimización personal
y colectiva.

En este último sentido, los grupos de autoayuda, los de entrenamiento de


competencias o de resolución de problemas podrían incluirse en este apartado. Las
redes de apoyo, la educación de adultos, la animación sociocultural tiene fuertes
componente de desarrollo de los recursos humanos de la comunidad.

• Prevención: Objetivo primordial del Trabajo Social que ha de mantenerse


presente en la implementación de programas de ámbito comunitario.
Distinguiremos los tres clásicos niveles de prevención: la prevención primaria
o propiamente dicha, orientada al conjunto de la población; la secundaria
dirigida a la detección y solución precoz del problema; y por último la
prevención terciaria cuya finalidad consiste en la reducción o detención de
las consecuencias del trastorno o problema causado.

• Reconstrucción Comunitaria: Constituyen estrategias orientadas a la


recuperación social comunitaria y el restablecimiento del sentido de
comunidad. Los esfuerzos de los profesionales se han de dirigir a trabajar
con los sistemas de ayuda natural de las personas y grupos con los que
trabaja y analizar claramente la estructura y funcionamiento de las
interrelaciones de las personas con los miembros de sus redes, y a partir de
aquí plantear estrategias que potencien los apoyos existentes, —que
desarrollen los potenciales— o que en situaciones de necesidad los
complementen o sustituyan.

• Cambio Social y Comunitario: C. de Robertis propone tres estrategias de

18
intervención comunitaria: la consensual, la conflictiva y la concienciadora. En
la primera, una vez reconocida por la comunidad la capacidad de cambio, se
produce un consenso cultural y de intereses, aunque existen diferencias de
intereses o de poder; en la segunda, el poder, la coacción y la movilización
popular son utilizadas como tácticas; por último, la tercera ha sido definida
como «una aproximación donde los grupos de acción social persiguen la
transformación de las mentalidades de una población dada, correlativamente
a la de las estructuras socioeconómicas».

Fase de evaluación

M. Colomer (1974, 36), considera la evaluación como una de las fases más
importantes del método de Trabajo Social, «en ella se da la auténtica fusión de la
teoría con la práctica». Ni la realización del proyecto ni la implementación del mismo
son suficientes para obtener un juicio que nos permita la generalización de los
fenómenos humanos y sociales. Hacer de la praxis materia de estudio, es lo que
permite la evaluación y «en ello radica el extraordinario valor y su importancia para
el desarrollo científico de la profesión».

Rezsohazy, desde la perspectiva de la intervención comunitaria, la define como una


gestión de carácter científico dirigido a examinar la capacidad del Trabajo Social
Comunitario realizado, de la propia comunidad y de todos los implicados en la
intervención, en relación con los problemas o necesidades de dicha comunidad, y
la transformación de esa situación en las mejores condiciones.

La evaluación es pues una fase y un instrumento que nos facilita el proceso de


comparación entre la situación inicial de la que partíamos, en relación con la final,
la transformada que pretendíamos, junto con los factores que han facilitado o
dificultado el proceso de cambio. Comprende también los componentes de la acción
que pueden explicar el éxito o el fracaso. La evaluación tiene un carácter sistémico,
ya que aborda todos los componentes que aparecen en la intervención,
ayudándonos a tomar decisiones sobre las diferentes reorientaciones de la
intervención comunitaria que estamos efectuando. A través de la evaluación
podemos medir:

• La efectividad: capacidad de las actuaciones para resolver los problemas y

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modificar la situación inicial hacia la final pretendida.

• La idoneidad: capacidad del programa para resolver los problemas y


carencias.

• La eficiencia: que nos mide el índice de productividad del programa. Nos


permite por tanto obtener una evidencia empírica en cuanto a la eficacia del
programa, documentando los efectos y la solidez del mismo.

La evaluación de una intervención comunitaria integral, habrá aplicado, además,


los siguientes criterios evaluativos:

• Cantidad (medición cuantitativa de resultados).

• Rentabilidad (relación costo-beneficio).

• Calidad (medición cualitativa de los resultados).

• Persistencia (durabilidad de los logros alcanzados) e

• Impacto del programa sobre la comunidad (ponderación comparativa del


resultado obtenido con relación a la magnitud de la situación en la que se
interviene).

Desde una perspectiva comunitaria y desde los planteamientos expuestos, se


desprende claramente que corresponde a todos, y desde las directrices técnico-
científicas de los profesionales, realizar una evaluación y autoevaluación, objetiva,
intersubjetiva y real.

En la evaluación de proyectos sociales, es necesario que hagamos la evaluación a


lo largo del proceso, realizando las diferentes modalidades de evaluación
existentes. Así mismo los diferentes autores consultados nos detallan diferentes
modelos de evaluación (Pedraza, Evert Vedum, Shuman y Stuffbeam, etc.).
Destacamos a continuación tres tipos:

• Evaluación Inicial o Diagnóstica: Por medio de la misma podremos conocer


la situación real inicial, las potencialidades de la comunidad; el punto de
partida en el que nos encontremos y el tipo de trabajo a realizar para que se
generen realmente situaciones de crisis que transformen su elaboración y su
20
superación nos lleve a la situación final de progreso.

• Evaluación Sumativa o Seguimiento: Nos da información del grado de


alcance de aquello que hemos pretendido conseguir con la intervención
comunitaria integral. Mide los resultados y nos permite pronunciarnos sobre
el éxito o el fracaso de la intervención diseñada y ejecutada. Orientada por
tanto a comprobar la eficacia de los resultados, sirve para continuar, adaptar
o rehusar un programa. Da información del grado de relación entre los
resultados del programa y los de la institución en los que se encuentra.
Cumple en definitiva tres funciones básicas, según el profesor Jordi Mena
(1996): atestiguar el resultado de los objetivos, certificar el estado y
capacidad del programa y comprobar su vigencia.

• Evaluación Formativa o Final: Se realiza durante el proceso y nos indica la


evolución que se experimenta en el contexto de la intervención, mediante el
proceso de comparación inicial final. Tiene un carácter marcadamente
educativo, en la medida que nos permite reorientar el proceso, ya que nos
indica las necesidades de cada momento del análisis; cómo el proyecto está
incidiendo en la comunidad y los efectos e impactos que se están
produciendo en sus individuos, y en sus relaciones; mide la forma en que se
funciona y la calidad de las actuaciones, acciones y servicios que configuran
el programa.

La evaluación formativa debe prestar atención al desarrollo de las diferentes partes


del proceso y la coherencia interna de las mismas, convirtiendo en elementos
evaluables (indicadores) los objetivos de trabajo establecidos en cada una de las
áreas. Reúne las siguientes características propuestas por el profesor Jordi Mena:

• Procesal: forma parte intrínseca del programa o proyecto.

• Integral: abarca todo el programa.

• Sistemática: es un proceso riguroso.

• Estructurada: permite ir ajustando las necesidades del momento.

• Progresiva: tiene en cuenta los resultados conseguidos.

21
• Innovadora: permite la constante toma de decisiones.

• Científica: analiza los elementos del proceso como parte de un sistema con
la finalidad de determinar cuál es el papel de cada uno.

Hemos podido comprobar que la evaluación supone, en cierto sentido, dar marcha
atrás en las fases metodológicas y analizar cuál ha sido la acción realizada,
concretamente; desde la perspectiva comunitaria, en el contenido de la evaluación
habría que tener en cuenta cinco niveles de análisis:

• Compara el estado de la población antes y después de la intervención.

• Compara y establece diferencias entre los objetivos propuestos y los


resultados obtenidos. Evaluación de la consecución de los objetivos y
obtención de resultados. ¿Concuerdan los resultados con los objetivos del
programa?, ¿son los resultados fruto del programa?, ¿se alcanzaron los
objetivos programados inicialmente? Hemos de recoger la opinión de los
usuarios en los distintos niveles trabajados, individual, grupal y comunitario.
Objetivos y metas relacionadas con la política social y los intereses de la
población.

• Conoce el grado de participación activa y democrática de los participantes,


así como la correspondiente comparación y establecimiento de los diferentes
compromisos acordados entre los participantes y la ejecución real de los
mismos. Evalúa el impacto, los efectos de la acción en la población y en los
usuarios. La actuación con los grupos y sus dificultades.

• Evalúa todos y cada uno de los sistemas y fases metodológicas implicadas


en la intervención, los procedimientos o métodos utilizados, los recursos
internos-externos, su adecuación y aprovechamiento, las actividades
realizadas, la oportunidad de las medidas, la estructura de gestión utilizada,
los costes y el uso de los medios en relación con los resultados, etc.
Evaluación input, que se centra en los «materiales brutos» de los que se parte
para la realización de la intervención.

• Evalúa, como señala N. de la Red, (1994:93), la organización administrativa,


del equipo, del trabajo personal, de los Inter equipos y la organización del

22
programa.

Profundizando en la evaluación comunitaria, para M. López y F. Chacón


(1996:258), la evaluación de Planes Integrales de base territorial presenta una serie
de características específicas que es necesario tener en cuenta:

• Combina dos niveles de evaluación: el análisis comunitario (contexto y


necesidades, recursos, participación comunitaria, redes sociales, etc.) y la
evaluación individual/familiar de las personas y/o unidades familiares que
participan en el plan.

• La planificación, la intervención y la evaluación constituyen un proceso


integrado, toda evaluación debe estar diseñada en el momento de la
planificación.

• La evaluación es multidimensional: la evaluación debe monitorizar todos los


cambios producidos en las dimensiones principales que intervienen en los
procesos de exclusión.

• La evaluación es a largo plazo y es una evaluación de procesos, lo que


permite introducir posibles modificaciones en el plan.

• También debe ser una evaluación del impacto, no debe limitarse a los
objetivos, sino que debe contemplar también los resultados no previstos.

• Ha de ser auto evaluable, es decir, debe ser capaz de constituir sus propios
dispositivos de evaluación sistemática y periódica. Será una evaluación
interna, por parte de los propios técnicos responsables del plan, aunque en
ocasiones necesite asesoramiento de entidades externas.

• Una de las finalidades de la evaluación es informar a las instancias centrales


financiadoras del proyecto ([Link]., Administración central, Fondos
Europeos...).
1.1 Modelos que apoyan a la intervención comunitaria en Trabajo Social.
Retomando la cuestión que hemos comentado en el primer apartado de este
capítulo con relación al carácter de subordinación de los procedimientos
metodológicos a los enfoques teóricos que se utilicen para orientar la práctica,
vamos a pasar a analizar otras propuestas metodológicas de intervención
23
comunitaria que utilizan otros modelos teóricos de referencia.

Modelos tradicionales

J. Rothamn (1970) sistematiza, partiendo de las primeras experiencias de


intervención comunitaria, las diferentes prácticas y enfoques teóricos del Trabajo
Social Comunitario, clasificándolos en los siguientes modelos:

— Desarrollo de la comunidad: trata de potenciar como valores la


participación y el liderazgo, utilizando como principal instrumento de
intervención el trabajo con grupos de la comunidad. Se centra en el proceso
de construcción de la comunidad: capacitar a la misma para establecer el
consenso por la vía de la identificación de los intereses comunes, el
desarrollo del liderazgo y la educación.

— Acción social: La participación es el valor más invocado por este modelo,


que trabaja con grupos y organizaciones que tratan de modificar las políticas
institucionales e introducir cambios en la distribución del poder. Los
trabajadores comunitarios actúan como organizadores, dirigiendo a la gente
para que trabajen en una determinada dirección.

— Planificación social: es un modelo que recoge el contenido tradicional de


la organización comunitaria como método del Trabajo Social. Este modelo
puso el acento inicialmente en la coordinación de los servicios sociales de
una determinada zona, para introducir posteriormente el desarrollo de
programas y la planificación del bienestar social: vivienda, salud pública,
educación, etc. Se trataba de buscar y poner en marcha soluciones técnicas
y racionales a los problemas por lo que el trabajador comunitario asume un
papel de experto y no tanto de líder u organizador.

El objetivo de estos modelos es la realización de tareas y la asignación y


distribución de los recursos necesarios para la atención de las necesidades sociales
de una determinada zona. En estos modelos la estrategia utilizada para conseguir
este objetivo, no es la confrontación, como en otros modelos de trabajo comunitario,
sino la colaboración con la administración pública. El siguiente cuadro nos permite
realizar un análisis comparativo entre los diferentes modelos mencionados:

24
T. Zamanillo (1992) realiza una propuesta en relación con la elección de los
diferentes modelos a la hora de diseñar una intervención social; esta elección
estará determinada por la ideología personal, el tipo de objeto sobre el que se va a
intervenir, el tipo de objetivos que se quieren alcanzar y los procedimientos
metodológicos que se pueden utilizar. En la práctica muchas veces estos modelos
se presentan entremezclados. Los profesionales deben tener la suficiente
flexibilidad para diseñar y realizar intervenciones técnicas en las que se combinen
diferentes modelos.

Modelo crítico dialéctico: La Investigación-Acción Participativa

El paradigma dialéctico, procedente de la filosofía marxista, supone una importante


proposición metodológica para las intervenciones de carácter comunitario, y la
correspondiente transformación de la realidad sobre la que se actúa: la unidad
sujeto-objeto, según Marx ha liberado al hombre de una posición contemplativa. Es
en la praxis cuando se produce una toma de conciencia en la que el sujeto es
idéntico al objeto, y ello implica una transformación de la realidad; un proceso
recíproco, en la medida que el sujeto, al conocer «lo otro», se conoce a sí mismo,
25
obteniendo un conocimiento de ambos que les modifica. (Beltrán, 1979:203)

La inspiración del modelo metodológico denominado «Investigación-Acción


Participativa» IAP, proviene del mencionado paradigma dialéctico, aplicado al
ámbito comunitario. Desarrollado en la realidad Hispanoamericana, ha tenido una
influencia importante en España, sobre los años ochenta, y más concretamente en
el campo de la animación sociocultural.

K. Lewin (1946) desarrolló la action-research (traducido como «investigación-


acción») como alternativa a la investigación tradicional que separaba la ciencia y la
práctica. Lewin defiende la necesidad de una integración de ambas en proyectos
conjuntos, en donde los profesionales aplicados investiguen con rigurosidad los
efectos de sus intervenciones prácticas y los teóricos sean capaces de encontrar
aplicaciones sociales relevantes para sus formulaciones.

Según sus propias palabras, «la investigación debe ser destino de la acción social
(investigando su desarrollo y efectos) y fuente de ella (generando acción) y
viceversa, se trata de una investigación sobre (o de) la acción, complementada con
una acción (social) producida desde la investigación», en la cual se implicaban dos
clases de problemas diferentes, a saber, el estudio de las leyes generales de la vida
grupal y el diagnóstico de situaciones específicas; todo ello destinado a la
consecución de los dos objetivos clave:

• Investigación-acción, a través de cuya práctica, los grupos o comunidades


pretenden cambiar sus circunstancias de acuerdo con una idea compartida
por todos los miembros del grupo.

• Investigación-acción, a través de una práctica reflexiva, en la que se


confunden la práctica que se investiga y el proceso de investigación de esa
práctica.

El conocimiento acompañado de la acción es, pues, lo esencial de este modelo de


intervención, a través del cual, se conocen los problemas que sufren las
comunidades para actuar frente a ellos, urgente y eficazmente. Conocer la realidad
para poderla interpretar, y posteriormente actuar, por lo que se interesa de forma
especial por el potencial de cambio de esa realidad concebida holísticamente.

26
Como se deduce, K. Lewin también introdujo la orientación participativa de la
investigación-acción a través de sus teorías sobre la dinámica de los grupos y los
conceptos de espacio vital y campo de fuerzas.

Los movimientos de intervención comunitaria han realizado aportaciones


significativas a la Investigación-Acción Participativa. Este tipo de intervención tiene
como principal misión hacer que el pueblo tome conciencia de la situación en la que
vive con el fin de ir mejorando sus condiciones de vida tanto en el ámbito individual
y familiar como social.

Este planteamiento implica irle preparando de forma progresiva para que vaya
mejorando las condiciones de trabajo, la comprensión de su entorno, pero también
para participar en la elaboración de un nuevo saber.

La investigación-acción pretende explicar y asegurar el igor científico del proceso.


Parte de hipótesis que surgen de la observación de los hechos y evalúa los
resultados apoyándose en las estrategias de cambio que se hayan establecido. Las
características y fases de este modelo de intervención son aportadas por Guy Le
Boterf (1986) y Peter Park (1989):

• El problema elegido surge de la gente afectada por él, y cuyo interés exige
una solución, pero, al no ser exteriorizado y consensuado por la comunidad,
precisa de la intervención externa, de los «investigadores», participantes
comprometidos con la gente, que ayudan a formular, identificar y analizar el
problema para proceder a la investigación colectiva del mismo.

• El investigador debe preliminarmente conocer la comunidad, (por medio de


estudios sociales e históricos que existan, documentos, entrevistas y
observación, así como participando en la vida de la comunidad). Esta fase
inicial permite que comunidad e investigador se conozcan, así como que se
explique la finalidad del proyecto y la identificación de los miembros de dicha
comunidad que van a asumir un rol activo en la ejecución del mismo.
Interacción activa entre investigador y comunidad, de diálogo y negociación,
en la que ambos son considerados sujetos activos.

• Existe, entre la investigación y la acción una interacción permanente. La

27
producción de conocimientos, útiles y relevantes para la práctica social y
política, se realiza mediante la transformación de la realidad social. La acción
es fuente de conocimiento y la investigación es en sí misma una acción
transformadora.

• Se interviene sobre situaciones reales, a una escala relativamente limitada,


trabajando con grupos reales, quienes deciden conjuntamente con el
investigador, participando y colaborando a lo largo de todo el proceso, en
cómo formular el problema, la información a obtener y los medios y técnicas
utilizadas para ello, los procedimientos, la forma del análisis de los datos, qué
hacer con los resultados y acciones a emprender a partir de los mismos.

• Estamos ante un proceso educativo dinámico, en el que el diálogo, es un


distintivo esencial de la Investigación-Acción Participativa, pues mediante él
la gente «se une y participa en los aspectos cruciales de la investigación y la
acción conjunta... hablan como iguales en un intercambio, no sólo de
información sino de sentimientos y valores» (Park, 1989:157).

• Se pone al servicio de grupos o colectivos sociales más desfavorecidos,


buscando mejorar sus condiciones de vida, sus capacidades de análisis y
resolución de los problemas que afrontan cotidianamente. La IAP «ha
constituido espacios para los oprimidos con el fin de que puedan usar su
poder intelectual de ser críticos e innovadores para moldear un mundo
carente de dominación y explotación» (Park, 1989:163). El compromiso del
investigador con la comunidad ha de estar apoyado con un trabajo
permanente de reflexión crítica sobre las implicaciones teóricas y
metodológicas de su intervención en el proceso de la investigación-acción.

• Los resultados que surgen de la investigación son útiles para organizar las
acciones comunitarias, elaborar políticas sociales y ejecutar medidas de
cambio social. Investigador y comunidad, al comprender la naturaleza del
problema, están en una posición que permite verlo como algo a resolver
comunitariamente.

Cuando la IAP ha tenido éxito, el proceso educativo continúa tras la finalización del
proyecto, sigue viviendo en la conciencia crítica y en las prácticas emancipadoras

28
renovadas de cada participante.

Se desprende claramente de lo dicho hasta ahora, que la Investigación-Acción


Participativa, parte de una nueva filosofía y concepción del mundo y de la vida, a
saber, leer, percibir y aprehender de la praxis cotidiana; valorar aquello que es
nuestra forma y modo más ordinario de vivir; estudiar y analizar los grupos y las
necesidades en las que se desarrolla la intervención colectiva. La investigación-
acción desde esta óptica encierra un compromiso político e ideológico. Zúñiga
(1981:66) indica que «la investigación-acción es innovadora desde el punto de vista
científico sólo cuando es innovadora desde el punto de vista sociopolítico».

Completando esta propuesta metodológica, proponemos, desde la perspectiva


española de la misma, la definición de G. Pérez Serrano (1990:58), considerándola
como «un proceso circular de indagación y análisis de la realidad, en el que
partiendo de los problemas prácticos y desde la óptica de quien los vive,
procedemos a una reflexión y actuación sobre la situación problemática con objeto
de mejorarla, implicando en el proceso a los que viven el problema, quienes se
convierten en autores de la investigación».

En España podemos afirmar, como señala esta autora, que la Investigación-Acción


Participativa ha alcanzado una gran relevancia debido a una serie de circunstancias
políticas, económicas y sociales que le han propiciado un mejor y más rápido
desarrollo, al aportar elementos importantes no sólo para el cambio social sino
también para el cambio de las personas. En general, existen dos grandes ámbitos
de desarrollo de la investigación-acción: el vinculado al trabajo social, que es el que
nos ocupa, y el ámbito educativo.

La IAP puede considerarse como un proceso sistemático que lleva a cabo una
determinada comunidad para llegar a un conocimiento más profundo de sus
problemas y tratar de solucionarlos, intentando implicar a toda la comunidad en el
proceso. Podemos afirmar que la IAP es una combinación de investigación,
educación-aprendizaje y acción. Tiene como objetivo prioritario conocer y analizar
una realidad, así como sus elementos constitutivos: los procesos y los problemas;
la percepción que las personas tienen de ellos; las experiencias vivenciales dentro
de una situación social concreta con el fin de emprender acciones tendentes a

29
modificar esa realidad.

Modelo de Análisis de Necesidades

La intervención sistemática que se realice sobre una comunidad, sigue en su


proceso unas fases relacionadas con los resultados de esa intervención. Las
mismas se estructuran del siguiente modo:

— Análisis de las Necesidades de Intervención Socioeducativa (A.N.I.S.E):


El Análisis de Necesidades consiste en descubrir cuál es el problema y
comprenderlo lo suficiente como para poder resolverlo, distinguiendo con
claridad si es necesaria o no la intervención.

— Diseño o planificación de proyectos y programas: Si el problema puede


resolverse mediante programas de Intervención Socioeducativa, tendremos
que determinar objetivos claros y definidos en la fase de diseño. Una vez
establecidos estos, y en esta misma fase, se toman las decisiones en lo
referente a estrategias y tecnologías adecuadas. La planificación busca
determinar qué debe hacerse y hacia dónde ir.

— Implementación o puesta en práctica: Tratamos de poner a prueba las


soluciones de intervención que hemos desarrollado.

— Evaluación de la intervención y su impacto: Mediante la evaluación,


determinamos si el problema está resuelto y si ha desaparecido la razón por
la que se realizó toda la planificación. Igualmente buscamos información para
juzgar el valor del esfuerzo de intervención y el impacto y permanencia de las
estrategias adoptadas.

Es importante realizar una planificación sistemática antes de lanzarse a realizar


acciones de intervención. Por ello, la mejor intervención siempre debe comenzar
por identificar las necesidades que serán el hilo conductor de toda nuestra
intervención posterior. El trabajo del profesional de este tipo de intervención
consistirá en diseñar e implementar un sistema eficaz de acción que responda a las
necesidades de los individuos, grupos o comunidad a la que se dirige.

Como notas características del modelo de Análisis de Necesidades de Intervención

30
Socioeducativa (A.N.I.S.E.) podríamos señalar:

• Es un estudio sistemático antes de intervenir.

• Es un esfuerzo sistemático para identificar y comprender el problema.

• Es un análisis de discrepancias entre dónde estamos actualmente y dónde


deberíamos estar.

• Utiliza datos representativos de la realidad y de las personas implicadas.

• Es provisional, nunca es definitivo y completo.

• Las discrepancias se identifican en términos de resultados, no de procesos.

• Proporciona datos importantes para la generación de soluciones y toma de


decisiones.

El modelo A.N.I.S.E. pretende reunir todos los datos necesarios sobre una serie de
problemas vividos por un sector de población, para llegar a la adecuada toma de
decisiones sobre la implantación o no de un programa de intervención, así como
para determinar su amplitud, formular los objetivos a conseguir y fundamentar todo
el proceso de planificación e implementación y posterior evaluación.

Este modelo, propuesto por M.ª P. Pérez-Campanero (1994), profesora de


Pedagogía Social en la Universidad de Comillas, se compone de tres fases
fundamentales desarrolladas en 11 etapas, a saber:

a) Fase de Reconocimiento

• Identificar las situaciones desencadenantes del Modelo A.N.I.S.E.

• Seleccionar herramientas o instrumentos para la obtención de datos.

• Buscar fuentes de información: realizar el análisis de la comunidad,


determinar las personas implicadas y otras fuentes de información.

b) Fase de Diagnóstico

• Identificar la situación actual, en términos de resultados.

31
• Establecer la situación deseable, también en términos de resultados.

• Analizar el potencial, en términos de recursos y posibilidades.

• Identificar las causas de las discrepancias entre la situación actual y la


deseable, en términos de condiciones existentes y requeridas.

• Identificar los sentimientos que producen en los implicados esas


discrepancias.

• Definición del problema, en términos claros y precisos.

c) Fase de Toma de Decisiones

• Priorizar los problemas identificados.

• Proponer soluciones, evaluando su coste, impacto y viabilidad.

El Análisis de Necesidades y el Análisis de la Comunidad deben estar íntimamente


ligados. L.M Siegel y sus colaboradores (1987) reflejan con claridad la importancia
de esta unión. Para realizar un estudio de comunidad es preciso en primer lugar su
conocimiento físico, que nos llevará a la descripción de diversos aspectos referidos,
sobre todo, a cuestiones relacionadas con la educación y las tareas de la
intervención socioeducativa. Este análisis debe completarse con la interpretación y
las conclusiones procedentes de los datos recopilados.

En el estudio físico y descripción de la comunidad resultan muy ilustrativos algunos


de los aspectos reseñados en los estudios de G. Ponce de León (1985), C. Ward
(1986) y M. Marchioni (1987), de los que realizamos una síntesis y reelaboración:

• Entorno natural.

• Estudio de la población o de recursos humanos.

• Recursos económicos.

• Seguridad pública.

• Salud y sanidad.

32
• Recursos educativos.

• Prestación de servicios.

• Nivel de demanda socioeducativa.

Modelo de Planificación Integral

La Planificación Integral basada en la cooperación pública y privada es un


instrumento a disposición de los principales agentes institucionales, sociales y
económicos, para conseguir una adaptación innovadora del sistema de bienestar
social, para responder con eficacia y eficiencia a las actuales transformaciones,
originadas por los cambios en la estructura social, las nuevas demandas sociales y
los importantes cambios en la concepción del rol del sector público para poder
garantizar los derechos sociales de los ciudadanos.

En 1989, M. López-Cabanas y A. Gallego presentaron el trabajo Los Servicios


Sociales Generales: eje coordinador de programas integrales de bienestar social,
que puede considerarse como una de las primeras propuestas de modelo de
Planificación que, partiendo de los Servicios Sociales Generales o Comunitarios,
sientan las bases de las planificaciones integrales.

Estos autores consideran que, para aumentar el bienestar social y la calidad de vida
de todos los ciudadanos, es necesario decantarse por planificaciones que integren
el conjunto de acciones que desarrollan la política social, entendida en un sentido
amplio. Todos los Sistemas de Protección Social están estrechamente relacionados
entre sí. El individuo debe ser considerado de forma global, especialmente en el
nivel de atención primaria o comunitario. Esta perspectiva de abordaje global lleva
a la necesidad de coordinar las acciones de los distintos niveles primarios que
actúan en una misma comunidad local, premisa previa de las planificaciones
integrales.

Toda iniciativa de intervención integral, deberá prever en su estrategia básica líneas


orientadas a promover una especie de sinergia de todos los actores y agentes
sociales, en el sentido amplio de este calificativo, en torno a aquellos objetivos
comunes que, casi siempre definidos a largo plazo, vendrán a circunscribir un
proceso de promoción de la competencia local y de mejora de las condiciones de

33
vida de los diferentes grupos y colectivos.

El modelo integrador propuesto por M. López-Cabanas y A. Gallego (1989) sugiere


considerar conjuntamente tres ejes en la planificación integral: el de las situaciones
de necesidad propias de los Servicios Sociales; el de los colectivos o sectores de
población y el de los Sistemas de Protección Social.

El modelo de Planificación Integral está concebido en la perspectiva de potenciar y


asegurar la sociedad del bienestar. Parte de un presupuesto básico: la existencia
de un Sistema de Servicios Sociales articulado, formado por una multiplicidad de
organizaciones públicas y privadas implicadas en la acción social.

El interés fundamental se centra en conseguir que las organizaciones implicadas


actúen de una forma más cooperativa, manteniendo una visión del conjunto y
creando las circunstancias en las que los intereses comunes se perciban como más
importantes que los intereses en conflicto.

Por tanto, la eficacia y la eficiencia se deberán referir a la habilidad de crear un


entorno viable para conseguir la coordinación entre organizaciones implicadas en
la producción del bienestar, de formular diagnósticos consensuados sobre los
problemas y gestionar el cambio estructural a través de redes complejas de
organizaciones.

Se trata de elaborar un proyecto de futuro para el conjunto del territorio, de amplio


consenso, que constituya un marco de referencia común a la iniciativa pública y
privada y que establezca a partir de su elaboración, un sólido sistema de
cooperación pública y privada. La planificación integral estará basada en los
siguientes principios metodológicos: globalidad, integración, participación y
coordinación.

De estos principios se derivan las características definitorias de las planificaciones


integrales:

• Conciben la realidad social como una compleja red de decisión.

• Consideran las especificidades locales referidas a un contexto más amplio


(regional, nacional, comunitario e internacional).

34
• Potencian el desarrollo endógeno del territorio.

• Precisan y fomentan la participación de los agentes sociales implicados.

La coordinación ya no es sólo un elemento de la gestión, sino que la coordinación


es la gestión misma. Coordinación y cooperación entre las administraciones
públicas y las organizaciones de iniciativa social, como mecanismo de gestión, de
creación de sinergias, que permita alcanzar mejores niveles de respuesta a las
necesidades, demandas y expectativas de los ciudadanos.

La cooperación, la promoción de la participación y la responsabilidad de la sociedad


civil, no supone en ningún caso una coartada para reducir el esfuerzo público sino
para conseguir mejorar la capacidad y la calidad de la respuesta.

Entre los nuevos roles y responsabilidades que debemos asumir para ser
promotores de esa coordinación estarían:

• Tener una visión del desarrollo futuro: Promover el establecimiento de


diagnosis consensuadas sobre los retos del futuro y definir unos objetivos
generales, a través de un proceso participativo, no jerárquico, manteniendo
la visión de lo global.

• Fortalecer a los agentes/actores locales evitando la tentación de una


cooperación clientelar o instrumental.

• Coordinar los servicios de bienestar social: Para el desarrollo integral de un


territorio es básica la coordinación de los servicios de bienestar social y la
promoción económica entre sí y para ello es preciso identificar los objetivos
sociales a los que su acción coordinada y concertada debe dar cumplimiento.

• Ser innovador, apoyar la experimentación de nuevas técnicas y tecnologías


de intervención social.

• Organizar los servicios sociales en red: Los servicios colectivos en un


territorio no sólo deben ser eficaces y eficientes en sí mismos, sino en
conjunto, por ello deben ser complementarios en sus acciones y tener un
desarrollo sinérgico.

35
El modelo de Planificación Integral fue desarrollado de manera pionera en Europa
en la ciudad de Barcelona en el Plan Integral de Servicios Sociales, que en la
actualidad se encuentra en ejecución. Actualmente se está desarrollando diferentes
experiencias en otras Comunidades Autónomas.

En resumen, podemos señalar que las características más sobresalientes de este


modelo de Planificación Integral son:

• Tiene en cuenta explícitamente el entorno que nos afecta y que no podemos


controlar directamente desde el interior del territorio o región.

• Se fundamenta en el análisis D.A.F.O. (Debilidades, Amenazas, Fortalezas


y Oportunidades) como conclusión a los trabajos de diagnóstico.

• Define una pluralidad de escenarios previsibles, del que uno de ellos o una
combinación coherente de las posibilidades hará más deseable.

• Se fundamenta en la cooperación pública y privada para definir el futuro y


diseñar las acciones a emprender.

• Se basa en el acuerdo y consenso en definir el futuro deseable y posible,


así como los proyectos clave.

• El Plan Estratégico es un Plan de Acción concertado entre los agentes


públicos y privados con capacidad de intervención y transformación en el
territorio.

• Define un proceso de participación social amplio y ordenado.

En este sentido, los beneficios que se esperan obtener de un Plan Integral son:

• Establecimiento de prioridades de acción, a partir de una visión global de


los temas sociales.

• Aumento de la objetividad al eliminar los tópicos.

• Identificación del uso más efectivo de los recursos económicos y sociales.

• Creación de una cultura estratégica común.

36
• Mejorar la colaboración entre el sector público y privado.

• Promover la participación ciudadana y su implicación en los procesos de


gestión de la calidad de vida de los ciudadanos.

Las intervenciones de carácter integral deben observar como punto de partida los
puntos fuertes y los puntos débiles en los siguientes ámbitos de actuación:

• Aspecto demográfico: Es preciso tener en cuenta las perspectivas


demográficas más significativas.

• Economía de la zona: Para la intervención en el ámbito socioeconómico hay


que conocer las posibilidades económicas en función de los recursos
endógenos.

• Protección social: Tener conocimiento de la cobertura territorial de los


sistemas de protección, su coordinación y sus recursos.

• Infraestructura: Es necesario conocer la adecuación o no de las dotaciones


y equipamientos cívicos a las necesidades de la población.

• Participación social: Conocer los mecanismos de participación de la


sociedad, su eficacia y su coordinación.

• Convivencia: Tener conocimiento de la existencia o no de problemas de


integración y convivencia dentro de la población.

Las directrices generales que deben orientar la intervención en el ámbito local son
las siguientes:

• La coordinación intersectorial e interinstitucional, favoreciendo el


protagonismo de las corporaciones locales.

• La promoción de plataformas de participación social de cara a favorecer el


desarrollo endógeno y elevar el nivel de identidad con la zona.

• La coordinación entre los servicios sociales, de salud, educación, empleo,


etc. para conseguir una respuesta global a las necesidades que sea más
eficaz.

37
• La orientación a la formación y la promoción de colectivos en proceso o en
riesgo de exclusión social como medio de estimulación del tejido social
amplio.

• La coordinación de los agentes económicos en función del desarrollo de


iniciativas empresariales endógenas y vinculando la atención social al
desarrollo socioeconómico.

Siguiendo a J.M. Pascual i Esteve (1996:49-54), las fases de un Plan Integral son:

• Organización: Se precisa definir los órganos de dirección y coordinación del


Plan (Comisión Permanente o Directiva, Consejo Plenario) y los órganos de
participación ciudadana (Comisiones de Participación), como estructura fija
del Plan. La estructura organizativa variable generalmente son las
comisiones de diagnóstico y de elaboración de objetivos.

• Diagnóstico: Análisis tanto cuantitativo como cualitativo, interno como


externo del sistema de bienestar social, cuyas conclusiones principales se
sintetizarán, siguiendo la metodología de la planificación integral, en un
análisis DAFO (Debilidades, Amenazas, Fortalezas y Oportunidades). Los
análisis deben hacerse tanto desde la perspectiva cuantitativa como
cualitativa.

• Definición del objetivo central y de las líneas estratégicas: A partir de la


identificación de los escenarios previsibles, se establecerá un proceso de
reflexión para definir el sistema posible más deseable, así como para
identificar los principales caminos o líneas estratégicas para alcanzarlo.

• Elaboración de objetivos y medidas más importantes para cada una de las


líneas estratégicas, atendiendo a un mínimo de criterios de priorización. Los
objetivos del Plan deberán contemplar como mínimo las siguientes áreas:

— Intervenciones con relación a las estructuras sociales y económicas, y los


diferentes sectores de actuación, para consolidar avances y reducir
retrocesos en la mejora de las oportunidades sociales.

— Organización de la cooperación pública y privada.

38
— Dotación y gestión de los recursos humanos y materiales.

— Interrelación de los servicios sociales con el conjunto de sistemas de


bienestar social, desarrollo económico y ocupación, para conseguir una
acción integral y globalizadora.

A partir de la aprobación del objetivo central y las líneas estratégicas se constituirán


las Comisiones de Elaboración de Objetivos. Las diferentes Comisiones aportarán
sus propuestas de objetivos para concretar cada una de las líneas estratégicas del
Plan. Estas propuestas de objetivos serán priorizadas en las propias Comisiones.

La elaboración de los objetivos de línea deberá hacerse explicando el compromiso


de acción de las entidades competentes en la impulsión o realización de los
mismos. En un plan de acción no pueden figurar objetivos en los que no hay un
compromiso mínimo de impulsión de los mismos por parte de las entidades
competentes.

Los objetivos que constituyan finalmente el Plan deberán ser objeto de una
especificación en la que conste:

• Descripción: qué se pretende con ese objetivo.

• Justificación del objetivo, en función de los problemas que intente resolver


o las oportunidades que quiera aprovechar.

• Presupuesto estimado y posibles fuentes de financiación

• Identificación de las instituciones/entidades que deberán responsabilizarse


de su ejecución.

• Selección de indicadores de gestión para el cumplimiento de los objetivos.

Pero lo que diferencia esta metodología de otras propuestas es que las fases
mencionadas no constituyen etapas o fases que se suceden una tras otra, como si
se tratara de un proceso lineal, sino que son operaciones, que, aunque se
diferencian por los objetivos que persiguen, se desarrollan simultánea y
complementariamente en el tiempo. Resulta imprescindible que las cuatro
operaciones tengan un desarrollo paralelo, puesto que los resultados de cada una

39
de ellas repercuten en el resto. Digamos que son cuatro elementos que constituyen
una unidad funcional de forma tal que la actividad que genera afecta a los demás
elementos componentes del proceso.

Modelo Ecosistémico

El modelo ecológico, desarrollado fundamentalmente a partir del modelo propuesto


en la obra de U. Bronfenbrenner (1979), Ecología del desarrollo humano, referido
en España por Ripoll (1988,1992), entre otros autores, ofrece una comprensión de
la compleja y permanente interacción de las personas con sus ambientes más o
menos inmediatos, donde integrar la estructura y dinámica de las redes sociales y
las transacciones de apoyo que se generan en éstas.

Sus investigaciones interculturales le hicieron reflexionar sobre la capacidad del ser


humano de adaptación, tolerancia y creación de ecologías en las que vive y se
desarrolla.

U. Bronfenbrenner concibe el ambiente como un conjunto de estructuras seriadas.


El nivel más interno de estas estructuras lo forman los entornos inmediatos que
contienen a la persona, llamados microsistemas (familia, escuela, trabajo, barrio...).
En el siguiente nivel se sitúan las relaciones entre esos entornos inmediatos de la
persona, que formarían el mesosistema. En el tercer nivel se sitúan los entornos
donde la persona no está presente, pero es influida por ellos, nivel de exosistema
y en el cuarto nivel se sitúan los factores socioeconómicos y culturales de tipo
macrosocial, que constituiría el macrosistema.

Garbarino (1983) ubica las redes sociales en el mesosistema. Las redes sociales
desde este punto de vista se formarían a partir de las interconexiones de los
distintos microsistemas (familia, vecinos, amigos, compañeros de trabajo...).

40
El modelo ecológico supone una herramienta conceptual que permite integrar
conocimientos, examinarlos con una perspectiva particular, elaborar nuevas
hipótesis y brindar un encuadre teórico a partir del cual se puedan elaborar
estrategias de intervención en la comunidad (Cannon, 1992).

La orientación ecológica en la intervención comunitaria tiene por objeto de trabajo


la interacción de la persona y su ambiente. A la persona se la ve en permanente
desarrollo y se concibe éste como un cambio perdurable en el modo en que el
individuo percibe su ambiente y se relaciona con él. Los distintos ambientes
definidos en el modelo ecológico son a su vez sistemas, funcionando como tales,
en los cuales el ser humano es un elemento más.

Los modelos ecosistémicos describen los procesos adaptativos e inadaptativos de


las personas y los factores situacionales e individuales que median en esos
procesos. Dohrenwend (1974,1978) definió como factores situacionales
moderadores del estrés y predictores de adaptación, la presencia de recursos
materiales y de una red de apoyo social y como factores psicológicos, las
aspiraciones, valores y competencias personales.

W.B. Cannon (1992) integra los postulados de esta autora en la perspectiva


ecosistémica y describe los factores que pueden variar los procesos de adaptación
de las personas. Estos son:

• Calidad de los microsistemas.

• Explotación adecuada de los microsistemas.

• Estabilidad de los microsistemas.

• Competencias y habilidades de los roles requeridos en los

microsistemas.

• Competencias cognoscitivas y la estima de sí mismo.

• Predisposiciones biológicas.

La perspectiva ecosistémica nos permite conocer las interacciones entre los

41
microsistemas de las personas y, por tanto, dónde y cómo surgen las redes de
apoyo social, cómo funcionan y qué papel podemos jugar los profesionales en y
con ellas (Garbarino, 1985).

A veces, la idea de trabajar en la comunidad y en lo comunitario parece perderse


en la complejidad, la imprecisión y la idealización, características sobre las que
diversos autores han reflexionado (Rueda, 1989; Malagón, 1989; Canals, 1992).

La intervención comunitaria se caracteriza, entre otros aspectos, por la


incorporación de los recursos naturales de las personas, familias y grupos de una
comunidad, en los procesos de resolución y prevención de los problemas sociales.
Y se llena de sentido si incorporamos la importancia que el apoyo social tiene en la
salud y el bienestar, las transiciones vitales y las situaciones de crisis; nos situamos
desde el marco ecológico desarrollando trabajos de redes sociales tanto desde un
punto de vista individual-familiar como desde un punto de vista comunitario
(entramado de redes), en una determinada población. Elaborando estrategias
concretas que potencien, creen o complementen esos recursos naturales estamos
trabajando en los distintos niveles de la intervención comunitaria e incidiendo desde
cualquiera de estos en los demás niveles.

Los profesionales de los Servicios Sociales tendrían que utilizar con más frecuencia
los sistemas de ayuda natural de las personas y los grupos con que trabajan. El
concepto de red social se considera un concepto clave en una nueva perspectiva
de trabajo que incorpore el conjunto de relaciones sociales de las personas, desde
las que se puedan valorar los sistemas de ayuda natural de éstas.

Los modelos ecosistémicos se consideran el marco teórico integrador del concepto


de red social, al que añaden la dimensión contextual. El análisis del funcionamiento
de las redes sociales y de su función de apoyo ofrece las bases para el trabajo
individual, familiar, grupal o comunitario, al que denominan «estrategias de
intervención comunitaria basadas en redes sociales» (Villalba, 1993:69-85) En
términos generales, el trabajo de redes se puede definir como un proceso de
mediación con un objetivo determinado en el que vinculamos a dos, tres o más
personas, ayudando a que se establezcan lazos importantes y reacciones en
cadena entre ellas. El planteamiento de intervención con redes desde Servicios

42
Sociales se puede considerar un enfoque global de trabajo desde la perspectiva
ecológica que abarca tanto la intervención individual y familiar como la grupal y
comunitaria. El trabajo con redes requiere la distinción de tres fases:

— Identificación de la red social. Es un proceso subjetivo de reconocimiento


de las relaciones importantes que existen en la vida de una persona.

— Análisis de la red social. Es un proceso de valoración de la cantidad, tipo


y funciones de relaciones de apoyo y de las tensiones y conflictos con y entre
esas relaciones referidas a una persona (Villalba, 1993). Considerar la red
como el sistema de ayuda natural más próximo a la persona, pero no el único,
y saber analizar sus descompensaciones, sobrecargas, rigideces, conflictos,
supone enfocar la intervención psicosocial desde una perspectiva
ecosistémica. La profesora Villalba propone utilizar la técnica del mapa de
red en esta fase.

— Intervención en las redes. En esta fase, la profesora Villalba propone los


destinatarios prioritarios, los criterios para la intervención en redes en
servicios sociales y las estrategias de intervención. Este modelo plantea que
la intervención se ha de producir prioritariamente desde el nivel comunitario
o generalista, de base ecosistémica y mediante un equipo interprofesional
que asuma como principio de la auto responsabilización de los individuos,
grupos y comunidades en su propio desarrollo.

Por último, señalar las aportaciones de la profesora S. Navarro (1996:48-71) que


plantea un enfoque alternativo en la intervención con familias desde la comunidad.
Para esta autora, pensar e intervenir con las familias en clave comunitaria reclama,
por parte de los profesionales, un cambio en nuestra mirada, un cambio en nuestra
escucha.

Sólo cuando la familia existe para nosotros como una realidad vinculada al contexto
donde vive, es cuando la comunidad emerge como un universo de relaciones
capaces de transformarse en fuerzas posibilitadoras de apoyo y cambio. La
comunidad se convierte así en escenario y sujeto a la vez de una acción que,
reconociendo el protagonismo de las familias y a partir de las relaciones sociales y
de la articulación de los diferentes sistemas de apoyo social (formal e informal), va

43
minuciosamente entretejiendo itinerarios diversos de ayuda.

Desde esta perspectiva el reto que se nos plantea es: los procesos socioeducativos
y de cambio a impulsar a partir de nuestra intervención, deben estar en estrecha
sintonía con lo que la comunidad y las familias necesitan y quieren. Nuestra
competencia profesional es también la competencia de la comunidad; los
profesionales seremos eficaces en la medida en que ayudemos a la comunidad a
ser auto eficaz, a ayudarse a ella misma, a reconocerse como tal.

Evidentemente, plantearse dar a las familias, desde nuestros servicios, respuestas


con un alto contenido ecológico pasa indefectiblemente por el hecho de que éstos
se impliquen en verdaderos procesos de inmersión en la comunidad. Para ello
deberán contemplarse estrategias adecuadas de implantación a partir de las cuales
se establezcan procesos de comunicación fluidos y constantes entre el sistema
organización y el sistema comunidad. Sólo así será posible sintonizar nuestras
respuestas con las necesidades y problemas de la comunidad y de las familias que
en ellas viven.

En esta difícil, pero necesaria labor, los profesionales tienen un rol fundamental
como mediadores y facilitadores de estos procesos de acercamiento y ajuste. Es
más, este enfoque tiene la virtud de ser reclamo inexcusable de las relaciones
interprofesionales y de las imprescindibles labores de coordinación.

1.2 Investigación Acción Participativa

La finalidad de la (IAP) Investigación Acción Participativa, es que el profesional de


trabajo social, que va a intervenir en la comunidad cuente con las herramientas
necesarias que le den una acción transformadora al proyecto que va a ejecutar,
para ello debe de conocer y saber aplicar las (IAP) de forma correcta, que le permita
involucrarse y ser parte de la comunidad y así poder contar con las personas que
residen en ese lugar. La investigación es la primera etapa que enfrenta un
trabajador social para ejecutar un proyecto, “el planteamiento general de la
investigación debe responder fundamentalmente a las siguientes cuestiones: ¿Para
quién y para qué se hace? ¿Quién lo hace? ¿Por qué? ¿Cómo? ¿Cuándo?” (Marti,
2000), y de ahí poder partir, para empezar a recolectar la información, pero siempre
teniendo en cuenta que esa información la debemos obtener de los habitantes de

44
la comunidad.

Dentro de la intervención comunitaria lo principal, la actividad principal es involucrar


a los actores sociales (habitantes) para que sean parte del proyecto y veedores
durante su ejecución, haciendo énfasis en que los resultados de la correcta
aplicación serán beneficiosos para los pobladores de dicha comunidad y por esos
se requiere de la participación y voluntad de cambio de todos los involucrados. “El
arte comunitario se distingue por su naturaleza colaborativa. En los proyectos, el
artista interviene involucrando a la comunidad en el proceso de creación y de
ejecución de las obras”. (Moreno, 2016, p.19)

TRANSITAR HISTÓRICO DE LA INVESTIGACIÓN-ACCIÓN PARTICIPATIVA


(IAP)

La IAP constituye una opción metodológica de mucha riqueza, ya que, por una
parte, permite la expansión del conocimiento, y por la otra, genera respuestas
concretas a problemáticas que se plantean los investigadores y coinvestigadores
cuando deciden abordar una interrogante, temática de interés o situación
problemática y desean aportar alguna alternativa de cambio o transformación, y así
lo reconoce Miguel Martínez (2009, p. 28) cuando afirma: “el método de la
investigación-acción tan modesto en sus apariencias, esconde e implica una nueva
visión de hombre y de la ciencia, más que un proceso con diferentes técnicas”.

Según Miguel Martínez (2009, p. 240), la investigación-acción ha tomado dos


vertientes: una más bien sociológica desarrollada principalmente a partir de los
trabajos de Kurt Lewin (1946/1992, 1948), Sol Taxi (1958) y Fals Borda (1970), y
otra más específicamente educativa, inspirada en la ideas y prácticas de Paulo
Freire (1974), Hilda Taba (1957), Lawrence Stenhouse (1988), John Elliot (1981,
1990) y otros. Ambas vertientes han sido exitosas en sus aplicaciones.

El desarrollo de la tendencia sociológica en Latinoamérica tiene su principal


representante en el insigne sociólogo Fals Borda (1925-2008), quien dedicó
gran parte de su vida al estudio de comunidades campesinas y cuyos
hallazgos son reportados en la literatura que dejó como legado para su país
y el resto de Latinoamérica y también de Europa, continente donde es
reconocido por sus importantes aportaciones al crecimiento y proyección de

45
esta metodología. En uno de sus artículos publicados en la revista Peripecias
(2008), este autor destaca que la concreción de la IAP tuvo su clímax en el I
Simposio Mundial de Investigación Activa realizado en Cartagena (Colombia) en
1977, y considera que constituyó un encuentro fructuoso y de estimulante
intercambio cultural.

En ese importante evento, según Fals Borda (2008, p. 3), se definió así a la
investigación participativa:

Una vivencia necesaria para progresar en democracia, como un complejo de


actitudes y valores, y como un método de trabajo que dan sentido a la praxis en el
terreno. A partir de aquel Simposio, había que ver a la IP no sólo como una
metodología de investigación sino al mismo tiempo como una filosofía de la vida
que convierte a sus practicantes en personas el terreno. Y de allí en adelante,
nuestro movimiento creció y tomó dimensiones universales.

Igualmente, Fals Borda destaca que en ese evento ya estaban delineadas las dos
tendencias de investigación-acción, una que él denominó activista, representada
por el contingente latinoamericano, y la otra representada por los investigadores y
educadores canadienses.

En relación con la tendencia educativa, en ella se han desarrollado algunas


denominaciones, tales como investigación-acción participativa, educativa,
pedagógica, en el aula, dependiendo de los autores que las practiquen.

RASGOS DISTINTIVOS

La investigación-acción participativa o investigación-acción es una metodología


que presenta unas características particulares que la distinguen de otras
opciones bajo el enfoque cualitativo; entre ellas podemos señalar la manera
como se aborda el objeto de estudio, las intencionalidades o propósitos, el
accionar de los actores sociales involucrados en la investigación, los diversos
procedimientos que se desarrollan y los logros que se alcanzan.

En cuanto al acercamiento al objeto de estudio, se parte de un diagnóstico inicial,


de la consulta a diferentes actores sociales en búsqueda de apreciaciones, puntos
de vista, opiniones, sobre un tema o problemática susceptible de cambiar.

46
En palabras de Miguel Martínez (2009, p. 239), “analizando las investigaciones en
educación, como en muchas otras áreas, se puede apreciar que una vasta mayoría
de los investigadores prefieren hacer investigaciones acerca de un problema, antes
que investigación para solucionar un problema”, y agrega que la investigación-
acción cumple con ambos propósitos.

Por su parte, Antonio Latorre (2007, p. 28) señala que la investigación-acción se


diferencia de otras investigaciones en los siguientes aspectos:

a) Requiere una acción como parte integrante del mismo proceso de


investigación.

b) El foco reside en los valores del profesional, más que en las


consideraciones metodológicas.

c) Es una investigación sobre la persona, en el sentido de que los


profesionales investigan sus propias acciones.

Igualmente, señala Antonio Latorre que las metas de la investigación-acción son:


mejorar y/o transformar la práctica social y/o educativa, a la vez que procurar una
mejor comprensión de dicha práctica, articular de manera permanente la
investigación, la acción y la formación; acercarse a la realidad vinculando el cambio
y el conocimiento, además de hacer protagonistas de la investigación al
profesorado.

Asimismo, los actores sociales se convierten en investigadores activos,


participando en la identificación de las necesidades o los potenciales problemas por
investigar, en la recolección de información, en la toma de decisiones, en los
procesos de reflexión y acción. En cuanto a los procedimientos, se comparten
discusiones focalizadas, observaciones participantes, foros, talleres, mesas de
discusión, entre otros.

Formas de organizar la investigación (fases, etapas, momentos, ciclos)

Los investigadores que siguen esta metódica han diseñado una serie de pasos,
etapas, momentos o fases, que difieren en sus denominaciones; no obstante, su
esencia sigue las orientaciones fundacionales que nos dejó Kurt Lewin, en su

47
clásico triángulo investigación acción-formación.

Las fases implican un diagnóstico, la construcción de planes de acción, la ejecución


de dichos planes y la reflexión permanente de los involucrados en la investigación,
que permite redimensionar, reorientar o replantear nuevas acciones en atención a
las reflexiones realizadas.

A continuación, esbozo algunas clasificaciones que pueden servir de referentes.


Lewin presenta lo que denomina ciclos de acción reflexiva: planificación, acción y
evaluación de la acción. Por su parte, Stephen Kemmis (1988) organiza dos ejes,
que denomina estratégico, que comprende acción y reflexión; y organizativo, que
implica la planificación y la observación, ambos incluidos en cuatro fases o
momentos interrelacionados e identificados como planificación, acción,
observación y reflexión. Para Pérez Serrano (1998), los pasos o etapas para el
acercamiento con la metodología investigación-acción se inician con el diagnóstico
de una preocupación temática o problema; luego, la construcción del Plan de
Acción, la puesta en práctica del referido plan y su respectiva observación, la
reflexión e interpretación de resultados y la replanificación, si fuera necesaria.

La Fase I, relacionada con descubrir una preocupación temática, se puede llevar a


cabo con la búsqueda de testimonios, aportes y consideraciones de los
investigadores interesados en la misma; además, con la práctica de un diagnóstico
planificado y sistemático que permita la recolección de la información necesaria
para clarificar dicha temática o problemática seleccionada. Al respecto, Antonio
Latorre (2007, p. 41) señala que esta metodología de investigación conlleva
“establecer nuevas relaciones con otras personas. Así pues, conviene desarrollar
algunas destrezas respecto a saber escuchar a otras y otros, saber gestionar la
información, saber relacionarse con otras personas, saber implicarlas en la
investigación y que colaboren en el proyecto”.

La co-construcción del plan de acción, como Fase II, implica algunos encuentros
con los interesados, a fin de delinear las acciones acordadas por consenso que el
grupo considere más acertadas para la solución de la situación identificada o los
problemas existentes en un área de conocimiento, en una comunidad, una
organización, en fin, en una realidad seleccionada.

48
La Fase III se corresponde con la ejecución del plan de acción que previamente se
ha construido y que representa las acciones tendientes a lograr las mejoras, las
transformaciones o los cambios que se consideren pertinentes.

Por último, pero no menos importante, ni de carácter terminal, la Fase IV comprende


procesos de reflexión permanente, durante el desarrollo de la investigación,
además de la sistematización, codificación, categorización de la información, y la
respectiva consolidación del informe de investigación que da cuenta de las
acciones, reflexiones y transformaciones propiciadas a lo largo de la investigación.

Es necesario resaltar que, en los estudios desarrollados bajo esta metodología, tal
como lo señala Miguel Martínez (2009, p. 240),

[…] los sujetos investigados son auténticos coinvestigadores,


participando activamente en el planteamiento del problema que va a
ser investigado (que será algo que les afecta e interesa profundamente),
en la información que debe obtenerse al respecto (que determina todo
el curso de la investigación), en los métodos y técnicas que van a
ser utilizados, en el análisis y en la interpretación de los datos y en
la decisión de qué hacer con los resultados y qué acciones se
programarán para su futuro.

Desde estos planteamientos de Miguel Martínez, y en los cuales coinciden varios


seguidores, se muestra una de las grandes diferencias que caracterizan esta visión
metodológica, en la cual los actores sociales investigados se constituyen en
investigadores activos de sus propias acciones, con la intencionalidad de
conocerlas, interpretarlas y transformarlas. Ellos participan en los diferentes
procesos, en la toma de decisiones y en las acciones concretas que se van a
desarrollar durante la investigación; además, los frutos de la investigación se
convierten a su vez en insumos para mejorar y/o transformar sus propias prácticas
sociales o educativas.

Al respecto, son bien pertinentes las palabras de Miguel Martínez (2009, p. 243)
cuando, al referirse a la epistemología de la investigación-acción, destaca lo
siguiente:

49
La ciencia social crítica busca hacer a los seres humanos más
conscientes de sus propias realidades, más críticos de sus posibilidades
y alternativas, más confiados en su potencial creador e innovador, más
activos en la transformación de sus propias vidas, en una palabra, más
autorrealizados como tales; sin embargo, es consciente de su función,
y por tanto, trata al mismo tiempo de respetar su libertad y de ayudarlos
pero no sustituirlos en sus decisiones, para que sean ellos los forjadores
de su propio destino.

INTEGRACIÓN DEL CONOCIMIENTO Y LA ACCIÓN A TRAVÉS DE LA IAP

En líneas anteriores se señalan las intencionalidades, los propósitos y las metas


por lograr mediante un estudio delineado bajo la modalidad de investigación-acción
participativa. En estos aspectos subyace el fundamento central de esta
metodología para la construcción del conocimiento y la consecuente acción, con
miras a generar procesos autorreflexivos profundos en los actores sociales
participantes.

La IAP es un método en el cual participan y coexisten dos procesos: conocer


y actuar; por tanto, favorece en los actores sociales el conocer, analizar y
comprender mejor la realidad en la cual se encuentran inmersos, sus
problemas, necesidades, recursos, capacidades, potencialidades y limitaciones;
el conocimiento de esa realidad les permite, además de reflexionar, planificar
y ejecutar acciones tendientes a las mejoras y transformaciones significativas
de aquellos aspectos que requieren cambios; por lo tanto, favorece la toma
de conciencia, la asunción de acciones concretas y oportunas, el
empoderamiento, la movilización colectiva y la consecuente acción
transformadora.

En cada proyecto de IAP, según Eizagirre y Zabala (s. f., p. 1), sus tres
componentes se combinan en proporciones variables:

a) La investigación consiste en un procedimiento reflexivo, sistemático,


controlado y crítico que tiene por finalidad estudiar algún aspecto de la
realidad con una expresa finalidad práctica. b) La acción no sólo es la
finalidad última de la investigación, sino que ella misma representa una

50
fuente de conocimiento, al tiempo que la propia realización del estudio es en
sí una forma de intervención. c) La participación significa que en el proceso
están involucrados no sólo los investigadores profesionales, sino la
comunidad destinataria del proyecto, que no son considerados como simples
objetos de investigación sino como sujetos activos que contribuyen a
conocer y transformar su propia realidad.

Cifuentes (2011) reconoce que Fals Borda es uno de los principales representantes
de la metodología IAP; señala que él propuso que el conocimiento debe transformar
la realidad, hacerse más pertinente en relación con un método de trabajo educativo
renovador, con fundamentos de creatividad y diálogo. Agrega que Fals Borda
afirmó que desde la investigación y acción social se pueden promover procesos
permanentes de construcción del conocimiento con rigor, elaborando instrumentos
y exigiendo continuidad (evaluación, control, seguimiento). Asimismo, destaca
que María Cristina Salazar (2006) identifica que la IAP se ha establecido como
concepto, metodología y filosofía de transformación y aprendizaje; una nueva visión
de la sociedad, el conocimiento y la ciencia; trabajando y aprendiendo en acciones
de tipo colectivo, se logra una mejor posibilidad de transformación de una situación
(p. 57).

Por su parte, señala Cifuentes (2011) que la IAP combina la acción con el
conocimiento, pues “el conocimiento válido se genera en la acción” (p. 38); propicia
la contextualización de las prácticas sociales, su explicación dialéctica y global
desde diferencias identificadas en forma participativa. Ubicadas dentro de la
concepción de conocimiento dialéctico (acción, reflexión, teoría, praxis social), las
técnicas son instrumentos, no fines.
1.3 Tratado especial de la Investigación Acción Participativa

La vitalidad que ha cobrado en la última década la inclusión de la participación


comunitaria en la implementación de estrategias de desarrollo local, ha hecho
revalidar las ideas fuerza que caracterizaron las metodológicas participativas
desde principios de la década del 60, en tanto éstas han mostrado su viabilidad
en descubrir y entender el conocimiento y el saber local (ya sea en torno a lo
productivo como a lo cultural), como claves para la sustentabilidad de los
proyectos de intervención, así como para fortalecer el empoderamiento de los

51
sectores marginados social, política y económicamente, asegurando así su
validación como sujetos de derechos y actores de su desarrollo.

El presente texto intentará revalidar la Investigación Acción Participativa (IAP) como


herramienta que permite crear vínculos virtuosos de reflexión- diálogo- acción-
aprendizaje entre las personas y agentes externos interesados en promover
acciones para el desarrollo y el empoderamiento socio político de las comunidades
y grupos que se representan como marginados de los beneficios sistémicos.

Si bien la discusión en torno a las metodologías participativas deriva en diversas


expresiones o formas de intervención social (educación de adultos, diagnósticos
participativos, planificación participativa, etc.), aquí se intentará enfocar la IAP
como instrumento útil para los procesos de discusión e implementación de la
políticas y programas sociales, en tanto se plantea que las percepciones y
representaciones que tienen los sujetos involucrados acerca de sus condiciones
de existencia y de desarrollo, y su involucramiento a partir de una acción directa
para solucionarlas, posibilita en gran medida el éxito y la sustentabilidad de la
intervención.

Una mirada a los objetivos y principios de la IAP

Como toda idea y concepto, el tratamiento que se ha hecho de la Investigación


Participativa se ha ido reconfigurando según las transformaciones contextuales en
que se insertan quienes las sustentan. No obstante, se han mantenido tres
elementos que le son centrales: a) el ser una metodología para el cambio; b) el
fomentar la participación y autodeterminación da las personas que la utilizan, y c)
ser la expresión de la relación dialéctica entre conocimiento y acción. Estos
elementos, en su conjunto, la presentan como una herramienta útil de apropiación
y de alteración de la realidad para quienes no poseen esa facultad.

La IAP en América Latina emergió a principios de los años sesenta en el marco de


la denominada modernización social y se insertó en el proceso de la planificación
social y educativa. Hacia fines de la misma década y durante los 70 adquiere fuerza
específica al ser vinculada desde las Ciencias Sociales - como expresión de la
inserción y el compromiso de los intelectuales- con los movimientos populares y los
procesos de transformación política. En los ochenta se revitalizó en un contexto

52
donde predominaban regímenes dictatoriales, o se iniciaban procesos de
democratización, y en donde se consolidaban estilos de desarrollo concentradores
y excluyentes; y finalmente, en nuestros días vuelve a ser instalada como
mecanismo que, a través de la participación, reproduce gobernabilidad y facilita
procesos de desarrollo e integración social.

En estos días, por lo tanto, podríamos entender a la IAP como un proceso


metodológico que, rompiendo los moldes de la investigación tradicional, conjuga
las actividades del conocimiento de la realidad mediante mecanismos de
participación de la comunidad, para el mejoramiento de sus condiciones de vida.
En su conjunto se configura como una herramienta de motivación y promoción
humana, que permitiría garantizar la participación activa y democrática de la
población, en el planeamiento y la ejecución de sus programas y proyectos de
desarrollo.

En este sentido, para Hall (1983) el "proceso de investigación debe estar basado
en un sistema de discusión, indagación y análisis, en el que los investigados formen
parte del proceso al mismo nivel que el investigador. Las teorías no se desarrollan
de antemano, para ser comprobadas o esbozadas por el investigador a partir de un
contacto con la realidad. La realidad se describe mediante el proceso por el cual
una comunidad crea sus propias teorías y soluciones sobre sí misma".

Entonces y en base a la basta literatura sobre el tema, podríamos plantear como


objetivo de la IAP.

• Promover la producción colectiva del conocimiento rompiendo el monopolio


del saber y la información, permitiendo que ambos se transformen en
patrimonio de los grupos postergados.

• Promover el análisis colectivo en el ordenamiento de la información y en la


utilización de que de ella puede hacerse.

• Promover el análisis crítico utilizando la información ordenada y clasificada


a fin de determinar las raíces y causas de los problemas, y las vías de
solución para los mismos.

• Establecer relaciones entre los problemas individuales y colectivos,

53
funcionales y estructurales, como parte de la búsqueda de soluciones
colectivas a los problemas enfrentados.

De este modo, los objetivos de la investigación son conocidos no sólo por los
investigadores, técnicos y encuestadores sino también por la propia comunidad,
constituyéndose un proceso de investigación conjunto y una efectiva
democratización del conocimiento. A su vez, intenta promover la cohesión activa
de la comunidad para la participación, ayudando a sus participantes a descubrir
problemas y a razonar en torno a la búsqueda de soluciones. Por ello hablamos de
un instrumento de promoción, de generación de conciencia y de difusión del
conocimiento.

A partir de los criterios planteados se desprende una serie de principios que dan
coherencia tanto a la utilidad de la IAP, como también a su aporte en cuanto
estrategia de investigación social aplicada a los procesos de desarrollo. Así,
podemos plantear como ideas a fuerza de la IAP:

• Además de un proceso de investigación propiamente, éste debe constituirse


en un instrumento de acción para la comunidad.

• Toda comunidad o grupo social tienen suficiente capacidad para definir sus
problemas y necesidades.

• Toda comunidad o grupo social tiene potencialidades (saberes, recursos


humanos e intelectuales, etc.) para la decisión y ejecución, encaminadas a
su propio desarrollo.

• Cualquier acción exógena (intervención, investigación, organización) que


persiga el desarrollo de una comunidad o grupo social, debe suscitar la
activa participación de la comunidad en el proceso mismo. De lo contrario no
puede ser garantía de éxito.

• Para impulsar la participación dinámica de las poblaciones es necesario


introducir y organizar un proceso de confrontación crítica y constructiva de
la comunidad con los resultados de la investigación.

Este proceso que incluye información y discusión, lo llamaremos retroalimentación,

54
al que le damos suma importancia ya que mediante él se da la oportunidad a los
miembros de la comunidad o grupo social, para que expongan espontáneamente
sus criterios e ideas y para que hagan análisis acerca de su situación. Mediante el
diálogo bien orientado entre ellos mismos, y entre ellos y los investigadores,
profesionales y técnicos, la comunidad puede formular sus problemas y sus puntos
de vista. El papel de los agentes externos es fundamental en este proceso de
retroalimentación, en tanto ayuda a la comunidad a formular sus demandas y
posibles soluciones, de acuerdo a sus propios medios y a los probables recursos
estatales que podrían obtenerse para la realización de proyectos concretos.

En la Investigación Acción se propone una aplicación rigurosa del método científico


por parte de un equipo científico técnico, que, a partir de un diagnóstico de la
realidad comunitaria diseña la investigación, sus objetivos y el método de la misma,
incluyendo la participación parcial de la comunidad, ya sea para la recolección y/o
contrastación de los datos de investigación, o para la implementación de las
estrategias a seguir. Los resultados del proceso investigativo son ordenados,
sistematizados e interpretados por el equipo de investigación, pudiendo ser
devueltos a la población estudiada.

En síntesis, la participación de la comunidad en el proceso de investigación-acción


es el diferenciador de ambas estrategias investigativas, ya que la IAP parte del
supuesto de que la participación no puede confundirse con una simple
preocupación por encontrar el apoyo reflexivo de los implicados, para los objetivos
del conocimiento e intervención, delineados por un equipo exterior al grupo o
comunidad. "La IAP tiene cuidado de diferenciarse de todas aquellas llamadas a la
participación basadas en la asimilación acrítica de un marco global de partida con
el que se propone compromiso. La participación que reclama la IAP no es simple
movilización, sino recapitulación sobre el conjunto de procesos que condicionan la
vida social de un colectivo determinado con el objetivo de acometer una eventual
modificación de los mismos" (Moreno y Espadas, 1998).

55
La Participación y la IAP aplicadas a los procesos de desarrollo

Si la participación la entendemos como "el proceso voluntario asumido


conscientemente por un grupo de individuos y que adquiere un desarrollo
sistemático en el tiempo y el espacio con el fin de alcanzar objetivos de interés
colectivo y cuya estrategia debe tener como instrumento fundamental a la
organización" (FAO, 1988), entonces hablamos de una acción voluntaria debido a
que su naturaleza no es impositiva y a que la determinación de participar supone
una decisión y un compromiso personal, asumiendo los costos y beneficios que
se pueden derivar. Ello supone que es necesario contar con un nivel mínimo de
conciencia - en cuanto a voluntad y disposición a la acción colectiva- que permita
estimular una reflexión dinámica en torno a los principios que sustentan las
acciones que se pretenden llevar a cabo.

La participación comunitaria aplicada a los proyectos de desarrollo habilita y pone


en acción a las personas como actores y supervisores de su propio desarrollo. El
BID (1997), plantea que la participación, "puede ayudar a crear y mantener
democracias estables y buen gobierno, así como el crecimiento económico.
Cuando las personas pobres y marginadas participan en los proyectos de desarrollo

56
adquieren habilidades y desarrollan actitudes que les posibilita una contribución
más significativa a la sociedad en general. Desde el punto de vista del Banco la
participación fomenta la estabilidad financiera y la sustentabilidad de los proyectos
mejorando así el rendimiento de la cartera". Para el BID:

• La participación mejora el diseño del proyecto al reducir el costo de la


obtención de datos sobre los factores ambientales, sociales y culturales, así
como sobre las necesidades y prioridades de los actores claves del proyecto.

• Un proceso participativo bien diseñado puede ayudar a resolver o manejar


conflictos al crear una base común y de negociación entre los grupos
interesados. El detectar y resolver tales conflictos en las primeras fases del
proyecto ayuda, más tarde, a reducir el costo de la supervisión.

• Los procesos participativos son una oportunidad para el aprendizaje social e


innovación, lo que favorece el compromiso con los cambios sociales. En
primer lugar, las personas identifican un propósito común generando,
compartiendo y analizando información que les permite establecer
prioridades y desarrollar estrategias. Además, crean nuevas maneras de
hacer las cosas con el fin de lograr los objetivos comunes. Dichas personas
llegan a darse cuenta de cómo cada una de ellas, en forma individual o
colectiva, deben cambiar su conducta para que las prioridades puedan ser
atendidas apropiadamente Esta mayor pertenencia ayuda a seguir
participando en los proyectos, especialmente cuando se presentan
obstáculos. La participación le da a su vez al personal del Banco una mejor
oportunidad para evaluar el nivel de compromiso con el cambio.

• La participación puede fortalecer a las instituciones locales en su capacidad


administrativa, autogestión, confianza, transparencia, responsabilidad y
acceso a los recursos. Esta mayor capacidad de las instituciones es lo que,
a su vez, proporciona al proyecto mayor estabilidad.

• Mediante la evaluación participativa las personas se dan cuenta si los


beneficios y alcances del proyecto se dan en forma equitativa y les permite
tomar medidas correctivas cuando sea necesario. Las ideas de justicia y de
compromiso en relación con un proyecto se refuerzan mutuamente. La

57
participación aumenta la credibilidad de la evaluación puesto que la gente
confía en la información que ellos mismos generan.

1.4 Ejes metodológicos de la intervención en el desarrollo local para una


ciudadanía con responsabilidad social .

Las nuevas realidades sociales demandan actuaciones integradas en "estrategias


de desarrollo del territorio, de desarrollo locar (Martínez Román, 2000: 336). En
este sentido, la integración social y el desarro-llo local son dimensiones esenciales
e inseparables desde un enfoque del Trabajo Social Comunitario centrado en la
gestión de estrategias de análisis e intervención integrada y sostenible en el ámbito
municipal.

Se propone un Trabajo Social Comunitario vinculado con el desarro-llo endógeno y


la gestión participada de proyectos integrales, mediante formulas creativas de
partenariado local, capaces de hacer converger los valores del desarrollo sostenible
en un contexto globalizado de com-petencia que trascienda lo económico, como

58
único valor, y se filtre en todas las esferas de nuestras vidas. Este enfoque permite
a la profesión involucrarse en nuevos procesos de análisis e intervención
comunitaria desde una revisión creativa e innovadora de los roles profesionales.

La participación se encuentra profundamente vinculada con el de-sarrollo humano


sostenible y social, siendo una de las claves en las que se sustentan las Políticas
Sociales vinculadas con la integración so-cial. El carácter interdependiente de los
problemas y las transacciones entre actores requiere de la implementación y
gestión de programas y proyectos estratégicos, integrales, transversales y
participados, cuyos propietarios y protagonistas sean los ciudadanos. El referente
de "red" permite describir y analizar la compleja, dinámica y diversa amalgama
cívica e institucional y avanzar hacia estrategias ecológicas de gestión de los
asuntos colectivos en el ámbito municipal.

La construcción de la ciudadanía y el rol de los gobiernos locales es un desafío


colectivo. Los políticos elegidos democráticamente tienen la responsabilidad de la
decisión de los proyectos públicos, pero las orga-nizaciones sociales, los grupos
locales, las familias, los ciudadanos, en definitiva, tienen el derecho y el deber de
exigir que se tomen en cuenta, se debatan y se negocien sus críticas, sus
demandas y sus propuestas. En este sentido, los profesionales implicados tienen
la obligación de elaborar análisis y propuestas formalizadas y viables, de escuchar
a los otros, pero también de comprometerse en defender las propuestas y los
proyectos ciudadanos locales.

Contribuir al desarrollo humano en el s. XXI significa ampliar las alternativas de las


personas para que puedan tener un nivel de vida que aprecien, siendo necesario
para ello desarrollar las capacidades huma-nas, entre las cuales destaca la
participación. La capacidad de poder participar en la vida de la propia comunidad a
la que se pertenece es fundamental para el desarrollo humano. Así, la participación
se con-vierte en objetivo del desarrollo humano, a la vez que es un medio para
hacer progresar el mismo. Pero la promoción del desarrollo humano requiere de
una gobernabilidad democrática tanto en la forma como en el contenido de hacer
participar a los ciudadanos.

La participación social es un elemento definitorio del Trabajo Social desde sus

59
inicios. La finalidad de la profesión se encuentra enraizada en un conjunto de
valores fundamentales entre los que destacan los de-rechos humanos y sociales,
la justicia social, la autodeterminación, la normalización y la participación activa de
las personas con las que trabajamos.

La preocupación del Trabajo Social por la participación ha sido una constante,


situándose el dilema principal en torno a decidirse por un Trabajo Social que asume
la responsabilidad directa en la resolución de los problemas sociales, o bien, con
un enfoque centrado en el proceso, orientado a movilizar a la gente para que ésta
resuelva las situaciones de dificultad. Esta última perspectiva implica considerar al
sujeto-cliente como ciudadano, con capacidades y potencialidades para resolver
las dificultades propias y las de su entorno, situándose el trabajador social no como
agente principal sino como sujeto activo que favorece transac-ciones humanas
valiosas, orientadas a la autonomía de la persona y al desarrollo humano.

La consideración del cliente como ciudadano implica una relación de igualdad y


alianza, en contra de enfoques de intervención basados en la identificación y
definición de los problemas por los "expertos". Este cambio impulsa una visión
ecológica más completa y humana del usua rio e implica un trato de éste como
ciudadano con una serie de Derechos sociales, políticos e individúales-civiles.

En unísono a la promoción de los criterios de calidad, se desarrolla la idea del


usuario como consumidor, lo que sugiere el reconocimien-to de derechos
específicos y la idea de libre elección. Los ciudadanos son cada vez más exigentes
con los servicios que reciben, a la vez que demandan sistemas de control efectivos
sobre los procesos y los resul-tados en sus condiciones de vida. Esta nueva
concepción del usuario puede esconder en la práctica las diferentes capacidades
de las personas y las desigualdades sociales y territoriales en la elección-
disposición de los servicios públicos.

Ambas concepciones del usuario, como ciudadano y consumidor, incorporan al


Trabajo Social en nuevos compromisos y planteamientos estratégicos,
concretamente:

a) la defensa, protección y ampliación de los derechos sociales, conec-tándolos


con las iniciativas de desarrollo en el ámbito local;

60
b) el énfasis en el pluralismo participativo, vinculándolo con el aumen-to de la
representatividad de los usuarios y los ciudadanos;

c) el acceso real de la población en la toma de decisiones a través de una


participación activa y directa (ciudadanos individualmente con-siderados y a
través de grupos y canales) y

d) la descentralización de los servicios y programas.

El Trabajo Social Comunitario, orientado a] desarrollo humano, en-fatiza las


fuerzas, las capacidades y los recursos de las personas, las familias, los grupos y
las comunidades para desarrollar todas sus po-tencialidades y generar
mecanismos personales, institucionales y am-bientales de prevención y resolución
de situaciones de dificultad. Una intervención integral que desde una perspectiva
normalizadora resitúa la participación ciudadana como valor fundamental y
transversal de la intervención profesional en su mejor tradición colectiva. Una
participa-ción vinculada al desarrollo económico y social, a la calidad de vida, a la
integración de las realidades micro y macrosociales (Max-Neef, 1994: 84), donde
el desarrollo humano de la población y sus condicio-nes de vida tienen prioridad
real, porque estas dimensiones son las que verdaderamente potencian un
desarrollo sostenible y duradero.

El modelo de participación de la población en la toma de decisiones y en la práctica


comunitaria es un elemento crucial y transversal en la consideración de uno u otro
enfoque de intervención comunitaria. La participación se puede considerar y
gestionar desde diferentes formas e intensidades. De manera sustantiva o como
proceso, promoviendo el acceso real de los hombres y de las mujeres a la toma de
decisiones en la elaboración, ejecución y evaluación de políticas y programas
sociales locales o, por el contrario, subordinada a las actuaciones profesionales y
directrices políticas, siendo un simple medio cuyo objeto es legitimar políticas,
programas y actuaciones profesionales. De esta forma, la par-ticipación puede
variar en un continuo desde el puro simbolismo a la integración completa en todas
las fases de los procesos de decisión.

Contestar al para qué, cómo, cuánto y cuándo (definición de ne-cesidades,


priorización, determinación de estrategias y objetivos, se-guimiento y evaluación)

61
integremos la participación ciudadana en la toma de decisiones es determinante en
el modelo y la perspectiva de la intervención comunitaria.

La participación como proceso implica, en coincidencia con Gaitán (2003): 1)


querer, es decir, que los habitantes tomen conciencia respec-to de sus problemas
y la comprensión de los aspectos que los explican; 2) saber, es decir, reconocerse
con capacidades y comprometerse para transformar la realidad; y 3) poder, es decir,
crear contextos favorece-dores de la creatividad y la innovación, a través del acceso
a la toma de decisiones. De esta forma, la comunidad deja de ser contexto de inter
vención y destinataria de acciones, para ser protagonista y propietaria de su
cambio, como sujeto de acción.

La participación como forma de poder social se ejerce tomando o influyendo en


decisiones vinculadas con las políticas, organismos y programas sociales, lo que
requiere, en muchas ocasiones, desbloquear accesos al poder. Pero existen otros
escenarios menos visibles de poder, concretamente: 1) restringiendo el debate de
determinados asuntos; 2) invisibilizando conflictos; 3) salvaguardando intereses de
determinados grupos, manteniendo para ello los sistemas participativos que, en
nom-bre de la "representatividad", perpetúan su "status quo"; 4) dedicando recursos
insuficientes; 5) estructurando sistemas y lenguajes de partici-pación que impiden
que ésta se produzca de manera efectiva y real por determinadas personas y
colectivos y 6) obstaculizando a determinados individuos y grupos el acceso a la
arena de toma de decisiones públicas, logrando así la exclusión de intereses y
personas.

La participación social, portante, es un fenómeno complejo, multidi-mensional e


interdependiente que precisa un marco teórico conceptual y contextual de
referencia para evitar, entre otras, falsas expectativas en las prácticas participativas
desarrolladas desde el Trabajo Social.

Los elementos que caracterizan la participación comunitaria des-de un enfoque de


desarrollo humano y que contribuyen a diferenciar modelos de intervención
comunitaria son, como refiere Alonso (2002), los siguientes: la función de la
población y de las instituciones, el tipo de objetivos que se persiguen, el método de
trabajo, el conocimiento utilizado, el rol profesional y el tipo de proyecto. Veamos

62
sucintamente cada uno de estos elementos.

Respecto de la función de la población y de las instituciones, se considera que las


personas tienen capacidades de desarrollo y, en su caso, necesitan descubrirlas
para ser sujetos activos de su propia reali-dad. Para ello es necesario promover,
construir y consolidar contextos adecuados que den oportunidades y estímulos
("nutrientes" en palabras de Germain, 1985) a las personas para descubrir y
desarrollar esas ca-pacidades y habilidades. La inexistencia o escasez de
oportunidades obstaculiza la auto-dirección que influye en la competencia objetiva
y percibida, en la capacidad de relación, etc.

Por otra parte, las instituciones son consideradas actores que deben involucrarse
por sí mismas en los procesos de intervención comuni-taria, no desde la
confrontación o desde posiciones apriorísticas, sino desde transacciones
conscientes orientadas a cambios sostenibles a largo plazo.

El Trabajo Social Comunitario centrado en el desarrollo local soste-nible se


caracteriza por promover la cooperación de los distintos agentes comprometidos
con el territorio local, generando una red de relaciones inclusivas orientadas a la
creación y al fortalecimiento de conexiones positivas en la comunidad.

El partenariado "partnership" (Pierre, 1998, Hummel, 2001 a, Bro-ocks, et. al, 2001,
Vachon, 2001, Salcedo, 2001, Champetier, 2002, Gó-mez, R., 2002) o
corporativismo local (Hernes y Selvik, 1988, Barreiro, 2000, Kóhler, 2001), como
grupo de acción -local- (Chañan, 1992), constituido por asociación flexible de
entidades y personas comprome-tidas en impulsar un desarrollo integral en un
determinado territorio, constituye uno de los ejes fundamentales en los procesos de
interven-ción comunitaria desde el Trabajo Social.

Se trata de impulsar una forma de comunicación y cooperación horizontal en un


territorio. Una estrategia de concertación, consenso y gestión comunitaria que
implica cuatro aspectos: a) integración de interlocutores (ciudadanos, poderes
públicos, expertos, empresarios, etc,); b) apertura hacia lo global, a la complejidad
social; c) actitudes y comportamientos de confianza, respeto mutuo y
reconocimiento de las posibilidades y las limitaciones de los interlocutores; y d)
sinergia creada a partir del diálogo, las alianzas y el intercambio de experiencias y

63
competencias.

El Trabajo Social en contextos comunitarios se basa en procesos comunicativos,


tanto para la percepción e investigación de los proble-mas, como para el desarrollo
de estrategias de solución y transforma-ción. En este sentido, el término de
empowerment acuñado en medios profesionales anglófonos facilita la
comprensión. El "empowerment" comunitario es una estrategia de intervención
comunitaria destinada a establecer unas relaciones en red capaces de potenciar
competencias (desarrollar habilidades) y transferir (no delegar) responsabilidades,
controles, poder y gobernabilidad a los distintos actores que coexisten en un ámbito
territorial determinado para autodirigirse. Implica trans-ferir conocimientos del
profesional a la población para que ésta desa-rrolle las capacidades y habilidades
necesarias para adoptar decisiones, organizarse y dirigir el cambio en la dirección
decidida por ella misma (Alonso, [Link].).

El empowerment comunitario se dirige a impulsar el capital social local, entendido


como un sistema de normas, organizaciones y redes, a través de los cuales los
ciudadanos acceden a los procesos de toma de decisiones colectivas y que se
traducen en políticas y programas so-ciales locales. La generación del capital social
supone para el Trabajo Social Comunitario el compromiso con la mejora de las
capacidades y habilidades de las personas de trabajar juntas por un objetivo común
en grupos y organizaciones existentes o creadas al efecto, densificando las
relaciones sociales y mejorando la confianza y expectativas de benefi-cio mutuo.

El empowerment comunitario, centrado en la generación del capital social local,


implica tres dimensiones estratégicas participativas:

a) crear y fortalecer redes de relaciones inclusivas;

b) generar un compromiso colectivo en torno a necesidades senti-das, a través


de la coordinación interinstitucional e interdiscipli-nary

c) promover y organizar procesos de participación descentralizada a través de


toma de decisiones ascendentes (gobernabilidad as-cendente).

La creación y fortalecimiento de redes de relaciones inclusivas su-pone generar


redes de relaciones interpersonales y sociales abiertas, co-municativas, efectivas y

64
sólidas; en definitiva, un "mapa" comunitario motivador y accesible. Ello requiere un
análisis e intervención centrada, por una parte, en el funcionamiento y estilo interno
de las organiza-ciones y, por otra, en su proyección externa y estilo relacional con
el entorno que les rodea. La calidad de las organizaciones sociales y sus
posibilidades de incorporarse en procesos de desarrollo local depende, en gran
medida, de su capacidad de cooperar en un doble sentido: in-terno y externo.

Una segunda estrategia es la orientada a generar un compromiso so-cial y en red


en torno a las necesidades sentidas y a la generación de un contexto favorecedor
del desarrollo local a través de la coordinación interinstitucional e interdisciplinar.
Se trata de generar un sentido de comunidad, de pertenencia, de identificación, que
permita desarrollar valores y capacidades orientadas a impulsar compromisos
individuales y colectivos. Para ello, el trabajador social debe implicar a personas,
grupos y organizaciones en decisiones y acciones significativas y "pal-pables",
ayudando a reconocerse con la posibilidad de influir en la vida de la comunidad.

En este sentido, un elemento importante en el Trabajo Social Co-munitario es la


representación (Pitkin, 1985, Solomon, 1985, Germain, [Link], Payne, 1995, Doucet,
1996 y 2002, Trevithick, 2002). El análisis de las transacciones comunitarias -
interorganizacionales e intraorgani-zaciones- permite detectar zonas y colectivos
de población aislados, en situaciones de dificultad, sin estructuras y redes de apoyo
y sin ca-nales de comunicación e influencia. El compromiso supone incorporar
estas "voces-silencios" en las redes y estructuras existentes de manera
significativa, con el fin de integrarlas en los procesos normalizados de toma de
decisiones y de la práctica comunitaria; superando así modelos excluyentes de
producción de respuestas vinculadas únicamente con los mejor "representados" o,
por el contrario, situarse en el rol del abogado defensor impidiendo la autonomía y
autorrepresentación.

Se trata de generar una Red Social Local: a) diversa-heterogénea, que permite


incorporar a personas, grupos y entidades diferentes y des-iguales grados de
colaboración; b) inclusiva, abierta a la incorporación de nuevos actores; c)
sostenible, autogestionada por la misma red; y d) flexible y abierta, estructurada en
torno a una red vinculada entre sí, utilizando el grupo representativo y su conexión
a las organizaciones y personas de la comunidad, que entran y salen de la red.

65
La tercera estrategia se centra en impulsar la participación descen-tralizada a
través de procesos de toma de decisiones-gobernabilidad -ascendente (de abajo a
arriba - bottom up). Supone crear o promover canales accesibles que permitan a la
red de ciudadanos y organizacio nes participar activamente en la toma de
decisiones que afectan a los intereses comunitarios. Se trata de consolidar y
fortalecer procesos de partenariado local, lo que implica cuatro condiciones: 1)
igualdad de acceso y representación entre interlocutores, 2) concertación clara y
comprensible para todos, 3) orientado a la consecución de un proyecto común y 4)
con una transparente influencia en las políticas sociales, incluso, no sólo locales.
Se trata de trabajar para desbloquear accesos de los ciudadanos al poder
(consustancial a su ciudadanía), evitando liderazgos dominantes a través de
estructuras y dinámicas flexibles que aprenden de sí mismas y que dejan escuchar
a toda la pluralidad local.

Estas tres estrategias conllevan a la consideración del empowerment no como un


proceso lineal con un inicio y un fin definidos de manera igual para todas las
personas y contextos territoriales, sino todo lo con-trario. Su implantación y
consolidación variará en función del número y naturaleza de actores, la intensidad
de las interacciones, las capacidades y tácticas que manejan los actores para lograr
influencia, los valores e intereses enjuego, las actitudes hacia soluciones
negociadas, etc.

Un proceso reticular que complementa la conexión de acciones fragmentadas de


"abajo arriba" con un proceso de descentralización real del poder a través de la
participación, lo que incrementa la sinergia ciudadana, proporciona beneficios
significativos a los grupos-nichos excluidos y a las organizaciones sociales, pero
también a los gobiernos que los introducen, al aumentar su legitimidad y
popularidad.

Tema 2. Métodos y Técnicas de intervención comunitaria

La formación de trabajadores sociales requiere, junto a conocimientos de carácter


teórico, aspectos metodológicos. Su práctica profesional se fundamenta no sólo en
los conocimientos teóricos, que sirven para explicar los problemas a los que se
enfrentan las personas, colectivos y/o comunidades, sino también y sobre todo en

66
saber cómo abordar estos problemas, cómo ayudar a que se enfrenten a las
dificultades con las que se encuentran con relación a su medio social, su medio
físico, su mundo de la vida, su entorno ecológico y global (Germain y Gitterman,
1983). En lo que se refiere a la metodología en el trabajo social con individuos, se
ha desarrollado un elenco de metodologías procedentes sobre todo de la psicología
humanista, pero ¿y la metodología en el trabajo social comunitario?

En los años 60 y 70 se desarrollaron una serie de conceptos y sistemas de


intervención social comunitario impregnados de la experiencias y reflexiones de P.
Friere (1973) (vease Hernández Aristu, 1977; 1990) y de las teorías de la ciencia
de la acción, llamada agología, experimentada sobre todo en los Países Bajos y
que tenía que ver con la planificación y las estrategias de acción. Las orientaciones
prácticas de estos enfoques iban destinadas a obtener más poder con y para los
clientes del trabajo social y, en el sentido de la emancipación, a liberarse de
dependencias sociales, adquirir influencia política (Van Beugen 1972) y que los
grupos, colectivos y/o comunidades asumieran responsabilidad frente al estado
todopoderoso o frente al capitalismo omnipresente, oponiendo una visión de una
sociedad "que milita contra todo esquema de perfección impuesto a los deseos o a
espaldas de los deseos de los hombres y mujeres que la integran" (Bauman 2002:
56). Mientras tanto, el objetivo de la emancipación quedó integrado en los
conceptos de empowerment o empodera-miento y en el de la individualización,
considerado éste como un objetivo de autonomía, autodeterminación de las
personas individualmente, no tanto frente a la hetero-determinación de la tradición
y del Estado, sino frente a las fuerzas ciegas del consumo, del standard de vida, de
la globalización, del desorden y del aislamiento y de la soledad del individuo sin
(ayuda del) estado, según anota el propio Bauman.

En la actualidad, los métodos de trabajo social, en concreto los del nivel


comunitario, requieren igualmente de una teoría que los fundamente y los justifique.
Esta teoría la hemos encontrado y desarrollado en la "acción comunicativa", de
orientación sociológica —Habermas—, y en la teoría de la comunicación humana,
de orientación psicológica —escuela de Palo Alto— (Hernández Aristu, 1991),
completada por la teoría de los sistemas, sin olvidar las teorías sociológicas que
nos ayudan a situamos frente a los retos y demandas de las personas,
individualmente o en grupos y colectivos.
67
Desde esta perspectiva teórica, los métodos y técnicas de intervención comunitaria
deben resultar de la combinación de la perspectiva histórica y de la evolución del
trabajo social con las teorías y concepciones actuales de la sociedad, de los
individuos, y de las comunidades. En definitiva, debemos justificar los métodos y
técnicas de intervención comunitaria desde la perspectiva e idiosincrasia del trabajo
social, sus métodos y sus técnicas y el análisis y conceptualización del
hombre/mujer postmodemo. Estos métodos deben fundamentarse en principios
axiológicos propios del trabajo social, que son entre otros:

- debemos respetar a las personas y su autodeterminación,

- el punto de partida de la intervención es siempre el lugar o estad Actio


\ en el que se encuentran los individuos,

- el cambio, de haberlo, no es para las personas, sino con la persona a


C y en el sentido que éstas consideren oportuno y determinen.

2.1. Métodos aplicados en el proceso de intervención comunitaria

Vamos a lijamos en aquellos instrumentos metodológicos de los que dispone o


debe disponer el trabajador social comunitario, y que debe aprender el estudiante
en sus prácticas ayudado por su tutor/a, suficientemente avalado por la práctica,
por la experiencia y por la reflexión. Prescindiremos de la discusión, ampliamente
hecha en otras obras, sobre la relación, diferencia y similitud entre la metodología,
la didáctica. las técnicas, etc. (véase Hernández Arista, 1991: 163 y ss. y sus
referencias bibliográficas) y partiremos del hecho de que el/la trabajador/a social en
la práctica debe -necesita hacer un diagnóstico de la situación (necesidades,
tareas, retos de cliente o clientes o comunidades), al par que actuar para el cambio
favorable al individuo, al grupo o colectivo y/o a la sociedad. La metodología del
trabajo social comunitario en este sentido sería algo así como lo que señala Kleve
(2003: 15) "el eslabón de conexión del trabajo social como ciencia y como práctica",
en definitiva, el espacio en el que se decide lo que sabe o no el/la trabajador/a
social, en nuestro caso, el/la trabajador/a social comunitario/a.

Para ello, nos vamos a servir de una diferenciación que creemos interesante.
Consideramos que hay métodos que sirven para el diagnóstico y otros que sirven

68
para obtener el cambio, y también lo que se ha venido llamando en el ámbito del
trabajo social métodos de la gestión, tanto del diagnóstico como de la intervención,
y que, en coincidencia con la terminología internacional, se han venido
configurando como social management. Esta diferenciación no excluye la clásica
clasificación del trabajo social en case-work (trabajo social individual o familiar),
group-work (trabajo social grupal) y communily-organization o communay-
development (trabajo social comunitario), conocidos como "los métodos clásicos
del trabajo social". Con relación a ellos. nosotros preferimos hablar de diversos
niveles de intervención social: el nivel individual y/o familiar, el nivel grupal o
colectivo y el nivel comunitario (véase también Galuskc, 2002; Kleve, 2003;
Hernández Aristu, 2004). En los tres niveles son necesarios métodos dirigidos al
diagnóstico, a la intervención y al management o gestión, en nuestro caso a la
gestión de la acción en la comunidad.

En cada uno de estos niveles es necesario desarrollar objetivos, saber el para qué
de la intervención social, saber los valores que subyacen en los objetivos y en la
metodología, los métodos de los que nos vamos a servir con sus técnicas
peculiares, las etapas y procesos por los que va transcurrir, el tiempo durante el
que se ha de mantener la intervención, los medios materiales y personales que se
van a necesitar, el con qué y con quiénes se va a realizar la intervención y el modo
en que se va a gestionar, y el social management -que incluye aspectos como el
contrato, el seguimiento o acompañamiento de la intervención, la reflexión continua
y la evaluación desde la perspectiva de su eficiencia y de su eficacia.

El método se define como la práctica de la acción dirigida a fines. Sin entrar, pues,
en más discusiones, a veces algo estériles", sobre lo que es o no método, cuando
hablamos aquí de métodos en el trabajo social haremos referencia al aspecto
modal, a la cuestión del cómo en el sentido de lirack (1993: 645 y ss.) cuando dice
que la cuestión del método se reduce a saber cómo debe actuar el profesional de
ayuda para que el cliente o el sistema de clientes (grupo o comunidad) inicie un
proceso de cambio que trascurra desde el punto de partida (análisis o diagnóstico
del problema, o de la situación) al punto de llegada deseado (objetivo u objetivos
de la intervención), y suponga para el cliente o el sistema una mejora de la situación
o, en el caso ideal, la solución del o de los problemas. El método, pues, hace
referencia al modo de proceder del/ la trabajador/a social en interacción con el
69
cliente o clientes, al camino que estratégicamente va a seguir con el cliente o
clientes para alcanzar el objetivo prefijado y que corresponda a las circunstancias
y condicionamientos concomitantes.

Siguiendo la tradición neerlandesa que, a su vez, encuentra su ori-gen en el cambio


planificado (Leirman. 1991), al hablar de método (Van lieugen, 1972), los autores
holandeses introducen conceptos como planificación, estrategias y evaluación y
control del proceso o del camino recorrido. Por lo que en tomo al método tendremos
que hablar de:

- el diagnóstico de la situación o de cuál es el o los problemas y quién


los tiene;

- el desarrollo de objetivos que nos indiquen cuál es la situación final a


la que vamos a tender en la intervención;

- el desarrollo de estrategias y técnicas de intervención que nos lleven


a ese o esos objetivos finales;

- las personas e instituciones que van a interactuar en el proceso, es


decir, la red social en la que se va a apoyar la acción;

- los aspectos circunstanciales o condicionantes que hacen que el


proceso sea adecuado y proporcionado al entorno;

- la planificación de todo ello;

- la evaluación final o control de la efectividad y eficacia;

- la gestión de todo ello.

2.2. Técnicas utilizadas en la intervención comunitaria

A lo largo del proceso de posicionamiento del Trabajo Social como una disciplina,
ésta se ha nutrido de teorías, metodologías, técnicas e instrumentos las cuales le
han permitido esclarecer sus prácticas y planes de acción. Los fundamentos
teóricos metodológicos antes mencionados son la orientación y la columna
vertebral para el análisis e intervención social en cualquier contexto familiar,
comunal e institucional.

70
En este sentido acotamos sobre la disyuntiva entre la definición de un instrumento
y una técnica, con las siguientes definiciones:

Instrumentos/herramientas: constituyen las vías tangibles y palpables que


faciliten y sean un vehículo para una mejor intervención-acción a nivel micro
y macro social, por ejemplo, el diario de campo, los expedientes, manuales
de procedimientos.

Técnicas/ Medios: conjunto de procedimientos intangibles los cuales se


apoyan de los instrumentos para el análisis societal integral y holístico,
algunos ejemplos de estos son la observación, la visita domiciliaria y el
rapport.

Es de suma importancia precisar, definir y conocer a qué se refiere cada una de


estas herramientas y medios, puesto que el dominio de los mismos influenciará el
análisis e intervención con los grupos, familias, comunidades y los ambientes
institucionales/empresariales de cualquier índole.

La esencia de un accionar idóneo siempre será un sustento teórico, puesto que


éste dará los fundamentos para intervenir adecuadamente. Y la etapa crucial para
el consumo primordial de estos saberes es el proceso estudiantil. En este sentido,
Gordillo nos menciona lo siguiente con referencia a la importancia de esta
conceptualización incesante: "Los libros tienen utilidad en el proceso de
conocimiento de la profesión; permiten llevar a cabo una recuperación de aportes
sobre la conceptualización (Metodología y Método), desarrollos operativos
(técnicas e instrumentos) y dimensiones implícitas (epistemológica, ideológica,
ética y contextual)" (Gordillo, 2007:121).

Referente al consumo de saberes mediante los libros, esto debe ser una acción
inherente al Trabajador Social y no sólo el proceso de consumir ideas o aprender
procesos esquematizados sino la inflexión clave que será construir y deconstruir
nuevas ideas y, con esto, un nuevo Trabajo Social acorde al contexto económico,
político y social que se viva.

En consiguiente, el proceso praxiológico del Trabajador Social, el cual es llevado


en su totalidad a nivel institucional y no del todo a un nivel áulico, tiende en algunas

71
ocasiones a ser un practica mecánica y operativa, perdiendo así su esencia de
transformación social por cumplir estatutos institucionales. La praxis en el Trabajo
Social se debe sistematizar y comunicar para que se cumpla con el ciclo de la
creación de nueva teoría y así enriquecer la profesión y disciplina de las ciencias
sociales y humanidades.

En cuanto a lo metodológico Gordillo nos menciona su postura:

La Metodología es entendida como un concepto global referido al estudio del


Método (o de los métodos) desde un proceso sistemático en el cual se
adquieren modos y formas de conocimiento; el Método es considerado como
el camino para obtener un fin de manera ordenada, desde un conjunto de
reglas. La sociología y psicología hacen referencia a lo plural; a diferentes
métodos; se infiere que en filosofía se refiere el método al pensar, mientras
que la sociología y la psicología lo diversifican en los métodos para pensar y
para actuar’ (Gordillo, 2007:123)

En esta postura metodológica encontramos la última piedra angular para un


accionar fundamentado, debidamente estipulado y siguiendo un orden y estatutos.
Sin llegar a ser rígida, la metodología en Trabajo Social es esencial desde sus tres
esferas básicas: caso, grupo y comunidad desde donde actuamos y somos co-
gestores de procesos de cambio en los individuos-usuarios.

Instrumentos para potencializar la praxis del Trabajador Social

Así como se tiene un corpus teórico y metodológico, también se tiene un apartado


instrumental específico que potencializará y descifrará las tramas sociales a las que
nos enfrentemos en la vida cotidiana profesional. Es por ello que hemos
recapitulado estos 29 instrumentos claves para los profesionales del Trabajo Social:

72
73
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75
76
Las herramientas/instrumentos arriba señalados se pueden usar para la
intervención con familias, con comunidades, en instituciones y empresas. Es de
suma importancia su conocimiento y dominio, para optimizar procesos de atención
y terminar con procesos burocráticos.

Otro de nuestros temas nodales en el presente texto es el de las técnicas o medios


los cuales, en sinergia con los instrumentos, permitirán una visión integral de las
realidades abordadas. A continuación, se enlistan algunas:

77
Trece técnicas para el fortalecimiento de la intervención social

78
Con lo anterior expuesto vemos la importancia del sustento teórico, metodológico e
instrumental en las funciones del Trabajador Social, referente a los métodos y
técnicas. Smith afirma que:

Los métodos se definen como un conjunto de procedimientos estructurados,


sistemáticos, formales y científicamente basados, cuyos procesos están
fijados con claridad y precisión. Método, etimológicamente significa "camino"
o sea dice el rumbo por donde los procedimientos son adecuados y bien
dirigidos hacia los objetivos previamente establecidos. Las técnicas permiten
la aplicación de las teorías en que se basan los principios generales que
definen la profesión." (Smith, 1988: p. 32)

Es por ello que nuestra labor no debe ser reduccionista al enfocarse en sólo
intervenir paliativamente. Una de nuestras características como profesión es la
acción-intervención. Sin embargo, ésta tiene que tener un trasfondo transformador.
79
Como lo menciona Smith:

"Si la acción es la forma de expresión fundamental del Trabajo Social, ésta


puede evidenciarse en programas de asistencia y promoción, éstos
fundamentados en los programas de investigación y docencia e integrados
por los programas de administración, que permiten determinar la necesidad
de equilibrar los recursos tanto de la Institución como de los individuos
involucrados en el proceso." (Smith, 1988:32)

2.3. Mapas, herramientas e instrumentos para el conocimiento de la


realidad social
La Cartografía social es una propuesta conceptual y metodológica fruto de años de
experiencia y acompañamiento a procesos sociales en varias regiones del país.
Es además el resultado de conversaciones en grupo y experiencias personales de
un colectivo de personas que conformamos la Fundación La Minga, pero, sobre
todo, de los aportes, que el poder compartir con otros, nos ha brindado la vida.

La cartografía social para la planeación participativa considera como uno de sus


principios fundamentales la participación de las personas en todo el proceso. No
es una planeación centralizada y tecnocrática, es una planeación desde las
localidades de abajo hacia arriba y democrática con la participación de los actores
locales.

Hay una permanente sistematización para acumular conocimiento, y hacerlo


sustentable socialmente. Esto es a la vez un proceso investigativo y participativo.
Es una planeación que permite su gestión durante el proceso.

La cartografía social es un proceso que hace viable la teoría, el pensamiento y


discurso con la práctica. Esta última es dinamizada y operacionalizada por las
personas que utilizan unos instrumentos y unas técnicas.

Esta opción tiene como centro las personas que participan en el proceso
metodológico, ellas construyen, recrean y se apropian del conocimiento, induciendo
así a aproximaciones conceptuales y a generar actitudes que llevan a repensar y a
tener una práctica o teniendo como referencia un concepto o una teoría existente.
En ambos casos se utilizan instrumentos técnicos y vivenciales. Lo anterior obliga
a considerar a las personas como sujetos pensantes, críticos y propositivos y no

80
como objetos receptores de conocimientos.

Un instrumento metodológico se considera como un medio vivencial o técnico que


permite recoger sistemáticamente experiencias e informaciones que apoyan
los desarrollos metodológicos y conceptuales de una propuesta. Se han
distinguido en el proceso de planeación dos tipos de instrumentos metodológicos:
los vivenciales y los técnicos. Esta diferenciación no los hace excluyentes sino
más bien complementarios.

• Resultado de la experiencia de Fundación La Minga, han surgido como


instrumentos metodológicos técnicos un conjunto de unidades (guías sobre
temas específicos, actas, memorias, resúmenes escritos, lecturas
individuales y en grupo, estudios de caso) que permiten recoger los
contenidos temáticos, metodología e instrumentos útiles para facilitar un
proceso de réplica. En síntesis, los instrumentos son: términos de
referencia para el desarrollo del trabajo en cualquier espacio como por
ejemplo los resguardos, las zonas, las veredas y otros.

• Los instrumentos vivenciales son: talleres, trabajo en equipo, recorridos de


campo, juegos, narración de experiencias cotidianas, entrevistas, plenarias,
creación simbólica y material visual. La metodología “cartografía social para
la planeación participativa”, tiene los fundamentos conceptuales de la
investigación-acción-participativa, basados en el territorio como elemento
fundamental de la metodología.

• En la investigación de la Cartografía Social, la comunidad es partícipe de


la investigación, aporta sus saberes y experiencias al tiempo que recibe de
los demás. Consideramos que los mapas se adecuan y favorecen la cultura
de los narradores orales y además que la construcción colectiva de mapas
permite la reactualización de la memoria individual y colectiva.

• La acción significa que el conocimiento de una realidad permite actuar sobre


ella, y en gran medida la validez de éste se origina y se puede comprobar en
la acción. Se trata de conocer la realidad para transformarla y no de
investigar solamente por el placer de conocerla. Desde luego, no se trata
de cualquier tipo de acción o activismo, se busca ante todo la acción que

81
conduzca a la construcción social.

• La participación, se entiende como un proceso permanente de construcción


social alrededor de conocimientos, experiencias y propuestas de
transformaciones para el desarrollo. La participación debe ser activa,
organizada, eficiente y decisiva. La participación debe darse en el marco
del diálogo de saberes, planteado en la estrategia. Así mismo la
participación de la comunidad debe expresarse en todo el proceso
investigativo.

• La sistematización, es entendida no como la simple recopilación de datos de


una experiencia, sino que además apunta su ordenamiento, a encontrar las
relaciones entre ellos, y a descubrir la coherencia interna de los procesos
instaurados en la práctica. En este sentido la sistematización es
construcción de conocimiento, es hacer teoría de la práctica vivida. De allí
que la sistematización en esta metodología debe ser un elemento
fundamental para aprender la realidad y transformarla, la
sistematización permite dimensionar esos conocimientos, datos, y prácticas
para hacer sustentable el desarrollo social.

La Cartografía Social parte de reconocer en la investigación que el conocimiento es


esencialmente un producto social y se construye en un proceso de relación,
convivencia e intercambio con los otros (entre seres sociales) y de estos con la
naturaleza. En consecuencia, en el conocimiento de la realidad social, la
comunidad tiene mucho que decir por lo tanto ser protagonista central en el proceso
de transformación hacia el desarrollo integral de la sociedad.

PROPUESTA METODOLÓGICA

Haciendo una breve síntesis, la propuesta metodológica y conceptual que hacemos


a través de la Cartografía Social consiste en utilizar la elaboración colectiva de
mapas para poder comprender lo que ha ocurrido y ocurre en un territorio
determinado, como una manera de alejarse de sí mismo para poder mirarse y
comenzar procesos de cambio.

Para la elaboración colectiva de los mapas los participantes reciben de los

82
coordinadores de los talleres, materiales (papelería), algunas indicaciones de cómo
mejorar el trabajo en grupo sobre el mapa, una base cartográfica previamente
digitalizada y ampliada que permita el trabajo de un número significativo de
personas (entre 10 y 20 personas) y un listado de preguntas o temas que deben
ser trabajados.

Se han diseñado preguntas para cuatro (4) tipos de mapas diferentes: el


mapa económico– ecológico (delimitación de parcelas, producción, zonas de
caza, de pesca, de monte o bosque, etc.); el mapa administrativo –
infraestructural (delimitación del territorio y sus divisiones político –
administrativas, internas, ubicación de viviendas, relación de personas que la
habitan, ubicación de redes de servicios públicos, escuelas, puestos de salud,
etc.); Mapa de red de relaciones (gráfico – diagrama que refiere a las redes
que tejen las personas de un territorio hacia el interior o exterior de ellas,
por ejemplo sitios de venta de productos, sitios de prácticas culturales, sitios
míticos, etc.); mapa de conflictos ( a partir de las relaciones de la población
con la naturaleza, el Estado y el capital). Además, se trabajan mapas de
presente o imagen actual, pasado o memoria histórica y futuro deseado.

Los objetivos que nos hemos planteado para el trabajo son, por un lado, generar
procesos de producción de conocimiento y de reconocimiento para la convivencia
entre los puebles (comunidades) y de éstos con su entorno, y por otro, el
fortalecimiento de la organización comunitaria a través de la participación
alrededor de la construcción de mapas, como mingas de pensamiento. Este
alrededor de... es el concepto de Minga. La Minga es el trabajo- fiesta que se
lleva a cabo en una comunidad donde alguien invita a otros a participar alrededor
de la preparación de un terreno, la construcción de una casa, las labores de
cosecha, el arreglo de la escuela, pero también se pueden hacer Mingas de
pensamiento.

“En términos prácticos, el ejercicio de elaborar mapas no es otra cosa que dibujar
la realidad, empezando por lo más simple para, poco a poco ir creando un campo
estructurado de relaciones que posibilita la traducción, a un mismo lenguaje, de
todas las distintas versiones de la realidad que empiezan a ser subjetivamente
compartidas”. El ejercicio de Cartografía Social es una herramienta que

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sirve para construir conocimiento de manera colectiva. La construcción de este
conocimiento se logra a través de la elaboración colectiva de mapas. Desata
procesos de comunicación entre los participantes y pone en evidencia diferentes
tipos de saberes que se mezclan para poder llegar a una imagen colectiva del
territorio.

Además, consideramos que el ejercicio permite el reconocimiento territorial y con


éste una visión temporal y espacial de las relaciones sociales que se tejen de tal
manera que genere en los participantes la posibilidad de actuar con un relativo
mejor conocimiento sobre su realidad. Estableciendo una relación entre la
construcción del conocimiento y la acción social.

Desde hace ya algunos años hemos creído necesario tener herramientas técnicas
con las cuales acceder rápida y eficazmente a la información recogida a través de
los mapas y hemos encontrado en los Sigs. o Sistemas de Información
Geográfica una buena herramienta para hacerlo.

El objetivo de un Sistema de Información Geográfica es proveer información


espacial georreferenciada que ayude a tomar decisiones, la información
cartográfica se podrá organizar pro capas de información clasificadas como puntos,
líneas o polígonos a los cuales se le asocian características de acuerdo a la
información disponible para cada uno de ellos.

Aunque esta es una experiencia que hasta ahora estamos comenzando creemos
que es un proceso necesario para que cada comunidad con la cual hemos
interactuado posea información cualitativa y cuantitativa referenciada
geográficamente que les permita ser autónomos, eficaces y eficientes en el manejo
de los recursos y la utilización de los recursos materiales y humanos disponibles en
sus territorios.

2.4. Aplicación y Análisis de resultados de la intervención comunitaria

El proceso de intervención comunitaria debe ser integral (ya que enfrenta causas y
efectos) y dinámico; en la medida que los pasos se dan tanto en forma simultánea
como secuencial e interrelacionada, cuya principal característica o condición es que
se da en un espacio físico-social concreto (sector foco) en el que los sujetos

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participan activamente en la transformación de su realidad, a partir de sus
problemas concretos. (Asun, 1993).

El proceso de intervención comunitaria que proponemos, pretende diseñar,


desarrollar y evaluar las acciones desde la propia comunidad con el
acompañamiento del facilitador (en este caso el psicólogo comunitario)
promoviendo la movilización de los grupos miembros de una comunidad. Las
acciones serán más eficaces cuanto más se logre involucrar, desde la primera fase,
a todos los actores que forman parte del escenario social.

La experiencia en el campo bajo estas ocho fases en la Intervención Comunitaria,


nos ha llevado a plantear la utilidad de las mismas:

▪ Permite al profesional que las aplica profundizar en el análisis de las


comunidades y grupos o subsistemas de trabajo, ya que cada fase presenta
un objetivo que orienta el trabajo y facilita el uso de técnicas cualitativas para
la recolección y el análisis de los datos.

▪ Al trabajar estas fases secuenciales conjuntamente con la comunidad y los


grupos, se eleva el nivel de conocimiento de ésta sobre sus recursos,
problemas, necesidades y alternativas de solución.

▪ Cada fase, bajo las características de cada una, promociona el nivel de


participación.

▪ Debido a la profundización en el análisis y la coherencia exigida entre fase y


fase, se implementa y desarrolla intervenciones que dan respuesta a las
necesidades y prioridades identificadas por la comunidad y/o los
investigadores.

▪ Este proceso secuencial y específico, permite que en cada fase los


miembros de la comunidad puedan comprender la forma de trabajar en su
comunidad, con las técnicas y estrategias necesarias, otorgando la
posibilidad de réplica por parte de ellos mismos.

▪ Al trabajar con los miembros de la comunidad, cada fase de manera


secuencial y detallada, permite paulatinamente transferir la responsabilidad

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de los programas y delegar los servicios a los miembros de la comunidad
para completar el proceso y alcanzar los objetivos desarrollo.

▪ El control de la acción desde la comunidad supone además de beneficios


derivados del proceso (colaboración, compromiso, etc.), beneficios a partir
de los logros del grupo.

Debemos enfatizar en la utilidad de las fases del proceso, en cuanto pueden ser
aplicadas de manera secuencial e interrelacionada o trabajar de manera simultánea
las primeras tres fases, para continuar luego con la secuencia hasta el final.

En este proceso se presentan dos características principales de la metodología


cualitativa; recursiva y serendípity (Bisquerra, 1989):

1. Es recursiva, ya que las propuestas de trabajo se van elaborando a medida


que avanzamos en la recopilación de información problema sobre el cual se
pretende trabajar y puede replantearse en la medida en que los datos
recogidos lo refieran.

2. Serendípity, debido a que se pueden incorporar hallazgos que no se habían


previsto. Con ello contribuimos a reforzar las acciones en beneficio de la
comunidad.

Cada una de las fases de nuestro proceso de intervención comunitaria presenta


objetivos (general y específico), y las técnicas que se emplearán para la obtención
y análisis de los datos; en la tabla 1 podemos apreciar la propuesta de estas ocho
fases y las técnicas cualitativas de recolección y análisis de datos que pueden
emplearse y que permiten alcanzar la confiabilidad y validez en cada una de ellas.
(Mori, 2007)

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