ENTRE LUCES Y SOMBRAS
ELARA
I
2 de diciembre de 1481 (España)
En esta fría alcoba mis palabras encuentran su comienzo, necesito dejar algo;
no todo puede morir conmigo, la tinta es la única manera de que nunca
olviden mi historia, nunca se rindan nuestra lucha tiene que resistir el olvido.
Soy un remedo de princesa, hija del rey y una plebeya que fue obligada a
nunca revelarle al mundo que yo era su hija, a cambio se le permitiría estar
cerca a mi. Mi padre decidió fingir ante todos que yo era una hija legítima,
para evitar un escándalo.
Mi madre era una gran mujer que me quiso mucho, siempre que podía estaba
conmigo, a veces hasta se escondía en mi cuarto para así poder dormir
conmigo. Era una experta haciendo remedios naturales, me encantaba
aprender de ella, pero yo siempre quise aprender algo más y mi madre era
incapaz de enseñarmelo.
Siempre tuve curiosidad por el conocimiento y el porque se me negaba, mi
padre nunca quiso que yo aprendiera a leer, era realmente frustrante pero esto
nunca me frenó, me gustaba escabullirme en su biblioteca a ojear algunos
libros, no me importaba no entender solo quería sentirme cerca del
conocimiento.
La muerte de mi madre fue tan traumática que ni siquiera me gusta pensar en
ella, lo peor es que no se me permitió llorar por mi mamá, ya que nadie podía
saber mi origen y ella era solo una sirvienta ante los ojos de todos. Crecer sin
ella fue terrible, la soledad invadía mis días y nunca tuve una compañía como
ella, hasta que tenía 14 años de edad.
Nunca olvidaré cómo la conocí, era medianoche y mientras caminaba hacia la
biblioteca del castillo, choque con alguien, mi vela iluminó débilmente su
rostro. Era una señora de unos 35 años, de un hermoso cabello rojo, unos ojos
semejantes a una esmeralda y un gran vestido azul.
—Lo siento mucho, Princesa Elara. —Hizo una pequeña reverencia.
Estaba demasiado confundida, nunca en mi vida la había visto y de mis labios
solo pudo salir una pregunta.
—¿Quién eres?
—Soy Seraphina, su nueva dama de compañía —dijo ella.
Realmente no recordaba que necesitaba una nueva ayudante, después de que
mi última dama se casará.
—¿Qué haces por aquí? —Fue lo único que atiné a decir.
—Solo quería conocer un poco mejor el palacio —expresó.
Realmente no me importaba lo que hacía, pero no quería que me descubriera
robando libros y me acusara con mi padre.
—¿No encontraste una mejor hora? —Pregunte.
—Es que es más fácil, porque no hay nadie —declaró un poco nerviosa.
No le creía nada, no era para nada buena mintiendo, pero supe que no había
otra opción que hacerla mi cómplice, porque yo tampoco tenía una excusa
válida para estar ahí.
—Mira, necesito entrar a la biblioteca, tú no le cuentas a nadie sobre esto y yo
no cuento que andabas husmeando por el castillo —dije de manera firme —,
¿De acuerdo?
Solo afirmó con la cabeza así que me dirigí a la biblioteca, hasta que volvió a
hablar a lo lejos.
—Te acompaño —gritó.
Las dos llegamos a la biblioteca y cuando la vi agarrar un libro sentí
curiosidad.
—¿Sabes leer? —musité.
No esperaba respuesta, ni siquiera pensaba que me había escuchado, pero lo
que dijo me sorprendió demasiado.
—Si, mi esposo me enseñó —dijo con alegría.
—¿En serio? —dije bastante sorprendida.
—Si, fue lo único bueno que me dejó.
Era la primera vez que conocía a una mujer que sabía leer, ni siquiera mi
madrastra, que era la reina sabía hacerlo, tenía demasiada curiosidad sobre
cómo lo logró.
—Cuéntame más —dije un poco eufórica.
La noche se nos fue entre anécdotas y chismes, la conversación fluyó de una
manera increíble, así descubrí que es la viuda de un señor feudal muy
reconocido en la zona el cual le enseñó a leer. Según me contó nunca pudo
tener hijos y por eso no la consideraron digna de recibir la herencia, así que
aceptó este trabajo de dama de compañía. Sin darnos cuenta amaneció, nos
tocó salir con mucha cautela de la biblioteca, ya que a esa hora empezaban a
despertar todos.
Seraphina me acompaño hasta mi habitación, ya que el dia anterior mi padre
le indicó que me despertara temprano para ir a un evento del palacio, así que
me ayudó a vestirme de manera adecuada para asistir a ese baile de gala que
no era más que una excusa para presentar a un nuevo miembro de la nobleza.
La gala fue un completo desperdicio de tiempo en donde solo me pude dedicar
a lucir linda, a sonreirle a hombres desconocidos y rechazar cortésmente a
cada señor que se me acercaba, nunca estuve interesada en una relación
romántica y menos con alguien 30 años mayor aunque todos lo consideran
algo normal; aunque con Seraphina a mi lado y su anecdotas, la noche se hizo
un poco más tolerable.
En los días siguientes le insistí a Seraphina para que me leyera algunos
escritos en las noches y ella accedió a regañadientes porque le daba miedo ser
descubierta, de todas formas me leyó varias historias interesantes y la que es
por lejos mi favorita es “libro de buen amor” de el Arcipreste de Hita, ya que
me parece muy interesante como puede tener reflexiones sobre la moralidad y
a la vez tener tintes de humor. Gracias a los libros también pude aprender
varios datos más como que hay tres continentes: Europa, Asia y África, pero
hay personas que creen que existen más, yo no sé qué pensar al respecto, solo
me gusta disfrutar las lecturas de Seraphina sin pensar que hay más allá.
Pasaron las semanas y aunque disfrutaba bastante que mi dama me leyera los
cuentos yo quería poder leer yo misma y no tener que depender de alguien
más, ya que ella a veces no podía leerme en las noches y me sentía realmente
vacía, así que tomé una decisión debía aprender a leer. La única manera que
tenía de empezar ese nuevo camino era que Seraphina me enseñara, tenía mis
dudas sobre si aceptaría o no ya que le daba un poco de miedo lo que podría
pensar mi padre, pero no tenía otra opción. Al final aceptó ya que se dio
cuenta de que en la noche no solía pasar mucha gente.
Seraphina era una gran maestra; cada día me enseñaba algo nuevo en la
oscuridad de mi habitación, para que nadie nos descubriera. Poco a poco fui
leyendo más y más, pero cada lección también era una gran charla entre las
dos. Ella llenaba mi soledad, era como una madre para mí e incluso me llevaba
a pasear por el pueblo. Ahí conocí por primera y última vez el amor, una
hermosa chica de cabello rubio y piel como la porcelana. Estaba sola
recolectando manzanas y no pude evitar hablarte.
—Buenos días, señorita —dije un poco nerviosa.
Ella dejó su canasta a un lado para corresponder a mi saludo.
—Buenos días, princesa —dijo mientras hacía una reverencia.
Todos sus movimientos eran sublimes y su voz suave.
—¿Cómo te llamas? —pregunté.
—Isabella —expresó con una gran sonrisa en la cara.
Desde ese momento, su nombre quedó grabado en mi corazón y en mi mente.
Charlamos por un rato y así descubrí que tenía 15 años y estaba casada con un
campesino de por ahí, mi corazón palideció un poco, pero igual no quise
rendirme antes de empezar.
Seraphina me recordó que era momento de volver al castillo. A regañadientes,
me despedí de Isabella, no sin antes preguntar dónde podría encontrarla.
En el castillo, no dejé de pensar ni un segundo en ella. Aunque nunca
entenderé cómo me pude enamorar tan profundamente de una mujer.
Días después cuando por fin logré escapar del castillo, lo primero que hice fue
buscar a Isabella. Sabía que estaba mal, dos mujeres no pueden tener nada,
eso es inmoral, pero no lo pude evitar. Ella me cautivó. La encontré en un lago
mientras lavaba su ropa. Me ofrecí a ayudarla; era la excusa perfecta para estar
con ella.
Todo fluía de una manera inexplicable; mi conexión con ella fue inmediata.
Hablamos sobre nuestras vidas, también hablamos sobre nuestros gustos. Me
sorprendió lo parecidas que somos; definitivamente, es mi alma gemela.
Tuve que volver al castillo. Seraphina me ayudó como siempre, a entrar para
que nadie me viera. Hablamos toda la noche sobre lo mucho que me había
gustado Isabella y lo mal que estaba. Seraphina dijo que era normal porque el
amor nunca puede estar mal. En un momento, sentí curiosidad por el
matrimonio de Seraphina.
—Tu matrimonio debió ser muy bueno; hasta te enseñó a leer —afirmé.
—Mi esposo era de una familia muy poderosa, así que solo me enseñó a leer
para que fuera digna de él. — Lloró mientras lo recordaba.
—¿Te pegaba? —pregunté.
—No —dijo de manera fría.
—Entonces no era tan malo —dije.
—Lo que él hacía era peor que un golpe —expresó.
Comprendí que era mejor no preguntar más y me dirigí a mis aposentos. La
noche transcurrió de manera normal, pero lo que dijo Seraphina me dejó con
muchas dudas. ¿Qué sería peor que un golpe? Miré la luna en busca de
respuestas, pero fue inútil.
La mañana siguiente, Seraphina me levantó más temprano de lo normal
porque mi padre y mi madrastra partirían a otra ciudad para hacer tratos con
un reino vecino. Toda esta situación me ponía muy feliz porque así podría ver
mucho más a Isabella.
Hubo una ceremonia de despedida bastante grande, así que aproveché para
escabullirme y ver a Isabella, pero estaba un poco rara. Tenía varios golpes en
la cara y ya no irradiaba felicidad.
—¿Qué te pasó? —pregunté bastante preocupada.
—Lo de siempre. —Volteó la mirada.
—¿Qué es lo de siempre?
—Me pegó —susurró.
No lo podía creer. ¿Quién podría hacerle eso a alguien tan bueno?
—¿Quién lo hizo? —dije.
—Mi esposo.
—¿Por qué no escapas conmigo? Yo te puedo ayudar.
—Porque esta es la vida que me tocó y tú nunca lo comprenderás, porque no lo
has vivido —gritó al borde del llanto.
Nunca me había sentido tan impotente; solo me quedó ver cómo se alejaba.
Lloré todo el regreso al castillo, donde Seraphina me consoló. No me sentí bien
para contarle, y mejor fui a mi habitación, me refugié en los libros, lo que me
dio una idea.
Reuní a una gran cantidad de mujeres en un bosque de manera secreta y les
ofrecí mi ayuda para que pudieran empezar a leer y escribir. Muchas me
miraron raro, pero al final les pareció buena idea. Quedamos en vernos todos
los sábados en ese mismo bosque, y entre Seraphina y yo les podríamos
enseñar.
El primer sábado fue increíble, y muchas de ellas pudieron empezar a leer
algunas palabras simples. Tuve la esperanza de que Isabella hubiera recibido
mi recado y se presentará, pero no lo hizo. Igual no dejé que eso afectara a las
demás; todo siguió de acuerdo a lo acordado.
El siguiente sábado no pude ir a las lecciones porque tenía un compromiso en
el castillo, así que decidí mandar a Seraphina sola. Todo iba normal hasta que
recibí la trágica noticia: habían descubierto a Seraphina enseñando y la iban a
ejecutar acusándola de revelarse contra el reino. Fuí lo más rápido que pude al
lugar y me encontré a Seraphina siendo apresada por unos guardias reales.
Ordené que la liberaran; me hicieron caso, pero me advirtieron que mi palabra
no era suficiente para evitar su ejecución. Solo pude llorar mientras pedía
perdón. Seraphina acarició mi cabeza con tranquilidad, me dijo que no debía
llorar ya que esta experiencia aunque fuera corta, la hizo muy feliz y me dijo
adiós antes de que los guardias la arrastraran a la hoguera. Vi cómo moría, y
los recuerdos invadieron mi mente; mi madre murió de la misma forma, y mi
padre no pudo hacer nada porque ella era una simple amante; mi padre nunca
estaba para hacer algo.
II
Corrí al bosque en donde habían atrapado a Seraphina y me tiré al piso a
llorar, estaba decidida a morir ahí, hasta que sentí que unas manos me
abrazaron, al levantar la mirada vi unos lindos ojos verdes, era Isabella.
—¿Qué te pasó? —preguntó.
—La mataron —dije entre lágrimas.
—¿A quién? —preguntó asustada.
—A mi madre.
No recuerdo cómo llegué, pero luego de eso aparecí en casa de Isabella, ella me
estaba cuidando.
—¿Qué pasó? —pregunté un poco confundida.
—Te encontré tirada en el bosque y decidí
traerte —dijo mientras barría—. Por cierto perdón por lo del otro día, estaba
un poco alterada.
—No te preocupes.
Nunca podría enojarme con ella, porque aunque no la conozca demasiado yo
se que es alguien bueno. Me levante y senti una pequeña molestia en la rodilla
que creo que fue provocada por mi caída, pero lo que más me incomodaba era
el vestido que traía puesto, el mismo vestido que horas antes Seraphina había
escogido para mi, un gran vestido morado muy pesado que aunque bello, era
muy incómodo. Isabella notó de inmediato mi molestia y me ofreció una ropa
más cómoda, al cambiarme escuche un ruido y seguido Isabella gritó
¡Escondete!.
Era el esposo de Isabella que había llegado borracho a golpearla, gritando que
debía ser suya, ella ni siquiera puso resistencia, apenas y soltó lágrimas era
como si se hubiera acostumbrado a sufrir.
Me encontraba bajo la cama, con el corazón latiendo con fuerza mientras
observaba impotente la escena que se desarrollaba ante mis ojos. El dolor y la
rabia me consumía al ver a Isabella siendo maltratada de esa manera por su
propio esposo. Quería correr hacia ella, quería detener al hombre que la
lastimaba, pero me sentía paralizada por el miedo y la impotencia.
Los minutos parecían horas mientras permanecía escondida, escuchando los
gritos y los golpes que resonaban en la habitación. Cada sonido era un puñal
clavado en su corazón, recordando la injusticia y el sufrimiento que tantas
mujeres como Isabella debían soportar en silencio.
Finalmente, cuando el hombre se marchó de la habitación dejando a Isabella
llorando en el suelo, salí de mi escondite y me arrodille junto a ella. Tome las
manos temblorosas de Isabella entre las mías y trate de ofrecer palabras de
consuelo y apoyo.
—Lo siento tanto, Isabella. Nadie debería sufrir de esa manera —dije con voz
temblorosa.
Isabella levantó la mirada, sus ojos azules llenos de dolor encontraron los de
Elara, y por un instante, en medio de la oscuridad, pareció que el mundo se
detenía, decidí abrazarla y era como si el tiempo ya no transcurre y por un
instante sentí que debía ayudarla a sanar, nos miramos fijamente por un
segundo, tomé sus mejillas y nos fundimos en un beso, esa noche fue solo de
nosotras.
A la mañana siguiente tuve que partir de su lado, no sin antes recordarle que
estaría para ella cuando lo necesitara y que podía ir a las clases los sábados si
gustaba, ya que decidí no abandonar esa idea, porque la muerte de Seraphina
no puede ser en vano.
El sábado siguiente fue un poco gris e incluso muchas no fueron por el miedo y
tristeza que les provocaba la muerte de Seraphina, pero igual decidimos
aprender con las que estábamos, a parte mi rayito de luz Isabella también fue y
eso hizo el día mucho mejor.
Al acabar las clases me quedé con Isabella para hablar un poco mejor de lo que
ocurrió el otro día. Hablamos por horas, pero no pudimos darle nombre a lo
que nos pasa, ya que dos mujeres no pueden ser novias y mucho menos
esposas, pero igual sentimos amor la una por la otra.
Los meses pasaban y muchas volvieron, otras ya sabían armar frases pequeñas
e Isa ya leía aunque no perfecto, pero ya lo podía hacer que es lo importante;
me sorprende que a alguien tan inteligente se le hayan quitado las
oportunidades de tal manera. Al volver me encontré con la no tan agradable
sorpresa de que mi padre y la reina habían regresado de su viaje, lo peor fue
con la noticia que habían venido, me habían conseguido esposo o mas bien
habían acordado con un reino vecino que me casaría con su príncipe el cual
era un señor de 36 años con fama de mujeriego y alcohólico, trate de negarme,
pero fue inutil estaba decidido.
III
No pude ir a dar clase el siguiente sábado porque tenía que conocer a mi
futuro marido, mi nueva dama me escogió un vestido muy grande que era
lindo, pero no lo suficiente como para aguantar ese martirio, trate de negarme
pero no me hizo caso ella insistia que era el mejor vestido para ver a alguien
tan importante. Al llegar al lugar acordado me encontré con un señor
morboso, poco aliñado, feo y con un olor a alcohol impresionante; lo que sentí
al verlo solo se puede resumir en asco, pero igual me toco entablar una
conversación con él y con cada palabra que salía de su boca me convivencia
más de que él no es lo que quiero para mi vida. la cena acabó sin ningún
contratiempo sin contar cuando trato de darme un beso y lo aparte, aunque
me vayan a regañar por eso no me arrepiento.
No me equivoque, porque definitivamente me regañaron, pero eso no me
podía importar menos, lo que realmente me importaba era que tenía una cita
con Isabella en el bosque, ya que quedamos de reunirnos todos los sábados. Al
llegar la vi cerca del lago con un hermoso vestido amarillo y su bello cabello
recogido, senti tanta paz al verla que solo llegue y le di un beso, ella sonrio un
poco confundida
—¿Qué pasó? —preguntó.
—Solo que te amo.
No sabía si contarle lo de mi matrimonio, estaba muy nervioso, yo solo quería
olvidarme de todo.
—¿Segura? —dijo poco convencida.
—La verdad es que mis padres me quieren obligar a casarme con un señor. —
Derrame algunas lágrimas.
la revelación la descolocó un poco, pero igual ella no me dejó sola durante toda
la noche; pasamos la noche juntas, entre sus besos y sus abrazos fue una noche
mágica.
Cuando regresé al palacio mi padre me estaba esperando, porque habían
descubierto mi secreto, sentí como los nervios invadian mi cuerpo y no por lo
que pensará mi padre sino que no quería que me alejaran de Isabella. Me
contó que mandó a un guardia a espiarme y así me vio con ella; me encerraron
y dijeron que solo me dejaran salir hasta el día de la boda, porque estoy
enferma.
Hoy es el día de mi boda y me niego a acabar casada con ese señor, prefiero
morir y eso es lo que voy a hacer, un veneno acabara con mi vida de manera
inminente y solo quiero recordarles que nuestra sangre no puede ser
derramada en vano. Mujeres luchen por sus sueños y por favor derroten a este
maldito gobierno. De todo corazón, Elara.
"En el oscuro telar del destino, entre hilos de silencio y opresión, una luz
emerge con la fuerza del conocimiento y el amor prohibido, tejiendo un relato
de valentía, lucha y esperanza que desafía al olvido."
Isabella
IV
4 de diciembre de 1481 (España)
Querida Elara
Escribo estas palabras pensando en ti, acabo de leer tu historia y quiero
odiarte por dejarme sola en este mundo profano, pero no puedo, tú fuiste la
única luz en la oscuridad de mi vida y solo me queda darte las gracias por todo.
Tú dama me trajo 2 cartas que me mandaste antes de morir y yo también
quiero que conozcas mi historia:
No recuerdo mucho mi vida antes de ti, solo sé que mis padres me vendieron a
los 12 años a un campesino que ahora es mi esposo, el cual siempre me golpea
y aunque te parezca difícil, si yo me acostumbre a esta vida, nunca planee
cambiarla hasta que te conocí y vi una luz al final del túnel.
Recuerdo perfectamente el dia en que te conocí y como te acercaste
timidamente a hablarme, quiero que sepas que tu hermoso pelo negro, tu cara
y todo de ti tambien me cautivo de una menera impresionante Ese mismo dia
al llegar a mi casa ahi estaba mi esposo dispuesto a golpearme y a obligarme a
estar con el nuevamente, te confieso que ese dia dolio mas que nunca, porque
despues de respirar un poco de libertad, la prision duele más.
El dia que me encontraste golpeada y te grite, fue porque no podía permitirme
amarte para luego volver con mi marido, te pido perdón si te lastime solo no
quería que las dos saliéramos heridas de todo esto, igual fue inutil porque las
dos nos enamoramos perdidamente.
Nunca olvidaré ese dia que te encontré tirada llorando y en donde me revelaste
que tu madre había sido asesinada, decidí llevarte a mi casa porque te vi muy
vulnerable, pero nunca conté con que llegara mi esposo ebrio y haría lo que
hizo, realmente no sentí dolor por sus golpes solo senti verguenza, mucha
verguenza de que me vieras así y te agradezco demasiado por tus besos,
porque me sentía sucia y gracias a ti borre su sabor de mi boca.
Siempre viviré agradecida contigo por todo lo que me enseñaste, gracias a ti
ahora puedo escribir estas palabras, en serio gracias por enseñarme esta
habilidad y no dejaré que las clases mueran contigo, me encargare de seguir tu
legado.
Siempre recordaré con un gran cariño nuestra última cita y como me revelaste
tu matrimonio arreglado, quise llorar y protegerte de vivir el mismo destino
que yo, pero ¿a quién engaño? nunca pude hacer algo por mi, menos lo podría
hacer por ti. Odio ser tan débil, tal vez es mi culpa que hoy no estes aqui.
Tú dama Beatriz ayer me trajo las cartas que me mandaste, pero apenas
conseguí fuerzas para hacer algo y tu segunda carta aunque es corta logró
conmoverme:
“Amor huye lejos de esta vida, con Beatriz te dejo dinero para que te vayas a
Francia y empieces desde cero.
Te amo
-Elara”
Me conmueve ver como hasta el último momento te preocupaste por mi y
claro que te haré caso mi amor y sere feliz por las dos, cada que pueda le
contaré a la gente nuestra historia de amor, que fue fugaz pero muy intensa y
aunque no puedas leer esto quiero que sepas que te amo y nunca te olvidare.
Isabella.
FIN
"En las páginas de la vida, entre líneas de dolor y sacrificio, nuestro amor perdura más allá de
las sombras, un legado de valentía y esperanza que trasciende el tiempo y la distancia, como
un faro de luz en la oscuridad del destino."