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1.1. Constitución

La Constitución Española de 1978 es la ley fundamental del ordenamiento jurídico español, que establece principios constitucionales, derechos fundamentales y la estructura del Estado. Se compone de 169 artículos organizados en diez títulos, y se divide en una parte dogmática que recoge los derechos y deberes fundamentales, y una parte orgánica que regula las instituciones del Estado. Además, garantiza la protección de los derechos a través de mecanismos jurisdiccionales y constitucionales, y establece la monarquía parlamentaria y el modelo autonómico del Estado.

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1.1. Constitución

La Constitución Española de 1978 es la ley fundamental del ordenamiento jurídico español, que establece principios constitucionales, derechos fundamentales y la estructura del Estado. Se compone de 169 artículos organizados en diez títulos, y se divide en una parte dogmática que recoge los derechos y deberes fundamentales, y una parte orgánica que regula las instituciones del Estado. Además, garantiza la protección de los derechos a través de mecanismos jurisdiccionales y constitucionales, y establece la monarquía parlamentaria y el modelo autonómico del Estado.

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1.1. LA CONSTITUCIÓN ESPAÑOLA DE 1978. ANTECEDENTES. ESTRUCTURA.

PRINCIPIOS CONSTITUCIONALES Y VALORES SUPERIORES. DERECHOS


FUNDAMENTALES Y LIBERTADES PÚBLICAS. SU PROTECCIÓN Y GARANTÍA. LA
REFORMA CONSTITUCIONAL. EL TRIBUNAL CONSTITUCIONAL.

La Constitución es la ley fundamental del Ordenamiento jurídico español, a la cual


deben obediencia y respeto tanto los poderes públicos como el resto de los
ciudadanos. Tal y como indican los principios constitucionales, todas las demás leyes
deben estar, a su vez, subordinadas al texto constitucional para que gocen de plena
validez. En caso contrario, serían consideradas como nulas de pleno Derecho.

La Constitución de 1978 es la séptima en toda la historia constitucional española (la


octava si se cuenta el Estatuto Real de 1834). Tras un largo proceso de negociación,
el texto definitivo de la Constitución vigente fue aprobado por el Congreso de los
Diputados y el Senado el 31 de octubre de 1978 y sometido a referéndum popular el 6
de diciembre del mismo año. El Rey la sancionó en sesión conjunta del Congreso y del
Senado el 27 de diciembre de 1978 y dos días después, el 29 de diciembre, se publicó
en el “Boletín Oficial del Estado”

Entre sus antecedentes cabe destacar la Constitución de Cádiz de 1812, que ejerció
una gran influencia en el siglo XIX e introdujo los principios de soberanía nacional y
división de poderes, si bien de forma diferente a la actual. En nuestro texto
constitucional se recogen todos y cada uno de los derechos fundamentales y
libertades públicas que se reconocen a los ciudadanos españoles, así como las
obligaciones vinculadas a ellos, además de las garantías existentes para defenderlos.
La división de poderes en Poder Legislativo (llevado a cabo por las Cortes Generales),
Poder Ejecutivo (llevado a cabo por el Gobierno) y Poder Judicial (llevado a cabo por
los jueces y tribunales) es otra de las cuestiones fundamentales que recoge la
Constitución actual.

Está compuesta por 169 artículos distribuidos en diez títulos, 4 disposiciones


adicionales, 9 transitorias, 1 derogatoria y 1 final.

En su estructura pueden distinguirse dos partes: la parte dogmática y la parte


orgánica.

La parte dogmática recoge los grandes principios, las grandes definiciones que van a
estructurar el Estado y la sociedad, así como la tabla de derechos fundamentales de la
persona. Comprende el Título Preliminar y el Título Primero, “de los derechos y
deberes fundamentales”.
En el Título Preliminar encontramos los principios y valores que van a informar el
ordenamiento jurídico español; define el modelo de Estado y reconoce la soberanía
nacional del pueblo; establece la forma política del Estado, introduce las premisas
sobre las que más adelante estructurará el Estado de las Autonomías: la unidad de la
Nación española, la autonomía de las nacionalidades y regiones de España y la
solidaridad entre todas ellas. Determina el castellano como lengua oficial, y la
oficialidad de las demás lenguas españolas en sus respectivas Comunidades
Autónomas; describe la bandera de España, determina la capital el Estado, etc.

El Título Primero establece una serie de derechos y deberes que estructura en cinco
capítulos: En el Capítulo I, “De los españoles y de los extranjeros” contempla el
derecho a la nacionalidad, la mayoría de edad y los derechos de los extranjeros en
España. El Capítulo II, “De los derechos y libertades” comienza estableciendo en el
artículo 14, la igualdad de todos los españoles ante la ley y a continuación se
estructura en dos secciones de relevancia a la hora de determinar los medios de
protección de los derechos en ellas recogidos.

La sección primera “de los derechos fundamentales y las libertades públicas” (arts. 15-
29 CE) reconoce, entre otros, el derecho a la vida y a la integridad física, el derecho a
la libertad y a la seguridad, a la libertad ideológica, religiosa y de culto, los derechos de
reunión y manifestación, de asociación, el derecho a la educación…

En la sección segunda “de los derechos y deberes de los ciudadanos” se relacionan


aquellos derechos que generan a su vez deberes como son las obligaciones
tributarias, el derecho al matrimonio, el derecho a la propiedad, etc.

El Capítulo III bajo la rúbrica de “principios rectores de la política social y económica”


enumera una serie de prestaciones que los poderes públicos deben garantizar. El Ca-
pítulo IV recoge las garantías de las libertades y derechos fundamentales y el Capítu-
lo V regula la suspensión de los derechos y libertades recogidos en este Título.

Por otro lado, la parte orgánica regula las grandes instituciones que estructuran el
Estado.

El texto constitucional culmina con 4 disposiciones adicionales, 9 disposiciones transi-


torias, 1 disposición derogatoria única y 1 disposición final donde se establece la entra-
da en vigor.

Los principios constitucionales constituyen el sustrato político-jurídico sobre el que


se asienta el entramado constitucional. Se trata de una serie de “predicados básicos”
que, en el fondo, no son otra cosa que explicitaciones de los propios criterios matrices
en los que el Estado expresa las que considera sus opciones fundamentales.
Están recogidos en:

- Artículo 1 CE: establece en los apartados 1 y 3 que “España se constituye en


un Estado social y democrático de Derecho que propugna como valores supe-
riores de su ordenamiento jurídico la libertad, la justicia, la igualdad y el plura-
lismo político” y “la forma política del Estado español es la Monarquía Parla-
mentaria”.

- Artículo 2 CE: señala que “la Constitución se fundamenta en la indisoluble


unidad de la nación española (…), y reconoce y garantiza el derecho a la auto-
nomía de las nacionalidades y regiones que la integran y la solidaridad entre
todas ellas”.

A continuación, pasamos a analizar los mencionados predicados.

a) Estado social y democrático de Derecho


- Estado de Derecho. Se encuentra integrado por 3 grandes elementos que son:

 Imperio de la ley: Encuentra su plasmación más contundente en el artículo


9 de la Constitución, especialmente en los principios recogidos en el
apartado 3: el principio de legalidad, la jerarquía normativa, la publicidad
de las normas, la irretroactividad de las disposiciones no favorables o
restrictivas de los derechos individuales, la seguridad, la responsabilidad y
la interdicción de la arbitrariedad de los poderes públicos. En el derecho a
la tutela judicial efectiva del art. 24 y en las disposiciones establecidas en
el art. 17 CE para garantizar la libertad y la seguridad de los ciudadanos.
También se concreta en los arts. 24, 103.1, 106.1, 117CE.

 División de poderes. Esa primacía de la ley debe estar acompañada de un


sistema de separación de poderes como garantía y freno de los mismos.
Esta separación ha de entenderse como un sistema de distribución de
funciones inserto en una red de relaciones y controles mutuos.

 Reconocimiento de Derechos y libertades fundamentales.

- Estado Democrático. Sustentado en:


 Radicación popular del poder. Según el Art. 1.2 Constitución, la soberanía
nacional reside en el pueblo español del que emanan los poderes del
Estado.

 Concepción plural de la sociedad.

 Visión participativa del proceso político.

-Estado Social
El principal problema del Estado Social de Derecho no es otro que el crear una situa-
ción de bienestar general que garantice el desarrollo de la persona humana y respete
el ordenamiento jurídico.

b) La monarquía parlamentaria

Establece el art. 1.3 Constitución que “la forma política del Estado español es la mo-
narquía parlamentaria”. El entendimiento de la constitución de la monarquía parlamen-
taria como forma política del Estado encierra dos elementos complementarios, pero
claramente escindibles:

 La naturaleza especifica de la Jefatura del Estado cuyo titular es un monarca


hereditario, viene a significar que la Constitución culmina la organización de la
estructura estatal reconociendo un órgano constitucional particular mediante la
adscripción de la Jefatura del Estado a una persona que representa la institu-
ción histórica de la monarquía, es una institución sin poderes políticos concre-
tos, y se le pretende dar una mayor representatividad social

 El juego de relaciones que se fija entre el poder legislativo y el poder ejecutivo,


es un sistema hereditario de Jefatura del Estado que depende de la voluntad
superior del parlamento por medio de su acción legislativa y se añade el ser
una monarquía racionalizada con funciones fijadas directamente en la constitu-
ción.

c) El Estado autonómico

La Constitución optó por un modelo amplio e indeterminado que parte de la premisa de


que “la Constitución se fundamente en la indisoluble unidad de la Nación española, pa-
tria común e indivisible de todos los españoles, y reconoce y garantiza el derecho a la
autonomía de las nacionalidades y regiones que la integran y la solidaridad entre todas
ellas”, al tiempo que establece en el art. 137 CE que “el Estado se organiza territorial-
mente en municipios, provincias y las Comunidades Autónomas que se constituyan”
que gozarán, todas ellas, de autonomía para la gestión de sus respectivos intereses.

Por lo tanto, se trata de un modelo territorial del Estado abierto, en función de la dispo-
sición que hagan los territorios que deseen acceder a su autonomía del derecho que la
Constitución les reconoce en distintas vertientes: de cara a optar o no al autogobierno;
para escoger una u otra vía de acceso a ese autogobierno; para asumir más o menos
competencias.

Valores superiores

En el derecho constitucional español, se encuentran recogidos en el artículo 1.1 CE.

El fundamento último de la libertad como valor se encuentra en la dignidad de la per-


sona humana. La Constitución exige a los poderes públicos que promuevan las condi-
ciones para que la libertad y la igualdad del individuo y de los grupos en que se integra
sean reales y efectivas y remuevan los obstáculos que impidan o dificulten su plenitud,
superando así el puro formulismo de los textos decimonónicos.

El valor de libertad tiene dos grandes manifestaciones: libertad desde el punto de vista
organizativo (Soberanía popular, Tolerancia, Elección de los gobernantes por sufragio
universal, Separación de poderes, reconocimiento y protección de los derechos funda-
mentales…) y libertad desde el punto de vista del status de las personas. En este últi-
mo aspecto, la libertad se observa desde varias perspectivas: en primer lugar, desde
la libertad-autonomía, es decir, desde la creación de condiciones jurídicas para que la
persona tenga un ámbito de actuación social sin interferencias de otras personas; en
segundo lugar, desde la libertad-participación, donde se favorece la intervención de las
personas en la organización del poder y en la fijación de los criterios generales de la
gobernación del Estado; en tercer lugar, desde la libertad-prestación, que es un signo
de la estrecha vinculación de los dos valores centrales, libertad e igualdad, que no se
pueden separar.

La justicia como valor absoluto presupone su proyección sobre todo el ordenamiento


constitucional. Recibe su concreción institucional en el Título VI de la CE referente al
Poder Judicial y en el Titulo IX, del Tribunal Constitucional. En algunas ocasiones el
Tribunal Constitucional identifica justicia con equidad. En tal sentido, es claro que no
estamos ante un valor superior sino ante el instrumento de los jueces para incorporar a
las resoluciones criterios de moralidad existentes en el ámbito cultural en que se pro-
duce la sentencia. En otras resoluciones, el Tribunal Constitucional identifica justicia
con igualdad. Por ello, la inclusión de la justicia entre los valores superiores tiene un
carácter superfluo.

Nuestro texto constitucional recoge en varios de sus preceptos las ideas de igualdad,
optando además por conjugarlo con el principio de libertad. El Estado debe de permitir
el ejercicio de los derechos de los ciudadanos, pero tutelando y protegiendo a los más
débiles, por tanto, encomienda a los poderes públicos en el Artículo 9 a promover las
condiciones para que la libertad y la igualdad del individuo y de los grupos en que se
integra sean reales y efectivas.

El Pluralismo Político como valor constitucional tiene su máximo exponente en la re-


gulación de los partidos políticos establecida en el art. 6 CE. El Tribunal Constitucional
ha matizado que tiene la función de fijar los límites dentro de los cuales pueden plan-
tearse las distintas opciones políticas, ya que resulta claro que la existencia de una
sola opción es la negación de este valor constitucional.

Siguiendo las definiciones elaboradas por distintos autores, los derechos


fundamentales pueden conceptualizarse como aquellos derechos humanos
garantizados por el ordenamiento jurídico positivo que gozan de una protección
jurídica reforzada.
En cuanto a los derechos fundamentales recogidos en nuestra Carta Magna, éstos se
distinguen en relación a su naturaleza entre:
a) Derechos de libertad: suponen una delimitación negativa del ámbito de actuación
del individuo, esto es, la abstención del poder público de penetrar en la esfera de
libertad y de derechos del individuo. (ej.: libertad personal, de expresión, derecho de
reunión, inviolabilidad de domicilio).
b) Derechos de prestación: implica una actitud activa de los poderes públicos. Deben
proporcionar medios para hacerlos efectivos. (ej.: derecho a la educación).

Por otro lado, son libertades públicas las esferas de libre actuación que la
Constitución otorga a los ciudadanos, que sólo necesitan de una actividad negativa o
de omisión por parte del Estado para su respeto.

A diferencia de las libertades públicas, los derechos fundamentales consisten en


algo positivo: otorgan un poder a su titular. Los derechos fundamentales vienen a
constituir así una posición activa y dinámica en la que se manifiesta el señorío de la
voluntad del individuo. Las libertades públicas otorgan a sus titulares un poder de
reacción para su defensa.

La ubicación primordial de los derechos fundamentales y libertades públicas en el


texto constitucional, debemos agruparlos en el Título I, Capítulo segundo, Sección I
rotulado “de los derechos fundamentales y libertades públicas” y que se suceden
consecutivamente desde el artículo 15, dedicado al derecho a la vida, hasta el artículo
29, que se encarga del derecho de petición.

Un Estado de Derecho no se reconocerá como tal si no existe una adecuada división


de poderes, no existe un texto constitucional válidamente aprobado y no existe un
reconocimiento a los derechos fundamentales y libertades públicas de los ciudadanos,
ya sean nacionales o extranjeros. Por tanto, la propia Constitución debe arbitrar una
serie de garantías que protejan dichos derechos y libertades.

En primer lugar, existen garantías jurisdiccionales, mecanismos específicos de


tutela de los derechos fundamentales para aquellos supuestos en que tales derechos
sean vulnerados. Existen dos cauces: el de la jurisdicción ordinaria y el de la
constitucional.

Como todos los derechos e intereses legítimos, los derechos fundamentales son
defendibles ante la jurisdicción ordinaria, ejercitando el derecho a la tutela judicial
efectiva. Por su importancia, la CE ha proporcionado mecanismos extraordinarios de
protección, basados en los principios de preferencia y sumariedad en los órganos
judiciales ordinarios.

Por otra parte, la protección constitucional, a cargo del Tribunal Constitucional, se


articula a través del recurso de amparo.

Las características fundamentales de este recurso son la excepcionalidad,


determinada por su naturaleza de recurso extraordinario; la subsidiariedad, pues es
necesario haber agotado antes todas las vías judiciales ordinarias, para poder
accionarlo; y el objeto limitado, restringido a los derechos contenidos en los artículos
14-29 y 30.2 CE (objeción de conciencia). No se pueden hacer valer otras
pretensiones.

Existen también garantías institucionales, como el Defensor del Pueblo o el


Ministerio Fiscal y, por último, los derechos fundamentales están protegidos a nivel
internacional. España es signataria del Convenio de los Derechos Humanos y las
Libertades Fundamentales de la Persona que, entre otras cosas, instituye al
Tribunal Europeo de Derechos Humanos como órgano jurisdiccional encargado de la
protección de los derechos recogidos en el Convenio. Para reclamar la protección de
los derechos contemplados en dicho Convenio es preciso agotar la vía jurisdiccional
interna, por lo que viene a constituir una garantía adicional en esta materia. Este
mecanismo de protección pueden utilizarlo tanto personas físicas como jurídicas.
Las decisiones del Tribunal Europeo de Derechos Humanos tienen una doble
importancia constitucional:

 Desde el punto de vista general, y como consecuencia de la previsión del


artículo 10.2 CE, la jurisprudencia del TEDH es un instrumento muy
importante para interpretar derechos y libertades constitucionalmente
garantizados.

 Desde el punto de vista individual, aunque las sentencias del TEDH tienen
un efecto meramente declarativo, el TC ha estimado que, constatada una
lesión de derechos por el TEDH, ésta debe ser reparada en el ámbito
interno.

La rigidez constitucional es una de las garantías que permite asegurar, junto al


control de constitucionalidad de las leyes, la supremacía de la Constitución
Española.

Nuestra Constitución se enmarca dentro de las Constituciones rígidas, dedicando su


Título X a la regulación de esta materia.

Comienza este Título determinando que la iniciativa de reforma constitucional se


ejercerá en los términos previstos en los apartados 1 y 2 del artículo 87. Haciendo una
traslación del artículo citado, corresponde esta iniciativa al Gobierno, al Congreso y al
Senado, de acuerdo con la Constitución y los Reglamentos de las Cámaras y a las
Asambleas de las Comunidades Autónomas, excluyéndose por tanto la iniciativa
popular.

El Título X establece dos procedimientos de reforma en función del alcance de la


misma, uno ordinario y otro agravado. El artículo 167 regula el procedimiento de
modificación de las partes de la Constitución no incluidas en artículo 168.1. Este
artículo 168 protege especialmente algunas partes de la Norma fundamental (Título
Preliminar, Capítulo segundo, Sección primera del Título I y Título II), así como a la
Constitución como totalidad, mediante el establecimiento de un procedimiento de
reforma agravado.

Con respecto al procedimiento de reforma del artículo 167, el denominado


ordinario, se establecen las siguientes fases:

1. Aprobación de la reforma por mayoría de tres quintos del Congreso y del


Senado.
2. En el caso de desacuerdo entre las Cámaras, creación de una Comisión de
composición paritaria de diputados y de senadores.
3. Establecimiento de un procedimiento especial para solucionar un nuevo
desacuerdo entre las Cámaras sobre el texto elaborado por la Comisión paritaria.
4. Ratificación de la reforma por referéndum, sólo en el caso de que sea solicitado,
por una décima parte de los miembros de cualquiera de las Cámaras.

El procedimiento de reforma contemplado en el artículo 168, que se conoce


como agravado, es aplicable únicamente a los supuestos de revisión total, esto es, de
sustitución íntegra de su texto por otro de nueva planta, así como a las reformas par-
ciales que afecten a los artículos 1 a 9 ("Título Preliminar"), 15 a 29 (Título I, Capítulo
2º, Sección 1ª, "De los derechos fundamentales y de las libertades públicas") y 56 a 65
(Título II, "De la Corona").

Señala este artículo que se procederá a la aprobación del principio de reforma por ma-
yoría de dos tercios de cada Cámara, y a la disolución inmediata de las Cortes.

Posteriormente, las Cámaras elegidas deberán ratificar la decisión y proceder al estu-


dio del nuevo texto constitucional, que deberá ser nuevamente aprobado por mayoría
de dos tercios de ambas Cámaras.

Finalmente, aprobada la reforma por las Cortes Generales, será sometida a referén-
dum para su ratificación.

Concluye el Título X con lo postulado en el artículo 169: no podrá iniciarse la reforma


constitucional en tiempo de guerra o de vigencia de alguno de los estados de alarma,
excepción o sitio regulados en el artículo 116.

El Título IX de la Constitución española lleva la rúbrica “Del Tribunal Constitucional” y


comprende los artículos 159 a 165 de la Constitución. Este último establece que “una
ley orgánica establecerá el funcionamiento del Tribunal Constitucional, el estatuto de
sus miembros, el procedimiento ante el mismo y las condiciones para el ejercicio de
las acciones”. Tal ley es la de 3 de octubre de 1979 (LOTC), que ha sido modificada
por las leyes Orgánicas de 26 de diciembre de 1984 y la de 7 de junio de 1985, que
derogan respectivamente el artículo 45, relativo al del recurso de amparo Constitucio-
nal contra las violaciones del derecho a la objeción de conciencia.

El tribunal Constitucional es un órgano constitucional, supremo intérprete de la


misma, independiente de los demás órganos constitucionales, y sometidos sólo a
aquella, y a su propia Ley Orgánica. Por tanto, podemos destacar dos notas que
caracterizan al Tribunal Constitucional:
1. Su papel como intérprete supremo de la Constitución, correspondiéndole la
función de realizar la última interpretación de los preceptos constitucionales
señalando la extensión y límites de los valores superiores de libertad, justicia,
igualdad y pluralismo político que se consagra en su primer artículo
constitucional. Todo ello para hacer posible la existencia del estado social y
democrático de Derecho.

2. Su constitución como órgano independiente, requisito imprescindible para el


cumplimiento de su misión.

Se compone de 12 miembros nombrados por el Rey, cuatro a propuesta del Congreso,


cuatro a propuesta del Senado, dos a propuesta del Gobierno y dos a propuesta del
Consejo General del Poder Judicial. En su composición participan los tres Poderes del
Estado, es decir, el Legislativo, el Ejecutivo y el Judicial, aunque con una clara
prevalencia del Poder Legislativo, que designa a ocho de sus miembros. Estos
miembros serán elegidos entre Magistrados y Fiscales, Profesores de Universidad,
Funcionarios Públicos y Abogados, todos ellos juristas de reconocida competencia con
más de quince años en el ejercicio de su profesión.
Serán designados por un período de nueve años y se renovarán por terceras partes
cada tres años.

El presidente del Tribunal es nombrado entre sus miembros por el Rey a propuesta del
mismo Tribunal en pleno y por un período de tres años.

El Tribunal Constitucional actúa en Pleno o en Sala. El pleno está integrado por todos
los Magistrados del Tribunal. Lo preside el Presidente del Tribunal y, en su defecto, el
Vicepresidente y, a falta de ambos, el Magistrado más antiguo en el cargo y, en su
caso de igual antigüedad, el de mayor edad.

El Tribunal Constitucional consta de dos Salas una compuesta por seis Magistrados
nombrados por el Tribunal en Pleno. La Sala primera será presidida por el propio
Presidente del Tribunal Constitucional y, en su defecto, por el Magistrado más antiguo
y, en caso de igual antigüedad, por el de mayor edad. La Sala segunda será presidida
por el Vicepresidente del Tribunal Constitucional y, en su defecto, por el Magistrado
más antiguo y, en caso de igualdad, por el de mayor edad.

Para el despacho ordinario y la decisión sobre admisibilidad o inadmisibilidad de los


recursos, el Pleno y las Salas se constituirán en Secciones compuestas por el
respectivo presidente o quien les sustituya y dos Magistrados.
El Tribunal Constitucional tiene jurisdicción en todo el territorio español y es
competente para declarar la inconstitucionalidad de las normas, para dictaminar en
recursos de amparo por violación de los derechos y libertades y en los conflictos de
competencia entre el Estado y las Comunidades Autónomas (o de estas entre sí),
además de intervenir en las demás materias que le atribuya la Constitución o las leyes
orgánicas.

El Recurso de Inconstitucionalidad presenta la superioridad de la Constitución sobre


el resto de normas del ordenamiento jurídico español y hace que la misma no pueda
ser considerada simplemente como un conjunto de declaraciones de principios, sino
como un derecho aplicable que obliga a todos, poderes públicos y ciudadanos.

Para su regulación se tienen en cuenta, tanto la propia Constitución como la Ley


Orgánica del Tribunal Constitucional, de 3 de octubre de 1979. El artículo 161.1 de la
Constitución, estipula que objeto de dicho recurso lo son, las leyes y disposiciones
normativas con rango de ley, así como las disposiciones adoptadas por los órganos de
las Comunidades Autónomas. Por su parte, la Ley Orgánica del Tribunal
Constitucional establece que serán susceptibles de recurso de inconstitucionalidad:

•Los Estatutos de Autonomía y las demás leyes orgánicas.


•Las demás leyes, disposiciones normativas y actos del Estado con fuerza de Ley.
•Los Tratados Internacionales.
•Los Reglamentos de las Cámaras.
•Las Leyes, actos y disposiciones normativas con fuerza de Ley de las Comunidades
Autónomas.
•Los Reglamentos de las Asambleas Legislativas de las Comunidades Autónomas.

Por lo que respecta a la legitimación del presente recurso, cabe decir, que están
autorizados a ello: el Presidente del Gobierno, el Defensor del Pueblo, 50 Diputados,
50 Senadores, los órganos Colegiados de las Comunidades Autónomas y, en su caso,
las Asambleas de las mismas. No admitiéndose, por tanto, la acción popular directa en
la impugnación de las leyes.

El Recurso de Inconstitucionalidad se formulará dentro de tres meses a partir de la


publicación de la Ley, disposición o acto con fuerza de Ley impugnado. No obstante, el

Presidente del Gobierno y los órganos colegiados ejecutivos de las Comunidades


Autónomas podrán interponer el recurso de inconstitucionalidad en el plazo de nueve
meses contra leyes, disposiciones o actos con fuerza de Ley en relación con las
cuales, y con la finalidad de evitar la interposición del recurso, se cumplan los
siguientes requisitos:

a) Que se reúna la Comisión Bilateral de Cooperación entre la Administración General


del Estado y la respectiva Comunidad Autónoma, pudiendo solicitar su convocatoria
cualquiera de las Administraciones.
b) Que en el seno de la mencionada Comisión Bilateral se haya adoptado un acuerdo
sobre iniciación de negociaciones para resolver las discrepancias, pudiendo instar, en
su caso, la modificación del texto normativo.
c) Que el acuerdo sea puesto en conocimiento del Tribunal Constitucional por los
órganos anteriormente mencionados dentro de los tres meses siguientes a la
publicación de la Ley, disposición o acto con fuerza de Ley, y se inserte en el BOE y
en el Diario Oficial de la Comunidad Autónoma correspondiente.

Otra modalidad del Recurso de Inconstitucionalidad, distinto del recurso directo,


es lo que se denomina por la Ley Orgánica del Tribunal Constitucional “cuestión
de inconstitucionalidad promovida por Jueces y Tribunales”. Cuando un Juez o
Tribunal de oficio o a instancia de parte, considere que una norma con rango de ley
aplicable al caso y de cuya validez dependa el fallo, pueda ser contraria a la
Constitución, planteará la Cuestión ante el Tribunal Constitucional.

Objetivamente, para que pueda darse dicha cuestión prejudicial de inconstitucionalidad


es necesario que se trate, propiamente, de una cuestión de inconstitucionalidad, y que
tenga conexión con la pretensión del proceso en que se plantea.

El procedimiento para llevarla a cabo es el siguiente: puede plantearse de oficio o a


instancia de parte. Si se insta por una de las partes, podrá hacerse en un escrito
independiente con esa finalidad o en alguno de los escritos que presente en el proceso
principal.

A modo de conclusión, nos parece interesante apuntar algunas particularidades de


nuestra Constitución respecto a otras a nivel internacional.

Como hemos visto, la Constitución española consta de 169 artículos, 4 disposiciones


adicionales, 9 disposiciones transitorias, una derogatoria y otra final. Esto la convierte
en uno de los textos más extensos del actual panorama europeo, por delante de la
francesa; la Ley Fundamental de Bonn; y la Constitución italiana.

A pesar de que algunos grupos políticos han solicitado en ocasiones una reforma de la
Constitución de 1978, esta se mantiene prácticamente intacta. Solo se ha modificado
el artículo 13.2, referido al voto de los extranjeros, y el 135 para garantizar la
estabilidad presupuestaria.

En otros países la Carta Magna ha sido reformada en más ocasiones. El récord lo


tiene Austria, que ha reformado su legislación constitucional alrededor de un centenar
de veces. Le sigue Alemania, con unas 70 reformas, y otros países como Italia,
Francia, Estados Unidos o Portugal.

"En España da un miedo insuperable reformarla pensando que nos conducirá a algo
peor o a desestabilizar el sistema", asegura Santiago Muñoz Machado que, al frente
de una decena de catedráticos de Derecho Constitucional y Administrativo, presentó
en noviembre de 2017 el documento Ideas para una reforma de la Constitución,
aplicando al texto español técnicas del federalismo vigentes en países como Alemania
y Austria.

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