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Neuroeducación: Optimización Cerebral

La neurociencia en la educación, o neuroeducación, busca optimizar los procesos de enseñanza y aprendizaje mediante el estudio del funcionamiento del cerebro, integrando conocimientos de neurociencia, psicología y pedagogía. Se enfoca en cómo las emociones, la actividad física, la calidad del sueño y la plasticidad neural influyen en el aprendizaje, proponiendo estrategias prácticas para mejorar la educación. Además, destaca la importancia de las neuronas espejo en el aprendizaje social y la empatía, sugiriendo que la educación debe adaptarse a las diversas formas de aprendizaje de los estudiantes.

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Neuroeducación: Optimización Cerebral

La neurociencia en la educación, o neuroeducación, busca optimizar los procesos de enseñanza y aprendizaje mediante el estudio del funcionamiento del cerebro, integrando conocimientos de neurociencia, psicología y pedagogía. Se enfoca en cómo las emociones, la actividad física, la calidad del sueño y la plasticidad neural influyen en el aprendizaje, proponiendo estrategias prácticas para mejorar la educación. Además, destaca la importancia de las neuronas espejo en el aprendizaje social y la empatía, sugiriendo que la educación debe adaptarse a las diversas formas de aprendizaje de los estudiantes.

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¿Qué es la neurociencia en la educación?

Neurociencia y educación se unen para descubrir cómo funciona el cerebro y


aprovechar todo ese conocimiento para optimizar los procesos educativos donde
se incluye la participación de docentes y alumnos. De manera que la neurociencia,
la psicología y la pedagogía conjugan saberes para facilitar la tarea educativa.

La neuroeducación observa cómo aprende el cerebro para adaptar y aplicar esa


información en todos los procedimientos de enseñanza y aprendizaje en los
diferentes niveles educativos: desde la educación inicial, preescolar,
primaria, hasta llegar a la educación superior.

Las Neurociencias son el conjunto de ciencias y disciplinas científicas y


académicas que estudian el sistema nervioso, centrando su atención en la
actividad del cerebro y su relación e impacto en el comportamiento. Se presenta
como una rama de investigación bastante reciente cuyo origen se remonta a la
década de 1960, abordando aspectos neurobiológicos de la conducta apoyados
en la psicología cognitiva, la lingüística, la antropología y la inteligencia artificial,
entre otros. Además, se trata de un conjunto de ciencias cuyo interés por ser
estudiadas ha aumentado durante la última década del siglo XX. Desde las
Neurociencias se identifican varias ciencias y disciplinas vinculadas, tales como la
neurobiología, neurofisiología, neuropsicología, neuroquímica, neuroanatomía,
neuromarketing, neuroliderazgo, neuroeconomía, neuromanagement,
neurogenética, neurociencia computacional, entre otras. Asimismo, se ha iniciado
su aplicación en diferentes campos como la filosofía, la ética, la sociología, el arte,
la economía e incluso la educación.

En tal contexto, destacan dos conocidas líneas de trabajo vinculadas a las


Neurociencias y el Aprendizaje: la Neurociencia Cognitiva y la Neuroeducación. La
primera, puede comprenderse como la rama de las Neurociencias dedicada a
estudiar las relaciones entre el sistema nervioso y la cognición humana. Por ello
suelen describirla también como un área científica que nace de la convergencia de
dos disciplinas: la Psicología Cognitiva que estudia las funciones mentales
superiores y las Neurociencias, que estudian el sistema nervioso que las sustenta.
Por otra parte, y según la literatura reciente, la Neuroeducación se entiende como
aquella disciplina que se ocupa de indagar y difundir sobre la optimización del
proceso de enseñanza y aprendizaje con base en el funcionamiento del cerebro y
los fundamentos neurobiológicos que lo sustentan. Por lo tanto, su propósito
esencial sería el de aplicar sus hallazgos al mejoramiento del proceso educativo,
buscando comprender cómo el cerebro cambia y se adapta durante el aprendizaje.

Lo expuesto pone de manifiesto la fuerte relación existente entre las dos ramas
vinculadas a las Neurociencias. Ambas se enfocan en indagar y comprender cómo
aprende el cerebro. Por tanto, pueden contribuir, en gran manera, a proporcionar
nuevas técnicas para potenciar los procesos de aprendizaje y del desarrollo
cognitivo, sus mecanismos causales, las variables que los afectan y una manera
práctica de analizar la eficacia de diferentes pedagogías que conlleven a una
formación equitativa y de calidad. También, resultaría clave para ayudar a resolver
los problemas neurofuncionales que afectan a los estudiantes en todas las etapas
del sistema educativo.

Para que el proceso de enseñanza-aprendizaje sea efectivo se requiere


intencionar el aprendizaje de los aprendices, considerando los componentes
cognitivos, así como los emocionales; por ejemplo: el interés respecto de lo que
están aprendiendo. En tal escenario, la Neurociencia Cognitiva y la
Neuroeducación se instauran según la literatura actual como áreas potenciales
para optimizar el diseño y estrategias educativas al brindar lineamientos para el
mejoramiento de la enseñanza-aprendizaje, en base al estudio tanto teórico como
empírico de los procesos mentales del cerebro, tales como el pensamiento, la
memoria, la atención y procesos de percepción complejos.

sintetizan una serie de prácticas que diversos investigadores de las Neurociencias


proponen para poder ser utilizadas dentro del salón de clases. Por ejemplo, en
relación con la atención, utilizar pausas en los niveles de atención que den tiempo
de asimilar cada nuevo aprendizaje. En cuanto a la motivación, desarrollar
actividades placenteras que reduzcan el estrés y propicien la curiosidad y
perseverancia. Para la memoria, recomiendan las repeticiones en distintos
escenarios que facilitan la memorización duradera y activar un conocimiento ya
almacenado que permita conectar el nuevo conocimiento, entre otras.

La base para el aprendizaje constante: La plasticidad neural

La plasticidad neural consiste en la capacidad de las diferentes redes neuronales


de nuestro cuerpo para modificarse a lo largo de nuestro desarrollo ontogenético
(Gago, 2018). Por tanto, la neuroplasticidad reconoce el papel fundamental que el
ambiente ejerce en la modulación de la actividad genética, permitiéndole al sujeto
realizar una reconstrucción propia a partir de la interacción del genoma con el
ambiente. Es importante comprender, que dicha flexibilidad de las neuronas es de
conexión, desconexión y reconexión constante, dependiendo fundamentalmente
de cuán consolidadas se encuentren estas redes interconectadas y cuánto se
usen en la vida cotidiana.

Más específicamente, la neuroplasticidad puede entenderse como la potencialidad


del sistema nervioso de modificarse tanto anatómica como fisiológicamente para
formar conexiones nerviosas en respuesta a la información nueva, la estimulación
sensorial, el desarrollo, la disfunción o el daño. Es decir, la plasticidad cerebral se
origina por y para responder a procesos adaptativos que son frutos de la
estimulación ambiental.

Considerando los antecedentes expuestos, es posible comprender que educar es


cambiar las posibilidades del cerebro. Por tanto, magnifica la relevancia de la labor
docente en el desarrollo efectivo del proceso de formación del estudiantado. Ello
evidencia que el éxito formativo no nace espontáneamente por la masificación de
un tipo de enseñanza única y de carácter reduccionista, sino que el sistema
educativo debería brindar la posibilidad de ajuste a las diversas maneras de
aprendizaje de las personas bajo un modelo educativo centrado en el bienestar de
sus participantes.

No obstante, es importante destacar que aún cuando la educación y el aprendizaje


cambian y afectan de manera importante las bases biológicas del cerebro, no se
pueden desatender otros elementos que intervienen sobre el aprendizaje, el
desarrollo cerebral y la propia formación del ser humano. Tanto el ámbito
educativo en todos sus niveles, así como el ambiente sociocultural cotidiano en el
cual se desarrolla la mayor parte de los actores del proceso educativo, deben
contribuir conjuntamente al desarrollo integral que persigue la educación. Así, no
solo se debería tener conciencia de la relación entre educación y aprendizaje con
las bases neuronales y biológicas de estos procesos. También se debería conocer
y considerar estrategias para fortalecer aspectos del entorno sociocultural que
influyen en el desarrollo cerebral de los educandos, los cuales podrían ser
causantes de desequilibrios y/o brechas educacionales.

El aprendizaje con base en las emociones

Las Neurociencias han demostrado que las emociones positivas facilitan la


memoria y el aprendizaje pues ayudan a mantener la curiosidad y la motivación,
condiciones trascendentales para un aprendizaje efectivo y duradero (Mora, 2017).
A nivel neurofisiológico, las emociones activan el hipocampo -que está relacionado
con la memoria y el aprendizaje-, anclando mejor los conocimientos obtenidos. De
este modo, produce recuerdos de tipo emocional con la mediación de la amígdala
cerebral, facilitando su posterior evocación. Existe, así, un entrecruzamiento entre
la emoción y la memoria que genera recuerdos fuertemente sostenidos en la
memoria a largo plazo, con mayores posibilidades de ser recuperado y por tanto
consolidado.

Si las emociones que se asocian a la experiencia de aprendizaje son de carácter


negativo -tales como la ansiedad, el miedo, el nerviosismo, la preocupación, la
tristeza, la ira- actuarían como barreras del proceso enseñanza-aprendizaje.
Específicamente, entorpecerían el anclaje de los conocimientos nuevos en la
mente debido a la liberación de la hormona del estrés o cortisol.
De forma crónica, estas situaciones negativas podrían causar trastornos en los
procesos cognitivos fundamentales para el rendimiento académico y el
aprendizaje de competencias para la posterior vida laboral.

La emocionalidad influye significativamente en el aprendizaje de una persona,


pues ellas condicionan las acciones posibles para su alcance. Asimismo, las
emociones son las que determinan la toma de decisiones en la zona prefrontal del
cerebro. Por tanto, si las emociones son no gratas, afectarían negativamente la
predisposición a aprender cosas nuevas o a establecer contactos con otros,
impidiendo al estudiante generar conexiones con los demás.

A modo de reflexión, es importante considerar la enseñanza misma como una


experiencia emocional en la que intervienen tanto procesos cognitivos como
afectivos. La práctica de la enseñanza implica una gran cantidad de trabajo
emocional que compromete nuestro sentir en las interacciones relevantes que se
dan con nuestros estudiantes, familiares y compañeros.

Por ello, y respecto al rol docente, es importante desarrollar la capacidad de actuar


para transformar y autorregular las emociones en el propio aprendizaje, tanto en
los aprendices como en los enseñantes. Todo profesor actúa como un factor
motivacional dual, que puede aumentar, promover, restringir o desmotivar al
estudiante. Dichas acciones pueden causar incluso frustración, insatisfacción o
resentimiento.

Actividad física y calidad del sueño para fortalecer el aprendizaje

La actividad física es un tema de sumo interés para la Neuroeducación, que puede


traer aparejada una mejora general de las funciones cognitivas, mayor autoestima,
y beneficiar a personas diagnosticadas con Trastorno por Déficit de Atención e
Hiperactividad (TDAH), ansiedad o depresión, además de prevenir el síndrome de
Burnout en estudiantes. El ejercicio también mejora la predisposición física y
psicológica hacia el aprendizaje, aumentando los niveles de motivación y atención
(Blakemore, 2007). Las autoras plantean que a nivel neuronal el ejercicio físico
actúa como un neuroprotector de ciertos tipos de células cerebrales y que el
estrés celular leve que produce el ejercicio genera mayores grados de motivación
y activación a lo largo de las clases, mejorando el nivel académico y disminuyendo
los niveles de estrés.

Existe vasta evidencia científica que confirma cómo favorece la actividad física y
mejora los procesos cognitivos durante la niñez y la adolescencia. Algunos de
estos estudios explican tales beneficios argumentando que la práctica de actividad
física genera un aumento del flujo sanguíneo cerebral, cambios en la liberación de
neurotransmisores, cambios estructurales en el sistema nervioso central y altos
niveles de excitación.

Respecto de la calidad del sueño, dormir adecuadamente también reduce los


niveles de estrés y promueve la capacidad memorística, siendo un factor
preponderante para el aprendizaje. En efecto, en la actualidad diversas
investigaciones, tanto experimentales como clínicas, han demostrado que el sueño
tiene efectos positivos sobre distintos tipos de memoria. Según la literatura, esto
se debería al ritmo circadiano de cada persona, el cual se encuentra asociado a
los cambios de luz-oscuridad que se dan durante el día y la noche. Es en esta fase
de sueño cuando las neuronas generan procesos de limpieza de las toxinas,
regeneración celular y consolidación de los aprendizajes (Blackemore y Frith,
2007). Cuando los hábitos del sueño se ven desregulados pueden surgir
trastornos del sueño, perjudicando así el rendimiento de la persona al afectar
distintas funciones cognitivas. Algunas disfunciones posibles son: alteración de la
capacidad de juicio, disminución de la flexibilidad cognitiva, alteraciones del humor
-irritabilidad y enojo-, fatiga excesiva y presencia de "microsueños" involuntarios,
el tiempo de reacción se prolonga, aparece el enlentecimiento cognitivo, entre
otros (Carillo-Mora et al., 2013).

En el ámbito estudiantil estos problemas son particularmente comunes en los


adolescentes y jóvenes universitarios, segmentos etarios más proclives a
presentar una baja calidad de sueño dado que suelen dormirse muy tarde. Dicha
situación genera conflicto con sus labores académicas matutinas, especialmente
cuando las materias más complejas de estudiar se ubican al principio de la jornada
de clases. Estos aspectos nos hacen reflexionar sobre la importancia del sueño
para el aprendizaje y la necesidad de establecer acciones para la prevención de
las alteraciones del sueño -medidas de higiene del sueño-, direccionados a
mejorar la calidad de vida de nuestros estudiantes.

Neuronas espejo y aprendizaje en contextos sociales

Las neuronas espejo -también conocidas como neuronas especulares o neuronas


cubelli, son un tipo de neuronas que nos permiten comprender a los demás y nos
vinculan con la postura emocional de la otra persona. Son neuronas que se
activan al realizar cierta acción y al observar las acciones de un semejante,
entregando un entendimiento neurobiológico de la empatía y la teoría de la mente.
Por ende, se supondría que son las precursoras del aprendizaje por imitación, la
interacción del yo y la comprensión social, las actitudes, el prejuicio, el consenso
social, el rechazo social y la toma de decisiones sociales (Pineda, 2016). Todas
estas son procesos claves que caracterizan las relaciones humanas e identifican a
los seres humano como seres sociales capaces de desarrollar un comportamiento
empático y comprensivo de las emociones de los demás. Esto facilita el
aprendizaje cooperativo, la adquisición de pautas de comportamiento y la
transmisión de la cultura. Se cree que sin la existencia de las neuronas espejo, la
imitación sería simplemente una reproducción mecánica de lo observado.
Asimismo, que no atendería al estado emocional y/o mental de los demás,
dificultando la capacidad de ser conscientes sobre lo que están experimentando
otras personas. Además, que afectaría la comunicación efectiva. En las
organizaciones educacionales la comunicación es un proceso clave para la
gestión educativa. Implica el cumplimiento de reglas, normas, políticas y
lineamientos indispensables para la obtención de un ambiente de armonía y
estabilidad, facilitando el trabajo en grupo.

Por ende, comprender cómo funcionan las neuronas espejo no solo es útil para
mejorar el rol de los agentes educativos y la convivencia escolar. También
ayudaría a deliberar estrategias potenciales para solucionar problemas que
pueden causar disfunciones en el plano relacional -profesor-aprendiz, aprendiz-
aprendiz-. El aprendizaje, como se ha revisado a lo largo de este artículo, no
solamente depende de la condición genética propia de cada individuo, sino que
también del entorno próximo y del contexto socio-cultural en el que se desarrolla.
De esta forma, los profesores pueden idear estrategias para generar en el aula
climas emocionales positivos que fomenten el aprendizaje compartido, en que
unos y otros colaboran cooperativamente en pos del progreso general del curso.
También, considerando el rol de docentes como referentes, se posibilitaría guiar el
aprendizaje de los estudiantes y establecer pautas o modelos para la resolución
de problemas. Esta guía o mediación no debe incluir solamente la enseñanza de
contenidos temáticos teóricos, sino que también la integración de ideas, valores y
actitudes, tan importantes como los conocimientos impartidos.

Aportes de la neurociencia en la educación

Cuando se evalúa para qué sirve la neurociencia en la educación, inmediatamente


resaltan los aportes de sus estudios para ser incluidos en los métodos de
enseñanza y en el diseño de estrategias para el aprendizaje. Ciertamente, cada
cerebro es único y cada individuo es actor de su propio aprendizaje, pero aun así,
existen parámetros generales que se muestran para reproducirse en formas de
patrón en la educación.

Es mucho lo que se ha aprendido sobre cómo funciona el cerebro. Este órgano es


de vital importancia y se alimenta de las experiencias, se renueva y cambia
constantemente; se puede fortalecer o atrofiar sino se estimulan las neuronas para
que se conecten con nuevos aprendizajes, transformándose así cada día.

La neurociencia educativa pone el énfasis en procesos cognitivos como la


emoción, la curiosidad, la atención, la conciencia, la memoria o el sueño partiendo
de la base de que se trata de procesos que implican a múltiples circuitos de
diferentes áreas cerebrales y que pueden ser estimulados en un ambiente
adecuado. Este conjunto de procesos que implican repetición, almacenamiento,
selección o elaboración de información pueden ser estimulados gracias a la
plasticidad cerebral, a un rol activo del individuo y a unos procesos cognitivos
puestos en marcha gracias a una serie de capacidades y habilidades que vamos
adquiriendo. Gracias a estos principios y procesos, la neurociencia educativa ha
conseguido plantear nuevas técnicas y/o aproximaciones y ha permitido confirmar
o desmentir algunos aspectos clave que podemos tener en cuenta a la hora de
plantear el proceso de aprendizaje:

 El entorno de la escuela influye en el aprendizaje en diferentes factores


como la luz, el ruido externo, la temperatura o la propia arquitectura del
centro

 Se pueden planificar diferentes y procesos herramientas de enseñanza


para fomentar el pensamiento crítico o creativo y promover la empatía.

 Permite detectar e intervenir en relación con fallos o procesos psicológicos


que puedan interferir en el aprendizaje normal, la memoria o la misma
educación como pueden ser las dificultades en lectoescritura o matemáticas
o la detección temprana de TDAH, ansiedad o dislexia.

 La importancia del sueño en el aprendizaje y como su ausencia tiene


efectos sobre la velocidad para procesar información.

 El impacto positivo de la motivación en la enseñanza

 La necesidad de la repetición para consolidar aprendizajes. No desde un


punto de vista conductista si no desde diferentes perspectivas
complementarias (corregir, evaluar, rectificar, etc.).

 La “ciencia del cerebro” también ha desmentido algunos neuromitos como


el uso del 10% de la capacidad cerebral o la idea de los hemisferios
diferenciados (en realidad ambos hemisferios trabajan transfiriendo
información constantemente).
Nos ayuda a entender la diferencia en el aprendizaje entre niños, adolescentes y
adultos, obviamente, cualquier persona podría deducir que no todas las personas
aprenden igual según su rango de edad. Y esto, en sí es muy cierto, aunque en la
mayoría de las aulas del mundo, la forma de enseñar es prácticamente la misma o
demasiado similar.

Entonces, si la Neurociencia y educación nos demuestran cómo madura el cerebro


en las diferentes edades, entonces entendemos que no se pueden aplicar siempre
las mismas metodologías en la primaria, secundaria e incluso en la universidad.

En este mismo sentido, la Neurociencia ayuda muchísimo a desenmascarar los


principales misterios sobre el funcionamiento del cerebro de los jóvenes
adolescentes. Y, a decir verdad, estos conocimientos nunca están sobrando para
los educadores cuando tienen un aula repleta de alumnos que están rebosantes
de energía, cargas emocionales y hormonas hasta más no poder.

Ayuda a comprender el gran componente que es la motivación


No nos cabe duda que alguien que está completamente motivado aprende
muchísimo mejor que alguien que no tiene un interés genuino por el contenido
educativo. En este sentido, sabiendo que la motivación se puede convertir en un
excelente componente para el proceso de aprendizaje, tenemos que conocer el
motivo real detrás de ello.
Por lo tanto, la Neurociencia y Educación nos aportan algunas pistas sobre la
importancia de ella y de los distintos estímulos que pueden activar las zonas
específicas del cerebro que ayudarán a que los alumnos se centren muchísimo
más en las tareas, intervenciones y en todo el desarrollo educativo.

Permiten al docente tener presente la importancia de fomentar la creatividad


Toda persona tiene un tipo de potencial creativo que de una forma o de otra, y en
distintas áreas, puede explotar y desarrollar a conveniencia. La mayoría de las
personas pueden pensar que este aspecto está permitido en mayor medida por el
trabajo del hemisferio derecho del cerebro, cuando el izquierdo es el encargado de
la lógica, aunque no es tan sencillo como esto.
La creatividad es muchísimo más que solo eso y también es inherente al
ser humano. Esto significa que toda persona la posee en un grado u otro y que
definitivamente, se puede desarrollar al poner en marcha un gran conjunto
de redes neuronales que son complejas para su explicación. Es gracias a
la Neurociencia y Educación que podemos saber cómo funciona la creatividad y
cómo podemos ayudar a fomentarla en las aulas de clases.
Ayudan a comprender el papel de las emociones en el proceso de aprendizaje
El docente, doctor en Medicina y Neurociencia y catedrático en Fisiología, F.
Mora señala que el cerebro aprende de una mejor manera cuando existe una
emoción. En sí, podríamos decir que muy poco se puede aprender si algo no está
mediado por las emociones de una persona. Es, gracias a la Neurociencia que
entendemos el gran papel que juegan los sentimientos y las emociones durante el
aprendizaje y la consolidación de los conocimientos.
Las tareas

En vista de que el cerebro desarrolla procesos de aprendizajes con esquemas que


se repiten, es apropiado que en el ámbito educativo y en sus evaluaciones se
haga lo mismo, por ejemplo, una receta de cocina. Se trata de razonar y entender
la mecánica de lo que se quiere aprender. Recreemos la situación para visualizarla
más fácilmente:

 La persona lee la receta.

 La repite hasta memorizarla.

 Perfecciona con la experiencia.

De esta forma, el individuo requiere leer la receta en varias oportunidades, es


decir, antes de elaborar una torta, por ejemplo, pero al hacer la preparación ya en
varias oportunidades, habrá memorizado los ingredientes y la cantidad que
corresponde a cada uno.

Al momento de ejercer la acción de mezcla, cocción y decoración de la torta, será


la neurodidáctica quien le complemente la memorización de la receta, pues al
momento de hacer varias veces el pastel y practicar algunas técnicas, el proceso
de aprendizaje será efectivo finalmente.
En la memoria

En la actualidad, el método tradicional de enseñanza aprendizaje se basa


en memorizar de una forma aislada la información, en consecuencia,
investigaciones han demostrado que al cambiar la forma o el orden de lo
memorizado se olvida, o pasadas 72 horas ya no se recuerdan los datos.

Por consiguiente, la neurociencia en la educación busca vincular


las emociones positivas o la inteligencia emocional, para producir aprendizajes
significativos. Por ejemplo, si la clase de matemáticas se ha planificado al aire
libre, sentados en el césped, con tacos de madera, piedras y plantas, y se
representan cálculos matemáticos simples en la etapa inicial, sumando, restando,
y así con otras operaciones, el niño podrá captar de mejor manera el aprendizaje,
pues se siente en un ambiente donde sus emociones tienen participación.

Conservar la motivación

Para generar continuamente la motivación en los estudiantes es necesario


conocer los intereses y desarrollar las estrategias que permitan mantener el deseo
de aprender. Hay tres factores que interactúan en la motivación.

 Activación.

 Dirección.

 Persistencia.

De manera que, es deber del docente o responsable del proceso educativo, que
se promuevan actividades que activen la motivación en el aprendiz, pero no es
solo esto, hay que guiar esa motivación y llevarla hasta el aprendizaje para que
realmente sea participativa.
Quiere decir que, desde el exterior, el cerebro recibe información variada que va a
descartar o a asimilar dependiendo de la emoción que le genere, impulsando así
el sistema neurobiológico de la motivación. Este proceso debe activar el
aprendizaje permitiendo así alcanzar los objetivos planteados en la educación y
debe darse de forma consecutiva y de manera persistente.

La neurociencia en la educación y los neuromitos

Los neuromitos son malas interpretaciones o afirmaciones que se encuentran


fuera de contexto en el área de la neurociencia y que se han estado aplicando
equivocadamente en el entorno educativo.

Uno de los neuromitos en la educación más comunes, es la creencia de que los


niños de 0 a 3 años están en mayor capacidad de aprendizaje que en otras
edades de su vida. Por ello, los padres han optado por fatigar a sus hijos con
innumerables actividades en arte, música, idiomas, deportes, entre otros,
causando así, niños cansados, agotados y superocupados para jugar libremente y
estimular su curiosidad nata.

De manera que, decir que solo utilizamos el 10% de nuestro cerebro, es otro de
los neuromitos educativos, pues realmente utilizamos el 100%, lo que sucede es
que no somos realmente conscientes de ello y no prestamos la debida atención
para que puedan convertirse en aprendizajes, las acciones de nuestra vida
cotidiana.

Finalmente, es la neurociencia en la educación quien marca las pautas para guiar


a los profesionales de la docencia, en nuevas estrategias educativas que
favorezcan el conocimiento y el crecimiento profesional, bien puede aplicarse la
neurociencia en la educación superior a jóvenes y adultos en etapa universitaria.

La neurociencia en la educación física, es aplicada para complementar el


desarrollo motor y establecer el equilibrio del cuerpo y la mente; así como
también la neurociencia en la educación socioemocional para establecer el
aprendizaje y el control de las emociones ante estímulos externos causados por el
entorno social.

Usamos más un hemisferio

La predominancia de un hemisferio sobre el otro no es una idea correcta. No


podemos considerar que una parte del alumnado tiene más desarrollado el
hemisferio derecho sobre el izquierdo, o viceversa ya que esta afirmación no tiene
ninguna base científica. La complementariedad de los hemisferios es clave para
comprender el proceso de aprendizaje. Cabe aclarar que los hemisferios no están
aislados sino que están conectados entre sí. Contamos con una estructura,
llamada cuerpo calloso, que realiza esta función. En cada categoría cognitiva
trabajan juntos los dos hemisferios. Hay programas educativos que se apoyan en
esta falsa creencia y se desarrollan planes de formación basados en objetivos
relativos a la predominancia hemisférica. Es por ello que debemos saber cuando
hay una evidencia científica y cuando es un neuromito.

Las personas solo recuerdan el 10 % de lo que leen (Pirámide del aprendizaje)

Supuestamente, la pirámide de aprendizaje mostraría el porcentaje de la


información que retenemos según como nos sea presentada. Esto ha ayudado a
bastantes docentes a usarla como una buena herramienta en la planificación de
sus clases; lo que ha ayudado a que esta pirámide se popularice.

El origen parece ser el “cono de la experiencia” que Edgar Dale publicó en uno de
sus libros y en el que proponía una clasificación de “experiencias audiovisuales”
yendo desde la más concreta (en la base) a la más abstracta (en la cima). Aunque
ni las clasificó según su eficacia y aún menos, les otorgó un porcentaje. Más tarde,
un empleado de Mobil Oil Company hizo una adaptación añadiendo, además,
porcentajes. Y, difundió la idea al publicarla en una revista, sin citar fuentes.

No hay evidencia de que este porcentaje de retención sea correcto. Es decir,


nunca ha habido ninguna explicación sobre de dónde provienen las muy bien
redondeadas cifras del 5%, 10%, 20%, 30%, 50%, 70% o 90% en interpretaciones
posteriores del trabajo de Dale (Tokuhama-Espinosa, 2018, p.149).
Con la edad se pierde capacidad para aprender habilidades y conceptos nuevos

Hoy en día sabemos que esto no es así, sobre todo a partir del conocimiento de la
plasticidad cerebral, es decir, la capacidad de adaptación que tiene el cerebro
durante toda la vida. E incluso también por la epigenética, que viene a decir que
sí, tenemos una carga genética que determina en gran medida nuestro cerebro,
pero que la mente también tiene capacidad de superar las limitaciones a las que
somos propensos. Depende de lo que hacemos, cómo lo hacemos o cómo nos
relacionamos, podemos llegar a cambiar nuestra epigenética. Es muy
esperanzador en el mundo educativo porque es una posibilidad de ir más allá de la
carga genética que hayas podido heredar. Por ello, la afirmación “las personas
mayores no tienen capacidad de aprendizaje”, es un neuromito, una creencia
totalmente falsa (Forés et al., 2015).

Existe otro neuromito relacionado con este: Después de los tres años de edad no
es posible aprender otro idioma que no sea el materno. Los adultos pueden
aprender idiomas extranjeros mejor y más rápido que los niños, siempre y cuando
inviertan la misma cantidad de tiempo en ello. Sin embargo, sí existen diferencias
en las estrategias en que los niños y los adultos aprenden idiomas (Tokuhama-
Espinosa, 2018, p.163).

De hecho, las personas pueden aprender y aprenden a lo largo de su vida, lo que


significa que el desarrollo del cerebro se mantiene aún mucho después de la
enseñanza secundaria. Estudios de imágenes cerebrales en adolescentes nos
muestran que el cerebro del adolescente está lejos de ser maduro y sufre cambios
estructurales extensos mucho después de la pubertad (Tokuhama-Espinosa, 2018,
p.85).

El ejercicio físico, las artes o el juego son elementos secundarios en la educación


debido a su mínima incidencia en el aprendizaje

Puesto que el movimiento está asociado con nuestro propio proceso de desarrollo
cerebral, no deberíamos desaprovechar los beneficios derivados del ejercicio
físico, sin olvidar que, cuando suministramos los retos adecuados, el efecto se
amplifica debido al binomio formado por el BDNF y la dopamina, efecto que
constituye la esencia del aprendizaje. Lo que es bueno para el corazón, es bueno
para el cerebro.

En un estudio de 2009 (Hillman et al.) en el que participaron 20 estudiantes de


edades entre los 9 y los 10 años, se quiso analizar cuál era el efecto de la
actividad física en el cerebro y en el proceso de aprendizaje. El procedimiento
experimental comparó dos sesiones diferentes. En una, los niños debían caminar
en una cinta de correr durante veinte minutos a un ritmo moderadamente alto;
luego realizaban una serie de pruebas de discriminación de estímulos en las que
debían determinar incongruencias que aparecían en una pantalla (con lo cual
ejercitaban su autocontrol) pulsando un botón. En otra, los estudiantes se
sometían a las mismas pruebas, pero después de un periodo de descanso de
veinte minutos. En ambos casos, mediante encefalogramas se registró la actividad
cerebral de los participantes. Los análisis demostraron que el rendimiento de los
niños en las pruebas cognitivas era mejor tras la sesión de ejercicio físico,
especialmente cuando la complejidad de las tareas era mayor; los niños invertían
menos tiempo de reacción en la identificación de figuras y mostraban mayor
precisión en las respuestas que tras la sesión de descanso. Además, se
registraron mayores señales de ondas cerebrales relacionadas con el autocontrol
y la atención ejecutiva (la que utilizan los alumnos para centrarse en las tareas de
aprendizaje) durante el desarrollo de las tareas después de la actividad física
(Forés et al., 2015, p. 13).

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