EL TIEMPO EN LOS ACTOS PROCESALES:
Es importante estudiar por separado el requisito de tiempo en los actos
procesales, ya que éstos están concebidos para ser realizados en un
momento dado o dentro de un espacio de tiempo prefijado. 1 Asimismo, es
importante por lo que puede ocurrir con aquellos actos que se ejecutan
fuera del espacio de tiempo prefijado. Unas veces ese acto procesal
ejecutado fuera de tiempo adolece de nulidad, pero otras veces no. Esta
consecuencia depende de su naturaleza.
A) El Plazo: Para Kisch los plazos son espacios de tiempo que generalmente
se fijan para la ejecución de actos procesales unilaterales, es decir, para las
actividades de las partes fuera de las vistas, como es, por ejemplo, la
interposición de un recurso por éstas. Guasp indica que el plazo está
constituido por un espacio de tiempo, una serie de días, diferenciándolo de
término que es el período de tiempo constituido por un momento o serie de
momentos breve, no superior al día. Para Alcalá Zamora y Castillo, el plazo
supone un lapso dentro del cual pueden ejercitarse los actos procesales,
mientras que término significa, el punto de tiempo marcado para el
comienzo de un determinado acto2.
Tanto en la doctrina como en las legislaciones existe la tendencia de
unificar ambas figuras en un sólo nombre genérico, ya sea de término o
plazo. De acuerdo a la LOJ vigente se le denomina Plazos (Captítulo V,
arts 45-50)3.
De manera que, cuando se habla de términos o plazos en el sistema
guatemalteco, se está refiriendo al espacio de tiempo concedido por la ley o
por el juez para la realización de determinados actos procesales.4
1
Aguirre, 328.
2
Ibid, 328-329
3
Sin embargo, según lo manifiesta Mario Aguirre, él mismo y la doctrina citada, así como mucha de la
legislación hispanoamericana prefieren denominarlo término.
4
Ibid, 330
B) Clasificación de los Plazos:
Legales: Los plazos legales son aquellos que están establecidos en
la ley. Por ejemplo: para contestar la demanda (111 CPCyM); para
interponer excepciones previas (art. 120 CPCyM); el ordinario de
prueba (art. 123 CPCyM); el de las publicaciones de remate (313
CPCyM); para otorgar la escritura traslativa de dominio (Art. 324
CPCyM), etc.
Judiciales: Son aquellos que el Juez señala. Por ejemplo: el
extraordinario de prueba (art. 124 CPCyM); para fijar la garantía en
los casos de anotación de demanda, intervención judicial, embargo o
secuestro, que no se originen de un proceso de ejecución (532
CPCyM). Los anteriores plazos están mencionados en la ley, pero
sólo en cuanto a su duración máxima. Mas en algunas situaciones la
ley no señala ningún plazo y no por ello el juez está en imposibilidad
de fijarlos. En estos últimos casos se aplica la disposición del artículo
49 de la Ley del Organismo Judicial, por la que el juez debe señalar
plazo cuando la ley no lo disponga expresamente.
Convencionales: Los plazos convencionales se presentan con menos
frecuencia en un proceso. Sin embargo, hay situaciones en que
pueden darse, como por ejemplo, cuando las partes convienen en
dar por concluido el término de prueba y lo piden así al Juez de
común acuerdo.
Comunes y particulares: Es común cuando corre igualmente para las
partes en el proceso. El ejemplo característico es el de prueba, tanto
en los procesos (Arts. 123 y 124 CPCyM) como en las tercerías
excluyentes (Art. 550 CPCyM).
Es particular cuando se refiere a una parte o persona, por ejemplo el
que se da al demandado para que conteste la demanda o al tercero
emplazado para que comparezca en el proceso por considerarse
vinculado con el litigio que se ventila (art. 553 CPCyM), o el que se
da para expresar agravios a quien ha interpuesto recurso de
apelación (606 CPCyM).
Es importante diferenciar los términos comunes y particulares, ya que
es diferente la forma como se computa la distancia temporis o
duración del plazo, según se trate de un plazo común o particular.
Prorrogables e improrrogables: Esta división de los plazos se hace en
atención a que puedan extenderse o no para el cumplimiento de los
actos procesales. En principio, no hay ningún impedimento para que
el Juez pueda extender los términos que él mismo ha fijado, si no
está señalada su duración máxima en la ley, o bien dentro de ella.
Los plazos legales son por lo general improrrogables, a menos que la
misma ley lo permita. Así ocurre por ejemplo en el término ordinario
de prueba que puede prorrogarse por diez días más a solicitud de
parte (art. 123 CPCyM). En cambio son improrrogables los plazos
que se conceden para la interposición de los recursos.
No debe confundirse la prorrogabilidad o improrrogabilidad de un
plazo con su carácter perentorio, ya que un plazo perentorio es
improrrogable, pero no todo plazo improrrogable es perentorio. La
perentoriedad se determina en razón de que el acto procesal no
puede ejecutarse fuera del plazo, porque en virtud de la preclusión se
ha producido la caducidad del derecho a ejecutar el acto procesal.
Perentorios y no perentorios: Couture denomina a los perentorios
como “plazos fatales” y de “plazos preclusivos”, por los efectos que
producen. Los define como “aquellos que, vencidos, producen la
caducidad del derecho, sin necesidad de actividad alguna ni del juez
ni de la parte contraria”. Caso claro que no deja lugar a dudas de un
plazo perentorio es el señalado para interponer recurso de apelación
(art. 602 CPCyM).
En cambio, en los plazos no perentorios “se necesita un acto de la
parte contraria para producir la caducidad del derecho procesal”.
Generalmente, el acto de la parte contraria se concreta en lo que la
práctica llama “acuse de rebeldía”, expresión del principio dispositivo
que deja el impulso del proceso a la parte y mediante el cual se
provoca la caducidad del derecho que no se ejercitó.
En Guatemala, se acoge la orientación de Couture, al establecerse
que “los plazos y términos señalados en este Código a las partes
para realizar los actos procesales, son perentorios e improrrogables,
salvo disposición legal en contrario. Vencido un plazo o término
procesal, se dictará la resolución que corresponda al estado del
juicio, sin necesidad de gestión alguna” (Art. 64 CPCyM). Esta
disposición se incluyó para recoger el principio de impulso oficial.
Sólo en determinadas situaciones se exige el acuse de rebeldía, o
sea se fija el carácter no perentorio de los plazos, y ello por
consideraciones muy fundadas. Así ocurre en el caso de la rebeldía
del demandado una vez que ha sido debidamente emplazado.
Conforme al artículo 113 del CPCyM se requiere el “acuse de
rebeldía” para provocar la preclusión y la caducidad consiguiente; si
no se hace así, la demanda puede ser contestada teniendo tal acto
plena validez y busca favorecer el derecho de defensa.
Couture señala que “el término prorrogable o improrrogable lo es
solamente en razón de poder o no ser extendido; y la condición de
ser perentorio o no, lo es tan sólo con relación a la caducidad”.
Couture también plantea qué es lo que produce la caducidad, si la
manifestación de voluntad concretada en el “acuse de rebeldía” o la
resolución que la declara. Indica que esta última solución se ha ido
imponiendo en la jurisprudencia con un sentido político, pero no
jurídico. De acuerdo con la primera tesis, una vez presentado el
escrito por medio del cual se acusa la rebeldía, aunque con
posterioridad y con escaso margen de tiempo se ejecute el acto
omitido, prevalecerá el primer escrito presentado. Conforme a la
segunda posición, el acto ejecutado en esas circunstancias tendrá
plena validez, porque la rebeldía no ha sido declarada. Aguirre
Godoy señala que a su criterio es la declaración de voluntad
expresada en el “acuse de rebeldía” la que debe de prevalecer.
Ordinarios y extraordinarios: Los ordinarios son aquellos que se
determinan sin que medie ninguna consideración especial para la
ejecución de los actos procesales; en cambio los extraordinarios se
fijan cuando concurren motivos específicos que salen fuera de lo
común.
En nuestro sistema, se puede citar como ejemplo el término
extraordinario de prueba a que se refiere el artículo 124 del CPCyM,
en el juicio ordinario, que no puede exceder de 120 días.5
C) Modo de computar los plazos:
La duración de un plazo (distancia temporis) comprende el tiempo que
transcurre desde que comienza a correr hasta que expira, pero para que se
abarque con exactitud ese lapso la LOJ da reglas especiales al respecto.
Como los plazos pueden computarse por horas, días, meses y años, estas
unidades de tiempo dan origen a determinadas reglas que son las
siguientes:
a) El día es de veinticuatro horas, que empezará a contarse desde la
media noche, cero horas.
b) Para los efectos legales, se entiende por noche el tiempo
comprendido entre las dieciocho horas de un día y las seis horas del
siguiente.
c) Los meses y los años se regularán por el número de días que les
corresponde según el calendario gregoriano. Terminarán los años y
los meses la víspera de la fecha en que han principiado a contarse.
d) En los plazos que se computen por días no se incluirán los días
inhábiles.
Son inhábiles los días de feriado que se declaren oficialmente, los
domingos y los sábados cuando por adopción de jornada continua de
trabajo o de jornada semanal de trabajo no menor de cuarenta (40)
5
Ibíd., 30-334.
horas, se tengan como días de descanso y los días en que por
cualquier causa el tribunal hubiese permanecido cerrado en el curso
de todas las horas laborales.
e) Todo plazo debe computarse a partir del día siguiente al de la última
notificación, salvo el establecido o fijado por horas, que se computará
tomando en cuenta las veinticuatro horas del día a partir del
momento de la última notificación o del fijado para su inicio.
Si se tratare de la interposición de un recurso, el plazo se computará
a partir del momento en que se inicia la jornada laborable del día
hábil inmediato siguiente.
En materia impositiva el cómputo se hará en la forma que determinen
las leyes de la materia.6
Dies a quo y dies a ad quem: Dies a quo es el punto inicial en cuanto
al cómputo7. Según la LOJ8 los plazos empiezan a computarse a
partir del día siguiente al de la última notificación, salvo el
establecido o fijado por horas que será a partir del momento de la
última notificación o el fijado para su inicio y si se tratare de la
interposición de un recurso a partir del momento en que se inicia la
jornada laborable del día hábil inmediato siguiente9. Los días
empiezan a contarse desde la media noche, cero horas. 10La noche
comienza a contarse desde las dieciocho horas.11
Dies a quem12 es el momento final en cuanto al cómputo de los
plazos. La parte final del inciso c) del artículo 45 de la LOJ señala en
cuanto a los plazos que “terminarán los años y los meses, la víspera
de la fecha en que han principiado a contarse”. Las noches terminan
a las seis horas del día siguiente al que se empezaron a contar
conforme al inciso b) del artículo 45 de la misma ley.
6
Artículos 45-46 de la LOJ.
7
Aguirre, 335.
8
LOJ, art. 45 inciso e).
9
LOJ, art. 46.
10
LOJ, art.45 inciso a)
11
LOJ, art. 45 inciso b)
12
Aguirre, 335.
Plazo de la distancia: En nuestro sistema el plazo no se determina por
una unidad de longitud prefijada en la ley (por ejemplo un día por
cierta cantidad de kilómetros), ya que este criterio sólo era valedero
cuando las vías de comunicación eran difíciles. Se prefiere dejar al
arbitrio judicial la fijación del plazo de la distancia, pero sólo en
cuanto a este punto, ya que en lo que respecta a su concesión es
imperativo. Así lo dice el artículo 48 de la LOJ que establece: Plazo
de distancia. El plazo por razón de la distancia es imperativo, y la
autoridad lo fijará según los casos y circunstancias”.
Suspensión de los plazos: En caso de fuerza mayor o caso fortuito,
debe reconocerse la suspensión de los plazos en aplicación de
principios generales del Derecho. Asimismo, es imposible que una
catástrofe o calamidad pública, o una huelga de laborantes de los
tribunales, no produzca la suspensión de los plazos legales y
judiciales. Es por ello que el artículo 50 de la LOJ señala lo siguiente:
Impedimento. Los plazos no corren por legítimo impedimento
calificado o notorio, que haya sobrevenido al juez o a la parte. El
plazo para alegarlo y probarlo cuando afecte a las partes es de tres
días computados a partir del momento en que se dio el impedimento.
Habilitación de tiempo: Esta situación está regulada en la LOJ en el
artículo 47 que señala lo siguiente: Actuaciones de urgencia.
Cuando hubiere que practicarse alguna diligencia urgente, el juez, de
oficio o a solicitud de parte, debe actuar en los días y horas
inhábiles, expresando en ella el motivo de la urgencia y haciéndolo
saber a las partes.
En consecuencia, es el propio Juez el que debe resolver la situación
o la solicitud que exija la habilitación de tiempo. La LOJ no dice
cuándo debe formularse esta solicitud, si con anticipación al
comienzo del tiempo inhábil o durante éste. El CPCyM sí lo dice en el
art. 65 y expresa que la habilitación deberá pedirse antes de los días
o de las horas inhábiles. Pero esta disposición se entiende que es
para diligencias que están pendientes de llevarse a cabo. Es por eso
que a criterio de Aguirre Godoy, cuando no sea éste el supuesto,
como puede ocurrir cuando la urgencia se presente durante el tiempo
inhábil, sí puede pedirse la habilitación de tiempo conforme al artículo
47 de la LOJ, que es de carácter general.
Asimismo, en algunos casos específicos en que la recepción de la
prueba puede prolongarse, como ocurre en la diligencia de testigos,
el CPCyM dispone que si en la audiencia señalada para recibir su
declaración no pudiere terminarse la diligencia, se tendrá por
habilitado todo el tiempo que sea necesario.13
13
Aguirre, 335-338. Los artículos de la Ley del Organismo Judicial citados en este numeral, corresponden al
Decreto 2-89 del Congreso de la República y sus reformas y no al texto que aparece citado por el autor que
corresponde a legislación no vigente.