DISCAPACIDAD
CONCEPTO DE DISCAPACIDAD. EVOLUCIÓN DEL CONCEPTO.
Ps. Ana Lía Trujillo (Facultad de Psicología. Universidad de La Plata).
La terminología utilizada para referirse a las personas con algún tipo de
discapacidad, ha ido variando y evolucionando a lo largo de la historia en forma
paralela a las tecnologías de intervención aplicadas y a los procesos de
interrelación humana generados socialmente. Podemos distinguir, en estas tres
últimas décadas, dos grandes distinciones e intenciones de clasificación de la
discapacidad:
1. Clasificación Internacional de las Deficiencias, Discapacidades y
Minusvalías (CIDDM), fuertemente mediatizada por el modelo médico
hegemónico.
2. Clasificación Internacional del Funcionamiento, la Discapacidad y la
Salud (CIF).
La CIDDM fue estructurada sobre la base de un modelo médico, y terminó
reduciéndose al asistencialismo, o a la rehabilitación con el formato de
tratamiento individualizado. Fue elaborada en 1976 por la Organización Mundial
de la Salud y publicada en 1980, constituyéndose en una valiosa herramienta
para los profesionales e instituciones que trabajaban con personas con
necesidades especiales. Funcionó como elemento de resistencia al
encasillamiento y “etiquetación” simplista con que se estaba operando de
manera deshumanizada con las personas con discapacidad. Su mayor aporte fue
instalar una clara distinción entre: deficiencias, discapacidades y minusvalías
(conceptos que más adelante pasaré a especificar), lo cual permitió dejar de
sustantivizar situaciones adjetivas: se dejó de hablar del “mogólico” o el
“down”, para pasar a hacer referencia a “personas con síndrome de down”,
terminología que no excluye su condición de persona. Pero a pesar de su
utilidad, esta clasificación no pudo reflejar la importancia del entorno social y
quedó plasmada como un modelo causal, unidireccional y reduccionista.
Así fue como el 22 de Mayo de 2001, la Asamblea Mundial de la Salud aprobó
por unanimidad la CIF, clasificación que fue aceptada por 191 países como el
nuevo patrón internacional de descripción y dedición de la Salud y la
Discapacidad. Fue elaborada en base a los principios de integración psicosocial
y las concepciones del desarrollo interaccionista entre el individuo y su entorno.
Dio lugar a la resignificación de las discapacidades al situarse en un nuevo
paradigma de la dialéctica identidad - entorno. Esto supone grandes desafíos
para los sistemas sociales, que necesariamente deberán modificarse en función
de la inclusión de personas con discapacidad.
La Clasificación Internacional de Deficiencias, Discapacidades y Minusvalías,
entiende por deficiencia toda pérdida o anormalidad, permanente o temporal, de
una estructura o función psicológica, fisiológica o anatómica. Incluye la
existencia o aparición de una anomalía, defecto o pérdida de una extremidad,
órgano o estructura corporal, o un defecto en un sistema funcional o mecanismo
del cuerpo. La deficiencia supone un trastorno orgánico, el cual produce una
limitación funcional que se manifiesta objetivamente en la vida diaria. Se puede
hablar de deficiencias físicas, sensoriales, psíquicas o de relación.
La discapacidad es, según esta clasificación, una restricción o ausencia (debida
a una deficiencia) de la capacidad de realizar una actividad en la forma o dentro
del margen considerado normal para el ser humano. Puede ser temporal o
permanente, reversible o irreversible. La minusvalía es la situación desventajosa
en la que se encuentra una persona determinada, como consecuencia de una
deficiencia o discapacidad que limita o impide el cumplimiento de una función
que es normal para esa persona, según la edad, el sexo, los factores sociales y las
características propias de su cultura.
En la actualidad, y desde hace un cierto tiempo, el “Movimiento para los
Derechos de las Personas con Discapacidad” está redefiniendo el concepto de
discapacidad. Lo plantea como una falta de adecuación entre la persona y su
entorno, más que como una consecuencia directa de la deficiencia de esa
persona. “La discapacidad surge como resultado de una deficiencia que existe
dentro de la sociedad, que es la que crea barreras que impiden la integración y
dificultan el entendimiento (Declaración de Octubre de 1994).
Hoy se abre paso la idea de que la deficiencia de una persona produce
discapacidad, y la interrelación entre ésta, las características individuales de la
persona y los condicionantes del entorno pueden dar lugar o no, a una
minusvalía. Las personas con discapacidad son personas íntegras con cuerpos
desarmonizados y limitaciones en su desarrollo físico y/o psíquico, que luchan
por encontrar su lugar en el mundo y mejorar su calidad de vida a través de
experiencias reales y vivencias cotidianas. La discapacidad no es una
característica propia del sujeto, sino el resultado de su individualidad en relación
con las exigencias que el medio le plantea.
Tanto la historia de la discapacidad desde la perspectiva de las personas
afectadas, como las actitudes de la sociedad hacia ellos, reconocen una larga
trayectoria que va desde la eliminación y el aislamiento, pasando por la
asistencia y la institucionalización, hasta desembocar, en épocas
contemporáneas, en la rehabilitación y la integración social. ¿Etiquetamos o
reconocemos a la persona con discapacidad como un ser con plenos derechos?
¿Etiquetamos para marcar negativamente o reconocemos para discriminar
positivamente? El simple concepto de “etiquetar”, supone una lectura particular
con claro valor negativo. Por el contrario, “reconocer” abre una puerta de acceso
a lo que hasta el momento fue negado, única alternativa posible para una
resolución digna.