¿Y él?
3 de septiembre de 1999
Mi nombre, no importa, tengo mis últimas energías, ya no aguanto más; sujeto en
mis manos lo que queda de las hojas de un cuaderno que encontré quemado dentro
de una maleta, con un lápiz amarrado a su solapa medio dañada, medio azul, un
dibujo en la primera hoja con una mujer, un niño, un hombre, se alcanza a ver un
hocico que puede ser de un perro una familia, con el nombre inscrito en el Víctor C.,
tiene dibujos muy lindos, llenos de felicidad, me imagino su rostro sonriente y su
mirada inocente cuando dibujaba, espero que él pueda descansar.
El agua se agotó hace dos días y ya no puedo más, escribo esto para que sepan
que sucedió, nadie tuvo la culpa, solo lo ame y siempre lo haré con todas mis
fuerzas.
Era el 1ro de septiembre del 1999, teníamos todo planeado para irnos, nuestros
padres nunca apoyaron que estuviéramos juntos, las familias se odiaban, pero,
nuestras miradas conectaron hace muchos años, siempre lo supimos pero nuestro
consciente no lo aceptaba, él fue el que se acercó por primera vez, solo sonrió, era
la sonrisa más acogedora que haya visto jamás, lo digo en serio, he visto
muchísimas, desde ese momento supe que sería feliz con solo verlo.
Huimos de nuestras casas, el quería que para mi cumpleaños estuviéramos muy
lejos de todos sin que nada ni nadie nos separara, a las 4 de la mañana salte por la
ventana del segundo piso escalando la pared para bajar, caí y me lastime un poco el
pie, sin embargo estaba muy contenta y eso no importo, fuimos camino a la estación
de trenes, tomamos el único tren viejo y pequeño que pasaba cada 15 días rumbo a
un pequeño pueblo del que hablaba la gente, un pueblo con su toque mágico,
tranquilo, con personas jóvenes y amables casas en madera, un lago transparente
con un pequeño bosque a su alrededor, era nuestro lugar del sueño.
El trayecto era de siete horas, teníamos que atravesar un desierto muy grande, al
ver el transporte me asuste un poco, ya que se veía deteriorado por fuera, un rojo
terracota oxidado, las llantas en mal estado y hasta podría decir que había una rota,
pero nada nos importó en ese momento, estábamos felices de poder empezar
nuestra vida juntos, íbamos hacia el paraíso.
Al ingresar no me sorprendió ver las condiciones en las que estaba, las paredes
desgastadas, un poco húmedas, tenía agujeros en el suelo que mostraban el carril,
parte del techo no existía, su aroma era entre perro viejo, moho y ropa sucia, el me
miro y me dijo “todo estará bien es nuestro momento disfrutaras una nueva vida ya
verás” me sonrió y yo hice un gesto de felicidad y asentí con la mirada, la campana
dorada que colgaba del primer vagón sonó advirtiendo que ya arrancaría el tren,
recosté sobre su hombro mi cabeza, me dije que todo estará bien, cerré los ojos y
dormí.
No supe cuánto tiempo paso, solo sé que fue mucho, horas quizá, de repente
escucho ruidos y susurros entre las personas, todos estaban tensionados, el clima
había cambiado, el calor era infernal todas las personas parecían preocupadas,
como si hubieran visto algo, en ese momento lo mire a él.
--¿Qué está pasando? -- le pregunté, el me miro con cara de terror -- despierta
ahora-- me dijo, no le entendí hasta el momento en que un hombre de la tripulación
se acercó y nos dijo -- Han saboteado nuestro tren y también las vías, por favor
mantengan la calma y sosténganse lo más fuerte posible, ¡lo lamento! --
--¡¿Qué está pasando Michael?!--
--Te amo, las vías no existen y no tenemos frenos-- me dijo con voz suave mientras
las personas empezaron a entrar en pánico.
--Solo quería que fueras feliz a mi lado, nunca debí traerte, estarías a salvo en tu
casa así ellos no qui…---
--- cállate, te amo y es lo que importa, juntos siempre, ¿lo recuerdas?... Te amo--
respondí
--Te amo-- fue lo último que escuche antes del impacto.
Al despertar estaba lejos del tren arrojada en la arena hirviendo, alcanzaba a ver
una capa transparente que salía del suelo, el calor era insoportable, yo estaba cerca
de una especie de cueva de arena, trate de moverme, pero fue imposible, grité su
nombre muchas veces pero solo escuchaba las llamas absorbiendo lo que quedaba
del tren, un olor desagradable entre humo, ropa y carne quemada, solo falto esperar
a que pasaran unos minutos para sentir el dolor, darme cuenta de mi pierna rota,
estaba completamente doblada en la mitad de la tibia y el peroné, solo grite, me
desespere, pero tome todo con calma, puse un pedazo de trapo en mi boca y
acomode mi pierna provocando un dolor muy fuerte y desesperante, la amarre con
mi blusa, en ese momento sentí desmayarme.
-- despierta, despierta-- escuchaba a lo lejos, en medio de la confusión y el dolor
abrí los ojos, pero solo estaba delirando, había una botella con agua cerca mío, mi
piel estaba quemada, y sentía morirme del dolor, trate de moverme un poco para
tomar ese líquido, con mucho esfuerzo y arrastrándome por el suelo lleno de arena
y rocas hasta que lo alcance, pegue un grito antes de tomarla, estaba muy
deshidratada, no sabía cuánto tiempo había pasado desde el accidente, llegó la
noche, las llamas del tren se estaban terminando, yo debía refugiarme antes de que
saliera en sol de nuevo, no sabía cuánto duraría allí, me armé con mis últimos
alientos, él dolor insoportable, él desespero y la soledad al ir a la cueva, después de
un par de horas lo logre, sentí alivio, creí que moriría allí, me quedé en ese lugar por
un par de días había notado una maleta cerca pero el dolor no me dejaba moverme,
llegó la noche del tercer día, entre serpientes y escorpiones logré mantenerme a
salvo, debía ir a ver qué había dentro de ella, no sé cuánto tiempo paso hasta que
logre alcanzarla, estaba un poco quemada, la abrí y solo encontré ropa y un
pequeño cuaderno.
Ahora escribo en él, siento que ya no aguanto más, el sol está asomándose de
nuevo y prefiero morir antes de sufrir un día más en este infierno, quien encuentre
esto por favor conserve estas hojas ya que son la muestra de que lo ame hasta el
último momento toda la historia la estoy escribiendo, aunque no sé si la termine.
-- Despierta Emma, estás con nosotros-- escuche su voz muy lejos
-- ¿Estoy muerta? -- pregunté sin aliento
-- Emma nos escuchas, nos escuchas--
-- ¿Qué está pasando? -- lo digo mientras luces blancas me lastiman al tratar de
abrir mis ojos
-- Emma estás en el hospital yo soy la enfermera Suárez, tuviste un accidente de
moto--
-- ¿¡DÓNDE ESTÁ EL!?
Todo esto pasó por su mente mientras espera en el semáforo el cambio de luz, a
unas dos calles en paralelo, él se abrocha el casco, prende su moto y maneja hasta
el primer semáforo en rojo, cambia la luz a verde, ella camina para cruzar la calle, el
mete cambios, acelera y ¡Bummm! Pasa un camión sin frenos, la atropella a su paso
también se lo lleva a él, murieron al instante.