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La sextorsión en el deporte se define como el abuso de poder para obtener beneficios sexuales, constituyendo un acto de corrupción que se manifiesta a través de dinámicas de poder desiguales. Este estudio utiliza teorías institucionales y de ética aplicada para resaltar la necesidad de una buena gobernanza y protocolos de protección, además de aumentar la conciencia sobre el consentimiento y la coerción. Se enfatiza la urgencia de desarrollar estrategias de prevención y políticas que reconozcan la sextorsión como un comportamiento ilícito y éticamente reprobable.

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La sextorsión en el deporte se define como el abuso de poder para obtener beneficios sexuales, constituyendo un acto de corrupción que se manifiesta a través de dinámicas de poder desiguales. Este estudio utiliza teorías institucionales y de ética aplicada para resaltar la necesidad de una buena gobernanza y protocolos de protección, además de aumentar la conciencia sobre el consentimiento y la coerción. Se enfatiza la urgencia de desarrollar estrategias de prevención y políticas que reconozcan la sextorsión como un comportamiento ilícito y éticamente reprobable.

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EN FOCO

ISSN: 1982-8918

SEXTORSIÓN EN EL DEPORTE: UN ENFOQUE


ÉTICO APLICADO A LA CONDUCTA INDEBIDA
SEXTORÇÃO NO ESPORTE: UMA ABORDAGEM ÉTICA APLICADA AO
COMPORTAMENTO INADEQUADO +

SEXTORTION IN SPORT: AN APPLIED ETHICS APPROACH TO


MISCONDUCT +

[Link]

Whitney Bragagnolo* <whitneybragagnolo@[Link]>


Yanei Lezama** <ylezamar@[Link]>

__________
* Faculty of Physical Education and Sport, Charles University. Praga, República
Checa.
** Faculty of Physical Education and Sport, Charles University. Praga, República
Checa; Faculty of Health Sciences, Western University. Ontário, Canada.

Resumen: La sextorsión, una forma de conducta sexual inapropiada, implica el


abuso de poder para obtener beneficios sexuales, lo que a su vez la convierte
en un acto de corrupción. En el deporte, donde los desequilibrios de poder y las
estructuras jerárquicas son comunes, la sextorsión es un problema creciente. A
menudo incluye amenazas sutiles o implícitas, buscando la conformidad a cambio
de privilegios u oportunidades. A pesar de la creciente conciencia, la investigación
sobre la sextorsión en el deporte sigue siendo limitada. Este estudio utiliza la teoría Recibido en: 19 set. 2024
institucional y la ética aplicada para explorar sus elementos clave: el abuso de poder Aprobado en: 15 oct. 2024
y la obtención indebida de actos sexuales. Los hallazgos subrayan la necesidad de Publicado en: 14 nov. 2024

una buena gobernanza, protocolos de protección sólidos y una mayor conciencia


sobre las dinámicas de poder, el consentimiento y la coerción. Esta investigación Este es un artículo
busca aumentar el reconocimiento entre los interesados y resalta la necesidad publicado bajo la licencia
urgente de medidas preventivas, orientando políticas y estudios futuros. Creative Commons
Atribución 4.0 Internacional
Palabras clave: Deporte. Ética. Extorsión Sexual. Corrupción. (CC BY 4.0).

Movimento, v. 30, e30057, 2024. DOI: [Link]


ISSN: 1982-8918
Whitney Bragagnolo, Yanei Lezama

1 INTRODUCCIÓN

La sextorsión es “el abuso de poder para obtener un beneficio o ventaja


sexual” (Feigenblatt, 2020, p. 8; McDevitt, 2022, p. 8). Un subtipo de violencia sexual1
que se caracteriza distintivamente por involucrar el abuso de poder o autoridad para
beneficio (sexual) propio, lo que convierte a la sextorsión simultáneamente, en un
acto de corrupción2.
La Asociación Internacional de Mujeres Juezas (AIMJ) inició gestiones para
lograr una definición diferenciada de sextorsión después de reconocer que ciertos
perpetradores y víctimas/sobrevivientes fueron omitidos por el sistema legal en
varias industrias alrededor del mundo. Ahora bien, aunque no existe una definición
legal universalmente aceptada para el concepto de sextorsión, la AIMJ identificó dos
componentes y condiciones esenciales para que un acto califique como sextorsión
(IAWJ, 2015): los dos componentes requieren un abuso de poder con la intención
de obtener un acto sexual. Además, debe existir una relación de poder entre el
perpetrador y la víctima/sobreviviente, así como un intercambio sexual quid-pro-
quo. La sextorsión surge entonces cuando una persona aprovecha su autoridad o
influencia para solicitar un favor sexual a cambio de beneficios o privilegios que su
posición de poder le permite conferir o denegar.
La complejidad de la sextorsión surge de las diversas dinámicas de poder
que la configuran, manifestándose en relaciones asimétricas, como aquellas entre
empleador-empleado, funcionario-subordinado, profesor-estudiante o entrenador-
atleta. Estas situaciones pueden involucrar invitaciones, ofertas, solicitudes o
amenazas, donde los beneficios están condicionados, ya sea implícita o explícitamente,
a la realización de un acto sexual.
Identificar hechos de sextorsión sigue siendo un desafío a pesar de su clara
definición. Si bien algunos casos son flagrantes y pueden dar lugar a sanciones
formales (legales o de otro tipo, como por ejemplo, códigos penales o códigos de
conducta), otros casos pueden resultar más complejos al estar influenciados por
normas culturales, contextos históricos, transparencia institucional, prácticas de
aplicación y cumplimiento de la ley y condiciones socioeconómicas. Estos factores
influyen en las percepciones sobre la sextorsión afectando su reconocimiento
y prevalencia dentro de las instituciones y la sociedad. Asimismo, su limitado
conocimiento entre las fuerzas del orden, los profesionales legales y la ciudadanía
general ha reducido la comprensión de sextorsión a casos que involucran amenazas

1 La Organización Mundial de la Salud (OMS) define la violencia sexual como “todo acto sexual, la tentativa de
consumar un acto sexual, los comentarios o insinuaciones sexuales no deseados, o las acciones para comercializar o
utilizar de cualquier otro modo la sexualidad de una persona mediante coacción por otra persona, independientemente
de la relación de esta con la víctima, en cualquier ámbito, incluidos el hogar y el lugar de trabajo” (WHO, 2022). Si
bien esta definición abarca todas las formas de conducta sexual inaceptable, en la sección 5 argumentaremos que el
término “violencia” puede ser engañoso, ya que no toda conducta sexual inaceptable implica violencia. Sin embargo,
usaremos el término “violencia sexual” para referirnos a conductas que generalmente se consideran inaceptables en
el contexto de la sexualidad.
2 Transparencia International define corrupción como “el abuso de poder confiado para el beneficio propio” (What
is..., [s.d].). 02

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ISSN: 1982-8918
Sextorsión en el deporte: un enfoque ético aplicado a la conducta indebida

con fotografías íntimas3. Aunque importante, esta comprensión limitada pasa por
alto comportamientos coercitivos presentes en diversas industrias y dinámicas de
poder, lo cual obstaculiza los esfuerzos para abordar el problema de la sextorsión
efectivamente.
Una comprensión más profunda de la sextorsión y sus elementos clave es
crucial no sólo para abordar eficazmente el problema sino también para desarrollar
estrategias de prevención específicas, mejorar los marcos legales y garantizar que
tanto victimas como sobrevivientes reciban apoyo adecuado. Para ello, la ética
aplicada puede ayudar a superar estas complejidades. En este artículo pretendemos
esclarecer la categorización de la sextorsión como una conducta indebida analizando
las normas violadas por sus componentes fundamentales: el abuso de poder y la
obtención indebida de actos sexuales. Las normas – reglas o expectativas que
definen el comportamiento apropiado dentro de un grupo o sociedad – desempeñan
un papel central en nuestro examen.
Los marcos normativos anticorrupción se centran en garantizar el ejercicio
adecuado de la función, la autoridad y la confianza públicas, mientras que la violencia
sexual identifica violaciones de los principios de dignidad y autonomía, incluido el
derecho a la libre autodeterminación sexual. Una comprensión integral de las normas
violadas por la sextorsión aclara su ilicitud para todas las partes interesadas. Esto es
particularmente significativo porque la sextorsión a menudo no se alinea claramente
con las definiciones legales tanto de los marcos contra la violencia sexual como los
marcos anticorrupción.
El uso del sexo4 como forma de pago (en lugar de activos financieros) plantea
grandes desafíos a la hora de identificar y procesar casos de sextorsión dentro de
los marcos anticorrupción, especialmente cuando no participan funcionarios públicos
(IAWJ, 2015). Del mismo modo, la aplicación de marcos de violencia sexual puede
ser limitante, ya que los casos pueden no ajustarse a las definiciones legales de
violencia si los actos se consideran “consensuales” o pueden requerir un uso
abrumador de la fuerza para ser procesados como violación. Estas complejidades
resaltan los desafíos al abordar la sextorsión, especialmente debido a su naturaleza
incomprendida y la ausencia de violencia “física”.
Un enfoque exclusivo en la violencia sexual puede pasar por alto elementos
clave de corrupción, como el abuso de poder para beneficio personal. Además, al
concentrarse únicamente en actos individuales de violencia, los expertos en violencia
sexual corren el riesgo de pasar por alto problemas sistémicos de gobernanza que
permiten tanto la sextorsión como otras formas de explotación. Del mismo modo,

3 La comprensión de la difusión indebida de imágenes y videos de índole sexual como sextorsión implica que los
perpetradores amenazan con compartir imágenes íntimas a menos que las víctimas cumplan con las demandas, lo
que a menudo conduce a una mayor explotación. Ver: Servicio de Policía Metropolitana, Servicio de Inmigración y
Control de Aduanas de EE. UU. y la reciente advertencia conjunta emitida por agencias internacionales de aplicación
de la ley, que ofrecen información sobre la sextorsión, aunque sus definiciones y énfasis no capturan completamente
su alcance integral.
4 A pesar del uso del término “sexo” en este contexto, es crucial discernir la clara demarcación entre las interacciones
consensuales y aquellas caracterizadas por la coerción, la explotación o la falta de consentimiento, todas las cuales
constituyen una conducta sexual inaceptable. 03

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Whitney Bragagnolo, Yanei Lezama

los profesionales anticorrupción deben reconocer que los abusos de poder van más
allá de las ganancias económicas y el uso abusivo de poder en cargos públicos,
y también deberían considerar cómo las estructuras de gobernanza influyen en la
prevalencia tanto de la violencia sexual como de la corrupción. Centrar el análisis de
la sextorsión en un solo aspecto hace corre el riesgo de descuidar factores cruciales,
como el abuso de poder y las dinámicas de género, los cuales resultan esenciales
para una comprensión integral de la sextorsión.
Una comprensión holística de las intersecciones entre estos dominios es
esencial para abordar eficazmente la sextorsión a través de un enfoque integral que
integre ambos marcos. La incorporación del análisis ético también permite mejorar
respuestas normativas al proporcionar evaluaciones de las dimensiones morales y
una comprensión matizada de las implicaciones éticas.
En última instancia, la sextorsión ocupa una posición única en la intersección de
la violencia sexual y la corrupción, representando un acto éticamente reprobable que
a menudo escapa a los marcos convencionales y requiere una condena inequívoca.
Establecer claridad conceptual es vital para desarrollar estrategias de prevención
efectivas. Al adoptar un marco integral que incluya un análisis ético, podemos mejorar
nuestra capacidad para identificar y prevenir la sextorsión.
Esta claridad conceptual es crucial para ayudar a los sobrevivientes, las
víctimas, los perpetradores y las partes interesadas a reconocer la sextorsión como
un comportamiento ilícito, minimizando así los riesgos de que quede invisibilizada
por terminologías complejas de salvaguardia y requisitos legales o regulatorios.
Adicionalmente, una perspectiva más amplia fomenta la conciencia, disipa la
confusión y resalta los abusos de poder que se extienden más allá de las ganancias
financieras y el mal uso de cargos públicos. (Lambsdorff, 2007; Lindberg; Stensöta,
2018; Von Maravic; Reichard, 2003).
Este artículo comienza exponiendo el marco teórico seleccionado para abordar
la sextorsión. Posteriormente, se enfocará en la sextorsión en el ámbito del deporte,
destacando sus manifestaciones, los actores involucrados y los factores subyacentes
que facilitan su persistencia. Se proporciona para ello un marco conceptual para
identificar la sextorsión como conducta indebida y delinear las normas específicas
que viola. Nuestro análisis analiza la ilicitud de la sextorsión desde dos perspectivas
críticas: la anticorrupción y la violencia sexual, centrándonos particularmente en el
abuso de poder y la solicitud indebida de intercambios sexuales. Así, al examinar
estos componentes, nuestro objetivo es proporcionar una comprensión integral de la
sextorsión y enfatizar la urgencia de abordar este comportamiento reprensible.

2 MARCO TEÓRICO

La Teoría Institucional y la Teoría de la Corrupción Institucional ofrecen


perspectivas valiosas sobre cómo las instituciones influyen en el comportamiento y las
prácticas organizacionales. Por un lado, la teoría institucional se centra en contextos
institucionales más amplios, mientras que la teoría de la corrupción institucional
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Sextorsión en el deporte: un enfoque ético aplicado a la conducta indebida

examina cómo estas dinámicas contribuyen al comportamiento corrupto, haciéndolas


complementarias al analizar la interacción entre las estructuras institucionales y la
corrupción.
La Teoría Institucional explora cómo las organizaciones formales, las leyes, los
reglamentos y las normas culturales dan forma al comportamiento y las estructuras
organizativas. La teoría institucional destaca especialmente el contexto dentro del
cual operan las organizaciones y cómo estas condiciones influyen en la evolución de
las estructuras y prácticas formales (David; Tolbert; Boghossian, 2019; Scott, 2005).
La corrupción institucional, tal como la define Thompson (1995), se refiere
a una desviación del propósito original de una institución. Este concepto examina
la conducta indebida de forma similar a la corrupción convencional, pero también
aborda manifestaciones dañinas relativamente pasadas por alto que afectan a
quienes dependen de la institución (Thompson, 2018). La Teoría de la Corrupción
Institucional facilita el examen de asuntos complejos como la sextorsión al analizar
cómo las características institucionales (como la estructura, la dinámica entre los
actores y la responsabilidad de las partes interesadas) dan forma a su existencia.
Los enfoques institucionales permiten una comprensión integral de la
sextorsión en el deporte, fomentando intervenciones que se centren en las causas
fundamentales en lugar de casos aislados. El abuso de autoridad en los deportes es
a menudo el resultado de una dinámica institucional deficiente, que puede conducir a
la corrupción sistémica. Integrar conocimientos de diversos ámbitos de investigación
es esencial para comprender cómo la corrupción se vuelve sistémica y resistente al
cambio (Ashforth et al., 2008).
Estas teorías amplían la interpretación de “cargo público”, al considerar
intereses y agentes que van más allá de los actores gubernamentales. Igualmente,
amplían el concepto de “beneficio privado” y enmarcan el “abuso” como acciones que
socavan las funciones o valores centrales de una institución de manera específica
(Thompson, 2018). Esta perspectiva matizada rechaza listas de verificación simplistas
para definir la corrupción (Kurer, 2015; Miller, 2011; Rothstein; Varraich, 2017) y se
alinea con la naturaleza compleja de la sextorsión, proporcionando un marco integral
para su clasificación como corrupción dentro de contextos institucionales.

3 SEXTORSIÓN EN EL DEPORTE

Una investigación global reciente realizada por Transparencia Internacional


(Feigenblatt, 2020) demuestra que la sextorsión existe en todo el mundo y está
presente en numerosas industrias. Ejemplo de ello son los casos de: jueces que
ofrecen sentencias favorables a cambio de actos sexuales; policías que exige
actividades sexuales para evitar detenciones; actos sexuales exigidos dentro de
las instituciones gubernamentales para los ascensos; profesores intercambiando
calificaciones por actos sexuales; y actos sexuales obtenidos por la fuerza a cambio
de asilo, tierra, comida y agua por parte de las personas más vulnerables.

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La sextorsión también existe en el deporte (McDevitt, 2022), manifestándose


como una presión subrepticia para participar en actos sexuales a cambio de
acceder, por ejemplo: a financiación, patrocinios, ascensos, convocatoria en equipos
nacionales, contratos, tiempo de juego, o la amenaza de perder estas oportunidades.
En casos más sutiles, la sextorsión puede ocurrir a través de sugerencias o presiones
indirectas que no exigen explícitamente un acto sexual a cambio de un beneficio,
pero que aun así influyen en gran medida en la toma de decisión del destinatario
debido a la dinámica de poder involucrada.
Los factores que permiten la sextorsión en el deporte, al igual que otras formas
de corrupción, abarcan la concentración de autoridad sin control en posiciones
de poder (incluidos, por ejemplo, entrenadores, patrocinadores, superiores de la
industria, agentes, profesionales médicos, atletas ídolos, funcionarios u oficiales
de organismos deportivos, etc.); profundos desequilibrios de poder dentro de las
estructuras deportivas; culturas arraigadas específicas del deporte (por ejemplo,
mentalidades de “aguante” o “ganar a toda costa”); legislación nacional inadecuada;
y la autonomía irrestricta y generalizada de la gobernanza deportiva (McDevitt, 2022).
La concentración de poder sin control plantea amenazas importantes para
el bienestar de los atletas y profesionales de la industria, poniendo en peligro la
integridad de las instituciones deportivas. Dichas dinámicas de poder crean
oportunidades para abusos de autoridad. Aunque se están realizando esfuerzos
para garantizar un deporte justo y seguro (ver, por ejemplo, Mountjoy et al., 2016),
estos pueden resultar ineficaces sin sistemas que “custodien a los custodios” (quis
custodiet ipsos custodes), limiten las concentraciones de autoridad y aborden el
poder excesivo presente en el deporte organizado. Estos sistemas deben garantizar
que el poder confiado sirva a quienes practican el deporte, garanticen su autonomía
y proporcionen vías seguras para reportar y mecanismos de investigación efectivos
cuando se cuestiona la autonomía personal, en lugar de ejercer presión, incluso si es
sutil, para beneficio personal. Dadas las realidades adversas de las estructuras de
poder sin control y supervisión, se necesita urgentemente una respuesta sustancial.
Durante la última década, diversos actores han solicitado de forma urgente
crear más medidas para abordar las amenazas de corrupción y violencia sexual
dentro de las instituciones deportivas (Brackenridge; Fasting, 2002; Evans; Benbow,
2021). Si bien algunos gobiernos han desempeñado un papel fundamental a la hora
de abordar prácticas poco éticas al condicionar la financiación pública al cumplimiento
de principios de buena gobernanza deportiva (por ejemplo, procesos democráticos,
transparencia, rendición de cuentas, integridad), muchas organizaciones deportivas
funcionan todavía con amplia autonomía para gobernar, administrar y regular el deporte.
A pesar de numerosos informes de atletas que indican que estas organizaciones no
han cumplido con sus responsabilidades como guardianes tanto de los atletas como
de la integridad del deporte, se siguen permitiendo daños sustanciales.
En 2021, por ejemplo, un informe de Human Rights Watch provocó que
la Federación Internacional de Baloncesto (FIBA) solicitara una investigación
independiente para lo que luego fue descrito como una “aceptación institucionalizada
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de abusos” contra la selección nacional femenina sub-18 de Mali (McLaren, 2021,


p. 25). El Oficial de Integridad Independiente de la FIBA, Richard McLaren, emitió
un informe afirmando que la Federación de Baloncesto de Malí (FMBB) encubrió
el abuso sexual cometido por el entrenador Amadou Bamba, quien dirigió el equipo
nacional femenino sub-18.
Este informe confirmó la coerción ejercida por Bamba por puestos en el equipo
a cambio de actos sexuales, así como la amenaza de expulsión de las jugadoras
que denunciaron o se negaron. A pesar de la tolerancia cero al abuso de la FIBA
en sus políticas de salvaguardia, y del hecho de que se trata de actos criminales
en Mali (dado que las niñas eran menores de edad), numerosas autoridades
interconectadas al caso fallaron en actuar. Uno de ellos, pudo haber sido Hamane
Niang, ex presidente de la FMBB (1999-2007), ministro de Deportes de Malí (2007-
2011) y ex presidente de la FIBA (2019-2023). El informe señala que el hecho de
que la FMBB no haya investigado las acusaciones es anterior a Bamba, quien fue el
tercer entrenador denunciado por comportamiento abusivo. En particular, absuelve
al Niang de responsabilidad a pesar de sus estrechos vínculos con un presunto
violador (McLaren, 2021, p. 85) y sus importantes funciones tanto en la FMBB como
como ministro de Deportes de Malí. Si bien esta investigación no investiga el caso
ni cuestiona la negación de conocimiento previo por parte de Niang, destaca la
indulgencia con respecto a la rendición de cuentas de alguien como Niang quien ha
estado a cargo tanto de la mayor organización de baloncesto a nivel internacional,
como de la política deportiva nacional de Mali.
A continuación, estableceremos las bases conceptuales para identificar la
sextorsión como una conducta indebida. Para ello, evaluaremos su ilicitud examinando
las normas violadas a través de sus dos componentes fundamentales: el abuso de
poder y la obtención indebida de actos sexuales. Aclarar estas transgresiones tiene
como objetivo promover interpretaciones más amplias de la sextorsión y de esta
forma mejorar los mecanismos de su prevención y denuncia.

4 SEXTORSIÓN COMO CONDUCTA INDEBIDA

En algunos casos de sextorsión, los componentes y condiciones que la


hacen incorrecta la conducta son fácilmente identificables (por ejemplo, el caso de la
selección nacional femenina sub-18 de Malí). Sin embargo, muchos casos implican
límites ambiguos con respecto a estos componentes, lo que genera confusión sobre
la permisibilidad del comportamiento. Aquí es donde el valor de la ética aplicada
puede ayudar a comprender y clasificar comprotamentos como conducta indebida.
El término conducta indebida no es neutral, formula una evaluación normativa
negativa para un acto específico. Por lo tanto, la posición evaluativa del término
conducta indebida es condenatoria, indica una ilicitud a priori y exige responsabilidad
por parte de quienes participan en tales actos (Drew, 1998). La conducta indebida
como categoría denota transgresiones de estándares normativos, lo que requiere
que se eviten casos (proscritos, limitados, disuadidos) y que quienes participen de
ellos deban rendir cuentas (advertir, reprender, sancionar) (Dempsey, 2021).
07

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Conceptualizar la sextorsión como una conducta indebida requiere una


evaluación normativa de sus dos componentes independientes. Al comprender
los valores asociados con estos componentes, resulta más fácil identificar
transgresiones, determinar qué estándares normativos se están violando y establecer
responsabilidades. Este trabajo conceptual tiene como objetivo resaltar la necesidad
urgente de realizar esfuerzos de colaboración para abordar este comportamiento de
explotación sexual.
Como se analizó anteriormente, responsabilizar a las personas por actos de
sextorsión presenta desafíos importantes. En primer lugar, la sextorsión suele ser
difícil de identificar debido a un conocimiento limitado del concepto y, en ocasiones,
difícil de considerar ilícita porque:
– La violencia física rara vez está presente en los casos de sextorsión, lo que
dificulta que los sobrevivientes, las víctimas y las partes interesadas la reconozcan
como una forma de irregularidad o la distingan de otros tipos de conducta sexual
inapropiada dentro del marco más amplio de la violencia sexual.
– A menudo implica comportamientos sutiles y complejos en los que el abuso de
poder o el intercambio de actos sexuales pueden no quedar inmediatamente
claros.

Los análisis sobre la ilicitud de la sextorsión como conducta indebida se


realizan desde dos perspectivas: 1) anticorrupción y 2) violencia sexual. Cada una
de ellas se centra en uno de los dos componentes que configuran la sextorsión: 1)
abuso de poder; y 2) la obtención indebida de un intercambio sexual, y establece así
distintas normas que dicha conducta viola. Los marcos anticorrupción se refieren al
ejercicio adecuado de la función pública, la autoridad pública y la confianza pública.
La violencia sexual aborda violaciones de los principios de dignidad y autonomía que
abarcan el derecho a una vida sexual libre.
Si bien cada perspectiva es independiente, la coerción sirve como punto
crítico de convergencia. Comprender la coerción en relación con ambas perspectivas
aclara las áreas grises que complican determinar la ilicitud, exigir responsabilidad y
establecer regulaciones. Argumentaremos que cumplir sólo una de las condiciones
necesarias es suficiente para considerar dicha conducta ilícita, como lo demostrará
el siguiente análisis.

5 VIOLENCIA SEXUAL: LA OBTENCIÓN INDEBIDA DE UN ACTO SEXUAL

Esta sección explora las normas que viola la sextorsión, centrándose


específicamente en lo que hace que la conducta sexual sea inaceptable.
En la actualidad, la violencia sexual sirve como término general, empleando
la palabra “violencia” en su connotación prima facie negativa. Así, violencia sexual
abarca a todas las formas de conductas sexuales inaceptables, describiendo diversos
actos que constituyen irregularidades en el ámbito de la sexualidad. Siguiendo el uso
común de este término paraguas, la Organización Mundial de la Salud (OMS) define
la violencia sexual como “cualquier acto sexual, la tentativa de consumar un acto 08

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Sextorsión en el deporte: un enfoque ético aplicado a la conducta indebida

sexual u otro acto dirigido contra la sexualidad de una persona mediante coacción
por otra persona, independientemente de su relación con la víctima, en cualquier
ámbito” (WHO, [s.d.]). De esta forma, la sextorsión se considera entonces como un
subtipo de violencia sexual.
En este punto, cuestionamos el uso del término “violencia” en el contexto de
sextorsión, cuestionando si abarca con precisión todas las formas de conducta sexual
inaceptable o, en algunos casos, puede ser engañosa. Cuando categorizamos actos
que no implican fuerza física, como el acoso sexual verbal o el exhibicionismo, como
“violencia sexual”, corremos el riesgo de exagerar el término. Esto puede generar
incertidumbre5 sobre si tales incidentes debieran incluirse bajo la etiqueta más amplia
de violencia sexual, que denota una conducta sexual inaceptable. Si bien el debate
conceptual sobre los límites de la violencia está fuera del alcance de este artículo,
podemos afirmar que la sextorsión rara vez emplea fuerza física (o amenazas de
fuerza física). Esta divergencia sitúa la sextorsión fuera de la comprensión “ordinaria”
de la violencia, que normalmente implica el uso o la amenaza de fuerza física para
infligir daño. En consecuencia, la ambigüedad que rodea a la sextorsión puede crear
confusión e incluso dar lugar a la aceptación de dichos comportamientos como
permisibles.
Por el contrario, otras formas de conducta sexual inapropiadas pueden
representar transgresiones normativas más graves, generalmente determinadas por
el grado de daño causado. Estos actos a menudo se reconocen formalmente como
irregularidades en virtud de regulaciones específicas (por ejemplo, delitos sexuales o
conducta ilegal) y están sujetos a diversas formas de sanción, incluidos mecanismos
de denuncia, investigaciones y cargos penales.
Sin embargo, la sextorsión actualmente no está reconocida formalmente como
un delito de ninguna naturaleza, lo que nuevamente genera dudas sobre su ilicitud e
in/admisibilidad.
Para ilustrar este punto, considere el siguiente continuum manteniendo dos
preguntas en mente: ¿Son todos estos escenarios ejemplos de sextorsión? ¿Se
consideran todos estos escenarios ilícitos?
Navegando por la zona gris: un continuum (ver Figura 1) – Este continuum
ilustra varios escenarios de conducta sexual, acompañado de citas de una encuesta
internacional realizada por Bragagnolo y Lezama (2022, 2024a).

5 En un estudio de 2022 sobre la sextorsión entre atletas y profesionales del deporte de 49 países, las investigadoras
identificaron factores importantes que facilitan la sextorsión y desalientan la denuncia. Estos factores incluyeron
deficiencias o vacíos en la comprensión del término, particularmente cuando la sextorsión quedó eclipsada por una
terminología enrevesada o demasiado compleja relacionada con la violencia de género (VBG). Estas complejidades
obstaculizaron la capacidad de las personas para identificar eficazmente esta conducta indebida. (Ver: Bragagnolo;
Lezama, 2022, 2024a, 2024b). 09

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Figura 1 – La importancia de la claridad conceptual

Fuente: Bragagnolo; Lezama, 2022, 2024a

La primera respuesta es conceptual y está ligada a los componentes y


condiciones que constituyen la sextorsión, “[...] el abuso de poder para obtener un
beneficio o ventaja sexual” (Feigenblatt, 2020, p. 8, énfasis añadido). La segunda
respuesta es normativa y evalúa la ilicitud desde la perspectiva de lo que hace que la
conducta sexual sea inaceptable. En el caso de la sextorsión, se trata específicamente
de la forma en que se obtiene un acto sexual.

5.1 UNA EVALUACIÓN CONCEPTUAL

¿Qué constituye un beneficio o ventaja sexual? Cuando hablamos de


sextorsión, identificamos una conducta en la que un perpetrador (P), investido de
poder o autoridad, hace uso de este poder para solicitar o invitar a un acto sexual a
la Víctima (V) – quien depende del poder de P – a cambio de algo bajo la autoridad
de P para conferir o retener. Entonces, las preguntas de seguimiento para responder
si el comportamiento califica como sextorsión son:
P1) ¿Existe una relación de poder entre P y V?
P2) ¿Está P abusando del poder/autoridad que se le ha confiado para obtener
beneficio personal de V? (independientemente de si obtuvieron ganancia o no)
P3) ¿Este beneficio personal incluye/podría incluir actos sexuales de V?
P4) ¿Hubo un acto (o invitación) sexual que resultó en la concesión o retención de
un beneficio para V, o se ofreció o condicionó un beneficio al acto (o invitación)
sexual?

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Figura 2 – Sextorsión: Análisis comparativo de escenarios

Escenario 1 Escenario 2 Escenario 3



P1. ¿Existe una Sí Administrador

relación de poder Empleado- de organismo
Atleta- entrenador
entre P y V? empleador deportivo y
entrenador
Corrupción
P2. ¿Está P
Preguntas Sí.
abusando del Sí.
relacionadas No explícitamente Sí
poder/autoridad Pero es
con el uso (in) como P estableció un
encomendada en su discutible
adecuado del petición, sino requisito sexual
puesto para beneficio si el poder/
poder confiado. aparentemente arbitrario para que
personal sobre V? autoridad de P
en la la entrenadora
(independientemente (el propietario
consecuencia. pudiera realizara
de si del club) califica
Ver respuesta a su trabajo.
obtuvieron como confiado.
la pregunta 4.
ganancia o no)

No
Ambiguo explícitamente,
P3. ¿El beneficio La cita puede pero la solicitud
personal incluye/ incluir una de ir a una

Violencia podría incluir actos petición habitación de
Sexual sexuales de V? sexual, pero no hotel con una
Preguntas necesariamente. ropa específica es
relacionadas transgresora de la
con la obtención sexualidad.
indebida de P4. ¿Hubo un Sí
Sí Sí
actos sexuales. acto o invitación Favor(es)
La consecuencia V recibió un
sexual que resultó sexual(es) a
fue el castigo castigo tras
en la concesión o cambio de
supuestamente negarse a cumplir
retención (o la oferta/ un contrato
impuesto por una petición de
condicionación) de profesional con
rechazar la fecha. carácter sexual.
un beneficio para V? el equipo.
Fuente: Los Autores

Un criterio para determinar si un comportamiento cuenta como sextorsión


podría ser: si responde SÍ a las preguntas 1 ó 2 Y a las preguntas 3 ó 4, entonces
califica como sextorsión. Sin embargo, en algunos escenarios, es posible que las
preguntas no tengan respuestas sencillas de SÍ/NO, lo que subraya la importancia de
un enfoque ético aplicado.
La ética aplicada ayuda a aclarar ambigüedades y navegar por “áreas grises”
donde las pautas legales o regulatorias tradicionales pueden carecer de claridad.
Nos prepara para analizar dilemas éticos complejos y tomar decisiones informadas y
éticamente sólidas sopesando consideraciones morales contrapuestas. En esencia,
comprender la sextorsión requiere más que etiquetar comportamientos como
correctos o incorrectos; requiere un análisis más profundo de las complejidades
morales y el contexto social involucrado.

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5.2 UNA EVALUACIÓN NORMATIVA

Cambiar el enfoque hacia las normas permite una evaluación más matizada
de las transgresiones que subyacen a la sextorsión, particularmente al definir qué
constituye abuso de poder/autoridad, al igual que solicitud inadecuada de beneficios
sexuales. Esta evaluación se potencia al incorporar la perspectiva de la ética aplicada
y los estándares normativos.
Alrededor de la Figura 1, se plantea la pregunta de si todos los escenarios
son erróneos. Esta pregunta tiene dos respuestas, cada una ligada a la evaluación
normativa de las transgresiones que configuran la conducta indebida: abuso de
poder/autoridad y obtención indebida de un beneficio sexual.
Si bien ninguno de los escenarios de la Figura 1 se reconoce formalmente
como ilegal, es esencial reconocer que cada uno de ellos aún viola o contraviene
estándares normativos. Los estándares normativos transgredidos por la conducta
sexual, ya sea que se reconozca formalmente como ilegal o no, se basan en la
protección de los mismos valores: la dignidad y la autonomía de una persona. Por
lo tanto, las transgresiones son muy similares, aunque violan los valores en mayor o
menor grado. Las transgresiones se constituyen cuando se hace uso de coacción
para obtener un acto sexual. Sostenemos que es el uso de dicha coerción para
obtener (o intentar obtener) cualquier acto sexual lo que convierte tal comportamiento
en una conducta indebida6.
La coerción en sí es un término que ha provocado un importante debate
filosófico. Por un lado, se considera un claro abuso de poder que constituye una
conducta criminal. Por otro lado, puede resultar ambiguo si un individuo (P) realmente
está usando su poder o autoridad, lo que dificulta determinar si se está ofreciendo un
intercambio sexual quid pro quo.
En teoría, si P puede demostrar que su posición no influyó en la respuesta a una
invitación y que no se produjo ningún intercambio sexual transaccional, la conducta
no se clasificaría como sextorsión. Sin embargo, aquí es donde radica el desafío.
En relaciones jerárquicas, como las que se encuentran en los deportes organizados,
es difícil afirmar que la autoridad de alguien no influye en la toma de decisiones del
individuo que recibe la invitación, especialmente cuando ese individuo confía en el
poder de P. Dentro de estas estructuras jerárquicas, existen a menudo dinámicas
preexistentes de admiración y respeto, en el mejor de los casos, y de subordinación,
sumisión o miedo, en el peor, todo lo cual puede afectar significativamente la toma
de decisiones.

6 Una implicación que no podemos ampliar en este artículo es la observación de que categorizar la sextorsión como
conducta indebida podría parecer restar importancia a la gravedad del acto, en lugar de, por ejemplo, llamarlo una
forma de agresión, o incluso violación (suponiendo que se cumplan las condiciones para la agresión). Aquí deseamos
aclarar que la agresión y la violación pueden ocurrir junto con la sextorsión. En tales casos, es necesario un análisis
separado de los elementos que constituyen cada uno de los delitos sexuales. Sin embargo, la configuración de más
de una forma de violencia sexual en un solo acto no hace que una conducta sea menos grave. Por el contrario,
sostenemos que identificar diferentes formas de violencia sexual que tienen lugar en cualquier (mala)conducta
determinada apoya la implementación de mecanismos de prevención y rendición de cuentas. 12

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Sextorsión en el deporte: un enfoque ético aplicado a la conducta indebida

Es evidente que los escenarios en el extremo superior de la escala implican


el mal uso del poder a través de amenazas directas o beneficios condicionantes
por actos sexuales. Sin embargo, los individuos en posiciones de autoridad no
pueden controlar completamente cómo su influencia afecta la toma de decisiones
de los demás, incluso sin querer. Esto plantea la cuestión de cuánta influencia es
aceptable, tolerable o reprensible. Éticamente, sostenemos que la tolerancia hacia
dicha influencia debería ser cercana a cero, en marcado contraste con la norma
predominante que sólo considera inaceptables los abusos flagrantes. Cualquier
acercamiento sexual por parte de alguien en una posición de autoridad constituye
una conducta sexual inapropiada, ya que resta la importancia del consentimiento.
Filosóficamente, el consentimiento tiene sus raíces en el valor de la autonomía –
entre otras cosas, la prerrogativa humana de tomar decisiones libremente de acuerdo
con planes autoelegidos – y en el principio de respeto a nuestra agencia o elecciones
autónomas. Aunque existe un debate sobre qué constituye una elección autónoma y
si alguna vez se pueden tomar decisiones de manera totalmente autónoma, existe un
acuerdo general en que las influencias que ejercen presión para manipular o limitar
las opciones, restringen la libertad y, por lo tanto, obstaculizan nuestra prerrogativa
de toma de decisiones son inadmisibles. También hay acuerdo en que las diferencias
de poder comprometen la agencia humana o la capacidad de elegir en autonomía
(Anderson, 2015; Scully, 2015).
Una teoría de tres condiciones (Beauchamp; Childress, 2013) ampliamente
reconocida en bioética enumera criterios para la autonomía de elección: 1)
intencionalidad (agencia), 2) comprensión (cognición) y 3) falta de influencias
controladoras (libertad). Estos tres criterios se reflejan en el reconocimiento legal del
principio de respeto a la autonomía, y en la normativa promulgada para protegerlo.
En el contexto legal, afirmamos nuestra agencia mediante la expresión del
consentimiento. Muchas acciones o decisiones que involucran a varias personas
requieren legalmente un consentimiento manifiesto. Legalmente, el consentimiento
se define como la expresión tácita o explícita de acuerdo o voluntad (Hickman;
Muehlenhard, 1999). Y como expresión de autonomía, tiene condiciones previas que
pretenden proteger la agencia y la cognición humanas.
Consentimiento:
– Sólo puede ser ejercido legalmente por personas con plena agencia (es decir, no
menores ni personas con discapacidad mental)7;
– Necesita estar libre de vicios que obstaculizan la libertad (i.e., falta de información;
información errónea, confusa o engañosa; violencia; intimidación).

Si bien la intención legal de proteger la elección autónoma es evidente, los


enfoques legales formalistas – especialmente aquellos que ignoran las dinámicas de
género y poder – tiene dificultades en abordar los vicios que socavan la libertad. La

7 Hay casos en los que los menores pueden ejercer el consentimiento (ver: Santelli; Haerizadeh; Mcgovern, 2017).
Sin embargo, estos son muy específicos y, en general, no se puede apelar al consentimiento de un menor para ser
excusado de lo que normalmente se percibiría como un comportamiento ilícito. 13

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violencia está tradicionalmente vinculada al daño físico, mientras que la intimidación


implica la amenaza de tales acciones. Los daños intangibles y las amenazas
asociadas suelen ser más difíciles de codificar y probar, lo que lleva a su frecuente
negligencia (IAWJ, 2015). Esto es particularmente cierto en muchos casos de abuso
sexual y especialmente en el de sextorsión, donde la coerción es fundamental para
el “acuerdo” de participar en actos sexuales.
Nuestra investigación reconoce el valor filosófico de la autonomía y la intención
legal de proteger la elección individual. Identificamos la coerción como una influencia
controladora que restringe la libertad, socava el consentimiento y es definida como
una fuerza manipuladora que surge de relaciones de poder asimétricas que limita las
opciones o afecta el juicio.
El alcance del impacto de la coerción en la libertad varía con la disparidad de
poder entre el perpetrador y la víctima: cuanto mayor es el poder del perpetrador,
más control puede ejercer, lo que potencialmente conduce a un mayor abuso y una
reducción de la capacidad de acción de la víctima. El continuo ilustra diversos grados
de agencia en la toma de decisiones, desde que la víctima tiene un control casi
total hasta estar completamente controlada, dependiendo del contexto y los objetivos
específicos (Beauchamp; Childress, 2013).
Si bien los comportamientos abiertamente coercitivos son más fáciles de
identificar como ilícitos, la ilicitud no debe evaluarse únicamente por su impacto en
la libertad personal. El consentimiento coercitivo socava la agencia y la autonomía.
Por ejemplo, considere un escenario en el lugar de trabajo donde un empleado
puede sentirse presionado a trabajar horas extras debido a las expectativas de su
supervisor. Incluso si el rechazo es posible, el miedo a las consecuencias negativas
(como evaluaciones deficientes o ascensos perdidos) crea un desequilibrio de poder
que distorsiona su percepción de elección, haciendo que el verdadero consentimiento
sea difícil de alcanzar.
En el extremo inferior de la escala, incluso cuando se podría argumentar que
la libertad está mínimamente restringida (y por lo tanto se respeta la agencia), esta
posición es errónea porque el “consentimiento” está influenciado – ya sea positiva
o negativamente – por la autoridad del individuo que busca el consentimiento del
intercambio sexual. No abordar estas malas conductas socava el consentimiento y
trivializa su importancia. Esta situación permite que la sextorsión y otras formas de
explotación continúen, implicando que el consentimiento se puede ver fácilmente
comprometido. Adicionalmente, abusar del poder para beneficio personal es
corrupción, independientemente del nivel de coerción involucrado.
En resumen, el poder confiado a “P” es una ventaja que P está moralmente
obligado a no explotar. Es esencial que P se abstenga de cometer abusos tanto
explícitos (amenazas o beneficios condicionados) como implícitos (sugerencias o
invitaciones). Esta obligación surge no sólo porque explotar la autoridad para beneficio
personal es corrupción, sino más importante aún, porque socava y falta el respeto a
la autonomía de quienes dependen del poder de P. Una invitación o demanda de un
intercambio sexual por parte de P implica que V:
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Sextorsión en el deporte: un enfoque ético aplicado a la conducta indebida

– No es merecedora de dignidad y autonomía, lo que permite a P violar esos


derechos (un abuso de poder explícito), o
– Da consentimiento influenciado por la autoridad de P, confundiendo la subordinación
de V con su permiso o aceptación, y (falsamente) racionalizando la conducta
violatoria.

6 ANTICORRUPCIÓN: EL ABUSO DEL PODER CONFIADO

La sextorsión es corrupción debido a su inherente abuso de poder. La


corrupción, ampliamente reconocida como una conducta poco ética que daña a las
organizaciones y a la sociedad (Cleveland et al., 2009; Rose-Ackerman; Palifka,
2016), se define comúnmente como “el abuso del poder confiado para beneficio
privado” (Lambsdorff, 2007; IAWJ, 2012; What is…[s.d.]). La literatura anticorrupción,
que aborda el ejercicio adecuado de las funciones públicas, la autoridad y la confianza,
ofrece información valiosa para comprender la sextorsión como una forma de
corrupción (Lambsdorff, 2007; IAWJ, 2012; Pozsgai-Alvarez, 2020; Rose-Ackerman;
Palifka, 2016; McDevitt, 2022).
Esta sección explora las normas violadas por la sextorsión desde la perspectiva
de la corrupción, centrándose en el abuso del poder confiado. Enfatiza dos aspectos
clave: el abuso de confianza, la responsabilidad profesional y los estándares éticos,
y la explotación de la vulnerabilidad a través de dinámicas de poder. Comprender
la sextorsión dentro del marco anticorrupción es vital para reconocer su profundo
impacto negativo en los individuos y la sociedad, incluido el ámbito del deporte.
En el deporte, las personas que ocupan cargos de autoridad (como entrenadores,
profesionales médicos y otras figuras influyentes) tienen una gran responsabilidad
para garantizar la administración segura de las actividades deportivas. Brennan y
Wildflower (2018) sostienen que el deber de protección en contextos profesionales
implica consideraciones tanto legales como éticas, considerándolo parte integral del
marco ético que guía la conducta en la promoción del bienestar de los demás.
Si bien es posible que algunas personas no cumplan estrictamente con
definiciones legales de corrupción, particularmente las descritas en las leyes
anticorrupción relativas a los “funcionarios públicos”, todavía se les encomienda
responsabilidad pública y se espera que proporcionen bienes y servicios públicos.
Como administradores de bienes públicos, a menudo financiados con dinero de los
contribuyentes, sus acciones tienen implicaciones de gran alcance para la seguridad
pública, la salud, la confianza, la distribución de recursos y la integridad de las
instituciones deportivas (Bragagnolo; Lezama, 2024b).
Además, la evidencia muestra que la corrupción trasciende los límites
convencionales afectando a personas que ocupan diversos puestos de autoridad
encargados de prestar servicios públicos, independientemente de su afiliación
organizacional o sector. (Von Maravic; Reichard, 2003). Los actos de corrupción,
incluida la sextorsión, no solo socavan el propósito de las instituciones, sino que
también daña a las personas que dependen de ellas (Fotaki, 2020). Estas acciones
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erosionan la confianza pública y, en última instancia, pueden conducir al colapso


de sistemas enteros si persiste la percepción de corrupción endémica (UNODC,
2021, p. 35). Fotaki (2020) enfatiza esto, argumentando que el hecho de que las
instituciones designadas no salvaguarden el interés público socava los principios de
buena gobernanza y pervierte el principio de legalidad.
A pesar de la ausencia de una legislación específica sobre sextorsión, los
principios éticos, los códigos de conducta y las normas profesionales a menudo
guían el comportamiento apropiado y condenan tales acciones. Las regulaciones
pueden exigir que quienes detienen poder protejan a las personas bajo su cuidado,
eviten la explotación y mantengan una conducta que defienda la reputación de su
organización o profesión (IAWJ, 2012). Por ejemplo, en junio de 2019, un expresidente
de la Federación de Fútbol de Afganistán y exmiembro del Comité Permanente de la
FIFA fue suspendido de por vida de todas las actividades relacionadas con el fútbol
después de que el Comité de Ética de la FIFA lo declarara culpable de haber usado
de su cargo para abusar sexualmente de jugadoras, incluidas menores de edad, en
violación del Código de Ética de la FIFA (FIFA, 2019).
Depender únicamente de sistemas formales puede conducir a una comprensión
incompleta de la corrupción; evaluaciones integrales también deben abordar
aspectos informales dentro de las instituciones. Helmke y Levitsky (2004), citados
en Lindberg; Stensöta, (2018), definen las instituciones informales como reglas no
escritas que moldean el comportamiento. Esto es particularmente relevante en el
deporte, donde las prácticas informales refuerzan el control político y sostienen redes
de clientelismo, permitiendo que figuras predominantemente masculinas conserven
el poder y la influencia.
Lindberg ilustra cómo el institucionalismo feminista revela la dinámica del poder
masculino a través de estas prácticas informales, advirtiendo que un énfasis excesivo
en los aspectos institucionales formales puede pasar por alto la corrupción incorporada
en estas “reglas no escritas”. En los deportes, las regulaciones formales coexisten
con costumbres informales que influyen significativamente en el comportamiento de
atletas, entrenadores y funcionarios, moldeando así sus experiencias y trayectorias
profesionales.
Al examinar prácticas informales como el clientelismo, como señala Piattoni
(2001), se revelan redes construidas a partir de favores personales para obtener
beneficios políticos, que a menudo refuerzan el dominio masculino (Lindberg;
Stensöta, 2018). En los deportes, estas redes informales dan prioridad a las
conexiones personales, priorizando la lealtad y la protección en entornos dominados
por hombres. Estas dinámicas pueden ocultar abusos, obstruir la presentación de
reportes, manipular investigaciones, perpetuar una cultura de silencio y explotar a
grupos vulnerables, permitiendo así la explotación sexual (UNODC, 2021, p. 21).
Esto subraya la naturaleza generalizada de la corrupción en los sistemas informales
no controlados y los desafíos para abordarla de manera efectiva.
Aunque con frecuencia omitida en los debates sobre conductas delictivas, la
corrupción en el deporte es de primordial interés público. Esta importancia se pone de
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Sextorsión en el deporte: un enfoque ético aplicado a la conducta indebida

relieve por las importantes inversiones realizadas por gobiernos y ciudadanía, que ven
al deporte como catalizador para promover la salud, la educación y beneficios sociales
(UNODC, 2021, p. 35). Adoptar una definición y una comprensión más amplias de
la corrupción puede aumentar la conciencia, reducir la confusión e identificar abusos
de poder que van más allá de las ganancias financieras y los abusos de los cargos
públicos (Lambsdorff, 2007; Lindberg; Stensöta, 2018).
Definir la corrupción basándose únicamente en la “ilegalidad” explícita pasa
por alto escenarios en los que los individuos abusan del poder que se les ha confiado
dentro de los límites legales, como es el caso de la sextorsión. Los perpetradores
explotan a personas vulnerables aprovechando promesas de trato preferencial (como
financiamiento, ascensos laborales, acceso a capacitación, participación en equipos
especiales y creación de redes), a menudo acompañadas de amenazas implícitas o
explícitas de represalias. Esta táctica coercitiva socava la autonomía de las víctimas
y perpetúa una cultura de miedo y silencio.
Corroborando a Lambsdorff (2007), Towns (2015) sostiene que el riesgo de
corrupción, incluida la explotación y la conducta sexual inapropiada, existe cuando
existen desequilibrios de poder entre quienes ocupan posiciones de autoridad y quienes
dependen de organizaciones para obtener bienes y servicios. En consecuencia,
siempre que existe desigualdad dentro de una organización, aumenta el riesgo de
acoso sexual, lo que potencialmente puede conducir a la corrupción sexual.
Cuando las personas poseen la autoridad para otorgar o negar beneficios, los
actos sexuales forzados pueden convertirse en una forma de moneda similar a las
transacciones financieras. Esta dinámica se ejemplifica en el caso de Malí, donde
Bamba la participación en el equipo para actos sexuales, amenazando con represalias
contra quienes resistían, lo cual pon de relieve dinámicas de poder asimétricas y un
grave abuso de autoridad, particularmente contra personas con recursos limitados.
El abuso de poder jerárquico, tal como lo definen Vredenburgh y Brender
(1998), abarca conductas que socavan el derecho de las personas subordinadas
a la dignidad y la autonomía o impiden su desempeño o acceso a recompensas
merecidas. En circunstancias tan extremas, donde la posible pérdida de oportunidades
es significativa, el cumplimiento de los intercambios coercitivos puede parecer
imperativo, a pesar de una flagrante violación de las normas éticas y legales.
El poder confiado conlleva la obligación moral de no explotarlo, lo que abarca
formas de influencia tanto explícitas como sutiles. Esta obligación moral se extiende
más allá de simplemente evitar el uso corrupto para beneficio personal; y se centra
en garantizar activamente la autonomía de aquellos bajo el poder.
Centrándose en el mecanismo de explotación, perspectivas feministas
(Goetz, 2007; Lindberg; Stensöta, 2018) destacan el papel de las relaciones de
poder explotadoras y su impacto desproporcionado en las mujeres. En el deporte,
el género sirve como lente para analizar los roles, responsabilidades, limitaciones y
oportunidades de los individuos dentro de la sociedad. La vulnerabilidad del sector
deportivo al acoso y la explotación sexual se ve exacerbada por la dinámica de poder
inherente a las relaciones entre mujeres atletas y profesionales del sector deportivo 17

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predominantemente masculinos, incluidos entrenadores, profesionales médicos y


otras figuras de autoridad.
Los entrenadores ejercen una influencia significativa sobre atletas, al
determinar el tiempo de juego, la selección del equipo y diversas oportunidades. Esto
crea un entorno en el que los atletas pueden sentirse obligados a entablar relaciones.
Esa vulnerabilidad se ve agravada por cuestiones sistémicas como la brecha salarial
de género y el liderazgo dominado por los hombres, que exponen a las mujeres a
mayores riesgos de corrupción y explotación (Johansson; Kenttä; Andersen, 2016;
Puri, 2017).
Estas dinámicas de poder a menudo se manifiestan en relaciones personales
que pueden volverse éticamente problemáticas. La explotación, tal como la define
Roemer (1993), ocurre cuando una parte se aprovecha de la vulnerabilidad de
otra debido a un desequilibrio de poder, lo que lleva a una distribución injusta de
oportunidades y recursos. Incluso si las interacciones entre entrenadores y atletas
mayores de edad parecen consensuadas, pueden llevar a consecuencias desiguales
que afectan desproporcionadamente las carreras de quienes ocupan posiciones
subordinadas. Aunque las relaciones adultas consensuales entre atleta y entrenador
pueden considerarse aceptables en algunos contextos, el desequilibrio de poder
inherente plantea preocupaciones éticas. La dependencia al entrenador para avanzar
en la carrera deportiva puede crear presión sobre atletas para que cumplan con las
demandas, socavando así su autonomía. En consecuencia, estas dinámicas pueden
contribuir inadvertidamente a la normalización y perpetuación de las desigualdades
de género, reforzando la desigualdad estructural a largo plazo (Lindberg; Stensöta,
2018; Tilly, 1999).
Además, la prevalencia de tales acuerdos puede llevar a otros atletas a
percibirlos como el único medio para lograr el éxito, afianzando aún más sistemas
de explotación y corrupción. Estas circunstancias podrían reforzar una distribución
injusta de oportunidades y contribuir a desigualdades sistémicas dentro de las
instituciones (Tilly, 1999). En última instancia, el acaparamiento de oportunidades
dentro de las relaciones entrenador-atleta impacta de manera desproporcionada a
las mujeres, profundizando las disparidades existentes.
En conclusión, los argumentos normativos discutidos subrayan las
responsabilidades éticas asociadas con los puestos de autoridad dentro de las
organizaciones deportivas. Destacan las implicaciones más amplias de la corrupción
y la explotación en los deportes, enfatizando la importancia de la conducta ética,
la integridad y la igualdad para preservar la confianza y la legitimidad de estas
instituciones y defender los derechos humanos. La sextorsión se clasifica tanto como
corrupción, y como conducta indebida, al violar estándares éticos y quebrantando
la confianza en figuras de autoridad. Su ilicitud radica en la erosión de la seguridad
pública, la integridad institucional y la perpetuación de desigualdades sistémicas.
Por lo tanto, defender los valores éticos es esencial para garantizar la seguridad, la
confianza y la equidad en las instituciones deportivas.

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Sextorsión en el deporte: un enfoque ético aplicado a la conducta indebida

7 CONCLUSIÓN: ¿ES “ESTO” SEXTORSIÓN?

El análisis desde la perspectiva de la lucha contra la corrupción, como desde


la perspectiva de la violencia sexual subraya la gravedad de la sextorsión y destaca
su clasificación inequívoca como una conducta indebida. La sextorsión viola las
normas éticas y los valores fundamentales de dignidad y autonomía al aprovechar
los desequilibrios de poder para coaccionar actos sexuales, sin tener en cuenta el
consentimiento y la autonomía individual. El fundamento filosófico de la autonomía
destaca la importancia de la libre toma de decisiones, la cual se ve comprometida en
situaciones coercitivas.
Además, las evaluaciones normativas revelan ramificaciones más amplias
dentro de las organizaciones deportivas, incluida la erosión de la confianza, la
seguridad y la integridad institucional. Reconocer la sextorsión como una conducta
indebida es crucial para mantener los estándares éticos y garantizar el bienestar
de las personas en la comunidad deportiva. Depender únicamente de la “ilegalidad”
explícita para definir la corrupción resulta insuficiente, ya que pasa por alto casos en
los que los individuos explotan el poder confiado dentro de los límites legales. Este
enfoque estrecho tampoco tiene en cuenta las reglas informales y los marcos legales
ineficaces que facilitan el comportamiento corrupto y perjudican a quienes dependen
de esas instituciones.
Muchos actores fuera del ámbito de los “funcionarios públicos” son pasados
por alto en los marcos tradicionales de la corrupción, a pesar de su rol en la prestación
de servicios públicos clave. Dar prioridad al análisis del poder confiado permite una
comprensión más profunda de los comportamientos que amenazan el bienestar
público y la integridad institucional. Un enfoque integral sobre la sextorsión implica
analizar los abusos de poder dentro de la dinámica institucional. Al examinar estas
dinámicas, obtenemos información sobre las causas subyacentes de la corrupción,
lo que permite el desarrollo de estrategias de mitigación más sólidas. Reconocer que
la corrupción a menudo trasciende incidentes aislados resalta el papel fundamental
de la gobernanza para abordar y prevenir estos problemas.
Al analizar la conducta indebida en el deporte, es vital considerar intereses
sociales más amplios, en particular la salud pública y el ejercicio adecuado de las
funciones públicas. No hacerlo puede provocar daños importantes y un alejamiento
sistemático de la misión de la institución.
Con este entendimiento, cuando se nos encomienda el poder, existe una
profunda obligación moral: no sólo abstenernos de explotar la autoridad para
beneficio personal, sino salvaguardar activamente la autonomía y la dignidad de
aquellos a quienes se nos ha confiado el cuidado. Este imperativo ético trasciende la
mera evitación de la corrupción; encarna el compromiso de preservar la autonomía
individual de formas de influencia tanto explicitas como matizadas.
Al comprender integralmente las normas que viola la sextorsión, su ilicitud
se vuelve universalmente identificable para todas las partes interesadas, incluso
fuera de los marcos legales existentes. Este reconocimiento nos permite enfrentar y
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Movimento, v. 30, e30057, 2024. DOI: [Link]


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combatir la sextorsión de manera más decisiva, reforzando el compromiso colectivo


por una conducta ética dentro de las organizaciones deportivas. Al examinar cómo los
individuos ejercen su poder, podemos identificar comportamientos que promueven
el bienestar público y fortalecen la integridad institucional, garantizando un entorno
seguro y equitativo para todas las personas participantes, incluso en ausencia de
violaciones legales explícitas.

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Movimento, v. 30, e30057, 2024. DOI: [Link]


ISSN: 1982-8918
RESUMO
ISSN: 1982-8918 ABSTRACT

Resumo: A sextorsão, uma forma de conduta sexual inadequada, envolve o


abuso de poder para obter benefícios sexuais, o que também a caracteriza como
um ato de corrupção. No esporte, onde os desequilíbrios de poder e as estruturas
hierárquicas são comuns, a sextorsão é um problema crescente. Frequentemente
inclui ameaças sutis ou implícitas, buscando a conformidade em troca de privilégios
ou oportunidades. Apesar do aumento da conscientização, a pesquisa sobre
sextorsão no esporte ainda é limitada. Este estudo utiliza a teoria institucional e
a ética aplicada para explorar seus elementos principais: o abuso de poder e a
obtenção inadequada de atos sexuais. Os resultados destacam a necessidade de
uma boa governança, protocolos de proteção eficazes e uma maior conscientização
sobre as dinâmicas de poder, consentimento e coerção. Esta pesquisa busca
aumentar o reconhecimento entre os interessados e enfatiza a necessidade urgente
de medidas preventivas, orientando políticas e estudos futuros.

Palavras-chave: Esporte. Ética, Sextorsão. Corrupção.

Abstract: Sextortion, a form of sexual misconduct, entails the abuse of power to


obtain sexual benefits, simultaneously rendering it an act of corruption. In sports,
where power imbalances and hierarchical structures are common, sextortion is a
growing issue. It often includes subtle or implicit threats, seeking compliance in
exchange for privileges or opportunities. Despite growing awareness, research
on sextortion in sports remains scarce. This study uses institutional theory and
applied ethics to explore its key elements: the abuse of power and the improper
obtention of sexual acts. The findings highlight the need for good governance, strong
safeguarding protocols, and greater awareness of power dynamics, consent, and
coercion. This research seeks to raise recognition among stakeholders and stresses
the urgent need for prevention measures, guiding future policies and studies.

Keywords: Sport. Ethics. Sextortion. Corruption.

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Movimento, v. 30, e30057, 2024. DOI: [Link]


ISSN: 1982-8918
NOTAS
ISSN: 1982-8918 EDITORIALES

LICENCIA DE USO
Este es un artículo publicado en Open Access bajo la licencia Creative Commons
Attribution 4.0 International (CC BY 4.0), que permite su uso, distribución y
reproducción en cualquier medio, siempre que se cite correctamente la obra original.
Más información en: [Link]

CONFLICTO DE INTERESES
Los autores declaran que no existe ningún conflicto de intereses en este trabajo.

CONTRIBUCIONES DE LOS AUTORES


Whitney Bragagnolo: Fundación, Conceptualización, Revisión de la Literatura y
Redacción (revisión y edición).
Yanei Lezama: Fundación, Conceptualización, Revisión de la Literatura y Redacción
(revisión y edición).

FINANCIACIÓN
Este artículo fue redactado con el apoyo institucional de Charles University,
Praga, República Checa – Cooperatio (Social Sport Sciences) y SVV (Specifický
vysokoškolský výzkum n. 260 731/202), así como del Proyecto Número 428122 de
la Grant Agency of Charles University.

AGRADECIMIENTOS
A Catalina Melendro Blanco, del Grupo de Investigación en Deporte, Derechos
Humanos y Protección de Canterbury Christ Church University, e a Pedro José
Mercado Jaén, investigador doctoral en el Departamento de Derecho del European
University Institute, por su invaluable ayuda en la traducción de este articulo del
inglés al español.

CÓMO CITAR
BRAGAGNOLO, Whitney; LEZAMA, Yanei. Sextorsión en el deporte: un enfoque
ético aplicado a la conducta indebida. Movimento, v. 30, e30057, ene./dic. 2024.
DOI: [Link]

RESPONSABILIDAD EDITORIAL
Alberto Reinaldo Reppold Filho*, Alex Branco Fraga*, Elisandro Schultz Wittizorecki*,
Irena Martínková**, Jim Parry**, Mauro Myskiw*, Raquel da Silveira*
*Universidade Federal do Rio Grande do Sul, Escola de Educação Física, Fisioterapia
e Dança, Porto Alegre, RS, Brasil.
**Faculty of Physical Education and Sport, Charles University. Praga, República
Checa.
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Movimento, v. 30, e30057, 2024. DOI: [Link]


ISSN: 1982-8918

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