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CORONAVIRUS

La COVID-19, causada por el SARS-CoV-2, se identificó por primera vez en 2019 y puede variar en gravedad desde asintomática hasta mortal, afectando múltiples sistemas de órganos. La transmisión ocurre principalmente a través de gotitas respiratorias y superficies contaminadas, con un riesgo elevado en entornos cerrados y de alta densidad. La vacunación es efectiva para prevenir la enfermedad grave y la mortalidad, y se han observado complicaciones a largo plazo en algunos pacientes, incluso después de la recuperación.

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CORONAVIRUS

La COVID-19, causada por el SARS-CoV-2, se identificó por primera vez en 2019 y puede variar en gravedad desde asintomática hasta mortal, afectando múltiples sistemas de órganos. La transmisión ocurre principalmente a través de gotitas respiratorias y superficies contaminadas, con un riesgo elevado en entornos cerrados y de alta densidad. La vacunación es efectiva para prevenir la enfermedad grave y la mortalidad, y se han observado complicaciones a largo plazo en algunos pacientes, incluso después de la recuperación.

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CORONAVIRUS.

ENTEROVIRUS, RINOVIRUS Y ENDOVIRUS

CORONAVIRUS

La COVID-19 se reportó por primera vez a fines de 2019 en Wuhan, China, y fue declarada
pandemia por la Organización Mundial de la Salud (OMS) en marzo de 2020. Es causada por
SARS-CoV-2, un coronavirus descubierto en 2019. La infección por SARS-CoV-2 causa un
espectro de gravedad de la enfermedad, desde enfermedad asintomática hasta insuficiencia
respiratoria asintomática aguda y muerte. Los factores de riesgo para la enfermedad grave
incluyen la edad avanzada, el inmunocompromiso, las comorbilidades (p. ej., diabetes,
enfermedad renal crónica) y el embarazo. Se ha demostrado que las vacunas son algo eficaces
para prevenir la transmisión y muy eficaces para prevenir la enfermedad grave y la mortalidad.

COVID-19 es una enfermedad respiratoria causada por un nuevo coronavirus SARS-CoV-2. La


infección puede ser asintomática o se pueden presentar síntomas que van desde síntomas
leves de las vías respiratorias superiores hasta insuficiencia respiratoria aguda y muerte.
COVID-19 puede comprometer múltiples sistemas de órganos (p. ej., cardíaco, renal,
neurológico, coagulación). La prevención se realiza mediante la vacunación y las precauciones
para el control de la infección (p. ej., barbijos, lavado de manos, distanciamiento social,
aislamiento de individuos infectados). El diagnóstico se realiza mediante pruebas de antígeno o
PCR (reacción en cadena de lad polimerasa) de las secreciones de las vías aéreas superiores
o inferiores. El tratamiento consiste en medidas sintomáticas, antivirales o corticosteroides.

Transmisión de COVID-19
El virus SARS-CoV-2 se transmite mediante el contacto estrecho entre personas,
principalmente a través de las gotitas respiratorias que se producen cuando una persona
infectada tose, estornuda, canta, practica ejercicio o habla. La propagación se produce a través
de gotas respiratorias de gran tamaño que pueden recorrer distancias cortas y aterrizar
directamente en las superficies mucosas o a través de pequeños aerosoles de partículas
respiratorias que pueden permanecer en el aire durante varias horas y recorrer distancias más
largas (> 1,8 metros) antes de ser inhaladas. La diseminación del virus también puede ocurrir a
través del contacto con superficies contaminadas (fómites) por secreciones respiratorias, si una
persona toca una superficie contaminada y luego toca una membrana mucosa de la cara (ojos,
nariz, boca).
El virus SARS-CoV-2 se transmite fácilmente entre las personas. El riesgo de transmisión está
directamente relacionado con la cantidad de virus a la que está expuesta una persona. En
general, cuanto más estrecha y prolongada es la interacción con una persona infectada, mayor
es el riesgo de transmisión del virus. Tanto los pacientes asintomáticos como los sintomáticos
pueden transmitir el virus, lo que dificulta el control de la diseminación. Una persona
sintomática es más contagiosa durante los días previos y posteriores a la aparición de los
síntomas, momento en el cual la carga viral en las secreciones respiratorias es mayor.
Factores como la distancia a la que se encuentra una persona infectada, el número de
personas infectadas en la habitación, la duración del tiempo de contacto con personas
infectadas, el volumen de aire, la actividad generadora de aerosoles (p. ej., cantar, gritar o
hacer ejercicio), la ventilación y la dirección y la velocidad del flujo de aire pueden contribuir a
este riesgo.
Las variantes genéticas del virus SARS-CoV-2 emergen a medida que evoluciona. Las
variantes con máximo potencial de transmisibilidad, la enfermedad más grave, fracasos en la
detección diagnóstica, o la menor respuesta a los tratamientos y/o a las vacunas disponibles se
registran como Variantes de preocupación y se refieren comúnmente por su etiqueta en el
alfabeto griego designada por la OMS o su número de linaje Pango. Una mutación genética
que confiere una ventaja de aptitud física, es decir, una mayor transmisibilidad, puede
reemplazar rápidamente las variantes que circulaban previamente. La progresión de las
variantes dominantes en los Estados Unidos y gran parte del mundo incluye Alpha, Beta, Delta
y Omicron. La variante Omicron ha predominado en todo el mundo desde marzo de 2022, con
las subvariantes de Omicron más nuevas y más transmisibles (p. ej., BA,4 y BA,5)
reemplazando a la Omicron original (B,1,1,529), Véase también CDC: Variants & Genomic
Surveillance.
Las situaciones con riesgo elevado de transmisión incluyen centros de congregación de
personas (p. ej., residencias geriátricas u otros centros de atención a largo plazo, residencias
de estudiantes, prisiones, barcos) así como ambientes abarrotados y poco ventilados, como
servicios religiosos realizados en lugares cerrados, gimnasios, bares, clubes nocturnos,
restaurantes sin terraza e instalaciones de envasado de carne. Estas situaciones se
caracterizan por una alta densidad de población en la que es difícil mantener la distancia y las
precauciones de ventilación. Los residentes de las residencias geriátricas también están en alto
riesgo de enfermedad grave debido a la edad y los trastornos médicos subyacentes. Grandes
eventos en espacios cerrados o eventos privados como reuniones o fiestas de casamiento
también se han asociado con altas tasas de transmisión. Estos llamados eventos o situaciones
de hiperdiseminación podrían deberse a una combinación de factores biológicos, ambientales y
conductuales.
Los determinantes sociales de la salud (condiciones en los lugares donde las personas nacen,
viven, aprenden, trabajan y juegan) afectan una amplia gama de riesgos y resultados para la
salud, como la exposición a la infección por SARS-CoV-2, COVID-19 grave y muerte, así como
acceso a pruebas, vacunación y tratamiento. En los Estados Unidos, las tasas de casos de
COVID-19, hospitalización y mortalidad son más altas en algunos grupos minoritarios raciales y
étnicos, incluso entre las personas negras, hispanas o latinas, indias americanas y nativas de
Alaska.
En las personas infectadas con COVID-19, se recomiendan medidas de aislamiento y
precaución en un intento de limitar la propagación de la infección por SARS-CoV-2. En las
personas expuestas a COVID-19, se recomiendan precauciones para ayudar a reducir el riesgo
de propagación del virus.

Signos y síntomas del COVID-19


La gravedad y la constelación de síntomas en las personas con COVID-19 son variables.
Algunas personas presentan pocos síntomas o ninguno, mientras que otras enferman
gravemente y mueren. Los síntomas incluyen:
 Fiebre
 Tos
 Odinofagia
 Congestión o secreción nasal
 Falta de aliento o dificultad respiratoria (disnea)
 Escalofríos o temblores repetidos con escalofríos
 Nueva pérdida del olfato o del gusto
 Cansancio
 Dolor muscular
 Cefalea
 Náuseas o vómitos
 Diarrea
El período de incubación (es decir, el tiempo transcurrido desde la exposición hasta el inicio de
los síntomas) varía de 2 a 10 días, con una mediana estimada de sólo 2 a 4 días para la
variante Ómicron (1). Muchas personas infectadas no tienen síntomas o presentan enfermedad
leve; la probabilidad de esto varía según la variante del SARS-CoV-2 y el riesgo de enfermedad
grave de la persona, incluido el estado de inmunización contra COVID.
La enfermedad grave se caracteriza por disnea, hipoxia y compromiso pulmonar extenso en las
imágenes. Este cuadro puede derivar en insuficiencia respiratoria que requiere ventilación
mecánica, choque, fallo multiorgánico y muerte.

Factores de riesgo para enfermedad grave


El riesgo de enfermedad grave y muerte en los casos de COVID-19 aumenta en personas
mayores de 65 años, que fuman o fumaron previamente, y con otros trastornos médicos
graves, como:
 Cáncer
 Enfermedad crónica del corazón, los pulmones, los riñones o el hígado
 Diabetes
 Antecedentes de accidente cerebrovascular o enfermedad cerebrovascular
 Condiciones de inmunocompromiso
 Infección por HIV
 Tuberculosis
 Anemia drepanocítica
 Talasemia
 Demencia
 Obesidad
 Embarazo (hasta 42 días después del embarazo)
 Algunos tipos de discapacidad
 Trastornos por uso de sustancias
 Inactividad física
 Algunos trastornos de salud mental como depresión y esquizofrenia
La vacunación reduce drásticamente el riesgo de enfermedad grave para todos los grupos de
edad; las tasas de vacunación más bajas en los grupos más jóvenes han cambiado la edad
demográfica de los pacientes hospitalizados

Complicaciones
Entre las complicaciones graves se cuentan, además de la enfermedad respiratoria que puede
derivar en síndrome de dificultad respiratoria aguda (SDRA) y la muerte, las siguientes:
 Cardiopatías, incluyendo arritmias, miocardiopatía y lesión cardíaca aguda
 Trastornos de la coagulación que incluyen tromboembolia y embolia pulmonar,
coagulación intravascular diseminada (CID), hemorragia y formación de coágulos
arteriales
 Síndrome de Guillain-Barré (muy poco frecuente)
 Sepsis, choque y fallo multiorgánico
Se ha observado un síndrome inflamatorio postinfeccioso denominado síndrome inflamatorio
multisistémico en niños (MIS-C, por sus siglas en inglés) como una complicación muy poco
frecuente de la infección por SARS-CoV-2. Tiene características similares a la enfermedad de
Kawasaki o al síndrome de choque tóxico. Los niños con MIS-C (Síndrome Inflamatorio
Multisistémico C) suelen presentar fiebre, taquicardia, signos de inflamación sistémica y
compromiso multisistémico (p. ej., cardíaco, gastrointestinal, renal) entre 2 y 6 meses después
de una infección por SARS-CoV-2 generalmente leve o incluso asintomática. Los casos que
cumplen los criterios siguientes deben comunicarse a los departamentos de salud locales,
estatales o territoriales como sospecha de MIS-C (Síndrome Inflamatorio Multisistémico C):
individuos < 21 años con fiebre > 24 horas, pruebas de laboratorio de inflamación, signos de
compromiso multisistémico grave (≥ 2 órganos) que requieren hospitalización y asociación de
laboratorio o epidemiológica con infección reciente por SARS-CoV-2 (2). La vacunación parece
proteger eficazmente contra la aparición de MIS-C (Síndrome Inflamatorio Multisistémico C) (2).
También se ha informado de un síndrome inflamatorio multisistémico similar en adultos jóvenes
y de mediana edad (MIS-A).

Resolución de los síntomas


En la mayoría de los pacientes, los síntomas se resuelven en una semana aproximadamente.
Sin embargo, algunos pacientes comienzan con síntomas leves, luego se deterioran
clínicamente al cabo de una semana, evolucionando a enfermedad grave que incluye SDRA
(síndrome de dificultad respiratoria aguda del adulto). La enfermedad prolongada parece ser
más común en aquellos pacientes con enfermedad grave, pero incluso los pacientes con
enfermedad leve pueden presentar síntomas persistentes, como disnea, tos y malestar general,
que dura semanas o incluso meses. Las pruebas de PCR viral en pacientes pueden
permanecer positivas durante al menos 3 meses, con independencia de los síntomas. Sin
embargo, incluso los pacientes con síntomas persistentes por lo general no se consideran
infecciosos, ya que rara vez e incluso en ningún caso es posible cultivar el virus en las vías
respiratorias superiores de los pacientes una vez transcurridos 10 días de la enfermedad.
La COVID-19 también puede estar asociada con secuelas a largo plazo después de la
enfermedad aguda y los síntomas de las afecciones posteriores a la COVID-19 pueden
persistir durante meses. Esto último ha recibido muchos nombres, como COVID persistente,
COVID de larga duración y síndrome o enfermedad pos-aguda por COVID-19, y según algunos
estudios realizados en Estados Unidos se estima que afecta al 25 a 50% de todos los
pacientes. Con frecuencia se refiere fatiga, debilidad, dolor, mialgias, disnea y disfunción
cognitiva y puede asociarse con una peor calidad de vida. Los factores de riesgo para la
presencia de secuelas a largo plazo pueden consistir en presentación más grave de la
enfermedad, edad avanzada, sexo femenino y enfermedad pulmonar preexistente. Se ha
establecido una definición internacional de caso para ayudar al establecimiento del diagnóstico
y a la investigación adicional de esta enfermedad.
Diagnóstico del COVID-19
Reacción en cadena de la polimerasa con transcripción reversa en tiempo real (RT-PCR, por
sus siglas en inglés) u otras pruebas de amplificación de ácidos nucleicos (NAAT, por sus
siglas en inglés) de las secreciones respiratorias inferiores y del suero

Prueba de antígenos de las secreciones respiratorias inferiores


Las pruebas diagnósticas para la COVID-19 están disponibles a través de laboratorios y de
puntos de diagnóstico públicos y también se pueden hacer en el hogar. Hay dos tipos
principales de pruebas de diagnóstico del COVID-19: reacción en cadena de la polimerasa-
transcriptasa en tiempo real (RT-PCR) (u otra prueba de amplificación de ácidos nucleicos
[NAAT]) y pruebas de antígeno. La elección del tipo de prueba diagnóstica y su interpretación
deben estar influidas por la probabilidad de que la persona tenga COVID-19 sobre la base de la
prevalencia de SARS-CoV-2 en la población y la presencia de síntomas, signos o contactos
cercanos de COVID-19 con un caso conocido de COVID-19.
RT-PCR tiene la mayor sensibilidad y especificidad analítica y es la prueba de diagnóstico de
referencia para COVID-19. Otras plataformas NAAT suelen ser ligeramente menos sensibles
que la RT-PCR con especificidad equivalente (véase CDC: Nucleic Acid Amplification Tests).
Sin embargo, las pruebas de PCR viral positivas no siempre indican una infección activa.
Pueden detectar fragmentos de ácido nucleico virales no viables y pueden permanecer
positivas durante al menos 3 meses después del diagnóstico inicial, independientemente de los
síntomas.
Las pruebas de antígeno en el centro de atención y en el domicilio pueden proporcionar
resultados rápidos (véase CDC: Guidance for Antigen Testing for SARS-CoV-2 for Healthcare
Providers Testing Individuals in the Community). Esta última puede ser una medida importante
para identificar casos asintomáticos e interrumpir la transmisión del SARS-CoV-2. Las pruebas
de detección de antígeno realizadas en el punto de atención o domiciliarias son menos
sensibles que las pruebas de amplificación de ácidos nucleicos, en particular al inicio de la
infección, cuando la carga viral puede ser menor. La sensibilidad de estas pruebas en
comparación con las pruebas de PCR varía según el fabricante y la evolución de la infección,
con intervalos informados de 40 a 90% (1-4). Por lo tanto, puede ser necesario confirmar
algunos resultados de las pruebas de antígenos (p. ej., una prueba con resultado negativo en
una persona con síntomas) con una RT-PCR u otra prueba de amplificación de ácidos
nucleicos (NAAT, por sus siglas en inglés). Muchos kits de detección de antígenos también
recomiendan repetir la prueba de forma sistemática a lo largo de varios días para aumentar la
probabilidad de detección de infección (véase también FDA: At-Home COVID-19 Antigen Tests-
Take Steps to Reduce Your Risk of False Negative Results). Algunas pruebas pueden no
detectar la variante Omicron u otras variantes nuevas (véase FDA: SARS-CoV-2 Viral
Mutations: Impact on COVID-19 Tests). Las pruebas de antígeno tienen menos probabilidades
de permanecer positivas después de la resolución de la infección, ya que solo detectan cargas
virales más altas. Sin embargo, otros factores además de la carga viral pueden influir sobre la
infectividad; por lo tanto, los resultados de las pruebas de antígeno no se correlacionan
necesariamente con la infecciosidad.
Las muestras aceptables para las pruebas diagnósticas de la COVID-19 son las nasofaríngeas,
las orofaríngeas, el turbinado medio nasal, las de fosas nasales anteriores y las de saliva.
Consulte las instrucciones para la aceptación de muestras por parte del laboratorio o las
instrucciones contenidas en el kit de autodiagnóstico, porque no todas las plataformas de
prueba y laboratorios pueden analizar todos los tipos de muestras. Estas muestras pueden ser
recogidas por un profesional de la salud o por cuenta propia, con la excepción de las muestras
nasofaríngeas, que solo deben ser recogidas por un profesional de la salud debidamente
entrenado y acreditado.
Para las muestras nasofaríngeas y orofaríngeas, utilizar solo hisopos de fibra sintética con
varillas de plástico o de alambre. No utilizar hisopos de alginato de calcio o hisopos con varillas
de madera, ya que pueden contener sustancias que inactivan algunos virus e inhiben las
pruebas de PCR. Los hisopos deben colocarse inmediatamente en el tubo de transporte
provisto. Mantener un control adecuado de la infección al recoger muestras.
Por razones de bioseguridad, las instituciones y los laboratorios locales no deben intentar aislar
el virus en cultivo celular.
Los resultados positivos de las pruebas realizadas en un laboratorio o en un centro de salud se
comunican a los departamentos de salud locales y estatales. Algunos departamentos de salud
locales también disponen de mecanismos para comunicar resultados positivos obtenidos
mediante pruebas domiciliarias.
Las pruebas serológicas, o de anticuerpos, no deben utilizarse para diagnosticar la enfermedad
aguda por COVID-19, porque en la mayoría de los casos los anticuerpos se pueden detectar
únicamente cuando han transcurrido entre 1 y 3 semanas desde del inicio de los síntomas.
Existen pruebas de anticuerpos cuyo objetivo es el antígeno de la nucleocápside del SARS-
CoV-2, al antígeno espiga y al dominio de unión al receptor del antígeno espiga. Se
recomiendan las pruebas que detectan anticuerpos contra la proteína de la nucleocápside para
evaluar la evidencia de infección previa en personas vacunadas, ya que ese antígeno no está
incluido en la vacuna. Existen ensayos cuantitativos y semicuantitativos de anticuerpos, pero en
la actualidad no existe un correlato aceptado con la inmunidad, y no se recomiendan pruebas
para determinar la respuesta inmunitaria a la vacunación o la infección (véase CDC: Interim
Guidelines for COVID-19 Antibody Testing).

Evaluación de pacientes sintomáticos


Los hallazgos rutinarios de laboratorio en los casos con enfermedad más grave incluyen
linfopenia, así como hallazgos menos específicos de concentraciones elevadas de
aminotransaminasa (ALT, AST), concentraciones elevadas de lactato deshidrogenasa (LDH),
dímero D, ferritina y marcadores inflamatorios elevados, como la proteína c-reactiva.
Los pacientes con disnea, hipoxia en la oximetría domiciliaria, u otros síntomas preocupantes
deben ser derivados para una evaluación médica presencial, que incluya la medición de la
saturación de oxígeno, y deben ser controlados para detectar signos de deterioro clínico.
Los hallazgos en las imágenes de tórax pueden ser normales en la enfermedad leve y
aumentar con la gravedad creciente de la enfermedad. Los hallazgos característicos son
compatibles con neumonía viral e incluyen opacidades en vidrio esmerilado y consolidación en
radiografía de tórax o TC de tórax. Las imágenes de tórax no se recomiendan como
herramienta de detección sistemática para la COVID-19.

Tratamiento del COVID-19


Tratamiento de sostén
El tratamiento de la COVID-19 depende de la gravedad de la enfermedad y de la probabilidad
de que el paciente desarrolle una enfermedad grave.

Las definiciones de gravedad de los NIH son las siguientes:


 Enfermedad leve: pacientes que presentan cualquier signo o síntoma de COVID-19 (p.
ej., fiebre, tos, dolor de garganta, malestar general, cefalea, dolor muscular) pero sin
dificultad respiratoria, o disnea, hipoxemia, o imágenes torácicas anormales
 Enfermedad moderada: pacientes que presentan pruebas de enfermedad de las vías
respiratorias inferiores obtenidas mediante valoración clínica o imágenes y una
saturación de oxígeno (SpO2) ≥ 94% en el aire ambiente al nivel del mar
 Enfermedad grave: pacientes que presentan frecuencia respiratoria > 30 respiraciones
por minuto, SpO2 < 94% en el aire ambiente al nivel del mar (o, para los pacientes con
hipoxemia crónica, una disminución > 3% desde el valor basal), relación entre la
presión parcial de oxígeno arterial y la fracción de oxígeno inspirado (PaO2/FiO2) <
300 mmHg o infiltrados pulmonares > 50%
 Enfermedad crítica: pacientes con insuficiencia respiratoria, choque séptico y/o
disfunción multiorgánica
En la toma de decisiones terapéuticas debe considerarse la eficacia de determinados fármacos
antivirales y anticuerpos monoclonales contra las variantes de circulación local. Las opciones
de tratamiento se enumeran en orden de preferencia según los datos disponibles en la
actualidad y las variantes circulantes de SARS-CoV-2. La elección del tratamiento debe
basarse en la disponibilidad del fármaco, la infraestructura para administrar el fármaco y los
factores específicos del paciente, que incluyen la duración de los síntomas, las posibles
interacciones farmacológicas y la insuficiencia hepática y renal. No hay datos sobre
tratamientos combinados con las terapias actualmente disponibles; por lo tanto, solo debe
administrarse un fármaco anti-SARS-CoV-2.
Los límites de suministro y las limitaciones de administración pueden requerir que los médicos
prioricen a los pacientes que probablemente recibirán el mayor beneficio (p. ej., prevenir la
hospitalización y la muerte). Esto incluiría a pacientes que están infectados en lugar de
expuestos y pacientes no vacunados, vacunados de forma incompleta o vacunados que no se
espera que generen una respuesta inmunitaria adecuada debido a enfermedades que suponen
inmunocompromiso.

Tratamiento temprano para pacientes con COVID-19 de leve a moderada que corren un riesgo
elevado de progresión a enfermedad grave
Estos tratamientos están destinados a prevenir la progresión a enfermedad grave en pacientes
de alto riesgo. Se administran a los pacientes pocos días después del inicio de COVID-19 leve
a moderada cuando su tratamiento es ambulatorio (o si deben hospitalizarse debido a razones
distintas de COVID-19); no se han estudiado las opciones de tratamiento (además de para el
remdesivir) en pacientes hospitalizados debido a COVID-19.

Tratamiento para pacientes con COVID-19 grave


Las opciones de tratamiento recomendadas para la infección grave incluyen el fármaco antiviral
remdesivir, el corticosteroide dexametasona y otros fármacos inmunomoduladores como
baricitinib, tocilizumab y sarilumab. Estos pueden usarse en combinación, y las decisiones
terapéuticas deben tener en cuenta la fase de la enfermedad del paciente, a menudo
caracterizada por el grado de hipoxia y apoyo respiratorio.
Los fármacos antivirales tienen más probabilidades de proporcionar beneficios en fases más
tempranas del curso de la enfermedad cuando esta es consecuencia de la replicación viral
activa, mientras que las terapias antiinflamatorias e inmunomoduladoras son más adecuadas
para fases más avanzadas del curso de la enfermedad, cuando la respuesta inflamatoria del
huésped y la desregulación inmunitaria dirigen el estado de la enfermedad. (Véase también
NIH: Therapeutic Management of Hospitalized Adults With COVID-19.)
Las opciones de tratamiento para los pacientes que requieren oxígeno suplementario pero no
apoyo respiratorio adicional son:
 Remdesivir solo
 Dexametasona sola
 Remdesivir más dexametasona

Infección posCOVID-19
Las pruebas de PCR viral en pacientes pueden permanecer positivas durante al menos 3
meses, con independencia de los síntomas. Sin embargo, incluso los pacientes con síntomas
persistentes por lo general no se consideran infecciosos, ya que rara vez e incluso en ningún
caso es posible cultivar el virus en las vías respiratorias superiores de los pacientes una vez
transcurridos 10 días de la enfermedad.
Aunque en general se cree que la infección por coronavirus confiere cierto grado de inmunidad
frente a la reinfección, la duración y la eficacia de la inmunidad después de contraer la
enfermedad por COVID-19 siguen siendo difíciles de cuantificar y dependen de múltiples
factores del huésped y virales. Aun se recomienda a los pacientes que tuvieron COVID-19,
incluidas las personas con síntomas prolongados después de la COVID-19, que reciban todas
las vacunas que les correspondan para reducir el riesgo de reinfección. Pueden hacerlo una
vez que lograron la recuperación clínica de la infección y completaron el período de
aislamiento. Los anticuerpos neutralizantes se detectan en la mayoría de los pacientes después
de la infección por SARS-COV-2, pero los niveles de estos son más variables que en las
personas vacunadas. Estos probablemente brinden protección contra la reinfección
clínicamente evidente en la mayoría de las personas inmunocompetentes durante al menos 3 y
hasta 6 meses, pero este período puede ser más corto si emerge una nueva variante
antigénica distinta. Los síntomas asociados a la reinfección tienden a ser similares o más leves
que los de las infecciones iniciales.

Prevención de la COVID-19
Vacunación contra la COVID-19
La vacunación es la forma más eficaz de prevenir la enfermedad grave y la muerte por COVID-
19, incluidas las variantes Delta y Omicron. En los Estados Unidos, en el otoño de 2021, las
personas no vacunadas tenían mucho más probabilidades de morir por COVID-19 que las
personas vacunadas (con refuerzo).
Múltiples vacunas contra la COVID-19 se utilizan actualmente en todo el mundo.
Las vacunas de mRNA no contienen antígeno viral, sino que liberan un pequeño fragmento
sintético de mRNA que codifica el antígeno diana deseado (la proteína espiga). Después de ser
captado por las células del sistema inmunitario, el mRNA de la vacuna se degrada tras indicar a
la célula que produzca el antígeno viral. El antígeno es liberado y desencadena la respuesta
inmunitaria deseada para prevenir la infección grave en la exposición posterior al virus real.
Las vacunas con vector de adenovirus contienen un fragmento de DNA, o material genético,
que se utiliza para producir la proteína "espiga" distintiva del virus SARS-CoV-2, que luego
desencadena la respuesta inmunitaria deseada.
Las vacunas con subunidades proteicas contienen una proteína espiga recombinante de
SARS-COV-2 junto con un adyuvante que desencadena la respuesta inmunitaria deseada. Este
es un abordaje clásico con vacuna que se ha utilizado en los Estados Unidos durante más de
30 años.

Prevención de la exposición
Además de mantenerse al día con las vacunas contra la COVID-19, las personas pueden evitar
exponerse al virus lavándose las manos con frecuencia, usando mascarillas faciales,
manteniendo la distancia social, evitando espacios mal ventilados y multitudes y tomando otras
medidas recommended by the Centers for Disease Control and Prevention (CDC)
(recomendadas por los Centros para el control y la prevención de enfermedades, CDC por sus
siglas en inglés). Las personas también deben someterse a pruebas para COVID-19 si se
exponen a una persona infectada o tienen síntomas. Los individuos sintomáticos deben seguir
las recomendaciones de aislamiento.
Para ayudar a prevenir la transmisión del SARS-CoV-2 a partir de los casos sospechosos, los
profesionales de la salud deben utilizar precauciones convencionales con protección ocular
para los contagios por contacto, por el aire. Las precauciones para evitar el contagio por el aire
son particularmente relevantes cuando los pacientes están sometidos a procedimientos
generadores de aerosoles.

CONCLUSION:
La COVID-19 es una enfermedad causada por el virus SARS-CoV-2, que se propaga entre
personas en contacto cercano. Aunque la mayoría de las personas se recuperan sin necesidad
de tratamiento hospitalario, algunas personas con síntomas graves deben buscar atención
médica inmediata.
Las personas con mayor riesgo de enfermar gravemente son aquellas con afecciones médicas
preexistentes, como hipertensión, diabetes, obesidad e inmunodepresión, y las personas
mayores de 60 años.
La vacunación proporciona una sólida protección contra el riesgo de enfermedad grave o
muerte ¹. Aunque se han registrado más de 760 millones de casos y 6,9 millones de
fallecimientos en todo el mundo, se cree que la cifra real es mayor.
Es importante tener en cuenta que algunas personas que han padecido la COVID-19 pueden
experimentar síntomas a largo plazo, conocidos como COVID-19 prolongada.

ENTEROVIRUS

Enterovirus es un género de virus de ARN monocatenario de sentido positivo asociado con


diversas enfermedades en humanos y otros mamíferos. En estudios serológicos se han
identificado 71 serotipos de enterovirus humanos, según los resultados de los test de
neutralización de anticuerpos.
Los enterovirus son un grupo de virus. Las infecciones por enterovirus afectan a muchas partes
del cuerpo y pueden tener su origen en diversas cepas de virus.
Los enterovirus incluyen numerosas cepas de virus coxsackie, virus eco, enterovirus y
poliovirus. En Estados Unidos, estos virus son responsables de la enfermedad de entre 10 y 30
millones de personas cada año, principalmente en verano y en otoño. Las infecciones son
altamente contagiosas y normalmente afectan a muchas personas en una comunidad,
alcanzando a veces proporciones epidémicas. Las infecciones por enterovirus son más
frecuentes en niños.
Transmisión
Los enterovirus se contagian (transmiten) de varias formas. Estos virus se contagian por:
 La ingestión de alimentos o agua contaminados con heces de una persona infectada
 Tocar una superficie contaminada y a continuación tocarse la boca
 Inhalar gotitas contaminadas transportadas por el aire
Las superficies se pueden contaminar por la saliva de una persona infectada o por las gotas
expulsadas cuando una persona infectada estornuda o tose.

Síntomas de las infecciones por enterovirus


Las defensas inmunitarias del organismo detienen muchas infecciones por enterovirus, por lo
que producen escasos síntomas o ninguno. Algunas personas desarrollan síntomas en las vías
respiratorias altas similares a los del resfriado común. En casos contados, se produce una
neumonía vírica.
A veces, los enterovirus sobreviven a las defensas del sistema inmunitario y se diseminan por
el torrente sanguíneo, produciendo fiebre, cefalea, dolor de garganta y, en algunos casos,
vómitos y diarrea. La gente se refiere a menudo a estas enfermedades como la "gripe de
verano", aunque solo la infección por el virus de la gripe (que no es un enterovirus) la causa
realmente.
Algunas cepas de enterovirus también causan una erupción generalizada y no pruriginosa en la
piel, o úlceras en el interior de la boca. Este tipo de enfermedad es la infección enterovírica
más frecuente. En casos muy infrecuentes, el enterovirus evoluciona desde esta fase hasta
afectar un órgano en particular. El virus puede afectar diferentes órganos, y los síntomas y la
gravedad de la enfermedad dependen del órgano infectado.

Diagnóstico de las infecciones por enterovirus


 Evaluación médica
Para diagnosticar las infecciones por enterovirus, el médico examina cualquier erupción o llaga.
El médico puede indicar análisis de sangre o enviar muestras de material extraído de la
garganta, las heces o el líquido cefalorraquídeo a un laboratorio para su cultivo y análisis.

Tratamiento de las infecciones por enterovirus


 Alivio de los síntomas
No existe un tratamiento para curar las infecciones por enterovirus. El objetivo del tratamiento
contra las infecciones por enterovirus se dirige al alivio de los síntomas.
Las infecciones enterovíricas suelen resolverse por completo, pero las infecciones del corazón
o del sistema nervioso central son, a veces, mortales.
Enfermedades causadas por enterovirus
Las enfermedades siguientes están causadas casi exclusivamente por enterovirus:
 Infección respiratoria por enterovirus D68
 Pleurodinia epidémica
 Enfermedad de manos, pies y boca
 Herpangina
 Polio y síndrome postpolio
Otras enfermedades, tales como la meningitis aséptica, la encefalitis, la miopericarditis y la
conjuntivitis hemorrágica pueden estar causadas por enterovirus u otros microorganismos.

Meningitis aséptica
Con el nombre de meningitis aséptica se denomina a una meningitis producida por cualquier
causa distinta de las bacterias normalmente responsables de esta infección. Esta enfermedad
es más frecuente en lactantes y niños.
La meningitis aséptica causada por un enterovirus rara vez provoca una erupción. La meningitis
aséptica provoca fiebre, intensos dolores de cabeza, vómitos, rigidez de la nuca e
hipersensibilidad a la luz. Los niños también pueden desarrollar una infección encefálica vírica
(encefalitis), si bien es muy poco frecuente.

Encefalitis
La encefalitis es una inflamación del encéfalo y puede causar fiebre, vómitos, cefaleas,
confusión, debilidad, convulsiones y coma.

Pleurodinia epidémica (enfermedad de Bornholm)


La pleurodinia epidémica es más frecuente en niños. Afecta los músculos del tórax, causando
dolor intenso, a menudo en un único lado de la parte baja del tórax o parte superior del
abdomen y haciendo molesta la respiración. Otros síntomas frecuentes consisten en fiebre y, a
menudo, dolor de cabeza y dolor de garganta.
Los síntomas suelen disminuir en 2 a 4 días, pero pueden reaparecer a los pocos días y
continuar o repetirse durante varias semanas.

Conjuntivitis hemorrágica
La conjuntivitis hemorrágica comporta la inflamación de los ojos. Los párpados se hinchan con
rapidez. Esta enfermedad puede conducir a hemorragia en la membrana transparente que
cubre la conjuntiva, haciendo que el ojo se ponga rojo. La infección también puede afectar a la
córnea, causando dolor en los ojos, lagrimeo y dolor con la exposición a la luz brillante.
Dependiendo de qué enterovirus causa la enfermedad, es muy poco frecuente que la persona
desarrolle un breve período de debilidad o parálisis de las piernas.
Las personas afectadas se suelen recuperar al cabo de 1 o 2 semanas.

Infección en el recién nacido


A veces las madres transmiten enterovirus a su recién nacido durante el parto. Por lo general,
varios días después del nacimiento, los recién nacidos infectados desarrollan de repente una
enfermedad generalizada grave similar a la sepsis. Presentan fiebre, mucho sueño y
hemorragia y el virus puede dañar partes de múltiples órganos y tejidos, provocando
insuficiencia multiorgánica.
Los recién nacidos se pueden recuperar en unas pocas semanas, pero puede producirse la
muerte, sobre todo en presencia de insuficiencia cardíaca u otras lesiones orgánicas graves.

Miopericarditis
La miopericarditis es la inflamación del miocardio y/o el pericardio.
La infección cardíaca puede presentarse a cualquier edad, pero en la mayoría de los casos
afectan a personas entre 20 y 39 años. Las personas afectadas pueden tener dolor torácico,
arritmias o insuficiencia cardiaca o pueden morir de repente. Generalmente se recuperan por
completo, pero algunas personas desarrollan un problema cardíaco denominado
miocardiopatía dilatada.
Los recién nacidos que se ven afectados al nacer (miocarditis neonatal) presentan fiebre e
insuficiencia cardíaca. La insuficiencia cardíaca provoca dificultad para respirar y falta de
apetito. Muchos bebés mueren.

CONCLUSION:
El enterovirus es un virus común que afecta a personas de todas las edades y causa una
variedad de enfermedades, desde resfriados y fiebres hasta enfermedades más graves como la
meningitis y la poliomielitis.
La mayoría de las personas infectadas con enterovirus experimentan síntomas leves o no
presentan síntomas en absoluto. Sin embargo, en casos raros, el virus puede causar
enfermedades graves, especialmente en niños pequeños, personas con sistemas inmunitarios
debilitados y adultos mayores.
No existe un tratamiento específico para el enterovirus, pero los síntomas pueden ser tratados
con medicamentos y medidas de apoyo. La prevención es clave, mediante prácticas de higiene
adecuadas, como lavarse las manos con frecuencia, evitar el contacto cercano con personas
enfermas y mantener una buena higiene ambiental.
Es importante destacar que la mayoría de las personas se recuperan completamente del
enterovirus sin complicaciones.

RHINOVIRUS
Rhinovirus es un género de virus de la familia Picornaviridae. Los rinovirus son los patógenos
más comunes en humanos, siendo los agentes causantes del resfriado común. Existen más de
110 tipos serológicos de rinovirus capaces de provocar los síntomas.
Alrededor del 50% de los resfriados se debe a uno de los > 100 serotipos de rinovirus. Los
coronavirus causan algunos brotes, y las infecciones por los virus de influenza, virus de
parainfluenza, enterovirus, adenovirus, virus sincitial respiratorio, y metaneumovirus también
pueden manifestarse como resfriado común, en particular en pacientes que experimentan una
reinfección.

Las infecciones por rinovirus son más frecuentes durante el otoño y la primavera y menos
frecuentes durante el invierno.
Los rinovirus se diseminan con mayor eficiencia por el contacto interpersonal, aunque también
pueden transmitirse a través de partículas grandes aerosolizadas.
La principal barrera contra la infección es la presencia de anticuerpos específicos
neutralizadores en el suero y las secreciones, inducidos por la exposición previa al mismo virus
o a virus estrechamente relacionados. La susceptibilidad a presentar un resfriado no se
modifica por la exposición a temperaturas frías, por el estado de salud y nutrición del huésped o
por la presencia de malformaciones en las vías respiratorias superiores.

Síntomas y signos
Después de un período de incubación comprendido entre 24 y 72 horas, los síntomas del
resfriado comienzan con irritación faríngea u odinofagia, seguida de estornudos, rinorrea,
obstrucción nasal y malestar general. La temperatura suele ser normal, en particular cuando el
virus patógeno es rinovirus o coronavirus. Las secreciones nasales son acuosas y abundantes
durante los primeros días, pero luego pueden convertirse en mucoides y purulentas. Las
secreciones mucopurulentas no indican una sobreinfección bacteriana. La tos suele ser leve,
pero a menudo se prolonga hasta la segunda semana. La mayoría de los síntomas provocados
por resfriados no complicados se resuelven en 10 días.
Los resfriados pueden exacerbar episodios de asma y bronquitis crónica.
En la infección por rinovirus, el esputo purulento o los síntomas significativos de las vías
respiratorias inferiores son inusuales. La sinusitis purulenta y la otitis media pueden ser
secundarias a la infección viral propiamente dicha o a una infección bacteriana secundaria.

Diagnóstico
 Evaluación clínica
El diagnóstico del resfriado común suele basarse en el cuadro clínico, es presuntivo y no
requiere pruebas de diagnóstico, aunque la prueba de la reacción en cadena de la polimerasa
(RCP) está disponible en muchas plataformas multiplex.
La rinitis alérgica es la consideración más importante del diagnóstico diferencial.

Tratamiento
 Tratamiento sintomático
No existe tratamiento específico.
Los antipiréticos y los analgésicos pueden aliviar la fiebre y la odinofagia.
Los descongestivos nasales pueden reducir la obstrucción nasal. Los descongestivos nasales
tópicos son más eficaces que los descongestivos por vía oral, pero la administración de
fármacos tópicos durante > 3 a 5 días puede provocar congestión de rebote.
La rinorrea puede aliviarse con antihistamínicos de primera generación (p. ej., clorfeniramina) o
bromuro de ipratropio intranasal (2 aerosoles de una solución al 0,03% 2 o 3 veces al día); sin
embargo, estos fármacos ofrecen un beneficio mínimo y deben usarse con precaución en
pacientes mayores, personas con hipertrofia prostática benigna o glaucoma de ángulo
estrecho. Los antihistamínicos de primera generación suelen producir sedación, pero los de
segunda generación (no sedantes) no son eficaces para el tratamiento del resfriado común.
Los antihistamínicos y los descongestivos no se recomiendan para niños < 4 años.
Se evaluó la actividad del cinc, la equinácea y la vitamina C para el tratamiento del resfriado
común, aunque no se demostró con certeza que alguno de ellos logre resultados beneficiosos.
No deben administrarse antibióticos a no ser que se identifiquen signos claros de infección
bacteriana secundaria. En los pacientes con enfermedad pulmonar crónica, pueden
administrarse antibióticos con menos restricciones.

Prevención
No se desarrollaron vacunas contra el resfriado común.
Las vacunas antibacterianas polivalentes, las frutas cítricas, las vitaminas, la luz ultravioleta, los
aerosoles de glicol y otros remedios caseros no evitan el resfriado común. El lavado de manos
y el uso de desinfectantes en ambientes contaminados pueden reducir la diseminación de la
infección.

CONCLUSION:
Muchos virus pueden causar resfriado común; los rinovirus son responsables de
aproximadamente la mitad de los resfriados.
La susceptibilidad a presentar un resfriado no se modifica por la exposición al frío, por el estado
de salud y nutrición del huésped o por la presencia de malformaciones en las vías aéreas.
Los antihistamínicos pueden usarse para aliviar la rinorrea, pero ofrecen un beneficio mínimo y
deben usarse con precaución en pacientes mayores y deben evitarse en niños < 4 años.
Los descongestivos tópicos y orales alivian la obstrucción nasal, pero el uso repetido puede
causar congestión de rebote.
Se evaluaron muchas sustancias para la prevención y el tratamiento, pero ninguna ha
demostrado con claridad que sea beneficiosa.

MENINGITIS
HISTORIA DE LA MENINGITIS.
La meningitis es una inflamación de las meninges, que son las membranas que cubren el
cerebro y la médula espinal. La historia de la meningitis se remonta a la antigüedad, con
descripciones de enfermedades que probablemente eran meningitis en textos médicos de
civilizaciones como Egipto, Grecia y Roma.
Sin embargo, no fue hasta el siglo XIX que se identificó la causa bacteriana de la meningitis.
En 1887, el bacteriólogo austriaco Anton Weichselbaum descubrió el patógeno que causa la
meningitis.
A principios del siglo XX, se desarrollaron las primeras vacunas contra la meningitis, pero no
fue hasta la segunda mitad del siglo que se crearon vacunas efectivas contra los diferentes
tipos de meningitis bacteriana.
En la actualidad, existen vacunas efectivas contra los tipos A, C, W e Y de meningitis
bacteriana, y se han implementado campañas de vacunación masiva en varios países para
prevenir brotes de la enfermedad.

DEFINICIÓN DE MENINGITIS.
La meningitis es una inflamación de las meninges, que son las membranas que cubren y
protegen el cerebro y la médula espinal. Las meninges tienen tres capas:
1. Duramadre: La capa externa, que es gruesa y fibrosa.
2. Aracnoides: La capa media, que es delgada y similar a una telaraña.
3. Piamadre: La capa interna, que es delgada y está en contacto directo con el cerebro y la
médula espinal.

BACTERIAS Y VIRUS DE LA MENINGITIS.


Las bacterias y virus que causan meningitis incluyen:
Bacterias:
1. Neisseria meningitidis (meningococo): causa la meningitis meningocócica, una de las
formas más graves y contagiosas.
2. Streptococcus pneumoniae (neumococo): causa la meningitis neumocócica, común en
personas mayores y con sistemas inmunitarios debilitados.
3. Haemophilus influenzae tipo b (Hib): causa la meningitis por Hib, especialmente en
niños menores de 5 años.
4. Listeria monocytogenes: causa la meningitis por Listeria, especialmente en personas
con sistemas inmunitarios debilitados y embarazadas.
5. Escherichia coli (E. coli): causa la meningitis por E. coli, especialmente en recién
nacidos y personas con sistemas inmunitarios debilitados.
Virus:
1. Virus del herpes simple (HSV): causa la meningitis por herpes, especialmente en
personas con sistemas inmunitarios debilitados.
2. Virus de la gripe (influenza): causa la meningitis por gripe, especialmente en
personas con sistemas inmunitarios debilitados.
3. Virus de la varicela (VZV): causa la meningitis por varicela, especialmente en
personas con sistemas inmunitarios debilitados.
4. Enterovirus: causa la meningitis por enterovirus, especialmente en niños y
personas con sistemas inmunitarios debilitados.
5. Arbovirus (como el virus del Nilo Occidental): causa la meningitis por arbovirus,
especialmente en personas que viven en áreas donde estos virus son comunes.
Es importante tener en cuenta que la meningitis puede ser causada por otros patógenos, y
que algunas personas pueden ser más propensas a desarrollar meningitis debido a factores
como la edad, el estado de salud y la exposición a ciertos patógenos.

VIAS DE CONTAGIO.
La meningitis puede transmitirse a través de diferentes vías de contagio, dependiendo del
tipo de patógeno que la causa.
Meningitis bacteriana:
1. Gotas respiratorias: La meningitis bacteriana puede transmitirse a través de gotas
respiratorias que contienen bacterias, como cuando una persona infectada tose o
estornuda.
2. Contacto cercano: El contacto cercano con una persona infectada, como compartir
alimentos o bebidas, puede transmitir la enfermedad.
3. Contaminación de superficies: Las bacterias pueden sobrevivir en superficies durante un
período de tiempo y ser transmitidas a través del contacto con esas superficies.
Meningitis viral:
1. Contacto con secreciones: El contacto con secreciones respiratorias, como moco o
saliva, de una persona infectada puede transmitir el virus.
2. Gotas respiratorias: Al igual que con la meningitis bacteriana, las gotas respiratorias
pueden transmitir el virus.
3. Contaminación de superficies: Las superficies contaminadas con el virus pueden
transmitir la enfermedad.
4. Vector: Algunos virus, como el virus del Nilo Occidental, pueden transmitirse a través de
la picadura de un mosquito infectado.
Meningitis fúngica:
1. Inhalación de esporas: La meningitis fúngica puede transmitirse a través de la inhalación
de esporas fúngicas presentes en el ambiente.
2. Contacto con superficies contaminadas: El contacto con superficies contaminadas con
esporas fúngicas puede transmitir la enfermedad.
Es importante tener en cuenta que la meningitis no es siempre contagiosa, y que algunas
formas de la enfermedad pueden ser causadas por factores como lesiones en la cabeza o
en la columna vertebral.

SIGNOS Y SINTOMAS.
Los signos y síntomas de la meningitis pueden variar dependiendo de la edad, el tipo de
patógeno y la gravedad de la enfermedad. A continuación, se presentan algunos de los
signos y síntomas más comunes:
Síntomas generales:
1. Dolor de cabeza intenso y persistente
2. Fiebre alta (mayor a 38°C)
3. Rigidez en el cuello
4. Confusión o alteración del estado mental
5. Vómitos
6. Sensibilidad a la luz
7. Dolor en las piernas o brazos
Síntomas en adultos:
1. Dolor de cabeza severo y repentino
2. Fiebre alta
3. Rigidez en el cuello
4. Confusión o desorientación
5. Vómitos
6. Dificultad para hablar o caminar
Síntomas en niños:
1. Llanto persistente o irritabilidad
2. Fiebre alta
3. Rigidez en el cuello
4. Convulsiones
5. Vómitos
6. Letargo o somnolencia
7. Dificultad para alimentarse
Síntomas en bebés menores de 3 meses:
1. Llanto persistente o irritabilidad
2. Fiebre alta
3. Rigidez en el cuello
4. Convulsiones
5. Vómitos
6. Letargo o somnolencia
7. Dificultad para alimentarse
8. Incapacidad para levantar la cabeza

COMO SE DIAGNÓSTICA.
Se diagnostica mediante Radiografías o tomografías computarizadas del tórax o los senos
paranasales qué son las que pueden mostrar una infección que puede estar asociada a la
meningitis. Pero se dice que el diagnostico definitivo de la Meningitis requiere de una
punción lumbar para recolectar líquido cefalorraquideo.

TRATAMIENTOS.
El tratamiento para la meningitis depende del tipo de patógeno que la causa y de la
gravedad de la enfermedad.
Meningitis bacteriana:
1. Antibióticos: Se administran antibióticos intravenosos para combatir la infección
bacteriana. El tipo de antibiótico depende del tipo de bacteria que causa la meningitis.
2. Fluidoterapia: Se administra fluidos intravenosos para reponer los líquidos perdidos y
mantener la hidratación.
3. Corticosteroides: Se pueden administrar corticosteroides para reducir la inflamación en el
cerebro y la médula espinal.
4. Oxigenoterapia: Se puede administrar oxígeno para ayudar a mejorar la función cerebral.
Meningitis viral:
1. Descanso: Se recomienda descanso para ayudar al cuerpo a recuperarse.
2. Hidratación: Se recomienda beber muchos líquidos para mantener la hidratación.
3. Medicamentos para el dolor: Se pueden administrar medicamentos para el dolor para
aliviar el dolor de cabeza y otros síntomas.
4. Antivirales: En algunos casos, se pueden administrar antivirales para tratar la infección
viral.
Meningitis fúngica:
1. Antifúngicos: Se administran antifúngicos intravenosos para combatir la infección fúngica.
2. Fluidoterapia: Se administra fluidos intravenosos para reponer los líquidos perdidos y
mantener la hidratación.
3. Corticosteroides: Se pueden administrar corticosteroides para reducir la inflamación en el
cerebro y la médula espinal.
Otros tratamientos:
1. Apoyo respiratorio: Se puede requerir apoyo respiratorio si la persona tiene dificultad para
respirar.
2. Monitorización: Se realiza monitorización constante para controlar la función cerebral y la
presión intracraneal.
3. Rehabilitación: Se puede requerir rehabilitación para ayudar a la persona a recuperarse
de los efectos de la meningitis.

PREVENCIÓN.
La prevención de la meningitis incluye varias medidas para reducir el riesgo de contraer la
enfermedad.
1. Vacunación: La vacunación es la medida de prevención más efectiva contra la meningitis.
Existen vacunas contra los tipos A, C, W e Y de meningitis bacteriana, y contra el virus del
herpes simple.
2. Higiene personal: Lavarse las manos frecuentemente con agua y jabón, especialmente
después de estornudar o toser, y antes de comer o preparar alimentos.
3. Evitar el contacto cercano: Evitar el contacto cercano con personas que tengan síntomas
de meningitis, como fiebre, dolor de cabeza o rigidez en el cuello.
4. Cubrirse la boca y la nariz: Cubrirse la boca y la nariz al toser o estornudar para evitar la
propagación de gotas respiratorias que pueden contener bacterias o virus.
5. Mantener una buena ventilación: Mantener una buena ventilación en los espacios
cerrados para reducir la concentración de gotas respiratorias.
6. Evitar compartir objetos personales: Evitar compartir objetos personales, como utensilios
de comida o bebida, con personas que tengan síntomas de meningitis.
7. Mantener una buena higiene en los alimentos: Mantener una buena higiene en la
preparación y manipulación de alimentos para evitar la contaminación.
8. Evitar el consumo de alimentos contaminados: Evitar el consumo de alimentos que
puedan estar contaminados con bacterias o virus.
9. Mantener un sistema inmunitario saludable: Mantener un sistema inmunitario saludable a
través de una alimentación equilibrada, ejercicio regular y suficiente descanso.
10. Realizar controles médicos regulares: Realizar controles médicos regulares para
detectar cualquier problema de salud que pueda aumentar el riesgo de contraer meningitis.
Es importante recordar que la prevención de la meningitis es un esfuerzo continuo y
requiere la colaboración de todos.

CONCLUSIÓN.
La meningitis es una enfermedad grave e inflamatoria de las meninges que rodean el
cerebro y la médula espinal. Puede ser causada por bacterias, virus, hongos o parásitos.
Los síntomas incluyen dolor de cabeza, fiebre, rigidez en el cuello y confusión. La
vacunación es la prevención más efectiva y el tratamiento depende del patógeno causante.
La meningitis puede ser fatal si no se trata a tiempo y puede dejar secuelas graves. Es
importante buscar atención médica inmediata si se sospecha meningitis.

MALARIA
¿QUE ES?
La malaria es una enfermedad grave que se propaga cuando te pica un mosquito infectado
por parásitos diminutos. Cuando te pica, el mosquito inyecta parásitos de la malaria en el
torrente sanguíneo. La malaria es causada por los parásitos, no por un virus ni por un tipo
de bacteria.
Si no se trata, la malaria puede causar graves problemas de salud, como convulsiones,
cerebral, dificultad para respirar, insuficiencia orgánica y muerte.
La enfermedad es poco frecuente en los EE. UU., con unos 2000 casos al año. Si viaja a una
zona donde la malaria es común, hable con su proveedor de atención médica sobre las formas
en que puede prevenir la infección. Las personas infectadas que viajan a los EE. UU. pueden
transmitir la enfermedad si un mosquito las pica y luego pica a otra persona.

¿QUÉ TAN COMÚN ES LA MALARIA?


La malaria es común en las zonas tropicales donde hace calor y hay humedad. En 2020, se
registraron 241 millones de casos de malaria en todo el mundo y 627.000 muertes por malaria.
La mayoría de estos casos se producen en África y el sur de Asia.
La malaria está presente en todo el mundo y se presenta con mayor frecuencia en países en
desarrollo y zonas con temperaturas cálidas y alta humedad, entre ellas:
● Africa
● America central y del sur
● República Dominicana, Haití y otras zonas del caribe
● Europa central
● Sur y sudoeste de asia
● Islas del océano pacífico,central y sur (Oceania)

¿QUIÉN PODRÍA CONTRAER LA MALARIA?


Cualquier persona puede contraer malaria, pero las personas que viven en África tienen un
mayor riesgo de infección que otras. Los niños pequeños, las personas mayores y las
embarazadas tienen un mayor riesgo de morir de malaria. Las personas que viven en la
pobreza y no tienen acceso a atención sanitaria tienen más probabilidades de sufrir
complicaciones a causa de la enfermedad.
Más del 90% de las muertes por malaria se producen en África, y casi todas las personas que
mueren son niños pequeños. Más del 80% de las muertes por malaria en la región en 2020
afectaron a niños menores de 5 años.

¿QUÉ CAUSA LA MALARIA?


Cuando un mosquito pica a una persona que tiene malaria, se infecta. Cuando ese mosquito
pica a otra persona, transfiere un parásito al torrente sanguíneo de la otra persona. Allí, los
parásitos se multiplican. Hay cinco tipos de parásitos de la malaria que infectar a los humanos.
En casos raros, las personas embarazadas que padecen malaria pueden transmitir la
enfermedad a sus hijos antes o durante el parto.
● Es posible, pero poco probable, que la malaria se transmita a través de transfusiones de
sangre, donaciones de órganos y agujas hipodérmicas.

SIGNOS Y SÍNTOMAS:
Los signos y síntomas de la malaria son similares a los de la gripe.
Entre ellos se incluyen los siguientes:
● Fiebre y sudoración
● Escalofríos que sacude todo el cuerpo
● Dolor de cabeza y musculares
● Fatiga
● Dolor de pecho , problemas respiratorios y tos
● Diarrea, náuseas y vómitos
A medida que la malaria empeora, puede causar anemia e ictericia (coloración amarillenta de la
piel y del blanco de los ojos).
La forma más grave de malaria, que puede progresar hasta el coma, se conoce como malaria
cerebral. Este tipo representa alrededor del 15% de las muertes en niños y casi el 20% de las
muertes en adultos.
¿Cuándo comienzan los síntomas si estás infectado con malaria?
Los síntomas de la malaria suelen aparecer entre 10 días y un mes después de que la persona
se haya infectado. Según el tipo de parásito, los síntomas pueden ser leves. Algunas personas
no se sienten enfermas hasta un año después de la picadura del mosquito. A veces, los
parásitos pueden vivir en el cuerpo durante varios años sin causar síntomas.
Algunos tipos de malaria, según el tipo de parásito, pueden volver a aparecer. Los parásitos
permanecen inactivos en el hígado y luego se liberan en el torrente sanguíneo después de
años. Los síntomas comienzan de nuevo cuando los parásitos comienzan a circular.

¿Cómo se diagnostica la malaria?


Su proveedor de atención médica lo examinará y le preguntará sobre sus síntomas y
antecedentes de viajes. Es importante que comparta información sobre los países que ha
visitado recientemente para que su proveedor pueda comprender claramente su riesgo. Su
médico le tomará una muestra de sangre y la enviará a un laboratorio para ver si tiene
parásitos de malaria. El análisis de sangre le indicará a su médico si tiene malaria y también
identificará el tipo de parásito que está causando sus síntomas. Su médico utilizará esta
información para determinar el tratamiento adecuado.
Manejo y tratamiento:
Es importante comenzar a tratar la malaria lo antes posible. Su médico le recetará
medicamentos para matar el parásito de la malaria. Algunos parásitos son resistentes a los
medicamentos contra la malaria.
Algunos medicamentos se administran en combinación con otros. El tipo de parásito
determinará qué tipo de medicamento debe tomar y durante cuánto tiempo.
Los medicamentos antipalúdicos incluyen:
● Medicamentos a base de artemisinina (artemeter y artesunato). El mejor
tratamiento para la malaria por Plasmodium falciparum , si está disponible, es
la terapia combinada con artemisinina.
● Atovacuona
● Cloroquina. Hay parásitos que son resistentes a este medicamento.
● Doxiciclina
● Mefloquina
● Mefloquina
● Primaquina.
Los medicamentos pueden curar la malaria.
¿Cuáles son los efectos secundarios de los medicamentos para tratar la malaria?
Los medicamentos antipalúdicos pueden causar efectos secundarios. Asegúrese de informar a
su médico sobre otros medicamentos que esté tomando, ya que los medicamentos
antipalúdicos pueden interferir con ellos. Según el medicamento, los efectos secundarios
pueden incluir:
● Problemas gastrointestinales (GI) como náuseas y diarrea.
● Dolores de cabeza.
● Mayor sensibilidad a la luz solar.
● Insomnio y sueños perturbadores.
● Trastornos psicológicos y problemas de visión.
● Zumbido en los oídos ( tinnitus ).
● Convulsiones
● Anemia.

PREVENCION:
Si planea vivir temporalmente en un área donde la malaria es común o viajar a ella, hable con
su médico sobre la posibilidad de tomar medicamentos para prevenir la malaria. Deberá tomar
los medicamentos antes, durante y después de su estadía. Los medicamentos pueden reducir
en gran medida las probabilidades de contraer malaria. Estos medicamentos no se pueden
usar para el tratamiento si se desarrolla malaria a pesar de tomarlos.
También debe tomar precauciones para evitar las picaduras de mosquitos. Para reducir las
probabilidades de contraer malaria, debe:
● Aplique repelente de mosquitos con DEET (dietiltoluamida) en la piel expuesta.
● Coloque mosquiteros sobre las camas.
● Coloque mosquiteros en ventanas y puertas
● Trate la ropa, mosquiteros, tiendas de campaña, sacos de dormir y otros tejidos con un
repelente de insectos llamado permetrina.
● Use pantalones largos y mangas largas para cubrir su piel.
¿Existe una vacuna contra la malaria?
Existe una vacuna para niños que se desarrolló y probó en Ghana, Kenia y Malawi en un
programa piloto. La vacuna RTS, S/AS01 es eficaz contra la malaria por Plasmodium
falciparum , que causa una enfermedad grave en los niños.
Otros programas están trabajando para desarrollar una vacuna contra la malaria.

CONCLUSION:
Si la malaria no se trata adecuadamente, puede causar graves problemas de salud, como daño
permanente a los órganos y la muerte. Es fundamental buscar tratamiento de inmediato si cree
que tiene malaria o si ha visitado una zona donde es común. El tratamiento es mucho más
eficaz cuando se inicia de forma temprana.
La medicación adecuada y la dosis correcta pueden tratar la malaria y eliminar la infección del
organismo. Si ya ha tenido malaria, puede volver a contraerla si le pica un mosquito infectado.

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