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Gafa

La ciudad nunca duerme, con luces parpadeantes y un constante bullicio que refleja su energía vibrante. En un café, un escritor se inspira mientras un músico callejero llena el aire con su saxofón, todo formando una sinfonía caótica. En esta metrópolis, los sueños se viven al instante, sin esperar.
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La ciudad nunca duerme, con luces parpadeantes y un constante bullicio que refleja su energía vibrante. En un café, un escritor se inspira mientras un músico callejero llena el aire con su saxofón, todo formando una sinfonía caótica. En esta metrópolis, los sueños se viven al instante, sin esperar.
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La Ciudad que Nunca Duerme

Las luces de la ciudad parpadeaban como estrellas artificiales en el cielo nocturno. La


metrópolis nunca dormía; en cada esquina, algo sucedía. Taxis amarillos surcaban las
avenidas como relámpagos, mientras los peatones se apresuraban a sus destinos,
algunos con prisa, otros simplemente disfrutando el ritmo de la noche.

En un pequeño café de la calle 42, un escritor golpeaba las teclas de su laptop con
determinación. Su mente era un torbellino de ideas, inspiradas por las historias que
flotaban en el aire. A unos metros, un músico callejero tocaba el saxofón, su melodía se
perdía en el bullicio del tráfico.

La ciudad tenía su propio lenguaje: los murmullos de la gente, las bocinas de los autos,
las sirenas lejanas. Todo formaba una sinfonía caótica pero armoniosa. No importaba la
hora, siempre había vida, siempre había movimiento. En esta ciudad, los sueños no se
posponían, se vivían en tiempo real.

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