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El Sacramento de La Penitencia y de La Unción Folleto

El Manual del Mes del Rosario de la Diócesis de Atlacomulco para octubre de 2021 invita a los fieles a reunirse en torno a María y la Eucaristía, fortaleciendo su compromiso como discípulos misioneros. Se enfatiza la importancia de la Eucaristía como fuente de vida y misión, instando a los creyentes a vivir su fe y a compartirla en sus comunidades. Además, se incluye una guía para el rezo del Santo Rosario y reflexiones sobre la Palabra de Dios como fundamento de la vida eclesial.

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El Sacramento de La Penitencia y de La Unción Folleto

El Manual del Mes del Rosario de la Diócesis de Atlacomulco para octubre de 2021 invita a los fieles a reunirse en torno a María y la Eucaristía, fortaleciendo su compromiso como discípulos misioneros. Se enfatiza la importancia de la Eucaristía como fuente de vida y misión, instando a los creyentes a vivir su fe y a compartirla en sus comunidades. Además, se incluye una guía para el rezo del Santo Rosario y reflexiones sobre la Palabra de Dios como fundamento de la vida eclesial.

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DIÓCESIS DE ATLACOMULCO.

MANUAL DEL MES DEL ROSARIO.

OCTUBRE 2021.

COMISIÓN PARA LA PASTORAL PROFÉTICA

LEMA 2021:
Discípulos Misioneros, que, en la debilidad y la
enfermedad, construyen en la esperanza el Reino de los
cielos.

JACULATORIA:

“MARÍA SALUD DE LOS ENFERMOS Y REFUGIO DE


PECADORES, RUEGA POR NOSOTROS”

1
PRESENTACIÓN.

Discípulos misioneros de Jesús, celebradores del memorial del Señor


Resucitado.

Nuestra Iglesia diocesana, en este mes se reúne entorno a María, como ella lo hizo
con los discípulos en torno a Jesús y aunque el Evangelio no dice que María estuvo
en la Ultima Cena, sin duda si estuvo con la comunidad primitiva que era asidua a la
fracción del pan (Hch 2,42). Así las familias de nuestro Diócesis han de reunirse, para
la oración, la escucha de la palabra y la fracción del pan, para que sigan anunciando
la muerte del Señor, hasta que el vuelva. Para que así reafirmemos nuestro ser
discípulos misioneros.

Invito a todos a que vivamos este tiempo de fe, teniendo en cuenta nuestra condición
de discípulos misioneros, fortalecidos con el cuerpo y justificados por la Sangre de
nuestro Señor Jesucristo, para superados todos nuestros miedos y temores, ante esta
nueva realidad que nos ha tocado vivir, hagamos vida, en nosotros, en nuestras
familias y comunidades el Evangelio de Cristo. Es en la aplicación del Plan Diocesano
de Pastoral, donde nuestra Iglesia Particular de Atlacomulco, va renovando su
compromiso bautismal, comprometiéndose en hacer de cada una de nuestras
parroquias, el espacio donde a través de la conversión personal y comunitaria,
caminemos por las sendas del Evangelio, en la fe, la esperanza y manifestando al
mundo la alegría de cumplir el mandato del Señor, “Hagan esto en memoria mía” (Lc
22,29) respondiendo a los retos actuales.

Que a ejemplo de María mujer eucarística, que se dejó fecundar por la acción del
Espíritu Santo, nuestra Iglesia diocesana, se renueve y en su vida diaria, vaya
haciendo realidad el proyecto del Reino, confirmando su ser de discípula misionera.

Que María la Madre de Cristo Eucaristía nos siga animando para que, cada vez que
comamos de este pan y bebamos de este cáliz, anunciemos la muerte del Señor
hasta que vuelva. (1Cor 11,26)

+ Juan O. Martínez García.

Obispo de Atlacomulco

Atlacomulco Méx., a 1 de septiembre de 2021.

2
INTRODUCCIÓN.

La Eucaristía: lugar privilegiado del encuentro de Dios Trinidad con el discípulo


misionero.

La Eucaristía es un sacramento, y sacramento se entiende como un momento especial de


encuentro de Dios Trinidad con el ser humano en la historia. Se sostiene que Jesús de
Nazaret es el sacramento por excelencia de Dios Trino y Uno. Es el Aquél signo, rostro,
cuerpo, alma, historia visible que nos ha comunicado la gracia invisible de Dios. Y Jesús
Sacramento se ha querido quedar con su Iglesia en el sacramento de su Cuerpo y de su
Sangre. El amor de Dios se ha dado por completo en el Pan y en el Vino consagrados, en la
comida que se comparte y se reparte en la comunidad de creyentes. Es un momento que
“une” a la Iglesia. Por ello dice Aparecida que “con este Sacramento (la Eucaristía), Jesús
nos atrae hacia sí y nos hace entrar en su dinamismo hacia Dios hacia el prójimo” (DA 251)
No puede entenderse la Eucaristía sin la Iglesia y tampoco puede haber Iglesia sin
celebración eucarística.

Aparecida sostiene que existen en la vocación cristiana (seguimiento de Jesús) tres


dimensiones claves: “creer, celebrar y vivir el Misterio de Jesucristo” (DA 251). Creo para
celebrar y celebro para vivir; vivo como creencia y mi vida es celebración agradecida de la
presencia de Dios; celebro la fe y la vida. Son muchas las formas que tenemos de sintetizar y
relacionar estos conceptos. Pero lo clave es que con ellos “la existencia cristiana adquiere
verdaderamente una forma eucarística” (DA 251). La Iglesia está preñada de Eucaristía. El
Vaticano II sostuvo que la Eucaristía es la fuente de la cual emana toda la vida de la Iglesia.
Cuando nos reunimos a dar gracias a Dios en torno a la Palabra y a la Mesa de la comida,
estamos viviendo la gracia de Dios. Eucaristía es eso: acción de gracias.

Pero esta celebración no puede formar una Iglesia “encerrada en la sacristía”. Aparecida
pone en relación la Eucaristía con la misión: “La Eucaristía, fuente inagotable de la vocación
cristiana es, al mismo tiempo, fuente inextinguible del impulso misionero. Allí, el Espíritu
Santo fortalece la identidad del discípulo y despierta en él la decidida voluntad de anunciar
con audacia a los demás lo que ha escuchado y vivido” (DA 251). La Eucaristía sólo queda
completa con la consecuencia de la misión. Uno celebra la Misa para salir a evangelizar.
Misa es “missio”, envío. Hay que vivir el domingo toda la semana. Es necesario que la vida
de cada uno y de toda la Iglesia sea una “Misa prolongada”. Es un llamado a la audacia
evangélica, al movimiento de seguimiento, al encuentro con los otros, sobre todo con los que
sufren.

La entrega de Jesús celebrada en la Eucaristía, quedaría vacía de significado si no


reconocemos cómo ese mismo Jesús está en las calles, en nuestras plazas, en nuestros
espacios de convivencia cotidiana. Esto exige una maduración espiritual del discípulo
misionero que, redescubriendo la centralidad de la Eucaristía en su vida, es capaz de
ponerse en marcha tras los pasos de Jesús que se nos adelanta en la historia cotidiana.

Pbro. Lic. Enrique Dávila Jacinto.

3
LA PALABRA DE DIOS ES FUENTE DE TODA VIDA ECLESIAL.

(Entronización de la Biblia)

(Solo se usará si no se ha entronizado antes la Sagrada Escritura o si es una casa


nueva o una nueva familia, sino no se hace y se pasa directamente al Rosario)

INSTRUCCIÓN: Preparamos un lugar destacado donde se colocará la Biblia


abierta en el pasaje que se va a leer. La vamos a ubicar en una mesa que
cubrimos con un mantelo una tela adecuada, la idea es que la Biblia esté al centro
de la reunión. A los lados pondremos una o dos velas encendidas.

Guía: Al reunirnos hoy para escuchar y meditar la Palabra de Dios, en este mes
de la Biblia, hemos querido en este encuentro dar gracias a Dios y reconocer en
ella el instrumento privilegiado para el encuentro con Dios, que nos renueva cada
día. Gracias, Señor, por tu Palabra: luz y sentido en nuestra existencia, posibilidad
inagotable de encuentro contigo. Gracias por habernos dado esta oportunidad de
entrar en este hogar para escucharte y alabarte juntos mediante el don de tu
Palabra.

Instrucción: Estando ya todos reunidos, en silencio y dispuestos a comenzar el


encuentro, uno de los integrantes del grupo entra en el lugar de reunión con la
Biblia en sus manos sosteniéndola en alto. Mientras los demás la esperan de pie,
cantando.

Canto: Lámpara es tu Palabra para mis pasos. Cf. Sal. 118.

LÁMPARA ES TU PALABRA PARA MIS PASOS, LUZ EN MI SENDERO.

Yo guardaré tus justos mandamientos.


Señor, dame vida, según tu promesa.
Mi vida, Señor, está siempre en peligro,
Pero no olvido tu voluntad.
Inclino mi corazón a cumplir tus leyes,
Se tú la alegría de mi corazón.

Instrucción: Se coloca la Biblia en el lugar de preferencia preparado para ella.


Todos toman asiento.

Guía: Rezamos juntos para que el Espíritu Santo nos guíe para encontrar en la
Biblia reflexiones que nos remitan a nuestra propia existencia, y nos permitan
encontrarnos con el Señor y ser sus verdaderos discípulos.

Oración. (JUNTOS)

4
Dios nuestro, Padre bondadoso que nos amas,
envíanos tu Espíritu Santo, para que nos ayude
a leer la Biblia desde el corazón.
Sabemos que en las Sagradas Escrituras
resuena la voz de Jesús, tu Hijo Amado y hermano nuestro.
Crea en nosotros el silencio para escuchar su voz:
para que también nosotros seamos sus discípulos y misioneros,
para que podamos testimoniar a las demás familias
que Jesús está vivo y presente en medio de nosotros
como fuente de amor, de esperanza y de paz.
Que en esta familia resuene siempre tu Palabra.
Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

Guía: Escuchemos la Lectura de la carta de San Pablo a los Romanos: 12,1-2. 9-


16 21.

Les exhorto, pues, hermanos, por la misericordia de Dios, que ofrezcan sus
cuerpos como una víctima viva, santa, agradable a Dios: tal será su culto
espiritual. Y no se acomoden al mundo presente, antes bien transfórmense
mediante la renovación de su mente, de forma que puedan distinguir cuál es la
voluntad de Dios: lo bueno, lo agradable, lo perfecto. Su caridad sea sin
fingimiento; detestando el mal, adhiriéndoos al bien; amándose cordialmente los
unos a los otros; estimando en más cada uno a los otros; con un celo sin
negligencia; con espíritu fervoroso; sirviendo al Señor; con la alegría de la
esperanza; constantes en la tribulación; perseverantes en la oración;
compartiendo las necesidades de los santos; practicando la hospitalidad.
Bendigan a los que los persiguen, no maldigan. Alégrense con los que se alegran;
lloren con los que lloran. Tengan un mismo sentir los unos para con los otros; sin
complacerse en la altivez; atraídos más bien por lo humilde; no se complazcan en
su propia sabiduría. No te dejes vencer por el mal; antes bien, vence al mal
con el bien. Palabra de Dios.

Reflexión: Es interesante que Pablo no nos pida ponerle flores o velas al Señor,
para agradarle. ¡Nos pide que le entreguemos nuestra vida! Nuestro cuerpo,
nuestra persona, nuestras inquietudes, deseos, preocupaciones. ¡Todo lo que
vivimos debe ser entregado al Señor! Pero, ya que somos tan frágiles y con
frecuencia nos equivocamos, necesitamos una continua renovación interior, para
distinguir lo malo de aquello que le agrada al Señor.

Pablo continúa invitándonos a vivir el amor cristiano: no sólo en apariencia, sino


en profundidad, en verdad. (Se lee nuevamente los versículos 9-16 y se invita a
los presentes a comentarlo, aplicándolo a la propia familia).

El Señor Jesús nos ha dejado como “mandamiento” que nos amemos, que nos
queramos de corazón, como él lo ha hecho al dar su vida por nosotros. Para
alimentarnos en el camino de la fe y del amor, nos regala su Palabra, como luz en
el camino y maestra en el viaje de la vida.
5
Guía: Ha sido bonito colocar la Biblia como reina en el trono de nuestro hogar. Ha
sido bonito comentar un pequeño pasaje de la carta a los Romanos. Pero no
basta, es preciso que nos comprometamos a alimentarnos de la Palabra del Señor
con frecuencia. Le pedimos:

 Para que la Palabra de Dios sea el “Pan de cada día” que nos alimenta en
el camino de la fe y del amor. Roguemos al Señor.
 Para que la Biblia no sea sólo adorno en esta casa, sino luz, maestra de
vida, a quien escuchamos con frecuencia. Roguemos al Señor.
 Para que el Señor bendiga nuestro hogar con el amor y el perdón de cada
día. Que en eso se note que somos una familia cristiana: discípulos de
Jesús. Roguemos al Señor.
 Por las familias que están perdiendo la fe, que están desunidas, que ya no
se quieren, para que el Señor los aliente y les ayude a encontrar los
caminos del diálogo y el amor. Roguemos al Señor.
 Pidamos en silencio unos por otros. Roguemos al Señor.
 Que María, madre de Jesús Eucaristía y madre nuestra, primera discípula y
misionera del Evangelio, nos eduque en la escucha de la Palabra de Dios.
Roguemos al Señor.

Guía: Como signo de que queremos que en esta familia reine el amor cristiano,
nos damos un abrazo/saludo de paz.

Guía: Rezamos juntos...

Señor, Padre de Jesús y Padre Nuestro,


mira con bondad esta familia reunida en tu nombre,
que desea acercarse a ti, escuchando tu voz en la Biblia.
Enséñanos, Padre, con tu Palabra.
Queremos ser discípulos, caminar junto a Jesús,
aprender a vivir como verdaderos hijos tuyos.
Danos fuerza, Señor y anima nuestro caminar.
Tu Palabra es la fuente viva, acércanos a ella,
danos el gusto de leerla y orarte con ella.
Señor, queremos que esta familia sea un templo
Donde resuene tu Palabra,
Y nuestros corazones sean el lugar donde ella germina,
Porque la llevamos a la vida y la expresamos
En el amor que nos tenemos y que donamos a todos.
Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

6
GUÍA PARA EL REZO DEL SANTO ROSARIO.

Comenzamos diciendo:

+ Por la señal de la Santa Cruz, + de nuestros enemigos + líbranos, Señor, Dios


nuestro. + En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén.

V. Señor, abre mis labios:


R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
V. Ven ¡oh, Dios!, en mi ayuda.
R. Apresúrate, Señor en Socorrerme.
Gloria al Padre…

Posteriormente se rezan cada uno de los misterios que tocan en ese día, bajo el
siguiente esquema:

- Se anuncia el misterio.
- Un Padre nuestro.
- Diez Ave María.
- Un Gloria al Padre.

AVE MARÍA. PADRE NUESTRO.

Alégrate, María; llena eres de Padre nuestro, que estás en el cielo,


gracia; el Señor es contigo; santificado sea tu Nombre; venga a
bendita Tú eres entre todas las nosotros tu reino; hágase tu voluntad,
mujeres, y bendito es el fruto de en la tierra como en el cielo.
tu vientre, Jesús. Danos hoy nuestro pan de cada día;
Santa María, Madre de Dios, perdona nuestras ofensas, como
ruega por nosotros pecadores, también nosotros perdonamos a los que
ahora y en la hora de nuestra nos ofenden; no nos dejes caer en la
muerte. Amén. tentación y líbranos del mal. Amén.

GLORIA.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu
Santo. Como era en el principio, ahora
y siempre, y por los siglos de los
siglos. Amén.

7
8
ROSARIO MISIONERO.

El Rosario Misionero fue ideado por Monseñor Fulton Sheen, arzobispo


norteamericano, a mediados del siglo XX. El Papa Juan XXIII rezaba el Rosario
Misionero todos los días por el mundo entero, dedicando una decena a cada
continente: "Como papa debo orar por la humanidad entera y lo hago al rezar el
Santo Rosario Misionero: la primera decena por África, la segunda por América, la
tercera por Europa, la cuarta por Oceanía y la quinta por Asia". En el Rosario
Misionero se han pintado las cuentas de cinco colores, uno por continente: “la
decena blanca es por la vieja Europa, para que sea capaz de recuperar la fuerza
evangelizadora que ha engendrado tantas Iglesias; la decena amarilla es por Asia,
que rebosa de vida y de juventud; la decena verde es por África, probada por el
sufrimiento, pero disponible al anuncio; la decena roja es por América, promesa de
nuevas fuerzas misioneras; la decena azul es por el continente de Oceanía, que
espera una difusión más profunda del Evangelio" (Carta de Juan Pablo II a la
Infancia Misionera). Podemos rezarlo de varias formas: o bien rezar el rosario
completo (un padre nuestro y diez avemarías por cada uno de los cinco
continentes), o bien rezar cada día un misterio (si el niño es pequeño un
Padrenuestro y un Avemaría) por el continente correspondiente a ese color.

GUÍA: Por la señal de la Santa Cruz, de nuestros enemigos, líbranos, Señor Dios
nuestro. En el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

GUÍA: Señor mío Jesucristo.

TODOS: Dios y hombre verdadero, me pesa de todo corazón de haber pecado,


porque he merecido el infierno y perdido el cielo, y, sobre todo, porque te ofendí a
ti, que eres bondad infinita, a quien amo sobre todas las cosas. Propongo
firmemente, con tu gracia, enmendarme y alejarme de las ocasiones de pecar,
confesarme y cumplir la penitencia. Confío me perdonarás por tu infinita
misericordia. Amén.

GUÍA: Abre, Señor, mis labios.

TODOS: Para alabar tu nombre, y el de tu Santa Madre.

GUÍA: TODOS: Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.

TODOS: Como era en el principio, ahora y siempre por los siglos de los siglos.
Amén.

9
El guía anuncia el misterio correspondiente.

10
MISTERIOS GOZOSOS. (lunes y sábados)
1º Misterio: La Encarnación. (Lc 1,30-31.38)
2º Misterio: La Visitación. (Lc 1,41-43)
3º Misterio: El nacimiento de Jesús. (Lc 2,6-7)
4º Misterio: La presentación en el templo. (Lc 2,22-24)
5º Misterio: Jesús perdido y hallado en el templo. (Lc 2,
42-43.46)

MISTERIOS LUMINOSOS. (jueves)


1º Misterio: El bautismo de Jesús. (Mt 3,13-17)
2º Misterio: Las Bodas de Caná. (Jn 2,1-11)
3º Misterio: El anuncio del Reino de Dios. (Mc 1,14-
15)
4º Misterio: La Transfiguración de Jesús. (Lc 9,28-35)
5º Misterio: La institución de la Eucaristía. (Mc 14,22-
24)

MISTERIOS DOLOROSOS. (martes y viernes)


1º Misterio: Jesús en el huerto de los Olivos. (Lc 22,39-47)
2º Misterio: La flagelación de Jesús. (Jn 18,38-19,1)
3º Misterio: Jesús es coronado de espinas. (Mt 27,27-29)
4º Misterio: Jesús carga con la cruz. (Jn 19,15-18)
5º Misterio: La crucifixión y muerte de Jesús. (Jn 19,18;
25-27,30)

MISTERIOS GLORIOSOS. (miércoles y domingos)


1º Misterio: La resurrección de Jesús. (Mt 28,26)
2º Misterio: La ascensión de Jesús al cielo. (Lc
24,50-52)
3º Misterio: La venida del Espíritu Santo. (Hch 2,1-4)
4º Misterio: La asunción de María al cielo. (Is 61,10)
5º Misterio: La coronación de María. (Ap 11,19-12,1)

11
PRIMER MISTERIO: REZAMOS POR LA IGLESIA DE ÁFRICA.
OFRECIMIENTO: Este misterio, Señor, te lo ofrecemos por todos nuestros
hermanos africanos, para que los sigas bendiciendo y, con la alegría de Jesús
resucitado, encuentren la fortaleza de perseverar en su fe, y que los que todavía
no te conocen puedan escuchar tu Palabra a través de nuestros hermanos
misioneros.
(se reza un Padre nuestro) (se rezan 10 Aves Marías) (se reza un Gloria)

Todos: Señor, yo creo. Señor, yo espero. Señor, yo te amo. Te pido perdón por
todos aquellos que no creen en ti, que no esperan en ti y que no te aman.

Jaculatoria: María salud de los enfermos y refugio de pecadores, ruega por


nosotros y por los misioneros.

SEGUNDO MISTERIO: REZAMOS POR LA IGLESIA DE AMERICA.


OFRECIMIENTO: Señor, al rezar este segundo misterio, tenemos presentes a
toda América, para que, así como un día llegó a esta tierra el conocimiento de tu
Palabra, ella mueva nuestros corazones para seguir trabajando en extender tu
Reino.
(se reza un Padre nuestro) (se rezan 10 Aves Marías) (se reza un Gloria)

Todos: Señor, yo creo. Señor, yo espero. Señor, yo te amo. Te pido perdón por
todos aquellos que no creen en ti, que no esperan en ti y que no te aman.

Jaculatoria: María salud de los enfermos y refugio de pecadores, ruega por


nosotros y por los misioneros.

TERCER MISTERIO: REZAMOS POR LA IGLESIA DE EUROPA.


OFRECIMIENTO: Padre amoroso, te pedimos por medio de la Santísima Virgen
María por todos los europeos, para que no decaiga el espíritu misionero y resurja
en ellos el deseo de seguir trabajando en todos los lugares donde haga falta que
llegue el anuncio de tu Reino.
(se reza un Padre nuestro) (se rezan 10 Aves Marías) (se reza un Gloria)

Todos: Señor, yo creo. Señor, yo espero. Señor, yo te amo. Te pido perdón por
todos aquellos que no creen en ti, que no esperan en ti y que no te aman.

Jaculatoria: María salud de los enfermos y refugio de pecadores, ruega por


nosotros y por los misioneros.

CUARTO MISTERIO: REZAMOS POR LA IGLESIA DE OCEANÍA.


OFRECIMIENTO: Te encomendamos, Señor, en este cuarto misterio a todo el
continente de Oceanía, para que tu Palabra llevada por tantos misioneros a este
lejano Continente sea escuchada, cada vez haya más conversiones y despierte en
ellos el deseo de servirte en otros lugares.
(se reza un Padre nuestro) (se rezan 10 Aves Marías) (se reza un Gloria)

12
Todos: Señor, yo creo. Señor, yo espero. Señor, yo te amo. Te pido perdón por
todos aquellos que no creen en ti, que no esperan en ti y que no te aman
Jaculatoria: María salud de los enfermos y refugio de pecadores, ruega por
nosotros y por los misioneros.

QUINTO MISTERIO: REZAMOS POR LA IGLESIA DE ASIA.


OFRECIMIENTO: Por todos los que forman el Continente de Asia te pedimos,
Señor, para que siga llegando el anuncio de tu Reino a estas regiones y muevas
los corazones de los que aún no te conocen, para que día a día se extienda tu
mensaje de amor por cada uno de ellos.
(se reza un Padre nuestro) (se rezan 10 Aves Marías) (se reza un Gloria)

Todos: Señor, yo creo. Señor, yo espero. Señor, yo te amo. Te pido perdón por
todos aquellos que no creen en ti, que no esperan en ti y que no te aman.

Jaculatoria: María salud de los enfermos y refugio de pecadores, ruega por


nosotros y por los misioneros.

GUÍA: Oh Soberano Santuario, Sagrado del Verbo Eterno.


TODOS: Libra, Virgen, del infierno a los que rezan tu Rosario.
GUÍA: Emperatriz poderosa de los mortales consuelo.
TODOS: Ábrenos, Virgen, el cielo con una muerte dichosa.
GUÍA: Padre nuestro…
TODOS: Danos hoy nuestro pan…
GUÍA: Alégrate, María Santísima, hija de Dios Padre, Virgen purísima y castísima
antes del parto, en tus manos encomiendo mi fe para que la alumbres, llena eres
de gracia…
TODOS: Santa María…
GUÍA: Alégrate, María, Madre de Dios Hijo, Virgen purísima y castísima en el
parto, en tus manos encomiendo mi esperanza para que la alientes, llena eres de
gracia…
TODOS: Santa María…
GUÍA: Alégrate, María, esposa de Dios Espíritu Santo, Virgen purísima y castísima
después del parto, en tus manos encomiendo mi caridad para que la inflames,
llena eres de gracia…
TODOS: Santa María…
GUÍA: Alégrate, María, templo, trono y sagrario de la Santísima Trinidad, Virgen
concebida sin culpa original, Dios te salve.
TODOS: Reina y Madre de misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra, …

LETANIAS MISIONERAS.
 Señor, ten piedad de nosotros.
 Jesucristo, ten piedad de nosotros.
 Señor, ten piedad de nosotros.
 Jesucristo óyenos.
 Dios Padre que quieres que todos nos salvemos.
 Dios hijo redentor del mundo, que sufriste muerte Ten piedad de
nosotros.
13
de cruz por toda la humanidad.
 Dios Espíritu Santo, que atraes a la humanidad al
conocimiento de la verdad.

 Santa María Reina de las misiones.


 San Pedro.
Ruega por el Mundo.
 San Pablo.
 San Francisco Javier.
 Sta. Teresita del Niño Jesús.

 San Marcos.
 San Agustín. Ruega por África.
 Venerable Carlos de Foucald.
 Santos. Mártires de Uganda.
 Beata Clementina Anaurite.

 Santa Rosa de Lima.


 Santo Hermano Miguel.
 Santa Mariana de Jesús.
 San Pedro Claver.
 San Juan Diego. Ruega por América.
 San Martín de Porres.
 Santa Rosa de Lima.
 San Héctor Valdivieso.
 Beato Ceferino Namuncurá.
 Santos y beatos del nuevo mundo.

 Beato Daniel Comboni.


 Beato Guido Ma. Conforti.
 San Bonifacio de Alemania.
 San Agustín de Canterbury. Ruega por Europa.
 San Patricio de Irlanda.
 San Leandro de Sevilla.
 Venerable Paulina Jaricot.
 Santos y beatos del viejo mundo.
 Padre Damián de Molokay.
 San Pedro Chanel. Ruega por Oceanía.
 María, Estrella del Mar.
 Santos y beatos de las innumerables islas.

 San Andrés.
 Santo Tomás. Ruega por Asia.
 San Juan Brito.
 Santos Mártires de Corea.
 Santos y beatos Mártires de China y Japón.

14
Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo. Perdónanos, Señor.
Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo. Escúchanos, Señor.
Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo. Ten piedad y misericordia de
nosotros.
GUÍA: Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios, no desprecies las
súplicas que te dirigimos en nuestras necesidades, antes bien, líbranos de todos
los peligros, oh, Virgen gloriosa y bendita. Ruega por nosotros, Santa Madre de
Dios.
TODOS: Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de nuestro Señor
Jesucristo.
GUÍA: Oh Dios, cuyo Unigénito Hijo, con su vida, muerte y resurrección, nos
alcanzó el premio de la vida eterna: concédenos, a los que recordamos estos
misterios del Santo Rosario, imitar lo que contienen y alcanzar lo que prometen.
Por el mismo Jesucristo, nuestro Señor.
TODOS: Amén.

ORACIÓN MISIONERA:

Señor Jesucristo, Tú que derramaste tu sangre para lavar los pecados de todos
los hombres, haz que ninguno de ellos quede sin recibir los beneficios de la
redención. Infunde en el corazón de todos los bautizados el deseo de propagar la
fe. Cultiva en el corazón de los jóvenes el sublime ideal de entregarse al servicio
del prójimo. Sostén el ánimo de aquellos que, abandonándolo todo, cumplen tu
mandato de ir por el mundo anunciando la Buena Nueva. Crea en mí un corazón
misionero. Amén.

Reina de las misiones, ruega por todo el mundo.

Dulce madre, no te alejes, tu vista de mí no apartes; ven conmigo a todas partes y


solos nunca nos dejes. Ya que nos proteges tanto como verdadera madre,
cúbrenos con tu manto y haz que nos bendiga el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.
Amén.

CONCLUSIÓN:
Guía: Reina del Santísimo Rosario.
Todos: Ruega por nosotros.
Guía: Viva la gracia.
Todos: Muera el pecado.
Guía: Ave María purísima.
Todos: En gracia de Dios concedida.

Por la señal de la Santa Cruz…

15
TEMA I. EL NOMBRE DEL SACRAMENTO DE LA PENITENCIA.

Siempre tenemos necesidad de contemplar el misterio de la misericordia. Es


fuente de alegría, de serenidad y de paz. Es condición para nuestra salvación.
Misericordia: es la palabra que revela el misterio de la Santísima Trinidad.
Misericordia: es el acto último y supremo con el cual Dios viene a nuestro
encuentro. Misericordia: es la ley fundamental que habita en el corazón de cada
persona cuando mira con ojos sinceros al hermano que encuentra en el camino de
la vida. Misericordia: es la vía que une Dios y el hombre, porque abre el corazón a
la esperanza de ser amados para siempre no obstante el límite de nuestro pecado.
Por eso una de las grandes expresiones de la Misericordia divina es el
Sacramento de la Reconciliación.

Oración de inicio:

De pie: En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo.

Leer: Lc 15, 11-32

Todos:

Señor, Dios, que nos llamas de las tinieblas a la luz,


de la mentira a la verdad,
de la muerte a la vida:
infunde en nosotros tu Espíritu Santo,
que abra nuestros oídos
y fortalezca nuestros corazones,
para que percibamos nuestra vocación cristiana
y avancemos decididamente por el camino
que nos conduce a la verdadera vida.
Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

VER:

San Ambrosio emplea una expresión original que apunta a la misericordia de Dios
como sustancia de toda la obra creadora: “tras haber creado al hombre, Dios al fin
descansó teniendo a quien perdonar sus pecados”. Estas palabras nos ayudan a
entender que el hombre fue creado como un ser para el perdón. En Dios, el

16
perdón es como la corona de su amor. Este amor que perdona es el rasgo divino
de la economía salvífica, aquel donde influyen todos los demás

La Iglesia para ayudarnos a entender la misericordia de Dios, en el año de 1975


publicó el nuevo Ritual de la Penitencia que fue fruto de la renovación conciliar de
Vaticano II. Ya en aquel momento, unos lo acogieron con entusiasmo, otros con
escepticismo. Durante todo este tiempo un buen número de sacerdotes y fieles
han intentado poner en práctica el nuevo ritual. Sin duda han mejorado en muchos
casos algunos aspectos en la comprensión y en la práctica del sacramento, tales
como su carácter celebrativo, su dimensión comunitaria, su unión con la
reconciliación de la vida, la importancia dada a la Palabra.

Pero hay otros aspectos oscuros para los fieles tales como el sentido del pecado,
la obligatoriedad de una confesión integra, la necesidad de confesarse antes de
comulgar.

Por lo que podemos decir que el sacramento de la penitencia es un sacramento


todavía no conocido o plenamente renovado, al que le afecta una verdadera crisis:
muchos han abandonado la confesión, o incluso la celebración de cualquier forma
del sacramento; otros comulgan fácilmente, aunque sus pecados sean serios;
otros han perdido la conciencia de pecado, el temor del castigo, el sentido de
necesidad del ministro (para que confesarme con alguien que es incluso más
pecador que yo). El problema no lo constituye tanto la pregunta sobre el “cómo” y
el “cuándo” celebrar la penitencia, sino la pregunta de si es necesario celebrarla
todavía. Ante esta crisis, surgen dudas sobre este sacramento y los sacerdotes
muchas veces escuchan frases parecidas a estas:

“Padre, necesito hablar con usted... Estoy muy angustiado” “He pecado mucho y
creo que Dios me está castigando” “Estoy perdiendo la fe y no sé qué hacer”
“Engañé a mi esposo y no sé si tengo que decírselo... ¿Podrá perdonarme?” “Para
mí la reconciliación ya no tiene sentido... Pero quisiera comulgar” “Estoy saliendo
con un muchacho y tengo relaciones con él, pero no lo siento como pecado” “No
queremos tener más hijos, pero no confiamos en los métodos de control que
permite la Iglesia” “¿Puedo comulgar si estoy divorciada y vuelta a casar?” “Hace
cinco años que no me confieso, pero no sé qué pecados puedo tener si no hago
mal a nadie”

“Me siento cristiano, pero no acepto ciertos criterios de la Iglesia y la critico” “Amo
a mi esposa e hijos, pero mantengo relaciones con otra persona y no la pienso
dejar”.

Ante tales dudas, conozcamos los nombres de este sacramento, para poder
acercarnos a experimentar el amor de Dios y no acercarnos solo por compromiso.

ANALIZAR:
17
Los nombres que damos a las diversas realidades expresan su identidad. Para
referirse al sacramento de la Penitencia, la Tradición ofrece, al menos, tres
nombres todos ellos relativos al Bautismo:

“Penitencia segunda” “segunda tabla de salvación tras el naufragio” (Tertuliano), y


“baño de lágrimas” (Ambrosio). Estos nombres se dan porque Jesús habla de su
Pasión “como un bautismo” (cf. Mc 10, 38; 14, 16); de este modo significa que sus
sufrimientos habían de ser causa de una gran purificación para todo el mundo.

El Catecismo de la Iglesia Católica en sus números 1423 y 1424 nos propone 5


nombres para este sacramento. Cada uno de estos nombres remite a una
determinada connotación de entre las diversas dimensiones presentes en el signo
sagrado de la Penitencia, vemos cuales son:

1. Sacramento de conversión: porque realiza sacramentalmente la llamada de


Jesús a la conversión (Mc 1, 15), la vuelta al Padre (Lc, 15, 18) del que el hombre
se había alejado por el pecado. Al acercarnos a este sacramento debemos
entender que la conversión es la condición necesaria para poder superar el
pecado. La conversión es una reorientación radical de nuestras vidas, un retorno a
Dios con todo nuestro corazón. Al mismo tiempo comprende el deseo y la
resolución de cambiar de vida con la esperanza de la misericordia divina y la
confianza en la ayuda de su gracia. La conversión va acompañada de dolor y
tristeza saludables que los Padres de la Iglesia llamaron animi cruciatus (aflicción
de espíritu), compunctio cordis (arrepentimiento del corazón) y requiere de: la
escucha de la Palabra, la sinceridad, el esfuerzo, la voluntad de cambio y la
esperanza en el perdón, que siempre supone un proceso más o menos largo.

2. Sacramento de la Penitencia: porque consagra un proceso personal y


eclesial de conversión, de arrepentimiento y de reparación por parte del cristiano
pecador. Los que se acercan al sacramento de la penitencia obtienen el perdón de
la ofensa hecha a Dios por la misericordia de éste y al mismo tiempo se
reconcilian con la Iglesia, a la que, pecando, ofendieron, la cual con caridad, con
ejemplos y con oraciones, les ayuda en su conversión. Finalmente, también en la
Iglesia el pequeño acto penitencial impuesto a cada uno en el sacramento, se
hace participe de forma especial de la infinita expiación de Cristo, al paso que, por
una disposición general de la Iglesia, el penitente puede íntimamente unir a la
satisfacción sacramental todas sus demás acciones, padecimientos y sufrimientos.

3. Sacramento de la confesión: porque la declaración o manifestación, la


confesión de los pecados (penitente) ante el sacerdote (confesor), es un elemento
esencial de este sacramento. La confesión es sinceridad, confesión de fe,
expresión de confianza en Dios misericordioso, alabanza y ofrenda humilde y
grandiosa, que nos libera y pacifica interiormente. Por la confesión reconocemos
nuestras heridas o enfermedades, y nos disponemos a aceptar y aplicar la
medicina del consuelo, la misericordia y la gracia perdonadora de Dios que nos
sana.

18
4. Sacramento del perdón: porque, por la absolución sacramental del
sacerdote, Dios concede al penitente “el perdón y la paz” (ritual de la penitencia,
46,55). Al pecador que manifiesta su conversión al ministro de la Iglesia, Dios le
concede el perdón mediante el signo de la absolución, ya que Dios ha querido
mediante signos visibles, concedernos la salvación y renovar la alianza
quebrantada una vez más.

5. Sacramento de reconciliación: porque otorga al pecador el amor de Dios


que reconcilia: “dejaos reconciliar con Dios” (2Cor 5,20). La reconciliación significa
en sí el acto de un mediador que restaura los lazos de amistad o de amor entre
dos personas en el caso de este sacramento se trata de una reconciliación sin
proporción, asimétrica, pues NO es Dios el que necesita reconciliarse con el
hombre, sino el hombre con Dios. dios nos concede la reconciliación
perdonándonos, acogiéndonos, devolviéndonos su amistad y a su amor.
Entendamos que la reconciliación es una necesidad humana, un elemento
constitutivo de nuestro existir con los demás. Por la reconciliación recuperamos la
relación justa, la amistad perdida, el amor debido, junto con la alegría de estar a
bien y de sentirse bien en la paz interna y externa. El odio y la injusticia enferman,
la reconciliación y el perdón sanan. La reconciliación consigo mismo y con Dios
reclama la reconciliación con los demás.

ACTUAR:

Es evidente que el sacramento de la penitencia no puede considerarse como algo


fuera de la vida, ajeno a nuestras angustias y esperanzas, extraño a nuestras
situaciones vitales. Al contrario, la conversión y la penitencia deben considerarse
como un existencial cristiano, es decir, como algo que hay que vivir si se quiere
ser cristiano en verdad. ¿Por qué? Sencillamente, porque sólo es cristiano el que
cree, y sólo cree el que se convierte, y sólo se convierte el que constantemente
reconoce su limitación y se esfuerza por llegar al ideal. Por eso en el evangelio se
une tan estrechamente el “conviértanse y crean” (cf. Mc 1, 15).

Para la Iglesia lo que es importante tiene su origen en Cristo, pertenece a la


Tradición y esta fundada en la naturaleza del objeto de que se trata, por eso se te
invita a:

 Tomar conciencia del pecado: sin conciencia y reconocimiento del pecado


no puede haber penitencia.
 Tener una conversión sincera: la conversión es el mismo centro de la
penitencia. Sin conversión no puede haber perdón.
 Manifestar exteriormente la conversión: debemos expresar nuestra
conversión ante la persona p comunidad a la que ofendimos con nuestro
pecado.
 Hacer un compromiso o propósito: a través de este, mostrar a los demás
que nuestra conversión continua.
19
Oración:

Señor, Jesús,
tú que devolviste la vista a los ciegos,
sanaste a los enfermos,
perdonaste a la mujer pecadora,
y confirmaste a Pedro en tu amor
después de su caída,
recibe hora mi súplica:
perdona todos mis pecados,
renuévame en tu amor,
concédeme vivir en fraterna unión con mis hermanos,
para que pueda anunciar tu salvación a todos los hombres.

Pbro. Carlos León Urbina.

20
TEMA II. POR QUÉ UN SACRAMENTO DE LA RECONCILIACIÓN DESPUÉS
DEL BAUTISMO.

Hay momentos en los que de un modo mucho más intenso estamos llamados a
tener la mirada fija en la misericordia para poder ser también nosotros mismos
signos eficaces del obrar del Padre. Pues somos carne, debilidad y vamos en
camino, por lo que siempre surge la tentación y en ocasiones se cae en el pecado,
es por eso por lo que el cristiano necesita de la misericordia de Dios que lo levanta
para seguir adelante.

OBJETIVO: Comprender que nuestra vida se encuentra entre luces y sombras,


entre resbaladas, caídas y levantadas; y esto nos hace comprender que mientras
nos encontremos en este mundo será un camino de conversión que nos muestra
la misericordia de Dios.

AMBIENTACIÓN: Disponer un lugar donde se coloquen las sillas de manera


circular y al centro se colocará la mesa en la que pondremos una caja cuyos lados
tengan las siguientes imágenes: la imagen del hijo prodigo, la del buen pastor, la
mujer adultera y Zaqueo. En la parte superior de la caja se pondrá un cristo
crucificado; en la parte inferior de la caja se colocarán suficientes tiras de
estambre o listón cuantos sean los participantes, asegúrate que el listón este
ajustado a la caja sea lo suficientemente largo de la caja al participante.

CANTO: Renuévame [Link]

ORACIÓN.

¡Oh mi Señor, rey de reyes, luz de Tu amor siempre presente esta,


infinita bondad!, Tu calor fraterno y entrega
Postrado ante tus pies y sin poder incondicional,
mirarte, Sé que puedo contar con tu perdón,
Pues la vergüenza que hoy tengo, Siento mi alma librar,
Por culpa de mi pecado, De tan grande carga,
Por todas las ofensas que te he De tan dura travesía,
ocasionado, De todo lo que me atrapaba,
Por faltarle a mis hermanos, Solo pensando en las cosas del
Por olvidarme de orar y de mundo.
agradecerte, ¡Oh mi Dios, oh mi Salvador!,
Vengo ante ti Padre Santo, Mi plegaria va dirigida a ti,
A pedirte me perdones. En este momento,
Tu misericordia es infinita y eterna,

21
Donde solo me hace falta recibir tu Mis sentimientos son buenos,
perdón y tu bendición, Y mi proceder es tu designio,
Quiero sentir mi corazón lleno de En tus manos me entrego mi Señor,
gozo, Rogándote una vez más,
Quiero sentir tu presencia santa, Me concedas el perdón,
Quiero cantar y cantar, De todo lo mal que yo he hecho,
De alegría, Y que pueda alabarte y proclamar a
Porque tú me has perdonado, viva voz,
Porque mi fe crece, Sabiendo que estoy en ti,
Porque no dudo en seguirte, Que me amas,
Porque puedo mirar a mi hermano Y que me arrullas. Amén.
con compasión,

LUMINACIÓN: lee uno de los siguientes textos: Mc 2,1-12; Mt 18,21-35; Lc 7,36-


50; 18,9-14; 19, 1-10; Jn 8,1-11.

VER.

Nuestra humanidad carga con muchas debilidades y tentaciones (cf. 2Cor 12,7-
10), sabemos que estamos en la casa del jabonero en donde el que no cae,
resbala. En fin, nadie está libre de pecado. Por lo cual somos conscientes que
todos los días vivimos una batalla con aquello que nos trata de seducir y hacernos
caer apartándonos del amor de Dios, del prójimo y de uno mismo (cf. Rm 8,5-8).

Cuando a Jesús le llevan a la mujer que fue sorprendida en adulterio, le pregunta


a la gente que está en su entorno, el que esté sin pecado que tire la primera
piedra (cf. Jn 8,1-11); con esto, pone en claro que todos los hombre y mujeres
necesitamos una y otra vez ser auxiliados y sanados por la misericordia de Dios;
así también, nuestro Señor Jesucristo nos da la posibilidad de arrepentirnos,
convertirnos y perdonarnos unos con otros, cuantas veces sea necesario (cf. Mt
18, 21-22).

Sin embargo, a pesar de que somos débiles, frágiles y pecadores encontramos


muchos elementos que no permiten que busquemos la misericordia de Dios y nos
limitemos tan solo a aceptarnos con limitaciones y errores sin buscar el perdón de
Dios, el perdón a nosotros mismo y el perdón de nuestro prójimo.

 Hoy encontramos un crecimiento en la perdida de la conciencia del pecado,


en donde muchos creyentes han dejado de confesarse y algunos que se
confiesan de sus pecados no los sienten como pecados y, por tanto, no hay
un propósito de conversión. En otros casos ya no se busca la confesión
porque se alude que de qué sirve confesarse si se vuelve a caer en el
mismo error.
22
 Descubrimos interpretaciones inadecuadas del pecado, incluso dentro de la
misma Iglesia: que la idea de pecado es algo superado o simplemente
minimizado al dejarlo como algo muy normal en nuestra humanidad;
olvidando que el pecado daña la relación con Dios y con nuestro prójimo.
 El poco valor que se le da a la Iglesia como mediadora para nuestra
reconciliación con Dios, acentuando una conciencia subjetivista e
individualista que conducen a un esoterismo con aquellas palabras que se
suelen escuchar: “yo me confieso con Dios directamente”, rechazando la
presentación formal e individual del pecado y sobredimensionando la
responsabilidad personal.
 Otro elemento que ha hecho difícil la mediación de la Iglesia, es que la
figura del sacerdote ha perdido significatividad en el social, y el ver al
sacerdote ya muy mundanizado se suscitan tantas preguntas como: ¿para
qué confesarme con alguien que quizá es más pecador que yo? ¿los
sacerdotes son más pecadores que yo?
 Nuestra sociedad actual es mucho más permisiva, han aparecido nuevas
espiritualidades e idearios con motivos más psicológicos que espirituales,
dando origen a sincretismos o apertura al crecimiento del ateísmo e
indiferencia religiosa, secularización, cultura individualista y egoísta.
 Como católicos muchas veces no nos da tiempo para revisar nuestros
actos, nos equivocamos y decimos: ni modo me equivoqué, siempre caigo
en el mismo error, disculpa no soy perfecto; frases que decimos a diario de
manera mecánica abusando de la misericordia de Dios sin un deseo de
conversión serio o un examen consciente de lo que hemos realizado.

ANALIZAR.

San Pablo al ver el desorden y los conflictos de la comunidad de Corinto, les


recuerda a sus habitantes que muchos que eran parte de un mundo de pecado
fueron purificados, consagrados y justificados en nombre de Jesucristo, nuestro
Señor, y en el Espíritu Santo (1Cor 6,11); con tales palabras es posible ver la
grandeza del don de Dios que se nos da en los sacramentos de iniciación cristiana
para comprender hasta qué punto el pecado es algo que no tiene cabida en
aquellos que se han revestido de Cristo (Gal 3,27).

La conversión a Cristo, el Bautismo, el don del Espíritu Santo, el Cuerpo y la


Sangre de Cristo recibidos como alimento, nos han hecho “santos e inmaculados
ante Él” (Ef 1,4); como la Iglesia misma, esposa de Cristo, es “santa e inmaculada
ante Él” (Ef 5,27). Sin embargo, el nuevo nacimiento o la nueva vida recibida en el
Bautismo no suprimió la fragilidad y la debilidad de la naturaleza humana, ni la
inclinación al pecado o concupiscencia, que permanece en los bautizados a fin de
que sirva de prueba en ellos en el combate de la vida cristiana, ayudados por la
gracia de Dios. Esta lucha es la de la conversión con miras a la santidad y la vida
eterna a la que el Señor no cesa de llamarnos (LG 40).

23
Jesús al iniciar su ministerio llamaba a la conversión: “El tiempo se ha cumplido y
el reino de Dios está cerca; conviértanse y crean en el Evangelio” (Mc 1,15),
invitación que se dirige a toda persona, primeramente, a los que no conocen
todavía a Cristo y su Evangelio. Así el bautismo es el lugar principal de la
conversión primera y fundamental. Por la fe en el evangelio y por el bautismo se
renuncia al mal y se alcanza la salvación, es decir, el perdón de todos los pecados
y el don de la vida nueva (cf. Hch 2,38).

Después del Bautismo no es posible obtener el perdón de los pecados mortales


sin la confesión, esto no lo recuerda el apóstol Pablo cuando les dice a los
corintios: “En nombre de Cristo les rogamos: reconcíliense con Dios” (2Cor 5,20) .

Así pues, la llamada a la conversión, no solo se dirige sólo a los que aún no le
conocen, sino a todos los fieles cristianos que también deben convertirse y avivar
su fe. Esta segunda conversión es una tarea ininterrumpida para toda la Iglesia
(CIC 1428). La confesión de los pecados al igual que ofrecer el perdón de ellos se
encuentra desde los mismos tiempos de Jesús. En el dar o pedir perdón,
prevalece el amor de Dios que sabe poner su corazón en la miseria humana.

Si las primeras palabras de Jesús son una invitación a la conversión es porque


conoce que el ser humano se encuentra en un mundo donde el demonio, el
mundo y las pasiones lo ponen en cada momento en peligro de pecar. Esto nos
hace recordar las palabras del apóstol Juan que dice: “si decimos, no tenemos
pecado, nos engañamos y la verdad no está en nosotros” (1Jn 1,8).

Esta vivencia de una conversión permanente no se limita a obras exteriores como


se mencionan en el Antiguo Testamento por medio del sayal y la ceniza, los
ayunos y mortificaciones que permanecen estériles y engañosas; sino en una
conversión de corazón, es decir desde el interior que impulsa a la expresión de
esta actitud por medio de signos visibles, gestos y obras de penitencia (cf. Jl 2,12-
12; Is 1,16-17; Mt 6,1-6.16-18).

La penitencia interior o una conversión de corazón es una reorientación radical de


toda la vida, un retorno, una conversión a Dios con todo nuestro corazón, una
ruptura con el pecado, una aversión del mal, con repugnancia hacia las malas
acciones que hemos cometido. Al mismo tiempo comprende el deseo y la
resolución de cambiar de vida con la esperanza de la misericordia divina y la
confianza en la ayuda de su gracia (CIC 1432). Esta conversión del corazón va
acompañada de dolor y tristeza saludables que los padres llamaron “animi
cruciatus” (aflicción del espíritu), “compunctio cordis” (arrepentimiento del
corazón”).

El proceso de la conversión y de la penitencia fue descrito maravillosamente por


Jesús en la parábola llamada "del hijo pródigo", cuyo centro es "el padre
misericordioso" (Lc 15,11-24): la fascinación de una libertad ilusoria, el abandono
de la casa paterna; la miseria extrema en que el hijo se encuentra tras haber
despilfarrado su fortuna; la humillación profunda de verse obligado a cuidar
24
cerdos, y peor aún, la de desear alimentarse de las bellotas que comían los
cerdos; la reflexión sobre los bienes perdidos; el arrepentimiento y la decisión de
declararse culpable ante su padre, el camino del retorno; la acogida generosa del
padre; la alegría del padre: todos estos son rasgos propios del proceso de
conversión. El mejor vestido, el anillo y el banquete de fiesta son símbolos de esta
vida nueva, pura, digna, llena de alegría que es la vida del hombre que vuelve a
Dios y al seno de su familia, que es la Iglesia. Sólo el corazón de Cristo, que
conoce las profundidades del amor de su Padre, pudo revelarnos el abismo de su
misericordia de una manera tan llena de simplicidad y de belleza.

La necesidad de confesarnos después de que hemos sido bautizados se debe a


que todos los días tomamos decisiones entre vivir de acuerdo a la voluntad de
Dios o seguir las propuestas que nos apartan de Dios y manchan la gracia que
recibimos en nuestro bautismo, ejemplos de esta necesidad de buscar la
misericordia, el perdón de nuestros pecados los encontramos en algunos
ejemplos, como:

En la oración del Padre Nuestro rezamos: “Perdona nuestras ofensas, como


también nosotros perdonamos a los que nos ofenden”; con estas palabras
reconocemos que a pesar de que en el bautismo se nos borran todos los pecados,
no significa que nuestra vida esté exenta de caer en el pecado, al contrario, todos
los días luchamos y a pesar de ello muchas veces caemos en el pecado. En dicha
oración, suplicamos que Dios nos mire con misericordia, como nosotros
misericordiosamente miramos a nuestros hermanos; es decir, reconocemos cada
vez que oramos con el Padre Nuestro, que el perdón se ofrece cada vez que lo
necesitamos, ya sea otorgándolo o solicitándolo.

ACTUAR.

Hacer un buen examen de conciencia y, para que en el momento de la confesión


se me puedan olvidar los pecados, hago una lista de ellos y al confesarme los
leeré y destruiré el escrito una vez que termine.

Investigar los horarios de confesión de mi parroquia o de la parroquia cercana a


donde me encuentro y buscaré un tiempo para recibir la misericordia de Dios.

Descubrir que el sacramento de la reconciliación no es una obra exclusivamente


humana que consistiría en tan solo el ir a confesar los pecados y ya, sino más bien
es un proceso, una obra de la gracia de Dios que hace volver a él nuestros
corazones: “Conviértenos, Señor, y nos convertiremos” (Lam 5,21). Dios es el que
nos da la fuerza para comenzar de nuevo (CIC 1432). Por eso, acercarnos al
sacramento nos ayuda a dar el paso de descubrir en qué hemos fallado y generar
un compromiso que me permita enmendar aquellas fallas que me lastiman y
lastiman a los demás, pidiéndole a Dios me conceda la fuerza de su Espíritu para
evitar volver a caer en el pecado.
25
Tener una clara conciencia que como seres humanos cometemos errores y que el
pedir perdón nos ayuda a identificarnos más como cristianos que reconocemos
nuestros errores; que con humildad podemos acercarnos a nuestros hermanos
para pedir perdón y enmendar nuestros actos que nos separaron de Dios y de la
comunidad, es la manera como podemos crecer en un amor misericordioso: “En
eso conocerán todos que son mis discípulos, en el amor que se tengan unos con
otros” (Jn 13,34).

Recuperar las obras que nos permiten expresar nuestro deseo de conversión con
uno mismo, con Dios y con los demás que nos permiten rectificar el desorden del
pecado (cf. Mt 6,1-18; CIC 1434. 1438):

 Ayuno: no solo significa la renuncia a los alimentos, sino todo lo que supone
exigir al cuerpo y no darle gusto, con el fin de dedicarnos a lo que Dios nos
pide.
 Oración: elevar nuestra mente a Dios, es volver a Dios para reforzar
nuestra fe y nuestra vida cristiana.
 Limosna: no solo es dar dinero u otras cosas materiales a los necesitados,
sino otro tipo de donación como: tu tiempo, cuidar a los enfermos, corregir a
alguien, dar un consejo, perdonar a quien te ofendió, consolar…

Amar y recibir la Eucaristía: la conversión y la penitencia encuentran su fuente y


su alimento en la Eucaristía, pues en ella se hace presente el sacrificio de Cristo
que nos reconcilió con Dios; por la Eucaristía son alimentados y fortificados los
que viven de la vida de Cristo; “es el antídoto que nos libera de nuestras faltas
cotidianas y nos preserva de pecados mortales” (Concilio de Trento DS 1638).

DINAMICA.

Material: la caja con sus listones como se describe en la ambientación, tijeras.

Realización: una vez que termine el tema cada participante tomará su listón y el
moderador indicará que todos por el bautismo estamos unidos a Cristo el cual está
manifestado en la cruz y en nuestro listón que están unidos. Luego quien modere
la reunión con las tijeras cortará los listones y les indicará que cada vez que
pecamos rompemos la alianza con Dios; posteriormente cada uno volverá a unir el
listón con un nudo el cual representa que cada vez que pecamos pero buscamos
la reconciliación con Dios volvemos a estar unidos a él; podemos cortar y unir las
veces que se considere necesario; al final, debemos descubrir que a pesar de las
veces que hemos roto la relación con Dios con la reconciliación el listón se hacía
más corto y nos encontramos más cerca de Jesús: porque el que mucho ama,
mucho perdona (cf. Lc 7,47). Podemos dejar que los participantes compartan su
experiencia de la dinámica en forma de oración.

26
ORACIÓN FINAL.

Padre,
envía tu Espíritu de amor y perdona mis pecados, purifícame, sáname,
restáurame, renuévame con la Sangre Redentora de tu Hijo; ayúdame a tener un
corazón como el Suyo, un corazón humilde y generoso capaz de perdonar,
arranca de mí el corazón de piedra y dame un corazón de carne. Amén.

Pbro. Lic. Luis Enrique Hernández Alcántara.

27
3.- EL SACRAMENTO DE LA PENITENCIA Y DE LA RECONCILIACIÓN.

VER.

El Sacramento de la Reconciliación o de la Confesión, por el amor de Dios a sus


hijos, nos restituye la Gracia que el pecado nos arrebata. Nuestro Padre Dios está
siempre dispuesto a perdonar nuestros pecados, pero es necesario el
reconocimiento de ellos, el arrepentimiento por haberlos cometido y confesarlos al
Sacerdote. Sin embargo, este sacramento del amor de Dios, está cayendo en una
práctica meramente circunstancial, es decir, muchas de las personas que se
acercan a confesar sólo lo hacen, por ejemplo: por “el compromiso” de ser
padrinos; otros más se acercan de manera espontanea, sin un buen examen de
conciencia u omitiendo confesar algunos pecados que, en la mayoría de los casos,
son graves. Otros más tienen la idea de que el sacramento de la Reconciliación es
la oportunidad para acusar a los demás de los pecados que, a juicio suyo, han
cometido o están cometiendo. Hay quienes en lugar de confesar sus pecados se
quejan ante el sacerdote de sus dolencias físicas.

Pero también del lado del Sacerdote existen deficiencias ante el sacramento del
perdón divino. Sacerdotes que “no tienen tiempo” o que “sólo confiesan en el
horario establecido”. Hay Sacerdotes que piensan que el estar en el confesionario
es la oportunidad para reprender a los feligreses de una manera personal; así lo
refleja la expresión de muchos de nosotros; “no me confieso porque el Padre me
va a regañar” o “con ese Padre no me confieso porque es bien regañón”. O
sacerdotes que confiesan de una manera “rapidita” sin realmente escuchar al
penitente.

Por diferentes circunstancias se ha perdido el uso y la dignidad del lugar de la


Reconciliación con Dios, el confesionario. Este lugar ha dejado de ser el lugar del
encuentro y la reconciliación del penitente con Dios, donde Dios, que es Amor
puro e infinito, levanta del polvo y devuelve la dignidad a su hijo arrepentido. Ahora
los confesionarios se han convertido en “bodegas” o “reliquias” de algo que ha
caído en desuso.

JUZGAR.

“Cristo instituyó el sacramento de la Penitencia en favor de todos los miembros


pecadores de su iglesia, ante todo para los que, después del Bautismo, hayan
caído en pecado grave y así hayan perdido la gracia. El sacramento de la
Penitencia ofrece a los pecadores una nueva posibilidad de convertirse y de
recuperar la gracia”. (Catecismo de la Iglesia Católica CEC 1446)

28
Durante su vida pública, Jesús no sólo perdonó los pecados, también manifestó el
efecto de este perdón: a los pecadores que son perdonados los vuelve a integrar a
la comunidad del pueblo de Dios, de donde el pacado los había alejado, Un signo
manifiesto de ello es el hecho de que Jesús admite a los pecadores a su mesa,
más aún, él mismo se sienta a su mesa, gesto que expresa de manera
conmovedora, a la vez, el perdón de Dios y el retorno al seno del pueblo de Dios”
(CEC 1443)

“Puesto que Cristo confío a sus apóstoles el ministerio de la reconciliación, los


Obispos, sus sucesores, y los sacerdotes, colaboradores de los obispos,
continúan ejerciendo este ministerio. En efecto, los Obispos y los Presbíteros, en
virtud del sacramento del Orden, tienen el poder de personar todos los pecados
“en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo” (CEC 1461)

“Toda la fuerza de la Penitencia consiste en (CEC 1468)

“El Papa emérito Benedicto XVI nos recuerda que: “el amor a la Eucaristía nos
debe llevar a apreciar, cada vez más, el sacramento de la Reconciliación”. Vivimos
en una cultura marcada por el relativismo (es decir que las personas hacen un
juicio de sus acciones a partir de principios morales propios y no a partir de las
enseñanzas de la iglesia) y una pérdida del sentido del pecado que nos lleva a
olvidar la necesidad del sacramento de la Reconciliación para acercarnos
dignamente a recibir la Eucaristía”. Apa 177 (Leer en la Biblia la siguiente cita: 1
Cor 11, 29).

“El sacramento de la Reconciliación es el “lugar” donde el pecador experimenta,


de manera singular, el encuentro con Jesucristo, quien se compadece de nosotros
y nos da el don (regalo) de su perdón misericordioso, nos hace sentir que el amor
es más fuerte que el pecado cometido, y nos devuelve la alegría y el entusiasmo
de anunciarlo a los demás con corazón abierto y generoso”. (Apa 254.)

“Pero hay que añadir que tal reconciliación con Dios tiene como consecuencia, por
así decir, otras reconciliaciones que reparan las rupturas causadas por el pecado:
el penitente perdonado se reconcilia consigo mismo en el fondo más íntimo de su
propio ser; se reconcilia con los hermanos, agredidos y lesionados por él de algún
modo; se reconcilia con la Iglesia, se reconcilia con toda la creación”. (Juan Pablo
II. Exhort. ap. Reconciliatio et paenitentia 31

ACTUAR.

Sin duda que existen muchos documentos que la Iglesia nos brinda para que
podamos comprender y valorar el sacramento de la Reconciliación, pero lo más
importante es que nosotros nos acerquemos, buscando la reconciliación con Dios
y con los hermanos, de una manera digna a vivir este sacramento. Por lo tanto,
tengamos en cuenta los siguientes puntos:
29
- Tener en cuenta los pasos necesarios para hacer una buena confesión, no
solo basta con saberlos, hay que vivirlos:

1. Hacer un buen examen de conciencia. (analizar tu vida a la luz de los


mandamientos de la ley de Dios y de la santa madre Iglesia). Es el momento de
ser sinceros con uno mismo y con Dios

2. Sentir dolor por los pecados y hacer el propósito de no volver a pecar.

3. Confesar los pecados al Sacerdote de una manera clara sin omitir o callar
algún pecado por vergüenza.

4. Cumplir la penitencia que te ponga el Sacerdote.

- La gracia que la confesión nos da no tiene una fecha de caducidad, pues en


ocasiones han quien pregunta: “¿Cada cuánto me debo de confesar?”. Es
necesario confesarse antes de comulgar si se tiene conciencia de tener un pecado
grave (mortal). Lo importante es conservar la gracia evitando el pecado.

- Como una medida de salud, a causa de la pandemia, es necesario que


cuando vayas a confesarte hagas uso correcto del cubrebocas en todo momento.
El Sacerdote dispondrá espacios sanitizados y guardará la distancia que se
recomienda.

Demos gracias a nuestro Padre Misericordioso por el don de su amor que nos
manifiesta a través del sacramento de la confesión; meditemos el siguiente Salmo
y busquemos reconciliarnos con él y con el prójimo:

SALMO 50

Misericordia, Dios mío, por tu bondad;

por tu inmensa compasión borra mi culpa;

lava del todo mi delito,

limpia mi pecado.

30
Pues yo reconozco mi culpa,

tengo siempre presente mi pecado:

contra t´, contra ti sólo pequé,

cometí la maldad que aborreces.

En la sentencia tendrás razón, en el juicio brillará tu rectitud.

Mira, que en la culpa nací,

pecador me concibió mi madre.

Te gusta un corazón sincero,

y en mi interior me inculcas sabiduría.

Rocíame con el hisopo: quedaré limpio;

lávame: quedaré más blanco que la nieve.

Hazme oír el gozo y la alegría;

que se alegren los huesos quebrantados.

Aparta de mi pecado tu vista,

borra en mí toda culpa.

¡Oh Dios!, crea en mí un corazón puro,

renuévame por dentro con un espíritu firme;

no me arrojes lejos de tu rostro,

31
no me quites tu santo espíritu.

Devuélveme la alegría de tu salvación,

afiánzame con espíritu generoso:

enseñaré a los malvados tus caminos

los pecadores volverán a ti.

32
4.- LOS ACTOS DEL PENITENTE Y EL MINISTRO DEL SACRAMENTO DE LA
RECONCILIACIÓN.

VER:

En este mundo es raro encontrar alguna persona que no se preocupe por


su salud corporal, al contrario, estamos muy solícitos por la salud ya que si nos
enfermamos buscamos inmediatamente los remedios y medicinas para curarnos.
Pero, lamentablemente, no pensamos ni actuamos igual, cuando se trata de las
enfermedades del alma. A pesar de que el remedio de estas enfermedades es
mucho más fácil y seguro. Muchas veces pensamos que la violencia es la
única manera de vencer, que el poderoso es el que tiene todas las de ganar. Por
eso, en la vida ordinaria de la familia o de los vecinos, somos violentos y nos
comportamos con agresividad.

Los medios de comunicación nos convencen y nos hacen creer que


siempre es así, por ello tantos comportamientos agresivos y vengativos. Pero
recordemos que hay un poder mayor, el poder del perdón, derrota a los mayores
enemigos, nos cuesta creerlo y, por eso, lo buscamos muy poco. El rencor deja
malestar, resentimiento, enojo, amargura. El rencor nos quita la paz y nos ahoga
en el odio, el rencor nos lleva a la muerte. La reconciliación, por el contrario, deja
alegría, paz y satisfacción en el espíritu. La reconciliación deja el corazón en
armonía y en paz, siempre lleva a la vida.

Fallar es de humanos, nadie está libre de caer en el error y en la


equivocación. Nadie puede decir: <<yo nunca fallaré>> tener debilidades es de
humanos, cometer errores y hacer maldades, somos humanos, pero si de
humanos es fallar, también es de humanos reconocer el error y arrepentirse.

Existe la debilidad del error, pero existe la nobleza del arrepentimiento, el


reconocimiento del error y el arrepentimiento personal son la manera de madurar,
de crecer y de cambiar.

JUZGAR:

MINISTRO DEL SACRAMENTO DE LA RECONCILIACIÓN

33
Jesus entrego a sus discípulos el poder de perdonar, transmitió a sus
discípulos el Espíritu santo, para que personaran a sus hermanos todos sus
pecados. << A quienes les perdonen los pecados, Dios se los perdonará; y a
quienes se les retengan, Dios se los retendrá Juan 20,23 >> Sus discípulos
perdonan los pecados de sus hermanos con el poder del Espíritu Santo, lo hace
en su nombre, no lo hacen porque sean hombres puros y perfectos, el poder de
perdonar pecados no es asunto humano, sino de Dios.

El sacramento de la reconciliación se realiza entre la persona que pide el


perdón y el ministro ordenado, obispos sucesores de Cristo, presbíteros
colaboradores de los obispos, solo ellos, en virtud del sacramento del Orden
tienen el poder de perdonar todos los pecados <<en el del Padre y del Hijo y del
Espíritu Santo>> (CEC 1461)

Cuando el sacerdote celebra el sacramento de la Reconciliación,


desempeña el ministerio del Buen Pastor que busca la oveja perdida, el buen
samaritano que cura las heridas, el del Padre que espera al hijo pródigo y lo acoge
a su vuelta, el del Justo Juez, cuyo juicio es justo y misericordioso. En una
palabra, el sacerdote es el signo y el instrumento del amor misericordioso de Dios
con el pecador. (CEC 1465)

El confesor no es dueño, sino el servidor del perdón de la caridad de Cristo,


debe tener un conocimiento probado del comportamiento cristiano, experiencia de
las cosas humanas, respeto y delicadeza con el que ha caído; amar la verdad, ser
fiel al Magisterio de la Iglesia y conducir al penitente con paciencia hacia su
curación y su plena madurez. Debe orar y hacer penitencia por él confiándolo a la
misericordia del Señor. (1466)

LOS EFECTOS DEL SACRAMENTO DE LA RECONCILIACIÓN

Acercarse al sacramento de la Reconciliación se traduce en confianza en


un Dios amoroso, cercano y misericordioso que nos acompaña en todo tiempo y
lugar. Nos reconcilia con Dios, con la Iglesia, con los hermanos y con la creación.

El Dios que nos muestra Jesús es un Dios que siempre permite volver a
comenzar. No nos destruye por haber pecado, sino que vuelve a ponernos en pie.
Aunque nosotros nos condenemos, Dios no nos condena. <<Si alguna vez nuestra
conciencia nos acusa, Dios está por encima de nuestra conciencia y lo sabe todo.
1Jn. 3,20>>

34
En el sacramento de la reconciliación nos encontramos con Dios que nos
libera de nuestras culpas y sentimientos de culpabilidad, que nos permite
experimentar su amor misericordioso.

A) RECONCILIACION CON DIOS:

Toda la virtud de la penitencia reside en que nos restituye a la gracia de Dios y


nos une con El con profunda amistad. Si recibimos el sacramento con humilde
arrepentimiento y disposición a aceptar la gracia y el perdón de Dios, entonces
experimentaremos una paz profunda del corazón, tranquilidad de conciencia y
consuelo espiritual. Produce una verdadera resurrección espiritual, una restitución
de la dignidad y de los bienes de la vida de los hijos de Dios, el más precioso de
los cuales es la amistad de Dios << Pero tenemos que alegrarnos y hacer fiesta,
porque este hermano tuyo estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha
sido encontrado Lc 15,32<< (CEC 1468)

B) RECONCILIACION CON LA IGLESIA:

Cuando cometemos pecado, no sólo ofendemos a Dios sino a toda la Iglesia, por
ser parte del cuerpo, comunidad de bautizados. El pecado es, ante todo, ofensa a
Dios, ruptura de la comunión con él. Al mismo tiempo, atenta contra la comunión
con la iglesia. Por eso la conversión implica a la vez el perdón de Dios y la
reconciliación con la Iglesia, que es lo que expresa y realiza litúrgicamente el
sacramento de la Penitencia (CEC 1440)

El pecado menoscaba o rompe la comunión fraterna, el sacramento de la


Penitencia la repara o la restaura, en este sentido, no cura solamente al que se
reintegra en la comunión eclesial, tiene también un efecto vivificante sobre la vida
de la Iglesia que ha sufrido por el pecado de uno de sus miembros. (CEC 1469)

C) RECONCILIACION CONSIGO MISMO, CON LOS HERMANOS Y LA


CREACION:

La reconciliación y la paz que brota del sacramento tiene un efecto que se


expande en muchas direcciones, que reparan las rupturas causadas por el
pecado. Por eso la persona reconciliada puede establecer nuevas relaciones
consigo mismo, con los hermanos y con la creación entera. El penitente
perdonado, se reconcilia consigo mismo en el fondo más íntimo de su propio ser,
ene l que recupera la propia verdad interior; se reconcilia con los hermanos
agredidos y lesionados por él de algún modo; se reconcilia con la Iglesia, se
reconcilia con toda la creación. (CEC 1469)

ACTUAR:

35
 Tómate el tiempo suficiente para hacer un buen examen de conciencia.
 Pedir a Dios la gracia de recibir el sacramento de la reconciliación lo más
pronto posible.
 Evitar el pecado y ocasiones de pecar.
 Recitar salmo:

 51 (50)
 32 (31)

36
5.- FUNDAMENTOS EN LA ECONOMÍA DE LA SALVACIÓN (SACRAMENTO
DE LA UNCIÓN).

FUNDAMENTOS EN LA ECONOMIA DE LA SALVACION.

(Unción de los enfermos)

VER

La enfermedad y el sufrimiento es una realidad de nuestra vida. Hemos sido


testigos de lo difícil que es vivir en este tiempo de pandemia. Muchos seres
queridos o gente cercana a nosotros se han ido por la enfermedad terrible del
COVID 19. Otros han sobrevivido a la terrible enfermedad y algunos experimentan
aún las secuelas que les ha dejado después de recuperarse. Hoy más que nunca
vivimos en la angustia y en ocasiones en el miedo de tener que enfrentar este tipo
de enfermedad que en ocasiones puede ser letal. En la enfermedad el hombre
experimenta su impotencia sus límites y su finitud. Toda enfermedad puede
hacernos entrever la muerte. (CIC 1500)

Hay dos formas de enfrentar la enfermedad. Primero la enfermedad puede


conducir a la angustia, al repliegue sobre si mismo, a veces incluso a la
desesperación y a la rebelión contra Dios. Por otro lado, puede también hacer a la
persona mas madura, ayudarla a discernir en su vida lo que no es esencial para
volverse hacia lo que es. Con mucha frecuencia la enfermedad empuja a una
búsqueda de Dios, un retorno a Él.

Pregunta:

¿Frente a la enfermedad que es lo que tú has experimentado en tu vida?

ANALIZAR

El Catecismo de la Iglesia católica nos dará una iluminación adecuada de lo que


son los fundamentos en la economía de la salvación en el sacramento de la
Unción de los enfermos.

CRISTO, MEDICO (Catecismo de la Iglesia Católica 1503,1504, 1505)

La compasión de Cristo hacia los enfermos y sus numerosas curaciones de


dolientes de toda clase son un signo maravilloso de que Dios ha visitado a su
pueblo y de que el reino de Dios está cerca.

37
1. Jesús no tiene solamente poder para curar, sino también de perdonar los
pecados (Mc. 2, 5-12)

2. Vino a curar al hombre entero, alma y cuerpo: es el medico que los


enfermos necesitan. (Mc. 2,17)

3. Su compasión hacia todos los que sufren llega hasta identificarse con ellos:
Estuve enfermo y me visitaste (Mt.25,36)

4. A menudo Jesús pide a los enfermos que crean (Mc. 5,34.36; 9,23)

5. Se sirve de signos para curar: saliva e imposición de las manos (Mc.7, 32-
36; 8, 22-25), barro y ablución (Jn. 9, 6s)

6. Los enfermos tratan de tocarlo pues salía de El una fuerza que los curaba a
todos (Lc.6,19).

7. Así en los sacramentos, Cristo continúa “tocándonos” para sanarnos.

8. Cristo se conmueve por tantos sufrimientos. Cristo no solo se deja tocar por
los enfermos sino que hace suyas sus miserias ( Mt.8,17)

9. Sus curaciones eran signo de la venida del Reino de Dios . Anunciaban una
curación más radical; la victoria sobre el pecado y la muerte por su Pascua. En la
Cruz Cristo tomo sobre sí todo el peso del mal (Is.53,4-6) y quito todo el pecado
del mundo (Jn.1,29)

10. Cristo dio un sentido nuevo al sufrimiento: desde entonces, éste nos
configura con El y nos une a su pasión redentora.

“SANAD A LOS ENFERMOS…” (Catecismo de la Iglesia Católica 1506 -1510)

A) Jesús asocia a su vida pobre y humilde a la enfermedad y a los enfermos y


nos invita a tomar la Cruz de cada día (Mt.10,38)

B) Les hacia participar de su ministerio y compasión (Mc.6,12-13)

C) El Señor resucitado manda a sus apóstoles a imponer las manos a los


enfermos (Mc.16,17-18)

D) Estos signos manifiestan de una manera especial que Jesús es


verdaderamente “Dios que salva” (Mt.1,21, Hech.4,12)

38
E) El Espíritu Santo da algunos un carisma especial de curación (1 Cor. 12.9)
para manifestar la fuerza de la gracia del Resucitado.

F) Pero recordando siempre que nos basta su gracia (2 Cor.12,9) y que como
dice San Pablo “Que los sufrimientos que tengo que padecer tienen como sentido
lo siguiente: “completo en mi carne lo que falta a las tribulaciones de Cristo, en
favor de su Cuerpo que es la Iglesia (Col. 1,24)

G) ¡Sanad a los enfermos! (Mt.10,8) La Iglesia ha recibido esta tarea del Señor
e intenta realizarla tanto mediante los cuidados que proporciona a los enfermos
como por la oración de intercesión con la que los acompaña.

H) La Iglesia cree en la presencia vivificante de Cristo medico de las almas y


de los cuerpos.

I) Esta presencia actúa a través de los sacramentos y de manera especial en


la Eucaristía habiendo una conexión con la salud corporal como dice San Pablo (1
Cor. 11,30)

J) Desde sus inicios la Iglesia Apostólica tuvo un rito propio en favor de los
enfermos atestiguado por Santiago: “Esta enfermo alguno de vosotros? Llame a
los presbíteros de la Iglesia que oren sobre el y le unjan con óleo en el nombre del
Señor. Y la oración de la fe salvará al enfermo, y el Señor hará que se levante, y si
hubiera cometido pecados , le serán perdonados (St. 5,14-15).

K) La Tradición ha reconocido en este rito uno de los siete sacramentos de la


Iglesia (DS 216; 1324-1325)

UN SACAMENTO DE LOS ENFERMOS (Catecismo de la Iglesia Católica 1511 -


1513)

I. La Iglesia cree y confiesa que, entre los siete sacramentos, existe un


sacramento especialmente destinado a reconfortar a los atribulados por la
enfermedad: la Unción de los enfermos.

II. Esta unción santa de los enfermos fue instituida por Cristo Nuestro Señor
como un sacramento del Nuevo Testamento insinuado por el evangelista Marcos.
(Mc.6,13) y recomendado a los fieles por el Apóstol Santiago (St.5,14-15) (Concilio
de Trento DS 1695).

III. Desde la antigüedad tanto en Oriente y Occidente hay testimonios de


unciones de enfermos practicadas con aceite bendito.

39
IV. En el transcurso de los siglos, la Unción de los Enfermos fue conferida,
cada vez más exclusivamente a los que estaban a punto de morir . Por eso recibía
el nombre de “Extremaunción”. Pero a pesar de esto la Iglesia nunca dejo de orar
por la salud de los enfermos.

V. La Constitución apostólica “Sacram Unctionem Infirmorum” del 30 de


Noviembre de 1972, de conformidad con el Concilio Vaticano II (SC 73) estableció
que, en adelante, en el rito romano se observara lo que sigue:

 El Sacramento de la Unción de los Enfermos se administra a los


gravemente enfermos ungiéndolos en la frente y en las manos con aceite de oliva
debidamente bendecido y pronunciando una sola vez estas palabras: “Por esta
Santa Unción, y por su bondadosa misericordia te ayude el Señor con la gracia del
Espíritu Santo, para que libre de tus pecados, te conceda la salvación y te conforte
en tu enfermedad” .

ACTUAR

La Unción de los Enfermos es para los católicos que están enfermos o enfrentan
situaciones que amenazan la vida (como una cirugía mayor o una emergencia
médica grave), así como para aquellos que pueden estar enfrentando una muerte
inmanente. Debido a la idea de que llamar al sacerdote para este sacramento
puede significar renunciar a un ser querido moribundo, muchos católicos esperan
hasta demasiado tarde para llamar al sacerdote. Hacer esto corre el riesgo de
dejar a la persona moribunda sin las gracias importantes de este sacramento.

La gracia principal es fortalecer la virtud de la esperanza para ayudar a la persona


enferma a no desesperarse y fortalecerla contra cualquier temor a la muerte.
También les ayuda a soportar cualquier sufrimiento causado por su enfermedad o
lesiones y los une al Cristo sufriente que se acerca a ellos y les brinda consuelo
espiritual.

Por eso como buenos samaritanos estemos atentos en el cuidado de los


enfermos, pero principalmente que ellos reciban el Sacramento de la Unción de
los Enfermos, este es un acto de misericordia para con nuestros hermanos que
sufren por la enfermedad.

¿Cómo puedo yo ayudar a los enfermos a tener un encuentro con Cristo a través
del Sacramento de la Unción de los Enfermos? ¿Cuáles serían las acciones que
como laico(a) tendría que realizar para que un hermano(a) enfermo(a) pueda
acercarse al sacramento de la Unción de los enfermos?

40
6.- QUIÉN RECIBE Y QUIÉN ADMINISTRA ESTE SACRAMENTO
(SACRAMENTO DE LA UNCIÓN).

INTRODUCCIÓN.

El hombre debe enfrentar dos realidades que debilitan su vida: el pecado y


la enfermedad; y puesto que no puede solo, entonces, recurre a su Salvador para
que como San Pablo, pueda descubrir: “te basta mi gracia, pues mi poder se
perfecciona en la realidad” (2Co 12,9).

Hemos sido testigos de tantos hermanos que luchan todos los días contra
estas realidades, desgraciadamente, lo hacen solos, sin Dios, sin el auxilio de la
gracia Divina, o por el contrario, han buscado puertas falsas que lo único que han
provocado es experimentar mas debilidad en su vida.

Meditamos ya, el significado del Sacramento de la Unción de los Enfermos,


en este tema, meditaremos sobre quién puede administrar el sacramento y quién
debería recibirlo.

VER:

Doña Mari es una viejecita de 75 años de edad, es una mujer muy fuerte, asiste a
misa todos los Domingos, se confiesa y comulga; un día en una conversación con
una catequista le ofreció asistir a la Misa de Enfermos que el señor cura estaba
organizando con su vicario, la catequista le explicó que ella podía recibir la Unción
de los Enfermos.

Catequista: Doña Mari la invito a la Misa de Enfermos que están organizando los
padres.

Doña Mari: No gracias, yo no estoy enferma, pero qué harán en esa misa

Catequista: Pues los padres van a confesar a los enfermos y después van a
celebrar la misa y ponerles los santos oleos a todos.

Doña Mari: Tú me quieres matar verdad, los santos oleos se ponen cuando ya se
va a morir uno, yo no quiero gracias y no me insistas porque ya sé cómo eres. Nos
vemos mañana en la misa.

Catequista: Pero Doña Mari…

Doña María: que no… yo todavía no me quiero morir.

Pasado el tiempo Doña Mari enfermo y le mando un recado a la catequista que


decía:

41
Ahora si ya me siento muy mal, estoy muy enferma me gustaría que me pusieran
los santos oleos, dile a alguno de los padres que vengan o que te presten los
oleos para que tú me los pongas. Doña Mari

Se abre el dialogo con las siguientes preguntas:

¿Qué opinas de la actitud de la catequista que invito a Doña Mari a la Misa de


enfermos? ¿Por qué?

¿Qué opinas de la actitud de Doña Mari y por qué?

¿Qué errores encuentras en la historia?

JUZGAR

Para aclarar las cuestiones anteriores nos ayudaremos de la Sagrada Escritura,


vamos a leer la carta del apóstol Santiago en el capítulo cinco, versículos del
catorce al quince (Sgo 5, 14-15):

“¿Está enfermo alguno entre ustedes? Que llame a los presbíteros de la Iglesia,
para que oren por él y lo unjan con óleo en el nombre del Señor. La oración hecha
con fe salvará al enfermo, y el Señor hará que se levante; y si hubiera cometido
pecados le serán perdonados”.

Como vemos la unción de los enfermos no es un sacramento para aquellas


personas que están a punto de morir. Por eso, se considera oportuno para
recibirlo cuando el fiel empieza a estar en peligro de muerte por enfermedad o por
vejez (CaIC 1514)

El ritual para el cuidado pastoral de los enfermos enseña sobre quienes pueden
recibir la Unción de los enfermos, a saber:

a) Las personas enfermas, cuya salud este realmente comprometida.

b) El sacramento se pude repetir cuando la persona ungida se recupera y


vuelve a recaer, o si durante la enfermedad se empeora.

c) Se puede ungir a una persona antes de una intervención quirúrgica.

42
d) Se puede ungir a las personas ancianas, aun cuando no existe ninguna
enfermedad.

e) También a los niños enfermos se les administra cuando ya han llegado al


uso de razón (El Derecho canónico en el c. 97 &2 dice que se presume el uso de
razón al cumplir los siete años). Si hay duda si ha alcanzado el uso de razón, se
ha de conferir el sacramento.

f) Se administra a los enfermos que hayan perdido la conciencia o el uso de


razón, y que consientes seguramente lo habrían pedido.

g) No se administra a los difuntos ni a las personas que hayan perseverado


obstinadamente en pecado grave. (Cf. Cuidado Pastoral de los enfermos nn. 8-
15)

Resuelta la cuestión sobre quiénes pueden recibir el Sacramento de la Unción,


podemos pasar al Ministro que lo administra.

Pudimos leer en la cita bíblica tomada de la carta del apóstol Santiago que
quienes administran este sacramento son los presbíteros de la Iglesia, el
catecismo de la Iglesia Católica y el Ritual del cuidado pastoral de los enfermos
nos dice que los sacerdotes son los únicos que pueden administrar este
sacramento, por lo tanto, podemos decir que corresponde a los obispos y
presbíteros este ministerio, los diáconos no pueden adminístralo y tampoco un
laico. (Cf CaIC 1516 y Ritual del cuidado pastoral de los enfermos nn. 16-19)

ACTUAR.

Ahora que tenemos la información anterior vamos juntos a intentar digerir las
siguientes oraciones, vamos a decir si es falso o verdadero.

• Los niños de 3 años pueden recibir la unción de los enfermos.


______________

• Doña Mari pudo recibir la unción por el hecho de ser una persona anciana
__________________

• Una persona que tiene dolor estomacal puede recibir la unción de los
enfermos_____________________

• Una persona que recibirá el tratamiento contra el cáncer no puede recibir la


unción_______________________

43
• Los niños con Síndrome de Down pueden recibir la unción
_________________________

• Una persona que vive en estado vegetal puede recibir la unción


_________________________

• Una persona que vive en amasiato no puede recibir la unción


_________________________

• En peligro de muerte cualquier católico de buena fe puede administrar el


sacramento de la unción _____________________________

• Los diáconos al recibir su ordenación ya pude administrar la unción de los


enfermos. _____________________________

• Una persona que acaba de fallecer y aun esta “calientita” puede recibir la
unción___________________________

CONCLUSIÓN.

Después de meditar el tema podríamos hacer dos conclusiones:

 Que las personas que pueden recibir el sacramento de la Unción de los


Enfermos, son los bautizados que alcanzado el uso de razón enfrenten
grave enfermedad.
 Que el ministro de la Unción de los enfermos es exclusivamente el
sacerdote, a saber: el Presbítero y el Obispo

44
7.- EFECTOS DE LA CELEBRACIÓN DE ESTE SACRAMENTO.
(SACRAMENTO DE LA UNCIÓN).

VER.

Dios que es Amor, también es Misericordia.

Él nos ha llamado a la vida, y desde esta vida a nuestra plenitud eterna en Él:
“Quiero que donde yo esté estén también Ustedes” (Jn. 14, 13); y es consciente
de nuestra fragilidad, que muchas veces nos lleva por caminos que nos alejan de
Él. (Ver: Gen. 9, 21); pero jamás ha dejado de amarnos, pues Él no es primero un
sí y luego un no (2Cor, 1, 19)

A veces quisiésemos achacarle la culpa a Dios de todo lo malo que nos sucede en
la vida. Sin embargo, desde el principio se nos dice: “Si obraras bien llevarías bien
alta tu cabeza; paro si obras mal, el pecado acecha a tu puerta y te acosa, aunque
tú puedes dominarlo (Gen. 4, 6b – 7). Y Santiago Apóstol nos dice: “Ninguno, al
ser tentado diga: ‘Es Dios quien me está tentado’ pues Dios no puede ser tentado
por el mal ni tampoco Él tienta a nadie. Cada uno es tentado a pecar por su propia
pasión que lo arrastra y lo seduce. Después la pasión concibe y da a luz al
pecado, y el pecado, una vez consumado, engendra la muerte” (Stgo. 1, 13 -15)

Y entendamos: La muerte no es sólo el momento de salir definitivamente de este


mundo. La muerte también se manifiesta en los diversos grados de enfermedad.
Enfermedad que no aceptamos en nuestra vida, pues siempre quisiéramos estar
sanos. Sin embargo, nuestro organismo, de por sí frágil, muchas veces es presa
de los males que de una u otra forma nos aquejan, a veces por nuestros excesos;
a veces por nuestras imprudencias.

Y comenzamos a buscar el remido a nuestros males; a nuestras enfermedades.

Muchos buscan la salud en chamanes; en brujas; en curanderos; en lectura de


cartas, de café, de la mano. O consultan espiritistas, o la Ouija; buscan exorcistas,
sin estar poseídos, sino solo angustiados por la enfermedad a la que no le
encuentran una verdadera solución

Cuánto mal, enfermedad y desequilibrio mental ha afectado a muchos durante


esta pandemia que parece no tener fin, a pesar de las vacunas que, como una luz
en el camino, ya han comenzado a aplicarse.

Cuántos a causa de ese virus han quedado reducidos en sus capacidades físicas
y se sienten señalados y marginados, junto con sus familias, por los demás.

45
A muchos enfermos, o a sus familias, se les aconseja que inviten a un Sacerdote
Católico para que, tanto los confiese, como administre el Sacramento de la Unción
de los enfermos. Pero muchos le tienen miedo a ese Sacramento al que se le
llamó: “Extremaunción,” pues se había puesto la atención en administrarlo cuando
ya fuese inminente la muerte del enfermo. Incluso, después de administrarlo se
hacía la recomendación del alma y se le daba la orden perentoria de abandonar
este mundo e ir al encuentro del Juicio Divino.

Sin embargo, las personas que buscan sanarse cuando escuchan que habrá Misa
de Sanación, corren a la Iglesia; y si hay unción de enfermos son los primeros en
acercarse a recibirla, aunque no cumplan con los requisitos que al respecto marca
la Iglesia y que se vieron en el tema anterior.

JUZGAR.

No nos hace daño volver a escuchar al Apóstol Santiago, que nos habló en otro
tema y nos dice: “¿Está enfermo alguno de Ustedes? Que llame a los presbíteros
de la Iglesia para que oren sobre él y lo unjan con óleo en el nombre del Señor. La
oración hecha con fe salvará al enfermo; el Señor lo restablecerá, y le serán
perdonados los pecados que hubiera cometido.” (Stgo. 5, 14 – 15).

Con esto el Señor nos hace conciencia de que no hemos de buscar en primer
lugar nuestra curación sino nuestra salvación. Y esto nos debe llevar a pedir la
curación de nuestro interior mediante el perdón de nuestros pecados; y, si está en
la voluntad de Dios y tenemos fe firme en lograrlo, también alcanzaremos nuestro
restablecimiento corporal.

Estos deben ser los primeros efectos que busquemos y logremos al recibir este
Sacramento, que dejó de llamarse “Extremaunción” y que ahora se llama: “Unción
de los Enfermos.

El mismo Cristo nos lo advierte cuando al curar a los enfermos primero les pide la
confesión de su fe; les perdona sus pecados y termina diciendo “Tu fe te ha
salvado” No sólo curado; pues no vino como taumaturgo (= Curandero), sino como
Mesías Salvador.

Leyendo el Catecismo de la Iglesia Católica encontramos enumerados también los


siguientes efectos, que expongo al pie de la letra, pues se explayan con toda
claridad:

IV. Efectos de la celebración de este sacramento

46
1520 Un don particular del Espíritu Santo. La gracia primera de este sacramento
es una gracia de consuelo, de paz y de ánimo para vencer las dificultades propias
del estado de enfermedad grave o de la fragilidad de la vejez. Esta gracia es un
don del Espíritu Santo que renueva la confianza y la fe en Dios y fortalece contra
las tentaciones del maligno, especialmente tentación de desaliento y de angustia
ante la muerte (cf. Hb 2,15). Esta asistencia del Señor por la fuerza de su Espíritu
quiere conducir al enfermo a la curación del alma, pero también a la del cuerpo, si
tal es la voluntad de Dios (cf Concilio de Florencia: DS 1325). Además, "si hubiera
cometido pecados, le serán perdonados" (St 5,15; cf Concilio de Trento: DS 1717).

1521 La unión a la Pasión de Cristo. Por la gracia de este sacramento, el enfermo


recibe la fuerza y el don de unirse más íntimamente a la Pasión de Cristo: en
cierta manera es consagrado para dar fruto por su configuración con la Pasión
redentora del Salvador. El sufrimiento, secuela del pecado original, recibe un
sentido nuevo, viene a ser participación en la obra salvífica de Jesús.

1522 Una gracia eclesial. Los enfermos que reciben este sacramento, "uniéndose
libremente a la pasión y muerte de Cristo, contribuyen al bien del Pueblo de Dios"
(LG 11). Cuando celebra este sacramento, la Iglesia, en la comunión de los
santos, intercede por el bien del enfermo. Y el enfermo, a su vez, por la gracia de
este sacramento, contribuye a la santificación de la Iglesia y al bien de todos los
hombres por los que la Iglesia sufre y se ofrece, por Cristo, a Dios Padre.

1523 Una preparación para el último tránsito. Si el sacramento de la unción de los


enfermos es concedido a todos los que sufren enfermedades y dolencias graves,
lo es con mayor razón "a los que están a punto de salir de esta vida" (in exitu viae
constituti; Concilio de Trento: DS 1698), de manera que se le llama también
sacramentum exeuntium ("sacramento de los que parten”; ibid.) La Unción de los
enfermos acaba de conformarnos con la muerte y resurrección de Cristo, como el
Bautismo había comenzado a hacerlo. Es la última de las sagradas unciones que
jalonan toda la vida cristiana; la del Bautismo había sellado en nosotros la vida
nueva; la de la Confirmación nos había fortalecido para el combate de esta vida.
Esta última unción ofrece al término de nuestra vida terrena un escudo para
defenderse en los últimos combates antes entrar en la Casa del Padre (cf ibid.: DS
1694).

ACTUAR.

Hagámosle caso al Señor que nos dice: ¿Está enfermos alguno de Ustedes?
Llame a los Presbíteros de la Iglesia para que lo unjan.

No tengamos miedo en buscar a tiempo este Sacramento cuando, en nuestra


enfermedad, aún estemos conscientes y podamos recibirlo con todo provecho.

47
Tratemos de no buscar el remedio a nuestros males en otras cosas, que en lugar
de ayudarnos nos puedan dañar más; o que en lugar de acercarnos nos alejarían
del Señor; y al final querer encomendarnos a Dios pues ya no hay más, pues eso
estaría manifestando que nuestra fe en el amor que Dios nos tiene y que en todo
momento quiere nuestro bien, sería demasiado frágil.

Busca al Señor y Él actuará; el Señor quiere salvarte, no condenarte, pues Dios no


envió a su Hijo a condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por él.

Pero busca al Señor. Búscalo a Él primero y no sus cosas; y ámalo con todo tu
corazón con toda tu alma, con toda tu mente y con todo tu ser. Porque si buscas al
Señor y su Justicia todo lo demás vendrá a ti por añadidura.

Que los Ministros Extraordinarios de la Comunión y del Cuidado Pastoral de los


enfermos se hagan cercanos a sus enfermos. Que no lleguen a ellos con prisas.
Que ayuden a la familia a descubrir el sentido de la enfermedad y, si aún es
posible, que catequicen al enfermo para que confíe plenamente en el amor
misericordioso de Dios; que no tenga miedo de confesar sus pecados, pues el
Presbítero no llegará a él o ella como juez que lo recrimine y lo haga sufrir aún
más, sino como un signo real del amor Misericordioso del Padre Dios, que nos
recibe con los brazos amorosamente abiertos hacia nosotros

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