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18 Sinincay

Sofía, una joven de mal genio, se encuentra con un oso llamado Huagrero, que tiene la capacidad de hipnotizar a quienes lo miran a los ojos. A pesar de su encuentro inicial, Sofía termina viviendo con el oso y formando una familia, pero con el tiempo anhela regresar a su hogar. Finalmente, tras un intento de escape, el oso se transforma de nuevo en humano al llorar por la pérdida de su familia, rompiendo así la maldición que lo había convertido en oso.

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Sofía, una joven de mal genio, se encuentra con un oso llamado Huagrero, que tiene la capacidad de hipnotizar a quienes lo miran a los ojos. A pesar de su encuentro inicial, Sofía termina viviendo con el oso y formando una familia, pero con el tiempo anhela regresar a su hogar. Finalmente, tras un intento de escape, el oso se transforma de nuevo en humano al llorar por la pérdida de su familia, rompiendo así la maldición que lo había convertido en oso.

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Memorias Parroquiales Rurales

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Memorias Parroquiales Rurales

Bravísima como un oso

¡ Sofía tenía un genio! y todos los hermanos y ami-


gos lo sabían, era una joven muy temperamental
que andaba solo de mal humor y era un tanto grose-
ra. Una vez salió con sus hermanos menores al pasto
para ayudar con las labores del hogar, en un ataque
de impaciencia empezó (como siempre) a pelear con
ellos, les habló bastante feo y refunfuñando escogió
un camino para ella sola.
Sofía, a pesar de ser muy brava, tenía unos ras-
gos muy finos y ese día llevaba un delantal celeste, si
uno la miraba desde lejos le era imposible adivinar
que esa chica andaba de mal genio con todo el mun-
do y todo el tiempo. Al elegir otro camino eligió
también alejarse de sus hermanos, que ya regresaban
a casa porque en las noches toda clase de criaturas
mágicas y silvestres solían hacer su aparición, eso a
Sofía nunca le importó, porque creía que nada en
este mundo podía tener más carácter que ella, así
que andaba tranquila por el cerro, segura de que
nada ni nadie podía asustarla.
Al otro lado de la montaña, el oso se estaba le-
vantando de su siesta y fue a tomar agua en la ace-
quia más cercana; de pronto, un olor a carne fresca 3
18 - Sinincay Memorias Parroquiales Rurales

le entró por la nariz, así fue como después de beber


unos tragos de agua, el oso, enseguida empezó a ha-
cerle caso a su olfato. Este oso era Huagrero, es de-
cir, era glotón y, aparte, mucho más grande que los
osos que normalmente vivían por el lugar, su pelaje
era grueso y en el suelo iba asentando sus pesadas
patas que quedarían en el césped como huellas de
su paso. Además, era muy particular, ya que había
nacido humano, pero un encantamiento de la mon-
taña lo transformó en un oso con un don especial:
podía hipnotizar a cualquiera que lo viera a los ojos.
Muchas de sus presas eran encantadas para ser lleva-
das a la cueva, y dentro de ella, se las devoraba con
mucha paciencia y sin temor de que le quiten su tan
amada comida.

Así que siguieron con sus papeles: Sofía de niña


exploradora y el oso de cazador, no faltaría mucho
para el encuentro, los dos iban muy concentrados:
ella, en no toparse con nadie, y el oso en descubrir
el origen de ese aroma que no era frecuente en la
montaña. La luz era escasa esa noche a pesar de que
había luna llena, para Sofía cada vez se ponía más
complicado el asunto de caminar por esos lugares,
así que decidió dar media vuelta para regresar a su
hogar, pensó que sus hermanos ya habían sufrido su-
ficiente por hacerla enojar, pero no contó con que
4 en su camino se interpondría un oso muy grande. 6
Para los ojos de Sofía no era más que un osote, de
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esos que solo existían en América del Norte. “Gri-


zzli creo que lo llamaban”, pensaba Sofía mientras
lo miraba desafiante. Torpemente se acercó al oso
hecha la confianzuda y el oso a su vez se paró en dos
patas. Sofía le gritó al oso y él le respondió con un
rugido, otra vez Sofía le gritó al oso y este le gruñó
más fuerte todavía. Así se entretuvieron estos dos
hasta que el oso se cansó, Sofía se ubicó más cerca
de la cara del oso y muy ingenua lo miró a los ojos.
Antes de gritar, en su cabeza escuchó una voz varo-
nil que le decía: “Sígueme” y ella muy dócil retuvo
el grito, cerró la boca y empezó a caminar detrás del
oso que iba con dirección hacia su cueva.

Treinta años después…

El oso nunca se comió a Sofía, sus gruñidos le


parecían tan agradables que decidió hacerla su espo-
sa para que cuidara su cueva y le hiciera compañía.
Ahora ella estaba mayor y no era tan fuerte como
cuando era joven. Tampoco se sabe cómo, pero des-
de hace unos años, es madre de dos niños-osos que
habían nacido en esa cueva: Juan Oso y Juan Pela-
montes. Ahí vivía entonces la familia, el papá oso
salía por la tarde a cazar becerros o venados y regre-
saba también con algunos instrumentos y cosas que
—según le indicaba Sofía— se podían conseguir en
7 las covachas de la gente que subía a la montaña para 9
hacer carbón, de ahí sacaban: fósforos, ropas, sal,
18 - Sinincay Memorias Parroquiales Rurales

papas, habas, camas y madera. Ella siempre había escapar. Una vez lo intentó, pero su esposo la había
hablado con el oso y le decía que si iba a vivir con olido desde kilómetros y regresó para impedir su
él no podía faltarle nada a ella y mucho menos a huida, así fue como ella poco a poco se fue acostum-
sus hijos. brando a esa vida casi salvaje.
El oso parecía ser un padre responsable y un es- Un día se sentó a conversar con sus hijos. Con
poso ejemplar, siempre cumplía con lo que Sofía le mucho esfuerzo les había enseñado palabras y un
pedía y a sus hijos les había enseñado un poco de ca- poco de su idioma. Se sentó a conversar y ahí les
cería y a andar por varios caminos entre la montaña explicó que ella era muy joven cuando fue secues-
y hasta en una ocasión les mostró el camino a Sinin- trada por el oso, les contó sobre su mal genio y so-
cay, el hogar de su madre. El oso era un animal feliz bre sus hermanos, con lágrimas en los ojos les con-
y podía comunicarse con Sofía mediante telepatía, tó historias de cuando ella vivía en Sinincay y que
todos los días después de terminar la jornada, el estaba muy arrepentida. Sus hijos, al sentirse más
oso, solía llegar a los pies de Sofía y como si fuera un hijos de ella que del oso la querían ayudar, entonces
gatito se apegaba para que lo rasquen y lo mimen. idearon un plan: por la mañana mandarían al oso a
Sofía había engordado mucho porque no tenía traer agua, pero le darían un colador, este, al ser un
una buena dieta y tampoco es que hacía muchas animal salvaje no comprendería por qué el agua se
tareas durante sus días en la cueva, engordó tanto escapa del recipiente y en ese tiempo aprovecharían
como su esposo, solo le faltaba el pelaje para de- para huir.
cir que se había convertido en toda una osa. El oso,
al verla tan grande y hambrienta no hacía otra cosa La mañana llegó y Sofía se acercó donde el ani-
que enamorarse cada día más. mal para decirle que necesitaba un poco de agua, el
Si bien nada le faltaba a Sofía, ella todos los días oso como buen esposo, inmediatamente se enrum-
extrañaba a sus hermanos y a sus padres, hace mu- bó hacia el río que quedaba un tanto lejos, para en-
cho tiempo que había cambiado su carácter, se había tonces, los hijos y la mamá ya tenían todo listo para
dado cuenta que fue su mal genio lo que la llevó a el escape. El oso llegó al río y metió el colador al
caer en las garras del oso. El hechizo se había roto agua, repetía esta acción una y otra vez, pero al ver
cuando llegaron a la cueva, la peña donde vivía el que no podía llenarse se enfureció, no comprendía
10 oso era tan escondida que ella nunca se atrevió a el uso de ese aparato; cuando de pronto, su nariz 11
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olfateó a su familia, él entendió rápidamente que se


dirigían hacia el camino que los llevaba al pueblo. El
oso era muy pesado, y aunque corrió lo más rápido
que pudo, no fue suficiente para alcanzarlos; en la
distancia pudo observar cómo su familia llegaba a
la casa de Sofía. De los ojos del oso brotaron un par
de lágrimas que hicieron que desaparezca la maldi-
ción que había caído sobre él, poco
a poco sus patas se hicieron
humanas y toda la tristeza de
perder a su familia se convir-
tió en alegría al saber que no
sería nunca más el malo y el
salvaje de este cuento.

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