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Novela Española: 1940-1970

El documento analiza la evolución de la novela española en las tres décadas posteriores a la Guerra Civil, destacando a autores como Miguel Delibes, Camilo José Cela, Carmen Laforet y Luis Martín Santos. Se describen las características de la narrativa de posguerra, el realismo social de los años 50 y la renovación de técnicas narrativas en los 60, así como las temáticas y estilos de cada autor. La obra refleja el contexto sociopolítico de España bajo el régimen franquista y la lucha de los escritores por expresar la realidad de su tiempo a pesar de la censura.

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Novela Española: 1940-1970

El documento analiza la evolución de la novela española en las tres décadas posteriores a la Guerra Civil, destacando a autores como Miguel Delibes, Camilo José Cela, Carmen Laforet y Luis Martín Santos. Se describen las características de la narrativa de posguerra, el realismo social de los años 50 y la renovación de técnicas narrativas en los 60, así como las temáticas y estilos de cada autor. La obra refleja el contexto sociopolítico de España bajo el régimen franquista y la lucha de los escritores por expresar la realidad de su tiempo a pesar de la censura.

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Tema 8: LA NOVELA ESPAÑOLA EN LAS TRES DÉCADAS POSTERIORES A LA

GUERRA CIVIL: MIGUEL DELIBES, CAMILO JOSÉ CELA, CARMEN LAFORET Y LUIS
MARTÍN SANTOS

Durante las tres décadas posteriores a la Guerra Civil, España vive sometida al régimen
totalitario impuesto por los vencedores, con el general Franco al frente del gobierno. Las condiciones
materiales de vida fueron especialmente duras en los años cuarenta; en el siguiente decenio se
emprenden una serie de iniciativas para mejorar la situación económica y conseguir que la dictadura
se legitime fuera de sus fronteras. A pesar de que en los sesenta el desarrollo industrial y el auge del
turismo auguran una mayor bonanza, los movimientos de protesta contra el sistema fueron en
aumento y no se acallaron con los indicios de un leve aperturismo. En paralelo a este prolongado
aislamiento y limitación de todo tipo de libertades, la cultura vive tiempos difíciles. Fueron muchos
los exiliados que decidieron dejar el país al final de la contienda. Aquí, la censura dificultó de manera
decisiva la creación artística.

LA NARRATIVA ESPAÑOLA DE POSGUERRA (años 40)

Al igual que ocurre con la poesía y el teatro, buena parte de los novelistas más prometedores
de la etapa anterior (Ramón J. Sender, Francisco Ayala, Rosa Chacel…) se exilian y su obra
permanece en el olvido durante largo tiempo. El rasgo más característico de esa narrativa escrita en
el exterior es la recurrencia en el tema de la guerra y la nostalgia por la patria perdida.
En la península, durante la inmediata posguerra la novela no puede enlazar con la narrativa
social anterior, prohibida por el franquismo. En ese panorama hay varios tipos de narraciones que
logran superar el filtro de la censura, todas de estilo tradicional: la novela ideológica conservadora,
que asume la perspectiva de los vencedores; la novela realista clásica o la novela humorística.
En la década de 1940, las novelas que se alejan de esas tendencias y marcan el inicio de una
nueva narrativa son casos aislados: Camilo José Cela (La familia de Pascual Duarte, 1942) y Carmen
Laforet (Nada, 1944). Ambas obras comparten el tono sombrío y existencial que contrasta con el
triunfalismo o la actitud evasiva, mayoritaria en los relatos de la época. A estas nuevas voces se
unen poco después las de Miguel Delibes (La sombra del ciprés es alargada, 1948) y Ana Mª Matute
(Los niños tontos) novelistas que también reflejan el desolado mundo de la posguerra desde una
perspectiva pesimista y existencial, por eso se emplea muchas veces la etiqueta REALISMO
EXISTENCIAL para denominarla.

LA NARRATIVA DE LOS 50: EL REALISMO SOCIAL

En los años cincuenta, la novela rebaja la visión existencial y recoge las nuevas
preocupaciones sociales. Los temas reflejan los problemas colectivos de la época con un estilo
sencillo ya que se pretende llegar a un amplio público.
En este REALISMO SOCIAL se distinguen dos tendencias: el objetivismo (evita la intervención
del autor/ narrador y se esfuerza por registrar el comportamiento y la palabra de los personajes y el
realismo crítico (donde el ánimo de denuncia es evidente).
Suele considerarse precursora del realismo social La colmena (1951), pero en 1954, el tono
crítico y testimonial alcanza su auge; se publican obras de autores más jóvenes, los llamados “niños
de la guerra”: Ana Mª Matute, Ignacio Aldecoa, Jesús Fernández Santos y Juan Goytisolo. A ellos
les siguen Rafael Sánchez Ferlosio (El Jarama, 1956), Carmen Martín Gaite (Entre visillos), Juan
García Hortelano, etc.
El tema fundamental de estos relatos es la propia sociedad española: la dureza de la vida en
el campo, las dificultades de la transformación de los campesinos en trabajadores industriales; la
explotación del proletariado, la banalidad de la vida burguesa, la vida en la ciudad… En cuanto a la
forma, los rasgos característicos abundan en la simplicidad: estructura lineal, concentración de
tiempo y espacio, personaje colectivo o individual representativo de una clase o grupo social,
importancia del diálogo, estilo directo y sin artificios.

NARRATIVA DE LA DÉCADA DE 1960. RENOVACIÓN DE LAS TÉCNICAS NARRATIVAS

Al comenzar la década de 1960 decae la novela realista social y se ensayan nuevas formas
narrativas. Esa tendencia da lugar a una novela compleja y minoritaria que toma como modelo las
de los novelistas que comenzaron a experimentar con el género desde los años veinte en Europa y
Norteamérica: Proust, Joyce, Kafka, Faulkner o Dos Passos. Posteriormente, la novela
hispanoamericana del boom (Mario Vargas Llosa, Julio Cortázar y, sobre todo, Gabriel García
Márquez) se convertirá, también, en un ejemplo digno de tener en consideración.
El punto de partida de la nueva etapa es la publicación en 1962 de Tiempo de Silencio de Luis
Martín Santos. A lo largo de la década, hay otras obras y autores muy importantes que ahondan esta
tendencia innovadora; algunos pertenecen a la primera generación tras la guerra: Cela, Delibes o
Torrente Ballester (con La saga/fuga de J.B.); otros, sin embargo, se dan a conocer en este
momento: Juan Benet (Volverás a Región) y Juan Marsé (Últimas tardes con Teresa).
Entre las novedades más significativas de este período podemos señalar: las historias
abordan la nueva realidad social en pleno desarrollismo, la industrialización, los inicios del turismo…
junto con el análisis introspectivo, pero la trama pierde importancia. El personaje protagonista
centraliza el relato y muchas veces actúa como narrador. El espacio se reduce en ocasiones a un
mero marco de la acción, mientras que la linealidad se evita de manera sistemática, con lo cual se
rompe con la estructura clásica de la acción. Los finales suelen ser abiertos y se opta por el
multiperspectivismo, es decir, el uso de diferentes voces narradoras y el cruce de puntos de vista,
a lo que se suma el ensayo de nuevas fórmulas para penetrar en la conciencia de los personajes.
El experimentalismo abarca, pues, todos los niveles de la narración, incluido el puramente
lingüístico y otros aspectos formales: disposición en unidades diversas del capítulo, juegos
tipográficos…. Todo ello exige la colaboración de un lector activo y bien formado que esté dispuesto
a descifrar el contenido de la obra.
A partir de 1975 se modulan estos elementos innovadores y se recuperar el gusto por una
historia bien elaborada como elemento irrenunciable del género.

MIGUEL DELIBES (1920-2010)

En la obra de Delibes abundan los personajes indefensos y los ambientes humildes: los niños,
los viejos, lavida del campo, la pobreza de los pueblos y del paisaje castellano. Su tono es ético y
humanista, y combina el amor a la naturaleza con un rechazo de materialismo y consumismo.
A pesar de que experimentó las nuevas formas narrativas que se impusieron en los años
sesenta, Delibes mantiene un estilo sencillo, pues supedita la técnica a los contenidos.
▪ Primera etapa: se inicia su trayectoria con La sombra del ciprés es alargada, premio Nadal
de 1947 y representativa del Realismo Existencial de los años 40; esta obra trata dos temas
recurrentes en Delibes, la infancia y la muerte. Más conseguidas son las obras que combinan el tono
crítico y lírico: El camino (1950), sobre la infancia y la vida de campo, representa el Realismo Social
de los 50; Las ratas (1962), donde muestra la dura vida de un viejo y un niño en un pueblo castellano.
▪ Segunda etapa: Cinco horas con Mario (1966) aparece en un momento en el que están de
moda las experimentaciones formales. Une la preocupación ético-social y la renovación formal.
Presenta la historia desordenadamente e incorpora el monólogo interior de un personaje, Carmen,
una mujer que va recordando su vida mientras vela a su esposo muerto. Carmen representa un
conservadurismo clasista y banal de la burguesía en una capital de provincias durante el franquismo,
mientras que su esposo, Mario, es un intelectual con preocupaciones sociales y existenciales. De la
incomprensión entre ambos personajes surge la crítica irónica a las clases medias provincianas
representadas en la figura de Carmen.
§ Tercera etapa: combina experimentalismo y denuncia en Los santos inocentes (1981), la
conmovedora crónica de una familia humilde de servidores de la aristocracia en una finca extremeña.
Su producción novelísticafue muy fecunda hasta el final, y termina con El hereje (1998), un relato de
carácter histórico.

CAMILO JOSÉ CELA (1916-2002)

Toda la obra de Cela refleja un profundo pesimismo que, a menudo, se enmascara bajo un
humor negro. En cuanto al estilo, destaca la riqueza expresiva y la descripción de tipos y ambientes.
En general, Cela ofrece una visión deformada del mundo, cercana al esperpento de Valle-
Inclán. Su actitudes la de un espectador distanciado y burlón; a veces manifiesta ternura por algunos
seres desvalidos y adopta un tono lírico. En su trayectoria se aprecian varias épocas:
▪ Primera etapa: La familia de Pascual Duarte (1942) inicia el realismo existencial de los
años 40. Es un relato TREMENDISTA por su truculencia; narra un cúmulo de crímenes y atrocidades,
que parecen verosímiles por el tipo de protagonista y por el ambiente (un mundo bárbaro y
primitivo). La crudeza de la obra provocó una polémica en torno al tremendismo y el pesimismo
existencial.
▪ Segunda etapa: La Colmena (1951) inicia la etapa de realismo social y de renovación
formal. El aspecto más original de la novela es el personaje colectivo (salen unos trescientos
personajes, aunque se centra en Martín Marco, que representa a los perdedores en la guerra, y en Doña
Rosa, símbolo de la prepotencia y la insolidaridad), la condensación temporal (dos días) y su carácter
de novela abierta (sin argumento cerrado ni final). En conjunto, ofrece una visión panorámica del
vivir colectivo en dos días de invierno del Madrid de 1942. Presenta una visión pesimista y
predomina una actitud objetiva, ya que el autor describe desde fuera ese mundo. La colmena es una
novela social porque es un testimonio de la impotencia y la alienación del pueblo en la posguerra;
pero también es una obra existencial por su tremendo pesimismo y porque refleja el desamparo
humano.
▪ Tercera etapa: de evolución hacia el experimentalismo. A partir de los años sesenta, Cela
intensifica nuevas técnicas narrativas en obras como San Camilo 1936 (1969), un monólogo interior
esperpéntico.

CARMEN LAFORET (Barcelona 1921-Madrid 2004)

Laforet obtuvo con apenas veintitrés años el primer premio Nadal por Nada (1944), novela que
marcó laliteratura de posguerra. En ella, la protagonista, Andrea, llega a Barcelona, una ciudad herida
por la guerra, para estudiar y se aloja en casa de su abuela, donde le espera una amarga realidad.
Andrea no consigue encontrar lo que iba buscando: la alegría, el amory la libertad. El libro reflejaba
de modo sorprendente el vacío de la España de la Dictadura y los demonios interiores de sus gentes.
Tuvo un gran reconocimiento, pero la escritora rechazó las ataduras del éxito y no pudo escribir
hasta que este se olvidó.
Al cabo de ocho años, Carmen Laforet publicó La isla y los demonios, ambientada en Canarias.
Las críticas fueron buenas, no obstante, no igualaron a las recibidas por Nada. Su siguiente novela
fue La mujer nueva (Premio Nacional en 1954), fruto de una experiencia mística de la cual acabó
renegando y que narra la conversiónreligiosa de una mujer adúltera. La insolación (1963) ve la luz
cuando la autora regresa a Madrid tras una estancia en Tánger, lugar cosmopolita, transgresor y muy
diferente de la España franquista. Después de su muerte, sus hijos publicaron Al volver la esquina.
Tal como nos ha llegado, su producción incluye, además de los títulos citados, cuentos, relatos
cortos y libros de viajes. En todos ellos la lucha entre el ideal y la mediocridad del mundo real es el
tema más recurrente.

LUIS MARTÍN-SANTOS (1924-1964).

Luis Martín Santos combinaba la formación científica y la literaria. Admiraba a los clásicos
(Cervantes), y a narradores contemporáneos, como Kafka, Faulkner y James Joyce. Murió a los 40
años, tras obtener un rotundo éxito con Tiempo de silencio. Dejó inacabada Tiempo de destrucción.
Tiempo de silencio se publicó en 1962 y revolucionó el ambiente literario por el atrevimiento
de sus innovaciones formales. Con ella la narrativa castellana inicia la nueva etapa experimental que
se extiende hasta 1975.
El estilo de esta novela se aleja totalmente del realismo imperante en la época. Es una obra
intelectual y difícil, tanto por las alusiones culturales como por el lenguaje, barroco y complejo.
Mantiene la crítica social, pero al mismo tiempo añade la cultural, con una ironía que revela el
disgusto del autor con su entorno. El relato ofrece también un tono existencial, ya que, en el fondo,
contiene la crónica de una vida fracasada.
El argumento de Tiempo de silencio es de tipo folletinesco, con pinceladas de relato policíaco.
La trama se sitúa en el Madrid de la época de posguerra. El protagonista, Pedro, es un investigador
que se ve implicado en un aborto que acaba en muerte, en un suburbio de chabolas. La policía lo
detiene y, al demostrarse su inocencia, sale en libertad. Poco después sufre la venganza de un
chabolista. El personaje acaba convertido en un ser abúlico, anulado por su entorno y reducido al
silencio. Hacia los ricos, siente resentimiento, pero desea asimilarse a ellos; hacia los pobres, siente
compasión y rechazo.
El autor acude de manera sistemática a la ironía y el sarcasmo. Al igual que Valle-Inclán,
presenta una realidad vulgar o degradada incluyendo abundancia de referencias culturales, en tono
majestuoso y elevado. El punto devista narrativo combina la perspectiva omnisciente del monólogo
interior con descripciones objetivas, diálogosy digresiones ensayísticas.
Tiempo de silencio significa el final del realismo social y abre camino a una novela más
ambiciosa formalmente y a una concepción diferente de la literatura. Aunque mantiene la visión
crítica de la narrativa social, muestra la imposible solidaridad entre el intelectual y el mundo
marginal, es decir, acaba con la ilusión de la literatura comprometida.

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